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Joseph Ratzinger ¿QUÉ ES EL HOMBRE? Reinhard Hütter LA UNIVERSIDAD CONTEMPORÁNEA ANTE LA PROFÉTICA PROVOCACIÓN DE NEWMAN

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R E V I S T A DE A n t r op ol o g í a y C u lt u r a C r i s t i a n a s / N º 7 2 / A ÑO X V I I I

AÑO XVIII

EN LOS 125 AÑOS DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE


HUMANITAS Revista de Antropología y Cultura Cristianas Publicación trimestral de la Pontificia Universidad Católica de Chile La revista HUMANITAS nace de la conveniencia de que la Universidad disponga para el servicio de la comunidad universitaria y de la opinión pública en general, de un órgano de pensamiento y estudio que busque reflejar las preocupaciones y enseñanzas del Magisterio Pontificio (Decreto Rectoría Nº 147/95, visto 2º). DIRECTOR Jaime Antúnez Aldunate COMITE EDITORIAL Hernán Corral Talciani Samuel Fernández Eyzaguirre Gabriel Guarda, O.S.B. René Millar Carvacho Pedro Morandé Court Ricardo Riesco Jaramillo Francisco Rosende Ramírez Juan de Dios Vial Correa Juan de Dios Vial Larraín Arturo Yrarrázaval Covarrubias SECRETARIA DE REDACCIÓN Marta Irarrázaval Zegers CONSEJO DE CONSULTORES Y COLABORADORES Presidente Honorario: S.E.R. Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa. Arzobispo Emérito de Santiago. Héctor Aguer, Anselmo Álvarez, O.S.B., Carl Anderson, Andrés Arteaga, Francisca Alessandri, Antonio Amado, Felipe Bacarreza, Rémi Brague, Jean-Louis Bruguès, O.P., Rocco Buttiglione, Massimo Borghesi, Carlos Francisco Cáceres, Cardenal Carlo Caffarra, Cardenal Antonio Cañizares, Jorge Cauas Lama, Guzmán Carriquiry, William E. Carroll, Alberto Caturelli, Cesare Cavalleri, Fernando Chomali, Francisco Claro, Ricardo Couyoumdjian, Mario Correa Bascuñán, Francesco D’Agostino, Adriano Dell’Asta, Vittorio di Girolamo, Carmen Domínguez, José Manuel Eguiguren, Carlos José Errázuriz, José María Eyzaguirre, Jesús Colina, Luis Fernando Figari, Juan Ignacio González, Stanislaw Grygiel, Gonzalo Ibáñez Santa-María, Raúl Hasbun, Henri Hude, José Miguel Ibáñez, Raúl Irarrázabal, Lydia Jiménez, Paul Johnson, Jean Laffitte, Nikolaus Lobkowicz, Alfonso López Quintás, Alejandro Llano, Raúl Madrid, Javier Martínez Fernández, Patricia Matte Larraín, Carlos Ignacio Massini Correas, Mauro Matthei, O.S.B., Cardenal Jorge Medina, Livio Melina, Augusto Merino, Dominic Milroy, O.S.B., Fernando Moreno Valencia, Rodrigo Moreno Jeria, José Miguel Oriol, Francisco Petrillo, O.M.D., Bernardino Piñera, Aquilino Polaino-Lorente, Rodrigo Polanco, Cardenal Paul Poupard, Javier Prades, Dominique Rey, Florián Rodero L.C., Alejandro San Francisco, Romano Scalfi, Cardenal Angelo Scola, David L. Schindler, Josef Seifert, Gisela Silva Encina, Robert Spaemann, Paulina Taboada, William Thayer Arteaga, Olga Ulianova, Luis Vargas Saavedra, Miguel Ángel Velasco, Juan Velarde Fuertes, Aníbal Vial, Pilar Vigil, Richard Yeo, O.S.B.

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Andrés Arteaga: Obispo Auxiliar de Santiago. Profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. (UC) Francisca Alessandri: Profesora de la Facultad de Periodismo, UC. Antonio Amado: Profesor de Metafísica de la Universidad de los Andes. Felipe Bacarreza: Obispo de Los Ángeles, Chile. Carlos Francisco Cáceres: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Jorge Cauas Lama: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Fernando Chomali: Arzobispo de Concepción. Miembro de la P. Academia Pro Vita. Francisco Claro: Decano Facultad de Educación, UC. Ricardo Couyoumdjian: Profesor del Instituto de Historia, UC. De la Academia de la Historia del Instituto de Chile. Mario Correa Bascuñán: Secretario General de la Pontificia Universidad Católica. Profesor de la Facultad de Derecho, UC. Carmen Domínguez: Abogado, Directora del Centro UC para la Familia. Vittorio di Girólamo: Profesor de la Universidad Gabriela Mistral. José Manuel Eguiguren Guzmán: Fundador del Movimiento Apostólico Manquehue Carlos José Errázuriz: Consultor Congregación para la Doctrina de la Fe. Profesor de la Pontificia Università della Santa Croce. José María Eyzaguirre: Profesor de la Facultad de Derecho, UC. Jesús Colina: Director de Aleteia. Juan Ignacio González: Obispo de San Bernardo, Chile. Raúl Hasbun: Sacerdote de Schöenstatt. Profesor del Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Gonzalo Ibáñez Santa-María: Profesor y ex rector de la Universidad Adolfo Ibáñez. José Miguel Ibáñez Langlois: Teólogo y poeta. Raúl Irarrázabal Covarrubias: Arquitecto. Presidente de la Asociación Chilena de la Orden de Malta. Raúl Madrid: Profesor de la Facultad de Derecho, UC. Patricia Matte Larraín: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Presidenta de la Sociedad de Instrucción Primaria. Mauro Matthei, OSB: Sacerdote y monje benedictino. Historiador. Cardenal Jorge Medina: Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Augusto Merino: Cientista político, profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez. Fernando Moreno: Filósofo, director del programa de Ciencia Política de la Universidad Gabriela Mistral. Rodrigo Moreno Jeria: De la Academia Chilena de la Historia. Bernardino Piñera: Arzobispo Emérito de La Serena. Rodrigo Polanco: Presbítero, profesor de la Facultad de Teología de la UC. Alejandro San Francisco: Profesor del Instituto de Historia, UC. Gisela Silva Encina: Escritora. Paulina Taboada: Médico. Miembro de la Pontificia Academia Pro Vita. William Thayer Arteaga: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Olga Uliánova: Doctora en Historia por la Universidad de Lomonosov, Moscú. Investigadora de la Universidad de Santiago. Luis Vargas Saavedra: Profesor de la Facultad de Letras, UC. Aníbal Vial: Ex rector Universidad Santo Tomás. Pilar Vigil: Médico. Miembro de la Pontificia Academia Pro Vita.

Héctor Aguer: Arzobispo de la Plata, Argentina. Anselmo Álvarez, OSB: Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos. Carl Anderson: Caballero Supremo de los Caballeros de Colón. Rémi Brague: Premio Ratzinger 2012. Titular cátedra Romano Guardini, Universidad de Munchen. Jean-Louis Bruguès, OP: Archivista y bibliotecario de la Santa Iglesia. Obispo emérito de Angers, Francia. Massimo Borghesi: Filósofo italiano. Catedrático de la Universidad de Perugia. Rocco Buttiglione: Filósofo político italiano. Cardenal Carlo Caffarra: Arzobispo de Bolonia. Cardenal Antonio Cañizares: Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Guzmán Carriquiry: Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina. William E. Carroll: Profesor en la Facultad de Teología de la Universidad de Oxford. Alberto Caturelli: Filósofo argentino. Cesare Cavalleri: Director de Studi Cattolici, Milán. Francesco D’Agostino: Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Tor Vergata de Roma. Ex Presidente del Comité Nacional de Bioética en Italia. Adriano Dell’Asta: Profesor de la Universidad Católica de Milán. Luis Fernando Figari: Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Lima. Stanislaw Grygiel: Filósofo polaco. Titular de la Cátedra Juan Pablo II en la Universidad Lateranense, Roma. Henri Hude: Filósofo francés. Ex rector del Colegio Stanislas, París. Lydia Jiménez: Directora General del Instituto Secular Cruzadas de Santa María. Paul Johnson: Historiador inglés. Jean Laffitte: Obispo de Entrevaux. Secretario del Consejo Pontificio para la Familia. Nikolaus Lobkowicz: Director del Instituto de Estudios de Europa del Este y Central de la Universidad de Eichstätt, Alemania. Alfonso López Quintás: Filósofo español. Miembro de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Alejandro Llano: Filósofo español. Javier Martínez Fernández: Arzobispo de Granada, España. Carlos Ignacio Massini Correas: Catedrático de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina. Livio Melina: Presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Dominic Milroy, OSB: Monje de Ampleforth, ex-rector de Ampleforth College, York, Gran Bretaña. José Miguel Oriol: Presidente de Editorial Encuentro, Madrid. Francesco Petrillo, OMD: Superior General de la Orden de la Madre de Dios. Aquilino Polaino-Lorente: Psiquiatra español. Cardenal Paul Poupard: Presidente emérito del Pontificio Consejo de Cultura. Javier Prades: Rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, Madrid. Miembro de la Comisión Teológica Internacional. Dominique Rey: Obispo de Frejus-Toulon, Francia. Florián Rodero L.C: Profesor de Teología del Ateneo Regina Apostolorum en Roma. Romano Scalfi: Director del Centro Rusia Cristiana, Milán. Cardenal Angelo Scola: Arzobispo de Milán. Josef Seifert: Es Rector de la Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein desde 1986, y desde 2004 en Chile, IAP-PUC. David L. Schindler: Director del Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre Matrimonio y Familia, Washington D.C. Robert Spaemann: Filósofo alemán. Miguel Ángel Velasco: Director de Alfa y Omega, Madrid. Juan Velarde Fuertes: De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales (1992). Richard Yeo, OSB: Abad Presidente de la Congregación Benedictina de Inglaterra.


PRIMAVERA 2013 – AÑO XVIII

LA UNIVERSIDAD CONTEMPORÁNEA ANTE LA PROFÉTICA PROVOCACIÓN DE J.H. NEWMAN Reinhard Hütter 752 ¿QUÉ ES EL HOMBRE? Joseph Ratzinger

125 DESDE 1888

años

H U M A N I T A S

H umanitas Nº 72

780

DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE Ignacio Sánchez Díaz

806

LA CARIDAD INTELECTUAL Cardenal Zenon Grocholewski

818

EN SUS 125 AÑOS DE EXISTENCIA ¿QUÉ DEBE PENSAR LA UNIVERSIDAD DE SÍ MISMA? Juan de Dios Vial Correa / Pedro Pablo Rosso / Ignacio Sánchez Díaz

830

UNA UNIVERSIDAD LUMINOSA Raúl Irarrázabal Covarrubias

838

UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA Jean-Louis Bruguès O.P.

844

LA FORMACIÓN HUMANA: FIN DE LA UNIVERSIDAD Muñoz Buitrago / Rojas Claros / Garnica Ríos

856

LA “PROFECÍA” DEL CONCILIO VATICANO II Enrique Cattaneo S.J.

872

Hablan los movimientos apostólicos ¿POR QUÉ UN AÑO DE LA FE?

880

Destacamos en APUNTES y NOTAS Alasdair MacIntyre MISIÓN DE LA FILOSOFÍA EN LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS DEL SIGLO XXI Raúl Madrid

896

Angelo Scola ¿CUÁL ES LA MISIÓN DE UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA? Jaime Antúnez Aldunate

902

En portada: Cristo Casa Central Pontificia Universidad Católica de Chile.

Sumario Editorial Apuntes y Notas La Palabra del Papa Panorama Libros Sobre los Autores

745 748 896 906 922 976 992


En orden a facilitar el contacto con nuestros lectores y eventuales suscriptores, se pueden consultar los contenidos de este y de los anteriores números de Humanitas en Internet. Dicha información se entrega por medio de resúmenes de cada uno de los trabajos publicados en www.humanitas.cl VER REVISTA DIGITAL

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HUMANITAS

dieciocho años sirviendo al encuentro de la fe y la cultura

HUMANITAS (ISSN 07172168) recoge los trabajos de sus colaboradores regulares, nacionales y extranjeros. Asimismo, de otros autores cuya temática resulta afín con los objetivos de esta publicación. Toda reproducción total o parcial de los artículos publicados por HUMANITAS requiere de la correspondiente autorización, a excepción de comentarios o citas que se hagan de los mismos. Diseño y Producción: Publicidad Universitaria UC Impresión: Ograma Impresores Suscripciones y correspondencia: HUMANITAS, Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, 3er piso, Santiago, Chile. Teléfono (562) 2354 6519, Fax (562) 2354 3755, E-mail: humanitas@uc.cl Suscripción anual, $28.000; estudiantes, $18.000. Valor por ejemplar, $7.000.


C ON F ER E NCI A S

Cr isti a na s

DÉ CI M A S

M A R I A NA S

Santa María Virgen en los Santos

Cult ur a

“Este misterio divino de salvación se nos revela y continúa en la Iglesia, a la que el Señor constituyó como su Cuerpo; y en ella los fieles, que están unidos a Cristo, su Cabeza, en comunión con todos sus santos, deben también venerar la memoria en primer lugar, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios y nuestro Señor Jesucristo” (Constitución LUMEN GENTIUM,

R E V ISTA

DE

A ntropologí a

y

del Concilio Vaticano II, n.52)

1. San

Cirilo de Alejandría y San Germán de Constantinopla

Lunes 4 noviembre, 19 hrs. 2. San Bernardo de Claraval y

San Anselmo de Canterbury

Lunes 11 noviembre, 19 hrs. 3. Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura

Lunes 18 noviembre, 19 hrs. 4. San

Luis María Grignon de Monfort y Santa Teresita del Niño Jesús

Lunes 25 noviembre, 19 hrs. 5. Beatos Papas Juan XXIII y

EXPOSITOR

Antonio Amado, profesor de Metafísica de la Universidad de los Andes. Miembro del Consejo de Consultores y Colaboradores de Revista HUMANITAS. Lugar: Colegio Francisco de Asís. Cerro Catedral Norte 12.150, Las Condes. Precio general: $28.000 (incluye suscripción anual a revista HUMANITAS) Precio estudiantes: $ 18.000 INFORMACIONES E INSCRIPCIONES

Lunes 2 diciembre, 19 hrs.

Revista Humanitas Centro de Extensión, Pontificia Universidad Católica. Alameda 390, tercer piso. Teléfono: 2686 6519

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Juan Pablo II


HUMANITAS Sumario n° 72 (octubre- diciembre 2013)

LA UNIVERSIDAD CONTEMPORÁNEA ANTE LA PROFÉTICA PROVOCACIÓN DE JOHN HENRY NEWMAN, por Reinhard Hütter. Desde una ribera opuesta a la Ilustración y a las revoluciones modernas, un sinnúmero de eminentes filósofos, teólogos y científicos han escrito sobre el tema de la universidad, muchos de ellos en el contexto de la fundación de nuevas universidades, o de la reorganización fundamental de importantes universidades ya existentes. Entre estos, John Henry Newman es uno de los más fascinantes y destacados, una voz profética. Newman constituye una espina en la carne de todas las tentativas propias del siglo XX con miras a funcionalizar la universidad y someterla a determinados fines ajenos, ya sea aquellos del moderno estado-nación burocrático, del programa comunista, de la organización fascista del Estado de la raza superior y su voluntad de poder, o de los deseos del consumismo individualista de una sociedad permisiva, que entiende todos los problemas como de naturaleza ulteriormente técnica y empresarial, para los cuales el saber-hacer científico tarde o temprano hallará alguna solución, ojalá existencialmente definitiva. La defensa que hace Newman de la “Idea de Universidad” se resiste a todas estas modernas presiones para funcionalizarla. Es la teología la que juega aquí un papel crucial en cuanto a sostener la unidad del saber. Humanitas 2013, LXXII, págs. 752-775

¿QUÉ ES EL HOMBRE?, por Joseph Ratzinger. Ante la pregunta ¿Qué es el hombre?, el mundo contemporáneo ha intentado responder mostrándolo como un producto de leyes y determinismos sociales o biológicos. En estas páginas el entonces Profesor Dr. Ratzinger reflexiona a través de la Sagrada Escritura para afirmar que lo que constituye al hombre en cuanto hombre es que este se proyecta más allá del mundo, que es capaz de lo absoluto, que lleva consigo esa remisión de su existencia, que es la que lo eleva más allá de todas las circunstancias del mundo hacia lo eterno mismo, confiriéndole de ese modo el valor agregado que lo protege de toda entrega a lo meramente mundano. El texto que se presenta a continuación corresponde a una conferencia de la era de Tubinga, es decir, de los años que median entre 1966 y 1969. Con la autorización de Libreria Editrice Vaticana revista Humanitas lo publica por primera vez en español. Humanitas 2013, LXXII, págs. 780 - 805

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125 AÑOS DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE, por Ignacio Sánchez. Con ocasión del aniversario número 125 de la fundación de la Pontificia Universidad Católica, el rector analiza en estas páginas el rol público, la historia y la misión de esta como una institución que desde el origen estuvo destinada a servir a la sociedad. Ello se realiza a través de una identidad que se funda en desarrollar su labor educativa, cultivar su saber y la búsqueda de la verdad a la luz de la fe. Humanitas 2013, LXXII, págs. 806 - 817

LA CARIDAD INTELECTUAL, por Cardenal Zenon Grocholewski. La universidad no puede ser vista solo como una institución que otorga títulos de estudios superiores o como una Casa de estudios que prepara para la excelencia académica. Si este es su único sentido, la caridad tiene poco espacio o es casi nula. En cambio, si la universidad es concebida, principalmente, como aquello que realmente es, una universitas, una comunidad cuyo único objetivo es la búsqueda de la verdad, la caridad ocupa un lugar privilegiado. El Beato Juan Pablo II afirmaba: “La universidad es una institución que, por su misma naturaleza, tiende —o por lo menos debería tender— a superar los particularismos de los sujetos y los de los objetos de estudio y de enseñanza: ‘Universitas Studiorum’, la llamaban los medievales, pero también ‘Universitas Docentium et Discentium’, todos y todo ensamblados en una armónica, si bien dinámica, unidad. La universidad, por su naturaleza, representa y es este proyecto de fundamental búsqueda de la verdad, que atrae y sobrepasa a todos y que tiende a armonizar los aspectos particulares de las varias especializaciones”. En la Universitas Docentium et Discentium, la caridad recibe un nombre especial: se llama caridad intelectual. Humanitas 2013, LXXII, págs. 818 - 829

UNA UNIVERSIDAD LUMINOSA, por Raúl Irarrázabal. El autor analiza en estas páginas las características arquitectónicas del edificio de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile, uniéndola al propio recuerdo de sus días de estudiante de arquitectura en este recinto. En estos recuerdos, que se extienden hasta 55 años atrás, se aprecia que si bien la Universidad ha crecido mucho y el edificio unitario ha pasado a disgregarse en muchos campus ubicados en diversos lugares de la capital, lo que siempre se mantiene es el Alma Mater de la Institución. Humanitas 2013, LXXII, págs. 838 - 843

UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA, por Jean-Louis Bruguès O.P. La Iglesia Católica puede estar orgullosa de su enseñanza superior, en primer lugar en razón del número. El desarrollo ha sido considerable en el curso de los últimos cincuenta años: ahora la cifra global de las universidades católicas es cercana a mil 300 y las solicitudes de creación se multiplican. La Iglesia se ha convertido en una de las primeras potencias educativas del mundo. Sin embargo, es precisamente la calidad de esta enseñanza lo que merece especial mención. En América Latina las universidades administradas por la Iglesia figuran entre las mejores de cada país y del continente. De acuerdo con una clasificación establecida el año pasado por los QS World University Rankings, la Pontificia Universidad de Santiago de Chile se considera una de las doscientas mejores del mundo y la tercera de América Latina. Sin embargo, en todas partes del mundo se repite con la insistencia de un leitmotiv una obsesiva pregunta: ¿qué es una universidad católica? La secularización, ciertamente distinta en cada país, pero ahora presente en todas partes; el crisol social, el pluralismo de las tradiciones espirituales, la sospecha existente en Occidente en relación a todas las religiones, a menudo acusadas de provocar división social y de ser factores de violencia, y paralelamente la ascensión de un indiferentismo masivo a la dimensión trascendental de la existencia humana, obligan a reexaminar la cuestión de la identidad católica de los establecimientos de estudios superiores confiados a la Iglesia. Humanitas 2013, LXXII, págs. 844 - 855

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LA FORMACIÓN HUMANA: FIN DE LA UNIVERSIDAD. Una comisión de tres profesores de la Universidad Católica de Colombia aborda el problema que universalmente envuelve a la Universidad contemporánea, volcada de manera forzosa a la finalidad de educar para responder a propósitos del crecimiento económico y avances técnicos y tecnológicos, descuidando el desarrollo de la persona humana en toda su plenitud, misión que le es esencialmente propia. En este artículo se plantea como fin de la universidad la formación humana, teniendo como clave educativa el despliegue del carácter y la búsqueda del sentido de la vida misma. Se hace énfasis en la reconquista de la universalidad propia de la Universidad al ser la unidad del saber su rasgo específico. Humanitas 2013, LXXII, págs. 856 - 871

LA “PROFECÍA” DEL CONCILIO VATICANO II, por Enrique Cattaneo. Con ocasión del reciente aniversario número 50 de la inauguración del Concilio Vaticano II en octubre de 1962, y finalizando la celebración del Año de la Fe, se propone una lectura atenta de aquel momento crucial para la Iglesia y de la crisis que le siguió. La intención del Papa Juan XXIII al convocar el Concilio era que este aportara una renovación en el surco de la tradición. Pero en los años difíciles, durante el Pontificado de Pablo VI, creció la oposición a este propósito original por parte de algunos intérpretes de diversas tendencias. Según Juan Pablo II, el Concilio debía ser leído en una perspectiva de fe, como una verdadera profecía para la vida de la Iglesia. Benedicto XVI, por su parte, frente a la nueva apertura del mundo, defendió la renovación en la continuidad, que exige sobre todo la superación de la crisis de la fe. Humanitas 2013, LXXII, págs. 872 - 887

APUNTES Y NOTAS DIOS, FILOSOFÍA, UNIVERSIDAD (EN EL LENTE DE MACINTYRE), por Raúl Madrid. Se analiza en estas páginas la reflexión sobre la universidad del filósofo británico y en particular la misión de la filosofía en las instituciones católicas. ¿CUÁL ES LA MISIÓN DE UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA? Habla para Humanitas Angelo Scola, entonces rector de la «Universidad del Papa», como denominó al Laterano el beato Juan Pablo II. Humanitas 2013, LXXII, págs. 896 - 905

LIBROS “Jesús en Roma” por Juan María Laboa (Editorial Jaca Books); “Votar en conciencia. Los católicos y la política” por Javier Astaburuaga (Pontificia Universidad Católica de Chile); “Reforma Agraria chilena. Testimonios de sus protagonistas” por María Angélica Ovalle y Ángela Cousiño (Editorial Memoriter); “La Fe, don y compromiso” por Cardenal Jorge Medina; “In difesa di Pio XII. Le ragioni della storia” por Giovanni Maria Viann (Marsilio Editori); “La experiencia de Dios” por José Morales (Ediciones Rialp); “El Papa y el Filósofo” por Alberto Methol Ferré y Alver Metalli (Editorial Biblos); “Queridos Yihadistas” por Philippe Muray (Editorial Nuevo Inicio); “Ética de la libertad” por Jorge Peña Vial (Instituto Respublica); “El precio a pagar” por Joseph Fadelle (Ediciones Rialp). Humanitas 2013, LXXII, págs. 876 - 991

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Naturaleza y Misión de la Universidad L

os 125 años de historia universitaria que conmemora la Pontificia Universidad Católica de Chile convidan a hacer un recuerdo y una reflexión sobre la propia institución —ubicada hoy a la vanguardia de la educación superior en Chile y en el continente—, pero, sobre todo, a pensar en la universidad contemporánea como tal, contexto en que se sitúa la chilena en general y la nuestra en particular, y que representa para éstas grandes y singulares desafíos. Voces aisladas reclaman, esporádicamente, contra cierta recurrente querencia, en el sentido de que el análisis de la cuestión universitaria reincide una y otra vez —suerte de encapsulamiento reduccionista— en consideraciones puramente políticas, económicas o programáticas, sin mostrar suficiente capacidad de vuelo para una autocrítica esencial o para introducirse con decisión en el tema del ser universitario per se. Las urgencias del “futuro-presente” en que se siente obligada a vivir la sociedad en nuestro tiempo acortan, por su parte, ese espacio de reflexión, presentándolo equívocamente como poco relevante y hasta quizá inútil. Así, en ausencia de mayores reparos, más que acercarse, se aleja de la discusión universitaria el núcleo central del asunto, aquel donde se generan las fortalezas y debilidades de todo el sistema. Por circunstancias ajenas a cualquier cálculo o programación, HUMANITAS tuvo en meses pasados el grato privilegio de participar en un seminario realizado en la New York University, ubicada físicamente a pocos metros del Washington Square Park de Nueva York, justo en el corazón de uno de esos aceleradores del “futuro-presente” en que vive hoy la humanidad. Un elenco ecuménico —católico, judío e islámico— se reunía allí para debatir sobre la universidad contemporánea; sin embargo, en un destacable y raro esfuerzo, se quería hacerlo desde la perspectiva del gran Logos, de esa rica y generosa amplitud de la razón a la que convidara a la universidad contemporánea el Papa Benedicto XVI, en su célebre discurso pronunciado en septiembre de 2006 en la Universidad de Ratisbona. La materia para dicha reflexión la ofrecía la idea de la universidad propuesta en el magno legado de John Henry Newman. Abre así las páginas de este número, consagrado a nuestra centenaria efeméride, la reflexión desarrollada en dicha ocasión por el Profesor Reinhard Hütter, titulada “La universidad contemporánea ante la profética provocación de J. H. Newman”. No es menor destacar, en el presente contexto, que esta primera versión en español publicada por HUMANITAS se realiza en paralelo con otra en lengua inglesa, comprometida previamente por un importante centro universitario europeo.

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HUMANITAS Nº 72 pp. 748 - 751


De la mano de Hütter, el lector podrá observar cuánto esa idea legada por Newman constituye un sólido y luminoso frente de resistencia ante cualquiera de las variadas formas de presión moderna para funcionalizar a la universidad. Se nos plantea así, en estas líneas, un verdadero cara a cara entre la “universidad newmaniana” y la hoy prevaleciente “universidad baconiana”. La profética provocación de Newman pone de relieve el carácter potencialmente universal de la educación humanística, a condición de que ésta fluya en un horizonte de trascendencia, a cuya luz el conocimiento pueda concebirse como un todo que proporciona interconexión y coherencia. La gravitación aquí de la teología y también de la filosofía, como en la clásica universidad humanística, es insustituible. En plena sintonía con Aristóteles, veremos que aquello que diferencia una educación universitaria propiamente tal del entrenamiento para el “saber hacer” del politécnico de nuestros días, es el pensamiento aplicado al conocimiento, a la interrelación de las ciencias. Confrontando a Nietzsche, el autor recuerda “que los seres humanos desean saber no porque desean dominar, sino porque el conocimiento es la perfección misma del intelecto, que es una forma más perfecta de existencia”. En refuerzo de lo anterior, un párrafo de MacIntyre —a quien también cita Reinhard Hütter— nos habla de la desintegración progresiva del currículo universitario, de las nefastas consecuencias de este fenómeno y de cómo las universidades deberían remontar el camino a través de una renovada reflexión sobre su misión. Se vislumbra aquí —como en el ya mencionado discurso de Benedicto XVI en Ratisbona— que la idea característicamente católica de la universidad podría restaurar, incluso en la universidad secular, el sentido y la finalidad de la tarea académica en cuanto ordenada por una concepción unificada del hombre y de la verdad, que dé crédito a las diferentes partes del currículo y busque entender la relación entre éstas dentro de un todo armonioso. Sigue a la reflexión newmaniana inicial, otra que apunta precisamente al factor en esencia unificador de la cosmovisión universitaria, esto es, a la idea del hombre que nace no del encapsulamiento de éste en su propio ser, en tanto se considera completo y cerrado (“falto de enigma y propietario de sí mismo”), sino por el contrario, en cuanto entiende que a sus espaldas se abren los abismos y se reconoce a sí mismo como punto de irrupción de lo divino.

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EDITORIAL

La profética provocación de Newman pone de relieve el carácter potencialmente universal de la educación humanística, a condición de que ésta fluya en un horizonte de trascendencia, a cuya luz el conocimiento pueda concebirse como un todo que proporciona interconexión y coherencia. La gravitación aquí de la teología y también de la filosofía, como en la clásica universidad humanística, es insustituible.


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EDITORIAL

La pregunta del título, “¿Qué es el hombre?”, ilumina como un rayo potente lo que fuera antes dicho acerca de la naturaleza y misión de la universidad. El hombre es imagen de Dios porque es también capaz de Dios: Homo capax Dei.

La ocasión de esta reflexión —de más vasto alcance que la propiamente universitaria, pero intrínsecamente esencial a ella— es provista por la feliz oportunidad de publicar en esta edición de HUMANITAS un luminoso ensayo, inédito en español, del Profesor Joseph Ratzinger. Se trata de una conferencia suya dictada en la segunda mitad de los años sesenta, mientras ejercía su cátedra en Tubingia. Son los años en que da a luz su clásica obra “Introducción al cristianismo”. La pregunta del título, “¿Qué es el hombre?”, ilumina como un rayo potente lo que fuera antes dicho acerca de la naturaleza y misión de la universidad. El hombre es imagen de Dios porque es también capaz de Dios: Homo capax Dei. Pues entre el sujeto que conoce y el objeto conocido tiene que haber una cierta “correspondencia ontológica”, esto es, que el uno y el otro no sean extraños o desemejantes absolutamente (cfr. CIC, cap.1). Ser imagen de Dios significa, pues, la posibilidad y la necesidad que tiene el hombre de trascenderse a sí mismo hacia lo absoluto y en esto puede también decirse que radica, explica el autor, su capacidad de Dios, que le es propia en cuanto personalidad corpóreo-espiritual. “El Rubicón del ser hombre y del llegar a ser hombre es franqueado cada vez que un hombre es ya no sólo capaz del mundo y de su entorno, sino capaz de diseñarse en dirección a lo absoluto”, apunta Ratzinger, transitando y dejando atrás, sin decir diciendo, la “universidad baconiana” en pro de la “universidad newmaniana”. El contrastante perfil psicológico de esas dos concepciones que han pugnado históricamente al interior de la universidad moderna y contemporánea queda por fin nítidamente retratado en la reflexión final que formula Ratzinger, al tratar del primer y del segundo Adán. El primero representa la arbitraria y autocéntrica soberanía en la cual tanto micro como macro sociedades se desgarran y suscriben su propia destrucción. El segundo Adán, “dispuesto a renunciar a su soberanía para orientarse a los valores sometidos y vulnerables —la verdad y el amor”— y ser-para-los-otros, restituye en cambio a la humanidad a su reino perdido, el llegar a ser hombre del hombre, a su admisión en la comunidad de Dios.

He aquí el grande e ineludible desafío que convoca hoy a los hombres encargados de regir e iluminar esta milenaria institución, puntal de la obra civilizadora realizada por el hombre a lo largo de todo el segundo milenio de la era cristiana, cuya raíz vital se ve tan oscurecida en el vertiginoso contexto a que la somete la vorágine contemporánea.

H 751


«Indiscutiblemente John Henry Newman es el más destacado, una voz profética, una espina en la carne de todas las tentativas propias del siglo XX con miras a funcionalizar la universidad y someterla a determinados fines ajenos, ya sea aquellos del moderno Estado-nación burocrático, del programa comunista, de la organización fascista del Estado de la raza superior y su voluntad de poder, o de los deseos de consumidores individuales que pertenecen a una sociedad permisiva que entiende todos los problemas como de naturaleza ulteriormente técnica y empresarial, para los cuales el saber-hacer científico tarde o temprano hallará alguna solución, ojalá definitiva».

H 752

John Henry Newman por George Richmond, 1844.


ante la profética provocación de J.H. Newman POR REINHARD HÜTTER

Newman y la Universidad

La universidad contemporánea

Un teólogo católico que se dirige al público en una gran universidad

privada —situada en el corazón mismo de la principal metrópoli de los Estados Unidos— con el objetivo de tratar un tema no Desde las antípodas de siempre falto de controversias, como es el de religión y la Ilustración y de las educación universitaria, ciertamente tendrá que estar a la revoluciones norteamericana altura de lo siguiente: aquella especial forma de alegato a favor y francesa, un sinnúmero de de un lugar para la teología cristiana en la universidad secular. eminentes filósofos, teólogos y científicos han escrito sobre De no estar esta, la teología, a la mesa junto a todas las el tema de la universidad, demás ciencias duras seculares, entonces al menos debe muchos de ellos en el estar debajo de la mesa para alimentarse con las migajas contexto de la fundación de que caen de esa pasmosa elaboración de conocimientos nuevas universidades, o de la que es lo que con orgullo ha venido a llamarse universidad re-organización fundamental “científico-tecnológica” o “de investigación”, tan propia de de importantes universidades la era posmoderna. Debo advertir que no habrá ningún ya existentes. alegato especial a favor de la teología cristiana, pues ella existía ya mucho antes de que naciera la universidad,1 continúa existiendo y * Una versión ampliada de este trabajo fue publicada en inglés, en septiembre de 2013, por “Acta Philosophica” de la Pontificia Universidad de la Santa Croce. 1 Debemos pensar en Clemente de Alejandría y en Orígenes, en los Padres de Capadocia, en Basilio el Grande, en Gregorio de Nicea, Gregorio Nacianzo y Juan de Damasco, en el antiguo Oriente, así como en san Agustín, en la teología monástica (Bernardo de Claraval), y en la teología que surgió en las escuelas catedralicias (Escuela de San Victor y su discipulado), en Occidente. San Buenaventura escribió varias de sus obras teológicas más importantes después de abandonar la Universidad de París, y Santo Tomás de Aquino escribió buen número de sus obras durante y después de sus dos estancias en la Universidad de París. La estructura de las escuelas de priorato de los Dominicos, así como aquella de las escuelas de teología provinciales, hizo posible una educación teológica sólida, consistente y bastante avanzada (basada en escuelas de priorato para las humanidades y en escuelas provinciales de artes y filosofía), que fue capaz de florecer y mantener la educación teológica y la investigación a través de toda Europa en forma independiente de cualquier universidad. Solamente los studia generalia, las casas generales de estudios, donde se educaba a una élite intelectual altamente selectiva, fueron instaladas lo más cerca posible de las universidades de París y de Oxford. Para una relación de este notable sistema educacional de la temprana Orden Dominica, véase William A. Hinnibusch, O.P., The History of the Dominican Order: Volume 2; Intellectual and Cultural Life to 1500 (Nueva York: Alba House, 1973), 19-36.

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floreciendo al margen de la universidad2 y seguirá existiendo hasta mucho después de que finalmente sea expulsada de todas las universidades de investigación de la era posmoderna. De haber realmente alguna forma de alegato, será en favor de la idea misma de universidad y del ideal de la educación humanista, en cuanto alma de toda educación universitaria. No se trata aquí por lo tanto de la reflexión de un teólogo católico comprometido con el discurso de la teología sagrada (el quehacer propio de un teólogo católico), sino más bien de un antiguo ciudadano universitario que reflexiona en términos filosóficos amplios sobre la naturaleza de la universidad y sobre la naturaleza de una educación universitaria. Desde las antípodas de la Ilustración y de las revoLa defensa que hace luciones norteamericana y francesa, un sinnúmero de Newman de la “Idea eminentes filósofos, teólogos y científicos han escrito de Universidad”se resiste a todas estas modernas sobre el tema de la universidad, muchos de ellos en el presiones para funcionalizar contexto de la fundación de nuevas universidades, o de la universidad. Y, tal como la re-organización fundamental de importantes universe verá, es la teología la sidades ya existentes. Entre esos eminentes pensadores, que juega aquí un papel indiscutiblemente John Henry Newman no solo es el crucial en cuanto a sostener más fascinante, sino que también el más destacado, dicha resistencia. una voz profética, una espina en la carne de todas las tentativas propias del siglo XX con miras a funcionalizar la universidad y someterla a determinados fines ajenos, ya sea aquellos del moderno Estado-nación burocrático, del programa comunista, de la organización fascista del Estado de la raza superior y su voluntad de poder, o de los deseos de consumidores individuales que pertenecen a una sociedad permisiva que entiende todos los problemas como de naturaleza ulteriormente técnica y empresarial, para los cuales el saber-hacer científico tarde o temprano hallará alguna solución, ojalá definitiva. La defensa que hace Newman de la “Idea de Universidad” se resiste a todas estas modernas presiones para funcionalizar la universidad. Y, tal como se verá, es la teología la que juega aquí un papel crucial en cuanto a sostener dicha resistencia. La vida de John Henry Newman abarcó todo el siglo diecinueve, un tiempo de tremendo cambio en lo social, lo político, lo cultural, 2 Gregorio Palamas, Denis el Cartujo y Juan Capreolo en la baja Edad Media, Matthías Joseph Scheeben en el siglo diecinueve, y Charles Journet en el veinte. Los últimos dos fueron eminentes teólogos que enseñaron exclusivamente en seminarios diocesanos.

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lo científico y lo tecnológico. Newman nació en 1801, la era de los carruajes, los mosquetes y los veleros; falleció en 1890, era de los primeros trenes expresos transcontinentales, las ametralladoras y los buques a vapor. Marx, Darwin y Nietzsche habían comenzado a darle forma al mundo intelectual de la época, especialmente durante la segunda mitad de la vida de Newman. Pero, a pesar de las dos guerras mundiales, el ir y venir del nazismo y del comunismo, la descolonización y la globalización, la bomba nuclear, el chip computacional, Internet y la explosión del conocimiento, así Incluso la más superficial como también de las más recientes biociencias, con sus de las lecturas de su clásico consiguientes desarrollos tanto en la medicina como conjunto de disertaciones en la biopolítica —desde la eugenesia a la eutanasia—, sobre “Naturaleza que en conjunto parecieran alejarnos profundamente y propósito de la educación universitaria”, de Newman, yo sostendría que de todos modos él sigue pronunciadas el año siendo nuestro contemporáneo en más de un sentido, 1852 ante los círculos especialmente en asuntos que conciernen a la educación intelectuales católicos de universitaria. Pues incluso la más superficial de las Dublín, deja perfectamente lecturas de su clásico conjunto de disertaciones sobre en claro que evidentemente “Naturaleza y propósito de la educación universitaria”3, compartimos con Newman la constatación de una pronunciadas el año 1852 ante los círculos intelectuales matriz ideológica llamada católicos de Dublín, deja perfectamente en claro que evi- secularismo, cuyas dentemente compartimos con Newman la constatación premisas ideológicas de una matriz ideológica llamada secularismo, cuyas fueron filosóficamente premisas ideológicas fueron filosóficamente asentadas asentadas en los siglos en los siglos dieciséis y diecisiete, se tornaron política dieciséis y diecisiete, y socialmente explícitas en el siglo dieciocho, así como se tornaron política y socialmente explícitas en el globales en la segunda mitad del veinte y el temprano siglo dieciocho, así como veintiuno. Más aún, el “hiperpluralismo” (Brad Gre- globales en la segunda gory), que caracteriza a las sociedades norteamericana y mitad del veinte y el europea de comienzos del siglo veintiuno, ya estaba por temprano veintiuno. entonces en su fase de gestación, por cierto bastante familiar para Newman, quien describe el estado de la sociedad de su tiempo como uno “en que la autoridad, los preceptos, la tradición, las costumbres, el instinto moral y la influencia divina no valen nada, en que la reflexión paciente y la profundidad y solidez de los puntos de vista 3 La edición que escudriñé, y a la cual refieren todos los números de páginas en el texto, es The Idea of a University, por John Henry Newman, editada con prefacio e introducción de Charles Frederick Harrold (Nueva York/Londres/ Toronto: Longman, Gree, and Co., 1947).

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son desdeñados por sutiles y escolásticos, en que el debate liberal y el juicio falible son ensalzados como un derecho de nacimiento de cada individuo.” (Idea, 33) Lo que en efecto sí nos distancia de Newman en materias vinculadas específicamente con la educación universitaria, son dos factores: la educación masiva y la total economización de la universidad “científico-tecnológica” o “de investigación” de la era posmoderna. En nuestros días, la educación y las ciencias universitarias producen bienes que son considerados mercancía, medios posibles de ser comprados para satisfacción de deseos individuales, producidos en orden a solucionar problemas colectivos. La mercantiliEsta total economización zación y la funcionalización de la universidad son dos por parte de un mercado en caras de una misma moneda. Esta total economización que la oferta y la demanda, la competencia y la marca por parte de un mercado en que la oferta y la demanda, la de fábrica determinan la competencia y la marca de fábrica determinan la vida de vida de las universidades y las universidades y de sus facultades alcanza tal grado, de sus facultades alcanza que hace que ya no sea siquiera pensable una alternativa, tal grado, que hace que ya y nos vuelve ciegos en cuanto a la realidad de que todas no sea siquiera pensable las disciplinas académicas impartidas por la universidad una alternativa, y nos “científico-tecnológica” de la era posmoderna se han vuelve ciegos en cuanto a la realidad de que todas convertido en artes serviles. El ideal de una educación las disciplinas académicas humanística o liberal, que contenga su objetivo en su impartidas por la universidad práctica misma, ha sido suplantado por un programa “científico-tecnológica” de la impulsado por la eficiencia en la producción de conociera posmoderna se han miento y su correspondiente entrenamiento, destinado convertido en artes serviles. (...) a preparar al estudiante en las habilidades comunicacionales, matemáticas y científicas necesarias para, a su vez, aportar a esa fabricación de conocimiento y su aplicación a fines dictados por los deseos individuales y colectivos. Pero, ¿por qué preocuparnos en realidad? Si nuestra sociedad de la era posmoderna requiere de oficinistas, de técnicos y de expertos para hacer frente a los urgentes problemas sociales, políticos y medioambientales que esta misma sociedad se ha creado, y que la universidad de investigación de la era posmoderna ciertamente es capaz de producir, ¿cuál sería el problema? No deberíamos permanecer cautivos de la nostálgica imagen de una educación universitaria de tiempos pasados, que acaso alguna vez haya existido. Más bien debiéramos aceptar el hecho de que la universidad se ha metamorfoseado en un politécnico provisto de

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«Permítaseme llamar a esto universidad Baconiana, apelando a su padre-fundador, Francis Bacon. Newman tenía muy presente este modelo cuando dictaba sus clases universitarias: “No puedo negar que [Bacon] logró en alto grado lo que se había propuesto. El suyo es sencillamente un método para que los malestares corporales y las necesidades temporales puedan ser más efectivamente subsanadas para el mayor número.” (Idea, 106)».

un apéndice funcionalizado y propedéutico de las artes liberales. Dos son los hechos que parecen indiscutibles e irreversibles. Primero, la investigación y la consecuente producción de conocimiento de la universidad “científico-tecnológica” de la era posmoderna es un asunto cabalmente secular. Como Brad Gregory señala acertadamente en su reciente obra, The Unintended Reformation: “Sin distingo de disciplina académica, el conocimiento es considerado secular por definición en el mundo occidental de nuestros días. Sus métodos, supuestos, contenido y pretensiones de verdad son, y sólo pueden ser seculares, enmarcados no solamente por la exigencia lógica de una coherencia racional, sino que también por el postulado metodológico del naturalismo y su correlato epistemológico, el empirismo probatorio.”4 Segundo, el conocimiento alcanzado en el curso de la investigación realizada por la universidad de investigación de la era posmoderna es, en efecto, una producción o fabricación, una “techné”, es decir, un medio para un fin que le es extrínseco. La Asociación Norteamericana de Universidades (AAU), aquel exclusivo club integrado por las principales universidades de investigación de los Estados Unidos, caracteriza a la universidad “científico-tecnológica” como una institución que produce gran variedad de experticias para ser 4 Brad Gregory, The Unintended Reformation: How a Religious Revolution Secularized Society (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2012), 299.

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aplicadas a los problemas del mundo real. La universidad de investigación combina la investigación de punta con un entrenamiento de pregrado que opera como un propedéutico para la formación destinada a obtener un grado académico y que toma parte en la producción del conocimiento avanzado de programas de investigación altamente especializados.5 Permítaseme llamar a esto universidad Baconiana, apelando a su padre-fundador, Francis Bacon. Newman tenía muy presente este modelo cuando dictaba sus clases universitarias: “No pue(...) El ideal de una do negar que [Bacon] logró en alto grado lo que se había educación humanística o propuesto. El suyo es sencillamente un método para que liberal ha sido suplantado los malestares corporales y las necesidades temporales por un programa impulsado por la eficiencia en la puedan ser más efectivamente subsanadas para el mayor producción de conocimiento número.” (Idea, 106). y su correspondiente Cuando describo la universidad de investigación de la entrenamiento, destinado era posmoderna como un politécnico dotado de un apéndia preparar al estudiante ce propedéutico funcionalizado de artes liberales (un college en las habilidades que comprende dos años de estudios de pregrado, inflados comunicacionales, matemáticas y científicas con esteroides), que es una aglomeración accidental de necesarias para, a su vez, competencias para la investigación avanzada, reunidas bajo aportar a esa fabricación un solo techo para provecho de las conveniencias logísticas de conocimiento y su y empresariales, tengo en mente a la universidad Baconiana aplicación a fines dictados en su estado más avanzado que, en efecto, ha alcanzado por los deseos individuales éxito global, al punto de que en las muy acertadas palabras y colectivos. de Brad Gregory, “los principales científicos y profesores de las universidades de investigación son los árbitros sociales y, más aún, globales, de lo que cuenta o no como conocimiento en este temprano siglo veintiuno.”6 Sin embargo, el éxito mismo de la universidad Baconiana ya carga en sí la semilla de su propia destrucción. Pues, si ha de seguir la tendencia actual hacia su extremo lógico; si, en efecto, cada una de las 5 El “Informe Oficial” de la AAU lo pone en los siguientes términos: “La raison de’être de la universidad de investigación norteamericana es formular preguntas y resolver problemas. Las universidades de investigación de la nación constituyen, en su conjunto, un excepcional recurso nacional, dotado de capacidades únicas: • Las universidades de investigación de Norteamérica son la vanguardia de la innovación; realizan alrededor de la mitad de la investigación básica de la nación. • El conocimiento experto generado en nuestras universidades de investigación es de renombre mundial; esta experticia está siendo aplicada cada día a los problemas del mundo real. • Combinando investigación de vanguardia con educación de pregrado y de graduación, las universidades de investigación de los Estados Unidos también entrenan a nuevas generaciones de líderes en todos los campos.” 6 Gregory, Unintended Reformation, 299.

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competencias de investigación de vanguardia reunidas en las modernas universidades “científico-tecnológicas” pudiera ser localizada en otra parte, es decir, ser directamente vinculada, sin una pérdida efectiva, con empresas y laboratorios estatales que realizan investigación en medicina o bioingeniería, o con esta y aquella rama del complejo militar-industrial, entonces habrá desaparecido la universidad en cualquier sentido sustantivo; seguir llamando a dicha transmutación por ese nombre —Universidad— sencillamente sería una equivocación, sin duda por razones de marca y mercadeo, pero difícilmente por razones de sustancia. El filósofo Benedict Ashley, formado durante los primeros años de existencia del más notable programa de estudios de pregrado de la Universidad de Chicago, afirma en su magnum opus, ¿Es la universidad una The Way toward Wisdom: “El término mismo ‘universidad’ unidad per se, conteniendo su fin o su propósito en las significa muchos-mirando-hacia-uno, y se relaciona con el prácticas de educación e término ‘universo’, el todo de la realidad. Así, el nombre investigación que le son ya no parece apropiado para tan fragmentada institución propias, o es la universidad moderna, cuya unidad es provista únicamente por una ad- una unidad per accidens, ministración financiera y, tal vez, por un equipo deportivo.7 una conglomeración Sin emplear una terminología escolástica, Ashley nos fortuita de medios que plantea la alternativa de un modo clásico: ¿Es la universi- sirven a fines cambiantes o a propósitos extrínsecos? dad una unidad per se, conteniendo su fin o su propósito El contraste es obvio. en las prácticas de educación e investigación que le son propias, o es la universidad una unidad per accidens, una conglomeración fortuita de medios que sirven a fines cambiantes o a propósitos extrínsecos? El contraste es obvio. A la luz de la noción sustantiva de universidad en cuanto unidad per se, correctamente invocada por Ashley, el politécnico Baconiano de la era posmoderna, oculto tras el nombre de “universidad”, se revela como la empresa del conocimiento que es, y que comercializa bienes tipo “saber-hacer”, que son puestos al servicio de fines determinados por las sociedades avanzadas del tecno-capitalismo. La provocación profética de Newman, así como su permanente relevancia, se fundamentan en el hecho de ofrecer una poderosa razón de ser de la universidad en cuanto unidad per se y, con ella, un oportuno llamado a favor de lo indispensable que es la teología 7 Benedict Ashley, O.P., The Way toward Wisdom: An Interdisciplinary and Intercultural Introduction to Metaphysics (Notre Dame, IN: University of Notre Dame Press, 2006), 20.

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«El éxito mismo de la universidad Baconiana ya carga en sí la semilla de su propia destrucción. Pues si cada una de las competencias de investigación de vanguardia reunidas en las modernas universidades “científico-tecnológicas” pudiera ser localizada en otra parte, es decir, ser directamente vinculada, sin una pérdida efectiva, con empresas y laboratorios estatales que realizan investigación en medicina o bioingeniería, o con esta y aquella rama del complejo militar-industrial, entonces habrá desaparecido la universidad en cualquier sentido sustantivo». Alexander Deineka, 1927.

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para la mantención de esta unidad per se. Es precisamente aquí donde encontramos su provocación profética bajo la forma más condensada que se pueda imaginar: Newman afirma que la educación universitaria es por esencia una educación humanística o liberal, esto es, una educación que contiene en sí misma su propia finalidad. Dicha educación es una educación potencialmente universal. Si bien no necesariamente abarca todos, o siquiera la mayoría de los campos del conocimiento —algo por demás imposible desde hace mucho tiempo— es una educación esencialmente filosófica, en el sentido de que fomenta la reflexión sobre el propio conocimiento en relación con otros campos del conocimiento y en relación con el todo. A la luz de la noción Esto convierte a la educación humanística o liberal en una sustantiva de universidad educación potencialmente universal. Pero, semejante edu- en cuanto unidad per se, cación requiere de un horizonte de trascendencia a cuya correctamente invocada luz el conocimiento universal pueda concebirse como un por Ashley, el politécnico todo, como un horizonte que proporcione interconexión Baconiano de la era y coherencia. Semejante horizonte de trascendencia sola- posmoderna, oculto tras el mente podrá obtenerse, sin embargo, si la teología pesa nombre de “universidad”, se revela como la empresa en la educación universitaria. Vaya aquí la provocación del conocimiento que es, profética de Newman en una cáscara de nuez: “La verdad y que comercializa bienes religiosa no es sólo una porción, sino que una condición tipo “saber-hacer”, que del conocimiento general. Tacharla es nada menos que… son puestos al servicio de deshilar el tejido de la docencia universitaria. Es, como fines determinados por las dice el proverbio griego, quitarle la primavera al año, es sociedades avanzadas del tecno-capitalismo. imitar el absurdo procedimiento de aquellos trágicos que representaban un drama omitiendo su parte principal”. (Idea, 62) La propuesta de Newman es la más lacerante provocación para la actual universidad secular que quepa imaginar. Pues, tal como James Turner escribiera de modo tan contundente: “La comprensión decididamente no-teísta y secular del conocimiento, característica de las universidades modernas, no da cabida a la fe en Dios como principio de trabajo.”8 Y Alasdair MacIntyre observa: “La irrelevancia de la teología para las disciplinas seculares es un dogma que-se-da-por-sentado.”9 La propuesta de Newman es al mismo tiempo profética, pues, al grado en que el horizonte trascendental de una educación universal 8 James Turner, Language, Religion, and Knowledge: Past and Present (Notre Dame, IN: University of Notre Dame Press, 2003), 120. 9 Alasdair MacIntyre, God, Philosophy, Universities: A Selective History of the Catholic Philosophical Tradition (Lanham, MD: Rowman & Littlefield, 2009), 135.

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proporcionado por la teología ha sido desterrado del corazón de las universidades de investigación, la red de la docencia universitaria ha sido efectivamente degradada a un entrenamiento altamente especializado e igualmente aislado, por una parte, y, por la otra, la actual formación de los estudiantes, que se subdivide en un entrenamiento funcionalizado pre-médico, pre-jurídico, pre-ingenieril, y un currículo de consumo tipo “bufé de ensaladas” en humanidades, que Clark Kerr llama “la multiversidad de infinita variedad”, y para la cual la única reforma a la vista pareciera ser el modelo europeo de Bolonia, basado en una formación de bachilleres extensamente estratificada y puesta explícitamente al servicio del politécnico de bienes tipo “saber hacer”. Con todo lo peculiares que puedan ser las propuesLa provocación profética tas concretas de Newman, su provocación profética parece de Newman, así como su permanente relevancia, tocar un punto vulnerable demasiado cercano como para se fundamentan en el sentirnos confortables. Me gustaría echar una mirada más de cerca a la provocahecho de ofrecer una poderosa razón de ser de ción profética de Newman, recurriendo a tres interrogantes. la universidad en cuanto Primera, ¿qué exactamente entiende Newman por teología unidad per se y, con ella, en el contexto de una educación universitaria? Segunda, un oportuno llamado a ¿por qué piensa que la teología es indispensable para la favor de lo indispensable que es la teología para educación universitaria? Y, tercera, ¿qué podría significar la mantención de esta el tomarse en serio la propuesta de Newman? unidad per se.

Educación universitaria y teología como ciencia

Newman tiene por axiomático que la idea y, por consiguiente, también el término, “universidad”, están esencialmente relacionados con “universo”. En consecuencia, argumenta, “…en cuanto al alcance de la docencia universitaria, ciertamente el nombre mismo de universidad es incongruente con limitaciones de cualquier índole… Una universidad debería impartir un conocimiento universal.” (Idea, 19) “Universidad” es, en primer y principal lugar, una institución donde se enseña conocimiento universal. De ahí que ningún tema que transmita conocimiento ha de ser excluido de la docencia universitaria. Newman es bastante insistente y explícito en este punto: …“Si una universidad, considerando la naturaleza del caso, ha de ser un lugar de instrucción en que se profese el conocimiento universal, y si en una determinada y así llamada universidad se excluye el tema de la religión, una de dos

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conclusiones será inevitable: o que, por una parte, la provincia de la religión es estéril en materia de verdadero conocimiento, o que, por otra, en semejante universidad se omite una rama del conocimiento tan especial como importante. Pienso que el defensor de una institución así puede decir esto, o puede decir aquello; como sea, debe confesar de plano que poco o nada sabe del Ser Supremo, o que su cátedra se llama lo que no es.” (Idea, 20) La universidad secular en su conjunto —es decir, cuando es congruente con la idea que tiene de sí misma— insiste en la primera alternativa, que poco o nada se sabe de lo que Newman llamó “ser supremo”, para el caso de que semejante ser supremo realmente exista. De ahí que se puedan estudiar ideas y creencias relativas a semejante ser supremo, ideas que pertenecen al fenómeno antropológico llamado “religión”, Es precisamente aquí una producción de conocimiento que corresponde a los de- donde encontramos su partamentos de religión. Si bien Newman no se opondría en provocación profética bajo la forma más condensada absoluto a un estudio empírico e histórico de las religiones que se pueda imaginar: del mundo, ni a una formación académica en esta materia, Newman afirma que la él tiene en mente algo categóricamente diferente cuando educación universitaria es habla de “teología”. Por “teología”, Newman entiende por esencia una educación “la ciencia de Dios, o las verdades que sabemos acerca de humanística o liberal, esto Dios llevadas a un sistema, tal como tenemos una ciencia es, una educación que contiene en sí misma su de los astros, llamándola astronomía, o de la corteza tepropia finalidad. Dicha rrestre, llamándola geología.” (Idea, 55) En breve, cuando educación es una educación Newman habla de “teología” en el contexto de sus clases potencialmente universal. universitarias, tiene en mente aquello que la teología católica clásica llama “preámbulos de la fe”, un conocimiento científico de Dios que pertenece a la metafísica, un discurso con sus indagaciones, argumentos y pruebas, escuelas y debates, un conocimiento de Dios que no depende de la revelación, pero que puede ser inmensamente acrecentado por la revelación.10 Si pidiéramos a Newman señalar algu10 Newman, por supuesto, está plenamente consciente de la alternativa filosófica anti-metafísica del materialismo, representada por los nombres de Epicuro y Hume (con Hobbes y Spinoza como futuros candidatos): “Si Dios es más que naturaleza, la teología reclama un sitial entre las ciencias: pero si por otra parte usted no está seguro de al menos esto, ¿cuánto discrepa de Hume y de Epicuro?” (Idea, 37) Si bien esta pregunta retórica probablemente habrá surtido un incuestionable impacto sobre la audiencia original, mayoritariamente católica, de las disertaciones universitarias de Newman, carece de toda fuerza para una audiencia reflexiva de la universidad “científico-tecnológica” de la era posmoderna. Hume y Epicuro serían defensores de la plaza de las creencias naturalistas y materialistas, tan ampliamente difundidas en la universidad e investigación posmodernas. Pero entonces, observaría Newman, al grado en que la universidad de investigación de la era posmoderna está comprometida con el materialismo de Epicuro y de Hume, es incapaz de percibirse a sí misma como una unidad per se que busca prácticas intrínsecamente significativas de educación e investigación. Semejante institución sencillamente dejaría de ser una universidad en todo el significado del término.

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nos profesionales actuales de esta ciencia en el mundo angloparlante, muy probablemente mencionaría a Swinburne, Wolterstorff, Plantinga, Haldane, Braine, Geach, Kretzmann, Stump, Ashley, McInerny y otros. Muy consciente de que su posición ya era controvertida en el mundo universitario angloparlante (fuera de Oxford y Cambridge) de los años 1850, Newman hace bien explícito que “… la docencia universitaria sin teología sencillamente es a-filosófica. La teología tiene al menos tanto derecho de estar presente como lo tiene la astronomía.” (Idea, 38). Con esta decidora afirmación, Newman nos entrega la clave para entender su plena —y yo diría, siempre pertinente— comprensión de lo que es el proprium de una educación universitaria. Si la docencia universitaria sin teología sencillamente es a-filosófica, ¿qué es lo que enSi bien no necesariamente tonces hace que una educación universitaria sea filosófica? abarca todos, o siquiera ¿Acaso la simple adición de la sola teología la convierte en la mayoría de los campos filosófica? Newman nos da una pista en su sexto discurdel conocimiento —algo por demás imposible desde so, en que afirma: “… el fin verdadero y adecuado de la hace mucho tiempo— es una formación intelectual, así como de la universidad, no es educación esencialmente aprender o adquirir, sino más bien aplicar el pensar y la filosófica, en el sentido de razón al conocimiento, o lo que podría llamarse filosofía.” que fomenta la reflexión (Idea, 123) Para Newman, aquello que diferencia una educasobre el propio conocimiento ción universitaria propiamente tal del entrenamiento para en relación con otros campos del conocimiento y en el “saber hacer” propio del politécnico, es el pensamiento relación con el todo. aplicado al conocimiento, a la interrelación de las ciencias. No es distinto de lo que Aristóteles plantea en su Analítica Posterior. Newman lo reafirma de modo bien explícito: “…la comprensión del influjo de una ciencia sobre otra y el uso de una por la otra, así como el emplazamiento y la limitación y el ajuste, además de la debida apreciación de todas ellas, una junto a la otra, eso pertenece, concibo, a una especie de ciencia distinta de todas ellas, en cierto sentido una ciencia de las ciencias, que es mi propia concepción de lo que se quiere decir con filosofía en el verdadero sentido de la palabra, así como de un hábito filosófico de la mente, que en estos Discursos llamaré por ese nombre.” (Idea, 46) Lo que Newman tiene aquí en mente es aquello que tradicionalmente se llamaba “filosofía primera”, prima philosophia. Excluir a la teología de la universidad sería a-filosófico, por cuanto, si semejante decisión fuese propiamente filosófica, requeriría de un aval metafísico, algo que por de pronto se vuelve imposible, dado que la propia metafísica queda excluida conjuntamente con la teología natu-

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ral, por ser ambas de la misma materia. Al establecer el secularismo como criterio normativo para la universidad, observa Newman, la universidad se decapita a sí misma y se vuelve incapaz de reflexionar filosóficamente sobre sus compromisos seculares. Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Hegel, así como sus discípulos modernos y científicos del siglo veinte, como el físico von Weizsäcker y el químico Polanyi, sabían que cualquier forma verdaderamente filosófica de reflexión crítica presupone un horizonte que sea genuinamente trascendente, permitiendo de ese modo semejante reflexión crítica. Pero Newman, junto a todos aquellos atareados con la teología natural, sabía que hay significativos y aun profundos desacuerdos al interior de esta disciplina, y que encara desafíos y limitaciones de una naturaleza que Esto convierte a la no enfrenta ninguna otra ciencia, ya que trata un asunto educación humanística o que trasciende todo posible género de asuntos académicos. liberal en una educación Sin embargo, Newman nos preguntaría ¿por qué debieran potencialmente universal. estas circunstancias descalificar, primero, a la filosofía y, en Pero semejante educación requiere de un horizonte de seguida, a su cumbre, la teología natural, en cuanto ciencia? trascendencia a cuya luz El hecho de que la paleo-antropología exista más sobre la el conocimiento universal base de hipótesis que de evidencias, que la neurociencia pueda concebirse como un no pueda dar plena cuenta de la voluntad humana y de todo, como un horizonte que la libre elección, que hasta aquí no haya una ontogénesis proporcione interconexión convincente para la única realidad de la “vida”, y que la y coherencia. Semejante física contemporánea no pueda conciliar a la mecánica horizonte de trascendencia solamente podrá obtenerse, cuántica con la teoría general de la relatividad, no prueban sin embargo, si la teología que esas indagaciones carezcan de las características de pesa en la educación una ciencia propiamente tal, debiendo por eso ser exclui- universitaria. das del currículo y del programa de investigaciones de la universidad secular. Newman sostiene que la ciencia de la teología es análoga a semejantes ciencias, pero con una importante diferencia: su asunto está relacionado con el cosmos todo y con la totalidad de todos los hechos, y con relaciones como causa y efecto.

La indispensabilidad de la Teología para la educación universitaria Permítaseme ahora tratar el argumento de Newman a favor de la indispensabilidad de la teología para una apropiada educación universitaria, un argumento mediante el cual va más allá de la observación

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«Al establecer el secularismo como criterio normativo para la universidad, observa Newman, la universidad se decapita a sí misma y se vuelve incapaz de reflexionar filosóficamente sobre sus compromisos seculares. Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Hegel, así como sus discípulos modernos y científicos del siglo veinte, como el físico von Weizsäcker y el químico Polanyi, sabían que cualquier forma verdaderamente filosófica de reflexión crítica presupone un horizonte que sea genuinamente trascendente, permitiendo de ese modo semejante reflexión crítica».

de que al excluir a la teología de su currículo, la moderna universidad secular sencillamente pone en evidencia lo a-filosófica que es —algo que a la mayoría de las universidades seculares del presente ya no podría preocuparles menos—. Newman acertadamente supone que la verdad religiosa rebasa el conocimiento que puede alcanzar la teología natural de la filosofía

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primera. Pues si la divina perfección que indaga la teología natural también incluye la perfección que representa la acción intencional y personal, en realidad la única forma de comprender plenamente esta divina perfección —la providencia del Creador— es atendiendo al caudal de verdad religiosa contenida en el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. (Idea, 32f) “Admita a un Dios, e introducirá en los temas de su conocimiento un hecho que abarcará, rodeará, absorberá, cualquier otro hecho concebible. ¿Cómo podemos investigar cualquier parte de cualquier orden del conocimiento y detenernos cuando llegamos a lo que penetra en todo orden? A todos los principios verdaderos rebasa; todos los fenómenos convergen en él. Es, en verdad, tanto lo primero como lo último… Concediendo que la verdad divina difiere en esencia de El asunto de la teología permite entender el resto la humana, así también las verdades humanas difieren de la realidad como un en esencia unas de otras. Si el conocimiento del Creador todo, como un universo y, es de un orden diferente al orden de la creatura, así, en consecuencia, todo el de similar manera, la ciencia metafísica es de un orden conocimiento posible de diferente de aquella de la física, la física de la histórica, obtener como esencialmente la histórica de la ética. Si comienza a mutilar lo divino interrelacionado, como un componente integral del usted pronto romperá en fragmentos todo el círculo conocimiento universal. del conocimiento secular. (Idea, 24) Pero Newman va más allá y formula sin rodeos, como ya se dijo, que “… la verdad religiosa no es sólo una porción, sino una condición del conocimiento general. Tacharla es algo nada lejano a… deshacer el tejido de la docencia universitaria.” (Idea, 62) ¿Cómo resuelve Newman esta exigencia? Lo hace construyendo un argumento tipo reductio ad absurdum por medio de una analogía a fortiori. Newman comienza por establecer la relación fundamental entre verdad objetiva e investigación científica. Lo hace insistiendo en una versión de realismo epistemológico que todavía informa a buena parte de las ciencias naturales contemporáneas. “La verdad es el objeto del conocimiento de cualquier tipo; y cuando indagamos qué es lo que se dice por verdad, supongo que lo correcto es contestar que verdad significa hechos y sus relaciones… Todo lo que existe, así como lo contempla la mente humana, forma un solo gran sistema o hecho complejo.” (Idea, 40f) “Vistas en su conjunto [las ciencias] aproximan a una representación o reflexión subjetiva sobre la verdad objetiva, tan próxima a la mente humana como es

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posible.” (Idea, 43)11 El asunto de la teología permite entender el resto de la realidad como un todo, como un universo y, en consecuencia, todo el conocimiento posible de obtener como esencialmente interrelacionado, como un componente integral del conocimiento universal. En un segundo paso, Newman desarrolla la primera parte de una analogía, que de un sorprendente modo anticipa poderosas iniciativas actuales de las universidades “científico-tecnológicas” para re-fundir el currículo a la luz de un naturalismo normativo evolucionista, aunque no necesariamente a la del materialismo: razón, voluntad, libertad y espíritu (Geist) deben ser estudiados, en el mejor de los casos, como aspectos del fenómeno de la “conciencia” que emerge de (o es un mero epifenómeno de) procesos físicos, químicos y biolóLos seres humanos desean saber no porque desean gicos, a cuya luz deberán ser ulteriormente explicables y dominar, sino porque posiblemente predecibles. “Habrán de tratarse exclusivael conocimiento es la mente causas físicas y mecánicas; la voluntad es un asunto perfección misma del prohibido. Se publica un folleto que contiene una lista de intelecto, que es una forma ciencias, digamos, astronomía, óptica, hidrostática, galvamás perfecta de existencia. nismo, neumática, dinámica, matemáticas puras, geología, La teología confirma la indicación de que el intelecto botánica, fisiología, anatomía, etcétera; pero ni palabra humano opera en un acerca de la mente y sus poderes, salvo lo que se dice para horizonte de trascendencia explicar la omisión.” (Idea, 49) Historia, literatura y lenguay que la búsqueda del je, arte, teoría musical y, si bien última en orden pero no en conocimiento es un importancia, la filosofía (en tanto trascienda el positivismo reflejo creado de la divina lógico y el fundamento de las matemáticas), pueden todas perfección del conocimiento. ser alegremente eliminadas del currículo universitario. “De aquí en adelante el hombre ha de ser como si no existiera en el curso general de la educación; las ciencias morales y mentales no habrán de tener cátedras, y su tratamiento será sencillamente dejado al juicio particular, que cada individuo podrá realizar a su voluntad.” (Idea, 49) Reemplacemos la estructura físico-mecanicista por otra biológicoevolucionista en el ejemplo que ilustra Newman, y las cosas sonarán 11 “… todo conocimiento forma una sola totalidad, pues su asunto es uno solo; en lo que toca a la universidad, considerada en todo su ancho y su largo, [el conocimiento] está tan íntimamente urdido que no podemos separar porción de porción ni operación de operación, excepto mediante una abstracción mental; y después, una vez más, en cuanto a su Creador, pues Él en su propio Ser, por supuesto está infinitamente separado del [conocimiento] mismo, y la teología tiene sus reparticiones con las que el conocimiento humano no guarda relaciones, aunque Él se ha involucrado tanto a Sí mismo en el conocimiento, llevándolo a su seno mismo, a través de su presencia en él, su providencia para con él, sus impresiones sobre él, su influencia a través de él, que nosotros no podemos contemplar verdadera o íntegramente al conocimiento sin contemplarlo a Él en algunos aspectos principales” (Idea, 45)

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«Si Nietzsche tiene razón, la universidad en cuanto emprendimiento humanista para la educación en el conocimiento universal está obviamente passé. Lo que Nietzsche pronostica es el advenimiento del politécnico relevante para la especie: “una especie comprende determinada cantidad de realidad en orden a dominarla, en orden a someterla a su servicio.” Este es el programa post-humanista. Y, cuando incluimos en esa realidad por dominar a la propia naturaleza humana, tenemos el programa transhumanista. En consecuencia, la analogía de Newman nada ha perdido de su relevancia».

demasiado familiares, siendo como algunos consideran hoy —y como afirma algún destacado filósofo de la ciencia— que las humanidades son una pérdida de tiempo y que la futura formación de los estudiantes debería centrarse exclusivamente en las ciencias naturales y en las reflexiones metodológicas de una filosofía materialista de la ciencia. Newman anticipa todo esto en su ejemplo: “… nuestro profesor… después de hablar con la más alta admiración del intelecto humano, limita su acción independiente al ámbito de la especulación y niega que pueda ser un principio causal, o que pueda ejercer una interferencia especial en el mundo material. Él adscribe todo trabajo, toda acción externa del ser humano, a la fuerza innata o alma del universo físico. (…) Las hazañas del hombre, sus artificios, sus logros,

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los hechos humanos, todo eso cae bajo los escolásticos términos de ‘genio’ y de ‘arte’, así como de las ideas morales de ‘deber’, ‘derecho’ y ‘heroísmo’; es su deber contemplarlos todos meramente en el lugar que les corresponde dentro del eterno sistema de causa y efecto físico. Muestra detalladamente cómo todo el tejido de la civilización material ha surgido de los poderes constructivos de los elementos físicos y de las leyes físicas.” (Idea, 51) En la tercera parte de su argumento reductio ad absurdum, Newman completa su analogía con una conclusión a fortiori. Sin Newman nos recuerda, falsificar las “definiciones, principios y leyes” del señalado ahora mismo, que la profesor [en el ejemplo de Newman], ignorar la realidad teología trata de la única cosa que puede salvar de la razón y de la voluntad humanas como causas motia la universidad de su vacionales propias nos llevaría “a una visión radicalmente total funcionalización y falsa de las cosas que hemos estado discutiendo”, siendo mercantilización. Pues esta visión errónea aquello que lo lleva a “considerar su la teología es la que propio estudio como la clave de todo lo que acontece sobre recuerda a todas las la faz de la tierra.” De ser esto cierto a fortiori, ignorar y, en demás disciplinas que la mayor libertad adviene consecuencia, eliminar de los asuntos universitarios una con la contemplación y la realidad infinitamente superior a la razón y la voluntad comunicación de la verdad humanas en cuanto motivaciones causales tendría consetrascendente de Dios. En cuencias distorsionantes mucho más graves.12 fin de cuentas, la teología ¿Cómo le iría al argumento reductio ad absurdum de también podría resultar ser Newman bajo las circunstancias del presente? Si bien diel único aval confiable de la fícilmente hallaría atención seria en la secular universidad genuina libertad académica. “científico-tecnológica” o de investigación de nuestros días, fracasando entonces como llamado de atención retórico, todavía guardará una fuerza objetiva. Déjenme explicarlo. Hasta donde yo alcanzo a ver, podría afirmarse que las facultades de la universidad secular del presente están a primera vista divididas más o menos de acuerdo a las líneas de la antinomia kantiana entre determinismo y libertad. Como es de prever, aquellos que proponen el determinismo generalmente se sienten en casa en las ciencias duras; aquellos que defienden a la libertad, generalmente en las humanidades —con las 12 “Incomparablemente peor para la idea de Dios, si hay un Dios, que es infinitamente más elevada que la idea de hombre, si hay tal hombre. Si tachar la acción del hombre es desacreditar el libro del conocimiento, suponiendo que dicha acción exista, ¿qué tendría que haber, suponiendo que exista, para tachar la acción de Dios? (Idea, 53) Si suponemos que el hombre puede querer y actuar por sí mismo a pesar de la física, poner bajo llave esta gran verdad, aunque sea esa sola, equivale a dislocar toda nuestra enciclopedia del conocimiento; y si suponemos que Dios puede querer y actuar a partir de Sí en el mundo que ha creado, y nosotros lo negamos o lo mancillamos, precipitaremos el círculo de la ciencia universal en lo mismo, o en una confusión todavía mucho peor.” (Idea, 53)

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habituales excepciones que confirman la regla—. Quienes proponen el determinismo están adoptando cada vez más un punto de vista post-humanista (especialmente en las bio-ciencias), por cuanto contemplan al ser humano como un animal altamente desarrollado, entregado a maximizar el éxito de su especie (para lo cual las ciencias naturales y su aplicación técnica constituyen actualmente el factor más decisivo). Quienes proponen la libertad adoptan cada vez más una mirada trans-humanista, asumiendo la libertad en el sentido existencialista de diseñar libremente la propia esencia con auxilio de la biotecnología. Así, los seres humanos se convierten en sus propias opciones de diseño. La naturaleza humana queda sujeta a la techne, a una liberación de su propia naturaleza que emula la de Prometeo —por cierto un ejercicio de la más radical La libertad académica tiene libertad—. Y es aquí donde se encuentran los extremos. su origen en la “inutilidad”. Pues el transhumanismo no es más que la concreción De ahí que la libertad académica no es en lo más compatible con el post-humanismo, especialmente medular, sino la libertad de cuando el diseño se aplica colectivamente y se hace cum- indagar, de contemplar y de plir socialmente. De haber solo un granito de verdad en comunicar la verdad por su este calamitoso cuadro­—uno que también pintó Aldous propio bien —una actividad Huxley hace ya años en Un nuevo Mundo Feliz y del cual que contiene su telos en su nos advirtió Hans Jonas en The Imperative of Responsibility13 práctica misma—. y, más recientemente, Jürgen Habermas en su The Future of Human Nature14 (para no mencionar, desde luego, a Juan Pablo II y su encíclica Evangelium Vitae, de 1995)— la analogía de Newman todavía resulta pertinente. Pues tanto en el caso del programa post-humanista como en aquel del programa trans-humanista, la educación universitaria pierde su carácter de educación liberal y se convierte en algo del todo diferente, en un entrenamiento en las artes serviles, esto es, en los tipos de experticia requeridos para la optimización de especies colectivas de técnicas o de gestión, o para características-de-diseño individualmente deseadas, ya sean técnicas, operativas o genéticas. En sus últimos cuadernos de notas, Friedrich Nietzsche parece haber anticipado las implicaciones post-humanistas y trans-humanistas de una producción de conocimiento puramente secular y utilitarista: no existen ni “espíritu”, ni razón, ni pensamiento, ni conciencia, ni alma, 13 Hans Jonas, The Imperative of Responsibility: In Search of an Ethics for the Technological Age (Chicago: University of Chicago Press, 1984). 14 Jürgen Habermas, The Future of Human Nature (Cambridge: Polity Press, 2003).

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ni voluntad, ni verdad; todas son ficciones sin utilidad alguna. No es cuestión “de sujeto y de objeto”, sino que de una particular especie de animal que solo puede prosperar mediante una cierta aptitud relativa; por sobre todo, la regularidad de sus percepciones (a fin de que pueda acumular experiencia): el conocimiento opera como una herramienta de poder. De ahí que está claro que se incrementa con cada incremento de poder. En cuanto al significado de “conocimiento”: aquí, tal como ocurre en el caso del “bien” o de lo “bello”, el concepto habrá de ser considerado en un estricto sentido antropocéntrico y biológico. En orden a que una especie en particular se mantenga a sí misma e Nos enfrentamos a tener que incremente su poder, su comprensión de la realidad debe elegir a uno de entre dos abarcar suficiente de lo calculable, así como de lo constante, profetas: el primero propone para poder basar sobre ellos un esquema de conducta. La una utopía demasiado utilidad de la preservación —no algún tipo de necesidad improbable, el otro pregona teórica-abstracta a ser frustrada— se alza como el motivo una distopía demasiado probable. Podemos, o tras el desarrollo de los órganos del conocimiento; estos se nadar con Newman contra desarrollan de un modo tal que sus observaciones bastan la corriente en dirección a para nuestra preservación. En otras palabras, la medida la “idea” de universidad, del deseo de conocimiento depende de la medida en que o dejarnos arrastrar crece la voluntad de poder de una especie y esa especie con Nietzsche corriente comprende determinada cantidad de realidad en orden a abajo, resignándonos a la 15 “utiliversidad politécnica”. dominarla, en orden a ponerla a su servicio. Si Nietzsche tiene razón, la universidad en cuanto emprendimiento humanista para la educación en el conocimiento universal está obviamente passé. Lo que Nietzsche pronostica es el advenimiento del politécnico relevante para la especie: “una especie comprende determinada cantidad de realidad en orden a dominarla, en orden a someterla a su servicio.” Este es el programa post-humanista. Y, cuando incluimos en esa realidad por dominar a la propia naturaleza humana, tenemos el programa trans-humanista. En consecuencia, la analogía de Newman nada ha perdido de su relevancia. Newman más bien percibió de modo muy competente las radicales implicaciones ocultas en la universidad Baconiana que Nietzsche puso al desnudo. Mientras estamos ocupados en conducir a Newman, ese profeta demasiado incómodo, hasta la puerta de nuestra secular universidad “científico-tecnológica” o de investigación, 15 Friedrich Nietzsche, The Will to Power, trad. Walter Kaufmann and R.J. Hollingdale (Nueva York: Vintage Books, 1968), Aforismo, 480.

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¿Qué podría significar tomar en serio la provocación profética de Newman?

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asegurándole en los más cordiales términos el indudable valor humanista de su propuesta, que al presente es —muy lamentablemente— del todo irrealizable, Francis Bacon, un antiguo inquilino universitario, abre cuidadosamente la puerta de atrás e invita a pasar a Friedrich Nietzsche.

