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INDICE:

Amigos por el viento…………………………………………………. 3 El atardecer…………………………………………………………… 6

El minotauro…………………………………………………………... 7

El Pomberito………………………………………………………….. 9

Juanita y sus pies……………………………………………………. 11

En las sombrías aguas……………………………………………… 13

La mejor luna………………………………………………………… 15

Noche escalofriante…………………………………………………..17

La tristeza y alegría de Deméter…………………………………….18

Mi Ángel Horla………………………………………………………… 19


3

Amigos por el viento. Liliana Bodoc A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo apeligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas. Cuando la vida se comporta de ese modo, o se nos ensucian los ojos con lo que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una letra que creemos reconocer. El cielo se mueve más rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresará la calma. Así ocurrió el día que papá se fue de casa. La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio. -Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece? -Me parece bien- mentí. Mamá dejo de pulir la bandeja, y me miró: -No me lo estás diciendo muy convencida… -Yo no tengo que estar convencida. -¿Y eso qué significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo a lo largo de la vida. Me vi obligada a levantar los ojos del libro: -Significa que es tu cumpleaños, y no el mío- respondí. La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá. Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tenga un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte. -Se van a entender bien- dijo mamá-. Juanjo tiene tu edad. La gata, único ser que entendía mi desolación, salto sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena. Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador. Disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrosas hechicerías. Ya no había huellas de viento ni de llanto. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar. Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacia cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volvieran a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir. -Me voy a arreglar un poco- dijo mamá mirándose las manos-. Lo único que faltaba es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.


4 -¿Qué te vas a poner?- le pregunté en un supremo esfuerzo de amor. -El vestido azul. Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba. Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue se quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con el único propósito de desmerecer a mi gata. Puede verlo transitando por mi casa con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, más que ninguna otra cosa, me aterro la certeza de que sería uno de los chicos que, en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones. -¡Mamá!- grite pegada a la puerta del baño. -¿Qué pasa?- me respondió desde la ducha. -¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos? El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba. -¿Palabras que parecen ruidos?- repitió. - Sí.- y aclaré- Pum y plaf, ugg… ¡Ring! -Por favor- dijo mamá-, están llamando. No tuve más remedio que abrir la puerta. -¡Hola!- dijeron las rosas que traía Ricardo. -¡Hola!- dijo Ricardo asomado detrás de las rosas. Yo mire a su hijo sin piedad como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y pantalón que le quedaba corto. Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul le quedaba muy bien a sus cejas espesas. -Podrían ir a escuchar música a tu habitación- sugirió la mujer que cumplía años desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados. Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto seria de su propiedad. Y que yo dormiría en el canasto junto a la gata. No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también debería sufrir. Entonces, busque una espina y la puse entre signos de preguntas: -¿Cuánto hace que se murió tu mamá? Juanjo abrió grande los ojos para disimular algo. -Cuatro años-. Pero mi rabia no se conformó con eso: -¿Y cómo fue? - volví a preguntar.


5 Esta vez, entre cerro los ojos. Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llego desde su voz cortada. -Fue…, como un viento- dijo. Sin nada agache la cabeza, y deje salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿Seria el mismo que paso por mi vida? -¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados?- pregunte. -Sí, ese es. -¿Y también susurra…? -Mi viento susurraba- dijo Juanjo-. Pero no entendí lo que decía. -Yo tampoco entendí.- Los dos vientos se mesclaron en mi cabeza. Paso un silencio. -Un viento tan fuerte que movió los edificios –dijo el-. Y eso que los edificios tienen raíces… Paso una respiración. - A mí se me ensuciaron los ojos- dije. Pasaron dos. - A mí también. - ¿Tu papá cerro las ventanas?- pregunte. -Sí. - Mi mamá también. -¿Porque lo habrán hecho?- Juanjo parecía asustado. -Debe haber sido para que algo quedara en su sitio. A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas. -Si quieres vamos a comer cocadas- dije. Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizás ya era tiempo de abrir las ventanas.


