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“Nacida el 8 de diciembre de 1862 en el seno de una familia acomodada en la hacienda de Jesús María en San Luis Potosí, México, fueron sus padres don Octaviano Cabrera Lacavex y doña Clara Arias Rivera. Concepción, llamada familiarmente Conchita, sentiría desde muy temprano un ardiente deseo de perfección, deseo que desarrollaría con asombrosa naturalidad, frescura y sencillez a través de una vida muy normal de esposa, madre de familia y inalmente abuela“. (Secuencia de retratos de Concepción Cabrera a lo largo de su vida).

de haber conversado con sus hijos, familiares y otros testigos, Vida y obra de Concepción elaboró un libro con el signiicativo título de “Conchita, diario Cabrera resuenan como un espiritual de una madre de familia” (1974). Contiene tanto la admirable contrapunto en vida como los grandes temas doctrinales de esta extraordinaria una época en que la Iglesia mística y a la vez mujer de acción, cuyo proceso de beatiicación en México era despojada se sigue en Roma a partir de 1959. La Congregación para la Causa y humillada y los valores de los Santos aprobó el decreto en 1986. El 19 de octubre de 1999 cristianos sufrían público un congreso de teólogos presidido por el cardenal Alfonso López escarnio. Ella decía: “Hacer a Trujillo declaró que “la sierva de Dios María de la Concepción Cabrera otros felices es ser feliz, esparcir había observado las virtudes teologales, las cardinales y las anexas en en torno nuestro la alegría, es forma heroica”. El 20 de diciembre de 1999 el Papa Juan Pablo II poseer la fuente de ella”. Su honda mística, alimentada del la reconoció como “Venerable”. Nacida el 8 de diciembre de 1862 en el seno de una familia aco- misterio de la Trinidad y de la modada en la hacienda de Jesús María en San Luis Potosí, México, Cruz, basada en la imitación de fueron sus padres don Octaviano Cabrera Lacavex y doña Clara María y en la total conianza en Arias Rivera. Concepción, llamada familiarmente Conchita, sen- el Espíritu Santo, podrá inspirar tiría desde muy temprano un ardiente deseo de perfección, deseo a muchas generaciones. que desarrollaría con asombrosa naturalidad, frescura y sencillez a través de una vida muy normal de esposa, madre de familia y inalmente abuela. Siempre sabía conjugar bien lo divino y lo humano: oraba a Jesús y se adornaba para su novio, Francisco Armida, originario de Monterrey, con quien se casaría el 8 de noviembre de 1884. Una sorprendente síntesis de su espiritualidad la encontramos en las propias palabras de Conchita: “A mí nunca me inquietó el noviazgo en el sentido de que me impidiera ser menos de Dios. Se me hacía tan fácil juntar las dos cosas. Al acostarme, ya cuando estaba sola, pensaba en Pancho y después en la Eucaristía, que era mi delicia. Todos los días iba a comulgar y después a verlo pasar. El recuerdo de Pancho no me impedía mis oraciones, me adornaba y componía sólo para gustarle a él. Iba a los teatros y a los bailes con el único in de verlo. Todo lo demás no me importaba”. Entre 1885 y 1899 el matrimonio tuvo nueve hijos, dos de los cuales serían religiosos. En 1901 fallecería su esposo, siempre amado y recordado por ella como un hombre ideal. Ya antes de esto había iniciado dos de las cinco “Obras de la Cruz” que había concebido en sus largas horas de intimidad con Jesús: en 1894 había fundado el “Apostolado de

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Humanitas 58  
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