La provocación profética de Newman es en igual grado utópica como es utópica la idea misma de universidad. En el mejor de los casos puede tomarse como una norma, un ideal que sirve como criterio para evaluar de modo crítico, es decir, filosóficamente, las creencias operativas de las universidades de investigación posmodernas y de sus instituciones alimentadoras, los college de pregrado. De estar Newman en lo cierto, un rechazo demasiado fácil de la norma crítica que avanza en su “Idea de Universidad” podría cobrar un alto precio: nada menos que verse finalmente obligados a beber hasta sus últimas gotas el trago amargo de asumir, obligadamente, el futuro distópico de la completa funcionalización y mercantilización de la universidad y de la educación universitaria. Si Newman efectivamente tiene razón, la universidad semeja un arco: su piedra clave estabiliza toda la construcción; removámosla, y el arco colapsará. Todas las piedras seguirán estando ahí, en su concreta integridad, pero ahora agolpadas en un informe montón. En el nivel de pregrado, la “multiversidad” de nuestros días, carente de su piedra clave, parece semejante montón, un montón que, en efecto, no para de crecer, y mientras cada piedra conserva su forma concreta, la relación entre ellas es completamente confusa (exceptuando, por supuesto, sub-coherencias entre las matemáticas y las ciencias naturales y entre las propias ciencias naturales). En esta situación de heterogeneidad curricular y disciplinaria, más aún, de confusión, diversas disciplinas se están ofreciendo como piedras clave, o como una multi-disciplinaria configuración de claves para la construcción de un nuevo arco. En estos momentos posiblemente su principal contendor sea un materialismo evolucionista, o al menos naturalista, que se extendería desde la astrofísica vía la bioquímica a la neurociencia y socio-biología, invadiendo las humanidades como una filosofía naturalista de la ciencia. Con semejante configuración de

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la clave, el tamaño del arco cambiaría considerablemente. En efecto, muchas de las piedras del antiguo arco no podrían ser ya integradas. Y la nueva estructura se vería rondada por el espectro de Nietzsche. En lugar de un apropiado naturalismo metodológico, ahora sería un naturalismo metafísico sin garantías el que definiría el alcance de este nuevo arco. La fabricación de conocimiento por el animal capaz de usar herramientas llamado homo sapiens se revelaría como no siendo más que una forma sumamente avanzada de fabricar y de usar herramientas. En consecuencia, y a la luz del recién impuesto horizonte del naturalismo metafísico, la formación universitaria más avanzada no Cada vez que a la teología sería sino un entrenamiento en las artes serviles, un muy —natural como revelada— se le avanzado “conocimiento-herramienta” de tipo técnico o permite realizar su distintivo empresarial para componer el tipo de cosas que se pueden aporte a la educación componer con el auxilio de herramientas. La provocación universal, estará sin falta profética de Newman simplemente consiste en el recordaayudando a comprender el torio de que la única cosa que puede salvar a la universidad valor intrínseco de la ardua jornada río-arriba, que nos de las distorsiones reductivas del naturalismo metafísico permitirá contemplar la es aquella disciplina que permite la más amplia acción fuente de todas las cosas. posible de la verdad. Solo con la teología en el lugar de la Pues, después de todo, albardilla del arco, este podrá alcanzar su verdadera pro“cuando se olvida a yección: la universidad seguirá abierta para un máximo de Dios, la creatura misma se ciencias interrelacionadas y complementarias, la educación vuelve ininteligible.” universitaria seguirá siendo esencialmente filosófica en todas las áreas del conocimiento, y se aseguraría que la inteligibilidad y la conveniencia del conocimiento universal sean un fin en y por sí. Nietzsche aparte, los seres humanos desean saber no porque desean dominar, sino porque el conocimiento es la perfección misma del intelecto, que es una forma más perfecta de existencia. La teología confirma la indicación de que el intelecto humano opera en un horizonte de trascendencia y que la búsqueda del conocimiento es un reflejo creado de la divina perfección del conocimiento. La teología permite a la universidad entender su enseñanza e investigación como intrínsecamente significativas. Newman nos recuerda, ahora mismo, que —con todo lo improbable y extravagante que pueda parecer— que la teología (y la contemplación especulativa a la que da lugar) trata de la única cosa que puede salvar a la universidad de su total funcionalización y mercantilización. Pues la teología es la que recuerda a todas las demás disciplinas que la mayor

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libertad adviene con la contemplación y la comunicación de la verdad trascendente de Dios. En fin de cuentas, la teología también podría resultar ser el único aval confiable de la genuina libertad académica. Nota bene: la libertad académica tiene su origen en la “inutilidad”, el valor intrínseco de una educación en las “artes liberales”. De ahí que la libertad académica no es en lo medular sino la libertad de indagar, de contemplar y de comunicar la verdad por su propio bien –una actividad que contiene su telos en su práctica misma—. A fin de cuentas, me temo, nos enfrentamos a tener que elegir a uno de entre dos profetas: el primero propone una utopía demasiado improbable, el otro pregona una distopía demasiado probable. Podemos, o nadar con Newman contra la corriente en dirección a la “idea” de universidad, o dejarnos arrastrar con Nietzsche corriente abajo, resignándonos a la “utiJohn Henry Newman por Herbert Rose Barraud. liversidad politécnica”. National Portrait Gallery, Londres. Sin embargo, hay una cosa que está clara por sobre toda duda: cada vez que a la teología —natural como revelada— se le permite realizar su distintivo aporte a la educación universal, estará sin falta ayudando a comprender el valor intrínseco de la ardua jornada río-arriba, que nos permitirá contemplar la fuente de todas las cosas. Pues, después de todo, “cuando se olvida a Dios, la creatura misma se vuelve ininteligible.”16 16 Constitución Pastoral para la Iglesia en el Mundo Moderno, Gaudium et Spes, n. 36.

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ALASDAIR MACINTYRE

Newman: Dios, Filosofía, Universidades Siguiendo la idea de Dios y de nuestra relación con Él a través de la obra de diversos filósofos y la forma en que esa idea se ha ido encarnando en la estructura de las universidades, MacIntyre escribe un valioso y penetrante estudio —Dios, Filosofía, Universidades— sobre la desintegración progresiva del currículo universitario mostrando sus peligrosas consecuencias y el modo en que las universidades pueden y deben salir de la presente situación mediante una renovada reflexión sobre su misión. La idea característicamente católica de la universidad podría restaurar, incluso en la universidad secular, el sentido y la finalidad de la tarea académica en cuanto ordenada por una concepción unificada de la verdad que da crédito a las diferentes partes del currículo y busca entender la relación entre ellas dentro de un todo armonioso. Ofrecemos un aparte del capítulo XVI de la obra mencionada, tomada de la edición en español, realizada por Editorial Nuevo Inicio (Granada, España).

C

uando en 1845 comenzó su andadura la Universidad Católica de Irlanda, su claustro incluía con el rango de profesor adjunto a David Dunne, que enseñaba lógica y ética, y a Thomas William Allies, que era catedrático de filosofía de la historia. Pero sería un error suponer que los contenidos filosóficos de la enseñanza de la Universidad Católica se agotaban en lo que se enseñaba en esas asignaturas. John Henry Newman dejó claro en sus conferencias que, para que una universidad funcionara como debía, las verdades, las intuiciones y los argumentos filosóficos tenían que transmitirse en la enseñanza de cada disciplina, tal como se presentaba en su relación con las demás. Lo que una universidad aspira a lograr, mediante sus enseñanzas, para y en sus estudiantes es “la perfección o virtud del intelecto” y a eso dice, Newman, yo lo llamo “filosofía, conocimiento filosófico, ensanchamiento de la mente o iluminación” (1982, p.94). Así pues, Newman defendía como inseparables una determinada concepción de la filosofía y una concepción particular de la universidad.

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¿Sobre qué versa el conocimiento filosófico? Es conocimiento de la Verdad, de la verdad acerca de “todo lo que existe” y de las complejas relaciones entre la multitud de hechos particulares que componen el universo. Comprender el universo como un todo, aun de forma inadecuada, es algo que está más allá del poder de la mente humana si no es mediante la comprensión, en primer lugar, de sus partes. Por eso abstraemos, para nuestra consideración intelectual, las diferentes partes de la totalidad. “Esos diversos puntos de vista parciales o abstracciones, por medio de los cuales la mente se acerca a su objeto, se llaman ciencias”, dijo Newman en la Tercera Conferencia (1982, p.34). Las ciencias difieren entre sí en relación con la materia que tratan o con la forma de “ver o tratar” un tema. Así, algunas ciencias tratan la misma materia que otras, pero la contemplan de maneras diferentes. Otras, también, tratan temas que se solapan parcialmente. Nos vamos acercando a una comprensión filosófica cuando captamos la relación de cada ciencia con las demás y su contribución peculiar a la comprensión de la totalidad. Si tuviéramos que estudiar cada ciencia aislada de las demás, o si tuviéramos que omitir una de las ciencias principales del currículo de la enseñanza universitaria, nos veríamos seriamente confundidos tanto en lo relativo a nuestra comprensión del alcance y de los límites de cada ciencia en particular como en lo relativo a nuestra comprensión, que siempre será imperfecta, de la totalidad del proyecto que da sentido a las actividades de una universidad. Pues si quitamos del currículo una cualquiera de las ciencias, las demás tenderán inevitablemente a invadir el territorio intelectual que quedó vacante y, por tanto, a hacer afirmaciones que no estarán justificadas ni, de hecho, serán justificables por los hallazgos de su propia disciplina. Así, los economistas podrían reclamar ser competentes en cuestiones de ética —uno de los ejemplos del propio Newman— o los científicos naturales en cuestiones de metafísica o teología, algo que no ha sido nada raro durante el siglo XX. Una tarea primordial de la filosofía es, por tanto, entender qué tipo de afirmaciones se pueden justificar dentro de cada ciencia en particular y también cómo se relacionan entre sí esas afirmaciones. Toda ciencia es, por sí sola, incompleta y parcial. Pero ya que cada una de ellas es indispensable para nuestra comprensión de la totalidad, ninguna se puede reducir a ninguna otra. Cada

una es una representación de algún aspecto de la realidad y, comprendiendo cómo representa cada una su parte, la mente avanza hacia esa comprensión del todo cuyo logro es, por naturaleza, el fin de la mente humana. En el avance hacia ese fin, el conocimiento de Dios que aporta la ciencia de la teología es de crucial importancia, como lo es también el conocimiento que conseguimos de nosotros mismos. Consideremos, en primer lugar, el conocimiento de Dios.

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Newman considera que tenemos tan pocas razones para rechazar las pretensiones de la teología de ser una ciencia, como para rechazar las de cualquier otra. “¿No sabemos de la existencia de un Dios por los testimonios, por la transmisión de la historia, por inferencia mediante un proceso inductivo; una existencia que se presenta ante nosotros por necesidad metafísica, alentada en nosotros mismos por las sugerencias de nuestra conciencia? Es una verdad que pertenece al orden natural, así como al sobrenatural” (1982, p.19). La convicción de que hay un Dios da forma a las conclusiones de todas las demás ciencias y es presupuesta por ellas. “Admite a un Dios e introducirás entre los objetos de tu conocimiento un hecho que abarca y absorbe, rodeándolo, cualquier otro hecho concebible. ¿Cómo podremos investigar cualquier parte de cualquier orden del conocimiento, y detenernos precisamente ante aquello que forma parte de cada orden? Todos los verdaderos principios lo incluyen, todos los fenómenos convergen a él; es realmente lo Primero y lo Último” (1982, p. 19). Estos dos conjuntos de afirmaciones están estrechamente relacionados.

Eliminemos el conocimiento de Dios de nuestro conocimiento, ya sea negando la existencia de Dios o insistiendo en que no podemos saber nada de él, y lo que nos queda es una variedad de diferentes tipos de conocimiento, pero ninguna manera de relacionarlos entre sí. Estamos condenados a pensar en términos de desunión de las ciencias. Pero solo si presuponemos algún tipo de unidad de las ciencias, y en la medida en que lo hagamos, seremos capaces de

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Las tesis de Newman son muy relevantes para algunas disputas filosóficas posteriores. Precisamente porque cualquier concepción de la desunión última de las ciencias está tan en desacuerdo con el tipo de comprensión que consideramos que las mismas ciencias proporcionan que, en los últimos cincuenta años, muchos filósofos, dando por sentada la verdad del ateísmo, han insistido en la verdad de alguna de las versiones del naturalismo, según el cual la ciencia fundamental y unificadora es la física, y las verdades descubiertas por las otras ciencias son lo que son solo porque las verdades de la física son lo que son. Hay que señalar que las afirmaciones de esos naturalistas del siglo XX se basan en promesas incumplidas. Nadie ha demostrado todavía, ni siquiera se ha aproximado a demostrar, que —excepto en el caso de la química— las relaciones de las otras ciencias con la física sean como pretende el naturalista. El naturalismo es, por lo tanto, tal y como destacados naturalistas admiten a veces, una cuestión de fe dogmática. Pero,

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percibir la inteligibilidad del universo que habitamos y de nosotros mismos dentro de él. Así pues, no podemos sino reconocer que poseemos cierto conocimiento de Dios.

al admitir esta afirmación, esos mismos naturalistas confirman la tesis de Newman de que la increencia exige la fe, precisamente tanta como la creencia en Dios.

La búsqueda de lo que Newman llama “Conocimiento Filosófico o Liberal” en su Quinta Conferencia, aunque tal vez se podría hablar con más exactitud de “comprensión”, en lugar de “conocimiento”, tiene su fin en sí misma. “La constitución de la mente humana es tal, que cualquier tipo de conocimiento, si realmente lo es, es su propia recompensa. Y si esto es verdad de todo conocimiento, es cierto también de esa Filosofía especial que, para mí, consiste en una visión global de la verdad en todas sus ramas” (1982, p.77). El objetivo

de una educación universitaria no es capacitar estudiantes para esta o aquella profesión o carrera, dotarlos de una teoría que más tarde encuentre aplicaciones útiles en esta o aquella forma de práctica. Es transformar sus mentes, de manera que el alumno se convierta en un tipo diferente de individuo, capaz de participar fructíferamente en la discusión y en el debate, con capacidad de juicio, de utilizar intuiciones y argumentos de una diversidad de disciplinas para razonar en determinados temas complejos. Esta capacidad es la que, según Tomás de Aquino, da expresión a la virtud de la prudencia. Pero hay una diferencia crucial entre la concepción de Newman y la de Tomás de Aquino.

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¿Qué es el hombre?

CONFERENCIA DEL PROF. DR. JOSEPH RATZINGER De acuerdo con las indicaciones del Profesor

Dr. Siefried Wiedenhofer, de Frankfurt am Mein, quien

fuera asistente del Profesor Ratzinger de 1966 a 1977, el texto que se presenta a continuación corresponde a una

conferencia de la época de Tubingia, es decir, de los años que median entre 1966 y 1969. Hasta la fecha no se ha

podido recabar algo más exacto. La grabación se conserva

en el archivo del Instituto Papa Benedicto XVI (Ratisbona) y fue proporcionada por el Prof. Dr. Vinzenz Pfnür,

de Münster, para su publicación en alemán por dicho

Instituto, el año 2008. (“Was ist der Mensch?” Vortrag

1966/69, in Mitteilungen. Institut-Papst-Benedikt XVI. 1, 2008, 28-32; 41-49).

La transcripción de la cinta magnetofónica fue realizada por la Sra. Jutta Gerardy, de Tréveris. El texto fue ligeramente editado y subtitulado por el Prof. Dr. Rudolf Voderholzer,

cuidándose de no alterar el estilo de la conferencia. Con la

autorización de Libreria Editrice Vaticana lo publica revista HUMANITAS por primera vez en español en traducción

realizada por Esther Gómez De Pedro (las citas bíblicas están tomadas de la Biblia de Jerusalén, ed. española de 1998).

«En Jesucristo, el crucificado y resucitado, es que ha aparecido una nueva humanidad, y recién esta segunda humanidad, la de Jesucristo crucificado y resucitado, es la verdadera y real, lo que quiere decir que el hombre es el ser aún por venir. Es un ser que todavía no está concluido y que en Jesucristo ha comenzado a ingresar en su verdadero futuro; un ser que no viene del prodigio de su capacidad de hacer, sino que merced al don de un amor más grande, que sólo puede ser obsequiado y que abre el verdadero futuro del todavía inconcluso “ser hombre”». Cristo en Majestad, Chapelle des Moines, Berzé-la-Ville.

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Q

¿ ué es el hombre? Kant estableció esta pregunta como una de las fundamentales de la filosofía. Pero, más allá de esto, se trata sencillamente de una pregunta que la propia existencia le plantea al hombre y de la que no puede escapar, por la simple razón de que él mismo existe como una pregunta abierta. No es en absoluto un ser completo y cerrado, ya hecho y que se contesta y realiza a sí mismo, pues es el hombre mismo quien debe determinar una y otra vez, y siempre a partir de su propia existencia, lo que es ser hombre; es él quien encara su propia existencia como una posibilidad abierta, a la que debe responder por sí mismo. Quiera o no, siempre tomará una El hombre se ha convertido decisión, pues aun si deja escurrirse su ser hombre sin tomar a sí mismo en la esencia de decisiones, inevitablemente le dará una forma que, si bien no lo factible, no solamente en podrá comprenderse a sí misma, responderá de ese modo el sentido de contemplar al mundo como objeto a la pregunta por el ser hombre. La filosofía existencialista de su saber-hacer, si no puso vigorosamente de relieve este asunto. Jean-Paul Sartre que en creciente medida considera como lo más tenebroso del destino humano que también a sí mismo, a ese sea precisamente el hombre aquel condenado a la libertad, ser llamado hombre, al que aquel que no puede escapar en absoluto a ese abismal mistambién va experimentado terio de su ser, aquel que no tiene el hermoso recogimiento como material para su arte del animal, cuyo ser existe de por sí, realizándose en su del saber-hacer. (… ) precisa forma, sino que esté condenado a no tener todavía su propio ser, por decirlo de alguna manera, debiendo crearse una y otra vez como hombre para responder siempre de nuevo la pregunta ¿qué significa ser hombre?

I. Carácter inquietantemente abierto de la pregunta Considerando el derrumbe de los conceptos cerrados del hombre en el siglo XX, tanto la vastedad de la pregunta por el ser hombre como el inquietante carácter abierto de esta interrogante se han presentado de una forma completamente nueva a nuestra conciencia, y cuando además el asunto de la libertad ha vuelto a ocupar el primer plano en un momento del tiempo en que todas las antiguas ideas normativas son cuestionadas, en que ya nada es sólido, todo el carácter inconmensurablemente abierto de la pregunta por el ser hombre se ha convertido en un problema existencial. Pero, por cierto, al mismo tiempo también la experiencia contraria constituye un rasgo característico de nuestro siglo. Pues, al mismo

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tiempo que vemos disolverse todos los componentes de una estabilidad que parecía estructurar al hombre y escudriñamos cuidadosamente qué es lo que podría aún llegar a ser ese hombre, también se ha puesto de relieve en forma novedosa y apremiante la enorme sujeción del ser humano al cosmos biológico. Se nos hace ver cómo el hombre surge de la evolución, cómo está en sí mismo encadenado a esta corriente de la vida en su permanente llegar a ser; se nos hace ver que el pasado biológico del hombre no solamente produce efectos (… ) Lo anterior se ulteriores en él, sino que también sigue siendo su presente cruza con una tercera —como se afana en demostrar el conductismo—, es decir, corriente de pensamiento que en fin de cuentas representa parte de la corriente de la que proviene de la vida, del llegar a ser y del desarrollo, hallándose él mismo esfera marxista, que todavía en un proceso de desarrollo, respecto del cual aún en forma cada vez más marcada nos lleva a no puede decirse a dónde conducirá. Mas esta idea, cuando se la pone completamente cabeza tomar conciencia de que el hombre ni puede abajo, precipita bruscamente al hombre desde su cielo de explicarse sólo a partir ilusoria libertad, enseñándole a tomar conciencia del hecho de su libertad individual, de que él procede del corazón mismo de la animalidad, que ni tampoco en la la lleva permanentemente en sí mismo; y podemos incluso perspectiva de las leyes ver cómo dicha idea se instala de un modo que en el curso biológicas, sino que es un de semejante vuelco se combina nuevamente con la idea producto de la sociedad y de sus condiciones de la libertad, por cuanto necesariamente constatamos que económicas: nueva la evolución ya ha alcanzado en el hombre una fase en la desilusión del espíritu, que ese mismo hombre puede impulsar su evolución, es que queda reducido no decir, en la que él mismo puede manipularse y, más aún, más que a un reflejo de que a partir de ahora es capaz también de definir de un las necesidades sociales. modo grandilocuente lo que significa ser hombre para los demás y para aquellos aún por venir. Se ha convertido a sí mismo en la esencia de lo factible, no solamente en el sentido de contemplar al mundo como objeto de su saber-hacer, sino que en creciente medida también a sí mismo, a ese ser llamado hombre, al que también va experimentando como material para su arte del saber-hacer. Y todo lo anterior se cruza con una tercera corriente de pensamiento que proviene de la esfera marxista, que en forma cada vez más marcada nos lleva a tomar conciencia de que el hombre ni puede explicarse solo a partir de su libertad individual, ni tampoco en la perspectiva de las leyes biológicas, sino que es un producto de la sociedad y de sus condiciones económicas: una nueva desilusión del espíritu, que

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queda reducido no más que a un reflejo de las necesidades sociales. Pienso que esto circunscribe en mayor o menor grado todo el burbujeante complejo de la pregunta por el hombre y por nuestra propia existencia bajo todas estas circunstancias, abiertas y cerradas. Si en esta situación uno se esfuerza por ver y comprender qué es lo que el cristiano entiende por hombre, por ver dónde está su punto de vista, o su camino, en este proceso de ser hombre y en este llegar a ser hombre del hombre, pronto habrá uno de desilusionarse profundamente con las explicaciones de uso corriente que en mayor o menor grado escuchamos alguna vez en la escuela. El primer gran texto Frente a lo que ahí encontramos —con aspectos confusos fundamental sobre el e insatisfactorios—, las respuestas cristianas parecen por hombre puede hallarse en de pronto bastante añejas. Cuando se nos dice, por ejemla historia de la creación plo, que el hombre es un ser que está constituido por un (Gen 1,26-27) contenida en las Escrituras; la cuerpo mortal y por un alma inmortal, parecería que en creación del hombre el fondo todo depende de esmerarse en mantener fuera de aparece ahí con aquella esa cáscara que es el cuerpo a un alma permanentemenespecial solemnidad te amenazada por este a fin de salvarla con miras a una que nos muestra que eternidad mejor. Toda la nueva problemática en que hoy se Dios no se basta con encuentra el ser del hombre, en que ese ser del hombre ha simplemente pronunciar sido colocado tanto por la experiencia de la libertad como una palabra de poder, sino que circunscribe en sí el por la intrincada relación que ella guarda con las exigencias misterio del hombre. (… ) de la historia, de la sociedad y de la biología, al menos tiene la ventaja de obligarnos a tener que volver a preguntar, en este preciso momento, por cuál es en verdad la respuesta cristiana, el aporte cristiano a la respuesta que demanda la interrogante por el poder-ser-hombre del hombre. No quisiera presumir de poder hacer realmente visible dicha respuesta cristiana como la respuesta en medio de todas las incertidumbres de nuestro presente. Pues, en cierto sentido la respuesta cristiana se halla en unas condiciones semejantes a las que se dan respecto del mismo ser-hombre. No es posible inferir esa respuesta cristiana como una forma perfectamente acabada, sino que esta solo puede ser una y otra vez vivida y experimentada en la misma vida, traduciéndose así a la nueva situación en que se encuentra el hombre y confiriéndole pleno sentido. Hoy por hoy nos encontramos en un punto en que esta tarea de volver a vivir nuevamente lo cristiano, dando testimonio de eso cristiano para volverlo traducible, nos coloca

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de lleno en el esfuerzo de volver a experimentar como algo viviente la palabra de la fe cristiana en nuestro ser hombre contemporáneo, confiriéndole actualidad sin alterarla en su carácter original, dado que solo este puede asegurarle su significado; solamente así no será un reflejo de nuestros deseos, sino que respuesta a lo que somos y a lo que debemos hacer. Con lo antedicho ya se ha sugerido la frontera entre aquello que puedo hacer y aquello que deseo hacer. Lo que ahora intentaré decir podría ser tan solo un minúsculo fragmento de este gran esfuerzo que se impone a cada generación —y probablemente con mayor énfasis a la nuestra— de volver a colocar lo cristiano en el presente. Al respecto hay dos cosas que resultan de idénti- (… ) Dios, dialogando ca importancia: que sea lo genuinamente cristiano aquello consigo mismo, permite llegar a ser al que es traído al presente, y que eso cristiano también sea hombre; el hombre, a traído a un presente genuino para que realmente pueda partir de ese momento, tener efecto y sea escuchado. se inscribe en el soliloquio íntimo de Dios, lo que se vuelve II. Una primera respuesta: la imagen divina a confirmar una vez del hombre y sus connotaciones más cuando se dice que es creado como Quisiera comenzar a tratar este tema poniendo de relieve imagen de Dios y a algunos textos fundamentales de las Sagradas Escrituras semejanza de Dios. sobre el hombre: es a través de ellos que llega hasta nosotros el discurso cristiano sobre el hombre. Intentaremos traducirlos un poco a nuestro pensamiento. Como sabemos, el primer gran texto fundamental sobre el hombre puede hallarse en la historia de la creación (Gen 1,26-27) contenida en las Escrituras; la creación del hombre aparece ahí con aquella especial solemnidad que nos muestra que Dios no se basta con simplemente pronunciar una palabra de poder, sino que circunscribe en sí el misterio del hombre. Lo cual quiere decir que Dios, dialogando consigo mismo, permite llegar a ser al hombre; el hombre, a partir de ese momento, se inscribe en el soliloquio íntimo de Dios, lo que se vuelve a confirmar una vez más cuando se dice que es creado como imagen de Dios y a semejanza de Dios. La misma idea fundamental se encuentra en el Salmo 8, donde al hombre se lo presenta como ese ser paradojal, tan miserable y tan inválido, y nos obliga a preguntarnos por qué en realidad habría Dios de preocuparse por él;

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«Llama la atención que en el Antiguo Testamento una y otra vez aparezcan esos pares de hermanos, enfrentados como lo claro con lo oscuro, como la luz con las tinieblas. Ahí tenemos a Caín/Abel como introducción a la historia, ahí encontramos a Ismael/Isaac, a Esaú/ Jacob –quedando completamente en claro que se trata de una construcción teológica consciente». Retablo abierto Caín y Abel. L’Agneau Mystique de FréresVan Eyck.

la misma experiencia que en el presente nos hace vacilar en medio de un cosmos que ha llegado a ser infinito, llevándonos a descubrir también al hombre como una insignificante partícula de polvo en un universo que parece inconmensurable, y a preguntarnos en consecuencia: ¿Cómo es posible que el teatro de Dios se concentre en torno de semejante creatura, el hombre? ¿Qué ingenuo antropocentrismo podrá subyacer al deseo de convertir esa miserable partícula de polvo, que deambula sobre un minúsculo punto llamado tierra, en el centro de la acción divina? Esta es una experiencia que no solo conocemos nosotros; también contrarió al hombre que oraba en la antigüedad. También este identificaba al hombre como ese gusano que, apenas se yergue, ya está decayendo, sin poder en realidad comprender cómo la solicitud de Dios podía valerle a él. Pero al mismo tiempo lo experimenta como ese ser paradojal que en medio de su futilidad cuantitativa es alguien que se alza inconmensurablemente por sobre las dimensiones cuantitativas, de modo que al mismo tiempo puede decirse de él: “Apenas inferior a un dios lo hiciste.” (Salmo 8,6) Podríamos afirmar, entonces, que el primer gran enunciado es el siguiente: el hombre en cuanto hombre es la imagen de Dios. ¿Pero qué es lo que esto significa realmente? La Biblia no completa ni define este enunciado en cuanto a su contenido. Más bien da al respecto una definición funcional, aunque sí de gravitación verdaderamente revolucionaria. Pues, para ella, este ser-imagen-de-Dios significa que aquel que lleva rostro de hombre adquiere con ello rango divino. Es decir, en primer lugar se manifiesta la universalidad por antonoma-

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sia de la imagen del hombre. El hombre en cuanto hombre La Biblia da al respecto es imagen de Dios, sin distingo de raza o de mérito. Este una definición funcional, descubrimiento del hombre más allá de las particularidades aunque sí de gravitación históricas, el descubrimiento de que el hombre en cuanto verdaderamente revolucionaria. Pues, hombre es un rey y que, en el fondo, es más ser hombre para ella este ser-imagenque ser rey o ministro o cualquier otra cosa: es eso lo que de-Dios significa que acontece en estas palabras acerca de la imagen de Dios, aquél que lleva rostro de acorde con las cuales fue creado Adán, es decir, el hombre hombre adquiere con ello por antonomasia y, con él, todo hombre. Aun en el más rango divino. miserable brilla la imagen del Señor de la magnificencia. El decisivo conocimiento así enunciado se aclara en Gen 9,5f., texto inmediatamente posterior al del Diluvio, en que el hombre es una vez más instalado en esta historia y le son entregadas todas las cosas del mundo, incluso los animales. El mundo queda a su disposición. Le ha sido obsequiado y ha sido confiado a su soberanía. Solo el hombre, así dice, es invulnerable. Le pertenecen las plantas y los animales. Pero aquel que derrame sangre humana habrá de ver su sangre derramada por mano humana, pues Dios hizo al hombre en concordancia con su imagen. Y es aquí donde realmente se manifiesta aquello que se quiere decir con la afirmación de la semejanza con Dios: no es una definición en cuanto contenido, tampoco filosófica, sino que un enunciado funcional de máxima gravitación. El hombre es la imagen de Dios. A todo ser humano, con todo lo miserable, privado de derechos y pequeño que sea, le corresponde una dignidad, del todo independiente de su posición social y de su origen racial. A cada cual toca una dignidad que nadie le puede restar. En cuanto hombre es un bien de Dios, into-

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cable. Al hombre pertenecen las cosas, pero él mismo no se pertenece a sí mismo. El hombre no es propiedad de nadie y no puede llegar a serlo. Esto resulta particularmente importante de escuchar en un mundo en que al esclavo se lo trata como emancipado, o como derecho real, o como propiedad, o como cosa. El hombre no es propiedad de nadie y tampoco es propiedad de sí mismo. Es aquel bien que el propio Creador ha reservado para sí. Ser a imagen y semejanza de Dios significa entonces y en primer lugar la fundamental igualdad de todos los hombres, el descubrimiento del hombre en el Se manifiesta la universalidad por hombre; significa, también, el valor agregado del hombre antonomasia de la frente a modos de contemplarlo meramente biológicos o imagen del hombre. sociológicos. Significa la santa invulnerabilidad del homEl hombre en cuanto bre, que decididamente jamás puede llegar a ser propiedad hombre es imagen de del hombre, pues este posee una dignidad gracias a la Dios, sin distingo de cual ahora y siempre destacará por sobre todo el resto de raza o de mérito. Este la creación. Y también significa —y pienso que esto nos descubrimiento del hombre más allá de atañe tanto más ahora— que el hombre jamás se poseerá las particularidades a sí mismo como una cosa, significando, también, que se históricas, el encuentra en sí mismo con lo completamente diferente, descubrimiento de que con lo misterioso, sobre lo cual no dispone, pero que debe el hombre en cuanto respetar, es decir, se encuentra con el misterio, aquello que hombre es un rey y que, es inmensamente más grande que él mismo, o dicho en paen el fondo, es más ser hombre que ser rey o labras de Pascal: “L’homme passe infinitement l’homme”. ministro o cualesquiera El hombre siempre será inconmensurablemente más que otra cosa: (… ) él mismo. Y nunca se es dado a sí mismo solo como cosa, ya que en él está presente ese misterio de la superación de sí mismo, que es lo que lo hace ser sí mismo. Nada más dice la Biblia en forma directa sobre el contenido de la semejanza con Dios. Solo dice expresamente que todos los hombres tienen en común lo siguiente: todos son aliquid divini, es decir, que hay algo divino en ellos, un derecho divino. Poseen un derecho que no ha sido establecido por el hombre y que el hombre mismo tampoco puede derogar. En este derecho encontramos una reivindicación que no fue planteada por el hombre y sobre la cual tampoco señorea y ante la cual sólo le cabe inclinarse. Se trata de un derecho del cual él no constituye la fuente, sino que existe en forma independiente de él y que, por tanto, no le cabe negar sin generar una injusticia; es un valor agregado que no surge a partir de su propia valoración, sino

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que existe independientemente de sta. Y nosotros, que tanto hemos vivido como también vivimos bajo el dominio de los totalitarismos y que asimismo conocemos el totalitarismo solapado de la así llamada sociedad libre, con su culto al saber-hacer tecnológico, sabremos calibrar lo que significa la fe y cuál es la función que ella cumple en cuanto a mantener vigente el hecho de que aquí existe un derecho que no ha sido instaurado por el hombre y que, por tanto, hombre alguno puede quitar, pues no está a disposición y no es manipulable, un derecho, por ende, que impide que el hombre sea completamente (… ) Es eso lo que sometido, sea cual fuere el sistema que lo intente. Naturalmente la teología también ha ido preguntando en acontece en estas palabras acerca de la grado creciente acaso no se podría además dilucidar por vía imagen de Dios, acorde de ciertos contenidos, así como mediante el pensamiento, con las cuales fue creado algo quizás situado más allá de esta por cierto muy decisiva Adán, es decir, el hombre afirmación funcional, que, en el fondo, ha sido una y otra por antonomasia y, con vez revolucionaria para la historia del hombre —algo que él, todo hombre. Aún en esté más en relación con lo que constituye ser a imagen y el más miserable brilla la imagen del Señor de semejanza de Dios—. la magnificencia. Influenciados por la filosofía, los teólogos a menudo piensan tener que responder que la semejanza con Dios consistiría en la naturaleza espiritual del hombre. Dios es espíritu, se decía; el hombre tiene espíritu y, por tanto, este es el elemento que lo vincula con Dios, que lo hace aparecer a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, nada contenido en las Escrituras justifica esta delimitación. Podría entonces comprenderse que, a partir del siglo XIX, apareciese de golpe, en sentido contrario, la opinión según la cual las Escrituras partirían de una concepción de Dios ingenua, que contemplaría la semejanza del hombre con Dios más bien como algo corpóreo. Que las Sagradas Escrituras tendrían determinada concepción de Dios y que el hombre se asemejaría a esa concepción por su caminar erecto y cosas por el estilo. Pienso que es posible demostrar que ninguna de las dos aseveraciones da en el blanco. Las Escrituras nunca distinguieron claramente entre espíritu y cuerpo. Semejante desdoblamiento filosófico les es ajeno. Todos los conceptos antropológicos de las Escrituras nombran al hombre como un todo. Y si bien lo enfocan desde diversos ángulos, es decir, ponen mayor énfasis en uno u otro aspecto, ninguno de tales enfoques lo divide. Si, por ejemplo, se dice alma, con ello se está

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hablando decididamente de una existencia, de un hombre completo; y, a la inversa, si se habla de la carne, sencillamente se está enfocando a un entero ser humano desde otro punto de vista. Las Escrituras no saben, por tanto, de división, sino que conocen al hombre solo como algo indiviso, más aún, como unidad indivisible, que es creatura de Dios y que como tal y en su totalidad es obra de Dios. Y esa creatura hombre, esa creatura indivisible, es un bien reservado para Dios. En consecuencia, este hombre como unidad, que realmente existe, ese hombre real y viviente en cuanto tal y en cuanto entero, es la imagen y el bien reservado de Dios. Todos los hombres son Si se quiere todavía algo más, podrían traerse a colaaliquid divini, es decir, que ción algunos hechos propios de la historia de la religión, hay algo divino en ellos, un derecho divino. Poseen que muestran la línea espiritual en que deben situarse las un derecho que no ha sido Escrituras y que a partir del camino que aquí se transita y establecido por el hombre el palmo de camino que ya se ha hecho, permiten ver con y que el hombre mismo algo más de claridad y merced a lo ya superado, aquello tampoco puede derogar. Se que realmente se quiere decir. La historia de la religión no trata de un derecho del cual comienza precisamente con el Dios antropomorfo. Pues él no constituye la fuente, si no que existe en forma el hombre primitivo se explica a sí mismo —hombre que independiente de él y que, es un ser tan débil y miserable y sumiso, tan disminuido por tanto, no le cabe negar frente a los poderes y las fuerzas con que se las tiene que sin generar una injusticia; ver— en modo alguno considerándose como modelo de es un valor agregado que no poder, es decir, como aquello que él entiende por divinidad. surge a partir de su propia Para decirlo de un modo bastante esquemático, así es valoración, si no que existe como comienza por venerar los poderes con que tiene que independientemente de ésta. luchar, que se le van presentando como fuerzas de la naturaleza; también verá lo divino en la naturaleza, en los árboles, para, acto seguido, pasar a verlos expresándose en la naturaleza salvaje de los animales, por ejemplo el león, el toro, etc. Surge luego un dios híbrido —que ya es una cierta forma de abstracción— revelándonos que ninguna de las formas disponibles es suficiente para representar y nombrar a ese otro poder, que entiende como divino. Así se desarrolla la percepción de que ese otro poder distinto es diferente de él, que hay otra cosa detrás de ese ser, que solo puede expresarse en forma cifrada. Finalmente, en un estado muy posterior, se llega a una deidad antropomorfa, es decir, a la comprensión de que el hombre es la más pura y elevada aproximación a Dios. A primera vista podría pensarse que habría un retroceso en relación a la abstracción de las

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«El decisivo conocimiento así enunciado se aclara en Gen 9,5f., texto inmediatamente posterior al del Diluvio, en que el hombre es una vez más instalado en esta historia y le son entregadas todas las cosas del mundo, incluso los animales. El mundo queda a su disposición. Le ha sido obsequiado y ha sido confiado a su soberanía». Gustave Doré, El Diluvio.

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deidades híbridas, en relación al cifrado que destaca lo divino del resto de las cosas existentes. Pero, no obstante que el riesgo de un retroceso parece darse, en realidad se puede hablar de una forma más elevada de abstracción, ya que esta nueva concepción de dios no apunta a lo exteriormente poderoso, sino que ha comprendido que aquello otro, que reluce en el hombre, es más grande y es lo grande. El hombre es la mayor aproximación a la forma divina. En concordancia con lo anterior, rige en el Antiguo Testamento la prohibición de fabricar imágenes de Dios, porque Él mismo se ha hecho una imagen: el hombre. Es esa la única imagen legíLa afirmación de que tima: el hombre viviente. Solo este, el hombre viviente, es la el hombre es la única imagen que de un modo más o menos legítimo nos permite auténtica imagen de suponer cómo es Dios, el Dios que ha hecho por sí la imagen, Dios no es sólo el descubrimiento de Dios en representándose en ella. En la humanidad del hombre se lugar de los dioses, sino realiza lo que es Dios; tampoco, entonces, en aquello que que igualmente contempla podría pintarse de un hombre, sino que en la humanidad el descubrimiento del del hombre, que es la única que puede hacer e hizo Dios. El hombre, quien entonces y hombre es la única imagen auténtica de Dios. Esto no solo solamente así se encuentra constituye la irrupción de la humanización en la religión, a sí mismo. como nos inclinamos a pensar, sino que también el proceso a la inversa. Es la definitiva irrupción del hombre en sí mismo, ya que descubre que en él hay algo más que tan solo él mismo. La afirmación de que el hombre es la única auténtica imagen de Dios no es solo el descubrimiento de Dios en lugar de los dioses, sino que igualmente contempla el descubrimiento del hombre, quien entonces y solamente así se encuentra a sí mismo. El hombre se hace hombre cuando expresa más que solo a sí mismo, cuando no se representa únicamente a sí mismo, sino cuando es expresión de lo divino, de lo santo, de lo completamente diferente. No es hombre cuando se encierra en sí mismo, contemplándose como falto de enigma y nada más que de su propiedad; será más él mismo cuando haya dejado de quererse solo a sí mismo, cuando haya reconocido que a sus espaldas se abren los abismos y que su ser alcanza el infinito. Para decirlo de otro modo: es hombre propiamente tal cuando deja de actuar solamente para sí mismo, cuando deja de considerarse completo y cerrado, cuando se reconoce como punto de irrupción de lo divino. Solo habrá descubierto al hombre cuando descubra a Dios. Esto se relaciona estrechamente con un pensamiento que fue desa-

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rrollado por la teología de los Padres y que, bajo esa forma, no procede directamente de la Biblia, si bien corresponde a su concepción general. Quisiera representarlo con una sola frase de san Agustín, quien escribió: Eo quippe ipso imago eius est quo eius capax est eiusque esse particeps potest1. El hombre es imagen de Dios precisamente porque es capaz de Dios y puede estar en comunidad con Dios. También se podría decir esto en forma más breve: ser a imagen y semejanza de Dios significa capacidad de Dios —capax est et particeps esse potest. Ser a imagen de Dios no debe definirse aquí como un concepto sustantivo a fin de poder decir que la sustancia del hombre es algo similar a la sustancia de Dios, sino que debe entenderse como concepto El hombre es imagen de relación. Ser a imagen y semejanza de Dios significa de Dios precisamente porque es capaz de ser capaz de Dios. El hecho de que entre Dios y el hombre Dios y puede estar exista una relación de características especiales es algo que en comunidad con puede entenderse en sí cuando hablamos de “imagen”. La Dios. También se imagen no es merced a la sustancialidad, a la sustancialidad podría decir esto en de los colores que se emplean, u otras razones similares. Si forma más breve: ser en este caso contemplo la cantidad solamente en sí misma, a imagen y semejanza entonces ella reside en sí misma. Imagen es algo dado más de Dios significa capacidad de Dios bien a través de la relación que contiene, es algo dado por la indicación de algo que está más allá de ella misma, que es lo que representa. Es decir, su ser imagen reside en su relacionalidad, no en lo que es en sí, y de ese modo lo entiende en este caso el hombre. Su ser imagen no es algo que él contenga en sí, sino que su ser imagen consiste en una relacionalidad de su existir, a través de la cual remite más allá de sí mismo. Solo que a diferencia de una imagen material muerta, tanto la propia relación como la propia relacionalidad están en este caso vivas; es algo que está en el hombre como movimiento, o al menos como una posibilidad de movimiento. Ser imagen de Dios significa la remisión interna y el carácter de estar remitido el hombre a la trascendencia, su posibilidad, más bien su necesidad interior, de trascenderse a sí mismo hacia lo absoluto. Para decirlo de otro modo: ser imagen de Dios no quiere sencillamente decir una relación de arriba hacia abajo, que, de acuerdo a la fe, es propia de todas las cosas creadas, sino más bien una relación de retorno, el retorno del eco, aunque ahora como algo viviente, de modo tal que el hombre no se 1 San Agustín, De Trinitate 14, 8,11 (CCL 50A, 436).

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«Cuando además el asunto de la libertad ha vuelto a ocupar el primer plano en un momento del tiempo en que todas las antiguas ideas normativas son cuestionadas, en que ya nada es sólido, todo el carácter inconmensurablemente abierto de la pregunta por el ser hombre se ha convertido en un problema existencial».

Afiche y graffiti de París, mayo 1968.

enfrenta a Dios únicamente de espaldas, sino también de cara a Dios. Es una expresión de la inmediatez de Dios al espíritu humano, que se caracteriza por ser capaz de Dios. Ser imagen de Dios significa ser la apertura esencial hacia Dios, que de este modo es declarada constitutiva de la esencia humana, de modo que podría incluso decirse que el ser a imagen y semejanza de Dios del hombre reside en su capacidad de Dios, que le es propia en cuanto personalidad corpóreo-espiritual. La tarea que esto impone, es decir, definir al hombre, podrá en algo facilitarse estableciendo un contraste. Las preguntas de ¿qué es lo que realmente hace al hombre?, o ¿dónde está, por así decir, el Rubicón del convertirse en hombre? Ambas interrogantes se han vuelto apremiantes de un modo completamente nuevo en consideración de la teoría de la evolución y de la paleontología. Se han buscado los más variados criterios con el afán de trazar el límite necesario para poder afirmar: esto y aquello es lo que define al hombre. Se han formulado numerosas proposiciones; por ejemplo, la capacidad de crear una lengua, o el empleo del fuego, u otras similares. El marxismo ha tomado partido a su peculiar manera, afirmando que el uso y la generación de medios de producción es lo que diferencia al ser humano del animal. La primera condición fundamental de toda vida humana es el trabajo, dice Engels, y lo enfatiza en grado tal, que de algún modo llega a afirmar que es el trabajo el que ha creado al hombre. Puede verse, entonces, cómo detrás de todos estos intentos de encontrar un límite y una

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condición constitutiva subyace una imagen del hombre, una imagen del mundo, una decisión fundamental respecto del ser humano ­— en este caso algo como: es el trabajo lo que ha creado al hombre—. Y a esto a su vez subyace un modo de ver el mundo: la visión del mundo que deviene del homo faber, es decir, de una definición de hombre que en última instancia surge de su situación técnica. Pienso que finalmente es desde aquí que debemos decir en términos cristianos: el hombre es el ser capaz de trascender. El Rubicón del ser hombre y del llegar a ser hombre es franqueado cada vez que un hombre es ya no solo capaz del mundo y de su entorno, sino que capaz de diseñarse en dirección a lo absoluto. Ello no significa que cada hombre lo haga en los hechos, o que lo haga hasta llegar a poder hacerlo en los hechos; significa que es fundamentalmente algo constitutivo del hombre el tener principalmente la capacidad de diseñarse a sí mismo hacia una trascendencia, aunque tal vez en los hechos dicha capacidad no llegue a ser efectiva. Debemos entonces afirmar que en última instancia es esto lo que constituye al hombre en cuanto hombre: que el hombre se proyecta más allá del mundo, que es capaz de lo absoluto, que lleva consigo esa remisión de su existencia, que es la que lo remite más allá de todas las circunstancias del mundo hacia lo eterno mismo, confiriéndole de ese modo el valor agregado que, como contraparte de Dios, lo protege de toda entrega a lo meramente mundano.

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III. La doble faz del hombre a la luz de la temática bíblica de los dos hermanos Con esto estaríamos subrayando la primera línea de la aseveración bíblica sobre el hombre. Me gustaría yuxtaponerle muy brevemente una segunda, que ya se había perfilado más arriba. Si aquí encontramos, por así decir, el poema épico de la grandeza humana, o mejor, al ser humano como aquel ser que le responde directamente a Dios y que, por tanto, siempre permanece como un bien reservado a Dios, entonces en la Biblia hay también un segundo grupo de Ser imagen de Dios no enunciados bíblicos, contrapuesto al anterior, que nos quiere sencillamente decir muestra una y otra vez que ella no se extravía en fantasías una relación de arriba idealistas. Me limitaré a mencionar un par de textos, sin hacia abajo, que, de comentarlos mayormente. Tenemos la conocida palabra que acuerdo a la fe, es propia sigue al Diluvio Universal: “Nunca más volveré a maldecir de todas las cosas creadas, sino más bien una relación el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón de retorno, el retorno del humano son malas desde su niñez” (Gen 8,21). El hombre eco, aunque ahora como es ese ser impotente, que en el fondo carece de fuerza para algo viviente, de modo permanecer orientado a la trascendencia, que en cambio tal que el hombre no se se desplaza, por así decir, a través de las necesidades de enfrenta a Dios únicamente la vida de cada día, ateniéndose a las leyes que gobiernan de espaldas, pero también de cara a Dios. tales necesidades. O bien, el hombre hecho de barro, no perteneciente al mundo divino, sino al mundo terrenal (Gen 2,7). Esto parecería realmente la caída al fondo de estas nuestras condiciones, contrariamente a lo anterior cuando, según el gran relato, se muestra al hombre como perteneciente a la esfera de Dios; ahora solamente es una forma arcillosa, mostrándose de ese modo que en verdad también es tierra, al igual que todos los animales sobre el orbe, revelándose así su aherrojamiento con el torrente biológico. Y es aquí donde surge una segunda universalidad, completamente distinta. Recién hablábamos de esa universalidad en que todos, aun los más pobres, son hombres y en cuanto hombres pueden ser más que un rey o que un emperador; ahora estamos hablando de esa otra universalidad, en que, a pesar de sus máximos logros, el hombre no será más que barro, y que todos, aun los más encumbrados, a fin de cuentas pertenecen a ese torrente del llegar a ser cósmico, no siendo más que parte del mismo, lo que se ve confirmado en Gen 3,19: “Porque eres polvo y al polvo tornarás”. Es esta una palabra que

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con toda certeza reacciona ante el destino común y la pecaminosa decadencia del hombre, aunque solo extraiga aquello que desde el principio es constitutivo del hombre. Esto también lo volvemos a encontrar en el Nuevo Testamento, cuando Jesús, en Mt 7,11, parece decir con toda naturalidad y como al pasar algo que ni siquiera es necesario mencionar: “Vosotros, siendo malos”… haced esto y lo otro, con lo cual vuelve a poner claramente de manifiesto aquella afirmación que sigue al Diluvio: ¿qué es lo que realmente se puede esperar del hombre? Estamos hablando de aquel que lleva un peso considerable, el peso de su egoísmo y de la satisfacción de sus necesidades y que en fin de cuentas solo gira en ¿Qué es lo que realmente torno de sí mismo y de su miseria cotidiana; en resumen, hace al hombre?, o del hombre: polvo y ceniza ante Dios. Pero esto adquiere ¿dónde está, por así un rasgo todavía más dramático cuando pensamos en la decir, el Rubicón del sucesión de los relatos del pecado original en el comienzo convertirse en hombre? Ambas interrogantes mismo de las Escrituras: el pecado original en el paraíso se han vuelto (Gen 2); el primer asesinato (Gen 4); la degradación que apremiantes de un modo lleva al diluvio (Gen 6): la construcción de la torre de Babel completamente nuevo (Gen 11). A lo largo de todo esto el hombre ya no aparece en consideración de la como lo degradado, sino que al mismo tiempo también como teoría de la evolución y un ser obsesionado con su degradación, como ese ser albo- de la paleontología. rotador que estira la mano para alcanzar el cielo y que en ese intento se precipita a tierra o cae en las alcantarillas. Aparece como el ser inconstante y perseguido, disconforme consigo mismo, insatisfecho, errante e incapaz de hallar satisfacción en parte alguna: el hombre es un ser sucio y lastimoso. Y si más arriba escuchamos —de un modo más depurado y tal vez más elevado— todo lo más grandioso que alguna vez hombres hayan dicho acerca del hombre, entonces hemos visto ahora aquella experiencia existencial, que por cierto domina a la literatura moderna, es decir, aquello que encontramos en Kafka por un lado y en la literatura existencialista francesa, por otro. Esta experiencia de lo degradado y de lo sucio que se halla en el ser humano y que se impone una y otra vez al idealismo queda aquí reflejado sin disimulo y en toda su realidad. El estremecedor balance de toda esta secuencia de experiencias que encontramos en la Biblia fija el punto en que habrán de ser superadas desde adentro. Me refiero a Jn 19,5. Este texto, “Pilatos presenta a Jesús al pueblo”, penetra hondamente en la historia del pensamiento. Debiéramos aquí recordar que se nos

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cuenta que Diógenes buscó hombres con su lámpara, una escena que recogió Nietzsche: el hombre loco que busca al dios muerto. Vale decir, Diógenes buscó hombres con su lámpara. Es tanto lo poco que es el hombre, que debe buscársele con una lámpara incluso a la luz del día. El cínico Pilatos, el escéptico, es seguidor del cínico Diógenes. Y es precisamente Pilatos —como cínico pertenece a la secta de Diógenes y no cree en el hombre­— a quien, al contemplar a Jesús coronado de espinas, se le escapa la confesión: idou ho anthropos —“mirad, este es el hombre”—. No sabemos con qué grado de conciencia lo dijo, pero para el evangelista esta palabra se convierte en el centro mismo Aquí se expresa con toda de la historia del mundo. El cínico se vuelve profeta a pesar claridad la doctrina de los suyo y dice la verdad. Este es el hombre, y probablemente dos Adanes y, por tanto, el texto se retrotrae a Gen 3, al pasaje donde Dios dice, el anuncio del hombre después del pecado original: “este, pues, es el hombre”, un como el ser que advendrá y que se ha hecho presente rey con ropaje de enajenado, un ser desollado, impotente, en Cristo. Se dice que el desfigurado y envilecido: este es el hombre. Pero todo esto hombre Adán es aquel que ya no es solamente cinismo y escepticismo y resignación del arbitrariamente se alza que no cree en el hombre y que hace rato ha tirado la lámhasta Dios, degradándose para por estar convencido de que el hombre que soñamos, en ello por mentirse a la humanitas des homo, no puede encontrarse en absoluto. sí mismo al convertir su Aquí, en cambio, se dice: ahora es que has encontrado sin esencia en mentira, pues él no es Dios. (… ) lámpara alguna lo que andabas buscando. Este es realmente el hombre por el cual peregrinabas. Pues este rey vestido como un enajenado, en que tan manifiestamente aparece la miseria y la necesidad, sí es un rey. El Cristo, Jesucristo, es quien deberá ser señalado como respuesta a la pregunta abierta por el ser hombre del mundo. Aquí está un hombre, un hombre plenamente hombre como nosotros, pero que es verdaderamente el hombre que habíamos buscado en vano con todas nuestras lámparas. Con lo antedicho también hemos sugerido y adelantado nuestro tercer y concluyente punto, mediante el cual quisiéramos brevemente señalar cómo estas dos secuencias de afirmaciones, la una sobre el hombre como aquel ser que pertenece a Dios, y la otra sobre el hombre en cuanto trozo de arcilla que apenas se ha desprendido de su animalidad, cayendo una y otra vez en ella, se van yuxtaponiendo. Es el Antiguo Testamento el que con este dilema, con esta paradoja del doble ser del hombre, intenta aclarar las cosas. Llama la atención que en el Antiguo Testamento una y otra vez

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aparezcan esos pares de hermanos, enfrentados como lo claro con lo oscuro, como la luz con las tinieblas. Ahí tenemos a Caín/Abel como introducción a la historia, ahí encontramos a Ismael/Isaac, a Esaú/Jacob, quedando completamente en claro que se trata de una construcción teológica consciente, pues en cada caso sabemos que también hubo otros descendientes, como los hubo de Abrahán, etc., y que el destacar a aquellos dos obedece a un esquema teológico, en que el dilema, la paradoja, la tensión dual, así como esa unidad gemela llamada hombre, que ulteriormente es imposible disolver, vale decir, la doble cara del ser llamado hombre, que llega (… ) Jesús, en cambio, es a manifestarse enteramente. Tenemos, entonces, por una parte el árbol genealógico en la humildad de la cruz de Caín, la “raza de Caín”, los hombres del poder, los la imagen contrapuesta al primer Adán, quien aspira hombres con las manos tintas en sangre, los hombres que a elevarse para asir la siete veces buscan la séptuple venganza, y por otra parte divinidad. Cristo es aquel tenemos el árbol genealógico de Set, “la raza de Abel”, los que no usa su majestad sometidos, los impotentes. En este contexto me gustaría para estar para sí mismo, referirme al poema de un sacerdote nacido en la Prusia sino que para alejarse oriental, llamado Otto Miller (1876 - 1958), que durante la de sí mismo y acercarse era nazista pudo en una ocasión registrar esta doble faz a los otros. Y es en esto que el hombre alcanza su del destino humano. Pienso que sobre el trasfondo de la verdadera posibilidad. (… ) situación entonces imperante se vuelve claro cuál es la verdad que expresa la duplicidad de la Biblia. Dice así: Raza de Caín, infamadora de Dios, tú, la tan honrada, Tuyo es el poder en esta tierra, y con el poder también el derecho, Con la boca abierta te admiran los tontos y los eruditos, Aplausos arrancas al populacho y al rey y al siervo. Raza de Abel, con las manos limpias e ideas piadosas, Predilecta del infortunio, tu parte es la denigración y el golpe. Cuando en el Vía Crucis de la vida tus cansadas rodillas flaquean, Retumba la burla de Caín y sus hordas le hacen eco. Caín, con placer lavas de tus manos la sangre fraterna, Gloria y triunfo te pertenecen en la historia. Pero tú, Abel, te desangras mudo y sin lamento, Nadie da testimonio a tu favor, nadie te defiende.

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Caín, ídolo de las masas, laureado como enviado del destino, Con admirada veneración, el populacho boquiabierto contempla tu ostentosa tumba. Pero yo veo en tu frente el signo con que Dios te marcara, Y me aparto en silencio.2 Ahora, profundizando en la Biblia, podrá constatarse algo bastante peculiar. Aquellos dos que inicialmente parecían estar tan en las antípodas, que parecían ser las dos mitades de la historia, no están para nada tan lejos el uno del otro, pues, para comenzar, podemos observar en términos de historia de la literatura —y ello nos llevará decididamente al centro del relato— que los dos árboles genealógicos, primero aquel de Caín y seguidamente aquel de Set, en el fondo no son sino dos variantes de un mismo árbol genealógico. Es decir, Caín está en Abel y Abel en Caín. Y más claramente en Esaú y Jacob. Se nos narra una y otra vez en qué forma tan singular y tan notablemente humana se superponen los destinos. Aquí no hay un enaltecerse por parte de Jacob, que estaría destinado a aparecer como el puro Abel, a quien enfrenta el brutal Caín. Y al final de todo está la palabra de respuesta que Jesús dirige a quien lo llama Maestro bueno: “Cómo me llamas bueno, nadie es bueno, nadie puede enaltecerse”. En este inaudito, y para nosotros realmente deprimente realismo de la Biblia, es etimologizado, para decirlo de alguna manera, aquello a que recurrimos para hacernos de la gloria del ser hombre. Cuando estamos sobrios ciertamente veremos grandes diferencias entre los hombres, pero en cada uno asoma Caín, y cuando los propios impotentes logran llegar al poder, más temprano que tarde —y cuán cierto es— también prevalecerá la realidad carente de toda ilusión: oudeis agathos —nadie es confiable y bueno hasta la médula, nadie pertenece únicamente a la esfera divina—. Podemos decir que en este sentido lo ilustrado en el Antiguo Testamento sí termina deprimiendo, y el Eclesiástes, con su tono casi existencialista, su escepticismo carente de ilusión, expresa esta depresión del misteriosamente oscuro ser llamado hombre.

2 Otto Miller, Die Rasse des Kain und die Rasse des Abel, en: Ermländischer Hauskalender A. D. 1959, Año 92 de la publicación del Hauskalender de Julius Pohl, 112.

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IV. El nuevo Adán Es san Pablo quien recoge ese agrupamiento de a dos que hemos referido como propio del Antiguo Testamento (Abel/Caín, Esaú/ Jacob, etc.) en su doctrina de los dos Adanes para llevarla a su conclusión y a un nuevo camino. También para él existen esos gemelos, para llamarlos de algún modo, el primer y el segundo Adán, aunque para Pablo viene a significar: la humanidad toda es un solo hombre, es Adán, no precisamente Caín. Pero tampoco Abel, sino que toda la humanidad es Adán, sea como se le mire. En Jesucristo, el crucificado y resucitado, ha aparecido una nueva huma- (… ) La arbitraria nidad, y recién esta segunda humanidad, la de Jesucristo soberanía del primer crucificado y resucitado, es la verdadera y real, lo que Adán significa la autodestrucción del quiere decir que el hombre es el ser aún por venir. Es un hombre. Pues, ahí donde ser que todavía no está concluido y que en Jesucristo ha cada uno se conozca ya comenzado a ingresar en su verdadero futuro, un ser que sólo a sí mismo, tratándose no viene del prodigio de su capacidad de hacer, sino que como dios y centro del merced al don de un amor más grande, que solo puede universo, la humanidad es ser obsequiado y que abre el verdadero futuro del todavía desgarrada y destruida y el hombre mismo convertido inconcluso “ser hombre”. en mentira. (… ) Tal vez debiera intentar aclarar esto un tanto más con ayuda de ese antiguo himno del cristianismo contenido en la epístola a los Filipenses 2 (5 - 11): “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo, el cual siendo de condición divina no codició el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el SEÑOR, para gloria de Dios Padre.” ¿Qué es lo que aquí se enuncia? Aquí se expresa con toda claridad la doctrina de los dos Adanes y, por tanto, el anuncio del hombre como el ser que advendrá y que se ha hecho presente en Cristo. Se dice que el hombre Adán es aquel que arbitrariamente se alza hasta Dios, degradándose en ello por mentirse a sí mismo al convertir su esencia en mentira, pues él no es Dios. Jesús, en cambio, es en la

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«Y es precisamente Pilatos —como cínico pertenece a la secta de Diógenes y no cree en el hombre— a quien al contemplar a Jesús coronado de espinas, se le escapa la confesión: idou ho anthropos —“mirad, este es el hombre”—. No sabemos con qué grado de conciencia lo dijo, pero para el evangelista esta palabra se convierte en el centro mismo de la historia del mundo. El cínico se vuelve profeta a pesar suyo y dice la verdad. Este es el hombre, y probablemente el texto se retrotrae a Gen 3, al pasaje donde Dios dice, después del pecado original: “este, pues, es el hombre”, un rey con ropaje de enajenado, un ser desollado, impotente, desfigurado y envilecido: este es el hombre.»

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Cristo ante Pilato y el pueblo. Rembrandt (1634). Londres, National Gallery.


«La respuesta a la pregunta por el hombre es el dedo de Pilatos apuntando al rey coronado de espinas: “Este es el hombre” (Jn 19,5).» El velo de Verónica. 1649. Claude Mellan.

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humildad de la cruz la imagen contrapuesta al primer Adán, quien aspira a elevarse para asir la divinidad. Cristo es aquel que no usa su majestad para estar para sí mismo, sino que para alejarse de sí mismo y acercarse a los otros. Y es en esto que el hombre alcanza su verdadera posibilidad. La arbitraria soberanía del primer Adán significa la autodestrucción del hombre. Pues, ahí donde cada uno se conozca ya solo a sí mismo, tratándose como dios y centro del universo, la humanidad es desgarrada y destruida y el hombre mismo convertido en mentira. El servicio del segundo hombre, su “ser-para-los otros”, su ser hombre en cuanto ser hombre (… ) El servicio del para los demás, lleva por consecuencia la restitución segundo hombre, su de la humanidad a su reino perdido y su admisión en “ser-para-los otros”, su la comunidad de Dios. Elevado es el crucificado y toda ser hombre en cuanto ser elevación del hombre ha visto aquí señalado su camino. hombre para los demás, lleva por consecuencia Solo puede ser elevación en el segundo Adán: en la cola restitución de la munidad con él como la forma nueva y donada del ser humanidad a su reino hombre, que no procede de la factibilidad, sino del don perdido y su admisión en del amor. Todos nosotros, eso es lo que quiere decirnos la comunidad de Dios. el texto, somos ese primer Adán, es decir, el ser de la arElevado es el crucificado bitraria soberanía y autoafirmación, que no es más que y toda elevación del autodestrucción. Esto no significa que toda chispa de la hombre ha visto aquí señalado su camino. ya mencionada dignidad del hombre se haya apagado. Ella es indestructible. Pero sí quiere decir que nosotros reiteradamente la velamos con nuestro propio poder, que no somos en absoluto capaces de producir por nuestra propia cuenta el futuro del hombre, pues este es lo esencialmente no productible. La nueva del Cristo crucificado manifiesta que la salvación del hombre solo acontece cuando, y solo cuando, y donde él esté dis-

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puesto a renunciar a su soberanía para orientarse hacia los valores sometidos y vulnerables: la verdad y el amor; recién allí entrará en su verdadero reino. Solo cuando abandona la primera actitud, esa natural pesantez de nuestra existencia, la orientación existencial hacia el egoísmo, y la reemplaza con una orientación fundamental hacia la entrega, es que se hace realmente hombre; recién la segunda humanidad es la verdadera humanidad, el llegar a ser hombre del hombre. Y eso significa que recién a partir de Cristo, en cuanto hombre definitivo, acontece el verdadero descubrimiento del hombre y la forma cristiana de ser hombre en un diseño y un diseñarse y en un dejarse-arrojar en Cristo, lo que La nueva del Cristo naturalmente tiene muchas implicancias, que no podrán crucificado manifiesta ser tratadas aquí, ya que solo buscaba apuntar con el dedo que la salvación del hombre sólo acontece a la orientación del movimiento en que se halla el todo cuando, y sólo cuando, y y que, para cerrar, quisiera ejemplificar con el brillante dónde él esté dispuesto a pasaje de la epístola a Tito (3,4), en que se dice: “Mas renunciar a su soberanía cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Señor, para orientarse hacia y su amor a los hombres.” Este es el verdadero carácter los valores sometidos y humano, la respuesta a la pregunta abierta por el ser vulnerables: la verdad y el hombre, la respuesta que nos desafía a hacernos hombres amor; recién allí entrará en su verdadero reino. nosotros mismos. La verdadera contraposición que hace la Biblia no es aquella entre cuerpo y alma, sino aquella entre el primer Adán y el segundo Adán, entre el ser orientado hacia atrás y aquel orientado hacia adelante, entre la actitud fundamental del egoísmo y la actitud fundamental de la entrega. Y la respuesta a la pregunta por el hombre es el dedo de Pilatos apuntando al rey coronado de espinas: “Este es el hombre” (Jn 19,5).

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M ás que un Centenario

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—Palabras del Sr. Rector, Dr. Ignacio Sánchez, en la celebración del Sagrado Corazón de Jesús, patrono principal de la Universidad—

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on ocasión de la celebración del 125 aniversario de la fundación de la Universidad Católica, en el día del Sagrado Corazón, el Rector Dr. Ignacio Sánchez Díaz pronunció el discurso que Humanitas reproduce en estas páginas. Antes de desarrollar los hechos más relevantes ocurridos en 2012 en el ámbito de la Universidad, el Rector agradeció a Dios; a las autoridades eclesiásticas, en especial a Monseñor Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago y Gran Canciller de la PUC; a la Dirección Superior, al Honorable Consejo Superior; a las autoridades, administrativos, profesores y estudiantes; y a las familias. Finalmente dedicó un afectuoso saludo a Su Santidad Francisco, reiterando la fidelidad y lealtad de la Universidad al magisterio de Pedro y a su sucesor en la Santa Sede.

Universidades Católicas y Desarrollo Social El rol público de las universidades católicas ha estado presente desde sus orígenes y se ha expresado en la calidad de su proyecto educativo, en la investigación, creación de nuevo conocimiento y en el compromiso con el país para ofrecer iniciativas orientadas al desarrollo del ser humano y a mejorar su calidad de vida. Han constituido también un espacio propicio para el diálogo entre la fe y la cultura. Desde la Iglesia, ha existido un continuo diálogo y preocupación por sus universidades, para asegurar un testimonio de fe, de comunidad y de excelencia. Hoy estas universidades están comprometidas con el futuro de la educación superior de nuestro país, en especial en momentos de cambios profundos y de gran relevancia para nuestra sociedad. En Europa, las primeras universidades fueron fundadas para el estudio del derecho, la medicina y la teología.

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La Iglesia ya había comenzado a desarrollar la enseñanza y el saber en centros monásticos de distintas órdenes religiosas, no solo para cultivar el espíritu y alcanzar un nuevo conocimiento que acercara al hombre a la verdad a la luz de la fe, sino que también para influir en las distintas instancias de poder de la sociedad. En América Latina, las primeras instituciones fueron creadas con gran influencia de la Iglesia Católica, como fue la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Marcos en Lima y la de Santa Fe en Bogotá. En Chile, fue la orden de los dominicos la que fundó en 1622 la Universidad Santo Tomás de Aquino, con énfasis en filosofía y teología. Tras la Independencia y luego de la creación de la Universidad de Chile, heredera de la Universidad de San Felipe, en 1888 nació la Universidad Católica. Su misión desde su origen fue la de servir a la sociedad, inspirada en una identidad que se funda en desarrollar su labor educativa, cultivar El rol público de las el saber y la búsqueda de la verdad a la luz de la fe.

universidades católicas ha estado presente desde sus orígenes y se ha expresado en la calidad de su proyecto educativo, en la investigación, creación de nuevo conocimiento y en el compromiso con el país para ofrecer iniciativas orientadas al desarrollo del ser humano y a mejorar su calidad de vida. Han constituido también un espacio propicio para el diálogo entre la fe y la cultura.

La fundación de nuestra Universidad se inscribe dentro de un movimiento que estuvo orientado a llevar la fe católica a la vida pública. En la ceremonia de inauguración de 1888, Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas, el primer rector de nuestra casa de estudios, pronunciaba un discurso en el que fijaba los rasgos fundamentales de la universidad: “una Universidad Católica libre” refiriéndose a “una corporación que no vive del aliento ni de la inspiración oficial, y que aspira a deberlo todo a su propio y abnegado trabajo” (...) “taller en el que se educa el corazón y se forma el carácter de los jóvenes”.

Ambos conceptos, Católica y libre, hacían de la Universidad una entidad apasionada con un solo ideal: “el de trabajar con desinteresado celo por la difusión de las verdaderas luces y por la sólida educación de la juventud”. Añadía a lo anterior su convencimiento de que una Universidad libre haría un gran bien a la libertad de enseñanza en Chile. Ya en aquella solemne asamblea inaugural de 1888, don Abdón Cifuentes abogaba por los estudios profesionales, los que en su sentir eran indispensables para sacar al país de su atraso y darle nuevas perspectivas de desarrollo integral a la juventud. Por eso la Universidad se interesó desde muy temprano en carreras como Derecho, Ingeniería, Arquitectura, Agronomía, distantes de la concepción convencional de universidad que prevalecía en el país. La Universidad fue fundada en medio de circunstancias adversas. Empezó con 10 profesores y 50 alumnos. Fue una mezcla un tanto confusa de escuela universitaria, escuela de artes y oficios e internado. Carecía de independencia y de autonomía, sus títulos no tenían valor legal. No disponía de una sede propia, su base material era extraordinariamente precaria. Pero desde un principio ella estuvo animada por poderosas fuerzas espirituales. Sus directivos, profesores

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«La fundación de nuestra Universidad se inscribe dentro de un movimiento que estuvo orientado a llevar la fe católica a la vida pública. En la ceremonia de inauguración de 1888, Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas, el primer rector de nuestra casa de estudios, pronunciaba un discurso en el que fijaba los rasgos fundamentales de la universidad: “una Universidad Católica libre” refiriéndose a “una corporación que no vive del aliento ni de la inspiración oficial, y que aspira a deberlo todo a su propio y abnegado trabajo” (...) taller en el que se educa el corazón y se forma el carácter de los jóvenes».

y alumnos estaban unidos por la convicción de que la Universidad Católica cumplía una función noble y en el futuro sería cada vez más importante. Ella debía servir a Dios, a la patria, a las ciencias y a la libertad. Para ello la Universidad contó desde el comienzo con el auxilio poderoso de la oración, la protección desde sus orígenes del Sagrado Corazón de Jesús, una misión hermosa que cumplir en medio del mundo y la convicción de estar trabajando para servir a Dios y su Iglesia y al bien de la patria y su gente. Si observamos claramente las intenciones de los fundadores, aparecen evidentes dos grandes finalidades de servicio que serían propias de la Universidad Católica: el servicio a la Iglesia en el ámbito de la cultura intelectual y el servicio a Chile a través de la formación de la juventud y de la creación de nuevo conocimiento. Cualquier análisis debe contemplar estas dos bases y toda disociación de esos fines impide comprender claramente el sentido y misión de la nueva institución. Una universidad, cualquiera ella sea, no es “independiente” del lugar donde se desarrolla. Es una institución que debe estar comprometida con el crecimiento espiritual y material de su país y eso debe notarse en su enseñanza, investigación, y vinculación con la sociedad. La Universidad Católica, por lo anterior, se desarrollaría solo en plenitud si ayudaba a la solución de los problemas más importantes de la sociedad desde la perspectiva científica y cultural, para contribuir así a lograr un país más humano y más justo.

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Más adelante, en el siglo XX, surgieron universidades católicas en regiones, distribuidas de manera amplia en el país. Algunas, fueron originalmente sedes regionales de nuestra universidad, pero desde hace ya más de 20 años son universidades autónomas. Además, se inician otras dependientes de congregaciones religiosas. Es así como hoy formamos el Capítulo Chileno de Universidades Católicas, que reúne a ocho instituciones, y que aglutina una significativa actividad académica que posee un impacto muy importante en el sistema de educación superior del país. El Concilio Vaticano II afirma que la Iglesia atiende con desvelo a las universidades para que se perciba con mayor profundidad cómo la fe y la razón tienden a la misma verdad. «...El hombre, cuando se entrega a las diferentes disciplinas de la filosofía, la historia, las matemáticas y las ciencias naturales y se dedica a las artes, puede contribuir sobremanera a que la familia humana se eleve a los más altos pensamientos sobre la verdad, el bien y la belleza...». Tras este Concilio, es interesante destacar dos constituciones apostólicas que resultan claves para las universidades católicas: ambas escritas por el

«En su visita a Chile, en abril de 1987, el Papa Juan Pablo II manifestó su aprecio por nuestra universidad llamándola benemérita y nos hizo un llamado a “proseguir en la consecución de los objetivos propios de una universidad católica: calidad, competencia científica y profesional; investigación de la verdad al servicio de todos; formación de las personas en un clima de concepción integral del ser humano, con rigor científico, y con una visión cristiana del hombre”».

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Papa Juan Pablo II. La Sapientia Christiana, que destaca la necesidad de hacer presente el pensamiento cristiano para promover la cultura superior, se fundamenta sobre la misión evangelizadora de la Iglesia en la búsqueda de la verdad y pone una voz de alerta a la eventual división entre fe y cultura como impedimento para dicha evangelización.

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La Ex Corde Ecclesiae, por su parte, se ha transformado en un referente fundamental para todas las instituciones católicas de educación superior. En sus inicios dice: «Nacida del corazón de la Iglesia, la universidad católica se inserta en el curso de la tradición que remonta al origen mismo de la universidad como institución y se ha revelado siempre como un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad». Nos define como una comunidad académica El Concilio Vaticano II que, de modo riguroso y crítico, contribuye al desarrollo de afirma que la Iglesia la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la atiende con desvelo a las investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos universidades para que se perciba con mayor a las comunidades. En su visita a Chile, en abril de 1987, el Papa Juan Pablo II manifestó su aprecio por nuestra universidad llamándola benemérita y nos hizo un llamado a «proseguir en la consecución de los objetivos propios de una universidad católica: calidad, competencia científica y profesional; investigación de la verdad al servicio de todos; formación de las personas en un clima de concepción integral del ser humano, con rigor científico, y con una visión cristiana del hombre». Asistiremos con esperanza y fe al Congreso Mundial de Universidades Católicas y a la Jornada Mundial de la Paz en Julio próximo en Brasil, que contará con la presencia del Papa Francisco. Allí, una delegación de estudiantes y profesores estaremos atentos al diálogo y a abrir nuestros corazones para renovar nuestro compromiso con la tarea encomendada.

profundidad cómo la fe y la razón tienden a la misma verdad. «...El hombre, cuando se entrega a las diferentes disciplinas de la filosofía, la historia, las matemáticas y las ciencias naturales y se dedica a las artes, puede contribuir sobremanera a que la familia humana se eleve a los más altos pensamientos sobre la verdad, el bien y la belleza...».

A lo largo de su historia, nuestra universidad ha experimentado cambios profundos, ha enfrentado peligros, tensiones y divisiones; sin embargo, al mirarla en su conjunto, veremos que en la Universidad Católica ha prevalecido siempre un sentido muy hondo de unidad, de respeto, de voluntad de servir, todas disposiciones basadas en la conciencia de estar encargada de una misión. Donde la comunidad tiene un valor en sí misma. Con todos sus defectos y debilidades, la Universidad se sabe responsable ante Dios y llamada a la fidelidad a Jesucristo. Por ello, la imagen del Sagrado Corazón, que preside el frontis de nuestra casa central, es como un recuerdo constante de lo más medular de su misión: acoger a toda una sociedad, entregar un mensaje y caminar juntos en el camino que nos ha enseñado Cristo.

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La persona y el desarrollo El desarrollo humano integral debe ser una materia prioritaria y de permanente reflexión en nuestra sociedad, en especial en relación a lo planteado por los Obispos en la reciente carta pastoral de la Conferencia Episcopal y en la encíclica Caritas in veritate. Como allí se señala, «la caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad». Es el amor el que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y la paz. Desde un punto de vista social, el hombre descubre que su vocación al amor se concreta en la medida que tiende a un desarrollo humano integral. Él no La Ex Corde Ecclesiae, puede estar ajeno a la realidad de su prójimo, pues su realización por su parte, se ha más plena no es en soledad, sino en la donación personal a la transformado en un comunidad. Promover que el ser humano y su dignidad sean referente fundamental para una prioridad nos compromete. La construcción de una nueva todas las instituciones civilización empieza por nuestra comunidad UC, por orientar católicas de educación nuestras decisiones hacia el bien común. La caridad y la verdad superior. En sus inicios nos plantean un compromiso inédito, en donde Dios ha puesto dice: «Nacida del corazón la semilla en cada hombre y en cada mujer, en cada pueblo y de la Iglesia, la universidad en su cultura.

católica se inserta en el curso de la tradición que remonta al origen mismo de la universidad como institución y se ha revelado siempre como un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad».

La visión del desarrollo y de la globalización pone en el centro a la persona, como protagonista de este proceso. Para ser auténtico, el desarrollo del hombre y de los pueblos necesita una dimensión espiritual. Para ello, se requieren “unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que vislumbren el verdadero desarrollo integral”.

Desde la Universidad, nos interesa promover en nuestra comunidad el diálogo entre fe y cultura, entre competencia profesional y sabiduría cristiana para influir sobre la realidad e impregnarla con el espíritu del Evangelio. Queremos trascender a la sociedad y compartir con ella los avances obtenidos en el cultivo del conocimiento. Nuestra comunidad universitaria debe estar animada por un espíritu de caridad y de libertad —con los deberes que ello conlleva—, y además caracterizarse por el respeto recíproco y el cuidado de los derechos de cada uno de sus miembros. Es así como estamos llamados a ser testigos y educadores de una auténtica vida cristiana. A los estudiantes se les invita a adquirir una educación que armonice la riqueza del desarrollo humanístico y cultural con la formación especializada. En este sentido, estamos desarrollando en conjunto la figura del Ombudsman o defensor universitario con un significado especial en nuestra universidad. Su rol lo identifica con la mediación y resolución de problemas de convivencia de la comunidad universitaria y con la posibilidad de plantear nuevas políticas y cambios que permitan avanzar en proteger y potenciar los

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«Con todos sus defectos y debilidades, la Universidad se sabe responsable ante Dios y llamada a la fidelidad a Jesucristo. Por ello, la imagen del Sagrado Corazón, que preside el frontis de nuestra casa central, es como un recuerdo constante de lo más medular de su misión: acoger a toda una sociedad, entregar un mensaje y caminar juntos en el camino que nos ha enseñado Cristo».

derechos de estudiantes, académicos y personal administrativo. Va a contribuir al diálogo para una mejor relación con las autoridades, entre los miembros de la universidad, avanzando así en un mayor sentido de comunidad. Este es un avance que valora el sentido de la educación, en especial en una universidad católica, que se entiende como un proceso realizado en un ambiente de libertad, respeto, responsabilidad, mirada de bien común y, en especial, con sentido de comunidad. En Aparecida, SS Benedicto XVI se refirió a nuestra misión como miembros de una universidad católica, destacando la necesidad de “colmar una notable ausencia en el ámbito político y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y vocación, coherentes con sus convicciones”. En este camino estamos trabajando.

Reflexiones finales La educación es más que entregar conocimientos o información. Ciertamente la educación es la aventura más fascinante e importante de la vida. Para el que la imparte y para el que la recibe. Supone un respeto esencial a las diversidades propias del desarrollo del ser humano y un compromiso con su fortalecimiento como persona. Considerando que el interés por saber más y por acercarse a la verdad es parte inherente del hombre, la educación pro-

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mueve y facilita su desarrollo pleno, al permitir ese acercamiento a la verdad y a un conocimiento nuevo y sustentable. Educar es conducir al individuo más allá de sí mismo para llevarlo a otra realidad, hacia un crecimiento que se orienta a la plenitud del ser. De allí que la educación sea un derecho y que el proceso de lograrla supera con creces la obtención de nuevos conocimientos. La educación, para promover y facilitar el desarrollo pleno de cada persona, requiere, junto con permitir un mayor acercamiento a la verdad, contribuir a que se adquieran valores trascendentes, de diálogo e intercambio de ideas, de respeto a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, de visión de futuro.

