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1 Capítulo 2

La Flor de la Esperanza

EPISODIO I Con pereza abrió la tapa del piano y tocó algunas notas al azar con una mano. Con la otra, sostenía su acostumbrada taza de té. El inconfundible aroma de la obscura infusión lo tranquilizaba al ir invadiendo su nariz. -Nada mejor para empezar el día – pensó mientras tomaba el primer sorbo. Se sentó relajadamente en su asiento favorito, un antiguo sillón Chesterfield Reina Anna que mantenía cerca de una ventana. Sus ojos vagaron por la solitaria habitación. Afuera, los chubascos estivales bañaban la ciudad. El rítmico coro de las gotas de lluvia al chocar contra el pavimento levantaba su voz como una canción de cuna. ¡Qué domingo tan perfecto para pensar! Eso era precisamente lo que había estado haciendo casi toda la noche y desde que se había levantado en esa lluviosa mañana. Simplemente no podía dejar de pensar en su carta…de pensar en ella. Ella había escrito una carta mucho más larga que la de él, pero también había sido lo suficientemente astuta para revelar menos. Claramente había pasado por alto lo que él había dado a entender en su posdata. Esa simple oración concebida para hacerle saber que su corazón no había sufrido cambios había sido simplemente ignorada…o tal vez malinterpretada. -Eres una criatura extraña, Candy – dijo en voz alta – ¡te escribo después de diez años de insoportable silencio y en vez de recriminarme por mi indiferencia, como podrías hacerlo con razón, ofreces una disculpa por no haberte mantenido en contacto! Como si hubiese sido tu culpa que hayamos perdido la comunicación. Además, te digo que planeé deliberadamente


2 acercarme de nuevo una vez que hubiera pasado el tiempo adecuado y tú solo parloteas sobre tu vida en el campo. -Pero no me desalentarás si esa era tu intención, Tarzán Pecosa- advirtió mientras levantaba una ceja, - Ya que, verás, por lo menos has sido suficientemente amable como para revelarme el pequeño detalle que necesitaba saber con más urgencia. Se levantó entonces de la silla y caminó hacia la ventana sosteniendo aun su taza de té. -¿En camino a convertirte en una solterona?- dijo citando las palabras de Candy –No si puedo opinar al respecto, Señorita Andley. Por primera vez en toda una década, Terrence G. Grandchester sintió que volvía a ser él mismo.

EPISODIO II -Quisiera que el verano durara por siempre – pensó Annie Cornwell mientras tomaba la cálida brisa vespertina en su invernadero. A sus pies, el pequeño Alistair Cornwell jugaba con sus carros de juguete favoritos haciendo ruidos que imitaban los motores. La joven bajó sus claros ojos para inspeccionar nuevamente a su hijo. Una tierna sonrisa, repleta de orgullo maternal, curvó sus labios. Una pequeña pila de cartas que reposaba sobre su mesa de jardín, junto a una taza de té de jazmín, la esperaba en silencio. Annie, que en el fondo era aun una chica de campo encerrada en el cuerpo de una mujer sofisticada, sentía una absoluta paz entre los helechos y las orquídeas del invernadero. Era su refugio personal para meditar, un escondite de su comúnmente ocupada vida social, un lugar secreto en el cual podía respirar sin sentir la presión de su estatus. La joven apartó un rebelde mechón de su cabello azabache. Una vez más, Annie se preguntó si alguna vez tendría el valor de cortarlo en bob. En esos días, todas las mujeres estaban ansiosas por seguir la nueva moda, claro, salvo por las ancianas viudas como la Sra. Elroy. Sabía que su reluciente cabello lacio era perfecto para el estilo y creía que luciría encantadora con él. No obstante, dos situaciones mantenían su cabellera larga. Una, era que su madre desaprobaba un corte tan masculino. La otra, era el efecto que su largo y abundante cabello provocaba en su marido cada noche, cuando soltaba su acostumbrado rodete. Annie rió por dentro ante su frívola indecisión. -El cabello de Candy luce tan sofisticado de esa manera – pensó –Sus rizos naturales son perfectos para un bob ondulado, al estilo Mary Pickford-.1

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Mary Pickford fue una de las máximas figuras del cine mudo durante el período 1915-1925 como intérprete de un tipo popular de ingenua romántica y así llegó a ser la actriz más poderosa y mejor pagada en esa época. Entre el público estadounidense se la conoció como 'pequeña Mary', 'la chica del cabello dorado' y la original 'novia de América'.


3 Sin embargo, Annie sabía que Candy había cortado su cabello únicamente por practicidad. No le importaba la moda ni se preocupaba por complacer a nadie. Esa idea llevó a Annie a pensar de nuevo en el tema que más le preocupaba últimamente: la soltería de Candy. Annie había sido afortunada de muchas maneras. La madurez y experiencia le habían hecho reconocer que en momentos cruciales de su vida – precisamente cuando las cosas hubieran podido salirle mal – había sido Candy quien había intervenido para salvarla de una forma u otra. Mientras Candy había sacrificado su propio bienestar por el bien de Annie, a Annie le había tomado varios años corresponderle con la misma generosidad. En ese renglón Annie no estaba orgullosa de sí misma, pero estaba profundamente agradecida por todo lo que Candy había hecho por ella. Incluso su matrimonio había sido orquestado por Candy desde los tiempos de su primera juventud. Si Candy no se hubiese hecho a un lado, si no hubiese rechazado a Archibald, Annie no estaría casada con este maravilloso y tierno hombre que ahora la adoraba. Ya que, el lector debe saber, con el tiempo, la fiel devoción de Annie hacia Archie había ganado lo que ella más deseaba: su corazón.

