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Areíto

Zona de la Cultura y de las ideas

www.hoy.com.do Editor: Bavegado Diseño: Carla González SÁBADO 1.02.2014

Hoy revolución significa echar el freno de emergencia Pág 2

JOSÉ LEZAMA LIMA

Y LA ISLA VACÍA

Página 3

LA BATALLA PRESENTE DE MANOLO TAVÁREZ

Crítica a la crítica de los críticos

UNA MURALLA protege

50 años después de haber sido fusilado junto a sus compañeros por un contingente del Ejército Dominicano...Manolo Tavárez sigue combatiendo más allá de su desaparición física. Página5

...es tan ridículo ver cómo ciertos críticos se empeñan en ejercer su oficio empecinados en negar la sindéresis, que no es otra cosa que la capacidad natural para juzgar rectamente.

Aquella mañana del sábado 11 de septiembre de 1963, casi al mediodía, un grupo de 32 muchachos de Villa Juana decidimos formar el Club Deportivo y Cultural Mauricio Báez. Página8

Página6

a Villa Juana


HOY

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Sábado 1 de febrero de 2014

Zona Areíto Areito

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Charles John Huffam Dickens (Novelista inglés) Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes. LA GUÍA

Leonardo Boff

LIBROS

Hoy revolución significa echar el freno de emergencia

S

e atribuye a Karl Marx esta frase pertinente: «sólo se hacen las revoluciones que se hacen». Es decir, la revolución no se configura como un acto subjetivo y voluntarista. Cuando ocurre así, es pronto vencida por inmadura y falta de consistencia. La revolución sucede cuando las condiciones de la realidad están objetivamente maduras y simultáneamente existe en los grupos humanos el deseo subjetivo de quererla. Entonces, irrumpe, con la posibilidad, no siempre segura, de vencer y consolidarse. Actualmente tendríamos todas las condiciones objetivas para una revolución. Revolución está tomada aquí en su sentido clásico como el cambio de los fines generales de una sociedad que crea los medios adecuados para alcanzarlos, lo que implica el cambio en las estructuras sociales, jurídicas, económicas y espirituales de esa sociedad. Hoy en día la degradación general en casi todos los ámbitos, especialmente en la infraestructura natural que sustenta la vida, es tan profunda que, en sí, necesitaría una revolución radical. De lo contrario, podemos llegar demasiado tarde y presenciar catástrofes ecológico-sociales de magnitudes nunca antes vividas en la historia humana. Pero no existe todavía en los “dueños del poder” la conciencia subjetiva de esta urgencia. Ni la quieren. Prefieren mantener su poderío aun a riesgo de sucumbir ellos mismos en un eventual Armagedón. El Titanic se está hundiendo, pero su obsesión por las ganancias es tan grande que siguen comprando y vendiendo joyas como si no estuviese pasando nada. Generalmente las “revoluciones” son hechas por los poderosos que se anticipan a los oprimidos, diciendo, como se practica con frecuencia en Brasil: «hagamos nosotros la revolución antes de que la haga el pueblo». Naturalmente no se trata de una revolución sino de un golpe de clase, usando, como en el caso de la “revolución de 1964”, a las fuerzas armadas para ese fin. La historia de los vencidos raramente se hace. Su memoria es borrada. Pero a veces esta memoria resurge como una fuerza de denuncia peligrosa. El historiador mexicano Miguel León-Portilla ha tenido el mérito de narrar El Reverso de la Conquista de América Latina por los ibéricos. En ella recoge los testimonios dramáticos y lacerantes de las víctimas aztecas, mayas e incas. En portugués ha sido traducido como La conquista de América Latina vista por los indios

(Vozes 1987). Veamos apenas un testimonio indígena con ocasión de la toma de Tlatelolco (próxima a la capital Tenochtitlán, actual ciudad de México). Es simplemente para llorar: «En los caminos yacen dardos rotos; cabelleras dispersas; casas destejadas, muros en llamas, abundan los gusanos en calles y plazas y las paredes están salpicadas de cerebros reventados; las aguas son rojas, como si las hubieran teñido; hemos masticado hierba salitrosa, pedazos de adobe, lagartijas, ratones y tierra en polvo, además de los gusanos» (León-Portilla, p. 41). Tales tragedias nos plantean la pregunta nunca respondida satisfactoriamente: ¿Tiene sentido la historia? ¿sentido para quién? Hay todo tipo de interpretaciones, desde las más pesimistas que ven la historia como una secuencia de guerras, asesinatos y matanzas, hasta las más optimistas, como la de los iluministas que pensaban la historia como el crecimiento hacia el progreso sin fin y hacia sociedades cada vez más civilizadas. Me afilio a la tradición judeocristiana que afirma: la historia sólo puede ser pensada a partir de dos principios: el de la negación de lo negativo y el del cumplimiento de las promesas. La negación de lo negativo quiere decir que el criminal no va a triunfar sobre la víctima. El peso de lo negativo de la historia no será el sentido definitivo. Por el contrario, el Creador “enjugará toda lágrima de los ojos, la muerte ya no existirá y no habrá luto ni llanto, ni dolor, porque todo eso ya pasó” (Apocalipsis 21,4). El principio del cumplimiento de las promesas afirma: “he aquí que renuevo todas las cosas; habrá un cielo nuevo y una tierra nueva; Dios habitará entre nosotros y todos los pueblos serán pueblos de Dios” (Apocalipsis 21, 5; 1 y 3). Es la esperanza inmortal de la tradición bíblica que no desaparecía ni cuando los judíos eran llevados a las cámaras nazis de exterminio. Con referencia a la situación actual me remito a una frase de Walter Benjamin, citada por un estudioso suyo, Michael Löwy: «Marx había dicho que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presenten de manera completamente diferente. Es posible que las revoluciones sean, para la humanidad que viaja en ese tren, el acto de accionar los frenos de emergencia» (Walter Benjamin: aviso de incendio, Boitempo 2005, p. 93-94). Nuestro tiempo es el de echar el freno antes de que el tren reviente al final de la línea.

DE LA CENTRAL GUÁNICA AL CENTRAL ROMANA

LOS FRÍOS, LOS SUEÑOS Y LAS PERIPECIAS DEL REY TUERTO En este libro de 332 páginas están compiladas las que podríamos llamar las obras completas del doctor Eusebio Rivera Almodóvar. Es un libro de relatos de tres momentos importantes en la vida de este médico que comparte dos grandes pasiones: la medicina, especificamente la Ginecología y la Obstetricia, y la literatura. Aquí encontrará el lector expresiones de medicina folclórica mezclada con la visión de su autor sobre la Medicina y la sociedad.

