Desde 1730 aproximadamente, el manejo de las Capitanías de Puerto, Apostaderos, islas, levas, montes, y todo lo relacionado con Marina, pertenecían a la esfera de las atribuciones de la Real Armada. Luego de la Guerra de Independencia, la Armada venezolana heredó las estructuras españolas, siguió ejerciendo el comando de Apostaderos, Capitanías de Puerto, control operacional, logístico y administrativo de los buques de guerra, un modo de ser y hacer que se adaptaba a las peculiares necesidades de nuestra realidad. El gremio de oficiales navales se reunió en 1893, y en una carta bien sustentada, dirigida al Ministro, proponían la reapertura de los Apostaderos y de las Capitanías de Puerto, separados de la funciones de la Aduana.
La opinión de la Dirección de Marina, que consideraba el estado de esta en abandono y desmotivación, fue favorable al restablecimiento de los Apostaderos de Puerto Cabello, La Guaira, Ciudad Bolívar y Maracaibo.