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Padre José María Fernández, SSP

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO Stos. Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael 29 de Septiembre

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros”. El rico insistió: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”».

L

os dones que Dios ha dado generosamente a los seres humanos son neutros: ni buenos ni malos, todo depende del uso que se haga de ellos. Por eso es necesario que seamos prudentes al clasificar a las personas por las riquezas que tengan o dejen de tener, pues con frecuencia, llamamos rico al que tiene bienes de fortuna, y pobre, al que carece de ellos.

cas y dañinas nos hunden en la ruina hasta perderlos. En realidad, la realidad de todos los males es el amor al dinero. Por entregarse a él algunos se han extraviado lejos de la fe y se han torturado a sí mismos con un sinnúmero de tormentos» (1Tim 6,8-10).

Tampoco nos vale escudarnos en que «yo no tengo nada que compartir» que no responde a la verdad. A todos, Dios nos ha El rico que hoy nos presenta enriquecido con dones partiel evangelio no es condenado culares: el amor, la amistad, la por tener riqueza, ni tampoco palabra oportuna. Todos podepor «vestir con ropa finísima y mos enjugar una lágrima, dar que cada día comía regiamen- una mano, salir al encuentro de te» sino porque ha mirado ha- una necesidad. Basta a veces cia otra parte cuando, tenien- estar atentos para saber desdo a su lado un pobre llamado cubrir las carencias de nuestro Lázaro, cubierto de llagas, no prójimo. La vida está hecha de ha salido a su encuentro en la cosas pequeñas como las innecesidad curando sus llagas mensas playas marinas están y proporcionándole el alimen- compuestas de millones de to que necesitaba. En una pa- pequeños granitos de arena. labra, ha olvidado el deber de «Vencer el mal a fuerza del la caridad y no ha puesto en bien» como dice san Pablo a práctica la palabra evangélica: los romanos (12,21). «cada vez que lo hicisteis con Leído y reflexionado este evanuno de estos mis hermanos gelio en nuestra situación actual más pequeños, conmigo lo hi- de crisis en que nos encontracisteis» (Mt 25,40). mos cobra un significado especial a la vez que un compromiSan Pablo, escribe a Timoteo so. No saldremos de la crisis dándole algunas recomenda- a base de grandes discursos, ciones y entre otras se encuen- ni por los planes macroeconótran las siguientes: «Quedémo- micos que se nos presenten si nos entonces satisfechos con no somos capaces de aportar tener alimento y ropa. En cam- nuestro granito de arena. Si bio, los que quieren ser ricos no somos capaces de afrontar caen en tentaciones y trampas; la realidad y poner manos a la una multitud de ambiciones lo- obra.


“Ábrenos, Señor, tu cielo cada vez que, con espíritu limpio, abrimos nuestro corazón a tu Evangelio.”

ORACIÓN Señor, «danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido» (Plegaria eucarística V-b).

Novedades

Novedad

San Pablo, que sabía mucho de las necesidades de sus comunidades nos da unas pautas de comportamiento. Escribiendo a los corintios les dice: «No se trata de que otros tengan en abundancia y vosotros sufráis escasez. Buscad la igualdad: al presente vosotros daréis de vuestra abundancia lo que a ellos les falta, y algún día ellos tendrán en abundancia para que no os falte a vosotros. Así os encontraréis iguales y se verificará lo que dice la Escritura: al que tenía mucho, no le sobraba; al que tenía poco, no le faltaba (Éx 16,18) (2Cor 8,13-15). Podemos resumir toda la parábola en aquellas palabras de Jesús «no se puede servir a Dios y al dinero» y que nos llevan a pensar en nuestras reacciones de incomprensión ante ciertas voces que cuestionan nuestro bienestar y nuestros status de vida. PREGUNTAS: - ¿De qué está llena mi vida? - ¿Soy capaz de ver las necesidades de los demás? - ¿Cómo empleo los dones y capacidades que tengo a mi disposición?

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Domingo XXVI del Tiempo Ordinario  

Abrahán le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.