Page 100

En el Bicentenario 1810-2010

y culturales. En ambos casos, se produce una reducción de la fe con el consecuente encierro endogámico. Se atenta contra la universalidad del mensaje cristiano. Este desafío conlleva una profunda autocrítica comunitaria a la luz del Evangelio, del Magisterio, de la Tradición y de la doctrina social de la Iglesia. En este camino, puede ayudar justamente el conocer mejor qué es lo que piensan las distintas comunidades escolares. Cómo se perciben a sí mismas y a los demás miembros de la comunidad eclesial. Es importante recuperar algunas instancias intergrupales y sociales de organización pastoral. Ésta no puede dividirse por sectores de pertenencia. Las escuelas católicas, no todas seguramente pero sí muchas, tienen que estar preparadas para integrar lo diverso y constituirse en espacios de comunión. También hay que desarrollar una pastoral para los mismos diri- Si una nueva pastoral gentes y docentes católicos que se encuentran hoy marcados por educativa de esta ideologías diversas, entremezclando su fe con posiciones secu- naturaleza se pudiera laristas sobre los más diversos temas, en especial la dimensión coordinar sobre la base de pública y privada de la educación, o las disputas entre mercado un sustrato cultural cristiano, y Estado, o las nociones de justicia y libertad educativas. Estos sin duda se podrá augurar un debates actuales maniiestan precisamente el espacio reducido inicio de milenio marcado por del humanismo y de las pedagogías cristianas, aun en el propio una educación católica que pensamiento católico. Éste es un tema muy complejo y luctuante reencontrará un camino que merecería una consideración aparte y constituye un desafío viable de desarrollo en nuestra constante para los pastores de América Latina. región. A partir de aquí La educación católica latinoamericana tiene que pensar cómo recuperará su dinamismo, no evangelizar a los ricos y a los pobres, a las culturas urbanas y sólo cualitativo, sino, como rurales, a los pueblos originarios, entre otros, de tal forma que, suele suceder en lo humano, aunque no se desconozca la riqueza de cada manifestación cultu- también cuantitativo. ral, se tiendan puentes que permitan hablar al menos de culturas El escepticismo y el relativismo cristianas abiertas a los otros, o sea, signadas por la idelidad a la de nuestras sociedades es un verdad (no a “su” verdad) y al ejercicio de la caridad en comu- campo fértil para dar testimonio nión. Todo lo otro es secularismo, inmanentismo y fragmentación de la verdad y de la caridad interna de la propia Iglesia. en un diálogo inteligente y Si una nueva pastoral educativa de esta naturaleza se pudiera profundo, no funcionalista, con coordinar sobre la base de un sustrato cultural cristiano, sin duda las culturas latinoamericanas. se podrá augurar un inicio de milenio marcado por una educación católica que reencontrará un camino viable de desarrollo en nuestra región. A partir de aquí recuperará su dinamismo, no sólo cualitativo, sino, como suele suceder en lo humano, también cuantitativo. El escepticismo y el relativismo de nuestras sociedades es un campo fértil para dar testimonio de la verdad y de la caridad en un diálogo inteligente y profundo, no funcionalista, con las culturas latinoamericanas. ¿Tomará la Iglesia en América Latina conciencia de esta situación? ¿Vislumbrará los caminos señalados u otros que puedan ensayarse? ¿La educación católica se dejará iluminar por el Espíritu de la Verdad y del Amor habiendo cruzado los umbrales del tercer milenio? ¿Será verdaderamente discípula y misionera? Las respuestas a estas preguntas probablemente las darán los historiadores de la educación católica latinoamericana dentro de muchos años.

H 301

Humanitas 58  
Humanitas 58