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REMATE DE LOS BIENES DE LOS JESUITAS EN LA PROVINCIA DE ANTIOQUIA TRAS SU EXPULSIÓN EN 1767

Por: Juan Carlos Giraldo García CC. 3.438.306

Asesora: Dr. Patricia Londoño Vega Profesora titular Departamento de Historia

Departamento de Historia Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Universidad de Antioquia Medellín Octubre de 2009


Agradecimientos

Varias instituciones y personas hicieron posible la realización de esta monografía de grado. En primer lugar presento mis agradecimientos al Fondo para Trabajos de Grado del Comité para el Desarrollo de la Investigación (CODI) de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Antioquia, que auspició económicamente parte de esta monografía. Al grupo de investigación ínteruniversitario de Religión, cultura y sociedad, dirigido en la actualidad por la profesora Aida Gálvez Abadía, por creer en esta propuesta y aportar económicamente para su realización. Al Centro de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas (CISH), de la misma universidad, quines administraron los aportes otorgados por el CODI y por el grupo de investigación. Mi reconocimiento especial a la profesora Patricia Londoño Vega, asesora de este trabajo de grado, por sus aportes a la formalización del tema y la lectura atenta de los borradores y sus valiosas observaciones, que contribuyeron a mejorar el texto final. Amplio mi sentimiento de gratitud al personal del Archivo Histórico de Antioquia, el Archivo General de la Nación, el Centro de Documentación de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, a la Biblioteca Pública Piloto, la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia y la Biblioteca Luís Ángel Arango. Y finalmente a todas aquellas personas que de una u otra forma hicieron posible la culminación de esta meta, entre ellas Mariluz Arboleda, Luz Marina García, Lina María Osorio y Beatriz Patiño Millan, profesora titular del Departamento de historia.


Contenido Página Lista de cuadros …………………………………………………………….……………

V

Lista de mapas …………………………………………………………………….……

Vii

Lista de imágenes……………………………………………………………………....…

Viii

Lista de planos…………………………………………………..…………………..……

Ix

Lista de anexos………………….…………………………….……………………….…

X

Abreviaturas……….…………………………………………..…………………………

Xi

PARTE I. A MANERA DE INTRODUCCIÓN...…...…………………………….….....……..…

1

1. Presentación del tema...……………………………...…………………….…

1

2. Balance historiográfico sobre los bienes de la Compañía de Jesús……….

5

PARTE II. PRESENCIA DE LOS JESUITAS EN LA PROVINCIA DE ANTIOQUIA, 1720 – 1767..…

15

3. Antecedentes: Repaso de la historia de la Compañía de Jesús.……………

16

3.1 Fundación de la Orden…...………………………………………….….

16

3.2 Establecimiento de los jesuitas en Hispano y en Lusoamérica…...……...

19

3.3 Llegada de la Compañía de Jesús al Reino de Granada ……………...…

24

4. La Compañía de Jesús se establece en la Provincia de Antioquia…..……...

27

4.1 Apertura del colegio de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia……….....

29

PARTE III. EXPULSIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS DE ANTIOQUIA………………………

36

5. Expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles en 1767………

37

6. Creación del Ramo de las Temporalidades en España y en sus colonias...

42


7. Inventario, avalúo y remate de los bienes de los jesuitas en la Provincia de Antioquia……...………...………………………………………………….

50

7.1 El colegio de la Compañía de Jesús….…………………….…...…….…

54

7.2 La iglesia de Santa Bárbara ………......……………………..………..…

65

7.3 La alhajas y ornamentos……………………………………..…………

70

7.4 Las cofradías o congregaciones ……..…........………………..….…...…

76

7.5 Los esclavos……………………..…………………………..…………

83

7.6 La hacienda de Abejuco……....………………….…………………….

92

7.7 Estancia de Cauriba…..……………….………….…………….………

97

7.8 La hacienda del Tejar...…………………..……………………….……

98

7.9 Hatillo de Guintar …………...……..…………………………….……

103

7.10 Hato de Pabón y hacienda La Cortada…………….……………....……

106

7.11 Mina de San Javier……………………………….…….………....……

109

7.12 Mina de oro de San Ignacio de La Miel…………...…………………….

110

7.13 Casa de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia…………………………

112

8. Cometarios finales……………………………………………………………..

116

Anexos…………………………………………………………………………………...

120

Fuentes y bibliografía…………………………………………………………………….

134


v

Lista de cuadros Página 1. Año de llegada de los jesuitas a las poblaciones del Reino de Granada en los siglo XVII y XVIII……………………………………………………………..…………….…….

25

2. Detalles de las donaciones para la fundación del Colegio jesuita de la Ciudad de Antioquia entre 1719 y 1720……….………………………………………………..…

32

3. Mes y día de la expulsión en 1767 de los jesuitas de los distritos poblacionales del Nuevo Reino de Granada……………………………………………………...………..

38

4. Encargados de las Juntas de Temporalidades en territorios del Rey de España según la jurisdicción en 1769 ….…..……………...………………………………………...

46

5. Carga y descarga del Ramo de Temporalidades en Antioquia entre 1773 y 1800…...……

48

6. Encargados de los inventario de algunos bienes expropiados a los jesuitas en la Provincia de Antioquia en 1767………………………………………………………...

51

7. Libro de cuentas del “archivo de escaparate” que la Compañía de Jesús tuvo en el Colegio de Antioquia en 1767……...…………………………………………………...

61

8. Ornamentos pertenecientes a la sacristía del colegio de los jesuitas en Ciudad de Antioquia en 1767………………………………………………………………….…...

73

9. División de alhajas que dejaron los jesuitas en la Provincia de Antioquia en 1773……….

78

10. Inventario de esclavos que los jesuitas tenían en Antioquia en 1767……...……………..

86

11. Número de esclavos que laboraban en la hacienda de Abejuco y en la mina de San Ignacio de La Miel en 1767………………………………………………………..……

88

12. Esclavos útiles que laboraban en las temporalidades que había en la Provincia de Antioquia en 1772…………………………………………………………………...…

90

13. Valor en pesos de oro en polvo de los esclavos propiedad de los jesuitas en la Provincia de Antioquia en 1767…………….…………...…………………………………..……

91

14. Relación de bienes de la hacienda de Abejuco y sus anexidades expedidos por el Ramo de las Temporalidades a Francisco de Aguirre en 1780………………………...………..

96

15. Oferta realizada por Carlos José Piedrahita y Álvarez por algunos bienes expropiados a los jesuitas en 1771…………………………………………..…………………………

100

16. Bienes a los que postuló Lorenzo de Ossa Zapata el 18 de agosto de 1778…..…………

101


vi

17. Relación del ganado realizada por Antonio José de la Fuente que habían en el hato de Pabón en 1773………………………………………………………………….………

108


vii

Lista de mapas Página 1. Las reducciones jesuitas en América del sur…………………………….…………………

23

2. Haciendas y minas del Colegio de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia, 1726 – 1767……

93


viii

Lista de imágenes

1. Sede del antiguo Colegio de los jesuitas de Antioquia………………………………....…

56

2. Fachada de la Iglesia de Santa Bárbara, 1910……………………………………..………

67

3. Real provisión para separar las alhajas, 1773…………………………………...…………

81


ix Lista de planos

1. Localización del Colegio de los jesuitas de la Ciudad de Antioquia………………..……

58

2. Colegio de Antioquia. Interpretación gráfica de la primera y segunda etapa……………

60

3. Planta arquitectónica de la iglesia Santa Bárbara vieja……………………………….…

70

4. Planta arquitectónica de la nueva iglesia de Santa Bárbara en 1767 (sin terminar)………

75

5. Planta arquitectónica de la iglesia Santa Bárbara nueva (terminada)……………………

75


x Lista de anexos

1. Glosario…………………………………………………………………………..……

121

2. Lista de alhajas de la iglesia de Santa Bárbara entregadas en calidad de préstamo por la Junta de Temporalidades de la Ciudad de Antioquia…………………………………...

130 132

3. Lápida de Juan Pablo Pérez de Rublas, 1805…………………………………………... 4. Fundición de oro hecha por los jesuitas registrada en los libros de funición de la Caja Real de Antioquia, 1750 – 1760………………………………………………………...

133


xi Abreviaturas

AHA

Archivo Hist贸rico de Antioquia

AGN

Archivo General de la Naci贸n

ACM

Archivo de la Casa de la Moneda


1

PARTE I. A MANERA DE INTRODUCCIÓN

1. Presentación del tema

En Francia el padre Ignacio de Loyola y algunos seguidores conformaron la Compañía de Jesús en 1534, una orden religiosa concebida para contrastar la reforma luterana y evitar su expansión por el mundo. Los primeros evangelizadores de la nueva orden fueron enviados a la India (1541), a Alemania (1556) y a África (1547). Posteriormente fueron a Brasil (1549), La Florida (1566) y lo que hoy son

Perú (1568), México (1577) y Chile (1593). En

Hispanoamérica los jesuitas lograron un considerable avance adquiriendo casas, residencias, colegios y misiones que mantuvieron por la eficiente capacidad de solventar sus actividades religiosas, principalmente apoyada por la producción de las haciendas. Los jesuitas llegaron al Nuevo Reino de Granada en 1604 por el puerto de Cartagena. Desde allí continuaron su recorrido hacia Santafé (1605), Tunja (1613), Honda (1620), Pamplona (1624), Mérida (1628) y Mompox (1643). Tardíamente se asentaron en las provincias de Antioquia (1720) y Buga (1745). En Antioquia antes de ser expulsados por Carlos III, el Rey de España, de todos los dominios hispanoamericanos en 1767, habían logrado acumular una serie de bienes temporales: haciendas, minas, salinas, ornamentos∗ y vasos sagrados. Los estudios sobre los bienes de los jesuitas son apenas incipientes. Se destaca el libro del jesuita José del Rey Fajardo Los jesuitas en Antioquia 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte; y la monografía de pregrado en historia de la Universidad de Antioquia, “La intelectualidad ∗

Las palabras que están marcadas con negrilla se encuentran al final del trabajo en un glosario (ver anexos).


2

formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689-1770”, elaborada por Gladis Márquez Palacios1. Con la presente monografía espero agregar luces sobre los bienes que tuvieron los jesuitas en la Provincia de Antioquia. Me interesa averiguar como se efectuó el inventario, el avalúo y el remate de éstos, en manos de quienes quedaron después de la expulsión de los integrantes de la Compañía de Jesús. Aunque esta expropiación fue un hecho ocurrido a lo largo y ancho del imperio español, es interesante observarlo en un lugar tan remoto como era la Provincia de Antioquia, donde la Orden religiosa llevaba apenas 47 años de asentada. El espacio temporal que abarca la presente investigación es desde 1767, cuando los jesuitas fueron expulsados de los dominios españoles, hasta 1820, fecha para la cual encontré un documento que facilita la ubicación de todos los utensilios que hicieron parte de la iglesia de Santa Bárbara, además de ser una fecha cercana a la independencia del virreinato del Nuevo Reino de Granada (1819), hecho que dio comienzo a una nueva fase histórica. El espacio geográfico comprende la Provincia de Antioquia. La idea para este trabajo surgió con la búsqueda de un tema relacionado con la presencia de religiosos en Colombia. Inicialmente me incliné por estudiar la educación impartida por la Compañía de Jesús en la Ciudad de Antioquia desde 1727, año en que los jesuitas fundaron allí un colegio, hasta 1767, momento de la expulsión de territorio español. Pero encontré varios estudios sobre el tema: Los jesuitas en Antioquia 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte. Pasé a elaborar una bibliografía preliminar sobre las haciendas de los jesuitas, tema abordado por el destacado historiador Germán Colmenares en su libro Haciendas de los jesuitas en

1

José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, 517p. Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689-1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, 313 p.


3

el Nuevo Reino de Granada: Siglo XVIII, reeditado en 19982. La pesquisa me llevó al Archivo Histórico de Antioquia (en adelante AHA), donde encontré dieciséis (16) tomos de la Serie de Temporalidades. Allí quedaron registrados los inventarios, avalúos y remates de los bienes productivos y religiosos confiscados a la Compañía de Jesús tras su expulsión de 1767. Los documentos conservados corresponden a una entidad creada por la corona de España conocida como el Ramo de las Temporalidades, la cual tuvo como objetivo administrar los bienes de los “expulsos”, en todos los dominios de Carlos III, entre ellos la Provincia de Antioquia. A esta rica fuente se sumó la información encontrada en la Serie de Temporalidades que reposa en el Archivo General de la Nación (en adelante AGN), en Bogotá, y en menor medida en dos documentos que localicé en el Archivo de la Casa de la Moneda (en adelante ACM), ubicados en la Biblioteca Luís Ángel Arango. Para esta monografía fueron particularmente valiosos los informes remitidos por parte de la Junta Municipal de las Temporalidades creada en la Provincia de Antioquia, a la Junta Provincial de las Temporalidades, en Santafé. Allí llegaban los informes referentes a la expulsión y administración de los bienes procedentes de todo el Nuevo Reino de Granada. Fue interesante cotejar la información remitida a Bogotá, con la que quedó inicialmente en la ciudad de Antioquia y posteriormente fue trasladada a Medellín a finales del siglo XIX. El presente trabajo se divide en tres partes. En la primera explico los objetivos, el alcance del trabajo y presento un balance bibliográfico sobre los estudios que acercan al tema. En la segunda parte expongo los antecedentes de la presencia jesuita en la Provincia antes de la expulsión de 1767. En la tercera parte presento varias secciones. La primera explica la expulsión de la Compañía de Jesús, no solo del imperio español, sino de otras partes de 2

Germán Colmenares, Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada: siglo XVIII, 2ª edición, Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1998, 114 p.


4

Europa. Paso a la expulsión en el Nuevo Reino de Granada efectuada, al igual que en otros lugares de las colonias españolas, el 2 de abril de 1767. Aclaro el momento en que llega la Real Pragmática a la Provincia de Antioquia, puesta en marcha el 1 de agosto del mismo año, cuando fueron expulsados los cuatro jesuitas que allí había. Continúo con una breve explicación del Ramo de las Temporalidades en la Provincia de Antioquia, tomando la base general de la creación del Ramo desde España para todos sus reinos: quiénes lo integraron, los informes e inventarios que realizaron los funcionarios designados por la corona para Antioquia. Al final de este aparte concentro mi atención en el inventario, el avalúo y el remate de los bienes, explicando las particularidades de cada bien, el procedimiento en que se efectuó cada una de las tareas llevadas a cabo por la Junta de Temporalidades y sus encargados. Al final dejo algunos comentarios que hacen parte de los hallazgos de la investigación y la manera como fueron interpretados. La monografía contiene elementos económicos, sociales y culturales que podrán servir de apoyo para futuras investigaciones, sea profundizando en los temas o sobre los jesuitas en otras coordenadas espacio temporales.


5

2. Balance historiográfico sobre los bienes de la Compañía de Jesús

Las acciones realizadas por los jesuitas a lo largo de su historia han despertado el interés tanto de sus integrantes, como de algunos historiadores y aficionados, inquietos por conocer las obras que llevaron a cabo. Para Hispanoamérica la mayoría de estudios se han ocupado del virreinato de Nueva España (México), lo cual es apenas lógico pues allí acumularon grandes extensiones de tierras, y el Río de Plata (Argentina y Paraguay), Provincia donde la Compañía de Jesús estableció el mayor número de misiones. Para el virreinato del Nuevo Reino de Granada, los estudios sobre la Compañía son relativamente escasos, pero valiosos. Es poco lo que se conoce sobre los bienes temporales que adquirieron los jesuitas y, después de ser expulsados, de qué forma fueron rematados. Aunque la información sobre el remate de los bienes de los jesuitas en la Provincia de Antioquia es limitada, para la fecha existen dos trabajos de grado que aportan al tema. El primero fue realizado en 1991 por la estudiante Carmen Bravo de Unigarro, egresada del Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, para su monografía de pregrado, “La administración del Ramo de Temporalidades: 1767-1798”, la autora arroja luces sobre las haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada, incluyendo aquellas que les ayudó a financiar el colegio que la Compañía tuvo en la Ciudad de Antioquia. Este es el primer estudio que explica el manejo administrativo que se les dio a los bienes incautados por el Ramo de Temporalidades, un organismo creado por la corona española para rematar, donar o utilizar los bienes después de la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles3. El segundo trabajo corresponde a la monografía finalizada en el 2003 por la egresada del Departamento de Historia de la Universidad de Antioquia, Gladis Márquez Palacio: “La 3

Carmen Bravo de Unigarro, “La administración del Ramo de Temporalidades: 1767-1798”, Monografía de pregrado en historia, Pontificia Universidad Javeriana, Santa Fé de Bogotá, 1991, 157 p.


6

intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1687 – 1770”. En el texto reposa el origen, la condición social, las particularidades económicas y la importancia cultural de los alumnos de la Provincia de Antioquia formados por los jesuitas en el Colegio Seminario de San Bartolomé en Bogotá y en el Colegio en la Ciudad de Antioquia. Explica el manejo racional y eficiente de los recursos humanos y económicos que tuvo la Compañía; ofrece información relativa al inventario de los libros conservados en las bibliotecas de los Colegios de Santafé, Pamplona, Tunja, Honda y Antioquia; y las capillas y sacristías de los jesuitas en la Provincia de Antioquia4. Varios archivos históricos en Colombia contienen inventarios de los bienes de la orden religiosa. Carmen Bravo utilizó sobre todo los documentos del Fondos Jesuitas y la Serie de Temporalidades que reposa en el Archivo General de la Nación; Gladis Márquez concentró su atención en los libros de contabilidad de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia en 1726, 1730, 1735,1740 y 1750, del Fondo de Temporalidades del Archivo General de la Nación y el Archivo Histórico de Antioquia, todos ellos útiles para la presente monografía. Además de los textos anteriores, cabe mencionar el artículo de Santiago Díaz Piedrahíta, “Destino cultural de algunos bienes expropiados a los jesuitas en Santa Fe de Bogotá”, publicado en el año 2006 en el Boletín de Historia y Antigüedades, donde amplia la información sobre la administración de los bienes. El autor concentra la atención en los libros de la primera biblioteca pública en el Nuevo Reino de Granada, abierta con los textos que expropiaron a los jesuitas en 1767, incluidos aquellos que habrían hecho parte del Colegio de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia5.

4

5

Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689-1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, 313 p. Santiago Díaz Piedrahita, “Destino cultural de algunos bienes expropiados a los jesuitas en Santafé de Bogotá”, Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. XCIII, No. 835, octubre, noviembre, diciembre, Bogotá, Banco de la República, 2006, pp. 799- 821.


7

Con respecto a las haciendas de los jesuitas, Beatriz Patiño Millán en su texto inédito “Riqueza, pobreza y diferenciación social en la Antioquia del Siglo XVIII”, trae a colación la hacienda de Abejuco y sus anexos, que tuvo la Compañía en la Provincia de Antioquia. Describe algunos bienes que tenían dentro de ellas, que producción manejaban y qué cantidad de esclavos que había. Aunque la información permite explicar la diferenciación social de la Provincia para la época, el texto ayuda a contextualizar6. Un libro reciente fue el que suministró mayor información: Los jesuitas en Antioquia 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte7. El texto, de 517 páginas, se encuentra dividido en dos partes. En la primera, el jesuita José del Rey Fajardo presenta una visión panorámica de la obra desarrollada por la Compañía Jesús durante los tiempos coloniales en Antioquia. En la segunda, el arquitecto Felipe González Mora explica la historia arquitectónica de los claustros y el templo de Santa Bárbara y edificios que hicieron parte del complejo jesuítico del Colegio de Antioquia. Ambos autores consultaron documentos del Archivo de la Provincia de Toledo, El Archivo del Colegio Mayor de San Bartolomé, el Archivo General de la Nación de Bogotá y el Archivo Histórico de Antioquia, de ahí que el libro sea una referencia obligada para el desarrollo y desenlace del presente trabajo. Buscando profundizar sobre la filosofía o carisma de los jesuitas, consulté algunos escritos sobre la historia de esta Orden. Jonathan Wright en Los jesuitas: Una historia de los “soldados de Dios”, explica las circunstancias que llevaron a la fundación y consolidación de la Compañía.

6

7

Beatriz Patiño Millán, Riqueza, pobreza y diferenciación social en la Antioquia del siglo XVIII, 2 vols., Medellín, Universidad de Antioquia, 1985. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, 517p.


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Rescata la vida y obra de algunos jesuitas, entre los que encontramos misioneros, viajeros, descubridores, cartógrafos, teólogos, científicos, conspiradores políticos y pacificadores8. Para Hispanoamérica ─ compuesta para la segunda mitad del siglo XVIII por los virreinatos de Nueva España, Río de la Plata, Perú, Nuevo Reino de Granada y la Capitanía General de Chile ─ y las colonias portuguesas en América (Brasil) se han realizado algunos estudios generales y otros específicos para cada una de estas regiones. Con respecto al virreinato del Río de la Plata, el escritor y viajero escocés Robert B. Cunninghame Graham recrea en forma magistral el funcionamiento y vida de los jesuitas en las misiones del Paraguay en un libro escrito en 1872 editado por primer vez en Londres en 1901: A Vanished Arcadia, being some account of the jesuits in Paraguay, 1607 to 1767. La primera versión al castellano, publicada en el año 2000, tiene una introducción de la traductora Alicia Jurado, quien presenta una biografía sobre el pintoresco escritor y su obra. Es de aclarar que el autor no fue un académico de la época, sino un terrateniente que pasó su juventud en la pampa Argentina. Este personaje que fue estanciero, médico y hasta miembro de la Cámara de los Comunes de Londres, describe en forma amena el descubrimiento del Río de la Plata y las misiones llevadas a cabo por los jesuitas en el Paraguay, desmontando la idea que la Orden religiosa tenía cuantiosas propiedades y riquezas. Es interesante acercarse al punto de vista de este socialista escocés, que busca rescatar las acciones de la Compañía en la época colonial, a pesar de que el positivismo y la secularización estaba en auge9. Héctor Sáinz Ollero en el 2002 publicó una crónica elaborada por José Cardiel, un importante misionero jesuita que durante cuarenta años actuó en las regiones del virreinato del Río de la Plata. Después de ser exiliado en 1767, se estableció en Italia donde escribió un libro 8

9

Véase: Miguel Mir, Pbro., Historia interna documentada de la Compañía de Jesús, 2 vols., Madrid, Imprenta de Jaime Ratés Martín, 1913. Jonathan Wright, Los jesuitas: Una historia de los Soldados de Dios, Barcelona, Editorial Debate, 2005, 363 p. Robert B Cunninghame Graham, La Arcadia perdida: Una historia de las misiones jesuíticas, Trad. Alicia Jurado, Buenos Aires, Emecé Editores, 2000, 275 p.


9

sobre las reducciones guaraníes, en defensa de la obra de la Compañía de Jesús en dicho virreinato. En la introducción de la crónica Sáinz Ollero introduce lo que fue llamado el “Estado jesuita del Paraguay”, originado por las reducciones de la Compañía en ese territorio, que han merecido un lugar muy especial en la historia de las misiones católicas. Ello permite comparar la reducidas, pero importantes, acciones llevadas a cabo en la Provincia de Antioquia por parte de los jesuitas10. Es interesante mencionar el caso de Brasil, pues no fue ajeno a las acciones que adelantaron los continuadores de los ideales de Ignacio de Loyola. El texto del jesuita Serafín Leite acerca a información respecto a las misiones que la compañía desarrolló allí, la ciencia, las letras y el arte, información de utilidad para contrastar la importancia de los jesuitas en las diferentes zonas donde se establecieron11. Magnus Mörner sobre otros temas dedica algunas páginas en diversos artículos a las haciendas coloniales manejadas por los jesuitas en Hispanoamérica. Explica la tenencia de tierras, la donación o compra de estas, las fuentes de capital, mano de obra de los negros, los indios y los mulatos, entre esclavos y libres; la diferencia en la producción de los diferentes productos en las haciendas de cada virreinato, como los viñedos de Chile; el mercado y actividad comercial de la época colonial12. Teniendo en la cuenta el caso específico de la Compañía de Jesús, en cuanto a su economía, como la ganadera en el pueblo de Los Ángeles en la América septentrional donde tuvieron 10 11

12

José Cardiel, Las misiones del Paraguay, España, Dastin, 2002, 201 p. Sobre la historia general y particular de los jesuitas en la Hispanoamérica colonial véase: Fernando Mateos, SJ, Historia general de la Compañía de Jesús en la provincia del Perú, 2 vols., España, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944, 532 p. Serafín Leite, SJ, “Obras e Asuntos Gerais seclos XVII-VXIII”, Historia da Compañía de Jesús no brasil, Tomo IV, Rio de Janeiro, Imprensa Nacional, 1943, 440 p. Magnus Mörner, “Economic Factors and Stratification in Colonial Spanish America w ith Special Regard to Elites”, The Hispanic American Historical Review, Vol. 63, No. 2, Mayo, Carolina del Norte, Duke University Press, 1983, pp. 335-369. “The spanish American hacienda: A survey of recent research and debate”, The Hispanic American Historical Review, Vol. 53, No. 2, Mayo, 1973, pp. 183-216. “Economía rural y sociedad colonial en las posesiones españolas de Sudamérica”, América Latina en la época colonial: Economía y sociedad, vol. 2, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 205 – 224. “The Expulsion of the Jesuits from Spain and Spanish American in 1767 in the Ligth of Eigteenth Century Regalism”, The American, XXIII, 1196, pp. 156 – 164.


10

almacenes de mercaderías de animales, carnicerías y comercialización con China de estos productos, Hermes Tovar en Fuentes para el estudio de las actividades socio-económicas de la Compañía de Jesús y otras misiones religiosas facilita fuentes históricas del Archivo Nacional de Chile. Transcribe algunos documentos sobre la vida de los jesuitas, sus misiones, su modo de vida y su economía, fuentes que permiten adentrarse al mundo de los jesuitas y asemejarlos con aquellos que traeremos a colación a lo largo de esta investigación13. Sobre el Ramo de las Temporalidades, un organismo creado en los territorios ocupados por los jesuitas después de su primera expulsión, encontré dos escritos que aluden al virreinato del Río de la Plata. El historiador argentino Ernesto J. A. Meader en su libro Los bienes de los jesuitas: Destino y administración de sus temporalidades en Río de la Plata 1767 – 1813, aborda el itinerario que siguieron los importantes bienes materiales, campos, edificios, animales de cría, etc., que la Compañía de Jesús debió abandonar en dicha región a partir de 1767 a raíz de su expulsión dispuesta por la corona española14. Sobre el mismo virreinato del Río de la Plata, Lia Quarleri en “La administración laica de los bienes de los jesuitas de La Rioja: Producción, ingresos y malversación fiscal”, describe de manera particular, como fueron administrados los bienes que hacían parte de la Provincia de La Rioja: edificios, molinos, viñas, potreros y ornamentos. Detalla las falencias de la Junta de Temporalidades para llevar a cabo la administración sobre los bienes. Ambos textos sirven de apoyo metodológico en la investigación, para tomar ejemplos de este tipo de estudios en otras regiones. De otro lado, sobre los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada se han realizado numerosos estudios, pocos si la comparamos con la producción alusiva al virreinato del Río de la Plata. 13 14

Hermes Tovar Pinzón, Fuentes para el estudio de las actividades socio-económicas de la Compañía de Jesús y otras misiones religiosas, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1975, 126 p. Ernesto J. A. Meader, Los bienes de los jesuitas: Destino y Administración de sus temporalidades en el Río de la Plata 1767 – 1813, 3ª edición. Chaco, Instituto de Investigaciones Neohistóricas CONICET, 2002, 369p.


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Sobre las descripciones generales de la orden religiosa el jesuita Rafael Pérez en La Compañía de Jesús en Colombia y Centro América, publicado en 1986 en dos tomos, hace una descripción del funcionamiento de la Compañía desde adentro. Él explica como ingresar y salir de la Orden, las políticas implantadas, la Inquisición, las cárceles, las persecuciones y la enseñanza. Las descripciones del autor acercan a la comprensión general de la Compañía15. Para finales del siglo XIX José Joaquín Borda y José Manuel Groot también proporcionaron información general sobre la Compañía en el Nuevo Reino de Granada. Ambos autores trascribieron documentos oficiales sobre su expulsión, entre ellos, la Real Pragmática que dictó el Rey Carlos III el 2 de abril de 1767 documento de primera mano útil para esta investigación16. En la segunda mitad del siglo XX el jesuita Juan Manuel Pacheco se concentró en el estudio histórico de su Compañía. Elaboró, como resultado de varios años de estudio, múltiples artículos de revista, principalmente en la Eclesiástica Javeriana, y publicó los tres tomos de su conocida obra: Los jesuitas en Colombia. El primero cubre de 1567 a 1654, el segundo de 16541696 y el tercero de 1696-1767. La obra es una herramienta clave pues el autor logra consolidar un resumen de la fundación de colegios, las misiones, el modo de manejar su economía, la educación impartida, la relación con la esclavitud y la primera expulsión. Deja una puerta abierta para consultar el destino de sus propiedades, información que trae pocas veces a relucir en sus escritos. Lo importante del estudio es la amplia gama de fuentes documentales que consultó: Archivo General de Indias (Sevilla), Archivum Historicum Societatis Iesu (Roma); Archivo de la Antigua Provincia de Quito, Archivo de la Provincia de Toledo (Madrid) y

15

16

Rafael Pérez, SJ, La compañía de Jesús en Colombia y Centro América: Después de su restauración, Tomo I, España, Imprenta de Luis N. de Gaviria, 1896. José Joaquín Borda, Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva Granada. Poissy, Imprenta de S. Lejay Et C. 1872, pp. 70-79. José Manuel Groot. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, tomo No. 2, Bogotá, Editorial ABC, 1953, 692p.