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El atardecer

Un familia con, humildad y bondad, salieron de su hogar un día a la mañana temprano para pasar el día en un campo. El paisaje era hermoso, cuando llegaron se sentaron en el césped y pusieron todos las cosas que trajeron para comer, pelotas y cosas para jugar, los niños agarraron la pelota, se fueron a jugar y los padres se quedaron ahí sentados con tranquilidad, se pusieron a contar las nubes del cielo. Era su aniversario de boda, y el padre de los niños tenía un regalo para darle a su madre. Los niños se cansaron de jugar con la pelota y se fueron a explorar, encontraron animales, pequeños y grandes. Lo niños con mucha esperanza se fueron para querer agarrar una rana, la cual se encontraba arriba de una roca, los niños estaban cerca mirándolo y cuando se acercaron para agarrarlo la rana salto de golpe y uno de los niños grito del susto. Mientras tanto los padres estaban acostados observado en atardecer y el padre la agarro de la mano con mucha dulzura y le dijo “Feliz aniversario, te amo” y le entrego un estuche, la madre muy emocionada lo abrió y adentro había un diamante, era precioso. Ella le dijo también te amo, gracias y salto a sus brazos y lo abrazo. De pronto, se dieron cuenta que los niños se habían alejado mucho de donde estaban ellos. Los niños estaban muy asustados y perdidos. Cuando de repente un hombre muy piadoso y generoso los ayudo a volver, hasta donde estaban sus padres, los padres muy preocupados buscándolos vieron una luz que se acercaba, era un auto, en el cual les había traído de regreso. Los padres le agradecieron mucho y lo invitaron a cenar, desde entonces todos viven felices y en armonía


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El Minotauro

Cuenta la mitología Griega que hace mucho tiempo, existía un humilde campesino llamado Jacinto, que trabajaba muy duro para mantener su familia numerosa. Él siempre estuvo enamorado de la diosa Ariana, ella era muy malvada y le hecho un hechizo a Jacinto, convirtiéndolo en un monstro que era mitad humano y mitad toro. Ariana le dijo- te convertirás en este monstruo por la anochecer por el resto de tus días. Y desde entonces empezaron a haber animales muertos y muchas personas desaparecidas. Los campesinos empezaron a preocuparse por las desapariciones de las personas y de ver tantos animales muertos. Todos los campesinos del pueblo se reunieron para averiguar lo que sucedía, pasaron los días, seguía ocurriendo lo mismo cada vez aumentaba más las muertes y los desaparecidos, todos muy preocupados escondía a sus hijos para que no le pasara nada, pasaron los meses hasta que un hombre muy valiente decidió hacer un grupo de campesinos para salir a la madrugada a investigar quién es el monstro. Eran las tres de la mañana, y ellos se estaban despidiendo de sus familias por si no se volvían a ver, llego la hora todos unidos salieron a buscarle en un inmenso bosque, el hombre grito que nadie se separe, las horas pasaban y no habían rastro de nada hasta que de pronto escucho un ruido extraño detrás de los arbustos hasta que salió un monstro muy grande, era muy deforme este monstruo era una especie de humano y toro, todos los campesinos comenzaron a correr hacia sus chozas, uno de los hombre se tropezó con un tronco y se calló, se lastimo la pierna y comenzó a sangrar mucho, el hombre se da la vuelta y se encuentra con el monstruo, el comenzó a masticar la pierna, después siguió por los brazos y continuo comiéndole la cabeza, ya no quedaba más rastros de este hombre, al día siguiente amaneció, todos estaban tan asustados, hasta que apareció una mujer muy desesperada diciendo que su marido no había llegado a noche, todos muy triste por la desaparición, el hombre muy valiente grito con mucha fuerza ese monstruo se llamara Minotauro y tendremos que sacrificarlo. Pasaron meses, semanas y días preparando sus armaduras, llego el día, 1 de marzo todos ya listo para matarlo fueron a buscarlo, no encontraban rastro hasta que vieron que


8 el Minotauro estaba en un chiquero comiendo los chanchitos todos corrieron hacia allá, paso tres horas hasta que por fin mataron al minotauro, todos muy triste y felices a la vez, murieron siete campesinos, cinco heridos y el resto quedo salvo pero el hombre que tuvo valiente hombre de la idea falleció, pero por fin ese monstruo que tanto aterrorizaba a las personas ya no estaba. Lo sepultaron en el bosque, en un enorme laguna llenas de camalotes, todos muy felices vivieron sin ninguna preocupación, Ariana la diosa murió de muy vieja, pago por todas sus desgracias, murió sola sin compañía.