Educar es conducir al individuo más allá de sí mismo para llevarlo a otra realidad, hacia un crecimiento que se orienta a la plenitud del ser. De allí que la educación sea un derecho y que el proceso de lograrla supera con creces la obtención de nuevos conocimientos. La educación, para promover y facilitar el desarrollo pleno de cada persona, requiere, junto con permitir un mayor acercamiento a la verdad, contribuir a que se adquieran valores trascendentes.

El concepto de Universidad parece casi inseparable de la calidad. Nuestro énfasis en la calidad incluye esa necesidad de apoyar de manera decidida al proceso de transformación de una persona que se prepara a dar un salto mayor en su formación humana, valórica, intelectual e integral. En un sistema de libertad de enseñanza como el nuestro, las universidades son distintas en su vocación y proyecto. La UC, siguiendo su misión e identidad, junto con constituirse en un centro del diálogo fe-cultura, aspira a la formación integral de sus estudiantes y a la generación y transmisión de nuevo conocimiento hacia la sociedad. La necesidad de mejorar la calidad de las instituciones de educación superior tiene que ser un punto central del proceso de reformas que se lleva a cabo en nuestro país.

Desde su fundación hace ya 125 años, la Universidad Católica ha forjado una historia de servicio y compromiso con el país que responde a nuestra misión de aportar al desarrollo de la sociedad. Nuestra investigación se ha orientado a estudiar en profundidad los problemas de nuestro tiempo. Ejemplo son la dignidad de la vida humana, el desarrollo de la educación en todos sus niveles, la promoción de la justicia, la protección de la naturaleza, la distribución equitativa de los recursos y un sistema económico y político que sirva mejor a la sociedad. Es así como la UC entrega aportes concretos a la sociedad a través de diversos proyectos en salud, vivienda, municipios, políticas de educación y otros. La universidad, promueve el diálogo entre fe y cultura, entre competencia profesional y sabiduría cristiana para influir sobre la realidad de la sociedad. Nos motiva entregar un testimonio de fe, de comunidad y de excelencia. Estamos comprometidos con el futuro de la educación superior de nuestro país. El desarrollo humano integral debe ser una materia prioritaria y de permanente reflexión en nuestra sociedad. Para ser auténtico, el desarrollo de los pueblos necesita de una dimensión espiritual. Promover que el ser humano y su dignidad sea el centro de nuestro quehacer nos apasiona y compromete.

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Creemos en una universidad que educa, investiga y que anhela estar muy conectada con la sociedad, para poder comunicar “una buena nueva”, que es “tener vida y tenerla en abundancia”. Seguiremos trabajando por lo que creemos importante para la formación de la juventud, junto con desarrollar nuestra pasión por conocer e investigar. El cumplir con nuestra identidad y compromiso con Chile es lo que guía nuestro quehacer. Celebramos 125 años de compromiso con el país. Con identidad, sentido de misión y pasión por nuestra labor universitaria. Ofrecemos nuestro trabajo de hoy y renovamos nuestro compromiso futuro.

El desarrollo humano integral debe ser una materia prioritaria y de permanente reflexión en nuestra sociedad. Para ser auténtico, el desarrollo de los pueblos necesita de una dimensión espiritual. Promover que el ser humano y su dignidad sea el centro de nuestro quehacer nos apasiona y compromete.

Sagrado Corazón de Jesús, en ti confiamos y por eso nos alegramos. Y ciertamente si el Señor nos acompaña, ¿qué vamos a temer? ¡Viva la Universidad Católica activa y acogedora! ¡Viva la UC libre con pasión y amor! ¡Viva la Universidad Católica en el día del Sagrado Corazón de Jesús! Por Dios, la Patria y la Universidad.

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La Caridad Intelectual

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POR ZENON CARDENAL GROCHOLEWSKI

Clase Magistral durante el Acto de celebración de los 125 Años de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 6 de junio de 2013

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uisiera iniciar esta reflexión recordando una frase de un Dice Benedicto XVI: santo que ocupa un lugar privilegiado en el corazón de los chile- “Solo en la verdad nos: San Alberto Hurtado (1901-1952), quien “al final de sus días, resplandece la caridad entre los fuertes dolores de la enfermedad, aún tenía fuerzas para y puede ser vivida repetir: ‘Contento, Señor, contento’, expresando así la alegría con auténticamente. La verdad la que siempre vivió”1. Él nos dijo: “Nuestro amor ha de ser más es luz que da sentido y que pura filantropía, más que benevolencia, que educación y res- valor a la caridad. Esta peto, ha de ser caridad, don de sí mismo al prójimo por amor de luz es simultáneamente la Cristo. Esta caridad es la más preciosa y la más indispensable de de la razón y la de la fe, por medio de la cual la las virtudes, con tal que sea piedra verdadera y no falsificada”2. El Padre Hurtado nos recuerda, entonces, que la caridad puede inteligencia llega a la verdad ser falsificada; puede ser presentada como un simple altruismo natural y sobrenatural de que, lejos de envolver a la persona, actúa por beneficencia social. La la caridad, percibiendo caridad, para ser reconocida como tal, requiere algunas exigencias su significado de entrega, y motivaciones, pues no toda acción que se presenta como buena acogida y comunión”. puede ser considerada inmediatamente como acto de caridad. Tres preguntas, entonces, vienen a mi mente, las cuales me servirán para desarrollar mi reflexión: Primero, ¿qué define a la verdadera caridad?; en segundo lugar, en el mundo universitario, ¿qué lugar tiene la caridad?; por último, ¿cómo se puede vivir la caridad en una Universidad Católica? Trataré de acercarme con cuidado a cada una de estas dudas, quintándome las sandalias de los pies, pues la caridad es un tema primordial para todos nosotros, quienes sabemos que al atardecer de nuestras vidas, toda acción realizada por nosotros será juzgada según la caridad (cf. Mt 25,31-46).

La verdadera caridad ¿Qué define a la verdadera caridad? Una excelente síntesis sobre la caridad la encontramos en las dos Cartas Encíclicas de Benedicto XVI, relacionadas 1 Benedicto XVI, Homilía en la solemne Conclusión de la XI Asamblea del Sínodo de Obispos, del año Eucarístico y canonización de cinco beatos, 23 de octubre de 2005. 2 San A. Hurtado, «Vivir en caridad», en Id., Escritos de San Alberto Hurtado, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2012, p. 352.

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con esta virtud: Deus caritas est (25 de diciembre de 2005) y Caritas in veritate (29 de junio de 2009). En efecto, si tomáramos ambas encíclicas, podríamos elaborar un tratado completo sobre la caridad, pues el Papa nos hace un recorrido que abarca desde la etimología, la repercusión en los Evangelios, en los Padres de la Iglesia, en la Tradición, la relación de la caridad con las otras virtudes, hasta la vivencia de la caridad en los diferentes espacios de la vida eclesial y social, etc. Inclusive se nos habla de la caridad en relación con la razón y con la verdad. Es en este último punto que quisiera, pues, detenerme, ya que la verdadera caridad está en estrecha relación con la verdad. Dice, en efecto, Benedicto XVI: “Solo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténDenunciaba el Beato Juan ticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad. Pablo II: “La legítima Esta luz es simultáneamente la de la razón y la de la fe, por medio pluralidad de posiciones ha de la cual la inteligencia llega a la verdad natural y sobrenatural dado paso a un pluralismo de la caridad, percibiendo su significado de entrega, acogida y indiferenciado, basado en el comunión”3. (…) Cuando la verdad no está presente, la caridad se convencimiento de que todas convierte, o en sentimentalismo, o en fideísmo, o en individualislas posiciones son igualmente mo, de modo que ni la persona ni la sociedad crecen en la verdad4. válidas. Este es uno de los (…) Esto trae como consecuencia una dañina actitud individual y síntomas más difundidos de social de bonachones donde todo se permite, todo se acepta, nada la desconfianza en la verdad se juzga y, todo esto, en nombre de la caridad. Ahora bien, si la caridad necesita de la verdad para ser verdaque es posible encontrar en el contexto actual (…) dera, valga la redundancia, ¿de qué verdad estamos hablando? se niega a la verdad su La respuesta no es del todo fácil, pues, como denunciaba el Beato carácter exclusivo, partiendo Juan Pablo II: “La legítima pluralidad de posiciones ha dado paso del presupuesto de que se a un pluralismo indiferenciado, basado en el convencimiento de manifiesta de igual manera que todas las posiciones son igualmente válidas. Este es uno de en diversas doctrinas, incluso los síntomas más difundidos de la desconfianza en la verdad que contradictorias entre sí. En es posible encontrar en el contexto actual. Se niega a la verdad su esta perspectiva, todo se carácter exclusivo, partiendo del presupuesto de que se manifiesta reduce a opinión”. La verdad de igual manera en diversas doctrinas, incluso contradictorias como tal desaparece. entre sí. En esta perspectiva, todo se reduce a opinión”5. La verdad como tal desaparece. Sumado a esto, si la verdad está unida a la razón, surge otro inconveniente, a saber, la modernidad, la cual le colocó límites a la razón y, con ello, anuló cualquier intento de trascendencia. En efecto, Benedicto XVI nos ha invitado a superar “la limitación que la razón se impone a sí misma de reducirse a lo que se puede verificar con la experimentación, y […] a abrir sus horizontes en toda su amplitud”6. Vivimos bajo la dictadura del relativismo que “mortifica la razón, porque de hecho llega a afirmar que el ser humano no puede conocer 3 4 5 6

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Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, n. 3. Cf. Ibid., n 3-5. Juan Pablo II, Carta Encíclica Fides et ratio, 14 de septiembre de 1998, n. 5. Benedicto XVI, Discurso con el mundo de la cultura en la Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006.


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«El Padre Hurtado nos recuerda, entonces, que la caridad puede ser falsificada; puede ser presentada como un simple altruismo que, lejos de envolver a la persona, actúa por beneficencia social. La caridad, para ser reconocida como tal, requiere algunas exigencias y motivaciones, pues, no toda acción que se presenta como buena puede ser considerada inmediatamente como acto de caridad».

nada con certeza más allá del campo científico positivo”7. Con la dictadura del relativismo la única medida del hombre es su propio yo y sus apetencias; a ningún hombre se le permite mirar más allá de esa medida. La situación, entonces, se nos presenta desafiante, pues, para llegar a vivir la caridad verdadera, se nos pide iniciar un iter formativo que tenga como objetivo alargar la razón, en donde lo trascendental, la fe, encuentre su espacio justo y equilibrado. Un camino que busque ampliar los horizontes de la razón para que la verdad vuelva a retomar su carácter exclusivo. De este modo, se podrá confiar en la verdad única, esa que permite que la caridad sea como una piedra preciosa, no falsificada. Por eso, ante la medida limitada del relativismo, nuestra medida es el Hijo de Dios; de hecho “en Cristo coinciden la verdad y la caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida la verdad y la caridad se funden. La caridad sin la verdad sería ciega; la verdad sin la caridad sería como ‘címbalo que retiñe’ (1 Co 13, 1)”8. Hoy más que nunca necesitamos fundamentar la verdad en Cristo. Con estas premisas, y subrayando de nuevo que nuestra medida es Cristo, podemos ahora definir la verdadera caridad, inspirados en las majestuosas palabras de Benedicto XVI: “La caridad es amor recibido y ofrecido. Es ‘gracia’ (cháris). Su origen es el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo. Es amor que desde el Hijo desciende sobre nosotros. Es amor creador, por el que nosotros 7 Benedicto XVI, Audiencia General, 05 de agosto de 2009. 8 J. Ratzinger, Homilía de la misa pro eligendo Papa, 18 de abril de 2005.

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somos; es amor redentor, por el cual somos recreados. Es el Amor revelado, puesto en práctica por Cristo (cf. Jn 13,1) y ‘derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo’ (Rm 5,5). Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad”9. La verdadera caridad, entonces, es aquella que encuentra en Cristo su verdad y su razón. De allí la invitación constante de San Alberto Hurtado que decía: “Hacer en Cristo la unidad de mis amores: riqueza inmensa de las almas plenamente en la luz, y de las otras, como la mía, en luz y en tinieblas. Todo esto en mí como una ofrenda, como un don que revienta el pecho; movimiento de Cristo en mi interior que despierta y aviva mi caridad; movimiento de la humanidad, por mí, hacia Cristo”10.

Si la Universidad es vista solo como una institución que otorga títulos de estudios superiores o como una Casa de estudios que prepara para la excelencia académica, la caridad tiene poco espacio o es casi nula. Si la Universidad es concebida, principalmente, como aquello que realmente es, una universitas, una comunidad cuyo único objetivo es la búsqueda de la verdad, en este caso, la caridad ocupa un lugar privilegiado. (… )

La caridad en el mundo universitario

Habiéndonos imbuido en el tema de la verdadera caridad, podríamos ahora dar respuesta a la segunda pregunta: en el mundo universitario, ¿qué lugar tiene la caridad? El punto de partida, sin duda alguna, es muy importante, pues si la Universidad es vista solo como una institución que otorga títulos de estudios superiores o como una Casa de estudios que prepara para la excelencia académica, la caridad tiene poco espacio o es casi nula. En cambio, si la Universidad es concebida, principalmente, como aquello que realmente es, una universitas, una comunidad cuyo único objetivo es la búsqueda de la verdad, en este caso la caridad ocupa un lugar privilegiado. Como nos decía el Beato Juan Pablo II: “La universidad es una institución que, por su misma naturaleza, tiende —o por lo menos debería tender— a superar los particularismos de los sujetos y los de los objetos de estudio y de enseñanza: ‘Universitas Studiorum’, la llamaban los medievales, pero también ‘Universitas Docentium et Discentium’, todos y todo ensamblados en una armónica, si bien dinámica, unidad. La universidad, por su naturaleza, representa y es este proyecto de fundamental búsqueda de la verdad, que atrae y sobrepasa a todos y que tiende a armonizar los aspectos particulares de las varias especializaciones”11. Ahora bien, en la Universitas Docentium et Discentium, la caridad recibe un nombre especial, se llama caridad intelectual. Antes de definirla, veamos, en primer lugar, un poco sobre la historia de este término, subrayando sus principales autores. Según nos dicen los historiadores, el precursor, indirecto, del término caridad intelectual —aunque jamás lo usó como tal— fue San Agustín (354-430). De hecho, “en san Agustín, la conexión entre la Verdad y el sumo Bien exige la misma forma de actividad. La Verdad 9 Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate, 29 de junio de 2009, n. 5. 10 San A. Hurtado, «Amar», en Id., Escritos de San Alberto Hurtado, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2012, p. 333. 11 Juan Pablo II, Discurso a los profesores y estudiantes de la Universidad de Perugia, 26 de octubre de 1986, n. 2.

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es el bien último de la inteligencia y de la voluntad. Y aquí se inserta en el movimiento cognoscitivo el impulso de la caridad o del amor”12. La caridad y DESDE 1888 la inteligencia están íntimamente ligadas. El primero que usa propiamente el nombre de caridad intelectual es el Beato Antonio Rosmini (1797-1855)13. Para Rosmini, “los oficios de caridad, en relación al bien del prójimo, al cual tienden directamente, son de tres especies. La primera especie comprende aquellos oficios que tienden a ayudar inmediatamente al prójimo en lo relacionado con la vida temporal: esta se puede llamar caridad temporal. La segunda especie comprende aquellos oficios que tienden a ayudar inmediatamente al prójimo en la formación de su intelecto y en el desarrollo de sus facultades intelectuales: esta se puede llamar caridad intelectual. La tercera especie comprende los oficios de caridad que tienden a En la Universitas Docentium ayudar al prójimo en lo que respecta a la salvación de las ánimas: et Discentium, la caridad y esta se puede llamar caridad moral y espiritual”14. Con la cari- recibe un nombre especial, dad intelectual, Rosmini proponía liberar la mente del hombre de se llama caridad intelectual. las tinieblas de la ignorancia e iluminarla con la luz de la verdad. Antes de definirla, veamos, Luego de Rosmini, el término caridad intelectual fue casi total- en primer lugar, un poco mente desplazado. Será Mons. Juan Bautista Montini (1897-1978) —el sobre la historia de este futuro Papa Pablo VI—, siendo Asistente eclesiástico nacional de término, subrayando sus la Federación Universitaria Católica Italiana (FUCI), quien en 1930 principales autores. “En san escribirá un artículo sobre la caridad intelectual15. Según Montini, la Agustín, la conexión entre la caridad más alta es aquella que consiste en transmitir la verdad16. Verdad y el sumo Bien exige Por ello, quien trabajando con las actividades del pensamiento y de la misma forma de actividad. la pluma busca difundir la verdad, cumple un servicio a la caridad. La Verdad es el bien último Montini, proponiendo la caridad intelectual a la FUCI, buscaba de la inteligencia y de la “una reconstrucción de la ‘unidad interior’, es decir, de la armonía voluntad. Y aquí se inserta en entre doctrina y vida, entre fe y razón, entre Evangelio y cultura, el movimiento cognoscitivo para sanar el divorcio de la Iglesia con el mundo moderno”17. el impulso de la caridad Pasados los años 30, el término caridad intelectual toma de o del amor”. La caridad nuevo una pausa de aislamiento, hasta que el Beato Juan Pablo II y la inteligencia están (1978-2005), hablando a los intelectuales europeos, en 1983, les íntimamente ligadas. pedirá ofrecer toda su preparación científica, filosófica, literaria, histórica, profesional a sus colegas, a los estudiantes, a la sociedad y a la Iglesia como un servicio de auténtica caridad intelectual18. Posteriormente, en 1998, les encomendará a los estudiantes seguir la vía de la caridad intelectual. Les decía: “Avanzad con generosidad por el camino de la caridad intelectual, para ser promotores de una auténtica renovación social, que contrarreste las graves 12 V. Capanaga, «Introducción», en Id., Obras completas de San Agustín, 1982, p. 196 13 G.M. Vian, «Carità Intellettuale», en L’Osservatore Romano, Anno CLIII, n. 50 (46.294), 11 marzo 2013, p. 4. 14 A. Rosmini, Constitutiones Societatis a Charitate nuncupatae, Torino 1974, p. 593-595.. 15 Cf. M. Marmocchi, «Introduzione», en G.B. Montini, Scritti fucini (1925-1933), Brescia 2004, pp. VII-LXVIII. 16 Cf. G.M. Vian, «Carità Intellettuale», en L’Osservatore Romano, Anno CLIII, n. 50 (46.294), 11 marzo 2013, p. 4. 17 N. Mazza, La FUCI di Montini. Frammenti di storia nell’unità di un progetto, Quaderni del Ludovicianum, 2005, p. 55. Traducción del autor. 18 Cf. Juan Pablo II, Discurso a los intelectuales europeos, 15 de diciembre de 1983, n.5.

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formas de injusticia que amenazan la vida de los hombres. Amad vuestro estudio, sed humildes al aprender, y estad dispuestos a poner al servicio de todos los conocimientos adquiridos durante los valiosos años de vuestro itinerario universitario”19. En ese mismo discurso, el Beato Juan Pablo II nos ofrecerá dos características importantes de la caridad intelectual —las cuales desarrollaré más adelante—; estas son: el saber y la experiencia que se transforman en dones que se comunican; y en segundo lugar, la caridad intelectual como fuente de relaciones interpersonales significativas en la Universidad20. Con Benedicto XVI, la caridad intelectual ocupará un lugar privilegiado en sus discursos al mundo universitario. Serán numerosas las intervenciones donde el Pontífice invitará a la Universitas Docentium et DiscenEn una Universidad Católica tium a vivir la caridad intelectual. En esta reflexión no pretendo la caridad intelectual presentar cada una de ellas, pues sería muy extenso. Tratemos puede ser vivida bajo tres solo, desde el pensamiento de nuestro amado Pontífice, de definir aspectos, a saber: primero, la caridad intelectual. Dice el Papa que la caridad intelectual es concebir el saber y la aquella “fuerza del espíritu humano, capaz de unir los itineraexperiencia como dones de rios formativos de las nuevas generaciones, [de] unir el camino comunicación, reconciliando existencial de jóvenes que, aun viviendo a gran distancia unos la fe con la razón. En de otros, logran sentirse vinculados en el ámbito de la búsqueda segundo lugar, defender la interior y del testimonio”21. La caridad intelectual es esa virtud unidad del conocimiento, que permite a los profesores universitarios redescubrir “su voiluminando la inteligencia cación primordial a formar a las generaciones futuras, no solo y conjugando la fe con la con la enseñanza, sino también con el testimonio profético de cultura. Por último, propiciar su vida”22; es “reconocer que la profunda responsabilidad de relaciones interpersonales llevar a los jóvenes a la verdad no es más que un acto de amor.”23 significativas, promoviendo Habiendo, entonces, entendido que la caridad intelectual es una comunidades académicas virtud que abarca tanto a los profesores como a los estudiantes en la que se madura y se de una Universidad, tratemos ahora de responder a la tercera practica la caridad a ejemplo pregunta que nos hemos hecho al inicio de esta reflexión: ¿cómo del Evangelio. se puede vivir la caridad en una Universidad Católica?

La Caridad intelectual en la Universidad Católica Si sintetizamos el pensamiento de cada uno de los autores que hasta el momento hemos nombrado, podemos decir que en una Universidad Católica la caridad intelectual puede ser vivida bajo tres aspectos, a saber: primero, concebir el saber y la experiencia como dones de comunicación, reconciliando la fe con la razón. En segundo lugar, defender la unidad del conocimiento, iluminando la inteligencia y conjugando la fe con la cultura. Por último, pro19 Juan Pablo II, Discurso a los profesores y alumnos de la Universidad LUISS de Roma, 17 de noviembre de 1998, n.5. 20 Cf. Ibid., n. 2. 21 Benedicto XVI, Discurso al final del rezo del Santo Rosario en la V Jornada Europea de jóvenes universitarios, 10 de marzo de 2007. 22 Benedicto XVI, Discurso a los participantes del Encuentro europeo de profesores universitarios, 23 de junio de 2007. 23 Benedicto XVI, Discurso a los educadores católicos, Washington, 17 de abril de 2008.

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piciar relaciones interpersonales significativas, promoviendo comunidades académicas en las que se madura y se practica la caridad a ejemplo del Evangelio. Resumámoslo en tres acciones: de la comunicación a la comunión; de la integración a la unión; de la promoción de la hermandad a la evangelización. Veamos cada una de ellas. a. De la comunicación a la comunión La comunicación es una realidad que se hace presente en la Universidad de diferentes formas. No solo comunica el profesor que enseña, también lo hace el estudiante que participa activamente en la vida universitaria. Sin comunicación, la Universidad Católica no podría lograr su objetivo de la búsqueda de la verdad. Sin embargo, bajo la vivencia de la caridad intelectual, la comunicación del saber y de la experiencia obtiene otro sentido y alcanza mayores objetivos. Cuando el profesor o el estudiante experimentan la fuerza de la virtud de la caridad intelectual, la comunicación va más allá de lo real y se convierte en comunión. Esta comunión se refuerza si la comunicación es concebida y dirigida por el justo y verdadero equilibrio entre la fe y la razón. Dice la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiæ: “En la comunicación del saber se hace resaltar cómo la razón humana en su reflexión se abre a cuestiones siempre más vastas y cómo la respuesta completa a las mismas proviene de lo alto a través de la fe” (n. 20). Decía Juan Pablo II: “La fe pone en la mente una especie de inclinación connatural a la verdad, que consiente ir más allá de los estratos intermedios y provisionales de lo real para llegar al nivel donde cada significado alcanza su propia plenitud. Aquí la comunicación se desarrolla hasta llegar

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a ser comunión, donación de sí mismo, intercambio recíproco, participación profunda y vital en la que uno se da, y recibe del otro. […] Comunicar, pues, es aprender a vivir según la lógica de la entrega personal, es decir, del amor. La verdad plena de la comunicación se encuentra en la comunión”24. Se hace necesario, entonces, concebir la Universidad Católica como una comunidad que más allá de comunicar el don del saber y de la experiencia, crea y fomenta la comunión en la caridad, reconciliando la fe y la razón. La presencia de grandes profesores o de grandes maestros en la Universidad marca la vida de los estudiantes. “La experiencia enseña cuán importantes son las figuras de verdaderos maestros para comunicar no solo el contenido de los conocimientos y el método de estudio, sino también la íntima pasión por la “La propuesta de verdad, el esfuerzo moral que anima la investigación. [A los ver‘ensanchar los horizontes daderos profesores,] el conocimiento no se les ha dado para que de la racionalidad’ no lo guarden como posesión exclusiva o como medio de prestigio debe incluirse simplemente personal, sino para que lo compartan y comuniquen; y experientre las nuevas líneas de menta un gozo profundo quien, al comunicar un bien espiritual pensamiento teológico y como el saber, comprueba que no mengua ni se agota, sino que filosófico, sino que debe se multiplica y gana cada vez más en esa sencillez y claridad que entenderse como la petición es signo de la verdad”25. Recordaba Juan Pablo II, allá por los años 80: “La comunión dede una nueva apertura a la realidad a la que berá implicar también a los alumnos que, encauzados y edificados está llamada la persona antes por el ejemplo de sus profesores, estarán llamados a colabohumana en su uni-totalidad, rar ante todo con la diligencia en los compromisos académicos, superando antiguos prejuicios luego también con la asunción y ejecución de tareas particulares. y reduccionismos, para Si toda la comunidad de los profesores sabe mostrar un fuerte abrirse también así el camino espíritu de comunión eclesial, resultará de ello un testimonio del a una verdadera comprensión que se beneficiarán especialmente los alumnos”26.

de la modernidad”.

b. De la integración a la unión Otro de los aspectos principales que se propone la caridad intelectual es la unidad del conocimiento. Dicha unidad es llamada por la Ex corde Ecclesiæ integración del saber. Al respecto, citando una precedente afirmación de Juan Pablo II, dice que “una universidad, y especialmente una Universidad Católica, debe ser una «unidad viva» de organismos, dedicados a la investigación de la verdad... Es preciso, por lo tanto, promover tal superior síntesis del saber, en la que solamente se saciará aquella sed de verdad que está inscrita en lo más profundo del corazón humano” (n. 16). Con esto se deduce que para lograr la integración del saber, es necesario, sin duda alguna, que la Universidad se sienta unida en la búsqueda de la verdad, a pesar de poseer diferentes campos de estudio e investigación. 24 Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes participantes al Congreso UNIV’96, 2 de abril de 1996, n. 2. 25 Juan Pablo II, Discurso a los profesores universitarios en el Centro cultural anexo al Convento Santo Domingo, 18 de abril de 1982, n. 5. 26 Juan Pablo II, Discurso a los profesores y alumnos de la Pontificia Universidad Lateranense, 16 de febrero de 1980, n.6.

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Es, entonces, la preocupación por la investigación de la verdad la que propiciará la unión del conocimiento en toda la Universitas Docentium et Discentium. Para ello se requiere iluminar la inteligencia, o como lo ha llamado Benedicto XVI, ensanchar los horizontes de la razón, frente a una razón limitada. Dijo el Pontífice: “la propuesta de ‘ensanchar los horizontes de la racionalidad’ no debe incluirse simplemente entre las nuevas líneas de pensamiento teológico y filosófico, sino que debe entenderse como la petición de una nueva apertura a la realidad a la que está llamada la persona humana en su uni-totalidad, superando antiguos prejuicios y reduccionismos, para abrirse también así el camino a una verdadera comprensión de la modernidad”27. Para esto, la Universidad Católica, citando al Papa, debe: “hacer ciencia en el horizonte de una racionalidad verdadera, diversa de la que hoy domina ampliamente, según una razón abierta a la cuestión de la verdad y a los grandes valores inscritos en el ser mismo y, por consiguiente, abierta a lo trascendente, a Dios”28. Es en este último aspecto que se puede lograr la unidad del conocimiento, pues, sin ninguna apertura de la razón a lo trascendental, la enseñanza continuará siendo fragmentada, perjudicando, sin duda, al hombre y a la sociedad. Es, sobre todo, redescubrir que “entre los criterios que determinan el valor de una cultura, están, en primer lugar, el significado de la persona humana, su libertad, su dignidad, su sentido de la responsabilidad y su apertura a la trascendencia”29. c. De la promoción de la hermandad a la evangelización Cuando el otro es para mí un hermano, la vida, la formación y la misma Universidad son vividas de una manera muy diferente. En una Universidad Católica, la hermandad no viene dada por la pertenencia al grupo de profesores o por la mera inscripción del estudiante. Cuando afirmamos que —a diferencia 27 Benedicto XVI, Discurso a los participantes al VI Simposio europeo de profesores universitarios, 7 de junio de 2008. 28 Benedicto XVI, Discurso durante la Inauguración del 85° Curso académico en la Universidad Católica del Sagrado Corazón, Milán, 25 de noviembre de 2005. 29 Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiæ, 15 de agosto de 1990, n. 45.

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del relativismo, cuya única medida es el hombre y sus apetencias—, nuestra medida es Cristo, lo dijimos en sentido pleno. En Cristo se fundamenta la verdad, pero también en Cristo se origina nuestra hermandad. De hecho, el autor de la carta a los Hebreos, hablando de la obra de Cristo, no tiene duda en afirmar: “el que santifica y los que son santificados tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hb 2,11). Como declara, igualmente, San Pedro en su carta: “ustedes se han purificado para amarse sinceramente como hermanos. Ámense constantemente los unos a los otros con un corazón puro” (1P 1,22). Con todo esto, la vivencia de la caridad intelectual en la Uni“Guiados por las aportaciones específicas de versidad Católica impulsa a promover relaciones interpersonales la filosofía y de la teología, que se fundamenten en Cristo y que se refuercen en un maduro los estudios universitarios se sentido de hermandad. La Ex corde Ecclesiæ invita a que en las esforzarán constantemente Universidades Católicas se establezcan y se mantengan “relacioen determinar el lugar nes estrechas, personales y pastorales, […] caracterizadas por la correspondiente y el sentido confianza recíproca, colaboración coherente y continuo diálogo” de cada una de las diversas (n. 28). Pero, ¿cómo se podría establecer este tipo de relaciones disciplinas en el marco de humanas en una Universidad Católica? A mi parecer, una válida una visión de la persona respuesta nos la ofrece Benedicto XVI. Dijo el Pontífice: “El hombre humana y del mundo necesita amor, el hombre necesita verdad, para no perder el frágil iluminada por el Evangelio tesoro de la libertad […] La fe cristiana no hace de la caridad un y, consiguientemente, por sentimiento vago y compasivo, sino una fuerza capaz de iluminar la fe en Cristo-Logos, los senderos de la vida en todas sus expresiones […] de transformar como centro de la creación la vida de las personas y las estructuras mismas de la sociedad. y de la historia”. Este es un compromiso específico que la misión en la Universidad os llama a realizar como protagonistas, convencidos de que la fuerza del Evangelio es capaz de renovar las relaciones humanas y penetrar en el corazón de la realidad”30. Es esta —para mí— la respuesta: será la fuerza del Evangelio la que permitirá que en la Universidad se vivan relaciones humanas de fraternidad, fundadas en la caridad. En esta perspectiva de la hermandad animada por la caridad, se debe tener presente que el don más grande con el cual se puede enriquecer a otra persona, don de valor trascendente, es acercarla a Cristo, que es “camino, verdad y vida” (Jn 14,6), o reforzar su relación con Cristo. Este es el más grande acto de caridad. Es necesario, entonces, pasar de la promoción de la hermandad a la evangelización. Esta labor debe impregnar toda la universidad. Por ello, la Palabra de Dios no puede estar reservada para las Facultades Eclesiásticas; ella debe impregnar los estudios en las diversas facultades, aun en aquellas donde su presencia podría parecer inverosímil. El Evangelio, por una parte, no solo ayuda a la Universidad Católica a lograr la integración del saber, construyendo una ‘unidad viva’, dedicada a la investigación de la verdad, sino también, “guiados por las apor30 Benedicto XVI, Discurso a la comunidad de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Jesús, 21 de mayo de 2011.

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taciones específicas de la filosofía y de la teología, los estudios universitarios se esforzarán constantemente en determinar el lugar correspondiente y el sentido DESDE 1888 de cada una de las diversas disciplinas en el marco de una visión de la persona humana y del mundo iluminada por el Evangelio y, consiguientemente, por la fe en Cristo-Logos, como centro de la creación y de la historia”31. La presencia del Evangelio permitirá que en la Universidad Católica se edifiquen relaciones interpersonales maduras, hasta establecer la hermandad en Cristo, cuyo único objetivo es la búsqueda de la verdad que salva. Para ello, se requiere una renovada pastoral universitaria, que según el Documento de Aparecida, “acompañe la vida y el caminar de todos los miembros de la comunidad universitaria, promoviendo un encuentro personal y comprometido con Jesucristo, y múltiples iniciativas solidarias y misioneras” (n. 343). Como Universidad En consecuencia, los profesores y los estudiantes católicos de las Católica, llamados a universidades deben permanecer siempre en una estrecha unión evangelizar educando y con Cristo, deben alimentar su estudio y su enseñanza con la ora- a educar evangelizando, ción. En efecto, sin la oración, sin la contemplación, no podemos “debemos preocuparnos de ni siquiera comprender rectamente la verdad de la fe32. De este que el hombre no descarte modo, testimoniando la propia fe, ayudarán a los otros a acercar- la cuestión sobre Dios como se a Cristo. Como Universidad Católica, llamados a evangelizar cuestión esencial de su educando y a educar evangelizando, “debemos preocuparnos de existencia; preocuparnos que el hombre no descarte la cuestión sobre Dios como cuestión de que acepte esa cuestión y esencial de su existencia; preocuparnos de que acepte esa cuestión la nostalgia que en ella y la nostalgia que en ella se esconde”33. se esconde”.

Conclusión Habiendo, finalmente, profundizado algunas notas sobre la caridad intelectual, quisiera concluir recordando un bellísimo texto de San Pablo: “el amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor” (1 Cor 13,8-13). Auguro que esta Pontificia Universidad continúe escuchando la voz de la caridad intelectual, la cual la llama a ser parte activa de la Nueva Evangelización en Chile y en el mundo. Que el Dios del amor nos bendiga. 31 Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiæ, 15 de agosto de 1990, n. 16. 32 Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo millennio ineunte, 6 de enero de 2001, n. 20. 33 Benedicto XVI, Discurso a la Curia romana con ocasión del intercambio de felicitación navideña, 21 de diciembre de 2009

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RESPONDEN TRES RECTORES DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

En sus 125 años, ¿qué debe pensar la Universidad de sí misma?

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FOTOGRAFÍAS: RAÚL IRARRÁZABAL - OMAR FAÚNDEZ.


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Juan de Dios Vial Correa

Rector 1984 - 2000

A la Universidad Católica le fue revelado lo más medular de su exis-

tencia cuando Juan Pablo II dijo que ella brotaba “del Corazón de la Iglesia” (“Ex Corde Ecclesiae”). La Universidad no se da a sí misma su naturaleza e identidad, sino que esta le es dada desde lo más íntimo y esencial de la Iglesia. No se trata para nosotros tan solo de un hecho histórico —ser los naturales destinatarios de una Constitución Apostólica escrita por un Papa al que la Iglesia va próximamente a canonizar—, sino sobre todo de una definición del servicio a que están llamadas la Universidad y las personas que constituyen la comunidad universitaria. Ella da su marca fundamental a nuestra existencia como institución. Y se expresa en nuestra acción —se debe expresar en nuestra acción— tanto por la creación y desarrollo de nuevos conocimientos como por la formación de personas que entiendan esta misión. Nadie sabe lo que en una época de cambios y novedades bruscos y radicales puede deparar el futuro. Lo que sí se puede saber es que el futuro de la Universidad está indisolublemente ligado al seguimiento de Cristo en y con la Iglesia.

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Quisiera plantear mi reflexión sobre el ser y el quehacer de nuestra

Universidad al cumplir 125 años de vida, desde una perspectiva de pasado y otra de futuro. La primera se refiere a la pregunta que planteó Monseñor Joaquín Larraín en su memorable discurso inaugural: ¿Qué cosa es o debe ser una Universidad católica libre? Cada una de las características que nuestro primer rector mencionó en respuesta a esa interrogante, relativas a su tarea educativa, de investigación, como lugar de encuentro de fe y razón e, incluso, su gravitación social, están presentes en la Universidad Católica de hoy. Algunas de ellas, por la gracia de Dios, en una medida que Monseñor Larraín y la generación de los fundadores nunca soñó. Eso explica, también, el que haya alcanzado una posición de liderazgo académico que trasciende nuestras fronteras. Por otra parte, cumpliendo un anhelo de Monseñor Carlos Casanueva, uno de sus conductores más insignes, nuestra Universidad se ha involucrado en algunos de los problemas que aquejan a la sociedad chilena, aportando diagnósticos y soluciones que han contribuido a iluminar el camino de nuestro país hacia una etapa de mayor desarrollo. De cara al futuro, en un contexto nacional y global absolutamente distinto al que la vio nacer, pienso que el principal desafío que enfrenta nuestra Universidad es de índole cultural. Así lo han señalado sucesivos pontífices, desde Pablo VI a Benedicto XVI, exhortando a las universidades católicas a ser las constructoras de un nuevo humanismo. Eso implica vivir plenamente la vocación de ser universitas en sus dimensiones antropológica, epistemológica y gnoseológica. La dimensión antropológica involucra contar con

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Pedro Pablo Rosso

Rector 2000 - 2010

una comunidad universitaria “auténticamente humana”, sustentada por valores cristianos y una actitud de caridad intelectual. La segunda dimensión se refiere a proclamar, mediante la promoción de las actividades interdisciplinarias y el cultivo de la teología, la esencial unidad del saber. Finalmente, en el plano gnoseológico, buscar la verdad, toda la verdad, con la convicción de que la razón humana puede alcanzar verdades superiores; sin limitar a priori los alcances de la razón a una exploración de aquella realidad que abarca el método empírico. Es en ese humus de cultura académica donde puede florecer un proyecto educativo para el siglo XXI que, en palabras de Benedicto XVI, debe estar “al servicio de la realización de la persona humana en la verdad y en el amor”. Esa es la meta que otorga a nuestra Universidad su razón de ser y ennoblece su valioso esfuerzo.

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Desde su creación en 1888, la Universidad Católica ha sido fiel a su misión fundacional de servir a la Iglesia y al país en la incansable búsqueda de la verdad a la luz de la fe para transmitirla a sus estudiantes, académicos, profesionales y administrativos y a toda la sociedad en los ámbitos de la cultura, las ciencias, las humanidades y las artes. En el jubileo de sus 125 años de vida, renovamos nuestro compromiso con esa misión y con nuestra identidad católica. En todo este tiempo se ha ido forjando una historia de servicio en la formación de personas integrales, en hacer crecer el conocimiento, en aportar al desarrollo de la sociedad. Es el momento de pensar y reforzar la idea de una universidad que colabore con la evangelización de la cultura y promueva los valores de la solidaridad, la justicia, la equidad y la paz. Como institución católica de educación superior, queremos responder al llamado de nuestros pastores desde una perspectiva misionera que nos permita abrir las puertas del saber con alegría a todos aquellos que se interesen en desarrollar sus capacidades en nuestras aulas, sin exclusiones de ninguna naturaleza. Se hace urgente promover en nuestros alumnos los valores cristianos para que se conviertan en verdaderos protagonistas de cambio en la sociedad del siglo XXI. Cultivar el conocimiento es una tarea de toda la comunidad universitaria y nos debe conducir a atender en profundidad los problemas que enfrenta el país a través del estudio, entre otros, de temas como la dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad ciudadana, la distribución equitativa de los recursos, y un sistema económico y político que sirva mejor a las personas.

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Ignacio Sánchez Díaz

Rector 2010 - 2015

En nuestro quehacer propio de una universidad católica, nos hemos propuesto promover el diálogo entre la razón y la fe para fundamentar el trabajo de la investigación y el cultivo del saber en las distintas áreas del conocimiento. Para nosotros, sin fe no hay razón y sin razón no hay fe. Ambas se potencian una a otra en el camino de la búsqueda de la verdad; son las dos alas que tenemos para alcanzar el entendimiento pleno. La fe nos ilumina la razón y la razón nos reafirma en la fe. Fe y razón se constituyen en un diálogo por el cual trabajamos con pasión en la Universidad Católica. La fe nos abre el camino de búsqueda de la verdad, nos acerca a Dios, que es la verdad absoluta. Por eso, al cumplir 125 años de vida, pensamos una Universidad Católica que busca la verdad en el Señor, amándolo, conociéndolo cada día más, ubicándolo en el centro mismo del corazón de nuestra alma mater.

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«Era un respetable edificio armónico de 160 metros de largo, de gran presencia en la Alameda, principal avenida de Santiago, destacándose con su volumen unitario modulado que tenía 4 salientes que corresponden a los volúmenes que conforman los patios interiores, de composición clásica, con un piso zócalo, un cuerpo medio de 2 pisos, un cuarto piso de remate y un triple pórtico de acceso».

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Una Universidad Luminosa

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RECUERDOS Y REFLEXIONES SOBRE LA CASA CENTRAL

DESDE 1888

POR RAÚL IRARRÁZABAL COVARRUBIAS

T

En el lado poniente del

uve la bendición de estudiar mis primeros años de arquitectuedificio está el tercer patio, ra en la actual Casa Central de la Universidad Católica de Chile. que tiene una cubierta Fueron 2 años de fructíferos estudios, que luego prosiguieron en transparente y sirve para el campus El Comendador. las actividades del Centro Era un respetable edificio armónico de 160 metros de largo, de Extensión. Estos tres de gran presencia en la Alameda, principal avenida de Santiago, patios, muy diferentes entre destacándose con su volumen unitario modulado que tenía 4 sí, corresponden a la mejor salientes que corresponden a los volúmenes que conforman los tradición de los claustros patios interiores, de composición clásica, con un piso zócalo, un universitarios, donde una cuerpo medio de 2 pisos, un cuarto piso de remate y un triple interioridad tranquila pórtico de acceso. Sus arquitectos fueron Emilio Jéquier, Manuel favorece el encuentro y el Cifuentes y Eduardo Provasoli. Su volumen compacto de vigorosa intercambio entre profesores arquitectura color ocre claro miraba hacia el norte y se animaba y alumnos de diversos cursos con el paso del sol. Me admiraba su planta de gran claridad y y escuelas. simplicidad, lo que debería inspirar a las nuevas construcciones. En el primer día de clases entré impresionado por este noble edificio, y me recibió paternalmente la estatua de Mons. Crescente Errázuriz y la imagen del Sagrado Corazón con los brazos abiertos, Patrono de la Universidad, ubicada en la parte superior del edificio, resaltando contra el cielo. Al fondo de la sala de recepción también me acogió el busto de Monseñor Joaquín Larraín, fundador y primer rector. Subiendo por la escala, iluminada desde arriba por una fina luz de los vitrales, me encontré con la capilla, corazón de la universidad, que era muy concurrida y también tenía vitrales. Avancé por los pórticos del segundo piso, y miré desde arriba hacia el luminoso patio central, de suelo duro, que más tarde sirvió para recibir al querido Papa Juan Pablo II. Actualmente tiene una fuente central y una estatua recordando el acontecimiento. Sigo avanzando, y llego al Patio de la Virgen, con grandes árboles y la imagen blanca de la Virgen María, símbolo de la vo-

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cación mariana de la universidad y regalo del benefactor Fernando Irarrázabal. Más atrás, bajando al primer piso y dando a la Avenida Portugal, estaba la Biblioteca Central de la Universidad, magnífica sala de 10 metros de altura, con un Cristo al fondo y ventanas altas abiertas hacia el oriente por donde entraba el sol de la mañana con unos potentes haces de luz natural que cruzaban desde arriba el espacio. Actualmente aquí está el Auditorium Manuel José Irarrázabal. Desgraciadamente ya no están el Cristo y los valiosos libros, los cuales espero que vuelvan a su lugar original. En el lado poniente del edificio está el tercer patio, que tiene una cubierta transparente y sirve para las actividades del Centro de Extensión. Estos tres patios, muy diferentes entre sí, corresponden a la mejor tradición de los claustros universitarios, donde una interioridad tranquila favorece el Esta vida universitaria encuentro y el intercambio entre profesores y alumnos de diversos tiene relación con el ideal cursos y escuelas. Además tienen pórticos continuos, pintados de de Universidad propuesto un color amarillo claro que refleja a la luz. Estos pórticos dan la por el Cardenal John Henry escala humana en el patio, y tienen bancos para sentarse. Al salir de la Universidad había una gradación de luz desde Newman, quien fue alumno las salas de clase con luz medida, los pórticos con más luz, el y maestro de la célebre Universidad de Oxford, y patio con más luz todavía, y la Alameda con luz plena. Recuerdo escribió el poema: «Guíame que en los patios uno se encontraba con profesores y alumnos de Luz bondadosa, en medio diferentes escuelas como Pedro Lira Urquieta, muy sonriente, de las tinieblas, guíame decano de Derecho; Julio Chaná Cariola, de humor agudo, decano adelante», refiriéndose a la de Economía; el sabio jurista Julio Philippi Izquierdo, el destacado Luz de Cristo. El objetivo filósofo Juan de Dios Vial Larraín, el médico y futuro rector Juan de la Universidad ideal era de Dios Vial Correa, el físico Carlos Hailmaier, que tenía a su el saber universal según cargo el Observatorio Astronómico de la universidad; el original las antiguas disciplinas: médico Joaquín Luco, el pintor Mario Carreño, especialista en los Teología, Filosofía y Letras, colores; el músico Samuel Claro Valdés, de gran sensibilidad, o Derecho y Economía, el vicerrector Raúl Pérez Olmedo, que caminaba por los pórticos Medicina y Ciencias. rezando el Rosario; más muchos compañeros de generación y amigos, que estudiaban en otras escuelas y venían a esta tertulia al aire libre, conversando animadamente. La Universidad se parecía a una gran familia. Actualmente el Centro de Extensión, muy bien habilitado en torno al patio oriente y al espléndido auditorium Cardenal Francisco Fresno, cumple sumamente bien la función de relacionar a los diferentes campus, junto con la Revista Humanitas, que es un puente magnífico de la Universidad con el magisterio de la Santa Sede. Esta vida universitaria tiene relación con el ideal de Universidad propuesto por el Cardenal John Henry Newman, quien fue alumno y maestro de la célebre Universidad de Oxford, y escribió el poema: «Guíame Luz bondadosa, en medio de las tinieblas, guíame adelante», refiriéndose a la Luz de Cristo. El objetivo de la Universidad ideal era el saber universal según las antiguas disciplinas: Teología, Filosofía y Letras, Derecho y Economía, Medicina y Ciencias. Para él la esencia de la Universidad es la comunidad docente, con profesores de inspirada

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«Actualmente el Centro de Extensión, muy bien habilitado en torno al patio oriente y al espléndido auditorium Cardenal Francisco Fresno, cumple sumamente bien la función de relacionar a los diferentes campus, junto con la Revista Humanitas, que es un puente magnífico de la Universidad con el magisterio de la Santa Sede».

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Lo que se mantiene es el Alma Mater de nuestra querida Universidad. El espíritu de los fundadores de la búsqueda de la Verdad, de la Luz, y de la Santidad, se expresa en los dos santos chilenos cuyas imágenes están en la Capilla: Alberto Hurtado como estudiante de Leyes y Juanita Fernández, quien estudió en la vecindad. La buena nueva de una Fe luminosa está en nuestro hermoso himno universitario: «Por la Patria, Dios y la Universidad».

vocación y alumnos con ideales de santidad cristiana. El saber universal está representado por el edificio de volumen unitario. El claustro universitario caracteriza a las mejores universidades europeas, como las de Salamanca, Granada y Alcalá de Henares en España; la Sapienza y Padua en Italia; la Sorbonne en Francia; Oxford y Cambridge en Inglaterra; Coimbra en Portugal. Otros ejemplos son los cuadriláteros de la Universidad de Harvard, los claustros cubiertos de la Casa Central de la Universidad de Chile, los de la Universidad de los Andes y de algunos colegios tradicionales de Santiago. Tengo el mejor recuerdo de los años en la Casa Central. La Escuela de Arquitectura estaba en el cuarto piso, y había que hacer un saludable ejercicio para llegar a las salas de clases, desde donde teníamos una buena visión de la ciudad. Existía una interesante vida universitaria, y bajábamos a participar en ella. El día del Sagrado Corazón se hacía una procesión por los claustros, que terminaba con una Misa solemne en el Gimnasio. Teníamos conferencias de profesores chilenos y de visitantes ilustres y conciertos de buena música en el Salón de Honor. Recuerdo interesantísimas conferencias del vehemente y claro Padre Osvaldo Lira, de los filósofos franceses Gabriel Marcel y Etienne Gilson, del peruano Alberto Wagner de Reyna, del boliviano Jorge Siles, del pintor Roberto Matta, del músico Juan Orrego Salas. Asistíamos como oyentes a las clases de Historia de Chile de Jaime Eyzaguirre en la Escuela de Leyes, y a operaciones quirúrgicas en la Escuela de Medicina, participábamos en los conviviums de la Sala Finis Terrae, donde se redactaba la excelente revista del mismo nombre, de gran vuelo intelectual, dirigida por

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El gran número de buenos profesionales, personas generosas con su saber y premios nacionales que han sido profesores o alumnos de la Universidad en los campos más variados son el mejor fruto de su Alma Mater: Una Verdad universal, una sola Fe, una sola Luz. Nuestra oración universitaria es «Guíame, Luz bondadosa». Por la gracia divina, la Luz llega, y la Universidad la transmite. Nuestra Universidad es luminosa en la medida que irradia la Luz de Cristo.

el ya mencionado Jaime Eyzaguirre. Jugábamos básquetbol en el gimnasio ubicado al interior, bajo la inscripción «Mens sana in corpore sano», con una estimulante competencia entre las diferentes escuelas. Salíamos a la Alameda a celebrar la Fiesta de la Primavera, con unos desfiles de mucho ingenio y humor. Nos trasladábamos al Estadio Nacional para participar en el Clásico Universitario de fútbol, con la entusiasta barra dirigida por Germán Becker y la presidencia de los dos rectores, Juvenal Hernández y Carlos Casanueva, de santa memoria. Estos son recuerdos de hace 55 años. Para el bien de la Patria, la Universidad ha crecido mucho y del edificio unitario se ha pasado a muchos campus ubicados en distintos barrios de Santiago y en diferentes ciudades. Lo que se mantiene es el Alma Mater de nuestra querida Universidad. El espíritu de los fundadores de la búsqueda de la Verdad, de la Luz, y de la Santidad, se expresa en los dos santos chilenos cuyas imágenes están en la Capilla: Alberto Hurtado como estudiante de Leyes y Juanita Fernández, quien estudió en la vecindad. La buena nueva de una Fe luminosa está en nuestro hermoso himno universitario: «Por la Patria, Dios y la Universidad». El gran número de buenos profesionales, personas generosas con su saber y premios nacionales que han sido profesores o alumnos de la Universidad en los campos más variados son el mejor fruto de su Alma Mater: Una Verdad universal, una sola Fe, una sola Luz. Nuestra oración universitaria es «Guíame, Luz bondadosa». Por la gracia divina, la Luz llega, y la Universidad la transmite. Nuestra Universidad es luminosa en la medida que irradia la Luz de Cristo.

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ÂŤVidriera ornamental de la Achsenkapelle (capilla axial). Colonia, Catedral, coro sur II, 6a. Colonia, hacia 1330-40Âť.

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Una Universidad Católica POR JEAN-LOUIS BRUGUÈS O.P.

I. Una de las primeras “potencias educativas” Los cuatro años y medio que pasé en la Congregación para la Educación Católica de Roma me proporcionaron una visión más amplia. La Iglesia Católica puede estar orgullosa de su enseñanza superior, en primer lugar en razón del número. El desarrollo ha sido considerable en el curso de los últimos cincuenta años: ahora la cifra global de las universidades católicas es cercana a 1.300 y las solicitudes de creación se multiplican. Los sectores más dinámicos se encuentran hoy en América Latina, en África y en la India. Si agregamos que 250.000 escuelas se consideran católicas fuera de África y Asia, debemos concluir que la Iglesia se ha convertido en una de las primeras potencias educativas del mundo. Esta “potencia” no es del gusto de todos, y podemos adivinar sin dificultad de dónde vienen los golpes que apuntan a poner en duda la rectitud y las capacidades pedagógicas del personal de la Iglesia. Sin embargo, es precisamente la calidad de esta enseñanza lo que merece especial mención. En América Latina, por ejemplo, las universidades administradas por la Iglesia figuran entre las mejores de cada país, es decir, del continente. De acuerdo con una clasificación establecida este año por los QS World University Rankings, que seleccionaron 2.500 establecimientos, la Pontificia Universidad de Santiago de Chile se considera una de las doscientas mejores del mundo y la tercera de América Latina. Al ser recibido en esta ciudad, en el año 2009, en calidad de francés no podía dar crédito a mis oídos al escuchar al ministro de Educación de esa época, un socialista, confiar que ante cualquier perspectiva de reforma de la educación, se comenzaba recogiendo la opinión de las universidades católicas, consideradas más confiables que las públicas… En marzo pasado, descubriendo el magnífico campus de Notre-Dame (Indiana) —¡en sí mismo una ciudad!—, constataba que profesores provenientes de las prestigiosas universidades de Yale o de Princeton no vacilaban en impartir allí sus cursos, mientras sus propios docentes recibían de todas partes invitaciones a los Estados Unidos y al extranjero. En Italia, no es raro que, para analizar un determinado fenómeno social o el alcance de un descubrimiento científico, la televisión pública solicite la opinión de los investigadores que trabajan en universidades católicas como la del Sacro Cuore, en Milán.

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EN AMÉRICA LATINA, POR EJEMPLO, LAS UNIVERSIDADES ADMINISTRADAS POR LA IGLESIA FIGURAN ENTRE LAS MEJORES DE CADA PAÍS, ES DECIR, DEL CONTINENTE. DE ACUERDO CON UNA CLASIFICACIÓN ESTABLECIDA ESTE AÑO POR LOS QS WORLD UNIVERSITY RANKINGS, QUE SELECCIONARON 2.500 ESTABLECIMIENTOS, LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CHILE SE CONSIDERA UNA DE LAS DOSCIENTAS MEJORES DEL MUNDO Y LA TERCERA DE AMÉRICA LATINA.

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HEMOS CONSERVADO LA VISIÓN MEDIEVAL SEGÚN LA CUAL LA TEOLOGÍA ERA LA “REINA DE LAS CIENCIAS”. DE ESTO SE DESPRENDE QUE LA FACULTAD DE TEOLOGÍA DESEMPEÑA EL ROL DE PRINCEPS Y POR CONSIGUIENTE DEBE OCUPAR EL CENTRO NO SOLO DE LAS UNIVERSIDADES ECLESIÁSTICAS, SINO TAMBIÉN DE LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS.

Sin embargo, en todas partes del mundo se repite con la insistencia de un leitmotiv una obsesiva pregunta: ¿qué es una universidad católica? La secularización, ciertamente distinta en cada país, pero ahora presente en todas partes; el crisol social, el pluralismo de las tradiciones espirituales, la sospecha existente en Occidente con todas las religiones, a menudo acusadas de división social y de ser factores de violencia, y paralelamente la ascensión de un indiferentismo masivo a la dimensión trascendental de la existencia humana, obligan a reexaminar la cuestión de la identidad católica de los establecimientos de estudios superiores confiados a la Iglesia. Para tratar de resolver esta interrogante, es preciso responder en primer lugar una pregunta previa: ¿por qué la Iglesia experimenta la necesidad de crear y administrar universidades? Los Padres del Concilio Vaticano II proporcionaron una primera respuesta: en las instituciones católicas de enseñanza superior “ha de hacerse como pública, estable y universal la presencia del pensamiento cristiano en el empeño de promover la cultura superior y que los alumnos de estos institutos se formen hombres prestigiosos por su doctrina, preparados para el desempeño de las funciones más importantes en la sociedad y testigos de la fe en el mundo”1. Esto podría completarse con otra consideración: para la Iglesia, la universidad católica representa un medio privilegiado para participar en la cultura del país y ser un agente activo de la misma. Imaginemos cómo sería la credibilidad de la Iglesia, sobre todo en sociedades secularizadas que nada ponen por encima de la competencia profesional, si los mejores científicos, los mejores economistas y los mejores arquitectos egresaran de sus universidades, o —más aún— si la moral sexual católica fuera explicada —de no ser también defendida— por los mejores médicos. Como declaraba Juan Pablo II, para la Iglesia Católica el mundo de la educación superior constituye “un campo privilegiado para su obra de evangelización y su presencia cultural”2. Es comprensible que el buen funcionamiento de la Universidad constituya un tema de gran atención por parte de cada papa moderno. Esto es especialmente evidente con Benedicto XVI.

II Las instituciones eclesiásticas

1 Concilio Vaticano II, Declaración Gravissimum educationis, n. 10. 2 Juan Pablo II, Discurso al Consejo Pontificio de la Cultura (15 de enero de 1988), n. 5, Insegnamenti, 11/1 (1988), p. 103.

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Recordemos una distinción primordial y sin embargo a menudo ignorada. El Código de Derecho Canónico (n. 807-821) considera dos tipos de instituciones universitarias vinculadas con la Iglesia. Las primeras son las Universidades y las Facultades eclesiásticas. Su finalidad es promover los estudios llamados “eclesiásticos”, entendiéndose estos como las disciplinas propias de las ciencias sagradas: la teología, la filosofía y el derecho canónico, por nombrar las más conocidas. La


lista no está en absoluto cerrada; también podríamos mencionar la historia eclesiástica, la doctrina social de la Iglesia, la misiología, la literatura eclesiástica (hay dos facultades de este tipo, en Roma y en Madrid), etc. Estas instituciones, creadas por la única Sede Apostólica, se rigen por la Constitución Apostólica Sapientia christiana del 15 de abril de 1979, y otorgan los títulos académicos en nombre de la Santa Sede y bajo su autoridad. En el año 2005 eran 258. La más reciente es la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, fundada en julio de 2011, solo algunas semanas antes de las “Jornadas Mundiales de la Juventud” en Madrid. Aquí siempre está directamente implicada la responsabilidad de la Congregación romana, en la medida en que le incumbe promulgar el decreto de constitución, aprobar los estatutos y programas, nombrar o confirmar su rector (o presidente) y su decano, dar el nihil obstat para el nombramiento de los profesores y estudiar la relación trienal elaborada y enviada por cada una de las instituciones. La Constitución Sapientia christiana (art. 3) asigna tres objetivos a estas instituciones: “1. Cultivar y promover, mediante la investigación científica, las propias disciplinas y, ante todo, ahondar cada vez más en el conocimiento de la Revelación cristiana y de lo relacionado con ella, estudiar a fondo sistemáticamente las verdades que en ella se contienen, reflexionar a la luz de la Revelación sobre las cuestiones que plantea cada época, y presentarlas a los hombres contemporáneos de manera adecuada a las diversas culturas. 2. Dar una formación superior a los alumnos en las propias disciplinas según la doctrina católica, prepararlos convenientemente para el ejercicio de los diversos cargos y promover la formación continua o permanente de los ministros de la Iglesia. 3. Prestar su valiosa colaboración, según la propia índole y en estrecha comunión con la jerarquía, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal en toda la labor de evangelización”. Se ve que la institución no vive únicamente para sí misma, sino que por naturaleza se encuentra al servicio de la Iglesia. La situación de estos centros académicos es muy variada: algunos están constituidos por una sola facultad autónoma; otros por un conjunto de facultades eclesiásticas (se habla entonces de ateneos o de universidades eclesiásticas); otros —el caso más frecuente— son parte de universidades católicas, junto a facultades que imparten las materias profanas, y otros por último están insertos en universidades estatales, junto a facultades regidas únicamente por la ley civil (situación frecuente en los países concordatarios, como Alemania y Polonia). Hemos conservado la visión medieval según la cual la teología era la “reina de las ciencias”. De esto se desprende que la facultad de teología desempeña el rol de princeps y por consiguiente debe ocupar el centro no solo de las universidades eclesiásticas, sino también de las universidades católicas. Su finalidad, expuesta en Sapientia christiana,

EN EL ORIGEN DE CASI TODAS LAS UNIVERSIDADES, ENCONTRAMOS UNA BULA PAPAL AUTORIZANDO SU FUNDACIÓN O AL MENOS CONFIRMÁNDOLA. PRECISAMENTE POR ESTE MOTIVO JUAN PABLO II DESEÓ QUE LA CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA SOBRE LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS —LA “MAGNA CHARTA” DE LAS INSTITUCIONES CATÓLICAS DE ENSEÑANZA SUPERIOR— COMENZARA CON ESTAS TRES PALABRAS SIGNIFICATIVAS: EX CORDE ECCLESIAE, “(NACIDA) DEL CORAZÓN DE LA IGLESIA”.

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LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS PRESENTAN UN ETHOS ESPECÍFICO, UNA CONCIENCIA QUE PERMANECE INCLUSO AL SER TRAICIONADA POR INDIVIDUOS EN EL SENO DE LA INSTITUCIÓN. MEJOR AÚN, LOS ESTABLECIMIENTOS CATÓLICOS DE ENSEÑANZA SUPERIOR SON EXPRESIONES ESTRUCTURADAS DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA.

es “profundizar y estudiar sistemáticamente con su propio método la doctrina católica, sacada de la divina Revelación con máxima diligencia; y también buscar diligentemente las soluciones de los problemas humanos a la luz de la misma Revelación” (art. 66). La facultad de teología está compuesta al menos por doce profesores estables, libres de otros cargos no compatibles con su deber de investigar y enseñar de la manera que se exija en los estatutos a cada una de las clases de profesores (art. 29). Así, el carácter católico de una universidad depende en gran medida de la presencia de una facultad eclesiástica de teología en su centro, percibido al mismo tiempo como hogar de doctrina y pulmón espiritual. Esta facultad debería proporcionar, sin excepción, a todos los estudiantes de la universidad que cursan estudios profanos una enseñanza fundamental al menos en antropología y en ética cristianas. En la mayor parte de las universidades se ha comprendido hoy esta necesidad, lo cual representa un avance considerable en los últimos años. Sin embargo, la formación cristiana básica entregada no siempre es asegurada por facultades eclesiásticas, sino por ciertos departamentos o institutos. Así ocurre con casi todas las universidades norteamericanas, donde los títulos de teología son objeto de reconocimiento legal, pero no eclesiástico. La enseñanza suele ser buena, incluso muy buena, pero no hay seguridad de que los grandes cancilleres o los Boards of trustees tengan capacidad o buena disposición para verificar y garantizar la ortodoxia.

III Las universidades católicas Junto a las instituciones eclesiásticas, el Código de Derecho Canónico incluye las universidades católicas. Constituidas por facultades, institutos y escuelas, éstas ofrecen a unos 4.700.000 estudiantes de muy distintas partes del mundo una enseñanza en una amplia diversidad de disciplinas profanas. Regidas por la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae del 15 de agosto de 1990, las universidades católicas pueden ser creadas por los obispos diocesanos, las conferencias episcopales, las congregaciones religiosas, las asociaciones católicas, incluso de laicos de acuerdo con su obispo, y ciertamente la Santa Sede. Recién hemos dicho por qué la existencia de una facultad eclesiástica de teología representaba la primera condición para la catolicidad de la universidad. Esta afirmación no cae de su propio peso. En mi gira por nuestros establecimientos del mundo encontré en distintas partes sospechas ante todo lo que venía de Roma, como si el gobierno central de la Iglesia procurase imponer una especie de procedimiento inquisitorial para hacer triunfar la sana doctrina. Me parece probar esto el hecho de que no todos los lugares donde se enseña teología

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son facultades eclesiásticas, y cuando estas existen, no es raro que cultiven lo que yo llamaría un repliegue cultural: valorizar lo que es local en detrimento de lo universal. La tentación galicana está lejos de representar una particularidad francesa. Esta tentación se corresponde en gran medida con el espíritu de la época. Sin embargo, tiene como fundamento un error histórico3. Contrariamente a una persistente interpretación, producto de una reinterpretación de la historia llevada a cabo por las Luces, releída ampliamente por una visión evolucionista de raigambre marxista, las universidades medievales no fueron fundadas por corporaciones de laicos en oposición a la opresión clerical ni por una base que combatiese la alienación proveniente del poder superior. Por el contrario, a raíz de una preocupación por garantizar la libertad de enseñanza y de investigación, esos primeros centros de pensamiento se apoyaron en Roma con el fin de sacudir el yugo de las instituciones locales y diocesanas, y más aún de las instituciones civiles, deseosas de reclutar (¡ya en esa época!) estudiantes e inteligencias al servicio de sus propias causas. El riesgo no provenía de la lejana Roma, sino de las instituciones cercanas y de los clericalismos de todo tipo. Así, en el origen de casi todas las universidades, encontramos una bula papal autorizando su fundación o al menos confirmándola. Precisamente por este motivo Juan Pablo II deseó que la Constitución Apostólica sobre las universidades católicas —la “Magna charta” de las instituciones católicas de enseñanza superior— comenzara con estas tres palabras significativas: Ex Corde Ecclesiae, “(nacida) del corazón de la Iglesia”4. Junto con conservar la autonomía ligada a su propia naturaleza, cada Universidad católica está llamada a desempeñar un rol especial en el corazón mismo de la vida de la Iglesia. ¿Qué hace que una institución de enseñanza superior pueda ser calificada como “católica”? ¿Qué diferencias hay entre las universidades católicas y las demás? Según la respuesta que viene a la mente con más frecuencia, la universidad católica es un centro académico caracterizado en primer lugar por la presencia de personas que, animadas por su fe y siendo fieles al Magisterio de la Iglesia, trabajan en la renovación del orden temporal5, en el campo específico de la educación superior. Esta respuesta parece justa: es deseable, en efecto, que los profesores de una universidad católica sean en gran medida católicos comprometidos, y esto es aún más válido para quienes, ejerciendo funciones de responsabilidad, como el rector o los decanos, adquieren necesariamente carácter de figuras ejemplares. Sin embargo, existe el riesgo de que los profesores, el personal y los ejecutivos procedan únicamente como individuos: su buena voluntad, su compromiso y su testimonio resultan ser más individuales que institucionales. Ahora bien, una

EN LA DECLARACIÓN GRAVISSIMUM EDUCATIONIS, LOS PADRES DEL CONCILIO NADA DICEN SOBRE LA NECESIDAD DE PROTEGER Y FAVORECER LA IDENTIDAD DE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS DE LA IGLESIA. SOLO A PARTIR DE LA AGITACIÓN PRODUCIDA A RAÍZ DE MAYO DEL 68, LA SANTA SEDE COMPRENDIÓ EL DESAFÍO REPRESENTADO POR ESTA CUESTIÓN, Y POR CONSIGUIENTE DESPLEGÓ UNA POLÍTICA SOBRE LA CUAL SE RECUERDAN AQUÍ LOS RASGOS ESENCIALES.

3 Estas líneas han sido inspiradas en gran medida por Monseñor Pascal Ide, el cual, situado a la cabeza del departamento de las universidades, siempre ha sido para mí un colaborador fiel y muy competente. 4 JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, 15 de agosto de 1990, n. 1. De hecho, solo a partir de la Reforma protestante se agregó el adjetivo “católico” al sustantivo “Universidad” para distinguir las Universidades católicas de todas las nuevas Universidades protestantes. La expresión “Magna charta” es del Papa (n. 8). 5 Ver CONCILIO VATICANO II, Constitución Lumen gentium, n. 37

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COMO DECLARABA JUAN PABLO II, PARA LA IGLESIA CATÓLICA EL MUNDO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR CONSTITUYE “UN CAMPO PRIVILEGIADO PARA SU OBRA DE EVANGELIZACIÓN Y SU PRESENCIA CULTURAL”.

universidad católica no es una recolección de individuos; es algo más que un grupo de personas que piensan lo mismo y trabajan, por mediación de una carta civil, en la promoción de la educación superior. Precisamente en calidad de instituciones las universidades católicas presentan “un ethos específico, una conciencia que permanece incluso al ser traicionada por individuos en el seno de la institución6. Mejor aún, los establecimientos católicos de enseñanza superior son expresiones estructuradas de la misión de la Iglesia; constituyen instituciones reconocidas públicamente cuyas actividades académicas fundamentales, la escolarización y el servicio, “deberán vincularse y armonizarse con la misión evangelizadora de la Iglesia”7. En cuanto tales, aceptan los derechos y las responsabilidades correspondientes a su relación visible con la Iglesia local y universal. Juan Pablo II confirmaba que la Universidad Católica debía manifestar “una inspiración cristiana por parte no solo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal”8. En otras palabras, es preciso garantizarle, de manera institucional y no puramente personal, una auténtica presencia cristiana en el mundo de la educación superior. Esta exigencia genera consecuencias prácticas que es preciso estudiar ahora.

IV Las condiciones prácticas de la identidad católica 6 Francis GEORGE, “Catholic Higher Education and Ecclesial Communion”, Origins, 28/35 (18 de febrero de 1999), p. 611; ver Donald WUERL, “The Institutional Identity of a Catholic University”, Origins, 29/15 (23 de septiembre de 1999), p. 234. 7 JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, n. 49. 8 Id., n. 13. 9 Ver op. cit., n. 10. 10 Me remito al importantísimo documento de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), La Universidad católica en el mundo moderno (1972), que a la luz del Concilio Vaticano II delimita las cuatro características de la universidad católica. Estas se integraron in toto 18 años después, en la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (n. 13). 11 JUAN PABLO II, Discurso a la Comunidad académica de la Xavier University de Nueva Orleans, 12 de septiembre de 1987, Origins, 17/15 (1º de octubre de 1987), p. 269.

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En la declaración Gravissimum educationis, los Padres del Concilio nada dicen sobre la necesidad de proteger y favorecer la identidad de las instituciones educativas de la Iglesia9. Solo a partir de la agitación producida a raíz de mayo del 68, la Santa Sede comprendió el desafío representado por esta cuestión10, y por consiguiente desplegó una política sobre la cual se recuerdan aquí los rasgos esenciales. 1. La misión del obispo En los debates que tuvieron lugar antes y después de la publicación de la Constitución Ex Corde Ecclesiae, muchos comentaristas sugirieron que la autonomía institucional de las universidades católicas, con excepción de aquellas creadas por la Santa Sede, requeriría que el Papa y los obispos se mantuviesen a distancia. Los críticos querían separar de la cuestión de la identidad católica la condición previa de un vínculo jurídico con la Iglesia visible. Según ellos, el Papa y los obispos debían ser desplazados fuera del juego. Así, en 1967, por “fidelidad al espíritu del Concilio” (!), la mayoría de los obispos y superiores religiosos estadounidenses delegaron a los laicos la responsabilidad de las universidades que hasta ese momento dependían de ellos. Juan Pablo II defendió una perspectiva contraria. Insistió en el hecho de que el obispo local, lejos de ser un “agente externo”11,


“EL OBJETIVO DE UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA —EXPLICA EL NÚMERO 13 DE EX CORDE ECCLESIAE— ES GARANTIZAR EN FORMA INSTITUCIONAL UNA PRESENCIA CRISTIANA EN EL MUNDO UNIVERSITARIO FRENTE A LOS GRANDES PROBLEMAS DE LA SOCIEDAD Y LA CULTURA.

«Guirnalda de palmas en forma de S. Hacia 1230-1240. El acristalamiento monocromo del claustro refleja la austeridad de la orden cisterciense».

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LA VOCACIÓN DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA ES TRIPLE: BUSCAR LA VERDAD; TRANSMITIRLA DE MANERA DESINTERESADA “A LOS JÓVENES Y A TODOS AQUELLOS QUE APRENDEN A RAZONAR CON RIGOR, PARA OBRAR CON RECTITUD Y PARA SERVIR MEJOR A LA SOCIEDAD”; SERVIR A LA SOCIEDAD Y A LA IGLESIA.

12 JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, n. 28. 13 CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 2044, n. 135.

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participaba en forma inmediata en la vida de la Universidad: esta, como todas las instituciones católicas, era parte de su carga pastoral. Además, no podía emplearse la designación “católica”, de manera explícita o implícita, sin intervención de la autoridad episcopal o papal: “Los Obispos —declara Ex Corde Ecclesiae— tienen la particular responsabilidad de promover las Universidades Católicas y, especialmente, de seguirlas y asistirlas en el mantenimiento y fortalecimiento de su identidad católica”12. El Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos, publicado en el año 2004 con el fin de servir como guía de las responsabilidades del obispo, confirma que es propio de su tarea “vigilar para que no decaiga en las universidades la fidelidad a las líneas de su identidad católica”, respetando al mismo tiempo la autonomía de la institución universitaria según sus propios estatutos13. Es preciso por tanto animar a los obispos para que desempeñen plenamente su cargo de Grandes Cancilleres: es propio de su munus docendi. Su rol no se limita a una vigilancia doctrinal, extendiéndose también a todo cuanto concierne la proyección y la promoción de la universidad; por ejemplo, reuniéndose de buen grado con sus profesores y ejecutivos, por no decir la puesta en ejecución de una pastoral de los estudiantes. 2. Las “marcas” de la catolicidad “El objetivo de una Universidad Católica —explica el número 13 de Ex Corde Ecclesiae— es garantizar en forma institucional una presencia cristiana en el mundo universitario frente a los grandes problemas de la sociedad y la cultura. Ella debe poseer, en su calidad de católica, las siguientes características esenciales: • una inspiración cristiana por parte no solo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal; • una reflexión continua a la luz de la fe católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, al que trata de ofrecer una contribución con las propias investigaciones; • la fidelidad al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia; • el esfuerzo institucional al servicio del pueblo de Dios y de la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo trascendente que da sentido a la vida”. La identidad de la universidad católica dicta su misión, que consiste en estar al servicio de la Iglesia y de la sociedad, ofrecer a los diversos integrantes de la comunidad educacional (profesores, estudiantes, dirigentes y personal administrativo) una presencia pastoral, promover el diálogo cultural y entregar su contribución a la evangelización (n. 39-40). Por estos conceptos, especialmente la preocupación por servir a la sociedad y promover la cultura, la universidad católica


está llamada a desempeñar un rol en el fenómeno de la globalización. Estas consideraciones generales generan cierto número de consecuencias prácticas de orden más institucional. La vocación de la universidad católica es triple: buscar la verdad; transmitirla de manera desinteresada “a los jóvenes y a todos aquellos que aprenden a razonar con rigor, para obrar con rectitud y para servir mejor a la sociedad”14; servir a la sociedad y a la Iglesia. 3. La búsqueda de la verdad Lo recién enunciado muestra de manera evidente la importancia de la búsqueda de la verdad. Esta —explica la Constitución— abarca cuatro aspectos: • la integración del conocimiento en una síntesis superior, tanto más necesaria por cuanto hoy el saber no cesa de especializarse y fragmentarse; • el diálogo —tal como se definirá en la encíclica Fides et ratio— entre fe y razón que, respetando los campos y los métodos específicos, “se encuentran en la única verdad”15; • la preocupación ética, ya que el saber está al servicio de la persona humana y su dignidad; • la perspectiva teológica, ya que esta “desempeña un papel particularmente importante en la búsqueda de una síntesis del saber”: precisamente por este motivo es importante que la Universidad tenga “al menos una cátedra de teología”16. La verdad buscada y descubierta se comunica en la enseñanza, que presenta por su parte cuatro aspectos en estrecha relación con lo señalado sobre la búsqueda de la verdad: la interdisciplinariedad; la apertura de la razón humana a las cuestiones de la fe; las implicaciones morales; el esclarecimiento propio de la teología católica17. Encontramos ahí una exigencia esencial ya mencionada anteriormente: es necesario (y no solamente deseable) que todos los estudiantes reciban en sus cursos una enseñanza a fondo sobre la ética y la antropología cristianas, así como sobre ciertas cuestiones más específicas de interés para la profesión a la cual piensan dedicarse. Una escuela de ciencias de la enfermería, por ejemplo, debe poder contar con un curso sobre la ética evangélica de la vida.

LA IMPORTANCIA DE LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD ABARCA LA INTEGRACIÓN DEL CONOCIMIENTO EN UNA SÍNTESIS SUPERIOR, TANTO MÁS NECESARIA POR CUANTO HOY EL SABER NO CESA DE ESPECIALIZARSE Y FRAGMENTARSE.

*** Nos preguntábamos al comienzo qué es una universidad católica. ¿En qué consiste su carácter propio? De origen griego, la palabra “católico” tiene un doble significado. Designa en primer lugar lo universal: una universidad católica es una universidad abierta a lo universal. Se trata en primer lugar

14 Op. cit., n. 2. 15 Op. cit., n. 17. 16 Op. cit., n. 19; ver Código de Derecho Canónico, can. 811. 17 Ver op. cit., n. 20.

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POR CUANTO NO TODOS SUS PROFESORES SIGUEN TENIENDO CLARA CONCIENCIA DE LAS EXIGENCIAS DE LA REFERENCIA CATÓLICA, Y PORQUE PREFIERE ADAPTARSE A LAS PRESIONES DE LA SECULARIZACIÓN Y SEGUIR LAS IDEAS DEL MOMENTO, OCURRE, SOBRE TODO EN OCCIDENTE, QUE UNA UNIVERSIDAD CREE ESTAR EN REGLA CON SU PROPIA MISIÓN CUANDO INVOCA CIERTOS VALORES HUMANISTAS COMPARTIDOS POR LA SOCIEDAD.

18 JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, n. 7. 19 CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, CONSEJO PONTIFICIO PARA LOS LAICOS Y CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA, La presencia de la Iglesia en la Universidad y en la cultura universitaria, 1994, II, 2. 20 El indispensable Diccionario de Littré explica que si el primer sentido del término es ciertamente la universalidad, el segundo es “Quien pertenece a la religión romana y sólo pertenece a ella”.