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Archivo Romano de la Compañía de Jesús, documentos de difícil acceso para una monografía como la que presento17. Sobre la educación impartida en la época colonial, Renán Silva ha emprendido varios estudios al respecto. Ha examinado los colegios encargados y fundados por los jesuitas, como el de San Bartolomé en Santafé de Bogotá (1605) y el de la Ciudad de Antioquia (1727). Entre las fuentes que revisó este autor figuran el Fondo de Temporalidades y el Fondo Jesuitas. Los datos que arroja sobre los estudiantes que accedían a la educación, los modelos de conocimiento y los planes de estudios, entre otros datos, abren camino a aspectos diferentes al económico en cuanto a la Orden religiosa18. Sobre la expulsión de los jesuitas en abril de 1767 por orden del Rey Carlos III existe información en los estudios generales que describen la Compañía en el Nuevo Reino de Granada. El libro de Alfonso Martínez Carrasco La expulsión de los jesuitas: Precedentes históricos de lo acontecido en el siglo XVIII, presenta en 155 páginas algunas causas que originaron esta expulsión, como el motín que le hicieron al marqués de Esquilache en España, por la modificación de algunas costumbres, y las consecuencias que trajo la expulsión, entre ellas, el paso del cuidado de las misiones a otros grupos religiosos. La pérdida de las iglesias y los

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Juan Manuel Pacheco, SJ, Los jesuitas en Colombia, 3 vols., Bogotá, Editorial San Juan Eudes, 1959. "La expulsión de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada en 1767", Eclesiastica Javeriana, No.4, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 1954. "La expulsión de los jesuitas del Nuevo Reino de Granada", Revista de Indias, No.28, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1968. "Los jesuitas de la Provincia del Nuevo Reino de Granada expulsados en 1767", Eclesiástica Javeriana, Bogotá, No.3, 1953. "El colegio colonial de Santafé de Antioquia", Revista Javeriana, Bogotá, vol. 102, No.509, 1984. "La iglesia de San Ignacio de Bogotá", Revista Javeriana, Bogotá, vol. 44. n.217, 1955. "¿Fue un jesuita el fundador de Tumaco?" Revista Javeriana, Bogotá, vol. 44, No. 220, 1955. "Fundación del antiguo Colegio de la Compañía de Jesús en Popayán", Revista Javeriana, Bogotá, vol. 44, No.219, 1955. Para mencionar sólo algunos de los textos que escribió sobre la Compañía de Jesús en el Nuevo Reino de Granada. Sobre la educación de los jesuitas véase: Renán Silva, Los ilustrados de Nueva Granada, 1760- 1808: Genealogía de una comunidad de interpretación, Medellín, Fondo Editorial Universidad EAFIT, 2002. Universidad y sociedad en el Nuevo Reino de Granada, Bogotá, Banco de la República, 1992. Saber, Cultura y Sociedad en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVII – XVIII. 2ª edición, Medellín, La Carreta Editores E.U, 2004, 240p.


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bienes e inmuebles que fueron de los religiosos. En otras palabras, el autor facilita información general sobre la expulsión19. Otra faceta de la historia de la presencia de los jesuitas tiene que ver con el funcionamiento de las haciendas que tuvieron. Germán Colmenares alude en varios de sus escritos al funcionamiento de algunas de éstas y los centros de desarrollo económico de los jesuitas, ilustrando su dinámica interrelación con otros centros de la economía, tanto agrícola como minera, y describe su papel en la economía colonial. El texto Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada: Siglo XVIII ofrece un panorama de algunas las haciendas de los jesuitas en el virreinato: menciona las tres que tuvo la Compañía en la Provincia de Antioquia. Los cuadros que trae el libro son una útil herramienta para comparar la producción y remate de algunas haciendas neogranadinas, incluyendo aquellas que la orden tenía en Quito y en el virreinato de Nueva España. Como la información era limitada busqué textos que hicieran referencia a las haciendas y la economía colonial en el Nuevo Reino de Granada. Hermes Tovar Pinzón le dedica un capítulo en Grandes empresas agrícolas y ganaderas: Su desarrollo en el siglo XVIII a las haciendas de la Compañía de Jesús. Aporta elementos interesantes apoyados en algunos documentos que correspondieron al Ramo de las Temporalidades. En ellos encontró el tipo de economía de las haciendas, el tipo de trabajo ejecutado y la importancia de los colegios para la administración de los bienes productivos, los bienes religiosos y las misiones. Los trabajos de estos dos historiadores permiten conocer cómo fue antes y después de la expulsión, la adquisición, administración y remate de algunas haciendas que tuvieron los jesuitas. No obstante, aun quedan vacíos respecto al resto de los bienes de los “expatriados”, como las alhajas, capillas, iglesias, ganado, tejares, esclavos y herrerías; adquiridas en las 19

Alfonso Martínez Carrasco, La expulsión de los jesuitas: Precedente histórico de lo acontecido en el sigo XVIII, Madrid, sin editar, 1932, 155 p.


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provincias donde estuvieron instalados: Santafé, Popayán, Tunja, Cartagena, Mompox, Pamplona, Buga, Honda y Antioquia20. En la presente monografía quiero empezar a subsanar este vacío, concentrando mi atención en la remota Provincia de Antioquia, donde los jesuitas apenas alcanzaron a estar cerca de medio siglo, de 1720 a 1767. El hilo conductor es el proceso de remate de los bienes que la Orden alcanzó acumular en este lapso de tiempo.

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Sobre la economía de la Compañía de Jesús se destacan: Germán Colmenares, Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada: Siglo XVIII, 2ª edición, Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1979, 114 p. Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, tomo 3, Bogotá, Biblioteca Banco Popular, 1989, 367 p. "El trabajo en las haciendas jesuitas en el siglo XVIII", Revista Universidad Nacional, , No.1, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1968, "Censos y capellanías: Formas de crédito en una economía agrícola", Cuadernos Colombianos, Bogotá, No. 2, 1974. "Los jesuitas: Modelo de empresarios coloniales", Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XXI, No. 2, Banco de la República, Bogotá, 1984. "La economía de los jesuitas en el Virreinato de la Nueva Granada" en: A. J. Bauer (comp.), La Iglesia en la economía de América Latina, México, INAH, 1986 p. Hermes Tovar Pinzón, Grandes empresas agrícolas y ganaderas: Su desarrollo en el siglo XVIII, Bogotá, Ediciones CIEC, 1980, pp. 160-189.


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PARTE II. PRESENCIA DE LOS JESUITAS EN LA PROVINCIA DE ANTIOQUIA, 1720 – 1767

La Compañía de Jesús, creada en Montmartre (Francia) por el vasco Iñigo López de Loyola (Ignacio de Loyola), (1491 - 1556) y otros integrantes de la Iglesia en 1534, rápidamente se convirtió en la principal Orden religiosa masculina “militante” del la Iglesia Católica. Los primeros jesuitas salieron rumbo a sitios tan remotos como el Japón, el Congo y la India a desarrollar su trabajo misionero. Treinta y dos años más tarde, hacia 1549, otro grupo partió a evangelizar las almas encontradas en las vastas tierras descubiertas por Cristóbal Colón desde 1492 en América. Pronto la Compañía sobresalió en el Nuevo Mundo en la esfera religiosa, política y económica. En este capítulo veremos cuando y como los jesuitas llegaron al Nuevo Reino de Granada. A medida que el lector avance encontrará una síntesis histórica de la Orden, necesaria para entender su perfil y carisma y la importancia de estos religiosos.


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3. Antecedentes: Repaso de la historia de la Compañía de Jesús No se puede entender la importancia de los jesuitas sin dar una breve mirada a lo que ha sido su trayectoria histórica como grupo religioso. En las siguientes hojas el lector encontrará una síntesis de la creación de la Compañía de Jesús y algunas de sus primeras intervenciones evangelizadoras por el mundo. La intención es que se forme una idea de las misiones jesuitas en Lusoamérica, Hispanoamérica y el Nuevo Reino de Granada, para tener una visión comparada de su presencia en la pequeña Provincia de Antioquia.

3.1 Fundación de la Orden La Compañía de Jesús ha tenido un amplio reconocimiento en los campos educativos y evangelizadores, pero ¿de dónde venía aquella labor? La historia comienza en el XVI, una época de profunda renovación de la espiritualidad que trajo consigo la incontenible expansión del protestantismo en Europa. Un siglo en el cual crecieron distintas vertientes teológicas que debilitaron la hegemonía mantenida por la Iglesia Católica desde la época medieval en Occidente. Un periodo donde la ciencia estaba en auge y el humanismo impregnaba los preceptos de los intelectuales. La Orden surge para impedir que se perdieran más almas de la fe católica por seguir los ideales de Martín Lutero (1483 – 1586), Juan Calvino (1509 – 1564), Erasmo de Rotterdam (1469 – 1536) y Ulrico Zwinglio (1484 – 1531), artífices de la reforma protestante21.

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Sobre la Reforma protestante véase: Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas: De Mahoma a la era de las reformas, tomo III, Trad. Jesús Valiente Malla, Barcelona, Ediciones Paidos Ibérica, S.A., 1999, pp. 301 – 330; Hans Küng, El cristianismo: Esencia e historia, Madrid, Editorial Trotta, 2ª edición, 2001, 950 p; Paul Johnson, La historia del cristianismo, Buenos Aires, Javier Vergara Editores S.A., 1989, 593 p.


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La necesidad de renovación interior de la Iglesia Católica impulsó la creación de la Compañía de Jesús. En vista de la falta de espiritualidad, la relajación moral y la decadencia de algunas órdenes religiosas Ignacio de Loyola, el 15 de agosto de 1534, en compañía de Pedro Fabro, Francisco de Javier, Alfonso Salmerón, Diego Laínez, Nicolás Bobedilla y el portugués Simón Rodrigues, celebró una misa en Montmartre, París, en una pequeña capilla dedicada a Saint Denis, el patrono de la capital, donde todos consagraron la vida a Dios mediante los votos de pobreza y castidad. Este fue el inicio de la Compañía de Jesús, con el propósito de ayudar a reestructurar la Iglesia Católica22. Como guía para la proclamación de la fe Ignacio de Loyola redactó sus Ejercicios espirituales, una serie de meditaciones en doscientas páginas, oraciones y ejercicios mentales para ser llevados a cabo cerca de un mes. Pronto se convirtieron en una guía disciplinaria y eficaz para la formación del clérigo, por la introyección de valores y principios morales, y por facilitar una continuidad en los fines religiosos y el control sobre los actos individuales. Para los jesuitas los Ejercicios fueron el centro de la vida espiritual y difundieron su práctica entre los feligreses23. Poco después de la formación de la Compañía de Jesús, algunos de sus integrantes Diego Laínez y Alfonso Salmerón, dos compañeros de Loyola, apoyaron el Concilio de Trento celebrado entre 1545 y 1563. Este Concilio fue un eficaz instrumento para llevar a cabo la revitalización de las órdenes religiosas ya existentes y la creación de otras nuevas24. El trabajo se direccionó hacia la refutación de la reforma protestante de una manera clara y coherente, con una formulación doctrinal como principio indispensable para contrarrestar el mensaje reformado. El Concilio no se limitó a clarificar la doctrina. Sus esfuerzos se encaminaron a la 22

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24

Jonathan Wright, Los jesuitas: Una Historia de los “soldados de Dios”, Trad. José Antonio Bravo, Barcelona, Debate, 2005, pp. 26 – 27. Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689 – 1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, p. 184. Geoffrey Parker, El éxito nunca es definido: Imperialismo, guerra y fe en la Europa moderna, Madrid, Taurus, 2001, p. 242.


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obra disciplinaria y pastoral, a crear seminarios diocesanos para la formación del clero, a instaurar un modelo de iglesia jerarquizado donde el poder de los pontífices era el centro básico de la Iglesia, pero los obispos tenían autoridad suficiente que les permitía ejercer la actividad pastoral. La revitalización de las órdenes religiosas y congregaciones fue uno de los soportes de que se valió la Iglesia para cumplir con su labor de reforma. Los jesuitas salieron por el mundo a divulgar su misión. Llegaron hasta rincones apartados en Asia, África y América, a lugares apenas conocidos por unos cuantos europeos, donde no habían sido aún difundidas las ideas de los protestantes. Las misiones comenzaron poco tiempo después que el pontífice Paulo III (1521- 1557) le otorgara, el 27 de septiembre de 1540, la categoría de orden religiosa a la Compañía de Jesús. El 7 de abril de 1541, quince días antes que Ignacio de Loyola asumiera el cargo de primer Prepósito General de los jesuitas, su amigo, Francisco Javier, salió a evangelizar en la India. Llegó a Goa el 6 de mayo de 1542 con el apoyo del Rey de Portugal, Juan III. Continuó difundiendo la palabra de Dios por las costas de Comodín y Ceilán (hoy Sri Lanka), Malaca y las Islas Malucas (Arnbon, Morotai), recorrido que finalizó en 1547. El 31 de mayo de 1549 regresó a Malaca con la intención de pasar al Japón, lugar al que llegó el 15 de agosto de 1549, junto con dos jesuitas españoles, Cosme de Torres y el hermano Juan Fernández, y tres laicos japoneses. Proclamaron la fe en Kagoshima, la Isla de Hirado y a Yamaguchi entre 1550 y 1551. El tres de diciembre de 1552 muere de pulmonía en la isla de Sanchón, frente a la costa de China25.

25

Jean Lacouture, Jesuitas: Los conquistadores, tomo I, Barcelona, Ediciones Paidós, 2006, p. 143.


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En 1588, cinco meses después de que Francisco Javier desembarcara en el Japón, de seis jesuitas que fundaron la Compañía, ya el número había aumentado a 25; para 1574 eran 110, y hacia 1600 sumaban 1.69526. Los continuadores de la Compañía de Jesús se concentraron en la confesión de los pobladores, la atención de los enfermos, la realización de los ejercicios espirituales, salir y llevar a cabo misiones, enseñar el catecismo y educar a los jóvenes de los lugares donde llegaron27. Para asumir estos oficios la Compañía quedó eximida de realizar algunos de los ritos obligatorios para los demás clérigos, como el canto del oficio del coro o los ejercicios ordinarios de la vida monástica. No vistieron un hábito especial sino el mismo de los clérigos seculares. Poco tiempo después de las primeras misiones ya estaba lista la autorización por parte del General de los Jesuitas para evangelizar en América.

3.2 Establecimiento de los jesuitas en Hispano y en Lusoamérica Para la segunda mitad del siglo XVIII Hispanoamérica estaba compuesta por los virreinatos de Nueva España (1535), de Perú (1542), del Nuevo Reino de Granada (1739) y del Río de la Plata (1776). Además de las Capitanías de Chile, de Venezuela (1777), de Cuba (1764), y de Guatemala (1560). La necesidad de la presencia de los jesuitas en dichos lugares estuvo expresada desde 1539 en la Summa, un texto redactado por Ignacio de Loyola, tan pronto se logró la aprobación de la Orden por parte de Papa Paulo III en 154028.

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27

28

John F. Schwaller, “La Iglesia en Brasil colonial”, Historia general de América Latina: Consolidación del orden colonial, volumen III, tomo 2, España, Editorial Trotta S.A., 2001, pp. 576 –577. Juan Felipe Córdoba Restrepo, “Las comunidades religiosas masculinas en Antioquia, 1850 1950”, Tesis de maestría en historia, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, 2001, pp. 38 – 39. J. Marx, Compendio de la historia de la Iglesia, traducido por Ramón Ruiz, SJ, Barcelona, Librería Religiosa, 1911, p. 562. Mario Polia Meconi, La cosmovisión religiosa andina: En los documentos inéditos del Archivo Romano de la Compañía de Jesús 1581 – 1752, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú Fondo Editorial, 1999, p. 17.


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Brasil fue el primer lugar del nuevo continente donde llegaron los jesuitas. Simón Rodrigues, uno de los primeros compañeros de Loyola, y el Rey de Portugal, Juan III, se encargaron de enviar una expedición bajo las órdenes del primer gobernador general Tomé de Sousa, liderada por Manuel de Nóbrega (1517 – 1570), hijo del magistrado de la Cámara alta, sobrino de un canciller real y sacerdote desde 1549. Seis jesuitas partieron desde Portugal el 1 de febrero de 1549, desde la Armada de Belém. Llegaron a Bahía el 29 de marzo del mismo año. Manuel de Nobrega salió junto con los padres Leonardo Nunes, António Pires, Joao de Azpilcueta Navarro; y los hermanos Vicente Rodrigues y Diogo Jácome en tres naves y dos carabelas, en compañía de altos funcionarios, gente de guerra y 400 degradados hacia Vila Velha, un lugar fundado por el portugués vasco Fernandes Coutinho con el nombre de Vila do Espírito Santo29. Diecisiete años después, el 28 de julio de 1566, llegaron los padres Pedro Martínez, Juan Rigel y el hermano Francisco Villareal, enviados a una misión a la Florida por el General de la Orden, el español Francisco de Borja y Aragón (1510 - 1572), misión que fracasó tras la muerte de varios jesuitas. Más adelante, para 1567, el General de la Orden organizó una nueva expedición con ocho religiosos, solicitados por el virrey del Perú para fundar en aquellas tierras un colegio. Escogió dos de cada Provincia de España: de Andalucía al padre Diego de Bracamonte y al hermano Juan García; de Aragón al padre Miguel de Fuentes y al hermano Pedro Pablo Llovet; de Castilla, a los padres Jerónio Ruiz de Portillo y Luís López; y de Toledo, al padre Antonio Álvarez y al hermano Francisco de Medina, que años adelante se ordenó como sacerdote en el Perú30. Los ocho misioneros se embarcaron el 2 de noviembre de

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30

Serafín Leite, SJ, “Obras e Asuntos Gerais seclos XVII-VXIII”, Historia da Compañía de Jesús no Brasil, Tomo IV, Rio de Janeiro, Imprensa Nacional, 1943, p. 17 – 18. Fernando Mateos, SJ., Historia general de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú, vol. 1., España, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944, p. 10 – 11.


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1567 en Sanlucar de Barrameda y desembarcaron el 28 de marzo de 1568 en el puerto de Callao. Luego, el 1 de abril, entraron a Lima. Cuatros años después de llegar al virreinato de Perú, el 13 de junio de 1572, partieron hacia México (Nueva España) doce jesuitas, escogidos de cuatro provincias de España, enviados por el mismo General de la Orden, Francisco de Borja, por petición de Felipe II, para la conversión de indígenas. En 1577, se celebró la primera Congregación Provincial de México. Allí se optó por establecer internados en los colegios para hijos de españoles y otros para los indios con el propósito de que ayudaran a preparar el clero indígena31. Más adelante, en 1592, el Rey de España ordenó reunir a ocho integrantes de la Compañía que estuvieran decididos a vivir y “hacer frutos” en Chile. Los padres Gabriel de Vega y Luís de Estrella; y los hermanos coadjutores Miguel Teleña y Fabián Martínez viajaron de España. En Perú se encontraron con los padres Diego de Zúñiga, Baltasar Piñas, Hernando de Aguilera y Joán de Olivares, los dos últimos naturales de Chile. Partieron del puerto de Callao, Perú, en 1593 y desembarcaron el 19 de marzo del mismo año en el puerto de Coquimbo, Chile32. La mayor hazaña de la Compañía de Jesús en Hispanoamérica, fue el llamado “Estado jesuita” en las reducciones guaraníes, llevado a cabo en una parte de los actuales países de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. Esta misión, fundada en 1609 por orden del General de la Compañía, padre Claudio Aquaviva, organizada y puesta en marcha por el padre Diego de Torres Bollo, alcanzó a tener una aproximación de 100 jesuitas y 113.746 nativos en las 57

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32

José Jesús Hernández Palomo, La misión y los jesuitas de la América Española, 1566 – 1767: Cambios y permanencias, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Hispano – Americanos, 2005, 287p. Fernando Mateos, SJ, Historia general de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú, vol. 2, España, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944, p 347 - 353.


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reducciones con que llegó a contar para 1767, momento de la expulsión de la Compañía de todos los dominios del Rey Carlos III33. Alberto Armani describe, en Ciudad de Dios y Ciudad del sol: El Estado jesuita de los guaraníes (1606 - 1768), las tres etapas por las que pasaron las reducciones: La primera data de 1609 hasta 1640, un periodo donde las reducciones fueron inestables y sin una definición clara, hecho que hizo que no quedara ningún rastros de ellas. Hacia 1640, con la segunda generación de guaraníes cristianizados, comenzaron a edificarse reducciones más organizadas, con un toque urbanístico que llevó, en su curso, hacia una tercera etapa de las reducciones, donde las edificaciones se basaron en un estilo barroco retomado de Europa con influencia italiana. Dentro de los esquemas urbanísticos de las reducciones fueron comprendidos los servicios públicos: molino, horno de panificación, cocinas populares, graneros de depósito de alimentos, almacenes varios, horno de ladrillos, fundición de metales y, en algunas partes, tipografía. La estructura con que contaron las misiones permitió que tuvieran una independencia económica que facilitó una autosostenibilidad de las mismas34.

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Jonathan Wright, Los jesuitas: Una historia de los “Soldados de Dios”, Trad. José Antonio Bravo, Barcelona, Debate, 2005, p. 82. Sobre los jesuitas en las reducciones del Paraguay véase: Alberto Armani, Ciudad de Dios y Ciudad del sol: El Estado jesuita de los guaraníes (1606 - 1768), Medellín, Fondo de Cultura Económica, 1982, 232 p., Robert B Cunninghame Graham, La Arcadia perdida: Una historia de las misiones jesuíticas, Trad. Alicia Jurado, Argentina, Emecé Editores, 2000, 275 p. José Cardiel, Las misiones del Paraguay, España, Dastin, 2002, 201 p.


23 Mapa Nº 1 Las reducciones jesuitas en América del sur

El mapa muestra las misiones que tuvieron los jesuitas en hispano y luso América. (José Cardiel, Las misiones del Paraguay, España, Dastin, 2002, p. 46)

Fueron numerosos los años transcurridos y variados los lugares visitados por los jesuitas antes de llegar a la Provincia de Antioquia. Podemos concluir que los continuadores de Ignacio de Loyola llegaron tarde y permanecieron poco tiempo en esta región educando y predicando debido a la orden de expulsión de 1767. Los bienes acumulados fueron suficientes para sostener el colegio y a los religiosos que residían en Antioquia. Comparado con otros lugares de Lusoamérica e Hispanoamérica, como las reducciones del Paraguay, la presencia en Antioquia resulta de bajo perfil. Sin embargo, la obtención de oro en la Provincia dio riquezas


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a algunos de sus habitantes animando la búsqueda de un colegio para educar a las nuevas generaciones. Estos elementos atrajeron a los integrantes de la Orden para asentarse en la Provincia de Antioquia.

3.3 Llegada de la Compañía de Jesús al Reino de Granada La Ciudad de Antioquia fue uno de los últimos lugares donde los jesuitas se asentaron. Desde el siglo XVI ya habían hecho presencia en Nueva Reino de Granada, otros lugares de Hispanoamérica, Lusoamérica (Brasil) y diferentes partes del mundo. Para el caso del Nuevo Reino su llegada puede ser definida por dos razones: la primera se debió al proyecto de la Universidad Javeriana, inspirada en el Ratio Studiorum, aprobado y firmado por el padre General Claudio Acquaviva, en Roma, en 1599, con el cual se pretendía la sistematización, organización y método de los estudios en los colegios y universidades de la Compañía de Jesús. En ella se hallaba la concepción filosófica y pedagógica de la educación jesuítica. La segunda fue el estado de relajamiento moral del clero existente en el Nuevo Reino35. Bajo dichos antecedentes el Arzobispo de la Provincia de Santafé, Bartolomé Lobo Guerrero, decidió traer, desde México, 45 integrantes de la Compañía en julio de 1604 para prestar atención a las misiones abandonadas por los clérigos regulares y las órdenes monásticas. De ellos permanecieron cinco sacerdotes y dos hermanos coadjutores en Cartagena, quienes se encargaron de fundar el primer colegio. Al poco tiempo salieron desde Cartagena cinco jesuitas con destino a Santafé, donde llegaron en octubre del mismo año. El 1 de enero de 1605, fundaron el primer colegio de la Orden religiosa en Santafé. Luego, el 18 de octubre del mismo año, pasaron a administrar el colegio – seminario de San Bartolomé, ubicado también en la misma Provincia. Ese fue el 35

José del Rey Fajardo, SJ, “La implantación del Ratio Studiorum en la Provincia del Nuevo Reino de Granada”, Revista Portuguesa de Filosofía, Braga, Tomo LV, 1999, pp. 275 – 317; José del Rey Fajardo, SJ, “La presencia científica de la Universidad Javeriana en la Orinoquía”, Revista Javeriana, Bogotá, año 60, Tomo 118, No. 586, 1992, pp. 36 - 53.


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comienzo de una labor educativa impulsada por los jesuitas en el Reino de Granada, que abrió camino hacia otros importantes centros urbanísticos del lugar (ver cuadro Nº 1). Cuadro Nº 1 Año de llegada de los jesuitas a las poblaciones del Reino de Granada en los siglo XVII y XVIII LUGAR Cartagena Santafé Tunja Honda Pamplona Mérida Mompox Antioquia Buga

AÑO 1604 1605 1613 1620 1624 1628 1643 1720 1745

Elaborado a partir de: Juan Manuel Pacheco, SJ, Los jesuitas en Colombia, 3 vols., Bogotá, Editorial San Juan Eudes, 1959.

Tras la llegada de los jesuitas, las misiones no tuvieron espera. En Cartagena, la Compañía comenzó a evangelizar a los negros e indios de la zona. En 1605 pasaron los padres Juan Antonio Santander y Alonso de Sandoval a misionar en Santa Marta, y un año después el padre Francisco Perlín viajó a Tenerife, Santa Marta y Riohacha. Otros jesuitas administraron las cruzadas misioneras hacia los Llanos orientales desde la Provincia de Santafé, puestas en marcha hacia 1662. Las regulares se establecieron en Pauto y no tardaron en “reducir” o someter a los indígenas aguachas de Tame, Patute, Macaguane, San Salvador y Betoyes, misiones en la ribera a lo largo del río Casanare. Entre 1732 y 1736 continuaron por el río Meta, a cuyas orillas fundaron las misiones de Guanapalo, Suramena, Jiramena y Casimena entre los ríos Cusiana y el Cravo Sur, afluentes del Meta. Estas misiones fueron sostenidas por


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8 grandes haciendas, que en 1767 llegaron a tener un rebaño combinado de 44.066 reses y 3.634 caballos36.

36

Jane Rausch, La frontera de los Llanos en la historia de Colombia (1830 – 1930), Trad. Nicolas Suescún, Bogotá, Banco de la Republica y El Áncora Editores, 1999, pp. 31 – 32.


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4. La Compañía de Jesús se establece en la Provincia de Antioquia

La presencia de la Iglesia católica en Antioquia para la época colonial fue de bajo perfil comparada con otras partes de Hispanoamérica como México, Lima y Quito y, para el caso de Nuevo Reino de Granada: Santafé, Tunja, Popayán, Pamplona y Cartagena. En parte la diferencia se explica por la carencia de una significativa población indígena, un elemento que en otros sitios atrajo a los misioneros europeos para convertir las nuevas almas a la religión católica37. Aunque la Provincia de Antioquia contó con algunos indígenas dispersos en numerosos y diversos grupos a lo largo de un extenso territorio, no tuvo una presencia importante de clérigos. Buena parte de los nativos que allí residían se resistieron a ser esclavizados y evangelizados por los españoles. Los conquistadores que permanecieron no lo hicieron para que los pocos aborígenes que habitaban en aquellas tierras fueran sus tributarios, sino para obtener el oro de veta y aluvión encontrado en el camino. Con los indios reducidos en corto tiempo, la única manera de extraer el mineral fue trayendo negros desde África para trabajar en las minas. En palabras del historiador Víctor Álvarez Morales, Antioquia se volvió una “sociedad esclavista”38. El oro se puede ver como el impulsador de la economía antioqueña, y después de ingresar los jesuitas a la Provincia no les fue indiferente este mineral. Acostumbrados a enviar predicadores para convertir en masa nuevas almas, acción que fue conocida como “misiones circulares” en el Nuevo Reino y “misiones populares” en España; los jesuitas Francisco Perlín (1570 – 1618) y Alonso de Sandoval (1576 – 1652) llegaron en 1608 a la alejada Provincia de Antioquia, seis años después de haber desembarcado en el 37

38

Patricia Londoño Vega, Religión, cultura y sociedad: Medellín y Antioquia 1850 – 1930, Trad. Carlos José Restrepo, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 31-32; Juan Manuel Pacheco SJ, Los Jesuitas en Colombia, tomo III, Bogotá, Editorial San Juan Eudes, 1959, p. 33-44. Víctor Manuel Álvarez Morales, “Antioquia colonial: La construcción de una sociedad esclavista”, Revista memoria, enero – diciembre, Bogotá, p. 58-89.