Este libro, subtitulado “La South Porto Rico Sugar Company en Puerto Rico y la República Dominicana, 1900-1921”, es, posiblemente, uno de los más importantes de cuantos se hayan publicado en el país en los últimos años. Es casi una historia de los polémicos inicios del Central Romana. Una obra rigurosamente académica, escrita por uno de los investigadores de mayor prestigio en América Latina. Tiene 599 páginas. _ ____________________________________________________________________________

LAS INTERVENCIONES TELEFÓNICAS Y LA AFECTACIÓN AL DERECHO FUNDAMENTAL A LA INTIMIDAD El magistrado Alejandro A. Moscoso Segarra, juez de la Suprema Corte de Justicia, ha puesto en manos de los lectores un libro de vital importancia en estos tiempos cuando la tecnología de punta se ha hecho popular y está al alcance de todos. Un tema explicado en seis grandes capítulos y 454 páginas. DE TRUJILLO A LA DEMOCRACIA (1930-2010) Victoriano Féliz es un periodista de 24 horas. Comenzó en el oficio en 1959. Toda una vida dedicada a seguir, con visión de notario público, la cotidianidad de la vida dominicana. Este libro, “De Trujillo a la Democracia (1930-2010)”, es uno de los muchos que ha escrito y publicado sobre temas puntuales o específico de la vida dominicana, sobre todo de la vida política. Obra últil para conocer el pensamiento del autor y para el registro de nombres y fechas de temas como el inicio de la Era de Trujillo, las relaciones entre Trujillo y Balaguer, la Capital de la República en los años 40 y 50, el olvidado Instituto Trujilloniano y otros similares. Una verdadera cantera para los estudiosos del pasado y del presente. _ ____________________________________________________________________________

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CHECHÉ Este es el título de la última novela del político y periodista Laureano Guerrero. Cuenta la vida de un “típico político latinoamericano capaz de dar la vida por sus compañeros de ideología y más aún por su patria...” La historia parece estar centrada en la vida de Cheché Abreu, un alto dirigente del PLD ya fallecido. Esta es la tercera novela de Guerrero.

LA HISTORIA/Fuente: Portal del Bibliófilo Enmascarado

1884

1970

NACIÓ EL 1 DE FEBRERO. Evgueni Ivanovich Zamiatin, novelista ruso, uno de los escritores más brillantes de su generación. Su obra maestra, la novela “Nosotros“, le valió una orden de prohibición de publicación en su país, que no se levantó hasta 1988.

MURIÓ EL 2 DE FEBRERO. Bertrand Russell, matemático y filósofo, Premio Nobel en 1950, autor de obras filosóficas como “Por qué no soy cristiano” y “¿Tiene el hombre un futuro?”, o matemáticas como su “Principia Matemática”.

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1882

NACIÓ EL 2 DE FEBRERO. James Joyce, escritor irlandés, mundialmente reconocido como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX. Sus obras más Conocidas son “Ulises” y “Finnegans Wake”.

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1901

NACIÓ EL 3 DE FEBRERO. Ramón José Sender Garcés, conocido como Ramón J. Sender, escritor español, autor de la obra “Réquiem por un campesino español”, y “Crónica del alba”, novela autobiográfica.

1833

NACIÓ EL 6 DE FEBRERO. José M ª de Pereda, escritor español, miembro de la Real Academia de la Lengua. Su obra más conocida es “Peñas arriba“.

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1916

NACIÓ EL 6 DE FEBRERO. Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, el poeta nicaragüense de más influencia en la poesía hispánica del siglo XX. Es conocido como El Príncipe de las Letras Castellanas. Sus obras más conocidas son “Cantos de vida y esperanza”, “El canto errante” y “Poema del otoño y otros poemas”, en el que figura la popular ”Margarita, está linda la mar …”


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Literatura

Sábado 1 de febrero de 2014

JOSÉ LEZAMA LIMA Y LA ISLA VACÍA

PLINIO CHAHÍN

S

i me viera compelido a sobrevivir luego de una catástrofe universal en una isla desierta y vacía, sin otra posibilidad que quedarme solo con unos cuantos libros, no dudaría en llevarme a esa isla desolada el último libro del poeta cubano José Lezama Lima (1910-1976), Fragmentos a su imán, publicado póstumamente en el año 1977. En José Lezama Lima siento que mi ser se “plenifica” y se disuelve cuando empieza apropiarse de su propia conciencia. Así, se intensifica en su búsqueda misteriosa y enigmática. La poesía lezamiana no es tanto esclarecimiento como revelación, ese instante en que la imagen nos pone ante una totalidad, en que el ser rompe con la “embriaguez viciosa del conocimiento” y nos hace vivir, ver su esplendor. La revelación del misterio, que es el desciframiento de mi meta, ahora que me encuentro solo, en esta exuberante y utópica isla caribeña, pues descifrar en Lezama es también velar, para que lo irrevelable encarne, sea inteligible en el cuerpo mismo de su oscuridad. Los mitos, las alegorías, las ideas elementales que están presentes en esta obra, en cuanto huellas imborrables e inexplicables, constituyen la esencia misma de la vida. Los mitos son, en su inmensa diferencialísima variedad, emblemas, metáforas pulsionales, de nutrición y procreación de lo sobrenatural y la resurrección del ser. La poesía es así resistencia y una fijeza que hay que vencer. Aquel “enemigo rumor” del que nos hablaba Lezama que desde allí, su lejanía, lo observaba con una enemistad que se remonta hasta los orígenes del pecado. Sólo a través de la experiencia de la poesía puede el poeta, auxiliado por su imaginación y la reminiscencia, vencer esa resistencia y penetrar con amplia libertad en la esencia de los objetos. La poesía, según Lezama, es descifrar y volver a descifrar. La poesía nace de la resistencia que encuentra el “súbito” (la imagen) al querer penetrar en lo “extensivo” (lo real). La metamorfosis como “disolución” necesaria del yo: esto es lo que predomina en la obra poética de Lezama. Esa disolución empieza por la del significado mismo, que, a su vez, acarrea consigo la conciencia. En efecto, los poemas de Fragmentos a su imán se desarrollan sin una estructura semántica o discursiva muy perceptible; es un incesante entrecruzamiento de motivos y un flujo de

imágenes que apenas podemos seguir en un primer momento. Se trata, en verdad, del poema que es sólo imagen; los nexos, las transiciones se borran y el lector, quizá como Narciso nunca logra ver su rostro (“Vertical desde el mármol no miraba/la frente que se abría en loto húmedo”) o si lo ve lo que le parecen son figuras extrañas o aun signos hostiles. Estas ideas de Lezama deberán aclararme, entonces, la aparente paradoja de refugiarse en la lejanía de una isla desierta, frente al lleno comunicante que caracteriza su visión poética. Proliferación incesante de imágenes de luz y sombra, que establece una dicotomía entre dos mundos, que se sobreponen “a mi ser aislado y solo”. Dioses y efímeros se conjugan en lo oscuro gracias a la reminiscencia de su Primera Unidad, ahora rota en la imagen que percibo, en esta pequeña isla de lo ilógico. Nunca se hace tan visible como hasta ahora la alianza luz-sombra, que establece una dicotomía entre dos mundos, que Lezama asume ante una posible respuesta como esta. La poesía de Lezama no sólo se reduce a los cuerpos luminosos y sus sombras, sino a todos los demás aspectos: lo cotidiano y lo estelar, madre y esposa; presencia y ausencia. Ambición por reescribir el universo infinito: “La pureza de la transparencia y lo oscuro germinativo, el canje de afuera y el adentro, la alianza de la luz y la muerte, presiden a esta poesía, balanza de aire cuyo platillo de sombras a veces parece pesar más” (Cintio Vitier). Intento obsesivo de testimoniar una concepción muy personal del quehacer poético. En verdad, este drama radica, como ha dicho Julio Ortega, en la latencia de la transmutación, “que supondría un orden natural trascendido en su propia inmanencia; o sea, no se pretende negar el mundo y su espesor real, no se intenta una fuga simple de un orden naturalizado, sino que, más bien, se reconstruye con imagen una naturaleza más plena, libre de determinismo y su caída; y la poesía, como la literatura, como la historia y la cultura, es el proceso de conversión: la vía realizadora de esa sobrenaturaleza ganada”. En último término, la sobrenaturaleza vendría a plasmarse como el espacio superior de un orden natural humanizado. A pesar de la soledad y el dolor que parecen atormentar a Lezama, en estos últimos momentos, en que aún persiste la fe en

