Hispania Nostra de autor

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Hispania Nostra de autor

Cuestión de puntos de vista


HISPANIA NOSTRA DE AUTOR

Rojo que te quiero verde

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Quimera

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Crónicas rojas

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Ser paisaje

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La mosca en tu pared

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Cautivos del olvido

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Naturaleza salvaje

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Al vuelo de la mirada

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El rincón del verso suelto

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En portada H I S PA NIA

N OST R A

Órgano oficial de la asociación Hispania Nostra para la defensa y conservación del Patrimonio Cultural y Natural de España c/ Manuel, 3, 1º dcha 28015 Madrid 91 542 41 35 secretaria@hispanianostra.org www.hispanianostra.org Edita Asociación Hispania Nostra Presidenta de Honor S.M. la Reina Vicepresidentes de Honor Carlos Fitz-James Stuart Álvaro Fernández-Villaverde Santiago de Ybarra y Churruca Alfredo Pérez de Armiñán y de la Serna Carlos Morenés y Mariátegui Presidenta Araceli Pereda Alonso Secretaría de redacción Covadonga Sánchez Barajas Producción Bárbara Cordero Bellas barbara@hispanianostra.org Maquetación Teresa Merello de Miguel teresa@hispanianostra.org Imprime Médium Graphics, S.L. Los costes de impresión de esta revista no están dentro de los precios del mercado, debido a que la imprenta apoya los fines de la asociación y por ello sustenta parte de los mismos. Portada WallpaperUp con edición. Con la colaboración del Ministerio de Cultura y Deporte. Quedan hechos los depósitos que marca la ley. Se prohíbe la reproducción total o parcial del material gráfico y literario que incluye la revista, salvo por autorización escrita. Hispania Nostra no se hace responsable de las opiniones de sus colaboradores. Textos: © Los autores. Fotos: © Los autores.

Estimado lector: Tiene entre sus manos una serie de artículos de opinión, fotomontajes, relatos de crónicas rojas, apasionantes historias que nos descubren elementos de la Lista Roja del patrimonio, naturaleza, poesía, paisaje… Pasión y amor por el patrimonio, ese valor incalculable que significa la historia, el arte, nuestro legado cultural que solo podrá salvarse gracias a la educación y la unión de la sociedad civil para recuperarlo, rescatarlo del olvido y situarlo dónde siempre debió de estar, en primera fila. Por filantropía describe el diccionario “tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio". Todos los autores que han hecho posible esta publicación son filántropos, personas comprometidas con el mundo en el que viven, despiertas, desinteresadas y siempre dispuestas a colaborar con nuestra Asociación. A todas ellas, gracias. Muchos de los socios de Hispania Nostra han llevado mejor los tiempos de pandemia esperando semana a semana sus textos, sus ideas, su frescura y su compromiso. Es por todo ello que les hemos querido rendir este pequeño homenaje. Una publicación, que es una escogida muestra de Hispania Nostra de autor, y que les invitamos a seguir curioseando en: www.hispanianostra.org.

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La historia detrás de los elementos de la Lista Roja del Patrimonio, para que no se olviden y vuelvan a la vida


Miguel Cordero Bellas socio 1777

Licenciado en Historia del Arte, ejerce de profesor en el IES Alameda de Osuna. Ha colaborado para la Biblioteca Nacional y publicado un estudio divulgativo sobre Murillo, así como varias novelas infantiles.


Velódromo de Tirador en 1921. © Heraldo Deportivo.

El templo de los aurigas modernos Publicado el 30 de abril de 2020

Contemplado desde el aire, podría tratarse de un circo romano hecho pedazos por el paso de los bárbaros, como sucede con el Circo Máximo en la Ciudad Eterna. Es alguna de las ventajas de descubrir a vista de pájaro todos los rincones de la tierra, gracias a las bondades de Google maps. Se entiende, en cualquier caso, que la elipse que destaca en medio de la efervescencia urbana no está ahí por capricho. Delimitada por una riera e invadido de obscenas pistas de pádel, ese espacio semiperdido en la ciudad de Palma es lo que queda del primer gran velódromo de España y el más importante hasta la construcción del de

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Anoeta en San Sebastián en 1965. Mucho antes, desde 1903, el Velódromo de Tirador fue escenario de magníficas competiciones de todas las categorías del ciclismo en pista. Relegado hoy a un segundo plano informativo, este deporte gozó en nuestro país de verdadero fervor durante gran parte del siglo XX. Sin ir más lejos, no es casual que Tirador se encuentre en las islas y no en otro lugar. En el pueblo de Felanitx, a escasos cincuenta kilómetros, había nacido la gran figura del ciclismo en pista del deporte nacional, el mito, aún viviente, de Guillem Timoner (1926). La España de los Cincuenta, gris y nacionalcatólica, contó entre sus leyendas, amén del Real Madrid, con la figura de Timoner, seis veces campeón del mundo en la desaparecida modalidad de medio fondo tras moto. Todavía da pánico imaginar a aquellos hombres protegidos con chichoneras de


Velódromo de Tirador en 2021. © Google Maps.