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puerto de Cartagena. Se concentraron en campamentos auríferos como Cáceres, Zaragoza y Remedios. En 1619 llegaron nuevos miembros de la Compañía de Jesús a misionar en Antioquia, estos fueron el padre Diego Sánchez de la Palma (1560 – 1532) y el hermano Juan de Ubalde, de nacionalidad francesa, quienes concentraron la atención en tierras zaragozanas. Cuatro años después regresaron los misioneros a la Provincia y predicaron en la Ciudad de Antioquia, donde llegaron los padres Vicente Imperial (1585 – antes de 1642) y Juan del Toro y Zapata (1596 – 1654). Este último fue el primer antioqueño en ingresar a la Compañía de Jesús39. Para 1640 con la instalación de la Compañía de Jesús en el valle del Cauca, fue trasladada la jurisdicción de los territorios antioqueños a la diócesis de Popayán. El primer paso de los jesuitas bajo esta nueva jurisdicción fue dado en 1645 por el padre Juan de Rivera (1607 – 1649), quien después de numerosas correrías llegó a la Ciudad de Antioquia, poco antes de las fiestas de la Inmaculada Concepción. Después de preceder el rezo de la novena, quedó una impresión positiva entre los habitantes de la Ciudad. El gobernador José de Biedma y Labastida, igualmente impresionado, convocó a cabildo el 11 de diciembre de 1646, para promover la fundación de una casa de la Compañía donde se pudiera enseñar, predicar y adoctrinar. Asistieron personas importantes de la sociedad, entre ellos el Alguacil, el Alcalde, el Depositario General, el Tesorero y el Procurador General. El 15 y el 24 del mismo mes se reunieron de nuevo los funcionarios y decidieron enviar una carta al padre Provincial del Nuevo Reino y ofrecer a los jesuitas la Iglesia de los Santos Mártires y seis mil pesos de capital

39

José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 58 - 60.


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como donación, para que se instauraran en la Ciudad de Antioquia y llevaran a cabo la fundación de un colegio40. No logré seguir la trayectoria del proceso fundacional intentado para el siglo XVII por la poca documentación existente. Esto fue debido a la prohibición de ingreso de jesuitas a las Indias que no vinieran de España y el descenso demográfico ocurrido en Antioquia entre 1650 y 1657, lapso de tiempo que contiene poca información respecto al tema. Existen datos del momento en que el obispo de Popayán, Vasco de Contreras, visitó la Provincia de Antioquia en 165841. Antes de que las provincias de Nuevo Reino y Quito se dividieran, los jesuitas alcanzaron a realizar dos misiones en la distanciada región. La primera tuvo lugar a final de 1690, y estuvo a cargo del misionero José de Casses (1644 – 1698), en compañía del Obispo Pedro Díaz de Cienfuego. Ambos pasaron por Cali, Buga, Aburrá, Antioquia y Sopetrán. La segunda misión se llevó a cabo en 1693, aunque no se tiene el dato de los jesuitas participantes, se sabe que pasaron por Antioquia, Medellín, Sopetrán, Ríonegro y algunas otras poblaciones y minas. Una vez se realizó la división entre el Nuevo Reino y Quito, Antioquia pasó a ser jurisdicción del Nuevo Reino42. Luego de todos estos antecedentes, en las dos primeras décadas del siglo XVIII, se hizo efectiva la fundación del colegio jesuita en la Ciudad de Antioquia.

4.1 Apertura del colegio de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia La obtención rápida de oro sumada a las relaciones mantenidas entre la élite antioqueña y los jesuitas — por la educación que recibieron algunos habitantes de Antioquia en el Colegio de San Bartolomé y la Universidad Javeriana en Bogotá, entre otros— animó a las familias 40

41 42

Germán Colmenares. Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada siglo XVIII, 2ª edición, Bogotá, Editores Tercer Mundo S.A. , 1998. p. 18; José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte... pp. 61 -163. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia… p. 63. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia… p. 64.


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pudientes a fundar un colegio en la Provincia para educar a sus hijos varones. Querían brindarles conocimiento académico y mayores posibilidades para ejercer

los cargos

burocráticos que ofrecía la corona española desde el siglo XVI: gobernador, alcalde, regidor o escribano. En otros casos, los provincianos prefirieron que sus descendientes entregaran la vida al servicio de Dios y fueron enviados a instituciones clericales para el aprendizaje y la difusión de la fe católica. Desde el siglo XVII, y primeras dos décadas del XVIII, comenzó una insistente solicitud, antes descrita, por parte de la élite de la Provincia de Antioquia, para fundar un colegio, bajo el argumento de evitar el envío de sus hijos a los centros educativos ubicados en la alejada Ciudad de Santa fe ( El Rosario y San Bartolomé) o de Popayán (San Francisco de Asís). Los regulares gestionaron la fundación de colegios en conjunto con la presión por parte de los vecinos. Para lograrlo fue necesaria la autorización de los superiores para recibir legados y donaciones, lograr movilizar las autoridades locales para autorizarla y el envío de informes al Vaticano sobre las condiciones económicas, políticas y culturales del territorio43. Al momento de fundar un colegio, los jesuitas encargados debían tener asegurados un promedio de 40.000 a 60.000 patacones, es decir de 20.000 a 30.000 pesos de oro en polvo (pues dos patacones equivalían a un peso de oro). Éstos eran donados en un principio por el patrono de la fundación y más adelante por los vecinos representativos del Nuevo Reino44. Para el caso de la Provincia de Antioquia, el cuadro Nº 2 muestra quienes donaron, entre 1719 y 1720, capital en oro para poder facilitar la estadía de los jesuitas en la Provincia y llevar

43

44

Renán Silva, Saber, cultura y sociedad en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVII y XVIII, 2ª edición, Medellín, La Carreta Editores E.U, 2004, p. 225, Germán Colmenares, Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada, siglo XVII, 2ª edición, Santa Fé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1998, pp. 39 – 40. Juan Manuel Pacheco, SJ, Los jesuitas en Colombia, Tomo I, Bogotá, Editorial San Juan Eudes, 1959, p. 495; Jane Raush, La frontera de los Llanos en la historia de Colombia (1830 – 1930), Trad. Nicolas Suescún, Bogotá, El Áncora Editores, 1999, pp. 31 -34.


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a cabo la fundaci贸n del colegio. El cuadro indica el valor de las donaciones y la fecha en que se hicieron. Sin embargo, quedan algunos datos por completar (ver cuadro N潞 2).


32 Cuadro Nº 2 Detalles de las donaciones para la fundación del Colegio jesuita de la Ciudad de Antioquia entre 1719 y 1720 NOMBRE

CARGO

PROVINCIA

Aguirre, Manuel Antonio Álvarez del Pino, Diego

Sin dato Sin dato

Antioquia Medellín

Bautista Eisaguirre, Juan

Cura coadjutor

Antioquia

Beltrán de Caicedo, Carlos Molina Borja y Ezpeleta, Gregorio Castañeda y Rodríguez, Juan Castrillón Vásquez, Lorenzo Cruz Castellanos, Martín de la

Sargento mayor Sin dato Sin dato Párroco de Medellín Licenciado, presbítero Maestro y cura de Diez de la Torre, Francisco José Sopetrán Eisaguirre, Antonio Capitán y tesorero Ferraro, Juan Bernardo Alcalde Antioquia Gómez de Salazar, Joaquín Sacerdote González de la Madrid, Alejandro Contador Guzmán, Francisco Sin dato Ibarra, Jerónimo Sargento Javier Rodríguez Sin dato Pino y Guzmán, Francisco J. del Sin dato Pino y Guzmán, Nicolás del Cura de Antioquia Pino y Guzmán, Nicolás del Sargento Rodríguez Vivanco, Felipe Maestre de campo Cura doctrinero Salazar Beltrán, Francisco Solano de Buriticá y Sabanalarga Salazar, Gaspar Sin dato Serna Palacio Vásquez, Francisco Párroco Rionegro José de la Alférez real de Serna Palacio, Pedro de la Medellín Tamayo, Baltasar Bachiller patrimonial Villa Hidalgo, Juan

Medellín Medellín Antioquia Medellín Antioquia Antioquia Antioquia Antioquia Medellín Antioquia Antioquia Antioquia Antioquia Antioquia Antioquia Antioquia Medellín Antioquia Antioquia Medellín Medellín Antioquia

Consultor santo oficio Antioquia

Zapata Gómez y Múnera, Francisco Cura y vicario de José Antioquia Zapata Múnera, Pedro Capitán Zapata, Francisco Javier Sin dato

Antioquia

V/R EN PESOS ORO 80 200 25 100 500 50 4.162 45 25 100 100 9.000 50 50 25 50 250 1.125 250 500 50 50 100 100 20 50 100

Antioquia Antioquia

50 50

TOTAL

17.257

Tomado de: Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689-1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, p. 219. Del texto original retiré la columna de fechas y lo organicé alfabéticamente por apellidos.


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En el cuadro Nº 2 es visible el aporte para la fundación del colegio de la Ciudad de Antioquia a cargo de la Compañía de Jesús, la participación de familias vinculadas al colegio de San Bartolomé, entre ellos: los Pino y Guzmán, los Serna Palacios y los Zapata Gómez de Múnera. Tambien es de destacar en el cuadro la captación de capital en oro, donaciones por parte de los vecinos en casas y esclavos, de los cuales, una vez se concluyó la captación necesaria, se fundó el colegio en 1726. Allí, los jesuitas enseñaron gramática y lengua latina a jóvenes entre los 12 y 15 años, materias básicas de la educación colonial. El colegio no alcanzó a ser un instituto de estudios generales ni universitarios con autoridad para expedir grados, lo que forzó, después de finalizar los estudios en Antioquia, a la migración de los estudiantes hacia otros colegios del Nuevo Reino de Granada o de España, como la Universidad de Salamanca, para continuar con los estudios superiores y obtener un título profesional45. El colegio contó con algunos antecedentes para hacerse efectiva la fundación en la Ciudad de Antioquia. En 1717 José Blanco, español, nacido en Galicia y vecino de Honda donó, en escritura hecha el 12 de marzo en Santafé, 40.000 patacones de a ocho reales y una mina que tenía en el Chocó, dejada a nombre de los padres Mateo Mimbela, Ignacio Meaurio, rector del colegio de Honda, y Andrés de Molina, para que fundaran en Mariquita el colegio46. Pero lo pequeño que resultaba ser el lugar no llamó la atención a las autoridades jesuíticas del Nuevo Reino y más bien intentaron desviar las intenciones del español hacia la Provincia de Antioquia y la Provincia de Maracaibo. El 21 de octubre de 1720 José Blanco, por medio de escritura 45

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Renán Silva, Los ilustrados de Nueva Granada 1760 – 1808: Genealogía de una comunidad de interpretación, Medellín, Fondo Editorial Universidad EAFIT, 2002, p. 46; Universidad y sociedad en el Nuevo Reino de Granada, Bogotá, Banco de la República, 1992, pp. 301-310; Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689 – 1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, p.70. Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689 – 1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, p. 77; José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 66 y 74.


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pública, destinó el capital donado a la fundación de un colegio en la Ciudad de Antioquia. Más adelante, el 5 de septiembre de 1722, el Rey de España, Felipe V, otorgó, por medio de una Real cédula firmada en Balsain, la licencia para el funcionamiento del colegio de los jesuitas, documento presentado ante la Audiencia de Santafé el 16 de septiembre de 1723, y en ella expresó: “…que en atención a que en dicha Provincia de Antioquia hay muchas familias nobles que la mayor parte de sus hijos se inclinan a las letras y por falta de enseñanza se ven malogrados sus deseos y fundándose este colegio pudiera educarse la juventud noble y pobre, cediendo en utilidad común, beneficio público y propagación de la luz evangélica y otros motivos que se expresan en la referida escritura…”47. Aunque no localicé información sobre los tres años posteriores a la entrega de la Real cédula, hay información a partir del 29 de julio de 1726, cuando el padre Francisco Méndez otorgó poder a los padres José Molina y Fernando Vergara, para poder iniciar el proceso de la fundación. El 17 de diciembre del mismo año el padre Molina presentó la Real cédula ante el gobernador de la Provincia de Antioquia, Facundo Guerra Calderón, quien la pasó al cabildo para que quedara registrada en los libros capitulares. El 29 de marzo de 1727 el padre Molina tomó posesión de la Iglesia de Santa Bárbara, donde asistieron el Gobernador y Fermín de Saldarriaga, esposo de María Teresa Landaeta. Para el 6 de agosto del año siguiente Francisco José Zapata y Múnera, vicario de la Ciudad de Antioquia, hizo la donación de la iglesia a nombre de la Compañía48. Durante cuarenta y siete años los jesuitas estuvieron educando y predicando en Antioquia hasta el momento de ser por primera vez expulsados. Durante ese tiempo adquirieron

47

48

AHA. Libros Capitulares, tomo 637, doc.10149, fols.43r-47v; AGI, Santafé, 404, citado en: José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 72 – 73; Gladis Márquez Palacios, “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689 – 1770”, Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, pp. 80 -81. La ortografía la cambié por la actual. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, p. 75.


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haciendas, ganado, alhajas, ornamentos y esclavos para la manutención del colegio y los integrantes de la Orden. No obstante, el tema relacionado con los bienes será tratado en la siguiente parte de esta monografía. Allí hago un balance de las propiedades que tuvo la Compañía en la Provincia de Antioquia y la manera como fueron inventariadas, avaluadas y rematadas por el Ramo de las Temporalidades, una entidad creada por el Rey de España para encargarse de administrar los bienes expropiados a los jesuitas.


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PARTE III. EXPULSIÓN DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS DE ANTIOQUIA Y REMATE DE SUS BIENES La expulsión de los jesuitas fue un hecho ocurrido en todos los dominios del Rey de España y las tierras de ultramar no fueron una excepción. Los virreinatos del Perú, el del Nuevo Reino de Granada, de Nueva España, la provincia del Río de la Plata, y la Capitanía General de Chile expulsaron a la Compañía de Jesús. En esta parte de la monografía repaso el proceso de expulsión de los jesuitas, con hincapié en la Provincia de Antioquia. Me interesa saber lo relacionado a los depósitos generales y las Juntas de Temporalidades creadas para administrar los bienes expropiados a los jesuitas. Muestro cómo fue el proceso de inventario, avalúo y remate de las propiedades. Por falta de documentación quedan algunos vacíos, pero el lector se podrá formar una idea de los bienes más representativos que llegaron a tener los jesuitas en Antioquia y en manos de quien quedaron.


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4. Expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles en 1767

La expulsión de los continuadores de Loyola de los dominios españoles ha sido atribuida a diferentes factores. José del Rey Fajardo explica que las causas fueron variadas y confusas. Entre ellas figuran las ideas anticlericales y antirreligiosas que trajeron consigo la Ilustración, y las supuestas maquinaciones con la masonería. También menciona la fuerza que adquirió el llamado “Estado jesuítico del Paraguay”, la oposición de otros religiosos y el tratado de límites de 1750 entre Portugal y España49. Una explicación en la que varios autores insisten fue en las consecuencias del levantamiento del pueblo en Madrid ocurrido el Domingo de Ramos del 23 de marzo de 1766, conocido en la historia como el “Motín de Esquilache”, un hecho que repercutió en París y llegó a tener graves consecuencias en Zaragoza (España). En 1932 Alonso Martínez Carrasco planteó que el motín en contra del Marqués de Esquilache, llevado a cabo por las reformas que impulsó en las costumbres, usos y modas del pueblo, fue la principal razón para expulsar a los jesuitas, pues se partía del hecho que ellos habían provocado el levantamiento50. Según Alonso Martínez por dicho acontecimiento, el Rey se vio obligado a viajar hacia Aranjuez por su seguridad. Desde allí nombró al militar, estadista y reformador ilustrado Pedro Pablo Abarca de Bolea, el Conde de Aranda, como Presidente del Consejo de Castilla, quien se encargó de calmar al pueblo enardecido. Poco tiempo después el Conde buscó pruebas que relacionaran a los jesuitas con el levantamiento en París y logró que el Rey firmara el Real Decreto para expulsar a estos religiosos, contando con la aprobación de la mayoría de los prelados españoles.

49

50

José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, p. 112. Alfonso Martínez Carrasco, La expulsión de los jesuitas: Precedente histórico de lo acontecido en el siglo XVIII, Madrid, sin editar, 1932, pp. 29 – 36.


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Después de hacerse pública dicha expulsión en España pasaron varios meses para que llegaran la orden a tierras hispanoamericanas. En las provincias del Nuevo Reino de Granada el contexto geográfico retrasó aun más el conocimiento de la orden, instrucción que se hizo efectiva en las siguientes fechas (ver cuadro Nº 3): Cuadro Nº 3 Mes y día de la expulsión en 1767 de los jesuitas de los distritos poblacionales del Nuevo Reino de Granada MES Julio

Agosto Agosto Agosto Octubre

DÍA

LUGAR

11 Mérida 15 Cartagena Mompox Santafé 1 Tunja Antioquia 2 Misiones del Orinoco 8 Pamplona Casanare 2 Meta

Elaborado a partir de: José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, p. 141.

En Antioquia, José Barón de Chávez, el capitán de infantería de los reales ejércitos, gobernador y comandante general de Antioquia recibió el encargo de expulsar a los jesuitas que residían en esta Provincia. Recibió la notificación de expulsión el 29 de julio de 1767 y la hizo efectiva el primero de agosto de ese mismo año. Habían transcurrido seis meses desde que el Rey de España, Carlos III, elaborara la Real Pragmática del 27 de febrero de 1767 y la pusiera, el 1 de marzo de 1767, en manos del presidente del Consejo de Madrid, el Conde de Aranda, quien la divulgó el 2 de abril.


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En el colegio que los jesuitas dirigían en la Ciudad de Antioquia se reunieron nueve “notables” para llevar a cabo la orden real: El gobernador, el escribano, los alcaldes Francisco Antonio Otero Cossio y Antonio José de la Fuente, el contador Manuel de Aguirre y el tesorero Francisco José de Ossa, junto con Diego Hernández de Sierra, José Joaquín de Otero Cossio y Francisco de Lora, vecinos importantes de la Provincia. Los sacerdotes a expulsar eran: Sebastián Sánchez, de cincuenta y dos años, nacido en Tequia (Santander - Colombia); José Salvador Molina, de cincuenta y ocho años, oriundo de Medellín; Manuel Vélez, de treinta y siete años, natural de la Ciudad de Santafé y Victorino Padilla, el rector, también original de Santafé, de cincuenta y cinco años. Los notables madrugaron para reunirse y dirigirse a la portería del colegio de la Orden, lugar al que llegaron a las cinco y cuarto de la mañana. Después de tocar la puerta, poco tardaron en ser atendidos y en entrar. El escribano, Juan Antonio de Orellana, procedió con la lectura de la Real Pragmática dictada por el Rey de España para expulsarlos: “[…] he venido a mandar se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás coadjutores a los religiosos de la Compañía. Así sacerdotes, como coadjutores, o legos que hayan hecho la primera profesión, y a los novicios, que quisieren seguirle: y que se ocupen todas las temporalidades de la compañía en mis dominios […]”51 El contenido de la Pragmática no aclara los motivos por los cuales Carlos III decretó la expulsión. Una vez el escribano terminó de leer, los padres obedecieron e instantáneamente el Gobernador dio por ocupadas las “temporalidades”, es decir, los bienes que poseían en Antioquia, los cuales pasaron a ser administrados desde el colegio. El Gobernador pidió las llaves, tanto de lo perteneciente a la comunidad como de aquello que contenían los aposentos

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ANG, Temporalidades, tomo 14, folios 142v - 143r. La ortografía original la modifique bajo los criterios actuales.


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de cada uno de los mencionados sacerdotes, también de los escritorios, las arcas y de todos lo papeles comunes y particulares52. El 5 de agosto de 1767, después que los notables terminaron de inventariar los cuartos de los padres Sánchez, Vélez y Molina, y los bienes a su cargo, salieron del colegio acompañados del alcalde ordinario Antonio José de la Fuente y de algunos soldados hacia el puerto del Espíritu Santo, para salir hacia la Villa de Mompox53. Solo quedó en la ciudad el rector, entregando los censos, lista de deudas, capillas, iglesias, y demás bienes que la Orden tenía en Antioquia. El 17 de agosto de 1767, tan pronto finalizó la entrega, acosado por problemas de salud, partió hacia Mompox en compañía del teniente capitán José Joaquín de Solís y de Luís Hernández, designado por el Gobernador para acompañarlo al puerto de Espíritu Santo. Allí lo esperaban los otros tres jesuitas del colegio, a cargo de Antonio José de la Fuente. El padre rector no alcanzó a salir del virreinato, pues murió el 1 de enero de 1768 en Cartagena, debido a los “paroxismos” (ataques) que sufrió durante su traslado al puerto 54. Casi un mes después los jesuitas, sin la compañía del padre Victorino Padilla, se embarcaron, en el navío Loreto rumbo a La Habana. Tras veinte días de navegación llegaron el 9 de noviembre d 1767. El siguiente destino desde la Habana fue Cádiz. El viaje duró un total de noventa días. Llegaron cinco días después de la celebración de Año Nuevo, el 6 de enero de 1768. Seis meses después se les comunicó que debían abandonar España y partir hacia la isla de Córcega. Como Francia le compró la isla a Génova, en el mes de septiembre tuvieron que partir de nuevo 55. Se dirigieron a Porto Fino, en Italia, donde permanecieron anclados del 2 al

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AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3281, folio 16r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3281, folios 18v – 19r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3290, folios 93r – 96r. La información también se puede encontrar en: AGN, Serie Temporalidades, vol. 17, folios 736r – 913r; José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 149 – 221. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 144 – 147.


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12 de septiembre. Luego fueron trasladados a Sestri, de donde continuaron a Parma, lugar desde donde se repartieron a localidades. La expulsión fue rápida y sutil, la idea era evitar inconvenientes con los allegados de los jesuitas e impedir que estos tuvieran tiempo de huir al conocer las órdenes del Rey. Así mismo, a la corona le preocupó que sus bienes no pasaran a manos de otras personas o no dejaran rastro de sus archivos.


42 6. Creación del Ramo de las Temporalidades en España y en sus colonias

Después de la expulsión de los jesuitas comenzó el proceso de confiscar y administrar los bienes que les fueron expropiados. El Rey de España delegó a los vecinos y residentes importantes de cada ciudad y provincia el trabajo de inventariar, avaluar y vender dichos bienes. Para ello se crearon inicialmente Depósitos Generales y luego Juntas Superiores y Juntas Provinciales de Temporalidades, con potestad para crear juntas municipales en los lugares apartados. El tercer tomo de los Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús, del sacerdote jesuita José del Rey Fajardo contiene una recopilación de los documentos históricos de mayor importancia sobre la expulsión y posterior creación del Ramo de las Temporalidades. Comencemos por el proceso de expulsión para entender la manera como se efectuó el secuestro de los bienes a la Orden religiosa. Desde España, el 20 de marzo de 1767, el Conde de Aranda envió una carta redactada por Carlos III el 1 de marzo de 1767con instrucciones para expulsar a los jesuitas. Esta no podía ser abierta hasta el 2 de abril del mismo año, para que así se efectuara la expulsión de manera sincronizada en todos los reinos de España56. Las instrucciones, compuestas por 29 numerales, exponen el manejo administrativo que debían darse a los bienes, antes de crearse el Ramo de las Temporalidades. Según el numeral seis: “Hecha la intimación procederá sucesivamente en compañía de los Padres Superior y Procurador de la Casa á la judicial ocupación de Archivos, Papeles de toda especie, Biblioteca común, Libros, y Escritorios de Aposentos; distinguiendo los que pertenecen á

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José del Rey Fajardo, SJ, “Carta circular con remision del pliego reservado, a todos los pueblos en que existian Casas de la Compañía; y se dirigio a sus Jueces Reales Ordinarios”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, p. 91.


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cada Jesuita, juntándolos en uno o mas lugares; y entregándose (sic) de las llaves el Juez de Comisionado”57. En el numeral siete y ocho de la instrucción se ordenó continuar con el secuestro de los caudales y demás efectos de importancia de los jesuitas, cualquier título de renta o depósito y las alhajas de sacristías e iglesias. Las instrucciones fueron acompañadas por una adición, con la lista de los lugares donde había colegios, casas y residencias de los regulares de la Compañía en las Indias e Islas Filipinas. Para el caso del virreinato del Nuevo Reino de Granada fueron mencionados Antioquia, Cartagena de Indias, Santo Domingo, Santafé, Fontibón, Honda, Mérida, Mompox, Pamplona, Tunja y las misiones de los Llanos, el río Meta y el Orinoco58. Todos los bienes de la Compañía de Jesús debían pasar a manos de las personas encargadas por la corona, quienes entregaron algunos bienes a obras pías (dotación de parroquias pobres, fundación de seminarios conciliares, creación de casas de misericordia) de acuerdo con el parecer de los obispos59. Cinco días después de darse a conocer la real sanción para expulsar a los jesuitas fue expedida otra instrucción donde los comisionados debían hacer los inventarios de los papeles, muebles y efectos religiosos de la Compañía de Jesús. La instrucción, dividida en nueve numerales, legaba a los encargados que pesaran los alimentos perecederos y venderlos antes de su deterioro. En otro numeral se ordenó que fuera nombrado un integrante eclesiástico para que figurara en la diligencia pública remitida. Los encargados debían cobrar y pagar los 57

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José del Rey Fajardo, SJ, “instrucción de lo que deberan ejecutar los comisionados para el extrañamiento, y ocupación de bienes y haciendas de los Jesuitas en estos Reynos de España é Islas adyacentes, en conformidad de lo resuelto”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, p. 93. José del Rey Fajardo, SJ, “Pragmatica sanción de su majestad, en fuerza de Ley, para el estrañamiento de estos Reynos á los Regulares de la Compañía, ocupación de sus Temporalidades, y prohibición de su restablecimiento en tiempo de alguno, con las demas preocupaciones”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, pp. 102. José del Rey Fajardo, SJ, “Pragmatica sanción de su majestad, en fuerza de Ley, para el estrañamiento de estos Reynos á los Regulares de la Compañía, ocupación de sus Temporalidades, y prohibición de su restablecimiento en tiempo de alguno, con las demas preocupaciones”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, pp. 105 – 109.


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caudales, además de despedir al personal que consideraran sobrante en las propiedades que fueron de los jesuitas. Debían hacer de forma urgente un inventario de las alhajas de iglesia y sacristía, mientras quedaban cerradas, y recoger los caudales de la Compañía que tuvieran personas ajenas60. El 23 de abril de 1767 se divulgó una nueva instrucción para inventariar los libros y papeles que tenían los jesuitas en haciendas, colegios, minas, entre otros. Las instrucciones indicaban que se debía dividir los papeles en impresos y manuscritos, aclararse el tamaño, colocarse en orden alfabético en un índice por apellidos de los autores y en paréntesis el nombre, seguido del lugar y año de la edición. Había que aclarar la cantidad de folios y el tipo de letra con que fueron escritos. Una vez terminaran tal labor los textos debían pasar a la librería, para disponer luego de ellos. Las cartas encontradas tenían que ser divididas en tres partes: correspondencia de interés pecuario, correspondencia literaria, y correspondencia privada en que se trataran asuntos del gobierno. Una vez divididas debían ser organizadas en legajos por fechas61. Para cumplir con todas las órdenes el Rey de España redactó una real cédula compuesta de seis capítulos para crear un Depósito General, con un tesorero general encargado de reconocer los caudales con el fin de no exponer los bienes a contingencias62. En el primer numeral se expresaba que: “Se formará en la Pieza destinada por el Tesorero general, inmediata á la Caxa principal, el Depósito general de todos los Caudales, que produzca el embargo, administración, y 60

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José del Rey Fajardo, SJ, “Instrucción del modo con que deben de hacer Comisionados los Inventarios de los Papeles, muebles, y efectos de los Regulares de la Compañía, y Interrogatorio por el qual deben ser preguntados sus Procuradores”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, p. 113 -118 José del Rey Fajardo, SJ, Intruccion de lo que se deberá observar, para inventariar los Libros y Papeles existentes en las Casas, que hán sido de los Regulares de la Compañía, en todos los Dominios de S.M.”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, p. 118 – 121. José del Rey Fajardo, SJ, Real cédula, sobre crear Depositaria General para el resguardo y manejo de los caudales de los Jesuitas de España, é Indias, despues de su estrañamiento”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, Academia Nacional de Historia, 1974, p. 121 – 131.


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destino de los bienes, que pertenecían a los Regulares de la Compañía, del nombre de Jesús, en estos Reynos, y Dominios de S.M, con absoluta separación, é independencia de los caudales de la Real Hacienda, así por su destinada naturaleza, como porque algunos los reivindicarán sus Dueños, á título de depósito, por interés parciario, ó por crédito contra las Casas de la Compañía, y se les deberán volver, ó entregar en virtud de formales Libramientos del Consejo Extraordinario, á cuya sola privativa jurisdicción corresponde el uso, y conversión de los citados caudales”63. El Depósito General, según la Real cédula, contaría con tres llaves: una para el Tesorero General, quien debía tener a su cargo la recolección de los caudales del Depósito. Otra para el Contador Interventor, encargado de hacer la entrega y pagos correspondientes a las propiedades y el Depositario General, persona que entregaría los pagos recibidos a la Real Hacienda64. Una vez terminados los inventarios se ordenó, el 9 de julio 1769, crear Juntas de Temporalidades para administrar los bienes que fueron de los jesuitas, continuar con su avalúo y remate. Fueron diez juntas inicialmente encargadas a los virreyes, gobernadores, presidentes y el Reverendo Arzobispo o Reverendo Obispo para apoyar y supervisar las labores. Los integrantes de las juntas debían presentar informes al Conde de Aranda, quien comunicaría al Rey de las novedades en ultramar (ver cuadro Nº 4).