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El Pomberito

La leyenda cuenta que existía una mamá llamada Delma y su hijito Cristóbal que vivía en el monte, que siempre se le aparecía el pomberito un hombrecito, chiquito con un gran sombrero, unas grandes orejas y muy feo, él solía raptar a los niños que no dormían la siesta. Un día este se le apareció al hijito y lo metió en una bolsa y lo llevó hacia el monte, cuando la madre se dio cuenta de que su hijo no estaba en la casa, muy preocupada comenzó a buscarlo. Después de varias horas de buscarlo, lo encontró a unas millas de su casa casi al anochecer, cuando fue a alzarlo para llevarlo, de repente aparece de nuevo este raro hombrecito, ella muy asustada y desesperada por esta situación tomo a su hijito y siguió las huellas, que apenas se notaban en la oscuridad, cuando llegó a su casa muy sorprendida por lo que había visto, decidió rápidamente encerrarse en su casa, al otro día ella muy sorprendida no podía creerlo, y se puso a conversar con su hijo acerca de lo que había pasado, él le conto que estaba jugando y que de repente este hombrecito se le había aparecido y le dijo que lo ayudara a cargar unas cosas, y que fue entonces cuando lo metió dentro de una bolsa y lo llevo hacia el monte, desde entonces él dice que no recuerda más nada, Delma decidió ir rápidamente con una vecina que se para contarle lo que había sucedido y esta vecina muy sorprendida no podía creer que se trataba del mismo pomberito entonces ella comenzó a contarle la historia de ese extraño y raro hombrecito. También le dijo que ese tipo de apariciones no muy normal y que debía de cuidarse ella y su hijo. Pasaron los días y no pasaba nada, de pronto una siesta mientras Delma, lavaba la ropa escucho un gran golpe que provenía de la puerta trasera, ella asustada corrió a ver de qué se trataba per no había nadie, de repente escucha un gran grito de su hijo, fue a ver la habitación de su hijo, y encontró escrito en la pared, ’’NO DEBISTE CONTARSELO A NADIE, AHORA YO VIVIRE EN TU CASA POR SIEMPRE’’… Ella ya sin saber que hacer corrió hacia el monte en busca de su hijo Cristóbal nuevamente, cuando a esta se le aparece este horrendo hombrecito, ella le pidió que devolviera a su hijo, y el contesto ´´SOLO TE DEVOLVERE A TU HIJO, SI TE CASAS CONMIGO´´. Ella temía por la vida de su hijo, por eso acepto… Ellos se casaron y la madre tuvo que acostumbrarse forzosamente a convivir con ese tal llamado Pomberito. Pasaron los años y el hijo de Delma, ya había crecido, formo una familia y se fue a vivir muy lejos, Delma ya cansada de estar conviviendo con ese horrible hombrecito, decidió un día irse de la casa en la cual Vivian juntos. El Pomberito se enfureció y decidió asesinarla. Después de unos meses, Delma pensaba que ya todo había quedado atrás y podía volver a ser feliz, pero una noche de invierno, se había largado y fuerte tormenta, que no dejaba que nadie saliera de su casa. Ella se fue a dormir temprano ya que hacía mucho frio, ya en la cama a punto de dormirse, sintió algo que la tocaba, fue en ese mismo momento que le había aparecido el Pomberito, diciéndole lentamente al oído, NO DEVISTE UIR DE MI, Delma muerta de miedo corrió hacia la puerta trasera, pero todo estaba oscuro y no


10 podía ver nada, un rayo alumbro el cielo, y ella muy asustada cayó en un pozo que se encontraba, el Pomberito la ataco por detrás, y fue en ese momento en donde la enterró viva. Días después la policía encontró el cadáver enterrado, el hijo muy triste por lo que había sucedido. Decidió hacerle una tumba en su honor, en donde el Pomberito visitaba cada siesta.

FIN.


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Juanita y sus pies.

