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Areíto

Zona de la Cultura y de las ideas

La ternura es la savia del amor

www.hoy.com.do Editor: Bavegado Diseño: Carla González SÁBADO 8.03.2014

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“Presencias de los 80”

¡10 artistas que marcaron la diferencia!

“Yo soy yo y mis circunstancias”

JULIA DE BURGOS

JOSÉ ORTEGA Y GASSET

El tiempo de Julia fue muy convulso. Nació el mismo año en que inició la Primera Guerra Mundial. Cuando Puerto Rico desarrollaba una expansión frenética de la caña y la producción de azúcar para el diezmado mercado europeo.Página 3

El proceso de individualización es más complejo de lo que podemos entender. Es necesario desnudar al individuo en todas sus etapas y analizarlas desde un punto de vista social, filosófico, plural y muy humano. Página 7

su poesía y su tiempo

El futuro del libro,

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la lectura y las librerías Será difícil que la industria, la distribución y las librerías sobrevivan bajo la forma actual en América Latina, con tan escasa demanda y acceso ciudadano a los libros. Página 6


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Sábado 8 de marzo de 2014

Zona Areíto Areito

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Deepak Chopra (Médico y escritor indio) Si tenemos un solo pensamiento de violencia u udio en contra de alguien en este momento, estamos contribuyendo a que el mundo tenga más heridas LA GUÍA

Leonardo Boff

LIBROS

Ternura: la savia del amor

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os caminos que van del corazón de un hombre al corazón de una mujer son misteriosos. Igualmente misteriosas son las travesías del corazón de dos hombres y respectivamente de dos mujeres que se encuentran y se declaran sus mutuos afectos. De ese ir y venir nace el enamoramiento, el amor y finalmente el casamiento o la unión estable. Como tratamos con libertades, las parejas se encuentran expuestas a eventos imponderables. La propia existencia nunca está fijada de una vez. Vive en permanente diálogo con el medio. Ese intercambio no deja a nadie inmune. Cada uno vive expuesto. Las fidelidades mutuas son puestas a prueba. En el matrimonio, apagada la pasión, empieza la vida cotidiana con su rutina gris. En la convivencia a dos suceden desencuentros, irrumpen pasiones volcánicas por la fascinación de otra persona. No es raro que después del éxtasis siga la decepción. Hay vueltas, perdones, renovación de promesas y reconciliaciones. Siempre sobran, sin embargo, las heridas, que, aunque cicatricen, recuerdan que un día sangraron. El amor es una llama viva que arde pero que puede oscilar y lentamente ir cubriéndose de cenizas hasta apagarse. No es que las personas se odien, se vuelven indiferentes unas a otras. Es la muerte del amor. El verso 11 del Cántico Espiritual del místico San Juan de la Cruz, que son canciones de amor entre el alma y Dios, dice con fina observación: «el mal de amor no se cura sino con la presencia y la figura». No basta el amor platónico, virtual o a distancia. El amor exige presencia. Quiere la figura concreta que más que la piel-a-piel es el cara-a-cara y el corazón sintiendo el palpitar del corazón del otro. Bien dice el místico poeta: el amor es una dolencia que, en mis palabras, solo se cura con lo que yo llamaría ternura esencial. La ternura es la savia del amor. Si quieres guardar, fortalecer, dar sostenibilidad al amor sé tierno con tu compañero o con tu compañera. Sin el aceite de la ternura no se alimenta la llama sagrada del amor. Se apaga. ¿Qué es la ternura? De entrada, descartemos las concepciones psicologizantes y superficiales que identifican la ternura como mera emoción y excitación del sentimiento frente al otro. La concentración solo en el sentimiento genera el sentimentalismo. El sentimentalismo es un producto de la subjetividad mal integrada. Es el sujeto que se pliega sobre sí mismo y celebra las sensaciones que el otro provocó en él. No sale de sí mismo. La ternura, por el contrario, irrumpe cuando la persona se descentra de sí misma, sale en dirección al otro, siente al otro como otro, participa de su existencia, de deja tocar por su historia de vida. El otro marca al sujeto. Ese demorarse en el otro,

LA SORTIJA DE LA MUERTE LIDERAZGO ÉTICO Este es un libro de gran pertinencia en la sociedad dominicana de nuestros días, cuando en casi todos los sectores falta un mayor compromiso con la ética. Fabio Abreu, con títulos en humanidades, comunicación política y un doctorado en Liderazgo Educacional, es su autor. Tiene 189 páginas. Analiza grandes liderazgos y los contextualiza en la realidad dominicana.

no por las sensaciones que nos produce, sino por amor, por el aprecio a su persona y por la valoración de su vida y de su lucha. “Te amo no porque eres hermosa; eres hermosa porque te amo”. La ternura es el afecto que damos a las personas en sí mismas. Es el cuidado sin obsesión. Ternura no es afeminación ni renuncia de rigor. Es un afecto que, a su manera, nos abre al conocimiento del otro. El Papa Francisco hablando en Río a los obispos les pidió “la revolución de la ternura” como condición para un encuentro pastoral verdadero. En realidad solo conocemos bien cuando tenemos afecto y nos sentimos envueltos con la persona con la cual queremos establecer comunión. La ternura puede y debe convivir con el extremo empeño por una causa, como fue ejemplarmente demostrado por el revolucionario absoluto Che Guevara (1928-1968). De él guardamos esta sentencia inspiradora: “hay que endurecerse pero sin perder nunca la ternura”. La ternura incluye la creatividad y la auto-realización de la persona junto y a través de la persona amada. La relación de ternura no envuelve angustia porque está libre de la búsqueda de ventajas y de dominación. El enternecimiento es la fuerza propia del corazón, es el deseo profundo de compartir caminos. La angustia del otro es mi angustia, su éxito es mi éxito y su salvación o perdición es mi salvación y, en el fondo, no solo mía sino de todos. Blas Pascal (1623-1662), filósofo y matemático francés del siglo XVII, introdujo una distinción importante que nos ayuda a entender la ternura: distingue el esprit de finesse del esprit de géometrie. El esprit de finesse es el espíritu de finura, de sensibilidad, de cuidado y de ternura. El espíritu no sólo piensa y razona. Va más allá, porque añade al raciocinio sensibilidad, intuición y capacidad de sentir en profundidad. Del espíritu de finura nace el mundo de las excelencias, de los grandes sueños, de los valores y de los compromisos a los cuales vale la pena dedicar energías y tiempo. El amor y la vida son frágiles. Su fuerza invencible viene de la ternura con la cual los rodeamos y los alimentamos siempre.

Esta es la segunda novela de Ramón Arturo Ubrí Pimentel, un conocido docente universitario. Según el autor del prólogo, Antonio Marchena Matos, la novela se desarrolla en el Cementerio de la Avenida Máximo Gómez, en la Capital dominicana. Relata la historia de tres jóvenes que acuden allí con el interés de profanar la tumba de una señora rica que había sido sepultada con joyas preciosas como cadenas con oro y diamante, anillos y medallas de oro e imágenes de la Virgen María y del Corazón de Jesús, valoradas todas en una suma millonaria, una verdadera fortuna.

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DISCURSO EN ACCIÓN Este es otro libro del doctor Fabio Abreu. Lleva como subtítulo “Cómo redactar artículos de opinión”. Este texto, de 202 páginas, tiene un tono didáctico. La exposición está presentada en catorce capítulos, acompañada de 30 artículos de autores nacionales e internacionales. Al final de cada capítulo el doctor Abreu propone a los lectores lo que llama modelos de macroestructuras, con la intención de que puedan redactar sus artículos en atención a las pautas trazadas y de conformidad con la nomenclatura de artículos propuesta. Un libro de gran valor para escritores y estudiantes de periodismo.