63

64

José del Rey Fajardo, SJ., “Real cédula, sobre crear Depositaria General para el resguardo y manejo de los caudales de los Jesuitas de España, é Indias, despues de su estrañamiento”, Documentos jesu��ticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, Academia Nacional de Historia, 1974, p. 123. José del Rey Fajardo, SJ., “Real cédula, sobre crear Depositaria General para el resguardo y manejo de los caudales de los Jesuitas de España, é Indias, despues de su estrañamiento”, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III… p. 123 – 127.


46 Cuadro Nº 4 Encargados de las Juntas de Temporalidades en territorios del Rey de España según la jurisdicción en 1769 LUGAR Capitanía General de Chile, las Islas Chiloé Distrito de la Isla de Santo Domingo Isla de Cuba Islas Filipinas y Marinas

ENCARGADO Presidente

Gobernador y Presidente de la Real Hacienda Gobernador de La Habana Gobernador, Capitán General residente en Manila Misiones de Venezuela, Cumaná, Gobernador de Caracas con La Guayana, Orinoco alto y bajo independencia de los virreyes de Nueva España y Santafé Provincias de Tucumán, Gobernador de Buenos Aires Paraguay y Buenos Aires Real Audiencia de Guatemala Gobernador y Presidente Reales Audiencias de México y Virrey de México Guadalajara Virreinato del Nuevo Reino de Virrey de Santafé Granada Virreinato del Perú Virrey de Perú José del Rey Fajardo, SJ, Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III, Academia Nacional de la Historia, Caracas, pp. 182 – 183.

Los integrantes de las juntas, excepto los fiscales y el Procurador síndico, tenían voto decisivo en los quehaceres respecto a los bienes. Cada una de las juntas principales tenía la obligación de hacer la lista de colegios, casa de residencias, misiones, o doctrinas y cualquier otro establecimiento que hubieran tenido los Regulares de la Compañía en sus respectivos territorios. Como no era fácil que estas audiencias superiores tuvieran cobertura en todas partes por las largas distancias, se ordenó formar unas juntas subalternas, con el propósito de facilitar la recolección de información sobre los bienes. Éstas podían estar compuestas por el Gobernador de la provincia, Corregidor o Alcalde Mayor, junto con un Obispo o persona nombrada por este, y el procurador síndico, siempre y cuando no hubiera en estos lugares Audiencia Real.


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La intención de la Corona con los ingresos recaudados con los remates fue plasmada en una Real cédula de 1768. En ella se estableció la facultad del Rey para disponer de los bienes de los expulsos, las fundaciones y obras pías, para sostener la enseñanza de primeras letras y latinidad, delegada en maestros y preceptores seculares, y mantener a los jesuitas por fuera de sus dominios. Además, el Rey destinó los ingresos recaudados de las Temporalidades para pagar las deudas de la Corona65. En el virreinato de Nuevo Reino de Granada se crearon varias juntas subalternas, entre ellas, la Junta Municipal de las Temporalidades de la Provincia de Antioquia. Sobre esta es poco lo que se conoce, pero pongo a consideración algunos aportes importantes acerca del funcionamiento de la misma. La Junta Municipal comenzó a funcionar desde 1769. Posteriormente el virrey, en cumplimiento de dos reales órdenes, recibidas el 31 de enero de 1784 y 13 de marzo de mismo año, libradas por Carlos III en Pardo, suspendió las Juntas Municipales dejando en funcionamiento solo las juntas superiores y principales de cada capital. Aquella que quedó en funcionamiento para el virreinato del Nuevo Reino de Granada fue la Junta Superior de Santafé. Si existía algún problema para suprimir alguna junta ésta podía quedar en funcionamiento, pero debía permanecer bajo un estricto control. El cuadro que presento a continuación evidencia que la Junta Municipal de Antioquia no fue suprimida.

65

Lía Quarleri. “La administración laica de los bienes de los jesuitas de La Rioja: Producción, ingresos y malversación fiscal”. Mundo Agr, vol. 1, No.2, junio, Buenos Aires, CONICET - Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2001, p. 1.


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Cuadro Nº 5. Carga y descarga del Ramo de Temporalidades en Antioquia entre 1773 y 1800 AÑOS 1773 1774 1775 1776 1777 1778 1779 1780 1781 1782 1783 1784 1785 1786 1787 1788 1789 1790 1791 1792 1793 1794 1795 1796 1797 1798 1799 1800

REMISIONES GASTOS No hubo 143 No hubo 418 No hubo 87 No hubo 168 2.544 33 No hubo 2.596 No hubo 338 2.008 81 1.586 1.160 No hubo 285 No hubo 75 1.828 16 1.753 340 405 92 967 91 3.830 112 397 70 622 106 1.226 177 1.002 21 1.013 105 287 13 669 56 1.214 64 2.263 9 1.185 22 2.540 7 1.043 11

TOTAL 143 418 87 168 2.577 2.596 338 2.089 2.746 285 75 1.844 2.093 497 1.058 3.942 467 728 1.403 1.023 1.118 300 725 1.278 2.272 1.207 2.547 1.054

Elaborado a partir de: AGN, Temporalidades, tomo 20 folios 910v – 911r.

Los encargados de los libros, cuentas y papeles de los bienes que pertenecieron a los regulares extinguidos tenían la responsabilidad de pasar una relación detallada de cada hacienda, fincas o rentas en un término de cuatro meses. En la Provincia de Antioquia se dio la orden a conocer el 9 de septiembre de 1784. Inmediatamente reaccionaron los funcionarios


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que hacían parte de la Junta de Antioquia para que no fuera suprimida, pero la decisión quedó a disposición del Virrey66. El 13 de marzo de 1784 llegó una nueva Real Orden según la cual los virreyes, presidentes y gobernadores debían asistir a las tres clases de Juntas de las Temporalidades mandadas a formar con destino de pleitos, ventas y ocupaciones, que fue remitida a Antioquia cinco meses después, el 15 de agosto de 178467. Las cuentas que elaboraron los administradores del Ramo de las Temporalidades en Antioquia dejan ver, año tras año, como se desenvolvieron las compras, gastos, cobros y demás actividades a cargo de esta entidad.

66 67

AHA., Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3306, folios 343r – 344r. AHA., Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3307, folios 345 – 347.


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7. Inventario, avalúo y remate de los bienes que fueron de los jesuitas en la Provincia de Antioquia

El Rey de España ordenó, por medio de la Real Pragmática del 2 de abril de 1767, inventariar los bienes expropiados a los jesuitas. Posteriormente ordenó su avalúo y remate. Cabe repasar que es un inventario, un avalúo y un remate. En el Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia de Joaquín Escriche68, por inventario se define el asiento de los bienes y demás cosas pertenecientes a una persona o comunidad, hecho con orden y distinción. Un avalúo es un dictamen técnico en el que se indica el valor de un artículo a partir de sus características físicas, su ubicación y su uso. Los artículos descritos en el avalúo deben ser examinados por un avaluador especializado, el cual debe presentar una descripción detallada de los mismos, especificando las condiciones y el lugar en que se encuentran, de acuerdo con las metodologías valuatorias de la época. Por remate se entiende la adjudicación para vender los bienes en almoneda o subasta pública al comprador de mejor puja o condición. Los inventarios de los bienes temporales que fueron de los jesuitas se efectuaron inmediatamente después que los religiosos fueran declarados expulsos. La Real Orden pasó del Rey de España al Conde de Aranda, luego a los virreyes y finalmente a los gobernadores o regidores de cada virreinato. En la Provincia de Antioquia, el Gobernador fue el encargado de delegar en varias personas representativas de la sociedad local: el Alcalde, el Contador Público y el Tesorero, la tarea de desplazarse hacia las haciendas y otros lugares a tomar nota de las propiedades y bienes que tenían los religiosos para 1767 (ver cuadro Nº 6).

68

Joaquin Escriche, Diccionario razonado de legislacion y jurisprudencia., Bogota, Temi, 1977.


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Cuadro Nº 6 Encargados de los inventarios de algunos bienes expropiados a los jesuitas en la Provincia de Antioquia en 1767 BIEN

PERSONAS ENCARGADAS DEL INVENTARIO

José Barón de Chávez, Miguel de Aguirre y Francisco José de Ossa Congregación de la María José Barón de Chávez, Juan Antonio del Santísima de la Luz Toro, Manuel Aguirre y Victorino Padilla Congregación Nuestra Señora de Juan Antonio de Toro Cataño, Victorino los Dolores Padilla y Manuel de Aguirre Congregación Sagrados Corazones José Barón de Chávez, Juan Antonio del de Jesús Toro, Manuel Aguirre y Victorino Padilla Estancia de Cauriba Francisco Solano Santana Hacienda de Abejuco Francisco Solano Santana Antonio José de la Fuente, José Pablo de Hacienda del Tejar Orellana y Fermín Garcés Mejía Hatillo de Guindar Francisco Solano Santana Hato de Pabón Francisco Solano Santana Horno acabado (Ubicado en José Barón de Chávez, Victorino Padilla, Tonusco) Manuel de Aguirre, José Holguín José Barón de Chávez, Victorino Padilla, Horno de cal (Ubicado en Tajami) Manuel de Aguirre y José Holguín José Barón de Chávez, Juan Antonio del Iglesia del Colegio de Antioquia Toro y Victorino Padilla José Barón de Chávez, Victorino Padilla, Iglesia Santa Bárbara Manuel de Aguirre y José Holguín Mina San Ignacio de la Miel Francisco Solano Santana Colegio de Antioquia

Tomado de: AHA, Serie Temporalidades vol. 118, doc. 3285.

El cuadro Nº 6 ofrece un panorama de algunos bienes productivos e implementos de culto que tuvieron los jesuitas activos en Antioquia. El inventario no requirió mayor complicación en su realización, pues solo se necesitaba nombrar a alguien para que se hiciera cargo de tomar nota de los bienes a medida que le eran entregados. El cuadro muestra las personas a quienes les fue asignada esta tarea. El avalúo requería un poco más de trabajo, por la necesidad de tener a alguien conocedor en el tema, en la mayoría de los casos, para el templo y las casas, se requirió de presencia de una carpintero para avaluar los bienes de madera, situación que se observará más adelante cuando se describa cada una de las propiedades y bienes que fueron


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arrebatados a los jesuitas. El remate fue un proceso lento, en algunos casos necesitó de años para hacerse efectivo. Como lo verán en el remate efectuado a una casa que quedaba enseguida del colegio de los jesuitas, la cual demoró siete años para ser rematada por los problemas que se presentaron en las posturas de los pobladores. El proceso del remate requería de varios pasos y tomando como herramienta los remates consultados realicé la siguiente descripción del proceso: 1. Postura de alguna persona sobre uno o varios de los bienes. 2. Aceptación de la postura por parte de la Junta Municipal de las Temporalidades en Antioquia. Se mandan a decir treinta pregones, 3 cada 9 días, según lo estipulado por la ley. En algunos casos, los pregones varían según lo decidía la Junta. 3. Se cita al postor y al Administrador de las Temporalidades para que el día de los pregones se presente a rendir cuenta del estado de los bienes a rematarse. 4. Los primeros tres pregones se decían en las puertas de la Real Contaduría, en la que se enuncia el valor de la postura, describiendo el bien a rematar, se especifica si se paga de contado o a censo redimible, aclarando a cuánto tiempo; y poniendo a consideración quien quería mejorarlo. Siempre se enuncian los pregones poniendo de manifiesto las posturas realizadas antes del remate, bajo la expresión, “se dieron los “X” pregones con las voces de los primeros”. 5. El postor presenta sus fiadores. 6. El fiador manifiesta si acepta ser o no fiador del postor que lo nombra. 7. La Junta Municipal solicita al procurador general que estudie los fiadores, si son de buen abono, es decir, si las propiedades que pone como respaldo, cubren el valor principal del remate. Por lo general, se exigía que los bienes que respaldaran la deuda fueran de propiedad raíz. 8. La Junta solicitaba al escribano que comunicara al postor los resultados de la evaluación de los fiadores presentados. En caso de tener inconvenientes con algunos de los fiadores, el postor presentaba uno nuevo, o ponía como respaldo alguna otra propiedad que él mismo poseía. 9. La Junta daba por aceptado el remate y se realizan de nuevo los pregones en espera de que aparezca un mejor postor. En caso de no ocurrir esto, se remataba el bien a la persona que presentó primero su postura. Se le hacía entrega pública del bien, y el postor aceptaba no poder dar marcha atrás y quedarse con el bien rematado reafirmando las condiciones ofrecidas para su remate, como el pago del 5 % anual, sobre el bien, y entregar la correspondiente escritura del censo, donde se especificaban las obligaciones a las que quedaba comprometido. 10. La Junta solicitaba al escribano que sacara testimonio del remate y sus posturas, para enviarlas a la junta provincial de Santafé para su aprobación. 11. El fiscal de la Junta de Santafé revisa la diligencia de remate y notifica si existe reparo alguno sobre dicha diligencia. 12. Cuando el remate era una propiedad raíz se efectúan 30 pregones.


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13. Los postores o fiadores no podían vender, enajenar, ni hipotecar la propiedad que ponían como respaldo del pago69. Las ofertas o posturas hechas sobre varios esclavos dejan ver el proceso de remate, principalmente al momento de hacerse efectiva la entrega a su postor. Por ejemplo, el 20 de julio de 1772, Salvador Callejas, vecino de la Ciudad de Antioquia y alcalde pedáneo del partido del Tonusco, hizo postura ante los integrantes de la Junta Municipal de Temporalidades de Antioquia sobre una esclava por su avalúo, de 150 pesos de oro en polvo, cantidad que entregaría después de un año cumplido a partir del día que le fuera traspasada la esclava70. Los integrantes de la Junta de Temporalidades emitieron un auto para admitir la postura. El mismo decreto autorizó dar inicio a los pregones desde el 20 de mayo de 1772 hasta el 11 de junio del mismo año. Concluidos los pregones en vista de que no hubo mejor propuesta que la de Salvador Callejas, se le mandó a comunicar la aprobación del trato. Éste presentó como fiadores a Juan Antonio Zavala, rechazado por los integrantes de la Junta el 2 de julio de 1772 porque los bienes que ponía para cubrir la deuda no alcanzaban para suplir el valor de la esclava71. Como siguieron los inconvenientes, Callejas puso una propiedad personal de pan coger que cumplía con los requisitos. Pero la esclava María Antonia a la cual hizo postura era utilizada por las Temporalidades en el trabajo de una de las haciendas, así que propusieron remplazarla por otra, llamada Felipa. La posición de Callejas fue sostener la postura sobre la negra María Antonia y al final, el 18 de julio de 1772, en las puertas de la Real Contaduría, se hicieron los últimos tres pregones. Repetidas las posturas tres veces y sin haber mejor postor se

69 70 71

AHA, Serie Temporalidades, tomo 112, doc. 3197. Tomo 116, doc. 3250. Tomo 123, doc. 3395. AHA, Serie Temporalidades, tomo 116, doc. 3250, folio 240r. AHA, Serie Temporalidades, tomo 116, doc. 3250, folios 243v – 244v.


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mandó que Salvador Negro, el pregonero, avivara o aumentara la voz haciendo los últimos tres pregones y finalizados dice:

“[…] añadiendo en el primero a la una; en el segundo, a las dos; y en el tercer a las tres; pues que no hay quien puje, ni quien diga más, que los 150 pesos de oro de esta postura, que buena, que buena, que buena prole haga el remate de dicha esclava en el nominado Salvador Callejas, quien estando presente, otorgó que la aceptaba, y aceptó con renunciación de poder alegar de contrario, y en su consecuencia le fue entregada la referida esclava María Antonia, de que tomó posesión en forma, sobre que de nuevo se obliga a la satisfacción del principal y rédito del 5 %, con plazo de un año desde el día de la fecha que deberá correr72” Finalmente, la Junta le pidió al escribano que sacara testimonio del remate y sus posturas para recibir la aprobación final de la Junta Provincial de las Temporalidades de Santafé. El fiscal notificó la legalidad del remate el 7 de diciembre de 1772. Cabe aclarar que no todos los remates muestran una información tan rica y detallada. El ejemplo anterior describe bien el proceso. El hecho de que se tratara de una esclava, una hacienda, el ganado, o las casas, no variaba mucho el procedimiento. En algunos casos solo variaba la cantidad de pregones. No todos los bienes fueron rematados, pues algunas propiedades se donaron o utilizaron por mandato de la corona para otros fines. Tal fue el caso del colegio de los jesuitas en Antioquia, el cual se convirtió en hospital.

7.1 El colegio de la Compañía de Jesús Continuo a la iglesia de Santa Bárbara se conserva en la actualidad el edificio del Colegio de Antioquia que ocuparon los jesuitas La institución sirvió, diferente a fines educativos, como centro administrativo en el manejo de las haciendas, las minas, las salinas, y otros bienes productivos que sirvieron de manutención a la institución, a los integrantes de la Orden

72

AHA, Serie Temporalidades, tomo 116, documento 3250, folio 247r – 249r.


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religiosa y su servidumbre. El funcionamiento del colegio regía de la siguiente manera: las haciendas eran administradas por hermanos coadjutores, religiosos que no continuaron con estudios superiores en filosofía y en teología, los cuales se encargaban de controlar a los mayordomos, esclavos y jornaleros. El encargado de vigilar a los coadjutores era el procurador, quien asistía al rector del colegio en lo relacionado a cuestiones financieras correspondientes a la contabilidad de los bienes productivos. Además, se encargaba de cuestiones legales, litigios y realizar contacto con comerciantes para vender los excedentes de las producciones. El papel que cumplían era de mucha importancia, pues manejaba cierta autonomía frente al rector, la mayor autoridad del colegio y responsable final de todo el funcionamiento de la institución. Finalmente estaban las máximas autoridades de la Provincia Jesuita, quienes enviaban a un encargado de la Orden para fiscalizar y promover el funcionamiento uniforme de los colegios. Luego desde Roma, lugar donde permanecía el General de la Orden de los jesuitas, se vigilaba el funcionamiento general de los colegios, misiones y economía, siendo los encargados de hacer recomendaciones o hacer efectivas las sanciones73. En el inventario efectuado por el gobernador José Barón de Chávez, el contador público Miguel de Aguirre y el tesorero de las Reales Cajas de Antioquia, Francisco José de Ossa Zapata, el 2 de agosto de 1767, se trae a colación la descripción realizada por el escribano Juan Antonio de Orellana, que permite conocer la estructura y composición de la institución educativa de los jesuitas en Antioquia, la cual presento a continuación. El colegio estuvo construido por una serie de galerías que se comunicaban a través de pasadizos. En la entrada tenía un portón principal que medía de ancho tres varas74. Contaba con dos compuertas con su cerradura y, en una de las paredes, colgaba un cuadro de Santa

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74

Edgardo Pérez Morales, “Espacios y vida material en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII”, Monografía de pregrado en historia, Universidad Nacional de Medellín, 2005, p. 65. La vara castellana como medida de longitud utilizada corresponde a: 1v. =0,84m.


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Bárbara. El patio del primer claustro tenía una parte sin enladrillar y la cocina; el segundo claustro conducía a dos filas de aposentos, uno frente a otros; dos aposentos con vista a la calle, y otros dos internos, contiguos al área común y al patio central. Éste último estaba rodeado por un pequeño jardín donde pasaba la acequia de la Ciudad, por un pasadizo en el que había un farol de vidrio y una campana con la que se llamaba en la noche a confesión75 (vero foto Nº 1).

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AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folio 57v.


57 Sede del antiguo Colegio de los jesuitas en Antioquia

1. Los jesuitas fueron los primeros religiosos en establecer una institución educativa en la Ciudad de Antioquia. Para la fecha aún se conserva parte original de la estructura colonial. Fotografía de Felipe González Mora, 2006. (José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, p. 341).


58 Plano Nº 1 Localización del Colegio de los Jesuitas de la Ciudad de Antioquia

“Situado sobre la calle de la Amargura y contiguo a la Iglesia de Santa Bárbara, se encuentra el antiguo edificio que construyó y ocupó el colegio de Antioquia”. (José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 229 - 331).


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La estructura del colegio recaía sobre diecinueve arcos de ladrillo, cal y pilastras. Tenía un segundo nivel que se extendía sobre los aposentos del primer piso y al que se accedía por medio de una escalera de adobes con pasamano de barandilla de madera. Cada aposento tenía puerta con cerradura, ventana de madera y una división de tabla que separaba el dormitorio de una pequeña sala que había en su interior76. Uno de los aposentos era el rectoral, la oficina principal del colegio, desde donde el padre rector atendía todo lo concerniente a la administración del colegio y a los asuntos de la Compañía. A diferencia de los demás aposentos, no tenía división de madera, y el espacio del dormitorio era igual al de la sala. Estaba construido en ladrillo y se encontraba contiguo a la librería, la despensa y a un cuarto en el que se almacenaba la madera empleada en la construcción de la iglesia nueva. Los cuadros de Nuestra Señora de los Dolores y San Antonio colgaban de sus paredes conjuntamente con la efigie del señor crucificado y un lienzo pequeño de la Virgen del Carmen. Un escritorio, diecisiete sillas, diez mesas grandes, cinco estanterías de libros, cinco cajones − de los cuales dos contenían hierbas medicinales −, un bastidor, un taburete y un archivo de escaparate, eran los implementos que constituían los muebles principales de esta oficina. Balanzas, candelabros, posuelos, platos, vasos y un reloj reposaron sobre los muebles, al igual que los tinteros y las resmas de papel empleados en la administración del plantel.

76

AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folios 56r – 57v.


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Plano Nº 2 Colegio de Antioquia. Interpretación gráfica de la primera y segunda etapa

Con base en la descripción que aparece en los documentos históricos, Felipe González Mora recrea este plano la estructura interna del colegio que albergó estudiantes y sirvió como lugar de residencia de los jesuitas. (José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, p. 337).


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Los jesuitas dejaron después de ser expulsados documentos concernientes al manejo y dirección del colegio, de los bienes, las comunicaciones que recibían de sus superiores desde España y Santafé de Bogotá. Entre los documentos figuran: inventarios de alhajas y propiedades; bulas sobre la Compañía, misiones y doctrinas; correspondencia recibida de los padres generales y provinciales sobre materias espirituales y temporales del colegio; títulos de compra, venta y donaciones sobre propiedades, tierras, minas y esclavos; cuentas de cobro; reales cédulas, dispensas sobre matrimonios y promoción del culto y veneración de la virgen de la pura y limpia concepción - patrona de la Compañía-; deudas contraídas por los regulares; escritos sobre cancelación de hipotecas y libros relativos al manejo y conducción de los menesteres del colegio. El cuadro Nº 7 permite observar los libros encontrados por los funcionarios del Ramo de las Temporalidades de la Provincia de Antioquia. Cuadro Nº 7 Libros de cuentas del “archivo de escaparate” que la Compañía de Jesús tuvo en el Colegio de Antioquia en 1767

TÍTULO

AÑO / INICIO CUENTAS

Libro de recibo del colegio de Antioquia Libro de gastos del colegio de Antioquia Libro de iglesia y sacristía de este colegio de Antioquia Libro de gastos de la obra de la iglesia Cuaderno de cuentas de los peones que trabajan en el colegio Gasto de lo que voy dando al albañil y peones de la obra, y carpintería Cuaderno de la obra de la iglesia en que se van apuntando los gastos, del albañil, carpinteros, y peones Libro de los censatarios que a favor de este colegio reconocen varios sujetos con las pagas, traspasos, redenciones, y otros débitos en pro, y en contra, de este colegio Inventario de la librería y otras alhajas

1726 1726 1756 1764 1765 1765 1767 Sin dato Sin dato

Los materiales en que eran forrados los libros eran sangalete, badana y cartón. Elaborado a partir de: AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folios 54r- 54v.


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Aparte de los documentos existentes en el archivo de escaparate, los padres conservaron los libros de cuentas concernientes a las congregaciones que fundaron en la Provincia de Antioquia. También tenían los inventarios de las alhajas de las congregaciones de los Dolores y del Sagrado Corazón de Jesús, del Sagrado Corazón de María; el catálogo de los miembros del Sagrado Corazón en la Ciudad de Antioquia, Medellín y Rionegro, un impreso titulado el Tesoro escondido del Santísimo Corazón de Jesús y un papel con los villancicos que se entonaban en la celebración de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús77. El Gobernador, el Contador Público y el Tesorero, acompañados por el Escribano, inventariaron también los aposentos que ocupaban los padres. El registro manuscrito permite conocer de cerca los objetos personales que cada uno de ellos tenían en su celda o habitación. Cada religioso contaba con ropa de uso diario, apropiada para el clima cálido de la Ciudad de Antioquia: bonetes, calzones, camisas, medias, zapatos, sombreros, alpargatas y un par de sotanas. Cobijas, colchas, fundas de almohada, sabanas, en su mayoría de algodón; manteles, servilletas y pañuelos de uso personal. Entre los muebles de habitación se encontraron varias sillas, dos mesas pequeñas, una estantería chica de madera y una cama de viento con barandillas. Los padres Vélez y Molina tenían además platos, pocillos, cubiertos y olletas, esta última utilizada para la preparación del chocolate. Los inventarios incluyen también libros, lienzos, estampas y artículos religiosos. Estos objetos, si bien no representan un valor económico significativo, tenían un valor sentimental y espiritual para sus propietarios. El padre Sebastián Sánchez poseía un corazoncito con la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, dos estampas de papel, una de la imagen de San Ignacio de Loyola y otra de San Francisco Javier; un crucifijo de metal y un devocionario. El padre José Salvador Molina contaba con un Cristo, once estampas de papel, un volumen del

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AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folios 54r y 54 v.


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libro Fuera de la Conciencia y dos cuadernos de rezo. Victorino Padilla, rector del colegio, tenía dos lienzos, uno de Nuestra Señora de los Dolores y otro de la Virgen del Carmen, dos cristos, una estampa del Señor Crucificado y un libro de la Buena Muerte de San Buenaventura. El mayor propietario de libros era el padre Manuel Vélez, con seis volúmenes de la Biblia, tres novenas, dos libros pequeños del combate espiritual, uno de los santos de España,

un

volumen de Fuera de la Conciencia, otro del padre Alonso Rodríguez, un libro de oración a la virgen, un libro de los ejercicios del padre Izquierdo y un libro sobre moral. Era dueño además de un lienzo de San Antonio, una estampa de la Virgen y un crucifijo78. El colegio también contaba con un aula de clases de nueve varas de largo por seis de ancho. En su interior había una imagen de bulto de la patrona de la congregación, vestida con un velo de tafetán colorado, un cuadro mediano de san Luís Gonzaga y una pintura de Nuestra Señora de la Concepción. Había, además, seis escaños, cuatro candeleros de palo, dos banderas de angaripola, dos sitiales de tela dorada, dos armazones, una palia, una mesa, un frontal y un banco79. El colegio también tenía cocina y refectorio. La primera área estuvo formada por varios edificios de piedra, ladrillo, madera y teja, contiguos a uno de los patios interiores del colegio. El edificio principal estaba destinado para el cocinero y sus menesteres; en los demás, había un horno para hacer pan y una despensa para guardar las fanegas de maíz, los millares de cacao que remitían de las haciendas del colegio, y los asadores, pailas, parrillas, pesas, ollas y sartenes para preparar los alimentos80. Los cubiertos, frascos, jarros, platos, recipientes y saleros se guardaban en la alacena del refectorio, junto con los manteles y servilletas para las cuatro mesas con sus respectivos

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AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3283, folios 44r - 47v. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folio 57r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folio 58v.


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puestos que formaban el comedor. Una ventana de madera daba mayor iluminación al lugar y resaltaba las pinturas que adornaban sus paredes. El pasadizo que conducía al refectorio estaba dotado con cinco tablas con decretos del santo tribunal81. Cada jesuita de Antioquia pudo llevar consigo sus objetos personales. Algunos bienes de los que se llevaron y otros tantos que dejaron no fueron inventariados, pues carecían de un valor monetario. El 12 de julio de 1768 el maestro mayor José Holguín, después de reconocer, medir y tantear las paredes, techos y demás lugares, y avaluar los patios interiores, el solar y cercas de tierra le dio un valor al edificio del colegio de 4.788 pesos de oro en polvo. Avaluar la carpintería del colegio fue tarea de José Ignacio de Vargas. El valor que asignó fue de 2.887 pesos de oro en polvo82. Algunos bienes del Colegio fueron reevaluados posteriormente lo que llevó a que fuera más alto su valor al momento de ser rematados. ¿Qué pasó finalmente con el colegio? El 5 de abril de 1771, en la Ciudad de Antioquia, los señores Juan Jerónimo de Enciso, gobernador de Antioquia; Juan Antonio del Toro Cataño, cura y vicario de la ciudad de Antioquia; Lorenzo de Ossa Zapata y Francisco José de Lora, integrantes de la Junta Municipal de las Temporalidades de Antioquia, propusieron que, según lo planteado en los capítulos catorce y quince y diez y seis de la Real Cédula emitida el 9 de julio de 1769, para decidir que sería más conveniente para la utilización del colegio que había sido creado por la Compañía de Jesús, propusieron formar una renta anual con el fin de conseguir maestros en el colegio que enseñaran gramática y retórica, uno para menores y otro para los cursos cuarto y quinto, pues no había en la Ciudad nadie que enseñara con permanencia los primeros rudimentos de leer, escribir y contar. Muchos jóvenes se quedaban, según los funcionarios, “sin esta necesaria y útil instrucción”, y sin la doctrina cristiana y las

81 82

AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3285, folio 53r. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 229 - 331.