Así, siendo la afortunada persona que era, Annie quería ser parte fundamental en la conquista de la misma clase de felicidad para su amiga de la infancia. Desafortunadamente para ella, Candy se había mostrado renuente a cooperar con los intentos de Annie para encontrarle pareja. Annie iba cayendo en la desesperanza a medida que pasaba el tiempo y la rubia insistía en llevar una vida recluida en las montañas. Algunas veces pensaba que nunca sería capaz de corresponder a la generosidad de Candy como ella tanto lo merecía. -¿Por qué están tan pensativa, mi amor? – susurró una voz masculina cerca de su oído tomándola por sorpresa. Annie levantó la mirada para encontrarse con el brillo acogedor de los ojos castaños de su marido. Sus labios se encontraron entonces, en un breve pero tierno beso. El pequeño Alistair, aun jugando en el suelo, río ante la libre demostración de afecto de sus padres. -Hey Stair ¿Cómo está mi querido niño? – preguntó Archie levantando al niño con afecto. - Juega, papi, juega – lo invitó el niño de tres años riendo más aun. Por un corto instante, algo en la cara del niño, que Archie no pudo definir, le recordó otra cara del pasado. Tal vez era su sonrisa o el brillo de esos inocentes ojos oscuros que evocaban la entrañable memoria de su hermano de su hermano. Archie sintió una súbita punzada en el corazón, y por instinto sostuvo a su hijo cerca de su pecho. -Seguro amigo, jugaré contigo –dijo besando la sonrosada mejilla del niño. Por un rato, la joven familia permaneció en cómodo silencio mientras el padre se sentaba en el piso para jugar con su hijo. Un pequeño Ford Modelo T azul cobalto se volvió la estrella del juego por un rato. La madre permanecía en su mesa de jardín, con su té y sus cartas.


4 -¿Alguna buena noticia? – preguntó el joven tras un rato, admirando la vista de su esposa en un vestido color lavanda; la falda plisada, de talle bajo, acariciaba sus pantorrillas. Amaba la forma en que su atuendo revelaba sus delgados brazos. - Candy continúa ocupada con los carpinteros y los plomeros – contestó Annie con un dejo de fastidio en su voz. -Me compadezco de los pobres tipos con un capataz tan formidable tras ellos – dijo riéndose ante la imagen de su temeraria prima comandando un montón de hombres adultos que probablemente le doblaran la edad. - “Una capataz” dirás- lo corrigió Annie. -No cariño…escogí bien mis palabras- se burló. -¡Muy gracioso!- dijo Annie con un puchero. -¿Eso es lo que te preocupa?-preguntó Archie adivinando la razón por la que su esposa estaba tan pensativa. -Bueno, de cierta manera, si. Candy se rehúsa a socializar como debiera. Necesita salir y conocer personas aquí en Chicago, en vez de sepultarse en la Colina de Pony – explicó la mujer. -¿Estás bromeando? Últimamente ha viajado mucho y creo que viajará aun más antes de que termine el año – razonó él. - Oh Archie, no es lo que quiero decir. Todo lo que hace es visitar a los patrocinadores de Pony. No veo la necesidad de tanto esfuerzo cuando tú y Albert podrían dar todo el dinero que fuera necesario. -Bueno, sabes que la dama en cuestión tiene sus propias reglas. Fue su idea establecer un límite a nuestras contribuciones con el pretexto de que quería permitir que otros cooperasen con su causa, - contestó Archie –A estas alturas debieras saber que Candy disfruta hacer las cosas por sí misma. Creo que depender completamente de la posición de nuestra familia la haría sentir incómoda. Debemos respetarlo. -¡Eso no tiene sentido! Debiera venir a pasar la temporada con nosotros en lugar de visitar a toda esa gente. La mayoría de esos hombres son casados o demasiado viejos. No, eso no funcionará en absoluto- se quejó amargamente. - Annie, ¿cuándo dejarás de jugar a la casamentera con Candy? – reclamó Archie cruzando ambos brazos sobre su pecho. -Hasta que encuentre al hombre que la haga feliz como lo merece, Archie –contestó Annie con inusitada determinación. - Candy no necesita un hombre para ser feliz, Annie. Con los años, he comenzado a pensar que ella no está hecha para el matrimonio ¿sabes? ¿Cuánto tiempo te tomará entender que su espíritu libre es como… -hizo una pausa tratando de encontrar la imagen más adecuada –como


5 el viento? Me pregunto si existe un hombre en la tierra capaz de atrapar el viento con tan solo sus manos desnudas- concluyó Archie y en su voz había una pizca de melancolía. - ¡Archie no digas eso! Deseo tan fervientemente verla bien establecida. La conozco mejor de lo que tú podrías hacerlo jamás. Estoy segura que ella necesita ser amada como cualquier mujer– una lágrima involuntaria rodó por la mejilla de Annie. - Vamos cariño – Archie animó a su mujer – No llores por eso. ¿Qué tal si la visitas? Tal vez te sientas mejor si la ves antes de lo planeado. Y, quién sabe, a lo mejor la puedes convencer de asistir a una de tus reuniones de té. ¿Qué te parece? Annie sonrió a través de sus lágrimas mientras Archie sostenía su mano en un gesto de comprensión. El pequeño Stair se había quedado dormido en brazos de su padre. En sus pequeñas manos aun sostenía su Modelo T azul cobalto, felizmente ajeno a las inevitables dificultades de la vida.

EPISODIO III “Y ahora con ustedes Miss Fannie Brice2 y Rosa de Segunda Mano” dijo el locutor de la radio e inmediatamente la voz limpia y aguda de una mujer invadió la casa. La rítmica y juguetona canción contaba la historia de una joven cuyo padre tenía una tienda de artículos de segunda mano, por lo que se quejaba de nunca tener cosas nuevas. Los cómicos versos no tardaron en dibujar una sonrisa en la cara de los trabajadores. Uno de ellos incluso se unió para cantar el coro: “Rizos de segunda mano, Estoy usando perlas de segunda mano, ¡Nunca tengo una sola cosa nueva! Todos saben que soy solo Rosa de Segunda Mano, De la Segunda Avenida” Candy, que siempre disfrutaba una canción alegre, sintió un fuerte deseo de bailar. -¿Bailamos señora? – preguntó el Sr. Thomas. -¡Pensé que nadie me lo pediría! – respondió con una chispa en sus ojos y pronto el carpintero y la joven estaban bailando juntos al son de la animada melodía. Los pasos eran vigorosos y

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Fue una influyente cantante, animadora y actriz teatral y cinematográfica estadounidense. Fue la creadora y estrella de la exitosa serie de humor The Baby Snooks Show.17 años después de su muerte, su figura fue retratada en el teatro y en el cine por Barbra Streisand en la obra FunnyGirl.