En la ciudad había una zapatería inmensa con gran cantidad de zapatos, y con calzados de hasta cuarenta y cinco. Un día Juanita fue a la Zapatería muy contenta a comprarse zapatos nuevos, los últimos que había comprado ya no le quedaban, porque a ella le crecían muy rápido los pies y eran del talle treinta y ocho. Y le habían crecido los pies hasta cuarenta, hace un mes que no le crecían los pies, y se puso feliz porque creía que ya no le crecerían más y quedaría con el calce de cuarenta. Cuando Juanita llego a la zapatería entro y saludo a los que trabajaban allí y fue hacia la vendedora que estaba acomodando algunos calzados en los estantes, había terminado de acomodar y vio que Juanita la estaba esperando, fue la saludo, le pregunto qué le había pasado porque hace un mes se había ido a comprar sus últimos zapatos, y ella se acordó de que a Juanita le crecían muy rápido los pies. Juanita le dijo, ¿no te acuerdas?, mis pies…y la vendedora le dijo, si ya me acuerdo. ¿Qué es lo que andas buscando?- dijo la vendedora- ¿Cuánto calzas?, Juanita le contesto, busco zapatos, y calzo 40, entonces la vendedora se puso a buscar los calzados del tallé de Juanita, al rato apareció con unos cuantos zapatos del tallé 40 a Juanita le gustaron, se probó y todos los zapatos le quedaron, luego salió de la zapatería muy contenta. Cuando llego a su casa dejo la bolsa con los zapatos que había comprado arriba de la mesa, llamo a su madre que siempre la llamaba a la tarde y le conto sobre los zapatos que fue a comprar y que no le crecían más sus pies. Luego se fue a dormir y al día siguiente se había levantado temprano porque tenía que salir a hacer unas compras con su madre, cuando fue a ponerse uno de los zapatos que había comprado ya no le quedaban, tuvo que devolver como los demás zapatos, porque le habían crecido los pies. Ella, mientras que se preparaba llamo a su madre para contarle que le han vuelto a crecer sus pies y que tenía que ir a la zapatería y que más tarde se iban de compras porque no tenía que ponerse. Fue a la zapatería, cuando llego vio a la vendedora y le entrego la bolsa con todos los zapatos, que Juanita chocha, se llevó a su casa. Y le explico lo que le había pasado, la vendedora muy apenada por lo había sucedido con sus pies le regalo un par de zapatos, Juanita muy contenta regreso a su casa, llamo a su madre para decirle que ya estaba preparada para salir de compras. Juanita y su madre se encontraron en un restaurante, y su madre le confeso a Juanita que se tiene que someter a una operación muy peligrosa, porque sus pies le crecerán cada vez más y si ella no se somete a esa operación, no conseguirá más zapatos de su talle, ella muy triste le dijo a su madre que mañana mismo ella se sometería a la operación. Llego el día, era la hora, su madre había rezado mucho para que todo saliera bien, Juanita se despidió de su madre para entrar a la operación, afuera estaban todos sus


12 familiares rezando para que todo saliera bien, pasaban las hora y ella no salía hasta que de pronto una enfermera salió de la operación, la madre de Juanita se acercó inmediatamente y le pregunto ¿cómo está mi hija? ¿Cómo salió todo? La enfermera con una sonrisa en el rostro dijo, todo está bien a su hija no le crecerá más sus pies, tendrá un calce de cuarenta, ya no se tienen que preocupar más, pasaron tres días y Juanita ya estaba en la zapatería comprando zapatos con su madre. A Juanita ya no le crecieron más sus pies. FIN


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En las sombrías aguas.

