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teatro Colombia con el kiosco del parque en frente, la iglesia, la escuela, las residencias particulares del resto de la población, sin ninguna característica especial, y el Hospital. Hacia el sur, el dispensario antituberculoso, más residencias, seguidas por la zona de tolerancia que era extensa, la cancha de fútbol, la plaza de mercado, el matadero y, saliendo del pueblo, el cementerio. Era época de bonanza económica, el dinero circulaba en abundancia, todo se negociaba, hasta los cupos de las bodegas, con los encargados de ellas, lo que ocasionaba grandes problemas y hasta tragedias. Si alguien quedaba mal y no otorgaba el cupo prometido, la plata involucrada era mucha. Para mí la llegada de las vacaciones, era volver al Puerto, a la finca y las fiestas del hotel Magdalena donde había derroche de lujo y alegría; yo sentía pasión por el baile y los caballos, cuando tuve uso de razón ya sabía bailar y montar bien, la ilusión de estos viajes hacía llevadera mi estancia en el internado de monjas; en noviembre empezaban los preparativos del viaje; mamá Luisa me mandaba con mis hermanos menores Alfonso y Juan a quedarnos con papá Gerardo en la finca; eran los comienzos de los movimientos guerrilleros de hoy y el campo había dejado de ser el lugar de trabajo seguro y tranquilo; si se consideraba que había peligro, permanecíamos en el puerto en casa de tía Ema, hermana de mamá. Todo empezaba a las cinco y media de la mañana, en la estación del tren, en la plaza de Cisneros, que era un preludio del ambiente cosmopolita del Puerto, la gente llevaba otra ropa y se comportaba de manera diferente; hasta mamá dejaba de lado su seriedad 14

Tren al pasado. Relato de unas vacaciones  

Una inesperada llamada obliga a evocar sorprendentes, emotivas y a veces dolorosas vivencias de la juventud. Junto al esplendor y ocaso de s...

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