Rojo que te quiero verde

cuero, que volaban por aquellas pistas a riesgo de descalabrarse. Más de uno y de dos sufrieron accidentes mortales, como recuerda la placa del Velódromo que hoy traemos aquí. Placa que, junto a la que homenajea a Timoner, está actualmente vandalizada. ¿Se imaginan semejante escarnio allende los Pirineos? ¿Un monumento a Anquetil decapitado? La pista de hormigón con gradas es uno de los escasos ejemplos que se conservan, en el mejor de los casos, de la arquitectura histórica deportiva en nuestro país. La instalación contaba también con una suerte de airoso templete para autoridades, construido algo más tarde (1918). De la misma manera que la maleza se engarza hoy entre las lajas de cemento, una tribu okupa parece haber encontrado refugio en el edículo que una vez frecuentaron las clases

altas. Mal gusto no les falta. Como huella de asentamiento, los okupas lo han pintarrajeado todo, fieles a su inequívoco estilo inane. Desde el fin de su uso como instalación deportiva en 1973, el velódromo había ido de mal en peor, y si no fue nunca demolido fue por hallarse en terrenos no urbanizables. Hoy es de titularidad pública y goza de protección al estar incluido en el Catálogo Insular del Patrimonio Histórico, a la espera de ser renaturalizado como espacio verde. Cuesta imaginar hoy en día a aquellos valientes que desafiaban ese peralte de vértigo, abrazados a la sola inercia, como modernos aurigas de un esperanzado mundo nuevo. Por suerte, en Tirador, aún puede hacerse. El Velódromo de Tirador está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 26 de noviembre de 2019. ¿Cuándo pasará a la Lista Verde?

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Saber morir en arquitectura

Elevador de aguas de La Gordejuela hacia 1910. © Turismo Los Realejos.

Este es uno de los lugares que parecen salidos de la mente de un visionario, de un loco, de un megalómano. Para los que lo construyeron, literalmente, en 1903, debió ser una hazaña mal pagada a riesgo de dejarse la vida en un caída a plomo sobre el vacío. El resultado, visible en viejas fotografías de época, casi desconcierta por irreal, por onírico. Una suerte de caserón de planta rectangular, con aire a cenobio y tejado a dos aguas, cimentado sobre un poderoso podio de basalto y argamasa construido sobre la roca. Arriba en lo alto, salvando el desnivel del acantilado, la clásica chimenea de ladrillos, importados desde Inglaterra. Si hay arquitecturas que pudiera di-

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bujar un niño y colocar en cualquier parte, ésta es una de ellas. Pero nada más lejos de la realidad, porque fue la mente cartesiana de un ingeniero militar, un tal José Galván Balaguer, la que diseñó el prodigio. Y éste, vaya si funcionaba. Todo pasaba por construir una planta para bombear agua desde un fabuloso manantial montaña arriba. ¿El propósito? Irrigar de agua dulce los campos de cultivo de plátano de la zona. La compañía británica Hamilton compró los terrenos y procedió a construir la obra faraónica que obrara el milagro. Solo la existencia de una inagotable fuente de agua, el manantial de Gordejuela, podría explicar tamaño esfuerzo de construcción antinatura. Hoy desaparecida, entonces la había. Doscientos


Rojo que te quiero verde

Publicado el 4 de junio de 2020

Elevador de aguas de La Gordejuela en la actualidad. © Miguel Alonso.

metros de desnivel por encima del mar dificultaban la empresa, pero nada es a veces imposible para la voluntad humana o la rentabilidad económica. Por todo ello, cuesta creer que el poderoso edificio de nobles ventanas en arco de medio punto, claraboya en el frontón y pilastras interiores alojara sendas bombas de achique. Los operarios trabajaban en la sala de máquinas con mejores vistas del continente africano, y no digo de Canarias, porque la instalación fue la primera de sus características en todo el archipiélago. Con el paso de los años, la empresa abandonó el negocio y la estación pasó a dominio público. En los tiempos que corren la zona es visitable a pie de obra para intrépidos, aunque su majestuosa figura

se recorta sobre las aguas desde el mirador de la Gordejuela al alcance de cualquier turista. El elevador de aguas, ¿puede inventarse un nombre más bonito para una obra de ingeniería? es hoy un esqueleto basilical, con el azul del mar rellenando cada costilla, a la espera de venirse abajo algún día. Ojalá todos los engendros arquitectónicos del boom del ladrillo tuvieran arcos de medio punto y el diseño sin ataduras de un niño. Hay formas y formas de morir en arquitectura. Esta ruina de Los Realejos, al norte de Tenerife, eligió una grandiosa. El elevador de aguas de Gordejuela está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 31 de enero de 2019. ¿Cuándo pasará a la Lista Verde?

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Ahora que ha muerto Marsé... Publicado el 30 de julio de 2020

Ahora que ha muerto Marsé escribimos sobre un lugar que no aparece en sus libros pero que se halla muy cerca de los trillados recorridos del Java y Sarnita por la Barcelona de Si te dicen que caí, o incluso de las escapadas en moto (robadas, claro) del legendario Pijoaparte. Sí, queridos amigos de Rojo que te quiero Verde, la muerte del gran escritor catalán nos ha dejado mal cuerpo. Encontrar un edificio en el barrio de Horta nos permite reconstruir episodios algo olvidados de la Ciudad Condal, a la par que homenajear a uno de nuestros artistas favoritos. La finca es la Torre Mas Enrich, aunque se la conoce popularmente como Torre del Moro, por una escultura de un hombre con turbante en una de las ventanas neogóticas que aún conserva. Construida como torre de vigilancia en el siglo XVI, este torreón, hoy apenas

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un estrecho paralelepípedo de tres alturas de mampostería y ladrillo, tiene bastante miga histórica. La suficiente como para trazar, curiosamente, un breve periplo por la Barcelona pisoteada, humillada, sojuzgada. Si preguntáramos a un catalán de sentir nacionalista qué episodios históricos fueron más denigrantes para la madre patria, seguramente apuntaría dos: la conquista de Barcelona el 11 de septiembre de 1714, Diada de Cataluña, y la entrada de las tropas de Franco en el invierno del 39. Si además fuera culé, podría añadir el contubernio por el que el Torre del Moro a principios del siglo XX. © Arxiu Municipal del Districte d’Horta-Guinardó.


