Apuntes para una Historia (mínima) del Arte Santandereano: 1960 - 2006

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Apuntes para una Historia (mĂ­nima) del Arte Santandereano: 1960-2006 AndrĂŠs Leonardo Caballero Piza

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Apuntes para una Historia (mínima) del Arte Santandereano: 19602006. Alcaldía de Bucaramanga Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Bucaramanga IMCT Convocatoria de Estímulos 2019: Bucaramanga Cree en tu Talento Categoría de Artes Visuales Beca de Investigación en Artes Visuales Edición: Saúl Gómez Mantilla - Épica Ediciones lainsula451@gmail.com Impresión y encuadernación: Imagen Editorial Calle 35 sur No. 72L-63 – Tel. 8055892 © Andrés Leonardo Caballero Piza ISBN: 978-958-48-7660-7 Portada:

Adaptación de la Libreta de Calificaciones de Diego Rivera y Carlos Prada Hernández, estudiantes del INSAC (1971)

Material impreso de distribución gratuita y sin valor comercial. Queda prohibida su reproducción total o parcial con ánimo de lucro. Publicación con fines académico, pedagógicos y culturales.


APUNTES PARA UNA HISTORIA (MÍNIMA) DEL ARTE SANTANDEREANO: 1960 – 2006 DE PROVINCIA: ARTE DESDE 1960 9 I. RETROSPECTIVAS, EXPOSICIONES: BIOGRAFÍAS Y CONTEXTOS 19 Investigar el arte en las regiones: una mirada historiográfica 22 La historia del arte santandereano como historia de los artistas 25 La historia del arte santandereano como historia de las generaciones 32 La historia del arte santandereano como historia de los hechos históricos 41 Memoria oral, archivos personales y la ausencia institucional 47 Colección Carlos Prada Hernández: archivos de un visionario 54 Archivos de artistas: Colección Jorge Torres González y Colección Esperanza Barroso 55 Memorias familiares: Colección Clemencia Hernández Guillen y Colección Dago Rivera 56 II. TÓPICOS Y ARTISTAS: PROPUESTAS PARA LA HISTORIA DE LAS ARTES VISUALES EN SANTANDER 58 ¿Clásicos, populares o de provincia?: bodegones, cuerpo y paisaje 61 Arte, salones e instituciones: artistas santandereanos y el escenario nacional 66 Libreta de Calificaciones: notas sobre la educación artística en Santander desde 1960 73 Carta de navegación: arcos para una historia del arte santandereano 80 III. MANERAS DE HABLAR DE ARTE: EL TALK SHOW COMO MODELO PEDAGÓGICO PARA LA FORMACIÓN DE PÚBLICOS. 84 Referencias 85

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Estoraques Ă“leo sobre tela de Segundo Agelvis. c. 1941 (Detalle)

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Especial agradecimiento a la historiadora Susana Quintero Borowiak por el acompañamiento como tutora de la investigación.

Agradecimientos a Martín Alonso Camargo Flórez por retroalimentar y motivar la investigación en la historia del arte regional.

Agradecimientos a los artistas y las artistas que dispusieron sus archivos personales para hacer posible este trabajo: a Clemencia Hernández Guillen, a Esperanza Barroso, a Jorge Torres González, a Emel Meneses, a Dago Rivera y muy especialmente a Carlos Prada Hernández por preservar la memoria artística de Santander.

Finalmente agradezco el trabajo de documentalista realizado por María Angélica Martínez Wandurraga en la organización de los archivos personales encontrados.

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DE PROVINCIA: ARTE DESDE 1960 Para comenzar, es pertinente aclarar que el propósito de este trabajo, producto de la Beca de Investigación en Artes Visuales (Convocatoria de Estímulos 2019: “Bucaramanga Cree en tu Talento”) del Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Bucaramanga, es conocer sobre ciertos procesos históricos y momentos artísticos dados en la geografía santandereana, con el fin de ofrecer una guía que incentive y oriente la investigación de las artes visuales de la región. Se trata de una carta de navegación que funciona para revisar las artes visuales desde una perspectiva histórica, más allá de realizar una crítica a la plástica santandereana, proponiendo una historia social del arte (FOSTER; et al, 2006, pp. 26-28) que comprenda el contexto en que se han desarrollado las artes visuales en Santander, la provincia. De tal manera, se identifican los escenarios que han posibilitado la visibilización y formación de las y los artistas, así como las representaciones culturales dadas en un espacio geográfico sin una gran capital que dinamizase a su vez los procesos artísticos nacionales para mediados del siglo XX, partiendo del Concurso de Pintura “Domingo Moreno Otero”, el cuál fue declarado desierto y solo entregó algunas

menciones, al igual que un concurso de escultura, también declarado desierto y sin menciones.

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Tales eventos expositivos fueron realizados a finales de 1959 y organizados por la Extensión Cultural del Departamento de Santander, cuya premiación se llevó a cabo en enero del siguiente año. Partiendo de estos concursos calificados por un jurado nacional, puede establecerse un diagnóstico de las artes visuales de Santander para 1960, año que coincide con una década de revoluciones culturales, nuevas propuestas visuales, artistas y otros intereses en la esfera nacional y global del arte. Así, la propuesta metodológica para redactar unos apuntes sobre la historia de las artes visuales en Santander, desde 1960 hasta el 2006, toma como punto de partida dos obras realizadas por historiadores del arte: En primer lugar, desde una obra dirigida a la metodología de la historia del arte, y para comprender el tipo de exploraciones históricas a las artes visuales que se han realizado en el espacio santandereano, se ha tomado como modelo el libro del historiador español José Fernández Arenas titulado Teoría y Metodología de la Historia del Arte (FERNÁNDEZ ARENAS, 1990), cuyos aportes ayudan a la organización y clasificación de los productos histórico-expositivos existentes en el escenario plástico regional, a modo de “perspectivas históricas” que recorren la producción y trayectoria artística de algunos creadores a modo de biografías, tratándose de catálogos producto de estas investigaciones que se acercan a una historia del arte como historia de los artistas y a una historia del arte como historia de las generaciones, según las clasificaciones de Fernández, metodologías que serán abordadas en la primera parte de esta investigación bajo el título Investigar el arte en las regiones: una mirada historiográfica, presentando también las fuentes para el estudio de esta disciplina según Fernández, y así identificar los documentos existentes en la región para la investigación de la plástica local, tratándose de la Memoria oral, los archivos personales y la ausencia institucional. En segundo lugar, se tomó la investigación realizada por los historiadores de arte Hal Foster, Yve-Alains Bois, Benjamin

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Buchol y la historiadora Rosalind Krauss, titulada Arte desde 1900. Modernidad, antimodernidad y posmodernidad, publicada originalmente en el 2004 por la editorial Thames & Hudson en el Reino Unido, la cual hace una revisión del arte y los artistas norteamericanos y europeos desde 1900 hasta la fecha de publicación, a partir de cuatro enfoques críticos: el psicoanálisis, el formalismo-estructuralismo, el posestructuralismo y la historia social del arte, enfoque que interesa en este caso. Si bien esta obra trata de una revisión que no contempló específicamente los procesos desde otras geografías, cabe señalar que, en el caso colombiano y latinoamericano, los modelos de salones, bienales, exposiciones, etc., se han ejecutado desde esa esfera del arte, así como los artistas se han formado académicamente desde tales perspectivas e incluso en esos lugares, y por lo tanto es indispensable considerar este tipo de textos con el fin de tener una orientación desde el modo en como ciertas plataformas para el arte y los artistas se dan en nuestro contexto, sin embargo, con diferentes búsquedas, intereses y procesos artísticos articulados a las propias condiciones, siendo importante reflexionar sobre cómo hacer una historia del arte leída desde adentro, desde lo local, lo regional o lo provinciano hacia lo nacional y lo internacional, sin que se deslegitimen o se invisibilicen otros procesos paralelos en otros territorios, regiones y capitales del país. Es entonces, a partir de una historia social y la orientación de la historia del arte considerando años, fechas y sucesos específicos, que se propone esta guía para la investigación de la producción plástica regional y su contexto cultural, comprendiendo el contexto de la formación académica en las artes visuales en Bucaramanga e identificando, en la segunda parte de esta investigación, los Tópicos y artistas: marcos para una historia de las artes visuales en Santander. Por otro lado, es importante aclarar que hablar de historia del arte en las regiones (o en las provincias) tal vez implique un des-aprendizaje de la manera en cómo esta se ha investigado,

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tanto en la esfera nacional como global, sin ignorar la escuela europea y norteamericana, ya que la aplicación de esta disciplina en lugares periféricos implica la comprensión e incidencia que las diferentes vanguardias, contextos, privilegios, momentos y movimientos del arte que tuvieron sobre territorios ausentes de escenarios para una real formación y visibilización de los artistas, respondiendo parte de la producción plástica de estas regiones a los lineamientos globales o nacionales producidos bajo otros contextos, condiciones y lugares no tan privilegiados como la de los artistas que pudieron formarse en la capital del país y migraron de sus provincias con miras a adentrarse a otras esferas en busca de la modernidad o la contemporaneidad en el arte, independientemente de sus propuestas temáticas o materiales, mientras que los artistas de las regiones, atendiendo al ritmo local, decidieron continuar con su formación autodidacta (o empírica) al paso que mejoraban su técnica sin un interés en principio conceptual, mientras que otros llegados de afuera si decidieron continuar y construir su proceso y trayectoria artística en la provincia. De este modo, teniendo en cuenta los dos referentes histórico-metodológicos mencionados, es el momento de entrar en materia para definir algunos términos (Real Academia Española, 2019) que se presentarán con frecuencia en este recorrido: lo local, la región, la provincia, recurriendo al diccionario para definir este trio de palabras que han tenido cierto protagonismo en la esfera del arte nacional, especialmente cuando se hace referencia a los procesos artísticos que suceden fuera de las grandes ciudades y capitales: local. Del lat. locālis. 1. adj. Perteneciente o relativo a un lugar. 2. adj. Perteneciente o relativo a un territorio, a una comarca o a un país. 3. adj. Municipal o provincial, por oposición a general o nacional. 14


región. Del lat. regio, -ōnis. 1. f. Porción de territorio determinada por caracteres étnicos o circunstancias especiales de clima, producción, topografía, administración, gobierno, etc. 2. f. Cada una de las grandes divisiones territoriales de una nación, definida por características geográficas, históricas y sociales, y que puede dividirse a su vez en provincias, departamentos, etc. 3. f. Todo espacio que se imagina ser de mucha capacidad. provincia. Del lat. provincia. 1. f. Demarcación territorial administrativa de las varias en que se organizan algunos Estados o instituciones. 2. f. Distrito de los diferentes en que divide un territorio una orden religiosa y que contiene determinado número de casas o conventos.

Los significados de este trío de palabras hacen referencia a territorios, delimitaciones, jurisdicciones y divisiones de espacios geográficos que, en el caso de la región también incluye demarcaciones históricas y sociales. Según la RAE, la provincia también vendría siendo una subdivisión de la región, mientras que lo local también se relaciona con lo provincial en oposición a una demarcación territorial más extensa y de carácter nacional. Así, lo regional (la región) y lo local llevan a pensar en la provincia o lo provincial, surgiendo entonces cuestiones como: ¿Qué entender por lo provinciano? ¿Qué entender por el arte realizado en la provincia bajo referentes y lineamientos globales? En la investigación publicada en el 2015, Contemporaneidad en la provincia. Artes Plásticas en Santander 1960 – 1979, se dedicó un apartado a las exposiciones de arte en Bucaramanga entre 1960 y 1972, bajo el subtítulo ¿Provincia de pintores o pintores de provincia? (pp. 25-35), llegándose al empleo de este término para abordar el arte santandereano dado el impulso que la crítica de arte, Marta Traba, dio a la 15


artista Beatriz González al escribir sobre su trabajo artístico, oriunda de Bucaramanga, pero estudiante en Bogotá: “una joven artista de provincia” (TRABA, 1974). En 1988 se publicó el libro Beatriz González: una pintora de provincia, reforzando su origen santandereano, pero ignorando su lugar privilegiado al haberse formado académicamente en Bogotá y así incluirse en la esfera nacional del arte. La palabra provincia quedó establecida por varios años, usada en exposiciones para describir a quien se convirtiera en una de las artistas más reconocidas de Colombia, llevando a que la propia artista se definiera como “una pintora de provincia, pero no provinciana” (HERRERA, 2019), quizás refiriéndose a sus pares santandereanos que radicados en la región decidieron producir y construir sus propuestas artísticas desde el departamento. provinciano, na. 1. adj. Natural o habitante de una provincia, en contraposición al de la capital. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a una provincia o a sus habitantes. 3. adj. Excesivamente apegado a la mentalidad o a las costumbres de su provincia. U. t. c. s. U. t. en sent. despect. 4. adj. coloq. Poco elegante o refinado.