la “cantidad hechizada”, o en la poesía como redención o sueño, la poesía de Lezama no ha de curar o sanar mi herida, ni mi estado de abandono y fruición, mientras olfateo extasiado las páginas apolilladas, desvirgadas e intonsas de este viejo libro, de editorial Lumen, que compré en el año 1982, en una “reguera” de libros usados en la avenida Duarte, ubicada en el patio trasero de un viejo edificio de estilo gótico, y que ahora voy a “desguazar” con las puntas de mis dedos o con un afilado cuchillo roto, para gozar esquizamente leyendo estos herméticos versos. La poesía es la única posibilidad de restituirnos al mundo de la imagen, anterior a la aparición del Adán bíblico. En estos versos reminiscentes del Poimandres Lezama afirma: “El agua Ignea demuestra que la imagen/existió primero que el hombre/ y que el hombre adquirirá ¿dónde?/el disfraz del Agua Ignea”. ¿Posible solución para reparar lo que nos hizo perder la unidad primigenia? Sugiere el poeta: “entrar en el espejo que camina en nosotros hacia nosotros”. Añade Octavio Paz: “el espejo vacío de la poesía”. La lejanía es el vacío que a su vez es el mundo de la imago. Ante la contemplación de unas estampas japonesas de Casal, donde damas y amigos saborean una taza de té, reflexiona Lezama: “El pabellón de la Imagen coincidía con el Pabellón de la Vacuidad y ambos son el Pabellón de lo Informe”. Creo entender que el vacío es entonces la imago y desaparece ahora toda aparente contradicción vacío-sobrenaturaleza, pues, como dice el propio Lezama en su último poema titulado “El pabellón vacío”: “Ya tengo el tokonoma, el vacío, la compañía insuperable..” Vacuidad o suspensión indispensable que le permitirá a Lezama (y a mí también. ¿Por qué no?) llegar a la otra orilla; restituirse a la cantidad hechizada donde ya para siempre se convertirá en Imagen. Como se puede ver, estas últimas ideas me permiten aclarar la aparente paradoja de refugiarse en la lejanía o el vacío frente al lleno comunicante que caracteriza la visión lezamiana del mundo, y, ¿por qué no?, de mi vida atormentada y vacía.

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Sábado 1 de febrero de 2014

CÁPSULAS GENEALÓGICAS www.idg.org.do

Santiago, la cuna de los Espaillat Por Julio González (2 de 6)

Encuentros

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Instituto Dominicano de Genealogía

MU-KIEN ADRIANA SANG

O

tros dos hijos del matrimonio de Francisco Antonio Espaillat Velilla y María Leonarda Velilla Aponte fueron: (3) Secundino Espaillat Velilla, nacido hacia 1809 también en Aguadilla, prócer de la Restauración y fallecido el 4 de marzo de 1886 en Sabana Grande, Santiago; y (4) María Francisca Espaillat Velilla, nacida en Santo Domingo el 6 de noviembre de 1811. Permaneció soltera y murió en Sabana Grande, Santiago. De esta familia descienden: la profesora de etiqueta y protocolo Celina Espaillat Mera (1915-2005), el empresario y ejemplar munícipe de Santiago Víctor Espaillat Mera (1916-1992), el abogado Ricardo Almánzar Cabrera (1944-1985), el diplomático Homero Hernández Almánzar (f. 2001), el farmacéutico José María Hernández Hernández, el dentista Rafael Hernández Mota (n. 1927), el farmacéutico y empresario Marino Espinal Espaillat, la bailarina de ballet María del Pilar Espaillat Luna (n. 1959), el diplomático Homero Luis Hernández Sánchez (n. 1941), el teniente coronel dentista del E.N. Raymundo Antonio Hernández Hernández (1920-2000), el abogado y diplomático Jesús María Hernández Sánchez (n. 1940), el médico Julio Rómulo Espaillat Lara (1931-2010), el banquero Fausto Arturo Pimentel Peña (n. 1962), la artista de la plástica María Margarita García Hernández (n. 1942), el ingeniero industrial Homero Alfredo Hernández Dalmau (n. 1972) y el médico neurólogo Giancarlo Hernández León (n. 1967), entre muchos otros. Regresando a Francisco Antonio Espaillat Velilla, este enviudó de su esposa María Leonarda Velilla Aponte, y casó nuevamente con Agustina Álvarez Hernández, hija de Juan Álvarez y Gregoria Hernández. De este segundo matrimonio de Francisco Antonio y Agustina nacieron: (5) José María Espaillat Álvarez; (6) Agustín María Espaillat Álvarez; (7) Leocadia Espaillat Álvarez, nacida hacia 1829 en Santiago y fallecida en 1905; (8) Carmen Espaillat Álvarez, soltera y sin descendencia, quien murió en 1904 a la edad de 56 años; (9) Margarita Amalia Espaillat Álvarez, quien igual que la anterior murió soltera y sin descendencia en 1908 a los 78 años de edad; (10) Francisco Antonio Espaillat Álvarez; (11) Tobías Espaillat Álvarez, nacido hacia 1836. Falleció soltero en 1884; (12) Manuel Maximiliano Espaillat Álvarez, nacido en 1845 en Santiago; y (13) Cándida Rosa Espaillat Álvarez, quien murió soltera y sin descendencia. De estos hijos descienden, entre muchos otros, Federico Augusto González Espaillat (1858-1923), secretario de Estado de Hacienda y Comercio; el industrial José Efraín Espaillat Peña (n. 1891), la hermana religiosa Ligia Fredesvinda Espaillat Betances (n. 1933), quien usó el nombre de sor María de los Apóstoles; el médico oncólogo Nelson Oliverio Figueroa Espaillat (n. 1953), Rogerio Espaillat Guzmán, abogado y senador de la República; Roger Alberto Espaillat Bencosme (n. 1944), abogado y funcionario de la Cancillería; David Onelio Espaillat Campos, líder del movimiento 14 de Junio; el abogado y político Servio Tulio Castaños Espaillat (1923-1959), el también abogado y exrector de la UASD Julio César Castaños Espaillat (1925-1987), el abogado, político y embajador adscrito a la Cancillería Rubén Darío Espaillat Inoa (n. 1941); el abogado José María Hernández Espaillat (1942-2010), exsecretario administrativo de la Presidencia; el ingeniero Oliverio Antonio Espaillat Vives, el médico endocrinólogo Miguel Casimiro Velazco Espaillat (n. 1953), el destacado neuro-siquiatra Ricardo Kelly Espaillat Genao (n. 1965) y el también médico Luis Alexander Rojas Espaillat (n. 1974).

Diálogo de saberes. La complementariedad de los conocimientos, 4 Dedicado a mi médico de cabecera: Antonio J. Castillo V. Cuatro ciegos y un elefante Cuatro ciegos descubrieron un elefante. Como aquellos hombres nunca antes se habían encontrado con un elefante, lo palparon para tratar de entender y describir aquel nuevo fenómeno. uno asió la trompa y concluyó que era una serpiente. Otro exploró una de las patas y lo describió como un árbol. Un tercero encontró la cola del elefante y dijo que era una soga. Y el cuarto ciego, tras descubrir un costado del elefante, concluyó que, después de todo, era un muro. ¿Quién tenía razón? Cada uno de los ciegos describió lo mismo: un elefante. Por tanto todos tenían razón, pero ninguno tenía toda la razón. Tomado del libro Dirección Espiritual de

