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AREÍTO

Sábado 1 de marzo de 2014

CÁPSULAS GENEALÓGICAS www.idg.org.do

Santiago, la cuna de los Espaillat

Encuentros

HOY

Por Julio González (5 de 6) Juan José Espaillat Velilla, el noveno hijo del matrimonio de Francisco Antonio Espaillat Virol y Petronila Velilla Sánchez murió antes del 1829 y su viuda, María Magdalena Rodríguez Rojas, casó de nuevo, el 5 de febrero de 1829 en Moca, con Juan Mateo Alix con quien procreó a Juan Antonio Alix Rodríguez (1833-1918), máximo cantor popular y autor de ingeniosas décimas. 10- Pedro Ramón Espaillat Velilla fue el décimo hijo del matrimonio de Francisco Antonio Espaillat Virol y Petronila Velilla Sánchez. Nació el 21 de mayo de 1796 en Santiago y falleció a los 86 años de edad el 11 de julio de 1882, también en Santiago. Casó hacia 1820 en Santiago con María Petronila Quiñones Tavares (1804-1874), hija de Tomás Quiñones y Francisca Tavares. Procrearon un solo hijo, Ulises Francisco Espaillat Quiñones, quien nació el 9 de marzo de 1823 en Santiago. Este vástago es quizás el más ilustre civilista que haya tenido la nación dominicana en toda su historia. Farmacéutico, político, legislador, periodista, prócer de la Restauración y presidente de la República en 1876. La historiadora Mu-Kien Adriana Sang se refiere a Ulises Francisco Espaillat en los siguientes términos: “Espaillat fue un severo crítico a la realidad heredada, pero ante todo, un gran soñador de una sociedad mejor. Así, no es de extrañar que su íntimo amigo Gregorio Luperón dijera, refiriéndose a la obra escrita de Espaillat, que ella debía ser el catecismo político del pueblo dominicano. Espaillat creía en la moral y en la unidad de la familia como base de la sociedad, pensamiento que lo resumía con estas palabras: La familia es el principio, el fundamento, la base de la sociedad”. Ulises Francisco Espaillat Quiñones casó en 1845 con su prima hermana Eloisa Espaillat Rodríguez (1818-1919), hija de Juan José Espaillat Velilla y María Magdalena Rodríguez Rojas. Nacidos en su gran mayoría en Santiago, de este matrimonio descienden: el comerciante Enrique de Jesús Espaillat Julia (1877-1934), el diplomático Ulises Francisco Espaillat Julia (1879-1933), el comerciante Pedro Ramón Espaillat Julia (1882-1965), Augusto Juan Alfonseca Espaillat (1919-1959) participante del desembarco en Constanza en junio de 1959, Manuel Francisco Batlle Espaillat (1878-1946), exgobernador de Santiago; el farmacéutico Juan Francisco Batlle Espaillat (1885-1958), Sebastián Emilio Valverde Stéfani (1911-1962), destacado historiador, fabulista y funcionario diplomático; Rafael Armando Espaillat Gutiérrez (1886-1952), diputado y secretario de Estado de Agricultura; Juan de Jesús Espaillat Gutiérrez (1887-1969), hacendado y fabricante de dulces; la pianista María Matilde Espaillat Carrón (n. 1901), Alejandro Augusto Espaillat Grullón (1904-1984) médico, senador de la República y embajador dominicano en Francia; el diplomático Pedro Ramón Espaillat Cabral (1943-1985), el abogado y economista José Oscar Julia Espaillat (1914-1987), el comerciante Gustavo Eduardo Vega Espaillat (1904-1989), el ingeniero, banquero, empresario y destacado munícipe Tomás Augusto Pastoriza Espaillat (1919-2002), el abogado, rector universitario y escritor Julio Francisco Vega Batlle (1899-1973), el diplomático Ángel Manuel Batlle Viñas (1902-1991), el dentista Mario Antonio Batlle Viñas (1908-2012), el abogado Edmundo Enrique Batlle Viñas (1910-2008), el médico Rafael Arturo (Fellito) Batlle Viñas (1914-2009), el ingeniero Manuel Antonio Valverde Stéfani (1906-1976) y el ingeniero civil, empresario y miembro original del Triunvirato Manuel Enrique Tavares Espaillat (1924-1984).

Instituto Dominicano de Genealogía

MU-KIEN ADRIANA SANG

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Diálogo de saberes. La complementariedad de los conocimientos. Reflexión final, y 7 Dedicado a mi médico de cabecera: Antonio J. Castillo V. Parábola La sabiduría de Sócrates Un hombre fue a donde estaba Sócrates y le dijo: - Oye Sócrates, escucha lo que te tengo que contar de como un amigo tuyo... - Calla, -le interrumpió el sabio-, ¿has ya pasado lo que me quieres contar por los tres cedazos? - ¿Tres cedazos? ¿Cuáles? - ¡Si cierto, tres cedazos! El primero es el de la verdad. ¿Has comprobado que lo que me vas a contar es verdad? - No, verdaderamente lo he oído decir; pero... - Entonces, lo habrás pasado por el segundo, esto es, el de la bondad: ¿Lo que me vas a contar, si no sabes si es verdadero, será por lo menos bueno? - No, ciertamente no, más bien al contrario... - ¡Ah, -interrumpió Sócrates- entonces probemos con el tercer cedazo: Pregúntate si es necesario que me cuentes todo aquello que al parecer te ha impresionado. - Verdaderamente, necesario, lo que se dice necesario, no lo es... - Entonces, -respondió el sabio-, si lo que me quieres decir no es ni verdadero, ni bueno, ni necesario, metámoslo en el olvido y no nos ocupemos más de ello