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reglas de moralidad y buenas costumbres. La propuesta fue presentada en oposición de la realizada por el juez antecesor comisionado en el año de 1768, quien propuso crear un hospital83. En 1781 el gobernador de Antioquia, Cayetano Buelta Lorenzana, retomó la idea de formar una botica o un hospital. Felipe González Mora, afirma que al parecer a partir de 1782, el colegio pasó a ser el Hospital Real de San Carlos; luego, entre 1806 y 1814, la Orden Hospitalaria San Juan de Dios tomó posesión del edificio84.

7.2 La iglesia de Santa Bárbara En el actual Santafé de Antioquia, por la calle 11 llamada Gómez Plata (o de la Amargura) a dos cuadras de la plaza principal, se encuentra la iglesia de Santa Bárbara. En cuanto a su historia aun quedan vacíos en las investigaciones y la documentación, pero algunos especialistas creen que data desde 1668. La iglesia que existía pasó de tener una humilde estructura de paja, a una construcción de tejas con puertas y ventanas, condición que mejoró en 1686 el capitán Felipe de Herrera, quien dejó en su testamento, fechado el 30 de enero de 1686, el dinero para edificar la Iglesia. Dispuso que en caso de faltar dinero su esposa, Jerónima de Guetaria, se encargara de suplirlo. Este aporte a la Iglesia Católica se debió a la devoción que ambos tuvieron a Santa Bárbara. Varios años después el doctor Francisco Joseph Zapata y Múnera, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición, cura y vicario, juez eclesiástico y de diezmos de la Ciudad de Antioquia, cedió, el 31 de agosto de 1720, la parroquia de la gloriosa Virgen Mártir Santa Bárbara a la Compañía de Jesús. La posesión de la iglesia se realizó el 29 de marzo de 1727, donde estuvieron presentes Fermín Saldarriaga y los

83 84

AHA, Serie Temporalidades, vol. 109, doc. 3113, folios 91v – 94v. José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, pp. 337 – 338.


66

padres José de Molina y Fernando Vergara85. Una vez los jesuitas recibieron la iglesia la remodelaron a mediados de 1742.

85

José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, pp. 102 – 103; Edgardo Pérez Morales, “Espacios y vida material en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII”, Monografía de pregrado en historia, Universidad Nacional de Medellín, 2005, p. 74


67 Fachada de la Iglesia de Santa Bárbara en 1910

2. Melitón Rodríguez y Felipe Escobar. Melitón Rodriguez: Fotografias, Bogotá, El Ancora Editores, 1985, p. 44.


68

En 1727, siete años después de su llegada a la Ciudad de Antioquia, los jesuitas tomaron posesión de la iglesia de Santa Bárbara junto con todas sus pertenencias. El templo tenía una sola nave, lo que impedía una concurrencia mayor de feligreses en la celebración de los oficios religiosos. El padre Salvador Quintana decidió construir un nuevo templo y dotarlo con capilla mayor. La construcción de la iglesia nueva fue aceptada por el gobernador de Antioquia, José Barón de Chávez, por petición de los jesuitas. Debido a la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 no se logró concluir esta obra. Apenas finalizaron hacia 1795 bajo la dirección de Juan Pablo Pérez de de Rublas, importante comerciante local86. La iglesia nueva fue construida con paredes de tapia y techo de teja. Su tamaño cubrió un área cuatro veces mayor que el largo de la Iglesia vieja, con una longitud total de 54 varas de ancho y 25 de alto. Los padres edificaron 43 varas y media de su tamaño total, restándole por concluir diez varas de la parte que conducía a la puerta principal. Levantaron al interior del templo tres naves, una principal donde se encontraba el presbiterio, cuyo piso fue hecho de ladrillo; y dos naves laterales con sus respectivos camarines. El ancho de cada nave lateral era de seis varas y la altura de las paredes en que remata y circundan la Iglesia fueron de siete varas. Contaba, con dos sacristías de piedra, cal y un techo de tapias. La sacristía principal estaba ubicada al lado del evangelio y unía el templo con el colegio, en una distancia de once varas y media de largo y siete de ancho; y otra al lado de la epístola de diez varas y media de largo y siete de ancho, perteneciente a la congregación de Nuestra Señora de los Dolores. La iglesia tenía una escalera de madera que permitió subir al camarín. Cada sacristía tenía cinco ventanas de madera y dos puertas para entrar y salir de la iglesia. Las paredes principales

86

Antonio J. Gómez Aristizábal, Pbro., Monografías de todas las parroquias y de todos los municipios de Antioquia. Por un sacerdote secular colombiano, Medellín, Bedout, 1952, p. 259. Citado por: González, Sergio. “Los ‘mayordomos de Fábrica’ y la economía de las parroquias en la provincia de Antioquia, 1825-1840”, monografía de pregrado en Historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2008, p. 101.


69

estuvieron formadas con pilastras de realce para poner algunos adornos por fuera de la iglesia87.

87

AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3292, folios 110v-112r.


70 Plano No. 3 Planta arquitectónica de la Iglesia Santa Bárbara Vieja

METROS

En los inventarios realizados por los delegados nombrados por el Virrey en la Provincia de Antioquia aparece la iglesia de Santa Bárbara como iglesia vieja. Quité las cotas del mapa original por no estar muy legibles. Les fue retirada las cotas por no estar muy claras en su información. (José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, p. 305).


71

En el inventario de la iglesia nueva fueron registradas las herramientas empleadas para las labores de albañilería y carpintería del templo. Entre ellas figuran: barras de hierro y metal, buriles de torno, bateas ya gastadas, bancos de torno, escoplos, escuadras, formones, martillos y sierras. Materiales de construcción como arena, compuertas grandes y pequeñas, ladrillos sueltos, piedras, tapias y trozos de madera88. Esta iglesia quedó unida al antiguo templo parroquial, o iglesia vieja, la cual tenía un altar mayor donde se encontraba las estatuas de Santa Bárbara, San José, Nuestra Señora de la Concepción y San Ignacio. Estaba dotada de un lienzo con marcos dorados que resaltaban las imágenes conjuntas de San Francisco Javier, San Francisco de Borja, San Gregorio, San Luís Gonzaga y San Estanislao89. Había cinco altares menores dedicados a Nuestra Señora de los Dolores, María Santísima de la Luz, los Sagrados Corazones de Jesús y María, San Antonio y San Francisco Javier, custodiados por las congregaciones de sus mismos nombres a excepción de los de San Antonio y San Francisco Javier que no tenían cofradía. Cada uno de los altares menores estaba decorado con imágenes de bulto y pinturas de sus santos titulares. Algunos tenían su propio tabernáculo en el que custodiaban a Cristo sacramentado. El altar de María Santísima de la Luz tenía un lienzo con la pintura de la virgen, rodeada por un marco de plata y por un velo de cortinas color carmesí. El de Nuestra Señora de los Dolores con la imagen de María cargando al Cristo de cuerpo entero en sus brazos, vestida con túnica gris y manto azul de damasco, resplandores de plata en su cabeza y una espada de oro, perlas y esmeraldas que atravesaban su corazón. El de los Sagrados Corazones, contó con un sagrario color dorado con su cerradura, una pintura de los dos sagrados corazones en marco de plata; dos cuadros pequeños, uno de la Virgen de las Angustias y otro de San José; un atril; un niño Jesús de cera de Nápoles con su vidriera y un crucifijo para las 88 89

AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3292, folio 113v. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3287, folio 71v.


72

indulgencias. Los altares de San Francisco Javier y San Antonio tenían retablos de los santos en marco dorado y fondo carmesí. El primer altar tenía los cuadros de San Pablo, San Jorge, el nacimiento del niño Jesús y el triunfo de David; dos cruces de madera, una pila, una tabla con el tratado de los jubileos y otra con indulgencias; y el segundo, con tres cajones de cerradura, dos candeleros de bronce, un atril y una mesa de altar90. En la sacristía se guardaban las alhajas, imágenes, objetos ceremoniales, ornamentos y el mobiliario de la iglesia. Se destacan las piezas de la indumentaria religiosa, con aderezos de oro y plata que los padres tenían para la celebración de las eucaristías, así mismo el material de plata de los vasos sagrados. También había un sagrario para depositar por separado del monumento que se construía en el altar principal del Santísimo Sacramento los Jueves, Viernes y Sábado Santos91. El cuadro Nº 8 permite apreciar en detalle los ornamentos que hacían parte de la sacristía del templo, así mismo la tela de la que estaban confeccionadas.

90 91

AHA, Serie Temporalidades, vol.118, doc. 3287, folios 70v-72v. AHA, Serie Temporalidades, vol.118, doc. 3287, folio 74v.


73 Cuadro Nº 8 Ornamentos pertenecientes a la sacristía del colegio de los jesuitas en Ciudad de Antioquia en 1767 ORNAMENTO Nº Albas Amitos Bonete Capas de coro Casullas Cíngulos Corporales Dalmáticas Frontales Manteles Paños Purificadores Sobrepellices

40 10 2 3 24 14 36 4 1 15 8 63 10

DETALLE Bretaña, estopilla y holán con encajes Bretaña con encajes Paño Damasco Damasco, terciopelo y tafetán Seda Bretaña Terciopelo Brocato Bretaña Bretaña Bretaña y Holán con encajes Bretaña, estopilla y Holán con encajes

El cuadro corresponde al inventario elaborado el 8 de marzo de 1767. elaborado a partir de AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3287, folios 77v- 82v.

El púlpito, de madera esculpida y cubierta de dorado, contaba con una escalera por donde subía el sacerdote a predicar sus sermones. En el centro de su espaldar se encontraba la pintura de San Francisco Javier; a la derecha una pintura de las misiones y a la izquierda la imagen de Jesús Crucificado, usado para las predicaciones92. El templo contaba con otros elementos indispensables para la vida parroquial. Un campanario formado por dos campanas medianas que anunciaba la hora de los oficios religiosos durante el día. Dos confesionarios con sus puertas y rejillas, que permitía a los feligreses limpiar sus conciencias y reconciliarse con su creador. Una pila de agua bendita, labrada en piedra, para bautizar a los más pequeños y simbolizar su adhesión a la fe cristiana. Algunos de estos bienes fueron donados o prestados a otras iglesias para apoyar la realización del culto religioso. Esto puede evidenciarse por la certificación que solicitó Rita

92

AHA, Serie Temporalidades, vol.118, doc. 3287, folio 73r.


74

Martínez en 1820, donde se muestra a que otros centros religiosos prestaron los objetos que pertenecieron a la iglesia y colegio de la Compañía de Jesús en Antioquia. (ver anexo Nº 2) Pasaron varios acontecimientos para que la iglesia nueva quedara terminada en 1797. La iglesia vieja, para 1771, presentó deterioro por el empalme que se hizo de las dos iglesias. En 1772 los funcionarios de las Temporalidades autorizaron derrumbar el techo del templo por amenaza de ruina. Dos años después, por el daño de los muros, maderas y techo causado por las aguas, se ordenó desmantelar el templo definitivamente. En un informe presentado en 1786 los señores de la Junta informaron que solo quedaba de esta iglesia las paredes. Sin embargo, en 1788 con la visita de Juan Antonio Mon y Velarde se procuró la terminación del templo. En 1797, con los recursos asignados por Juan Pablo Pérez de Rublas según su testamento, realizado el 1 de abril de 1795, quien murió en 1805; sumado al capital entregado por su esposa Rita Martínez, se pudo concluir la obra (ver anexo Nº 3).


Plano No. 4 Planta arquitectónica de la nueva iglesia de Santa Bárbara en 1767 (sin terminar)

La iglesia nueva no había sido terminada por la expulsión que sufrieron los jesuitas en 1767. Este plano representa el estado en que quedó la iglesia (José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, p. 312).

Plano No. 5 Planta arquitectónica de la iglesia Santa Bárbara nueva (terminada)

75

La iglesia terminada sin el anexo de la iglesia vieja (José del Rey Fajardo y Felipe González Mora, Los Jesuitas en Antioquia; 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, p. 315).


76

7.3 Las alhajas y ornamentos Las alhajas y los ornamentos estuvieron directamente relacionados con las actividades del culto. Las iglesias, al igual que las congregaciones, conservaban entre sus inventarios una variedad de ornamentos y alhajas que formaban parte de la dotación de los templos y altares a su cargo. Aparte de su valor económico, estos objetos tenían un valor simbólico y artistico por estar vinculados directamente al culto y la exaltación de los misterios de su credo religioso. Los objetos ceremoniales, tales como cálices, custodias, copones, patenas y vinajeras, usadas para guardar el cuerpo y la sangre de Cristo en las celebraciones eucarísticas, se fabricaban en oro y plata y se adornaban con cotizadas gemas, entre ellas las esmeraldas. Los corporales, frontales y purificadores tenían encajes o inscripciones también en hilos de oro y plata. Los inventarios de las congregaciones, al igual que aquellos de la iglesia del colegio, registran una serie de bienes bajo la denominación genérica de “alhajas”. Dentro de esta categoría cabían tanto las joyas que portaban los santos de bulto o esculturas, como también otros objetos ceremoniales y mobiliarios con que estaban dotados los altares laterales de la iglesia asignada a las cofradías, propiedad de la iglesia como tal. En los inventarios que llevaron a cabo los integrantes de la Junta de Temporalidades las vestiduras sagradas empleadas por los sacerdotes y los adornos del altar se catalogaron como “ornamentos”. Las vestiduras por lo general se confeccionaban en colores: blanco, verde, morado y negro: propios para cada tiempo litúrgico. Los sacerdotes lucían albas, amitos, capas de coro, casullas, sobrepellices, túnicas y cíngulos. El altar iba cubierto con manteles y frontales, sobre los cuales se disponían los corporales y purificadores en el momento de la misa. Llama la atención el hecho de que cada congregación contara con gran


77

variedad de ornamentos y objetos ceremoniales diferentes a los que eran de su propiedad en el templo parroquial. Entre los objetos ceremoniales que pertenecían a las congregaciones figuran cálices, custodias, incensarios, navetas, patenas, palias y vinajeras. El mobiliario incluía alfombras, arañas, atriles, cajones, candeleros, escaparates, espejos, masetas, mesas, pilastras y tapetes, en su mayoría usados en la decoración de los altares a su cargo. También figuran “imágenes de bulto”, o envolturas de lienzos y pinturas alusivos a momentos de la vida de Cristo, a la virgen y a los santos. Después de inventariadas las alhajas el Rey de España emitió el 6 de marzo de 1773 una Real Provisión para separar los ornamentos, vasos sagrados y alhajas de oro y plata encontrada en las iglesias, casas, colegios y residencias que fueron de los jesuitas ( Ver cuadro Nº 9)


78

Cuadro Nº 9 División de alhajas que dejaron los jesuitas en la Provincia de Antioquia en 1773

CLASES

ALHAJA

MATERIAL

Custodia

1 Dorada

Custodia

1

Custodia Custodia

1 Pata, sobredorada 1 Bronce

Jena Cruz

1 Plata

PRIMERA CLASE Baúl

Filigrana y plata sobredorada

1 Filigrana de plata 1 Cadena

PESO

MONEDA

OBSERVACIONES

176 Castellanos

Guarnecido el uril por un lado de perlas, y por el otro de esmeraldas y toda ella guarnecida con 500 esmeraldas y amatistas con cuatro perlas al primer pie

36 Castellanos

Dentro tiene un Lugno in Crusis engastado en oro con peso de 3 castellanos

72 Castellanos

48 Castellanos 21 Oro

Sobredorada en óvalos de cristal de realce mediana Dorada a fuego con sus cristales Burilada con doce reliquias y el santo Lignum Cricis de oro de crucecita Con su pie de filigrana, con su Jesús encima de oro y dos …a los costados de oro fino esmaltadas con dos llaves de oro y su cadena Sin dato

Picis

2 llaves de oro 2 Plata

Relicario

1

Copón

1 Plata

Sin dato

Sin dato

Sin pie

Cáliz

9 Plata

Sin dato

Sin dato

Cuatro sobre dorados, y los otros cinco sin dorar, con sus patenas y cucharas pequeñas

Llaves de sagrario

3 Plata

Diadema

1

Plata y esmeraldas

Diadema

1

Plata y oro

Sin dato

Sin dato

Jesús

1

Oro y plata

Sin dato

Sin dato

1 1 1

Plata Oro Plata

Sin dato Sin dato 9 Castellanos 5 Castellanos

1

Plata

13 Castellanos

1

Sin dato

Sin dato

Sin dato

Incensarios

3

Plata

Sin dato

Sin dato

Vinajeras

8

Plata

Sin dato

Sin dato

Pares de plata, con sus platillos de plata y 5 campanillas de lo mismo. Todo con peso de 8 libras

Vinajeras

1

Plata

Sin dato

Sin dato

Par, doradas con su salvilla y campanilla. Todo de plata, con peso de 2 libras

Sagrario

1

Plata

Sin dato

Sin dato

pequeño de plata con dos columnitas de madera

Diadema SEGUNDA Diadema Diadema CLASE Corona de espinas Ramo

Oro

Sin dato

Sin dato

74 Castellanos

7 Castellanos

420 Castellanos

Uno dorado y el otro sin dorar Con su cadena de oro guarnecido de granates finos con una lámina de San Ignacio y sangre del santo

Con sus cadenas de lo mismo De la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, con su espada, y las potencias del señor todo poderoso, y la hoja de la espada de plata, 432 esmeraldas, 25 tachones grandes De plata de filigrana adornada de piedras falsas con dos rositas de oro con 21 esmeraldas ordinarias finas, adornada de perlas finas, con 14 esmeraldas y una amatista con tres potencias de plata De oro guarnecido de perlas y cerco de plata, perteneciente a la imagen de San Ignacio De plata de San Ignacio realzada De la virgen de la Soledad de oro fino Pequeña de plata de Santa Bárbara y otra de San José Con tres clavos, balanzas y escalera de plata De San José de hojalata Con sus tres navetas de plata, con peso de 6 libras y media, con cucharitas

Continúa


79

Continúa CLASES

ALHAJA

CANT.

MATERIAL

PESO

MONEDA

OBSERVACIONES

Sagrario Atriles

1 Plata 2 Madera y Plata

Sin dato Sin dato

Sin dato Sin dato

Marco

1 Plata

Sin dato

Sin dato

Marco

1 Plata

Sin dato

Sin dato

SEGUNDA CLASE Marco

Pequeño, de madera, chapoteado en plata. Que sirve a los Sagrados Corazones de Jesús y María

4 Plata

Sin dato

Sin dato

Pequeños, chapoteados en plata

Candeleros

18 Plata

28 Libras

Candeleros

8 Plata

2 Libras

Grande, chapoteado por dentro de plata Madera, chapoteados de plata De Nuestra Señora de la Luz en madera, chapoteado de plata

Sin dato Están en el sagrario

Lámpara

1 Plata

36 Marcos

Pertenece a N.S. de los Dolores

Lámpara

1 Plata

18 Marcos

Pertenece a San Ignacio. Antes pesaba 25 marcos

Arañas

2 Plata

29 Marcos

Sin dato

Cruz

1 Plata

16 Marcos

Con el alma de palo

Jarras

6 Plata

50 Marcos

Con su ramos, con sus piecitos de hierro y 2 macetones con su pie cada uno, el uno con la efigie de la Purísima y el otro con la de San José

Candeleros

2 Plata

13 Marcos

Con sus dos candelejas cada uno, y dos macetones o marquitos de plata calados

2 Plata 6 Plata

27 Marcos 42 Marcos

Con los canutos correspondientes a dichos ciriales Seis varas, que se componen de 40 canutos de plata

TERCERA Ciriales CLASE Palio Guior

1

Blandones Blandones

6 Hierro 6 Plata

Hostiarios

2 Plata

Chapa Dinero

1 Plata Sin dato

8 Marcos 40 Marcos 36 Marcos 8 Marcos 14 Marcos 107 Oro

Elaborado a partir de: AHA. Serie Temporalidades, vol. 109, doc. 3121.

Es una vara de Guior con su cruz. Se compone de nueve canutos y un hisopo Extraordinarios con sus tuercas de hierro Sin dato Una cajetica de laboratorio con su salvillita, un jarro y un benevolito. Es un pedazo con media corona pequeña y su cruz de plata Perteneciente a las cofradías


80

Se ordenó que la división de las alhajas se hiciera en tres clases. A la primera pertenecían las que, aparte de servir al culto divino, tenían contacto físico e inmediato con la hostia consagrada, es decir, los cálices, las patenas, las custodias y los viriles. La segunda clase correspondía a aquellas que, aunque no tuviesen inmediato contacto físico con la hostia consagrada, servían a los rituales del templo: vinajeras, sacras palabras y evangelios, candeleros del altar, lámparas que sirvieron cotidianamente al sacramento; en otras palabras, todos aquellos elementos necesarios para el culto y rito de la iglesia. En esta misma clase se contemplaron diademas, laureolas y otras semejantes, que en cierto modo se acercaban a lo sagrado. La tercera y última clase de alhajas comprendía las que no tenían contacto físico con lo sagrado pero se requerían para añadir magnificencia y grandeza al culto: floreros, ramilletes, aparadores, fuentes, bandejas, jarras, arañas, y aun los blandones extraordinarios, y otros objetos semejantes93.

93

AHA, Serie Temporalidades, tomo 109, doc. 3121, folios 228v – 232r.


81

Real provisión para separar las alhajas, 1773

3. Tomado de: AHA. Serie Temporalidades, vol. 109, doc. 3121, folio 228r.

Los delegados de las Temporalidades fueron los encargados de llevar a cabo la separación de alhajas de plata y oro, acompañados por un prelado diocesano. Una vez separadas debían remitirlas al Consejo Extraordinario de España. Las alhajas de las Indias y las Islas Filipinas se


82

remitían al Conde de Aranda, los de España e islas adyacentes a las manos de José Payo Sanz, el escribano de la Cámara de España. Después de ser revisadas y empacadas éstas debían ser enviadas a la Ciudad de Cádiz. En caso de que algunas de las alhajas remitidas hubieran pertenecido a parroquias e iglesias de indios, españoles, algún patronato particular u otro interesado, o a una fundación subsistente en las mismas iglesias que sirvieron al uso de los regulares expulsos, debían reponerse a costa de las Temporalidades ocupadas a dichos regulares, disponiendo que fueran fabricadas otras de “igual peso y bondad”. Fue mandado en los dominios de Indias, e Islas Filipinas, que las alhajas, ornamentos y vasos sagrados que no hubiesen remitidos hacia España debían de ser repartidos entre las parroquias e iglesias existentes de pobres al igual que los muebles, utensilios y adornos de las iglesias. Se remitirían así las alhajas ricas, y de pompa y magnificencia, que no fueran de las clases específicas; encargados particularmente de no extraer ninguna alhaja de las iglesias de misiones de los indios. El 4 de septiembre de 1773 llegó la real provisión a la Ciudad de Antioquia94. Para llevar a cabo la provisión el diocesano nombró a un encargado perteneciente a la Iglesia Católica para acompañar el proceso de separación de las alhajas. El 12 de agosto de 1773, de Popayán, mandaron un documento donde nombraron para efectuar la separación a Juan Salvador de Villa y Castañeda, cura de Medellín y Vicario Superintendente de la Provincia de Antioquia95. Separadas las alhajas, los ornamentos y los vasos sagrados, entre el cura de Medellín y el gobernador de Antioquia, Juan Jerónimo de Enciso, pasaron las dos primeras clases de éstas a ser entregadas a los oficiales de las Reales Cajas, Manuel de Aguirre y Andrés Pardo, para que las guardaran y cuidaran. Se hizo entrega de la tercera clase de alhajas al Gobernador para la remisión al Real Consejo Extraordinario de Indias a cargo del Conde de Aranda, cumpliendo 94 95

AHA, Serie Temporalidades, tomo 109, doc. 3121, folio 228. AHA, Serie Temporalidades, tomo 109, doc. 3121, folios 233v – 235v.


83

con la Real Provisión. Fueron ingresadas las alhajas en dos cajones clavados y sellados en cuero y forrados con encerados y después de gante crudo. Todo esto tuvo un costo de 10 pesos de oro en polvo. Fueron bien sellados con el fin de que no se maltrataran en el largo viaje hacia España. Primero se llevaron a Cartagena, se encargo su traslado hasta allí el corregidor y ayudante mayor de milicias españolas, Gabriel Rivero. El debía, una vez en Cartagena, entregar las alhajas al gobernador y a los oficiales reales de la Ciudad de Cartagena de donde saldrían con destino hacia España. El traslado costó 120 pesos de oro, contando los viáticos del viaje96.

7.4 Las cofradías o congregaciones Las cofradías o congregaciones eran asociaciones jerárquicas que, para el siglo XVIII, se encargaban de promover la decoración, el sostenimiento y el culto a unas imágenes religiosas de Dios, la virgen y los santos. Esta labor se acentuaba en la época de fiestas religiosas como la Semana Santa. Hay que tener en la cuenta que también hubo cofradías para los negros e indios, como el caso de la Ciudad de Santafé. Sin embargo, no fue un caso aplicado para la Provincia de Antioquia. De las cofradías eran miembros personas de diversas clases sociales y distintos grupos étnicos. Un ejemplo de ellos fue la cofradía de la orden tercera de San Francisco, donde resulta particular que las personas pudientes solicitaban ser enterradas con el hábito del santo. No hay que pasar por alto una de las figuras importantes de las cofradías, el Mayordomo. Éste se encargaba de administrar los bienes y rentas, organizar las fiestas y mandar a decir las misas. Los sacerdotes regulares ejercían este cargo. Por ejemplo El presbítero doctor don José Manuel Gutiérrez en su testamento de 1797 dice haber sido mayordomo de la cofradía de

96

AHA, Serie Temporalidades, tomo 109, doc. 3121, folios 242r – 242v.


84

Nuestro Amo y Señor Sacramentado de la iglesia mayor. 97 De otro lado el presbítero Antonio de Lora Niño

decía en su testamento de 1803 ser mayordomo del Santo Cristo de la

Humildad.98 También funcionarios del cabildo fueron mayordomos de las cofradías. El regidor y alcalde mayor don Manuel de la Riba Ladrón de Guevara dijo en su testamento de 1798 que había sido síndico de la orden tercera y mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. 99 El Regidor decano, Juan Pérez de de Rublas, en su mencionado testamento, dijo ser mayordomo de la gloriosa Santa Lucía100 y el Capitán de milicias don Fermín Garcés menciona igualmente en su testamento de 1802 haber sido mayordomo de Nuestra Señora de Santa Ana de la iglesia de Chiquinquirá. 101 En la Ciudad de Antioquia, desde la llegada de los jesuitas en la segunda década del siglo XVIII, se habían establecido las congregaciones de María Santísima de la Luz, los Sagrados Corazones de Jesús y María, y la de Nuestra Señora de los Dolores, permaneciendo la última vigente a lo largo del siglo XIX. La cofradía del Sagrado Corazón, después de la expulsión, fue restablecida nuevamente a mediados del siglo XIX por el Obispo Juan de la Cruz Gómez Plata, para evitar que decayera el fervor de los fieles en el culto y adoración del Santísimo Corazón de Jesús promovido desde siempre por los jesuitas. Desde mediados del siglo XVIII a comienzos del siglo XIX hay registros sobre las cofradías de Nuestra Señora de la pura y limpia Concepción, Nuestra Señora de las Angustias, patrona de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís; Nuestro Amo Sacramentado, el Señor de la Humildad, las Animas, el Señor del Huerto, San Ignacio y Santa Bárbara, Jesús Nazareno; en las dos primeras décadas del siglo XX, las cofradías de Santa Lucía y Nuestra Señora de la Esperanza. Algunas de esas

97 98 99 100 101

AHA, tomo 1796 – 1797, 3r legajo 1797, folios 41r – 46r. AHA, Mortuorias, tomo 249, doc. 5466, folios 5r – 13v. AHA, Mortuorias, tomo 242, doc. 5407. AHA, tomo 1804 – 1805, reg. 1805, folios 23r – 42r., doc. 5407. AHA, Mortuorias, tomo 220, doc. 5165.


