HOUSTON
ENE – MAR| 2025
PUBLICACIÓN DE LA CASA DE HOSPITALIDAD CASA JUAN DIEGO
Vol. XLV | No. 1
por Luisa Zwick
Cuando me convertí al catolicismo hace muchos años, de alguna manera me llegó la idea de que las preocupaciones terrenales no eran muy importantes a la luz de la eternidad. Mi instrucción en la fe no me enseñó eso, pero la idea misma de la realidad trascendente de Dios y de la vida algún día en la visión beatífica llevó mi mente a contemplar esta idea. Pronto volví a la tierra cuando Marcos Zwick, quien me trajo a la fe, me pidió que comenzara a visitar a familias desesperadamente pobres en el barrio del centro de la ciudad de Youngstown. Comencé a aprender más sobre las realidades cotidianas y a ver que mi nueva fe se relacionaba con las situaciones difíciles que enfrentan tantas personas. Mi comprensión de la importancia de Mateo 25:31 y los siguientes versículos de la Biblia (Obras de misericordia hacia el Señor disfrazado en los pobres y los extranjeros) echó raíces y ha crecido con los años. Me di cuenta de que el Señor nos pide que nos preocupemos por lo que sucede aquí y ahora en este mundo actual. Comprendí que se espera que los seguidores del Nazareno hagan la voluntad del Padre, como nos enseñó en el Padrenuestro, en la tierra como en el cielo. No puede ser la voluntad del Padre que tratemos a los demás como si no tuvieran dignidad y que nuestras políticas comerciales, industriales y tecnológicas contribuyan a destruir lentamente la tierra, nuestro aire, agua y clima.
¿Los cristianos que esperan tanto en el cielo descuidan a las personas y a la Tierra?
Hágase tu Voluntad en la Tierra como en el Cielo: LA ESCATOLOGÍA Y NUESTRO MUNDO ACTUAL
Según un nuevo artículo en la revista Modern Theology, la falta de preocupación por la degradación de nuestro medio ambiente e incluso la falta de preocupación por la dignidad de las personas y su trabajo pueden estar vinculadas a un énfasis excesivo en la escatología cristiana sobre la salvación individual en el Reino de Dios “algún día” en el futuro, que incluye el Eschaton, el fin de este mundo. El autor del artículo, Gunnar Gjermundsen, sugiere que poner toda la esperanza en un cielo futuro tiene sus raíces en una interpretación errónea del Evangelio. Argumenta con San Máximo el Confesor, uno de los Padres de la Iglesia, que “el cristiano no debe esperar una irrupción cataclísmica en el futuro histórico”. Máximo presenta una escatología alternativa y una comprensión del tiempo y la eternidad en la que el cumplimiento del tiempo y la llegada del Reino “se entienden como inseparables de la transformación, la conversión del corazón, del alma individual,-- comenzada, si no terminada, en esta misma vida”. En su artículo, Gjermundsen cita a Norman Wirzba, quien sostiene que muchos creyentes ven su cristianismo como un “proyecto de escape masivo de la Tierra, con el efecto potencial de llegar a considerar el planeta como un mero telón de fondo para el drama redentor del alma”. ¿Por qué preocuparse por las terribles emisiones y los productos químicos que dañan a las personas y a la Tierra, cuando este mundo es sólo temporal y el fin puede estar llegando pronto? ¿Por qué molestarse en leer la encíclica Laudato Si? ¿Por qué molestarse en mejorar las condiciones para los más pobres de la Tierra? En la encíclica Laudato Si, el Papa Francisco presenta el desafío a los católicos y otras personas de buena voluntad: “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema global donde priman una especulación y la búsqueda de ganancias financieras que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación
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