EL CANTAR DE LAS LÁMPARAS Esta es la primera obra que publica el abogado Jorge Suárez, exprocurador general de la Corte de Apelación del Departamento Judicial de La Vega. Se trata de un poemario que reúne su primera cosecha de una siembra que lleva años. Suárez empezó su aprendizaje literario con Pedro Antonio Valdez, en el taller literario La Matrácala. Siguió en el grupo literario Federico García Godoy, bajo la orientación del eminente escritor y filólogo Bruno Rosario Candelier. Estos poemas encarnan, dice Rosario Candelier, una interrogación metafísica de la existencia.

LA HISTORIA/Fuente: Portal de Bibliófilo Enmascarado

1920

FALLECIÓ EL 8 DE MARZO. Rafael Obligado, poeta y escritor argentino, conocido como “el poeta del Paraná”. Su obra más importante es el “Santos Vega”. _

1999

MURIÓ EL 8 DE MARZO. Adolfo Bioy Casares, escritor argentino. Premio Cervantes 1990. Su más famosa novela es “La invención de Morel”. Fue un escritor argentino que frecuentó las literaturas fantástica, policial y de ciencia ficción. _

1760

NACIÓ EL 10 DE MARZO. Leandro Fernández de Moratín, poeta y autor dramático español, el más relevante autor de teatro del siglo XVIII español. “El sí de las niñas”, es una de sus más populares obras.

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1936

NACIÓ EL 10 DE MARZO. Manuel Vicent, periodista y novelista español. Escritor prolífico, una de las obras más

populares es “Tranvía a la Malvarrosa”, o la galardonada con el premio Alfaguara 1999, “Son de mar”, ambas llevadas al cine. _

1945

MURIÓ EL 12 DE MARZO. Anne Frank, niña alemana de origen judío, conocida internacionalmente por la publicación postuma de su diario, “El diario de Ana Frank”. Murió en un campo de concentración y exterminio.

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MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN

Literatura

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Julia de Burgos en su tiempo, sociedad y poesía puertorriqueña

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l tiempo vivido deja una marca en el individuo, abre horizontes a partir de los cuales podemos iluminar la obra y profundizar el análisis literario como una ventana abierta al futuro. Toda escritura verdadera goza de esa apertura de su especificidad hacia la comprensión del mundo y de la vida. El tiempo de Julia fue muy convulso. Nació el mismo año en que inició la Primera Guerra Mundial. Cuando Puerto Rico desarrollaba una expansión frenética de la caña y la producción de azúcar para el diezmado mercado europeo. Las empresas absentistas convirtieron el Caribe en escenario y los jíbaros puertorriqueños bajaron de las montañas donde había vivido más de cuatro siglos en un tiempo congelado, donde la sobrevivencia y los juegos solo eran sacudidos por la presencia de piratas o alguna patrulla española. La caña significó una aceleración del tiempo; la locomotora, con su bocina rompía la tranquilidad del campo y la sirena del batey destrozaba el silencio y animaba a decenas a trabajar en el cultivo, el corte y la elaboración del dulce. Las políticas de salubridad habían tenido como resultado el aumento desmedido de la población, que pasó de 900 mil habitantes en 1898 a 1.5 millones en 1930. En consecuencia el uso extensivo de la tierra para el cultivo de la gramínea y el aumento poblacional habían revocado un desabastecimiento de alimentos. En dieciséis años de dominación estadounidense, la expresión del general estadounidense Nelson Miles en Ponce en 1898, de que entraba Puerto Rico a la modernidad y a la democracia, eran una promesa redentora incumplida. La clase propietaria, en lo político, no había logrado el gobierno propio que ya España le había otorgado bajo el Parlamento Autonómico de 1898. Ahora tenía que reconvertir las formas de diálogos con otra metrópolis, en otro idioma y en otras circunstancias. En 1905, el Partido Unión de Puerto Rico volvía a pedir el gobierno propio y en su programa tocaba el futuro para señalar que de no otorgársele pedirían la independencia. En 1916, las tropas estadounidenses intervinieron en la República Dominicana echando abajo la segunda república restaurada por Benito Monción, Gaspar Polanco, Florentino y Luperón en 1865. La suerte de Puerto Rico sería la misma que la de otros países del Caribe, como Cuba y Haití. Tanto en Cuba como Puerto Rico, la cañaverización convirtió a sus habitantes en peones de las centrales azucareras y desarrolló una élite política que se debatía entre la búsqueda de la libertad y la sumisión a los actores de las empresas absentistas. Para Antonio S. Pedreira, quien publicó “Isularismo” en 1934, Puerto Rico era un país que se había proletarizado; los estadounidenses habían traído una nueva enfermedad: el azúcar como diabetes colectiva. En el orden político, los puertorriqueños lucharon contra el acta Foraker, que hacía de la isla un fideicomiso del gobierno estadounidense. El acta Jones de 1917 no resolvió el problema, y daba la ciudadanía a los puertorriqueños. El proceso de superación y la falta de un modelo político provocaron el descontento tanto en el sector hacendado como en el sindical. Puerto Rico vivió grandes convulsiones sociales que no había experimentado en toda su historia. La clase hacendada vino a menos por la pérdida de sus principales fuentes económicas y por la competencia que le hizo la burguesía moderna estadounidense. La expresión política entonces fue la fundación del Partido Nacionalista. La lucha de la mujer en el plano sindical con Luisa Capetillo, en el sufragista con Isabel Andreu y en el educativo con Inés de Mendoza, hicieron del género femenino puertorriqueño una vanguardia consciente que podemos ver en la expresión de una poeta sin igual en América como lo fue Julia de Burgos. La lectura de su poesía muy bien avalan el proceso de formación educativa que logró Puerto Rico en las primeras tres décadas del siglo XX. El inglés como lengua vehicular de enseñanza implantado desde 1900, y los temores de asimilación por la cultura estadou-

nidense que sentían los grupos letrados, tensaron la mirada hacia la puertorriqueñidad. Luis Llorens Torres, el poeta más importante en las primeras tres décadas, fundó la Revista de las Antillas y desplazó su poeta hacia el Caribe y Latinoamérica como una forma de buscar los valores liberales que incluyen a Puerto Rico dentro de las islas hermanas, las hespérides, y entre las repúblicas de Bolívar. Mientras tomaba el paisajismo que inauguraban en la poesía Santiago Vidarte, Gautier Benítez y Gualberto Padilla, El Caribe. Llorens, hombre culto, hizo de la poesía un canto para la patria y buscó las esencias populares en sus décimas jíbaras y el patriotismo, al recuperar la figura de la rebelión de Lares en su drama del mismo título. La aparición de una poeta del talante de Julia de Burgos, que manejaba el verso como ninguna otra en América, no puede ser vista correctamente sin analizar el contexto político, tampoco sin el contexto cultural. En lo poético en la década del veinte cambia del modernismo, como Palés va de “Azaleas” (1915) a una poesía comprometida, social que denuncia la situación de vida del puertorriqueño. Luis Palés Matos asume ya su poesía negrista que toca a Julia en su primer libro (“Poema en veinte surcos”, 1938) con el poema “Ay, ay, de la grifa negra”…. Por otro lado estaba la poesía moderna de Evaristo Ribera Chevremont y la difusión que hizo de las vanguardias a su regreso de España en el periódico La Democracia. Pero Julia de Burgos, que definida por Juan Bosch como una lectora extraordinaria, no incursionó en moderna escritura. Había nacido Julia Constanza Burgos Díaz en el barrio Santa Cruz, muy cerca del