La definición de provinciano está relacionada con lo opuesto a lo que sucede en la capital, se refiere a las tradiciones y costumbres de la provincia que se resisten a una nueva mentalidad, y que en el caso de las artes visuales en Santander, Marta Traba y Beatriz González, se relaciona con el hecho de que, a pesar de ser de la provincia, la artista era consciente de tal condición a diferencia de sus coterráneos, quien bajo la guía de Traba consiguió posicionarse en el arte jugando con tales palabras, dejando a sus provincianos en un contexto diferente al de la capital, el cual hasta comienzos de la década de 1970 comenzó a transformarse y llevó a que artistas santandereanos, nacidos y educados en las condiciones que ofrecía el territorio en cuanto a la formación artística, fuesen admitidos para 16


visibilizarse en la esfera nacional del arte y así mostrar en la ciudad un arte menos tradicional, desmintiendo la idea de que todo arte o proceso de la provincia era provinciano, como quisieron establecerlo, en su época, la crítica y la artista. Por otro lado, en el artículo titulado En busca del arte contemporáneo: exposiciones de arte en Bucaramanga 19601979, (CABALLERO PIZA, 2012) se realizó una revisión sobre el ambiente artístico vivido en la ciudad durante estas dos décadas, identificando a las instituciones culturales que en la época organizaban exposiciones visibilizando a diversos artistas y propuestas, las cuales posteriormente se consolidaron vinculándose a la dinámica del arte nacional gracias a la conformación del colectivo artístico Grupo Bucaramanga, orientados por el maestro Jorge Mantilla Caballero, debido a las nuevas condiciones para las artes visuales con el apoyo de diferentes instituciones y entidades que le apostaron a un grupo de jóvenes artistas que trabajando en la provincia lograron posicionarse en la capital. Es por ello que para una historia (mínima) del arte santandereano se da espacio para investigar y reflexionar sobre los procesos artísticos identificados de forma paralela en la ciudad, abordados en la segunda parte de estos apuntes: Tópicos y artistas: marcos para una historia de las artes visuales en Santander, abriendo la posibilidad de investigar a los artistas que se interesaron por seguir la tradición clásica de la generación de maestros (1900 – 1950) y otros que buscando la validación institucional de la esfera nacional del arte, se proyectaron en los escenarios del arte colombiano y de otras capitales entendiendo a la institución, llámese museo, salón o bienal, entre otras, como la generadora de ciertos discursos para el arte regidos bajo curadores, críticos y otros organizadores que de esta manera proyectaron a los artistas de la provincia en la dinámica del arte nacional. Así, desde 1960 la provincia cocinó un proceso artístico que luego de un concurso con premios desiertos en pintura y escultura, activó la dinámica cultural bumanguesa, siendo

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indispensable pensar una historia del arte que contemple tales representaciones y no ignore los lugares desde donde se realiza la producción artística. También es necesario esbozar un panorama sobre la educación en artes visuales de la ciudad, cuyo recuento se incluye en el penúltimo capítulo de este texto, bajo el título Libreta de Calificaciones: notas sobre la educación artística en Santander desde 1960, ya que la comprensión de la situación académica se articula directamente con los procesos artísticos de la ciudad y al mismo tiempo determina, de alguna u otra manera, la permanencia de los artistas en la ciudad con miras a posibilidades de educación profesional en arte en otras regiones del país, cerrando esta segunda parte con una carta de navegación que visualiza, desde una mirada cronológica, la trayectoria de las artes visuales en la región a partir de diferentes hitos o momentos del proceso artístico santandereano, creándose la Carta de navegación: arcos para una historia del arte santandereano. Para concluir estos apuntes, como una guía que busca orientar la investigación histórica en las artes visuales de Santander, se cuenta brevemente en la tercera parte la experiencia con el público y los talk shows o conversatorios realizados con el apoyo de la Casa del Libro Total en Bucaramanga, para socializar las anécdotas, experiencias y curiosidades encontradas durante esta investigación. De tal modo, se da pie para presentar algunas reflexiones sobre cómo se han realizado ciertas aproximaciones a la historia del arte en Santander y con qué se cuenta para su escritura, para finalmente proponer algunos enfoques temáticos que abran las posibilidades de este naciente campo por parte de nuevos investigadores y actores culturales de la Bucaramanga y la región.

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(Pรกgina 18) Recorte de prensa donde aparece Dolly Hernรกndez, ganadora del concurso de pintura Domingo Moreno Otero, junto a sus obras premiadas. (Vanguardia Liberal, 14 de febrero de 1960)

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I. RETROSPECTIVAS, EXPOSICIONES: BIOGRAFÍAS Y CONTEXTOS Esta primera parte se dedica, desde una perspectiva metodológica, a revisar algunas de las formas en que se ha escrito o explorado la historia del arte santandereano, tratándose de un conjunto de exposiciones artísticas que a modo de retrospectivas visualizan el proceso de algunos artistas en exposiciones colectivas documentadas en catálogos de arte. De igual manera se presentan brevemente algunas publicaciones enfocadas en el hecho histórico, donde a partir del estudio de los acontecimientos, el contexto artístico y las representaciones culturales en Santander, se da cuenta del proceso vivido en la provincia para los creadores que decidieron hacer arte desde Bucaramanga. En el segundo capítulo de esta parte se hace una presentación de los tipos de fuentes y/o documentos disponibles para la investigación en historia del arte, resaltando la importancia de la historia oral y los archivos y colecciones personales de artistas, gestores y otros familiares.

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Investigar el arte en las regiones: una mirada historiográfica En el 2016 la naciente Corporación Artística y Cultural TOTEM organizó como acto de apertura de su sede en Bucaramanga la exposición titulada granAngular: Una percepción histórica del arte santandereano, afirmándose en el texto expositivo, realizado por Augusto Restrepo, que la muestra iría a “exhibir, disfrutar y estudiar, paso a paso, la trayectoria de un quehacer que ha tenido una profunda incidencia en la búsqueda y hallazgo de las raíces del actual arte colombiano” (granAngular, 2019), a modo de una retrospección la cual por medio de obras específicas quiso mostrar la historia del arte santandereano desde la generación de maestros, pintores de la primera mitad del siglo XX como Domingo Moreno Otero, Luis Alberto Acuña, Oscar Rodríguez Naranjo y Segundo Agelvis, hasta noveles artistas como Fredy Saúl Serrano y Nicolás Cadavid, pasando por otros nombres como Jorge Mantilla Caballero, Esperanza Barroso y la propia Beatriz González. El título de la exposición sin duda alguna propuso una revisión histórica de las artes en Santander, preocupándose más en la muestra de objetos artísticos que en una comprensión del proceso de las artes en el departamento. En variadas ocasiones, este tipo de exposiciones han querido visualizar el panorama santandereano desde ingenuas perspectivas históricas, sin embargo, estas han tratado más de una selección de obras y artistas de diferentes épocas. Para comenzar, se revisarán las formas en que algunas exposiciones y publicaciones de arte en Bucaramanga han querido aproximarse a una historia de las artes visuales en Santander, para así, a partir del análisis de estas producciones, identificar y caracterizar las fuentes existentes y otras posibles para la escritura de algunos hechos históricos alrededor del movimiento de las artes y los artistas en Santander. El historiador español José Fernández Arenas identifica en su libro, Teoría y Metodología para la Historia del Arte (1990), 22


enfoques para la investigación en esta disciplina, una revisión desde el proceso europeo, el cual puede adaptarse al caso colombiano, ya que la dinámica del arte en el nuevo continente responde a los lineamientos occidentales tanto en las formas y técnicas del arte (pintura, escultura, fotografía, dibujo, etc.) como en las maneras de mostrarlo (salones de arte, exposiciones, bienales, etc.), teniendo también en cuenta la condición como excolonia española y la propia formación de artistas, críticos, curadores, profesores e historiadores bajo tales lineamientos teóricos y artísticos. Según Fernández, el estudio de la historia del arte se ha abordado desde diferentes enfoques y posibilidades, que en el caso santandereano aparecen más como acercamientos o revisiones históricas, la mayoría de las veces partir de exposiciones de arte, acercamientos que se han realizado de las siguientes formas, según lo propuesto por Fernández: 1) la historia del arte como historia de los artistas (p. 55); 2) la historia del arte como historia de las generaciones (p. 63) y 3) la historia del arte como la historia de los hechos históricos (p. 69), enfoques que se han adaptado al estudio de las artes visuales en las regiones como tres modos para la investigación y la reconstrucción de la memoria artística santandereana, independientemente de la forma en que han sido realizada, abordada principalmente en los dos primeros enfoques mencionados. A continuación, se presentará cada uno de estos enfoques en relación a cómo se ha investigado en la región: publicaciones y catálogos producto de exposiciones de arte con intensiones históricas. (Página 22) Portada del Catálogo Antología 365 años de Pintura en Santander, 1981. (Detalle)

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La historia del arte santandereano como historia de los artistas En Bucaramanga se han realizado una serie de exposiciones y publicaciones orientadas a recoger las biografías de los artistas santandereanos, compilando datos personales, formación artística y trayectoria. Si bien no se trata de extensas investigaciones dedicadas a la vida y obra de los artistas, la mención de estos nombres junto a sus hojas de vida funciona como enlace para identificar a los artistas que han trabajado desde Santander. De acuerdo con el historiador José Fernández Arenas (1990) “el campo de la biografía de los artistas creadores es uno de los más ampliamente cultivados dentro de la historia del arte” (p. 55), que en el caso de la historia del arte santandereano se refleja en catálogos de exposiciones individuales realizadas a la generación de maestros santandereanos, artistas de primera mitad del siglo XX, como la de Rodríguez Naranjo, en 1988, Segundo Agelvis, en 1992, Carlos Gómez Castro, en 1993 y El Estilo de Luis Alberto Acuña, en 1996, así como otras exposiciones individuales de artistas más contemporáneos como Ricardo Gómez Vanegas, en 1995 y Luis Ernesto Parra. Orfebre de Sueños Reales, en el 2003, tratándose de una serie de exposiciones y publicaciones promovidas de manera interinstitucional por el Banco de la Republica 1 y el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB, contándose con investigadores de las diferentes entidades, a nivel local y nacional. Durante la década de 1990 resaltaron este tipo de exposiciones, así como otras de carácter colectivo promovidas por las mismas instituciones materializadas en una serie de 1

La sede física del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga fue fundada en 1989, un año anterior a la exhibición realizada por el Área Cultural del Banco de la República en Bucaramanga, contando esta exposición únicamente con el apoyo de dicha entidad. 25


cuatro catálogos bajo el nombre Artistas Santandereano en la Década de… 1960, 1970, 1980 y 1990, publicados en diferentes años desde 1991 hasta el 2003, los cuales se profundizan en el siguiente subcapítulo. Anterior a la gestión realizada por el área Cultural del Banco de la República y el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB (con la fundación de su sede en 1989), existieron otra serie de exposiciones y publicaciones con el objetivo de revisar los artistas de la historia del arte santandereano a través de la compilación de sus biografías, tratándose de: Antología. 365 años de pintura en Santander (1981). Se trató de una exposición inaugurada en la casa Luis Peru de Lacroix realizada con el apoyo del Banco de la República, exhibiéndose la obra de alrededor de 50 artistas santandereanos y nortesantandereanos de todas las épocas, abriéndose el catálogo con artistas de los siglos XVI, XVIII y XIX, pasando por la generación de maestros de la primera mitad del siglo XX hasta los artistas que a finales de la década de 1980 comenzaban a protagonizar la esfera nacional del arte, organizados en el catálogo de manera cronológica, presentándose una corta hoja de vida sobre su formación académica y un breve comentario sobre su propuesta artística. Esta exposición de carácter histórico fue curada por dos reconocidas mujeres de la escena cultural bumanguesa: Lucila González Aranda, en ese entonces directora de la Casa de Bolívar, hermana de la artista Beatriz González y Marina González de Cala, su prima, destacando el texto del catálogo que se trata de “un aporte a la investigación de la historia del arte en Colombia, al conocimiento de nuestra tierra y a la importancia que tuvo y tiene la provincia”, entendiéndose la historia del arte como la exhibición cronológica de obras de arte. Santander y su Plástica (1990). Se trata de un libro publicado por la Licenciada en Arte y Decoración Betty Gallo 26


Rondón, con el apoyo de iniciativas privadas y públicas, entre ellos el de la Dirección de Cultura Artística de Santander DICAS. Esta publicación es una referencia obligatoria para quien quiera iniciarse en la investigación del arte regional, no únicamente en Bucaramanga, sino también en las demás provincias del departamento, dada la organización y el amplio tema de su libro. Al igual que los catálogos de arte ya mencionados, Galló Rondón realizó una compilación –más extensa- de cada uno de los artistas de las diferentes provincias santandereanas hasta la fecha de publicación, convirtiéndose en un riguroso trabajo que organizó las hojas de vida de cada artista, compilando algunos comentarios críticos y haciendo una breve reseña histórica sobre ciertas entidades culturales del departamento. Así, el eje central de su libro son las biografías de los artistas, catalogándolos además de su lugar de origen por técnicas como la pintura y la escultura, reseñando también la historia y arquitectura de los diferentes pueblos y ciudades de la región como abrebocas para la presentación de los artistas, algunos apenas mencionados. Galería Gráfica Santandereana (1992). De carácter más visual, esta publicación impresa en Bogotá bajo la dirección editorial de Joaquín Romero Díaz, compila, como su nombre lo indica, la obra gráfica de artistas santandereanos con el “único propósito de proporcionar difusión a la plástica del departamento” (p. 4), en homenaje a los maestros Óscar Rodríguez Naranjo y Luis Alberto Acuña, distribuyendo a los artistas participantes en las categorías de Pintura, Escultura y Fotografía. Al igual que la investigación realizada por Betty Gallo, esta obra reúne artistas de los diferentes lugares de Santander, así como de otros lugares de Colombia pero que trabajan en el departamento, presentando en sus páginas junto una fotografía del artista, datos como su nombre, fecha de nacimiento y “año de iniciación en el arte”, además de las técnicas aplicadas y la “tendencia” artística de su obra, existiendo una preocupación por establecer en Santander las

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diferentes formas del arte encajadas bajo la idea de tendencias en el arte, figurando el realismo, el surrealismo, la abstracción, el primitivismo, el impresionismo y el expresionismo, entre otros, como las tendencias de los artistas de la región, la cual no está especificada en todos ellos, especialmente en aquellos que ya contaban con alguna visibilidad y participación en la esfera nacional del arte, tratándose de un quién es quién en el arte santandereano, mostrándose también las principales exposiciones individuales y colectivas de cada artista, sin ningún comentario o reseña sobre su producción. La importancia de este libro-catálogo radica en la idea de poner en diálogo a alrededor de 80 artistas tanto con intereses conceptuales contrarios a la tradición pictórica en Santander, como con otros interesados en conservar tales temáticas para su producción artística, cohabitando el bodegón, las flores y el desnudo con propuestas más experimentales y contemporáneas, lo cual sin duda alguna visibiliza artistas tanto interesados en figurar en la esfera de las artes visuales nacionales como a los interesados en la propia técnica y el instinto creativo sin una preocupación conceptual. Arte Clásico Santandereano (1995). En un formato similar a la Galería Gráfica Santandereana, se realizó otra publicación a modo de catálogo que también rinde “Homenaje a los Maestros Fallecidos”: Luis Alberto Acuña, Domingo Moreno Otero, Luis Roncancio, Humberto Delgado, Segundo Agelvis y Misael Zárate, publicación editada por el arquitecto César Durán Lizcano, partiendo de la obra de estos artistas para definirse como un grupo de pintores clásicos cuyo interés por la técnica pictórica y escultórica lleva a preocupación por el paisaje, el cuerpo femenino, las flores y los bodegones, indicando también su fecha de iniciación al arte, sus exposiciones individuales y colectivas, así como la mención de la tendencia clásica en su obra, un formato similar a la publicación anteriormente reseñada sin artistas con intereses contemporáneos.