Henri JM Nouwen

C

omo los ciegos de la hermosa parábola, las medicinas vivían ensimismadas en su VERDAD, pero ninguna tenía TODA LA VERDAD, porque cada una se reducía a su propia mirada y no eran capaces de buscar la complementariedad, LA VERDAD DEL OTRO. Por suerte, como hemos visto en esta serie, se ha iniciado una apertura para el diálogo entre los saberes. En el artículo de la semana pasada inicié un breve resumen sobre el libro El Código de Curación, escrito por los doctores Alexander Loyd y Ben Johnson, médicos especialistas e investigadores, quienes después de largas décadas dedicados a la medicina académica y ortodoxa decidieron buscar nuevas respuestas a las preguntas nacidas durante sus años de ejercicio médico especializado. La encontraron y crearon El Código de Curación. Recapitulemos. En el resumen de sus ideas señalamos que ambos especialistas consideran que el estrés es la causa de todos los malestares, y especialmente de las enfermedades. Un segundo elemento importante y destacado es el principio de que todo es ENERGÍA, y que la enfermedad es un desequilibrio energético, causado por el estilo de vida. Más aún, aseguran que los traumas sicológicos, guardados la mayoría en el inconsciente, se activan cuando se quiebra el sistema energético, llegando incluso a afirmar que los problemas del corazón prevalecen sobre la racionalidad y los síntomas de alguna enfermedad: “La paz se ve alterada por el miedo y el miedo es el pariente de todos los sentimientos negativos. La tristeza, la impaciencia, la dificultad de confiar en los demás, las actitudes contraproducentes, la autoindulgencia, todos esos sentimientos y limitaciones son producto del miedo. El miedo es la reacción al dolor…(P. 243). Por esta razón, sostienen que es de suma importancia ir al origen del estrés por las graves consecuencias que tiene sobre nuestras mentes y nuestros cuerpos. El estrés es el causante, afirman los autores, de enfermedades, muchas enfermedades. Señalamos algunas: gastritis, hipertensión arterial, ira, úlceras, alergias, migrañas, asma, enfermedades cardiovasculares, envejecimiento prematuro, depresión, insomnio, entre otras. Proponen vivir una vida equilibrada y

bendecida. Creyentes como son, a pesar de ser científicos reconocidos en EUA, afirman que lo más importante es desarrollar una relación personal con Dios. Insisten en la necesidad de llevar una vida saludable: sistema dietético apropiado, reducir o eliminar la ingesta de aquellos alimentos que puedan ser perjudiciales, beber mucha agua, respirar aire sano, tomar vitaminas y minerales, hacer ejercicio y descansar bien. Consideran los científicos que una buena respiración es un verdadero poder, que de hacerse efectivamente, tiene gran impacto positivo sobre el cuerpo humano, y sobre todo, ayuda a amainar el estrés, que es, como ya dijimos, el causante de todas las enfermedades. La Respiración Poderosa, como la llaman, mitiga la ansiedad. Afirman que las respiraciones cortas y superficiales constituyen el verdadero signo del estrés crónico. Sugieren, también, la meditación como una forma de combatir el temible y terrible estrés, pues el objetivo de meditar es llevar al cerebro paz y serenidad. “El impacto instantáneo incluye la meditación facilitando una respuesta de relajación, que está bien documentada y que estimula zonas del cerebro… Estudios llevados a cabo….llegan a los mismos resultados, al afirmar que las personas que meditan han aumentado la actividad eléctrica en la zona del córtex frontal, lo que indica que experimentan un menor grado de ansiedad y poseen un nivel emocional más positivo. La meditación también reduce la actividad de la amígdala, zona en la que el cerebro procesa el miedo” (p. 274). El Código de Curación, su propuesta básica, no es más que la reactivación del sistema energético, a través de cuatro puntos esenciales para activar la energía: la frente, el cuello, la sien y los pómulos. Para hacerlo, cada persona debe pronunciar una oración reafirmativa de la sanidad, estimulando la parte positiva de la mente, para resguardar y hacer desaparecer las memorias negativas acumuladas en nuestras células. Aquí termina el apretado resumen de un libro muy interesante, que evidencia con creces cómo la medicina occidental por sí sola no puede resolver todos los desórdenes físicos y mentales de nosotros los humanos, y más aún, cómo la medicina tradicional oriental tiene gran valor. Cuando los chinos e hindúes proponían la meditación no sabían el impacto que tendría en el córtex lateral derecho del cerebro, pero sí sabían que una vida caracterizada por la paz espiritual, la alimentación sana y la respiración profunda contribuía grandemente a una larga vida. Está claro que ninguna de las medicinas tenía, tiene ni tendrá la verdad absoluta. Como los ciegos de la historia, cada uno, en base a sus propias experiencias y percepciones, llegaron a conclusiones absolutas y estaban convencidos de ello. Pero la realidad los superaba, porque cada uno tenía sólo una verdad parcial. Así como es la vida. Seguimos en la próxima analizando un nuevo libro. mu-kiensang@hotmail.com mu-kiensang@pucmm.edu.do @MuKienAdriana


Aporte

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Sábado 1 de febrero de 2014

HOY

LA BATALLA PRESENTE DE

MANOLO TAVÁREZ “Mira estas dos, que con dolor te brindo, Insignias de la vida: ve y escoge. Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza: Hace de manso buey, y como presta Servicio a los señores, duerme en paja Caliente, y tiene rica y ancha avena. Ésta [otra], oh misterio que de mí naciste Cual la cumbre nació de la montaña Ésta, que alumbra y mata, es una estrella: Como que riega luz, los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de crímenes cargado, Todo el que lleva luz se queda solo”. José Martí, “Yugo y Estrella”.

JUAN MIGUEL PÉREZ

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0 años después de haber sido fusilado junto a sus compañeros por un contingente del Ejército dominicano, obedeciendo órdenes precisas de personeros de la “reacción” dominicana, Manolo Tavárez sigue combatiendo más allá de su desaparición física. Ejemplo insigne de político íntegro, consecuente, resueltamente comprometido con la revolución de liberación nacional dominicana, Manolo Tavárez es referente e ineludible figura política en la República Dominicana del presente. Desde su asesinato en 1963, su legado histórico participó de manera protagónica en diferentes jornadas trascendentales de lucha por el pueblo dominicano. En la guerra patria de abril de 1965, la proyección política de Manolo se hizo presente en cada combatiente catorcista que luchó hombro a hombro, como un solo ejército libertario, junto a los militares constitucionalistas. Durante los años 70, la inmensa mayoría de cuadros políticos ultimados durante los 12 años sangrientos de Joaquín Balaguer fueron formados en la militancia verdinegra, liderada por Manolo de 1961 a 1963. Durante los años 80 y principios de los 90, y a pesar de los esfuerzos del balaguerato de echar al olvido capítulos capitales de la historia revolucionaria dominicana, el recuerdo de Manolo mantuvo encendida la llama de la crítica y la lucha contra los regímenes corruptos y derechistas del PRD y el PRSC de la época. Pero llegó la contienda electoral de 1996 y muchas cosas cambiaron. En el infausto 2 de junio de ese año, en un vergonzoso acto proselitista denominado “Frente Patriótico”, Balaguer logró reunir a exresistentes con sus antiguos victimarios. Fue bochornoso el show, a cambio de unos cuantos votos que finalmente llevaron a Leonel Fernández y sus socios al poder político gobernante. Aquel espectáculo deprimente resultó un enjambre de racismo, olvidos felones y del peor oportunismo politiquero. A los cadáveres de las víctimas del balaguerato y de la oligarquía le pasaron un gredar por encima, cuando sus apellidos se vieron vinculados a los golpistas responsables del crimen de Manaclas del 21 de diciembre de 1963, y al de un Enrique Pérez y Pérez, a quien se le atribuyen macabros episodios de la historia dominicana. En nombre de una herencia política revolucionaria irrespetada, se levantaron brazos “victoriosos” junto a los personajes más siniestros del país. Así es la vida, el maleficio de la apostasía. La obra fue maestra, fue la última escaramuza de Balaguer para corromper moralmente a una parte del sector que hasta entonces quedaba como referencia para poder construir otra República Dominicana, más justa y menos indolente con sus hijos e hijas más golpeados por la vida. Desde entonces, muchos de los que ese día claudicaron ante el recuerdo de sus familiares y compañeros revolucionarios caídos han buscado la forma de adaptar sus trayectorias, discursos y creencias pasadas a las nuevas realidades que iban construyendo con un PLD en el poder. La herencia política de Manolo Tavárez ha sido siempre botín de guerra para el peledeísmo y sus esferas. Por varias razones. ¿Qué podía hacer Leonel Fernández con un legado político como el de Manolo Tavárez, cuyo ejemplo se encuentra en los antípodas del proyecto empresarial peledeísta? Al leonelismo y sus fotocopias, les atrae distorsio-