río Loíza. Pasó una infancia muy agitada. A pesar de eso vivió en una naturaleza que cautiva su poesía. Se destaca, a mi manera de ver, una concepción totalizadora, del verso, de la musicalidad y el ritmo, solamente dable en la escuela del modernismo de Darío. El parnasianismo con su imperativo estético queda presente en una poesía hermosa, bella, rítmica, pero que busca un diálogo con el pueblo, sin perder el escenario. Creo que en la poesía de Julia, el escenario modernista se transforma en un tablado proletario, nacionalista. Sin que su intimismo deje ver del todo una afiliación política que lleve el verso a la lucha política. Sabía la autora en medio de la tempestad que azota la sociedad en que ella vivía, sacar a parte el arte como proyección de un decir que atraviesa las épocas. Es su poética una construcción de la identidad femenina. Es un yo en el mundo que lucha por ser y alejarse de los condicionantes sociales; es una individualidad que aviva el desarrollo del sujeto femenino y dejar atrás todas las ataduras. Vista de esta manera, es Julia la mujer que mejor trabaja el lenguaje para crear rupturas en las prácticas sociales, políticas y personales. Porque ella no copió a Llorens, ni al Palés ni la poesía vanguardista de Chevremont. Sus versos se alzan en medio del posmodernismo. Toma de Darío como lo hizo Pedro Mir, la expresión artística, retoma la escena modernista y dialectiza la relación entre la voz y el escenario. Con ella, la mujer toma en la poesía la tea redentora y se sitúa como protagonista de la historia puertorriqueña contemporánea.

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CÁPSULAS GENEALÓGICAS www.idg.org.do

Santiago, la cuna de los Espaillat

Encuentros

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Por Julio González

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ambién son descendientes de Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823-1878) y su esposa Eloísa Espaillat Rodríguez (1818-1919), nacidos mayoritariamente en Santiago: la destacada poetisa, novelista, ensayista y educadora internacional Julia Altagracia Álvarez Tavares (Julia Álvarez) (n. 1950), el ingeniero, empresario, filántropo y promotor de la educación Gustavo Arturo Tavares Espaillat (1928-2009), el pionero de la banca dominicana Alejandro Enrique Grullón Espaillat (n. 1929), el industrial Luis Arturo Grullón Espaillat (1930-2008), el profesor universitario Luis Arturo Crouch Espaillat (n. 1952), el empresario de la industria del helado Pedro Antonio Fondeur Espaillat (n. 1944), la publicista Nonora Josefina Elmúdesi Espaillat (n. 1960), el abogado y diplomático José Augusto Vega Imbert (n. 1933), el también abogado Gustavo Eduardo Vega Vega (n. 1944), el museógrafo Pedro José Vega Vega (n. 1952), el empresario Andrés Gustavo Pastoriza Tavares (n. 1948), el abogado y diplomático Álvaro Logroño Batlle (1926-1999), el médico patólogo Miguel Ángel Logroño Batlle (1928-1991), el médico Miguel Ángel Delgado Batlle (1930-1997), el arquitecto Benjamín José Paiewonsky Batlle (n. 1934), el abogado e historiador Wenceslao Nicolás Vega Boyrie (n. 1932), el economista, historiador, arqueólogo y polifacético intelectual Bernardo Nicolás Vega Boyrie (n. 1938), el médico Máximo Ernesto De Moya Vega (1924-1978), el empresario José María Cabral Vega (n. 1933), el dentista Pedro Manuel Olavarrieta Vega (1944-2009), el arquitecto Fernando Augusto Batlle León (n. 1940), la sicóloga Vera Rosa Batlle Hernández (n. 1973), el médico Manuel Arturo Batlle Álvarez (n. 1976), el economista y empresario Manuel José Cabral Tavares (n. 1938), el ingeniero civil Orlando Antonio Franco Batlle (n. 1941), el sociólogo y economista Manuel Augusto Cocco Guerrero (n. 1943), el político, impresor y exdirector de Aduanas Miguel Salvador Cocco Guerrero (1946-2009), el empresario Manuel Enrique Tavares Sánchez (n. 1951), el historiador, escritor y empresario naviero Juan Tomás Tavares Kelner (n. 1953), el banquero Manuel Alejandro Grullón Viñas (n. 1953), el arquitecto Carlos José Borrell Vega (n. 1970), el líder empresarial José Manuel Díez Cabral (n. 1966), la promotora cultural y mecenas de las artes y la cultura María Amalia León Cabral (n.1960), la odontóloga Patricia Emilia Batlle Hernández (n. 1971), el médico José Eugenio Batlle Garrido (n. 1966), la licenciada en finanzas y administración Ana Cristina Pizano Batlle (n. 1969) y el historiador José Ygnacio Batlle Ramírez (n. 1985). Ulises Francisco Espaillat Quiñones falleció el 25 de abril de 1878 en Santiago. 11- María de los Dolores Espaillat Velilla fue la undécima hija del matrimonio de Francisco Antonio Espaillat Virol y Petronila Velilla Sánchez. Nació el 5 de diciembre de 1797 en Santiago. Casó con José María de Rojas Ramos con quien emigró a Venezuela. Su descendencia ya fue cubierta en una entrega anteriormente publicada. Otros dos hijos nacieron del matrimonio de Francisco Antonio Espaillat Virol y Petronila Velilla Sánchez quienes murieron párvulos. Fueron estos 12- Altagracia Espaillat Velilla nacida el 27 de mayo de 1799 en Santiago y 13- Pedro Nolasco Espaillat Velilla nacido el 30 de enero de 1803 también en Santiago. Como queda visto, la rica y extensa fecundidad originada en Santiago por la presencia de Francisco Antonio Espaillat Virol en el siglo XVIII, probablemente no tenga igual en la historia genealógica de la nación dominicana. Instituto Dominicano de Genealogía

MU-KIEN ADRIANA SANG

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BITÁCORA VITAL Con gran dolor de cabeza mi mente borra el recuerdo y de mi corazón escapa un suspiro, que fragua en el viento como ráfaga de hielo, duerme en silencio que la noche es mansa que mañana sea quien decida darle fin o comienzo a la jornada…. El disfrutar de mis últimos días de asueto para despejar el alma, que el lunes Dios dirá la labor extensa o el comienzo de proyecto mudo del paso creativo de mi mundo diseñando a solas la mejor estrategia el mejor alivio para la jornada, o un día blanco y normal donde nada o todo pasa. Estos días cotidianos en mi vida que surcan mis espacios entre sueños despiertos entre vivencias pasadas entre transcurrir del día, por la tarde al apagarse el sol en el horizonte. Redundando en la vida redundando en los sueños redundando en anhelos dispersos, la esencia divina entre planetas que exime de sentimiento nostálgico por ser vivido y disfrutado. Adolfo Casas C [i]