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imágenes a las que se rendía culto a través de las cofradías o hermandades hacían parte de las procesiones de Semana Santa. A diferencia de estas congregaciones hubo, desde el siglo XVI en la Ciudad de Santafé, y los principales centros urbanos del Nuevo Reino de Granada, otras cofradías importantes, entre las que se destacan las de Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de la Concepción, el Santísimo Sacramento, la Santa Veracruz y las Ánimas del purgatorio.102 En Antioquia las congregaciones o cofradías tenían alhajas, ornamentos, vasos sagrados, imágenes de bulto y cuadro. De las tres cofradías que tuvo la Orden en Antioquia la más importante fue la de Nuestra Señora de los Dolores, pues contó con un amplio número de implementos religiosos. Las congregaciones tenían utensilios para decorar el altar: alfombras, manteles, para vestir y adornar las imágenes, vestidos, botones, túnicas y mantos, entre otros. Contaban con propiedades, animales, esclavos, instrumentos musicales y viviendas, en su mayoría donadas por sus cofrades. La congregación de María Santísima de la Luz poseía una vaca con un ternero de un año que estaba bajo el cuidado de Dionisio González103; la de los Dolores un esclavo y dos arpas104 y los Sagrados corazones la mitad de una casa legada por Jacinto de La Guardia en una de sus disposiciones testamentarias105.

7.5 Los esclavos Los primeros viajes hacia América tuvieron un sistema esclavista de africanos para apoyar las labores en los barcos y en tierra firme. No fue extraño que las órdenes religiosas y muchas personas pudientes adquirieran algunos de ellos para el trabajo en sus haciendas, minas, 102

103 104 105

Patricia Londoño Vega, Religión, cultura y sociedad: Medellín y Antioquia 1850 – 1930, Trad. Carlos José Restrepo, Serie Continente Americano, Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 110. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3288, folio 85r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3289, folios 86r y 89r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3288, folio 83r.


86

platanales, tierras de pan coger. Los jesuitas adquirieron en Antioquia esclavos negros, algunos bozales recien sacados de su pais de origen de los grupos Mina, Congo y Zetre , y otros criollos, personas de raza negra nacidas en América traidas de África por opresión para ser esclavisados106. Al momento de hacer efectiva la expulsión se inventariaron un total de 140 esclavos distribuidos en haciendas, minas y en el colegio. De estos quedaron a cargo de las propiedades sólo 57 y el resto fueron rematados en 1772 y años posteriores. Analizando los inventarios y avalúos de los bienes expropiados a los jesuitas, se observó que los esclavos fueron uno de los bienes de mayor importancia, no sólo por su valor, sino por el trabajo que éstos realizaban. Según los inventarios ejecutados entre el 1 y el 7 de agosto de 1767, los regulares tenían para la fecha 140 esclavos(as) distribuidos de la manera que aparece en el siguiente cuadro (ver cuadro Nº 10): Cuadro Nº 10 Inventario de esclavos que los jesuitas tenían en Antioquia en 1767

PROPIEDAD

Nº DE ESCLAVOS

Colegio de Antioquia Congregación Nuestra Señora de los Dolores Estancia de Cauriba Hacienda de Abejuco Hacienda del Tejar Hatillo de Güintar* Hato de Pabón Mina San Ignacio de la Miel Total

4 1 1 62 23 3 1 45 140

* Son esclavos que asisten, pero no pertenecen a dicho lugar.

106

Para ver qué tipos de razas de negros tuvieron los jesuitas véase: AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3294, folios 132v - 134r.


87

En un documento entregado a Antonio José de la Fuente encargado de inventariar la Hacienda de Abejuco el 16 de diciembre de 1768 por el gobernador José Barón de Chávez, se observa como éste se expresó frente a los negros libres, con el fin de evitar que fueran recibidos en el trabajo que se adelantaba en las haciendas que antes eran de los jesuitas, es decir, la selección para que solo unos cuantos quedaran trabajando en ellas: “no se admita persona alguna extraña, ya sea libre o esclavo con cualquier pretexto, o socolor que quieran figurar; porque la experiencia enseña con repetidos escarmientos, que el principal motivo que toman los esclavos para bastardear en el servicio de sus amos son los influjos, de advertencias, que les imprime este linaje de gente, siendo lo peor, que por conseguir sus frutos no tan solo son engañados sino, cuales introducen aguardientes, sobre cuya prohibición procederá desvelada”107 El mismo documento plantea que los esclavos eran tratados de manera indulgente por los jesuitas. Si los esclavos no cumplían con las órdenes descritas por el Gobernador eran castigados, mandados a construir prisiones para ellos mismos, haciendo con ello que se esfumara la esperanza de tener un trato similar al que recibieron de los mencionados sacerdotes108. La mayoría de esclavos propiedad de los jesuitas eran criollos, seguidos de los bozales y mulatos. Entre los bozales sobresalieron los naturales de las castas Congo y Mina (ver cuadro Nº 11). De los 62 registros de esclavos consignados en el inventario de la hacienda de Abejuco, efectuado el 7 de agosto de 1767 por Francisco Solano Santana, Regidor y Alcalde ordinario de la Ciudad de Antioquia, se especifica la casta a la que pertenecían 24 de ellos; así cómo de 26 esclavos de los 45 inventariados, de la mina de San Ignacio de la Miel.

107 108

AGN, Temporalidades, tomo 12, folio 829r. AGN, Temporalidades, tomo 12, folio 830r.


88

Cuadro Nº 11 Número de esclavos que laboraban en la hacienda de Abejuco y en la mina de San Ignacio de La Miel en 1767

ESCLAVOS

HACIENDA DE ABEJUCO

MINA DE SAN IGNACIO DE LA MIEL

Bozales (Casta Congo, Cola, Mina, Luango, Zetre) Criollos

11

6

13

20

Total

24

26

Elaborado a partir de: AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3294, folios 123v-132v.

El precio de los esclavos oscilaba de acuerdo a su edad, fuerza de trabajo y sus limitaciones físicas. Su costo aumentaba a medida que iban creciendo y ganando mejores condiciones físicas para las jornadas de trabajo en las haciendas, minas y trapiches. El ingreso a la edad adulta marcaba la etapa más productiva de los esclavos, siendo el período comprendido entre los 20 y los 40 años de edad, en el que alcanzaban su costo máximo. Después de los 50 años de edad, empezaba a disminuir el valor, sobretodo en el caso de las mujeres, quienes en relación a los hombres, a lo largo de toda su etapa productiva presentaban un costo inferior. Las enfermedades y limitaciones físicas eran un agravante que disminuía el valor de los esclavos. Las enfermedades se relacionaban con las labores a las que eran asignados, y los síntomas más comunes incluyeron: calenturas, dolencias en el cuerpo, llagas y mal de estómago. Las limitaciones físicas eran asignadas para los esclavos cojos, mudos, sordos, tullidos o inválidos, quienes recibieron la categoría de inhábiles, condición que reducía su valor y generaba altos costos para su sostenimiento. Caso similar era el de aquellos con edad avanzada. Una forma de hacer frente a los esclavos ancianos fue delegar su cuidado a personas caritativas. Esta tarea recayó en el Administrador de Temporalidades, a quien se le encomendó


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buscar “algunas personas piadosas, a fin de que por caridad los reciban para que teniéndolos a su cargo y cuidado los mantengan y entierren, debiendo dichas esclavas y esclavos servir a los que los reciban en lo que buenamente pudiere”109. La entrega de los esclavos debía ir acompañada con un documento que acreditara su acogida bajo las condiciones expresadas. En una de las posturas realizadas por Simón Robledo, Escribano de la Ciudad de Antioquia, el 7 de mayo de 1779 sobre cuatro esclavos de las temporalidades: Vicente, Miguel, su esposa Polonia y su hija Bernardina, puede observarse el interés del postor por hacerse cargo de otra esclava, esposa de Vicente, que no fue incluida dentro de la postura por ser “demasiado vieja”, con la obligación de mantenerla y enterrarla110. El 10 de febrero de 1772 llegó a la Ciudad de Antioquia una Superior Orden de los encargados de la Junta Provincial de Temporalidades de la Ciudad de Santa Fé con fecha de 29 de julio de 1771 para rematar los esclavos. Los señores de la Junta Municipal de Antioquia plantearon que los restantes y otros por “inservibles y la chusma”, componían el excedente de 85 que debían ser rematados. La decisión se basó en los costos que ocasionaban en alimento, vestuario y curación de las enfermedades. Aunque necesitaban un mayor número de esclavas, no las separaron de sus esposos pues ello podía generar “desabrimiento y desagrado”111. Sólo 57 esclavos resultaron ser hábiles y necesarios para cultivar las haciendas y la explotación de las minas, pues los restantes eran inservibles y no encontraron donde ubicarlos para que rindieran provecho alguno112. En el cuadro Nº 12 se detalla la ubicación de los esclavos útiles y algunos de los trabajos que efectuaban, datos relacionados por Antonio José de la Fuente Administrador de las Temporalidades en Antioquia:

109 110 111 112

AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 68r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 116, doc. 3250, folio 258r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 109, doc. 3117, folio 122r – 144r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 109, doc. 3117, folio 144r.


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Cuadro Nº 12 Esclavos útiles que laboraban en las temporalidades que había en la Provincia de Antioquia en 1772

PROPIEDAD Hacienda de Abejuco

Hacienda del Tejar Hatillo de Guindar Casa del Colegio Hato de Pabón Salado Nuevo Estancia de Cauriba Mina San Ignacio de la Miel Platanar del otro lado Salado Viejo Total

Nº DE ESCLAVOS 13 5 2 10 1 4 3 5 3 3 2 2 2 2 57

TRABAJOS Y CARGOS Rocerías y canoas Vaqueros Capitán y su esposa Trapiche Capitán Vaqueros Cuidadores de bestias Labores domésticas Vaqueros Sin dato Sin dato Sin dato Sin dato Sin dato

Elaborado a partir de: AHA, Serie Temporalidades, vol. 109, doc. 3117, folio 144v.

Los esclavos(as) estuvieron divididos “entre útiles, inválidos y chusma”. Ellos desarrollaban diferentes actividades en las minas, trapiches, hatos, y hacienda que fueron de los jesuitas. Eran vaqueros, cuidadores de bestias, herreros, agricultores y desarrollaban labores domésticas. Entre ellos había uno que lideraba el trabajo conjunto de la hacienda, denominado, “Capitán Mayor”, encargado de llevar las cuentas de la hacienda. Aunque los esclavos pertenecían a una hacienda, hatillo o mina determinada, algunos eran destinados para trabajar en otros lugares. La hacienda de Abejuco, la de mayor número de esclavos, tenía cuatro que asistían a Pabón, dos a la estancia de Cauriba, dos al Salado y uno al hatillo de Güintar, donde asistían también otros tres negros113. Los esclavos vivían en bohíos o ranchos. La Mina de San Ignacio de la Miel tenía la que mayor número de ranchos, catorce con

113

AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3294, folios 123v-124r.


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su fraguita; seguida de la estancia de Cauriba, con once, y el hato de Pabón, con uno, donde vivía el esclavo que cuidaba la propiedad114. Los jesuitas propendieron por mantener trabajando a los grupos familiares de esclavos en la misma parte. Ese fue el caso de Marcos y Juana, que asistían, junto a sus dos hijos Micaela y Leandro al hato de Pabón; los esposos Tomasa y Vicente, al Salado y, Juana y Cipriano a la estancia de otra banda, todos pertenecientes a la hacienda de Abejuco115. Tras la expulsión de los regulares, las autoridades encargadas del Ramo de las Temporalidades establecieron disposiciones que mantuvieron la unión familiar entre los esclavos, aunque esto fue impedimento para una mejor distribución y aprovechamiento de los mismos, sobretodo entre los casados. A la hora de efectuarse los remates, las familias eran presentadas juntas, con el fin de evitar que el precio disminuyera, pues cuando los hijos eran vendidos, por tener un menor valor, sus padres perdían el costo por el que habían sido avaluados116. Cuadro No. 13 Valor promedio en pesos de oro en polvo de los esclavos propiedad de los jesuitas en la Provincia de Antioquia en 1767 EDAD Menores de 10 10 20 30 40 50 60 70

ESCLAVOS

ESCLAVAS

40 80 150 200 180 100 40 30

30 70 150 150 150 100 15 10

Elaborado a partir del avalúo de los esclavos de la hacienda de Abejuco, realizado por Francisco José Santana y a José Pablo Tabares en julio 23 de 1778. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 65r. 114 115 116

AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3294, folios 116r - 128r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3294, folio 123v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 68r.


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7.6 La hacienda de Abejuco La hacienda de Abejuco fue negociada desde el 5 de octubre de 1720 entre los jesuitas y el sargento mayor Gregorio de Borja y Ezpeleta, vecino de la Ciudad de Antioquia, que residió en Citará; en 3.000 castellanos de oro, de los cuales fueron comprometidos quinientos pesos para una donación a favor de la Orden religiosa. Las tierras fueron vendidas en 1728 por Juan Salvador de Castañeda Rodríguez, vecino y Alférez Real de la Ciudad de Antioquia, quien recibió, el 27 de enero de 1720, un poder de Gregorio Borja y Ezpeleta, su primo, para encargarse de la venta de la hacienda. Fue vendida al padre José Molina, rector del colegio de Antioquia, en 2.991 pesos de oro en polvo117.

117

AHA, Serie Temporalidades, vol. 123, doc. 3404.


93

Mapa No. 2 Haciendas y minas del Colegio de los jesuitas de la Ciudad de Antioquia, 1726 – 1767

Tomado de: Edgardo Pérez Morales, “Espacios y vida material en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII”. Monografía de pregrado en historia, Universidad Nacional de Medellín, 2005, p. 71.

Abejuco fue la hacienda más importante para los jesuitas en la Provincia de Antioquia. Tenía cinco casas: la principal contaba con tres cuartos y techado de iraca. Dos de los cuartos tenían puertas de madera, aldabas de hierro y una reja pequeña; mientras el tercero apenas contaba con una puerta de madera vieja. Allí guardaban “alhajas” o herramientas para las labores de la hacienda: varias ollas, una pala, un machete, un hacha y algunos recatones. La segunda casa estaba hecha de madera, pero, al momento de inventariarla, ya estaba vieja y


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maltratada. Las tres casas restantes eran pequeñas y en ellas vivieron los esclavos que sirvieron a los jesuitas en las labores de la hacienda118. Los regulares construyeron una capilla de teja en la hacienda, la cual, hacia agosto de 1767, se encontraba en mal estado. Las imágenes religiosas con que estaba dotada eran pocas comparándolas con las que poseía la iglesia de Santa Bárbara en la Ciudad de Antioquia, apenas eran tres cuadros, uno de San Antonio, otro de San Ignacio y el último de Nuestra Señora de los Dolores. Adentro la capilla estuvo dotada de un altar y el confesionario, además de las mesas, el atril, las campanas, el misal y los candelabros; objetos que sirvieron para llevar a cabo los oficios religiosos en la hacienda119, entre ellos catequizar a los niños en la noche120. En la hacienda trabajaban 62 esclavos de los cuales 32 eran mujeres. De los 30 hombres una tercera parte no pasaba de los 14 años. Cabe resaltar la composición familiar de los esclavos que trabajaron para los jesuitas: en su mayoría eran casados y con hijos. Esta relación se hizo visible en el inventario realizado a los esclavos donde se alude al parentesco familiar. Hubo un negro en la hacienda encargado de estar al tanto de la producción y los quehaceres de las tierras. Ese fue el negro Manuel, el capitán de la hacienda. De los esclavos inventariados cuatro se encontraban asignados a labores ganaderas en el hato de Pabón, dos en la casa de horno de las salinas, trabajando con peroles, martillos y canoas para procesar el mineral; uno en el hatillo de Güintar y uno más en la estancia de otra banda del Cauca121. La hacienda producía maíz, caña y plátano: en 1767 se inventariaron tres almudes de maíz, tres almudes de caña, seis almudes de platanar, medio cuartillo de yucal, un almud de arroz y novecientos árboles de cacao. Éste último producto fue traído por los jesuitas en Antioquia, y 118 119 120 121

ACM, sb149, folio 5v. ACM, sb149, folio 6r y AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3293, folios 116r - 128r. Juan Manuel Pacheco, SJ, Los jesuitas en Colombia, 3 vols., Bogotá, Editorial San Juan Eudes, 1959, p. 44 ACM, sb149, folio 5v.


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su plan tomó fuerza a finales del siglo XVIII y principios del siguiente. Las tierras de la hacienda eran muy extensas pero el área arada poca; el resto se dejó para la ganadería. Pastaban 358 reses (96 en el hato de Pabón), 53 bestias caballares y eran mantenidos 35 marranos122. Pasado el inventario, la propiedad se avaluó en 11.830 pesos de oro en polvo y las tierras en 1.096123, un monto mayor al valor de su venta que fueron 4.225 pesos de oro en polvo, hecho que se debió al deterioro de la propiedad por la demora en ser rematada. La hacienda de Abejuco fue entregada con sus anexidades a Francisco Aguirre, su nuevo propietario, entre el 28 de enero y el 5 de febrero de 1780. El pago lo efectuó de la siguiente manera: el 28 de abril de 1791 redimió 368 castellanos; el 2 mayo de 1796 otros 695 castellanos y el 2 de mayo de 1798 los últimos 400 castellanos; debiendo al final 2.771 castellanos124. En la entrega se tuvieron en cuenta los siguiente bienes (ver cuadro Nº 14).

122

123

124

Beatriz Patiño M. Riqueza, pobreza y diferenciación social en la Antioquia del siglo XVIII. Medellín, Universidad de Antioquia, 1985, p. 33. Germán Colmenares, Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada: siglo XVIII, 2ª edición, Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1998, p. 52. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 906v.


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Cuadro Nº 14 Relación de bienes de la hacienda de Abejuco y sus anexidades expedidos por el Ramo de las Temporalidades a Francisco de Aguirre en 1780

BIEN

Agua de sal Caballos Cacao Cacao Canoa Caña dulce Casa de trapiche Casa de vivienda Cerdos Cocina Cocina Hierro Metal Mulas Mulato Estanislao Negra María de Jesús Negro Damasco Ojo de sal Paila Platanar Platanar Rancho Reses Reses Segueta Tierra de pan y caballería Trapiche

CANTIDAD 2 ojos 5 60 árboles 81 árboles 1 Almud y medio 1

DETALLE Con sus tambores en 50 pesos cada uno A 6 pesos cada uno 6 tomines cada uno A dos tomines cada uno De hacer miel Sin dato Con dos casitas de dispensa

1 Sin dato 9 A 7 tomines cada uno 1 De cocinar sal, dos posuelos y un martillo de picar costras 1 Con su horno 1 De herrar 12 arrobas En dos fondos 6 A 14 pesos cada una 1 Sin dato

VALOR EN PESOS DE ORO EN POLVO 100 30 45 20 4 9 30 100 7 9 8 2 225 84 150

1 Esposa de Damasco

100

1 Sin dato

200

1 Donosa de recibo con fecha de 27 de agosto de 1779 1 Con tres arrobas y 10 libras, a 6 tomines cada libra 3 almudes 8 pesos almud 6 almudes Ubicados en Cauriba 1 Sin dato 250 De ganado mayor a 6 pesos 10 De ganado mayor que consta de 3 recibos entregados en mayo 28, junio 1 y septiembre 27 de 1779 1 Sin dato Sin dato Avaluada en pedazos desmembrados 1 De caballo con posuelos y batea mielera

Elaborado a partir de: AHA, Serie Temporalidades, tomo 112, doc. 3197, folios 408r – 409v.

Sin dato 73 24 30 3 1.687 Sin dato 1 872 20


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7.7 Estancia de Cauriba La estancia se encontraba anexa a la hacienda de Abejuco. Estaba conformada por una casa del trapiche construida en iraca de 18 varas de largo, dos casas medianas que sirvieron de despensa, diez bohíos donde vivieron los negros que trabajaban en la propiedad y tres hornos para fabricar miel. Fuera de los negros que trabajaron en el trapiche había uno que se encargó de cuidar la estancia, un esclavo que contó con su propio bohío 125. Las tierras estuvieron destinadas al manejo de 262 reses de ganado, 37 marranos, 43 caballos, 2 burros y 49 aves. Además de ganadera la estancia tuvo un amplio número de plantaciones de cacao, un total de 1.400 árboles. Contó con diferentes plantaciones para el sostenimiento de los esclavos: yuca, maíz, plátano, aguacate y totumo. Para la producción de miel y azúcar plantaban caña dulce y la procesaban en un trapiche impulsado por caballo, con varias pailas, una canoa para vaciar la miel y una batea para sacarla. Para transportar los productos utilizaron dos barquetas…“la una muy rota y la otra mediana con sus canaletes y timón”, y con ellas podían movilizarse en el río para llevar los productos al colegio. Se suman a estos bienes dos casas que eran usadas como despensas y once bohíos donde habitaban los esclavos que allí trabajaban.126 La estancia fue avaluada en 11.830 pesos de oro en polvo valor que fue sumado al avalúo de la hacienda de Abejuco.

125 126

ACM, sb149, folios 7v – 8v y AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3293, folios 128r. ACM, sb149, folios 7v – 8v y AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3293, folios 128r - 128v.


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7.8 La hacienda del Tejar En el mismo momento que los jesuitas fundaron el Colegio en 1727 adquirieron la hacienda del Tejar, mejorada un año después con ramada de guaduas y cañas de iraca, materiales no muy resistentes debido a las continuas reparaciones que resultaban en la propiedad. En 1749 los religiosos construyeron una casa con balcón y “soleritas”, cubierta con miles de tejas construidas allí mismo; y una capilla elaborada con madera, guaduas, tapias, ladrillos y ocho pilares de piedra. Construcción que quedó al final con finos materiales127. Al momento de la expulsión la casa de tapias estaba algo maltratada. Estaba cubierta de iraca, tres ventanas pequeñas y cinco puertas de madera, una de dos hojas, pero todas sin cerraduras, ni llaves, un cuarto de oratorio donde había una imagen de bulto de San Javier sin encarar, una casa donde estaba el trapiche, el caballo que lo impulsaba y sus herramientas, como dos pailas y tres cuartillos128. Los trabajos del lugar eran realizados por 23 esclavos de ellos nueve superaban los 50 años y cinco eran niños129. La hacienda producía tejas y ladrillos. En el inventario de 1767 fueron contados 8.800 ladrillos, entre crudos y terminados, más 300 tejas. Para la producción utilizaron el fuego de la leña y diferentes técnicas de cocción, logrando transformar las rocas en tejas, ladrillos y fanegas de cal. Utilizaron para tal labor hornos, hornillos, claveras y moldes130. Las herramientas manipuladas fueron barras, machetes, hachas, azadas, palas, gradillas, ladrilleras, mesas, machos, canetas, enjalmas y arguenas. La hacienda no se salvó en 1768 de una calamidad general padecida en todas las haciendas del vecindario por la falta de lluvias, en las que se perdieron las sementeras. Hubo que llevar

127

128 129 130

Edgardo Pérez Morales, “Espacios y vida material en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII”, Monografía de pregrado en historia, Universidad Nacional de Medellín, 2005, p. 68. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3284, folio 50v. AHA, Serie Temporalidades, vol. 118, doc. 3284, folio 51v. Edgardo Pérez Morales, “Espacios y vida material en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII”, Monografía de pregrado en historia, Universidad Nacional de Medellín, 2005, p. 69.


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los alimentos de los esclavos desde la haciendas de Abejuco, el Tejar y la Mina de San Ignacio de la Miel. Se mandó a comprar maíz a la villa de Medellín, debido a que incluso los platanares se habían perdido131. De las tierras no se encontraron documentos relacionados a su avalúo pero si del proceso de remate, ejecutado de la siguiente manera. Desde 1771 Carlos José Piedrahita y Álvarez, vecino de la Ciudad de Antioquia, hizo postura sobre la casa que se hallaba en el Tejar, la casa de trapiche, con sus posuelos y bateas; las dos pailas de martillo, la casa de ramada y el horno, con las diez ladrilleras, tres mesitas, las tres villeras, tres almudes y medio de caña dulce y las cercas, todo en 375 pesos y 4 tomines, a censo redimible132. Los bienes completos fueron (ver cuadro Nº 15):

131 132

AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3324, folios 346r – 346v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 45r.


100

Cuadro Nº 15 Oferta realizada por Carlos José Piedrahita y Álvarez por algunos bienes expropiados a los jesuitas en 1771 BIEN Almudes de caña dulce Árboles de cacao Asadas Barras Calabazos Casa de vivienda

Nº 3 70 15 3 8 1

Cerca hormas Machetes de cinta Negros

1 9 4 9

Pailas

3

Pala Posuelos Tinajas Trapiche

1 2 3 1

DETALLE El medio perdido Sin dato Sin dato Sin dato Sin dato Derribada bordada de teja, con tres umbrales, tres puertas de madera, una ramada de trapiche con su cuarto y puerta de madera, chapa y cerrojo de hierro De la estancia de ballado De hacer azúcar Sin dato Juan Ignacio, su mujer Facunda y su hijo Alejandro; José Manuel, su mujer Gracia y sus dos hijos, Juliana y Hermenegildo; Melchor y su mujer Josefa De martillo, una con peso de tres arrobas y 17 libras; otra con 3 arrobas y 4 libras y la otra con 1 arroba y 23 libras De recatón Uno grande y otro mediano De hacer miel De moler caña

Elaborado a partir de: AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 45r – 45v.

La Junta Municipal de las Temporalidades de Antioquia aceptó la postura a la posesión del Tejar con la individualización hecha sobre los bienes, pues nadie se interesó en comprarla de contado ni a plazo. El mismo día sacaron los pregones buscando un mejor postor que quisiera comprarla133. Iniciaron los pregones el 14 de enero de 1771. En marzo, Antonio José de la Fuente mejoró la postura realizada sobre la hacienda del Tejar diciendo: “A más de los muebles que refiere la antecedente postura merco con dicha posesión tres esclavos nombrados, Juan Ignacio, Facunda, y un hijo de pechos que tienen nombrado, Alejandro de La Cruz, y la herramienta de la servidumbre, de dicho Tejar, que no esta hecha postura con mas que no está representada su manejo, que consiste en 4 hachas, 4 machetes de cinta, 6 calabozos, 6 barras, 6 azadones, y el importe de 133

AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 46r.


101

dicha posesión con lo que añado en esta oposición, estoy pronto a exhibirlo de contado en oro en polvo, por un tercio menos de sus avalúos libre de costas y costos; y así mismo quedare obligado a satisfacer anualmente a los propios de este ilustre cabildo, en la forma y plazo que los demás que ocupan sus ejidos, mediante a estar dicha posesión en terreno de sus rentas, que así parece de justicia u para conseguirla juro en lo necesario”134. El Procurador General y defensor de las Temporalidades comunicó que la postura de Antonio José de la Fuente resultaba ser más ventajosa que la primera, pues pagaría de contado por el tercio menor de su avalúo135.Una vez fue mejorada la postura fueron iniciados nuevos pregones. El 20 de agosto de 1771 hicieron saber a Carlos José Piedrahita y Álvarez que la postura de Antonio José de la Fuente era mejor, lo que hizo que éste retirara su propuesta. Antonio José de la Fuente mejoró su propia postura aumentando en ella cinco esclavos más, pero por un valor tres veces menor de su costo, condición que propuso también en su primera postura. Solicitó a la Junta de Antioquia que se realizaran los pregones correspondientes, para que bajo un solo remate se verificara todo lo expuesto136. El 13 de abril de 1772 finalizaron los pregones de la hacienda del Tejar con la nueva propuesta de Antonio José de la Fuente. Del proceso de remate hasta 1778 no se encontró documentación sino hasta el 14 de julio de 1778, cuando los señores Cayetano Buelta Lorenzana, Capitán del regimiento de la Provincia de León y Gobernador y Comandante General de esta Ciudad de Antioquia, José Cano, Cura y Vicario la Ciudad de Antioquia, Bernardo Martínez, Alférez Real y Regidor; Pedro Félix Pastor, Procurador General, plantearon que por encontrarse cerca el remate de la hacienda de Abejuco con exclusión de los negros (a excepción de uno incierto en la postura) convenía sacar los pregones de la hacienda del Tejar, a causa del quebranto había padecido pocos días antes por las crecientes del río Tonusco. Era preciso vender los 85 esclavos

134 135 136

AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 46r – 46v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 49r y 50r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 58v.


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sobrantes y para su venta convino tener noticia individual del valor137, para que los remates se ejecutaran sin quebranto. Fue efectuado un nuevo avalúo de todos los esclavos y la hacienda por orden del Gobernador, por solicitud del Administrador de las Temporalidades. Nombraron a Francisco José Santana y a José Pablo Tabares, vecinos la Ciudad de Antioquia, considerados inteligentes para el asunto. Se les hizo juramento para que procedieran con toda legalidad en el avalúo138. El 26 agosto de 1778 Antonio José de la Fuente desistió enteramente de la postura que tenia hecha sobre la hacienda del Tejar139, pero en el documento no aparecieron las razones. La propiedad fue entregada el 18 agosto de 1798 por remate a Manuela de Ossa, hermana de Lorenzo de Ossa Zapata, en 2. 849 pesos de oro en polvo, el mismo año que su hermano había hecho postura sobre la propiedad con las siguientes especificidades (ver cuadro Nº 16)

137 138 139

AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 61v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 62 v -62r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 67v.