Manolo Tavárez Justo

nar la historia y, cuando les conviene, aparecer con el mismo linaje de los grandes nombres de la izquierda dominicana. Aunque la práctica sitúe a Manolo de un lado y al peledeísmo actual de otro; aunque la realidad posicione al PLD de hoy como un partido derechista, neoliberal, entreguista, y cómplice de corrupción, al leonelismo y compartes les interesa lucir con los símbolos políticos más avanzados que ha tenido la historia dominicana. Su necesidad de presentarse bajo el techo de Manolo Tavárez, de Caamaño, de Los Palmeros, es una maniobra política vil –entre otras tantas– para neutralizar cualquier ejemplo histórico que los denuncie y de paso se pasan un paño con pasta ante tantos escándalos y abusos que no cesan de agravarse. ¿Cómo hacen? Muy simple: buscan cosificar a Manolo Tavárez, mantenerlo en el mero recuerdo histórico, vaciado de su contenido político que en la actualidad los señalaría, enterrando así su incorruptible ejemplo que hoy molestaría, distorsionando la obra inconclusa de Manolo Tavárez para adecuarlo a sus proyectos personales de vida. Por eso arrinconan a Manolo Tavárez como un muñeco de exhibición museográfico, donde el polvo y su respectiva marmolización procuran la reducción de Manolo a un mero recordatorio, nunca a una convocatoria. Por eso buscan secuestrar hoy a la Fundación Testimonio, porque no se ha plegado a las órdenes del peledeísmo corruptor. Pero hay que constatar que con Manolo Tavárez no han podido. No pudieron y no podrán los detractores originarios del club de reaccionarios de siempre y sus nuevos socios del PLD, que buscan hacerlo añicos políticamente, con tal de salvar sus nuevas posiciones políticas y los beneficios que de ellas se desprenden. “Pero el hombre que al buey sin pena imita, /Buey vuelve a ser, y en apagado bruto/ La escala universal de nuevo empieza. / El que la estrella sin temor se ciñe, ¡Como que crea, crece!”, dijo Martí.

Contra todas esas argucias, Manolo Tavárez sigue combatiendo. Su obra es como la estrella martiana: “lo mismo ilumina que mata” contra quien pretenda instrumentalizarla con fines ajenos a su naturaleza y carácter. El combate actual de Manolo Tavárez es por reafirmar la autenticidad de sus ideales, el que se inspira contra los planes derrotistas de los desertores y oportunistas, contra las versiones de la democracia extraídas de credos neoliberales y otras fórmulas USAID. Manolo Tavárez continúa insurrecto, librando pelea contra los ensayos que buscan deformar su verdadero quehacer y pensamiento político, su sincera mística y proyecto revolucionario. Manolo Tavárez no hace química con el capitalismo. Manolo mantiene su inmortal compromiso con los oprimidos de siempre. Manolo Tavárez sigue en Manaclas y sus escarpadas montañas, luchando por la revolución de los humildes, para los humildes y por los humildes. Manolo Tavárez perenne, claro, decidido e irrevocable. Manolo es y será siempre Revolución.

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HOY

Crítica a la crítica de los críticos

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JOSÉ BÁEZ GUERRERO/ JBG@BAEZGUERRERO.NET

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. S. Eliot, el americano quien tras ocho años como banquero empleado por Lloyd’s en Londres pasó el resto de su vida como editor de la firma inglesa Faber and Faber, resume en dos versos de “The Waste Land” el sentimiento que me mueve a esta reflexión: “Pienso que estamos en el callejón de ratas donde los hombres muertos pierden sus huesos…”. Si uno fuese a llevarse de la tradición dominicana, sería fácil intentar una “crítica de los críticos”, pues las argumentaciones y también las argucias “ad hominem” siempre ofrecen más posibilidades lúdicas y mejor garantía de lectores entretenidos y a veces hasta agradecidos, ya que satisfacer el morbo posee enorme atractivo para lectores de diarios. Pero dejaré ese camino real por esta vereda: ¿cuánta responsabilidad tienen los críticos dominicanos, o la crítica, de la pobre vocación lectora de un público que dedica cientos o miles de millones de pesos cada año a cualquier cosa menos a comprar o leer un libro? A mí me parece que muchísima. Uno repasa las páginas de diarios y revistas dominicanas y gran parte, por no decir la inmensa mayoría, de las críticas sobre obras recién publicadas, u otras menos actuales, adolecen de parecer escritas para un público académico o especializado. Con pocas excepciones, se trata de malos poetas juzgando a los buenos con más ánimo de enfurruñar sus propias plumas, como los pajuiles, que de señalar aciertos, apuntar errores u orientar al público. Por igual, pocas veces se trata de juzgar sólo a la obra criticada, sino a su autor o hasta sus intenciones, sean políticas, sociales o de otro tipo. Pero resulta que en las ciudades, por no decir países, donde florece la buena literatura y el negocio editorial no es monopolizado por unos pocos pulpos comerciales, la crítica literaria se ejerce desde una perspectiva pocas veces vista aquí o en otros parecidos infiernos chicos. Es para orientar y estimular la lectura. Creo que podemos estar de acuerdo en que la literatura es el arte que emplea como medio de expresión la lengua y que la crítica no es más que la opinión expresada en público sobre una obra. En base a estas premisas básicas tan elementales, la mejor crítica debería entonces ser aquella cuyo ejercicio estimula el fomento de este bello arte de verter en letras el pensamiento y el sentimiento. Al menos en cuanto a la crítica dentro del periodismo, publicada en diarios o revistas cuyos lectores no son especialistas en letras. El ejercicio de la crítica supone no sólo un juicio o valoración. Veinticinco siglos después de la era dorada de la literatura griega, en cuyos temas podemos encontrar las mismas pasiones humanas de estos días más que modernos, casi todos los oficios humanos han ido evolucionando y perfeccionándose en base a preceptos fundamentados en métodos científicos. Dicho sencillamente ello quiere decir que el cúmulo de experiencia que determina la cultura nos permite emplear herramientas nuevas y mejores a la hora de ejercer el criterio para juzgar cualquier cosa. Expresado como quizás lo harían algunos críticos criollos, la metodología de la praxis valorativa o interpretativa de la producción literaria en sus diversos géneros, sea con fines propedéuticos o en estadios académicos superiores, implica determinaciones axiológicas cuya naturaleza pudiera ser filológica, semiológica, psicológica, sociológica o estilística, por referir apenas unas cuantas de las vertientes de lo que es la crítica literaria… ¡Uf! “Lo que es…”. ¿No debería prohibirse ese horroroso ripio? Lo demás, ¿qué le vamos a hacer? En uno de los fragmentos de ensayos de Hölderlin, recientemente rescatados y traducidos, éste se queja de la “crítica docta” que “como toda especulación pertenece sólo a la polémica”. ¿Deben los críticos emplear métodos científicos u objetivos para juzgar la obra literaria? ¿O es inevitable que, tratándose de un juicio o valoración sobre un producto ar-