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l fin de la “prisión domiciliaria obligatoria” impuesta por el juez de bata blanca llamado médico me hizo olvidar por un instante los sonidos, los colores y matices de la cotidianidad del que debe salir cada día a buscar el sustento. Una mañana cualquiera, mientras aguardaba el cambio de luz del semáforo que nadie, ni siquiera los Amet, respeta, me puse a observar a mi alrededor. Me di cuenta, constaté otra vez, que la ciudad es una selva de cemento, plagada de vehículos de todos los tipos y de habitantes que ya no se conocen y se maltratan entre sí. Al observar de manera consciente, para lo cual dejé de escuchar la música seleccionada para sustraerme de los embates agresivos de los transeúntes y los choferes impertinentes y violadores de las reglas de tránsito, me di cuenta que la vida estaba allí, en esas cuatro esquinas. La doméstica que acompañaba al niño todavía somnoliento a la escuela maternal con sus dos manos ocupadas, en una la “ loncherita” con las meriendas del niño y con la otra sostenía la mano del pequeño que hacía lo imposible por no llegar al destino. El señor bien vestido sentado en el asiento trasero de su flamante vehículo, leyendo la prensa para enterarse de los vaivenes del mercado, la excusa válida para no ser testigo de lo que acontece a su alrededor. La larga fila de hombres y mujeres trabajadores que esperan con ansiedad y aprehensión la llegada del “concho” o de la “voladora” que los dejará cerca de su destino. Los mendigos, los trabajadores de la espera, acuden a la cita cotidiana, extendiendo su mano y vendiendo sus miserias. Los que limpian/ensucian los cristales y la carrocería con sus mullidas esponjas, y que en gesto agresivo obligan a los conductores a darles una moneda. Los que venden la prensa matutina, labor a la que se han incorporado mujeres, y cuando alguien hace una señal de compra, saltan a la calle sin temor a los demás vehículos que circulan a su alrededor. En las aceras de la ciudad abundan las improvisadas “tiendas” de comida, y en aceites sin fecha de expiración revuelven lo que sea para los comelones que se acercan. Decidí reducir la marcha y observar la ciudad, como testigo activo/pasivo de una ciudad que se auto-atropella y que se resiste,

desde sus propias entrañas, a vivir con un poco de orden. Observé la contaminación visual. Todavía quedan restos de los candidatos al Comité Central y al Comité Político del partido en el gobierno, con sus sonrisas fingidas y arregladas. Los anuncios improvisados de los “técnicos” que reparan cualquier cosa hiriendo los pocos árboles centenarios que la “civilización” municipal y la “miamización” no se ha llevado. La basura atestada en los escasos contenedores, producto de la incapacidad del municipio de resolver un problema vital, quizás porque estuvo más pendiente de comprar las instalaciones de la “ciudad de las luces” en el otrora zoológico de la ciudad; situación que se agrava porque la ciudadanía no tiene conciencia ecológica ni ciudadana para proteger el medio ambiente y el ornato, y tiran por doquier papeles, botellas, cartones y todo cuanto les estorba. Una ciudad sucia que se hace más insoportable cuando llueve, porque las calles se vuelven ríos y lagunas, y nuestros vehículos se convierten en improvisados botes. Y después de más de 20 años haciendo la misma ruta para llegar al lugar de trabajo, he visto cómo el paso del tiempo ha dejado sus huellas en todo. El “funcionario de la esquina” ubicado en la 27 de Febrero con W. Churchill ha perdido su energía y ha engordado enormemente. Ahora limpia/ensucia los cristales sin la ilusión de “ir a Japón a mostrar la bandera del país.” El loco de la Sarasota ya dejó de usar las batas de gran señor, ahora sólo es un sucio lumpen que hace lo que sea para drogarse. La mendiga que permanece impasible con su mano extendida pidiendo sin palabras ayuda, se ha vuelto una verdadera anciana, sin dientes y con ojos todavía más vidriosos. La inválida que usa muletas para moverse y que domina con maestría sorprendente, moviéndose entre los vehículos con soltura y desenfado, está gordísima, producto quizás de las comidas chatarra compradas en los improvisados comedores. El famoso “Boulevard de la 27” languidece impasible ante los ojos de las autoridades competentes. El muy anunciado “monumento a la modernidad” ha perdido brillo y esplendor y se ha convertido en la vergüenza de un sueño de grandeza con el dinero público. La “pequeña torre Eiffel” está cayéndose a pedazos, a pesar de que la original, situada en París con cientos de años, sigue intacta y acogiendo miles de turistas. El “Times Square” ya no alumbra. Las pantallas no funcionan. Y el reloj que fue colocado quizás inspirado por el Big Ben de Londres está detenido, las horas, los días, los meses y los años pasan y él ni se da por enterado. El lugar se ha convertido en un territorio apache, donde los bandoleros han hecho de las suyas y lo han marcado como suyo. La ciudad sigue, la gente se apresura a caminar y rodar en una carrera interminable y sin norte. Somos una “gran ciudad” porque representamos más del 30% de la población y del electorado. Somos una ciudad moderna porque las luces deslumbran, cuando la CDEEE se digna a dárnosla. ¡Ah falsa modernidad! ¡Ah falso progreso! ¡Ah ciudad sin alma ni dolientes! ¿Cuándo tendrás mejor futuro? No lo sé. Quiero saberlo. Exijo saberlo, porque cada mes me arrebatan una parte importante del sudor de mi trabajo. Y me siento cansada, atropellada y humillada. mu-kiensang@homail.com mu-kiensang@pucmm.edu.do sangbenmukien@gmail.com


Aporte

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Un libro de Bernardo Vega describe el fracaso de la invasión

de Penn y Venables

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MANUEL A. GARCÍA ARÉVALO

HOY

l presidente de la Academia Dominicana de la Historia, el licenciado Bernardo Vega, ha sumado a su vasta producción historiográfica una nueva obra titulada “La derrota de Penn y Venables en Santo Domingo, 1655”, que versa sobre la fracasada invasión inglesa a la isla de Santo Domingo, la cual formó parte del grandioso plan de conquista conocido como The Western Design (El plan occidental), que ponía en el punto de mira de Londres a las Antillas, Cartagena de Indias y otras posesiones españolas en el Caribe y Centroamérica. Con tal propósito, se organizó una poderosa expedición, ordenada en 1655 por Oliverio Cromwell, Lord Protector de la Commonwealth de Inglaterra, Escocia e Irlanda, la cual fue encabezada por el almirante William Penn y el general Robert Venables, que si hubiera resultado exitosa nos habría convertido en una colonia inglesa en el Caribe, como luego ocurrió con Jamaica. De ahí la importancia de indagar las causas que hicieron posible la epopeya hispano-criolla –a pesar de la superioridad bélica británica–, para que la Española permaneciera bajo la égida metropolitana de la Madre Patria durante aquellos convulsos años en que a ambos lados del Atlántico se debatía, con una gran hostilidad, la hegemonía entre una España ultracatólica y una Inglaterra antipapista firmemente protestante, aguijoneadas ambas por las rivalidades dinásticas y la competencia económica, comercial y territorial. “La derrota de Penn y Venables en Santo Domingo, 1655”, que ha publicado recientemente el licenciado Vega con el sello editorial de la Academia Dominicana de la Historia es, pues, una crónica comentada de la imponente invasión inglesa a la Española a mediados del siglo XVII, cuyo humillante desenlace para los británicos ha quedado inscrito en los anales de la historia insular como prueba fehaciente del arrojo de los criollos dominicanos para mantener sus raíces hispánicas y la determinación de defender el territorio bajo la conducción del gobernador de la colonia, don Bernardino de Meneses Bracamonte y Zapata, el desde entonces célebre Conde de Peñalba, asistido por los capitanes de milicias Damián del Castillo, Juan de Morfa y Álvaro Garabito, originario este último de Bayaguana; así como Pedro Vélez Montilla, quien perdió la vida al atacar a las tropas inglesas acantonadas en el ingenio de Engombe. Esa defensa insular trascendió lo geopolítico y militar, poniendo en relevancia aspectos de la cultura criolla que han sido decisivos en cada encrucijada nacional: lengua, religión, tradiciones y costumbres ancestrales. Son precisamente esos elementos étnicos y culturales, que constituyen las fibras esenciales de la identidad, los que forjan el carácter y templan el espíritu, convirtiéndose en resortes decisivos capaces de incitar el valor y la actitud de resistencia de todo un pueblo, el cual, movido por la senda del sentimiento y el impulso emocional, es capaz de hacer posible lo imposible, afrontando la adversidad con inusitado arrojo y valentía. El autor inicia su libro reconociendo con justeza los aportes de otros historiadores sobre el tema de la invasión inglesa, como los de J. Marino Incháustegui en 1953, Américo Lugo en 1942 y Emilio Rodríguez Demorizi en 1957. Además de auxiliarse de las relaciones testimoniales y crónicas de la época, tanto hispánicas como británicas, pues como bien indica el doctor Frank Moya Pons en el prólogo de la obra: «Los detalles que aporta Bernardo Vega en esta nueva narrativa acerca de las causas del fracaso de la expedición son poco conocidos por la mayoría de historiadores dominicanos pues, hasta ahora, sólo dos que sepamos han consultado parte de las fuentes inglesas que Vega utiliza para describir día tras día el descalabro de la invasión». A simple vista, parecería inconcebible que una flota compuesta por cincuenta y siete navíos de guerra con nueve mil doscientos soldados y marinos fuese incapaz de incorporar la isla Española al emergente imperio británico. Sobre todo si se tiene en cuenta el exiguo número de combatientes y el desvalimiento de las tropas insulares. Durante veintidós días, a partir del 23 de abril de 1655, primero de la invasión, el autor –como

