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Aparato crítico

¿Sabías que.. ?

La vieja mochila

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n unos años hemos pasado de «Un país en la mochila» a «Un país para comérselo». La idea no es mía sino de un profesor de universidad que con ello venía a decir que aquella cultura desinteresada que aspiraba a crear un hombre nuevo, más libre, más justo y más sabio ha dejado paso a otra donde el negocio lo es todo. La frase es de lo más brillante, por cuanto compara aquel mítico programa de Labordeta, viajando por nuestra geografía, para descubrirnos la singularidad de cada paisaje y la humanidad del paisanaje, con este otro en el que dos grandes actores se pasean por los fogones más cotizados del país. Efectivamente, la longaniza compartida entre genuinas charlas aparentemente intrascendente se ha cambiado por el disfrute sin complejos de la alta cocina reservada a paladares exquisitos y bolsillos surtidos. Esta transformación no ha sido casual. A los errores de quienes defendían unos valores, di-

L gamos, de progreso, mientras llevaban una vida muy poco coherente con ello y aplicaban una política todavía más alejada de la tradición a la que decían pertenecer, hay que sumar la ofensiva del poder financiero que como lluvia fina iba empapando las conciencias y ganando adeptos. Casi sin darnos cuenta, de pronto, nos hemos convertido en defensores de la idea de que el lujo es un derecho de los listos y esforzados que se lo han sabido ganar y que lo comunitario es un atraso de la época primitiva. La verdadera revolución ya no pasa por el asalto a las instituciones, que queda para más tarde, sino por conquistar el estómago, el corazón y las conciencias de las personas. Lo otro, la conquista del poder, llegará después por añadidura. Cristina López

La mirada justa

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a Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que en 2010, el número de personas que sufría de hambre en el mundo era de 925 millones de personas y que probablemente este número aumente en el futuro. a tendencia a la alza de los precios de los alimentos básicos es muy fuerte. Los movimientos en las Bolsas de Chicago, Londres o Hannover, donde se negocian contratos de futuros sobre cereales y oleaginosas, están siendo decisivos para que suban los precios de los alimentos n los últimos cinco años más de 60 millones de hectáreas de tierra han sido compradas por fondos de inversión en todo el mundo.

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¿El mundo económico inmoral?

uchos habréis leído una noticia que confirma lo que más o menos sabíamos, pero que nos produce indignación y que siga produciéndola. Es una entrevista a un especulador financiero (los mercados) de la televisión BBC inglesa. No le tiembla la voz ni siente pena. El remordimiento es una palabra hoy en desuso. Al grano, él personalmente sueña todas las noches con una gran recesión económica, que el euro se hunda, que los mercados no creen el fondo de rescate de países con problemas económicos. ¿Por qué desea todo esto? Porque, de esta manera, para él y otros grandes inversores se abre una gran posibilidad de enriquecimiento en esta abismal crisis del sistema económico actual. Tremendo. Queda claro que el mundo está en manos de Goldman Sachs y de otros grandes inversores financieros y no de los líderes políticos que deben someterse a las insaciables ansias de ganar los más posibles dineros. La reacción de muchos ha sido calificar la actitud de entrevistado como inmoral. Pero lo moral ya es también otra palabra en desuso, algo antiguo y desfasado.

Sin embargo, hay que reivindicar la ética y la moralidad de los comportamientos de las personas y de los poderes e instituciones económicas y políticas. Hay que poner, por encima de todo, la honradez, el respeto a la dignidad de la persona y del trabajador y a sus derechos, la solidaridad y la justicia social a favor de los débiles y los pobres. No es transnochado, sino todo lo contrario, que Benedicto XVI insista tanto en la llamada a poner la actitud moral en medio de toda la vida. Por ejemplo, dos actitudes o criterios que el Papa nos muestra: «La exigencia de la economía a ser autónoma, de no estar sujeta a “injerencias” de carácter moral, ha llevado al hombre a abusar de los instrumentos económicos incluso de manera destructiva» («Caritas in veritate», 34). «El mercado no debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil» (36). Con esta preocupación podríamos organizar el mundo económico de otra manera para bien de todos y de los pobres.

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l 86% de la población rural del mundo, es decir, poco menos de la mitad de sus habitantes, unos 3.000 millones de personas, tienen su principal fuente de sustento en la agricultura familiar. Y son ellos los que están produciendo el 70% de los alimentos que nutren a la humanidad.

Gregorio Burgos

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¡Tú! nº 133  

Revista ¡Tú!, editada por la HOAC, sobre noticias del mundo obrero.

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