C

on este artículo damos fin a la serie sobre el diálogo de saberes. Hubiese podido escribir más entregas para satisfacer mi curiosidad natural, pero abusaría de ustedes, queridos lectores. Además de estos tres libros, y algunos trabajos que cité a lo largo de esta serie, localicé otras interesantes publicaciones. Una de las cosas que más me llamó la atención en esta búsqueda de respuestas, es que cada vez más médicos formados en las escuelas tradicionales han incursionado en la medicina natural. Por ejemplo, el Dr. Miguel Bruguera, especialista en medicina interna y aparato digestivo, escribió un artículo interesantísimo titulado: “Medicinas alternativas, complementarias, naturales o no convencionales”, en el que reconoce el avance de la medicina no oficial. Considera que la denominación que se ha acuñado de “medicinas alternativas complementarias” es incongruente porque no son científicas. De todas maneras, reconoce el avance de la medicina no convencional que ha tenido en el gran público, y lo atribuye al efecto placebo que puede producir entre los pacientes. Como puede observarse, este médico mira con reserva y desconfianza esta medicina que se sale de los cánones oficiales y estructurados de la enseñanza universitaria y la mal llamada “ciencia dura y pura”. Lo expongo porque hay de todo en la viña del Señor. Y es bueno que se generen estos debates académicos e intelectuales. El puente que se ha ido construyendo entre los dos mundos de la medicina es todavía muy reciente y débil. Hay demasiadas reservas en cada extremo, se necesita ampliar el universo de comprensión y la aceptación de saberes y paradigmas distintos. Sin embargo, a pesar de estas dificultades, me siento contenta, por el bien de la humanidad. Los tres libros que esbozamos en los artículos anteriores, a pesar de que fueron escritos por autores distintos, con experiencias diferentes y especialidades médicas también diferentes, coinciden en varios aspectos. Señalan con seguridad indiscutible que la modernidad y el “modelo de civilización” impuesto por la sociedad de consumo ha generado la mayoría de las enfermedades actuales. El estrés al que estamos sometidos es la causa fundamental del deterioro de la salud. Todos afirman, que además de la intoxicación por los químicos a que estamos sometidos, nos enfermamos, y que la enfermedad se hace más grave porque hay un factor sicológico en toda enfermedad. Los tres autores apuntan y apuestan a una vida saludable, sustentada en dos principios: sana alimentación y ejercicio físico para ayudar al organismo. Otro elemento que se desprende de esas interesantes lecturas es la necesidad de que nosotros, los que no tenemos más remedio que vivir en esta sociedad que nos somete a la carrera y a la locura existencial, busquemos espacios para

la paz, el sosiego, para disfrutar de lo pequeño y lo nimio. Como ciudadana formada en lides ajenas a la medicina (¡A Dios Gracias!), me siento satisfecha con la apertura a la que somos testigos. Convencida como lo estoy, de que, en ningún área del saber, existen axiomas definitivos, absolutos ni eternos; que la verdad se construye en el diálogo creativo y constructivo; porque nadie tendrá jamás en sus manos la razón completa, porque los seres humanos somos limitados; pero sobre todo porque el saber es una acumulación, una herencia que nos dejaron nuestros antepasados, y nosotros, en honor a sus aportes, debemos asumirla y conocerla para transformarla. Gracias a la maravillosa insatisfacción, la humanidad ha caminado por nuevos senderos. Pasamos del fuego logrado por el accidente primitivo de frotar dos piedras, al hierro, al bronce, y hoy a las más sofisticadas tecnologías que cada día rompen nuestra propia imaginación, llevándonos hacia mundos insospechados y asombrosos. No creo que viviré lo suficiente para cuando el puente que se ha iniciado entre los dos mundos opuestos ayer, complementarios hoy, se acerquen y se integren. Pero el palpar que Occidente reconoce, con sus limitaciones, la medicina milenaria china y ayurvédica, me tranquiliza, y me hace sentir orgullosa de mis ancestros. Saberme usuaria de los dos mundos, de ayudar mis problemas físicos con los medicamentos de la ciencia física y química y las terapias alternativas, me obliga a convencerme aún más, de que necesitamos abrir las mentes y los corazones. Expreso, sin embargo, un temor. Ojalá que ese puente que se comienza a construir entre los dos mundos no se convierta en otro escenario para la ambición desmedida y el deseo del dinero. Ojalá que la confluencia de saberes no se transforme en vulgar mercancía con valor de mercado. Me aterra pensar que quizás en unos años hasta el aire que respiramos, el amanecer, la lluvia y los atardeceres tendrán precio y valor en la moneda de mayor circulación en esta aldea global que sataniza y mercantiliza todo. Solo espero que prosiga, prosiga y prosiga este diálogo que se inicia entre dos mundos paralelos. Que todo sea para el bien de la humanidad. Que así sea. Amén mu-kiensang@hotmail.com mu-kiensang@pucmm.edu.do @MuKienAdriana

01 03 2014 areito pdf ok  
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