si fuera un corresponsal de guerra– va siguiendo, paso a paso, el acontecer cotidiano de aquella hazaña bélica, con descripciones pormenorizadas de los esfuerzos desplegados por las tropas invasoras para controlar el territorio insular y las estratagemas utilizadas por las autoridades coloniales y las milicias criollas para frenarlos. Para de este modo desquitarse la afrenta infringida por Drake con su vandálico asalto a la ciudad de Santo Domingo en 1586. Varias causas confluyeron para que se produjera el descalabro inglés en nuestra isla. Lo primero que señala el autor es la ostensible rivalidad y malentendidos entre el almirante William Penn, encargado de la flota, y el general Robert Venables, a cargo del ejército. Esta disputa venía de lejos y se recrudeció al llegar al Caribe en ocasión de discutir el plan estratégico para efectuar el desembarco. Las desavenencias surgidas entre los dos comandantes permeó a sus lugartenientes y oficiales, incrementándose por la inexperiencia militar de los ingleses. Pues en vez de conformar el grueso de las tropas con efectivos curtidos en las campañas europeas, preferentemente de los participantes en la reconquista de Irlanda entre los años 1649-1654, como sugirió el jefe del ejército, gran parte del reclutamiento fue hecho a la ligera por un cuñado de Cromwell, el mayor general John Disbowe, convocando de forma improvisada a golpe de tambores a gente inexperta de los barrios bajos de Londres, a los que se sumaron agricultores sin entrenamiento militar y faltos de dotaciones, captados a última hora en las posesiones inglesas de Barbados y St. Kitts. Otro fallo logístico importante fue desembarcar la mayor parte de los contingentes militares de la escuadra en Nizao y no en la boca de Haina, como era el propósito original, con lo cual se aumentó –como señala el propio Venables– la distancia de marcha por tierra “larga y tediosa” hacia Santo Domingo en más o menos 40 millas (unos 64 kilómetros) por caminos inadecuados y calurosos, carentes de agua y tupidos por una densa foresta tropical. A esto se sumó la falta de provisiones alimenticias, incluso de brandy, las cuales resultaron insuficientes para el número de efectivos militares y marinos. En adición al hambre provocada por la escasez de alimentos, las tropas inglesas fueron diezmadas por la sed y la disentería. Al igual que por la exigua cantidad de tiendas de campaña, y la ignorancia sobre las características geográficas del territorio que deseaban conquistar, al extremo que hasta el ruido provocado durante la noche por los cangrejos en las playas mantuvo en estado de tensión permanente a los ingleses, haciéndoles pensar en una inexistente superioridad de los criollos. Este último aspecto, aunque parezca un tanto risible, constituyó una mítica leyenda durante siglos, hasta que se comprobó su veracidad, como lo demuestran los testimonios de la época aportados por Vega. Incluso, los cocuyos amedrentaban a los centinelas durante la noche, quienes no dejaban de disparar creyendo que la luminosidad de los insectos eran chispas de pedernal producidas por el enemigo para encender la pólvora de los pistones. Todos estos factores fueron minando la capacidad de las fuerzas invasoras, imponiéndose el pánico y la retirada en desbandada, hasta desembocar en un estrepitoso desastre, que conllevó a la evacuación precipitada de los ingleses. Por su lado, el Conde de Peñalba, ante la inminencia de la invasión se movilizó rápidamente pidiendo refuerzos a Cuba, Puerto Rico y Jamaica. A la vez de armar las milicias locales, cavar trincheras y reforzar las guarniciones defensivas de las murallas y sus baluartes, incluyendo la del castillo de San Ge-

rónimo a seis kilómetros de la ciudad. Aun así, Peñalba se hallaba en franca desventaja, pues solo contaba con ochocientos setenta hombres de armas para defender la plaza de Santo Domingo y demás lugares atacados, es decir, una condición de sensible inferioridad numérica y técnica respecto de los ingleses. Sin embargo, los avezados lanceros criollos –con sus lanzas largas emulando a los hetairoi de la caballería macedonia en las batallas de Issos y Gaugamela–, jugaron un papel determinante en el triunfo español, por su destreza y efectividad, como lo demostraron en los combates librados en el fuerte de San Gerónimo y con el constante asedio de las emboscadas que causaron estragos entre las tropas inglesas dispersas en las inmediaciones de la desembocadura del río Haina. Con motivo de la victoria, el Conde de Peñalba recibió el honor de que la puerta principal de entrada a la ciudad fue bautizada con su nombre. Es la actual Puerta del Conde. Que con el devenir de los años se convertiría en el Altar de la Patria. Mientras que a algunos de los capitanes que participaron en la defensa de Santo Domingo se les ha honrado con la designación de sus nombres a algunas calles de la capital. Los lanceros, en su mayoría hateros y monteros dedicados a desjarretar ganado cimarrón para aprovechar su cuero, eran provenientes de Santiago, La Vega, Cotuí, San Antonio de Monte Plata, Bayaguana, Azua, El Seibo e Higüey. Los mismos por su proeza fueron recompensados monetariamente por la Corona española, para lo cual se convocó una Junta de Hacienda en Santo Domingo entre los días 11 y 19 de noviembre de 1661, con fines de realizar el pago de los lanceros de 1665. Figurando entre los lanceros una mujer, doña Juana de Sotomayor, que “constó haber peleado en la campaña vestida de hombre con armas”. Los nombres de unos 300 “lanceros de la tierra dentro” que participaron en la contienda se han conservado para la posteridad, como consta en un documento del Archivo General de Indias, publicado en la Colección Lugo en el Boletín del Archivo General de la Nación núm. 40-41 de 1945. La superba actuación de esos lanceros, precursores de la guerra de guerrillas en el país, compuestos esencialmente por criollos, mulatos y negros libertos, demuestra, como han sugerido los historiadores Marcio Veloz Maggiolo y Euclides Gutiérrez Félix, que ya para entonces estaba en desarrollo y crecimiento el sentimiento de la pro-dominicanidad o nacionalidad en ciernes, una de cuyas manifestaciones más importantes es la idea de pertenencia y defensa territorial. “La derrota de Penn y Venables en Santo Domingo, 1655” constituye, pues, un valioso y reivindicativo aporte del historiador Bernardo Vega al tema de la invasión inglesa a nuestra isla durante el siglo XVII, tomando como punto de partida las fuentes originales que narraron la contienda. Además de su ordenada exposición, sencilla y amena al mismo tiempo, directa y objetiva, sin rebuscamientos de ninguna índole, el lector podrá aprovechar también la bibliografía consultada y el índice onomástico. Además de contar con un enjundioso estudio introductorio de Moya Pons, el libro está ilustrado con atractivos mapas a todo color de los puertos, fuertes, ingenios, estancias y otros lugares donde atacaron los ingleses, así como una serie de fotografías históricas de monumentos, ruinas y playas por donde llegó e intentó avanzar la armada británica y los puntos exactos en que los criollos resultaron victoriosos gracias a su fe, su conciencia territorial, su carácter indómito y aguerrido y su denuedo a toda prueba. Por todo ello, deseo expresar mis parabienes al licenciado Bernardo Vega por continuar su plausible labor editorial con esta importante contribución al esclarecimiento del pasado. Su más reciente obra, robustece y complementa notablemente la bibliografía dominicana, aportando nuevos datos a hechos históricos desconocidos o insuficientemente conocidos, basados en la descripción pormenorizada de esa gesta heroica, enaltecedora del esplendor patrio. Y le exhortamos a que continúe su encomiable labor de investigación para beneficio de la historia nacional y de todos los estudiosos interesados en nuestro pretérito.

