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Doña Herminia se prendió fuego con un calentador de gasolina; desesperada, a los gritos, logró salir al parque pidiendo ayuda; para cuando los que acudieron en su auxilio lograron apagar el fuego ya era muy tarde; su cuerpo quedó horriblemente quemado, solo los testigos de lo que pasó la vieron pues su familia la veló con el ataúd cerrado. Inmediatamente se supo la noticia, las personas que conocían y trataban a Lucila, la mona, amante de Iván Jaramillo, dijeron que la mala bruja le había hecho un maleficio ya que estaba ansiosa por quitarla del medio para quedarse con el dinero de él y que le iban a costar muy caras las lágrimas derramadas en el velorio y entierro de doña Herminia. Sus parientes no opinaban igual; según ellos lo que se decía era por creencias del pueblo que no compartían; ella había perdido la vida en un desafortunado accidente. Angelita y yo si estábamos seguras de que algo extraño y muy oscuro había tras la absurda muerte de la tía y amiga, estábamos tristes y nerviosas, nos tenían qué dar calmantes para dormir. El viudo, pese a los ruegos y amenazas de su amante, no volvió con ella; al parecer, el fuego que consumió el cuerpo de su esposa lo liberó del poder que la mona había ejercido sobre él; a Lucila no le quedó otra salida que volver al barrio, pero los hombres se alejaban de ella con temor, el poder maléfico de sus hechizos perdió eficacia, ni sus compañeras de oficio la quisieron ayudar y tuvo que irse de El Puerto. Este macabro suceso justo en el día del remate de las fiestas, dejó al Puerto asustado y sin ánimo de celebrar; la tía Ema me preguntó si me quería regresar, pero yo me negué, quería quedarme hasta el final de mis vacaciones, tenía la secreta ilusión de volver a ver antes a Adolfo. 55

Tren al pasado. Relato de unas vacaciones  

Una inesperada llamada obliga a evocar sorprendentes, emotivas y a veces dolorosas vivencias de la juventud. Junto al esplendor y ocaso de s...

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