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de lo universal del saber: una universidad católica aspira a la excelencia en la medida en que procura abordar el abanico de los conocimientos humanos con el fin de ponerlo al alcance de los jóvenes que la frecuentan. Sus medios pueden ser modestos, sin poder jamás oponerse a este llamado a la excelencia. De hecho, como ya señalamos, la calidad de los establecimientos confiados a la Iglesia es reconocida por una gran mayoría. Por este motivo, Juan Pablo II incitaba a las universidades católicas “a una continua renovación, tanto por el hecho de ser universidades, como por el hecho de ser católicas”18. Un documento de la Congregación para la Educación Católica de 1994, titulado La presencia de la Iglesia en la Universidad y en la cultura universitaria, explicaba por qué: “(La universidad) no alcanza su plena configuración sino cuando logra dar un testimonio serio y riguroso como miembro de la comunidad internacional del saber y, al mismo tiempo, expresar, en explícita vinculación con la Iglesia, a nivel local y universal, su propia identidad católica”19. La universidad católica también está abierta a lo universal en cuanto acoge en sus establecimientos a estudiantes provenientes de todos los horizontes, independientemente de su medio social, su religión y sus convicciones personales. No solo recibe a estudiantes católicos. A menudo solía decir que si la universidad tenía como vocación buscar la excelencia, era para ponerla a disposición de todos, empezando por los estudiantes menos favorecidos. Con su curiosidad por todo lo concerniente al hombre y su deseo de ponerse al servicio de todos, es por naturaleza humanista, y precisamente en su tendencia a serlo reside su honor. Las mejores intenciones del mundo pueden a veces degradarse. Por cuanto no todos sus profesores siguen teniendo clara conciencia de las exigencias de la referencia católica, y porque prefiere adaptarse a las presiones de la secularización y seguir las ideas del momento, ocurre, sobre todo en Occidente, que una universidad cree estar en regla con su propia misión cuando invoca ciertos valores humanistas compartidos por la sociedad. Si bien es necesario que una universidad católica haga profesión de humanismo, esta condición no es suficiente. Es aquí donde interviene el segundo significado del término “católico”: es católico aquel que confiesa creer en una religión en particular, la religión católica20. En una universidad católica, debe enseñarse la fe a quienes lo requieran, respetándose la libertad de conciencia. Esta misión, que merece ponerse nuevamente en su lugar por cuanto la Iglesia celebra un Año de la fe, corresponde principalmente al servicio de la pastoral dirigida tanto a los estudiantes como a los profesores. No hay universidad católica sin pastoral universitaria. Esta fe debe celebrarse


con la mayor frecuencia posible —¿por qué no todos los días, con diversas formas litúrgicas?— en una capilla, siendo deseable que esta ocupe un lugar central en el campus, convirtiéndose así en el logo mismo de toda la universidad. ¿Y para los estudiantes que no pertenecen a la fe católica, puesto que la universidad está abierta a la gran mayoría? Insistamos una vez más en la imperiosa necesidad de abrir a todos los estudiantes a la variedad, la riqueza y la belleza de la cultura cristiana. Ya se han mencionado los cursos obligatorios destinados a entregar a todos las bases de comprensión de la teología católica. Habría que mencionar además los clubes, las asociaciones y otras agrupaciones que propongan un enfoque tanto caritativo como lúdico de esta cultura cristiana. El campus católico no es únicamente el lugar donde los estudiantes vienen a asistir a sus cursos; está llamado a convertirse en un medio de vida completo. Al dirigirse a los universitarios estadounidenses en su último viaje a su país, Benedicto XVI volvió a tocar con insistencia esta cuestión de la catolicidad: “La misma dinámica de identidad comunitaria —¿a quién pertenezco?— vivifica el ethos de nuestras instituciones católicas. La identidad de una Universidad (…) católica no es simplemente una cuestión del número de los estudiantes católicos. Es una cuestión de convicción: ¿creemos realmente que solo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre (ver Gaudium et spes, 22)? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras Universidades ¿es “tangible” la fe? (…) ¿Se expresa férvidamente en la liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los actos de caridad, la solicitud por la justicia y el respeto por la creación de Dios? Solamente de este modo damos realmente testimonio sobre el sentido de quiénes somos y de lo que sostenemos”21. No se podría ser más claro.

EL CAMPUS CATÓLICO NO ES ÚNICAMENTE EL LUGAR DONDE LOS ESTUDIANTES VIENEN A ASISTIR A SUS CURSOS; ESTÁ LLAMADO A CONVERTIRSE EN UN MEDIO DE VIDA COMPLETO.

21 Discurso a los representantes del mundo universitario católico, Universidad Católica de América, Washington D. C., 17 de abril de 2008.

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La Formación Humana: Fin de la Universidad El presente trabajo fue realizado por los docentes e investigadores de la Universidad Católica de Colombia y la Universidad Santo Tomás de Bogotá, profesores Darwin Arturo Muñoz Buitrago, Armando Rojas Claros y Francy Liliana Garnica Ríos.

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l mundo del siglo XXI se ha caracterizado por presentar un La realidad actual muestra gran avance en la denominada revolución tecnológica, dando que los estudiantes que paso a la sociedad de la información y el conocimiento, crean- llegan a la universidad, do así una necesidad de oferta y demanda para la producción necesitan reflexionar sobre de mano de obra calificada; la cual favorece una dinámica de los modelos de formación vida cosificada e instrumental, dejando de lado la posibilidad familiar, cultural y social que de pensar en la propia existencia y en el diálogo con nuestros les han educado, los cuales semejantes, evitando la práctica del bien común y llevando a en algunos casos han estado la persona a una vida sin sentido y soledad. La formación de la ausentes. Ese “ser artificial” persona se ha visto apabullada por las nuevas tendencias educa- es moldeado en el hombre tivas y sociales, donde se favorece la especificidad y practicidad, de hoy, por los medios cambiando las concepciones del bien común y la vida buena, por de comunicación social, unos principios basados en el culto a la deshumanización de la los cuales no representan ciencia, predominando la razón instrumental y la falta de sentido referentes válidos que crítico y humano. afiancen la construcción de La sociedad actual, inmersa en la tecnología, guiada por los sentido, ni tampoco forman presupuestos de la globalización, plantea como la única posibili- el carácter de la persona. La dad efectiva para dar respuesta a los desafíos de hoy, los aportes educación necesita recuperar de la ciencia y la tecnología. Para ello surgen “universidades” su función primaria. que implementan carreras que responden de manera exclusiva a este fin, el cual ha sido denominado como “Paradigma científico” donde se pretende recoger dos de las funciones del conocimiento: resolver problemas y dar explicaciones1. Sin embargo, se olvida que existe una tercera función, que es la de dar sentido a la vida humana. Esta última función del conocimiento se presenta como de poca utilidad para los retos del mundo moderno, ya que no es equiparable a las ciencias exactas y su aplicación parece no tener un terreno donde pueda realizarse. En este artículo se reflexiona sobre dicha realidad en el ámbito de la universidad católica, desde donde se vislumbra la formación humana como un fin fundamental de 1 MARTIN, Víctor Rafael. Desafíos Actuales de la ética aplicada. Universidad Alonso de Ojeda, Maracaibo, 2008.

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la educación en la sociedad actual; toda vez que educar significa sacar a la luz lo mejor de la persona, formar el carácter y dar sentido a la vida misma. Si bien es cierto, no se puede educar de espaldas al mundo en el que se vive: ávido de especialistas en distintas áreas, necesitado de profesionales que estén inmersos en las políticas de desarrollo impuestas por los grandes emporios comerciales y el juego del libre mercado, es también una realidad que se aleja de los valores y las virtudes que se imparten en una formación humana donde el sendero muestra penumbra y desasosiego. La concepción misma del término Universidad conlleva un diálogo entre saberes que le permitan al hombre la construcción de un hábitat armónico, donde se respete y valore la dignidad de la persona. Toda institución de educación superior que ostenta el nombre de Universidad, para serlo, debe ofrecer y cultivar un nutrido conjunto de programas académicos de perfil El ideal de educación humanístico, mientras desarrolla el resto de sus actividades superior como gestión esenciales a través de un vasto espectro de disciplinas y saberes y ponen el acento en lo individual, comunitaria que conservan un claro aliento universal 2 que al hombre, en cuanto hombre, atañe . Por tal razón, el cultivo y universal, es decir, en de las ciencias humanísticas es imprescindible en la formación cuanto vital para todos los hombres y el desarrollo de los profesionales, sin importar cuál sea su disciplina, ya que de la especie, tiene su esta se debe poner al servicio de la sociedad, lo cual le permicomienzo, su principio tirá construir espacios de diálogo e interacción en pro de una (arjé) con la aparición de formación integral3 que han de favorecer el desarrollo y transforlos griegos. La “educación” mación constante . Ante este panorama, diferentes pensadores griega apuntaba al ideal e instituciones educativas han presentado sus argumentos en de hombre, al arquetipo, a defensa de la importancia que tiene para el estudiante actual la perfección humana de una concientización y comprensión de su propia existencia, acuerdo a la naturaleza de que le han de llevar a buscar tener una vida buena, donde sea cada quien (…) capaz de cultivar no solamente conceptos, sino su propio ser; es decir, que ponga en balanza el ejercicio y desarrollo de todas las dimensiones de la persona. Lamentablemente estas posturas “corren el riesgo de limitarse a una serie de recomendaciones”4, ya que su utilidad no se evidencia en un tiempo inmediato. Por lo tanto la relación costo-beneficio no favorece el desarrollo de políticas económicas, basadas más en la cantidad que en la calidad, lo cual genera pérdida de divisas para los Estados, para los cuales es más conveniente la productividad que la humanidad.

2 ORTEGA, Aureliano. Perspectivas de los posgrados en humanidades en las universidades estatales. En: OMNIA, Edición especial Año 20, 2004, p. 161 – 166. Disponible en internet: http://www.clacso-posgrados.net/documentos_aportes/34.pdf 3 VILLEGAS, Luz Amparo. Formación: apuntes para su comprensión en la docencia universitaria. Profesorado. En: Revista de Currículum y Formación de Profesorado, 2008, vol. 12, núm. 3, p. 1-14. ISSN 1138-414X. Disponible en internet: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=56712875013 4 BARP, Luciano. El valor educativo de las humanidades. En: Revista del centro de investigación, 2006, Vol. 7, núm. 26, p 93-99. Disponible en internet: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/html/342/34202607/34202607.html

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Importancia de la formación humanística La razón de ser de una Universidad está en la formación de todas las dimensiones de la persona y, para lograrlo, las humanidades resultan ser imprescindibles, ya que está en juego el destino de la humanidad; de igual forma parece ser que hablar hoy en la universidad sobre una formación humanística es una causa perdida, así como lo plantea Alejandro Llano5: Soy consciente —he gastado casi todo lo que llevo de vida en el empeño— de que no hay nada más intempestivo que defender el cultivo de las humanidades en un contexto cuyo pragmatismo da un paso hacia delante cada día. Pero siempre recuerdo a propósito de este tema, lo que dijo Jorge Luis Borges en una ocasión: “¿No sabe usted que los caballeros sólo defendemos causas perdidas?” Estas “causas perdidas” —la de las humanidades en el siglo XXI es una “causa desesperada”— son las únicas por las que merece la pena luchar, porque en ellas se juega la clave de nuestro destino. Desde luego, una institución en la que las humanidades no ocupan un lugar principal ha dejado de ser una Universidad. El saber y la contemplación forman parte esencial en la misión de la universidad. No se trata de hacer de los hombres y mujeres de hoy excelentes técnicos, ingenieros, arquitectos, etc., sin ayudarles a transitar por el camino del saber, el cual implica la realización y la felicidad de la vida humana. Por otra parte, el hombre y la mujer son los únicos seres que necesitan de la ayuda de sus semejantes para ser educados en sus aspectos más básicos, donde el entorno familiar, cultural y social juega un papel fundamental en su desarrollo. El hombre nace con ciertas facultades que corresponden a su constitución como ser biológico, pero el hombre no es solo un ser natural, sino también artificial y, en este sentido, como miembro de un cierto grupo y como individuo, su formación puede variar. El niño aprende en primer lugar de los adultos, de la familia, pero también de sus hermanos. Los padres enseñan a sus hijos lo que ellos mismos han aprendido6. Sin embargo, la realidad actual muestra que los estudiantes que llegan a la universidad necesitan reflexionar sobre los modelos de formación familiar, cultural y social que les han educado, los cuales en algunos casos han estado ausentes. Ese “ser artificial” es moldeado en el hombre de hoy por los medios de comunicación social, los cuales no representan referentes válidos que afiancen la construcción de sentido, ni tampoco forman el carácter de la persona. La educación necesita recuperar su función primaria. De ahí la invitación que hace Enkvist, al cuestionar el ethos de la educación: “¿Qué se puede hacer para

5 LLANO, Alejandro. Repensar la Universidad, la Universidad ante lo nuevo. Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias, 2007. P. 77. 6 ENKVIST, Inger. Repensar la Educación. Madrid. Ediciones Internacionales Universitarias. 2006. P. 12.

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recuperar el ethos de la educación? Los profesores universitarios deberían reaccionar con más vigor y preocupación ante esta problemática, dejando de avalar cualquier moda educativa, aportando investigación, esfuerzo y conocimiento al progreso de la educación”7. De ahí, la validez, importancia y alcance que tiene reflexionar sobre el quehacer educativo y las razones que lo sustentan, para comprender que la Universidad Católica, al centrar su misión en la Persona y con ello fundamentar su educación desde la formación humana, aunque va contracorriente, transita el sendero adecuado. Desde esta perspectiva no se trata solo de responder a los retos que el mundo del mercado le plantea a la Universidad, ya sea desde los aspectos laborales como desde las exigencias que el desarrollo propone a los países. Es fundamental que el currículo no pierda de vista el saber humanístico, ampliando (…) Los griegos enseñaron el círculo de saberes tal como lo plantea el cardenal Newman8:

la idea de perfectibilidad humana, idea que se configuró a partir del concepto de areté. Este concepto, se podría decir, indica una formación de carácter integral, pues incluye significativos aspectos de la vida humana en cuanto desarrollo interior, reflexión, nobleza, equilibrio, sensibilidad y manifestación hacia el mundo exterior como disposiciones físicas y desenvolvimiento en la polis.

Resulta, por tanto, una excelente medida ampliar el arco de los estudios que una Universidad enseña, incluso en beneficio de los estudiantes; y aunque estos no puedan seguir todas las materias que se les ofrecen, se enriquecerán al vivir entre aquellos y bajo aquellos que representan el entero círculo de saberes. […] Pero educación es una palabra más elevada. Implica una acción que afecta a nuestra naturaleza intelectual y a la formación del carácter. Es algo individual y permanente, y se suele hablar de ella en conexión con la religión y la virtud.

Esa tarea no es otra que aquella de formar personas de excelencia, pero incluyendo de manera directa, la formación del carácter a través de la adquisición de hábitos que luego devienen en virtudes, ya que la tarea de la universidad “Transciende el campo puramente intelectual en la tarea de formar hombres antes que científicos, caracteres antes que cabezas pensadoras”.9 Por tal razón, como lo advierte Alejandro Llano, se debe tomar en serio la tarea de la universidad como única posibilidad viable a la deriva inercial que el mundo consumista ha dejado, donde el autoenriquecimiento permea el desarrollo académico y moral, siendo la práctica de las virtudes cognoscitivas la única forma de no perder la vida y comprender el sentido de la misma10. Es evidente que la educación en el mundo moderno, por no decir en el mundo de hoy, demanda conocimiento específico sobre cierto saber, también específico. No puede un país progresar sin que haya dentro de él especialistas en ciertas 7 Ibíd., p. 145. 8 NEWMAN, John. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. Pamplona, España. EUNSA, 1996. P. 135. 9 BETANCURT, Cayetano. Filosofía de la Educación. Medellín, Colombia. Fondo Editorial EAFIT, 2009. P. 88. 10 Llano. Op. Cit., págs. 105 -106.

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áreas del conocimiento, de manera especial en las científico-técnicas; sin embargo, no se puede perder la formación humana, ya que esta es el fundamento del sentido mismo de la vida: Si recordamos que el animal es un especialista, y es especialista perfecto, ya que toda su capacidad de conocer está limitada a ejecutar una función determinadísima, concluiremos que un programa de educación que solo aspire a formar especialistas cada vez más perfectos en dominios cada vez más especializados e incapaces de dar un juicio sobre cualquier asunto que esté fuera de la materia de su especialización, conduciría a una animalización progresiva del espíritu y de la vida humana.11 Se advierte entonces que la tarea de formar el ser y el carácter es una cuestión que no acaba nunca, pues abarca las diversas estaciones de la vida por las que el ser humano tenga que transitar. Por lo tanto, se hace necesaria la relación existente entre la formación del ser y la construcción de su propia identidad. Tal y como lo afirma el padre Alfonso Borrero, de la Compañía de Jesús: En el concepto de ciudad educativa, por tanto, habrá siempre una función de custodia que cumplir. La cumple la sociedad entera. Siempre abundarán valores por descubrir y asimilar, siempre doctrinas, principios, conocimientos que espigar. Y en un mundo cambiante a paso presto y casi sorpresivo, a la vida se le impone ser buceadora de nuevos impulsos vocacionales y matizadora de la profesión, que siempre ha significado la indeclinable dedicación al trabajo y al servicio. De donde el objetivo fundamental de la educación: aprender a ser en gestión continua y siempre inconclusa.12 11 BÖHM, Winfried y SCHIEFELBEIN, Ernesto. Repensar la educación, diez preguntas para mejorar la docencia. Bogotá, Colombia. Pontificia Universidad Javeriana, 2004. Págs. 207 – 208. 12 BORRERO, Alfonso. La Universidad, estudios sobre sus orígenes, dinámicas y tendencias. Enfoques Universitarios Tomo V. Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana, 2008. Pág. 151-152.

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El carácter de universalidad propio de la universidad Debido al auge de posturas relativistas, subjetivistas y a la expansión y explosión del conocimiento, se requiere de un gran esfuerzo intelectual, dedicación y un deseo sincero de devolverle a la Universidad lo que por naturaleza le corresponde, es decir, su carácter de universalidad. En épocas anteriores hablar de Universidad era hablar de universalidad y de unidad del conocimiento; sin embargo, gracias al desarrollo de las ciencias y de diversas postura filosóficas, este ideal ha sido fuertemente cuestionado y puesto entre paréntesis. A la vez que la modernidad ha hecho aportes importantes, se han generado a partir de ella graves consecuencias como son la dispersión del saber y la disgregación de la persona y la educación. Areté en el contexto griego En su texto de la Paideia, Werner Jaeger dice: “Todo pueblo significó “mérito, calidad que alcanza un cierto grado de desarrollo, se halla por naturaleza sobresaliente, fuerza, valor, inclinado a practicar la educación, por ser el principio mediante el nobleza, honor, heroísmo; cual el grupo humano conserva y transmite su peculiaridad física calidades llamadas a y espiritual. La educación de todos decide del destino exterior, de despertar en el individuo la estructura interna y espiritual del conjunto humano”13. En este la ambición de ser más, de sentido, la educación se comprende como un medio para un fin. sobresalir. En este sentido, Dicho horizonte no puede ser otro que el avance de la cultura, la areté implica notas de el desarrollo, el crecimiento, el florecimiento de cada una de las aristocracia y nobleza, personas. De ahí que se pueda comprender la educación como un contrarias a lo vulgar ascenso, como un magis. En palabras de Alfonso Borrero, el objetivo y ordinario. La nobleza de la educación consiste en formar “en lo superior, para lo superior y es la fuente del proceso hacia lo superior”. Esta es la meta que hay que perseguir, aunque la espiritual mediante el cual educación marche en muchas ocasiones y a veces con demasiada nace y se desarrolla la frecuencia, por vías trilladas, de desorientación y de descenso. El cultura de una nación”. término educación superior es susceptible de varios significados, pero fundamentalmente es un concepto alusivo a las altas calidades de toda educación como hecho individual, social y universal, compatible con los niveles primarios y secundarios.14 Es decir, no se refiere a un momento educativo, sino que exige una enseñanza de calidad para todos los niveles de la educación; en otras palabras, formar en lo superior y para lo superior es una tarea que hay que llevar a cabo desde el nivel preescolar hasta el universitario. Educar y educarse, en su concepción original educere, equivale a sacar de dentro, perfeccionar lo que potencialmente está en el hombre, en otras palabras, el florecimiento y desarrollo del propio potencial. Esto no es un invento u objetivo reciente, tampoco es un invento de la Universidad medieval; dicho ideal de la educación para lo superior hunde sus raíces en las grandes tradiciones culturales de la humanidad, aunque expresado de distintas formas y de acuerdo al propio estilo de cada cultura. No es un ideal exclusivo del espíritu griego. Se encuentra 13 JAEGER, Werner. Paideia. México. Fondo de Cultura Económica, 1978, págs. 3-4. 14 BORRERO. Op. Cit., p. 19

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también en las culturas orientales (China, India, Japón, Corea, Egipto y países Árabes). “Es a partir de Confucio que la tradición educativa de la cultura china organiza métodos de enseñanza, precisa objetivos y sistematiza instituciones”15. Confucio distinguió entre lo que hoy se podría llamar una educación para la excelencia y otra para las cosas ordinarias, aquellos trabajos que implican el esfuerzo y la destreza física. Sin embargo, el ideal de la educación se centró en el hombre sabio, el caballero. Este hombre sabio al no nacer aprendido, puede por medio de la educación aspirar y desarrollar la excelencia de su ser. Tal propósito puede compararse con la areté de los griegos. El hombre educado, de acuerdo a la enseñanza del pensador La palabra virtud en chino, se caracteriza por la nobleza, la armonía, el equilibrio y la castellano, que se entiende estabilidad, es decir, se convierte en un verdadero caballero. “El más en sentido moral, no hombre sabio —nos dice—, el caballero, es el opuesto del hom- es apropiada para traducir bre vulgar, ama a todos los hombres y no tiene parcialidad para la riqueza y profundidad nadie; el hombre vulgar es parcial y no ama a todos los hombres. de la areté de los griegos. El hombre sabio aspira a la perfección, el vulgar al bienestar”16. Ese ideal de la educación Para Confucio, uno de sus propósitos en el arte de educar es que el griega, la conquista de la hombre alcance su máximo florecimiento; no tiene otra alternativa areté se expresa mediante que comprometer todo su ser en dicha tarea. De este modo, quien el desarrollo armónico aprende a ser él mismo descubre lo bueno y se afirma en ello: de la realidad física y No importa lo que aprendas —nos dice Confucio—, pero cuando aprendas una cosa, no debes dejarla hasta haberla dominado; no importa cuánto investigues, pero cuando investigues una cosa, no debes dejarla hasta haberla comprendido a fondo. No importa lo que trates de meditar, pero cuando trates de meditar una cosa, nunca debes dejarla hasta haber obtenido lo deseado. No importa lo que trates de examinar, pero cuando trates de examinar una cosa, no debes dejarla hasta haberla examinado con claridad. No importa lo que trates de llevar a cabo, pero cuando trates de llevar a cabo una cosa, no debes dejarla hasta haberla hecho cabalmente bien17.

espiritual. Es una educación para lo superior. En la concepción clásica, los ideales de la educación se orientan mediante la idea de perfectibilidad; la areté para los griegos y la humanitas para los romanos. De esta tradición y riqueza la institución medieval universitaria tomó las “artes liberales” y el ideal de la formación humanista.

Por tanto, el hombre superior, el que quiere ir más allá, florecer, le pone espíritu a todo lo que hace. De acuerdo a cierta tradición, más le importaba a Confucio la disposición de ánimo y el interés del estudiante, que su procedencia social. Decía: “a quien carece de entusiasmo, cualquiera sea su origen, no le abriré el camino de la verdad”18. Este es un análisis certero, pues en ocasiones 15 GALINO, María Ángeles. Historia de la Educación. Edades Antigua y Media. 2ª ed. Madrid. Gredos, 1973, págs. 15 - 16. 16 BORRERO. Op. Cit., p 30. 17 Ibíd., p.31. 18 GALINO. Op. cit., p.19.

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se le exige al docente que haga por el estudiante lo que no está en sus manos poder hacer; es decir, responsabilizarse del entusiasmo y el interés que le corresponde al alumno. Mediante este tipo de reflexiones, dichos y sentencias, el pensador Chino ha transmitido los objetivos y sentido de una educación para ser más: espíritu que se ha desarrollado a partir de una larga tradición y que ha sido la base de la educación de esa cultura milenaria. En cuanto a la cultura y civilización occidental se refiere, se ha de retornar en búsqueda de la alborada espiritual del concepto de educación superior; la historia de la misma comienza con la aparición del mundo griego. El ideal de educación superior como gestión individual, comunitaria y universal, es decir, en cuanto vital para todos los hombres y el desarrollo de la especie, tiene su comienzo, su principio (arjé) con la aparición de los griegos.19 La “educación” griega apuntaba al ideal de hombre, al arquetipo, a la perfección humana de acuerdo a la naturaleza de cada quien. Los griegos enseñaron la idea de perfectibilidad humana, idea que se configuró a partir del concepto de areté. Este concepto, se podría decir, indica una formación de carácter integral, pues incluye significativos aspectos de la vida humana en cuanto desarrollo interior, reflexión, nobleza, equilibrio, sensibilidad y manifestación hacia el mundo exterior como disposiciones físicas y desenvolvimiento en la polis. Areté en el contexto griego significó “mérito, calidad sobresaliente, fuerza, valor, nobleza, honor, heroísmo; calidades llamadas a despertar en el individuo la ambición de ser más, de sobresalir. En este sentido, la areté implica notas de aristocracia y nobleza, contrarias a lo vulgar y ordinario. La nobleza es la fuente del proceso espiritual mediante el cual nace y se desarrolla la cultura de una nación”20. La palabra virtud en castellano, que se entiende más en sentido moral, no es apropiada para traducir la riqueza y profundidad de la areté de los griegos. 19 JAEGER. Paideia, Op. cit., págs, 3– 5.. 20 Ibíd., págs. 19 -29.

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Ese ideal de la educación griega, la conquista de la areté, se expresa mediante el desarrollo armónico de la realidad física y espiritual. Es una educación para lo superior. En la concepción clásica, los ideales de la educación se orientan mediante la idea de perfectibilidad; la areté para los griegos y la humanitas para los romanos. De esta tradición y riqueza la institución medieval universitaria tomó las “artes liberales” y el ideal de la formación humanista. Junto al Espíritu de los clásicos, aparece y se desarrolla el Espíritu cristiano, el cual aporta una gran novedad al mundo. Influenciado por el Espíritu griego se confunde y se distingue de este. ¿Qué es lo característico de la Paideia cristiana? Cristo como el Logos, Palabra encarnada, centro de la fe cristiana, de una nueva cultura, de una nueva comunidad de amor, de un nuevo tipo de ser humano. De este modo, si la Paideia griega tenía como ideal la consecución de la areté, la Paideia cristiana tiene como modelo a Cristo. Los primeros Padres de la Iglesia expresan la meta y razón de ser de la Paideia cristiana en sentencias breves pero llenas de profundidad. Por ejemplo, San Clemente Romano expone el sentido de la educación y mensaje ¿Qué es lo característico cristiano a partir de la máxima Bíblica: “no hay distinción ni de de la Paideia cristiana? judío ni griego, ni de siervo ni de libre, ni tampoco de hombre o Cristo como el Logos, de mujer”. Ahora todos sois hijos (Gálatas 3,28. 4,7). Del mismo, Palabra encarnada, centro San Gregorio de Nisa aludiendo al concepto de la gracia explica de la fe cristiana, de una cómo el hombre para su pleno crecimiento y desarrollo necesita nueva cultura, de una nueva de la intervención Divina, sin la cual no podría llegar a la plenitud comunidad de amor, de un de su ser; se requiere de su cooperación porque es un ser libre, nuevo tipo de ser humano. pero sus solas fuerzas no son suficientes para lograr la realización De este modo, si la Paideia a la que ha sido destinado.21 Posteriormente Tomás de Aquino, griega tenía como ideal la desde la comprensión cristiana, estableció en sentencia breve, no consecución de la areté, la la contraposición, sino el complemento de ambas metas, es decir, Paideia cristiana tiene como la perfección de la naturaleza, Paideia griega, y la perfección por modelo a Cristo. la gracia, Paideia cristiana. De acuerdo con ello la educación para lo superior se entendió en el horizonte cristiano, en este doble sentido22. Desde esta perspectiva educar “en lo superior, para lo superior y hacia lo superior” se traduce en la visión cristiana como una educación “en el amor, para el amor y hacia el amor”. En otras palabras, es una educación que desarrolla el respeto y reverencia por nosotros mismos, los otros y todas las formas de vida, teniendo siempre a Cristo como el Modelo y el Maestro. De ahí que todas las características que se les pueden atribuir a los buenos maestros, a los maestros brillantes, a los maestros inolvidables, son las cualidades por excelencia del Maestro de maestros, Jesús de Nazaret. A Él hay que retornar continuamente si se quiere llevar a cabo y mantener en alto la idea de la Paideia cristiana. La riqueza y profundidad de las grandes tradiciones culturales, tanto de Oriente como de Occidente, presentan un elemento común. El deseo de educar al 21 JAEGER, Werner. Cristianismo primitivo y Paideia griega. México. Fondo de Cultura Económica, 1974. 22 BORRERO. Op. cit., p. 120.

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hombre para ser más, para ascender, para florecer y desarrollarse. Para lograr la mayor comprensión y libertad posibles o alcanzables. He ahí la primera característica y razón de ser de la Universidad.

Educación para la promoción y desarrollo de la persona Hoy día con la noción de universalidad en la Universidad se recogen tres sentidos posibles: Una educación pensada para toda la persona, para todas las personas y en la consecución de un mismo objetivo. Educación de toda la persona: La Comisión Internacional sobre el Desarrollo de la Educación y la Unesco reunida en 1971, tras examinar la situación de la eduTomás de Aquino, desde cación mundial, sus aciertos y esperanzas fallidas, dio a conocer la comprensión cristiana, estableció en sentencia la obra Aprender a ser. En ella desarrolló temas centrales para la breve, no la contraposición, educación y expresó la siguiente conclusión fundamental:

sino el complemento de ambas metas, es decir, la perfección de la naturaleza, Paideia griega, y la perfección por la gracia, Paideia cristiana. De acuerdo con ello la educación para lo superior se entendió en el horizonte cristiano, en este doble sentido.

El hombre nuevo debe estar en condiciones de establecer un equilibrio entre sus capacidades ampliadas de comprensión y de poder, y su contrapartida potencia de carácter afectivo y moral. No basta con reunir al homo sapiens y al homo faber; es preciso, además, vivir y sentirse en armonía con los demás y consigo mismo, es preciso también unir al homo concors. Nuestro tiempo hoy denominado el mundo finito, no puede ser otro que el hombre total, es decir, todo hombre y todo el hombre.23

La educación se dirige a la persona, es un aprendizaje para ser persona y se propone al mismo tiempo para toda la persona y para todas las personas. Hablar de aprendizajes es estar en el transcurso de la vida, en la tarea de construirse, de desarrollarse. Los aprendizajes que aquí se presentan son los principios que configuran la educación integral de la persona: • Aprender a ser: Desarrollar, incorporar y asimilar actitudes y aptitudes, valores y virtudes, vividos con firmeza, e independientemente de circunstancias, personas y lugares. • Aprender a hacerse: Desarrollo de la singularidad e individualidad, llevando hasta la mayor altura posible el florecimiento del propio ser. Acometiendo la tarea de hacernos responsables de nosotros mismos. • Aprender a producir, trabajar, crear y servir: Expansión y perfeccionamiento de la propia creatividad, yendo más allá de la pura imitación, pero manteniendo y respetando lo fundamental de la tradición.

23 FAURE, Edgar. Aprender a ser. Madrid, Alianza editorial, 1977. Págs. 44-45.

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Aprender a aprender y comprender: Indica específicamente los mejores métodos, herramientas y recursos disponibles para acrecentar la inteligencia, inteligir el mundo y examinarse a sí mismo. Teniendo siempre presente que más importante que entregar conocimientos, es enseñar a buscarlos, mostrar cómo se ha llegado a ellos, en fin, desvelar la realidad —hasta donde sea posible— mediante el objetivo de la comprensión. Aprender a adaptarse: Indica la capacidad de abrirse a lo nuevo y a los distintos procesos de cambio en situaciones de la realidad que así lo reclamen y conforme a la verdad de los hechos y cuyo único fin es poder servir mucho mejor. Aprender a convivir y a participar: Porque la educación es con-vivencia, un vivir-con y al servicio de los otros, en verdadera comunidad (en koinonía). Implica además convivencia con el saber que progresa, capacidad para aprender en distintos ambientes laborales, educación para la paz y una profunda comprensión, amor y respeto por la naturaleza. Aprender a descubrir la Trascendencia, aprender a creer: Porque la persona es un ser total, en cuanto no se reduce a lo que puede hacer por medio de su razón, necesita darse cuenta de que la existencia va más allá de las realidades tangibles y verificables, que hay valores que trascienden en el tiempo y superan la contingencia humana, que puede abrirse a la Verdad Revelada y sus misterios. En medio de las distintas imágenes de la Divinidad, del Absoluto, de Dios, el hombre ha de aprender a creer. En la búsqueda de interrogantes fundamentales que le plantea su propia existencia, ha de decidir por sí mismo a partir de la experiencia, confrontación y comprensión. Aprender a pensar: Pues no se trata simplemente de aprender nuevos, fecundos

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y útiles conocimientos; ante todo, significa acometer la tarea de desarrollar la inteligencia, de crecer en sabiduría y en amor y saber actuar en consecuencia. De responder a los interrogantes que investigan la naturaleza, los procesos y los métodos en el arte de pensar y conocer. • Educarse y educar: Desde esta perspectiva se comprende que en cualquier actividad el ser humano está implicado como un todo, como una realidad psico-física y espiritual. Educación para todas las personas Ya en sus orígenes con la fundación y expansión de la UniversiEs una educación que dad esta se concibió y se consolidó como un organismo de carácter desarrolla el respeto y universal. Universalis y universitas vienen del concepto latino unireverencia por nosotros versus y este a su vez de la raíz latina unus y verto, que significa mismos, los otros y todas general, universal, católico, todo, total, entero, la multitud de todas las formas de vida, teniendo las cosas, el mundo, el universo. Comprendía también cuerpo, siempre a Cristo como el gremio, agrupación, el conjunto de todas las cosas, la totalidad Modelo y el Maestro. De ahí de algo, por ejemplo: el todo de un discurso, universitas orationis; que todas las características todos juntos, universi omnes; tres días enteros, universum triduum; que se les pueden atribuir a victoria completa, universa victoria; todo el rebaño, universus grex.24 los buenos maestros, a los En la definición de Universidad que tiene Sebastián de Covamaestros brillantes, a los rrubias25, del año 1611, dice:

maestros inolvidables, son las cualidades por excelencia del Maestro de maestros, Jesús de Nazaret. A Él hay que retornar continuamente si se quiere llevar a cabo y mantener en alto la idea de la Paideia cristiana.

Universidad se entiende comunidad, lo que es común y comprende a todos, ayuntamiento de gentes y cosas, y porque en las escuelas generales concurren estudiantes de todas partes, se llamarán universidades, como la Universidad de Salamanca, Alcalá. También se llama universidades a ciertos pueblos que entre sí tienen unión y amistad.

Este concepto de Universidad, con su sello de universalidad y unidad, como gremio, corporación e institución que reúne a todos y que es para todos, llega hasta el tiempo actual gracias al avance de la sociedad y los acuerdos sociales hoy, y más en los estados democráticos, se tiene la idea de apostar por una educación para todas las personas, en cuanto poseedoras del derecho natural a la educación. Específicamente en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, en el artículo 22 se dice: “La educación es necesidad de todos. La sociedad debe esforzarse al máximo para favorecer el progreso de la razón pública, y poner la educación pública al alcance de todos los ciudadanos”. 24 MIGUEL, Raimundo. Nuevo Diccionario. Latino-español etimológico. 11ª ed. Madrid. Visor Libros, 2000, págs. 961 – 978. 25 COVARRUBIAS, Sebastián. Tesoro de la lengua castellana o española. Madrid. Editorial Iberoamericana. 2006, p.1501.

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En la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, artículo 26, parágrafo uno, se afirma: “Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”. La Declaración Universal de los Derechos del hombre y los Derechos humanos se ha fundamentado desde el lente filosófico en la perspectiva naturalista de la dignidad humana. La Iglesia Católica por su parte en su Declaración Dignitatis humanae y en la Constitución pastoral Gaudium et spes, de 1965, sostiene desde la óptica teológica que todos los derechos humanos vienen inscritos por el Creador, en tanto que las personas somos hechas a imagen de Dios. Desde esta perspectiva, la Universidad, los sistemas educativos han de pensarse y planificarse para ser accesibles a todos, hombres Al adentrarse en la presencia y mujeres, y mantenerse ajenos a toda suerte de elitismos excluyen- de la Verdad se está ante la tes de porciones de la población. Nadie ha de quedar excluido de la realidad de las realidades; educación por causas económicas, situaciones internas o externas así que nadie crea que este distintas a su propia voluntad. Resulta además preocupante que es un tema de carácter por pruebas del Estado y de instituciones que regulan el acceso a especulativo que está la educación, se les prive a las personas con capacidades en otros reservado para cierta élite de campos del conocimiento diferentes a los que han sido evaluados, intelectuales; quien se tenga la oportunidad de desarrollarse y de labrarse un futuro mejor. Por un poco de respeto sabe que otra parte, Borrero26 afirma: “la educación hacia lo superior no es está ante una realidad que para prescindir del estudiante indolente o juzgado de incapaz; trasciende y supera y que tiene por fin promover a todos hacia sus respectivas y diversas tiene que ver con la realidad concreta y única. alturas alcanzables y posibles. La consecución de un mismo objetivo La Universidad no puede concebirse sin un arje y sin un telos, necesita fijar la mira en un porqué y un para qué. El objetivo donde la Universidad pone la mirada es en la comprensión y realización de la verdad, el amor y el sentido ético. Universalidad porque se persigue un objetivo común, no es algo exclusivo de ninguna institución educativa o de un comité científico en particular, sino la meta, el ideal de la Universidad, de toda investigación. Al adentrarse en la presencia de la Verdad se está ante la realidad de las realidades; así que nadie crea que este es un tema de carácter especulativo que está reservado para cierta élite de intelectuales; quien se tenga un poco de respeto sabe que está ante una realidad que trasciende y supera y que tiene que ver con la realidad concreta y única. Este es un fenómeno de inmensa complejidad y trascendencia, porque la Verdad tiene que ver con todo, atraviesa todas las realidades pensables y posibles. Decir Verdad, es decir Dios, Amor…. Debido a la magnitud y profundidad de la pregunta que inquiere por la Verdad, solo nos es posible hacer aquí unas breves aclaraciones: 26 BORRERO. Op. cit., págs. 23 -24.

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Hay una enorme diferencia entre los conocimientos y la Verdad. Los conocimientos se pueden pagar; de ahí que se pueda hacer desde un bachillerato hasta un doctorado. La Verdad, por el contrario, no se puede comprar, pues ella exige la entrega y dedicación de todo nuestro ser. De este mismo modo se podría decir que hay dos tipos de persona, dos tipos de estudiante: aquellos que están interesados en los conocimientos, necesitan hacer especializaciones, maestrías y doctorados para obtener mejores ingresos, para llevar una “vida cómoda”, y aquellos que tienen un deseo sincero de indagar, de investigar, de examinar y acceder a la Verdad. El siguiente aspecto que hay que distinguir es entre la Verdad Se presenta una paradoja con mayúscula y las verdades de carácter particular. La primemaravillosa. Por una parte, ra hace referencia a la Verdad en toda su hondura, en toda su para buscar la Verdad, amplitud, en cuanto totalidad; es el sentido y razón de ser de la para afirmar una verdad en existencia en todo su conjunto. Con verdades aludimos a aquella particular, se precisa que porción de la realidad que se investiga desde los distintos puntos el hombre sea libre, pues la de vista de las ciencias fácticas y las ciencias sociales o humanas, Verdad no puede ser algo como biología, química, física, antropología, sociología, filosofía, impuesto desde fuera. Quien psicología, en fin, todas las ciencias que indagan un aspecto de indaga, quien examina, la realidad. Estas ciencias no dicen nada de la Verdad en cuanto quien investiga, para poder totalidad, pero indican, señalan algún rasgo verdadero de la llegar a una conclusión, para porción de la realidad que analizan, del fenómeno que investigan. afirmar un juicio, ha de estar Hasta aquí al parecer no hay ninguna dificultad; más bien la en libertad de poder hacerlo, explosión del conocimiento en sus diferentes campos muestra no puede ser obligado o que en el corazón del hombre habita el anhelo por la Verdad; no coaccionado a sostener una faltan hombres que mantengan vivo dicho deseo. De hecho en cosa que va en contra de su cualquier parte del mundo donde el ser humano hace algo con libertad y comprensión.(…) autenticidad manifiesta con ello un interés sincero por la Verdad. Así que el problema no consiste en que el hombre haya perdido la pasión por el saber. ¿En qué consiste entonces? En primer lugar el problema surge cuando se afirma desde el lente de una determinada ciencia o de una postura ética, estética o antropológica… un hecho específico en nombre de la Verdad, confundiendo con ello la Verdad total con la verdad particular. Por ejemplo: afirmar a partir de ciertos análisis de la física el sentido y razón de ser de la vida en general; o concluir a partir de ciertos estudios del cerebro el sentido y razón de ser de la vida humana. Aquí surge un interrogante fundamental: ¿cómo puede ser posible a partir de un punto de vista finito y limitado acceder a la Verdad total? En segundo lugar aparece un problema que es inevitable: la comprensión humana de los individuos y de las culturas no es igual para todos, no todos comprenden las mismas cosas ni en el mismo sentido, pero todos están obligados a asumir una postura, a defenderla con hechos y razones. De esta forma se plantea una pregunta decisiva: ¿cuál es el criterio que permite afirmar que una postura es la verdadera y que quienes sustentan algo distinto están equivocados? ¿Es un criterio claro y aceptado por todos?

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En tercer lugar se presenta una paradoja maravillosa. Por una parte, para buscar la Verdad, para afirmar una verdad en particular, se precisa que el hombre sea libre, pues la Verdad no puede ser algo impuesto desde fuera. Quien indaga, quien examina, quien investiga, para poder llegar a una conclusión, para afirmar un juicio, ha de estar en libertad de poder hacerlo, no puede ser obligado o coaccionado a sostener una cosa que va en contra de su libertad y comprensión. Por otra parte, el hombre libre es aquel que ha alcanzado la Verdad. Si no la comprende, si no la ha realizado, dicha libertad no sería más que una caricatura. El ser humano se encuentra entonces en la doble tarea de buscar la Verdad y de conquistar la libertad. Verdad y libertad son una y la misma cosa, se corresponden mutuamente. En cuarto lugar, este hecho de la libertad humana, de la libertad de pensamiento, de la libertad académica señala un (…) Por otra parte, el hecho fundamental: el carácter de novedad propio de la Uni- hombre libre es aquel que versidad, y el distintivo por excelencia que la mantiene viva. ha alcanzado la Verdad. Si Es admirable de los artistas y de los filósofos su capacidad de no la comprende, si no la ser creadores, su capacidad para traer algo nuevo al mundo. ha realizado, dicha libertad Tomás de Aquino estudió a Aristóteles, pero no se conformó no sería más que una con repetirlo; desarrolló nuevas ideas que han llegado hasta el caricatura. El ser humano mundo actual. Igualmente, Hume, Descartes, Kant, Heidegger, se encuentra entonces en Husserl, Freud, Erich Fromm, Victor Frankl no se contentaron la doble tarea de buscar la con ser meros repetidores, se convirtieron también en maestros, Verdad y de conquistar la en cuanto que dejaron un legado y una comprensión distinta libertad. Verdad y libertad de la realidad. son una y la misma cosa, se En este sentido, ¿no están los docentes de humanidades y corresponden mutuamente. concretamente nosotros mismos llamados también a emprender nuevos caminos en la comprensión de la realidad humana y del mundo? ¿Basta acaso con repetir muy bien las enseñanzas de quienes nos han precedido? Quienes cultivamos las ciencias humanas hemos de tener bien claro aquello que puede ser modificado de aquello que debe conservarse. Por ejemplo, aquello que no es negociable de las áreas que enseñamos: En Antropología, la persona como misterio, como unidad esencial de dimensiones. En Ética, la dignidad inalienable de la persona y la consecución del bien humano. En Cultura Católica, el hecho religioso, el fenómeno religioso y Cristo como fundamento de la fe católica. En Filosofía del Arte, la conciencia de la belleza y la comprensión de lo bello desde la realidad total de la persona, cabeza, corazón y manos.

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Armando Fettolini, Studio sulla Croce I, 2002.


POR ENRIQUE CATTANEO, S.J.

El día 11 de octubre de 1962, durante el pontificado de Juan

XXIII1, se inauguraba solemnemente en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el vigésimo primer Concilio ecuménico de la Iglesia Católica2. Ha transcurrido ya medio siglo desde ese evento, y eso significa que hoy los católicos menores de cincuenta años no tienen noticia directa alguna sobre ese Concilio, terminado al cabo de tres años, el 8 de diciembre de 1965, siendo Papa Pablo VI3. Probablemente, en las nuevas generaciones también es escaso o inexistente el conocimiento a través de la lectura de los documentos conciliares4. El desarrollo del Concilio no fue sencillo ni indoloro. Es preciso decir lo mismo sobre su recepción, porque además en esa época la Iglesia vivía, como ahora, en regiones del planeta culturalmente muy distantes entre sí, en algunas de las cuales había y sigue habiendo poca o ninguna libertad religiosa. Entre 1962 y 1965, las Iglesias de Europa Oriental, China, Vietnam del Norte, Cuba, Mongolia y también otros países se encontraban sometidas firmemente al yugo comunista y fueron escasamente representadas en el Concilio. Por otra parte, la teología debatida en el aula conciliar, de corte tanto “romano” como “nuevo”, era siempre una teología elaborada en Europa. La calificación teológica de los documentos del Concilio Vaticano II varía de acuerdo con los documentos mismos. Los más importantes son las cuatro constituciones: Lumen Gentium, constitución dogmática sobre la Iglesia; Dei Verbum, constitución dogmática sobre la divina Revelación, la Tradición y la Escritura; Sacrosanctum Concilium, constitución sobre la Sagrada Liturgia; Gaudium et spes, constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo. Siguen en

HUMANITAS Nº 72 pp. 872 - 887

Año de la Fe 2012-2013

La “Profecía” del Concilio Vaticano II

1 Angelo Giuseppe Roncalli (18811963), después de desempeñarse como Nuncio en diversas sedes, fue nombrado patriarca de Venecia (1953) y posteriormente, en 1958, fue elegido Papa con el nombre Juan XXIII. Fue beatificado en el año 2000. 2 No existe una declaración oficial sobre la lista de Concilios ecuménicos. Las Iglesias ortodoxas solo reconocen los ocho primeros, todos orientales. 3 Giovanni Battista Montini (18971978), ordenado en 1920, trabajó entre 1937 y 1954 en la Secretaría de Estado. Fue nombrado arzobispo de Milán y posteriormente fue elegido Papa el 22 de junio de 1963. 4 El documento que podría despertar mayor interés en quienes están un poco al margen de la Iglesia es la constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en sus relaciones con el mundo moderno.

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NECESARIAMENTE, DEBEMOS CONSIDERAR ADEMÁS UN FACTOR NO PREVISTO NI POR JUAN XXIII NI POR LOS PADRES CONCILIARES, COMO ES LA IRRUPCIÓN DE LOS MEDIA EN EL CONCILIO. EL CONCILIO VATICANO II NO SE CELEBRÓ A PUERTAS CERRADAS, SINO, POR ASÍ DECIR, CIRCULÓ EN LA PLAZA DE LA COMUNICACIÓN 5 Ad gentes divinitus, sobre las misiones; Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos; Christus Dominus, sobre los obispos; Inter mirifica, sobre los medios de comunicación social; Optatam totius, sobre la formación sacerdotal; Orientalium Ecclesiarum, sobre las Iglesias Orientales Católicas; Perfectae caritatis, sobre la vida religiosa; Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros; Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo. 6 Ver PABLO VI, Carta apostólica In Spiritu Sancto (8 de diciembre de 1965), en Enchiridion Vaticanum [EV], vol. 1, Bolonia, Edb, 1979, n. 532*. 7 Ver Storia del Concilio Vaticano II, dirigida por G. ALBERIGO, encargada a A. MELLONI, 5 volúmenes, Bolonia, il Mulino, 1995-2001. 8 Es lo que hizo R. DE MATTEI, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín, Lindau, 2010.

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orden de importancia nueve decretos sobre la vida interna de la Iglesia5 y tres declaraciones: sobre la educación (Gravissimum educationis), sobre las relaciones con las religiones no cristianas (Nostra aetate) y sobre la libertad religiosa (Dignitatis humanae). Sin embargo, el Concilio no pretendió definir una nueva verdad de fe (dogma), de manera que su enseñanza es “auténtica” en el sentido de que goza de la autoridad de una asamblea conciliar ecuménica aprobada por el Papa6, y pretende únicamente replantear globalmente la fe de la Iglesia Católica en la medida en que se encuentra en la Escritura y ha sido propuesta por el Magisterio anterior como definitiva.

El evento y los documentos del Concilio Un concilio está constituido por un evento y también por textos aprobados y promulgados. Hay una correlación entre ambas cosas. El evento es irrepetible, por lo cual, mientras más se aleja en el tiempo, habiendo menos testimonios directos, más se pierde la memoria del mismo. Entran entonces en el terreno los historiadores7. Sería en todo caso una ingenuidad pensar que sea posible hacer una historia sin una interpretación, como si el evento mismo escapase a esta norma. En cuanto a los documentos de este Concilio en particular, no siendo formulados en proposiciones definitorias, para comprenderse adecuadamente se visualizan conjuntamente, lo cual no es una mera suma de los textos, sino algo constituido por el espíritu que habita en ellos, y esto se puede recabar a partir de la intención principal que guió en primer lugar a Juan XXIII, Pablo VI y los Padres conciliares8. ¿Cómo se puede definir o describir este “espíritu del Concilio”? Es la Iglesia quien se replantea a sí misma de manera global, reformulando su propia imagen en conformidad con el proyecto de Dios en Cristo. Se ha dicho justamente que en esta perspectiva el Concilio no emprendió ni podía emprender el camino de la formulación dogmática, que habría implicado necesariamente la enunciación de condenas, de anathema sit, de manera que la única manera con que contaba la Iglesia para referirse a sí misma y a su propia fe consistía en “relatar


Concilio y posconcilio Es preciso hacer una distinción entre el Concilio y el posconcilio. Lo que definimos como “el espíritu del Concilio” tuvo contornos de efectos imprevisibles, que en algunos casos

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su propia historia” como resultado de la historia de Dios con el hombre”9. En este “relatarse”, la Iglesia Católica no tenía presente únicamente a sí misma y a quienes se encontraban en su interior, sino también simultáneamente a quienes estaban fuera, buscando los puntos de contacto que podían abrir el más amplio consenso posible sin menoscabo de su propia identidad. Al hacer esto, el Concilio, siguiendo la intuición de Juan XXIII, llevó a cabo una “actualización”. Si bien esta era la intención principal del Papa y del Concilio, no se calla en todo caso la intención secundaria, consistente en imprimir dicha actualización permaneciendo en la huella de la tradición católica10. Sin esta dimensión diacrónica, la hermenéutica de los textos conciliares sería incompleta. Necesariamente, debemos considerar además un factor no previsto ni por Juan XXIII ni por los Padres conciliares, como es la irrupción de los media en el Concilio. El Concilio Vaticano II no se celebró a puertas cerradas, sino, por así decir, circuló en la plaza de la comunicación; no se desarrolló únicamente en el aula conciliar, sino también en los comunicados de prensa de los diversos grupos, en las entrevistas con los obispos y en las crónicas de los periodistas. Así, los problemas teológicos y los enfrentamientos entre conservadores y progresistas llegaron a ser de público dominio. Se creó una “opinión pública” en el interior de la Iglesia, fácilmente influenciable por quienes tenían a mano los medios de comunicación y de prensa. Probablemente, es también esta una de las causas de la crisis posconciliar. Efectivamente, la agitación de una “opinión pública” en el interior de la Iglesia, con la tácita alianza entre la prensa laica y los católicos del disenso, fue una forma de impugnar la autoridad del Magisterio y el concepto mismo de autoridad en la Iglesia.

SE CREÓ UNA “OPINIÓN PÚBLICA” EN EL INTERIOR DE LA IGLESIA, FÁCILMENTE INFLUENCIABLE POR QUIENES TENÍAN A MANO LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y DE PRENSA. PROBABLEMENTE, ES TAMBIÉN ESTA UNA DE LAS CAUSAS DE LA CRISIS POSCONCILIAR.

9 P. HÜNERMANN, “El Concilio Vaticano II como evento”, en M. T. FATTORI – A. MELLONI (eds.), L’evento e le decisioni. Studi sulle dinamiche del concilio Vaticano II, Bolonia, il Mulino, 1997, 80. 10 Esto es evidente en el discurso de apertura pronunciado por Juan XXIII. No se puede negar semejante intención al Concilio. Presentar el Concilio Vaticano II en radical discontinuidad con la tradición católica es por lo tanto traicionar la intención del Concilio mismo.

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LA AGITACIÓN DE UNA “OPINIÓN PÚBLICA” EN EL INTERIOR DE LA IGLESIA, CON LA TÁCITA ALIANZA ENTRE LA PRENSA LAICA Y LOS CATÓLICOS DEL DISENSO, FUE UNA FORMA DE IMPUGNAR LA AUTORIDAD DEL MAGISTERIO Y EL CONCEPTO MISMO DE AUTORIDAD EN LA IGLESIA.

11 En 1976, el Cardenal Karol Wojtyla, Arzobispo de Cracovia, dictó un curso de ejercicios espirituales al Papa y a la Curia, que luego se publicó con el título Segno di contraddizione. Meditazioni, Milán, Vita e Pensiero, 1977. 12 Ver R. McINERNY, Vaticano II. Che cosa è andato storto? Verona, Fede & cultura, 2009.

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prevalecieron en el Concilio mismo. Se alimentó enormemente un sentido del entusiasmo y el optimismo, que terminó contagiando un poco a todos a partir de la mayoría de los Padres conciliares. En este clima de grandes expectativas, todo parecía más fácil: se esperaba una renovación inmediata de la vida de la Iglesia, favorecida sobre todo por la reforma litúrgica, que introducía en la liturgia el uso de los idiomas hablados; entre los cristianos parecía ya encaminado un proceso imposible de detener hacia la unidad; eran ciertamente graves los problemas del mundo, como el riesgo de una guerra atómica y la diferencia entre naciones ricas y pobres, pero se sobreestimó la acogida que tendrían en el mundo las palabras del Evangelio. Parecía como si la Iglesia estuviese a punto de convertirse en esa “levadura” que habría hecho fermentar toda la pasta (ver Mt 13, 33), olvidándose que esta debía ser, como su Maestro, también “signo de contradicción” (ver Lc 2, 34)11. De hecho la realidad del posconcilio mostró que las cosas no eran tan simples. Por el contrario, desde cierto punto de vista parecía que la situación hubiese empeorado. En esos años, miles de curas abandonaron el sacerdocio; en la liturgia comenzaron a circular oraciones eucarísticas alternativas, y cada uno se sentía autorizado a introducir cambios, con las llamadas “liturgias salvajes”; las vocaciones sacerdotales y religiosas disminuyeron drásticamente; en los seminarios y en las facultades teológicas se ponían en tela de juicio muchos puntos de la fe. A todo esto es preciso agregar el ‘68, que embistió al mundo estudiantil a escala mundial, produciendo una verdadera revolución cultural propiamente tal. Dentro de la Iglesia Católica, este mix de circunstancias provocó una crisis. La encíclica de Pablo VI, que reafirmaba el carácter ilícito de la contraconcepción, mostrando las profundas implicaciones antropológicas provocadas por una separación artificial entre el valor unitivo y el valor procreativo del acto conyugal, fue objetada abiertamente, no solo en la prensa laica, sino también dentro del mundo católico12. En medio de la llamada “euforia posconciliar”, algunos de buena fe y otros no tanto, todos se creían autorizados a oponerse al Magisterio y adaptar la fe a las exigencias del mundo moderno.


El Concilio en la interpretación de Juan Pablo II Juan Pablo II17, que participó en el Concilio en primer lugar como obispo auxiliar y luego como arzobispo de Cracovia, hizo permanentes llamados al Concilio Vaticano II, con una paciente y finísima obra de catequesis. Sería demasiado largo un examen de todo su recorrido interpretativo. Nos detenemos únicamente en algunos momentos significativos. En 1985, veinte años después de la clausura del Concilio, Juan Pablo II convocó a un Sínodo de obispos precisamente para reflexionar sobre ese gran evento y disipar las sombras que en alguna medida recaían sobre el mismo. En la relación

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En este clima, no es sorprendente un juicio negativo formulado por Pablo VI en los años del posconcilio: se esperaba —dijo— una primavera para la Iglesia, pero sobrevino un rígido invierno13. En otras palabras, se abrió camino una mala interpretación del Concilio. No en todo, ciertamente, pero en general, Pablo VI mostró su preocupación por el curso que tomó el posconcilio. La figura de Pablo VI es importante para comprender el Concilio Vaticano II. Dada su formación y sensibilidad, Montini era un progresista moderado. Sin embargo, siendo Papa, durante el Concilio, provocó descontento entre los progresistas cuando reafirmó la cuestión del celibato sacerdotal, que algunos deseaban que fuese facultativo, y la cuestión de la contraconcepción. Sobre estos dos puntos, promulgó dos encíclicas sumamente vigorosas: Coelibatus sacerdotalis (1967) y Humanae vitae (1968). Por otra parte, Pablo VI es también quien suspendió a divinis al obispo tradicionalista Marcel Lefebvre, que se había situado a la cabeza de un movimiento en enérgica oposición contra el Concilio Vaticano II, sobre todo en cuanto a su reforma litúrgica14. En su último discurso, el 29 de junio de 1978, cuarenta días antes de morir, resumiendo su pontificado, dijo que este se caracterizó por dos puntos: la tutela de la fe15 y la defensa de la vida humana16. Pocos prestaron atención en ese momento a estas advertencias.

13 Pablo VI atribuye este resultado nefasto a la obra del Maligno: “Tengo la sensación de que el humo de Satanás ha penetrado por alguna fisura en el templo de Dios”, y especifica: “Creemos en algo preternatural proveniente del mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio Ecuménico, para impedir que la Iglesia prorrumpiese en un himno de alegría por haber recuperado plenamente la conciencia de sí misma” (PABLO VI, Insegnamenti, vol. X [1972] 707 s.). Curiosamente, el discurso del Papa, fuera de las palabras que hemos citado, no se reproduce literalmente, sino resumido. 14 La excomunión de M. Lefebvre tuvo lugar en todo caso en 1988, con Juan Pablo II, después de que él consagró a cuatro obispos sin el beneplácito papal. Esta excomunión fue anulada por Benedicto XVI en el año 2009 con la esperanza de un reacercamiento. 15 Con especial referencia a la “Profesión de fe” de 1968 (PABLO VI, Insegnamenti, vol. VI (1968) 292299 [latín]; 302-310 [italiano]). 16 PABLO VI, Insegnamenti, vol. XVI (1978), 519-525. 17 Karol Józef Wojtyla (1920-2005) fue ordenado presbítero en 1946, obispo titular de Ombi y auxiliar de Cracovia en 1958 y arzobispo de Cracovia en 1964, designado cardenal en 1967 y elegido Papa el 16 de octubre de 1978. Fue beatificado el 1º de mayo de 2011.

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BENEDICTO XVI

“EL CONCILIO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN”

Quisiera ahora añadir todavía un tercer punto: Estaba el Concilio de los Padres —el verdadero Concilio—, pero estaba también el Concilio de los medios de comunicación. Era casi un Concilio aparte, y el mundo percibió el Concilio a través de estos, a través de los medios. Así pues, el Concilio inmediatamente eficiente que llegó al pueblo fue el de los medios, no el de los Padres. Y mientras el Concilio de los Padres se realizaba dentro de la fe, era un Concilio de la fe que busca comprenderse y comprender los signos de Dios en aquel momento, que busca responder al desafío de Dios en aquel momento y encontrar en la Palabra de Dios la palabra para hoy y para mañana; mientras todo el Concilio —como he dicho— se movía dentro de la fe, como fides quaerens intellectum, el Concilio de los periodistas no se desarrollaba naturalmente dentro de la fe, sino dentro de las categorías de los medios de comunicación de hoy, es decir, fuera de la fe, con una hermenéutica distinta. Era una hermenéutica política. Para los medios de comunicación, el Concilio era una lucha política, una lucha de poder entre diversas corrientes en la Iglesia. Era obvio que los medios de comunicación tomaran partido por aquella parte que les parecía más conforme con su mundo. Estaban los que buscaban la descentralización de la Iglesia, el poder para los obispos y después, a través de la palabra «Pueblo de Dios», el poder del pueblo, de los laicos. Estaba esta triple cuestión: el poder del Papa, transferido después al poder de los obispos y al poder de todos, soberanía popular. Para ellos, naturalmente, esta era la parte que había que aprobar, que promulgar, que favorecer. Y así también la liturgia: no interesaba la liturgia como acto de la fe, sino como algo en lo que se hacen cosas comprensibles, una actividad de la comunidad, algo profano. Y sabemos que había una tendencia a decir, fundada también históricamente: Lo sagrado es una cosa pagana, eventualmente también del Antiguo Testamento. En el Nuevo vale solo que Cristo ha muerto fuera: es decir, fuera de las

18 En EV 9, 1780.

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final, el Sínodo afirma: “Hemos celebrado unánimemente el Concilio Vaticano II como una gracia de Dios y un don del Espíritu Santo, del que se han derivado muchísimos frutos espirituales para la Iglesia universal y para las Iglesias particulares, así como también para los hombres de nuestra época. También hemos verificado unánimemente y con alegría el Concilio Vaticano II como expresión e interpretación legítimas y válidas del depósito de la fe, como se contiene en la Sagrada Escritura y en la viva tradición de la Iglesia” (n. 2)18. En términos más explícitos, no cabe duda de que la doctrina y las decisiones tomadas por el Concilio son plenamente católicas. Por lo tanto, se promueve el conocimiento del Concilio “tanto en cuanto a la letra como en cuanto al espíritu” (op. cit.). Los Padres sinodales reconocen que “ha habido defectos y dificultades en la recepción del Concilio”, y “en el tiempo


puertas, en el mundo profano. Así pues, la sacralidad que ha de acabar, profanó también el culto. El culto no es culto, sino un acto del conjunto, de participación común, y una participación como mera actividad. Estas traducciones, banalización de la idea del Concilio, han sido virulentas en la aplicación práctica de la Reforma litúrgica; nacieron en una visión del Concilio fuera de su propia clave, de la fe. Y así también en la cuestión de la Escritura: la Jean Guitton. Le Concile, Escritura es un libro histórico, que hay que tratar históricaTu dors Seigneur, 1962. mente y nada más, y así sucesivamente. Sabemos en qué medida este Concilio de los medios de comunicación fue accesible a todos. Así, esto era lo dominante, lo más eficiente, y ha provocado tantas calamidades, tantos problemas; realmente tantas miserias: seminarios cerrados, conventos cerrados, liturgia banalizada… y el verdadero Concilio ha tenido dificultad para concretizarse, para realizarse; el Concilio virtual era más fuerte que el Concilio real. Pero la fuerza real del Concilio estaba presente y, poco a poco, se realiza cada vez más y se convierte en la fuerza verdadera que después es también reforma verdadera, verdadera renovación de la Iglesia. Me parece que, 50 años después del Concilio, vemos cómo este Concilio virtual se rompe, se pierde, y aparece el verdadero Concilio con toda su fuerza espiritual. Nuestra tarea, precisamente en este Año de la fe, comenzando por este Año de la fe, es la de trabajar para que el verdadero Concilio, con la fuerza del Espíritu Santo, se realice y la Iglesia se renueve realmente. Confiemos en que el Señor nos ayude. Yo, retirado en mi oración, estaré siempre con vosotros, y juntos avanzamos con el Señor, con esta certeza: El Señor vence. (Aparte de las palabras de Benedicto XVI en su encuentro con el clero romano.14.II.13)

posconciliar estuvieron también presentes las sombras” (n. 3). Sin embargo, “no puede en modo alguno afirmarse que todas las cosas que han sucedido después del Concilio hayan ocurrido también a causa del Concilio” (op. cit.). Al anunciar el Jubileo del año 2000 con la Carta apostólica Tertio millennio adveniente (10 de noviembre de 1994)19, Juan Pablo II aclara cómo debe ser la visión justa del Concilio: “El Concilio Vaticano II constituye un acontecimiento providencial, gracias al cual la Iglesia ha iniciado la preparación próxima del Jubileo del segundo milenio. Se trata de un Concilio semejante a los anteriores, aunque muy diferente; un Concilio centrado en el misterio de Cristo y de su Iglesia, y al mismo tiempo abierto al mundo. Esta apertura ha sido la respuesta evangélica a la reciente evolución del mundo con las desconcertantes experiencias del siglo XX, atormentado por una primera y una

19 En EV 14, 1714-1820.

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A TODO ESTO ES PRECISO AGREGAR EL ‘68, QUE EMBISTIÓ AL MUNDO ESTUDIANTIL A ESCALA MUNDIAL, PRODUCIENDO UNA VERDADERA REVOLUCIÓN CULTURAL PROPIAMENTE TAL (…)

20 Esta idea del Concilio como respuesta a una “evolución” del mundo moderno será retomada por Benedicto XVI, como veremos más adelante.

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«Siguiendo la enseñanza de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, así como el consenso unánime de los obispos católicos y de gran parte del pueblo de Dios, podemos afirmar que el Concilio Vaticano II ha sido una gracia para la Iglesia; la doctrina contenida en sus documentos es plenamente católica y está en conformidad con la tradición. »

segunda guerra mundial, por la experiencia de los campos de concentración y por horrendas matanzas20. Lo sucedido muestra sobre todo que el mundo tiene necesidad de conversión” (n. 18; las cursivas de la cita son del original). El Papa observa luego que si bien el Vaticano II ha marcado “una época nueva en la vida de la Iglesia”, también lo ha hecho bebiendo de las fuentes del pasado: “En la historia


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de la Iglesia, lo viejo y lo nuevo están siempre profundamente relacionados entre sí. Lo nuevo brota de lo viejo y lo viejo encuentra en lo nuevo una expresión más plena”. Todo el número 19 es una admirable síntesis del espíritu del Concilio: “El Concilio, aunque no empleó el tono severo de Juan Bautista, cuando a orillas del Jordán exhortaba a la penitencia y a la conversión (ver Lc 3, 1-17), ha puesto de relieve algo del antiguo Profeta, mostrando con nuevo vigor a los hombres de hoy a Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29), el Redentor del hombre, el Señor de la historia. En la Asamblea conciliar la Iglesia, queriendo ser plenamente fiel a su Maestro, se planteó su propia identidad, redescubriendo la profundidad de su misterio de Cuerpo y Esposa de Cristo. Poniéndose en dócil escucha de la Palabra de Dios, confirmó la vocación universal a la santidad; dispuso la reforma de la liturgia, fuente y culmen de su vida; impulsó la renovación de muchos aspectos de su existencia tanto a nivel universal como al de Iglesias locales; se empeñó en la promoción de las distintas vocaciones cristianas: la de los laicos y la de los religiosos, el ministerio de los diáconos, el de los sacerdotes y el de los obispos; redescubrió, en particular, la colegialidad episcopal, expresión privilegiada del servicio pastoral desempeñado por los obispos en comunión con el Sucesor de Pedro. Sobre la base de esta profunda renovación, el Concilio se abrió a los cristianos de otras confesiones, a los seguidores de otras religiones, a todos los hombres de nuestro tiempo. En ningún otro Concilio se habló con tanta claridad de la unidad de los cristianos, del diálogo con las religiones no cristianas, del significado específico de la Antigua Alianza y de Israel, de la dignidad de la conciencia personal, del principio de libertad religiosa, de las diversas tradiciones culturales dentro de las que la Iglesia lleva a cabo su mandato misionero, de los medios de comunicación social”. Hay por lo tanto en el Vaticano II “una enorme riqueza de contenidos y un tono nuevo, desconocido antes, en la presentación conciliar de estos contenidos”, que “constituyen casi un anuncio de tiempos nuevos. Los Padres conciliares han hablado con el lenguaje del Evangelio, con el lenguaje del

(…) DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA, ESTE MIX DE CIRCUNSTANCIAS PROVOCÓ UNA CRISIS. LA ENCÍCLICA DE PABLO VI, QUE REAFIRMABA EL CARÁCTER ILÍCITO DE LA CONTRACEPCIÓN, MOSTRANDO LAS PROFUNDAS IMPLICACIONES ANTROPOLÓGICAS PROVOCADAS POR UNA SEPARACIÓN ARTIFICIAL ENTRE EL VALOR UNITIVO Y EL VALOR PROCREATIVO DEL ACTO CONYUGAL, FUE OBJETADA ABIERTAMENTE, NO SOLO EN LA PRENSA LAICA, SINO TAMBIÉN DENTRO DEL MUNDO CATÓLICO.

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EN MEDIO DE LA LLAMADA “EUFORIA POSCONCILIAR”, ALGUNOS DE BUENA FE Y OTROS NO TANTO, TODOS SE CREÍAN AUTORIZADOS A OPONERSE AL MAGISTERIO Y ADAPTAR LA FE A LAS EXIGENCIAS DEL MUNDO MODERNO.

21 Advertimos que se mencionan las cuatro grandes constituciones conciliares. 22 JUAN PABLO II, “Discurso en el Congreso Internacional sobre la aplicación del Concilio Ecuménico Vaticano II” (27 de febrero de 2000), en Insegnamenti, vol XXIII (2000), 272.

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Sermón de la Montaña y de las Bienaventuranzas” (n. 20). En vista del Gran Jubileo del 2000, el Papa invita a un examen de conciencia sobre el pasado y también sobre el presente, y este examen “debe mirar también la recepción del Concilio, este gran don del Espíritu a la Iglesia” (n. 36). Luego hay una serie de preguntas significativas en cuanto a las direcciones en las cuales quieren conducir: “¿En qué medida la Palabra de Dios ha llegado a ser plenamente el alma de la teología y la inspiradora de toda la existencia cristiana, como pedía la Dei Verbum? ¿Se vive la liturgia como “fuente y culmen” de la vida eclesial, según las enseñanzas de la Sacrosanctum Concilium? ¿Se consolida, en la Iglesia universal y en las Iglesias particulares, la eclesiología de comunión de la Lumen gentium, dando espacio a los carismas, los ministerios y las diversas formas de participación del pueblo de Dios, aunque sin admitir un democratismo y un sociologismo que no reflejan la visión católica de la Iglesia y el auténtico espíritu (mentem) del Concilio Vaticano II? Una interrogante fundamental debe también plantearse sobre el estilo de las relaciones entre la Iglesia y el mundo. Las directrices conciliares —presentes en la Gaudium et spes y en otros documentos— de un diálogo abierto, respetuoso y cordial, acompañado sin embargo por un atento discernimiento y por el valiente testimonio de la verdad, siguen siendo válidas y nos llaman a un compromiso ulterior” (op. cit.)21. En el año 2000, precisamente con ocasión de un Congreso Internacional sobre el Concilio Vaticano II, Juan Pablo II hace la síntesis más acabada de su pensamiento sobre el Concilio. Este —dice— “fue un don del Espíritu Santo a su Iglesia”, y “sigue siendo un acontecimiento fundamental” para comprender a la Iglesia de hoy (n. 1)22. El Papa, que participó personalmente en todo el Concilio, como señalábamos, lo recuerda como “una experiencia de fe”, entendida como un “abandonarse a Dios sin reservas, con la actitud de quien confía y tiene la certeza de ser amado. Precisamente esta actitud de abandono en Dios se nota con claridad al hacer un examen sereno de las Actas” (n. 2). Por lo tanto, los documentos del Concilio se leen con esta óptica del acontecimiento: “Quien


Benedicto XVI y el Vaticano II Recordemos que Joseph Ratzinger, presbítero desde 1951, estuvo presente en Roma en calidad de perito teólogo. Benedicto XVI entró directamente al debate sobre la hermenéutica del Concilio con el famoso discurso a la Curia romana del 22 de diciembre de 200525. Por cuanto no podemos citar enteramente la parte vinculada con nuestro tema, nos vemos obligados a sintetizarla. Nos percatamos de inmediato que él enfrenta sin vacilación las dificultades esenciales de carácter intelectual de los problemas. En la primera parte, relata un poco la historia de la recepción y dice que “se han confrontado dos hermenéuticas contrarias y se ha entablado una lucha entre ellas. Una ha causado confusión; la otra, de forma silenciosa pero cada vez más visible, ha dado y da frutos”. La primera se llama “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura”,

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quisiera acercarse al Concilio prescindiendo de esta clave de lectura, no podría penetrar en su sentido más profundo. Solo desde una perspectiva de fe el acontecimiento conciliar se abre a nuestros ojos como un don, cuya riqueza aún escondida es necesario saber captar” (op. cit.; la letra en bastardilla de este párrafo aparece así en el texto). Juan Pablo II insiste en la necesidad de “no perder la genuina intención de los Padres conciliares; más bien, hay que recuperarla superando interpretaciones arbitrarias y parciales, que han impedido expresar del mejor modo posible la novedad del Magisterio conciliar” (n. 4). Una recta hermenéutica se situará siempre “dentro del entramado de fe y no fuera de él. Leer el Concilio suponiendo que conlleva una ruptura con el pasado, mientras que en realidad se sitúa en la línea de la fe de siempre, es una clara tergiversación” (op. cit.; letra en bastardilla en el texto). La intervención del Papa termina con una afirmación23, y es una de las más audaces que se han hecho sobre el Concilio. Este “fue una verdadera profecía para la vida de la Iglesia, y seguirá siéndolo durante muchos años del tercer milenio recién iniciado” (n. 9)24.

“EN NINGÚN OTRO CONCILIO SE HABLÓ CON TANTA CLARIDAD DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, DEL DIÁLOGO CON LAS RELIGIONES NO CRISTIANAS, DEL SIGNIFICADO ESPECÍFICO DE LA ANTIGUA ALIANZA Y DE ISRAEL, DE LA DIGNIDAD DE LA CONCIENCIA PERSONAL, DEL PRINCIPIO DE LIBERTAD RELIGIOSA, DE LAS DIVERSAS TRADICIONES CULTURALES DENTRO DE LAS QUE LA IGLESIA LLEVA A CABO SU MANDATO MISIONERO, DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL”. (JUAN PABLO II)

23 Advertimos cómo esta afirmación es válida tanto contra los “tradicionalistas” como contra los “progresistas”. 24 JUAN PABLO II, Insegnamenti, vol. XXIII (2000), 278. 25 BENEDICTO XVI, Insegnamenti, vol. I (2005), 1018-1032.

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EL CONCILIO VATICANO II QUISO RESPONDER A ESTOS TRES ÓRDENES DE PREGUNTAS, QUE ESPERABAN UNA RESPUESTA: 1) LA RELACIÓN ENTRE FE Y CIENCIAS MODERNAS; 2) LA RELACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO MODERNO; 3) EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD RELIGIOSA, CON UNA NUEVA DEFINICIÓN DE LA RELACIÓN ENTRE FE CRISTIANA Y RELIGIONES DEL MUNDO.

26 Ante la afirmación: “El Concilio Vaticano II marcó un cambio de giro epocal en la Iglesia” hay quienes dicen “¡Menos mal, ya era hora!”, mientras otros dicen: “¡Desgraciadamente!”.

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y la segunda “hermenéutica de la reforma, de la renovación dentro de la continuidad”. Luego Benedicto XVI se explaya en la descripción de la dinámica propia de la hermenéutica de la discontinuidad. Es el “espíritu” del Concilio —dice esta corriente— lo que debe guiar la interpretación de los textos, los cuales son a menudo el resultado de componendas. Ser fieles al Concilio significa entonces ser fieles a su espíritu, teniendo la valentía de ir más allá de los textos. ¿Pero quién decide en qué consiste este “espíritu del Concilio”?, se pregunta el Papa. Aquí parecería que Benedicto XVI critica únicamente el ala progresista y no la tradicionalista, si bien ambas se sitúan en la hermenéutica de la discontinuidad, pero con signo opuesto26. Ahora, bien, es precisamente al ala tradicionalista a la cual se dirige el Papa indirectamente, en la parte quizás más comprometedora de su discurso, cuando esboza un análisis de la relación entre la Iglesia y la edad moderna, de manera que el problema existe mucho antes del Vaticano II. Esta relación —retomamos el pensamiento del Papa— tuvo un comienzo sumamente problemático con el proceso a Galileo, y se rompió con el Iluminismo (Kant) y con la revolución francesa, hasta llegar a ser un enfrentamiento ideológico abierto con el liberalismo radical y el positivismo cientificista. La Iglesia (Pío IX) reaccionó ante semejante espíritu de la edad moderna “con ásperas y radicales condenas”. En este punto —y es la parte más interesante de su discurso—, la lectura que hace Benedicto XVI del mundo moderno invierte la situación planteada por los tradicionalistas. Para explicarles las aperturas del Concilio Vaticano II, afirma que no es que la Iglesia haya modificado sus principios (inmutables), sino que en el mundo moderno se han producido desarrollos imprevisibles: la revolución americana ofrecía un modelo de Estado moderno laico, garante de la libertad religiosa, pero no neutro respecto a los valores; las ciencias naturales e históricas reconocían gradualmente el límite de su método, con repercusiones incluso en el terreno exegético, y por último los crímenes del régimen nacionalsocialista exigían definir de un modo nuevo la relación entre la Iglesia y la fe de Israel.


Año de la Fe 2012-2013 EL PENSAMIENTO DE BENEDICTO XVI SOBRE EL CONCILIO SE PUEDE SINTETIZAR DE LA SIGUIENTE MANERA: “HOY PODEMOS DIRIGIR CON GRATITUD NUESTRA MIRADA AL CONCILIO VATICANO II: SI LO INTERPRETAMOS Y RECIBIMOS GUIADOS POR UNA RECTA HERMENÉUTICA, DE ESTE MODO PUEDE LLEGAR A CONSTITUIR CADA VEZ MÁS UNA GRAN FUERZA PARA LA RENOVACIÓN SIEMPRE NECESARIA DE LA IGLESIA”.

Lello Scorzelli. “Clausura del concilio ecumenico Vaticano II” 1964.

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EL CONCILIO CIERTAMENTE NO AGOTÓ SU TAREA, PERO INAUGURÓ UN MÉTODO DE EVANGELIZACIÓN SIEMPRE ANTIGUO Y SIEMPRE NUEVO, QUE LLAMA A TODOS LOS CATÓLICOS A LA RESPONSABILIDAD CONJUNTA, PARA LLEVAR EL EVANGELIO A TODOS LOS HOMBRES.

27 BENEDICTO XVI, Motu proprio Summorum Pontificum (7 de julio de 2007), em Insegnamenti, vol. III (2007), n. 2, 20-24, acompañado por una carta, op. cit. 25-29.

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El Concilio Vaticano II quiso responder a estos tres órdenes de preguntas, que esperaban una respuesta: 1) la relación entre fe y ciencias modernas; 2) la relación entre Iglesia y Estado moderno; 3) el problema de la libertad religiosa, con una nueva definición de la relación entre fe cristiana y religiones del mundo. Ciertamente —afirma Benedicto XVI— al dar las respuestas a estos problemas, en la Iglesia surgieron formas de discontinuidad, incluso fuerte, con respecto al pasado; pero sería un error detenerse en los cambios considerados en sí mismos: es preciso ir al fondo de los problemas para ver la continuidad substancial. Esta afirmación de la “continuidad” no es un mero “lugar común” habitual en los documentos de la Curia romana, como afirman algunos, para cubrir tal vez ciertas maniobras del poder, sino un verdadero esfuerzo de comprensión de lo que realmente sucede. No podemos adentrarnos aquí en los detalles. En definitiva —dice el Papa— “la Iglesia, tanto antes como después del Concilio, es la misma Iglesia, una, santa, católica y apostólica, en camino a través de los tiempos; va “peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, anunciando la muerte del Señor hasta que Él venga (ver Lumen gentium, n. 8”). El pensamiento de Benedicto XVI sobre el Concilio se puede sintetizar de la siguiente manera: “Hoy podemos dirigir con gratitud nuestra mirada al Concilio Vaticano II: si lo interpretamos y recibimos guiados por una recta hermenéutica, de este modo puede llegar a constituir cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”. Algunas decisiones de Benedicto XVI, como la autorización para celebrar según el Misal de San Pío V (2007)27 y la abolición de las excomuniones a los obispos del movimiento cismático inspirado por M. Lefebvre (2009), inquietaron a los “progresistas”, temerosos de que el “espíritu del Concilio” —como ellos lo entienden— se hubiera sofocado. Los “tradicionalistas”, por su parte, ponen sobre todo el acento en la crisis que estalló en la Iglesia con posterioridad al Concilio y aún permanece, visualizando en esto una relación de causa y efecto en conformidad con el refrán: “Quien siembra viento, cosecha tempestad”. De acuerdo con esta interpretación, la


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tempestad que ha afectado a la Iglesia no sería sino producto del Concilio mismo, a su vez dominado por el espíritu “modernista” que desde hacía un tiempo estaba socavando a la Iglesia28. Alguien escribió: “La evidencia de los hechos señala, en este sentido, al Concilio Vaticano II como una de las mayores calamidades, si no es la mayor, de la historia de la Iglesia”29. Aquí estamos ante una opinión enteramente opuesta al pensamiento de los Papas. Por lo demás, en estos últimos cincuenta años la Iglesia Católica ha experimentado una crisis profunda, de origen lejano en el tiempo, y que es sustancialmente una crisis de fe. No por nada Benedicto XVI convocó un Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario del Concilio Vaticano II30.