En 1994 en la inmensa oscuridad de un bosque se encontraba una mansión, habitada por una familia de cuatro integrantes. Una noche de martes 13, el padre de los niños llegó a su casa borracho, tuvo una discusión con su esposa, la madre de los niños le dijo a sus hijos que se escondieran para que no le haga daño, las niñas se escondieron en sus habitaciones, el padre comenzó a agredir y a maltratar a la madre, ella fue corriendo a la cocina y cuando se dio vuelta el esposo la hirió con un cuchillo en el estómago. Él muy desesperado sin saber qué hacer con el cuerpo, la arrastró al patio trasero donde se encontraba una laguna, con fuerza la arrojo a la laguna. El hombre muy arrepentido corrió hacia el sótano, tomo una cuerda y se horco, al día siguiente los niños bajaron al sótano y encontraron al padre muerto. Pasaron los años y un grupo de seis amigos llamados Justin, Patch, Javadd, Zac, Edward, Jerry. Fueron a pasar el fin de semana, a acampar en el bosque, se encontraron con la mansión, ellos muy intrigados entraron a investigar, se sintieron muy cómodos allí y decidieron quedarse. Llego la noche y comenzó una fuerte tormenta y cuando se cortó la luz ellos muy asustados comenzaron a oír ruidos extraños, entonces se separaron para recorrer la mansión y descubrir de donde provenían los ruidos. Apunto de separarse escucharon un grito que venia del sótano, fue allí cuando todos fueron a ver de qué se trataba. Bajaron al sótano y las luces empezaron a encenderse y apagarse, las puertas se cerraron con mucha fuerza, ellos no sabían lo que sucedía, de pronto todo se normalizo y ellos empezaron a correr hacia la puerta principal, empujaron con mucha fuerza y la puerta no se abría, nuevamente se cortó la luz, comenzaron gritos de una mujer desesperada pidiendo auxilio, los gritos provenían de la cocina, Javadd comenzó a grita falta Justin. Todos muy desesperados sin saber qué hacer, hasta que de pronto se empezó a escuchar arañazos y un fuerte portazo que provenía del sótano, De pronto comenzaron a bajar las muñecas de la habitación de las niñas y las mesas comenzaron a vibrar, volvió la luz, las muñecas se quedaron sin movilidad sentadas al lado de ellos, muy asustados sin saber que hacer empezaron a correr hacia el sótano para salvar a Justin. Cuando bajaron al sótano empezaron a forcejear la puerta y no podían abrirla, mientras que los chicos intentaban abrir la puerta, Zac se da la vuelta y ve a Edward mirando fijamente hacia la puerta, él sin saber que le pasaba comenzó a sacudirlo y a gritarle que te pasa!!! Lo empujo fuerte hacia la pared y el quedo desvanecido, comenzó a penetrar el alma del padre y con una voz aguda y ronca, dijo Ustedes son maldecidos y Justin ya está muerto, termino de decir esa frase y comenzaron los gritos de Justin, cuando de repente los gritos pararon, se abrió la puerta del sótano todos con mucho miedo entraron y Zac dijo tomándolo a Edward yo me quedo con él, entraron y vieron decapitado a Justin y a su alrededor un gran charco de sangre, todos comenzaron a llorar muy desconsolados. Tomaron a Edward de los brazos y lo comenzaron a arrastrar hacia la puerta de entrada, amaneció y todo se calmó, se abrió la puerta de entrada y los chicos comenzaron a correr, hasta salir del bosque, se encontraron con una ruta y cerca de allí se encontraba un patrullero ellos muy desesperados corrieron hacia los policías a contarle lo sucedido,


14 entonces fueron hasta donde se encontraba la mansión pero esta ya había desaparecido, pensaban que era una broma, hasta que apareció un nombre en medio de la nada, vestido con una túnica blanca, diciéndole que el que volvía a acercarse a la mansión moriría brutalmente como había muerto la mujer y Justin. La policía los llevó para investigarlos por la misteriosa muerte de Justin, fueron hacia la comisaria y los investigaron, como no tenían antecedentes, los dejaron salir pero le pidieron todos sus datos y que los llamarían. Pasaron los días y todo parecía normal, Patch se encontraba manejando su motocicleta hacia la casa de Javadd, y en el recorrido tuvo un accidente, por la causa que se le había cruzado un auto, su motocicleta se habría incrustado en el auto y salió expulsado hacia el vacío. Javadd que se encontraba en su casa, tomando un baño y cuando salió de bañarse le había dado hambre, entonces fue hacia la heladera para buscar comida e iba a recalentarlo en el microondas, cuando fue a querer enchufarlo quedo electrocutado. En cuanto a Zac, Edward y Jerry se encontraban en un parque de diversiones, y subieron a la montaña rusa, cuando estaban a lo alto de todo bajaron a toda velocidad, se habían descarrilado los asientos expulsándolos y cayendo desde lo alto. Y así terminando con la vida de todos. FIN