6 Candy parecía estar bien familiarizada con el nuevo estilo. Thomas, que tendría unos cincuenta años se cansó fácilmente y apenas llegó al final de la canción. Los hombres aplaudieron a la pareja cuando se agradecieron mutuamente al final del baile. -Wow Señorita Candy, es usted una extraordinaria bailarina,- dijo el hombre abanicándose con su gorra. -Mi primo Archie es un gran bailarín – contestó Candy, sus ojos brillando con júbilo- cada vez que nos vemos me enseña los últimos pasos. - Y por lo que veo usted ciertamente saca provecho de esas lecciones – sonrió el hombre, recordándose internamente que ya no era tan joven como solía serlo. - Bueno, como dice mi amiga Patty, las personas aprenden rápido cuando disfrutan lo que hacen y debo admitir que amo estas canciones. - Oh, yo también adoro las canciones de la Señorita Fannie Brice – el hombre respondió con chispa- ¡Dicen que ella es una chica sin mayor chiste, pero en cualquier caso, me encantaría poder ver su espectáculo en Nueva York! ¡Debe ser una experiencia maravillosa! - No crea una palabra de lo que dice, Señorita Candy – se unió otro de los constructores – A Thompson no le importa esa tal Brice, pero mataría por ver a las lindas chicas del ZigffieldFollies.3 -Apuesto a que así es – contestó Candy y todos los hombres se rieron a carcajadas ante el comentario. -¡Regresen todos al trabajo! – dijo Thompson regañando a sus trabajadores, nada contento con la broma, y después volteando hacia la joven, se dirigió a ella en un tono más amable – Regresando a los negocios, señorita, me imagino que no vino aquí solo para bailar. - Está en lo cierto, señor Thompson – contestó Candy reprimiendo una sonrisa ante el súbito cambio de tema por parte del hombre, - Vine a hablar con usted acerca de la ventana en el nuevo salón. Lo reconsideré y no me parece buena idea que esta ventana dé hacia el poniente. Creo que sería muy incómodo que el brillo del sol dé directamente en la cara de la Señorita Pony, especialmente cuando se siente ahí por las tardes. En su interior, Candy agradeció que la conversación se dirigiera ahora a un terreno más seguro como el proyecto de construcción. La sola mención de Nueva York había activado todos sus perturbadores pensamientos acerca de cierto caballero que vivía en esa ciudad. En el pasado, Candy había esperado que el paso del tiempo, eventualmente, aliviaría su ansiedad sobre Terrence Graham. Esperaba que un día llegaría a pensar en él solo como un afectuoso

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ZiegfeldFollies (1907-1931) fue el nombre de una serie de revistas musicales de Broadway, Nueva York. Inspiradas en el Folies Bergere de París, las ZiegfeldFollies fueron creadas y dirigidas porFlorenzZiegfeld, sobre una idea de su mujer, la actriz Anna Held. Eran espectáculos que incluían sketches cómicos y tuvieron mucho éxito de crítica y público.


7 recuerdo de su juventud. Cuando ese día llegara, sería capaz de encontrarse con Susannah y él de nuevo, saludarlos con una sonrisa serena y darles la bienvenida a ambos como sus amigos. Una parte de ella había tratado sinceramente de ver a Terrence de esa forma. Pero otra parte se resistía con todas sus fuerzas, manteniendo en secreto pequeños recuerdos sobre él. En una ocasión, trató de quemar sus viejas cartas, pero justo cuando ese pensamiento cruzó por su mente, perdió el valor. En vez de eso, pidió a Albert guardarlas todas, junto con su viejo diario, que todavía se encontraban en su poder. Aun así, contra toda lógica, todavía guardaba todos los recortes de periódico con críticas favorables acerca de su trabajo, especialmente el primero que Annie le había enviado hacía ya varios años. Un recuerdo más era la bufanda de seda. Sabía que esto no ayudaba mucho para su paz mental, pero de alguna manera agradecía su suerte por no haber tenido nunca la oportunidad de devolverla a su dueño. Y mientras Candy se esforzaba en concentrarse en las obras de la casa, su corazón no dejaba de latir con fuerza. -¿Qué debo pensar ahora de ti, Terry?- se preguntó en silencio -¿Qué estás tratando de decir con todas esas cartas? Tras la primera carta, siguieron más de dos docenas durante los últimos cuatro meses. Candy no sabía cómo interpretar la naturaleza de esta nueva amistad a larga distancia entre los dos. En sus cartas, él era casual e incluso algunas veces juguetón, muy parecido al Terrence de los viejos tiempos. Sin embargo, era evidente para Candy que la brecha de diez años entre ellos flotaba aun en el aire. Tarde o temprano tendrían que hablar sobre ello, pero aun no. Por el momento, ambos habían acordado tácitamente mantener su comunicación en un tono más ligero, sin insinuar el pasado. Candy tampoco sabía qué hacer respecto a Susannah. La joven sabía que era muy tarde para mandar sus condolencias, pero se sentía culpable por no haber mencionado alguna vez que se sentía sinceramente apenada por su muerte. A pesar de este sentimiento, Candy no podía encontrar las palabras para expresar lo que deseaba, especialmente cuando las cartas de Terrence parecían irradiar una positiva perspectiva recientemente descubierta. Tras discutir sus nuevas ideas sobre la ventana del salón, Candy dejó a los trabajadores atendiendo sus asuntos y continuó con sus labores cotidianas. Todavía era de mañana, así que la mayoría de los niños estaban en clases con la Señorita Pony y la Hermana María. Solo un par de ellos que se encontraban enfermos permanecían en la cama. Primero, la joven fue a revisarlos. Después de asegurarse que estaban progresando y que se les había dado correctamente su medicina, cambió su vestido matutino por sus acostumbrados pantalones y camisa para trabajar. Candy disfrutaba el trabajo físico; por tanto, no se quejaba de las tareas domésticas que tenía a su cargo, como ordeñar la vaca, lavar la ropa de los niños o atender el huerto. Era durante esos momentos en privado en los que sus pensamientos volaban, la mayoría de las veces, a los lugares del mundo donde se encontraban sus queridos amigos. Normalmente, estaría pensando en el incansable Albert y su última aventura de negocios en algún país lejano o en las pintorescas palabras con las que Patty describía los avances de sus estudiantes universitarios en Oxford. En esta ocasión, sin embargo, recordó la visita de Annie la semana anterior.