Henri Meschonnic

tístico, su crítica sea subjetiva? Para los fines de la pregunta que motiva mi reflexión de hoy ello es irrelevante. Porque es casi humanamente imposible erradicar la influencia del gusto particular al analizar una obra de arte. Trátese de la opinión de una persona con dos o tres doctorados o la de un simple turista que visita una biblioteca o librería (o museo si se tratase de artes plásticas), las circunstancias particulares o contexto personal o grado de instrucción o nivel de sensibilidad, todas las complejas ideas y sensaciones que en el pensamiento de cada cual determinan “qué nos gusta”, eso determinará el juicio. Por ello es tan ridículo ver cómo ciertos críticos se empeñan en ejercer su oficio empecinados en negar la sindéresis, que no es otra cosa que la capacidad natural para juzgar rectamente. A mí me parece imposible enjuiciar cualquier cosa partiendo sólo de pre-concepciones. Pero como no soy crítico profesional, invocaré en mi auxilio a Heidegger: “No deseamos reducir la naturaleza del lenguaje a un concepto, de modo que este concepto pueda proveer una visión generalmente útil sobre el lenguaje, que pueda mandar a paseo todas las demás nociones acerca del mismo”. Esto que Heidegger expresa puede aplicarse tanto a la crítica académica como a la periodística o común para simples mortales… ¿Y a qué viene traer a este ruedo a Eliot, a Hölderlin y a Heidegger? Ah, es que andar por esta vereda, por donde acechan tantos feroces endriagos postulantes de unívocas teorías, obliga a apandillarse, como en un combo de bongós, tamboras, güiros y cajones cada uno con su ritmo, y aún sea como es propio de la mejor literatura, ideal o simbólicamente. Sostengo una idea muy simple. Si queremos tener más y mejores lectores, la crítica

literaria dominicana que se ejerce en medios masivos debe dedicarse a estimular la lectura y no a la continuación de estériles y pomposas disquisiciones sobre asuntos tan áridos como exigir una “definición del lenguaje ni de la crítica literaria” para reconocerle a un colega la condición de crítico, poeta o escritor. ¡Barrabasadas pseudo-culteranas que dan vergüenza! George Steiner, el genial francés autor de más de una docena de importantes libros y erudito profesor de la Universidad de Cambridge, quien de 1967 a 1997 escribió más de un centenar de críticas para la popular revista “The New Yorker”, es de los escritores más versados en las distintas “poéticas”. Una poética es la manera culta de llamar a la ciencia sobre los principios y características de la literatura, particularmente la poesía. Cada poética explica o postula sus reglas, formas o bases del género de que se trate. Hace apenas tres años, en el 2009, se publicó una nueva obra de Steiner reuniendo muchos de sus ensayos críticos publicados por “The New Yorker”. Fue una delicia ver cómo en un lenguaje llano desglosa temas profundos y enjuicia y analiza la obra de tantos distintos escritores, desde el espía Anthony Blunt (quien como crítico de arte londinense en 1937 despreció agriamente la Guernica porque “Picasso pertenece al pasado”) hasta Borges, Chomsky, Köestler, Levi-Strauss, Russell y Solzhenitsyn. Pero quedé desconcertado. ¿Será Steiner un loco viejo? ¿Desconoce que “para la poética, la estética no existe”, como leí en este Areíto hace dos semanas? Quizás leerlo fue una pérdida de mi tiempo. Debí mejor entretenerme con algo criollo, como “Memorias contra el Olvido”. Porque Steiner no menciona ni una sola vez a Meschonnic ni sus ideas. Pobre francés, ignorante de su compatriota…


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Historia del Rotary Club dominicano (1 de 6)

Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del tiempo. (…)Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Solo en sueños, en la poesía, en el juego –encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.”

GRACIELA AZCÁRATE

Julio Cortázar: Rayuela- Moreliana 96, pág 636. El 22 de abril del 2009 escribí una historia de vida titulada “El oficio más bello del mundo”. Lo publiqué en Espacio Insular, Guasábara y en Perspectiva ciudadana. Uno de sus párrafos dice así: “Al llegar al Archivo General de la Nación, Rudyard Montás me esperaba para dejarme de regalo el libro ‘100 años de Rotary International y 62 de rotarismo dominicano’”. Era, al cabo de casi seis años lo que soñamos y planificamos en unas navidades del 2003 al 2004. Pasaron tantas cosas, tantos obstáculos, tantos sinsabores. Se interrumpió tantas veces, que más de una vez, en medio de los llantos en el hombro del otro pensamos que el libro nunca iba a salir. Perdí la cuenta de todo lo que leí, escribí, investigué, reescribí y de todos los manuscritos que fueron a la basura. Pero ese trabajo de contar la vida de un club Rotario en el Caribe fue el destino de una periodista dispuesta a contar una historia. El resultado es un libro hermoso, austero, digno, que conjuga la pasión de una sociedad sana “que apuesta a un mundo más justo y generoso.” Evoqué esta historia de hace cinco años cuando a fines de octubre del 2013, Rudyard Montás cruzó la calle que separa nuestras casas y vino a conversar conmigo como lo hicimos en aquella Navidad del 2003 al 2004, o como lo hicieron Paul Harris, Silvestre Schiele, Hiram Shorey y Gustavus Loehr, un 23 de febrero de 1905, en Chicago. De aquellas caminatas y conversaciones entre amigos nació el Rotary International. Y así como en 2004-2005 entre conversaciones se sembró la semilla que fructificó en el libro “100 años de Rotary International y 62 de rotarismo dominicano” editado y publicado en el año 2009, construimos entre todos una breve historia de cómo había nacido y crecido el rotarismo dominicano fundado un 11 de marzo de 1943. Es posible que el espíritu de Paul Harris, el espíritu de los poetas norteamericanos como Emerson o Witman sobrevolara la reunión y brillara como una luz la frase que dice: “Ata tu carro a una estrella”. De la conversación con Rudyard Montás, del sueño de él y su esposa Margarita y de todos sus compañeros de matrícula en el Club Rotario Santo Domingo Mirador surgió la semilla de reunir las voces de cincuenta ciudadanos y ciudadanas dominicanas que han hecho de la filosofía de vida de Rotary su norte y su guía. En esa publicación que quiere celebrar 109 años de Rotary, se reúnen hombres y mujeres que cuentan su vida en el club, su vida de estudios, de familia, los abuelos y abuelas que nos iluminaron con el gesto olvidado, es una invitación a que todos desde las distintas veredas del quehacer cotidiano nos unamos a Rotary. Uno de esos aportes es la oportunidad que nos da el periódico HOY para contar a lo largo de seis meses cómo creció el rotarismo dominicano. Para eso va esta historia breve de su fundador Paul Harris. Paul Percy Harris nació el 19 de abril de 1868, en Racine, Wisconsin, y falleció el 27 de enero de 1947, en Chicago, Illinois. Fue el segundo de los seis hijos del matrimonio de George N. Harris y Cornelia Bryan Harris. A la edad de tres años fue llevado a vivir a Wallingford en Vermont donde creció al cuidado de sus abuelos paternos. Recibió el título de abogado de la universidad de Iowa y de Vermont. Después de su graduación se dedicó du-

Andrés Pastoriza, presidente del Club Rotario de Ciudad Trujillo, impone la Orden de Cristóbal Colón, otorgada por el gobierno dominicano, a Paul Harris, fundador de Rotary International, en la Convención Internacional de Chicago, 1944.