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40 ejercicios para la Memoria Estética de Santander Siglo XX (2000). Las anteriores publicaciones fueron realizadas en su mayoría por gestores culturales, curadores de la ciudad y otras personalidades, quienes desde sus lugares de acción posibilitaron esta serie de catálogos o publicaciones que rescatan la memoria artística de Santander por medio de nombres de artistas, tratándose de cortas o extensas compilaciones, algunas desde un lugar aficionado y otras desde el rigor curatorial. Esta última publicación, cuyo título incluye la expresión “memoria estética”, fue dirigida por un artista local de trayectoria nacional: Máximo Flórez, quien a través de su fundación (Septum) y contando con el apoyo de la Gobernación de Santander, el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y otras instituciones, resaltó los nombres de 20 artistas plásticos junto a un espacio dedicado escritores y poetas. De esta manera, presenta en sus páginas la biografías de artistas visuales, dándose nuevamente reconocimiento a los maestros de la primera mitad del siglo XX, para luego presentar a los artistas de su generación, artistas de las décadas de 1970 y 1980, compilándose nuevamente la hoja de vida, sus exposiciones colectivas e individuales y una imagen de la producción plástica de cada artista, presentándose a la generación de maestros y a los artistas anteriores a su época con un texto biográfico y no un listado de sus exhibiciones. Máximo Flórez (1990), quien también aparece entre los artistas reseñados, especifica en el prólogo el objetivo de este recuento, un libro que “no pretende presentar una visión Estética del Siglo XX en Santander” (p.1), y que quiere “aportar a manera de informe desde una óptica personal, sobre los Artistas más influyentes en el siglo XX en Santander” (p. 1). Si bien las anteriores publicaciones no responden directamente a trabajos realizados por historiadores del arte sino a gestores culturales y artistas interesados en apoyar la dinámica de las artes visuales en la ciudad, es de destacar la capacidad y el interés para organizar esta serie de publicaciones, algunas vinculadas a procesos expositivos a partir de la

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compilación de nombres y trayectorias de artistas, ya que para futuras investigaciones este material servirá como apoyo y punto de partida para emprender tales exploraciones, catalogando e identificando dos procesos paralelos en campo de las artes visuales que se dan en la ciudad, la de artistas interesados en el desarrollo de su técnica desde una tendencia clásica y el de otro grupo de artistas que escapó de la tradición y decidió proyectar su obra en otras esferas del arte nacional e internacional. Es de esta manera como podría decirse que en la región se han realizados acercamientos a una historia del arte como historia de los artistas, publicaciones y catálogos que en muchas ocasiones también incluyeron artistas del vecino departamento del Norte de Santander. Finalmente, falta mencionar los artículos realizados junto al filósofo Martín Camargo Flórez, los cuales han sido publicados en revistas académicas, profundizando en la producción de artistas mujeres santandereanas como Esperanza Barroso, Raquel Ramírez y María Victoria Porras, mujeres artistas que en las décadas de 1960 y 1970, a la sombra de Beatriz González, lograron figurar en la esfera de las artes nacionales, investigaciones publicadas bajo los títulos En femenino: apuntes sobre la obra de Esperanza Barroso y Raquel Ramírez (2015) y María Victoria Porras en clave constructivista (2017).

(Página 29) Portada del Correo cultural de Santander. n.9. noviembre 7 de 1989. DICAS (Detalle)

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La historia del arte santandereano como historia de las generaciones La historia del arte como historia de las generaciones está incluida en la obra de José Fernández Arenas dentro de la historia del arte como historia de los artistas. Se hace necesario abstraer este apartado de la obra de Fernández en la medida que, en el caso del arte santandereano, existió desde 1991 hasta 2003 una iniciativa liderada por el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y el Área Cultural de Banco de la República de Bucaramanga, y en ocasiones la de Cúcuta, por realizar una serie de exposiciones y catálogos titulados Artistas Santandereanos en la Década de 1960, 1970, 1980 y 1990, ya mencionados con anterioridad. Dichos eventos identificaron a los artistas “más destacados” de cada década, donde si bien la presentación del catálogo de 1960 (1991) anuncia que se trata de artistas que “no pertenecieron a una misma generación” y “confluyeron en la década y contribuyeron al desarrollo del arte moderno de Colombia” (p. 5), y el catálogo de 1990 (2003) afirma que “se podría argumentar que el trabajo de los artistas habría que clasificarlo por generaciones, una estrategia usual en muchas partes, también es válida la estrategia de ordenamiento por décadas de trabajo” (p.8), hay que aclarar que estos catálogos se aproximaron a una historia del arte como historia de los artistas, que organizados por décadas, responden a la idea de resaltar a “grandes maestros en torno a los cuales se forma una escuela generacional” (FERNÁNDEZ, 1990, p. 62), sin ignorar que parte de estos artistas fueron y serían profesores de otras generaciones, teniendo en cuenta que la organización por décadas corresponde históricamente “a un grupo de artistas coetáneos y todos ellos forman una generación” (FERNÁNDEZ, 1990, p. 63), y por lo tanto, directa o indirectamente, de manera ingenua o no, la presentación de esta serie de exposiciones y catálogos si respondería a una idea generacional, dada la agrupación realizada para la comprensión de cuatro décadas 32


comenzando en 1960, teniendo como precedente las exposiciones individuales anteriormente realizadas por el Banco de la República y el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga sobre la llamada generación de maestros: Oscar Rodríguez Naranjo, Segundo Agelvis y Luis Alberto Acuña, artistas inmediatamente anteriores a esta generación, protagonistas en la primera mitad del siglo XX. Si bien los catálogos de 1960 y 1990 no se autodefinen como la exposición de una generación de artistas, la presentación del catálogo de 1980 (1996) si reconoce que se trata de una exposición de los creadores más destacados de los Santanderes “pertenecientes a una misma generación” (p. 5), pudiéndose afirmar que este fue el proyecto más ambicioso dado en la región para el reconocimiento de ciertos creadores santandereanos, liderado por el Banco de la República y el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, los cuales se definieron como un “programa de investigación y difusión de la historia del arte regional, fiel a su política de resaltar el Patrimonio Cultural Colombiano” (1992, p. 4), investigaciones que si bien organizaron a los artistas por décadas y generaciones, no profundizaron en una comprensión de la situación y el contexto artístico santandereano, donde de la misma forma se agruparon artistas que nacieron y trabajaron en la región, así como otros que oriundos de Santander se establecieron y consiguieron sus reconocimientos artísticos fuera de la ciudad. Explorando cada una de las décadas y sus catálogos, es interesante resaltar que al final del catálogo de los Artistas Santandereanos en la Década de 1960, se presenta una Cronología 1960 – 1969 que relaciona algunos acontecimientos artísticos en Colombia y en América Latina, curiosamente vinculados con la vida de Marta Traba como curadora y crítica de arte en Colombia, quien habría muerto en 1983, reconociendo indirectamente las instituciones organizadoras de estas exposiciones, la transcendencia de la crítica argentina en Colombia como alguien que influyó en la selección de nombres

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nacionales y por qué no, de los artistas que figuraron en dichos catálogos por medio de la Beatriz González, dada la proximidad de Traba con la pintora de provincia, hermana de Lucila González, directora entonces del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga. La nueva gente del museo, un texto que escribió Marta Traba en 1977 para la exposición del mismo nombre en el Museo Nacional, es presentado en este catálogo, así como el texto Propuesta para una doble lectura de 1984, con el propósito de contextualizar desde Bogotá lo que sucedía en la década de 1960 en Santander. En lo que respecta al catálogo de 1970, el cual en ningún aparte menciona la expresión “generación de artistas”, es interesante resaltar que para esta época la consolidación de un colectivo artístico, el Grupo Bucaramanga, conformado por alumnos y profesores de la escuela local de artes, DICAS, si indicó la trayectoria e influencia de una generación en la dinámica de las artes visuales en la ciudad, ya que gracias a su actuación como colectivo consiguieron posteriormente exponer en Bogotá, siendo un proceso que desde la provincia se posicionó en la capital de forma inversa a la de muchos artistas, siendo destacado este proceso por medio del crítico Eduardo Marceles Daconte, quien abre este catálogo, para posteriormente mostrar junto a otros artistas de la década tres generaciones de artistas santandereanos, el grupo Bucaramanga orientado por Jorge Mantilla Caballero y Máximo Flórez, otra generación de artistas que en diferentes condiciones pudieron realizar sus estudios de arte fuera de la ciudad, figurando en otros espacios, como Jaime Ardila, Gustavo Sorzano y Saturnino Ramírez y otros artistas que construyeron su trayectoria en la región sin integrarse al grupo Bucaramanga. Esta publicación también cierra con un texto de Germán Rubiano Caballero Sobre el Grupo Bucaramanga. Finalmente, se presenta una Cronología 1970-1979, la cual ya no está relacionada con la vida de Marta Traba, pero si de un texto organizado por la crítica argentina (1992, p. 47).

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Por otro lado, sin una cronología al final de sus páginas, se publicó el catálogo de los artistas de la década de 1980 (1996), presentándose como “parte de la afirmación de la identidad cultural” (p. 5), evidenciándose el afán de las instituciones por rescatar los nombres de una década inmediatamente anterior como un proceso de auto reconocimiento cultural. Este catálogo, de manera breve, presenta únicamente un texto introductorio del curador del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, Saúl Rúgeles Quirós, titulado El arte en Santander, años ochenta (p. 6-7), quien afirma que tales publicaciones corresponden a “una síntesis de las imágenes producidas por los artistas de la región, reconocidas institucionalmente como válidas”(p. 6), realizándose por primera vez una breve reseña de cada una de las obras de los artistas por parte de los organizadores de la exposición exclusivamente para el catálogo, aterrizados en el contexto regional y reconociendo a su vez que “diez de los trece artistas seleccionados para la muestra realizaron viajes de estudio a los países industrializados y bebieron en la fuente de la crítica posmoderna a la modernidad” (p. 6), admitiendo así el tránsito vívido durante la época hacia la modernidad, llamada así por el curador. Este catálogo también contó con la participación de artistas de Norte de Santander y evitó la compilación de otros textos, como en anteriores ocasiones, que poco estaban relacionados con el proceso artístico en Santander. Finalmente, especial interés tiene el catálogo de la década de 1990 (2003), puesto que, al ser el último de esta serie de catálogos, se aprovecha para diagnosticar lo que han sido estas exposiciones retrospectivas de carácter interinstitucional, mostrando una revisión de La trayectoria del arte en Santander por décadas, teniendo en cuenta que el catálogo abre con un epígrafe de Marta Traba haciendo mella a la continuidad de esta idea de organización de los artistas por décadas:

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Muchas veces me he preguntado por qué y he preguntado también por qué a los demás. ¿En dónde está la dificultad de admitir que el hombre contemporáneo tiene un lenguaje peculiar para expresarse, del mismo modo que tiene pensamientos, actitudes, conductas y políticas que son peculiares de su siglo? (p. 3). Actitudes, conductas y políticas que también serían similares a sus décadas, pero en el caso de los artistas santandereanos, diferentes al contexto de quienes se quedaban y quienes migraban de Santander. Por otro lado, dado que este catálogo fue realizado en el 2003, el texto de presentación firmado por Lucila González y la encargada del Área Cultural del Banco de la República de Bucaramanga, Elizabeth Patiño Ortiz, lo reconoce como el último de esta serie de publicaciones, dado que habría que esperar a que pasase otra década para revisar e identificar nuevos artistas, catálogos que hasta hoy no han sido publicados, en espera a que “se abra el paso al interrogante de la función del arte regional en un mundo globalizado” (p. 5), frase que tendría más sentido si la función del Museo con estos catálogos hubiese sido la de exaltar la obra de los artistas en la región y no la de únicamente catalogar bajo el nombre de arte regional a artistas que hicieron su vida y obra en otras latitudes. No obstante, este catálogo que cierra con cuatro décadas del arte de finales del siglo XX, se preocupó por presentar textos específicos de historiadores, críticos, curadores, artistas y otros actores para cerrar dicho ciclo en Santander, haciéndose retrospectivas sobre los anteriores catálogos, reconociéndose a los artistas por parte de algunos autores como pertenecientes a una generación, mientras que otros reconocieron este trabajo investigativo como un estudio a partir de décadas de trabajo, como lo afirma el ya citado historiador Armando Martínez Garnica, mientras que Luis Fernando Peláez, quien ejerció como