8 Su amiga se había convertido en una dama realmente elegante y orgullosa madre del pequeño más dulce que Candy jamás hubiese conocido. Siempre disfrutaba de la visita de Annie, no solo porque apreciaba su amistad, sino porque también podía ver al pequeño Alistair. Esta vez no había sido la excepción. El niño era todo lo encantador y cariñoso que podía ser con ella y ella no podía evitar brindarle cada minuto de su atención. -¡Candy para de mimar a Alistair! Ven conmigo. Te traje muchas cosas nuevas que quiero que te pruebes- insistió Annie en cierto momento del segundo día de su visita. La rubia, que estaba jugando a las escondidillas con el pequeño Stair y otros cuatro niños de su edad, se quitó la venda que cubría sus ojos. Cuando Candy vio la resuelta expresión de Annie, supo que no tenía opción. A regañadientes entregó el pañuelo al niño más grande del grupo y con un resignado suspiro siguió a su amiga. -Annie podríamos hacer esto mientras los niños toman su siesta – se resistía aun mientras caminaban hacia la casa. -Entonces insistirás en que estás ocupada con un centenar de cosas pendientes – dijo Annie con firmeza- No, lo haremos ahora. Candy se río por dentro sobre cómo algunas veces parecía que los papeles se habían intercambiado, con Annie volviéndose mandona y la rubia siguiendo obedientemente a su amiga de la infancia. Cuando las dos jóvenes entraron a la habitación, los ojos de Candy se abrieron de par en par ante el despliegue de prendas femeninas esparcidas por toda su recámara. -¿Tenías todas estas prendas dentro de tus maletas Annie? ¿Cómo pudieron caber todas ahí? – preguntó. - Tengo mis mañas, sabes, y estaba decidida a traer tantas piezas como fuera posible. De otra manera nunca encontrarías tiempo para renovar tu guardarropa- contestó Annie orgullosa de sus habilidades. Por unos minutos, las mujeres pasaron el tiempo admirando las piezas en todas las gamas de otoño e invierno. Candy no era inmune al encanto de la ropa fina y verdaderamente pasó un rato agradable admirando los vestidos, sombreros, abrigos y zapatos que su amiga había elegido para ella. No obstante, a ratos sus ojos se dirigían a la ventana como si vigilara a los niños que jugaban fuera. -Estos vestidos son un sueño, Annie. Gracias,- dijo agradecida mientras admiraba tres vestidos de fiesta de delicado diseño – pero no creo que vaya a tener muchas oportunidades de usarlos aquí. -Vamos Candy vendrás a nuestra cena de Acción de Gracias ¿no? Además, vas a viajar a Boston y Pittsburgh en noviembre. Espero que no pienses ir con tus pantalones vaqueros- contestó Annie señalando bromista las prendas que Candy usaba en ese momento.


9 -Annie, esos son viajes de trabajo. Asisto a juntas de negocio y algunas veces a una comida formal con los patrocinadores. Un vestido de tarde, un sombrero cloché4 y un abrigo servirán para esos compromisos. - Pero debes venir a Chicago el mes que entra. Tendré una reunión de té. – añadió casualmente Annie y después, con un brillo especial en los ojos, insinuó – Hay algunos nuevos amigos a los que me gustaría que conocieras. Candy miró a Annie, frunciendo el ceño con recelo. Conocía ese tono de voz en Annie; delataba que traía entre manos un nuevo plan para buscarle marido. -Annie, Annie…no otro millonario estirado por favor. ¿Cuántas veces te tengo que decir que no estoy interesada? – le advirtió Candy. -Pero estoy segura que este te gustará- dijo Annie aceptando abiertamente los verdaderos motivos de su invitación – Realmente tiene una mentalidad abierta y es de buen corazón, sin mencionar que también es muy guapo. -Entonces, si te gusta tanto, te doy mi permiso para casarte con él – contestó Candy mordaz. -¡Tonta, yo ya estoy casada! – argumentó la joven de cabello oscuro mientras arrojaba una almohada que se estrelló justo en la cara de Candy. Esa fue la excusa perfecta para la rubia para empezar una guerra de almohadas en que las dos mujeres se enfrascaron por un rato mientras sus risas flotaban en el aire. Desde la cocina, la Señorita Pony podía escucharlas claramente y pensó que había cosas que el tiempo simplemente no podía cambiar. -¡Para, Candy! – gritó Annie que siempre era la primera en rendirse. -Eres una gallina – se quejó Candy mientras liberaba su cabeza de las prendas que Annie le había lanzado durante la lucha. De repente, una de las piezas llamó su atención - ¿Annie, qué demonios es esto? – preguntó mirando perpleja una extraña pieza de lencería. -Eso es un corsé, tontita. -¿Qué? Pensaba que estas cosas eran parte del pasado. ¿No la nueva tendencia es una figura de tipo más natural? – preguntó Candy teniendo problemas para reconocer esta nueva clase de corsé con una especie de brasier unida en la parte superior. -Bueno, no todas las mujeres fuimos bendecidas con una esbelta y suave figura que se vea bien con el nuevo estilo de talle bajo. Hoy en día debemos suavizar nuestras curvas. En esta temporada no está de moda demasiado énfasis en las caderas o en el pecho- explicó Annie sin notar los graciosos gestos de sorpresa de Candy. -¿Quieres decir que debemos vernos planas como chicos? – preguntó Candy con incredulidad.

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El sombrero cloché (sombrero de campana) es un sombrero femenino, generalmente de fieltro, de copa hemisférica, cuerpo cilíndrico y ala mínima. Diseñado por CarolineReboux, fue el sombrero femenino predominante en la década de 1920 y de característico de estilo masculino.