Rojo que te quiero verde club merengón le birló Di Stéfano al Barça, pero esta última no nos interesa para nuestra historia. Vayamos pues a principios del siglo XVII. La guerra europea por la sucesión al trono español estalla y la mayor parte de los catalanes, aunque no todos, apuesta por el candidato equivocado, el archiduque Carlos. Este autoproclamado rey de España se aloja, o por lo menos se detiene a tomar un refrigerio, en la mentada torre, lugar seguro para sus intereses en un momento de cruenta guerra civil en la península. Para los nostálgicos de la dinastía Habsburgo, que en CataLa Torre de Mas Enrich o del Moro en la actualidad. © Luay Albasha.

luña los hay y muchos, este lugar debería recuperarse y reconvertirse en Centre de Recuperació Històrica. Reviste por idénticos motivos, la misma importancia que el Mercat del Born, destruido por el victorioso y malvado Borbón Felipe V, hoy reconvertido en la zona 0 del nacionalismo catalán. Del segundo agravio mencionado, el torreón es testimonio de la imprenta clandestina que operaba en sus intestinos allá por los sesenta y setenta. Un zulo escondía una rotativa con planchas provenientes de Francia, que imprimían el Mundo Obrero. Llegaban escondidas en los bajos de un coche. Contra Franco vivíamos mejor, atribuyen a otro catalán de primera, Manuel Vázquez Montalbán. Mejor no lo sé, pero con más descargas de adrenalina, quién puede dudarlo. La torre del Moro subsiste hoy como almacén de chatarra de los subsaharianos del barrio. Kabileños llama Marsé a su canalla de traperillos. Como un círculo dibujado en la arena, todo parece cerrarse por un momento. La Torre Mas Enrich está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 3 de julio de 2020. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

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La Legión Felina reconquista, lentamente, Hispania Publicado el 8 de octubre de 2020

Raros tiempos estos, de incertidumbres muchas, y avistamientos varios de lo más sospechoso. El cocodrilo del Pisuerga, la pantera de Granada, las orcas asesinas de Estaca de Bares, eso es un cambio climático a lo grande, una verdadera revolución a la inversa. El río castellano convertido en manglar venezolano, los olivares granadinos en jungla virgen centroamericana, la costa

gallega en los rugientes cuarenta. Fuera bromas, estos rarísimos sucesos (una pantera no es un gato grande pintado de negro, y un cocodrilo no parece un lucio con escamas prehistóricas) se completaron la semana pasada con un hallazgo revelador, por fin, de buenas noticias ecológicas en nuestra patria natural y sentimental que es España. Un lince auténtico apareció en la mitad de un pueblo, Rociana del Condado, provincia de Huelva. Que los aldeanos improvisaran un captura callejera del felino ad hoc, como si fuera la de un cerdo untado en aceite en las fiestas populares de nuestra infancia, pero con la verdadera conciencia adquirida de no hacerle daño al animalito y entregárselo al SEPRONA, dice tanto de nuestro cambio de costumbres que en Hispania Nostra casi se nos saltan las lágrimas. El felino fue por

Evolución de la población de lince ibérico. © Programa Life + Iberlice / La Vanguardia..

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Ejemplar de lince ibérico. © Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico www.lynxexsitu.es.

fin atrapado, sedado y enviado al Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREA), paso previo a su reintroducción en Doñana, de dónde se había extraviado. O quizás no. Abrimos el interrogante porque la presencia del felino en el pueblo no hace sino constatar la progresiva mejoría de la población de lince ibérico o lynx pardinus. Cierto es que cada año siguen produciéndose muertes evitables por atropellamientos y furtivismo. Que deberían construirse pasos en los puntos negros de las carreteras y perseguir con dureza el furtivismo. Pero los que hemos recorrido esos treinta kilómetros de línea recta de carretera entre Mazagón y Matalascañas somos conscientes de que

evitar el 100% de esos accidentes es casi imposible. Las buenas noticias quedan resumidas así: en 2002 había 100 ejemplares de lince ibérico, que era entonces el felino más amenazado del planeta. Hoy, gracias a los programas de conservación (que incluyen chips de seguimiento, cámaras trampas, campañas de concienciación, etc.) se ha pasado del semáforo rojo (peligro crítico de extinción) al naranja (peligro de extinción a secas), con una población de 800 ejemplares en toda la península, y no sólo en Doñana sino también en Sierra Morena, Montes de Toledo y Valle del Guadiana. Hay mucho que hacer, está claro, pero las cosas se han hecho y se hacen muy bien desde aquel crítico 2002. Patrimonio de todos es el lince, gato grande con borla negra al final del rabo, pincel de pelos negros en las orejas y patillas. Más chulo que un ocho, es el legionario de los felinos. Depredador principal de los conejos, (los fenicios llamaron a esto Hispania, tierra de conejos, porque los había por todas partes) nuestro pequeño legionario sigiloso los caza como ninguno. Como dice el alcalde de Rociana, “es gratificante ver pasear un lince por el pueblo y darnos cuenta de que es la naturaleza la que manda”. Ojalá mandara mucho más. Faltan todavía muchísimos legionarios sigilosos por toda nuestra geografía. El lince ibérico está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 2 de diciembre de 2007. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

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Cementerio de San Eufrasio. © Viva Jaén.

