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De nuevo me quedé callada, estaba triste esas vacaciones, no parecía que fuesen a llenar mis expectativas, las ilusiones empezaban a desvanecerse. ¡Pero tenía qué irme, el tren estaba por llegar! -Mañana me cuentas el resto, tengo el tiempo justo. Camino a casa pensaba que sin Carlos no le encontraría gusto a nada. Papá, llegó esa tarde, lo vi venir con mis hermanos, radiantes por estar con él; a mí la alegría se me enfrió un poco porque me saludó como cuando estaba tomando, con un guiño de ojo casi cerrado y un tan linda mi negra. Lo miré con dulzura, me daba pena que se embriagara pues era el mejor padre del mundo, no había otro igual de querido y buen mozo, a ningún hombre le quedaban tan bien las botas, el sombrero y el carriel; era flaco y elegante como un gato y nadie montaba una bestia con la soltura y la naturalidad con que él lo hacía; venía con una silla de montar colgada al hombro; era un poco más alto que el abuelo pero no lo parecía, por delgado; soltó la mano de Juan y me abrazó, su aliento era de aguardiente, no quiso recibir ni un café. -Estoy haciendo un negocio, voy para el bar Medellín por si me necesitan; en esta región todo está muy difícil, ya no se puede trabajar, voy a ver si compro una finca en San Juan de Urabá, allá me puedo dedicar al aserrío de madera mientras tanto; así mi negra que no hay viaje a la finca, lo siento. La semana pasada nos tocó con los trabajadores amanecer en el potrero con el ganado, matando zancudos; el mayordomo de una de las fincas vecinas recibió información y mandó uno de los vaqueros a alertarnos a todos de que la chusma venía y estaba arrasando, mataban a la gente, quemaban las casas y el ganado que no se llevaban lo desjarretaban; y no es que tenga miedo mija, bien sabe que no lo 34

Tren al pasado. Relato de unas vacaciones  

Una inesperada llamada obliga a evocar sorprendentes, emotivas y a veces dolorosas vivencias de la juventud. Junto al esplendor y ocaso de s...

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