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Cuadro Nº 16 Bienes a los que postuló Lorenzo de Ossa Zapata el 18 de agosto de 1778

BIEN Asadas Calabozos Estancia Hachas Hormas Machetes de cinta Paila Pailas de martillo Posuelos Ramada de trapiche Recatón Tinajas de hacer miel Trapiche de moler caña Barras Almudes de caña dulce Árboles de cacao La cerca de la estancia de Vallade con 9 negros: Juan Ignacio, su mujer Facunda, su hijo Alejandro; José Manuel, su mujer Gracia y sus 2 hijos Juliana y Hermenegildo; Melchor y su mujer Josefa

DETALLE

15 Sin dato 8 Sin dato 1 Con la casa de vivienda derribada, de teja con 3 ventanas y 3 puertas de madera 3 Sin dato 9 De hacer azúcar 4 Sin dato 1 Sin dato 3 Una con peso de 3 arrobas y 17 libras; otra con 3 arrobas y 4 libras; otra 1 arroba y 23 libras 2 Uno grande y otro mediano 1 Con su cuarto y puerta de madera, chapa y cerrojo de hierro 1 Sin dato 3 Sin dato 1 Sin dato 3 Sin dato 3 Sin dato 60 Sin dato Sin Sin dato dato

7.9 Hatillo de Güintar El inventario realizado al hatillo de Güintar, ubicado Río Cauca Arriba, muestra lo poco que contenía en su interior. La propiedad estuvo compuesta por cinco casas. En una vivió uno de los jesuitas, otra se encontraba en construcción y las últimas tres eran para los esclavos que trabajaron en el hatillo. Las tierras estuvieron dedicadas a la ganadería y fueron asistidas por dos familias de negros esclavos que residían allí. Entre las quebradas de Puria y la de


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Niverengo, los jesuitas tenían 214 reses. Había una huerta constituida por ocho áreas de cebollas, un platanar, unas matas de coles y un almud de maíz, que sirvieron para el autoconsumo de los habitantes del hatillo. Las labores de ganadería exigían poca mano de obra y herramientas, pues contaban con dos calabozos, un machete de cinta, tres hachas, un recatón, una barra y dos azadas140. La propiedad fue avaluada en 2.842 pesos de oro en polvo y fue rematada de la siguiente forma. Alejandro Antonio de Otero Cossio, Alcalde Mayor Provincial, hizo postura sobre las tierras de Güintar ofreciendo 425 pesos de oro en polvo por las tierras y el ganado vacuno; 150 pesos por el mulato llamado Miguel, 200 pesos por su mujer Valeria, 40 pesos por Julián Salvador, hijo de los referidos; 200 pesos por Timoteo, 150 pesos por Bruna y 200 pesos por Micaela. El total del monto de la postura sería pagado en los siguientes siete años. En los primeros seis años daría la cantidad de 300 pesos de oro en polvo, y en el séptimo año, pagaría el total restante141. Presentó como fiadores a Joaquín Botero Cossio y a Felipe de Aguirre, vecinos de la Ciudad de Antioquia con caudal conocido. La Junta Municipal de Temporalidades admitió la postura efectuada a las tierras de Güintar, su ganado y los negros ordenando que se sacaran los pregones, dándose cada nueve días tres según lo dispuesto por la ley 19, título 21, libro 4, de la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias. En los pregones142 debía quedar expresado los bienes a los cuales se hizo postura, el plazo y la forma de pago que ofrecía cada año, por si alguien quería dar de contado la citada cantidad, a menor plazo, igual o menor seguro. Los pregones iniciaron el 31 de diciembre de 1770 y en el quinto pregón Alejo Cossio de Otero, Alcalde Mayor Provincial, sumó a la postura una negrita nombrada María de la Merced,

140 141 142

ACM, sb149, folio 9v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 559r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 559v.


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hija de Miguel y Valeria que pagaría en los mismos términos, condiciones y plazos, de su primer postura por 40 pesos de oro, también seis bestias mulares, las cuales tomaría por la cantidad en que estuvieran avaluadas143. Comenzaron de nuevo las posturas el 5 de febrero de 1771. El 7 de julio se dieron por concluidos los pregones dispuestos por la ley sobre la postura hecha por el Alcalde Provincial, Alejo Cossio, procediendo a revisar los caudales de sus fiadores, José Joaquín de Otero Cossio, Capitán de infantería española y Felipe de Aguirre, ambos vecinos de la Ciudad de Antioquia, para verificar si cubrían la cantidad de su postura y plazos144. Alejo Antonio de Otero y Cossio solicitó, en calidad de préstamo, a los esclavos Miguel, Valeria, mujer de Miguel, y la negra Micaela, obligándose a pagar el jornal de estos a tomín de oro por cada uno, el tiempo que trabajaran y se encargaría de darles la manutención correspondiente: almuerzo, comida y cena145. La Junta aceptó la solicitud de Alejo Cossio y el Administrador de Temporalidades entregó los esclavos. El 23 de julio de 1771 un negrito, hijo de los solicitados, fue también entregado, pues tenía dos años y debía llevárselo su madre146. En el mes de marzo de 1774, desde Santafé, el fiscal informó que no existía impedimento alguno para que la Junta Municipal de la Ciudad de Antioquia procediera a celebrar el remate, pero antes debían ser pronunciados tres pregones. Pasadas tantas posturas el hatillo fue entregado a Antonio Otero Cossio en 3.800 pesos de oro en polvo, de los cuales 3.000 quedaron a censo147.

143 144 145 146 147

AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 562r – 564r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 665r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 568v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 571v - 572r. Germán Colmenares, Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada: Siglo XVIII, 2ª edición, Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1998, p. 114.


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7.10 Hato de Pabón y hacienda La Cortada El hato de Pabón, comparado con el hatillo de Güintar, estaba compuesto por menos bienes. Apenas contaba con un bohío para el negro que allí trabajaba, un corral y 47 cabezas de ganado148.Para el remate del hato el Capitán Alonso José del Campillo, vecino de la Ciudad de Antioquia, como apoderado del procurador general de la villa de Medellín, Manuel Santa María y de Juan Antonio de Uribe, vecino también de la misma villa, hizo postura el 30 de marzo de 1772 sobre las tierras, el ganado y los negros que componían el hato de Pabón, por los precios en que fueron avaluados. Dio como fiadores a Vicente Restrepo, Cristóbal Vélez y Manuel Escobar, vecinos de la villa, y se obligó a pagar el total del valor al término de cuatro años, contados a partir del día en que tomara posesión sobre los bienes149. La Junta Municipal de las Temporalidades de la Provincia de Antioquia aceptó la postura y mandó a que se realizaran los pregones, para conocimiento de algún mejor postor, posiblemente en la calidad de contado. Los pregones iniciaron el mismo día por voz de Salvador Negro, segón orden del escribano Juan Antonio de Orellana: “[…] en las puertas del Real Cabildo de esta ciudad [de Antioquia] en esta forma: han hecho postura a la posesión de Pabón, sus tierras, ganado y tres negros nombrados Inocente, Maria Rosa y Bonifacio, con todo el ganado que hay en dicha posesión por su avalúo que es de 6 pesos, 3 tomines de oro en polvo por cada cabeza de ganado mayor de año para arriba, y que el que no lo tuviese se reputará por mamón al tiempo de su entrega, las tierras en 397 pesos, y los tres esclavos en 510 pesos, y a pagar toda la cantidad dentro del término de 4 años, la cuarta parte en cada uno de ellos con el rédito que le corresponda, y que a su entrega se le den a la parte los derechos, usos y costumbres de dicha posesión de Pabón, hay quien mejore esta postura con la calidad del contado, llegue se le admitirá, y aunque se dieron los tres pregones, no pareció mejor postor y así lo certifico y firmo, yo el escribano que doy fe”150.

148 149 150

ACM, sb149, folio 9 y AHA, Serie Temporalidades, Volumen 118, folios 116r - 128r. AGN, Temporalidades, tomo 20, folios 973r – 975r. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 977r.


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El primer pregón se realizó el 8 de abril de 1772. Fueron 8 en total y concluyeron el 12 de julio de 1772. Terminados los pregones, y sin haber mejor oferta para la obtención de los bienes, fue notificado al primer postor sobre la aprobación de su postura151. El 20 de julio de 1772 el Procurador general, Juan José de Lora, informó a la Junta que los fiadores presentados por Manuel de Santa María y Antonio de Uribe, eran aceptados. Al día siguiente la Junta mandó al escribano a remitir los autos originales a la Real Junta de Temporalidades de Santafé para que fuera citado el apoderado de los postores152. El 28 de octubre de 1772 desde Santafé, se envió una Superior Orden, donde se decia no haber reparo para que la Junta de la Ciudad de Antioquia procediera al remate de las tierras. Pero, para realizarlo, debía aumentar los pregones hasta el número treinta153. El 13 de febrero de 1773, en vista de la Superior Orden y aprobación154, iniciaron el mismo día los pregones. El número treinta se realizó el 14 de marzo y aun así no apareció mejor postor para su compra155. La Junta Municipal emitió un Auto en la Ciudad de Antioquia, el 15 de marzo de 1773, para proceder con el remate prevenido por la Real Junta de Santafé. Al día siguiente se efectuó el remate del hato de Pabón por Antonio José de la Fuente, quien lo realizó con pleno conocimiento del número de cabezas de ganado mayor156. El 16 de marzo de 1773, el Administrador de las Temporalidades presentó a la Junta la siguiente relación del ganado para concretar el remate (ver cuadro Nº 17):

151 152 153 154 155 156

AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 984r. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 984v. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 987r. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 987v. AGN, Temporalidades, tomo 20, folios 987v – 990v. AGN, Temporalidades, tomo 20, folios 991r – 993r.


108

Cuadro Nº 17 Relación del ganado que habían en el hato de Pabón realizada por Antonio José de la Fuente en 1773 ESPECIFICACIÓN DEL GANADO Mamones terneras de 11 meses para abajo Mamones terneros de 11 meses para abajo Novillos Ternero de 11 meses Terneros de un año Toros y toretes Vacas y novillotas

Nº DE CABEZAS 4 4 9 1 2 29 69

Total

118

Elaborado a partir de: AGN, temporalidades, tomo 20, folios 995v y 996r.

Para el 18 de abril de 1773 Antonio José de la Fuente presentó otra relación teniendo como base el libro común y general de la administración, donde fueron apuntados los terneros que nacían y morían, con día, mes y año. Las vacas se encontraban anotadas con el nombre que las identificaba: la Contadora, la Sardina, la Alcogolada, la Avispa, la Burra, la Rubia, la Melcocha, la Clavelina y la Oveja157. Pasada la relación del ganado los integrantes de la Junta de Temporalidades de Antioquia elaboraron un auto con el propósito de proceder a rematar el hato el 1 de abril de 1773158. Veinte días después, luego de haberse hecho postura sobre el hato de Pabón y la hacienda de La Cortada el señor alcalde, Diego Hernández de Sierra, mandó a proceder con el remate de las dos posesiones, si no había mejor postor, el Administrador de las Temporalidades pasó a hacer entrega formal, el 25 de abril de 1773, basados en la Real cédula del 27 de marzo de 1769, en el capítulo 42159. El escribano dio copia certificada del auto de 21 de abril para la

157 158 159

AGN, Temporalidades, tomo 20, folios 998v - 999r. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 222r. AGN, Temporalidades, tomo 23, folios 223r - 223v.


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entrega de la hacienda de La Cortada, sus tierras, negros y salado, con todo lo anexo al Salado, y al hato de Pabón160. El remate se efectuó en la Ciudad de Antioquia el 25 de abril de 1773 y la entrega se realizó cuatro días después. Antonio José de la Fuente hizo entrega de la hacienda a sus postores y así lo anotó el escribano: “estando el ganado en el corral, fuimos apartando uno por uno hasta 69 vacas, de vientre inclusas las novillitas, a quienes don José Antonio de Uribe puso su hierro y se dio por entregado. También apartó 9 novillos a quienes no les puso su dicho hierro y se dio por entregado. Apartó 13 terneros mamones menores de año y se dio por entregado. Le entregué de mano a mano tres esclavos nombrados Inocente, su mujer María Rosa, y Bonifacio, que son los de su postura, y no habiendo en esa dicha hacienda otros esclavos, ganado ni muebles de esta pertenencia concluyó mi parte con la prevenida entrega y el referido don Antonio de Uribe confesó haber recibido lo contenido a toda su satisfacción”161. La hacienda de La Cortada es un bien nunca antes mencionado en los trabajos que aluden a los bienes de los jesuitas en la Provincia de Antioquia.

7.11 Mina de San Javier La mina de oro de veta de San Javier tenía dos trabajadores “viejos y faltos de vista el 10 de junio de 1769”162. La Mina debía ser organizada, con el propósito de rematarla y poder avaluarla de manera justa. El gobernador, José Barón de Chávez, nombró a Juan Francisco Llul, español, residente de la Ciudad de Antioquia. Para tal labor le fueron entregadas herramienta (cinceles, almádanas y cuñas.) y viáticos por mes: dos arrobas de carne, cuatro tomines de tocino, un par de alpargatas, dos libras de jabón, dos tomines de tabaco, cacao, un almud de maíz por semana, seis esclavos, cinco varones y una mujer, para cocinera, y a esto la

160 161 162

AGN, Temporalidades, tomo 23, folio 224r. AGN, Temporalidades, tomo 20, folio 1003v. AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3324, folio 347r.


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ración que les daban los padres: maíz, sal y fríjol, sin otro salario163. El 17 de agosto del mismo año el español aceptó y le anunciaron que la mina se encontraba destrozada y maltratada. Bajo dicho estado el español promedió ocho meses para poner al día el lugar, pues, como no había personas con conocimiento para organizarla, se llevaría más tiempo. Buscando reducir gastos a la junta, el alojamiento sería en dos casas con que contaba aun la propiedad. En cuanto a la cocina, ésta debía ser habilitada para poder preparar los alimentos, se solicitaron para esta labor los trabajos de Sebastián Higuita164. El 20 de agosto de 1769 Juan Francisco Llul salió para la Mina de San Javier, con 6 esclavos, 5 hombres y una mujer, dos del Gobernador y cuatro de las Temporalidades. El 18 de octubre del mismo año, Llul envió una carta al Gobernador con muestras de la Mina de San Javier en zurroncillos o bolsitas, muestra molidas que contenían menos del oro esperado165. Una semana después, el 25 de octubre de 1769 ya estaba organizada y con los frontones colgados. La ración de demolición era de 50 libras de metal del ramo, puesta esta tasa por Diego Radillo de Arce, gonernador del siglo XVII antecesor de Chávez, pues era el tope mínimo para saber si la Mina era rentable o no. Los integrantes de la Junta concertaron enviar dos personas idóneas para avaluar la mina166, dada su ausencia, el gobernador le asignó tres negros al encargado de las temporalidades para que saliera a realizar este trabajo.

7.12 Mina de oro de San Ignacio de La Miel El 9 de agosto de 1765 el rector del colegio, Jerónimo de Godoy, celebró con Juan Salvador de Castañeda, alférez real de Antioquia y vecino de la misma cuidad, la compra de la mina nombrada La Miel, en el sitio de Las Petacas, en las tierras de Los Osos. La mina había sido 163 164 165 166

AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3324, folios 348r – 349r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3324, folios 349r – 350r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3324, folios 351r – 352r. AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3324, folios 354r – 355v.


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hipotecada a favor de los bienes del hermano Felipe Rodríguez, integrante de la Orden, que murió in testato (sin dejar testamento) en el primer año de su noviciado en la Compañía y dejó su herencia a favor de sus hijas legitimas religiosas del convento de Nuestra Señora del Carmen, en Santafé, cuya escritura de hipoteca fue cancelada en el oficio público que manejó el escribano Francisco Javier de Aguirre y Zabala. El padre presentó la letra de cancelación de la escritura de hipoteca de la mina de la Miel y solicitó la devolución original de los documentos, para quedar con ellos en el colegio167. Sobre las minas que fueron de los jesuitas en la Provincia de Antioquia exiten documentos que muestran lo que se alcanzó a fundir desde 1750 hasta 1760 (ver anexo Nº 4). La mina de San Ignacio de la Miel, posiblemente nombrada San Ignacio por los jesuitas, al momento de ser inventariada, contaba con 45 esclavos, 20 mujeres y 25 hombres de diferentes edades. En su mayoría los esclavos estaban casados y tenían hijos. El 11 de mayo de 1772 José López de Sierra, vecino de la villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, hizo postura a la Mina de San Ignacio de la Miel en 1.500 pesos de oro en polvo, con su ranchería, pagando 500 pesos de contado y los 1.000 restantes en el término de un año. Sumo a la postura 370 pesos por tres esclavos (Juan Antonio, Longina, su mujer; y Juan Bautista, su hijo), pagando 270 pesos al contado y los 100 restante a censo dentro de un año. Al día siguiente, en las puertas de la Real Contaduría, se dio por voz de Salvador negro el primer pregón a la espera de que alguien mejorara la postura. Entre el 21 de mayo y el 15 de julio se dieron los ocho pregones correspondientes, haciéndose uno cada 9 días. La junta al ver concluidos los pregones y no haber mejor postor solicitó a José López de la Sierra que presentara las fianzas correspondientes a su postura.

167

AHA, Serie Temporalidades, vol. 119, doc. 3336, folio 252r.


112

Fueron efectuados otros treinta pregones entre el 12 de octubre y el 10 de noviembre de 1773, dándose un pregón cada día. No se presentó quien mejorara la postura. Concluidos los pregones la Junta efectúo el remate de dicha mina el 18 de noviembre de 1773 en 1.921 pesos, “821 pesos de oro en polvo al contado, 51 pesos de los utensilios, y 1.000 pesos sin rédito con plazo de dos años, y los 100 pesos con plazo de un año sin rédito”, quedando con ella José López de la Sierra, quien realizó el pago de la hacienda de la siguiente forma: en 18 de noviembre de 1773 redimió 821 castellanos, 19 de noviembre de 1774 otros 100 castellanos. Sin embargo, el 5 de junio de 1776 traspasó a Marco Aldana, Sancho Londoño y Juan Prudencio Marulanda la mina; quienes redimieron los 1.000 castellanos restantes168.

7.13 Casa de los jesuitas en la Ciudad de Antioquia Uno de los casos particulares dentro de las posturas y los remates efectuados por la Junta de Temporalidades de la Provincia de Antioquia fue el de una casa ubicada contigua al Colegio de los Jesuitas, que había sido donada por Francisco Dionisio de Vallecilla, tesorero de la Caja Real de Antioquia, por medio de una clausula testamental. Su testamento fue otorgado por poder el 7 de septiembre de 1766 y en el legajo se incluían todas las alhajas de la casa. Ésta fue entregada el 12 de marzo de 1767, es decir 5 meses antes de su expulsión169. Cuando la casa quedó en poder del Ramo de las Temporalidades Luís Manuel Pajón, vecino de la Ciudad de Antioquia, hizo postura sobre la propiedad el 6 octubre de 1771 por 1.000 pesos de oro en polvo para ser pagados 400 pesos de contado y 600 pesos dentro de dos años. La postura se realizó por la mitad del precio en que se inventarió la propiedad, pero al no haber otra postura se sacaron los pregones por el término de 30 días, expuestos por la ley, dándose cada 9 días 3 pregones. Para efectuar la posible compra de la casa el postor ya había 168 169

AGN, Temporalidades, tomo 18, folio 908r. AHA, Mortuorias, tomo 307, doc. 6029, folios 28r 38r y 41.


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otorgado, el 11 de marzo de 1770, un poder a Luís Antonio Fernández para que lo representara170. El 14 de enero de 1772 iniciaron los pregones. Solo fueron efectuados diez, hasta el 5 de abril del mismo año171. En el proceso de remate Luís Manuel Pajón planteó que para la seguridad de la postura ponía una finca con su casa como garantía y respaldarían la deuda con Gabriel Rivero y José Montaño Jaramillo, sus fiadores172. Hasta aquí llegó el proceso inicial de remate, hubo que esperar hasta el 14 de julio 1778 que la Junta Municipal de las Temporalidades de Antioquia manifestara que Manuel Pajón no había adelantado las diligencias de su postura a la casa de teja y solar, situación que llevó al deterioro de la misma. Además, en cuanto a los fiadores, las integrantes de la Junta Municipal hicieron saber a Luís Porto, apoderado de Pajón, que José Montaño Jaramillo había fallecido y debía presentar un nuevo fiador para continuar con el trámite173, pero Luís Fernando Porto declaró que ya no era más el apoderado de Manuel Pajón. Siete meses después, el 26 de agosto de 1778, la Junta ordenó un nuevo avalúo de la casa dados los inconvenientes presentados con su postor y sus fiadores, pues uno de ellos falleció y el otro, Gabriel Rivero, se encontraba en la cárcel y tenía embargados todos sus bienes. Se procedió con José Ignacio de Vargas, maestro de carpintería y Juan Bernardo Holguín, maestro albañil, con el nuevo avalúo de la propiedad. Todo esto debido a la ausencia de Manuel Pajón de quien después de realizada la postura en 1771 no se supo nada más de su paradero durante siete años174. El 27 de agosto de 1778, fue realizado el avalúo y la propiedad contenía: “26 varas de frente con el ancho correspondiente y que sus oficinas se componen de cinco piezas con corredor, con dos cuartitos extremos y otro en la trastienda y solar de 47 varas de largo y 27 de 170 171 172 173 174

AHA, Serie Temporalidades, vol. 123, doc. 3395, folios 129v- 137v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 132r – 133r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 134r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 135v. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 137r.


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ancho, con su cocina de teja. La construcción de la casa y cocina era de tapias, de tierra cubierta la referida casa de teja. El solar se hallaba cercado de tapias”175. Los avaluadores manifestaron que la casa necesitaba algunos reparos de madera y teja para ser habitada. También el solar requería de tapias. Los costos para invertir en ella serían de 1.300 castellanos de oro en polvo. Exactamente un mes después, Manuel Ladrón de Guevara, vecino de la Ciudad de Antioquia, realizó una postura de la casa de teja, por cantidad de 900 pesos de oro en polvo redimible y a pagar un 5% por cada año. Además se obligó a asegurar la propiedad. Durante los pregones, el 3 de agosto de 1779, Pedro Félix Pastor, fundidor de la caja Real de Antioquia, vecino de la misma Ciudad, mejoró la postura en 20 castellanos, y puso como respaldo una casa avaluada en 2.500 castellanos y para mayor seguridad colocó como fiadores a Lorenzo de Ossa y Juan Escobar176. El pregonero, Salvador negro dijo en alta voz: “920 pesos de oro en polvo dan por la casa de teja que era de los padres de la compañía, quien quisiere mejorar la postura se le admitirá la que hiciere y no habiendo parecido mejor postor se repitió el mismo pregón tres veces y se apercibió a remate, habiendo sólo en estos últimos pregones, en el primero a la una; en el segundo a las dos y en el tercero, a las tres; que buena, que buena, que buena prole haga a don Pedro Félix Pastor, la dicha casa de teja del cual remate protesta no llamarse a engaño ahora ni en ningún tiempo y que asegurará como se manda”177. Esta dedición de la Junta Municipal de Temporalidades no fue del agrado de otro apoderado que consiguió Luís Manuel Pajón, José Benguezer, quien saca a relucir, el 9 de agosto de 1779, la inconformidad por que ya había una postura hecha desde 1772 a la casa por 950 pesos, justificando que tendrían una pérdida de 30 pesos de oro en polvo. Pedro Félix Pastor respondió al llamado de atención que hizo el apoderado de Luís Manuel Pajón diciendo

175 176 177

AGN, Temporalidades, tomo 22, folios 139r – 140r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 155r. AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 157r.


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que la omisión de la postura durante tanto tiempo quitó valor a la propiedad por su deterioro, exigiendo le fuera entregada a él la propiedad. El 18 de agosto de 1779 el apoderado de Pajón entregó a la junta una carta donde plasma que la determinación, conforme a las leyes 7, titulo 11, libro 8; título 12, libro 12 de la recopilación de Indias decía que aunque haya segundo postor y por la misma cantidad en igualdad de dicha, es preferido el primer ponedor”178. El 12 de septiembre la Junta comunicó nuevamente a Luís Manuel Pajón que no tenía respaldada su postura ya que de sus fiadores uno falleció y el otro estba en la cárcel. Además no tenía bienes para asegurar la propiedad. Con todos los inconvenientes presentados la casa fue finalmente entregada, el 2 de septiembre de 1779, a Pedro Félix Pastor por parte del Gobernador de Antioquia, quien estrechando la mano del nuevo propietario, lo hizo seguir hacia la casa, pasear por ella, abrir y cerrar las puertas. Luego el Gobernador hizo salir a todos los que estaban en la casa, excepto a Pedro Félix Pastor, en señal de verdadera, real, actual, civil y natural; posesión de la casa.

178

AGN, Temporalidades, tomo 22, folio 160v.


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8. Cometarios finales Europa, aunque pequeña, contó para el siglo XVI con personajes que difundieron por el mundo nuevas ideas filosóficas, económicas y culturales que revolucionaron las estructuras sociales establecidas. La sociedad tuvo diferentes enfoques frente a la religiosidad basados en dos grupos religiosos: los reformistas protestantes y la Compañía de Jesús, ambos con diferentes maneras de concebir la fe, la religión y el encuentro con Dios. El nombre de Ignacio de Loyola sale a relucir cuando se habla y escribe sobre la fundación de la Compañía de Jesús, pero no hay que olvidar a sus amigos Pedro Fabro, Francisco de Javier, Alfonso Salmerón, Diego Laínez, Nicolás Bobedilla y Simón Rodrigues, con quienes fundó la orden religiosa. Fue un grupo de hombres que mostraron determinación para intervenir en los procesos políticos y religiosos. Se aventuraron a ser los “Soldados de Dios”. En el ejercicio de esta monografía encontré que los jesuitas misionaron hasta apartados lugares de América, Asia, África e India. Enseñaron y evangelizaron bajo los criterios establecidos por la Iglesia Católica después del concilio de trento. Decir que fue indicado o no incluir a los indígenas, japoneses, hindúes o chinos a una nueva creencia religiosa no es la tarea del presente trabajo, pero si es una realidad que con ello los jesuitas alcanzaron un reconocimiento colosal en el mundo. Virreinatos, capitanías, provincias y resguardos fueron de los muchos lugares de América donde los jesuitas trasmitieron las nuevas ideas católicas ventiladas en Europa, con un modelo administrativo organizado en misiones, fundación de colegios y correrías religiosas que manutuvieron funcionando con el sustento económico de las haciendas. América fue un lugar nuevo para salir a misionar. Florida, Nueva España, Perú, Chile y el Río de Plata hicieron parte de los lugares elegidos para evangelizar no solo a los nativos, sino mantener viva la fe entre los habitantes españoles, ingleses y portugueses que habían


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conquistado y colonizado tierras, los criollos; los mestizos, los mulatos y los esclavos que traían desde África. El Reino de Granada hizo parte de los tardíos recorridos hechos por la Orden religiosa pero tardaron mucho más en llegar a la Provincia de Antioquia. El impulso de instaurarse no fue gratuito. Los jesuitas tuvieron todas las garantías para hacerlo y, aunque el lugar era remoto y primitivo, cumplió con los requisitos económicos para interesar a los regulares a instaurar un colegio y educar a los jóvenes varones, pues los antiguos habitantes no se interesaron tanto por la educación, sino por la comercialización y la obtención de oro. La Ciudad de Antioquia, lugar donde se asentaron los jesuitas en la Provincia, contó con su presencia por 47 años (1720 – 1767) y los bienes que acumularon pasaron a ser administrados, después de la expulsión, por el Ramo de las Temporalidades, una entidad que fue conformada con dicho objetivo por orden del Rey de España. Así la corona pudo disponer de los ingresos derivados de la producción, los arrendamientos y las ventas de los bienes que habían pertenecido a sus colegios y misiones. Los integrantes de las Temporalidades facilitaron a los grupos locales acceder por remate público a los establecimientos productivos y a los esclavos. Evidencié que los jesuitas acumularon diferentes tipos de bienes que pueden ser divididos en dos categorías: los religiosos (el colegio, la iglesia de Santa Bárbara, las alhajas, ornamentos y las cofradías o congregaciones) y los productivos (los esclavos, la hacienda de Abejuco, la hacienda del Tejar, la estancia de Cauriba, el hatillo de Guindar, el hato de Pabón, la hacienda La Cortada, la mina de veta de San Javier, la mina de oro de San Ignacio de La Miel y la casa en la Ciudad de Antioquia). Fue interesante encontrar que los esclavos que tuvieron los jesuitas en Antioquia, 140 para 1767, fueron numerosos, algunos traídos desde África de casta Congo, Cola, Mina, Luango, Zetre. El trato dado a los esclavos fue “paternalista”, diferente al impuesto por los


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funcionarios de la corona que conformaban las Temporalidades, quienes les recordaban que no recibirían el mismo trato de los jesuitas como manera de amenaza para que cumplieran con sus exigencias. Las alhajas y ornamentos hicieron parte de los numerosos implementos que tuvieron los jesuitas para llevar a cabo las labores religiosas en las iglesias y cofradías. Algunas de ellas adornadas en oro, plata y esmeraldas. No fue un secreto que los jesuitas tuvieron esos implementos, pero no se ha mencionado que fueron solicitadas por el Rey de España las alhajas que tuvieran mayor valor, para ser llevadas a la Ciudad de Cádiz y poder disponer de ellas, mientras el resto pasaban por préstamo o donación a otras parroquias. La economía con que sostuvieron sus misiones y labores educativas estuvo soportada por la hacienda. En la Provincia de Antioquia tuvieron cuatro tierras, denominadas con el nombre de haciendas, hatos y estancias. Debe quedar claro que el concepto con que desarrollé cada una de las propiedades corresponde al inventario de 1767 realizado a los bienes expropiados. Aunque existan definiciones sobre la extensión de una propiedad no resultarían validas para las que hubo en la Provincia, pues varían de nombre según el documento. Una propiedad que no había sido mencionada es la hacienda de La Cortada, rematada junto con el hato de Pabón. No se sabe que contenía o cómo funcionaba, pero existió y fue rematada. Este fue un bien que se sumo a las tierras que tuvieron los “expatriados” y puede profundizarse aun mas buscando en los documentos indicados. Concluyó que los establecimientos productivos sufrieron una devaluación progresiva, fue visible en la venta de las haciendas, las minas y los esclavos, pues las personas hacían solicitud de compra por un valor menor del avalúo de los bienes, y estos no eran puestos a remate público sino hasta el momento en que se hacía la primera postura por algún interesado. La mayoría de personas que adquirieron los bienes eran funcionarios que tenían o habían tenido


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cargos importantes en la Provincia de Antioquia y Medellín, como lo fueron los Otero Cossio. Otro factor que devaluó las propiedades fue la demora de su remate, pues hubo deterioro en la infraestructura física. Para el caso de las haciendas la devaluación se debió al descenso productivo. Los ingresos recaudados por las Temporalidades tuvieron bajos niveles de productividad, en contraste con los gastos en sueldos del personal y en el sustento de la mano de obra esclava, como las desviaciones de dinero por malversación, determinaron que los ingresos fueran en gran parte utilizados para solventar la estructura montada para extraer réditos de las Temporalidades. Esta monografía abre el camino para trabajar el Ramo de las Temporalidades como entidad administrativa de manera minuciosa, pues la información es una mina que puede seguir siendo explotada y es de fácil acceso. Esto permitiría profundizar sobre la malversación de los bienes y definir quienes fueron los integrantes de las juntas en los diferentes años. Sin embargo, puedo adelantar que el Administrador de las Temporalidades que más duró en Antioquia fue Antonio José de la Fuente. Fueron 47 años que permanecieron los jesuitas en Antioquia predicando y educando y aunque fueron expulsados, no se habla de los bienes sin mencionarlos o recordarlos, siempre se utilizó como punto de referencia “los bienes de los expatriados”, “los bienes de los expulsos”, “los bienes que fueron de los jesuitas”. Con esto evidencio que, aunque pudo ser una manera de control fiscal, también ayudo a mantener la memoria de su presencia en tierras antioqueñas.