Conclusión En conclusión, siguiendo la enseñanza de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, así como el consenso unánime de los obispos católicos y de gran parte del pueblo de Dios, podemos afirmar que el Concilio Vaticano II ha sido una gracia para la Iglesia; la doctrina contenida en sus documentos es plenamente católica y está en conformidad con la tradición31. Si alguien la interpreta de distinta manera, la culpa no es de los documentos, sino del intérprete32. El Concilio Vaticano II no se enfoca como algo absoluto; lleva consigo la huella de la historia y subraya algunos aspectos de la doctrina católica anteriormente desatendidos, pero no pretende decirlo todo, y sobre todo no pretende negar las verdades católicas ya definidas. Siguiendo la intuición del beato Juan XXIII, el Concilio optó por defender la verdad revelada sin pronunciar condenas ni anatemas —lo cual en sí mismo siempre es posible y a veces incluso es justo hacerlo—, sino proponiéndola en su plenitud y belleza. En este aspecto, el Concilio ciertamente no agotó su tarea, pero inauguró un método de evangelización siempre antiguo y siempre nuevo, que llama a todos los católicos a la responsabilidad conjunta, para llevar el Evangelio a todos los hombres.

28 El último verdadero bastión habría sido el Papa San Pío X. Ya con Pío XII –dicen- habría existido cierto aflojamiento. No por nada el confesor de este Papa era el jesuita biblista Agostino Bea, que luego llegó a ser cardenal y con su Secretaría para la Unidad de los Cristianos tuvo un influjo determinante en todo el Concilio. 29 P. CORRÊA DE OLIVERA, Rivoluzione e Contro-Rivoluzione, Milán, SugarCo, 2009, 169, citado por R. DE MATTEI, Il Concilio Vaticano II, op. cit., 588. 30 BENEDICTO XVI, Carta apostólica en forma de motu proprio La puerta de la fe (11 de octubre de 2011). Ver Civ. Catt. 2012, IV, 169-179. 31 Pedir, como algunos, que se verifique la continuidad entre el Concilio Vaticano II y los veinte Concilios anteriores, “para disipar las sombras y las dudas que desde hace casi medio siglo hacen sufrir a la Iglesia” (R. DE MATTEI, Il Concilio Vaticano II…, op. cit., 591) significa dudar de la catolicidad del Concilio, es decir, poner en duda su ortodoxia. 32 También la Biblia se puede interpretar de manera distorsionada, pero si así ocurre, ciertamente no es culpa de la Biblia.

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¿Por qué un Año de la Fe? Con fecha 11 de octubre de 2011, el Papa Benedicto XVI publicó una Carta Apostólica con el título “Porta fidei” (Puerta de la fe). En ella anunciaba que había “decidido convocar un Año de la Fe” en el cual se conmemorarían dos aniversarios de inmensa relevancia histórica en orden al don de la fe: medio siglo de la inauguración del Concilio Vaticano II y veinte años de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Después de la publicación de las palabras de ocho obispos chilenos sobre este tiempo de gracia que se leyeron en las páginas de HUMANITAS 68 (octubre-diciembre 2012), luego que ocho rectores de universidades católicas chilenas respondieran de lo mismo en HUMANITAS 69 (enero-marzo 2013) y que en la edición de HUMANITAS 70 (abril - junio 2013) nueve mujeres responsables de importantes servicios públicos en el ámbito académico, cultural y asistencial expresaran también su voz acerca del significado del Año de la Fe, en HUMANITAS 71 (julio - septiembre) fue el turno de los religiosos. Siguen, en el presente número, las palabras que nos entregan los representantes de algunos de los movimientos apostólicos asentados en Chile, realidades generalmente comprendidas, en el mundo entero, como un sustancial fruto del Concilio Vaticano II, expresión asimismo del apostolado y presencia activa de los laicos en la vida de la Iglesia.

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Acogimos y asumimos la llamada del Papa Benedicto XVI a vivir un ‘Año de la Fe’ con actitud providencialista, pues responde a la necesidad permanente de renovarnos en la fe y frente a la urgencia actual de revisar la profundidad y el ardor con Padre José Luis Correa P. Sch. con que la vivimos, para seguir transmitiéndola a Movimiento de Schoenstatt. las generaciones más jóvenes. En la transmisión de una fe viva juega un rol importante la familia, como primera ‘escuela de fe’. En ella los padres están llamados a ser transparentes de la paternidad de Dios y, a través de la experiencia de una “Iglesia doméstica” en el hogar, transmitir la vivencia de pertenencia a la Iglesia, Familia de Dios (‘preámbulos vivenciales de la fe’). Igualmente importante es la pertenencia y participación en pequeñas comunidades, en las que se experimenta y comparte, se profundiza y madura la fe. El año de la fe ha sido también ocasión para fortalecer el compromiso misionero permanente de todo creyente; en particular, a través de las experiencias en misiones familiares y juveniles. Ahí se redescubre la alegría de la fe y el entusiasmo de la «dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe» (PF 10). En especial, desde los movimientos eclesiales y nuevas comunidades se hace realidad lo que alentaba el Papa Juan Pablo II; la acción evangelizadora de los laicos que le cambia el rostro a la Iglesia y que hace surgir santos de la vida diaria en medio del mundo. La vida del ingeniero Mario Hiriart, uno de los fundadores de Schoenstatt en Chile, en proceso de beatificación, es un claro ejemplo de esto. Es el testimonio de vida de los creyentes, que debe hacerse cada vez más creíble (cf. PF 9), el que modifica el entorno. La dimensión mariana en este año de la fe, en el que el Papa Francisco consagrará el mundo a la Virgen María, la ‘feliz por haber creído’, es algo fundamental. Ella es la primera creyente y quien engendra nuevos cristianos y los educa en la madurez de su fe. Ella es quien nos conduce de manera segura y vital al encuentro de Cristo, hoy. Ella es también la Gran Misionera, quien desde la geografía de los santuarios marianos intercede, como en Pentecostés, el Espíritu Santo que nos confirma en la fe y nos da la fuerza para defenderla y difundirla (Cf Catecismo 1303). Con y como María, que guardaba y meditaba todas las cosas en su corazón, procuramos en la ‘meditación de la vida’, percibir creyentemente el paso de Dios por la historia personal, comunitaria y social. Buscamos así discernir el querer de Dios, que quiere que todos nos salvemos por la fe y el amor. Agradecemos la iniciativa pontificia de este año de la fe y esperamos confiadamente que dé muchos frutos de renovación en nuestra Iglesia.

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El desafío de unir fe y vida

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Despertar del sueño Un año de la fe es un llamado a despertar. El Papa Benedicto planteó una pregunta a los obispos latinoamericanos en Aparecida: “¿Qué es lo real? ¿Son realidad solo los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, solo puede terminar en caminos José Manuel equivocados y con recetas destructivas”. Debemos Eguiguren Guzmán despertar a la realidad de Dios. Porque la cultura actual Fundador del Movimiento nos hace dormirnos en el materialismo. La sociedad Apostólico Manquehue de consumo nos muestra productos que posiblemente muchas veces son buenos, pero que penetran en nuestros hogares y nos ofrecen una felicidad pasajera, que impiden que entremos en lo más interior de nuestro ser en donde encontramos a Dios y su Palabra, y que nos hacen vivir de ilusión en ilusión, de tal manera que nos convidan a instalarnos en la tierra tal cual está olvidándonos de Cristo Jesús que venció todos los males con su resurrección. Un año de la fe significa no quedarse en amores que son efímeros, sino descubrir el amor del Padre Celestial que se nos ha regalado en su Hijo como dice san Pablo a los romanos: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 5). Este nos habilita a responderle a Él con su propio amor, para que el Hijo en nosotros actúe, ame y vaya creando un mundo diferente según el Evangelio. Significa no hacer una componenda entre la fe y los valores mundanos, vivir profundamente en este mundo con la fe que nos redime y nos salva y que va haciendo emerger cielos nuevos y tierra nueva. Es abrir el oído del corazón para escuchar a Dios que nos habla y nos despierta. Como dice san Benito en su Regla, “levantémonos, pues, de una vez, que la Escritura nos desvela diciendo: ya es hora de despertarnos del sueño”. (RB P, 8)

No dar por obvia la Fe La convocación del Año de la Fe por Benedicto XVI ha representado fundamentalmente, para el Movimiento de Comunión y Liberación, una llamada de atención, acompañada por una invitación a la conversión. En la Carta Apostólica Porta fidei el Papa escribía: Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las

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El padre Luigi Giussani [1922 – 2005], durante Padre Martino di Carli los años cincuenta, dejó el trabajo científico en la Responsable de Comunión y Facultad Teológica de Milán y empezó su misión Liberación en Chile con los jóvenes, porque constató que en muchos Miembro de la Fraternidad de ellos los síntomas de la crisis de la fe, de la cual Sacerdotal de los Misioneros de habla la Carta Apostólica, ya empezaban a mani San Carlos Borromeo festarse. De hecho, muchos estudiantes, a pesar de ser nominalmente católicos, eran existencialmente ajenos a la experiencia elemental de la fe cristiana. En el contexto actual estas consideraciones tienen un peso todavía más grande. Por lo tanto, la convocación del Año de la Fe, junto con la publicación reciente de la Encíclica Lumen fidei por el Papa Francisco, ha hecho resonar en nosotros algunas preguntas apremiantes: “¿Creemos todavía que Cristo puede llenar la vida?”. “¿Cristo es solo una más entre todas las cosas de nuestra vida, una inspiración para nuestros proyectos?”. “La fe en Cristo, ¿es una fe que tiene que ver con la vida o solo un elenco de afirmaciones abstractas o de iniciativas que realizar?” Tal vez estos interrogantes se puedan resumir con estas palabras de Jesús:

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consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto es negado1.

Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?2 El Movimiento de Comunión y Liberación nació exactamente para responder a este desafío: no dar por obvia la fe, sino descubrir su pertinencia a la vida. 1 Benedicto XVI, Porta fidei, 2. Carta Apostólica del 11 octubre 2011. 2 Lucas 18, 8.

Para agradecer, valorar, celebrar y renovarnos La vida del hombre es un caminar hacia Dios y la vida del cristiano es, además, una experiencia viva y creciente de Dios para encontrarle definitivamente en la eternidad. Desde esa perspectiva la vida es un don, y la fe un tesoro aún más grande que la vida: “De qué nos hubiera servido haber nacido si no hubiésemos sido salvados?”

Padre Xavier Castro, LC

Director territorial de los Legionarios de Cristo en Chile y Argentina

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Un Año de la fe es un año para agradecer, valorar celebrar y renovarnos en la vivencia del don que hemos recibido como cristianos. Un Año de la fe debe ser un momento para renovarnos en este don. La vida del cristiano no es fácil, seguir a Jesús exige entrega y esfuerzo porque Él quiere lo mejor de nosotros mismos. La vida de fe tiene sus momentos bellos y alegres, pero también sus batallas y va dejando un desgaste. ¿Quién no necesita de una oportunidad para renovar fuerzas, para sanar heridas? La dinámica tan frenética en que vivimos como sociedad hace que perdamos un poco el rumbo, que se nuble el camino. Es muy necesario reorientarse, ver de nuevo hacia Quién nos dirigimos y con Quién caminamos. La fe en Jesucristo es una experiencia de amor. Y tanto en la fe como en el amor rige una ley: “renovarse o morir”. Un Año de la fe es una invitación de Dios a cada cristiano para renovarse y crecer en esta experiencia del amor divino. La fe es un don, pero también un compromiso. Jesús llamó a sus discípulos “para que estuvieran con Él y enviarles a predicar” (Mc. 3, 14). El amor no puede ser egoísta. Hemos recibido el don más grande, que da sentido último y profundo a nuestra vida. Todos nos topamos cada día con hermanos que sufren, personas que no conocen a Dios, que no tienen esta experiencia de su amor. Un Año de la fe es también un momento para renovar nuestro compromiso apostólico como creyentes y como Iglesia. El Papa Francisco ha invitado a los jóvenes a hacer lío. Nos va recordando continuamente que el don de la fe que hemos recibido no nos pertenece egoístamente. Estamos llamados a vivirlo y disfrutarlo pero sobre todo a compartirlo. Jesús se nos ha dado a todos, creyentes y no creyentes, pero a quienes creemos nos toca compartirlo. El Año de la fe tiene que crearnos algo de lío en nuestra vida, nos tiene que sacar de nuestra indiferencia hacia el prójimo que sufre de tantas maneras, especialmente por aquellos que no conocen a Cristo. Cada creyente en Jesús, cada Movimiento y asociación eclesial, la Iglesia toda, está llamada a “un compromiso más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (Porta fidei 7).

Un re-encuentro de Fe Don precioso que nos une y nos trasciende es la fe. Este renovado tiempo al cual el Papa Benedicto XVI nos convocó ha sido propicio para buscar la respuesta a la pregunta ¿por qué un año de la Fe? Ciertamente ha sido un año en que el tema es casi profético para la Iglesia, un año de dificultades donde diversos vientos buscan siempre nuestro tropiezo en el andar; en ello, qué necesario es renovarse en lo esencial para mirar a la

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Iglesia y al mundo desde lo que nos une y nos fortalece. Este Don gratuito no solo consolida aquella esperanza de lo que creemos y esperamos, sino que nos une con toda la Iglesia por ser la misma Fe que vivieron muchos santos, la misma Fe de María y los Apóstoles, la misma Fe de los que vendrán. Es un Don que trasciende al tiempo y el espacio, dando sentido a nuestra vida y ordenando todo hacia Dios. La memoria de lo que Javier de la Flor permanece es siempre un camino de sabiduría y Superior del Sodalicio de ciertamente la Fe es el pilar o ancla que no se mueve Vida Cristiana en Chile y que necesita ser renovada, recordada, formada y enriquecida para desde ahí re-encontrarse con uno mismo, con los demás, con la creación entera y sobre todo con Dios. Este encuentro es una dinámica activa que no se agota en sí misma porque impulsa a la acción, al anuncio, a la vida, a la comunión. La Fe, por tanto, cuando no se comparte, está destinada a secarse y morir. Es Pedro, la Roca, en la persona del Papa, quien nos lanza una vez más a renovarnos en lo esencial para responder al llamado del Señor: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15).

Fidelidad a lo recibido Con alegría acogíamos las Cruzadas de Santa María el anuncio de Benedicto XVI de un Año de la Fe. Con alegría y responsabilidad, la de quienes han recibido un carisma de Dios y quieren vivirlo en constante renovación interior para responder a las exigencias del momento desde la fidelidad a lo recibido. Desde Esther Gómez de Pedro nuestro carisma: tronco ignaciano y savia carmelitaCruzadas de Santa María, Chile na, abiertos a los signos de los tiempos y enraizados en la fe en Jesucristo, “el mismo ayer, hoy y siempre”. De forma institucional y personal hicimos nuestra “la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo” (Porta fidei, 2). Renovarnos para responder. ¿Cómo? Renovación al estilo de nuestra adalid, la gran santa de Ávila, “desde el interior”, desde el corazón. Dejándonos tocar por el Dios misericordia que nos purifica e invita a colaborar con Él para “prender fuego al mundo” (Lc 12, 49) acercando a otros a ese mismo fuego de amor. Renovación en el crisol de los

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Ejercicios Espirituales Ignacianos, que ha hecho y hace santos. Renovación interior en la vida sacramental que nos transmite la vida divina, savia de inmortalidad. Renovación en el sentir con la Iglesia, con el Papa y su constante invitación a salir de sí mismo hacia las periferias existenciales —en la JMJ y siempre—. Renovación profundizando en la riqueza del magisterio del Vaticano II, del Catecismo. Respuesta al estilo de los primeros cristianos: evangelizando primero a quienes están cerca. Responder con la palabra que anuncia y defiende, con la vida —testigos creíbles del Evangelio en cualquier situación o profesión, de la alegría que da la entrega total a Cristo—, con la invitación valiente a seguir a Cristo y comprometerse con Él, a vivir Ejercicios Espirituales para que, renovando cada corazón, se renueve el mundo. Respuesta al estilo de Nazaret, del “hágase y estar” de María. Como Ella, las Cruzadas de Santa María queremos renovarnos en la fe para ofrecer al mundo en que vivimos por vocación esa fe que salva.

Luz sobre el celemín El “Año de la FE” acrecienta el celo para anunciar a Jesucristo

Juan Figueras - María Teresa Garciandía de Figueras

Responsables en Chile del Camino Neocatecumenal

Muerto y Resucitado, ¡SEÑOR!; pues Él es “el que inicia y consuma la FE” (Hbr 12, 2) perdonando todos nuestros pecados, enviándonos su Espíritu Santo.

También tomamos más conciencia de que la Iglesia es una Madre que nos gesta en esa FE desde el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, «Misterio de nuestra FE». A través del Catecumenado Postbautismal muchos bautizados recuperamos la FE, como una Vida Nueva en Cristo, en continua conversión –¡‘metanoia’!– “porque la Iglesia nunca presupone la Fe como algo descontado, sino que sabe que este don de Dios tiene que ser alimentado y robustecido para que siga guiando su camino.” (Lumen fidei, 6). En este “Camino de Fe” experimentamos con alegría la GRATUIDAD — frente al semipelagianismo humanista—, reconociendo lo que nos dice San Pablo: “Habéis sido salvados por la gracia mediante la FE; y esto no viene de vosotros, sino que es don de Dios;... En efecto, hechura suya somos: creados

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en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso que practicáramos” (Ef 2, 8-10). Son las ‘obras de la FE’, que transmiten con claridad Mateo (5-7) y Lucas (6, 20-49), y que vemos encarnada en cierta medida en tantos hermanos, aunque con precariedad, puesto que llevamos este tesoro —la FE-VIDA— en vasos de barro. La Comunidad Cristiana, que –excavando, excavando– pone su vida sobre esta Roca, arroja los “Signos de la Fe”, es decir, el AMOR como Cristo nos amó, dando la vida por los enemigos, concretamente; y la perfecta UNIDAD en medio de tantas divisiones. Estos Signos —Luz sobre el celemín— llaman a la Fe a los alejados, quienes, acogiendo la Palabra de Salvación de unos testigos, pueden recibir este mismo Amor de Dios gratis, ya que “la Fe viene por la predicación, y la predicación por la Palabra de Cristo”. (Rm 10, 17; cf. vv. 14-16). Después encuentran en la Iglesia un seno de misericordia donde son gestados en la Fe. Así el Camino Neocatecumenal hace suya la exhortación de la “Porta fidei” (n.7): “... hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva Evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la Fe... La Fe crece cuando se vive como experiencia de un Amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo…» ¡Gracias a Dios!

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APUNTES Y NOTAS MISIÓN DE LA FILOSOFÍA EN LAS UNIVERSIDADES CATÓLICAS DEL SIGLO XXI —A propósito de “Dios, filosofía y universidades” de Alasdair MacIntyre—

por Raúl Madrid

A lasdair MacIntyre es, a estas alturas, bien conocido entre nosotros por su crítica al liberalismo, y su intento de recuperación de la ética clásica, en el contexto del debate sobre los problemas de nuestro tiempo. Su preocupación por el conocimiento filosófico no se ha restringido al ámbito de la ética en general, sino que ha descendido también a la dimensión institucional de ese conocimiento: es decir, a la reflexión sobre la universidad.

En este sentido, publicó en 2009 —como fruto de un curso impartido en Notre Dame desde 2004— una obra titulada Dios, Filosofía, universidades. Historia selectiva de la tradición filosófica católica, que ha sido traducida al español el año pasado1, y cuyo contenido otorga un muy buen punto de partida para analizar la misión de la filosofía en la universidad; y específicamente en las universidades católicas. Es interesante poner atención a las con-

1 Alasdair MacIntyre, God, Philosophy, Universities: A Selective History of the Catholic Philosophical Tradition. Rowman & Littlefield, 2009. La versión española, por la que citamos es Dios, filosofía, universidades. Historia selectiva de la tradición filosófica católica (E. Anrubia y S. Montiel, trads.), Nuevoinicio, Granada, 2012.

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vicciones que, según dice, lo llevan a escribir cosas separadas de los propósitos de Dios. el texto: (1) que los laicos católicos formados Cualquier estudio de una disciplina univernecesitan entender el pensamiento filosófico sitaria sin referencia a Dios será, por lo tanto, católico bastante mejor de lo que ahora lo considerado incompleto. Desde esta perspecentienden, para poder evaluar la verdad o fal- tiva, todas las ciencias confluyen en un centro, sedad de las distintas tesis; (2) que la filosofía que organiza los saberes y los llena de sentido; católica se entiende mejor contando su historia traduciéndose en un esquema de aprendizaje como una conversación que se prolonga a tra- organizado e institucionalizado, que presupovés de los siglos con voces que conviene traer ne un punto de vista sobre la relación entre los a nuestra época, y (3) que la filosofía no es solo diferentes saberes. En una visión de este tipo, cosa de proposiciones afirmadas o negadas y el currículum de cada carrera presupondría de argumentos propuestos y una unidad subyacente del evaluados críticamente, sino universo, y, por lo tanto, subLA FILOSOFÍA PARECE también de filósofos en una yacente en las investigaciones HABERSE CONVERTIDO situación social concreta que de cada disciplina. MacIntyre EN UNA DISCIPLINA MUY interactúan entre ellos de se queja de que, en el mundo BIEN ORGANIZADA, HECHA tal manera que las formas académico occidental, nadie POR ESPECIALISTAS sociales e institucionales son tiene la sensación de que se PRINCIPALMENTE PARA importantes, y ninguna lo esté dejando de hacer algo OTROS ESPECIALISTAS, es más que los entornos unifundamental al omitir esta SIN OFRECER SOLUCIONES versitarios2. Estos tres ejes no síntesis. El ateísmo práctico PARA LA VIDA REAL NI solo explican lo que MacIntyre de las universidades consisPARA LA DECISIÓN SOBRE intenta hacer en su libro, sino tiría —afirma— no solo en la LA BONDAD O MALDAD que trazan también, de paso, sustracción de Dios del ámbito DE LOS ACTOS HUMANOS. un programa para la recuperade los objetos estudiados, LA FRAGMENTACIÓN DE ción de estos planteamientos sino también en la falta de LA INVESTIGACIÓN Y LA en un mundo cuya filosofía cualquier visión de las cosas FRAGMENTACIÓN DEL se ha alejado progresivamente que sea integrada y global3; la ENTENDIMIENTO de las cosas reales (el objeto filosofía parece haberse conSE DAN ACTUALMENTE de estudio, para muchos filóvertido en una disciplina muy POR SENTADAS. sofos de hoy, no son los entes, bien organizada, hecha por sino los textos), y donde las especialistas principalmente instituciones, más que expresión de los fines para otros especialistas, sin ofrecer soluciones del hombre, recuerdan más bien dispositivos para la vida real ni para la decisión sobre la y estrategias de poder. bondad o maldad de los actos humanos. La Para configurar estas tres convicciones de fragmentación de la investigación y la fragmenun modo argumental, MacIntyre encuadra su tación del entendimiento se dan actualmente reflexión sobre el papel de la filosofía en torno por sentadas4; la universidad habría perdido a dos ejes: Dios y la universidad. Sostiene que, su capacidad de iluminar lo particular en lo para los teístas, no se pueden comprender las universal, y por eso habría pasado a ser más 2 MacIntyre, ob. cit., p.13. 3 MacIntyre, p. 37. 4 MacIntyre, p. 38.

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bien una multiversidad, para usar la expresión al problema de la trascendencia, recuerda en de Clark Kerr5. cierta forma la realizada muchos años antes La propuesta del filósofo escocés, en la direc- por Gilson en El ser y los filósofos, aunque con ción de recuperar una dimensión sintética del una temática diferente, por cuanto MacIntyre saber abierta a la trascendencia, es coherente no solo dialoga sobre la evolución de las ideas, con la exhortación de la Constitución Apos- sino que dirige su atención al lugar donde se tólica Ex Corde Ecclesiae (en adelante, ECE), en abordan dichas ideas y se ofrecen respuestas el sentido de que “la tarea privilegiada [de la a las interrogantes. En este sentido, su efecto universidad católica] es unificar existencial- pedagógico es altísimo; y resulta una lectura mente en el trabajo intelectual altamente recomendable para dos órdenes de realidades el que quiera trazar el mapa de LA UNIVERSIDAD MODERNA que muy a menudo se tienla evolución del pensar sobre ENCARNA UNA SERIE DE den a oponer como si fueran el concepto de Dios, y el papel ACTITUDES CONTRARIAS A antitéticas: la búsqueda de la que este desempeña como LA CONCEPCIÓN CATÓLICA verdad y la certeza de conocer foco hermenéutico. DEL CONOCIMIENTO Y la fuente de la verdad”6. La La universidad moderna DEL MUNDO, NO SOLO función epistemológica y disencarna una serie de actitudes POR EL CONTENIDO DE ciplinaria de la idea de Dios contrarias a la concepción SUS ENSEÑANZAS, SINO es por lo tanto un horizonte católica del conocimiento y PRINCIPALMENTE POR LOS de significado donde todos los del mundo, no solo por el PRINCIPIOS SUBYACENTES saberes se inscriben, se unificontenido de sus enseñanzas, A SUS CURRÍCULOS, QUE can y extraen una dimensión sino principalmente por los NO VAN ACOMPAÑADOS DE hermenéutica común. principios subyacentes a sus NINGUNA UNIDAD INTERNA. A continuación, MacIntyre currículos, que no van acomejecuta una personalísima pañados de ninguna unidad historia del pensamiento filosófico, que inclu- interna. La filosofía pierde toda importancia ye a San Agustín, Boecio, Pseudo-Dionisio, como articuladora de dicha unidad, y pasa San Anselmo, los traductores y comentadores a ser una disciplina más. MacIntyre está judíos e islámicos, tales como Avicena, Al- profundamente influido por Newman en Ghazali, Averroes, Al-Farabi, y Maimónides; esta concepción pivotal de la filosofía en la los pensadores medievales encabezados por estructura universitaria, ya que considera Santo Tomás de Aquino, Scoto, Ockham, y que, para que una universidad funcione Suárez; el surgimiento del escepticismo y la adecuadamente, las verdades, las intuiciomodernidad con Montaigne, Descartes, Pas- nes y los argumentos filosóficos tienen que cal, y Arnauld; para terminar con nombres ser transmitidos en la enseñanza de cada del siglo XX: Newman, León XIII, Bergson, disciplina. Siendo la perfección o virtud del Maritain, Stein, Anscombe, y Juan Pablo II. intelecto lo que la universidad aspira a lograr, Esta relación histórica, por su dinamismo y no puede quedar al margen del conocimiento libertad para enlazar los argumentos, mostran- filosófico, que es el ensanchamiento de la do la secuencia y evolución de ellos en torno mente o iluminación7. 5 MacIntyre, p. 273. 6 ECE, n. 1. 7 Newman, John Henry, The Idea of a University, University of Notre Dame Press, 1982, p. 94.

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¿Cuál es el medio en el que trabajan hoy los duos, y en circunstancias tales que solo podrán filósofos en la universidad de investigación? escucharlos muy pocos. Al desarrollar un trabajo científico de punta, El papel de la filosofía es, justamente, ofrecen el personal humano que se requiere comunicar el significado pleno a cada discien una sociedad capitalista avanzada, que plina ayudándola a situarse en el horizonte se aproxima a la total especialización de la- de significado del saber, comprendido como bores. “La educación universitaria a nivel de conocimiento de realidades integrales y susgrado —dice MacIntyre— se ha convertido tanciales; y dotando por lo tanto de sentido ahora, en gran medida, en un prólogo a la la actividad particular. La función específica especialización y la profesioque desempeña la filosofía 8 nalización” . Por este valor en una universidad católica MACINTYRE ESTÁ económico añadido al objees apoyar a la teología, ofrePROFUNDAMENTE tivo original de la gaudium de ciéndole una unidad natural INFLUIDO POR NEWMAN veritate, las universidades (o sobre la cual configurar la EN ESTA CONCEPCIÓN muchas de ellas) han pasado unidad trascendental de las PIVOTAL DE LA FILOSOFÍA a concebirse prácticamente verdades de fe. Esto lo exEN LA ESTRUCTURA como verdaderas empresas y presa MacIntyre afirmando UNIVERSITARIA, centros de negocios, con toda que las ciencias particulares YA QUE CONSIDERA su “gama de ambiciones y y la filosofía solo pueden ser QUE, PARA QUE UNA codicia”. Esto supone la pérentendidas adecuadamente UNIVERSIDAD FUNCIONE dida de (1) el enfoque global en su relación con la teología, ADECUADAMENTE, LAS y el interés por las relaciones por dos razones: (1) porque VERDADES, LAS INTUICIONES entre las distintas disciplinas la unidad e inteligibilidad Y LOS ARGUMENTOS (ajeno al interés económico), del universo solo pueden ser FILOSÓFICOS TIENEN QUE y (2) la concepción de dichas adecuadamente comprendiSER TRANSMITIDOS disciplinas como contribudas a través de sus relaciones EN LA ENSEÑANZA DE yentes a una sola empresa de sus diferentes partes y asCADA DISCIPLINA. común: la verdad. pectos con Dios, y (2) porque Si para autores como Santo la unidad y la naturaleza del Tomás de Aquino la idea de universidad estaba hombre también requieren de Dios para ser informada por su concepción del universo, comprendidas de manera exhaustiva9. para los nuevos investigadores, la universidad Para los filósofos católicos resulta ineluno tiene mucho que ver con alguna concepción dible, dice el catedrático de Notre Dame, particular del universo, sino que sugiere firme- una aguda conciencia del vínculo entre su mente que no existe tal cosa como un universo compromiso con las verdades reveladas de ni totalidad alguna; más solo un conjunto de la fe católica, y sus investigaciones filosóficas, temas variados e inconexos. Por esto sugiere evitando la imputación de Nietzsche de que el que, en esta nueva visión de los centros de uso que hacen de la argumentación filosófica educación superior, hay muchas preguntas no es otra cosa que máscaras que esconden que quedan forzosamente sin plantearse; o, si la voluntad de poder. Esta imputación, hoy se plantean, solo las plantearán ciertos indivi- más que nunca, tiene que ser abordada en la 8 MacIntyre, p. 272. 9 MacIntyre, p. 275.

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defensa de las facultades de filosofía de las objetivo de recuperar la filosofía como ciencia universidades católicas, por cuanto el devenir y como institución dentro de la universidad? histórico-cultural ha puesto en entredicho no La primera cuestión dice relación con los solo los principios rectores de la fe, sino tam- profesores que investigan y enseñan la filobién las normas y preceptos de la ley natural. sofía. Como recuerda la Ex Corde Ecclesiae, Este es, por consiguiente, el diagnóstico de “en una universidad católica, los ideales, las MacIntyre sobre la universidad contempo- actitudes y los principios católicos penetran ránea, y la degradación de las facultades de y conforman las actividades universitarias filosofía en el contexto universitario. Si tene- según la naturaleza y la autonomía propia mos en cuenta que el modelo de tales actividades”, de tal metodológico dominante de modo que debe ser, por una “LA EDUCACIÓN nuestro tiempo, tanto en el parte, una “comunidad de UNIVERSITARIA A NIVEL DE plano teórico como en el culestudiosos”, y por otra, una GRADO —DICE MACINTYRE— tural, consiste en propuestas institución académica donde SE HA CONVERTIDO de hermenéuticas libres y de “el catolicismo está presente AHORA, EN GRAN MEDIDA, liberación del significante, el de manera vital”11. La natuEN UN PRÓLOGO A LA papel que les corresponde a raleza y autonomía de la inESPECIALIZACIÓN Y LA las facultades y profesores de vestigación científica, la tarea PROFESIONALIZACIÓN”. filosofía de las universidades más relevante de la vida acaPOR ESTE VALOR católicas es no solo relevante, démica, y especialmente de la ECONÓMICO AÑADIDO AL sino crucial en la recuperafilosofía, debe realizarse por OBJETIVO ORIGINAL DE ción de una visión integralo tanto con una inspiración LA GAUDIUM DE VERITATE, dora del mundo, que pueda católica. Pero no es solo eso. LAS UNIVERSIDADES (O llevar a cabo la tarea de lograr La Constitución Apostólica MUCHAS DE ELLAS) HAN una presencia, por así decir, agrega que “en los modos PASADO A CONCEBIRSE pública, continua y universal concordes con las diversas PRÁCTICAMENTE COMO del pensamiento cristiano tendisciplinas académicas, todos VERDADERAS EMPRESAS Y dente a promover la cultura los profesores católicos deben CENTROS DE NEGOCIOS. superior y, también, a formar acoger fielmente, y todos los a todos los estudiantes de demás docentes deben respetar manera que lleguen a ser hombres insignes la doctrina y la moral católicas en su investigación por el saber, preparados para desempeñar y en su enseñanza”12. funciones de responsabilidad en la sociedad La segunda cuestión en este programa sería, y a testimoniar su fe ante el mundo10; y no solo como apunta MacIntyre, capacitar a los filóexcelentes profesionales de lo microscópico, sofos católicos para entrar en diálogo con los sin capacidad de síntesis disciplinaria y com- puntos de vista de toda la gama de posiciones pletamente ajenos al sentido de la vita probitate filosóficas contemporáneas más importantes, que buscaban los clásicos a la hora de formar que son incompatibles y antagónicas con la fe la mente y la voluntad de los discípulos. católica, incluido todo el abanico de distintas ¿De qué manera se puede alcanzar este versiones del naturalismo, reduccionistas y 10 ECE, n. 9. Las cursivas son nuestras. 11 ECE, n. 14. 12 ECE, II, n. 3. Las cursivas son nuestras.

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no reduccionistas, los rechazos románticos se encuentren también abiertas a una persde la ontología que presupone la fe católica, pectiva teológica. heideggerianos y postheideggerianos, las Un proyecto de esta naturaleza, como reelaboraciones pragmatistas y los rechazos apunta MacIntyre, puede parecer un prograposmodernos de la verdad, y el neokantismo ma de trabajo absurdamente ambicioso; sin que tan a menudo se da por sentado, en una embargo, este es justamente el momento en versión disecada y adelgazada, que tan de que una iniciativa de esta especie hace falta, moda está en la filosofía contemporánea13. La porque el futuro de la tradición filosófica necesidad de enfrentar esto ahora, sostiene, es católica depende de que pueda ser diseñado parte del precio que tiene que y aplicado. Las universidapagar el pensamiento católico des católicas, en lugar de SI PARA AUTORES COMO por haber estado ausente de la seguir tratando de imitar las SANTO TOMÁS DE AQUINO escena filosófica durante los estructuras y objetivos de LA IDEA DE UNIVERSIDAD períodos en que estos pensalas universidades seculares, ESTABA INFORMADA mientos se desarrollaban. deberían dirigir su mirada POR SU CONCEPCIÓN DEL Como tercera cuestión, pahacia una renovación de su UNIVERSO, PARA LOS rece necesario que las autorimisión a través de un serio NUEVOS INVESTIGADORES, dades universitarias se hagan y profundo replanteamienLA UNIVERSIDAD NO conscientes de manera explíto del papel que ocupa la TIENE MUCHO QUE VER cita de la necesidad de contar facultad de filosofía en la CON ALGUNA CONCEPCIÓN con una facultad de filosofía integración y profundización PARTICULAR DEL UNIVERSO, capaz de enfrentar estos dede los saberes disciplinares, y SINO QUE SUGIERE safíos, y tomen decisiones su posición como ancilla theoFIRMEMENTE QUE NO acordes a las exigencias de logiae para proporcionar el EXISTE TAL COSA COMO UN la coyuntura, esto es: (i) consustrato natural de la unidad UNIVERSO NI TOTALIDAD traten e integren profesores sobrenatural. De este modo, ALGUNA; MÁS SOLO UN capaces de examinar a fondo las universidades católicas CONJUNTO DE TEMAS la realidad; (ii) que las conclupodrían ejercer su papel en VARIADOS E INCONEXOS. siones sobre esa realidad que el mundo cultural contemextraigan dichos académicos poráneo, que es justamente sean constructivas del diálogo entre ciencia el opuesto de lo que ocurre hoy: en lugar de y fe; (iii) que dichas conclusiones colaboren imitar a la universidad secular, influir en ella con los hombres en la búsqueda constante para restaurar el sentido y la finalidad de la de la verdad; (iv) que se encuentren abiertas tarea académica, en cuanto ordenada por la a una preocupación ética, y (v) que posean o verdad, una verdad unitaria e integral.

13 MacIntyre, p. 279.

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¿CUÁL ES LA MISIÓN DE UNA UNIVERSIDAD CATÓLICA? La presente conversación con el hoy arzobispo de Milán, Cardenal Angelo Scola, tuvo lugar cuando él presidía en Roma, como rector, la Pontificia Universidad Lateranense. Su cercanía con las universidades católicas del continente latinoamericano, en particular con esta Pontificia Universidad Católica de Chile, abrió espacio en esos años a un amplio diálogo y colaboración. Publicada esta entrevista en el N° 3 de Humanitas, correspondiente al año 1996, la reproducimos en esta edición que recuerda los 125 años de esta casa de estudios, tanto por su actualidad como por la autoridad que la voz del ilustre entrevistado ha adquirido universalmente en estos diecisiete años.

-En los años sesenta hubo

quien afirmaba en Chile que para que una universidad sea católica, basta que sea una buena universidad. Mi pregunta es: ¿Cómo se reconoce que una universidad es verdaderamente católica? Se dice muchas veces que las universidades católicas lo son apenas formalmente… –Creo que la situación no se define por el camino de lo que se afirmaba en su país y en tantos otros en los sesenta, porque en tal caso estaría de más el llamarla católica. Y si bastase para una Universidad Católica con ser una buena universidad, hay que reconocer que en el mundo existen muchas buenas universidades…, no necesaria-

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mente por eso “católicas”. El calificativo “católica”, aplicado a una universidad, debe indicar una referencia clara y explícita al evento de Jesucristo como fuente y principio de la propuesta educativa de esa universidad. Evidentemente, esto no significa que la referencia al evento de Cristo genere una visión rígida y monolítica de la cultura, o que no exista respeto por la metodología y el estado de las ciencias enseñadas en la universidad. Obviamente, no se trata de eso. Significa simplemente que la Universidad Católica debe tener presente que su tarea es educar, y la tarea educativa es la primera

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prioridad no solo de la Iglesia, sino también a un profesor de teología; pero en ningún caso de la humanidad de nuestros días. La crisis podría descartarse la dimensión educativa. A mi modo de ver, en esto reside la clave de de nuestra sociedad en transición se refleja, claramente, más que nada en la incapacidad la existencia de una Universidad Católica, del de educar y en la forma bárbara de enfocar la proyecto que la califica como tal. Comprendo educación que suelen tener los responsables de que a menudo existe el temor de condicionar o dar carácter ideológico a la transmisión del muchas instituciones. La referencia clara y explícita al evento de saber por el hecho de señalarse claramente Cristo es también una señal de honestidad cien- esta dimensión. Se dice, con razón, que dos tífica objetiva, porque la ciencia no es rigurosa- y dos son cuatro para el cristiano y el no mente objetiva si oculta al sujeto que la produce. cristiano, pero esto es totalmente evidente y no es necesario afirmarlo. En suma, creo que en la Con todo, si soy profesor de actualidad es posible una EL CALIFICATIVO matemáticas y enseño una Universidad Católica ver“CATÓLICA”, APLICADO ciencia en su objetividad, resdaderamente libre, con una A UNA UNIVERSIDAD, petando su condicionamiento propuesta educativa, con DEBE INDICAR UNA y sus métodos, pero sin corespeto por la autonomía de REFERENCIA CLARA Y municar nada de mi persona, las ciencias y una condición EXPLÍCITA AL EVENTO difícilmente esta ciencia sería pluriforme, es decir, donde DE JESUCRISTO COMO fascinante para el alumno. La se admitan todas las posibiliFUENTE Y PRINCIPIO DE LA identidad del sujeto educador dades de manifestaciones del PROPUESTA EDUCATIVA DE debe ocupar necesariamente pensamiento, la sensibilidad ESA UNIVERSIDAD. el primer plano. y la cultura, conservándose el carácter católico. –¿Y si este no es católico? –A partir de la Constitución Apostólica Ex Corde –Las personas que dicen no ser católicas tamEcclesiae, ¿cómo se plantea el sentido y misión de bién pueden enseñar en la universidad, en la una Universidad Católica en una sociedad secula- medida en que conserven el respeto por el sentido religioso, den a conocer su posición y rizada como la contemporánea? –El aspecto educativo a que hacíamos mención sean totalmente fieles a la enseñanza última me parece clave en este sentido. ¿Es posible del Magisterio. transmitir un conocimiento a una persona sin ocuparse de todos los aspectos de la persona, –Un tema relevante en la Ex Corde Ecclesiae es la me pregunto yo? Es evidente que no se pue- cuestión de la verdad. Las universidades católicas de, por de pronto, entregar un conocimiento deberían vivir en el ámbito de la verdad, en una sin ocuparse del sujeto que lo transmite y búsqueda gozosa de esta. ¿Cómo se plantean en este de aquel que lo recibe. Por consiguiente, en marco, por ejemplo, las relaciones entre fe y razón, toda acción de comunicación del saber hay fe y ciencia? implícita una dimensión educativa. Por cierto –Es muy importante esta relación entre la verexisten diferencias entre la educación del niño, dad y el gozo, porque indudablemente en la el adolescente y el universitario. Ciertamente, actualidad estamos enfrentando un problema al transmitirse un conocimiento se exigirán de fondo, incluso como católicos, y no podedistintas formas de relación educativa, de ca- mos plantear la verdad únicamente como un rácter interpersonal, a un profesor de física y conjunto de enunciados de geometría.

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“Una universidad católica, nacida del corazón de la Iglesia, tiene el grave deber —que es, al mismo tiempo, un privilegio— de elaborar respuestas muy bien pensadas para estos desafíos. La universidad católica se distingue por su libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios. Nuestra época, en efecto, tiene necesidad urgente de esta forma de servicio desinteresado que es el de proclamar el sentido de la verdad, valor fundamental sin el cual desaparecen la libertad, la justicia y la dignidad del hombre (ib.,4).” “No puedo menos de alentar vuestro compromiso de llevar a cabo una reflexión profunda sobre los problemas que deben afrontar los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, especialmente por lo que concierne a las cuestiones de orden ético, que surgen en una sociedad cada vez más compleja.” “En el mundo actual, las tareas de la universidad católica son verdaderamente urgentes e importantes. El progreso científico y material plantea incesantemente la cuestión del significado y de la finalidad, cuestión que es necesario afrontar para asegurar que el desarrollo contribuya al bien auténtico de las personas y de la sociedad en su totalidad. La inspiración cristiana de la universidad católica “le permite incluir en su búsqueda la dimensión moral, espiritual y religiosa, y valorar las conquistas de la ciencia y de la tecnología en la perspectiva total de la persona humana” (ib.,7)”. (Juan Pablo II - Discurso a los rectores de universidades católicas, 11.V.96.)

La verdad es un evento; más aún, para los cristianos una persona vital: la persona de Jesucristo. Esta persona es contemporánea del cristiano de todas las épocas y del hombre de nuestros días, en el interior del cuerpo vivo de la Iglesia. Del mismo modo como Jesús resulta persuasivo para Juan, Andrés o la samaritana, el evento de Cristo, a través del cuerpo vital de la Iglesia, debe ser convincente para el hombre actual. Por consiguiente, la cuestión de la verdad debe plantearse en todo su rigor formal, lo cual implica su vinculación con la idea del advenimiento de Cristo, que es advenimiento de una persona, de la persona encarnada del Logos. El asunto de la verdad tiene así una dimensión tanto existencial como rigurosamente intelectual, del mismo modo como la historia de la Iglesia nos enseña desde las Sagradas

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Escrituras hasta las formulaciones rigurosas del Magisterio. Debemos hacer nuestro planteamiento sobre esta base, y el vínculo con la razón es fundamental. Estoy convencido de que en la actualidad pocas personas defienden la razón; entre ellas hay que mencionar al Santo Padre. La fe debe combatir por la razón; por una razón autónoma en relación con aquella, con fisonomía propia, pero en definitiva referida a Dios y al Dios de Jesucristo. Por lo tanto, la autonomía de la razón se encuentra dentro del horizonte de la fe y no fuera de él. Así, la relación con la ciencia no está en modo alguno al margen del vínculo con la fe. La fe permite a la persona que practica la ciencia con rigor y método ser ella misma en mayor medida, lo cual también redunda en su capacidad de razonamiento e investigación científica.


–Hay un tema que Ud. abordó con ocasión de su arte y no una técnica, de manera que el maesinvestidura como rector de la Pontificia Universi- tro debe vivir existencialmente radicado en la dad Lateranense. Es el tema del maestro: qué es el comunidad cristiana y estar abierto a diario a maestro, cuáles son las relaciones entre discípulo ser educado para poder ser un educador. Para y maestro. Seguir la verdad supone seguir a un ser padre, en cierto modo, debe tenerse diariamaestro. ¿Quién es maestro? Para una Universidad mente la experiencia de ser hijo de Aquel que Católica es este un tema crucial. es origen de toda paternidad. –Exactamente. Hay un pasaje muy hermoso de la homilía dirigida el año pasado por el –¿Qué deben esperar la sociedad contemporánea Santo Padre a todos los estudiantes de las de la Pontificia Universidad Lateranense y las universidades pontificias romanas. En una sociedades latinoamericanas de sus diversas uniparte de su exposición dijo versidades pontificias? lo siguiente: “Todos somos –Creo que deben esperarse UN PROFESOR DE LA discípulos de Cristo, los esdos cosas. Lo más imporUNIVERSIDAD CATÓLICA tudiantes y los profesores”. tante es la formación de DEBE ESTAR COMPROMETIDO Y luego agregó: “También el hombres íntegros. El cristiaCON LO QUE PROPONE AL Papa es discípulo de Cristo”. no es un hombre que toma ESTUDIANTE Y SU VIDA Viene a mi mente la bellísima contacto con la raíz de su DEBE ESTAR AL SERVICIO DE frase de Santo Tomás, que relibertad y, por consiguiente, CRISTO DEL MISMO MODO pite esas grandes palabras del ama la verdad. Esto es lo COMO ÉL PIDE QUE LA VIDA Evangelio: vuestro maestro primordial. Al interior de DEL MUCHACHO ESTÉ AL es uno solo, todos los demás la verdad individual deben SERVICIO DE CRISTO. LA son como ministros al servisurgir profesionales serios, FIGURA DEL MAESTRO ES cio de este maestro. Por este capaces de introducirse en ABSOLUTAMENTE DECISIVA. motivo, el maestro es aquel la trama de las relaciones que está autorizado. cotidianas, en los distintos Refiriéndose a Jesús, el mundos de la producción, Evangelio dice: “Hablaba con autoridad”. en el trabajo y la educación, con seriedad ¿Por qué? Porque Jesús estaba comprome- de competencia y verdad en su posición. Por tido con lo que decía. Del mismo modo, un último, la universidad debe estar en conprofesor de la Universidad Católica debe diciones de interactuar permanentemente estar comprometido con lo que propone al con las realidades vitales de la sociedad y estudiante y su vida debe estar al servicio de del país, para ser fuente de cultura y crítica. Cristo del mismo modo como él pide que la En mi opinión, en estos últimos años vida del muchacho esté al servicio de Cris- hemos subestimado la dimensión positiva to. La figura del maestro es absolutamente del concepto de “juicio”, de manera que no decisiva, es el fundamento de la educación es puramente un dato negativo. La crítica y la base de la relación interpersonal que da es constructiva en su valor profundo y es la curso a la libertad del otro. De este modo, la modalidad que permite a la realidad, a los tarea educativa se convierte en una aventura cuerpos intermedios y a los miembros de una apasionante. sociedad ser estimulados para proceder. Esta El problema consiste en que educar es un es la tarea de una universidad. JAIME ANTÚNEZ ALDUNATE

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La Palabra del Papa

ÉL SIEMPRE HACE LA ARMONÍA EN LA IGLESIA “Nuestra unidad no es primariamente fruto de nuestro consenso, o de la democracia dentro de la Iglesia, o de nuestro esfuerzo de estar de acuerdo, sino que viene de Él que hace la unidad en la diversidad, porque el Espíritu Santo es armonía, siempre hace la armonía en la Iglesia”, señaló S.S Francisco en la audiencia de los días miércoles.

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E

n el «Credo» nosotros decimos «Creo en la Iglesia, una», o sea, profesamos que la Iglesia es única y esta Iglesia es en sí misma unidad. Pero si miramos a la Iglesia católica en el mundo, descubrimos que comprende casi 3.000 diócesis diseminadas en todos los continentes: tantas lenguas, tantas culturas. Aquí hay obispos de muchas culturas distintas, de muchos países. Está el obispo de Sri Lanka, el obispo de Sudáfrica, un obispo de la India, hay tantos aquí... Obispos de América Latina. La Iglesia está difundida en todo el mundo. Con todo, las miles de comunidades católicas forman una unidad. ¿Cómo puede suceder esto?

Unidad en la fe, en la esperanza, en la caridad, unidad en los sacramentos, en el ministerio: son como los pilares que sostienen y mantienen junto el único gran edificio de la Iglesia. Una respuesta sintética la encontramos en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que afirma: la Iglesia católica difundida en el mundo «tiene una sola fe, una sola vida sacramental, una única sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad» (n. 161). Es una bella definición, clara, nos orienta bien. Unidad en la fe, en la esperanza, en la caridad, unidad en los sacramentos, en el ministerio: son como los pilares que sostienen y mantienen junto el único gran edificio de la Iglesia. Allí donde vamos, hasta en la más pequeña parroquia, en el ángulo más perdido de esta tierra, está la única Iglesia; nosotros estamos en casa, estamos en familia, estamos entre hermanos y hermanas. Y esto es un gran don de Dios. La Iglesia es una sola para todos. No existe una Iglesia para los europeos, una para los africanos, una para los americanos,

una para los asiáticos, una para quien vive en Oceanía, no; es la misma en todo lugar. Es como en una familia: se puede estar lejos, distribuidos por el mundo, pero los vínculos profundos que unen a todos los miembros de la familia permanecen sólidos cualquiera que sea la distancia. Pienso, por ejemplo, en la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro: en aquella inmensa multitud de jóvenes en la playa de Copacabana se oían hablar tantas lenguas, se veían rasgos de rostros muy distintos entre sí, se encontraban culturas diversas, y sin embargo había una profunda unidad, se formaba una única Iglesia, se estaba unidos y así se percibía. Preguntémonos todos: yo, como católico, ¿siento esta unidad? Yo, como católico, ¿vivo esta unidad de la Iglesia? ¿O bien no me interesa, porque estoy cerrado en mi pequeño grupo o en mí mismo? ¿Soy de los que «privatizan» la Iglesia para el propio grupo, la propia nación, los propios amigos? Es triste encontrar una Iglesia «privatizada» por este egoísmo y esta falta de fe. ¡Es triste! Cuando oigo que muchos cristianos en el mundo sufren, ¿soy indiferente o es como si sufriera uno de la familia?

Pienso, por ejemplo, en la experiencia de la Jornada mundial de la juventud en Río de Janeiro: en aquella inmensa multitud de jóvenes en la playa de Copacabana se oían hablar tantas lenguas, se veían rasgos de rostros muy distintos entre sí, se encontraban culturas diversas, y sin embargo había una profunda unidad, se formaba una única Iglesia, se estaba unidos y así se percibía.

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Yo, como católico, ¿vivo esta unidad de la Iglesia? ¿O bien no me interesa, porque estoy cerrado en mi pequeño grupo o en mí mismo? ¿Soy de los que «privatizan» la Iglesia para el propio grupo, la propia nación, los propios amigos? Cuando pienso u oigo decir que muchos cristianos son perseguidos y dan hasta la vida por la propia fe, ¿esto toca mi corazón o no me llega? ¿Estoy abierto a ese hermano o a esa hermana de la familia que está dando la vida por Jesucristo? ¿Oramos los unos por los otros? Os hago una pregunta, pero no respondáis en voz alta, solo en el corazón: ¿cuántos de vosotros rezan por los cristianos que son perseguidos? ¿Cuántos? Que cada uno responda en el corazón. ¿Rezo por ese hermano, por esa hermana que está en dificultad por confesar y defender su fe? Es importante mirar fuera del propio recinto, sentirse Iglesia, única familia de Dios. Demos otro paso y preguntémonos: ¿hay heridas en esta unidad? ¿Podemos herir esta unidad? Lamentablemente vemos que en el camino de la historia, también ahora, no siempre vivimos la unidad. A veces surgen incomprensiones, conflictos, tensiones, divisiones, que la hieren, y entonces la Iglesia no tiene el rostro que desearíamos, no manifiesta la caridad, lo que quiere Dios. Somos nosotros quienes creamos laceraciones. Y si miramos las divisiones que aún existen entre los cristianos, católicos, ortodoxos, protestantes... sentimos la fatiga de hacer plenamente visible esta unidad. Dios nos dona la unidad, pero a nosotros frecuentemente nos cuesta vivirla. Es necesario buscar, construir la comunión, educar a la comunión, para superar incomprensiones y divisiones, empezando por la familia, por las realidades eclesiales, en el diálogo ecuménico

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también. Nuestro mundo necesita unidad, es una época en la que todos necesitamos unidad, tenemos necesidad de reconciliación, de comunión; y la Iglesia es Casa de comunión. San Pablo decía a los cristianos de Éfeso: «Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados, con toda humildad, dulzura y magnanimidad, sobrellevándoos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (4, 1-3). Humildad, dulzura, magnanimidad, amor para conservar la unidad. Estos, estos son los caminos, los verdaderos caminos de la Iglesia. Oigámoslos una vez más. Humildad contra la vanidad, contra la soberbia; humildad, dulzura, magnanimidad, amor para conservar la unidad. Y continuaba Pablo: un solo cuerpo, el de Cristo que recibimos en la Eucaristía; un solo Espíritu, el Espíritu Santo que anima y continuamente recrea a la Iglesia; una sola esperanza, la vida eterna; una sola fe, un solo Bautismo, un solo Dios, Padre de todos (cf. vv. 4-6). ¡La riqueza de lo que nos une! Y esta es una verdadera riqueza: lo que nos une, no lo que nos divide. Esta es la riqueza de la Iglesia. Que cada uno se pregunte hoy: ¿hago crecer la unidad en familia, en la parroquia, en comunidad, o soy un hablador, una habladora? ¿Soy motivo de división, de malestar? ¡Pero vosotros no sabéis el daño que hacen a la Iglesia, a las parroquias, a las comunidades, las habladurías! ¡Hacen daño! Las habladurías hieren.

A veces surgen incomprensiones, conflictos, tensiones, divisiones, que la hieren, y entonces la Iglesia no tiene el rostro que desearíamos, no manifiesta la caridad, lo que quiere Dios. Somos nosotros quienes creamos laceraciones.


La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina fundamental de la Iglesia, repitiendo difusamente la enseñanza de los Padres y Teólogos antiguos y modernos, que os es muy bien conocida y con la que estáis tan familiarizados. Para eso no era necesario un Concilio. Un cristiano, antes de parlotear, debe morderse la lengua. ¿Sí o no? Morderse la lengua: esto nos hará bien, porque la lengua se inflama y no puede hablar y no puede parlotear. ¿Tengo la humildad de remediar con paciencia, con sacrificio, las heridas a la comunión? Finalmente un último paso con mayor profundidad. Y esta es una bella pregunta: ¿quién es el motor de esta unidad de la Iglesia?

Es el Espíritu Santo que todos nosotros hemos recibido en el Bautismo y también en el sacramento de la Confirmación. Es el Espíritu Santo. Nuestra unidad no es primariamente fruto de nuestro consenso, o de la democracia dentro de la Iglesia, o de nuestro esfuerzo de estar de acuerdo, sino que viene de Él, que hace la unidad en la diversidad, porque el Espíritu Santo es armonía, siempre hace la armonía en la Iglesia. Es una unidad armónica en mucha diversidad de culturas, de lenguas y de pensamiento. Es el Espíritu Santo el motor. Por esto es importante la oración, que es el alma de nuestro compromiso de hombres y mujeres de comunión, de unidad. La oración al Espíritu Santo, para que venga y construya la unidad en la Iglesia. Pidamos al Señor: Señor, concédenos estar cada vez más unidos, no ser jamás instrumentos de división; haz que nos comprometamos, como dice una bella oración franciscana, a llevar amor donde hay odio, a llevar perdón donde hay ofensa, a llevar unión donde hay discordia. Que así sea. (Vaticano, 25-IX-2013)

HAGAN LÍO

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uisiera decir una cosa: ¿qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá adentro va a haber lío, va a haber. Que acá en Río va a haber lío, va a haber. Pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera… Quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodi-

dad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos. Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir; si no salen, se convierten en una ONG, y la Iglesia no puede ser una ONG. Que me perdonen los Obispos y los curas, si algunos después les arman lío a ustedes, pero... Es el consejo. Y gracias por lo que puedan hacer.

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(…) Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros; es un escándalo, y que haya muerto en la Cruz, es un escándalo: El escándalo de la Cruz. La Cruz sigue siendo escándalo, pero es el único camino seguro: el de la Cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús. Por favor, no licuen la fe en Jesucristo. Hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana, pero, por favor, no tomen licuado de fe. La fe es entera, no se licua. Es la fe en Jesús. Es la fe en el Hijo de Dios hecho hombre, que me

amó y murió por mí. Entonces: Hagan lío; cuiden los extremos del pueblo, que son los ancianos y los jóvenes; no se dejen excluir, y que no excluyan a los ancianos. Segundo: no licuen la fe en Jesucristo. Las bienaventuranzas. ¿Qué tenemos que hacer, Padre? Mira, lee las bienaventuranzas que te van a venir bien. Y si querés saber qué cosa práctica tenés que hacer, lee Mateo 25, que es el protocolo con el cual nos van a juzgar. Con esas dos cosas tienen el programa de acción: Las bienaventuranzas y Mateo 25. No necesitan leer otra cosa.

(Palabras en el encuentro con los jóvenes argentinos, 25-VII-2013)

ATRÉVANSE A SER FELICES

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ios llama a opciones definitivas, tiene un proyecto para cada uno: descubrirlo, responder a la propia vocación, es caminar hacia la realización feliz de uno mismo. Dios nos llama a todos a la santidad, a vivir su vida, pero tiene un camino para cada uno. Algunos son llamados a santificarse construyendo una familia mediante el sacramento del matrimonio. Hay quien dice que hoy el matrimonio está “pasado de moda”. ¿Está pasado de moda? [No…]. En la cultura de lo provisional, de lo relativo, muchos predican que lo importante es “disfrutar” el momento, que no vale la pena comprometerse para toda la vida, hacer opciones definitivas, “para siempre”, porque no se sabe lo que pasará mañana. Yo, en cambio, les pido que sean revolucionarios, les pido que vayan contracorriente; sí, en esto les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en

el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, cree que ustedes no son capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por ustedes. Atrévanse a “ir contracorriente”. Y atrévanse también a ser felices. El Señor llama a algunos al sacerdocio, a entregarse totalmente a Él, para amar a todos con el corazón del Buen Pastor. A otros los llama a servir a los demás en la vida religiosa: en los monasterios, dedicándose a la oración por el bien del mundo, en los diversos sectores del apostolado, gastándose por todos, especialmente por los más necesitados. Nunca olvidaré aquel 21 de septiembre —tenía 17 años— cuando, después de haber entrado en la iglesia de San José de Flores para confesarme, sentí por primera vez que Dios me llamaba. ¡No tengan miedo a lo que Dios pide! Vale la pena decir “sí” a Dios. ¡En Él está la alegría!

(Discurso a los voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud, 28-VII-2013)

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LA CULTURA DEL DESCARTE

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er llamados por Jesús, llamados para evangelizar y, tercero, llamados a promover la cultura del encuentro. En muchos ambientes, y en general en este humanismo economicista que se nos impuso en el mundo, se ha abierto paso una cultura de la exclusión, una «cultura del descarte». No hay lugar para el anciano ni para el hijo no deseado; no hay tiempo para detenerse con aquel pobre en la calle. A veces parece que, para algunos, las relaciones humanas estén reguladas por dos «dogmas»: eficiencia y pragmatismo. Queridos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y ustedes, seminaristas que se preparan para el ministerio, tengan el valor de ir contracorriente de esa cultura. ¡Tener el coraje! Acuérdense, y a mí esto me hace bien, y lo medito con frecuencia. Agarren el Primer Libro de los Macabeos, acuérdense cuando quisieron ponerse a tono de la cultura de la época. “¡No...!

¡Dejemos, no…! Comamos de todo como toda la gente… Bueno, la Ley sí, pero que no sea tanto…” Y fueron dejando la fe para estar metidos en la corriente de esta cultura. Tengan el valor de ir contracorriente de esta cultura eficientista, de esta cultura del descarte. El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad, es una palabra que la están escondiendo en esta cultura, casi una mala palabra, la solidaridad y la fraternidad, son elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana. Ser servidores de la comunión y de la cultura del encuentro. Los quisiera casi obsesionados en este sentido. Y hacerlo sin ser presuntuosos, imponiendo «nuestra verdad», más bien guiados por la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo, y no puede dejar de proclamarla (cf. Lc 24,13-35).

(Discurso a los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas en la Catedral de San Sebastián, 27-VII-2013)

LA CRUZ

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¿ ué ha dejado la Cruz en los que la han visto y en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Miren, deja un bien que nadie nos puede dar: la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, está su inmensa misericordia. Y es un amor

del que podemos fiarnos, en el que podemos creer. Queridos jóvenes, fiémonos de Jesús, confiemos en Él (cf. Lumen fidei, 16). Porque Él nunca defrauda a nadie. Solo en Cristo muerto y resucitado encontramos la salvación y redención. Con Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él nos da esperanza y vida: ha transformado la Cruz de ser un instrumento de odio, y de derrota, y de muerte, en un signo de amor, de victoria, de triunfo y de vida.

(Discurso durante el Vía Crucis realizado en el paseo marítimo de Copacabana, 26-VII- 2013)

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¡ALGO MÁS GRANDE QUE LA COPA DEL MUNDO!

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l campo, además de ser lugar de siembra, es lugar de entrenamiento. Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que «juguemos en su equipo». A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí, en Brasil, como en otros países, el fútbol es pasión nacional. ¿Sí o no? Pues bien, ¿qué hace un jugador cuando se le llama para formar parte de un equipo? Tiene que entrenarse y entrenarse mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor. San Pablo, escribiendo a los cristianos, nos dice: «Los atletas se privan de todo, y lo hacen para obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona incorruptible» (1 Co 9,25). Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo; ¡algo más grande que la Copa del Mundo! Jesús nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz, y también un futuro con él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Es lo que nos ofrece Jesús. Pero nos pide que paguemos la entrada. Y la entrada es que nos entrenemos para «estar en forma», para afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe. A través del diálogo con él, la oración —“Padre, ahora nos va hacer rezar a todos, ¿no?”—. Te

pregunto, pero contestan en su corazón, ¡eh! No en voz alta, en silencio. ¿Yo rezo? Cada uno se contesta. ¿Yo hablo con Jesús? O le tengo miedo al silencio. ¿Dejo que el Espíritu Santo hable en mi corazón? ¿Yo le pregunto a Jesús: Qué querés que haga? ¿Qué querés de mi vida? Esto es entrenarse. Pregúntenle a Jesús, hablen con Jesús. Y si cometen un error en la vida, si se pegan un resbalón, si hacen algo que está mal, no tengan miedo. Jesús, mirá lo que hice, ¿qué tengo que hacer ahora? Pero siempre hablen con Jesús, en las buenas y en las malas. Cuando hacen una cosa buena y cuando hacen una cosa mala. ¡No le tengan miedo! Eso es la oración. Y con eso se van entrenando en el diálogo con Jesús en este discipulado misionero. Y también a través de los sacramentos, que hacen crecer en nosotros su presencia. A través del amor fraterno, del saber escuchar, comprender, perdonar, acoger, ayudar a los otros, a todos, sin excluir y sin marginar. Estos son los entrenamientos para seguir a Jesús: la oración, los sacramentos y la ayuda a los demás, el servicio a los demás. ¿Lo repetimos juntos todos? “Oración, sacramentos y ayuda a los demás” [todos lo repiten en voz alta]. No se oyó bien. Otra vez [ahora más fuerte].

(Discurso en la Vigilia de Oración con los jóvenes en el paseo marítimo de Copacabana, 27-VII-2013)

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DIOS NUNCA DEJA QUE NOS HUNDAMOS

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antener la esperanza. La Segunda Lectura de la Misa presenta una escena dramática: una mujer —figura de María y de la Iglesia— es perseguida por un dragón —el diablo— que quiere devorar a su Hijo. Pero la escena no es de muerte sino de vida, porque Dios interviene y pone a salvo al niño (cf. Ap 12,13a-16.15-16a). Cuántas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades. Pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera decirles con fuerza: Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. El «dragón», el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza. Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer. Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros. Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de

la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad. Ellos no solo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo. Casi los podemos leer en este santuario, que es parte de la memoria de Brasil: espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad, alegría; son valores que encuentran sus raíces más profundas en la fe cristiana. La segunda actitud: dejarse sorprender por Dios. Quien es hombre, mujer de esperafinza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades. Y la historia de este santuario es un ejemplo: tres pescadores, tras una jornada baldía, sin lograr pesca en las aguas del Río Parnaíba, encuentran algo inesperado: una imagen de Nuestra Señora de la Concepción. ¿Quién podría haber imaginado que el lugar de una pesca infructuosa se convertiría en el lugar donde todos los brasileños pueden sentirse hijos de la misma Madre? Dios nunca deja de sorprender, como con el vino nuevo del Evangelio que acabamos de escuchar. Dios guarda lo mejor para nosotros. Pero pide que nos dejemos sorprender por su amor, que acojamos sus sorpresas. Confiemos en Dios. Alejados de él, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, se agota. Si nos acercamos a él, si permanecemos con él, lo que parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino nuevo de amistad con él.

(Homilía durante la Santa Misa celebrada en la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, 24-VII-2013)

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HAY UN HAMBRE MÁS PROFUNDA

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uisiera decir que la Iglesia, «abogada de la justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas, que claman al cielo» (Documento de Aparecida, 395), desea ofrecer su colaboración a toda iniciativa que pueda significar un verdadero desarrollo de cada hombre y de todo el hombre. Queridos amigos, ciertamente es necesario dar pan a quien tiene hambre; es un acto de justicia. Pero hay también un hambre más profunda, el hambre de una felicidad que solo Dios puede saciar. Hambre de dignidad. No hay una verdadera promoción del bien común, ni un verdadero desarrollo del hombre, cuando se ignoran los pilares fundamentales que sostienen una nación, sus bienes inmateriales: la vida, que es un don de Dios, un valor que siempre se ha de tutelar y promover; la familia, fundamento de la convivencia y remedio contra la desintegración social; la educación integral, que no se reduce a

una simple transmisión de información con el objetivo de producir ganancias; la salud, que debe buscar el bienestar integral de la persona, incluyendo la dimensión espiritual, esencial para el equilibrio humano y una sana convivencia; la seguridad, en la convicción de que la violencia solo se puede vencer partiendo del cambio del corazón humano. (…) Hoy digo a todos ustedes, y en particular a los habitantes de esta Comunidad de Varginha: No están solos, la Iglesia está con ustedes, el Papa está con ustedes. Llevo a cada uno de ustedes en mi corazón y hago mías las intenciones que albergan en lo más íntimo: la gratitud por las alegrías, las peticiones de ayuda en las dificultades, el deseo de consuelo en los momentos de dolor y sufrimiento. Todo lo encomiendo a la intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, la Madre de todos los pobres del Brasil, y con gran afecto les imparto mi Bendición.

(Discurso durante la visita a la comunidad de Varginha, 25-VII-2013)

LA FUGA DE JERUSALÉN

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a globalización implacable y la intensa urbanización, a menudo salvajes, prometían mucho. Muchos se han enamorado de sus posibilidades, y en ellas hay algo realmente positivo, como, por ejemplo, la disminución de las distancias, el acercamiento entre las personas y culturas, la difusión de la información y los servicios. Pero, por otro lado, muchos vivencian sus efectos negativos sin darse cuenta de cómo ellos comprometen su visión del hombre y del mundo, generando más desorientación y

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un vacío que no logran explicar. Algunos de estos efectos son la confusión del sentido de la vida, la desintegración personal, la pérdida de la experiencia de pertenecer a un “nido”, la falta de hogar y vínculos profundos. Y como no hay quien los acompañe y muestre con su vida el verdadero camino, muchos han buscado atajos, porque la «medida» de la gran Iglesia parece demasiado alta. Hay aún los que reconocen el ideal del hombre y de la vida propuesto por la Iglesia, pero no se atreven a abra-


zarlo. Piensan que el ideal es demasiado grande para ellos, está fuera de sus posibilidades, la meta a perseguir es inalcanzable. Sin embargo, no pueden vivir sin tener al menos algo, aunque sea una caricatura, de eso que les parece demasiado alto y lejano. Con la desilusión en el corazón, van en busca de algo que les ilusione de nuevo o se resignan a una adhesión parcial, que en definitiva no alcanza a dar plenitud a sus vidas. La sensación de abandono y soledad, de no pertenecerse ni siquiera a sí mismos, que surge a menudo en esta situación, es demasiado dolorosa para acallarla. Hace falta un desahogo y, entonces, queda la vía del lamento. Pero incluso el lamento se convierte a su vez en un boomerang que vuelve y termina por aumentar la

infelicidad. Hay pocos que todavía saben escuchar el dolor; al menos, hay que anestesiarlo. Ante este panorama hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente; una Iglesia que pueda descifrar esa noche que entraña la fuga de Jerusalén de tantos hermanos y hermanas; una Iglesia que se dé cuenta de que las razones por las que hay gente que se aleja, contienen ya en sí mismas también los motivos para un posible retorno, pero es necesario saber leer el todo con valentía. Jesús le dio calor al corazón de los discípulos de Emaús.

(Discurso en el encuentro con el episcopado brasileño, 27-VII-2013)

EL FRUTO ES SER FIELES A JESÚS

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iendo esta catedral llena de obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas de todo el mundo, pienso en las palabras del Salmo de la misa de hoy: «Que las naciones te glorifiquen, oh Señor» (Sal 66). Sí, estamos aquí para alabar al Señor, y lo hacemos reafirmando nuestra voluntad de ser instrumentos suyos, para que alaben a Dios no solo algunos pueblos, sino todos. Con la misma parresia de Pablo y Bernabé, queremos anunciar el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En este sentido, quisiera reflexionar con ustedes sobre tres aspectos de nuestra vocación: llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro. Llamados por Dios. Creo que es importante reavivar siempre en nosotros este hecho, que

a menudo damos por descontado entre tantos compromisos cotidianos: «No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes», dice Jesús (Jn 15,16). Es un caminar de nuevo hasta la fuente de nuestra llamada. Por eso un obispo, un sacerdote, un consagrado, una consagrada, un seminarista, no puede ser un desmemoriado. Pierde la referencia esencial al inicio de su camino. Pedir la gracia, pedirle a la Virgen, Ella tenía buena memoria, la gracia de ser memoriosos, de ese primer llamado. Hemos sido llamados por Dios y llamados para permanecer con Jesús (cf. Mc 3,14), unidos a él. En realidad, este vivir, este permanecer en Cristo, marca todo lo que somos y lo que hacemos. Es precisamente la «vida en Cristo» que garantiza nuestra eficacia apostólica y la fecundidad de nuestro servicio: «Soy yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den

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fruto, y ese fruto sea verdadero» (Jn 15,16). No es la creatividad, por más pastoral que sea, no son los encuentros o las planificaciones los que aseguran los frutos, si bien ayudan y mucho, sino lo que asegura el fruto es ser fieles a Jesús, que nos dice con insistencia: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes» (Jn 15,4). Y sabemos muy bien lo que eso significa: contemplarlo, adorarlo y abrazarlo en nuestro encuentro cotidiano con él en la Eucaristía, en nuestra vida de oración, en nuestros momentos de adoración, y también reconocerlo presente y abrazarlo en las personas más necesitadas. El «permanecer» con Cristo no significa aislarse,

sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. Quiero acá recordar algunas palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta. Dice así: «Debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres. Es en las «favelas», en los «cantegriles», en las «villas miseria» donde hay que ir a buscar y servir a Cristo. Debemos ir a ellos como el sacerdote se acerca al altar: con alegría» (Mother Instructions, I, p. 80). Hasta aquí la beata. Jesús es el Buen Pastor, es nuestro verdadero tesoro; por favor, no lo borremos de nuestra vida. Enraicemos cada vez más nuestro corazón en él (cf. Lc 12,34).

(Discurso a los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas en la Catedral de San Sebastián, 27-VII-2013)

LOS ABUELOS

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oy la Iglesia celebra a los padres de la Virgen María, los abuelos de Jesús: los santos Joaquín y Ana. En su casa vino al mundo María, trayendo consigo el extraordinario misterio de la Inmaculada Concepción; en su casa creció acompañada por su amor y su fe; en su casa aprendió a escuchar al Señor y a seguir su voluntad. Los santos Joaquín y Ana forman parte de esa larga cadena que ha transmitido la fe y el amor de Dios, en el calor de la familia, hasta María que acogió en su seno al Hijo de Dios y lo dio al mundo, nos los ha dado a nosotros. ¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe! Refiriéndome al ambiente familiar quisiera subrayar una cosa: hoy, en esta fiesta de los santos Joaquín y Ana, se celebra, tanto en Brasil como en otros países, la fiesta de los abuelos. Qué importantes

son en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo intergeneracional, sobre todo dentro de la familia. El Documento conclusivo de Aparecida nos lo recuerda: “Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida” (n. 447). Esta relación, este diálogo entre las generaciones, es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar. En estas Jornadas de la Juventud, los jóvenes quieren saludar a los abuelos. Los saludan con todo cariño. Los abuelos. Saludemos a los abuelos. Ellos, los jóvenes, saludan a sus abuelos con mucho afecto y les agradecen el testimonio de sabiduría que nos ofrecen continuamente.

(Palabras tras el rezo del Ángelus desde el balcón del palacio arzobispal de Río de Janeiro, 26 -VII-2013)

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REHABILITAR LA POLÍTICA

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omos responsables de la formación de las nuevas generaciones, ayudarlas a ser capaces en la economía y la política, y firmes en los valores éticos. El futuro exige hoy la tarea de rehabilitar la política, rehabilitar la política, que es una de las formas más altas de la caridad. El futuro nos exige también una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad: este es el camino propuesto. Ya en la época del profeta Amós era muy frecuente la admonición de Dios: «Venden al justo por dinero, al pobre por un par de sandalias. Oprimen contra el polvo la cabeza de los míseros y tuercen el camino de los indigentes» (Am 2,6-7). Los gritos que piden justicia continúan todavía hoy. Quien desempeña un papel de guía, permítanme que diga, aquel a quien la vida ha ungido como guía, ha de tener objetivos concretos y buscar los medios específicos para alcanzarlos, pero también puede existir el peligro de la desilusión, la amargura, la indiferencia, cuando las expectativas no se cumplen. Aquí apelo a la dinámica de la esperanza que nos impulsa a ir siempre más allá, a emplear todas las energías y capacida-

des en favor de las personas para las que se trabaja, aceptando los resultados y creando condiciones para descubrir nuevos caminos, entregándose incluso sin ver los resultados, pero manteniendo viva la esperanza, con esa constancia y coraje que nacen de la aceptación de la propia vocación de guía y de dirigente. Es propio de la dirigencia elegir la más justa de las opciones después de haberlas considerado, a partir de la propia responsabilidad y el interés del bien común; por este camino se va al centro de los males de la sociedad para superarlos con la audacia de acciones valientes y libres. Es nuestra responsabilidad, aunque siempre sea limitada, esa comprensión de la totalidad de la realidad, observando, sopesando, valorando, para tomar decisiones en el momento presente, pero extendiendo la mirada hacia el futuro, reflexionando sobre las consecuencias de las decisiones. Quien actúa responsablemente pone la propia actividad ante los derechos de los demás y ante el juicio de Dios. Este sentido ético aparece hoy como un desafío histórico sin precedentes, tenemos que buscarlo, tenemos que inserirlo en la misma sociedad. Además de la racionalidad científica y técnica, en la situación actual se impone la vinculación moral con una responsabilidad social y profundamente solidaria.

(Discurso a los dirigentes brasileños en el teatro Municipal de Río de Janeiro, 27-VII-2013)

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LA PAZ DE SAN FRANCISCO ES LA DE CRISTO “La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Por favor: ¡ese san Francisco no existe! Y ni siquiera es una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos… Tampoco esto es franciscano, tampoco esto es franciscano, sino una idea que algunos han construido. La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que «carga» con su «yugo»”, señaló S.S Francisco en la homilía en la Basílica Superior de San Francisco en su visita a Asís.

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« e doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños» (Mt 11,25). Paz y bien a todos. Con este saludo franciscano os agradezco el haber venido aquí, a esta plaza llena de historia y de fe, para rezar juntos. Como tantos peregrinos, también yo he venido para dar gracias al Padre por todo lo que ha querido revelar a uno de estos «pequeños» de los que habla el evangelio: Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís. El encuentro

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con Jesús lo llevó a despojarse de una vida cómoda y superficial, para abrazar «la señora pobreza» y vivir como verdadero hijo del Padre que está en los cielos. Esta elección de san Francisco representaba un modo radical de imitar a Cristo, de revestirse de Aquel que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9). El amor a los pobres y la imitación de Cristo pobre son dos elementos unidos de modo inseparable en la vida de Francisco, las dos caras de una misma moneda.


El Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una «nueva criatura». ¿Cuál es el testimonio que nos da hoy Francisco? ¿Qué nos dice, no con las palabras —esto es fácil—, sino con la vida? 1. La primera cosa que nos dice, la realidad fundamental que nos atestigua es esta: ser cristianos es una relación viva con la Persona de Jesús, es revestirse de él, es asimilarse a él. ¿Dónde inicia el camino de Francisco hacia Cristo? Comienza con la mirada de Jesús en la cruz. Dejarse mirar por él en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a sí. Francisco lo experimentó de modo particular en la iglesita de San Damián, rezando delante del crucifijo, que hoy también yo veneraré. En aquel crucifijo Jesús no aparece muerto, sino vivo. La sangre desciende de las heridas de las manos, los pies y el costado, pero esa sangre expresa vida. Jesús no tiene los ojos cerrados, sino abiertos, de par en par: una mirada que habla al corazón. Y el Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una «nueva criatura». De aquí comienza todo: es la experiencia de la Gracia que trans-

forma, el ser amados sin méritos, aun siendo pecadores. Por eso Francisco puede decir, como san Pablo: «En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Ga 6,14). Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: enséñanos a permanecer ante el Crucificado, a dejarnos mirar por él, a dejarnos perdonar, recrear por su amor. 2. En el evangelio hemos escuchado estas palabras: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,28-29). Esta es la segunda cosa que Francisco nos atestigua: quien sigue a Cristo, recibe la verdadera paz, aquella que solo él, y no el mundo, nos puede dar. Muchos asocian a san Francisco con la paz, pero pocos profundizan. ¿Cuál es la paz que Francisco acogió y vivió y nos transmite? La de Cristo, que pasa a través del amor más grande, el de la Cruz. Es la paz que Jesús resucitado dio a los discípulos cuando se apareció en medio de ellos (cf. Jn 20,19.20).