Olivares de sangre y hielo en San Eufrasio Publicado el 19 de noviembre de 2020

Recordar a los muertos, aunque se acaben olvidando (rememorar la gloria pasada es la verdadera inmortalidad, según los clásicos), pasa por cuidar los cementerios. El de San Eufrasio en Jaén verdaderamente lo necesita. Construido en 1829 y activo hasta 2003, cuenta con tapiales de nichos en tan mal estado que recuerdan un palomar abandonado. De fachada blanca

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cual cortijo, muros encalados, pórtico con tejadillo, ventanas enrejadas, podría ser la casa de Bernarda Alba. De serlo, sólo desentonaría la recoleta espadaña. Más andaluz imposible si se sitúa, además, en el Camino de las Cruces, al filo de una loma recostada sobre un paisaje de olivares. Aceituneros de Jaén, aceituneros altivos rezan los versos inmortales de Miguel Hernández que, en este lugar, resuenan con más eco que en otras partes. Y no sólo por la insoslayable presencia del olivo en estos parajes, sino por el trágico destino común del poeta alicantino y los altivos olivareros. Junto a las lápidas resquebrajadas, las estatuas de angelitos, los panteones de personalidades célebres,


Cementerio de San Eufrasio. © Manuel Fernández (Facebook).

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se halla la fosa común 702. Los pelos como escarpias se nos erizan al imaginar a los 1029 desdichados, hombres, mujeres y muchachos que se echaron ahí dentro como escoria humana en el transcurso de nuestra Guerra Civil. Ejecutados, muertos de hambre o de enfermedades mil, fueron traídos a San Eufrasio quién sabe por qué motivo. Un monumento con el nombre de cada uno de ellos recuerda la tragedia personal y colectiva. En 2019 una gran pintada en letras rojas con las palabras VENCIMOS, VENCEREMOS amaneció mancillando la inscripción. Más rojo aún, si cabe, sobre la sangre seca. Como si cuarenta años de dictadura no fueran suficientes para entender que algunos

vencieron, pero todos salimos perdiendo. El secretario de Memoria Democrática, signifique lo que este controvertido término signifique, apostó recientemente por exhumar a los represaliados de la fosa de San Eufrasio. Mejor un país sin fosas ni muertos en las cunetas, quién osaría negarlo, con paradas de metro Miguel Hernández, por descontado, pero también resuelto a pasar página y dejar atrás, por fin, las dos Españas que, parafraseando a Antonio Machado, siguen helándonos el corazón. El cementerio de San Eufrasio está en la Lista Roja desde el 18 de mayo de 2018. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

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Detalle de la ermita de San Gregorio Magno. © Hispania Nostra.

Soñador comunista se refugia bajo ángel amputado Publicado el 25 de febrero de 2021

Aquellos eran hombres valientes, eso ni dudarlo. Es verdad que en tiempos oscuros, cuando el fascismo aporreaba a la puerta en previsión de abrir otra vez la caja de Pandora, las circunstancias los empujaban a posiciones extremas. Pero había que tener grandes ideales para de-

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jar atrás las llanuras de Minnesota y cruzarse medio mundo para partirse la cara, voluntariamente, contra el ejército de Franco y sus secuaces (sanguinarios regulares de África incluidos). Existen itinerarios para seguir hoy el rastro de los brigadistas internaciones en nuestro país y, en alguno de ellos, está registrado su paso por San Gregorio Magno, una ermita de Aguaviva, Teruel. No es difícil. Allí, en uno de sus muros, un tal Edward Muscala (mujer y un hijo), había dejado un grafiti con su nombre, lugar de origen, brigada, (la famosa Abraham Lincoln) y fecha, 25 de diciembre de 1937. Una forma original de celebrar el día de Navidad por un comunista (estaba afiliado a la Young Communist


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League). En 2020, algún biznieto de una víctima del conflicto, (quizás un alcalde fusilado por milicianos), o tan sólo un ultra a secas, la roció de spray. Borrar la historia, práctica esta que data de tiempos antiguos; desde los templos egipcios hasta los monumentos funerarios españoles (cementerio de San Eufrasio en Jaén, 2019). La inscripción, posiblemente desaparecida para siempre, nutría la atmósfera ya misteriosa de una ermita nada corriente. Fachada con arco mixtilíneo, hecho polvo, por el que se accede a la iglesia del XVII, de planta hexagonal con su cúpula gallonada (dividida en gajos) y muy barroca. Retablos a la manera clásica, como pequeños pórticos de templo romano, con

La ermita de San Gregorio Magno está en la Lista Roja del Patrimonio desde el 21 de enero de 2021. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Edward Muscala. © Araham Lincoln Brigade Archives / albavolunteer.org

Ermita de San Gregorio Magno. © Hispania Nostra.

pinturas desvaídas de los misterios del Rosario. En puridad, y vistos en fotografía, parecen deliciosas pinturas pompeyanas. Pero no se vayan todavía. En la clave de la hermosa cúpula un sol con forma de cara, con sus rayos a modo de flechas y hojas de palma, del que cuelga algo bizarro: una estatua antropomórfica medio amputada. ¿Querubín?, ¿serafín? No tiene alas y más bien parece el mascarón de proa de un velero. Edward Muscala, soñador, comunista equivocado (¿alguno no lo estuvo?), pero soñador al fin, murió tres meses después en el Frente del Ebro y su tumba no existe. Su memoria pervivía en el grafiti de San Gregorio hasta hace poco. Perseguido por su destino, quién sabe si encontró la paz por unas horas bajo ese sol amarillo y esa extraña figura que, quizás, vislumbró como un ángel.

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Jorge Corróns Crespí socio 1860

Arquitecto amante del arte imposible, soñador de diseño irreal.


Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo


Recópolis La ciudad del rey. Publicado el 24 de febrero de 2021

Believe it or not Para reconocerla... es la que tiene valla. Ésa es la Catedral de León. Publicado el 2 de diciembre de 2020

Cualquier ayuda es bienvenida Una cariátide es una figura femenina esculpida, con función de columna o pilastra con un entablamento que descansa sobre su cabeza. Consultado en la Wikipedia. Publicado el 13 de julio de 2020

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Quimera

Poniendo arreglo poco a poco No descuidemos el pasado, cuyo conocimiento es clave para nuevas ideas de futuro... Publicado el 27 de abril de 2020

Mientras unos buscan la vacuna... nosotros, por ahora, podemos buscar a Wally... Publicado el 20 de abril de 2020

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Noctámbulos “Nighthaws”: aunque su nombre literalmente significa “Halcones nocturnos” en español, es mejor conocida como “Noctámbulos” ya que la escena transcurre de madrugada. Publicado el 7 de abril de 2021

Wind of change Minas de Logrosán. Publicado el 28 de octubre de 2020

Construir en lo construido Publicado el 4 de mayo de 2020

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Quimera

Colors! La importancia del color. Cada uno tiene su significado. Publicado el 9 de diciembre de 2020

Desde 1976 contigo... puede que antes Publicado el 7 de abril de 2020

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Protege el patrimonio ante cualquier amenaza Publicado el 27 de julio de 2020

Cierro mis ojos para ver “Todo lo que puedas imaginar, es real” (Pablo Picasso) Publicado el 4 de noviembre de 2020

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Quimera

Primero el arte Las rosas surgieron con ella. Publicado el 20 de enero de 2021

¿Qué ves? Primer retrato de Jorge Corróns Crespí, 1988 sobre Cabeza de mujer de Leonardo da Vinci, 1500-1510 Publicado el 23 de diciembre de 2020

Arropados por arte Ayllón, historia y arte. Publicado el 23 de septiembre de 2020

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Empezando un nuevo curso... Publicado el 7 de septiembre de 2020

La Ronda de Noche Rembrandt, de 1642 al siglo XXI. Publicado el 14 de octubre de 2020

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Quimera

Solsticio de verano Otra curiosidad más sobre Stonehenge Publicado el 13 de enero de 2021

Elevador de aguas Las ruinas de Gordejuela elegidas entre las más bellas del planeta Publicado el 10 de marzo de 2021

Nuestro patrimonio, de moda España, puesto 3º en la lista de países con mayor número de bienes declarados Patrimonio de la Humanidad. Publicado el 17 de febrero de 2021

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José María Velasco Román socio 2452

Hacedor de vinos, escritor y aprendiz de la piedra vieja.


Relatos de suspense sobre el patrimonio perdido


El holandés Publicados el 1 y 15 de mayo de 2020

Fábrica La Ceramo (Valencia). © Antonio Marín Segovia.

Parte I Aparcó su coche en una de esas calles pequeñas y sin salida del barrio valenciano de Benicalap. Condujo durante dos días desde Ámsterdam para llegar a tiempo donde le habían citado. Pasaban veinte minutos de la seis de la tarde de un día de agosto. La ropa se le pegaba al cuerpo y sudaba por cada poro de su piel flácida. Los holandeses no aguantan tanto el calor y menos siendo jubilado. El aire acondicionado dejó de funcionar, hacía trescientos kilómetros, y decidió bajar del vehículo para estirar las piernas y encontrar una brizna de aire. Debido a la ausencia de árboles, buscó una sombra debajo de uno de los balcones enrejados de aquel barrio. Se apoyó en la pared de ladrillo que aún estaba caliente y tuvo la misma sensación que cuando tomaba el sol en la playa boca abajo. Sacó

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un cigarrillo de la cajetilla que tenía en el bolsillo de la camisa. Se lo puso en los labios y lo encendió. Después inspiró una calada profunda para a continuación exhalar fuerte su humo. Miró la hora en su reloj automático y faltaban dos minutos para las seis y media, el momento de su cita. El tabaco le daba más calor y tiró el cigarrillo a medias. Estaba cerca del mar y no corría ni un poco de brisa. Empezó a percibir en el ambiente un olor a orín y podrido, además de ver suciedad por todos lados, con bolsas de basura por el asfalto. Aquel panorama era un horror urbanístico. De repente aparecieron dos jóvenes veinteañeros, uno moreno y otro rubio ambos de media altura, que se dirigían hacia él desaliñados pero con sus caras gafas de sol. Llevaban puestas unas camisetas de tirantes por fuera de sus pantalones vaqueros raídos. En los pies un calzado deportivo de marca. En escasos segundos llegaron hasta él. —¿Eres tú El Holandés? —le preguntó el moreno poniéndose las gafas sobre el cuello de la camiseta. Él asintió con la cabeza. —Pues vamos a tu coche, que te indicamos dónde llevarlo —dijo y después hizo un gesto de apremio con la mano. El Holandés caminó delante y ellos iban detrás mirando a su alrededor vigilantes. Montaron en el vehículo. El chico moreno, mientras se sentaba de copiloto, sacó de la cintura del pantalón una pistola para evitar clavársela. El jubilado puso en marcha el vehículo y siguió las indicaciones que le daban. Llegaron a una puerta de madera de color verde botella desgastada


Crónicas rojas y llena de grafitis de diferentes colores. Encima, a modo de cartel, había una lápida donde figuraba el nombre de “La Ceramo”. A ambos lados de ella se extendían dos largos muros con techos de teja. El chico rubio bajó rápidamente para abrirla y cerrarla en cuanto entrasen. Luego, condujo despacio por el patio interior hasta entrar en una sala muy grande donde esperaban otras tres personas. Allí le dieron un golpe en el techo del vehículo. Paró y apagó el motor.

Patio de la fábrica La Ceramo (Valencia). © Antonio Marín Segovia.