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curador de la muestra, presentó cada una de las obras y los artistas de la década de 1990 por medio de palabras clave, para así identificar los intereses de los creadores. Finalmente, este catálogo cierra con una lista de los artistas santandereanos de las diferentes décadas, indicando su lugar de origen, datos natalicios y la década a la cual pertenecieron según el trabajo curatorial desarrollado por ambas instituciones. Sin duda alguna estos cuatro catálogos son un referente obligatorio a la hora de revisar la historia del arte santandereano, para entender cómo se han realizado este tipo de investigaciones en la región y establecer también puntos de congruencia entre cada uno de los artistas y sus trayectorias, pensándose también en una historia del arte santandereano a partir de sus generaciones, tratándose de un trabajo que sin duda alguna tuvo influencias externas pero que al mismo tiempo visibilizaron a ciertos artistas y dio cuenta de la presencia santandereana (desde aquí o desde allá) en diferentes escenarios de las artes visuales a nivel nacional. También vale la pena mencionar dos exposiciones de arte realizadas en la región que pueden entenderse como exposiciones generacionales: la primera es una muestra realizada en Barrancabermeja en el Museo Nacional del Petróleo Samuel Schneider Uribe en 1996, titulada 1900 – 1950, una generación de maestros (REDACCIÓN EL TIEMPO, 1996), la cual contó con el apoyo del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y expuso obras de Domingo Moreno Otero, Luis Alberto Acuña, Oscar Rodríguez Naranjo, Carlos Gómez Castro, Segundo Agelvis y Humberto Ballesteros, en su mayoría, artistas anteriormente mencionados, percibiéndose nuevamente a estos hombres maestros como los referentes históricos para comprender las raíces del arte santandereano, tratándose más de una suerte de patriarcas del arte, siendo importante señalar que la idea de una “generación de maestros” ha invisibilizando el trabajo de mujeres artistas como Dolly Hernández y otros posibles nombres femeninos desconocidos, como lo afirma la historiadora Patricia Mayayo, el cual “sigue siendo el género

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histórico-artístico más popular; y central, sobre todo, para determinar el valor mercantil de las obras” (MAYAYO, 2003, p. 62). La segunda exposición fue la realizada por el Instituto de Educación a Distancia de la Universidad Industrial de Santander en 1998 bajo el titulo 1ra Muestra de Artistas en la UIS, con un texto curatorial titulado “Representación de la Construcción Histórica de las Artes Plásticas en Santander”, exposición que reunió maestros de las décadas de 1970, 1980 y 1990, los cuales, según Jorge Orlando Saavedra Ortiz, en el texto del catálogo, “representa un selecto grupo de artistas quienes durante las últimas tres décadas han contribuido a construir una historia moderna de las artes plásticas en Santander”, tratándose una vez más de una exposición de carácter histórico que a partir de la organización por décadas presentaría tres generaciones de artistas organizados en un espacio académico, la Universidad Industrial de Santander, nombres que en su mayoría también habían aparecido en los catálogos por décadas del Museo y el Banco de la República. Solo resta decir que, pensando en una historia del arte presente, en la actualidad diferentes actores artísticos de la ciudad se han encargado de realizar algunas miradas a la reciente producción de los artistas dentro del movimiento local, destacándose los textos expositivos del filósofo y curador Martín Camargo Flórez, y los también artistas y curadores Nicolás Cadavid y Alberto Borja, quienes de manera rigurosa se han preocupado por presentar a las recientes generaciones de artistas santandereanos, en su mayoría ex estudiantes y egresados de la Universidad Industrial de Santander.

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(Pรกgina 38) Portada del Catรกlogo Encuentro de Artistas Santandereanos, 1993. Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB (Detalle)

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La historia del arte santandereano como historia de los hechos históricos Para cerrar esta serie de reseñas sobre cómo se ha reconstruido una historia del arte santandereano, ya sea a partir de los artistas o de las generaciones, es necesario revisar la última de las formas identificadas en Santander para realizar una historia del arte: la historia del arte santandereano como historia de los hechos históricos. ¿Qué entender por hechos históricos? Según Fernández, se trata de una historia del arte cuyo enfoque se centra “en el estudio de los hechos históricos, geográficos y de medio ambiente que pueden explicar el origen de las formas artísticas en cada lugar”, es decir, que además de pensarse en la producción de los artistas y sus trayectorias individuales o generacionales, se podrían abordar las condiciones que se dan en el espacio-tiempo para la producción de las artes y la visibilización de los artistas. De esta manera, se llega a una historia social del arte preocupada por estudiar tales representaciones y hechos culturales que, determinados por la historia local, garantizan el desarrollo de las artes en el devenir histórico santandereano. Se trata de investigar los procesos de la provincia y sus protagonistas, vinculando un enfoque introspectivo que analice los contextos y las posibilidades de figurar en la esfera del arte nacional sin escapar de la propia geografía, así como comprender el interés y la dinámica de otro grupo de artistas interesados por la simple práctica artística siguiendo la tradición de una generación de maestros, actuando como colectivos para su visibilización y vigencia en la ciudad. Una posible aproximación al contexto histórico-artístico en que se desarrollan las artes en la región es la presentada por Betty Gallo Rondón en el texto Santander y su plástica, ya que algunas páginas se dedican a reseñar las instituciones culturales que para 1990 dinamizaban el movimiento artístico de las provincias y el departamento, algunas ya extintas, tratándose de 41


escuelas de arte y espacios culturales, señalando la inauguración del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB como “el acontecimiento cultural y artístico más importante de 1989” (GALLO, 1990, p. 37). Regresando a 1960, otros eventos sucedieron en Bucaramanga además del inesperado resultado del concurso de pintura y escultura realizado en ese año. Hacía 1960 es reabierta la Academia de Bellas Artes de Santander, mientras que en Colombia comienzan a crearse nuevos espacios para las artes visuales surgiendo una nueva generación de artistas que influenciados por movimientos extranjeros dan la espalda a la tradición. Un breve texto que podría encajarse dentro de esta categoría, a nivel nacional, es uno de la propia artista Beatriz González, quien da cuenta del proceso artístico vívido en Bogotá en la década de 1960, texto que serviría de modelo para hablar de los procesos en las regiones, titulado Actitudes transgresoras de una década (GONZÁLEZ, 1997), donde la artista relata esta transformación del arte no únicamente desde la producción de los artistas, sino desde el mismo ambiente propiciado gracias a la aparición de nuevos salones y espacios para la artes visuales que llevaron a una ruptura generacional respecto a los llamados maestros. En el caso regional este tipo de investigaciones es reciente, comenzando por la monografía de pregrado realizada en la Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander, titulada De concurso desierto a mención nacional: artistas plásticos santandereanos 1960 – 1980 (CABALLERO, 2012b), la cual fue orientada por la historiadora Ivonne Suárez Pinzón y la curadora Lucrecia Piedrahita Orrego, mujeres que desde su experiencia y formación confiaron en la posibilidad de que se comenzase a escribir una historia del arte santandereano que más allá de compilar las biografías de los artistas, se arriesgara a la comprensión del contexto artístico santandereano, de los hechos históricos que condicionaron tales procesos creativos después de 1960, siendo publicados como resultado de esta investigación varios productos

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académicos, entre ellos, el artículo En busca del arte contemporáneo: exposiciones de arte en Bucaramanga 1960 – 1979 (2012a), el cual analiza el ambiente artístico vivido en la ciudad mostrando la dinámica de diferentes exposiciones y concursos de arte que, a través de algunas instituciones, permitieron la entrada de un arte opuesto a la tradición pictórica santandereana, escribiéndose una historia desde el hecho histórico-artístico, en el cual se podría profundizar sobre el ya mencionado liderazgo de Jorge Mantilla Caballero y la conformación de su colectivo artístico: el Grupo Bucaramanga. También son producto de esta monografía los artículos anteriormente mencionados sobre tres artistas mujeres santandereanas (Esperanza Barroso, Raquel Ramírez y María Victoria Porras), así como la publicación completa de este trabajo de pregrado gracias a la Gobernación de Santander por medio del Programa Departamental de Estímulos a la Creación y Producción Artística en Santander 2015 bajo el titulo Contemporaneidad en la Provincia: Artes Plásticas en Santander 1960 – 1979, ya referenciado al inicio de este texto, el cual después de una contextualización del hecho histórico identificó una lista de artistas santandereanos que trabajaron desde la región y se posicionaron en la esfera colombiana del arte. También, junto a la artista visual e investigadora Juliana Silva, se publicó el artículo titulado Artistas plásticos según su público: análisis de la plástica bumanguesa desde la visión del espectador (CABALLERO, 2014), enmarcado en un proyecto de investigación realizado en la Universidad Industrial de Santander a través del Grupo de Investigación Cultura y Narración en Colombia CUYNACO sobre las Representaciones del arte en prácticas discursivas de Bucaramanga, el cual a través de encuestas y un trabajo de campo analizó la percepción de los espectadores de arte (público) sobre los artistas más representativos de la ciudad, resaltándose “el desconocimiento de los informantes sobre el contexto de las artes plásticas en Bucaramanga en relación a los artistas emergentes” (CABALLERO, 2014, p. 103), lo cual evidenció la necesidad de

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investigaciones que miren el propio contexto para posteriormente hablar de los artistas, ya que si bien esta investigación arrojó diferentes nombres de la plástica bumanguesa, muchos de estos no estaban relacionados con la esfera del arte local, simplemente habían nacido en Santander, desconociéndose a los artistas que en el tiempo presente se han visibilizado en los espacios expositivos de la ciudad, dándose más importancia a los procesos exteriores que a los propios. Estas investigaciones responden a una iniciativa reciente y personal que busca ser colectiva, siendo de especial interés la organización de estos apuntes que orienten la escritura del arte regional, apoyándose en una historia (social) del arte a través de la exploración de diferentes hechos históricos que proporcionen el panorama necesario para la comprensión de las producciones plásticas y las trayectorias artísticas de los creadores santandereano radicados en la propia provincia. Para cerrar este análisis metodológico sobre la historia del arte regional, cabe mencionar también el trabajo de grado Propuesta de Reconocimiento de un Proyecto Cultural Local: Museo de Arte Moderno de Bucaramanga (2007), de la historiadora Angélica Alarcón Torres, también de la Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander, el cual entrega una visión histórica y visionaria del Museo y su relación con los movimientos culturales de la ciudad, tratándose de un trabajo que al documentar y ahondar sobre la historia de una institución que está directamente relacionada con la historia de las artes visuales en la región, ya que se trata de una institución que durante su gestión ha dinamizado las prácticas artísticas en la ciudad, la visibilización y validación del arte y los artistas, siendo destacable el estudio de estas entidades como plataformas con iniciativas de recursos públicos y privados que dinamizan las artes visuales en la región.

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(Pรกgina 44) Portada del Catรกlogo Bucaramanga Arte 77. Universidad Cooperativa Indesco, 1977 (Detalle)

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Memoria oral, archivos personales y la ausencia institucional Una vez identificadas las aproximaciones a la historia del arte en Santander, es importante caracterizar los tipos de fuentes documentales existentes para la investigación en artes visuales, tratándose de: 1) las obras de arte y su registro fotográfico, registro que en la mayoría de las veces está en 2) catálogos de exposiciones de arte, los cuales cuentan, en la mayoría de las ocasiones, con un texto curatorial o introductorio y la hoja de vida de los artistas, así como la ficha técnica de sus obras, eventos que muchas veces son publicados y promocionados en 3) reportajes de prensa, de revistas y magazines culturales, fuentes que funcionan como literatura artística (FERNÁNDEZ, 1990, p. 47) para la construcción de una historia del arte en las regiones, ya que las obras de arte, tanto si se piensa en una historia del arte como historia de los artistas o si busca comprender las representaciones artísticas de determinado momento o lugar, necesita de dichos documentos para la contextualizar las condiciones en el cual la obra fue creada, conociéndose a su vez las dinámicas de las artes plásticas y visuales en Santander, especialmente en Bucaramanga al ser la capital del departamento y contar con un movimiento privilegiado en relación a las demás provincias. Adicional a la literatura artística y las obras de arte, también se encuentran los propios relatos de los artistas, convirtiéndose 4) la memoria oral por medio de la entrevista una herramienta para triangular las fuentes documentales físicas, para comprender no únicamente la producción de las y los artistas plásticos y visuales de la región, sino también aportar a la visualización del panorama, el contexto y el movimiento artístico de la ciudad, teniendo en cuenta que la memoria oral permite “rescatar las historias personales, las anécdotas contadas por los protagonistas, dando de esa manera valor documental a los testimonios y vivencias transmitidos de viva voz” (PEPPINO, 2005, p.7), los cuales si bien tratan de relatos 47


personales, contribuyen a “pasar del análisis de la historia individual al análisis de la vida social en movimiento” (PEPPINO, 2005, p.10), en este caso a la comprensión de la dinámica artística en la provincia, entrevistas, encuentros o conversaciones en red que muchas veces están acompañadas de otros 5) documentos personales de los artistas como cartas de invitación y aceptación a eventos, certificados académicos, manuscritos, etc., relacionados con su propia trayectoria artística. Fuentes para una historia del arte santandereano: 1. Obras de arte y/o su registro fotográfico 2. Catálogos de exposiciones de arte 3. Recortes de prensa, revistas y magazines culturales. 4. Memoria oral 5. Otros documentos personales Sin embargo, cabe anotar la ausencia institucional a la hora de ubicar las fuentes de investigación, ya que, al menos en Bucaramanga, las entidades dedicadas a la promoción y difusión del arte y los artistas han carecido de un trabajo riguroso a la hora de crear centros de documentación y colecciones de arte que salvaguarden tales fuentes de estudio, y por lo tanto ha sido la interacción con los artistas, sus familiares y los actores culturales de la ciudad lo que conduce a sus archivos personales, donde se coleccionan algunos catálogos de arte, recortes de prensa, fotografías, magazines culturales y revistas, conservados como el vestigio de trayectorias artísticas tanto personales como el de la colectividad. Si se quiere estudiar el arte santandereano en un diálogo directo con las obras de arte, hay que contar con las imágenes que algunos catálogos presentan en sus páginas, ya que los museos y espacios locales no cuentan con exposiciones permanentes que permitan visibilizar las obras de los artistas locales, pudiéndose mencionar algunas colecciones que con alguna frecuencia son expuestas como las del Museo de Arte Moderno de

