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PERSONAJES ESPAÑOLES

Paulino de Ariño.

El odio también mata. El espantoso final de este personaje --merecido tal vez, pero no así--, es una auténtica tragedia vista desde un punto teatral, pues entre el simple drama y la tragedia hay diferente interpretación. La tragedia, en el teatro, es la representación de una acción interesante entre personajes insignes y heroicos. Debe conmover el corazón excitando lástima, terror, asombro, con el espectáculo de la lucha entre pasiones violentas que perturban el orden moral y producen gravísimos trastornos en la esfera total de la vida. Podemos poner como ejemplo "Reinar después de morir", la tragedia de "Inés de Castro", casada con Don Pedro de Portugal y asesinada por orden de su suegro. Si bien nos causan dolorosa impresión las desgracias de cualquier ser humano, despiertan y excitan más nuestra piedad si descargan su rigor sobre personas ilustres (y el caso de Gadafi no entra en los "ilustres", pero sí como "personaje público" por sus excentricidades conocidas en todo el mundo) por ser tanto mayor la caída cuanto lo es la altura de donde cae. Nos compadecemos de un pobre jornalero que ha caído en la desgraciada mendicidad, pero su situación no nos sorprende. Decía Stalin que "la AQUI . . . S. B. E.

Paulino de Ariño, nacido en Nogales, sonora, el 18 de octubre de 1926, hijo de padre vizcaíno y madre montañesa. Estudió en el colegio de Santiago Apóstol y en la escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao. Regresa a México y realiza diversos cursos de especialización, mercadotecnia en la Escuela Bancaria Comercial de México, publicidad en la Panamerican Agency de Florida, E. U., antropología en la UNAM. Fue presidente fundador del Instituto Kyuden de México, A.C.; vicepresidente del Instituto de Cultura Americana; editorialista del diario "Novedades", de "El Mejor Diario de México"; ejecutivo nacional de corresponsales de prensa en la república mexicana; delegado internacional y ante las Naciones Unidas de la Internacional Press y de la Sociedad Mexicana de Prensa; organizador de Ciclos de Estudios de Humanidades, directivo de la Casa Domecq México S. A. de C. V., profesor de fisicoculturismo, de judo (sho.dan), de karate, natación, montañismo y escalada. Pertenece a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y directivo de la Junta Española de Covadonga. Ha sido premiado con el Escudo de oro, Jaiba de Oro de Honor y el Teponaztli Mayor por su producción literaria y obras culturales. Y para mayor gloria, padre del Dr. Mauricio de Ariño y concuño del inolvidable Dr. José Naves.

muerte de un soldado es un drama, pero la de un millón de soldados es una estadística". Sabemos cuál era la moral y el sentir de ese personaje cuya muerte no fue una "tragedia" puesto que murió en su cama, como murió Franco. pero sí fue tragedia la de "Inés de Castro", como fue la del rey Edipo, ciego, abandonando su palacio de Tebas, sin más apoyo que su

hija, para buscar la muerte en apartadas regiones, o el también ciego Belisario extendiendo la mano pidiendo una limosna al emperador Justiniano, a quien le había dado tantas victorias. Por tanto el caso de Gadafi tiene todos los elementos para ser una tragedia por la altura de la que se ha caído, añadiendo a esa altura la forma en que fue ejecutado por su propio pueblo, un pueblo cargado de odio, sí, pero excedido en la muerte del odiado.

Burguiba, Presidente de Túnez, Arafat como testigo del “afectuoso” saludo al ya fallecido Gadhafi. Tres caminos contradictorios.

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