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ANEXOS


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Anexo Nº 1

Glosario

a

alba: Túnica blanca de lino que usa el sacerdote sobre el hábito y el amito para celebrar la misa. El alba es la prenda principal en la de la Eucaristía y demás celebraciones religiosas.

almud: Medida para áridos y a veces líquidos. Su equivalencia depende del lugar. En medida de extension y de volumen.

almud de tierra: Medida de extesión. Espacio en que cabe media fanega de sembradura.

altar, altares : Conjunto conformado por la mesa de altar, la base, las tarimas, el retablo, el sagrario y la piedra de ara. Se usa para adorar un santo y para las celebraciones religiosas.

amito: Lienzo cuadrado, con una cruz en su parte central, que los sacerdotes usan para cubrir el cuello y la espalda del referido.

ara: Piedra consagrada sobre la cual extiende el sacerdote los corporales para celebrar la misa.


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araña: Candelero con varios brazos que cuelga del techo.

armazones: Anaquel o estantería. arguenas: (de alforjas) especie de talega, abierta por el centro y cerrada por los extremos. b

bastidor: Armazón de palos o listones en que se fijan los lienzos o telas para pintar o bordar, y para otros usos.

bolsa de corporales: Pieza cuadrada de dos hojas de cartón forradas en tela, usadas para guardar entre ella los corporales* plegados.

bonete: Especie de gorra, comúnmente con cuatro picos.

brocado: Tela de seda y terciopelo, tejida con hilos de oro o plata o con dibujos de color diferentes al fondo.

bulas: Documento pontificio relativo a materia de fe o de interés general, concesión privilegios, etc.

buriles de torno: Instrumento puntiagudo de acero para grabar en metal.

de


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c

cáliz: Vaso sagrado, de oro o plata, usado en la misa para consagrar el vino.

camarín: Especie de cuarto volado que se colocaba en el muro posterior de la iglesia y detrás del altar, para poner una imagen.

candelero: Utensilio que sirve para mantener derecha la vela y consiste en un cilindro hueco unido a un pie por una columnilla.

capa pluvial ó capa de coro: Prenda religiosa que usan algunos eclesiásticos para asistir en el coro a determinadas celebraciones litúrgicas y actos religiosos.

casulla: Vestidura sacerdotal que se coloca sobre el alba. Es elaborada en tela brocada. Lleva una banda central, conocida como clave.

cíngulo: Cordón de seda, con borla en los extremos, para ceñir el alba a la cintura.

cofradía: Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente para ejercitarse en obras de piedad.

confesionario: Mueble de madera dentro del cual se sienta el sacerdote a oír en confesiones a los feligreses, a los que escucha a través de una pequeña ventana con celosía.


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copón o piscis: Copa grande, con tapa, en donde se guardan las hostias consagradas. corporales: Dos piezas de lino que en la misa se extienden sobre el ara, para poner la hostia y el cáliz.

custodia: Objeto de orfebrería que se apoya en un pie y se usa para exponer el Santísimo Sacramento.

d

dalmática: Vestidura, hasta la rodillas, adornada con claves, abierta en los lados usada por diáconos y subdiáconos. Se usa encima del alba.

e

efigie: Imagen de una persona real y verdadera.

escaño: Banco con respaldo.

escoplo: Herramienta de hierro acerado, con mango de madera y boca formada por un bisel. estola: Ornamento sagrado, en forma de banda larga, que el sacerdote lleva al cuello. Tiene una cruz en medio y en los extremos.


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f fanegas: Medida para áridos (en Castilla unos 55´5 litros). Medida de volumen: porción de granos, legumbres, semillas y cosas semejantes que caben en esa medida.

fanega de sembradura: Espacio de tierrra en que se puede sembrar una fanega de trigo. Fanega de tierra medida agraria cuya dimensión varía según las regiones.

frontal: Adorno de seda, metal u otro material con que se adorna la parte delantera de la mesa de altar.

frontones: Remates triangulares de una fachada o de un pórtico.

i

incensario: Recipiente, generalmente de metal, para quemar el incienso. Tiene una tapa perforada para dejar salir el aroma.

m

malversación: Invertir ilícitamente los caudales ajenos que uno tiene a su cargo

manipulo: Ornamento sagrado, de la misma forma de la estola pero más corto, que por medio de un fiador se sujeta al antebrazo izquierdo sobre la manga del alba. Tiene una cruz en medio y en los extremos.


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mantel: Lienzo con que se cubre la mesa del altar.

mesa de altar: Parte horizontal superior del altar en donde se incrusta el arca.

misal: Libro que contiene el orden y modo de celebrar la misa. n

nave: Cada uno de los espacios que hay entre los muros o filas de arcadas se extienden a lo largo de los templos.

naveta: Recipiente que sirve para guardar el incienso, generalmente en forma de navecilla, con tapa sostenida por bisagras. Suele ser ornamentado.

o

ornamento: Vestiduras sagradas que usan los sacerdotes cuando celebran. TambiĂŠn se designaba este vocablo para los paĂąos de altar, que son de lino o seda, como los manteles, el frontal, etc.

p

palia: Lienzo sobre el que extienden los corporales para decir misa. Cortina que se coloca delante del sagrario. Lienzo que se pone sobre el cĂĄliz.


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palio: Especie de dosel colocado sobre cuatro o más varas largas, bajo el cual se lleva en procesión una imagen.

paños: Lienzos o telas que se usan en la liturgia. • de altar: Mantel, lienzo mayor para cubrir la mesa del altar. • de cáliz: Cuadrado de tela con se cubre el cáliz, regularmente del mismo género y color que la casulla. •

purificadores: Paños de lino para enjuagar y purificar el

cáliz

después de la comunión.

patena: Platillo, generalmente de metal precioso, en el que se pone la hostia durante la misa.

pila: Cuenco grande de piedra para contener el agua bendita.

potencias: Cada uno de los grupos de rayos de luz que en número de tres se ponen en la cabeza de las imágenes de Jesucristo y en número de dos en la frente de Moisés. Pueden ser de metal precioso.

púlpito: Plataforma elevada, a menudo bajo un dosel llamado tornavoz, desde donde se habla a los fieles. Para el predicador, adosada a la pared.


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recatón: Hierro en forma de ancla o de gancho, que tiene los bicheros en uno de sus extremos. refectorio: Habitación destinada en las comunidades y en algunos colegios para juntarse a comer. retablo: Obra de arquitectura hecha de piedra, madera y otro material, que se coloca en torno o sobre el altar de una iglesia. Se utiliza para colocar pinturas, esculturas y objetos religiosos.

s

sacristía: Lugar en las iglesias, donde se visten los sacerdotes y están guardados los ornamentos y demás objetos usados en el culto.

sagrario o tabernáculo: Mueble, ubicado en el altar, para guardar el viril con la hostia consagrada y los vasos sagrados.

socolor: Pretexto para disimular el motivo de una acción. t

tabernáculo: Sagrario o pequeño mueble donde se guarda el Santísimo Sacramento.

tafetán: Tela delgada de seda, muy tupida.


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v

vinajeras: Cada uno de los jarritos que se usan en la misa para servir el vino y el agua.

Bibliografía

Chávez, María Isabel y Margarita Botero de Ángel. Manual para inventario de bienes culturales muebles. Bogotá, Colcultura, 1991, pp. 117-132. García-Pelayo y Gross, Ramón. Diccionario manual ilustrado, 10ma edición. México D.F., Larousse, 1999. Gonzáles, Sergio. “Los ‘mayordomos de Fábrica’ y la economía de las parroquias en la provincia de Antioquia, 1825-1840”, monografía de pregrado en Historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2008. Real Academia Española de la Lengua. Diccionario de la Lengua Española, 22ª edición. España, Espasa, 2001, 2 vols., 2368 pp. (en línea: http://buscon.rae.es/draeI/, consultado el 3 de octubre de 2008). Vives Mejía, Gustavo. Inventario del patrimonio cultura de Antioquia. Colecciones de La Ceja. Medellín vol. 4,, Secretaría de educación para la cultura, 2002, 211p. __________. Inventario del patrimonio cultura de Antioquia. Colecciones de Santa Fe de Antioquia, vol. 2. Medellín, Secretaría de educación para la cultura, 1988, 270p. __________. Inventario del patrimonio cultura de Antioquia. Colecciones públicas de Rionegro, vol. 3. Medellín, Secretaría de educación y cultura de Antioquia, 1996, 302 pp.


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Anexo. Nº 2 Lista de alhajas de la iglesia de Santa Bárbara entregadas en calidad de préstamo por la Junta de Temporalidades de la Ciudad de Antioquia FECHA

NOMBRE

1773.05.11 Pedro Félix Pastor

ESPECIFICACIÓN Mayordomo de la viceparroquia de Chiquinquirá

1815.04.28 Juan Esteban Martínez

ALHAJAS DEVUELTAS Una casulla con estola, manipulo, bolsa y paño de damasco morado, guarnecido de punta de oro, un ara y dos atriles Cuatro alcayatas, un cáliz y una patena. Todo de plata

1773.08.28 José Salvador Cano 1774.03.16

Cura y vicario de la Ciudad de Antioquia

1774.02.22 Manuel Francisco 1774.07.19 del Campillo 1779.06.30 1791.04.02

Cura doctrinero de Sabanalarga

1774.06.03 Ignacio Tabares 1783.08.04 1779.06.01

Cura doctrinero de Sopetrán

1781.03.30 Juan Ignacio Rodríguez

Presbítero

OBSERVACIONES

Realizó la devolución a nombre de Pedro Félix Pastor, mayordomo de la viceparroquia de Chiquinquirá

Una casulla, un alba, un amito, un síngulo y un manipulo, todo de brocatillo blanco; una casulla de paño negro, una patena, una cucharita, una campana, una salvilla, unas vinajeras de plata; una capa, dos casullas moradas con un alba blanca Una casulla, una estola, un manipulo, una bolsa de corporales encarnado y blanco, guarnecido todo con punta de oro; un alba de bretaña, con cíngulo, amito y purificador; un cáliz con pie de bronce, su patena y cucharita de plata; un alba, dos casullas, una negra y otra colorada cada una con sus aderezos concernientes; un alba, un amito, un cíngulo, una palia, un corporal, un purificador, un cornualtar, un misa, y un frontal; un cáliz de plata, copa, patena y cucharita de plata sobre dorado con peso de una libra; unas vinajeras con su platillo y campanilla de plata, con peso de una libra, y una custodia de bronce sobredorado buena y sana en su cajón Dos casullas persiana carmesí, y azul con dos bolsas de corporales, dos paños de cálices de los mismos colores; dos corporales, dos purificadores, dos cíngulos, dos albas con sus amitos; un cáliz sobredorado con su patena y cucharita; un cáliz con su patena con su patena y un purificador; un copón sobredorado con su tapa; un par de vinajeras con su platillo y un Cristo de plata; una custodia de plata sobredorada Una corona de plata sobredorada de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, y tres potencias de la efigie del Señor

Continúa…


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Continúa 1812.08.13 Francisco Pardo 1814.04.02 1774.08.19 Alonso de la Sierra 1774.09.26 Juan Salvador de Lastra 1818.01.18 Manuel de Rojas

1788.08.01 Manuel José Gutiérrez

Mayordomo de la viceparroquia de Jesús Nazareno

Dos cálices con sus patenas y cucharitas; un incensario con su naveta y cucharita; dos pares de vinajeras con sus campanas y platillos, todo de plata, un santo Cristo de lo mismo con su patena de carey y una lámpara de plata, con peso de 9 libras Cura doctrinero de Una casulla, un alba, una amito, una estola un manipulo y un cíngulo; Buriticá un cáliz sobredorado con su peana de lo mismo y una cucharita de plata; un par de vinajeras con su platillo, todo de plata; un cáliz y unas vinajeras Presbítero una casulla, un cíngulo, un manipulo, un paño y una bolsa de corporales Cura de la parroquia de Unas vinajeras con su platillo y campanitas de plata con peso de una libra; San Cristóbal un cáliz con su patena y cucharita, una llave del sagrario de cordón de plata; un Cristo de plata enclavado en su cruz de granadillo; un resplandor de oro en rayos con peso de nueves castellanos Mayordomo de Una custodia de plata sobredorada, enjoyada de oro montada de las Nuestro Amo piedras siguientes: en el viril por la parte principal 36 esmeraldas y por la Sacramentado otra parte 32 perlas; en el resplandor 86 esmeraldas y 4 amatistas; desde el pie del resplandor hasta la peña inclusive, 87 esmeraldas, 4 perlas gordas y 4 amatistas, y dicha custodia con estas piedras, pesa ocho libras y diez pesos; y la caja en que está guardada es forrada en barqueta. Un baulito de filigrana de plata con dos santísimos de oro y un Jesús de lo mismo, con el círculo de plata, y dentro de dicho baúl una cajuela con su patenilla, todo de plata con peso de 296 castellanos. Una cadena con dos llaves, una pequeña y otra grande todo con el peso de 20 castellanos algo escasos. Una cruz de plata con 12 óvalos de vidrios y en ellos varias reliquias de santos con peso de 395 castellanos y en medio de dicha cruz una cajuela y en ella una cruz todo de oro en que está el sagrado Ligium Crucis con peso de 9 castellanos y un tomín. Dos piscis sobredorados por dentro con peso de 227 castellanos, uno de dichos piscis con palia de seda. Un incensario de plata con su naveta y cucharita, con peso de 259 castellanos y 4 tomines. 18 candeleros de plata, 12 de ellos con tuercas, con peso de 2810 castellanos. Un par de vinajeras con su campanilla y platillo de plata sobredorados con peso de 245 pesos. Un santo Cristo de plata con peana de lo mismo y cruz de palo, con peso de 107 pesos. Dos atriles de plata con forro de madera, ambos con peso de 1317 pesos

Las alhajas fueron entregados a Manuel José Gutiérrez, mayordomo de Nuestro Amo Sacramentado. En la tesorería aún existen las alhajas siguientes: dos pares de vinajeras con sus platillos todo de plata con peso de 125 castellanos. Una cadena de plata con su llave de lo mismo, con peso de 16 castellanos. Una diadema de plata con peso de 16 castellanos. Una Diadema de bronce sobredorada. Un santo Cristo enclavado en su cruz de granadillo con los extremos también de plata. Tres rostros con sus manos, uno de ellos parece ser de San Nepomuceno de Mascarilla, con ojos de vidrio y los otros de palo. Firmado en julio 10 de 1820 por los señores Juan Pablo Pérez de Rublas y Antonio de Salazar


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Anexo Nº 3 Lápida de Juan Pablo Pérez de Rublas, 1805

Lápida de Juan Pablo Pérez de Rublas. En ella dice: “Aquí yace Don Juan Pablo Pérez de Arrubla, Natural de Ustes en el Reino de Navarra, Caballero agraciado de la Real y Distinguida orden española de Carlos III, Regidor decano del Ilustre ayuntamiento de esta ciudad, Benefactor que fue de esta Santa Iglesia que fue de esjesuitas, concluyendola y paramentándola a sus expesas. Falleció a 23 de enero de el año de 1805. Requiescat in pace amen S.F.F.L.”


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Anexo Nº 4 Fundición de oro hecha por los jesuitas registrada en los libros de funición de la Caja Real de Antioquia, 1750 – 1760 DÍA

MES

2 19 12 27 21 12 12 29 8 20 12

Julio Enero Octubre Noviembre Enero Julio Agosto Diciembre Noviembre Diciembre Julio

AÑO 1750 1753 1754 1756 1757 1758 1759

CANTIDAD ORO EN POLVO 915 86 218 322 370 225 90 248 205 700 750

No hubo fundicion de oro en 1760 y no existen libro de fundución de los años de 1751, 1752 y 1755. Tomado de: AHA, Libros, Tomo 459, folios 410 al 449.


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Fuentes y bibliografía 1. Fuentes Primarias 1.1 Archivos Archivo Histórico de Antioquia, AHA Fondo Colonia Serie Temporalidades Mourtorias Archivo General de la Nación, AGN Fondo Colonia Temporalidades Libros Archivo Casa de la Moneda, ACM 1.2 Fuentes impresas Rey Fajardo José del, SJ. Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela, tomo III. Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1974, 393p. 2. Bibliografía secundaria 2.1 Historia general de la Compañía de Jesús Lacouture, Jean. Jesuitas: Los conquistadores, tomo I. Barcelona, Ediciones Paidós, 2006, 656p. Wright, Jonathan. Los jesuitas: Una historia de los “soldados de Dios”. Trad. Antonio Bravo. Barcelona, Debate, 2005, 368p. 2.2 Historia de los jesuitas en Hispanoamérica y Lusoamérica Cardiel, José. Las misiones del Paraguay. España, Dastin, 2002, 201p. Cunninghame Graham, Robert B. La Arcadia perdida: Una historia de las misiones jesuíticas. Trad. Alicia Jurado, Buenos Aires, Emecé Editores, 2000, 275p. Hernández Palomo, José Jesús. La misión y los jesuitas de la América Española, 1566 – 1767: Cambios y permanencias. Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Escuela de Estudios Hispano – Americanos, 2005, 287p.


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Groot, José Manuel. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, tomo 2. Bogotá, Editorial, ABC, 1953, 692p. Mateos, Fernando, SJ. Historia general de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú, 2 vols. España, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944. Leite, Serafín, SJ. “Obras e Asuntos Gerais seclos XVII-VXIII”, Historia da Compañhía de Jesús no Brasil, Tomo IV. Río de Janeiro, Imprensa Nacional, 1943. Polia Meconi, Mario. La cosmovisión religiosa andina: En los documentos inéditos del Archivo Romano de la Compañía de Jesús 1581 – 1752. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú Fondo Editorial, 1999, 627p. Schwaller, John F. “La Iglesia en Brasil colonial”, Historia general de América Latina: Consolidación del orden colonial, vol. III, tomo 2. España, Editorial Trotta S.A., 2001. Tovar Pinzón, Hermes. Fuentes para el estudio de las actividades socio-económicas de la Compañía de Jesús y otras misiones religiosas. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1975, 126p. 3. Historia de los jesuitas en el Reino de Granada 3.1 Libros Borda, José Joaquín. Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva Granada. Poissy, Imprenta de S. Lejay Et C. 1872, pp. 70-79. Colmenares, Germán. Haciendas de los jesuitas en el Nuevo Reino de Granada: Siglo XVIII, 2ª edición. Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1979, 114p. Martínez Carrasco, Alfonso. La expulsión de los jesuitas: Precedente histórico de lo acontecido en el siglo XVIII. Madrid, sin edición, 1932, 155p. Mir, Miguel, Pbro. Historia interna documentada de la Compañía de Jesús, 2 vols. Madrid, Imprenta de Jaime Ratés Martín, 1913. Pacheco, Juan Manuel, SJ. Los jesuitas en Colombia, 3 vols. Bogotá, Editorial San Juan Eudes, 1959. Pérez, Rafael, SJ. La Compañía de Jesús en Colombia y Centro América: Después de su restauración, Tomo I. España, Imprenta de Luis N. de Gaviria, 1896. Rey Fajardo, José del. “La implantación del Ratio Studiorum en la Provincia del Nuevo Reino de Granada”, Revista Portuguesa de Filosofía, Braga, Tomo LV, 1999, pp. 275 – 317. _________________. “La presencia científica de la Universidad Javeriana en la Orinoquía”, Revista Javeriana, Bogotá, año 60, Tomo 118, No. 586, 1992, pp. 36 - 53.


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Tovar Pinzón, Hermes. Grandes empresas agrícolas y ganaderas: Su desarrollo en el siglo XVIII. Bogotá, Ediciones CIEC, 1980, pp. 160-189. 3.2 Artículos Colmenares, Germán. "El trabajo en las haciendas jesuitas en el siglo XVIII", Revista Universidad Nacional, No. 1, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1968. ________________. "Los jesuitas: Modelo de empresarios coloniales", Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XXI, No. 2, Banco de la República, Bogotá, 1984. Pacheco, Juan Manuel, SJ. "La expulsión de la Compañía de Jesús del Nuevo Reino de Granada en 1767", Eclesiastica Javeriana, No. 4, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 1954. __________________."La expulsión de los jesuitas del Nuevo Reino de Granada", Revista de Indias, No. 28, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1968. __________________."Los jesuitas de la Provincia del Nuevo Reino de Granada expulsados en 1767", Eclesiástica Javeriana, Bogotá, No. 3, 1953. __________________."El colegio colonial de Santafé de Antioquia", Revista Javeriana, Bogotá, vol. 102, No. 509, 1984. __________________."La iglesia de San Ignacio de Bogotá", Revista Javeriana, Bogotá, vol. 44. No. 217, 1955. __________________."¿Fue un jesuita el fundador de Tumaco?" Revista Javeriana, Bogotá, vol. 44, No. 220, 1955. __________________."Fundación del antiguo Colegio de la Compañía de Jesús en Popayán", Revista Javeriana, Bogotá, vol. 44, No. 219, 1955. 4. Historia de los jesuitas y la religión en la Provincia de Antioquia 4.1 Libros Rey Fajardo, José del y Felipe González Mora, Los jesuitas en Antioquia: 1727 – 1767: Aportes a la historia de la cultura y el arte, Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008, 517p. Patiño Millán, Beatriz. Riqueza, pobreza y diferenciación social en la Antioquia del siglo XVIII, 2 tomos. Medellín, sin editar, 1985. Londoño Vega, Patricia. Religión, cultura y sociedad: Medellín y Antioquia 1850 – 1930, Trad. Carlos José Restrepo, Serie Continente Americano. Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 2004, 449p.


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4.2 Monografías Córdoba Restrepo, Juan Felipe. “Las comunidades religiosas masculinas en Antioquia, 1850 1950”. Tesis de maestría en historia, Universidad Nacional de Colombia, Medellín, 2001, 353p. Márquez Palacios, Gladis. “La intelectualidad formada por los jesuitas: Los colegiales de la Provincia de Antioquia durante el periodo de 1689 – 1770”. Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2003, 313 p. Pérez Morales, Edgardo. ‘Haciendas y minas del colegio jesuita de la Ciudad de Antioquia’, “Espacios y vida material en el Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII”. Monografía de pregrado en historia, Universidad Nacional de Medellín, 2005, pp. 65 – 90. 5. Ramo de las Temporalidades y bienes de los jesuitas 5.1 Libros Meader, Ernesto J. A. Los bienes de los jesuitas: Destino y Administración de sus Temporalidades en el Río de la Plata 1767 – 1813, 3ª edición. Chaco, Instituto de Investigaciones Neohistóricas CONICET, 2002, 369p. 5.2 Revistas Díaz Piedrahita, Santiago. “Destino cultural de algunos bienes expropiados a los jesuitas en Santafé de Bogotá”, Boletín de Historia y Antigüedades, vol. XCIII, No. 835, octubre, noviembre, diciembre, Bogotá, Banco de la República, 2006, pp. 799- 821. Quarleri, Lía. “La administración laica de los bienes de los jesuitas de La Rioja: Producción, ingresos y malversación fiscal”. Mundo Agr, vol. 1, No. 2, junio, Buenos Aires, CONICET Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2001. 5.3 Monografía Bravo de Unigarro, Carmen. “La administración del Ramo de Temporalidades: 1767-1798”, Monografía de pregrado en historia, Pontificia Universidad Javeriana, Santa Fé de Bogotá, 1991, 157p.


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6. Otra bibliografía consultada 6.1 Libros Colmenares, Germán."La economía de los jesuitas en el Virreinato de la Nueva Granada", A. J. Bauer (comp.), La Iglesia en la economía de América Latina, México, INAH, 1986p. _________________. Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, tomo 3. Bogotá, Biblioteca Banco Popular, 1989, 367p. Eliade, Mircea. Historia de las creencias y las ideas religiosas: De Mahoma a la era de las reformas, tomo III. Trad. Jesús Valiente Malla. Barcelona, Ediciones Paidos Ibérica, S.A., 1999, 456p. Escriche, Joaquin. Diccionario razonado de legislacion y jurisprudencia. Bogota, Temi, 1977. Gómez Aristizábal, Antonio J., Pbro. Monografías de todas las parroquias y de todos los municipios de Antioquia. Por un sacerdote secular colombiano. Medellín, Bedout, 1952, p. 259. Citado por: González, Sergio. “Los ‘mayordomos de Fábrica’ y la economía de las parroquias en la provincia de Antioquia, 1825-1840”. Monografía de pregrado en historia, Universidad de Antioquia, Medellín, 2008, p. 101. Groot, José Manuel. Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, tomo No. 2. Bogotá, Editorial ABC, 1953, 692p. Johnson, Paul. La historia del cristianismo. Buenos Aires, Javier Vergara Editores S.A., 1989, 593p. Küng, Hans. El cristianismo: Esencia e historia. Madrid, Editorial Trotta, 2ª edición, 2001, 950 p. Marx, J.. Compendio de la historia de la Iglesia. Trad. Ramón Ruiz, SJ. Barcelona, Librería Religiosa, 1911, 720p. Mörner, Magnus. “Economía rural y sociedad colonial en las posesiones españolas de Sudamérica”, América Latina en la época colonial: Economía y sociedad, vol. 2, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 205 – 224. Parker, Geoffrey. El éxito nunca es definido: Imperialismo, guerra y fe en la Europa moderna. Taurus, Madrid, 2001, 420p. Rausch, Jane. La frontera de los Llanos en la historia de Colombia (1830 – 1930). Trad. Nicolas Suescún. Bogotá, Banco de la Republica y El Áncora Editores, 1999, 501p. Silva, Renán. Los ilustrados de Nueva Granada 1760 – 1808: Genealogía de una comunidad de interpretación. Medellín, Fondo Editorial Universidad EAFIT, 2002, 673p. __________. Saber, cultura y sociedad en el Nuevo Reino de Granad: Siglos XVII y XVIII, 2ª edición. Medellín, La Carreta Editores E.U, 2004, 240p.


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__________. Universidad y sociedad en el Nuevo Reino de Granada. Bogotá, Banco de la República, 1992, 477p. 6.2 Artículos Álvarez Morales, Víctor Manuel. “Antioquia colonial: La construcción de una sociedad esclavista”, Revista memoria, enero – diciembre, Bogotá, p. 58-89. _________________."Censos y capellanías: Formas de crédito en una economía agrícola", Cuadernos Colombianos, Bogotá, No. 2, 1974. Mörner, Magnus. “Economic Factors and Stratification in Colonial Spanish America with Special Regard to Elites”, The Hispanic American Historical Review, vol. 63, No. 2, Mayo, Carolina del Norte, Duke University Press, 1983, pp. 335-369. _____________. “The Spanish American Hacienda: A Survey of Recent Research and Debate”, The Hispanic American Historical Review, vol. 53, No. 2, Mayo, 1973, pp. 183-216. _____________.“The Expulsion of the Jesuits from Spain and Spanish American in 1767 in the Ligth of Eigteenth Century Regalism”, The American, XXIII, 1196, pp. 156 – 164.


REMATE DE LOS BIENES DE LOS JESUITASEN LA PROVINCIA DE ANTIOQUIA TRAS SU EXPULSIÓN EN 1767