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Bucaramanga y la Cámara de Comercio de Bucaramanga, así como algunas obras que los propios artistas se han encargado de coleccionar, de ellos mismos y de sus compañeros generacionales. Sin embargo, desde la última década, en algunas instituciones la organización de estos archivos ha comenzado en folders y carpetas, archivándose recientes catálogos de arte y sus afiches publicitarios, como sucede en el Centro Colombo Americano y la Alianza Francesa, institutos de idiomas cuya infraestructura cuenta con salas de exposición como apoyo cultural a sus funciones de promoción intercultural, donde aunque se trate de las salas más antiguas de la ciudad, estas no han contado con un trabajo de archivística que permita investigar desde su funcionamiento, alrededor de la década de 1950, sobre los artistas y obras expuestas en sus salas. Si bien en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB, fundado en 1989, existe un fondo documental aun sin organizar de catálogos de exposiciones y una destacable colección de arte santandereano, este no está del todo disponible para su consulta, siendo de acceso limitado. En todo caso, la institución también cuenta con una colección de recortes de prensa que en su mayoría tratan de eventos relacionados con esta institución, los cuales fueron organizados en el proyecto de pregrado de la Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander Colección de Recortes de Prensa del Área Divulgativa del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga 1989-2011: Espacios Biográfico Institucional (ARDILA, 2012). No obstante, actualmente en el museo se trabaja la organización de un Centro de Documentación que una vez dadas sus condiciones abrirá las puertas para la investigación del arte local. En el 2012, cuando se dio inicio a este interés por la investigación de las artes visuales en Santander desde 1960 (CABALLERO, 2012a, 2012b, 2015), hubo que recurrir a la consulta de archivos y centros documentales de otras instituciones a nivel nacional, como el Museo de Arte Moderno

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de Bogotá, el Museo de Arte Contemporáneo El Minuto de Dios, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Museo de Antioquia y el Museo de Arte Moderno de Medellín, para reconstruir esta trayectoria, encontrándose catálogos que si bien no eran propiamente de exposiciones realizadas en Santander, si presentaban en sus páginas nombres de artistas que de la región participaron activamente en la escena artística de dichas ciudades, realizándose a partir de estos catálogos una selección de los artistas más recurrentes en la plástica nacional para reseñar brevemente su vida y obra, algunos como artistas que desde la provincia que llevaron su obra a otros escenarios nacionales y otros que si bien eran nacidos en Santander, abandonaron la región e hicieron su trayectoria artística fuera del departamento, sin dejar de ser identificados como santandereanos pero alejados de hacer un arte resultado de los procesos dados en la provincia. Sin embargo, las hojas de vida consignadas en estos catálogos, registran la participación de los artistas en algunas muestras de la región. Además de los catálogos, también es indispensable recordar aquí la importancia de la prensa local como cronista de eventos, exposiciones y momentos artísticos de la región, papel que en el caso bumangués fue asumido por el periódico Vanguardia Liberal, el cual está disponible en las bibliotecas de la Universidad Industrial de Santander y de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, cuya consulta se hace necesaria especialmente para comprender hecho histórico y el panorama de las artes en la ciudad y la región, aprovechándose las secciones de, según su época, Notas del Día, Sociales, Galería, Vanguardia Dominical, entre otras, para ubicar información sobre los eventos artísticos de la ciudad, mientras que otras secciones abordan las problemáticas económicas o políticas enfrentadas por el sector de la cultura, convirtiéndose estos reportajes en fuentes que por su propio carácter de literatura artística complementan y permiten diagnosticar el panorama vivido en las artes visuales de la ciudad, sirviendo también para hacer un seguimiento a las trayectorias de los artistas y a la

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críticas de quienes desde de la provincia asumen el reto de escribir sobre los artistas. Si bien se han presentado las fuentes que posibilitan la investigación en artes visuales en la región desde una perspectiva histórica, paralelamente se ha hablado de sus dificultades ¿Cómo realizar una historia del arte con dificultades para la ubicación de catálogos de exposiciones (literatura artística) para la comprensión del arte y los procesos artísticos en la región? Como parte del proceso investigativo y trabajo de campo realizado en la monografía de pregrado en historia, se visitó a la artista Esperanza Barroso, con quien no se esperaba nada más que establecer un diálogo para complementar la información inicialmente recolectada en la prensa y los catálogos de otras ciudades, sin embargo, cuando se dio el encuentro con la artista y antes de entablar cualquier conversación como parte de un ejercicio de memoria oral, la artista ya había dispuesto sobre su mesa una serie de catálogos y recortes de prensa de la década de 1970, tratándose de su archivo personal cuyos catálogos coincidían con algunos eventos encontrados en la prensa, siendo ineludible destacar la importancia de estas colecciones personales en razón a la ausencia institucional en las décadas anteriores. Por lo tanto, es obligatorio para la investigación en las artes visuales de las regiones la búsqueda, organización y disposición de archivos personales que amplíen las posibilidades de comprender tanto los procesos artísticos como la vida y obra de los artistas y sus generaciones. Es por ello que en la escritura de estos apuntes se trabajó en la búsqueda de otros archivos personales de los agentes que vivenciaron la dinámica de las artes visuales de la provincia desde mediados de la década de 1960 hasta la actualidad, siendo grato encontrarse con archivos personales de gestores y artistas como los de Carlos Prada Hernández y Jorge Torres González, quienes en un acto de confianza y en un espíritu colaborador pusieron a disposición catálogos de arte, recortes de prensa y otros documentos personales relacionados con su

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carrera artística y de acompañamiento a otros eventos culturales de la ciudad. Por otro lado, los descendientes de los artistas han guardado ciertos documentos como recuerdos de su historia familiar, los cuales fueron facilitados para este proyecto como el archivo del artista Mario Hernández Prada, destacado en la década de 1950 quien posteriormente sería por generaciones profesor de la academia local de artes en su regreso a Bucaramanga, documentos custodiados por su hija, la artista Clemencia Hernández Guillen. También existen algunos catálogos y recortes de prensa del artista Diego Rivera, de los cuales se tuvo conocimiento dada la mención de algunos de estos documentos en una novela gráfica realizada por su hijo Dago Rivera en una exposición de trabajos de grado en Bellas Artes de la Universidad Industrial de Santander (RIVERA, 2015), en cuyas páginas se recreó la vida de un artista de las décadas de 1970, 1980 y 1990, generada a partir de los archivos de su fallecido padre, los cuales también fueron facilitados a este proyecto para la investigación del arte regional. Finalmente, solo por mencionarse, están los recortes de prensa que el hijo del artista Emel Meneses coleccionó “a espaldas” de su padre. Por lo tanto, podrían contarse hasta el momento seis archivos personales con gran variedad de documentos disponibles para la investigación regional, denominados en estos apuntes como colecciones, contándose con más de 600 documentos, entre catálogos, recortes de prensa, invitaciones y más, para la escritura de la historia del arte regional, disponibles en estos archivos personales.

(Página 51) Portada del Catálogo Homenaje. Zarate. Cárdenas. Prada DICAS, 1978 (Detalle)

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Colección Carlos Prada Hernández: archivos de un visionario En la búsqueda actores culturales de la época y de la contemporaneidad para la recolección de relatos orales en esta y anteriores investigaciones, Carlos Prada Hernández acabó siendo la personalidad más referenciada por parte artistas y gestores dada su participación en el campo de las artes visuales de Bucaramanga desde la década de 1970 como investigador, asesor de artistas y gestor cultural, quien desde su formación autodidacta y en un trabajo aficionado se encargó de coleccionar catálogos, recortes de prensa, magazines culturales y artículos de revistas, entre otros documentos, de diferentes artistas que figuraron en la esfera regional del arte, en su afán de preservar la información de cada uno de los artistas de la ciudad al paso que visionaba para un futuro la utilidad de estos documentos para la historia del arte local, siendo su archivo personal el más completo de los encontrados, quien desde un riguroso trabajo creó carpetas por artistas en las cuales al paso de tiempo fue archivando los materiales relacionados con su actividad artística, dada la proximidad de Prada Hernández con los artistas y otras instituciones culturales de la ciudad, encontrándose diversos documentos entre catálogos de exposiciones, fotografías y certificados de obras de arte, publicidad, correspondencia, recortes de prensa y manuscritos personales con notas biográficas de los artistas. El archivo personal de Prada Hernández permite la investigación sobre artistas y colectivos, así como la comprensión de la dinámica de las artes en la región, encontrándose información paralela tanto de artistas dedicados al corte clásico como de aquellos interesados en la validación institucional para la figuración en la esfera nacional del arte, pudiéndose visibilizar en estos archivos la dinámica y los espacios para las artes visuales en la ciudad. Esta colección también cuenta con catálogos de arte de otras ciudades del departamento, así como documentación referente a artistas del hermano departamento de Norte de 54


Santander, donde también se evidencia una constante dinámica de intercambios artísticos entre Bucaramanga y Cúcuta con el fin de movilizar a los artistas de estas regiones. Al ser el archivo de Prada Hernández un archivo que se extendió más allá de lo personal, durante las conversaciones desarrolladas en este proyecto, se propuso que su colección personal fuese donada a alguna institución con el fin de facilitar su consulta, ofreciéndose la posibilidad de salvaguardar estos documentos en el Archivo Oral de Memoria de las Víctimas AMOVI-UIS de la Universidad Industrial de Santander, bajo la dirección de la profesora e historiadora Ivonne Suárez Pinzón. La disposición de este archivo en un ente público como la universidad, sin duda alguna propiciará un nuevo ambiente y para que tanto dentro y fuera de la institución se dinamice la investigación en artes y surjan diversos proyectos que puedan abordar cortes investigaciones sobre exposiciones de arte, vidas de artistas y el movimiento de las artes visuales en la ciudad.

Archivos de artistas: Colección Jorge Torres González y Colección Esperanza Barroso Los archivos personales de estos dos artistas responden a la propia preocupación por la recolección de catálogos de arte referentes a su actividad artística y hoja de vida, funcionando como soportes de los mismos artistas para certificar su trayectoria cuando fuese necesario. Estas dos colecciones funcionan para ejemplificar la gran variedad de documentos que pueden encontrarse en este tipo de archivos, siendo indispensable para la investigación en el arte regional la consulta de estas fuentes que organizadas en carpetas son el testimonio de trayectorias artísticas que corresponden a las cronologías vivenciadas por los artistas, en el caso de Jorge Torres González, documentos que desde mediados de la década de 1980 hasta la actualidad, compilan catálogos directamente relacionado con su actividad artística, mientras que los archivos 55


de Esperanza Barroso conservan catálogos de arte de la década de 1970 que ayudan a la reconstrucción de la memoria del colectivo artístico el Grupo Bucaramanga, del cual ella hizo parte durante esa década. Grupo que tiene especial protagonismo en la historia del arte santandereano, ya que se trató de una generación de artistas que desde la provincia figuraron en la esfera nacional del arte, como ya se hizo mención, y es gracias a estos recuerdos materiales guardados por la artista, mostrados y relacionados en las conversaciones realizadas como ejercicios de memoria oral, que se pudo dar seguimiento a tal proceso, como se documenta en la publicación En busca del arte contemporáneo: exposiciones de arte en Bucaramanga 19601979 (2012a). Cada uno de estos archivos, acompañados de la memoria oral, posibilita reconstruir tanto relatos sociales como individuales de los artistas y su relación con el desarrollo de las artes visuales en la región, los cuales desde sus diferentes trayectorias colaboran a una revisión social de la historia del arte.