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AREÍTO

Sábado 8 de marzo de 2014

Aporte

HOY

El futuro del libro, la lectura y las librerías. Diálogo con Gonzalo Castellanos Pregunta. Gonzalo, el mundo editorial está cambiando vertiginosamente, y las transformaciones tecnológicas, así como el paso del mundo análogo al digital están impactando en nuestras mentalidades, estilos de vida, hábitos y costumbres cotidianas. Usted que trabajó en la elaboración de la Ley del Libro y Bibliotecas del Ministerio de Cultura dominicano, además de otras leyes, como las de cine y patrimonio, ¿qué piensa de lo que está sucediendo en el presente? Como la misma Ley del Libro y Bibliotecas contempla su revisión cada cinco años, y su elaboración se inició en 2007, previo a un proceso de consultas y estudios ¿qué aspectos y elementos piensa deben ser revisados a la luz del presente? Respuesta. Creo que hay que darle más tiempo al instrumento. En República Dominicana, a diferencia de otros países latinoamericanos y España, incluso, se hizo una ley que contempla su propia retroalimentación con el entorno digital. Quiero decir que todos los instrumentos de fomento, circulación y acceso que allí se contemplaron cobijan por igual al libro impreso que al libro en nuevos formatos y, en consecuencia, a la circulación de textos en diversidad de medios. No creo que por ahora sea necesaria una revisión de la ley que tome otros años de trabajo, de concertaciones, de decisiones políticas, sino más bien una política que enfatice en la aplicación del instrumento actual y su reglamentación o interpretación para que todos los nuevos medios y formatos reciban igualdad de trato. P. ¿Usted piensa que el libro físico será desplazado por el libro digital? ¿Cuál sería pues el futuro del libro de papel? R. No lo creo, en particular en el caso latinoamericano. La brecha digital por factores de exclusión social en nuestro continente es incluso más grande que la que hoy existe de acceso a la lectura. Mientras nuestros países no superen la estructura de exclusión (menos del 50% de la población tiene acceso a Internet, y menos de ese porcentaje tiene con qué comprar una tableta o un computador), no habrá un reemplazo del texto escrito por el texto digital. Adicionalmente, hay intereses de empresas editoriales, no nacionales, que hacen que el montaje de esa industria del libro impreso no sea fácilmente reemplazable. Allí hay intereses en empresas impresoras, gráficas, de extracción de madera, de transporte, en fin, un negocio de cadena que las grandes editoriales no van a dejar que se acabe pronto hasta haberle sacado el último centavo. Y aclaro que me refiero al caso latinoamericano, a la lectura hispanoparlante, no a la situación de Europa o Estados Unidos, que ya va en un nivel de avance y de transformación digital muy superior. Si el poder adquisitivo en América Latina no da para que la lectura sea parte de la canasta familiar, es decir, para que cada ciudadano compre un libro impreso, mucho menos da para que cada ciudadano tenga acceso a internet, y a la compra del aparato para leer el libro, ni para la compra misma del libro. Se unen entonces la exclusión y la gran brecha digital con el interés económico de la industria editorial hispanoparlante impresa.

BASILIO BELLIARD

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P. Hasta hace poco yo pensaba que coexistirían el libro físico y el digital, pero ahora tengo mis dudas. ¿Piensa que las librerías sobrevivirán y se transformarán? ¿Podrían convivir con la práctica de la venta de libros por internet? ¿O se abriría una oportunidad para la implementación del negocio de las librerías de viejo, de libros usados? Las librerías tendrán que modernizarse, desde luego, y adaptarse a las nuevas tecnologías de un mundo competitivo, global y en constante transformación, en una sociedad del desecho, donde los dispositivos tecnológicos cambian repentinamente, son desplazados y reemplazados por otros más sofisticados, como ha sucedido con los celulares, las computadoras, los televisores, los discos compactos, etc. ¿Qué opina de mi reflexión?

R. Sí, creo que tendrá que depurarse la forma de producción y distribución para hacerlo más cercano al pedido personal. Será difícil que la industria, la distribución y las librerías sobrevivan bajo la forma actual en América Latina, con tan escasa demanda y acceso ciudadano a los libros. Solo una decidida e integral política de fomento de la lectura que, a decir verdad, no existe en el Continente y la Región, salvo en el caso argentino, chileno, brasileño o mexicano, puede hacer que sobreviva la cadena de valor del libro. De lo contrario, independientemente de que el libro esté en soporte digital o impreso, desaparecerán progresivamente más distribuidores y libreros. P. Si los Gobiernos y los empresarios cumplieran con la Ley del Libro y Bibliotecas en nuestros países - usted que trabajó en la redacción de esta ley en otros países de la región-, ¿piensa que se prolongaría la vida del libro tradicional de papel, con la creación de bibliotecas municipales, la compra de libros y equipos para fortalecer y mantener actualizado el catálogo del sistema de bibliotecas, así como que las empresas privadas doten de bibliotecas de mil libros para sus empleados, como lo dice nuestra ley? ¿Piensa que sería una solución o, por el contrario, la crisis persistiría y terminaría desapareciendo la Era de Gutenberg? R. Creo que los instrumentos de fomento (como la ley de Republica Dominicana) pueden hacer que sobreviva la política de lectura, con independencia del formato o soporte material del libro. Pero hay que movilizar los instrumentos con valentía, con honestidad, con decisión. Ninguna ley en el mundo, por buena que sea -y vaya que son escasas-, sirve en un contexto de desinterés gubernamental o de apatía ciudadana.