Amaos los unos a los otros como yo os he amado (cf. Jn 13,34; 15,12). Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunción, con soberbia, sino solo se puede llevar con mansedumbre y humildad de corazón. La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Por favor: ¡ese san Francisco no existe! Y ni siquiera es una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos… Tampoco esto es franciscano, tampoco esto es franciscano, sino una idea que algunos han construido. La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que «carga» con su

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«yugo», es decir, su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (cf. Jn 13,34; 15,12). Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunción, con soberbia, sino solo se puede llevar con mansedumbre y humildad de corazón. Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: enséñanos a ser «instrumentos de la paz», de la paz que tiene su fuente en Dios, la paz que nos ha traído el Señor Jesús.

El Santo de Asís da testimonio del respeto hacia todo lo que Dios ha creado y como Él lo ha creado, sin experimentar con la creación para destruirla; ayudarla a crecer, a ser más hermosa y más parecida a lo que Dios ha creado. 3. Francisco inicia el Cántico así: «Altísimo, omnipotente y buen Señor… Alabado seas… con todas las criaturas» (FF, 1820). El amor por toda la creación, por su armonía. El Santo de Asís da testimonio del respeto hacia todo lo que Dios ha creado y como Él lo ha creado, sin experimentar con la creación para destruirla; ayudarla a crecer, a ser más hermosa y más parecida a lo que Dios ha creado. Y sobre todo san Francisco es testigo del respeto por todo, de que el hombre está llamado a custodiar al hombre, de que el hombre está en el centro de la creación, en el puesto en el que Dios —el Creador— lo ha querido, sin ser instrumento de los ídolos que nos creamos. ¡La armonía y la paz! Francisco fue hombre de armonía, un hombre de paz. Desde esta Ciudad de la paz, repito con la fuerza y mansedumbre del amor: respetemos la creación, no seamos instrumentos de destrucción. Respetemos todo ser humano: que cesen los conflictos armados que

San Francisco es testigo del respeto por todo, de que el hombre está llamado a custodiar al hombre, de que el hombre está en el centro de la creación, en el puesto en el que Dios —el Creador— lo ha querido, sin ser instrumento de los ídolos que nos creamos. ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión. Escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra, en Tierra Santa, tan amada por san Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, en todo el mundo. Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: Alcánzanos de Dios para nuestro mundo el don de la armonía, la paz y el respeto por la creación. No puedo olvidar, en fin, que Italia celebra hoy a san Francisco como su Patrón. Y felicito a todos los italianos, en la persona del Jefe del Gobierno, aquí presente. Lo expresa también el tradicional gesto de la ofrenda del aceite para la lámpara votiva, que este año corresponde precisamente a la Región de Umbría. Recemos por la Nación italiana, para que cada uno trabaje siempre para el bien común, mirando más lo que une que lo que divide. Hago mía la oración de san Francisco por Asís, por Italia, por el mundo: «Te ruego, pues, Señor mío Jesucristo, Padre de toda misericordia, que no te acuerdes de nuestras ingratitudes, sino ten presente la inagotable clemencia que has manifestado en [esta ciudad], para que sea siempre lugar y morada de los que de veras te conocen y glorifican tu nombre, bendito y gloriosísimo, por los siglos de los siglos. Amén». (Asís, 4-X-2013)

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PANORAMA

13 de octubre

CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA, ANTE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE FÁTIMA El domingo 13 de octubre pasado, ya para concluir el Año de la Fe, el Papa Francisco consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María, ante la imagen de la Virgen de Fátima del santuario portugués, que fue traída especialmente de la Cova de Iría para la histórica ocasión.

Oración que recitó el Santo Padre a los pies de la Imagen Bienaventurada María, Virgen de Fátima, con renovada gratitud por tu presencia materna unimos nuestra voz a la de todas las generaciones que te llaman bienaventurada. Celebramos en ti las grandes obras de Dios, que nunca se cansa de inclinarse con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal y herida por el pecado, para sanarla y salvarla. Acoge con benevolencia de madre el acto por el que nos ponemos hoy bajo tu protección con confianza, ante esta tu imagen tan querida por todos nosotros. Estamos seguros que cada uno de nosotros es precioso a tus ojos y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones. Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa. Protege nuestra vida entre tus brazos: bendice y refuerza cada deseo de bien; reaviva y alimenta la fe; sostiene e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad; guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad. Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres, hacia los excluidos y los que sufren, por los pecadores y por los que tienen el corazón perdido: reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales a tu Hijo dilecto, el Señor Nuestro, Jesús.

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Amén. HUMANITAS Nº 72 pp. 922 - 974


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El Papa recibió a la Virgen de Fátima en la plaza de San Pedro El sábado 12 en un helicóptero de la Aeronáutica Italiana llegó la imagen de Fátima al helipuerto del Vaticano, de donde fue llevada en procesión por los jardines del Vaticano hasta el monasterio Mater Ecclesiae, situado a unos 700 metros del lugar de aterrizaje, en donde reside el Papa emérito, Benedicto XVI. La imagen se detuvo en la capilla de S. S, Benedicto XVI para un breve momento de oración personal, antes de dirigirse a la Casa Santa Marta, en donde fue acogida por el Papa Francisco. El mismo sábado el Santo Padre presidió la ceremonia y pronunció una homilía mariana durante el recibimiento de la imagen en la plaza de San Pedro, en donde miles de fieles agitaban sus pañuelos blancos. La imagen de la Virgen de Fátima entró cargada por cuatro Heraldos del Evangelio y escoltada por la Guardia Suiza hasta el obelisco central de la plaza. Allí los

sediarios pontificios, o sea, quienes cargaban, cuando existía, la silla gestatoria papal, llevaron la imagen de María. El Papa con su hábito blanco salió a la plaza en medio de los aplausos, mientas el coro de la pontificia Capilla Sixtina cantaba “el 13 de mayo”. El Santo Padre se acercó y la besó. A continuación se rezó la Vía Matris (ver recuadro), oración mariana de siete estaciones, intercalándola con música, también de instrumentos como el arpa. Después la imagen fue llevada al santuario romano del Divino Amor y desde allí a las 19 horas locales, en conexión directa con otros diez santuarios del mundo, se rezó el santo rosario y se inició la vigilia Con María oltre la notte (Con María más allá de la noche), siempre como un evento en el marco del Año de la Fe, organizado por el Pontificio Consejo para la nueva Evangelización.

EL "VÍA MATRIS"

Así como en el plan salvífico de Dios están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también lo están en la Liturgia y en la piedad popular. Como Cristo es el "hombre de dolores", por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz", así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis). Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada. Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "siete dolores" de Santa María Virgen. Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete "estaciones", que corresponden a los "siete dolores" de la Madre del Señor. El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor, rechazado por su propio pueblo. Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos. El Vía Matris tiene como máxima expresión la "Piedad", tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.

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Francisco a la Virgen de Fátima:

'María, te damos gracias por tu fe' Apartes de la homilía del Papa Francisco a los pies de la imagen de la Virgen del santuario de Fátima, en la Jornada Mariana que es parte del Año de la Fe. (…) El primer elemento de su fe es este: La fe de María desata el nudo del pecado (cf. lg, 56). ¿Qué significa esto? Los Padres conciliares han tomado una expresión de san Ireneo que dice así: «El nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe, lo desató la Virgen María por su fe». (…)Algo parecido ocurre en nuestras relaciones con Dios. Cuando nosotros no lo escuchamos, no seguimos su voluntad, cometemos actos concretos en los que mostramos falta de confianza en él —y esto es pecado—, se forma como un nudo en nuestra interioridad. Estos nudos nos quitan la paz y la serenidad. Son peligrosos, porque varios nudos pueden convertirse en una madeja, que siempre es más doloroso y más difícil de deshacer. Pero para la misericordia de Dios nada es imposible. Hasta los nudos más enredados se deshacen con su gracia. Y María, que con su «sí» ha abierto la puerta a Dios para deshacer el nudo de la antigua desobediencia,

es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que él desate los nudos de nuestra alma con su misericordia de Padre. (…)Pero lo que ha ocurrido en la Virgen Madre de manera única, también nos sucede a nosotros a nivel espiritual cuando acogemos la Palabra de Dios con corazón bueno y sincero y la ponemos en práctica. Es como si Dios adquiriera carne en nosotros. Él viene a habitar en nosotros, porque toma morada en aquellos que le aman y cumplen su Palabra.
No es fácil entender esto pero sí sentirlo en el corazón. (…)La fe de María afrontó entonces la incomprensión y el desprecio; y cuando llegó la «hora» de Jesús, la hora de la pasión, la fe de María fue entonces la lamparilla encendida en la noche. Esa lamparilla en plena noche. María veló durante la noche del sábado santo. Su llama, pequeña pero clara, estuvo encendida hasta el alba de la Resurrección; y cuando le llegó la noticia de que el sepulcro estaba vacío, su corazón quedó henchido de la alegría de la fe, la fe cristiana en la muerte y resurrección de Jesucristo. Porque siempre la fe nos lleva a la alegría y ella es la madre de la alegría que nos enseña a vivir y caminar por este camino de alegría y a vivir esta alegría. Este es el punto culminante, esta alegría del encuentro de Jesús y María. Este es el punto culminante del camino de la fe de María y de toda la Iglesia.

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LAS ANTERIORES CONSAGRACIONES

El papa Pío XII realizó varias veces la consagración del mundo a Nuestra Señora, pero fue el papa Juan Pablo II que en 1984, delante de la imagen de Nuestra Señora de Fátima, en Roma, consagró el mundo y Rusia al Inmaculado Corazón de María, en unión con los obispos del mundo entero. Más tarde, la vidente Lucía confirmó que ese acto de consagración fue realizado en consonancia con el pedido de Nuestra Señora. El año 2000, en el Jubileo de los Obispos, siempre Juan Pablo II consagró el nuevo milenio a Nuestra Señora, de nuevo delante de esta misma imagen, en Roma. El 13 de mayo pasado el Papa Francisco pidió al entonces cardenal patriarca de Lisboa, José Policarpo, que consagrara su ministerio a Nuestra Señora, lo que significó "entregar a María con confianza al papa Francisco, para que Ella lo ayude, proteja y lo guíe; para que Ella sea su ejemplo de entrega a Dios, de escucha atenta a su Palabra, de disponibilidad a su voluntad, de docilidad al Espíritu Santo, de oración", señaló el padre Cabecinha, rector del santuario de Fátima.

27 de abril de 2014

Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII El papa Francisco dio a conocer el 30 de septiembre pasado, la fecha de canonización del beato Juan Pablo II y del beato Juan XXIII, que será el 27 de abril del 2014 en Roma, Domingo de la Divina Misericordia, una fiesta instituida por el propio Juan Pablo II y fecha en que el Santo Padre murió, 2 de abril de 2005. En el caso de Juan XXIII, el papa Francisco autorizó el proceso sin necesidad de un segundo milagro. Los milagros de Juan Pablo II que fueron tomados en consideración para su canonización fueron la sanación milagrosa de una monja francesa que sufría un párkinson irreversible y avanzado, y el segundo milagro necesario que se aprobó fue la curación de una mujer de Costa Rica que sufría un aneurisma cerebral.

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POR ESO NO SE DERRUMBA

En el día en que hemos conocido que los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II serán canonizados el próximo 27 de abril de 2014, fiesta de la Divina Misericordia, me viene a la mente una frase lapidaria pronunciada por el Papa en su reciente encuentro con el clero de Roma. En aquel diálogo mantenido con los curas de su diócesis, Francisco afirmó que la Iglesia no se derrumba “porque hoy, como siempre, hay mucha santidad cotidiana: hay muchas mujeres y hombres que viven la fe en la vida de cada día. Y la santidad es más fuerte que los escándalos”. Como tantas veces he escrito, a mí no me sorprenden el mal y la traición, incluso cuando se presentan allí donde cabría esperar una historia de fidelidad y de bien. Lo que verdaderamente me sorprende, cada día, es la fe. Esa fe que brota como una flor de gracia y de libertad en la tierra del pueblo cristiano. Como ha explicado Francisco en su entrevista que ha dado la vuelta al mundo, la Iglesia es Madre y por tanto es fecunda, a despecho de acosos exteriores y sequedades internas. Es “la santidad del pueblo de Dios paciente, la santidad común”, subrayaba el Papa pensando en su propia experiencia de familia. Angelo Roncalli y Karol Wojtyla son hijos de ese pueblo de Dios paciente, cuya verdadera fisonomía esculpe la fe a través de las circunstancias cotidianas. Pero ciertamente, a pesar de su precioso bagaje, no se les ahorró a ninguno de los dos la aventura de responder “sí” al Misterio hecho carne, que les llamó a lo largo de sus vidas a realizar “cosas grandes” (así lo diría satisfecha Santa Catalina de Siena), cosas imprevistas e inauditas para las que se necesitaba algo más que una buena preparación y cierta disposición de ánimo. Se necesitaba el ímpetu de una razón y una libertad abiertas por completo a la llamada del Resucitado: ¿me amas más que estos?; entonces no discutas, no analices, no ponderes, no mires atrás, no proyectes, no compares… tú, sígueme. Ambos les siguieron sin alforja ni sandalias. El primero entendió que la Iglesia debía purificarse y volver a los orígenes, precisamente para aprender de nuevo a hablar al corazón de los hombres del siglo XX y así comunicarles la Salvación de Jesucristo. Y para eso lanzó el gran acontecimiento del Vaticano II. El segundo recibió la herencia preciosa (marcada por el dolor) del papa Montini, y entendió que la Iglesia debía abandonar cuitas estériles y bajar de nuevo sin miedo a las plazas para una nueva evangelización, porque el hombre (tal como es, tal como ríe y llora en cada tiempo) es el camino que la Iglesia ha de recorrer para mostrarle que Cristo es la única respuesta a su corazón sediento. Juan XXIII abrió el arco de estos últimos cincuenta años con el impulso profético del Concilio, y Juan Pablo II mostró la verdad de su intuición: que pese a los agoreros de cierta modernidad, la fe sigue viva, la Iglesia rejuvenece mientras las ideologías y las modas caen por los suelos. La sabiduría de Francisco nos va a permitir contemplar el próximo 27 de abril, en una misma imagen, el camino único de la Iglesia que atraviesa el espacio y el tiempo. Dos papas grandes y santos, que han respondido a la sugerencia del Espíritu y a la necesidad de la Iglesia desde sus respectivos y diversos temperamentos, serán ahora colocados como ejemplo para todos los cristianos en una única ceremonia. Algunos han intentado oponerlos; ahora, con este gesto, el Papa Francisco da a todos una trascendental lección. Pero la historia continúa, porque pese a nuestra necedad, tan vieja y aburrida, la fuente de la santidad nunca se seca. Por eso, solo por eso, la Iglesia no se derrumba jamás. JOSÉ LUIS RESTÁN

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Oración de Pablo VI Siete rasgos para una fe Señor, que vea. Señor, que crea. Pero…

1. Señor, haz que mi fe sea PLENA

Sin reservas, y que penetre mi pensamiento y mi manera de juzgar las cosas divinas y también las humanas.

2. Señor, haz que mi fe sea LIBRE

Que tenga el concurso personal de mi adhesión, que acepte las renuncias y los deberes que comporta y que sea fiel reflejo del estilo de mi personalidad.

3. Señor, que mi fe sea CIERTA

Cierta por la coherencia entre las pruebas exteriores y los testimonios interiores del Espíritu Santo. Cierta por su luz que asegure, por sus conclusiones que tranquilicen, por su asimilación que descanse.

4. Señor, que mi fe sea FUERTE

Que no se asuste ante a contradicción de los problemas que llenan la experiencia de nuestra vida. Ávida de luz, que no tema la oposición de quienes la discuten, la atacan, la rechazan, la niegan, sino que se fortifique en la experiencia íntima de Tu verdad. Que resista la fatiga de la crítica, se fortifique por afirmaciones continuas y remonte las dificultades dialécticas y espirituales, en medio de las cuales discurre nuestra existencia temporal.

5. Señor, haz que mi fe sea ALEGRE

Que dé paz y sosiego a mi espíritu y que lo disponga a la oración con Dios y a la conversación con los hombres, para que irradie en estas relaciones sagradas y profanas la felicidad interior de Tu presencia.

6. Señor, haz que mi fe sea ACTIVA

Que dé a la caridad un motivo de su expansión moral de modo que ella constituya una verdadera amistad contigo. Y que en las obras, en el sufrimiento, en la espera de la revelación final, suponga una continua búsqueda de ti, un testimonio continuado, un alimento ininterrumpido de la esperanza.

7. Señor, haz que mi fe sea HUMILDE

Que no tenga la presunción de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento o de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo y que no tenga mejores garantías que la docilidad a la tradición y a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia. Amén.

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Transformados por la fe Las enseñanzas de Benedicto XVI sobre el Año de la Fe

En medio del aluvión de libros, grandes y chicos, sobre el Papa Francisco, sorprende gratamente la aparición de una obra sobre el Papa Benedicto XVI, ahora emérito pero cuya pluma eximia e inspirada efectuó un gigantesco aporte al magisterio de la Iglesia. Se trata de “Transformados por la fe”, una compilación de las catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció sobre el Año de la Fe, efectuada por el presbítero doctor Patricio Olmos. El título es una síntesis adecuada de lo enseñado por el Romano Pontífice emérito: “Tener fe en el Señor no es un hecho que interesa sólo a nuestra inteligencia, el área del saber intelectual, sino que es un cambio que involucra la vida, la totalidad de nosotros mismos: sentimiento, corazón, inteligencia, voluntad, corporeidad, emociones, relaciones humanas...”. Las enseñanzas de Benedicto XVI tienen tal riqueza que, como alguien afirmó, se continuarán leyendo, con el paso de los siglos, como hoy leemos a San Agustín, a San Cipriano o a otros Padres de la Iglesia. Vale la pena leerlas y meditarlas con calma, sin prisas. El libro de 112 páginas, publicado por Ediciones Logos, recoge las 16 catequesis de los miércoles sobre la fe, con párrafos numerados y precedidos de un breve resumen para facilitar su lectura y meditación. Los títulos de las 16 catequesis son: 1. La Fe transforma la vida; 2. ¿Qué es la fe?; 3. La fe de la Iglesia; 4. El deseo de Dios; 5. Los caminos que conducen al conocimiento de Dios; 6. La razonabilidad de la fe en Dios; 7. ¿Cómo hablar de Dios?; 8. Dios revela su “designio de benevolencia”; 9. Las etapas de la Revelación; 10. La Virgen María: Ícono de la fe obediente; 11. Fue concebido por obra del Espíritu Santo; 12. Se hizo hombre; 13. Jesucristo, “mediador y plenitud de toda la Revelación”; 14. “Creo en Dios”; 15. Yo creo en Dios: el Padre todopoderoso; 16. Yo creo en Dios: el Creador del cielo y de la tierra, el Creador del ser humano.

Familia y vida En el magisterio de Benedicto XVI   

En el último número de la revista “Familia et vita”, la imagen de la portada muestra al Papa Benedicto XVI en Bresso, Milán el 2 de julio del 2012, mientras responde al saludo de los participantes al VII Encuentro Mundial de las Familias. La foto es realmente significativa: se trata de un signo visible que recuerda la participación del Papa peregrino en su tercer encuentro mundial (el primero en Valencia en 2006, después, en la ciudad de México en el 2009, y posteriormente en Milán), pasando de los hechos a la historia. El título que se lee en la primera página de la portada recoge una gran herencia: “La familia y la vida en el Magisterio de Benedicto XVI”. Este número especial de “Familia y vida”, revista cuatrimestral del Pontificio Consejo para la Familia, corresponde al año XVII, número 1-2-2013, pp. 358. Las dos constantes del Pontificado del Papa Ratzinger —la familia y la vida— han sido estudiadas e interpretadas por estudiosos eclesiásticos y laicos de

renombre: el presidente del Dicasterio, Mons. Vincenzo Paglia, y el secretario Mons. Laffite, los cardenales Angelo Scola, Elio Sgreccia, los monseñores Giampaolo Crepaldi, Charles Joseph Chaput, los profesores Livio Melina, Francesco D’Agostino, Tomás Melendo, Maria Luisa Di Pietro, entre otros. Se trata de 18 ensayos que representan el Evangelio de la familia y de la vida considerados por el Papa Benedicto y que han calado en la experiencia cotidiana de nuestro tiempo. Cómo apertura editorial, el P. Gianfranco Grieco, director de la revista, presenta los ensayos que componen este número, que concluye con la publicación del Enchiridion de la familia y de la vida —Documento magisterial y pastoral de Benedicto XVI: el 1 de enero 2012— 28 de febrero 2013. Esta es la segunda parte de las contribuciones sobre el tema —hasta 57— del Papa teólogo. La primera colección del Enchiridion ha sido publicada en el 2012, en la preparación al evento de Milán, que en su intervención especial Mons. Paglia llamó «una encíclica sobre la familia y sobre la vida, por Benedicto XVI».

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JORNADA DE AYUNO Y ORACIÓN POR LA PAZ EN SIRIA, MEDIO ORIENTE Y EL MUNDO

¡QUE SE ACABE EL SONIDO DE LAS ARMAS!, PIDE EL PAPA FRANCISCO

Ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro el 7 de septiembre pasado, con motivo de la jornada de Ayuno y Oración por la Paz en Siria, Medio Oriente y el mundo, el Papa Francisco pidió “¡que se acabe el sonido de las armas!”, pues “la guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad”. El Santo Padre señaló que, tal como se expresa en el libro del Génesis, “toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no solo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación”. “El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos. Esta noche, en la reflexión, con el ayuno, en la oración, cada uno de nosotros, todos, pensemos en lo más profundo de nosotros mismos. ¿No es ese el mundo que yo deseo? ¿No es ese el mundo que todos llevamos dentro del corazón?”, cuestionó. El mundo que todos queremos, preguntó el Papa, “¿no es un mundo de armonía y de paz, dentro de nosotros mismos, en la relación con los demás, en las familias, en las ciudades, en y entre las naciones? Y la verdadera libertad para elegir el camino a seguir en este mundo, ¿no es precisamente aquella que está orientada al bien de todos y guiada por el amor?”. “Preguntémonos ahora: ¿Es ese el mundo en el que vivimos? La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay violencia, división, rivalidad, guerra. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo”. “Cuando el hombre piensa solo en sí mismo —advirtió el Papa—, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”.

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Francisco señaló que “eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: El hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo, tiene miedo de la mirada de Dios. Acusa a la mujer, que es carne de su carne, rompe la armonía con la creación. Llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo”. ¿Podemos decir que de la ‘armonía’ se pasa a la ‘desarmonía’? No, no existe la ‘desarmonía’: o hay armonía o se cae en el caos, donde hay violencia, rivalidad, enfrentamiento, miedo”. En medio de este caos, señaló el Papa, “Dios pregunta a la conciencia del hombre: ‘¿Dónde está Abel, tu hermano?’. Y Caín responde: ‘No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?’”. “Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros”. Sin embargo, lamentó, “cuando se pierde la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir”. “En cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano”. El Papa denunció que también en la actualidad “nos dejamos llevar por los ídolos, por el egoísmo, por nuestros intereses; y esta actitud va a más: hemos perfeccionado nuestras armas, nuestra conciencia se ha adormecido, hemos hecho más sutiles nuestras razones para justificarnos”. “Como si fuese algo normal, seguimos sembrando destrucción, dolor, muerte. La violencia, la guerra traen solo muerte, hablan de muerte. La violencia y la guerra utilizan el lenguaje de la muerte”. El Santo Padre preguntó si en medio de estas circunstancias “¿es posible seguir otro camino? ¿Podemos salir de esta espiral de dolor y de muerte? ¿Podemos aprender de nuevo a caminar por las sendas de la paz?”. “Invocando la ayuda de Dios, bajo la mirada materna de la Salus populi romani, Reina de la paz, quiero responder: Sí, es posible para todos”. “Quisiera que cada uno de nosotros, desde el más pequeño hasta el más grande, incluidos aquellos que están llamados a gobernar las naciones, dijese: Sí, queremos” caminar por la ruta de la paz. El Papa Francisco expresó que “¡cómo quisiera que por un momento todos los hombres y las mujeres de buena voluntad mirasen la Cruz!”, pues en la Cruz “se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte”. “En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz”. “Quisiera pedir al Señor, esta noche, que nosotros cristianos, los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son camino para la paz!”. El Santo Padre exhortó a “que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano —pienso en los niños— y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha perdido; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro”. Francisco recordó las palabras de su predecesor Pablo VI ante las Naciones Unidas, en octubre de 1965: “Nunca más los unos contra los otros; jamás, nunca más… ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!”. Las palabras de la paz, señaló Francisco, son “perdón, diálogo, reconciliación”, tanto “en la amada nación siria, en Oriente Medio, en todo el mundo”. “Recemos esta tarde por la reconciliación y por la paz, contribuyamos a la reconciliación y a la paz, y convirtámonos todos, en cualquier lugar donde nos encontremos, en hombres y mujeres de reconciliación y de paz. Amén”, concluyó.

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CON OLOR A OVEJA

José Gabriel del Rosario Brochero murió a la edad de 73 años, con 47 de cura, agotado, enfermo de lepra, pobre y abandonado, cuando en Europa empezaban a sentirse los crujidos siniestros de la primera gran guerra. La causa de beatificación no fue rápida, a pesar de la extensa fama de santidad que lo acompañó todo este tiempo. Un diario de Córdoba publicó su biografía espiritual cuando todavía estaba vivo, e incluso antes de morir su nombre figuraba en los libros de las escuelas primarias de la zona. Pero recién en los años ’60 la causa empezó a dar los primeros pasos, en 2004 subió el primer peldaño con Juan Pablo II que lo declaró venerable, y el 20 de diciembre de 2012 el segundo con Benedicto XVI, que firmó el decreto de beatificación. Formalmente esa segunda etapa terminó hoy, entre las sierras heladas de Córdoba, junto a los gauchos envueltos, como Brochero, en los tradicionales ponchos para protegerse del frío inesperado de la noche. Medio siglo de pausas, empujones, frenadas, aceleradas y perplejidades (sobre el lenguaje de Brochero, por ejemplo, colorido y tosco, como lo describió el cardenal Angelo Amato recurriendo a un argentinismo). La causa de beatificación terminó justo durante el papado de un compatriota del nuevo beato y octavo candidato a santo de la Argentina. No hay ninguna relación entre los dos hechos: el final del itinerario canónico de Brochero y la elección de Bergoglio como Papa. O por lo menos no existe ningún lazo visible, y sobre los invisibles no hay razón para aventurarse. Hacía falta un milagro, como dictan las reglas, y el milagro se produjo. Un milagro común, de bajo perfil si se quiere, al estilo Brochero. El milagro de un niño que sufrió un gravísimo accidente de tránsito en el año 2000 y se recuperó por su intercesión, verificado con todos los requisitos de los severos procedimientos canónicos. No hay ninguna relación entre la beatificación y la elección de dos argentinos. Pero no hay duda de que el Papa Francisco hoy estuvo allí con el corazón, entre los miles de paisanos y peregrinos que llegaron desde todos los puntos de Córdoba, algunos a caballo, en colectivos, autos, motos

Las reflexiones del Papa Sobre la justicia en el mundo y la misión de la Iglesia

En su diálogo con el veterano periodista y cofundador del diario italiano La Repubblica, Eugenio Scalfari, publicado el 1º de octubre pasado, el Papa Francisco abordó el tema de la justicia en el mundo, y la misión al respecto que tiene la Iglesia. El Santo Padre subrayó que “los males más graves que afligen al mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que son abandonados los viejos”. “Los viejos necesitan cura y compañía, los jóvenes necesitan trabajo y esperanza, pero no tienen ni lo uno ni lo otro, y el problema está en que ya no buscan ambos. El presente los ha aplastado”.

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y hasta en bicicleta. Porque Brochero es uno de esos curas que le gustan a Francisco, “un pionero en salir hacia las periferias geográficas y existenciales para llevar a todos el amor y la misericordia de Dios”, como dijo en el mensaje que leyó el Cardenal Amato en su nombre. “No se quedó en la oficina parroquial, se desgastó sobre la mula y terminó enfermo de lepra a fuerza de salir a buscar la gente como un cura de la calle, como un cura callejero de la fe”. Uno de esos curas que Bergoglio señaló como modelo a los sacerdotes de Buenos Aires, que van al encuentro de la gente, que “entran en su conversación”, que “no tienen miedo de entrar en la noche de los hombres (que) vagan sin meta, solos con su propio desencanto, con la desilusión de un Cristianismo que ya consideran tierra estéril, infecundo, incapaz de generar sentido”. El Cardenal Amato no dejó de destacar cada una de estas cosas durante la misa de beatificación, trazando de Brochero el perfil de un sacerdote del pueblo, dedicado a las almas, que se hacía todo con todos, “una perla de santidad argentina comparable con el santo cura de Ars”. El resto vino por añadidura. Un desborde de caridad que en el caso del cura Brochero adquirió la forma de una obra civilizadora imponente. Porque José Gabriel del Rosario Brochero construyó caminos donde no había, abrió escuelas donde el Estado no llegaba, dispensarios donde los médicos jamás habían puesto un pie, casas para jóvenes abandonadas, iglesias, asilos, hospicios, comedores, escuelas. Y canales de riego, un cementerio, un acueducto, una oficina postal, trazó la extensión de la línea ferroviaria… Todo por amor a Dios. ALVER METALLI

“Dígame: ¿se puede vivir aplastados en el presente? ¿Sin memoria del pasado y sin el deseo de proyectarse al futuro construyendo un proyecto, un porvenir, una familia? ¿Es posible seguir así? Este, según yo, es el problema más urgente que la Iglesia tiene ante sí”, dijo Francisco. Reconociendo que este es un problema político y económico, el Santo Padre señaló que él “tiene que ver también con la Iglesia, sobre todo la Iglesia porque esta situación no hiere solo los cuerpos sino también las almas”. “La Iglesia debe sentirse responsable de las almas y de los cuerpos”, remarcó. El Santo Padre dijo que “en general, la conciencia (en la Iglesia, sobre este tema) existe, pero no basta. Me gustaría que fuese más amplia. No es el único problema que tenemos por delante pero es el más urgente y el más dramático».

Francisco recordó a su interlocutor que el ágape “es el amor por los otros, como nuestro Señor predicó. No es proselitismo, es amor. Amor al prójimo, levadura que sirve al bien común”. “El Hijo de Dios se ha encarnado para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de la fraternidad. Todos hermanos y todos hijos de Dios. Abbá, como Él llamaba a su Padre. Yo marco el camino, decía. Al seguirme siguen al Padre y serán todos sus hijos y Él se complacerá en vosotros”. El Papa indicó que “el ágape, el amor de cada uno de nosotros hacia los otros, desde el más cercano hasta el más lejano, es el modo que Jesús nos ha indicado para encontrar el camino de la salvación y de las Bienaventuranzas”. Para leer la entrevista completa, ingrese a www.humanitas.cl

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El hombre moderno en busca de la luz Con un gesto insólito —una carta enviada a La Repubblica—, el Papa Francisco ha respondido a las preguntas que Eugenio Scalfari había planteado en los últimos meses a propósito de la encíclica Lumen fidei. ¿Qué razones han movido al Pontífice? El deseo de «recorrer juntos parte del camino», mostrando con ello hasta qué punto quiere ser el primero en poner en práctica la «cultura del encuentro». ¿Qué es lo que le permite recorrer un trecho de camino con quien piensa de forma distinta, en este caso concreto con el fundador de la Repubblica? La necesidad que tienen ambos, en cuanto personas, de esa luz que permite vivir lo mejor posible como hombres. «A mí también me gustaría que la luz consiguiera penetrar y disolver las tinieblas», ha respondido Scalfari al ofrecimiento del Papa Francisco. Este deseo de una luz para no perder el camino constituye el criterio para el diálogo entre nosotros los hombres. Toda experiencia de la vida se ve juzgada al final por esta exigencia que llevamos dentro y que constituye el fondo más profundo de nuestra persona. La lealtad con este deseo es lo que estimula a los hombres al verdadero diálogo, lo que muestra, en última instancia, el interés por la propia vida. El hombre moderno ha tratado de responder a esta exigencia con las “luces” de la racionalidad. ¿Es posible para un hombre moderno, tan celoso de su autonomía, de su razón, y para un sucesor de Pedro, establecer un diálogo leal, no ficticio? El Papa Francisco y Eugenio Scalfari nos han demostrado que sí. Pero nos han mostrado también cuál es el terreno de un auténtico diálogo: no

el enfrentamiento dialéctico, sino el encuentro de dos experiencias humanas. El diálogo es posible, pero solo si cada uno está dispuesto a poner en juego su propia experiencia de la vida. El Papa Francisco ha aceptado jugar la partida en este terreno, sin poner en juego más “autoridad” que su experiencia personal de hombre deseoso de la luz: «La fe, para mí, nació del encuentro con Jesús. Un encuentro personal, que tocó mi corazón y dio una nueva dirección y un nuevo sentido a mi existencia. Pero, al mismo tiempo, un encuentro que ha sido posible gracias a la comunidad de fe en la que he vivido. Créame —confiesa a Scalfari—, sin la Iglesia no hubiera podido encontrar a Jesús, si bien soy consciente de que este inmenso don que es la fe lo guardan las frágiles vasijas de barro de nuestra humanidad». El Papa Francisco describe, Evangelio en mano, cómo ha sido posible desde el principio del cristianismo la fe como una adhesión razonable. Esta adhesión se sostiene por entero en el reconocimiento de esa “autoridad” de Jesús, «que sale de dentro y que se impone por sí misma», que le ha sido dada por Dios «para que la use en favor de los hombres». «La originalidad de la fe cristiana se centra precisamente en la encarnación del Hijo de Dios», que «no ha sido revelada para crear una separación insuperable entre Jesús y todos los demás». Por el contrario, continúa el Papa, «la singularidad de Jesús es para la comunicación, no para la exclusión». Esto significa que solo es posible percibir la verdad de la fe —la luz que disuelve las tinieblas— dentro de una

Sínodo extraordinario en octubre de 2014 "Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización"

El Santo Padre Francisco ha convocado del 5 al 19 de octubre de 2014, la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los obispos, que se celebrará en el Vaticano. El tema escogido para esta Asamblea será "Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización". Ha explicado el padre Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, que "es muy importante el anuncio de un Sínodo Extraordinario sobre el tema de la pastoral de la familia. Este es el modo en el que el Papa pretender llevar adelante la reflexión y el camino de la comunidad de

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relación. Como ha observado de forma aguda Salvatore Veca, «el Pontífice expone una idea de la verdad fundada en una relación. No es ciertamente una verdad mutable, pero es imposible aislarla, inmunizarla de los contactos externos, esculpirla en roca, porque vive únicamente en la relación, y es por tanto, abierta por naturaleza» (Corriere della Sera, 12 septiembre 2013). ¿Podrá acaso la luz de la fe interesar a un hombre que no quiere renunciar a nada de su razón y de su libertad? ¿No la sentirá tal vez como una constante mortificación de su propia humanidad? Por decirlo con palabras de Dostoievski, «un hombre culto, un europeo de nuestros días, ¿puede creer, verdaderamente creer, en la divinidad del hijo de Dios, Jesucristo?». Nietzsche acusaba a la fe cristiana, escribe el Papa en la Lumen fidei, de haber «rebajado la existencia humana, quitando novedad y aventura a la vida. La fe sería entonces como un espejismo que nos impide avanzar como hombres libres hacia el futuro» (n.2). La encíclica no se sustrae a este desafío; es más, lo lanza de nuevo: «Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección fija» (n.3). En cambio, la luz de la fe interesará únicamente a aquellos que no reducen su humanidad y su deseo. En este sentido, me ha resultado conmovedor ver a dos personas como Francisco y Scalfari confrontarse como hombres sobre el propio camino de vida. Aquí reside el valor del diálogo instaurado por el Papa, como indi-

cación a la Iglesia de cuál es el camino a recorrer para un verdadero y auténtico diálogo. ¿Acaso no es esta la tarea de los cristianos y de la Iglesia? Testimoniar qué tipo de luz introduce la fe en la vida para afrontar las circunstancias de todos. A todos los que se encuentran con ellos les corresponde verificar si realmente esta luz puede ser útil para iluminar su vida. Es el riesgo que ha corrido Dios al hacerse uno entre los hombres. El diálogo entre el Pontífice y el periodista —tan fuera de los esquemas habituales y sin embargo tan fascinante— es una gran ayuda para el camino que todos debemos recorrer: cada uno debe comparar su propia experiencia de la vida con ese deseo de luz —de verdad, de belleza, de justicia, de felicidad, como diría don Giussani— que nos constituye. ¿Podemos reconocer en nuestra experiencia los signos de una respuesta a ese deseo tan inextirpable, que resiste y aflora incluso bajo montañas de escombros? Jean Guitton decía que el término «razonable designa a aquel que somete su razón a la experiencia». Con la carta a la Repubblica, el Obispo de Roma ha ofrecido a todos el testimonio de este sometimiento que arroja luz sobre las cosas. Encontrando una humanidad dispuesta a hacer una parte del camino juntos. No hay nada más deseable que encontrarse con compañeros de camino como estos.

JULIÁN CARRÓN

Presidente de Comunión y Liberación 

* Carta dirigida al Director del diario La Razón (Madrid), publicada el 29 de septiembre de 2013.

la Iglesia, con la participación responsable del episcopado de las diversas partes del mundo. Es justo que "la Iglesia se mueva comunitariamente en la reflexión y en la oración y tome las orientaciones pastorales comunes en los puntos más importantes —como la pastoral de la familia— bajo la guía del Papa y de los obispos". Las anteriores asambleas extraordinarias se celebraron una en 1969 y se trabajó sobre el tema "La cooperación entre la Santa Sede y las Conferencias Episcopales", y la segunda fue en el año 1985 sobre "Vigésimo aniversario de las conclusiones del Concilio Vaticano II".

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EN LA TIERRA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

EL PAPA A LOS JÓVENES: TENGAN CORAJE Y SEAN TESTIMONIO DEL EVANGELIO CON SUS VIDAS

El 4 de octubre pasado, justamente el día en que toda la Iglesia celebra la festividad de San Francisco de Asís, el primer Papa de nombre Francisco visitó esta hermosa ciudad italiana en la región de Umbría. El Santo Padre permaneció en la ciudad del “Poverello” unas 12 horas y en ese tiempo mantuvo 11 encuentros, entre ellos, el acto central, la celebración de la Misa en la Plaza de San Francisco. Uno de estos encuentros fue el sostenido con los jóvenes a quienes exhortó “llevar el Evangelio a través del testimonio de nuestra vida”. El Santo Padre les señaló a San Francisco como un ejemplo a seguir, pues “hizo crecer la fe, renovó la Iglesia, y al mismo tiempo renovó la sociedad, la hizo más fraterna, pero siempre con el Evangelio”. Durante el encuentro, el Papa respondió con humor y alegría diversas preguntas planteadas por los jóvenes asistentes. “Me alegra que la primera pregunta haya sido de un matrimonio joven, ¡un lindo testimonio! Dos jóvenes que han optado, que han decidido formar una familia, con alegría y con valor. ¡Sí, porque es cierto, se necesita ser valientes para formar una familia! ¡Hace falta valor!”. Francisco indicó que “la pregunta de ustedes, jóvenes esposos, se enlaza con la de la vocación. ¿Qué es el matrimonio? Es una verdadera vocación, al igual que el sacerdocio y la vida religiosa”. “Dos cristianos que se casan han reconocido en su historia de amor la llamada del Señor, la vocación para formar de dos, hombre y mujer, una sola carne, una sola vida. Y el Sacramento del matrimonio envuelve este amor con la gracia de Dios, lo arraiga en Dios mismo. ¡Con este don, con la certeza de esta llamada, se puede partir seguros, no se tiene miedo de nada, se puede afrontar todo, juntos!”.

El Santo Padre les pidió a los jóvenes que “pensemos en nuestros padres, en nuestros abuelos o bisabuelos: se casaron en condiciones mucho más pobres que las nuestras, algunos en tiempo de guerra, o en la posguerra; algunos emigraron, como mis padres. ¿Dónde encontraban la fuerza? La encontraban en la certeza de que el Señor estaba con ellos, de que la familia está bendecida por Dios en el Sacramento del matrimonio, y de que es bendita la misión de tener hijos y de educarlos”. “¡Queridos amigos, se necesita esta base moral y espiritual, para construir bien y de forma sólida! Hoy en día, las familias y la tradición social ya no garantizan esta base”.

Francisco criticó que la sociedad actual “privilegia los derechos individuales en lugar de la familia, estos derechos individuales privilegian las relaciones que duran hasta que no surgen

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dificultades, y por esta razón a veces habla de relación de pareja, de familia y de matrimonio de forma superficial y equívoca”. “Es el egoísmo: cuando yo no siento, termino el matrimonio y me olvido de aquella ‘una sola carne’ que no puede separarse”. El Papa advirtió además contra otra dificultad, la de “esta cultura de lo provisorio: parece que nada sea definitivo. Todo es provisorio. Como dije recientemente: pero el amor, hasta que dura. Una vez oí a un seminarista —bueno, ¿eh?— que decía: ‘Yo quiero ser sacerdote pero por diez años. Luego volveré a pensar’. Pero… ¡es la cultura de lo provisorio, y Jesús no nos ha salvado provisoriamente: nos ha salvado definitivamente!”. “¡La fantasía del Espíritu Santo es infinita, pero también es muy concreta! Entonces les quiero decir que no tengan miedo de dar pasos definitivos en la vida: no tener miedo de darlos”. “La familia es la vocación que Dios ha escrito en la naturaleza del hombre y de la mujer”, dijo el Papa, pero indicó que “también hay otra vocación complementaria al matrimonio: el llamado al celibato y a la virginidad por el Reino de los Cielos”. “Es la vocación que el mismo Jesús vivió. ¿Cómo reconocerla? ¿Cómo seguirla? Es la tercera pregunta que me han presentado. “Y yo les respondo con dos elementos esenciales, sobre cómo reconocer esta vocación al sacerdocio o a la vida consagrada. Primer elemento: orar y caminar en la Iglesia. Estas dos cosas van de la mano, se entrelazan”. Francisco señaló que “en el origen de toda vocación a la vida consagrada siempre hay una fuerte experiencia de Dios, ¡una experiencia que no se olvida, se recuerda para toda la vida! Es aquella que tuvo Francisco, ¿no? Y esto no lo podemos ni calcular ni programar”. “¡Dios siempre nos sorprende! Es Dios el que llama; pero es importante tener una relación diaria con Él, escucharlo en silencio ante el Tabernáculo y dentro de nosotros mismos, hablarle, acercarse a los Sacramentos”.

“Y me gustaría decir una cosa con fuerza, sobre todo hoy: ¡la virginidad por el Reino de Dios no es un ‘no’, es un ‘sí’! Por supuesto, implica la renuncia a un vínculo conyugal y a una familia propia, pero la base es el ‘sí’ como respuesta al ‘sí’ total de Cristo hacia nosotros, y este ‘sí’ hace fecundos”. Usando la palabra “Evangelio”, el Papa respondió a dos de las preguntas que le formularon los jóvenes, “una se refiere al compromiso social, en este período de crisis que amenaza la esperanza, y la otra se refiere la evangelización, llevar el mensaje de Jesús a los demás. Ustedes me preguntan: ¿qué podemos hacer? ¿Cuál puede ser nuestro aporte?” “El Evangelio, queridos amigos, no concierne solo a la religión, concierne al hombre, a todo el hombre y concierne al mundo, a la sociedad, a la civilización humana”. Francisco remarcó que “el Evangelio es el mensaje de salvación de Dios para la humanidad. ¡Pero cuando decimos ‘mensaje de salvación’, no es una forma de hablar, no son meras palabras o palabras vacías, como tantas que hay hoy en día!” “¡La humanidad necesita realmente ser salvada!”, exclamó el Papa. “¡Tenemos necesidad de salvación! ¿Salvación de qué? Del mal”. “El mal obra, hace su trabajo. Pero el mal no es invencible y el cristiano no se resigna ante el mal”. El Papa indicó que el secreto de los cristianos “es que Dios es más grande que el mal: ¡es verdad, Dios es más grande que el mal!”. El Evangelio, señaló, “tiene dos destinos que están enlazados: el primero, suscitar la fe, y ésta es la evangelización; el segundo, transformar el mundo según el designio de Dios”. Estos dos destinos “no son dos cosas separadas, son una sola misión: ¡llevar el Evangelio a través del testimonio de nuestras vidas transforma el mundo! Este es el camino: llevar el Evangelio a través del testimonio de nuestra vida”. “Hoy, en nombre de San Francisco, les digo, no tengo ni oro ni plata para darles, sino algo mucho más valioso, el Evangelio de Jesús, ¡vayan con coraje! Con el Evangelio en su corazón y en sus manos, sean testimonios de la fe con su vida: lleven a Cristo a sus hogares, anúncienlo entre sus amigos, acójanlo y sírvanlo en los pobres”. Ver homilía completa del Papa Francisco en Asís en www.humanitas.cl

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Un Consejo de Cardenales al servicio de una Iglesia colegial

La reunión que comenzó el 1º de octubre pasado en Roma entre Francisco y los ocho cardenales del Consejo no es más que la aplicación de una indicación explícita del colegio cardenalicio salida de las congregaciones que precedieron al Cónclave donde se decidió la elección del nuevo Papa. Allí nació la exigencia de que el futuro Pontífice disponga de un grupo de consejeros que realice las sugerencias que él les solicite. Lo cierto es que se trata de una idea clásica, ya que la estructura de la Iglesia romana es eminentemente colegial. Fue sugerida a comienzos de marzo; el día 13 salió elegido Jorge Bergoglio y, un mes después, el 13 de abril, el Papa constituyó este grupo de ocho cardenales que representa las distintas partes del mundo. El consejo comenzó a trabajar nada más ser constituido y, antes que los ocho cardenales, llegaron a Roma cerca de 80 documentos de trabajo. El Papa publicó un texto breve en el que bautiza el grupo como «Consejo de Cardenales» y cuya tarea es la de ayudarle en el gobierno de la Iglesia universal y en la reforma de la curia. No hay que esperar grandes anuncios de esta primera cumbre, punto de partida de un trabajo que va a extenderse en el tiempo, tal y como ha escrito el propio Francisco. En la Iglesia existen muchos precedentes de órganos similares, entre ellos alguno con una fisonomía particular como el sínodo de los obispos, constituido por Pablo VI y que sigue en vigor. Y es que el método colegial no pierde actualidad en la Iglesia y es una prioridad en el Pontificado de Francisco.

GIANNI MARIA VIAN Director de L’Osservatore Romano

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CARTAS RECIBIDAS POR OCASIÓN DE HUMANITAS 71 Estimado don Jaime: Con mucho interés he leído la hermosa carta que le ha enviado nuestro Papa emérito, S.S. Benedicto XVI. No conozco otras cartas suyas después de su renuncia al pontificado. Lo felicito de corazón por este reconocimiento que recibe por su cercanía a quien fuera nuestro Papa, y por la divulgación de su gran obra. Deseándole la abundante bendición de Dios para su persona, su familia y sus iniciativas a favor de la Iglesia y de Chile, lo saluda cordialmente, + Fco. Javier Errázuriz Ossa Arzobispo Emérito de Santiago

*** …Qué sensación más bella saber que los papas y en especial el Papa Benedicto aplauden esta gran contribución que es Humanitas. Un abrazo. All the best,  Mario J. Paredes Presidential Liaison Roman Catholic Ministries *** Me alegro contigo por esa tan linda y expresiva carta de Benedicto. Te agradezco mucho que hayas tenido la bondad de participarme tan magna buena noticia. ¡Elevemos juntos una acción de gracias a Dios de quien todo lo bueno procede! Acá desde Roma, recordándote en la oración ante el Señor. Fraternalmente en el Señor Jesús, un cordial abrazo, Luis Fernando Figari Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Lima

*** …Cuánto me alegra este reconocimiento en las cálidas palabras del Papa emérito Benedicto XVI. Que el Señor siga bendiciendo e iluminando su tarea de iluminar. En Jesús y María Santísima,  María Eugenia Ramos Mejía EWTN - Argentina

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Estimado Jaime: Me acaba de llegar el número 71 de la revista, precioso como siempre. Pero te quería felicitar especialmente por la carta de Benedicto XVI que le da tanto valor al trabajo que se hace en la revista y he visto como ha conmovido a todos sus lectores. En realidad es una persona extraordinaria y a ti te corresponde el mérito de haberlo hecho conocer en Chile y más allá de Chile. Felicitaciones, nuevamente de  una fiel lectora de Humanitas y también colaboradora a mucha honra.  Elena Vial  *** Muy bien hecho Humanitas 71 y espléndida redacción. Te reitero que la carta de Benedicto XVI es de una finura de alma y de lenguaje verdaderamente excepcional. Cordial saludo para ti y para el querido Rector Vial Correa. Dr. Ricardo Riesco          Rector Universidad San Sebastián

*** Solo quería exultar con la carta que te ha escrito Benedicto XVI. En esas pocas líneas está todo dicho sobre “Humanitas”. Te aseguro que cada vez que tomo un número, no consigo soltarlo: me ha pasado esta misma mañana. Que el Señor te siga bendiciendo, lo mismo que a los tuyos Carlos José  Errázuriz Mackenna Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe

*** ­­­­­­­­­­­­­­A don Jaime agradecerle esta edición de la Revista Humanitas, especialmente al recién hojearla y sí leer la lindísima y emocionante carta de Su Santidad emérita, Benedicto XVI, a la que humildemente me uno en el reconocimiento que él les hace. Con gran afecto les abraza, Alicia Amunátegui de Ross Presidenta de la Sociedad Protectora de la Infancia

*** Gracias por compartir estos interesantes documentos. Para nosotros, hombres de la calle, todo esto nos viene muy bien. Gracias a Dn. Jaime Antúnez, quien me ayudó antes, desde Artes y Letras de El Mercurio, a conocer a grandes intelectuales. Efectivamente en ese medio leí interesantes artículos y entrevista al que llegó a ser Benedicto XVI y al ahora, común amigo, Dn Alfonso López Quintas. Con cariño, Juan Morales * Otras cartas de autoridades religiosas y lectores fueron recibidas con ocasión de Humanitas 71.

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Cardenal Madariaga La reforma de la Curia será amplia, gentil y con gran consenso

El cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas Internacional, y jefe del nuevo Consejo de Cardenales compuesto por ocho purpurados de diversos países que le ayudarán al Papa en su reforma, concedió una entrevista publicada el 6 de octubre pasado por el diario italiano de izquierda l'Unita'. En sus declaraciones al ex órgano oficial del Partido Comunista Italiano, el cardenal indicó que la reforma que realizará el Papa Francisco en la Iglesia será amplia, pero al mismo tiempo gentil y con gran consenso. Precisó que Juan Pablo II fue decisivo en la caída de la Unión Soviética, Benedicto XVI consolidó diversos pilares fundamentales de la fe, y "ahora con el Papa Francisco ha llegado el momento de acercar más al pueblo de Dios a través del cariño y de las cosas simples, pero esenciales para la vida cristiana que tocan los problemas de cada día y especialmente los corazones”. “La prioridad —inició el cardenal— es la reforma del sínodo de los obispos, organismo de la Iglesia que ayuda al pontífice en sus decisiones”. Y precisó que el santo padre quiere el aporte de ellos y de sus países,

Mons. Pietro Parolin Nuevo Secretario de Estado del Vaticano

El Papa Francisco nombró al Arzobispo Pietro Parolin, como nuevo Secretario de Estado del Vaticano, en sustitución del Cardenal Tarcisio Bertone, cuya renuncia al cargo fue aceptada por el Santo Padre. Monseñor Parolin era hasta ahora Nuncio Apostólico en Venezuela y tiene 58 años de edad. La información se hizo pública el 31 de agosto pasado, durante la recepción del Papa Francisco en audiencia especial, en la Casa Santa Marta, al Cardenal Tarcisio Bertone, al Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la

trabajando incluso a distancia, por ejemplo con internet. Consideró que será una reforma interesante, porque “la sinodalidad, la relación de colaboración de los obispos con el pontífice, indicada por el Concilio Vaticano II no fue muy desarrollada”. Otra reforma que se quiere realizar —prosiguió el cardenal hondureño— es la reforma de la Secretaría de Estado y la nueva estructuración de la Curia Romana y de sus dicasterios”. y precisó que "no son retoques, sino una reforma de la Curia. Necesitaremos tiempo. No se esperen que sea para el año próximo”, esto porque “queremos que el proyecto sea discutido con quienes viven aquellas situaciones, que tienen experiencia, y para que den su aportación”, dijo. Para ello los cardenales que forman parte de la comisión han realizado sondeos en sus continentes, recogiendo un material precioso e interesante, pero no solo eso; también el cardenal Bertello, prefecto del Gobernatorato de la Santa Sede, realizó un importante trabajo recogiendo sugerencias propuestas por la misma Curia Romana. Y precisó que ahora este material está siendo sistematizado.

Congregación para las Iglesias Orientales; a Monseñor Dominique Mambertí, Secretario para las Relaciones con los Estados; a Monseñor Peter B. Wells, asesor para los Asuntos Generales; a Monseñor Antoine Camilleri, Subsecretario para las Relaciones con los Estados, y a Monseñor Alberto Ortega Martín, oficial de la Secretaría de Estado para las Relaciones con los Estados. El nuevo Secretario de Estado Vaticano es natural de Schiavon, en la provincia y en la diócesis de Vicenza (Italia), donde nació el 17 de enero de 1955 en una familia de clase media italiana. Su padre se ocupaba de la venta de maquinaria agrícola y su madre ejerció como maestra de educación primaria. Huérfano de padre a los 10 años, entró en el seminario de Vicenza a los 14, donde inició los estudios de Filosofía y Teología. En 1980 fue ordenado sacerdote y enviado como vicario parroquial a la parroquia de la Santísima Trinidad de Schio. Dos años después comenzó los estudios de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana. En 1983 ingresó en la Pontificia Academia Ecle-

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siástica. En 1986 obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico con una tesis sobre el Sínodo de los Obispos. Poco después fue enviado a la Nunciatura de Nigeria (1986–1989), a la que seguiría México (1989-1992). Su conocimiento de la realidad de la Iglesia en las naciones hispanoamericanas y africanas hizo que, a su vuelta a la Santa Sede en 1992, se le encomendaran estas áreas así como otras cuestiones. En 2002, Monseñor Parolin fue nombrado Subsecretario de la segunda sección de la Secretaría de Estado, ocupándose, por tanto, de las relaciones con los Estados, área en la que impulsó conversaciones y

reanudación de las relaciones con estados orientales y africanos. El Arzobispo Parolin es conocido y tiene un gran prestigio por su trabajo como diplomático, especialmente por su labor con China y Vietnam. Fuentes del Vaticano señalan que el Papa Francisco lo ha elegido no solo por su trayectoria diplomática, “sino también porque es un buen sacerdote”. En 2009, Monseñor Pietro Parolin fue nombrado Nuncio Apostólico en Venezuela y ordenado Arzobispo el 12 de septiembre de ese año. Actualmente se desempeñaba como Nuncio en esta nación hispanoamericana.

CARDENAL BERTONE SE DESPIDE

DESTACA CONTINUIDAD ENTRE EL PAPA EMÉRITO Y FRANCISCO

La ceremonia de clausura de la oficina de la Secretaría de Estado del cardenal Tarcisio Bertone se realizó el 15 de octubre pasado en el Vaticano, en la Biblioteca de dicha Secretaría. Al concluir su cargo como secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone S.D.B., en su discurso ha indicado: "Veo hoy en el Papa Francisco no tanto una revolución sino una continuidad con el Papa Benedicto XVI aunque con diversidad de acentos y segmentos de vida personal; nuestros orígenes y nuestros recorridos, como ha dicho usted, Santo Padre, son diferentes". El cardenal señaló que "es difícil esbozar un balance completo de los siete años que he estado junto al Papa Benedicto XVI y por un breve pero intenso período de siete meses —¡siete meses!— junto al Papa Francisco". Y ha añadido que "la memoria de lo vivido es compartida con casi todos los presentes porque juntos hemos trabajado en distintas responsabilidades con dedicación y a veces con sacrificio. Y por todo os doy las gracias". "La escucha, la ternura, la misericordia, son hechos estupendos que he experimentado personalmente con usted, Santo Padre, en la multiplicidad de las conversaciones, en los gestos, en las sorpresas de las llamadas, en las tareas que me ha asignado". También ha subrayado dos aspectos que refuerzan esta continuidad: "El don del consejo espontáneo e inspirado, proyectado hacia el futuro rico de memoria y la común y ferviente devoción mariana. No hay imagen más bella que la de los papas recogidos en oración ante la Virgen de Fátima: en Fátima, en el año sacerdotal de 2010, el Papa Benedicto y en Roma, ante la misma imagen en el Año de la Fe, el Papa Francisco para poner a toda la Iglesia en estado de penitencia y purificación. El cardenal ha finalizado deseando a su sucesor que pueda “deshacer pronto los nudos que todavía impiden a la Iglesia de ser en Cristo, el corazón del mundo, horizonte deseado e invocado incesantemente”. Durante su discurso, el Santo Padre ha querido compartir en primer lugar un sentimiento de

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gratitud. "Querido cardenal Tarcisio, creo interpretar también el pensamiento de mi amado predecesor Benedicto XVI al presentarle mi más vivo agradecimiento por el trabajo desarrollado estos años. Veo en usted, sobre todo, al hijo de Don Bosco". Haciendo un recorrido por el servicio del cardenal Bertone a la Iglesia, el Papa Francisco ha destacado que "el hilo conductor está constituido precisamente por la vocación sacerdotal salesiana que le ha marcado desde la infancia, y que la ha desarrollado en todos los encargos recibidos, indistintamente, con profundo amor a la Iglesia, gran generosidad, y con ese típico rasgo salesiano que une un sincero espíritu de obediencia y una gran libertad de iniciativa y de creatividad personal". Un segundo aspecto que ha señalado Francisco en su discurso ha sido el hecho de que para cada salesiano "el amor a la Iglesia se expresa de forma particular en el amor al sucesor de Pedro. Sentirse en el corazón de la Iglesia, precisamente porque se está con el papa". Y ha subrayado que "la actitud de fidelidad incondicional y de lealtad absoluta a Pedro”, ha sido una “característica distintiva de su mandato como secretario de Estado tanto hacia Benedicto XVI como conmigo estos meses. Lo he notado en diversas ocasiones y se lo agradezco profundamente". Y el tercer punto por el que Francisco ha querido agradecer es "el valor y la paciencia con que ha vivido las contrariedades a las que ha tenido que enfrentarse. Son tantas". El Santo Padre ha contado uno de los sueños de don Bosco, ese en el que junto a sus jóvenes pasea por un camino lleno de rosas que, poco a poco, se va cubriendo también de espinas y sienten la tentación de salir del mismo hasta que la Virgen les invita a proseguir, y al final se encuentran en un espléndido jardín. “El sueño representaría la fatiga del educador pero creo que se puede aplicar también a cualquier ministerio de responsabilidad en la Iglesia". Así se ha dirigido al cardenal Bertone para decirle que "en este momento pienso que, aunque haya habido espinas, la Virgen Auxiliadora no ha dejado de ayudarle y no dejará de hacerlo en el futuro. El deseo que todos formulamos es que usted pueda seguir disfrutando de los tesoros que han caracterizado su vocación: la presencia de Jesús Eucaristía, la ayuda de la Virgen, la amistad del Papa. Los tres grandes amores de Don Bosco: estos tres”.

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FRANCISCO, LA MISERICORDIA DEL PAPA QUE ACEPTA EL MUNDO TAL COMO ES

Creo que a muchos les está sucediendo: la lectura de las treinta páginas de la entrevista a Francisco en Civiltà Cattolica al parecer les aclara quién es en realidad y qué pretende hacer este hombre al cual le gusta definirse como «obispo de Roma», una Roma que por lo demás confiesa no conocer más allá de algunas basílicas famosas. ¿Por qué ocultarlo? Muchos, en la Iglesia, estaban perplejos ante un estilo en el cual parecía advertirse algo de populista, de un sudamericano que en la juventud no fue insensible ante el carisma demagógico de Perón. Los zapatos ortopédicos negros; la cruz puramente plateada; el hábito papal y los atavíos litúrgicos a veces omitidos; el hecho de circular a pie o en un pequeño vehículo, incluso en el asiento delantero; el rechazo del alojamiento pontificio, del palacio de Castel Gandolfo, de la escolta; los niños a quienes ha besado en la plaza; los llamados telefónicos hechos en persona en distintas partes; el hecho de hablar improvisando, con riesgo de equívocos; el exigir de inmediato ser tuteado por el interlocutor; ciertas reacciones emotivas a raíz de una foto e historias encontradas en los diarios. En lo que me atañe (y por más que tiene poca importancia, obviamente), todo esto perturbaba cierto esnobismo intelectual del cual me contagié en casi veinte años de escuelas turinesas, por lo demás anterior a 1968. Con este estilo «a la argentina», contrastaba con cierta melindrosa “retórica de la antirretórica» aprendida de esos maestros míos de una austeridad y un understatement subalpinos. Ha habido meses recientes en que me alegraba por el buen momento de sobriedad, de rigor, de perfiles intencionalmente bajos: para Papa, un profesor emérito bávaro; para presidente del Consejo, otro profesor emérito de la Universidad Bocconi, el equivalente en el país de una de las Grandes Écoles parisinas. Para completar la Tríada, en el Quirinal habría soñado con un Luigi Einaudi, pero, a falta del mismo, me contentaba con la seriedad y la discreción de Giorgio Napolitano, también él no sospechoso de concesiones a sentimentalismos y retóricas. En suma, yo también era uno de los perplejos. Que quede claro en todo caso: como he recordado en otras ocasiones, en una perspectiva católica lo importante es el Papado, es el rol —que le es atribuido por Cristo mismo— de enseñanza y custodia de la fe; mientras no tiene importancia teológica el carácter del Papa del momento, al cual se pide únicamente la salvaguardia de la ortodoxia y la guía de la Iglesia entre las agitaciones de la historia. No hay aquí indicadores de agradecimiento personal, el creyente sigue y ama a todo pontífice, independientemente de lo “simpático” que sea, en cuanto sucesor de aquel Pedro a quien Jesús confió ocuparse de Su pueblo. Pero he aquí ahora la entrevista en el periódico más antiguo no solo católico, sino italiano, en el quincenario fundado hace nada menos que 163 años: un jesuita, el padre Antonio Spadaro, conversando —en el periódico de los jesuitas— con el primer pontífice jesuita de la historia. Es por lo tanto jugar totalmente en casa, y no por azar. De hecho, al leer se comprende cómo la estrategia del Papa que quiso llamarse Francisco no es en realidad de carácter, sino en realidad propia de la mejor tradición de los hijos no del Pobrecillo, sino de Ignacio. El carisma de los discípulos del guerrero vasco consistió en comprender que el mundo se salva tal como es, gústenos o no; que la utopía cristiana siempre debe cotejarse con la realidad concreta; que no debe escandalizar el amargo positivismo de Maquiavelo, para el cual los hombres son lo que son, no lo que desearíamos

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que fuesen. Es precisamente a este hombre y no a uno ideal e inexistente a quien se propone la salvación de la cual Cristo es portador. La fortuna de los jesuitas, su éxito en misiones remotas y al mismo tiempo en la corte de reyes y emperadores (un hecho que los llevó luego a la supresión de 1773, por extraña coincidencia, por un Papa franciscano), dicha fortuna fue fruto de un carisma que el mismo Bergoglio indica en el “discernimiento”: eso que los enemigos de la Compañía llamaron “hipocresía”, “oportunismo», “mimetismo”, y los jansenistas “laxismo”, y que en cambio, como explica el mismo Papa Francisco, “es la conciencia de que los grandes principios cristianos se encarnan en conformidad con las diversas circunstancias de lugar, de tiempo, de personas”. La evangelización debe ser flexible y considerar la debilidad humana, “el confesionario no ha de ser una cámara de tortura”, empleando palabras textuales de Bergoglio. Es precisamente lo que inspiró esa casuística que, para los rigurosos, pareció aceptar y justificar todo, y contra la cual se arrojaron las Cartas provinciales de Blaise Pascal, cartas que constituyen una obra maestra de la literatura, pero un infortunio teológico para ese genio, ciertamente extraordinario y bastante apreciado por quien escribe. A pesar de las exageraciones (condenadas después por la misma Compañía, aun antes que por la Iglesia), los jesuitas tenían razón: la misericordia, la comprensión, los refinamientos, si no lo son también las acrobacias dialécticas, para no excluir a nadie de la comunión eclesial, fueron y son medios de apostolado mucho más eficaces que la estricta severidad, el legalismo escriturario y canónico, el moralismo implacable, la ortodoxia utilizada como garrote. Los rigoristas están obsesionados con el aut aut —o esto o aquello— mientras los jesuitas procuraron siempre y en todas partes practicar un et et —tanto esto como aquello— que permita al mayor número posible de criaturas de Dios alcanzar la salvación eterna. Fue la intransigencia de otras órdenes lo que condujo a la desastrosa ruina de la inculturación del Evangelio intentada por la Compañía en Asia, en América, en África, y que solo el Vaticano II debía redescubrir y valorizar. Precisamente de este deseo de convertir al mundo entero, usando la miel mucho más que el vinagre, proviene una de las perspectivas más convincentes entre aquellas confiadas por el Papa al cofrade: el volver a encontrar así la justa jerarquía cristiana. Las décadas posconciliares han visto, en la Iglesia, las consecuencias del impacto que debe atribuirse a la fe: políticas sociales y sobre todo morales. Sin embargo, muy pocos parecen haberse preocupado de la fe misma, de su credibilidad, de su anuncio al mundo. Bienvenido sea, por lo tanto, el llamado del Obispo de Roma a re-evangelizar anunciando la misericordia y la esperanza del Evangelio. Lo demás seguirá. No hay en sus palabras concesión alguna en relación con los llamados “principios no negociables” en materia de ética; pero está presente, justamente, la insistencia en el debido orden prioritario: primero la fe y después la moral. Primero convoquemos, acojamos y sanemos las heridas de la vida y luego, después de que hayan conocido y experimentado la eficacia de la misericordia del Cristo, hagámosles clases de teología, de exégesis, de ética. ¿Un desafío, tal vez un riesgo? El Papa Francisco hace comprender que se tiene conciencia, pero sobre todo se tiene conciencia de la ayuda, que no podrá faltar, de Quien lo ha elegido, por lejos que estuviera de esperarlo y desearlo. VITTORIO MESSORI *Artículo publicado originalmente en Corriere della Sera (21.IX.13)

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P. Antonio Spadaro: Los medios de comunicación han hecho decir al Papa cosas que no dijo

Curia Romana Confirmaciones de cargos y nuevos nombramientos

El P. Antonio Spadaro, sj, director de la revista La Civiltà Cattolica y autor de la entrevista al Santo Padre, fue a su vez entrevistado en la Cadena Cope. El sacerdote jesuita acusa a cierta prensa de haber «hecho decir al Papa cosas que no dijo». Y lamenta que se destacaran mucho «unas cosas y muy poco otras como la justicia social de la que habla el Papa con frecuencia. Los titulares han instrumentalizado sus palabras». El P. Spadaro ha confesado que ha echado de menos que los medios reflejaran «la parte espiritual de la entrevista». «No hay ninguna situación existencial que suponga una barrera al anuncio del Evangelio, eso es lo que al Papa le interesa destacar», explica. «El Papa no da una visión radicalmente nueva de la Iglesia, sino una aproximación ligada a la Misericordia». «El Papa piensa que caminando se hace camino. Si le hubiera preguntado por la verdadera novedad del Papa, hubiera respondido que el Evangelio. Muchos creen que la reforma de la Iglesia la tiene en la cabeza y no es así. Sabe cuál es la realidad pero no el punto de llegada». El Papa, reconoce el P. Spadaro, «tiene un estilo directo, que llega de golpe al corazón de la gente. El estilo de Francisco es diferente a otros más formales porque ama el contacto directo con las personas. Cuando habla, corre ese mismo riesgo del contacto directo y que se le malinterprete, pero es lo que le gusta». Saliendo al paso de las tergiversaciones aparecerá en estos días, publicado por Ed. Rizzoli, un libro de 160 págs. en el cual el P. Antonio Sapadaro comenta la entrevista desde la “trastienda”, agregando detalles importantes.

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El Papa Francisco realizó una serie de cambios, nombramientos y confirmaciones en la Curia Romana, entre ellos: En la Congregación para la Doctrina de la fe, ha sido confirmado el prefecto, monseñor Gerhard Ludwig Müller, y su secretario, monseñor Luis Francisco Ladaria Ferrer. En el cargo de Penitenciario Mayor ha sido nombrado el cardenal Mauro Piacenza, que se desempeñaba como prefecto de la Congregación para el Clero. En la Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha sido confirmado su prefecto, el cardenal Fernando Filoni; como secretario Mons. Savio Hon Tai Fai; y como secretario adjunto, monseñor Protase Rugambwa, así como a todos los miembros y consultores de dicho dicasterio. En la Congregación para el Clero el nuevo prefecto nombrado por el Papa es Mons. Beniamino Stella, quien se ha desempeñado como presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica; y ha sido confirmado el secretario, monseñor Celso Morga Iruzubieta; y como secretario para los seminarios el Papa ha nombrado a monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, que se desempeñaba como obispo de Papantla, quien además fue elevado a la dignidad de arzobispo. Como nuncio apostólico y presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica, el Papa nombró a monseñor Giampiero Gloder, consejero de Nunciatura, Jefe de oficina con encargos especiales en la Secretaría de Estado, y además a la sede titular de Telde, con dignidad de arzobispo.


Santa Sede reitera el no a la comunión de divorciados en nueva unión

La Santa Sede reiteró el 22 de octubre pasado la doctrina del no a la comunión eucarística de los divorciados en nueva unión, y para explicar este tema, así como la urgencia de una pastoral que esté siempre abierta a estas personas, se ha valido de un extenso artículo publicado en el diario del Vaticano, L’Osservatore Romano. El artículo está escrito por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo alemán Gerhard L. Müller, y lleva por título “La fuerza de la gracia” (leer el texto completo en www.humanitas.cl). En él, el prelado afirma que “la discusión sobre la problemática de los fieles que tras un divorcio han contraído una nueva unión civil no es nueva. Siempre ha sido tratada por la Iglesia con gran seriedad, con la intención de ayudar a las personas afectadas, puesto que el matrimonio es un sacramento que alcanza en modo particularmente profundo la realidad personal, social e histórica del hombre”. Publicamos el resumen realizado por Aciprensa: El Arzobispo reconoce que hay una serie de preguntas sobre este tema que deben asumirse con mucha

seriedad y tratarse “en conformidad con la enseñanza católica sobre el matrimonio”: “¿No puede la Iglesia autorizar a los cristianos divorciados y vueltos a casar, bajo determinadas condiciones, a recibir los sacramentos? ¿Les están definitivamente atadas las manos en estas cuestiones? Los teólogos, ¿realmente han considerado todas las implicaciones y consecuencias al respecto?” A partir de algunas enseñanzas en las escrituras, monseñor Müller subraya que “el matrimonio cristiano es un signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia. El matrimonio entre bautizados es un sacramento porque significa y confiere la gracia de este pacto”. Asimismo recuerda que “la Iglesia reconoce que solo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real, y que solo a estos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional”. A continuación recuerda que la Iglesia de los Padres, la Tradición, “en obediencia al Evangelio, rechazó el divorcio y un segundo matrimonio. En este punto, el testimonio de los Padres es inequívoco”. El Arzobispo pasa revista luego a la indisolubilidad del matrimonio sacramental en el Concilio de Trento y en el Vaticano II. El prelado recuerda que este último subraya que “mediante el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio contiene un significado nuevo y más profundo: llega a ser una imagen del amor de Dios hacia su pueblo y de la irrevocable fidelidad de Cristo a su Iglesia”. Juan Pablo II y la exhortación Apostólica Familiaris consortio El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe recuerda luego la enseñanza de esta exhortación, que en el número 84 sobre los divorciados vueltos a casar afirma: 1. Los pastores que tienen cura de ánimas están obligados por amor a la verdad “a discernir bien las situaciones”. No es posible evaluar todo y a todos de la misma manera. 2. Los pastores y las comunidades están obligados a ayudar con solícita caridad a los fieles interesados. También ellos pertenecen a la Iglesia, tienen derecho a la atención pastoral y deben tomar parte en la vida de la Iglesia.

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3. Sin embargo, no se les puede conceder el acceso a la Eucaristía. Al respecto se adopta un doble motivo: a) “Su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía”; b) “Si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio”. Una reconciliación a través del sacramento de la penitencia, que abre el camino hacia la comunión eucarística, únicamente es posible mediante el arrepentimiento acerca de lo acontecido y “la disposición a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio”. Esto significa, concretamente, que cuando por motivos serios la nueva unión no puede interrumpirse, por ejemplo a causa de la educación de los hijos, el hombre y la mujer deben “obligarse a vivir una continencia plena”. 4. A los pastores se les prohíbe expresamente, por motivos teológico-sacramentales y no meramente legales, efectuar “ceremonias de cualquier tipo” para los divorciados vueltos a casar”, mientras subsista la validez del primer matrimonio. Tras señalar lo contenido en la exhortación apostólica, el Arzobispo señala que “la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, del 14 de septiembre de 1994, ha confirmado que la praxis de la Iglesia, frente a esta pregunta, ‘no puede ser modificada basándose en las diferentes situaciones’ (n.5). Además, se aclara que los fieles afectados no deben acercarse a recibir la sagrada comunión basándose en sus propias convicciones de conciencia”. Benedicto XVI y la Sacramentum Caritatis En la Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum caritatis, del 22 de febrero de 2007, Benedicto XVI retoma y da nuevo impulso al trabajo del anterior Sínodo de Obispos sobre la Eucaristía. El número 29 del documento trata acerca de la situación de los fieles divorciados y vueltos a casar. También para Benedicto XVI se trata aquí de “un problema pastoral difícil y complejo”. Reitera “la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cfr Mc 10,2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo”. Sin embargo, afirma Mons. Müller, “también exhorta a los pastores a dedicar ‘una especial atención’ a los

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afectados, ‘con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano mediante la participación en la santa Misa, aunque sin comulgar; la escucha de la Palabra de Dios, la Adoración eucarística, la oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo con un sacerdote de confianza o un director espiritual, la entrega a obras de caridad, de penitencia, y la tarea de educar a los hijos’”. “Cuando existen dudas sobre la validez de un matrimonio anterior fracasado, estas deberán ser examinadas por los tribunales matrimoniales competentes”, precisa. El Arzobispo señala luego que “la mentalidad actual contradice la comprensión cristiana del matrimonio especialmente en lo relativo a la indisolubilidad y la apertura a la vida. Puesto que muchos cristianos están influidos por este contexto cultural, en nuestros días los matrimonios están más expuestos a la invalidez que en el pasado. En efecto, falta la voluntad de casarse según el sentido de la doctrina matrimonial católica y se ha reducido la pertenencia a un contexto vital de fe. Por esto, la comprobación de la validez del matrimonio es importante y puede conducir a una solución de estos problemas”. Para que no queden dudas sobre este asunto, Mons. Müller reitera que “cuando los divorciados vueltos a casar están en conciencia convencidos de que su matrimonio anterior no era válido, tal hecho deberá comprobarse objetivamente, a través de la autoridad judicial competente en materia matrimonial”. “El matrimonio no es incumbencia exclusiva de los cónyuges delante de Dios, sino que, siendo una realidad de la Iglesia, es un sacramento, respecto del cual no toca al individuo decidir su validez, sino a la Iglesia, en la que él se encuentra incorporado mediante la fe y el Bautismo”. Seguidamente recuerda una cita del documento “A propósito de algunas objeciones contra la doctrina de la Iglesia sobre la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar”, del 30 de noviembre de 2011, en donde se señala claramente que “si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conforme al derecho; por tanto, por motivos intrínsecos, es imposible que reciban los Sacramentos. La conciencia de cada uno está vinculada, sin excepción, a esta norma”. “Otra tendencia a favor de la admisión de los divorciados vueltos a casar a los sacramentos es la que invoca el argumento de la misericordia. Puesto que Jesús mismo se solidarizó con las personas que sufren, dándoles su


amor misericordioso, la misericordia sería por lo tanto un signo especial del auténtico seguimiento de Cristo. Esto es cierto. Sin embargo, no es suficiente como argumento teológico-sacramental, puesto que todo el orden sacramental es obra de la misericordia divina y no puede ser revocado invocando el mismo principio que lo sostiene”. La solicitud pastoral El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe escribe que “aunque por su propia naturaleza no sea posible admitir a los sacramentos a las personas divorciadas y vueltas a casar, tanto más son necesarios los esfuerzos pastorales hacia estos fieles. Pero se debe tener en cuenta que tales esfuerzos tienen que mantenerse dentro del marco de la Revelación y de los presupuestos de la doctrina de la Iglesia”. “El camino señalado por la Iglesia para estas personas no es simple. Sin embargo, ellas deben saber y sentir que la Iglesia, como comunidad de salvación, les acompaña en su camino. Cuando los cónyuges se esfuerzan por comprender la praxis de la Iglesia y se abstienen de la comunión, ellos ofrecen a su modo un

testimonio a favor de la indisolubilidad del matrimonio”. La solicitud por los divorciados en nueva unión “no se debe reducir a la cuestión sobre la posibilidad de recibir la comunión sacramental. Se trata de una pastoral global que procura estar a la altura de las diversas situaciones. Es importante al respecto señalar que además de la comunión sacramental existen otras formas de comunión con Dios”. La unión con Dios, explica el Arzobispo, “se alcanza cuando el creyente se dirige a Él con fe, esperanza y amor, en el arrepentimiento y la oración. Dios puede conceder su cercanía y su salvación a los hombres por diversos caminos, aun cuando se encuentren en una situación de vida contradictoria”. “Como ininterrumpidamente subrayan los recientes documentos del Magisterio, los pastores y las comunidades cristianas están llamados a acoger abierta y cordialmente a los hombres en situaciones irregulares, a permanecer a su lado con empatía, procurando ayudarles, y dejándoles sentir el amor del Buen Pastor. Una pastoral fundada en la verdad y en el amor encontrará siempre y de nuevo los caminos legítimos por recorrer y formas más justas para actuar”, concluye.