Parte II El chico moreno salió del coche y desapareció de la ruinosa sala. El jubilado bajó despacio con las llaves en la mano. Los tres hombres que rodeaban el vehículo vestían sendos trajes de mono gris, parecían recién sacados de un taller, impregnados de grasa y suciedad. Eran flacos y de piel morena, le parecían hermanos. No eran los mecánicos de siempre. —Dame la llave del maletero —ordenó uno de ellos mientras se acercaba a él. Le dejó caer el llavero sobre sus alargadas y negruzcas manos. —El jefe te está esperando en la sala

del fondo, al otro lado del patio —dijo y tiró las llaves a uno de los hombres que se había puesto en la parte trasera del vehículo. El Holandés asintió con la cabeza y se giró para ver como lo abrían. Le dieron una bolsa de deportes que había dentro, levantaron la alfombrilla y quitaron la tapa que ocultaba la rueda de repuesto. Sacaron el neumático y empezaron a cortar la chapa. Tenían que llegar hasta el depósito de la gasolina, que estaba trucado, para coger la droga. Cogió la bolsa y fue donde le dijeron. Antes, pasó por una sala llena de tornos antiguos. Después, volvió a cruzar por el patio en el que existían una serie de fosos consecutivos, donde se debió procesar barro, para llegar a la última de todas. Entró por un marco sin puerta y pudo ver que estaba parcialmente decorada con viejas cerámicas. Al final de la misma había una mesa con dos sillas y una persona sentada en un gran sillón. Junto a él, estaba de pie otro hombre. Toda la estructura rodeada de polvo y su abandono contrastaba con aquella especie de despacho. Se acercó despacio según pisaba el suelo de azulejos cubierto por tierra fina de un color marrón tabaco. El hombre bien peinado y rollizo con los ojos pequeños que estaba sentado frente a él, le mandó sentar con un gesto de la mano. Vestía con una camisa de rayas con manga larga y los puños recogidos. Tenía los cuatro primeros botones desabrochados. A través del hueco de la mesa se le podían ver las piernas como alfileres, porque llevaba un pantalón corto de verano. Tenía unos cuarenta años y le dijo:

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—Holandés, te echábamos de menos —sonrió y sacó del cajón una pistola para ponerla encima de la mesa. El otro hombre, como sacado de un gimnasio, empezó a moverse hacia él. —Sobre todo los nuevos mecánicos— respondió el jubilado al sentarse y, mientras dejaba la bolsa en el suelo, siguió con la mirada al hombre que se le acercaba—. A mí edad se cogen varios catarros al año. —Los otros hablaron demasiado — repuso e hizo girar el arma en la madera. El hombre corpulento se detuvo a su lado y se agachó para coger la bolsa. La abrió y revolvió. Miró a su jefe para negar con la cabeza. Después la dejó caer al suelo. Se puso delante del jubilado, le agarró por la solapa y le puso de pie, para cachearle de arriba a abajo, por delante y por detrás hasta las rodillas. —Jefe, está limpio. Ni micros y ni armas —informó y se fue para ponerse a su lado otra vez. El Holandés se sentó y sacó un cigarrillo del bolsillo de la camisa. Hizo una seña para coger el mechero del pantalón. El hombre rollizo le dio permiso. Seguidamente se encendió el pitillo. —Nos dieron el chivatazo de que teníamos gente jodiéndonos desde dentro—movió la cabeza negando—. Los mecánicos querían más, así que les convencimos de lo contrario. Y tú, ¿también quieres más? Al jubilado se le cayó el cigarro mientras el gordonchón le miraba desafiante con cercos de sudor por toda su camisa. El otro hombre sonrió levemente. Se agachó a coger el pitillo. En ese

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momento empezaron a sonar las sirenas de la policía. El jefe, desconcertado, miró a su súbdito. Este, mientras se encogía de hombros, recibió un tiro de El Holandés en toda la cabeza, con la pistola que tenía escondida en el tobillo. La sangre le saltó en toda la cara a su jefe. —¡Traidor! —gritó y le miró tras coger el arma del escritorio. El jubilado se tiró al suelo y disparó varias veces por debajo de la mesa, y agujereó la inmensa panza de aquel hombre como si fuera un queso gruyer.

El bodeguero Publicados el 5 y 12 de junio de 2020

Castillo de Davalillo, San Asensio (La Rioja). © Biblioteca Gonzalo de Berceo.

Parte I Cansado de hacer siempre los mismos tipos de vinos y trabajar para otros, decidió comenzar un proyecto propio como enólogo en una parte de la Rioja que conoció, meses antes, por un compañero de profesión. Gracias a una herencia familiar y el dinero que ahorró durante dos décadas como bodeguero en una Coope-


Crónicas rojas rativa de la Ribera de Duero un tanto tradicional y obsoleta, pudo negociar con los propietarios del Castillo de Davalillo para su cesión durante treinta años y una opción de compra al terminar el contrato. La construcción estaba muy deteriorada y, en esos años, los dueños eran presionados por el Ayuntamiento de San Asensio y el gobierno de la Rioja para que la situación no se agravase, pero eso suponía un dinero que no querían desembolsar, ya que tenían que ponerse de acuerdo las cuatro partes herederas, y no todas estaban en una buena situación económica. Eduardo en ese momento fue la gran opción para todos. Como su abuelo le decía: “El dinero, además de gastarlo en vicios innecesarios, sirve para cumplir alguno de nuestros sueños terrenales”. Decidió habilitar principalmente la torre del homenaje que era de planta cuadrada y tenía cuatro pisos. La planta baja sería la zona de bodega con sus depósitos de acero inoxidable, la pequeña despalilladora, su prensa artesanal de madera, una embotelladora lechera con cuatro caños y una encorchadora semiautomática. La segunda la dedicaría a despacho, enseres enológicos y un laboratorio básico. En la tercera ubicó la vivienda, y la última serviría para sala de cata y comedor con vistas a los viñedos y campos de cultivo. Dejó la entrada al castillo por una puerta que existía en el ala sur. La zona de elaboración se completó tras aprovechar las ménsulas de los muros en las que creó un sotechado con vigas de madera, para hacer un porche de recepción y selección de uva. Además, los mechinales de la torre,