R. De lo mismo que ahora. De los casos más exitosos. Los autores viven o vivimos del relato, de la palabra. Y algunos viven realmente bien en el campo económico, cuando cambian, cuando sorprenden. Los editores seguirán viviendo de los mejores autores. El problema del ingreso para los autores es un asunto de siempre, no del futuro. P. Por otro lado, ¿cuál sería el futuro de las ferias del libro, cuando el libro es el objeto y el protagonista? ¿Sobrevivirán o se transformarán? ¿Y las bibliotecas, desaparecerán, se transformarán o se volverán museos bibliográficos? R. Sobrevivirán y quizá hasta haya más ferias en nuevos formatos, de nuevas maneras, más lúdicas, menos intelectuales, más democráticas. Cuando llegó el tren mucha gente se sorprendió y anunció cataclismos. De pronto caemos en la trampa de ver el mundo digital de la lectura y el libro con esa noción apocalíptica. P. ¿Usted piensa que con una política de promoción de lectura sostenida y dinámica de carácter oficial se podría enfrentar el déficit de lectura en los países que tienen tradicionalmente un bajo índice? ¿Cómo está esta situación en Colombia, país que tiene un alto índice de lectoría? R. Sin duda eso es lo que falta. Ese es el déficit, esa es la trampa gubernamental. El caso colombiano no es distinto: hay una fuerte industria editorial y de impresión (no exenta de altibajos); pero hay déficit de lectura. Y lo hay porque hay exclusión social en todos los sectores de la vida nacional. Por supuesto, la lectura no es ajena a esa estructura oprobiosa. Las políticas de lectura tienen que ser políticas de reequilibro social.


Aporte

AREÍTO

Sábado 8 de marzo de 2014

HOY

“Yo soy yo y mis circunstancias”,

José Ortega y Gasset

RAMÓN MOYA

¿Por qué es necesaria la identidad? El proceso de individualización es más complejo de lo que podemos entender. Es necesario desnudar al individuo en todas sus etapas y analizarlas desde un punto de vista social, filosófico, plural y muy humano. El individuo (él y sólo él) evoluciona más rápido que la colectividad y es él quien permite a la colectividad avanzar en el tiempo. Esto es argumentado por Kenneth Gergen en “El Yo Saturado” dice “A los individuos se les considera más bien representantes de categorías sociales más generales y es la categoría social la que cobra importancia decisiva en la vida cultural”. La persona, dijo Mauss, era el papel o máscara que uno posee en el ritual social y que viene a decir quién es y cuáles son los “derechos” de cada cual. El ritual representa la sociedad. Ser o tener una “persona” es ser alguien en ese ritual. De ahí se deriva el derecho a un nombre y la consecución de derechos civiles. Gergen, en “El Yo Saturado”, dice “En el ámbito literario, el sentido dramático ha sido con frecuencia el resultado del <<desarrollo>> o de la <<revelación>> de la auténtica naturaleza del protagonista”. Entendemos que la individualidad es inherente al humano, desde su aparición misma como Homo-sapiens. Desde este preciso momento el hombre quiere entenderse y tomar el lugar que le corresponde en la naturaleza, no como ser vivo, sino como ser pensante, tomando como “regla de medida” a su Dios, Estado-Nación, territorio y el planeta mismo. Norbert Elías, en “El proceso de la civilización”, dice “En los países industrializados del siglo XIX, en los que se escribieron las primeras obras de los padres de la sociología, las voces que, en el coro del siglo, acabaron por imponerse, fueron las que expresaban las creencias, ideales, objetivos a largo plazo y esperanzas sociales de las clases industriales ascendentes, frente a aquellas otras voces que se orientaban hacia el mantenimiento y conservación del orden social preexistente en el sentido de una élite del poder de carácter dinástico-cortesano, aristocrático o patricio. Consecuentemente con su posición como clases ascendentes, las primeras eran las que tenían mayores esperanzas en un futuro mejor”. Entendemos que la condición de individuo se logra en los espacios públicos, donde cada uno puede expresarse. Esto es apoyado por Marc Augé en su trabajo “Sobremodernidad del mundo de hoy al mundo de mañana”. “Del ciudadano y Leviatán”, de Thomas Hobbes, indica la influencia del Estado sobre el hombre político y la vida social. Luego de leer a Hobbes, podemos ver el análisis que hace del hombre, desde una perspectiva social en torno a su beneficio como ciudadano, igual que sus obligaciones con el Estado. El tema de “La individualidad hacia una naturalización” explica el proceso de individualización de la gente, y esto sucedió de la mano de la sociedad industrial del Estado-Nación. Lo anterior da la idea de que el individuo fue marcando su “Yo” a medida que fue siendo más productivo, especializado, teniendo más derechos. Esto puede ser visto en el libro de Herbert Marcuse “El Hombre Unidimensional”. El individuo sufre una “metamorfosis” por conseguir la subjetividad que es una lucha por la existencia misma, ya que sin la subjetividad no “existiríamos” y que en esta lucha tendemos a tomar y dejar las partes que nos interesan. Es explicado por Paolo Flores D’Arcais, en “El Individuo Libertario”. El sujeto cambia y se mantiene cambiando y es parte de nuestra naturaleza, y no sólo naturaleza, sino en el “Yo mismo”, innato por necesidad. Algo similar a lo anterior es explicado por Gergen en “El Yo Saturado”. En lo social podemos indicar que vivimos un constante cambio en busca del Yo, de ese ser que nos haga completos, pero la misma sociedad nos exige vivir en metamorfosis, buscan nuevas vías y nuevas concepciones que puedan realizarnos como individuos. Esta opinión se sustenta, en parte, por Herbert Marcuse en “El Hombre Unidimensional”; además de Gergen en “El Yo Saturado”, en el que dice “No obstante, a largo plazo las tecnologías que dan origen a la saturación

social serán ineludibles, y cuando estas se expandan y perfeccionen, poco a poco irán desapareciendo silenciosamente las mentalidades tradicionales y sus pautas de vidas correspondientes”. Viendo la sociedad dominicana, preguntamos si el Estado-Nación está involucrado en la fase de metamorfosis, dando las vías para que se logre esa transformación necesaria para un fin común o por el contrario, cada quien está es su propia búsqueda y, tal vez, copiando lo que puede ver, lo cual no necesariamente es lo deseado o necesario. Si analizáramos “El Hombre Mediocre” de José Ingenieros, donde dice “Para concebir una perfección se requiere cierto nivel ético y es indispensable alguna educación intelectual. Sin estos, pueden tenerse fanatismos y supersticiones; ideales jamás. Los que viven debajo de ese nivel y no adquieren esa educación, permanecen sujetos a dogmas que otros les imponen, esclavos de fórmulas paralizadas por la herrumbre del tiempo”. “Individualmente considerada, la mediocridad podrá definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad”. “...en lo sucesivo toda nuestra historia iba a estar condicionada por ese descenso, que sufrimos en nuestra infancia como pueblo” (Composición Social Dominicana, Historia e Interpretación, Juan Bosch). El sociólogo francés François Dubet nos dice “Concebida como una dimensión de la integración, la noción de identidad se encuentra frecuentemente asociada a los te-

mas del cambio social y de la crisis. Los problemas sociales, la desviación, la marginalidad y a veces las movilizaciones colectivas se interpretan como síntomas de la destrucción de las fuerzas de la integración y, al nivel del actor, como crisis de identidad”. Los individuos atomizados, aislados, privados de sus raíces y de sus tradiciones estarían entonces disponibles y atraídos por líderes y movimiento de masas que les ofrecen una nueva identificación en la fusión de las masas en movimiento alrededor del jefe, en el llamado a la identidad de la raza, de la nación, del pueblo-clase...La “personalidad autoritaria” que se impone en este caso puede ser considerada como la expresión psicológica de esta crisis de identidad. Entendemos que la sociedad dominicana, bajo aquellos que dictan las políticas macro de la sociedad, debe abocarse en un análisis profundo de las condiciones anteriores, actuales y las deseadas, en pro de marcar el norte de la nación y hacer todo lo que sea necesario para corregir el timón de la sociedad actual. Sin un proyecto de integración que vea al sujeto como variable importante dentro de ecuación que define la sociedad, no lograremos los avances sociales deseados y podríamos llegar a lo que se llama un “Estado fallido”.

