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No transcurre un solo día en que no ocupe grandes titulares. Como dicen en Estados Unidos, no es que Donald Trump se haya apropiado del debate político, sino que él se ha convertido en el debate. Todo parece girar en torno su figura y él, muy consciente de ello, no deja de revolver el avispero con su incendiario discurso. Ha salido reforzado, o por lo menos indemne, de situaciones escandalosas que en anteriores campañas hubiesen dañado las posibilidades de otros candidatos. Las primarias en los grandes partidos acaban de empezar, pero Trump encabeza con holgura las encuestas en el Partido Republicano.

Por el momento las encuestas dicen que perdería frente a la candidatura demócrata, ya estuviese personificada por Hillary Clinton o por Bernie Sanders. Aun así, la irrupción de Trump en la carrera por la Casa Blanca supone una revolución electoral que nadie había podido prever. La percepción que el propio Partido Republicano tiene acerca de quiénes son sus votantes y con qué mensaje llegar a ellos está siendo puesta en solfa. Y en el exótico escenario de que Trump se convirtiese en presidente de los Estados Unidos, podemos anticipar que la política de aquel país cambiaría para siempre. Y no para bien.


Toda una telenovela en la que primaron las acusaciones de infidelidad y acoso sexual. En eso terminó convertido el debate entre el magnate neoyorquino Donald Trump y la candidata demócrata Hillary Clinton anoche en la ciudad de San Luis, Misuri. Desde el primer minuto, el debate se centró en un video revelado por el diario 'Washington Post' en el que Trump habla en términos vulgares de las mujeres. Aunque el tema lo plantearon los presentadores, Clinton aprovechó el momento para golpear a Trump.


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