LA REACCIÓN DE LOS OBISPOS ESTADOUNIDENSES

LA CORTE SUPREMA Y EL MATRIMONIO GAY El 26 de julio pasado, la Corte Suprema de los Estados Unidos deliberó sobre dos aspectos relativos a la inconstitucionalidad de la DOMA, la Ley de Defensa del Matrimonio aprobada en 1996 por el Congreso y promulgada por el Presidente Clinton, y de la Proposición 8 de California, modificación a la Constitución de ese Estado aprobada en noviembre de 2008 mediante referéndum con más de 7 millones de votos (52%). Ambas definen el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, y la DOMA implica que la ley federal reconozca, promueva y proteja esta concepción del matrimonio en conformidad con la verdad y el bien común. Los opositores sostienen que de este modo se discrimina contra el “matrimonio” entre personas del mismo sexo, violándose la igualdad de protección legislativa afirmada por la Constitución de los Estados Unidos de América y que solo los Estados —y no el gobierno federal— tienen derecho a definir el matrimonio. Los partidarios consideran que las dos formas de matrimonio son efectivamente distintas en varios aspectos (sobre todo en relación con el bien de los hijos) y por lo tanto es legítimo abordarlas legislativamente de distintas maneras. La Conferencia Episcopal estadounidense y muchas otras organizaciones han expuesto a la Corte sus propias tesis a favor de las dos disposiciones del amicus brief (cuyo texto puede leerse en la dirección de Internet: http://www.usccb.org/about/general-counsel/amicus-briefs/upload/hollingsworth-vperry.pdf). La Corte Suprema: 1) consideró inconstitucional la norma de la DOMA que impide a las parejas homosexuales obtener beneficios fiscales y de salud a nivel nacional, por cuanto viola la

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quinta enmienda, que defiende las libertades individuales; 2) estableció que los partidarios de la Proposición 8 que ejercieron una acción legal para defenderla de los recursos legales de quienes aspiraban a su abolición no tenían derecho de hacerlo. Publicamos aquí la declaración conjunta del Cardenal de Nueva York Timothy Dolan, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, y del Arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, presidente del Subcomité Episcopal para la Promoción y la Defensa del Matrimonio.

Hoy es un día trágico para el matrimonio y para nuestra nación. La Corte Suprema ha cometido una profunda injusticia con el pueblo estadounidense al revocar en parte la Ley federal de Defensa del Matrimonio. La Corte ha cometido un error. El gobierno federal debería respetar la verdad según la cual el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer aun cuando los Estados no la consideren. La preservación de la libertad y de la justicia exige que todas las leyes federales y estatales respeten la verdad, incluyendo la verdad respecto al matrimonio. Es también deplorable que la Corte no haya aprovechado la oportunidad de confirmar la Proposición 8 de California, mientras ha decidido no dictaminar al respecto. El bien común de todos, especialmente de los niños, depende de una sociedad que se comprometa a apoyar la verdad del matrimonio. Ya es tiempo de redoblar nuestros esfuerzos en testimonio de esta verdad. Semejantes decisiones son parte de un debate público de gran importancia. Hay incertidumbre en cuanto al futuro del matrimonio y el bienestar de la sociedad. El matrimonio es la única institución que une a un hombre y una mujer para toda la vida, garantizando a todos los niños que surjan de esta unión el fundamento seguro de una madre y un padre. Nuestra cultura ha dado por sentado durante demasiado tiempo lo confirmado por la naturaleza humana, por la experiencia, por el sentido común y por el sabio designio de Dios: la diferencia entre un hombre y una mujer es importante, así como la diferencia entre una mamá y un papá. En cambio, la cultura se ha mantenido al margen en muchos aspectos de la consolidación del matrimonio; pero este no es un motivo para capitular. Ahora es tiempo de reforzar el matrimonio y no de redefinirlo. La enseñanza de Jesús sobre el significado del matrimonio —la unión exclusiva del marido y la esposa, que dura toda la vida— se refirió al “principio” de la creación divina de la persona humana como varón y hembra (Mt 19). Ante las costumbres y las leyes de su época, Jesús enseñó una verdad impopular que todos podían comprender. La verdad del matrimonio permanece y seguiremos proclamándola valerosamente con fe y caridad. Ahora que la Corte Suprema ha emitido sus propias decisiones, apelamos con renovada resolución a todos nuestros líderes y al pueblo de esta justa nación a unirse resueltamente en la promoción y defensa del único significado del matrimonio: un hombre y una mujer, para toda la vida. Pedimos además rezar para que las decisiones de la Corte se revisen y sus implicaciones sean ulteriormente aclaradas. CARD. TIMOTHY DOLAN Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos MONS. SALVATORE CORDILEONE Presidente del Subcomité Episcopal para la Promoción y la Defensa del Matrimonio

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BENEDICTO XVI ESCRIBE CARTA DE 11 PÁGINAS A UN ATEO MILITANTE

El matemático italiano [y ateo militante] Piergiorgio Odifreddi recibió el pasado 3 de septiembre una carta muy especial. Un sobre sellado, con 11 folios con fecha del 30 de agosto y firmadas por Benedicto XVI. En el texto, el papa emérito responde al libro de Odifreddi “Caro papa, ti scrivo” (Querido Papa, te escribo, Mondadori, 2011). Un libro que, como el autor recuerda, desde la portada se define como una “luciferina introducción al ateísmo”.  En el artículo en el que Odifreddi comenta sus impresiones al recibir esta carta afirma: “No era una coincidencia que dirigiera mi carta abierta a Ratzinger. Después de haber leído su “Introducción al Cristianismo”, entendí que la fe y la doctrina de Benedicto XVI, a diferencia de otros, eran lo suficientemente coherentes y sólidas para poder afrontar perfectamente y sostener ataques frontales”.  Agresividad y argumentos “ligeros” En el fragmento que se publicó de la carta en el diario La Repubblica, se puede leer cómo el papa emérito reconoce que ha leído algunas partes disfrutándolo y con beneficio y otras sin embargo se ha maravillado por una cierta agresividad y la ligereza del argumento.  Al inicio de la carta, Benedicto XVI señala que “usted me hace notar que la teología sería “fantaciencia”. Y frente a este argumento presenta el papa emérito cuatro puntos. Ciencia ficción en la religión... y las matemáticas En primer lugar señala que “es correcto afirmar que “ciencia” en el sentido más estricto de la palabra lo son solo las matemáticas, mientras yo he aprendido de usted que sería necesario distinguir aun entre aritmética y geometría. En todas las materias específicas la científica tiene cada vez su propia forma, según la particularidad de su objeto. Lo esencial es que aplique un método verificable, excluya el arbitrio y garantice la racionalidad en las respectivas modalidades”. En segundo lugar Benedicto XVI sostiene que “usted debería por lo menos reconocer que, en el ámbito histórico y en el del pensamiento filosófico, la teología produjo resultados duraderos”.  Como tercer aspecto afirma que “una función importante de la teología es la de mantener la religión unida a la razón y la razón a la religión. Ambas funciones son de esencial importancia para la humanidad”.  Recordando a Habermas  En este punto recuerda que en su diálogo con Habermas “he mostrado que existen patologías de la religión y —no menos peligrosas— patologías de la razón. Ambas necesitan la una de la otra, y tenerlas continuamente conectadas es una tarea importante de la teología”.  En el último punto, mucho más extenso que los anteriores, Benedicto expresa que “la “fan-

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taciencia” existe, por otra parte, en el ámbito de muchas ciencias” y hace referencias a las teorías que Odifreddi expone sobre el inicio y el fin del mundo en Heisenberg, Schrödinger, etc. que —continúa Benedicto XVI—,“lo designaría como “fantaciencia” en el buen sentido: son visiones y anticipaciones, para alcanzar un verdadero conocimiento, pero son, de hecho, solamente imaginaciones con las que buscamos acercarnos a la realidad”. Poco nivel: la pederastia Tras desarrollar con más detalle estas ideas, el papa emérito se detiene en el capítulo sobre el sacerdote y la moral católica y en los distintos capítulos sobre Jesús. “En lo que se refiere a lo que usted dice del abuso moral de menores por parte de sacerdotes, puedo —como usted sabe— constatar solo con profunda consternación. Nunca he tratado de enmascarar estas cosas. Que el poder del mal entre hasta tal punto en el mundo interior de la fe es para nosotros un sufrimiento que, por una parte, debemos soportar, mientras, por otra, debemos al mismo tiempo, hacer todo lo posible para que estos casos no se repitan. No es tampoco motivo de tranquilidad saber que, según las investigaciones de los sociólogos, el porcentaje de los sacerdotes culpables de estos crímenes no es más alto que en otras categorías profesionales semejantes. En cualquier caso, no se debería presentar esta desviación ostentosamente como si se tratase de una suciedad específica del catolicismo. Si no es lícito silenciar el mal en la Iglesia, no se debe tampoco silenciar el gran sendero luminoso de bondad y de pureza que la fe cristiana ha trazado a lo largo de los siglos”.  Por eso, Benedicto XVI recuerda nombres como San Benito de Nursia y su hermana Escolástica, Francisco y Clara de Asís o Teresa de Ávila y Juan de la Cruz.  El “Jesús histórico”, el de Hengel y Schwemer Respecto a lo que el matemático dice sobre la figura histórica de Jesús, Benedicto recomienda al autor los cuatro volúmenes que Martín Hengel publicó junto con María Schwemer, “un ejemplo excelente de precisión histórica y de amplísima información histórica”, señala Ratzinger. Así mismo recuerda, como ya aclaró en el primer volumen de su libro sobre Jesús de Nazaret, que “la exégesis histórico-crítica es necesaria para una fe que no propone mitos con imágenes históricas, sino que reclama una historicidad verdadera y por eso debe presentar la realidad histórica de sus afirmaciones también de forma científica”. En vez de Dios, una naturaleza sin definir  Continúa el papa emérito afirmando que “si usted, sin embargo, quiere sustituir a Dios con “La Naturaleza”, queda la pregunta, quién o qué es esta naturaleza. En ninguna parte usted la define y aparece por tanto como una divinidad irracional que no explica nada”.  Y añade: “Quisiera, por tanto, sobre todo destacar que en Su religión de las matemáticas tres temas fundamentales de la existencia humana quedan sin considerar: la libertad, el amor y el mal. Cualquier cosa que diga la neurobiología sobre la libertad, en el drama real de nuestra historia está presente como realidad determinante y debe ser tomada en consideración”.  En la última parte publicada de la carta de Benedicto, el papa emérito señala que “mi crítica sobre su libro en parte es dura. Pero del diálogo forma parte la franqueza; solo así puede crecer el conocimiento”.+

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Ratzinger Schlerkreis Encuentro de sus discípulos con el Papa emérito

Cada año desde que el Cardenal Ratzinger se trasladara a Roma, sus antiguos doctorandos y discípulos de su época universitaria se reúnen con él para discutir sobre temas relevantes de la Teología. Este año, después de la renuncia, su presencia no pudo ser la acostumbrada de interlocutor en la discusión o maestro entre sus antiguos discípulos. Pero dentro del plan trazado para el encuentro —que tuvo lugar del pasado 29 de agosto al 2 de septiembre en Castel Gandolfo— se contempló la celebración de la Santa Misa en el Vaticano con el Papa emérito. A las 9:30, él mismo presidió y predicó en la Misa. Hablando desde el corazón y sin papeles, comentó el Evangelio del día, de cómo la verdadera grandeza a los ojos de Dios no la da el poder o los primeros puestos sino el servicio, el amor que se abaja hasta dar la vida por el que ama, como hizo Cristo en la cruz y como lo hace presente en cada Eucaristía. Al finalizar el santo sacrificio, los asistentes pudieron saludar personalmente al Santo Padre. Este hecho fue el punto central del Encuentro, cuyo tema de reflexión fue “La pregunta sobre Dios en el contexto del secularismo”. A este fin se invitó al profesor emérito de París y de la cátedra Romano

Guardini de München, Dr. Rémi Brague, a impartir dos conferencias que motivaron la posterior discusión. Este filósofo e historiador recibió, el 2012, el “Premio Ratzinger” de manos del Papa Benedicto. Junto al Círculo de Discípulos existe también desde el 2008 un nuevo grupo —internacional y ecuménico, pues cuenta con católicos y ortodoxos—, conformado por jóvenes teólogos y filósofos, que se especializan en el pensamiento de Joseph Ratzinger y lo trabajan científicamente. Es el Nuevo Círculo de Discípulos de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI, algunos de cuyos miembros son de lengua castellana y han tomado parte del presente encuentro en Castel Gandolfo, tanto en las reflexiones sobre el secularismo como en la Santa Misa en el Vaticano, con el Papa emérito.

Cuba Reabren tras 52 años de ocupación estatal

La Capilla de San Tarsicio, devuelta a la Iglesia tras 52 años de ocupación estatal, fue bendecida y reabierta al culto la víspera por Mons. Álvaro Beyra Luarca, obispo de la diócesis del Santísimo Salvador de BayamoManzanillo, al sureste de Cuba, informó la Conferencia Episcopal de Cuba en su página web. El templo fue inaugurado en la década de los años 50 del siglo XX por el padre Jesús Iraola, OFM, con el aporte material de los fieles de la zona y comunidades cristianas vecinas. En la homilía Mons. Beyra Luarca destacó la trascendencia de este momento y lo que significa para los cristianos contar con un lugar en donde glorificar y dar gracias a Dios, vivir la fraternidad y presentarle sus necesidades.

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HACIA LA BEATIFICACIÓN DE G.K.CHESTERTON Comienza la investigación para la causa de beatificación

En su discurso de apertura de la 32ª Conferencia Anual de Chesterton celebrada en Assumption College, Dale Ahlquist, el presidente de la American Chesterton Society, anunció que el obispo Peter Doyle de Northampton, Inglaterra, dio permiso para declarar que «se solidariza con nuestros deseos y está buscando un clérigo idóneo para comenzar una investigación sobre la posibilidad de abrir una causa para G.K. Chesterton». El anuncio fue recibido con fuertes aplausos y gran emoción de los miembros de la American Chesterton Society que han esperado durante mucho tiempo un paso oficial hacia la causa de canonización de Chesterton. Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) fue un escritor inglés prolífico y converso al catolicismo. Sus clásicas obras como “Orthodoxy” (Ortodoxia), “The Everlasting Man” (El hombre eterno), sus libros sobre san Francisco de Asís y santo Tomás de Aquino, así como historias de detective del padre Brown, han inspirado y deleitado a generaciones de lectores. Pero también ha sido una fuerza de impulso en la nueva evangelización, ya que ha demostrado ser un ‘fabricante’ de conversos a la fe católica. Dale Ahlquist, que ha escrito varios libros sobre Chesterton y también es invitado de la serie de EWTN “El apóstol del sentido común”, es uno de esos conversos y ha jugado un papel clave en la conducción de la reactivación del caso Chesterton. “Fue un gran privilegio para mí para hacer el anuncio en la conferencia”, dijo. “Estoy agradecido por todo el trabajo realizado por los devotos de Chesterton de todo el mundo, que ha llevado al obispo a tomar esta importante decisión. Una de las razones que lo motivaron en especial es el hecho de que su santidad, el papa Francisco, expresó su apoyo a la causa de Chesterton cuando era arzobispo de Buenos Aires”. Los escritos proféticos de Chesterton están siendo adoptados por una nueva generación que se siente atraída por su elocuente defensa de la fe católica, de la familia tradicional, la santidad de la vida y la justicia económica. Él es conocido por su gran ingenio, humildad y profunda alegría católica. Él tuvo una gran influencia de grandes figuras como el arzobispo Fulton Sheen, CS Lewis, JRR Tolkien, Dorothy Day, y Jorge Luis Borges. “Creo que es en gran medida un santo para nuestro tiempo y podría atraer a muchas personas a la Iglesia católica”, agregó Ahlquist.

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Declaración del padre Ian Boyd, C.S.B., presidente del Instituto K. G. Chesterton para la Fe y la Cultura de la Universidad Seton Hall y editor de su revista, The Chesterton Review, relativa a la causa de canonización de G. K. Chesterton: “Estamos complacidos de saber que se ha iniciado la consideración del proceso de canonización de G. K. Chesterton. También estamos complacidos con el hecho de que la primera sugerencia de su canonización surgiera durante una conferencia organizada por el Instituto Chesterton y realizada en el St. Michael’s College de la Universidad de Toronto. Durante dicha conferencia, el Cardenal Emmet Carter, Arzobispo de Toronto y presidente honorario del instituto, pronunció un sermón en que sugirió la canonización de G. K. Chesterton. Dicha homilía fue publicada en la Chesterton Review (vol XII, Nº 4, 1986) En 1994, lectores argentinos de la revista escribieron al Cardenal Hume en orden a solicitar al Vaticano el inicio de la canonización. Un número de destacadas personalidades argentinas firmaron dicha petición. El embajador Miguel Ángel Espeche Gil fue la más destacada personalidad de dicha iniciativa y encabezó la recolección de las firmas. La sugerencia de que Chesterton debiera ser canonizado fue también formulada por el profesor J. J. Scarisbrick, destacado historiador británico y miembro de una prominente familia católica que rechazó el anglicanismo. El profesor Scarisbrick es un relevante historiador del período Tudor y autor de una biografía de Enrique VIII,


considerada definitiva. Dicho profesor envió una carta a la Chesterton Review para plantear sus argumentos en favor de la canonización de Chesterton. En esta carta, el profesor Scarisbrick llamó la atención sobre la especial posición que Chesterton ocupó en el mundo católico y sobre la gran popularidad que alcanzó, no solo entre los católicos, sino también entre muchos cristianos de otras denominaciones. ¿Acaso esto no es indicio —preguntó el profesor— de que hubo un verdadero y difundido culto religioso a la personalidad de Chesterton? El Vaticano hizo una objeción al requerimiento del cardenal Carter. La santidad, explicó el funcionario a cargo, no es en sí motivo suficiente para la canonización. También debe haber evidencias de una santidad heroica. En respuesta a dicha objeción, el cardenal envió una segunda carta al Vaticano, señalando que la sostenida devoción a la causa de la fe católica constituye ejemplo de semejante virtud heroica. A semejanza del profesor Scarisbrick, el cardenal estaba convencido de que había, en este caso, una causa genuina a ser ponderada por el Vaticano. Cuán bueno resulta entonces saber que el consejo de estas destacadas personalidades en lo relativo a Chesterton ha sido finalmente acogido”.

Oración por la beatificación de Chesterton

Tras 50 años de la Pacem In Terris La Santa Sede insiste en el desarme nuclear

utilizar este momento para renovar nuestra invitación a los líderes de las naciones, para que pongan fin a la producción de armas nucleares y para que no utilicen los materiales nucleares con fines militares para actividades pacíficas”. Monseñor Mamberti insistió sobre el desarme nuclear y la no proliferación como actos fundamentales, incluso desde el punto de vista humanitario, e hizo presente la “profunda preocupación de la Santa Sede por la reciente y trágica situación de Oriente Medio”. Asimismo reiteró “su fuerte apoyo en los esfuerzos para instituir una zona medio-oriental libre de armas nucleares y de todas las otras armas de destrucción masiva. “Las zonas libres de armas nucleares —subrayó— son el mejor ejemplo de confianza y seguridad, y la afirmación de que la paz y la seguridad son posibles sin la posesión de armas nucleares”. El representante de la Santa Sede finalizó su discurso recordando las recientes negociaciones sobre el programa nuclear de Irán y reiteró la firme convicción de la Santa Sede de la utilización de canales diplomáticos para superar las actuales dificultades, para “superar los diversos obstáculos que objetivamente impiden la confianza mutua”.

El arzobispo Dominique Mamber ti, secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, intervino, el 16 de septiembre, en la l Conferencia general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). El prelado recordó en su intervención que este año se cumple el 50º aniversario de la encíclica Pacem in Terris del beato Papa Juan XXIII e invitó a los presentes a preguntarse si “realmente hoy vivimos en un mundo más seguro y más protegido respecto de hace algunas épocas”. “La Santa Sede comparte el pensamiento y los sentimientos de la mayor parte de los hombres y mujeres de buena voluntad que aspiran a la eliminación total de las armas nucleares. Por lo tanto —dijo— queremos

Dios nuestro Padre, Tú que has colmado la vida de tu siervo Gilbert Keith Chesterton con ese sentido del asombro y el gozo, y le diste esa fe que fue el fundamento de su incesante trabajo, esa esperanza que nacía de su perdurable gratitud por el don de la vida humana, y esa caridad para con todos los hombres, particularmente sus oponentes; haz que su inocencia y su risa, su constancia en combatir por la fe cristiana en un mundo descreído, su devoción de toda la vida por la Santísima Virgen María y su amor por todos los hombres, especialmente por los pobres, concedan alegría a aquellos que se hallan sin esperanza, convicción y calidez a los creyentes tibios y el conocimiento de Dios a aquellos que no tienen fe. Te rogamos otorgar los favores que te pedimos por su intercesión, [y especialmente por ……] de manera que su santidad pueda ser reconocida por todos y la Iglesia pueda proclamarlo Beato. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor,

Amén

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De la luz de Buda a la locura de Cristo Disidente camboyana sobreviviente al genocidio de los Khmer Rojos

Claire Ly es una camboyana que del budismo se convirtió al catolicismo, después de haberse salvado del genocidio de los Khmer Rouge, durante la dictadura de Pol Pot (1975-1979), en la que fue exterminada un cuarto de la población camboyana. Ly, entonces una joven profesora de filosofía, vio morir a muchos de sus familiares más cercanos. Su pensamiento fue: “Por qué justamente me sucede todo esto a mí”. Pero el dolor por la ofensa recibida produjo una profunda transformación personal que la llevó a abrazar el cristianismo, la única religión que realmente podría dar un sentido a las tragedias más inhumanas: el amor como única respuesta posible al sufrimiento. El testimonio de la disidente camboyana fue presentado al Meeting de Rimini para la Amistad de los Pueblos, realizado en agosto pasado. Claire Ly le narró a ZENIT algunos pasajes dramáticos y al mismo tiempo luminosos de la propia historia personal. –En la tragedia del genocidio en Camboya, ¿cuál fue para usted el momento más dramático? –Cuando perdí todo, fui llevada a las plantaciones de arroz, perdí todos los puntos de referencia, perdí a mis amigos y mi vida tomó otro sentido. Cuando se pierden los puntos de referencia, no sabemos más quienes somos: la pérdida de identidad es la cosa más difícil. –¿Cuáles fueron las etapas de su acercamiento al cristianismo desde el budismo? –En mi primera etapa comencé a insultar cotidianamente al Dios de los occidentales considerando que Occidente sustancialmente era el responsable de mi tragedia, hasta un día en el cual en las plantaciones

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de arroz, bajó un silencio que por primera vez me hizo percibir que mi dolor era también el de los otros. La segunda etapa se cumplió en 1980 cuando estaba allá en Francia como refugiada política: comencé a leer el Evangelio y descubrí que Jesucristo era un mendicante como yo; esto me dio mucho ánimo. La tercera etapa y definitiva fue descubrir la eucaristía. Fijé la mirada sobre la hostia y sentí la llamada de Dios, de rodillas, delante de mi debilidad de mujer. En este momento dije sí, quiero ser discípula de Jesús. Y 1983 fue el año de mi bautismo. –Usted declaró que fue conquistada por el cristianismo y por la idea de un Dios que se rebaja y sufre con nosotros. ¿Comparte este punto de vista aún hoy? –No he sido yo quién ha elegido el cristianismo; es Jesús quien me ha llamado. La única cosa que he hecho es responder a la llamada de Jesucristo. El punto más fuerte de nuestra religión es este Dios que vino a encontrarnos. Nuestra fe cristiana está fundada en la Encarnación, en Dios que se hizo hombre: es esto lo específico de la religión cristiana, aunque tantos cristianos se hayan olvidado de esto. –¿Logró perdonar a quien le hizo tanto mal? –Cuesta mucho perdonar a los Khmer Rojos. Partiré desde un hecho vivido con mi hija: fuimos al lugar donde mis hermanos, mi padre y mi marido habían sido asesinados. Mi hija no conoció a su padre porque yo estaba encinta de dos meses cuando sucedió la tragedia. Fuimos acompañados a este lugar por amigos budistas que recitaron enseñanzas de Buda, diciendo que los hechos malos serán castigados, pero al mismo tiempo es necesario que los hechos sucedan. Mi hija y yo hemos recitado el Padre Nuestro: “Padre, perdónanos como hemos perdonado a quien nos ha ofendido”. En aquel momento nos hemos preguntado si habíamos perdonado a los Khmer Rouge: nuestra respuesta fue no. ¿Cómo hemos podido decir no, siendo discípulos de Jesucristo y visto que el perdón es el corazón de la vida cristiana? Entonces le dije a mi hija que teníamos que mirar a Jesús en la cruz. Mi hija y yo entonces le hemos dicho al Padre: “Padre, aquí estamos, somos mujeres débiles, nos sentimos incapaces de perdonar a los Khmer Rojos, pero los ponemos en tus manos”. Ofrecemos por lo tanto nuestras debilidades y a nuestros verdugos en las manos del Padre.


–Usted abrazó la fe católica en Europa, entretanto aquí se está perdiendo la identidad cristiana. –No creo que Francia esté abandonando la fe cristiana. Lo que no hay más en Francia es la religión sociológica, según la cual yo voy a la Iglesia porque todos van. Los franceses están viviendo una fe como adhesión a Jesucristo: este hecho nos hace salir de

la religión sociológica. Cristo nos llamó a ser la sal de la tierra. La Iglesia en Francia está llamada a ser sal de la sociedad, es necesario que ella acepte la idea de que no debe gobernar, porque el nuestro es un Dios que acompaña, como hace Jesús en la vía de Emaús. Un poco lo que ha hecho Benedicto XVI con el ‘Patio de los Gentiles’.

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

IMPRECISIONES MEDIÁTICAS SOBRE SUPUESTA REHABILITACIÓN

La aparición de un libro en Italia cuyo argumento central es la teología de la liberación («Dalla parte dei poveri. La teología della liberazione») ha dado pie a algunos titulares más bien equívocos por parte de cierto sector de la prensa que se ocupa de cuestiones eclesiales (por ejemplo La Repubblica o La Stampa en Italia). Dos factores han contribuido a las tergiversaciones sobre una supuesta rehabilitación o camino despejado para la teología de la liberación por parte del Vaticano: 1) el nombre de los autores firmantes (el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el sacerdote dominico y «padre» de la teología de la liberación, Gustavo Gutiérrez) y 2) el presentarlo con una amplia reseña publicada en el periódico de la Santa Sede, L´Osservatore Romano. Todo esto en el contexto del pontificado de un Papa latinoamericano bajo el cual, según la misma reseña, «la teología de la liberación no podía quedarse por largo tiempo en la sombra». La realidad, sin embargo, es más bien distinta. El libro reseñado fue originalmente publicado en 2004, en lengua alemana, cuando el arzobispo Gerhard Ludwin Müller todavía no había sido nombrado prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe (fue nombrado el 2 de julio de 2012, es decir, ocho años después de la aparición del texto). El autor de la reseña publicada en L´Osservatore Romano lo presenta como un libro escrito a «cuatro manos» entre Müller y Gutiérrez. La realidad detrás de la expresión –que pudo haber sido más afortunada– no supone, sin embargo, que un autor asuma las ideas del otro. De hecho, la misma distribución del libro hace notar cómo las ideas expresadas (que al ser personales no son necesariamente las ideas del magisterio de la Iglesia, si bien tampoco parecen contraponerse) son más bien opiniones respecto a un tema que suscita algún interés entre algunos teólogos: de las 183 páginas del libro, 117 son de Gutiérrez y 76 del entonces obispo de Ratisbona, Alemania. O en otras palabras, que cada cual trató el argumento central según su propio pensar. Comprensible también el esmero con que el autor de la reseña presenta la obra en italiano: se trata del director de Il Messaggero di Sant´Antonio, Ugo Sartorio, publicación vinculada a la editorial Edizioni Messaggero Padova, la cual es, junto a la Editrice Missionaria Italiana, coeditora de la traducción de la obra que ahora se presenta en Italia. Sobre el tema central de la obra, a grandes rasgos puede decirse que trata de disquisiciones acerca del estatuto epistemológico de la «teología de la liberación», una supuesta consonancia con el sentir de la Iglesia y algunos datos históricos. En este contexto, en algunos momentos se presenta y alude a pronunciamientos pontificios que mostrarían el «lado bueno» y la justificación para la existencia de

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la teología de la liberación. ¿Pero es posible una teología de la liberación auténticamente católica? El Magisterio de la Iglesia ha sido muy claro en los dos pronunciamientos oficiales que sobre este particular ha emitido: la «Instrucción  Libertatis nuntius sobre algunos aspectos de la teología de la liberación» (Congregación para la Doctrina de la Fe, 6 de agosto de 1984) y la «Instrucción Libertatis conscientia sobre la libertad cristiana y liberación» (Congregación para la Doctrina de la Fe, 22 de marzo de 1986) y que sí son vinculantes para un católico. Sustancialmente se puede decir que ya en aquellos documentos se presenta una visión efectivamente católica de la misma teología de la liberación: la que entiende la libertad humana no como política y, en consecuencia, no abraza la ideología marxista, su lucha de clases, ni convierte la fe en política, sino que entiende la libertad humana como libertad del mayor de los males, el pecado, y a Cristo como liberador. O en palabras del documento del 86: «La liberación, en su primordial significación que es soteriológica, se prolonga de este modo en tarea liberadora y exigencia ética. En este contexto se sitúa la doctrina social de la Iglesia que ilumina la praxis a nivel de la sociedad». Quizá bastaba releer la novedad que en 1984 y 1986 supusieron aquellos documentos para no presentar como novedoso algo que lo fue hace casi 30 años. JORGE ENRIQUE MUJICA

La libertad como disponibilidad para el bien En general existe acuerdo sobre lo central del espíritu moderno: la idea de igualdad unida a la de libertad. La escuela católica promueve la relación con la autoridad en dos ejes: el ejercicio de una libertad esclarecida y la atracción hacia el bien, manteniendo como finalidad la construcción de la persona del joven. ¿Qué se entiende normalmente por libertad? Se define como la autonomía de la voluntad. En un contexto pluralista, donde ya no se marca ningún camino, se aspira a una libertad sin límites, donde la soberanía del sujeto es absoluta. Nadie tiene más claridad que uno mismo. Pero el reino de la emancipación predomina sobre su contenido. Ser libre de…. ¿Pero para qué? Liberarse de los prejuicios y las convenciones solo tiene sentido en vista de una finalidad, que constituye el bien superior de la persona. La libertad nunca será un fin en sí mismo; de lo contrario, es rescatada por el ego. Los jóvenes viven en un clima de gran libertad y al mismo tiempo se los insta a vivirlo. ¡Es fácil reivindicar el placer y la libertad! ¡Pero es difícil alcanzarlos! Los más vulnerables son víctimas de la falta de reglas de contención. Tropiezan con la sociedad en forma de provocación y delincuencia. La libertad no es solo la posibilidad de elegir; es

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también la posibilidad de ser elegido. Contrariamente al lugar ocupado, el lugar libre es un lugar vacante y por tanto disponible. Ser libre es aceptar un vacío en espera de lo que debe completarme. Toda posesión ahoga la libertad cuando el hombre se repliega en ella. La carencia es libertad. La libertad rima con la pobreza en la medida en que se elija mantenerse en una privación voluntaria. Efectivamente, toda riqueza puede someternos a nuestros deseos, del mismo modo como la carencia hace obsesiva la búsqueda de lo necesario. Esas dos “desgracias” son primas. Tanto la falta de dinero como la riqueza en la avaricia nos enajenan: una por la insuficiencia y la otra por el exceso. Es preciso abandonarlas para crecer. El ejercicio de la libertad provoca también otra pobreza: solo se puede elegir una cosa cada vez. La realización de la elección provoca el aborto de las otras posibilidades. Implica una infinidad de exclusiones. El poder que puede darme disponer del objeto deseado encuentra sus límites en ese mismo objeto. Nunca colmará los motivos que sugería su posesión. El educador descubre en Jesús de Nazaret al hombre libre por excelencia. No está sometido a ningún sistema.


No es el hombre de una facción o de un partido. No se deja aprisionar en una determinada relación, ni siquiera familiar. Como prueba, el encuentro en el Templo, cuando Jesús toma distancia de los suyos: “Debo ocuparme de los asuntos de mi Padre”1. O también, cuando rechaza las peticiones de la muchedumbre que quiere convertirlo en rey e intervenir así en su misión mesiánica.2 Nadie dicta sus elecciones. “Llamó a los que él quiso”.3 Hoy el ejercicio de la libertad es lesionado en nombre de la tolerancia. La masificación de los medios de comunicación genera una policía del pensamiento. La prensa, la radio y la televisión hacen todo lo posible para acabar con las resistencias psicológicas o éticas de la opinión sobre temas de la sociedad, para hacerla (según la expresión habitual) “evolucionar”. Por su parte, el marketing provoca la libertad para condicionarla. Es suficiente atacar a la opinión pública versátil, poco enterada de las posibilidades de la ciencia y de los trasfondos antropológicos, y sujeta a emocionarse ante situaciones límites, para lograr los propios fines. En nombre de la tolerancia, todo cuanto se opone a la pretensión del hombre de disponer de sí mismo, de su vida, de su cuerpo, de su muerte, de su sexualidad, se ridiculiza, se “atiza”, se presenta como una negativa al progreso, se califica como oscurantismo, es decir, extremismo. Ciertos trabajos pseudo-científicos producidos en condiciones dudosas y ciertos sondeos de opinión considerados como registros de la actualidad de las mentalidades constituyen armas supremas para hacer pasar lo inadmisible al ámbito de lo aceptable y luego a lo permitido, y de lo permitido a lo preconizado por el conformismo de las modas y la ley del mimetismo. El oscurecimiento de la conciencia moral es de tal magnitud que las nuevas generaciones ya no perciben el trasfondo ético y antropológico de ciertos comportamientos u opciones de vida como el aborto, la homosexualidad y las manipulaciones genéticas, por ejemplo. Esta incomprensión va unida a la reticencia a reconocerse herederos de las generaciones anteriores. Este narcisismo da a entender que todo es posible. La escuela católica debe aparecer como una escuela de la libertad. Deber rechazar el pseudo-liberalismo,

1 Lc 2, 49. 2 Jn 6, 15. 3 Mc 3, 13.

que excluyendo toda prohibición en nombre del placer erigido como norma de vida, produce formas probadas de alienación. Debe oponer resistencia al totalitarismo ideológico y desafiar al delito de opinión sobre temas de la sociedad en que la humanidad y la dignidad de la persona están en juego. El proyecto educativo de todo establecimiento católico consiste en permitir a cada joven adherir con plena lucidez a una concepción del hombre abierta a un proyecto de construcción personal y colectiva. El objeto final de la libertad es la posibilidad de situarse frente a Dios. Al elegir la escuela católica, los padres deben saber que optan por un estilo de educación vinculado con el proyecto cristiano del hombre y que debe formar para la libertad. Corresponde al establecimiento no decepcionar ante esta opción. Nota: La liberación de toda prohibición produce graves efectos colaterales. Por ejemplo, la alcoholización inquietante de las veladas entre jóvenes o el uso generalizado de estupefacientes. El consumo de drogas es un síntoma de la dependencia de productos que los jóvenes buscan para encontrar bienestar. Las experiencias subjetivas vividas mediante el consumo de estimulantes psíquicos no enriquecen a la persona; muy por el contrario, provocan un vacío existencial. Uno se permite depender de un producto químico para vivir. La droga presentada como complemento de la libertad se convierte en el opio de la felicidad. Su uso refleja la dificultad para ser uno mismo y ocupar el propio espacio interior. Se crea una interioridad artificial y sin continuidad. Se neutraliza la libertad y el desarrollo personal. Estas experiencias tienen numerosos efectos: transformación de las percepciones, errores de evaluación del tiempo y el espacio, disminución de la velocidad de los reflejos y de la vigilancia, dificultades de concentración y memorización, desmotivación, enfermedades de los bronquios, problemas con la sexualidad. Así, la cannabis provoca una relajación interior porque es un anestésico. Produce una pérdida de autocontrol y de agresividad y puede alterar los neurotransmisores. De este modo, la persona se encuentra poco a poco determinada en sus reacciones. MONS. DOMINIQUE REY Obispo de Fréjus-Toulon, Francia * Del libro Urgence Educative. L’Ècole catholic en débat

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IGLESIA DE SANTIAGO

TE DEUM DE FIESTAS PATRIAS 2013

La Iglesia de Santiago de Chile celebró el 18 de septiembre pasado, el tradicional Te Deum de Fiestas Patrias, acto litúrgico en agradecimiento a Dios por los 203 años de vida nacional independiente y que en esta ocasión fue transmitido, vía streaming, desde el portal www. iglesiadesantiago.cl. En esta misma página, el departamento de prensa del arzobispado preparó un especial titulado “Mes de la Patria”, en el cual se pueden revisar las homilías de los últimos cinco Arzobispos de Santiago pronunciadas durante estas solemnidades. A continuación presentamos parte de la homilía del arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati: El Bien Común de Chile, fuente de Justicia y Esperanza Una significativa Asamblea se congrega en esta Iglesia Catedral de Santiago, para conmemorar el Día de la Patria, con la mirada puesta en el futuro, como se hizo el día de la Independencia Nacional, cuyo nuevo aniversario celebramos. Ese día también se reunieron los vecinos y notables de Santiago, en representación de la institucionalidad incipiente, para juramentarse por la libertad ante el mismo Cristo que hoy preside nuestro Altar, inspirando y dando sentido a los últimos 203 años de nuestra historia. Y como no hay futuro sin memoria, el presente nos brinda la oportunidad de dolernos de nuestros desencuentros, pasados y recientes. Estos han sido muy recordados, con testimonios contrastados de los últimos días de la Unidad Popular, el Golpe de Estado y el establecimiento del Régimen Militar. Son necesariamente relatos fragmentarios que dependen del recuerdo y del lugar desde donde hablan los testigos, aunque delatan también el deseo de llegar a una historia única y depurada de lo sucedido. Todo eso merece nuestro respeto. Sin embargo, creemos necesario no perder la visión. El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de

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Chile lo ha recordado hace unos días:”Verdad, justicia y reconciliación: es el camino que hemos propuesto para una vida digna y una convivencia humanizante. Más que nunca seguimos creyendo en esta vía, a pesar de las dificultades que se le oponen. Es el camino que Jesús ofrece para alcanzar una Patria grande de hermanos y hermanas”. Nos alegrarnos sinceramente por lo que juntos hemos logrado construir, lo que resulta aún más meritorio cuando, dejando de lado nuestras desconfianzas, hemos mancomunado iniciativas diversas, complementarias, y a veces contrastantes, para reconstruir la anhelada democracia. Lo sabemos por experiencia: las dificultades nunca cierran el camino. La Palabra de Dios, como siempre, nos ilumina y nos previene, para no caer en la tentación de construir un ídolo con pies de barro, por muy nobles que sean los materiales que moldean su estructura. El oro, el cobre, la plata, el


bronce y aun el hierro, no lograron su objetivo porque el barro, aún unido al hierro, fue incapaz de sostenerla. Bastó un guijarro, desprendido inocentemente de la tierra, para que esa estatua esplendorosa, que daría gloria al Pueblo de Babilonia, se viniera abajo con gran estrépito y fuese enteramente reducida a un polvo fino que se llevó el viento, “sin dejar rastro alguno” de su majestuosidad. Sin embargo, Nabucodonosor no es el personaje principal de esta historia. Él fue la ocasión. Lo que él tuvo fue un sueño intrigante que solamente el joven Daniel logró adivinar e interpretar, cosa que no habían podido realizar “los magos, los adivinos y los astrólogos” del imperio. El sujeto representado en el sueño no fue el Emperador, sino las sucesivas dinastías “de un reino dividido” […] “que no llegarán a ligarse pues no se puede fundir el hierro con el barro”. Así terminará por destruirse el reino y desaparecer la dinastía reinante por culpa de un simple guijarro que crecerá y acabará con esos reinos. Esta parábola trae a la mente la aventura de David y Goliat y tantas señales que nos ha dado Dios desde la Creación, para que no cometamos la locura de endiosarnos en nuestra historia política, religiosa, económica y social. Cuando eso sucede, tendemos a fijar la mirada en lo que hemos hecho, deteniéndonos en los resultados más destacados de nuestras respectivas empresas y, afirmados en lo propio, desacreditamos las obras anteriores o de quienes caminan con nosotros. Así hemos visto pasar reinados de distinto signo que han terminado en tragedia o en la debilidad del barro que no se mezcla con el hierro. Esta manera tan parcial de construir la historia nos enfrenta especialmente en tiempo de elecciones y así, cada tantos años, volvemos a recomenzar, exigiendo un enorme esfuerzo a las instituciones del país y a los propios ciudadanos. Este desgaste está representado en la estatua que termina por tierra, hecha polvo, derrochando esfuerzos nobles y buenas intenciones. Llegados a este punto nos podemos preguntar: ¿Cómo poder contribuir a la solución de los acuciantes problemas sociales y políticos, y responder al gran

desafío de la pobreza y de la exclusión? ¿Cómo hacerlo en un país que se encuentra en un profundo proceso de cambio político, social y cultural, en que parece asomarse el inicio de un nuevo ciclo, de una nueva etapa, con sus correspondientes desafíos para nuestra convivencia democrática? * El texto completo de la homilía puede leerse en www.humanitas.cl

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50 mil fieles Procesión de la Virgen del Carmen

Al término, monseñor Contreras anunció la Misión Territorial para el año 2014 y la imagen de la Virgen del Carmen, obsequiada en 2010 por el Papa Emérito Benedicto XVI, retornó a su hogar, en la Catedral de Santiago, luego de un largo viaje por todas las diócesis del país. Chile La Cruz Misionera, doce metros y con cubos venidos de todas las diócesis

Con alegría y una profunda religiosidad popular, más de cincuenta mil personas —20 mil más que el año pasado— participaron el domingo 30 de septiembre en la tradicional Procesión de la Virgen del Carmen, que se desarrolló por las calles del centro histórico de Santiago de Chile. En su recorrido, los fieles demostraron su cariño por la Patrona de Chile con pañuelos blancos, pancartas, banderas chilenas, creativos mensajes de fe, amor y esperanza, esparciendo pétalos de rosas por las calles y gritando con entusiasmo “¡Viva la Virgen del Carmen! ¡Viva!” La procesión, que se inició en la explanada de la Catedral Metropolitana, culminó en el frontis del Museo de Bellas Artes de la ciudad, con una eucaristía presidida por monseñor Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar de Santiago, quien además en el acto dio por finalizado el Año de la Fe. Durante su homilía, monseñor Contreras ofreció la Santa Misa por la paz, el entendimiento, el reencuentro y la reconciliación de todos los chilenos, recordando además la presencia y la importancia de la devoción y amor de la Virgen del Carmen en la historia de Chile: “Siento en el alma la misión de transmitir esta devoción a la próxima generación, para que nunca falte en el alma de la patria el amor por la Virgen María”. “La fe auténtica se abre de par en par en el corazón de los creyentes, para comunicar a otros los amores y certezas más profundas que nosotros hemos recibido. Y ese amor y esa certeza se llama Jesús, hijo de Dios e hijo de María, nuestro Salvador”, agregó el pastor. En esta ocasión, la solemnidad no contó con la presencia del Arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, quien se encuentra de viaje en Italia, visitando a su familia.

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El 19 de octubre pasado fue instalada la "Cruz de Chile Misionera" en el Santuario de Santa Teresa de los Andes, un lugar privilegiado de la expresión de la religiosidad chilena. "Este va a ser el lugar desde donde va a nacer y crecer esta cruz de aproximadamente 16 metros, que es el recuerdo de la Cruz Peregrina que está recorriendo en este momento todo el país", explicó Rafael Silva, director ejecutivo de la Misión Continental en Chile. Desde el impulso inicial en 2012 a la Misión Joven, en Punta de Tralca, que contó con la presencia de todos los obispos y representantes de todas las diócesis del país, 27 cruces misioneras han recorrido Chile como signo visible de los discípulos misioneros de Jesucristo. Todas ellas serán simbolizadas en la Cruz de Chile Misionera. Para moldear esta estructura, todas las diócesis del país enviaron cubos tallados en madera. Se trata de relieves que muestran lo más significativo de la vida, cultura, y religiosidad en cada localidad. "Como esto está a la intemperie, tiene que resistir la lluvia, el sol, el viento, estamos traspasando los relieves de madera a unos paneles de aluminio de 60 por 60 centímetros", indicó Raúl Irarrázabal, arquitecto a cargo del proyecto. Hace un tiempo se colocó en el mismo lugar una pequeña cruz de dos metros de alto de color blanco. A pesar de su tamaño, se puede apreciar desde muy lejos. Ahora, será reemplazada por la nueva, que la superará aproximadamente seis veces en altura. La Cruz de Chile Misionera será blanca y tendrá la estrella y un listón rojo que se moverá con el viento. En tanto, los tallados originales en madera serán exhibidos en la cripta. Es por ello que se trabaja intensamente para que la ladera del Monte Carmelo, al final del Vía Crucis, reciba a los fieles en una gran peregrinación al Santuario de Santa Teresa de los Andes y se pueda bendecir la primera etapa constructiva de este proyecto, el cual se espera esté terminado para el tiempo Pascual de 2014.


25 DE MARZO: DÍA DEL QUE ESTÁ POR NACER Y DE LA ADOPCIÓN

LA CULTURA DEL AMOR: CHILE, EL BASTIÓN DE PROA

El 9 de septiembre de 2013 Chile aprobó la ley que establece “25 de marzo, Día del que está por nacer y de la adopción” y refuerza su compromiso con la vida y con la dignidad del niño aún no nacido. Un gran triunfo por la defensa de la vida y en particular de la vida del ser en gestación. Después de trece años de muchas iniciativas, el senador Orpis presentó en 2010 el tema como proyecto de ley, que fue aprobado por unanimidad en enero de 2011. Celebrar una vez al año al niño que está por nacer les pareció a todos un gesto de gran humanidad y fiesta bien merecida. El asunto se complicó cuando el proyecto fue para su segundo trámite legislativo en la Cámara de Diputados. Dos comisiones solicitaron su estudio: la de Derechos Humanos, que lo rechazó por un voto, y la de Familia, que lo aprobó por amplia mayoría. En esta instancia fueron a hablar varias instituciones que promueven la vida; incluso fue la ex ministra del Sernam, Carolina Schmidt, a reiterar el compromiso presidencial en esta materia. Con estos dos informes el proyecto llegó en mayo 2013 para su votación en Sala, la que aprobó el proyecto por amplia mayoría, con 55 votos a favor y 34 en contra. Se suponía que se daba por terminada la tramitación hasta que apareció una indicación del PS y PPD, no tramitada en la Sala este día, y que pidió estudiar la comisión de Derechos Humanos. El objetivo era desplazar el centro de gravedad del niño hacia la mujer, táctica maliciosa que solo calza con la mentalidad ideologizada abortista. Como dice la diputada Saa, “el que está por nacer no es una persona humana y no le corresponde ningún tipo de protección jurídica”. El 9 de septiembre entró el proyecto en Sala para su discusión. El presidente de la Cámara (y la Sala) acogió la inadmisibilidad de la indicación por razones de forma y de fondo. Se volvió a someter a votación el proyecto, que fue aprobado por una abrumadora mayoría de 59 votos a favor contra 27, quedando el proyecto como “25 de marzo, Día del que está por nacer y de la adopción”. Algo tiene Chile que lo hace único en el mundo y que debemos cultivar. No permite el aborto bajo ninguna circunstancia, hecho que los chilenos confirman en todas las encuestas. El Congreso sigue rechazando legislar, la última votación en 2012 cuando el Senado rechazó 3 proyectos de aborto (por causales). Ahora el Congreso en pleno aprueba una ley que muestra su respeto a la vida del que está por nacer, a la dignidad intrínseca del ser humano, cualesquiera sean sus condiciones y etapas de desarrollo. Abortar no es un derecho; el derecho que existe es el derecho a la vida, el que está resguardado en la Carta Magna y en todos los tratados internacionales. Chile da un ejemplo al mundo porque muestra que respeta incluso al más pequeño, indefenso y vulnerable: al que no tiene voz para clamar por sus derechos, por el primero de todos los derechos humanos sin el cual ningún otro derecho podría existir: el derecho a la VIDA. Frente al invierno demográfico y raquitismo poblacional que sufren los países desarrollados, frente al holocausto más grande de la historia de la humanidad, con 50 millones de abortos al año en el mundo, se necesitan señales positivas en la protección y promoción de la vida. Hoy Chile dio otro gran paso, porque mostró al mundo que la dignidad del ser humano pasa por sobre todas las tentativas totalitarias que pretenden disponer de la vida humana y aprovecharse de la debilidad de la persona en su etapa gestacional. PATRICIA GONELLE VivaChile.org

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Francia Casa de Formación “San Alberto Hurtado”

Tarragona, España La Iglesia beatifica a 522 mártires del siglo XX

El obispo de Fréjus-Toulon (sur de Francia), monseñor Dominique Rey, ha decidido abrir la Casa de Formación “San Alberto Hurtado” para proveer a la falta de sacerdotes en Europa a través de la acogida de jóvenes candidatos al sacerdocio con un ardiente espíritu misionero originarios de Latinoamérica, los cuales serán debidamente preparados en un compromiso en cuerpo y alma al servicio de la Nueva Evangelización en Europa. Recibirán una sólida formación espiritual, intelectual, humana y pastoral según las directrices de la Santa Madre Iglesia. Se pondrá particular atención en la debida inculturación de los seminaristas, que les permitirá afrontar el contexto de secularización e indiferencia religiosa que sufren las naciones de antigua filiación cristiana. Los cursos serán impartidos en francés y castellano. En lo que concierne a la formación litúrgica, los jóvenes misioneros serán instruidos en ambas formas del Rito Romano. La Casa de Formación “San Alberto Hurtado” está confiada a la Fraternidad de San José Custodio, comunidad religiosa de origen chileno cuya sede se encuentra en la diócesis de Fréjus-Toulon. Para el inicio del año académico 2014 (septiembre) se prevé la apertura formal de esta institución al servicio de la Iglesia en Europa.

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La Iglesia en España realizó el 13 de octubre pasado la mayor beatificación masiva de su historia. En Roma, el Papa Francisco, previo a la beatificación, dijo al mediodía en el ángelus: “Hoy en Tarragona, España, serán proclamados beatos unos quinientos mártires, asesinados por su fe durante la guerra civil española, de los años treinta del siglo pasado. Alabemos al Señor por estos testimonios llenos de coraje, y por su intercesión supliquemos de liberar al mundo de toda violencia”. La misa de canonización se realizó en el Complejo Educativo de Tarragona, con un videomensaje del Papa Francisco, y fue presidida por el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Angelo Amato; el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco, y el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol. “Los mártires —indicó el arzobispo Pujol— son del Señor, pertenecen a la victoria del Señor, no a la de los hombres. Son un anuncio de paz y de reconciliación. Es simplemente la Iglesia que, retomando la tradición desde los primeros siglos, no puede olvidar a aquellos que murieron por causa del Señor y del evangelio”. Participaron, además de unas 30 mil personas, 104 obispos, ocho cardenales, 1.386 sacerdotes, 2.720 religiosos y casi cuatro mil familiares de los mártires.


La celebración se realizó en Tarragona porque allí fue el número mayor de mártires, 147, entre los cuales el obispo auxiliar de Tarragona, Manuel Borrás. Las 522 canonizaciones están agrupadas en 33 causas diversas. Entre ellos había algunos no españoles: 3 franceses, 1 cubano, 1 colombiano, 1 filipino y 1 portugués, y también 7 laicos. El cardenal arzobispo de Barcelona, en un tuit, define a los canonizados como ‘hombres y mujeres que dieron la vida por la fe. Mártires del 36. Murieron perdonando. Son testimonios de fraternidad y reconciliación’.

Texto del mensaje del Santo Padre Francisco “Queridos hermanos y hermanas, buenos días. 
 Me uno de corazón a todos los participantes en la celebración, que tiene lugar en Tarragona, en la que un gran número de Pastores, personas consagradas y fieles laicos son proclamados Beatos mártires. 
¿Quiénes son los mártires? Son cristianos ganados por Cristo, discípulos que han aprendido bien el sentido de aquel «amar hasta el extremo» que llevó a Jesús a la Cruz. No existe el amor por entregas, el amor en porciones. El amor total: y cuando se ama, se ama hasta el extremo. En la Cruz, Jesús ha sentido el peso de la muerte, el peso del pecado, pero se confió enteramente al Padre, y ha perdonado. Apenas pronunció palabras, pero entregó la vida. Cristo nos “primerea” en el amor; los mártires lo han imitado en el amor hasta el final.
 Dicen los Santos Padres: «¡Imitemos a los mártires!» Siempre hay que morir un poco para salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, de nuestro bienestar, de nuestra pereza, de nuestras tristezas, y abrirnos a Dios, a los demás, especialmente a los que más necesitan.
 Imploremos la intercesión de los mártires para ser cristianos concretos, cristianos con obras y no de palabras; para no ser cristianos mediocres, cristianos barnizados de cristianismo pero sin sustancia. Ellos no eran barnizados, eran cristianos hasta el final. Pidámosle su ayuda para mantener firme la fe, aunque haya dificultades, y seamos así fermento de esperanza y artífices de hermandad y solidaridad.
 Y les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

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In memoriam

Monseñor Antonio Moreno, Arzobispo Emérito de Concepción

Como un “hombre de Dios” se recordó a Monseñor Antonio Moreno Casamitjana, Arzobispo Emérito de Concepción, fallecido el 31 de julio pasado, en la Misa de exequias, que se realizó en la catedral de Concepción, con la presencia de 15 obispos y alrededor de 150 sacerdotes. La Eucaristía fue presidida por Monseñor Fernando Chomali, actual arzobispo de Concepción, y fue concelebrada por los cardenales Jorge Medina y Francisco Javier Errázuriz y por Monseñor Ricardo Ezzati y obispos de varias diócesis del país, entre ellos Monseñor Felipe Bacarreza, Obispo de Los Ángeles, y Monseñor Tomislav Koljatic, Obispo de Linares, antiguos colaboradores suyos en Concepción. Monseñor Moreno fue miembro del Consejo de Consultores y Colaboradores de revista HUMANITAS, desde sus inicios. Presentamos la homilía de Monseñor Fernando Chomali: “Desde muchos lugares de la arquidiócesis de Concepción, de Santiago y de varios lugares de Chile hemos venido a despedir a nuestro hermano Antonio. Aquí están las autoridades políticas de la región, las autoridades militares y de orden, hay Cardenales, Obispos, sacerdotes, diáconos y religiosas. Aquí hay miembros relevantes del mundo universitario, aquí están los cientos de hombres y mujeres que fueron confirmados en la fe por don Antonio. Aquí está su querida familia, sus hermanos, sus hermanas, cuñados, cuñadas, sobrinos y sobrinas. Aquí está el católico que se conmueve frente a la muerte del que fuera el Arzobispo de Concepción por

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17 años. Aquí estamos dando cristiana sepultura a don Antonio, rezando por él y sobre todo dando gracias por su fecundo Ministerio Sacerdotal y Episcopal. Gracias por estar aquí, gracias por el afecto que a través de don Antonio le muestran a la Iglesia, a la cual sirvió toda su vida. Gracias por tantos saludos que hemos recibido, desde el saludo del Santo Padre Francisco, el Nuncio en Chile, el Nuncio en Camerún y muchas personas que no pudieron estar aquí pero se han hecho presente de muchas maneras. Gracias por acompañarnos para que juntos podamos entrar con mayor profundidad en torno al altar del Señor en el enigma que inquieta, que cuestiona, que interpela: la muerte. Don Antonio buscó a Dios toda su vida, su alma tenía sed de Dios y su anhelo era contemplarlo. Lo hizo estudiando con profundidad, con ciencia y competencia la palabra de Dios. Fue un enamorado de la Escritura, la conoció, la escudriñó, era su alegría y la proclamó a tiempo y a destiempo. Ese amor a la Escritura y su enseñanza lo llevó a la misión, a la pastoral, porque don Antonio tenía inteligencia superior, pero fue un pastor, sencillo y bueno, fiel al Magisterio y a la Iglesia y del cual estamos agradecidos. No debiese decirlo pero lo voy a decir porque nos enseña a nosotros: don Antonio solo tenía algunos libros y una caja con ropa lista para llevar al Seminario. Llegó sin nada al mundo y se fue sin nada del mundo, un gran ejemplo. Desde hace tiempo que le rondaba en su mente la idea de partir. Se preparó para ello. En enero tuvo una arritmia cardiaca y les comentó a las Hermanas de la casa que lo cuidaron con tanto cariño lo siguiente: “Este es mi ensayo”. El día que falleció, recobrando por unos minutos la lucidez, el día martes entrada la noche, lo primero que preguntó que si había recibido la Santa Unción y al responderle afirmativamente dijo: “que estaba listo para el viaje”. Don Antonio era un hombre de Fe, de Fe profunda, convencido de lo que creía y se fue agradecido de la vida, de la Iglesia, de su familia, de Dios, al encuentro de su motivo de estudio, de su motivo de meditación que era Dios. La muerte es el gran enigma de la condición humana, dice el Concilio Vaticano II y muchos frente a ella enmudecen o plantean el absurdo que resulta vivir. Todo es absurdo frente a la muerte, dirán algunos, todo conduce a la nada dirán otros, somos seres para la muerte dirán otros y después no hay nada. Platón intuía frente a la muerte de un amigo que era motivo de reflexión —la filosofía, decía, es una meditación sobre la muerte— y


900 AÑOS DE LA ORDEN DE MALTA El día 7 de octubre, fiesta de la Virgen del Rosario, tuvo lugar en el Aula Magna Manuel José Irarrázaval de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile la conmemoración de los 900 años de la Orden de Malta. Una conferencia del director de Humanitas solemnizó el acto y dio por inaugurada una exposición sobre la historia y obras de la Orden. postulaba que era la razón de ser del filósofo. Sin duda alguna que el gran aporte de la revelación cristiana es una respuesta contundente frente al misterio de la muerte. La muerte no es la última palabra para el hombre, la muerte no es una fatalidad, la muerte ha sido vencida, “muerte ¿dónde está tu victoria”, se preguntaba San Pablo. La muerte a la luz de la fe no solo no es temida, sino que también es deseada. Santa Teresa decía: “Muero porque no muero” y San Pablo planteaba que para él la vida era Cristo y la muerte una ganancia, y San Francisco de Asís se refería a ella como la hermana muerte. He ahí el corazón del misterio revelado por Cristo, a quien don Antonio le entregó su vida y que nos dice que si con Él morimos, viviremos con Él. Jesucristo es la respuesta, Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, es el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero Hombre, Él es el Salvador que nos muestra el camino y nos ilumina en nuestro andar. He ahí el gran misterio que el hombre por sí solo no puede descubrir y que es revelado por Jesucristo y nos abre a una nueva esperanza. Qué maravilla despedir a don Antonio con serenidad, cantando y rezando, y es por ello que la pena de la partida va acompañada

de la esperanza cierta de que él está junto a Dios. Don Antonio se dedicó a hablar de Dios; ahora podrá hablar con Él, verlo cara a cara, contemplar con mayor nitidez la palabra que le dio vida y alegría a sus días y es por ello que estamos serenos y confiados y cantamos salmos y celebramos la muerte y la resurrección de Jesucristo en el altar, acompañados de tantos sacerdotes, de tantos obispos y de cada uno de ustedes. Pero también el fallecimiento de una persona como don Antonio ha de interpelarnos y preguntarnos respecto de nuestra propia muerte y ver si estamos preparados. Esa es la pregunta, sobre todo, porque nadie sabe el día y la hora en que el Señor vendrá a buscarnos. Gracias, Antonio, por tu vida, gracias por todo lo que sembraste en tu vida sacerdotal, en las misiones y en tu vida académica. Podría alargarme enumerando las obras que aquí hizo, pero no lo haré por respeto a su humildad. Todos las conocemos. Gracias por todo cuanto hiciste de bueno que nos permitió ver la bondad de Dios y por eso que continuaremos celebrando esta Santa Misa bajo el amparo de la Santísima Virgen María Madre de la sabiduría, Madre de los sacerdotes, y a través de ella le damos a Jesús honor y gloria por los siglos de los siglos.

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ACTUALIDAD DE JOSÉ MANUEL ESTRADA

FERNANDO DE ESTRADA SE INCORPORA A LA ACADEMIA DEL PLATA El pasado 8 de mayo la Academia del Plata realizó en Buenos Aires una sesión oficial durante cuyo transcurso fue incorporado como Académico de Número el Director del Instituto de Estudios sobre la Realidad Nacional Argentina de la Universidad Católica de La Plata, profesor Fernando de Estrada, amigo y estrecho colaborador de revista Humanitas, quien pronunció en la oportunidad una disertación sobre “Actualidad de José Manuel Estrada”. Es de recordar que la Academia del Plata fue fundada el 20 de abril de 1879 a fin de, como señala su Estatuto, “promover todas las manifestaciones de las ciencias, las letras y las artes que den testimonio del pensamiento católico en la vida cultural argentina”, misión que la Academia ha continuado hasta el presente con altura y perseverancia. El nuevo académico inició su disertación recordando que el pensamiento de José Manuel Estrada (figura protagónica de las luchas cívicas por los derechos de la Iglesia en la Argentina en el siglo XIX) había sido presentado por muchos de sus comentaristas con parcialidad y preconceptos, lo cual obliga a una lectura más completa de sus obras y a una atención mayor respecto a sus datos biográficos. El expositor destacó, en consecuencia, los influjos familiares y culturales que gravitaron sobre el prócer en sus primeros años, para desarrollar a continuación el tema de las ideas políticas de los católicos durante el siglo XIX, en el mundo y en el Río de la Plata. José Manuel Estrada, expresó el orador, fue particularmente receptivo a aquellos debates que caracterizaron entonces a los ambientes católicos y los analizó con la perspectiva de la realidad argentina en vistas de las necesidades espirituales e institucionales del país. Esta actitud a la vez intelectual y pragmática le llevó a una crítica de fondo a los vicios de la política de su tiempo, en especial por lo endeble de sus fundamentos ideológicos que fatalmente conducirían a la decadencia nacional. En este sentido, pronosticó que la utilización de los resortes del Estado para la realización del programa laicista preparaba un futuro de despotismo político y de empobrecimiento de la vida social por la imposición de las ideas socialistas. El concepto de “liberalismo”, tan contradictorio en nuestra época, lo entendió en la suya José Manuel Estrada como rótulo de unión entre quienes procuraban aprovechar los cambios revolucionarios del siglo XIX para, en nombre de la libertad, desarraigar al cristianismo de la sociedad y de las conciencias individuales. Su intensa producción como tratadista, periodista y orador expresa esa preocupación y las posibilidades de remediar el mal mediante la restitución de un fundamento válido a las instituciones públicas. Ese fundamento no podía ser otro que el sentido cristiano de la existencia humana, con sus saludables efectos sobre cualquier sistema político, en especial la democracia. De igual modo, planteó la necesidad de encarar reformas sustanciales en las relaciones entre capital y trabajo, expresando las preocupaciones de quienes como él prepararon entre el laicado católico lo que pronto se formularía como doctrina social de la Iglesia. El compromiso de José Manuel Estrada con sus ideas se manifestó en la actividad académica, periodística y política con intensidad más que notable. El seguimiento de su trayectoria en estos órdenes permite conocer muchos elementos clave de la historia argentina frecuentemente olvidados que, sin embargo, los católicos no tenemos derecho a descuidar, señaló el nuevo académico Fernando de Estrada.

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¿Dónde está tu hermano? Aunque a estas alturas suene demasiado evidente, puede ser oportuno recordar la afirmación hecha una vez a este diario por el conocido historiador británico Paul Johnson: una de las características más definitorias del siglo XX la encontramos en esa infección que se introdujo en la cultura, por la cual se impuso una generalizada “relativización de lo absoluto junto a una absolutización de lo relativo”. Los 80 millones de muertos entre agosto de 1914 y mayo de 1945, de Kiev a Londres y de Copenhague a Palermo, son su expresión más cruda y evidente. La implantación de totalitarismos ideológicos de fuerte connotación imperialista, con su secuela de sangre y dolor en los cinco continentes, una consecuencia casi inevitable del inmenso drama, el más grande que haya vivido la humanidad en su historia. En ese tenebroso telón de fondo, destacan para siempre algunas figuras que emprendieron el camino de la reconciliación, medible en su dificultad por la magnitud del cataclismo: Alcide de Gasperi, Robert Schuman, Konrad Adenauer, entre algunos otros. Su gigantesca tarea, favorecida por un contexto cultural aún lejos de estar dominado por el “futuro-presente” que imponen los medios de la sociedad global, tuvo por base la memoria de “larga duración”. Ante la pregunta de Yahvé a Caín, “¿Dónde está tu hermano?”, había todavía más espacio para remontarse a las raíces comunes y a la conjunta y magna obra milenaria de esos pueblos y razas, descubriendo allí al hermano. El futuro podía pensarse con fundamento en esa tradición. Hubo sin duda gestos —como el de Adenauer y De Gaulle en Reims el año 1962— pero estos no se insertaban, en caso alguno, en el marco del cálculo utilitario y de corto plazo, sino en una idea común del hombre, cuya raíz cristiana —máxime ante el horror del paganismo hitlerista— nadie en serio discutía. Nosotros los chilenos hoy, y también otros pueblos hermanos del continente latinoamericano en estos mismos años, vivimos aniversarios de momentos dramáticos en nuestras historias —unos más emblemáticos, otros más cruentos— que no son posibles de desprender en su origen y desarrollo de la magna tragedia de ese siglo XX. Para saber responder a la altura y desterrar el espíritu cainita que prolonga los efectos más allá de todo lo razonable, cabría acudir al espíritu y a la visión con que esos grandes europeos arriba mencionados enfrentaron la tragedia mayor. La hora histórica que vive el continente al recibir en este inicio del nuevo milenio el gran don de un primer Papa latinoamericano (y además un profundo latinoamericanista, como es S.S.Francisco) debería incluso constituir un impulso definitivo en esa dirección. JAIME ANTÚNEZ ALDUNATE Artículo publicado en El Mercurio 11.IX.2013

25° Exposición del Libro Católico Con más de 10 mil títulos se inauguró en Buenos Aires

“Buenos libros, luces para la fe”, fue el lema de la 25° Exposición del Libro Católico que se realizó a fines de agosto pasado en Buenos Aires, en donde se exhibieron más de 10.000 títulos divididos por temas. Durante la muestra, se desarrollan presentaciones de libros, conferencias, conciertos y sorteos de libros a estudiantes, mientras que alumnos de colegios participaron de visitas guiadas para fomentar el hábito de la lectura. El acto inaugural fue presidido por el Arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, presidente honorario

de la exposición, junto con el Nuncio, Monseñor Emil Paul Tscherrig; el Obispo Castrense Emérito, Monseñor Antonio Juan Baseotto C.Ss.R.; la presidente de la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas (FACE), Haydeé Basail de Heredia, y el fundador y presidente del Comité Ejecutivo de la Exposición del Libro Católico, Manuel Outeda Blanco. Durante el acto inaugural, Monseñor Aguer pronunció unas palabras antes de la tradicional bendición de la Exposición. Al finalizar, las autoridades y los asistentes se dirigieron al pasillo principal Antonio Quarracino, donde Monseñor Tscherrig descubrió una placa en el ingreso de la capilla Santa Teresita de Lisieux, patrona de la FACE, como recuerdo y gratitud al cardenal Jorge Mario

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Bergoglio SJ, hoy Papa Francisco, quien celebraba las misas de clausura de esta muestra. Luego las autoridades presentes recorrieron la muestra en sus distintas salas. Outeda Blanco entregó a los obispos presentes un ejemplar del libro “In Persona Christi. La fisonomía espiritual del sacerdote de Cristo”, del sacerdote jesuita Alfredo Sáenz, prologado por el cardenal Mauro Piacenza, prefecto emérito de la Sagrada Congregación para el Clero y dedicado por su autor. ‘La Iglesia es mujer y madre’ 25 años de la carta apostólica Mulieris dignitatem

Un documento histórico —indicó el Santo Padre—, el primero del magisterio pontificio, dedicado enteramente al tema de la mujer “La mujer es mujer y madre”. Lo recordó el Papa Francisco al recibir el 12 de octubre pasado en la Sala Clementina a los participantes del

seminario de estudio promovido por el Pontificio Consejo de los Laicos, en ocasión del 25 aniversario de la Mulieris dignitatem de Juan Pablo II. El Santo Padre reiteró que a través de la maternidad, Dios le confió a la mujer ‘el ser humano, en una manera totalmente especial’. Y el hecho que la mujer “concibe, lleva en su vientre y da a luz a los hijos” y esto “no es simplemente un dato biológico, pero comporta una riqueza de implicaciones, sea para la misma mujer, por su modo de ser, por sus relaciones, por el modo en el cual se pone delante de la vida humana y de la vida en general”. Entretanto el Papa puso en guardia sobre el riesgo de reducir tal dimensión a un simple ‘rol social’ y de ‘promover una especie de emancipación que al ocupar los espacios sustraídos a los hombres, abandona lo femenino”. Porque la mujer —indicó Francisco— conserva “‘una sensibilidad particular por las cosas de Dios, especialmente porque nos ayuda a entender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene por nosotros”.

www.evangelizacióndigital.org Cuando la evangelización de virtual se vuelve real www.episcopo.net La nueva red para obispos y episcopados de América Latina EPISCOPO.NET es una plataforma de comunicación digital promovida por el PCCS y el CELAM, especialmente diseñada y realizada por la RIIAL para los Obispos y las Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe. Su objetivo es promover el ejercicio de la Colegialidad episcopal, la comunión, y la comunicación entre las Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe. La nueva plataforma es un aporte a la austeridad de vida que la Iglesia en América Latina y el Caribe desea vivir, además de una posibilidad de interactuar en la comunión entre obispos, Conferencias Episcopales, estas con el CELAM, con el Vaticano, y al interno de las diócesis. Para solicitar el servicio Episcopo.net: www.episcopo.net ir a la web y hacer clic en “Solicitar cuenta”. Consultas sobre Episcopo.net: s.nuin@episcopo. net, d.cabana@episcopo.net , c.andrade@ episcopo.net Video explicativo en la Web CELAM: www. celam.org

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“La evangelización se hace también on-line. Benedicto XVI nos ha convocado a hacerla cuando dedicó la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales a los sacerdotes, invitándonos a evangelizar el continente digital y aunque internet parece más de jóvenes entretanto es por así decir una iniciativa que es para ‘jóvenes de todas las edades’”. Lo indicó a ZENIT, el padre español Agustín de la Vega, director de la web evangelización digital y de la Fundación Alter Christus. Precisó que el trabajo que realizan en la web es una iniciativa de los sacerdotes diocesanos del Regnum Christi en España. O sea, “un medio de evangelización para acercar las personas a Jesucristo y para dar a conocer su mensaje, pero que también funciona para dar acompañamiento a los sacerdotes diocesanos”. Entre sus recientes actividades figuran la “Peregrinación on line del Camino de Santiago”; la misma, indicó el director, “se realizó desde enero hasta el 21 de julio de este año, con 25 etapas en las que participaron más de 1500 personas”. Y añadió que este año en programa hay “otra peregrinación, esta vez a Tierra Santa, siguiendo la ruta del Evangelio”.

En la página www.evangelizacióndigital basta ir a registrarse, se pone nombre y apellidos, correo electrónico, ciudad y país; y se clica en “Register now”. Después de que llega un enlace exclusivo que permite entrar y participar. “Por ejemplo —indicó—, estamos explicando el Youcat, que es el catecismo que el papa dio a los jóvenes en la JMJ de Madrid”. Y precisó: “Lo están haciendo los obispos españoles o un sacerdote de cierto prestigio que explica tres o cuatro preguntas. Y por el Año de la Fe, estamos además dando una catequesis sobre la fe de la Iglesia, la moral, la vida espiritual. Por ahora al conferencista en vivo se lo puede ver solamente en reuniones para poca gente, y se está mejorando el sistema para que se pueda hacer videoconferencia con mucha gente y también ver a quienes forman parte del staff. Algunas recomendaciones prácticas son: tener en cuenta el huso horario. La programación de las actividades hay que calcularla en base al horario continental europeo (CET = Central Europe Time) por lo que si te encuentras en América o en otro huso horario, es necesario calcular la hora en el propio país No hace falta tener una webcam. Sí en cambio, un micrófono y parlantes. Lo ideal es tener unos auriculares con micrófono.


Panamá 2014 Primer Congreso Latinoamericano de la Familia

A poco menos de un año para la gran cita de las familias latinoamericanas en Panamá, los participantes del Pre-congreso de pastoral familiar de la región México y Centroamérica reunidos en San José, Costa Rica, del 19 al 23 de agosto de 2013, enviaron un fraterno saludo a toda la Iglesia de la región, “especialmente a todas las familias y a quienes anuncian la buena nueva de Nuestro Señor Jesucristo a la familia como agentes evangelizadores”. Convocados por el Departamento de Familia, Vida y Juventud del CELAM, los obispos, sacerdotes, agentes de Pastoral Familiar y Pastoral Juvenil de la región reconocieron que “la familia en México y Centroamérica se encuentra inmersa en un contexto social, económico y político, que pone en riesgo su naturaleza e identidad”. Por tal motivo, recordaron que “para reconocer, apoyar, proteger y promover a la familia, necesitamos ayudarla a construir una sociedad más humana, fraterna y solidaria”. Ante estos desafíos, expresa el documento, “nuestros retos son formar, fomentar, coordinar y acompañar a las familias en su desarrollo humano, espiritual, psicológico y social, para revitalizarlas en su entorno cultural que cada nación necesita”. Invitaron por ello a todos los miembros de la Iglesia, a los gobiernos y a la sociedad civil en general “a unir esfuerzos en defensa del matrimonio, la familia y la vida”.  El I Congreso Latinoamericano de la Familia se realizará en Panamá en agosto de 2014, donde se espera una asistencia numerosa proveniente de todos los países de la región. Estados Unidos Seis de cada 10 hispanos son católicos

Unos 29.7 millones de hispanos en Estados Unidos se identifican como católicos, esto es el 59 por ciento de esa comunidad. Los espacios noticiosos recogen un reciente informe divulgado por el Centro para la Investigación Aplicada del Apostolado en la Universidad estadounidense de Georgetown. El informe, que fue preparado de manera especial para la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU., indicó que el número de parroquias multiculturales está

creciendo en todo el país. En Estados Unidos hay más de 17.400 parroquias y el estudio calculó que, de estas, unas 6 mil 700 atienden a comunidades de diferentes orígenes étnicos y con distintos idiomas. El estudio difundido reveló también que en el país hay 42.5 millones de personas “blancas no hispanas”, que se identifican como católicas y eso representa el 22 por ciento de esa población. Otro dato relevante es que aproximadamente 3,6 millones de personas que se identifican como de origen asiático, hawaiano o del Pacífico son católicas, lo que equivale al 20 por ciento de esas comunidades étnicas. Asimismo 2.9 millones de personas que se identifican como negras, afroamericanas, africanas o afrocaribeñas son católicas, un 8 por ciento de los 38.9 millones de personas con esas características étnicas. Santa María La Antigua Los 500 años de la primera diócesis en tierra firme en América

L a arquidiócesis de Panamá celebró a inicios de septiembre pasado los actos centrales del Jubileo de los 500 años de la primera diócesis en tierra firme en América, bajo la advocación de Santa María La Antigua y explicó que “quiere hacer partícipe a todos de este gran acontecimiento que cambió la historia de nuestro continente y de nuestro país”. El año jubilar, coincidente con el Año de la Fe, se inició en noviembre de 2012, con una solemne eucaristía que presidió el cardenal Marc Ouelett, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina. Las primeras diócesis creadas en América, después del descubrimiento de Cristóbal Colón en 1492, se formaron en las islas del Caribe. Sin embargo, en 1513

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se formó la primera diócesis en territorio continental. La Iglesia católica en Panamá se preparó para rememorar la gesta evangelizadora del nuevo continente en ocasión del Jubileo por los 500 años de la diócesis de Santa María La Antigua, la primera en tierra firme de América. En la recuperación de la historia de la diócesis de Santa María La Antigua, la arquidiócesis panameña explicó que a través del Jubileo “conmemoramos los frutos de nuestro caminar como Iglesia junto al pueblo panameño, confirmando la fe y conformando la identidad nacional en nuestro Panamá, bajo el manto protector de Santa María, en su advocación de La Antigua”, patrona de este país que une América Central con América del Sur. La imagen de la Virgen venerada por los panameños, se encuentra en los orígenes de la primera diócesis. En un principio, en el siglo XV, la imagen de la Santísima Virgen María se encontraba en una capilla lateral de la catedral de Sevilla en España. Esta catedral fue reconstruida en el siglo XIV, pero se conservó solamente la pared en donde estaba la imagen, y se le llamó Santa María de La Antigua. En honor a esta advocación Enciso y Balboa fundaron en 1510 la ciudad de Santa María de la Antigua del Darién, cumpliendo una promesa, pues ganaron la batalla, y dedicaron a Santa María La Antigua la casa del Cacique Cémaco; esta fue la primera capilla dedicada a la Virgen María en tierra firme. La ciudad de Santa María de La Antigua fue sede de la primera diócesis en tierra firme creada por el papa León X con bula del 9 de septiembre de 1513. En 1524 el segundo obispo fray Vicente Peraza trasladó la sede de esta diócesis a la recién fundada ciudad de Panamá. La ciudad fue incendiada en 1671 y reedificada junto al poblado de Ancón en 1673. La patrona de la catedral y de la diócesis de Panamá fue, desde 1513, Santa María La Antigua. Aborto en Rusia 300 mil menos en 2012 gracias a programas de ayuda a mujeres

El número de abortos practicados en Rusia en 2012 fue de 935.000, unos 300.000 menos que en 2008, según ha informado la directora del departamento materno-infantil del Ministerio de Sanidad ruso, Elena

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Baibárina, citada por la agencia de noticias RIA Novosti. Mientras que “en 2008 se practicaron 1.236.000, en 2012 la cifra fue de 935.000”, o lo que es lo mismo frente a los 73,1 abortos que se practicaron en 2008 por cada 100 niños nacidos vivos, la cifra se redujo hasta los 49,7 en 2012. “Es un número muy elevado todavía, que agrava el problema de esterilidad”, ha proseguido la directora informando que en Rusia se ha intensificado la lucha contra el aborto y se han ampliado los programas de ayuda para las mujeres que se encuentran en una situación crítica. “Estamos creando centros y despachos de ayuda psicológica y social” y “la mayoría de las mujeres que asisten, deciden finalmente no interrumpir el embarazo (abortar)”, precisó. Adopción en Rusia Niños solo pueden ser adoptados por parejas de padre y madre

Las parejas españolas que aspiran a adoptar un niño en Rusia han visto paralizados sus procesos por las exigencias del nuevo Código de Familia ruso, que quiere garantizar que los niños solo serán entregados a familias a cargo de un padre y una madre. La situación es más ardua si tenemos en cuenta que Rusia es uno de los principales países de origen de las adopciones internacionales en España, así como de otros países europeos e inclusive Estados Unidos de América. En España hay más adopciones de niños extranjeros que de nacionales. Las de niños españoles fueron 775 en 2011. Pero las adopciones internacionales, que alcanzaron un máximo de 5.541 en 2004, han ido cayendo hasta 1.169 en 2012, según datos del Ministerio de Sanidad. Y no por falta de solicitudes sino por escasez de niños adoptables. De los países con los que España tiene acuerdos en la materia, aquel en el que más menores fueron adoptados el año pasado fue Rusia, de donde llegaron 479 niños. Pero a raíz de que varios países europeos dieran el derecho a adoptar a parejas de homosexuales, Rusia quiere controlar mejor en manos de quién quedan los niños rusos. El pasado junio la Duma aprobó por unanimidad unas modificaciones al Código de Familia por las que los niños rusos solo podrán ser adoptados por parejas formadas por un hombre y una mujer. Las


parejas homosexuales extranjeras y los solteros de los países que han reconocido el matrimonio gay no podrán ser candidatos. Esto ha hecho que los procesos de adopción de unos quinientos solicitantes españoles —según estimaciones del Ministerio de Sanidad— hayan quedado paralizados, a la espera de que se firme un nuevo convenio bilateral entre España y Rusia. Algunos medios afines a la “ideología de género”, atribuyen esta situación a la “legislación homófoba de Putin”. Pero —aparte de que la votación de la Duma indica un sentimiento muy compartido— es legítimo que cada país establezca requisitos para las adopciones pensando en lo que es mejor para los hijos de esa nación. En este aspecto, Rusia se atiene a la idea —bien asentada jurídicamente— de que la adopción imita la naturaleza. Y por eso estima que lo mejor para el niño adoptado es que tenga un padre y una madre. Cuando en 2005 España aprobó que las parejas homosexuales pudieran casarse y adoptar niños, no le

pidió opinión a Rusia. Por su parte, Rusia ha decidido lo que considera bueno para los niños rusos, independientemente de lo que crean otros países. De este modo, el reconocimiento de la adopción por parte de parejas homosexuales en países europeos se ha convertido en un obstáculo para todas las parejas en las adopciones internacionales. Como ha señalado la Congregación para la Doctrina de la Fe, «la integración de niños en las uniones homosexuales a través de la adopción significa someterlos de hecho a violencias de distintos órdenes, aprovechándose de la débil condición de los pequeños, para introducirlos en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano. Ciertamente tal práctica sería gravemente inmoral y se pondría en abierta contradicción con el principio, reconocido también por la Convención Internacional de la ONU sobre Derechos del Niño, según el cual el interés superior que en todo caso hay que proteger es el del infante, la parte más débil e indefensa».