Este ensayo descansa en un trabajo para aprobar un curso predoctoral, del doctorado Globalización: Procesos Sociales y Políticas Económicas, de la Universidad del País Vasco, impartido por el Dr. Mikel Villarreal.

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AREÍTO

Sábado 8 de marzo de 2014

Arte contemporáneo

HOY

Elvis Avilés. Matrix 3.

Lizett Mejía. Vuelo de mariposa.

Juan Bravo. Serie Sonido de Mujer.

Génaro Phillips. Recuerdo de la Historia.

Carlos Santos. Constructo.

Jesús Desangles. Pareja.

En el Centro Cultural de las Telecomunicaciones

“PRESENCIAS DE LOS 80”

¡10 artistas que marcaron la diferencia!

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AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ

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esde la noche del pasado jueves 11 de febrero, el Centro Cultural de las Telecomunicaciones (CCT) mantiene abierta la importante exposición colectiva titulada “Presencias de los 80”, compuesta por veinte obras de diez de los artistas dominicanos más destacados de la denominada “Generación del 80”. Sin dudas, esta muestra constituye una demostración elocuente del nivel de calidad de las propuestas expositivas y de la capacidad de trabajo que sostiene el equipo del CCT. Los expositores son Elvis Avilés, Juan Bravo, Jesús Desangles, Carlos Santos Durán, Osiris Gómez, Lizette Mejía, Amado Melo, José Ramón Medina, Genaro Phillips y José Sejo… “Todos estos artistas son dignos representantes del arte nacional, algunos de los cuales asumieron actitudes, posiciones y responsabilidades claves en la conformación del ‘Colectivo Generación 80’, integrado en 1984 por el mayor número de artistas visuales que grupo alguno haya tenido en la República Dominicana”, sostiene Hilario Olivo, coordinador y responsable de la variada selección de obras que integran la muestra. Por su lado, Noé Zayas, director ejecutivo del Centro Cultural de las Telecomunicaciones, ratifica: “Con esta exposición y con otras que inauguraremos dentro del programa de actividades del 2014, el CCT propicia un mayor acercamiento del arte y la cultura dominicanos con la sociedad, al mismo tiempo que reafirma su apoyo a las diversas manifestaciones artísticas y culturales de nuestro país, pues como expresara recientemente el licenciado Gedeón Santos, presidente del Indotel, las instalaciones del CCT siempre estarán al servicio de los artistas nacionales para que, junto con el Museo de las Telecomunicaciones, que es la base fundamental de esta institución, le sirvamos mejor al pueblo dominicano”. “Presencias de los 80” es una exposición colectiva, compuesta por veinte obras de diez creadores destacados de los 80, entre los cuales figuran algunos que devienen en los principales responsables del alto grado de informalismo, depuración conceptual y po-

livalencia simbólica que define, expresa y sostiene la vitalidad del arte dominicano contemporáneo. Se trata de 10 artistas con estrechos vínculos y diversas afinidades que, durante más de tres décadas de intensa actividad creadora y fructíferas trayectorias, logran desarrollar poéticas y universos visuales sumamente personales al mismo tiempo que sus aportes trascendentales sitúan a la pintura dominicana ante la inminencia de un espléndido caudal de profecías. Así, desde la sala de exposiciones del Centro Cultural de las Telecomunicaciones, en esta ocasión, Hilario Olivo, fraternal y emblemático militante del mítico “Colectivo Generación 80”, convoca e invoca las presencias de Elvis Avilés, Juan Bravo, Jesús Desangles, Carlos Santos Durán, Lizette Mejía, José Ramón Medina, Genaro Phillips y José Sejo, artistas en cuyas producciones podemos advertir los penúltimos niveles de elaboración simbólica que admiten la identidad cultural, la naturaleza, la memoria (íntima o colectiva) y el paisaje social, con su alucinante caudal de rituales y mitologías (ancestrales y cotidianas), en el arte dominicano contemporáneo. Desde luego, la “inclusiva” presencia de Osiris Gómez y Amado Melo, cuyo registro habría que datar por lo menos una década más adelante que en los casos de Avilés, Bravo, Desangles, Medina, Phillips, Santos Durán, Sejo y Lizette Mejía, resulta una adición excepcionalmente positiva. En sus obras recientes, Elvis Avilés nos deja ver los altos niveles de artisticidad, riqueza metafórica y libertad expresiva, así como el sustrato mágico que arde en sus inefables superficies, en su progresiva gestualidad y en sus deliciosos juegos texturales… Juan Bravo es un exponente excepcional de la pintura abstracta dominicana de las últimas tres décadas. Se trata de un artista de notable capacidad imaginativa. Las características distintivas de su obra son las gamas frías, grises, sepias o “silenciadas”, además de los nítidos juegos texturales y el potencial fascinante de sus superficies monocromáticas. En el universo visual de Jesús Desangles, los sujetos y objetos cobran su propia vida. Todo se vuelve ironía, caricatura, carnaval, patetismo, teatralidad, alucinación y exube-

rancia gestual al mismo tiempo que su obra sitúa el posexpresionismo caribeño en uno de sus máximos instantes de esplendor imagético… En las últimas tres décadas, José Ramón Medina logra definir una práctica estética de radical y distintiva eticidad, así como un discurso simbólico eminentemente abstracto y sumamente personal desde el que operan los signos identitarios de la cultura dominicana. En este mismo periodo, Carlos Santos Durán se proyecta como uno de los principales exponentes de la abstracción geométrica, el Informalismo y la investigación sobre las texturas de la materia en la pintura dominicana. Además de indagar sobre los grandes enigmas de la vida y la existencia, Lizett Mejía busca y encuentra las fuentes de la belleza en la naturaleza y en el Cosmos. En las vetas del sueño, la memoria y la espiritualidad. En lo metafísico, el esoterismo, la sabiduría primordial y los signos culturales ancestrales de Oriente y Occidente… En su polifásica producción simbólica, Genaro Phillips manipula un desconcertante “instrumental” de medios expresivos al mismo tiempo que procede mediante una recursiva y enfática resemantización del “ready made”… En sus pinturas recientes, José Sejo nos entrega una serie de composiciones en las que estalla profusa una extraña y vertiginosa transposición de líneas, planos geométricos, volúmenes, formas orgánicas, estructuras arquitectónicas, transfiguraciones y signos culturales mixtificados cuyas remisiones directas y su capacidad metafórica se nos revelan eminentemente identitarias. “Presencias de los 80” permanecerá abierta desde el 11 de febrero hasta el 11 de marzo en la Sala de Exposiciones del CCT, localizado en la calle Isabel la Católica esquina Emiliano Tejera, Ciudad Colonial. El Centro Cultural de las Telecomunicaciones y el Museo de las Telecomunicaciones reciben continuamente a jóvenes y niños desde todo el territorio nacional, a los que se les ofrece transporte y entradas gratuitas. El horario de visita es de lunes a viernes, de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Los sábados de 9:00 a.m. a 9:00 p.m. Los domingos de 10:00 a.m. a 6:00 p.m.

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