rante cinco años a recorrer el país desempeñando todo tipo de trabajo pero sobre todo empapándose del sentir de la gente y tomándole el pulso a una sociedad cambiante, plural, cosmopolita, que se acercaba al siglo XX. Es posible que la diversidad de oficios que desempeñó y los largos viajes a través de todo el país le dieran el tono y la sensibilidad para empezar a dar forma a lo que fue el sueño de toda su vida. Ese país que crecía vertiginosamente, que recibía millones de inmigrantes, con una diversidad de lenguas y culturas, con la desbordante imaginación de la ciencia y la tecnología y con el pujante crecimiento urbano le dio el aliento necesario para insertarse en una sociedad que se modernizaba y crecía aceleradamente. Trabajó como reportero de un periódico de San Francisco, fue profesor de finanzas, actor en Denver, vaquero en los llanos, vendedor de mármol y granito en el profundo Sur salido de la guerra de Secesión, en el periodo de Reconstrucción fue empleado del hotel La Florida hasta que consiguió embarcarse como vaquero en barcos de ganado que cruzaban el Atlántico. Recorrió a pie Londres, Italia y Bélgica. En 1869, después de la aventura europea decidió instalarse en Chicago y abrió un bufete de abogado. Cuentan las biografías y los testimonios que le encantaba el torbellino de la ciudad, el ajetreo de la urbe en expansión, el desafío de la ciudad multicultural, cosmopolita y en continuo crecimiento. Pensó que se avecinaban tiempos tumultuosos, de grandes cambios y donde sin duda se librarían importantes batallas sociales. La sociedad le gustaba pero al mismo tiempo le repelía la soledad de los suburbios, los problemas sociales, las injusticias étnicas, las desigualdades económicas y la corrupción política. Un sentimiento de soledad y vulnerabilidad le hizo compartir con su amigo Silvester Schiele, un comerciante de carbón, su sueño de fundar un club. Un club que pusiera en funcionamiento toda esa sensibilidad por los demás, por la amistad, por la importancia de las relaciones humanas. Una noche visitó la casa de otros amigos, Gustavus Loehr, un ingeniero de minas, e Hiram Shorey, un sastre comerciante.

Los cuatro amigos dieron forma a su sueño y en 1905, sentaron las bases de una organización de servicio en la cual actualmente participan más de un millón y cuarto de personas a nivel mundial distribuidos en más de 33.000 clubes. El 23 de febrero de 1905, Harris formó el primer club. Lo nombró club “Rotary” porque los miembros se conocieron rotando entre sus establecimientos comerciales, en el barrio, entre sus familias. Él soñó que Rotary podía ser un movimiento importante de servicio a la comunidad y trató de expandirlo a otras ciudades. Cuando Harris murió, en 1947, su sueño había pasado de una reunión informal de cuatro amigos a más de 6.000 clubes. Si en su juventud ató su carro y puso rumbo a las estrellas, al final de sus días su sueño de altruismo, solidaridad y bien común había fraguado en una institución mundial. Una institución que al crecer como su vida lo premiaba y reproducía esa frase de Ralph Waldo Emerson para describir el éxito en la vida de las personas. “Reír con frecuencia y amar mucho. Ganarse el respeto de personas inteligentes y el afecto de los niños. Conseguir la aprobación de críticos honestos. Apreciar la belleza. Darse. Dejar el mundo un poco mejor. Con un niño más sano, un jardín más florido o una condición social más alta. Jugar y reír con entusiasmo y cantar con exaltación. Saber que al menos una vida respiró más fácilmente porque tú viviste. Eso significa tener éxito”.

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UNA MURALLA QUE PROTEGE A

VILLA JUANA EL CLUB MAURICIO BÁEZ A 5O AÑOS FUNDACIÓN

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RAFAEL REYES JEREZ/ PRESIDENTE-FUNDADOR

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quella mañana del sábado 11 de septiembre de 1963, casi al mediodía, cuando un grupo de 32 muchachos de Villa Juana decidimos formar el Club Deportivo y Cultural Mauricio Báez, jamás pensamos que con esa acción y con el paso del tiempo -medio siglo ya- ¡ nos estábamos adelantando para protegernos de lo que el país está viviendo hoy: delincuencia extrema, sicariato, narcos, secuestros, asaltos, violaciones, corrupción, impunidad! Villa Juana, uno de los barrios más pequeños del país, es un sector que ha aportado mucho al desarrollo social, político y deportivo de la nación. En él vivieron y se desarrollaron figuras que, con el paso de los años, lograron grandes éxitos personales que trascendieron las fronteras del sector y más allá del país, donde se reconocen, quizás más que aquí el talento personal y sus aportes. Ya antes de ese 11 de septiembre, en mi casa, un grupo de mozalbetes de 13 a 15 años habíamos hablado sobre la necesidad de hacer algo, formar una entidad donde realizar alguna actividad para hacer ejercicios y salir del ocio -que es un mal compañero-, y ahí se nos prendió la chispa. El asunto era qué hacer y dónde poder realizar alguna actividad que fuera sana por aquello, como dijo el barón Pierre de Coubertin, de que “Mente sana en cuerpo sano”. Eso no falla. Eso lo había practicado Juanico, el profesor Soriano, quien tenía una escuelita de las llamadas escuela-hogar y quien no conoció ni supo nada de Coubertin pero siempre llevó a la práctica esa prédica cuando íbamos a sus clases con la sillita sobre la cabeza y el cuaderno en el bolsillo derecho trasero del pantalón corto y remendado que antes era una vergüenza y hoy, los rotos, son los más caros. Ironía del tiempo son y no del barrio. Cuando nuestra familia llegó a Villa Juana, las calles eran de tierra, no había contenes, el sector parecía un campo. Los palos de luz no habían sido sembrados, por lo tanto, no había luz. Ahora hay palos, pero casi no hay luz. Las casas se alumbraban con lámparas de gas. Sí había agua en las llaves, y hasta se podía tomar directamente de ellas, contrario a estos tiempos. Los vecinos, al mediodía, se pasaban las comidas en un bonito gesto. Cuando caían esos grandes aguaceros de antes, ¡a bañarnos, desnudos! El barrio, a pesar de la pobreza, era un paraíso. Los vecinos, más que vecinos, eran familia, todos se protegían aunque eran muy raros los casos en que había algo que lamentar. Yo no recuerdo haber visto un pleito entre gente del sector, ni un feminicidio, mucho menos un atraco. Quienes se tomaban sus tragos podían amanecer borrachos en las aceras y nadie se metía con ellos, al contrario, los protegían. La gente de Villa Juana no tenía automóvil propio, algunos tenían una bicicleta; nadie tenía dos pares de zapatos. Mi mamá me decía “san Juan Bosco” porque siempre nuestra casa estaba llena de niños y jovencitos del sector. En una oportunidad, yo conté 23. Éramos como una colonia de hormigas, siempre estábamos haciendo algo o planeando algún proyecto sano. Yo fundé, además, el club de pesas El Dragón, el equipo de béisbol doble AA Gomas Pirelli, el Club Estudiantil de Jóvenes Amantes de la Cultura (AJADEC), co-fundé la Federación de Artes y Cultura, la Asociacíon de Ciclistas Veteranos, el Club Estudiantil de Jóvenes Amantes de la Cultura (CEJAC) junto con Jimmy Sierra, César Pina Toribio, Ramón E. Colombo, Chino Bujosa. Tomás E. Montás, Andrés L. Mateo, César Pérez, Eduardo Oller, Nelly Manuel Doñé, Ramón Reyes y otros. Soy el primer periodista de Villa Juana. El Club fue fundado en una vieja escuela que había en la calle 25, Osvaldo Bazil, casi esquina Mauricio Báez, antes calle12. La cancha la hicimos en un solar prestado por su propietaria, doña Altagracia Elena Hernández de Roedán, quien vivía en la calle 30 de Marzo número 25, cerca del Palacio Nacional. En el solar había un gran basurero que “brigadas” integradas por nosotros, en pocos días, lo pu-

EL RELEVO... Muchas fueron las personas que

El Club ha sido una cantera de deportistas

simos como un diamante y construimos un play y una cancha de voleibol y baloncesto ¡a ras de tierra! Después vino el desarrollo.