Memorias familiares: Colección Clemencia Hernández Guillen y Colección Dago Rivera Estos archivos personales tienen en común el legado documental de sus antepasados, donde si bien los coleccionistas están vinculados al campo del arte regional, sus archivos guardan memorias, catálogos de exposición, apuntes personales, certificados y recortes de prensa de, en este caso, la vida artística de sus padres: Mario Hernández Prada y Diego Rivero. El primero de los artistas mencionados, padre de Clemencia Hernández Guillén, fue un pionero y enclave fundamentalmente para dinamizar las artes plásticas de la ciudad a finales de la década de 1960, ya que luego de haberse formado en Bogotá, regresó junto a su familia a Bucaramanga con un lenguaje abstraccionista, por un lado, y por el otro interesado en una exploración de la figura humana, a impartir 56


cátedras en la entonces Academia de Bellas Artes de Santander, en la cual hasta mediados de la década de 1970 estuvo vinculado como profesor con una propuesta pictórica que rompió el tradicionalismo y la herencia de los grandes maestros que seguían impartiendo a los nóveles estudiantes, habiendo sido Hernández Prada alumno de Rodríguez Naranjo. Por lo tanto, este archivo también resulta interesante a la hora de querer reconstruir una historia de la educación artística de Santander y la dinámica de las artes de la ciudad especialmente entre 1960 y 1970, ya que su cargo como profesor y luego director de la Academia, en sus diferentes etapas, permite contextualizar estas dinámicas, encontrándose en sus archivos manuscritos que, por ejemplo, planteaban un bachillerato artístico en Santander, el cual nunca se aprobó por la gobernación. Por otro lado, el pequeño archivo de Dago Rivera recolecta especialmente catálogos de exposiciones que posiblemente frecuentaba su padre durante las décadas de 1960 y 1970, documentos relacionados también con la actividad artística de las entidades donde se formó el artista y otros documentos relacionados con su paso por la academia. Gracias al reconocimiento artístico de los descendientes, estos archivos permiten no únicamente reconstruir sus historias personales, también rescatan los nombres de otros artistas contemporáneos a su época. La variedad de las anteriores colecciones abre diferentes enfoques para la investigación en el arte santandereano, donde cada catálogo, recorte de prensa, relato oral o documento personal se convierte en piedras angulares para la memoria artística santandereana, las cuales muchas veces pueden llegar a triangularse para complementarse y permitir la reconstrucción de un relato desde diferentes enfoques, ya sea desde una historia del arte como historia de los artistas, una historia del arte como historia de las generaciones o de una historia del arte que parta del hecho histórico.

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(Página 57) Humberto Sánchez Sepúlveda. Miniatura Primitivista, óleo. 1992. (Detalle)

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II. TÓPICOS Y ARTISTAS: PROPUESTAS PARA LA HISTORIA DE LAS ARTES VISUALES EN SANTANDER Después de una revisión a la literatura que ha buscado aproximarse a una historia del arte santandereano, la comprensión metodológica de dichos procesos y el tipo de fuentes existentes para la investigación en las artes visuales de la región, se procede a identificar algunos tópicos posibles para la escritura de una historia del arte santandereano que visibilice los procesos paralelos dados en la plástica local, privilegiando diferentes expresiones de las artes visuales y estableciéndose algunos criterios que puedan orientar nacientes investigaciones con una perspectiva histórica y contextual de las dinámicas del arte en Santander. Así, y después de un seguimiento dado a los diferentes archivos personales, especialmente el ubicado en la colección del maestro Carlos Prada Hernández, se establecen dos ejes para la investigación de las artes visuales y los artistas en Santander, sin querer concebirlas como únicas posibilidades, además de dar una breve mirada a la historia de la educación artística en Santander y establecer una línea de tiempo a modo de carta de navegación para orientar estos procesos investigativos:

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1) el reconocimiento de los artistas autodenominados clásicos, pintores y pintoras tradicionales que junto a artistas de otras técnicas optaron por la realización de un arte más decorativo que conceptual, interesados en el cuerpo, el paisaje, las naturalezas muertas... manteniéndose activos como colectivos y haciendo presencia en diferentes escenarios artísticos y comerciales de la ciudad, pudiendo ubicar en este grupo también a los artistas populares y primitivistas, ya que actuaron dentro del mismo colectivo. 2) un grupo de artistas que, amparados en la validación institucional, orientaron su práctica artística hacía la figuración en la dinámica del arte nacional y la esfera internacional, preocupados por una investigación conceptual y el desacato a la tradición pictórica regional.

¿Clásicos, populares o de provincia?: bodegones, cuerpo y paisaje Si bien las tres palabras que enmarcan este capítulo pueden significar tres formas diferentes de las artes visuales en cada una de sus categorías, estas son presentadas en conjunto puesto que en variadas ocasiones estos términos han coincidido en exposiciones y espacios artísticos. Sin duda alguna Santander se destaca por ser una provincia de pintores, apoyada en la herencia de la generación de maestros, conformada por nombres académicos, costumbristas y naturalistas ya nombrados a lo largo de este texto como el de Óscar Rodríguez Naranjo, Domingo Moreno Otero, Segundo Agelvis, entre otros, así como el de Luis Alberto Acuña, artista preocupado por más por la representación y valoración de lo indígena en el territorio, alejado de las temáticas de su generación pero incluido en este grupo por sus calidades pictóricas, igual que otros escultores academicistas como Carlos Gómez Castro y el tallador Misael Zárate. Como ya sabemos, varias exposiciones retrospectivas de estos maestros, individuales o colectivas, se realizaron desde la 61


década de 1980, con miras a una valoración más identitária de estos talentos santandereanos, dejándose por fuera el nombre de mujeres que también durante la época atendieron a estos intereses plásticos, como Dolly Hernández (VANGUARDIA LIBERAL, 1960), quien fuere una de las ganadoras de las menciones del concurso de pintura de 1960, en el cual no se entregó el premio inicialmente planteado y sí un reconocimiento a esta a artista de corte naturalista. Ahora bien, para comenzar a desglosar una de las palabras del título de este capítulo, se retoma la publicación realizada en 1995 titulada Arte Clásico Santandereano, organizada por una asociación del mismo nombre, contando con el apoyo de instituciones académicas como la Academia de Historia de Santander, en la cual a modo de catálogo se mostró una gran variedad de artistas de “tendencia clásica” quienes plasmaron en su pintura “las costumbres, la riqueza y la esencia” (DURÁN, César, 1995, p.6) de la tierra santandereana, evidenciándose en la presentación del catálogo un único interés por presentar artistas cuyas obras hicieran un homenaje desde el paisaje, el cuerpo, la naturaleza y otras temáticas, odas al territorio desde un punto más narrativo que crítico, reforzándose nociones clásicas y conservadoras de las identidades regionales. Surge entonces la pregunta de cómo definir a estos artistas de tendencia clásica, pues bien, como ya se hizo mención, el catálogo rinde homenaje a algunos maestros de fallecidos, compilándose en las páginas del catálogo textos de otros autores y exposiciones sobre los artistas homenajeados, para así dar apertura a los artistas santandereanos cuyas obras atienden más a la continuidad de las temáticas, estilos y lenguajes de los pintores remembrados, resistiendo a la dinámica del arte contemporáneo, por definirlo de alguna manera, a través de la realización de este tipo de publicaciones y exposiciones artísticas que los visibiliza en la ciudad. Por lo tanto, a partir de esta gran publicación, podría definirse el arte clásico en Santander como el de aquel artista

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cuya temática, estilo y técnica está relacionada con la propuesta de la generación de maestros de la primera mitad del siglo XX, discípulos póstumos, siendo está quizá la mayor publicación sobre arte clásico pero no la única, pues diferentes catálogos sobre este tipo de exposiciones fueron también encontrados en la colección de Carlos Prada Hernández, pensándose en el estudio de estos artistas no desde su propuesta sino de su actuar como colectivo artístico y su resistencia en la esfera local a través del desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta, revisando también sus propuestas artísticas y su real alineamiento con la generación de maestros. De otro lado, y continuando con la exploración de las palabras que componen el título de esta sección, populares, hay que destacar en está publicación de arte clásico la presencia de Luis Roncancio como artista homenajeado, un artista que si bien aquí es identificado como un artista clásico, también perteneció a una generación de artistas conocidos como los primitivistas (BANCO DE LA REPÚBLICA, 2016), cuyos procesos creativos están más vinculados con lo popular, retratos y paisajes de ensueño con un lenguaje característico que no imita el realismo y sí crea representaciones de la provincia. Por lo tanto, otra línea para la investigación en las artes visuales de Santander seria la revisión y búsqueda de artistas primitivistas o populares, quienes, en conjunto con los clásicos, redescubrieron otra mirada para los paisajes rurales y las acciones cotidianas. De esta manera, no se puede ignorar en la historia del arte colombiano la existencia de salones de arte dedicados a resaltar este tipo de propuestas en las artes visuales, como el Salón BAT de arte popular, el cual define la propuesta de estos artistas como expresiones que han “derrotado al sometimiento ideológico que han intentado imponer sobre el artista, el brujo, el sacerdote, el jefe político, el crítico, el curador, el profesor y las leyes del mercado” (SERRANO, 2014, p. 11), más aun si se recuerda que estos artistas han pasado por procesos autodidactas de iniciación en el arte, sin el privilegio que otros tuvieron para formarse artísticamente.

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También es pertinente señalar que este tipo de catálogos que alberga propuestas clásicas con intensiones más decorativas que conceptuales, también posibilitan una investigación con enfoque de género que comprenda, analice, sistematice y visibilice el trabajo de las artistas mujeres en este contexto, ya que la proporción de mujeres artistas en relación a los hombres dedicados a la tendencia clásica es mínima, y sus propuestas están más relacionadas con el paisaje y el bodegón, mientras que la figura femenina es representada de forma erótica por parte de los hombres denominados como clásicos. Finalmente, se deben tener en cuenta otros factores a la hora de realizar investigaciones sobre estos artistas y su protagonismo colectivo, como la educación y otros datos de su trayectoria artística que en su conjunto permiten identificar nombres de lugares abiertos a la muestra de tales expresiones. Estudiar a estos artistas como una posibilidad para la reconstrucción de la historia del arte santandereano, y de otras regiones del país, es una propuesta de carácter incluyente desde el enfoque aquí expuesto, se busca visibilizar artistas y su trabajo como colectivo para la permanencia en las dinámicas artísticas de la ciudad, que sin figurar en grandes salones y eventos nacionales, simplemente se preocuparon por el perfeccionamiento de su técnica y el uso de materiales tradicionales, valorándose la importancia del trabajo colectivo como una estrategia que les permitió lograr un reconocimiento artístico local.

(Página 63) Portada del Catálogo Nuevos Artistas de los Santanderes. Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, 1989. (Detalle)

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Arte, salones e instituciones: artistas santandereanos y el escenario nacional Paralelos al anterior grupo de creadores, de intereses más técnicos, naturalistas, anatómicos y costumbristas, también se ha formado en la región otro grupo de artistas cuyos intereses plásticos se han direccionado hacia la intención de romper con la tradición de los grandes maestros de la primera mitad del siglo XX y de esta manera figurar en otras esferas del arte a nivel nacional atendiendo al movimiento global de las artes visuales dada la influencia de críticos y curadores, entre ellos Marta Traba, quienes se establecieron en Bogotá y desde allí dirigieron la organización de eventos bajo nuevos criterios de selección, los cuales estaban también vinculados a los procesos académicos por los cuales pasaban los estudiantes de arte en capitales donde ya desde la década de 1960 existía una formación profesional en artes visuales. Hacia 1960 comenzaron a nacer en Colombia gran variedad de eventos artísticos organizados tanto por entidades privadas como estatales que dieron el espacio a los artistas venideros de una nueva generación con nuevas propuestas conceptuales alejados de la representación costumbrista del siglo pasado. Por lo tanto, la década de 1960 implica en la historia del arte colombiano la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá MAC y el Museo de Arte Moderno de Bogotá, cuyos nombres inmediatamente remiten al fin de una tradición y a la bienvenida de una serie de artistas con intereses ligados al carácter experimental del arte, la nueva figuración y el diálogo con lo político, como el enfoque dado al Salón Nacional de Artistas después de su cierre en 1952 durante la corta dictadura de Gustavo Rojas Pinillas, coincidiendo la reapertura del Salón Nacional de Artistas en 1957 junto al esplendor de la venidera década, siendo este un evento referente en la historia del arte colombiano una vez superados los grandes ismos del arte y abierta la posibilidad de presentarse 66


nuevas propuestas proyectadas desde lo pictórico y lo escultórico a partir de las investigaciones y los procesos creativos de cada artista, sin continuar las pinceladas de la anterior generación. Por lo anterior, este tópico de investigación podría proponerse a partir de una historia del arte como historia de los artistas vinculada a la historia social del arte a través de la comprensión del contexto cultural local, donde se estudie a los artistas santandereanos que desde Santander, a partir de finales de la década de 1960, se preocuparon por atender el llamado de la nueva dinámica de las artes visuales, presentándose a modelos expositivos de corte norteamericano que, por ejemplo, ya mostraba rupturas en las práctica pictórica al verse en el salón noveles artistas interesados en el uso del plano de color y la posterización de imágenes, contraria a las pinceladas y claroscuros de una anterior generación que pintaba al óleos. Es durante mediados de la década de 1970 que este tipo de exposiciones, partir del trabajo de colectivos artísticos como el Grupo Bucaramanga, que en la capital santandereana comienza a verse otro tipo de exposiciones de arte, alejadas de la representación naturalista que era la predilecta de la sociedad bumanguesa, cocinada desde la academia local, gracias al regreso de los artistas-profesores Jorge Mantilla Caballero y Máximo Flórez, proyectando una nueva generación de artistas en los espacios del naciente arte contemporáneo, contando las salas de bienales, salones y otras exposiciones con la presencia de artistas santandereanos que atendieron a este llamado especialmente desde la década de 1970, tratándose de un arte que comienza a partir de búsquedas e intereses plásticos e investigativos de cada artista. De igual manera, para el estudio de los artistas de este tópico, es indispensable el seguimiento de la prensa local y la revisión de catálogos de arte en cuyas páginas se encuentran pequeños textos curatoriales, biografías y con suerte imágenes de las obras expuestas que atendieron a tal dinámica, las cuales posteriormente figurarían en otros espacios fuera de la región.