10 -Bueno, no lo diría de esa manera. Es solo que la figura actual tiende a ser más estilizada. Pero no debieras preocuparte tanto Candy. Tu silueta está bien en las caderas. Tal vez solo necesites un poco más de ayuda con el pecho. Este corsé hará la magia. -Debes estar bromeando – se rió Candy – Cuando teníamos 15 años nos hacían usar esos feos corsés viejos para levantar nuestro pecho. Dios sabe que no había mucho que levantar en ese entonces. Ahora que la Madre Naturaleza ha hecho algunos cambios aquí arriba, debo presionar mi busto para hacerme parecer como si tuviera 15. ¡De ninguna manera! ¡No usaré esto!- dijo descartando la idea con decisión. -No seas necia. Tus perlas no lucirán bien si tu pecho es muy grande. El collar caerá a ambos lados en lugar de colgar de forma natural en el medio. -No me importa. Me quedaré con mis brasiers y camisolas normales. Gracias de todas formas por intentarlo. Y gracias también por la invitación a la reunión de té, pero temo que no voy a poder asistir Annie – concluyó Candy tratando de no sonar muy cruel. -¡Eres imposible!- dijo Annie con un puchero, mientras trataba de doblar la ropa interior y guardarla en los cajones de Candy. Sin embargo, antes de que pudiera seguir argumentando en contra, llamó su atención un sobre colocado encima de una pila de pañuelos dentro del cajón. Por lo regular, Annie hubiera ignorado discretamente la carta y continuado su tarea, pero un nombre brilló como un destello, captando su máxima atención. La joven tomó el sobre que aun estaba sellado. Era evidente que había llegado esa misma mañana con el resto del correo. La rubia observó el gesto de Annie y no tardó mucho en comprender que era lo que la había dejado sin palabras. Internamente se recriminó por dejar la carta en el cajón, en lugar de ponerla en la caja donde por lo regular guardaba sus cartas. -¿Por qué fui tan descuidada?- pensó. -Sí, es una carta de Terry – admitió Candy finalmente tras un momento de silencio y antes de que Annie pudiera formular la pregunta. La rubia bajó la vista e hizo su mayor esfuerzo para aparentar tranquilidad. -¡Te escribió!¡Esas son noticias importantes! Pero esta mañana no te sorprendiste cuando llegó el correo, - dijo Annie casi pensando en voz alta, y la verdad la golpeó – Esta no es la primera vez que recibes una carta de él ¿verdad? - Bueno, en realidad no – admitió Candy tratando de parecer ocupada colgando los vestidos en su armario. -¡Bien! –exclamó Annie asimilando la idea –Aun está soltero ¿cierto? -¡Por Dios Annie! No te empieces a hacer ideas. ¡El hombre acaba de perder a su prometida! – replicó la rubia haciendo su mejor esfuerzo para aparentar indiferencia. -¡Por el amor de Dios, eso fue hace casi dos años, querida! ¡Has sido muy astuta conmigo, Candy! Ustedes dos se han estado escribiendo y no habías mencionado nada. Pensar que yo


11 estaba ocupaba buscándote pretendientes y el pretendiente está frente a tu nariz y tocando a tu puerta! Por lo menos esta vez estoy segura que este pretendiente te gusta. -Por favor Annie, no empieces a crear historias locas en esa fantasiosa cabecita tuya. No hay nada de romance sucediendo aquí. –Candy negó enérgicamente empezando a sonar molestaSolo somos dos viejos amigos tratando de ponerse al día con una carta de vez en cuando. ¡Nada más! Candy recordó que había sido verdaderamente difícil convencer a Annie que su nueva relación con Terrence no tenía un trasfondo romántico – o por lo menos, había hecho lo posible para que dejara el tema por el momento. Ahora que pensaba nuevamente en el incidente, se sentía un poco culpable por no confiar en Annie o en cualquier otra persona sobre este asunto. Candy suspiró de nuevo mientras dejaba la leche en la cocina. Simplemente no podía verbalizar con nadie sus sentimientos hacia Terrence. Tal vez era la costumbre de esconder en su corazón lo que fuera que sintiera por él. Había hecho eso por tantos años desde su rompimiento, que sería extraño hacerlo de otra manera. Ahora que el sol estaba en lo alto, y aun cuando Candy parecía absorta en su tarea de recolectar las zanahorias y espinacas frescas del huerto de la Hermana María, Terrence ocupaba por completo su mente. Eran mediados de octubre y su nueva obra era otro gran éxito en Broadway. No podía evitar sentirse orgullosa de él. En su última carta le había hecho saber que pronto estaría de gira nuevamente por el país. Pensando en su inminente viaje, Candy recordó que en una de sus cartas, mientras le narraba algunos detalles de sus numerosos viajes, le había contado acerca de un ebanista que conoció en San Francisco. Mencionó que el hombre era en extremo hábil y que había hecho varios muebles para la Señorita Baker. Este relato había dado lugar a que Candy le confiara que quería regalarle a la Señorita Pony una mecedora para el nuevo salón, que esperaba tener listo para Navidad. Candy sonrió recordando su emoción cuando Terrence le contestó que durante su gira en la Costa Oeste conseguiría la nueva mecedora para la Señorita Pony y que la enviaría a tiempo a través de una entrega especial, antes de Nochebuena. La joven sabía que la Señorita Pony se emocionaría con el regalo y que solo un ejército la levantaría de la silla por el simple hecho de que el mismo Terrence la hubiera comprado. Candy no podía imaginarse que su inocente plan resultaría en una serie de eventos inesperados que ocurrirían antes de que acabara el año. EPISODIO IV Terrence Graham no era ni paciente ni ecuánime. Sus compañeros de trabajo se habían dado cuenta de ello a fuerza de malas experiencias. Siendo siempre un perfeccionista extraordinariamente dotado, su tolerancia ante las deficiencias y errores de otros era escasa, especialmente cuando esos errores eran fruto del descuido o la irresponsabilidad. Así que cuando Walter Simmons –uno de sus compañeros actores- equivocó la señal y entró en el escenario antes de lo que debía durante el ensayo final, todos estaban seguros que se avecinaba un comentario cáustico y después una pelea verbal.


12 Reinó un incómodo silencio. Sorprendentemente, aun cuando era evidente que Terrence estaba descontento con tal garrafal error de novato, justo antes del día del estreno, la estrella no dijo ni una palabra. -Hagámoslo nuevamente desde el principio de la escena – dijo finalmente Robert Hathaway rompiendo el silencio y el ensayo continuó sin ninguna escena desagradable. El director meditó sobre el incidente y otros tantos pequeños detalles que había notado últimamente. Todo podría haber pasado desapercibido para alguien que no conociera a Terrence tan bien como él lo conocía. No obstante, Hathaway no había trabajado durante años con el joven actor para nada. Algo pasaba con Terrence desde que había regresado de Inglaterra. Hathaway creía que lo que fuera que pudiera ser, era definitivamente bueno para el joven y para todos en la compañía. A lo largo de los años, la estimación de Hathaway por Terrence había crecido al punto de que el hombre sentía casi un afecto paternal por él. Aun recordaba al jovencito de dieciséis años que se había presentado en su oficina una mañana invernal de 1913. Había una cierta determinación inusual en sus ojos que impresionó al veterano actor al punto de invitarlo a participar en una audición. No lo había decepcionado. Desde el momento en que Terrence pronunció las líneas iniciales en la primera sesión, Robert supo que el chico poseía un talento histriónico innato, con una madurez que superaba su edad. Era solo cuestión de tiempo y de un entrenamiento adecuado para que se convirtiera en un actor excepcionalmente talentoso. Hathaway estaba orgulloso de su papel como mentor de Terrence, ya que era evidente que sus esfuerzos no habían sido en vano. No obstante, Hathaway no se cegaba ante los defectos de Terrence. Sus modos taciturnos y hábitos antisociales eran insoportables y hacían que su trabajo como director fuera poco menos que imposible. Más aun, para sus compañeros era muy difícil seguir su obsesivo ritmo. Al principio, cuando era solo un actor novato con papeles secundarios, este problema era más bien imperceptible. Pero a medida que Terrence ganaba prestigio y roles más importantes, el joven mostraba que era capaz de arrastrar a toda la compañía al punto del agotamiento en su incansable búsqueda por la perfección. Hathaway tenía que establecer límites a la excesiva energía de Terrence, pero la tarea había sido difícil, ya que el actor sumaba a sus defectos el ser irritantemente obstinado. Además, estaba el problema de su vida personal, siempre un rompecabezas de contradicciones y secretos. Robert nunca había comprendido la relación de Terrence con Susannah. Sabía bien que la joven actriz había estado locamente enamorada de Graham desde el inicio de su relación. Pero también sabía que Terrence no se había mostrado interesado, hasta que ocurrió el accidente. Hathaway estaba seguro que Terrence nunca había amado a Susannah ya que, en innumerables ocasiones, había observado como interactuaban. Todo el asunto lo había convertido de un alma solitaria a un verdadero misántropo y por un período de tiempo casi lo había hecho perder su carrera y el control sobre su propia vida. Aun cuando Terrence había logrado vencer sus demonios y conseguido un sonado regreso a los escenarios, era evidente que nunca se había recuperado emocionalmente. Ciertamente había alcanzado un mayor nivel