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La mejor luna. Liliana Bodoc Pedro es un amigo de Juan. Juan es amigo de Melina. Melina es amiga de la luna. Por eso, cuando la luna empieza a perder su redondez, los ojos alargados de Melina hierven de lágrimas, su tazón de leche se pone viejo en un rincón, y no hay caricias que la alegre. Días después, cuando la luna desaparece por completo, Melina sube a los techos y allí se queda, esperando que la luna regrese al cielo como aparecen los barcos en el horizonte. Melina es la gata de Juan. Juan es el amigo de Pedro. Pedro es el dueño de la luna. La luna de Pedro no es tan grande ni tan redonda, tiene color de agua con azúcar y sonríe sin boca. Y es así porque Pedro la pinto a su gusto en un enorme cuadro nocturno, mitad mar, mitad cielo. Pedro, el pintor de cuadros, pasa noches enteras en su balcón. Y desde allí puede ver la tristeza de Melina cuando no hay luna. Gata manchada de negro que anda sola por los techos. ¿Les dije que Melina s la gata de Juan? ¿Les dije que Juan se pone triste con la tristeza de Melina? Juan se pone muy triste cuando Melina se pierde en el extraño mundo de los techos, esperando el regreso de la luna. Y siempre está buscando la manera de ayudar a su amiga. Por eso, apenas vio el nuevo cuadro de Pedro habían pintado, una tuvo una idea. Y aunque se trataba de una luna ni tan grane ni tan redonda, color de agua con azúcar, podía alcanzar para convencer a Melina de que un pedacito de mar y una de luna quietita se habían mudado al departamento de enfrente. Juan cruzó la calle, subió siete pisos en ascensor y llamó a la puerta de su amigo. Pedro salió a recibirlo con una mano verde y otra amarilla. Juan y Pedro hablaron durante largo rato y, al fin, se pusieron de acuerdo. Iban a colgar el enorme cuadro en el balcón del séptimo piso para que, desde los techos de enfrente, Melina creyera que la luna estaba siempre en el cielo. Eso sí, tendrían que colgarlo al inicio de la noche y descolgarlo al amanecer. Pedro el pintor muy viejo. Juan es un niño muy niño. La luna del cuadro no es tan redonda ni tan grande. Y Melina, la gata, no es tan sonsa como para creer que una luna pintada es la luna verdadera. Apenas vio el cuadro colgado en el balcón de enfrente, Melina supo que esa no era la verdadera luna del verdadero cielo. También supo que ese mar, aunque era muy lindo, no tenía peces. Entonces, la gata inclinó la cabeza para pensar qué debía hacer. ¿Qué debo hacer?, pensó Melina para un lado. ¿Qué debo hacer?, pensó Melina para el otro. “La luna está lejos y Juan está cerca. Juan es capaz de reconocerme entre mil gatas manchadas de negro. Para la luna, en cambio, yo debo ser una gata parecida a todas en un techo parecido a todos. Y aunque la luna del pintor Pedro no es tan grande ni tan redonda es la luna que me dio el amor”


16 Melina es amiga de Juan. Juan es amigo de Pedro. Pedro es amigo de los colores. Juan creyó que un cuadro podía remplazar al verdadero cielo. Porque para eso están los niños, para soñar sin miedo. Melina dejo de andar triste en las noches sin luna, porque para eso tenía la luna del amor. Y pedro sigue pintando cielos muy grandes, porque para eso están los colores: para acercar lo que está lejos.


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Noche escalofriante

El amigo de mi primo conducía de noche por una ruta muy oscura. Hacia frio y reinaba el silencio más absoluto. De pronto, vio a un joven en la banquina. Estaba parado y le hacía señas con el pulgar levantado. El conductor disminuyo la velocidad y descubrió escondidos a dos o tres compañeros del muchacho. El amigo de mi primo, se llama Juan, recordó en ese momento mil historias sobre la inseguridad y no se detuvo. Los muchachos avanzaron hacia el coche, pero Juan piso el acelerador a fondo y se alejó muy rápido. Los jóvenes parecían muy enojados gritaban y gesticulaban, pero él no les prestó atención. Siguió su camino. Barias veces fue sobresaltado por una siniestra premonición. Unos kilómetros más adelante observo preocupado la luz roja en el indicador. En el tanque, muy poco combustible. Manejo hasta la estación de servicio más cercana. Un empleado fue hacia el auto pero enseguida se apartó horrorizado. Juan abrió la puerta del auto y, ¡Ay!, quedo paralizado de miedo. Vio cuatro dedos humanos en la manija exterior.