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Es por ello que hay que contar con cierto material bibliográfico que nos oriente en la investigación de estos artistas, siendo un ineludible la revisión de los catálogos por décadas de artistas organizados por el Banco de la República y el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, rastreo que permite identificar los escenarios donde hubo cabida para este nuevo arte, espacios cuyo registro, en algunas ocasiones, ha quedado documentado en los catálogos resultantes de sus exhibiciones y en reportajes periodísticos consignados en la prensa local, hablándose no únicamente de una investigación biográfica y crítica de la producción individual de los artistas, sino de la dinámica de estos eventos en el contexto de las artes visuales de la ciudad que poco a poco fueron propiciando un ambiente artístico diferente al de décadas anteriores, otorgándose reconocimientos a una nueva generación de artistas con intereses distantes al seguimiento de la tradición pictórica de sus antepasados maestros. Por otro lado, un evento que sin duda alguna también redireccionó la historia del arte regional y de las demás regiones del país, fue la apertura del Salón Regional de Artistas en 1976, como antesala al Salón Nacional, salones que facilitaron desde esta vía la visibilización de los artistas de las regiones en la muestra central realizada en la capital colombiana, evento promovido por la entidad oficial de COLCULTURA, dinamizando la ruta para una figuración nacional que permitió que la crítica y la curaduría nacional se volcase a los procesos artísticos de otras ciudades diferentes a Medellín, Cali o Bogotá, agrupando por regiones las diferentes latitudes del territorio nacional, identificándose en principio como Zona Nororiental, y posteriormente Zona Oriente, a los artistas participantes de los departamentos de Santander, Norte de Santander y en algunas ocasiones el Estado Táchira de Venezuela, recordando que hasta mediados de la década de 2010 se mantuvo este modelo, cuando se comenzaron a otorgar Becas de creación individual y de investigación curatorial en las regiones, irrumpiendo con el conducto que alrededor de tres décadas había posibilitado la

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participación de los artistas de las regiones en los escenarios expositivos de ciudades-capitales dinamizadoras del arte nacional. Es por ello que la investigación sobre la vida y obra de los artistas de la región requiere una visión contextual de la dinámica de las artes visuales en Bucaramanga, el departamento y su relación con el contexto nacional, para de esta manera reflexionar sobre las formas en que se constituyen colectivos y eventos artísticos que propician el ambiente y las condiciones necesarias para la construcción de una trayectoria artística en la provincia, teniendo en cuenta que en variadas ocasiones estos artistas compartieron el mismo espacio expositivo con los de una tendencia clásica, siendo ineludible reflexionar sobre la convivencia de estas dos formas artísticas en los espacios locales. Podrían mencionarse algunos de eventos clave de la ciudad que permiten la investigación de este proceso de las artes visuales en Santander, sea desde el estudio de la vida y obra de los artistas, sin tratarse de casos aislados, o desde los movimientos y las exposiciones de arte de este grupo de artistas en la ciudad, para a partir de este rastreo comprender la producción plástica local. Nos referimos entonces a los ya mencionados Salones Regionales de Artistas, creados en 1976, el salón Imagen Regional promovido por el área Cultural del Banco de la República desde 1994, el cual también cuenta con una segunda fase expositiva en Bogotá y otra itinerante con un sistema parecido al iniciado por el Salón Nacional, a las exposiciones de arte del Grupo Bucaramanga de la década de 1970 y comienzos de 1980, a unos salones organizados en la década de 1980 por FUSADER, a las exposiciones de arte por décadas producto de los ya mencionados catálogos del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB, a los salones y exposiciones de arte realizados en la Sala de Exposiciones del Instituto Municipal de Cultura y Turismo en Bucaramanga a partir de la década de 1980, a una exposición titulada Nuevos Artistas de los Santanderes realizada en 1989 y reseñada en la

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prensa por la propia Beatriz González (1989) como la resurrección del arte santandereano, así como otras exhibiciones también realizadas en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB y otras en el Museo del Petróleo en Barrancabermeja, especialmente durante las décadas de 1980. Yendo más allá de nuestro marco cronológico, también hay que resaltar la constancia de los salones de arte de los estudiantes y egresados del programa de Bellas Artes y Artes Plásticas de la Universidad Industrial de Santander, el festival de Performance Acciones Al Margen organizado por la artista Neryth Yamile Manrique y el Salón Metropolitano de Artes Visuales MIRE, por no mencionar otras exposiciones colectivas e individuales que de manera esporádica han aparecido en la escena plástica regional, donde se cuenta con la participación de algunas instituciones para el desarrollo artístico local como el Centro Colombo Americano y la Alianza Francesa. Finalmente, la revisión de las hojas de vida de los artistas pone en evidencia diversidad de exposiciones y salones de arte de los cuales no quedó ningún registro, documental pudiéndose hacer un rastreo de su continuidad por medio de estos currículos, los cuales gracias a la memoria oral se pueden rescatar, como es el caso de una serie de exposiciones llevadas a cabo en las décadas de 1970 y 1980 en la Galería Arca de Noé, la cual aparece en muchas hojas de vida pero sin un soporte físico, ya que se trataba de un bar que prestaba sus instalaciones para realizar este tipo de eventos, según cuentan Carlos Prada Hernandez, Esperanza Barroso y Clemencia Hernández Guillen en sus relatos sobre la actividad artística de la época. Basta decir que estudiar el arte de este grupo de artistas requiere una investigación que vincule a los movimientos artísticos de la ciudad con su práctica creativa y trayectorias de vida, ya que dichos enlaces permiten no únicamente la comprensión de las representaciones culturales y la dinámica artística en la ciudad, sino que además visibiliza otros artistas que también participaron en estos eventos con propuestas que no consiguieron visibilizarse a nivel nacional.

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(Pรกgina 70) Libreta de calificaciones del INSAC de Diego Rivera (1971)

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Libreta de Calificaciones: notas sobre la educación artística en Santander desde 1960 Este apartado únicamente presenta, desde ciertos vacíos e interrogantes, un breve panorama sobre la educación en artes visuales en Santander desde 1960, señalando algunos de los documentos que aún se conservan para la reconstrucción de este relato apoyados en la memoria oral y un manuscrito de Carlos Prada Hernández (2010), que han podido establecer fechas aproximadas alrededor de las instituciones que impartieron en Bucaramanga cursos de formación artística. Está mención es necesaria dados los aportes que una academia de artes puede dar en una ciudad para dinamizar el movimiento artístico local, cooperando de manera institucional con otros espacios culturales. Según un reportaje de Vanguardia Liberal, hacia marzo de 1960 inició labores la Academia de Bellas Artes de Santander, ubicada en el costado norte del Parque Bolívar, anunciando la prensa que allí se impartirían clases de dibujo, pintura, modelado, escultura, historia del arte y anatomía, cuyo grupo de docentes estuvo compuesto por algunos maestros ya mencionados: Cuenta dicha Academia con una nómina selecta de profesores los cuales figuran: el Maestro Gómez Castro director de la Institución; don Mario Álvarez, don Rafael Prada, director de Extensión cultural, la señorita Dolly Hernández y la señorita Ana Belén Sanmiguel (1960, 11 de marzo). Los nombres identificados en esta nómina sin duda alguna hacen referencia a artistas dedicados a intereses más costumbristas, academicistas y naturalistas que experimentales, con asignaturas bastante academicistas, aunque acompañadas de cátedras de historia del arte, al paso que el mismo director 73


de la Academia conformaba la junta para la creación de un Museo de Arte Contemporáneo de Santander, nombre contradictorio para una nueva institución cuyos promotores enseñaban un arte clásico, tradicional y academicista, con el único propósito de impulsar el arte en el departamento y así conservar dichos patrimonios, obra que nunca fue ejecutada (VANGUARDIA LIBERAL, 1960, 6 de junio), mientras que la Dirección Cultural del departamento organizaba algunas exposiciones y eventos. Sin embargo, pasados algunos meses, en octubre del mismo año se publicó en Vanguardia Liberal una nota con el título de Se organiza o se cierra la Escuela de Bellas Artes (1960, 6 de octubre), donde el profesor de pintura, Mario Álvarez, expresa que uno de los principales problemas es el nivel de deserción de los estudiantes debido a la desorganización de los cursos impartidos. Durante 1960 la prensa reportó las problemáticas de la academia, mostrándose como una institución inestable que no garantizaba una formación integral en artes: las funciones que está llamada a cumplir la Academia, no pasa de ser una ilusión alimentada por un reducido núcleo de alumnos con aspiraciones de surgir. Ya que determinado grupo de alumnos y en especial de alumnas, han hecho de este centro cultural un refugio (un costurero) para evadir los quehaceres hogareños y disipar en charlas sin fundamento las horas de la tarde. En tal sentido, la academia de Bellas Artes carecía de cierta formalidad a la hora de ejecutar sus cátedras, cierto compromiso que viera a la academia con un lugar de formación de artistas y no un centro de entretención para pasar la tarde, faltando proyección en sus estudiantes y al mismo tiempo una mejor orientación por parte de los docentes. Dependiendo del presupuesto departamental la academia cerró en 1961 y reabrió

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en 1963 asumiendo como director Mario Hernández Prada, trabajando en la academia hasta 19682. Un año después del cierre de la Oficina de Extensión Cultural del Departamento, sobrevive la academia bajo el nombre de Instituto Santandereano de Cultura INSAC hacia 1970, fecha aún aproximada, guiándonos por la libreta de calificaciones de los artistas Diego Rivera y Carlos Prada Hernández, las cuales datan de 1971, y además dan a conocer las asignaturas que eran impartidas para ese entonces: Historia del Arte, Anatomía, Perspectiva, Color, Escultura (Modelado, Talla en Piedra, Talla en Madera), Dibujo mano alzada, Dibujo Comercial y Publicitario, Pintura y Diseño y Composición… un currículo orientado a la formación en artes visuales vinculando algunas asignaturas de publicidad y diseño gráfico. Luego de la salida de Mario Hernández Prada como director, a finales de la década de 1960, una nueva generación de maestros llegó a la academia hacia 1973: Máximo Flórez y Jorge Mantilla Caballero, este último alumno del anterior director, quienes recién llegados de Estados Unidos y Medellín, quisieron dar nuevas directrices a la institución y a un grupo de noveles artistas que posteriormente constituirían en el Grupo Bucaramanga, teniendo en cuenta que en 1972 el INSAC tomó el nombre de Dirección de Cultura Artística de Santander DICAS a cargo de la Secretaría de Educación del departamento (ASAMBLEA DEPARTAMENTAL, 1972), nombre que sobrevivió hasta su extinción a finales de la década de 1990. Es necesario aclarar que los esfuerzos por sostener la academia no fueron suficientes para que en algún momento este programa tuviese algún reconocimiento profesional, ofreciendo únicamente cursos de educación no formal sin ninguna posibilidad de profesionalización desde el campo 2

Para profundizar sobre la situación de la academia durante la década de 1960, se recomienda leer el subcapítulo titulado Discontinuidades: bosquejo de la educación artística en Santander (1960-1973) de la investigación Contemporaneidad en la Provincia. Artes Plásticas en Santander 1960-1979, referenciado en la bibliografía. 75


académico. En algunos archivos personales lograron ser ubicados exposiciones de arte organizadas por el DICAS, exposiciones de alumnos y maestros que pueden dar una visión de lo impartido en la academia y que al mismo tiempo comprueba como desde estas instituciones se fortalece el movimiento artístico local, destacándose exposiciones como II Semana Cultural (1974), Muestra de Alumnos de Artes Plásticas (1974), Cuatro Artistas (1976) y ya en 1991 el 1 Salón de Profesores DICAS, nombres de exposiciones rescatadas gracias a catálogos encontrados con saltos cronológicos que implícitamente intuyen la realización de eventos similares durante su funcionamiento. También hay que resaltar que el problema para ubicar los archivos de esta institución llevó a que la memoria oral complementara algunos eslabones de esta historia, dificultándose el proceso para realizar un seguimiento más riguroso a la historia e importancia de esta institución que durante más de cuatro décadas formó diversas generaciones de artistas. Sin embargo, en la ciudad la academia departamental no fue la única entidad que ofrecía cursos de formación artística, en 1963 se abrió la Universidad Femenina en Bucaramanga con un programa de Arte y Decoración, así como algunos cursos de extensión en Historia del Arte, dibujo y pintura en la Universidad Industrial de Santander (CABALLERO, 2015, pp. 40-41). Por otro lado, ya en décadas posteriores, se realizaron cursos de arte ofrecidos por otras instituciones, como un Taller de Expresión Creadora llevado a cabo en 1984 por el Instituto Colombiano de Cultura COLCULTURA, tal como consta una certificación en el archivo personal de Clemencia Hernández. Finalmente, en la segunda mitad de la década de 1990, hubo en Bucaramanga dos intentos para la creación de un programa profesional en Bellas Artes: el primero de ellos creado aproximadamente en 1995 en la Universidad Antonio Nariño UAN, sede Bucaramanga, por una iniciativa del artista santandereano Álvaro Salamanca, cuyo programa curricular consistía en un nivel básico, uno avanzado y uno creativo, según

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un folleto del plan de estudios encontrado en el archivo de Carlos Prada Hernández, cursándose en el nivel básico asignaturas como dibujo artístico, pintura, grabado, modelado e historia y teoría del arte, mientras que en los niveles avanzados (V y VI semestre) se impartían materias con el nombre de talleres centrales para profundizar en algunas de las técnicas y talleres creativos, cursándose ya en los últimos niveles asignaturas de escultura y urbanismo, pintura mural, grabado, fotografía, entre otras. Sin embargo, 4 o 5 años después de su funcionamiento esta carrera universitaria cerró, según cuentan los relatos de algunos ex estudiantes, por la no renovación del registro oficial por parte del Ministerio de Educación Nacional, habiendo que terminar estos estudios en la sede de Bogotá. Finalmente, en el 2000 es creado, en la modalidad a distancia, un programa de Bellas Artes en la Universidad Industrial de Santander, la cual en 1998 había iniciado como un programa tecnológico, según una conversación con la artista egresada del programa Yadira Polo de Lobato, presentándose su primera cohorte de egresados en el año 2003, dinamizando el programa hasta hoy día la actividad cultural de la ciudad, organizando y apoyando eventos propios e interinstitucionales, contando con artistas egresados participes tanto de la esfera local como nacional. En el 2013 la carrera pasa a llamarse Artes Plásticas. Recientemente la Alcaldía de Bucaramanga, en apoyo con el Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Bucaramanga abrió la Escuela Municipal de Artes EMA, la cual también ofrece cursos informales de artes plásticas. Es claro que esta breve mirada al proceso educativo de las artes visuales en Santander necesita una investigación que profundice y despeje algunos saltos e interrogantes: rumores, historias y anécdotas sobre algunos sucesos artísticos dentro de ellas, sin embargo, es evidentes que el establecimiento de una educación profesional en artes en la ciudad es reciente, y por lo tanto las dinámicas del arte que surgen después de su creación en la década del 2000 cambiaron el movimiento artístico local.