Diandino Peña, cofundador del Club, haría el pabellón techado, su primera construcción como ingeniero. El tiempo pasaba. Ya la época en que yo, a los 13 años, “me ganaba la vida” haciendo cartas de amor a diez cheles era cosa del pasado. Trujillo puso en el mapa a Villa Juana, al construir el palacio escolar República Dominicana, una majestuosa edificación con 22 aulas, gimnasio, taller para manualidades, cada curso al fondo tenía un mural del gran pintor Vela Zanetti -cada uno de los cuales costaría hoy millones de dólares y que fueron destruidos-, piscina ¡oh la piscina donde nos bañábamos con todo y el uniforme puesto. El pasado 17 de marzo esa gran edificación cumplió 60 años. Hoy, en ruinas casi total. Como ya teníamos donde hacer deportes, era necesario organizarnos y poner la casa en orden. En ese sentido, decidimos realizar unas elecciones, pero de verdad, en la cual votarían todos los muchachos que estaban con la idea de hacer un club. La campaña fue corta y se acordó hacer los comicios el sábado día 11. Había mucha alegría y todo concluyó en orden. Participaron dos planchas, una que abogaba por la cultura y la otra por el deporte. Yo encabezada la primera y Doñé la segunda; al conteo de los votos, yo triunfé. Pero contrario a como sucede en el país con las elecciones y los partidos, y en un ejemplo de una democracia ideal, propuse que yo, como ganador absoluto, fuera el presidente y Doñé, quien luego sería un destacado técnico a nivel internacional y por muchos años secretario general del Comité Olímpico Dominicano, fuera el vicepresidente, y así distribuimos los restantes cargos en esta primera directiva que tuvo el Club Mauricio Báez. Ahí mismo se iniciaba una historia que con el paso del tiempo tendría grandes frutos, y ejemplos por todos lados. Tal ha sido, hasta el momento, que la siembra hecha por nosotros hace 50 años para protegernos de lo que se está viviendo hoy, que Villa Juana, metro por metro, es uno de los barrios de la capital y del país que tiene el más bajo índice de violencia social, entiéndase criminalidad, robos, asesinatos, violaciones. Y lo grandioso de todo eso es que casi la mayoría de los clubes deportivos y culturales de su tipo pueden hacer galas de ese gran logro. En el Club Mauricio Báez se han practicado más de 22 disciplinas deportivas, entre las cuales se destacan baloncesto, atletismo, ciclismo, béisbol, voleibol, natación. En la actualidad, tiene un liceo donde reciben educación miles de niños y jóvenes, una clínica en la cual se ofrece asistencia médica a cientos de personas de escasos recursos económicos. Una biblioteca, un auditorio de los más modernos del país, un gimnasio de pesas, zonas de recreo y estudio para niños y en el mismo funciona una fundación incorporada para dar asistencia a las personas de escasos recursos económicos.

tuvieron que ver con el enorme éxito logrado por el Mauricio Báez desde su fundación. Cabe mencionar entre ellos a Leo Corporán, el dirigente cuya increíble capacidad de entrega le ha merecido el respeto y reconocimiento de todos los miembros del Club, desde sus fundadores hasta líderes deportivos de las más altas esferas y de los diferentes gobiernos que ha tenido el país desde hace medio siglo. Gentes como Juan Ulises García Saleta (Wiche), Bienvenido Martínez Brea (Bebecito), Max Rojas, Virgilio Travieso Soto, Enrique Ripley, Polón Muñoz, José Joaquín Puello, Luisín Mejía. El día que se escriba la historia del movimiento deportivo, en especial de los clubes deportivos y culturales, habrá héroes conocidos y otros desconocidos que por sus condiciones y por el paso del tiempo -algunos fallecidos- han sido marginados y olvidados. En el caso del Mauricio y a los que no se les reconocen están Maritzo González, Félix de Jesús Pérez, Pedro Savery, Modesta Salas, Polín Trinidad, Hugo Capellán, Eligio Blanco Peña, José González, Negrito Ferreras, Luis Ruffin, Chiqui Heredia, Lilian Santos, Darío González, y otros muchos. En San Lázaro, el gran Chico Pérez, Félix Aguasanta, Rafael G. Santana, Carlos Nina Gómez, Rafaelito Ortiz, Domingo de la Cruz (Manito), Pedro Pablo Díaz, Cholo Suero, Tolben Jáquez y otros. La asombrosa inversión hecha en el Club por los gobiernos de Leonel Fernández Reyna ha catapultado al Mauricio Báez como uno de los centros culturales más espectaculares de América Latina y el Caribe, donde se construyeron edificaciones millonarias y que podrían ser la envidia de muchos clubes y pueblos del país, que no disfrutan de infraestructuras deportivas y culturales para el provecho de los jóvenes y niños de cada una de esas comunidades.

LA VERDAD HISTÓRICA. Yo, que tuve la iniciativa de fundar esta organización, me siento altamente orgulloso de la misma y, si tuviera la oportunidad de volver a nacer, haría exactamente lo mismo porque al barrio, al país, y en especial a la juventud y la niñez hay que defenderlos a cualquier precio, y la mejor defensa es protegerlos, como me tocó a mí hace ya 50 años, para que la pesadilla que estamos viviendo hoy sea eliminada y no haga falta una muralla, como la que hicimos en aquel tiempo, previendo esta tragedia de hoy. En Villa Juana han vivido Leonel Fernández, tres veces presidente de la República; Diandino Peña, constructor del Metro; Elvis Vásquez, piloto del presidente Bill Clinton; Juan Marichal, miembro del Salón de la Fama Cooperstown; Adriano de la Cruz, Chino Bujosa, Saturnino Martínez, Leonel Carrasco, César Pérez, Jimmy Sierra, César Reyes Jerez, don Jaime Crique, Gaspar Mario Cruz, Pin Santos, Rafael Serrano, Mario Holguín, Danilo Aquí Ibé, Ramón de Jesús Vidal, Guaroa Guzmán, Ramón E. Colombo, Luis Hernández, Mariano Germán, presidente SCJ; general Simón Díaz, J.C. Jerez Whisky, Laddy Portorreal, Nelly Pozo, Modesto Guillén, Julio Sabala, Miguel Khon, Frank Fuentes, Junot Díaz, premio Pulitzer; Andrés L. Mateo, premio Nacional de Literatura; Olga J. Serrano Reyes, Julio Aníbal Suárez, César Pina Toribio, Bolívar Vargas, Frank Viñals, Enrique Lantigua, Joseíto Mateo, Johnny Ventura, Gerardo Suero C., Danilo Segura, el mayor general Manuel Elpidio Castro, actual Jefe de la Policía Nacional, el vicealmirante Edwin Rafael Dominici Rosario, jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra; Jaime B. Luciano Pujols, oficial del Pentágono, EEUU, entre otros. ¡Oh Villa Juana, oh Club Deportivo y Cultural Mauricio Báez!


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