Polonia celebró 1.025 aniversario del bautismo del Rus de Kiev

Con la celebración de un jubileo por la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen en Bialy Bor, Polonia, la comunidad grecocatólica ucraniana presente en el país celebró el pasado 15 de septiembre el 1.025 aniversario del bautismo del Rus de Kiev, que conmemora la conversión de los pueblos eslavos al cristianismo. La celebración tuvo especial significado porque el aniversario número 1.000 tuvo que ser celebrado discretamente bajo el gobierno de la Unión Soviética, que no reconocía a la comunidad grecocatólica. “Desde 1958, en Bialy Bor se celebra cada año tradicionalmente el 21 de septiembre nuestra Fiesta de la Natividad de la Madre de Dios, y este año es parte de la etapa final de la celebración del 1.025 aniversario del bautismo de la Rus de Kiev de Ucrania en Polonia”, explicó a la agencia KAI el Padre Peter Baran, de la parroquia de la Natividad de la Santísima Virgen María en Bialy Bor. El Arzobispo Mayor Sviatoslav Shevchuk, quien dirige la mayor Iglesia oriental en plena comunión con la Santa Sede, viajó a Bialy Bor para presidir la Eucaristía de la Solemnidad. Este hecho tuvo un gran significado para la comunidad local, ya que

es “la culminación del aniversario y para nosotros es muy trascendental visita a la parroquia y de la región”, comentó el sacerdote. El prelado ha hecho un viaje apostólico por varios países de Europa con motivo del histórico aniversario y ha expresado su gratitud a los pueblos que mantuvieron la fe bajo la represión comunista. En un proceso conocido como la “peregrinación”, los grecocatólicos volvieron a reunirse para conformar comunidades después del régimen de Stalin a mediados del siglo XX.

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“Nuestra peregrinación comenzó en 1958 después de la creación de la parroquia. En el otoño de 1957 celebramos la liturgia de la fiesta de Cristo Rey en una pequeña iglesia católica de St. Michael”, relató el P. Baran. Las políticas que consideraron “no existente” la comunidad grecocatólica hicieron posible la relajación de ciertos controles, por lo cual los creyentes pudieron conformar parroquias, siendo Bialy Bor una de las primeras comunidades establecidas. La comunidad de Bialy Bor tiene actualmente cerca de 480 fieles ,aunque sirve a unos mil creyentes de tradición griega de toda la región. La conversión al cristianismo del estado medieval eslavo llamado Rus de Kiev, que daría lugar a las naciones de Rusia y Ucrania, se produjo en la llamada Era Dorada de Kiev, bajo el reinado de Vladimir el Grande. Cuando el Rus recibió con entusiasmo el bautismo, se abrieron las puertas para la evangelización del pueblo eslavo, arraigado en el paganismo y en medio del cual no habían tenido efecto duradero las iniciativas apostólicas. Este trascendental suceso se produjo antes del cisma que dividió a la Iglesia Católica y dio origen a la Ortodoxa. Nuevo Día Internacional de la Caridad En memoria de la Beata Madre Teresa de Calcuta

La Misión del Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas publicó un mensaje de agradecimiento a la comunidad internacional por la reciente designación del Día Internacional de la Caridad. La fecha seleccionada fue el 05 de septiembre, memoria de la Beata Madre Teresa de Calcuta. En el mensaje, la Santa Sede recuerda el sentido espiritual de las obras de caridad que la Iglesia desarrolla alrededor del mundo.

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“Estamos orgullosos de conmemorar este día como un acto de reconocimiento y estima de parte de la comunidad internacional al servicio y dedicación de incontables individuos, organizaciones, religiosos y religiosas, quienes, como la Beata Madre Teresa, han traído la luz de su amor desinteresado a los necesitados”, declaró el documento. El texto titulado “Sobre la noción cristiana de la caridad” ofreció una enseñanza sobre el sentido e inspiración detrás de dichas labores. El documento señala que el cristianismo ha hecho grandes aportes a la cultura de la humanidad “con su más profunda comprensión del amor”. La certeza de recibir el amor de Dios y la subsecuente necesidad de dar este amor en servicio y entrega del propio ser a los demás supera la búsqueda de la satisfacción personal o incluso la reciprocidad, y “demanda una verdadera preocupación por el otro, incluso la voluntad de sacrificar el propio yo por el otro”. Este amor novedoso es expresado en su plenitud por Cristo en su muerte de cruz y es conocido por la Iglesia bajo el concepto de Caridad. Desde sus inicios la Iglesia, “siguiendo la instrucción y el ejemplo de su Fundador”, expresó esta caridad en su interés por el bienestar de los pobres y sufrientes. Pero “más allá del aspecto pragmático o filantrópico de ayudar a su prójimo, la Iglesia busca más profundamente manifestar el perenne amor de Dios por la humanidad”, explicó la declaración. “Incontables hombres y mujeres a través de la historia de la Iglesia han dado testimonio de amor desinteresado a sus prójimos en un grado heroico”, recordó el documento, que honró el “extraordinario testimonio de caridad ejemplificado en los tiempos recientes por la Beata Madre Teresa de Calcuta”. La gran labor internacionalmente reconocida tuvo en Cristo su origen y motivación, y ella misma explicó esta realidad en su discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz en 1979: “No somos solo trabajadoras sociales. Podemos estar haciendo trabajo social a los ojos de la gente, pero somos en realidad contemplativas en el corazón del mundo, porque estamos tocando el Cuerpo de Cristo veinticuatro horas al día”, afirmó la Beata. La declaración recordó que la Iglesia sigue siendo el proveedor no gubernamental de educación y salud más grande del mundo y que numerosas organizaciones caritativas católicas trabajan sin descanso en favor del alivio del sufrimiento y el desarrollo integral de los más necesitados en todo el planeta.


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LIBROS

Jesús en Roma

EL SUEÑO DE BENEDICTO XVI. UNA PARÁBOLA El año pasado, diciembre de 2012, Juan María Laboa1 publicó una parábola de ciencia ficción, Jesús en Roma. El sueño de Benedicto XVI2, “para conmemorar con grato recuerdo el 50º aniversario de la celebración del Concilio Vaticano II”. Con ese fin dio curso a una inspiración original, de sabor profético: relatar un sueño de Benedicto XVI, que produce desconcierto en su vida y en la Iglesia. He aquí el sueño.

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observan, escuchan, interron la parroquia de PrimaUNA INTERROGANTE gan. Jesús aclara algunas valle, en la periferia de Roma, FASTIDIA LOS ÁNIMOS: dudas de fe desagradables, se presenta Jesús, acompaña¿HA SIDO ACANTONADO, se acerca a todos con amorodo por algunos apóstoles y MAL COMPRENDIDO, sa comprensión y despierta amigos, y participa en una TRAICIONADO EL CONCILIO? en los ánimos deseos de reunión general de creyentes JESÚS EN ROMA EXPONE EL vida nueva. adultos, extasiados, pero no PROBLEMA, LO ANALIZA Y El sueño de Benedicto XVI, excitados, y conscientes de SUGIERE UNA RESPUESTA. en un momento dado, pasa de estar viviendo una ocasión Jesús y sus compañeros a su única. En los días siguientes, Jesús y sus compañeros recorren las calles de persona. El Papa sueña que ha sido trasladado Roma, visitan las iglesias, entran en las casas, al Palacio de Letrán, “iniciando un estilo de 1 Nacido en Pasajes de San Juan (Guipúzcoa, España) en 1939, titulado en Filosofía y Teología, J. M. Laboa obtuvo el doctorado en Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoriana y el título de Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Ha enseñado Ciencias Políticas e Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Comillas, en Madrid. Entre sus publicaciones destacamos: Momenti cruciali nella storia della Chiesa (1996), Atlante storico del cristianesimo (1997), los 3 volúmenes La Chiesa e la modernità (2003, 2004), Atlante dei concili e dei sinodi nella storia della Chiesa (2008). 2 J. M. LABOA, Gesù a Roma. Il sogno di Benedetto XVI. Una parabola (título original Jesús en Roma), Milán, Jaca Book, 2013. Nótese la definición que da el autor de su volumen: parábola, es decir, relato alegórico que implica una enseñanza moral o religiosa. El libro también puede encontrarse en español: J. M. Laboa, Jesús en Roma, Editorial Edelvives, Madrid, 2013, 183 págs. Puede adquirirse vía Internet en este idioma en el sitio de la editorial: www.edelvives.com..

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vida más sencillo y espontáneo, más abierto y comunicativo que el anterior, más cercano a todos los creyentes” (p. 151). Eso no es todo: al cabo de algunas semanas, anuncia que se habría retirado al monasterio franciscano de La Verna para vivir en recogimiento la última etapa de su vida, renunciando al pontificado. El despertar marca un cambio de vida. Responde al secretario, que le pregunta si descansó bien: “Fue la noche más larga y más intensa de mi vida” (p. 156). Está desconcertado y profundamente alterado. Después de una visita a la capilla, con el rostro radiante, dice con decisión al monseñor que le informa sobre las audiencias de la mañana: “Cancele todas las audiencias de los próximos dos días. Durante este período de tiempo permaneceré en silencio y solo en este departamento. Luego Dios dirá”. Así termina la parábola. Preguntémonos: ¿cuál es el motivo que iluminó la fantasía del autor de Jesús en Roma? Él mismo nos da la respuesta. A pesar del viento de Pentecostés del Concilio, “el polvo de los siglos sigue sedimentándose en las instituciones, en los usos y en las costumbres, modificando o al menos ocultando el carácter radical primigenio de las doctrinas y del mensaje” (p. 13). Una interrogante fastidia los ánimos: ¿ha sido acantonado, mal comprendido, traicionado el Concilio? Jesús en Roma expone el problema, lo analiza y sugiere una respuesta. Para llevar a cabo este objetivo, J. M. Laboa dispone de tres instrumentos. Ante todo, tiene un profundo conocimiento de los problemas que agitan a la Iglesia de hoy; en segundo lugar, conoce también las exigen-

cias y las expectativas de la sociedad actual en relación con la Iglesia; por último, está firmemente anclado en la fe católica, que le permite una tranquila y valerosa participación en los problemas sometidos a examen. “Estas páginas —se lee en la introducción de la novela— no son sino una parábola gozosa, desenvuelta, pero llena de afecto; una idea de la Iglesia vivida y sentida desde adentro. Apuntan a reubicar nuestra fe en Jesús, procurando distinguir entre el núcleo central del cristianismo y todo cuanto los siglos han ido paulatinamente depositando en nuestra vida: ritos, usos, estilos de vida e instituciones. No se trata de poner en tela de juicio a la institución, sino de verificar si la estamos usando bien” (p. 12). Es fácil imaginar el desconcierto que provoca la presencia de Jesús y sus compañeros en la ciudad de Roma. En el Vaticano, se preguntan si hay que recibirlo, cómo y dónde. ¿Convocar al cuerpo diplomático y esperarlo en San Pedro? ¿Con capa magna y la mitra preciosa? Y si él llegase vestido sin ceremonias, ¿como en Tierra Santa? ¿Quién hablará en primer lugar? También en el extranjero la noticia produce ruido y plantea interrogantes. En Jerusalén, los guardianes de la gran basílica advierten la mezquindad de sus disputas por la posesión de los lugares santos. En Canterbury, eclesiásticos y laicos se preguntan cómo explicar al Señor que Su Graciosa Majestad es el jefe de la Iglesia. En el Aventino, en los jardines de la Orden de Malta, Jesús se encuentra con las religiosas y los religiosos de todas las órdenes y tradiciones, todos felices y deseosos de “encontrarse

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con aquel que guiaba y daba sentido a su vida, asilo comunal, los ancianos de un hospicio, experimentar su ternura y escuchar su pala- las parroquias. También sus compañeros — bra” (p. 38). Jesús se sienta en medio de ellos, además de los apóstoles, vemos a Francisco habla de las maravillas de lo creado y de su de Asís 3, Felipe Neri, Tertuliano, Agustín, deseo de que los seres humanos gocen de todo Catalina de Siena, Cipriano, María Magdacuanto el Padre les ha destinado; los exhorta a lena, Gregorio Magno, Juan Crisóstomo, Inés combatir el egoísmo y la estrechez de miras, y Priscila, Sebastián y otros—, ya sea con el a acoger y amar a todos, a la generosidad y a Maestro o solos, se dirigen a la ciudad. la confianza en la Providencia. “No permitáis Entre ellos encontramos a Ignacio de Loyola que las leyes del sábado limiten vuestra entre- y Francisco Javier, que visitan la iglesia de Jesús ga, que os alejen de los hermanos y estrechen y discuten sobre los hechos históricos de su vuestra visión de Dios” (p. 38 s.) Escuchándo- Compañía de Jesús, los métodos de apostolado, lo, todos se sienten conmovilas dificultades del presente y dos y transformados como los criterios para la elección EN JERUSALÉN, LOS si sus palabras se dirigiesen de las vocaciones. Viendo exGUARDIANES DE LA GRAN a cada uno en particular, puesto su brazo en el altar de BASÍLICA ADVIERTEN y dispuestos “a renovar su mármol, Javier se sobresalta LA MEZQUINDAD DE vida, sus métodos de trabajo y expresa contrariedad: “El SUS DISPUTAS POR LA y su capacidad de acogida y único punto de referencia en POSESIÓN DE LOS LUGARES comprensión” (p. 40). estos lugares debe ser el SeSANTOS. EN CANTERBURY, En el prado de la Univerñor y no reliquias escogidas ECLESIÁSTICOS Y LAICOS sidad de Tor Vergata, Jesús de cuerpos míseros” (p. 93). SE PREGUNTAN CÓMO habla con una multitud de San Ignacio, por su parte, obEXPLICAR AL SEÑOR QUE SU jóvenes, ahí reunidos “para servando el inmenso cuadro GRACIOSA MAJESTAD ES EL escuchar a algunos de los conocido como Apoteosis de JEFE DE LA IGLESIA. grupos musicales más de San Ignacio, dirige la mirada moda en las reuniones pop hacia Javier, que lo observaba rock” (p. 71). A pesar de todo, las palabras de sonriente, casi burlescamente. Su comentario Jesús “llegaron con fuerza y claridad. El tono es preciso y convincente. era caluroso, atractivo, valeroso y directo. El apóstol Juan, visitando con Andrés Los presentes se pusieron automáticamente una librería en la Via della Conciliazione, se de pie y ninguno, con gestos ni palabras, dis- asombra al ver que algunos estudios “no solo trajo la atención, todos conscientes de cuanto no aclarasen, sino de hecho oscureciesen sus estaba ocurriendo. Se encontraban ante el reflexiones” (p. 64). En Primavalle, un joven se misterio en el sentido preciso del término, quejó a Jesús de la oscuridad de ciertos textos como los judíos ante Jesús veinte siglos atrás” y discursos: “Pienso (…) que los teólogos cons(p. 72). El encuentro de Jesús incluye todas tituyen un peligro cuando procuran explicar las categorías sociales: los deportistas, los tu misterio con sutilezas, distinciones y gran empleados de una oficina, los niños de un cantidad de palabras” (p. 27).

3 En el volumen de Laboa, el nombre de San Francisco de Asís aparece con frecuencia, presentado como sostenedor de lo absoluto de Dios y como maestro de vida cristiana. Laboa hace decir a él lo siguiente: “Estamos de paso, solo el cielo es nuestra patria, solo el cielo es nuestra patria, solo Dios es el bastón para nuestras fatigas cuando nos encontramos perdidos y en los momentos en que nos damos cuenta de que nada somos sin la trascendencia” (p. 106). También son recurrentes los nombres de San Ignacio y San Francisco Javier.

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Reflexionando sobre la Curia romana, ¿No hace ninguna visita Jesús al Vaticano? la parábola de Laboa la presenta como “un El Papa Benedicto nada sabe. Hay una sencomplejo de instituciones creadas en el sación de inquietud en los cardenales; él curso de los siglos, que pretenden inspirar, también está inquieto. Los ha convocado a controlar y dirigir la obra y el pensamiento la sala del Consistorio y se ha expresado así: de los cristianos, convertidas muy pronto en “He decidido dirigirme a la abadía de las una inmensa burocracia con pretensión de Tres Fuentes, donde viven las hermanitas del gobernar, en nombre del Papa, toda la vida padre de Foucauld, y esperar ahí, en oración de la Iglesia” (p. 45). El espectro del “poder”, y penitencia, lo que disponga el Señor. (…) también en la Iglesia, siempre permanece al Quienes estén dispuestos a acompañarme acecho, a veces con la etiqueta de la “mayor deben darse prisa porque dejaremos el Vagloria de Dios”. Un monseticano cuanto antes”. “Un ñor de la Curia, en crisis de cardenal —¿o ya no es cardeEN EL AVENTINO, EN autenticidad, dice a Jesús, nal?— piensa con melancolía: LOS JARDINES DE LA que recuerda el primado del «Cuánto más fácil era todo ORDEN DE MALTA, JESÚS amor para una comunidad de cuando estaba guardado en SE ENCUENTRA CON creyentes: “Hablamos mucho el tabernáculo»” (p. 132). LAS RELIGIOSAS Y LOS de servicio, pero es difícil En la capilla de la abadía RELIGIOSOS DE TODAS LAS encontrar una sociedad tan ocurre un hecho milagroso. ÓRDENES Y TRADICIONES, jerarquizada como la nuesMientras todos miran abTODOS FELICES Y DESEOSOS tra: Papa, patriarcas, cardesortos la Hostia consagraDE “ENCONTRARSE CON nales, arzobispos, obispos, da, esta se transforma en AQUEL QUE GUIABA Y auxiliares, administradores sus retinas en la figura de DABA SENTIDO A SU VIDA, apostólicos, una innumerable Cristo con varias aparienEXPERIMENTAR cantidad de monseñores, sacias. “Por primera vez en la SU TERNURA Y ESCUCHAR cerdotes, generales religiosos, vida, Cristo les pareció (…) SU PALABRA”. provinciales, superiores de vivo, real y distinto a como todo tipo, etc.” (p. 83). lo habían imaginado. Con Algunos cardenales denuncian otro peligro solo su presencia, incluso antes de pronunque asecha a la Iglesia además de la burocra- ciar una palabra, ponía al descubierto la cia: el hacer carrera, el cursus honorum, y la fragilidad y también la mentira de su vida, consiguiente competencia por alcanzar un la inconsistencia de su seguridad. Temor grado cada vez más importante, “a veces a ante quien era verdad absoluta y claridad cualquier costo” (p. 130). Entre las otras som- incomparable. Sin quererlo, se descubrían bras que gravitan en torno a la Iglesia —como tal como eran y procedían (…). Pero si bien la falta de amor desinteresado, de humani- estaban atemorizados y confusos, sintieron dad, de atención por las ideas de los demás, que Cristo los amaba y los juzgaba desde su de colaboración recíproca, de consideración misericordia” (p. 136). de que solo Dios es el Señor absoluto de su En su largo y tácito discurso, Jesús indica Iglesia— merece especial atención la carencia cuál debe ser el estilo de vida de quienes “ha de la “creatividad necesaria para elaborar un llamado con sus nombres para evangelizar”, nuevo lenguaje en condiciones de comunicar anunciar la alegría de la salvación con huel Evangelio al mundo actual” (p. 20). mildad, rectitud de mente, entrega amorosa,

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sencillez de corazón y espíritu de servicio: “Todos sois llamados a anunciar esta Buena Nueva, que Dios es vuestro Padre” (p. 139). Termina asegurando su presencia entre los fieles creyentes “hasta el fin de los tiempos”. El sueño del Papa Benedicto termina con la visión de Jesús, que en la vía Appia se aleja de Roma comentando los hechos y encuentros con sus compañeros.

tantos creyentes sobre el prójimo? ¿Cómo se justificarían ante una mirada que no necesita justificaciones ni explicaciones para poner en evidencia tanta incoherencia y falta de amor?” (p. 11). La validez de Jesús en Roma se busca en las respuestas a esas interrogantes. Y estas son sustancialmente aceptables. El autor es historiador de profesión, y en el ámbito de los hechos de la Iglesia posconLa parábola de J. M. Laciliar se mueve a sus anchas, TEMOR ANTE QUIEN boa tiene ciertamente págicon honestidad, claridad y ERA VERDAD ABSOLUTA nas para disfrutar, a veces viva participación. Pone en Y CLARIDAD leídas con el suspenso de la balanza aspectos positivos INCOMPARABLE. un thriller, pero no es ni prey negativos; reconoce los esSIN QUERERLO, SE tende ser una obra maestra. fuerzos generosos, constanDESCUBRÍAN TAL COMO Quiere ser una respuesta a tes y apremiantes de Pablo ERAN Y PROCEDÍAN (…). cuatro interrogantes recuVI, Juan Pablo II y Benedicto PERO, SI BIEN rrentes: “¿Qué sucedería si XVI, y expresa admiración y ESTABAN ATEMORIZADOS de pronto Cristo se presengratitud por ellos; denuncia Y CONFUSOS, SINTIERON tase en Roma y se encontrase retrasos e incertidumbres QUE CRISTO LOS cara a cara con los cristianos en la plena aceptación del AMABA Y LOS que ahí residen? ¿Cómo se Concilio; invita a la confianJUZGABA DESDE SU sentirían ellos al comparar za porque “Jesús no se va de MISERICORDIA. su modo de vida con lo que Roma ni del mundo” (p. 148). el Maestro pide? ¿No sal¿Tiene también el don de drían tristemente a la luz la prepotencia, la profecía el historiador J. M. Laboa? La resintolerancia, los juicios egoístas y vacíos de puesta corresponde al lector. FERDINANDO CASTELLI, S.J. Adquirir vía Internet en www.jacabook.it

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Votar en conciencia. Los católicos y la política Francisco Javier Astaburuaga Ossa Ediciones Pontificia Universidad Católica de Chile Santiago de Chile, 2013 135 págs.

El libro “Votar en conciencia. Los católicos y la política”, del presbítero Francisco Javier Astaburuaga Ossa, plantea tres interesante asuntos. En primer lugar, nos lleva al problema del vacío de las democracias. Recuerda el padre Astaburuaga que “la realidad nacional nos pone a las puertas de grandes desafíos cuando hay que decidir acerca del destino de la nación en la elección de nuestros próximos gobernantes. Los católicos… estamos llamados a cumplir con este noble deber cívico, pues la responsabilidad de hacer de Chile un país más justo y solidario es una responsabilidad que no podemos eludir.” (19) Hay quienes quisieran, eso sí, exigirnos a los católicos que participemos sin más criterio que unas cuantas referencias a los mecanismos económicos, sociales y políticos, sin que estemos autorizados a hacer valer nuestras conclusiones —por cierto, de modo pluralista— a partir de nuestras convicciones morales más arraigadas. Ya Octavio Paz advirtió la gravedad de ese planteamiento, cuando afirmó que “la democracia es una convivencia no sólo de personas, sino de ideas, religiones y filosofías. En las sociedades democráticas modernas los antiguos absolutos, religiosos o filosóficos, han desaparecido o se han retirado a la vida privada. El resultado ha sido el vacío, una ausencia de centro y de dirección (…) vacío interior, que ha hecho de muchos de nuestros contemporáneos seres huecos y literalmente desalmados…”. (Itinerarios, 125)

La mirada de Mario Vargas Llosa es casi idéntica: “La cultura democrática no está hecha solamente de instituciones y leyes que garanticen la equidad, la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades, mercados libres, una justicia independiente y eficaz, lo que implica jueces probos y capaces, el pluralismo político, la libertad de prensa, una sociedad civil fuerte, los derechos humanos. (…) Esto no puede ser realidad sin unos valores y paradigmas cívicos y morales profundamente anclados en el cuerpo social, algo que para la inmensa mayoría de los seres humanos, es indistinguible de unas convicciones religiosas. (La civilización del espectáculo, 178) Y Vaclav Havel formulaba la misma exigencia: “Estoy convencido que jamás podremos construir un estado democrático basado en el principio del derecho si no construimos al mismo tiempo —sin importar cuán poco científico esto pueda sonar al oído de los cientistas políticos— un estado que es humanitario, ético, intelectual, espiritual y cultural. Las mejores leyes y los mecanismos democráticos mejor concebidos no podrán por sí solos garantizar la legalidad ni la libertad ni los derechos humanos —cualesquiera de las cosas, en otras palabras, para las cuales han sido instituidos— si no están anclados en ciertos valores sociales y humanos.” (Summer meditations, 18) Qué duda cabe que la llamada del autor a los cristianos a votar en conciencia, queda bien respaldada por las exigencias de tan ilustres intelectuales, varios de ellos no creyentes. Pero, para votar bien, nos dice el padre Astaburuaga, “corresponde hacerlo con una conciencia rectamente formada” (20) y, para conseguir esa adecuada formación, el beato Juan Pablo II, en la Veritatis Splendor, fue muy claro: “Los cristianos tienen, como afirma el Concilio, en la Iglesia y en su Magisterio, una gran ayuda para la formación de la conciencia” porque “la Iglesia se pone siempre al servicio de la conciencia, ayudándola a no ser zarandeada aquí y allá por cualquier viento de doctrina según el engaño de los hombres” (Ef, 4, 14). (Nº 64) Ciertamente, hay un tema en que el autor ha querido llamar particularmente la atención de los cristianos al momento de votar: Es el valor de la vida humana. “Asegurar el derecho a la vida, es decir, el sentido profundo de la existencia en un país que tiene acceso a los adelantos de la ciencia, y sabe que el aborto directamente provocado, en cualquiera de sus formas, es una acción destinada a causar la muerte de un ser inocente en

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gestación”, nos dice, es un “desafío de bien común.” (29) Por eso el autor dedica 40 documentadas páginas a develar los instrumentos de la cultura de la muerte. Quizás ha tenido presente las palabras del entonces cardenal Ratzinger, quien afirmó que “el drama moral, la decisión por el bien o por el mal comienza con nuestros ojos, cuando elegimos mirar o no a la cara de los otros. ¿Por qué es el infanticidio hoy casi unánimemente rechazado, mientras nos hemos hecho casi indiferentes al aborto? Quizás la única razón es que en el caso del aborto, uno no ve la cara de aquel que va a ser condenado a no ver jamás la luz de día”. (Christianity and the crisis of cultures, 78). Efectivamente, la vida es la piedra de toque, el punto más delicado donde las conciencias prueban su formación. Si se comienza a hacer matices y disquisiciones, ya se deja ver la falta de profundidad, la frivolidad. Si así sucediera, sería el momento de volver a los fundamentos, de preguntarse qué sentido pueden tener una fe y una moral, un sistema democrático y una economía libre, si se castiga con la muerte a los inocentes e indefensos. Grandes cuestiones plantea el libro del presbítero Astaburuaga. Gonzalo Rojas Sánchez Adquirir vía Internet www.ediciones.uc.cl

Reforma Agraria chilena. Testimonios de sus protagonistas María Angélica Ovalle y Ángela Cousiño Editorial Memoriter Santiago de Chile, 2013 479 págs.

Transcurridos casi cincuenta años desde su puesta en marcha, acaba de salir al mercado el libro «Reforma Agraria chilena. Testimonios de sus protagonistas” escrito por las historiadoras María Angélica Ovalle y Ángela Cousiño. Ella se divide en dos secciones. La primera sitúa el contexto y el momento histórico de plena Guerra Fría y Revolución cubana, con Alianza del Progreso y terremoto de por medio, con su paquete de medidas condicionadas para recibir la ayuda indispensable, para una economía inflacionaria orientada hacia el mercado interno, con una agricultura descapitalizada,

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que buscaba sustituir las importaciones y hacer crecer sus industrias. Con ideologías socialcristianas que se emancipan de su origen más conservador y que ven al terrateniente como una muralla de contención a una oleada de cambios “estructurales” en el campesinado. La desconcentración de lo que se denominó “latifundio” arranca de una manera tibia desde la Caja de Colonización bajo la denominada «Reforma de Macetero» de 1962 bajo el gobierno de Jorge Alessandri , adquiriendo cuerpo con el empuje que le dan algunas autoridades de la Iglesia de la época y, posteriormente, un avance imparable con la Cora, el Indap y la sindicalización campesina durante el Gobierno de Eduardo Frei Montalva, con la modificación al derecho de propiedad que ahora cristaliza invocando su “función social” y con la dictación de la ley correspondiente el año 1967 contando para ello con una mayoría complaciente en el Congreso. Con el devenir del tiempo, lo anterior fue socavando el sustrato conceptual que apuntaba esta Reforma para convertirse en una bandera de lucha política en contra de la clase y las familias propietarias que culmina durante el Gobierno de Salvador Allende con el irremediable colapso institucional en su máximo apogeo. En la segunda parte de esta investigación se recogen los testimonios de distintos protagonistas involucrados directamente en esta experiencia. Las autoras transmiten con fidelidad extrema la concepción de los patrocinadores, ideólogos, y ejecutores de la Reforma Agraria cotejando sus aspectos más técnicos con cifras y censos de la época en que comienza el reparto bajo la consigna de “la tierra para el que la trabaja”. Ciertamente, la historia oral de quienes lideraron como gestores de esta Reforma se contrapone a la de quienes lucharon resueltamente en contra de ella: en el recuerdo, en las anécdotas y también en los emotivos silencios de varios de Los propietarios de Norte a Sur del país. Entre otros Los propietarios de los fundos «Illapel», ”Longotoma”, «Lihueimo”, “Nilahue» y “Quichamahuida” dejando fuera del repertorio las zonas más australes del país. La retrospectiva en primera persona de los entrevistados, consigue traspasar, por una parte, los genuinos ideales y convicciones de sus partidarios y, por la otra, el dolor íntimo de verse expropiado muchas veces sin causa justificada, con un exiguo pago al contado y el saldo diferido en bonos hasta en treinta años, y revive, de algún modo, las consecuencias más visibles de


verse desposeído de una identidad familiar marcada y amarrada por generaciones a la tierra. Se agrega a este relato, el testimonio de un ex dirigente de la SNA y de la visión del sector político más resentido y capturado con esta Reforma, incluyendo una valiente mirada crítica de un ex Subsecretario de Agricultura, que reconoce la errada concepción de este proceso de subdivisión. Lo más notable culmina con el testimonio percibido casi en vivo —con todas las sutilezas del lenguaje y la cultura laboral del inquilinaje— de algunos de los campesinos involucrados, ex asentados, que en muchos casos, continuaron su destino rural y, en otros, derechamente vendieron sus parcelas asignadas. Afirmaba don Ramón Valle-Inclán que “las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos”. La obra aborda, en síntesis, con todos sus matices un momento particular de nuestra historia desde una perspectiva de conversación y de contexto, logrando transmitir y configurar un reflejo de carne y hueso. Arturo Prado Puga Adquirir vía Internet en http://editorialmemoriter.blogspot.com/

La fe, don y compromiso Jorge Cardenal Medina Estévez Libreria Editrice Vaticana Roma, 2013 68 págs.

Con prefacio del Cardenal Raymond Leo Burke, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura apostólica en Roma, el cardenal Jorge Medina se hace eco de la invitación del Papa emérito Benedicto XVI en su carta

apostólica “Porta fidei” para recordar, junto al Sucesor de Pedro, “el precioso don de la fe”. Sustancioso se ha revelado en verdad este Año de la Fe, no solo por la misma “Porta fidei” y la posterior encíclica “Lumen fidei”, escrita en armonía fraterna por ambos Papas, por los diversos actos celebrados en su transcurso —ante todo la Jornada mundial de la Juventud en Río de Janeiro— y no por último, por el escrito tan claro y fervoroso del cardenal Medina que ahora comentamos. Claro es el escrito porque en forma pedagógica expone al lector común los principales aspectos de la fe, de modo que no solo pueda comprenderla, sino al mismo tiempo practicarla con creciente convicción. Después de un primer y breve capítulo sobre la importancia de la fe, expone los cuatro sentidos de este acto que hermosamente define como “clave de la alegría y del sentido de la vida”. Estos cuatro modos de acercamiento sucesivo a la fe son : 1) creer como “opinar o dudar”; 2) creer como “aceptar algo por testimonio de otro”; 3) creer como “darse a Dios sin reservas”; 4) creer como “confiar”. Los capítulos tercero y cuarto desarrollan los dos grandes ejemplos bíblicos de la fe de Abraham (Antiguo Testamento) y de la Virgen María (Nuevo Testamento). De estos dos testimonios fundantes de santidad el autor pasa en el capítulo quinto a la cumbre de su parte dogmática, al hablar sobre la fe y la Iglesia: La fe es un elemento esencial de la Iglesia (cap. 6.); la Iglesia anuncia el Evangelio de Jesucristo para que los hombres crean (cap. 7.); la Iglesia alimenta la fe de sus hijos por la Palabra de Dios, por los sacramentos y el ejemplo de los santos (cap. 8). En los tres capítulos siguientes el autor se aboca a consecuencias prácticas (cap. 9). La Iglesia garantiza la pureza de la fe (cap. 10). Dónde está contenida la fe de la Iglesia (cap. 11). Dificultades. El cardenal Medina se manifiesta no solo como teólogo y profesor, sino que también brinda en los dos capítulos finales lo que podría llamarse un ejemplo de caridad pastoral. Allí su tono irradia fervorosa convicción. Se titulan: “Para que el mundo crea” y “Oración de fe”, que desemboca en la exclamación:”¡Qué alegría, Señor, la de creer en ti!” Este breve escrito es recomendable tanto para los que buscan como para los que ya han encontrado y desean enseñar a otros. Mauro Matthei OSB Adquirir vía Internet www.libreriaeditricevaticana.com

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En defensa de Pío XII In difesa di Pio XII. Le ragioni della storia Giovanni Maria Viann Marsilio Editori Venezia, 2009 167 págs.

Esta breve e interesante obra compilada por G. M. Vian, director de L’Osservatore Romano, nos presenta una colección de artículos que fueron publicados en el periódico de la Santa Sede, durante el año 2008, en torno a la figura de Pío XII, con ocasión del 50 aniversario de su muerte (9 de octubre de 1958) y el 60 de su elección como obispo de Roma (2 de marzo de 1939). Una breve introducción de Giovanni María Vian ofrece las razones de la publicación de esta serie de contribuciones a L’Osservatore Romano por parte de diversos historiadores y teólogos, hebreos y católicos. Se trata de mostrar la relevancia histórica de la figura y el pontificado de Eugenio Pacelli, que desarrolló su pontificado precisamente en uno de los momentos más difíciles del siglo pasado y de toda la época contemporánea. Y sobre todo hacer frente a la “leyenda negra” de un supuesto silencio culpable de Pío XII, lo cual la historiografía contemporánea ha mostrado como inconsistente. De allí el título de la obra. La primera contribución es de Paolo Mieli, historiador y periodista, director del “Corriere della Sera” y docente de la Universidad de Milán, y lleva por título “Grandeza de un papa”. Es un estudio histórico que quiere explicar los motivos, históricos e ideológicos, por los cuales pudo surgir esa “leyenda negra”, y luego la refuta a partir de los mismos hechos, de los testimonios de los propios protagonistas de esos acontecimientos y de la vida del Papa Pío XII. Piensa además que no es poco importante considerar al pontífice en relación a los demás

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protagonistas de la época. Afirma Mieli: “Yo entonces me pregunto: Durante la segunda guerra mundial, ¿a quién recordamos nosotros, entre las personalidades del mundo contrario al nazismo, que haya levantado su voz contra la persecución antisemita en la manera que se le reprocha al papa de no haberlo hecho? Yo no conozco a ninguno”. El ‘silencio’ del Papa tuvo un motivo mucho más hondo, sufrido y consciente: en esas circunstancias se juzgó lo que traería menos males y salvaría más personas. Porque estaba acompañado de reales y efectivas acciones de rescate y refugio de innumerables perseguidos y, en particular, de judíos en Roma y en diversas partes de Europa. De hecho la siguiente contribución es del hebreo Saúl Israel, médico y escritor italiano. Es una evocación, publicada póstumamente, escrita en el convento de san Antonio en Via Merulana en Roma, en los momentos en que allí se encontraba refugiado, en abril de 1944. Su hermosa reflexión muestra la armonía que sentía entre la religión que aprendió en su familia hebrea y lo que en esos días aciagos percibía en la vida conventual franciscana. No cabe duda que la solidaridad es el principal camino para el entendimiento y el diálogo entre las religiones. El aporte más extenso es del historiador contemporáneo Andrea Riccardi, docente de la Universidad de Roma. Es un perfil muy bien pensado de Pío XII. Presenta una panorámica histórica que permite comprender bien los criterios de actuación del pontífice, a fin de hacer un juicio justo, desde y en su tiempo. Pero también presenta las posibles razones que han llevado a que una parte de la historiografía contemporánea haya ‘revisado’ la historia y se haya producido este cambio tan llamativo a partir de la publicación del famoso film ‘El Vicario’, en 1963. Intenta una hipótesis sobre las razones ideológicas subyacentes y contrasta esa mirada con la real influencia del Papa en los años de posguerra e incluso, ya fallecido, en el Vaticano II. Pío XII es el autor más citado en los documentos del Concilio Vaticano II, después de los escritos bíblicos. De allí que, a continuación, Mons. Rino Fisichella, presidente del Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, expone el núcleo del pensamiento de Pío XII, en donde nos muestra que su magisterio es un eslabón indispensable entre los aportes de la modernidad, que habían sido minusvalorados por las querellas antimodernistas, y el Concilio Vaticano II y su apertura al mundo contemporáneo. Destaca su amor por las


ciencias y la técnica, su gran cultura y la importancia de algunos de sus documentos, que han llegado a ser históricos, como es el caso de la Encíclica Divino Afflante Spiritu, sobre la renovación de los estudios bíblicos. El cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura y de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada, describe el concepto de cultura que nos deja el magisterio de Pío XII. Pasa revista a los principales elementos de su enseñanza, que se basa en dos pilares: La ley natural y la enseñanza de Cristo, los cuales se encuentran en un profunda armonía. Aparece también una intervención del cardenal Tarcisio Bertone, entonces secretario de Estado del Papa Benedicto XVI, en que recorre la labor de secretario de estado del cardenal Eugenio Pacelli. Fue verdaderamente un diplomático de carrera y vocación. El texto termina recogiendo tres intervenciones del Papa Benedicto XVI, con ocasión de estos aniversarios, en donde nos invita a recoger la heredad de Pío XII, cosa que se ha visto impedida al centrarse la discusión de su figura en un punto que no hace justicia ni a su persona, ni al ministerio completo. Todas estas contribuciones son muy sugerentes e invitan a recordar una figura que no debe ser olvidada tan fácilmente y, sobre todo, debe ser tratada con la rigurosidad histórica que se merece un pontificado largo, en un tiempo muy difícil y que dejó a la Iglesia en las puertas del Concilio Vaticano II. Los Archivos de la Santa Sede están completamente disponibles para todo estudioso que desee estudiar de verdad esta época y a sus protagonistas. Rodrigo Polanco Adquirir via Internet en www.marsilieditori.it

La experiencia de Dios José Morales Ediciones Rialp Madrid, 2007 256 págs.

Los juicios derogatorios que en muchas corrientes filosóficas contemporáneas recibe la razón como instrumento idóneo para el conocimiento de la realidad han desembocado, con frecuencia, en la valoración

y exaltación sin precedentes de la emoción y de la «experiencia» como vías privilegiadas para dicho fin. Cierta psicología —a menudo en un nivel muy vulgar— ha exaltado el «tener experiencias» como el modo más rico y efectivo de «crecimiento» humano. En el ámbito angloparlante, «to have new experiences» ha llegado a constituir un criterio que valida casi cualquier cosa que el hombre quiera hacer con su vida. Todo lo cual está muy de acuerdo con el giro que durante el siglo XX tomó alguna filosofía, en cuyos dominios el subjetivismo se apoderó acríticamente del lugar que correspondía a lo subjetivo. El tema de la «experiencia» es, pues, un tema importante en todos los ámbitos y también, por cierto, en el de la teología y de la vida religiosa. Ya Rousseau, a fines del s. XVIII, llevado por su afán de autoexaltación literaria y utilizando el instrumento de la paradoja, que tan buenos resultados le proporcionó siempre, expuso en «la profesión de fe del vicario saboyano», incluida en el Emilio, los fundamentos de lo que hoy es, sobre todo para la juventud rica de los países industrializados, la única forma aceptable de religión. Esta, que de modo muy elocuente, lleva la impronta de la admiración por todo lo que en estas materias viene de Oriente, subraya la experiencia religiosa como el núcleo de esta dimensión de la vida humana, suponiendo —sin base, por cierto— que el Oriente vive una religión desvinculada de toda especulación racional y una ética ajena a toda sistematización del mismo orden. La mística de diversos sectores del hinduismo atrae irresistiblemente a muchos que no alcanzan a tener de ella un conocimiento cabal, y que no tienen, por cierto, noción alguna de la inmensa y rica tradición de Occidente en este terreno, que comienza, en los albores mismos de Europa, con San Agustín de Hipona e incluye a Santa Teresa de Ávila, a San Juan de la Cruz y a una multitud de otros. Frente a esta desafortunada situación hoy gravitante en Occidente, el libro de José Morales que aquí comentamos pone al alcance del público en general, en un lenguaje sencillo y accesible, los principales elementos del problema y algunas de las importantes respuestas a la cuestión de cómo devolver a la experiencia que el hombre tiene de Dios o, más en general, de lo numinoso, el lugar que ha tenido en el pasado de nuestra cultura, tan lastimosamente desconocido, y de rehabilitar la convivencia armoniosa entre experiencia religiosa, mística y razón que nos testimonian algunas grandes figuras, como San Agustín de Hipona, San

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Buenaventura, Santo Tomás de Aquino y tantos otros. José Morales tiene clara la cuestión fundamental en estas materias, a la que se refiere en su texto después de una fenomenología de la experiencia religiosa desarrollada en tres capítulos algo morosos: «La cuestión no es saber si los hombres tienen experiencias religiosas, porque sin duda las tienen. La cuestión importante es determinar si es razonable aceptar que esas experiencias versan sobre algo real, que esté sujeto a algún tipo de comprobación, o si, por el contrario, habrían de considerarse ilusorias» (cap. V, p. 118). La exposición de los problemas relacionados la hace Morales con acierto en el capítulo V del libro, quizá el más interesante y atingente de todos, en el cual efectúa un repaso de lo que las teologías católica y protestante han pensado al respecto. En el caso de la protestante, resulta interesante observar las oscilaciones entre subjetivismo y objetivismo (entre «sentimiento» y «razón») que se han producido en los cuatro siglos transcurridos desde Lutero. Se advierte siempre en ella la necesidad de defender el principio —objetivo— de la «sola fe»; pero la cuestión —subjetiva— de la «certeza de la salvación» actúa a modo de contrapunto. Se da en esta teología una oscilación —una tensión— que privilegia a veces la autoridad formal y última de la Biblia, a veces la razón (en el período racionalista de la historia de esta teología) y a veces, la experiencia. Por su parte, la teología católica reconoce la dificultad de conciliar experiencia y razón, o conocimiento racional y conocimiento «místico» o, en fin, objetividad de la fe y subjetividad de la experiencia religiosa (aunque, en este último punto, con modulaciones diferentes del caso protestante). El autor pasa revista a lo que a este respecto han escrito algunos de los principales teólogos católicos de los siglos XX y XXI, entre los cuales figuran Newman, Guardini, Mouroux, von Balthasar, Rahner y Ratzinger y expone cómo, luego de largos períodos de cautela sobre el significado de la experiencia y su relación con el conocimiento racional, se ha llegado a un tratamiento sistemático de la primera y a fórmulas que procuran cubrir la distancia entre ambas. En este punto, lo que escribe Ratzinger es particularmente interesante: «El camino de la fe comienza en experiencia sensible, y esta experiencia sensible se halla, en cuanto tal, cargada de fe, y de capacidad de trascendencia» (J. Ratzinger. Fe y experiencia. Teoría de los principios teológicos. Barcelona, 1985, p. 415, citado en la p. 162).

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Lo que podríamos llamar «solución católica» de los conflictos descritos se encuentra, según Morales, en la liturgia de la Iglesia. Ya algunos de los primeros teólogos católicos en tratar el tema de la experiencia, como Guardini, abordaron también, con gran maestría y profundidad, la importancia fundamental de la liturgia de la asamblea de los fieles, cuyo centro, la misa, integra el «logos» de la fe con la experiencia de lo inefable en su núcleo sacrificial y mistérico. Es esta íntima unión, en la misa católica, entre el «logos» y lo misterioso e inefable lo que, ausente en el mundo protestante, ha permitido al catolicismo armonizar lo que parecía contradictorio. Por cierto, lo que hay que destacar aquí es que la liturgia católica, centrada en la misa, es una actividad de Dios en la asamblea: lo que en esta tiene lugar es el punto de partida de la vida espiritual del cristiano y el punto de llegada adonde convergen, para la edificación común, todas las gracias individuales —y entre ellas, las que reciben los místicos en sus experiencias—. La Iglesia, que conserva y preserva el depósito de la fe, es quien se yergue como garante de la validez objetiva de las experiencias religiosas que brotan de la fe, vividas íntimamente —subjetivamente— por cada cristiano. Esta armonía entre individuo y colectividad y entre lo racional y lo suprarracional, fracturada en el protestantismo en tan diversas formas, es la clave de la solución de los problemas que trata este libro, el cual concluye con una breve enumeración de los criterios que permiten juzgar la autenticidad de las experiencias religiosas individuales: primero, el testimonio de Jesús en el Espíritu Santo (es decir, la referencia a Jesús y al Espíritu, presentes en la asamblea, como criterio para evaluar el carácter de las vivencias espirituales de los discípulos); segundo, la integridad eclesial (es decir, el enraizamiento auténtico y profundo de la vida individual en la Iglesia, que es la única que puede ayudar al individuo a discernir en este aspecto); y, tercero, la praxis cristiana (es decir, la coherencia entre lo experimentado y las obras del favorecido por la experiencia, según el principio evangélico «todo árbol se conoce por sus frutos», expresado también magníficamente por esa cumbre de la mística que es Santa Teresa de Ávila: «En los efectos y obras después se conocen estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse»). Augusto Merino Adquirir vía Internet en www.rialp.com


METHOL AHORA El Papa y el Filósofo Alberto Methol Ferré y Alver Metalli Editorial Biblos Buenos Aires, 2013 206 págs.

La imagen que resulta de esta larga entrevista a Methol Ferré es la de un “realista utópico”. Su sueño a partir de “Nexo”, la revista que fundó en 1955, es la unificación de América del Sur, la superación de las particularidades nacionales en una federación —que gira alrededor del binomio Argentina-Brasil— semejante a la norteamericana. Es el ideal de la generación de los Rodó, Vasconcelos, Ugarte, Fombona, Pereira y Calderón. “Para sobrevivir, América Latina debe hacer algo parecido a lo que hicieron los Estados Unidos de América, pero a partir de sí misma, de su propia originalidad de círculo cultural católico”. Hay que pasar de los “Estados desunidos del Sur” a los “Estados Unidos del Sur”, un proceso ineludible que se ve confirmado por el Mercosur, el Mercado común del sur. De esa integración la Iglesia solo puede obtener ventajas: “potencia el poder, y por lo tanto potencia la misión de la Iglesia al actuar en relación al poder del mundo. No me refiero al poder abstracto, sino a esa potestad que hace que los pueblos tengan horizontes vastos, que no sean meras provincias”. En el realismo de esta afirmación hay algo de “romántico”. Metalli recuerda que entre los autores de Methol se encuentra Friedrich Schlegel, a quien debe el encuentro con la gran tradición cristiana y sus palabras clave. En realidad Methol defiende la fe del pueblo sudamericano, y para ello reivindica también la parte más auténtica de la teología de la liberación. Tras la caída del ateísmo mesiánico, marxista, triunfa ahora —tal como lo vio Augusto Del Noce— el ateísmo libertino, enemigo de todo lo que es popular. El enemigo ha cambiado, ya no proviene del comunismo y ni siquiera de las sectas. “Las sectas cumplen un rol de redención de los estratos más expuestos como víctimas de la sociedad de consumo. Son como una cura: se expanden allí donde el ateísmo libertino genera mayor devastación o, desde otro punto de vista, tiene más éxito”. Frente a todo esto, frente a un proceso de secularización que acosa y disuelve la fe popular, Methol, que colaboró largamente con el CELAM, traza con lucidez las etapas de la Iglesia latinoamericana, desde Puebla hasta Santo Domingo. Un cuadro que se mueve entre esperanzas —“los tiempos están maduros para una teología y una filosofía de la historia cristiana, globalizante”— y pesimismo. “Nos encontramos en un momento de cansancio, es innegable. La generación que hizo el Concilio, prácticamente se ha extinguido. De Lubac, Von Balthasar, Congar, Chenu, Danièlou, Rahner… Fueron años de un esplendor intelectual entre los más elevados de la historia de la Iglesia. No veo movimientos intelectuales que se puedan comparar, ni siquiera como un eco”.

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En América Latina la declinación de la teología de la liberación no fue reemplazada por nada sólido. “En cierto sentido la ‘evaporación’ de la teología de la liberación ha disminuido el empuje del conjunto de la Iglesia latinoamericana para asumir la condición de los pobres con coraje. Creo que la Iglesia está pagando el precio de haberse librado demasiado fácilmente de la teología de la liberación, que hubiera debido hacer su mayor aporte después de la caída del comunismo, no apagarse con el marxismo. Hoy es urgente suplir su ausencia”. Una ausencia que no se refiere solo al pensamiento teológico, sino que también concierne al laicado organizado: “a veces alguien sopla sobre las cenizas y las brasas vuelven a crepitar. Pero hoy es así, solo quedan cenizas”. Se perfila entonces una tensión que no es fácil de resolver, entre el proyecto de unificación del continente “católico” y la realidad de una fe que asiste a la propagación del modelo hedonista de masas. Una tensión que hoy parece disolverse gracias al testimonio del primer papa latinoamericano, el amigo Bergoglio, que elegido como pontífice tomó el nombre de Francisco. Methol sabía que “la Iglesia es el único sujeto presente en el escenario del mundo contemporáneo que puede hacer frente al ateísmo libertino”. La noción de “experiencia”, como Luigi Giussani había captado con agudeza, es lo que falta en el pensamiento católico contemporáneo, porque el atractivo del cristianismo es más persuasivo que el mundano solo si es “experiencia” de una positividad que mueve al afecto y a la gratitud. Eso lo sabía Methol. Convertido en 1949 gracias a la lectura de Gilbert K. Chesterton, confesaba que “a través de él comprendí que la existencia es un don, como la salvación y la fe; que se es cristiano por gratitud”. Como nota Metalli, esto es “algo singular para una mente tan racionalizante”. Una mente que, en la densa entrevista, nos ofrece una visión de primer orden del panorama político, cultural y religioso de la América Latina de hoy. Massimo Borghesi Páginas Digital Adquirir vía Internet en www.editorialbiblos.com.ar

Queridos Yihadistas Philippe Muray Editorial Nuevo Inicio Granada, 2010 83 págs.

Antes de leer la primera línea de Queridos yihadistas, de Philippe Muray, mismo autor de El Imperio del Bien, ya sabemos que estamos ante un libro que será irónico. Porque escrito como fue poco después del atentado a las Torres Gemelas, solo de esta manera se puede llamar queridos a los seguidores de la Yihad. El título es la antesala para hacer una crítica seria y profunda a Occidente, el cual es el enemigo común del libro y de los yihadistas. Pero, desde dos visiones completamente distantes y opuestas.

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La carta a los yihadistas se va desenvolviendo como una crítica a ellos, porque con su atentado “Durante algunos días, nos habéis impedido no pensar en nada. No os lo perdonamos. Nos costará olvidarlo” (pág. 21). Es decir, con su acto terrorista se rompió ese silencio vacío de Occidente, y casi los obliga a pensar en otra cosa que no sea la nada. Es por eso que se los culpa de que


“con vuestras destrucciones comprometéis nuestras desconstrucciones. Con vuestras aniquilaciones interferís en nuestras nadificaciones” (pág. 26). El autor les habla a los que profesan la shahada desde Occidente como un occidental. Les va contando lo que ocasionaron con su atentado en nombre de la religión. Principalmente se detiene en explicar qué es lo que atacan —o creen atacar—, y a qué discusiones llevó inmediatamente después de sucedidos los hechos. Lo que se discutió inmediatamente después de la caída de las Torres fue si se celebraba Halloween o no. Muray nos cuenta que “en varias ciudades americanas, las autoridades escolares redactaron una circular sugiriendo que los niños escogieran disfraces positivos para la fiesta. Daos cuenta así, queridos Yihadistas, de hasta qué punto estamos blindados. A cualquier otra civilización, distinta de la nuestra, lo que nosotros llamamos positividad le habría puesto los pelos de punta. Pero nosotros los occidentales nos hemos dotado hasta de los medios para hacer callar a los que se atrevieran aún a hacernos notar que vivimos en una película de miedo” (pág. 36). Con lo que se llega al punto neurálgico del libro. Qué es Occidente, qué es lo que se atacó ese 11 de septiembre de 2001. Qué es esta civilización que hace callar a los que se atreven a despertarla. Una primera respuesta nos da ya un esbozo de lo que Philippe nos irá mostrando como respuesta a las interrogantes planteadas: “Porque es urgentísimo, una vez más, que no sepamos qué es nuestro mundo para ponernos a defenderlo como si fuera la continuación de algo” (pág. 46). Es decir, Occidente se desvinculó justamente de lo que lo fundó e hizo grande, y por lo mismo se convirtió en algo sin-forma, de lo cual no se puede saber qué es. Por esto es que les enrostra a los Yihadistas que, “cabalgando en vuestros elefantes de hierro y fuego, habéis entrado con furia en nuestra tienda de porcelana. Pero es una tienda de porcelana cuyos propietarios, desde hace mucho tiempo, se propusieron hacer añicos todo lo que había allí atesorado. Es más, sobreviven solo para eso. Vosotros los habéis perturbado. Sois los primeros demoledores que atacan a los destructores; los primeros bárbaros que la toman con los vándalos; los primeros incendiarios que compiten con los pirómanos” (pág. 25). Es decir, se ataca a una civilización que se empeña por autodestruirse, a la que por lo mismo poco daño se le puede hacer. En el momento post-histórico en que se encuentra Occidente, el del último hombre de Fukuyama —cita-

do por el autor—, se peleará y combatirá contra este atentado. En una especie de cántico del por qué se hará encontramos estas inteligentes afirmaciones: “pelearemos sin fin porque el fin ocurrió hace mucho tiempo y ni siquiera nos acordamos de ello. Pelearemos por el placer de haber olvidado nuestro propio fin… Y venceremos. Evidentemente. Porque nosotros somos los más muertos” (pág. 73). En último término, el libro que reseñamos es recomendable porque no solo se queda en la ironía y las figuras llamativas que dan vida a la exposición; no solo se fija en lo que escribió la prensa de ese entonces y lo explica y ridiculiza, sino que yendo más allá de eso, este pensador y ensayista francés que murió apenas a los 56 años de edad, nos da una radiografía profunda de lo que pasa actualmente en Occidente, de cómo se llegó al estado de nadificación del que habla, y del cómo vivimos inmersos en eso sin darnos cuenta de ello, y sin hacer mucho. Por tanto, es un libro ilustrativo, iluminador e interpelante para nuestra civilización. Una mirada e intelección filosófica expuesta en una elegante y entretenida carta a los Queridos Yihadistas. Miguel Ángel Contreras Adquirir vía Internet en www.nuevoinicio.es

Ética de la libertad Jorge Peña Vial Instituto Respublica Santiago de Chile, 2013 281 págs.

El libro que se reseña es una selección de doce ensayos, algunos de ellos publicados en revistas filosóficas, y otros inéditos, que constituyen una colección destina-

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da, como asegura el autor en el prefacio, a servir a la formación de líderes juveniles (cfr. p. 9). Jorge Peña Vial ha sido profesor de filosofía por más de treinta años, y estos ensayos son la expresión de un pensamiento maduro, personal y enérgico. No es un libro erudito; pero tampoco es meramente de divulgación. No está escrito en un lenguaje incomprensible; de hecho, es de fácil lectura; pero su público no es simplemente un lector inculto. En síntesis: el autor analiza de un modo sencillo problemas difíciles, pero es necesario hacer un esfuerzo de comprensión. Los títulos de los ensayos son sumamente expresivos: “Estrategias libertarias”; “Tolerancia y verdad”; “Heroísmo y utopía (o de la esperanza)”, etc. Ellos pueden ser leídos de modo independiente, pero presentan una unidad en torno al problema de la libertad. Sin embargo, es principalmente el ensayo VII, titulado “La contextura ética de la libertad”, donde vemos palpitar con más vigor el núcleo respecto al cual gira la obra. Para toda persona deseosa de lograr una buena formación respecto al problema de la libertad, es un agrado recorrer las páginas de este libro e ir asumiendo, una a una, las claves de orientación que nos regala Peña. He aquí algunas: “Los enemigos de la libertad ya no son las ideologías totalitarias, sino el uso cada vez más banal de una libertad abocada a bagatelas de poca monta y escasa proyección, el aburrimiento, el hastío, la anomia cultural y espiritual, la frivolidad y el conformismo” (p. 259)”. “La libertad se construye a partir de los constreñimientos y dependencias que experimenta, pero que a la vez, utiliza, transforma y orienta. Las definiciones de libertad que no tengan en cuenta estos determinismos y constreñimientos simplemente son vacías y utópicas” (p. 105) La obra de Jorge Peña es un valioso aporte, pues constituye una invitación a profundizar en este tópico del que se habla mucho pero se piensa poco. Así, por ejemplo, y a guisa de comentario, nos encontramos con denuncias como la del filósofo canadiense Charles Taylor, quien asegura que hoy en día la autonomía sigue siendo ese valor primordial del que emana la dignidad del hombre como lo habían fundamentado los modernos (paradigmáticamente, I. Kant); pero la fundamentación del regiomontano fue borrada de un plumazo, y por libertad se entiende ahora hacer lo que a uno le dé la gana (en términos kantianos en la heteronomía y no en la autonomía). Lo que cada cual decida mientras no dañe al del lado. “Lo que yo siento, lo que yo quiero, lo que yo

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elijo”. Es decir, esta postura sigue legitimándose a través del prestigio de la antigua noción de autonomía a la que, paradójicamente, traiciona en su contenido. La libertad tal como se entiende hoy en día es un concepto ilegítimo, un travesti de la autonomía en la versión kantiana. Y mientras no tenga su propia fundamentación racional, y deje de parasitar de la concepción que traiciona, no puede ser una justificación razonable para decisiones que se ciñen a la filosofía moral. Sin embargo, nuestro autor no pretende hacer un estudio de la libertad revitalizando las fundamentaciones modernas, sino que expresa con fuerza la tradición clásica de la que es portador (“La libertad es una propiedad de la persona y no el fundamento de su ser ni de su dignidad” p. 105). Así, y de la mano de una amplia literatura consultada (autores como R. Spaemann, P. Ricoeur, J. Pieper, L. Polo, etc.), Jorge Peña le añade a la filosofía aristotélico-tomista una perspectiva que ayuda a obtener un mejor tratamiento del problema. El propósito del libro queda mejor iluminado cuando se advierte que esta colección de ensayos no es mero estudio sobre los fundamentos metafísicos o antropológicos de la libertad, sino que el motor desde el cual arranca el análisis debe remitirse a uno de los más grandes amores y preocupaciones de Jorge Peña: la educación, el cómo hacer un buen uso de la libertad. Ello queda expresado en frases del tipo: “la educación moral, en este sentido, consiste en aludir a los fines y despertar en el ánimo la ilusión de alcanzarlos. No se puede educar al que carece de ilusión, alegría o esperanza” (p. 261). “Lo que tenemos que aprender —lo que es especialmente perentorio en la educación de la juventud— es cómo elegir bien, sobre la base de juicios que sean genuinamente racionales y genuinamente nuestros, de modo que nuestras elecciones contribuyan a desarrollar nuestras capacidades” (p. 149). Recomendar la lectura de este libro, sobre todo a la gente joven, es casi una obligación, debido a que el conocimiento superficial que se tiene de la libertad es lamentable, principalmente en una amplia porción de la sociedad contemporánea. Frente a tanto bodrio que se escribe y que surge de vez en cuando de labios de comunicadores sociales, esta obra que comentamos supone un aporte de gran valor a los estudios sobre filosofía moral. Andrés E. Vergara Ross Adquirir vía Internet en www.respublica.cl


El precio a pagar Joseph Fadelle Ediciones Rialp Madrid, 2012 207 págs.

El autor, Joseph Fadelle, se llamaba originariamente Mohammed Mossaoui, de la nobleza chiita en Irak. Se cambió de nombre definitivamente cuando huyó de Irak, con su esposa y dos niños pequeños, ante el peligro inminente de ser asesinado por su conversión al cristianismo. Lo increíble de esta historia, ocurrida entre los años 87 y 90, es que este joven iraquí estuvo a punto de ser ejecutado por sus propios parientes. Cuando estos descubrieron que asistía regularmente a la Iglesia los domingos, su reacción fue enviarlo a una cárcel secreta donde fue torturado durante tres meses y estuvo a punto de morir después de una operación. Repentinamente esta cárcel se cerró por vicisitudes internas del régimen y él quedó en libertad. Su familia, con un cinismo increíble, celebró una fiesta de varios días en su honor, simulando que ellos no habían tenido nada que ver en el asunto. Mohammed siguió enfrentando peligros extremos por su decisión irrevocable hasta que autoridades de la propia Iglesia lo convencieron de huir a Jordania, adonde también fue seguido por parte de su familia para matarle, y finalmente con su esposa y sus hijos huyeron a París donde lograron establecerse y ser una familia más de emigrantes que recibieron el bautismo católico. Este libro plantea muchos interrogantes. Por un lado, el camino de conversión de Mohammed que se topó en el ejército con un cristiano que le invitó a leer “reflexivamente” el Corán. Esta lectura lo dejó escandalizado por la forma de vida del profeta y sus enseñanzas. Pos-

teriormente lee el Evangelio, se fascina con la figura de Jesús, se compromete a seguirlo y hacerse bautizar a toda costa. Entonces, antes de ser perseguido por los suyos, vive una experiencia muy dura, porque en ninguna iglesia de Bagdad acceden a bautizarlo. Le costó mucho asimilar que en Irak estaban apenas permitidas las comunidades cristinas con sus sacerdotes, formadas por descendientes de antiguas tribus, pero les estaba prohibida la evangelización. Convertir a un musulmán era castigado con la muerte. Mohammed logra convencerlos de su fe recta y fuerte, hace amistad con los cristianos y finalmente logra bautizarse en Jordania con su mujer y sus dos pequeños hijos. La mujer, a su manera, también había sufrido mucho, porque se resignó a perder patria y familia en forma irrevocable. Mucha gente de la Iglesia, convencidos ya de su buena fe, arriesgan todo por sacar adelante a esta familia especial. Sus muchas vicisitudes dan a entender a un lector occidental los grandes sufrimientos, tan silenciados por la prensa, del cristianismo en esos países. Pero lo que más impresiona es la fe del protagonista, que pasa por encima de todo por la decisión de seguir a Jesús y una leve esperanza de ser bautizado. Cualquiera habría pensado que no tenía obligación de arriesgarse más y que podía mantener su cristianismo en el fuero interno. Él sigue aferrado a la dulce sentencia que oyera en sueños: “para comer el Pan de vida tienes que atravesar un río”. Mohammed, alto y fornido —sobre todo al principio del libro, porque después queda hecho un guiñapo—, es todo un carácter. Tiene mal genio y en una ocasión se pelea con un hombre que no quiere descalzarse para subir a reparar un altar. Lo golpea tan fuerte que le rompe un brazo y ocasiona un descalabro en la pequeña comunidad. Consternación del obispo, buen amigo suyo, que tanto se había esforzado en conseguirle un trabajo. El libro termina ¿bien? porque los iraquíes están a salvo en París, pero el autor confiesa que no puede dejar de pensar que su familia tiene la culpa de todo lo que ha ocurrido, sus sufrimientos y su exilio. “Cada día lucho contra esa amargura que sé perfectamente que no es cristiana”. Elena Vial Adquirir vía Internet en www.rialp.com

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Sobre los Autores REINHARD HÜTTER. Profesor de Teología en Divinity School, Duke University, EE.UU. Autor de Reason and the Reasons of Faith, entre otros. JOSEPH RATZINGER. Al momento de pronunciar esta conferencia, el autor —a partir de abril 2005 Papa Benedicto XVI— era catedrático en la Universidad de Tubinga. IGNACIO SÁNCHEZ DÍAZ. Médico. Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile. CARDENAL ZENON GROCHOLEWSKI. Prefecto de la Congregación para la Educación Católica. JUAN DE DIOS VIAL CORREA. Ex rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ex presidente de la Pontificia Academia para la Vida. Miembro de Número de la Academia de Ciencias del Instituto de Chile. Miembro del Comité Editorial de revista HUMANITAS. PEDRO PABLO ROSSO. Médico. Ex rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile. RAÚL IRARRÁZABAL COVARRUBIAS. Arquitecto. Presidente de la Asociación Chilena de la Orden de Malta. Miembro del Consejo de Consultores y Colaboradores de revista HUMANITAS. JEAN-LOUIS BRUGUÈS O.P. Obispo emérito de Angers. Archivista y Bibliotecario de la Santa Iglesia. Miembro del Consejo de Consultores y Colaboradores de revista HUMANITAS. DARWIN ARTURO MUÑOZ BUITRAGO, ARMANDO ROJAS CLAROS, FRANCY LILIANA GARNICA RÍOS. Docentes e investigadores de la Universidad Católica de Colombia y la Universidad Santo Tomás de Bogotá. ENRIQUE CATTANEO. Sacerdote jesuita. Redactor de la revista romana La Civiltà Cattolica. El presente texto fue originalmente publicado en La Civiltà Cattolica 3901. COMITÉ EDITORIAL DE HUMANITAS

CARDENAL ANGELO SCOLA. Patriarca de Venecia entre 2002 y 2011, actualmente Arzobispo de Milán. Ex rector de la Pontificia Universidad Lateranense. Miembro del Consejo de Consultores y Colaboradores de revista HUMANITAS. MOVIMIENTOS APOSTÓLICOS EN EL AÑO DE LA FE Padre José Luis Correa. Sacerdote de Schoenstatt. José Manuel Eguiguren Guzmán. Fundador Movimiento Apostólico Manquehue. Padre Martino di Carli. Responsable de Comunión y Liberación en Chile. Miembro de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo. Padre Xavier Castro, LC. Director territorial de los Legionarios de Cristo en Chile y Argentina. Javier de la Flor. Superior del Sodalicio de Vida Cristiana en Chile. Esther Gómez de Pedro. Cruzadas de Santa María, Chile. Juan Figueras - María Teresa Garciandía de Figueras. Responsables en Chile del Camino Neocatecumenal. RAÚL MADRID. Profesor de la Facultad de Derecho y Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. JAIME ANTÚNEZ ALDUNATE. Director de Revista HUMANITAS. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. AUTORES EN PANORAMA

Mons. Dominique Rey. Obispo de Fréjus-Toulon (Francia).

José Luis Restán. Periodista Español. Redactor de Páginas Digital. Alver Metalli. Periodista y escritor italiano.

Julián Carrón. Presidente de Comunión y Liberación. Vittorio Messori. Escritor, especialista en asuntos vaticanos.

Patricia Gonelle. Master en Ciencias Políticas.

Jaime Antúnez. Director de Revista HUMANITAS. Doctor en Filosofía. Miembro de número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Hernán Corral. Doctor en Derecho. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Samuel Fernández. Doctor en Teología. Ex decano y profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Director del Centro de Estudios Padre Alberto Hurtado. Gabriel Guarda O.S.B. Abad emérito del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes. Premio Nacional de Historia 1984. Miembro de número de la Academia de la Historia, del Instituto de Chile. René Millar. Doctor en Historia. Ex decano de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la P.U.C. y profesor titular del Instituto de Historia. Miembro de número de la Academia de la Historia, del Instituto de Chile. Pedro Morandé. Doctor en Sociología. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la P.U.C. Miembro de número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Ricardo Riesco. Doctor en Geografía. Rector de la Universidad San Sebastián. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Francisco Rosende. Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica de Chile. Master of Arts en Economía, Chicago. Juan de Dios Vial Correa. Ex rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ex Presidente de la Pontificia Academia para la Vida. Miembro de Número de la Academia de Ciencias del Instituto de Chile. Juan de Dios Vial Larraín. Ex rector de la Universidad de Chile. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 1997. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Arturo Yrarrázaval. Doctor en Derecho. Ex Decano de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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HUMANITAS Revista de Antropología y Cultura Cristianas Publicación trimestral de la Pontificia Universidad Católica de Chile La revista HUMANITAS nace de la conveniencia de que la Universidad disponga para el servicio de la comunidad universitaria y de la opinión pública en general, de un órgano de pensamiento y estudio que busque reflejar las preocupaciones y enseñanzas del Magisterio Pontificio (Decreto Rectoría Nº 147/95, visto 2º). DIRECTOR Jaime Antúnez Aldunate COMITE EDITORIAL Hernán Corral Talciani Samuel Fernández Eyzaguirre Gabriel Guarda, O.S.B. René Millar Carvacho Pedro Morandé Court Ricardo Riesco Jaramillo Francisco Rosende Ramírez Juan de Dios Vial Correa Juan de Dios Vial Larraín Arturo Yrarrázaval Covarrubias SECRETARIA DE REDACCIÓN Marta Irarrázaval Zegers CONSEJO DE CONSULTORES Y COLABORADORES Presidente Honorario: S.E.R. Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa. Arzobispo Emérito de Santiago. Héctor Aguer, Anselmo Álvarez, O.S.B., Carl Anderson, Andrés Arteaga, Francisca Alessandri, Antonio Amado, Felipe Bacarreza, Rémi Brague, Jean-Louis Bruguès, O.P., Rocco Buttiglione, Massimo Borghesi, Carlos Francisco Cáceres, Cardenal Carlo Caffarra, Cardenal Antonio Cañizares, Jorge Cauas Lama, Guzmán Carriquiry, William E. Carroll, Alberto Caturelli, Cesare Cavalleri, Fernando Chomali, Francisco Claro, Ricardo Couyoumdjian, Mario Correa Bascuñán, Francesco D’Agostino, Adriano Dell’Asta, Vittorio di Girolamo, Carmen Domínguez, José Manuel Eguiguren, Carlos José Errázuriz, José María Eyzaguirre, Jesús Colina, Luis Fernando Figari, Juan Ignacio González, Stanislaw Grygiel, Gonzalo Ibáñez Santa-María, Raúl Hasbun, Henri Hude, José Miguel Ibáñez, Raúl Irarrázabal, Lydia Jiménez, Paul Johnson, Jean Laffitte, Nikolaus Lobkowicz, Alfonso López Quintás, Alejandro Llano, Raúl Madrid, Javier Martínez Fernández, Patricia Matte Larraín, Carlos Ignacio Massini Correas, Mauro Matthei, O.S.B., Cardenal Jorge Medina, Livio Melina, Augusto Merino, Dominic Milroy, O.S.B., Fernando Moreno Valencia, Rodrigo Moreno Jeria, José Miguel Oriol, Francisco Petrillo, O.M.D., Bernardino Piñera, Aquilino Polaino-Lorente, Rodrigo Polanco, Cardenal Paul Poupard, Javier Prades, Dominique Rey, Florián Rodero L.C., Alejandro San Francisco, Romano Scalfi, Cardenal Angelo Scola, David L. Schindler, Josef Seifert, Gisela Silva Encina, Robert Spaemann, Paulina Taboada, William Thayer Arteaga, Olga Ulianova, Luis Vargas Saavedra, Miguel Ángel Velasco, Juan Velarde Fuertes, Aníbal Vial, Pilar Vigil, Richard Yeo, O.S.B.

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Andrés Arteaga: Obispo Auxiliar de Santiago. Profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. (UC) Francisca Alessandri: Profesora de la Facultad de Periodismo, UC. Antonio Amado: Profesor de Metafísica de la Universidad de los Andes. Felipe Bacarreza: Obispo de Los Ángeles, Chile. Carlos Francisco Cáceres: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Jorge Cauas Lama: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Fernando Chomali: Arzobispo de Concepción. Miembro de la P. Academia Pro Vita. Francisco Claro: Decano Facultad de Educación, UC. Ricardo Couyoumdjian: Profesor del Instituto de Historia, UC. De la Academia de la Historia del Instituto de Chile. Mario Correa Bascuñán: Secretario General de la Pontificia Universidad Católica. Profesor de la Facultad de Derecho, UC. Carmen Domínguez: Abogado, Directora del Centro UC para la Familia. Vittorio di Girólamo: Profesor de la Universidad Gabriela Mistral. José Manuel Eguiguren Guzmán: Fundador del Movimiento Apostólico Manquehue Carlos José Errázuriz: Consultor Congregación para la Doctrina de la Fe. Profesor de la Pontificia Università della Santa Croce. José María Eyzaguirre: Profesor de la Facultad de Derecho, UC. Jesús Colina: Director de Aleteia. Juan Ignacio González: Obispo de San Bernardo, Chile. Raúl Hasbun: Sacerdote de Schöenstatt. Profesor del Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Gonzalo Ibáñez Santa-María: Profesor y ex rector de la Universidad Adolfo Ibáñez. José Miguel Ibáñez Langlois: Teólogo y poeta. Raúl Irarrázabal Covarrubias: Arquitecto. Presidente de la Asociación Chilena de la Orden de Malta. Raúl Madrid: Profesor de la Facultad de Derecho, UC. Patricia Matte Larraín: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Presidenta de la Sociedad de Instrucción Primaria. Mauro Matthei, OSB: Sacerdote y monje benedictino. Historiador. Cardenal Jorge Medina: Prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Augusto Merino: Cientista político, profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez. Fernando Moreno: Filósofo, director del programa de Ciencia Política de la Universidad Gabriela Mistral. Rodrigo Moreno Jeria: De la Academia Chilena de la Historia. Bernardino Piñera: Arzobispo Emérito de La Serena. Rodrigo Polanco: Presbítero, profesor de la Facultad de Teología de la UC. Alejandro San Francisco: Profesor del Instituto de Historia, UC. Gisela Silva Encina: Escritora. Paulina Taboada: Médico. Miembro de la Pontificia Academia Pro Vita. William Thayer Arteaga: De la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile. Olga Uliánova: Doctora en Historia por la Universidad de Lomonosov, Moscú. Investigadora de la Universidad de Santiago. Luis Vargas Saavedra: Profesor de la Facultad de Letras, UC. Aníbal Vial: Ex rector Universidad Santo Tomás. Pilar Vigil: Médico. Miembro de la Pontificia Academia Pro Vita.

Héctor Aguer: Arzobispo de la Plata, Argentina. Anselmo Álvarez, OSB: Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos. Carl Anderson: Caballero Supremo de los Caballeros de Colón. Rémi Brague: Premio Ratzinger 2012. Titular cátedra Romano Guardini, Universidad de Munchen. Jean-Louis Bruguès, OP: Archivista y bibliotecario de la Santa Iglesia. Obispo emérito de Angers, Francia. Massimo Borghesi: Filósofo italiano. Catedrático de la Universidad de Perugia. Rocco Buttiglione: Filósofo político italiano. Cardenal Carlo Caffarra: Arzobispo de Bolonia. Cardenal Antonio Cañizares: Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Guzmán Carriquiry: Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina. William E. Carroll: Profesor en la Facultad de Teología de la Universidad de Oxford. Alberto Caturelli: Filósofo argentino. Cesare Cavalleri: Director de Studi Cattolici, Milán. Francesco D’Agostino: Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Tor Vergata de Roma. Ex Presidente del Comité Nacional de Bioética en Italia. Adriano Dell’Asta: Profesor de la Universidad Católica de Milán. Luis Fernando Figari: Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Lima. Stanislaw Grygiel: Filósofo polaco. Titular de la Cátedra Juan Pablo II en la Universidad Lateranense, Roma. Henri Hude: Filósofo francés. Ex rector del Colegio Stanislas, París. Lydia Jiménez: Directora General del Instituto Secular Cruzadas de Santa María. Paul Johnson: Historiador inglés. Jean Laffitte: Obispo de Entrevaux. Secretario del Consejo Pontificio para la Familia. Nikolaus Lobkowicz: Director del Instituto de Estudios de Europa del Este y Central de la Universidad de Eichstätt, Alemania. Alfonso López Quintás: Filósofo español. Miembro de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Alejandro Llano: Filósofo español. Javier Martínez Fernández: Arzobispo de Granada, España. Carlos Ignacio Massini Correas: Catedrático de la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina. Livio Melina: Presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Dominic Milroy, OSB: Monje de Ampleforth, ex-rector de Ampleforth College, York, Gran Bretaña. José Miguel Oriol: Presidente de Editorial Encuentro, Madrid. Francesco Petrillo, OMD: Superior General de la Orden de la Madre de Dios. Aquilino Polaino-Lorente: Psiquiatra español. Cardenal Paul Poupard: Presidente emérito del Pontificio Consejo de Cultura. Javier Prades: Rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, Madrid. Miembro de la Comisión Teológica Internacional. Dominique Rey: Obispo de Frejus-Toulon, Francia. Florián Rodero L.C: Profesor de Teología del Ateneo Regina Apostolorum en Roma. Romano Scalfi: Director del Centro Rusia Cristiana, Milán. Cardenal Angelo Scola: Arzobispo de Milán. Josef Seifert: Es Rector de la Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein desde 1986, y desde 2004 en Chile, IAP-PUC. David L. Schindler: Director del Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre Matrimonio y Familia, Washington D.C. Robert Spaemann: Filósofo alemán. Miguel Ángel Velasco: Director de Alfa y Omega, Madrid. Juan Velarde Fuertes: De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales (1992). Richard Yeo, OSB: Abad Presidente de la Congregación Benedictina de Inglaterra.


Joseph Ratzinger ¿QUÉ ES EL HOMBRE? Reinhard Hütter LA UNIVERSIDAD CONTEMPORÁNEA ANTE LA PROFÉTICA PROVOCACIÓN DE NEWMAN

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R E V I S T A DE A n t r op ol o g í a y C u lt u r a C r i s t i a n a s / N º 7 2 / A ÑO X V I I I

AÑO XVIII

EN LOS 125 AÑOS DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

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HUMANITAS 72  

Primavera 2013. Año XVIII. En portada: Cristo, Casa Central Pontificia Universidad Católica de Chile.

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