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La tristeza y la alegría de Deméter

Perséfone era hija de Zeus y Deméter, la diosa de la agricultura. Un día Hades, el dios de los muertos, la rapto y la llevo a los infiernos como su esposa. Deméter enojada maldijo la tierra que ya no daba más frutos. Los hombres hambrientos se quejaron a Zeus, quien ordeno a Hades que devolviera a la joven. Pero Perséfone ya había probado la comida del mundo de los muertos y no podía quedar del todo libre. Entonces llegaron a un acuerdo la joven pasaría la mitad del año con Hades y el resto con su madre. Así cuando Perséfone bajaba a los infiernos Deméter estaba triste, los arboles perdían sus hojas otoñales y no habían cosechas. Cuando la joven subía a la tierra, la alegría de Deméter hacia reverdecer las plantas y crece sus frutos.


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Mi Ángel Horla

Una noche había dejado mi ventana abierta de en par en par, la lámpara encendida sobre la mesa, alumbrando un libro abierto; y me había reclinado en un gran sillón donde acabé por dormirme. Habré dormido unos cuarenta minutos. De pronto abrí los ojo, despertado por no sé qué sensación confusa y extraña. En el primer momento no vi nada: después, bruscamente, me pareció que una página del libro acababa de volverse por sí sola, como si un dedo invisible ojeara el libro. Mi sillón parecía vacío pero adiviné quién estaba allí. ¡Era él! De un salto atravesé el cuarto para sorprenderlo, para tocarlo, para atraparlo, si era posible. Pero el sillón, antes de que yo llegara, se volcó, como si alguien huyera de mí; la lámpara también cayó y se apagó. ¡El Ser! ¿Qué nombre podía darle? El invisible. No, eso no bastaba. Lo eh bautizado el Horla. ¿Por qué? Yo mismo lo ignoro. El Horla, pues, ya no me abandono. Día y noche tuve la sensación, la certeza de la presencia de ese vecino insaciable, y también la certeza de que se apoderaba de mi vida, hora a hora, minuto a minuto. Era de casi media noche, las once y cuarenta y cinco para ser exactos. Estaba por leer un libro y ciento que el Horla estaba cerca de mí, mirándome, de noche ya no dormía mucho porque sentía que me miraba, que él estaba cerca de mí. Empezó a llover, y corto la luz. Ciento que golpean la puerta, fui rápidamente a mi habitación porque estaba muy aterrorizada, comencé a rezar porque estaba muerta del miedo, al rato paro de llover, y yo pude calmarme, y me fui a dormir, me costó mucho poder dormir un poco, pero logre dormirme profundamente. Al día siguiente había encontrado una vieja foto de mi madre alada de mi cama, fue entonces cuando pensé que se había tratado de mi mama que había muerto hace un año, yo la extrañaba mucho. Pasaron los días y estas cosas sucedían a menudo, una noche yo estaba en mi cuarto y de repente se me apareció de él, esta vez se había hecho ver, era medio extraño, parecía un fantasma, pero tenía alas como un ángel, susurrando me dijo suavemente, que no quería hacerme daño, que solo pasaba a ver como andaba y como estaba todo en mi vida, también me dijo que fue enviado desde el cielo por mi madre, para protegerme por cualquier cosa que sucediera. Yo estaba muy sorprendido y a la vez me sentía aliviado, ya que no se trataba de un ser malvado. Hablamos por largas horas y me pregunto cómo era mi relación con mi madre, entonces yo comencé a contarle mi historia; le conté que cuando yo era muy pequeño ella siempre se sacaba a pasear por las tardes, íbamos a la plaza y me compraba helado y muchos juguetes, ella trataba de darme lo mejor siempre, ya que no tenía un padre porque había muerto apenas cuando tenía 7 años, me sentí muy triste por su partida, pero mi madre se encargó de hacerme muy feliz. Y así como todos los días, mi ángel se me aparecía y yo le contaba la historia sobre la relación con mi madre. Fin


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