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éstos constituiría tener un puñado de monedas de oro o de dólares que en los postreros días de aquella luctuosa temporada se les convertían en sumas cuantiosas de dinero o, por mejor decir, lo que recibía el nombre de dinero con el cual ellos adquirían propiedades valiosas por menos aún que "un plato de lentejas". La "Junta del renacimiento", pues, dentro de las condiciones en que se encontró, rodeada de invencibles obstáculos y asechanzas por doquiera, logró, sin embargo, después de un año y medio de esfuerzos, que con agradecimiento se aprobaran sus gestiones todas, inclusive lo hecho con los terrenos del Parque, lo de más trascendencia, en asamblea general celebrada en 19 de diciembre de 1916, en que se nombró la nueva junta, presidida por D. José de Caso. Fue, pues, D. José de Caso, que ya había compartido como Vocal de la "Junta del renacimiento" las penalidades de la situación del país y de la sociedad misma, a quien cupo el continuar sorteando los obstáculos al parecer invencibles con que había tropezado. Como uno de los medios para poder hacer frente a las necesidades de la Institución se tomó el acuerdo de que los enfermos socios pagaran $ 3.00 diarios en oro, que había comenzado a salir de sus escondites, como toda la moneda metálica reapareció cuando en los mercados decididamente no aceptaron recibir un papel más; dándose en caso, tal vez único, de que se hubiera preferido vender a crédito, sin garantía alguna, aun a compradores apenas conocidos, a darse por pagado con lo que nada valía. Aquella cuota, sin embargo, pareció demasiado elevada y se redujo a $ 2.00 a los socios y $ 4.00 a los no socios. AQUI . . . S. B. E.

La Oración de la Rana Anthony de Mello.

"Un discípulo acudió a Maruf Karichi, el Maestro musulmán, y le dijo: "He estado hablando de ti a la gente. Los judíos dicen que eres de los suyos. Los cristianos te consideran uno de sus santos. Y los musulmanes ven en ti a una gloria del islam". "Marof replicó: "Eso es lo que dicen aquí, en Bagdad. Cuando yo vivía en Jerusalén, los judíos me tenían por cristiano; los cristianos, por musulmán; y los musulmanes, por judío". "Entonces, ¿qué tenemos que pensar de ti?" "Pensad en mi como un hombre que dice lo siguiente acerca de sí mismo: los que no me comprenden me enteran; los que me vilipendian tampoco me comprenden". (Si crees ser lo que tus amigos y enemigos dicen que eres, evidentemente no te conoces a ti mismo). ***** "El sabio Uddalaka enseñó a su hijo Svetaketu a descubrir al Uno tras la apariencia de lo múltiple. Y lo hizo valiéndose de "parábolas" como la siguiente: "Un día le ordenó a su hijo: "pon toda esa sal en el agua y vuelve a verme por la mañana". "El muchacho hizo lo que se le había ordenado, y al día siguiente le dijo su padre: "Po favor, tráeme la sal que ayer pusiste en el agua". "No la encuentro, dijo el muchacho. "Se ha disuelto". "Prueba el agua de esta parte del plato", le dijo Uddalaka. "¿A qué sabe? "A sal". "Sorbe ahora de la parte del centro. ¿A qué sabe? "A sal". "Ahora prueba del otro lado del plato. ¿A qué sabe? "A sal". "Arroja al suelo el contenido del plato", dijo el padre. "Así lo hizo el muchacho, y observó que, una vez evaporada el agua, reaparecía la sal. Entonces le dijo Uddalaka: "Tú no puedes ver a Dios aquí, hijo mío, pero de hecho está aquí". (Los que buscan la iluminación no logran encontrarla, porque no comprenden que el objeto de su búsqueda es el propio buscador. Al igual que la belleza, también Dios está en el yo del observador.) ***** "Una niña estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano, de dieciocho años, había logrado recuperarse años atrás. El médico dijo al muchacho: "Sólo una transfusión de tu sangre puede salvar la vida de tu hermana. ¿Estás dispuesto a dársela"? . "Los ojos del muchacho reflejaron verdadero pavor. Dudó por unos instantes, y finalmente dijo: "De acuerdo, doctor; lo haré" Una hora después de realizada la transfusión, el muchacho pregunto indeciso:..--'Dígame, doctor, ¿cuándo voy a morir?". Sólo entonces comprendió el doctor el momentáneo pavor que había detectado en los ojos del muchacho: creía que, al dar su sangre, iba a dar también la vida por su hermana". PAGINA 25

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