vanos en la pared, le sirvieron para introducir listones y hacer un andamio que facilitó la rehabilitación y que podía utilizar en vendimias. Eduardo quería trabajar lo más artesanal posible, sin motores para que el fruto no sufriese, e ideó un sistema de poleas por toda la bodega. Al lado de esta torre existían dos cubos huecos, los que destinó a la crianza del vino y dormitorio de botellas. El suelo interior del castillo lo segó para que la riojana de la que se había enamorado, tuviese su huerta y jardín, pues le apasionaba la agricultura como buena ingeniera, además de tener una mano privilegiada para la cocina. Con ella explotaría de una manera muy original la cuarta planta, “El Restaurante del Vino”, que serviría de reclamo turístico. Se ofrecería una comida que maridara con los vinos y no viceversa, como se hacía en los restaurantes de la comarca. Alejandra y Eduardo se admiraban tanto que su amor era descomunal. Las eternas jornadas de trabajo, mano a mano, no les frenaba las ganas de entrelazar sus cuerpos en la noche en la habitación en la torre del homenaje. El deseo era tan fuerte y el sexo tan intenso que caían rendidos. Ella se tumbaba sobre él y, jadeantes, se besaban para, sin decir palabra, dormirse el uno dentro del otro. Eduardo siempre, se despertaba antes para observarla mientras dormía. Sentir su respiración y el cuerpo desnudo pegado al suyo. Rozar suavemente aquel cabello negro azabache, acariciar su piel reluciente con la luz del amanecer. Y sobre todo, presenciar, después de que abriese sus ojos del color de la avellana, aquella espectacular sonrisa que te-

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nía por las mañanas. Al poco tiempo, se casaron en el jardín del Castillo, y ese mismo día, Alejandra le dijo que estaba embarazada. Eduardo pensó que eso era lo más importante que podía haber hecho en toda su vida. Lo más grande entre los dos, el fruto de un amor que nunca se podría borrar. Pasó el tiempo y un día, a los siete meses del embarazo, Alejandra se desmayó en el jardín según cortaba flores para adornar el restaurante. Eduardo la vio tendida en el suelo y descendió por los andamios, como un ave rapaz en vuelo rasante, para cogerla y correr al hospital más cercano. El pantalón de su esposa estaba empapado en sangre. Ella le sonreía con la vista cansada sujetándose la barriga. Él fingía, con una sonrisa de medio lado, estar aterrado mientras conducía a toda velocidad. La vida se le escapaba.

Castillo de Davalillo, San Asensio (La Rioja). © BigSus - Wikipedia.

Parte II Eduardo sentado esperaba en la sala de urgencias. Nervioso movía

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las piernas y las manos entrelazadas, con los antebrazos apoyados sobre los muslos, giraba los dedos gordos uno sobre el otro en círculo, hacia delante y hacia detrás. De vez en cuando levantaba la cabeza para mirar a la puerta amarilla azufre, por la que se llevaron a Alejandra, para ver si salía alguien a informarle de lo que sucedía con su esposa. Estaba solo en aquella estancia. Miraba alrededor y únicamente había sillas vacías blancas, nadie con quién hablar, sin alguien al que oír decir que todo iba a salir bien. La puerta se abrió y entraron dos personas. Primero un hombre con una bata blanca que llevaba una mascarilla caída a la altura de la garganta y, detrás, una mujer vestida de verde helecho con una red de pelo en la cabeza y la mascarilla en las manos con la mirada puesta en el aséptico suelo. Eduardo se puso de pie. El médico se acercó a él. Le miró a los ojos y tragó saliva, tenía la boca pastosa, seca. La pena que le invadía no podía exteriorizarla. Cada vez era más duro dar estas noticias, pero ante todo tenía que ser un profesional. Verlo como a un número, si no se llevaría el trabajo a casa y terminaría destruyéndole. —Eduardo —dijo y le miró como quién habla solo—. Sentimos decirle que su mujer no se ha sobrepuesto a la fuerte hemorragia con la que ha llegado al hospital, y lamentamos comunicarle que ha fallecido. Eduardo tensó los brazos y apretó los puños. La rabia le absorbió el estómago y los párpados se le empezaron a encharcar. —¿Y mi hijo? —preguntó con miedo a la repuesta.


Crónicas rojas La enfermera que estaba al lado del médico levantó la vista para mirarle y negó despacio con la cabeza. Las lágrimas se desbordaron, en silencio, por todo el rostro de Eduardo, y luego le temblaron las piernas. Durante unos segundos los tres quedaron mudos. En unas horas lo había perdido todo. —Doctor, ¿puedo verles por última vez? —preguntó solícito. El médico miró a la enfermera y está asintió con los párpados. —La enfermera le acompañará pero, por favor, solo un par de minutos. No dejan entrar a personal externo sin un permiso previo. Entró en la sala de operaciones. Se acercó a la mesa de partos donde su mujer estaba tapada. A su derecha en una cuna térmica, inmóvil, había un cuerpecito muy pequeño. Se giró y miró a la enfermera. Esta entendió que tenía que dejarle un poco de intimidad, y le dejó solo. Eduardo retiró la sábana de la cara de su mujer para besarla muy fuerte en los labios, con la falsa ilusión de que resucitara. Después separó la tela que cubría el cuerpo de su hijo para besarle en la cabeza. De repente, algo despertó en él. Miró a su alrededor y observó que aún seguía allí la silla de ruedas en la que habían trasladado a Alejandra, cuando llegaron a la recepción de urgencias. Entonces pensó que nadie le iba arrebatar a su familia. Sigiloso se movió hasta la puerta y observó, por la ranura, si estaba fuera la enfermera. Al no ver a nadie se desplazó muy rápido y puso a su mujer encima de la silla de ruedas. Entre los brazos de Alejandra colocó a su hijo tapado con la sábana, y su abrigo lo colocó alrededor de ambos para su-

