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provocación. Las investigaciones determinarán si es cierto o falso lo que dice. Sin embargo, la realidad es que los hombres del gobernador neo perredista, los encargados de aplicar la fuerza pública, abusaron de ella, reprimieron alevosamente a los estudiantes, crearon dos mártires y le echaron gasolina al fuego de la indignación de los normalistas rurales -de la izquierda radical y tradicionalmente revoltosos.

Se les escapó violencia de las manos Los policías preventivos y los ministeriales estatales podían haber controlado los brotes de violencia normalista sin llegar al derramamiento de sangre, pero no su-

pieron o no quisieron. Predomina la hipótesis de que tenían órdenes precisas. Y las únicas órdenes que ellos obedecen son las que emanan del gobernador. Una versión explica el porqué de los sangrientos resultados: Los estudiantes fueron reprimidos por efectivos del operativo Guerrero Seguro “que combate a delincuentes” en lugar de utilizar un grupo antimotines. La versión oficial es que los normalistas secuestraron dos autobuses de pasajeros, usaron bombas molotov, dispararon armas de alto calibre –de las usadas por los sicarios- e incendiaron la bomba de una gasolinería. Hay un empleado gravemente lesionado. Las autoridades estatales afirman que a Gerardo Torres Pérez se le decomisó un arma larga AK47 y que las pruebas forenses revelan que la disparó. Para el gobierno de Guerrero los normalistas de Ayotzinapa y de otras entidades escuchan el canto de las sirenas marxistas, y asociados con “maestros” que prefieren el alboroto y las armas a la disciplina y la enseñanza, pretenden iniciar la revolución del siglo XXI.

HuellasdeMéxico

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huellas 402  

revista politica

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