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acerca de sus aventuras con las mujeres del barrio y algunas señoritas de El Puerto; a su lado no sintió el tedio y el afán de marcharse que lo acosó con otras mujeres; ella era cálida, apasionada, diferente, hablaba en el momento justo y tenía sentido del humor; le reconfortaba; varias veces el silbato de la locomotora de Patiño lo despertó de un sueño plácido; vivió solo para esos encuentros, hasta el día en que Teresita le dijo que estaba embarazada. Sintió vergüenza al recordar su comportamiento, se le hizo un nudo en la garganta y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ponerse a llorar allí, en el tren, delante de los otros pasajeros. La pasión se le había enfriado de pronto y la dejó esperando; Teresita suplicó, juró que nadie sabría de quién era el hijo, le mandó razones, desesperada, con Ramiro; él, en medio de una confusión de sentimientos, se portó como un cobarde y la respuesta a sus súplicas fue: -Olvídese de mí, me voy para Medellín y no sé cuando regreso. De nuevo el conductor del tren lo sacó de sus pensamientos. -Don Carlos, su tiquete, estamos llegando. Se había sentado del lado derecho esperando verla en la tienda, mientras se decía: -Qué carajos, le voy a pedir que me perdone y nos vamos lejos; tengo plata suficiente, la vida sin ella no vale la pena. Pero la ventana y la puerta de la casita estaban cerradas; la angustia se apoderó de él, se volvieron horas los minutos que el tren tardó en llegar a la estación; bajó rápidamente y fue en busca de Ramiro que 64

Tren al pasado. Relato de unas vacaciones  

Una inesperada llamada obliga a evocar sorprendentes, emotivas y a veces dolorosas vivencias de la juventud. Junto al esplendor y ocaso de s...

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