13 actoral, pero había perdido su espíritu y su temperamento había empeorado. Era así que – sin tener reparos sobre su descarnada observación de los hechos- el director sentía que la muerte de Susannah era lo mejor que le había pasado al joven en mucho tiempo. Desde luego había existido un tiempo de duelo verdadero. Terrence, a pesar de la creencia general, era un hombre de alma sensible y se había sentido sinceramente conmovido por el sufrimiento de Susannah durante su enfermedad y por su fallecimiento. Sin embargo, desde el día en que el joven se mudó a su nueva residencia en Greenwich Village5, la recuperación había sido notoria. Ahora, cerca de dos años después, Terrence parecía sereno e incluso había suavizado su temperamento. Robert debía admitir que nunca se podría considerar a Terrence como una persona alegre, pero ver su rara sonrisa esporádicamente era signo de que algo ocurría en su corazón. -No sé cómo debo interpretar tus observaciones, Robert- había dicho Eleanor Baker cuando se reunieron para comentar la conducta de Terrence –Sabes que siempre es muy reservado, incluso conmigo. Sin embargo, debo admitir que también he percibido algunos cambios. - Me atreví a llamarte porque pensé que tal vez pudieras aconsejarme sobre una decisión que siento que debo tomar tarde o temprano, y que concierne a Terrence tanto como a mí – confesó el director mientras saboreaba su taza de té. - Me halaga tu confianza Robert. ¿De qué se trata? –preguntó la mujer; su instinto maternal alertándola ante la mención de que algo pudiese afectar a su hijo. - Estoy considerando un retiro anticipado –dijo Robert e hizo una pausa por un momento – A Melanie le diagnosticaron una enfermedad cardiaca. El doctor dice que aun puede vivir varios años pero requerirá atención especializada – contestó el hombre mientras una sombra cruzaba su rostro al hablar de su esposa. - Siento mucho escucharlo Robert. ¿Lo sabe ella? – preguntó Eleanor verdaderamente preocupada por sus viejos amigos. -Si. Diría que lo está enfrentando con optimismo, pero como seguramente entenderás, queremos estar juntos el mayor tiempo posible. No puede acompañarme en mis giras como solía hacerlo y no la puedo dejar sola aquí en Nueva York. - Te entiendo completamente, Robert. La salud de Melanie debiera ser tu prioridad pero ¿puedes afrontar tu retiro ahora? – preguntó Eleanor de manera pragmática. Una vida entera haciéndose cargo de sus propios asuntos financieros, le había enseñado a ser cuidadosa con los temas monetarios. - Si Eleanor, años de una prudente administración están rindiendo frutos ahora. Me puedo retirar en este momento sin preocupaciones sobre nuestro futuro, aun cuando tengamos que pagar su tratamiento médico. Mis preocupaciones se centran más en la compañía – dijo Robert mientras descansaba los codos encima de la mesa y juntaba sus manos nerviosamente. Tras una pausa que reveló que estaba buscando las palabras adecuadas añadió – Primero

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Gran área residencial al oeste de Manhattan en Nueva York.


14 había considerado dejar la compañía en manos de Terrence, pero luego decidí lo contrario. Es un actor brillante pero no está listo para ser director. Le falta tacto para lidiar con las faltas e idiosincrasia de las personas. Además, su relación con el resto de los actores nunca ha sido la mejor. Siento decir esto, pero creo que la compañía no permanecería junta si él asumiera el liderazgo. -No te sientas apenado, Robert, conozco a mi hijo y estoy de acuerdo con tu apreciación. No está listo para el trabajo – fue la inmediata respuesta de Eleanor. Su sereno semblante le dio a Robert el valor para continuar. - Por esa razón estoy considerando vender la compañía. Haré el mejor esfuerzo para encontrar un comprador que pudiera mantener el trabajo que hemos hecho hasta ahora, pero no estoy seguro como se sentiría Terrence con una nueva administración. Por otra parte, he pensado que tal vez esto pudiera ser una oportunidad para abrir nuevos horizontes en su carrera. El tiempo que pasó con la Compañía Real hizo maravillas con su técnica. ¿Qué piensas sobre eso? ¿Estaría preparado para seguir como agente libre o en otra compañía? - Si me hubieras preguntado eso hace tres años, no habría sabido que responder Robert – dijo la mujer moviendo elegantemente la cabeza coronada con una gran pamela – En ese entonces, Terrence estaba constantemente confundido. Dudo que hubiera tenido la energía para reorientar su carrera hacia lo desconocido cuando su mente estaba tan ocupada con la enfermedad de Susannah. Ahora es muy distinto, como tú mismo lo has notado. Parece que está disfrutando la vida tanto como un hombre con su temperamento lo puede hacer. Quiero decir, va a conciertos, exhibiciones de arte e incluso ha vuelto a tocar el piano. Solo desearía que tuviera un amigo de su edad, ¿sabes? pero estoy divagando. No te preocupes por él. Si no le gustan el nuevo dueño y director de la compañía Stratford, fácilmente puede buscar nuevos destinos. Has hecho un gran trabajo capacitándolo. - Agradezco que pienses eso. Solo desearía que hubiera aprendido a ser más sociable con sus compañeros. Eso le hubiera hecho las cosas más fáciles – confesó el hombre con una mueca. - Entiendo lo que quieres decir Robert. Sin embargo me temo que es un rasgo de su padre – los veteranos actores rieron ante la observación – Como sea, ¿cuándo le vas a dar las noticias a tu equipo? – preguntó tras un momento. - El próximo enero, cuando comencemos las lecturas antes de los ensayos de la temporada de primavera. Les comunicaré que esa será mi última temporada. - ¿Te importaría si voy preparando a Terrence? – se aventuró a preguntar Eleanor y viendo que su amigo necesitaba mayores explicaciones, añadió – Quiero decir, no le diré nada sobre tu decisión. Eso te lo dejaré a ti cuando consideres que es apropiado. Sin embargo, me gustaría hacerle algunas insinuaciones acerca de nuevos horizontes para su carrera. Quiero tomar ventaja de que últimamente se muestra más receptivo a mis consejos. - Lo entiendo, Eleanor. Seguro, no me importa en absoluto. Los dos amigos se demoraron unos minutos más disfrutando su té y finalmente se despidieron con la promesa de la Srita. Baker de visitar a la señora Hathaway la siguiente semana.