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(Pรกgina 77) Catรกlogo de la muestra alumnos de artes plรกsticas del Dicas (1975)

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Carta de navegación: arcos para una historia del arte santandereano 1960: Se realizó el concurso de Pintura Domingo Moreno Otero, declarado desierto por concepto de un jurado nacional conformado por el artista Luis Ángel Rengifo, y los críticos Eugenio Barney Cabrera y Francisco Gil Tovar. En el mismo año la Academia de Bellas Artes de Santander reanuda sus actividades. 1963: Mario Hernández Prada, alumno de Óscar Rodríguez Naranjo, trabajó como profesor y director de la Academia de Bellas Artes de Santander desde 1963 hasta 1969, siendo maestro de Jorge Mantilla Caballero y otros artistas que figurarían en la década de 1970. 1965: En el marco de una semana cultural realizada en la Universidad Industrial de Santander, Marta Traba visitó Bucaramanga y presentó la conferencia titulada Problemas del Arte Contemporáneo en Latinoamérica. 1968: El maestro Mario Hernández Prada renunció como director de la Academia de Bellas Artes, presentándose resistencia por parte de los estudiantes para evitar al mismo tiempo el cierre de la academia. 1972: Luego de tres años de funcionamiento como Instituto de Cultura Artística de Santander INSAC, antes Academia de Bellas Artes de Santander, se creó la División de Cultural Artística de Santander DICAS, la cual funcionó hasta finales de la década de 1990 como el centro educativo en artes de Bucaramanga. 1973: En su retorno de Bogotá, Jorge Mantilla Caballero y Máximo Flórez regresaron a la provincia con nuevas visiones del arte, siendo contratados como maestros en el DICAS contribuyendo a la conformación de una nueva visión del arte en la ciudad consolidada posteriormente en el grupo Bucaramanga.

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1976: Con el nombre de la exposición Cuatro Artistas Santandereanos, aparecieron en la escena local Esperanza Barroso y Raquel Ramírez en una exposición colectiva junto a sus maestros Jorge Mantilla Caballero y Máximo Flórez, planteando nuevas visiones del arte regional. En este año también fueron creados los Salones Regionales de Artistas. 1977: Ahora, bajo el nombre Bucaramanga Arte 77, los anteriores artistas aparecieron de nuevo en la escena local en compañía de Orlando Morales y Omar Obando, identificándose ya como un colectivo artístico, donde según el texto curatorial de este catálogo, su unión resultaba como estrategia para resistir frente a las restricciones del arte local. 1978: El Grupo Bucaramanga expuso en Bogotá en la Galería Belarca, reconocido espacio para la época que visibilizó un proceso de la provincia sin intermediarios capitalinos. 1980: Esperanza Barroso, artista educada y radicada en Bucaramanga, ganó una de las menciones del Salón Nacional de Artistas con un dibujo, donde después de 20 años de un concurso desierto de pintura, se consolidó un proceso artístico que llevó a la visibilización de otros artistas. Ese mismo año el Grupo Bucaramanga expuso en la Cámara de Comercio de la ciudad. 1983: Se realizó la primera de tres versiones del Salón Fusader de Artistas, el último realizado en 1985, cuyo catálogo de la primera versión da cuenta de una variedad de artistas con intereses modernos y tradicionales, lo cual permite diagnosticar proceso artístico y conceptual de las artes visuales santandereanas en la primera mitad de la década de 1980. 1985: A partir de los Salones Fusader, la compañía Suramericana de Seguros organizó una exposición titulada El Grupo de Santander, seleccionando a una serie de artistas “coherente con la zona”. 1987: Con su obra Víctor, de abierta temática homoerótica, Carlos Eduardo Serrano ganó uno de los premios del XXXI Salón Anual de Artistas Colombianos; validándose en la esfera nacional los procesos artísticos de la provincia.

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1989: La exposición Nuevos Artistas de los Santanderes, itinerante por Cúcuta, Bucaramanga, Medellín y Bogotá, promovida por iniciativas públicas y privadas, mereció la atención de Beatriz González quien publicó una reseña de esta exposición bajo el título “Santander Resucita”, en el periódico de circulación nacional El Tiempo. En este año también es fundada la sede física del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB, descrito por su directora, Lucila González Aranda, “como un museo de provincia, pero no provinciano” (VILLAMIZAR, 1989, p. 116). Por otro lado, el periódico de circulación interna del DICAS realizó una línea genealógica de los artistas santandereanos, publicando un artículo que, comenzando por Óscar Rodríguez Naranjo, pasando por Mario Hernández Prada y finalizando con Jorge Mantilla Caballero, buscó establecer un linaje artístico heredado y transmitido de generación en generación entre estos artistas como alumnos y profesores de la academia. 1990: Fue publicado el libro Santander y Su Plástica de Betty Gallo Rondón, el cual compila los nombres de diferentes artistas a modo de un “quien es quien” en el arte santandereano. En 1992 se publicaría la Galería Gráfica Santandereana y en 1995 el catálogo Arte Clásico Santandereano, con propósitos similares. 1991: Se realizó la exposición Artistas Santandereanos en la década de 1960, luego de haberse realizado algunas exposiciones retrospectivas de los maestros de la primera mitad del siglo XX, presentado como un trabajo que iniciaría la investigación de los artistas regionales a partir de décadas. Al año siguiente fue publicada la versión de los artistas de la década de 1970 y en 1996 la versión para los creadores de la década inmediatamente anterior, la de 1980. 1993: En el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB se llevó a cabo la exposición Encuentro de Artistas Santandereanos, contándose con la participación de 48 artistas, en convenio con el Banco de la República. El catálogo del evento destaca por presentar en su portada el diseño ganador de un

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concurso para la remodelación y construcción de nuevas instalaciones del Museo. Dicho proyecto nunca se ejecutó. 1994: Según un catálogo encontrado, para este año reaparecería el Segundo Salón de Pintura Domingo Moreno Otero, sin saberse directamente su vinculación con el realizado en 1960, el cual dada su diversidad permite diagnosticar nuevamente los intereses plásticos de la región, realizado en la sala de exposiciones de la Biblioteca Gabriel Turbay, convirtiéndose esta sala en una de las referentes para la exhibición de tales propuestas en la ciudad. En 1997 se realiza una tercera versión del salón con características similares. 1996: Aproximadamente en dicho año se abre la posibilidad de una formación profesional en Bellas Artes en la universidad privada Antonio Nariño, la cual no resistió el final de la década. 1999: Hacia esta fecha se cierra el DICAS, institución que durante décadas y bajo diferentes nombres, había apoyado desde cursos no formales la formación de los artistas de la región. 2000: Finalmente, se dio la apertura de un programa profesional en Bellas Artes en la Universidad Industrial de Santander, el cual, hacia el 2013, toma el nombre de programa de Artes Plásticas, el cual sigue vigente. También se publicó el texto 40 Ejercicios para la Memoria Estética de Santander Siglo XX, dirigido por el artista Máximo Flórez. 2003: Se realizó la última exposición de la serie de artistas santandereanos por décadas, siendo presentados los creadores de los años de 1990, cerrándose junto a esta colección una revisión de carácter histórico a la plástica regional de la segunda mitad del siglo XX. 2006: A través de una iniciativa ejecutada por el artista Nicolás Cadavid, egresado de la Universidad Industrial de Santander, se creó la Galería LaMutante, proyectándose como un espacio independiente para el arte contemporáneo, el cual funcionaba desde la región como plataforma para los artistas locales.

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III. MANERAS DE HABLAR DE ARTE: EL TALK SHOW COMO MODELO PEDAGÓGICO PARA LA FORMACIÓN DE PÚBLICOS Como parte de los productos propuestos en el desarrollo de esta beca de investigación en Artes Visuales, además de este texto, se planteó como socialización del mismo una serie de tres charlas-conversatorio, al estilo del talk-show norteamericano, que diesen a conocer algunos hitos en la historia de las artes visuales de Santander, tratándose de una historia del arte santandereano que desde la oralidad y las reflexiones de la propia experiencia investigativa compartiera con el público bumangués estos eventos sin entrar en un diálogo necesariamente académico, propiciando la participación del público que, testigos de esos momentos en el arte, brillaron por sus aportes y ampliaron la visión de esta investigación aún en proceso, acompañado del filósofo y curador local Martín Camargo Flórez, siendo la dinámica de estos encuentros una conversación fluida entre los dos presentadores y las intervenciones del público que acabaron resolviendo algunas dudas que surgían al momento de revisarse los archivos personales y visibilizando otros procesos, tratándose de un espacio que desde la historia funcionó como herramienta para hablar sobre la trayectoria del arte y los artistas de la ciudad de una manera espontánea que permitiese conocer a grosso modo 84


estos procesos. Esta experiencia también fue interesante en la medida que varios de los participantes, como ya se mencionó, fueron los protagonistas de estas décadas y su participación reafirmó la necesidad de un trabajo desde la memoria oral respecto a algunos hechos históricos, pues como ya se ha insistido, la comprensión del contexto histórico en que se dan las artes sin duda alguna determina, visibiliza y orienta la investigación sobre la plástica de los artistas. Los conversatorios se realizaron en tres oportunidades con un intervalo aproximadamente de un mes cada uno, siendo llamado como Ciclo de Apuntes para una (historia) mínima del arte Santandereano: 1960-2006, los cuales se dividieron entre bloques temáticos y cronológicos, uno para cada encuentro, hablando del arte a partir de años y fechas como si se tratase de unos programas televisivos de historia del arte santandereano desde 1960. El primer bloque temático fue titulado Entre tradición y modernidad: acercamientos a un arte contemporáneo en Santander (1960 – 1979), en el cual se dialogó sobre el proceso de transformación cultural que se vivió en las artes visuales del departamento a partir del declarado concurso desierto de pintura, la llegada de Jorge Mantilla Caballero a la academia de artes de la ciudad y el giro dado a la plástica local con el colectivo Grupo Bucaramanga, finalizando con la obtención de una mención en el Salón Nacional de Artistas de 1980 por parte de Esperanza Barroso, radicada en Bucaramanga, luego de 20 años de cambios y permanencias en el campo artístico bumangués pasándose de un concurso desierto a una mención nacional. El segundo encuentro, Bloque 2, se tituló: Visibilidad nacional: artistas de provincia en la esfera del arte colombiano (1980 – 1998), el cual tuvo como propósito principal mostrar los logros conseguidos en la esfera nacional del arte por artistas santandereanos que establecidos en la región que participaron activamente en el escenario de la plástica colombiana y santandereana en salones de arte, bienales de arte, exposiciones y otros eventos artísticos promovidos por los

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propios artistas y entidades locales, destacándose también el hecho de que en 1989 se crease el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga MAMB y junto a este se realizarán algunas exposiciones e investigaciones con perspectivas históricas que hacían un recuento de lo que hasta la década de 1990 había sucedido en el arte santandereano, siendo importante destacar el hecho de estas revisiones históricas en un momento de visibilización nacional de los artistas, cerrando este bloque del conversatorio con la creación del programa de Bellas Artes de la Universidad Industrial de Santander en 1990. Finalmente, el tercer bloque del último conversatorio, Institucionalización del arte: la creación de un programa profesional en artes y la emergencia de nuevos espacios (1999 – 2006), parte de la creación del programa profesional en Bellas Artes que hasta la fecha continua activo bajo el nombre de Artes Plásticas. Por medio de la creación del programa se habló de una institucionalización del arte en la región por parte de una entidad del propio departamento, ya que las anteriores generaciones de artistas habían encontrado dicha posibilidad en la capital del país u otras ciudades, dinamizando el movimiento y aportando al movimiento cultural ya existente en la ciudad por medio de nacientes eventos, espacios y exposiciones que surgieron alrededor de la universidad, destacándose espacios como la Fundación Artemisia, la Galeria LaMutante, los salones de arte novel y las exposiciones de los egresados del programa de la Universidad Industrial de Santander, así como la participación de artistas en la organización de eventos de carácter nacional y regional proyectados desde la capital.

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El uso de las imágenes en el presente texto está sujeto al Artículo 32 de la Ley Número 23 de 1982: “Es permitido utilizar obras literarias o artísticas o parte de ellas, a título de ilustración en obras destinadas a la enseñanza, por medio de publicaciones, emisiones de radiodifusión o grabaciones sonoras o visuales, dentro de los límites justificados por el fin propuesto, o comunicar con propósitos de enseñanza la obra radiodifundida para fines escolares, educativos, universitarios y de formación profesional sin fines de lucro, con la obligación de mencionar el nombre del autor y el título de las obras así utilizadas.

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Esta primera edición de Apuntes para una Historia (mínima) del Arte Santandereano: 1960-2006 compuesta en caracteres Corbel Light para la portada y las páginas interiores, se imprimió en la ciudad de Bogotá en el mes de octubre de 2019.

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