15 EPISODIO V Una vez cada dos semanas, Terrence Graham tomaba un día libre para conducir hasta Long Beach, para disfrutar la vista del mar en la Riviera del Este y visitar a su madre. Amaba la nueva atmósfera bohemia que el pueblo había adquirido desde que la Compañía de Bienes Raíces William Reynold había quebrado. Las estiradas restricciones del pasado habían dejado de existir, y tanto artistas como actores podían vivir ahí sin temor al ostracismo de sus vecinos. En cualquier caso, las antiguas fortunas se habían marchado de ahí años antes. A pesar de los cambios, la residencia de Eleanor Baker todavía conservaba el estilo mediterráneo con impecables muros de estuco y techados de teja roja que habían sido el sello inicial del desarrollo. La dama prefería la simplicidad de las líneas y Terrence creía que le favorecían. Su madre había sido siempre la esencia de la elegancia y la distinción. Su mesa no discrepaba con su gusto. La cena en casa de la Señorita Baker siempre era un asunto gourmet, con múltiples platillos, porcelana fina, platería pulida, vasos de Baccarat y vino francés, que se agenciaba a pesar de la Prohibición6. Terry pensaba que incluso el paladar aristocrático de su padre no podría encontrar fallas en la selección de Eleanor en un día común. Pero el día en que Terrence visitaba a su madre, no era un día común. El joven sabía que cada vez que la visitaba lo malcriarían como a un niño. -Debes decirle a tu cocinero que se superó a sí mismo con esta tarta de manzana – alabó mientras degustaba su té tras la cena. - Se emocionará de saber que lo notaste y apreciaste su trabajo – contestó sonriendo – En verdad Terry, lo deberías hacer más seguido. La gente tiende a responder cuando la tratas con amabilidad. - La Sra. O’Malley no tiene nada de lo que quejarse acerca de mí, madre. Juro que he sido completamente cortés con ella – Terrence se defendió levantando su ceja izquierda de forma natural. - Te creo hijo. Pero no cambiemos de tema, – dijo retomando el tema que habían estado comentando anteriormente - ¿Qué dices acerca de la Compañía Real? ¿Piensas que te extenderán otra invitación el próximo año? Sé de buena fuente que quedaron realmente impresionados con tu trabajo. - Bueno, no he sabido de Bridges-Adams desde el verano pasado. Solo el tiempo lo dirá. Tampoco tengo prisa. Sabes que me siento bastante cómodo trabajando con Robert – comentó mientras dejaba la taza sobre la mesa de té. - Tal vez sea buen momento para que experimentes con otros proyectos, Terry. Debo decirte que realmente me alegra verte de tan buen humor últimamente. Ahora que has recobrado tu paz mental, debieras enfocarte y tomar ciertos riesgos con tu carrera. Estoy segura de que a Robert no le importaría.

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La Ley Seca entendida como la prohibición de vender bebidas alcohólicas, estuvo vigente en los Estados Unidos entre el 17 de enero de 1920 y el 5 de diciembre de 1933.


16 - Lo sé, madre, pero por el momento no estoy preparado para un cambio drástico. Hay otros asuntos que ocupan mi mente, - contestó y por un momento dudó. Aun tenía reservas acerca de cuanto debiera revelar a su madre sin crearle falsas expectativas. - Explícate ¿qué es lo que te preocupa? – preguntó ligeramente alarmada por su súbito silencio. - Si te confío algo, ¿prometes mantener a raya tu gran imaginación? – preguntó con una media sonrisa juguetona en sus labios. -¡Por supuesto! Terrence se levantó y caminó a la ventana. Una ráfaga de viento soplaba las hojas amarillas anunciando la decisiva llegada del otoño. El joven volteó y miró a su madre directamente a los ojos. -Le escribí a Candy el pasado mayo –anunció simplemente. La Srita. Baker parpadeó un par de veces tratando de digerir lo que su hijo acababa de decir. Por mucho que rezaba por la felicidad de su hijo, hacía tiempo que había renunciado a toda esperanza de que él pudiese recuperar lo que una vez había perdido. Ni en sus más locos sueños tras la muerte de Susannah, hubiera imaginado que esa puerta pudiera estar aun abierta. Le tomó varios segundos reunir valor y preguntar: -¿Contestó? – fue lo primero que pudo decir. - Si – contestó Terry casi en un susurro y un breve silencio se produjo. Eleanor tomó ventaja de la pausa para organizar sus pensamientos. Sabía que no debía forzar la confianza de su hijo. Si él no estaba preparado para hablar simplemente se cerraría y dejaría el tema. Sin embargo, prácticamente estallaba por preguntar. - ¿Dónde está Candy ahora? ¿En Chicago? – preguntó entonces. - No, está viviendo en el orfanato donde se crió. Creo que se ha convertido en una clase de patrocinadora para el lugar. Recolecta fondos de distintos auspiciantes a lo largo del país. El resto del tiempo trabaja como enfermera con los niños y en la clínica de la villa cercana. También ayuda en el orfanato haciendo el trabajo pesado que las damas del lugar ya no pueden seguir realizando – explicó sorprendiendo a su madre con la exacta información que poseía y dando a sus palabras una cierta pizca de admiración. - Asumo que estamos hablando de una sola mujer realizando todo ese trabajo ¿Estoy en lo correcto? – indagó la Srita. Baker. - Siempre ha sido tan industriosa como las abejas- se río Terry; simplemente mencionarla ponía su mente de buen humor. - Me pregunto si la pobrecita tendrá alguna vez tiempo para sí misma – respondió. Por un momento, la madre de Terry pensó que la hiperactividad de Candy le recordaba a una Eleanor Baker más joven. Recordaba haber pasado varias temporadas trabajando al punto del agotamiento. Usaba como pretexto que quería lograr una situación económica sólida, pero la


17 verdad es que simplemente trataba de olvidar a Richard Grandchester y aliviar el dolor por la pérdida de su hijo. - Me he hecho la misma pregunta, pero Candy no se deja aconsejar sobre ese tema. Supongo que es feliz con su vida como es – dijo Terrence con nostalgia. Pensaba que no tenía derecho de aleccionar a Candy sobre cómo lidiar con sus asuntos. Se produjo otro silencio y Eleanor luchó por articular la pregunta que le quemaba la punta de la lengua desde el principio. -Con todo ese trabajo …¿estoy en lo cierto al suponer que aun está…soltera? - Si – fue la simple respuesta de Terry. Su madre notó que hacía un gran esfuerzo por contener una sonrisa. - ¿Y no ha mencionado ningún novio o algún caballero en el que esté interesada? - Creo que es muy improbable que aborde un tema tan personal conmigo y más a través de cartas, madre. Pero sé por seguro que no usa el anillo de compromiso de nadie en este momento, si es lo que estás tan ansiosa de averiguar – contestó divertido con la creciente impaciencia de su madre. - ¿Estás considerando dar ese anillo en algún momento en el futuro, Terry? - Tal vez lo esté, pero no te emociones mucho, madre. En este momento estamos tratando de conocernos nuevamente – finalmente respondió regalando a su madre una de sus raras sonrisas. Entonces Eleanor respondió con una sonrisa que reflejó la de su hijo en cada detalle. Estaba más que feliz con tan buenas noticias. EPISODIO VI Candy podía ver el valle desde su privilegiado punto de observación. Sabía que la Hermana María la regañaría por trepar tan alto otra vez al padre Árbol, pero no le importaba lo más mínimo. Era la hora de la siesta de los niños más pequeños y los mayores estaban realizando sus tareas vespertinas dentro de la casa. Por eso, tomó ventaja de la situación para pasar sola un rato y pensar. Estar allá arriba, respirando el aire limpio de las montañas siempre aclaraba su mente. Observó a la distancia el colorido punto de su pequeño jardín. Tres años antes había pedido permiso a la Señorita Pony para cultivar un jardín de flores justo al lado de la vieja capilla. Aun ahora, a principios del otoño, algunas de sus queridas plantas florecían. Sus pensamientos en tono azul, violeta y amarillo, las brillantes caléndulas y algunas de sus rosas persistían en su misión de aportar belleza al paisaje. Pronto, las especies perennes dormirían y las anuales inevitablemente morirían. Candy sabía bien que la alternancia entre la vida y la muerte era una condición necesaria de la naturaleza. Anthony se lo había enseñado bien.


18 No obstante, sin importar lo largo y frío que el invierno pudiese ser, con la vuelta de la primavera, las Dulces Candy vivirían de nuevo, junto con las hermosas peonias que por primera vez plantó el año anterior. Para el siguiente año, planeaba experimentar con nuevas flores. La joven pensaba en algunos nomeolvides para añadir un poco de azul a su jardín durante la primavera. En especial quería que el pequeño Stair viera como esas pequeñas flores pasaban de ser solamente unas pequeñas semillas a millares de minúsculos brotes. Candy sentía que el niño había heredado una profunda curiosidad y sensibilidad natural, que quería alentar al máximo. Para eso, la semana anterior había visitado un vivero en La Porte. Había comprado las semillas de nomeolvides y también, por impulso, había adquirido algunos bulbos de otra flor que quería probar. Justo esa mañana, Candy había plantado los bulbos que esperaba florecieran en marzo, ya que la Pascua era la temporada de los narcisos. Sosteniendo en su mano la última carta de Terry, Candy decidió que tal vez, así como las flores brotan fielmente cada año, el tiempo había llegado para que sus esperanzas volviesen a nacer.

Manhattan, 20 de octubre de 1924.

Querida T.P.: Espero estés bien cuando recibas esta carta. Para estos momentos, debes estar ocupada preparándote para Halloween. Ahora que lo pienso, no tendrás que trabajar tan duro en tu disfraz; solo necesitarás añadir una escoba para dar la talla. Cuando salgas a pedir dulces con los niños, recuerda que los caramelos y el pie de calabaza son solo para los más jóvenes. Aquí hemos estado trabajando realmente fuerte. Tengo doble función los fines de semana. Temo que es demasiado como para poder ir a montar los domingos en el club campestre. Desafortunadamente, no puedo quejarme ya que Robert ha prometido que estaremos libres las dos últimas semanas del año. Permíteme decirte que esto es una verdadera rareza. Normalmente trabajamos en Navidad y la noche de Año Nuevo. No sé que le ha sucedido últimamente a Robert, pero, un poco de tiempo libre me hará bien. Saldremos a nuestra gira dentro de dos semanas. Recuerdo que mencionaste que tú también estarías viajando en noviembre. Me gustaría que un día pudieras visitar la Costa Oeste, pero me temo que en esta ocasión estaremos viajando en direcciones opuestas. Me tomé la libertad de comentarle a mi madre acerca de nuestra renovada amistad, espero que no te importe. Se puso muy contenta de escuchar acerca de ti y te manda sus más cálidos saludos. Siempre te ha apreciado mucho. No creas que me he olvidado del regalo de la Señorita Pony. Ya le he escrito al ebanista dándole todas tus instrucciones para la silla. Tan pronto como llegue a San Francisco, haré los arreglos para enviarla.


19 Bueno, debo irme ahora; el tiempo no se detiene para nadie. Por favor cuídate y recuerda que quedo de ti,

Terrence P.D. T.P. significa Tarzán Pecosa en caso de que te lo estuvieras preguntando. Apuesto que cuando leas esta carta estarás sobre la rama de un árbol.

La temporada de narcisos 2  
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