jetarles sobre la silla. Le quitó los frenos y se pusieron los tres en la puerta. Volvió a observar y no vio a nadie. Decidido, salió sonriente de la sala de operaciones y a paso ligero atravesó el pasillo que llegaba hasta la salida de urgencias, allí se despidió de la persona de la garita educadamente sin detenerse. Era de noche y corrió empujando la silla de ruedas hasta llegar al coche para huir apresurado con su familia. Llegó al Castillo de Davadilla. Por el camino pensó que la única manera de que ellos estuviesen siempre con él, era sumergir a cada uno en un depósito de la bodega dotándole a ese vino de su cuerpo, de su esencia, para poder beber de ellos, de su memoria. La policía tardó un mes en localizar los cuerpos “enterrados” en vino. Se encontraron dos depósitos “siempre llenos” con la tapa a la mitad de su volumen, pero la explicación estaba en los libros de control de bodega, donde se registró el trasiego de uno de mayor capacidad en ellos dos. Cuando Eduardo salió de la cárcel a los nueve meses, pena máxima por profanación de cadáveres, regresó a la bodega. Tenía una semana para desalojarla porque le iban a desahuciar por incumplimiento del contrato. Entonces entró en uno de los dos cubos huecos de al lado de la torre, lugar escogido para envejecer los vinos. Se acercó a un nicho de botellas colocadas en dos bloques puestas en horizontal. En los corchos de uno de ellos se podía ver una “A” escrita a bolígrafo, y en el otro una “H”. Eduardo, desde ese día, bebió de su memoria y nunca más volvió a elaborar vino.

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Seis días muerto Publicado el 13 de noviembre de 2020

Fábrica de Conservas y factoría ballenera Massó, Cangas do Morrazo (Pontevedra).

Eran las diez de la mañana. Era el sexto día que llevaba muerto su padre, tendido sobre la cama de su habitación y cubierto con una sábana blanca. Había llegado dos semanas antes a casa de sus padres para cuidarles, justo cuando empezó el confinamiento por culpa de la pandemia que asolaba al mundo entero. Empezó a oler a los dos días de morir, por eso todas las mañanas subía la persiana de su cuarto para evitar que se quedase impregnado ese hedor a carne putrefacta. Llamaron para que viniesen a por él para incinerarlo, pero les dijeron que tardarían unos días, que estaban colapsados. Creían que se habían liberado de él, pero hasta muerto seguía mortificándolos. Su pobre madre no entraba en la habitación. Lloraba de vez en cuando a escondidas para que no la viese. Su padre, siempre inflexible y severo con la educación de los hijos, se convirtió para ellos en un dictador. Era un directivo comercial de la conser-

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vera Massó. Tenía su sede en la monumental fábrica abandonada de Cangas do Morrazo, una de las más notables arquitecturas industriales del siglo XX en Galicia. La responsabilidad de su cargo le hacía beber con asiduidad y hacerse más insolente, menospreciando a su esposa para demostrar quién era el amo de sus vidas. Bastantes veces, cuando iban a recibir un castigo con el cinturón de cuero, la obligaba a encerrarse en su cuarto. Y después de ponerles el culo morado y ver como los ojos se les encharcaban de lágrimas aguantándose la rabia para no gritar, entraba en su cuarto para abusar de ella. Era un huraño. Nunca les dio una mísera propina, consideraba que no la merecían, y era su madre quién se la daba, siempre con la excusa de ser la paga semanal de la abuela. —Mi mujer malcriando a mis hijos. El dinero hay que ganárselo, no cae del cielo —decía molesto el padre dirigiéndose a su esposa.


Crónicas rojas Cuando salió de airear el cuarto del pequeño dictador, su madre le esperaba, como estos últimos días, con una taza de café. Fueron hasta el salón. Se sentaron. Él sacó del bolsillo de la camisa un paquete de tabaco. —Hijo, sabes que no se puede fumar en casa —dijo ella tímidamente con la voz quebrada. —Él ya no está, puedo hacer lo que quiera —respondió serio y se puso el cigarro en la boca. Ella le miró triste, pero él encendió el mechero. —Hazlo por mí, cariño. Levantó el dedo del resorte de encendido y se apagó. A continuación, la miró resignado. —No entiendo nada. Después de todo lo que te ha hecho. —Todavía sigue en casa —dijo según bajaba la mirada al suelo. —Sí, su cuerpo maloliente que tengo que ver todas las mañanas—calló un par de segundos para dejar el mechero con un golpe seco en la mesita auxiliar que había a su izquierda—. Con lo que hemos tenido que pasar. Perdiste hasta tu hija. —No me hables de tu hermana, por favor te lo pido —dijo irritada mientras negaba con la cabeza inclinada hacia abajo. —Lo mejor que pudo hacer, huir. Despacio, su madre, levantó la vista para mirarle con los ojos entreabiertos, enfurecidos. —Hice lo que pude. Por lo menos podía haberme llamado alguna vez. —Claro, te iba a llamar para agradecerte que te pusieses a favor de nuestro padre —dijo, tras afirmar irónicamente con un movimiento de cabeza. Ella apretó fuerte las mandíbulas para no contestar. Luego se levantó

y se acercó a la ventana cruzándose de brazos. El día era soleado, lleno de color. Estaban en los primeros días de la primavera. Todo florecía y los pájaros cantaban sin parar de revolotear, dando paso a un nuevo tiempo. Como ella tendría que hacer. Tener una nueva vida sin él. La mujer sabía que cuando se llevasen el cuerpo de su esposo dejaría por fin aquel lastre que le había anulado la existencia. Tal vez sea eso lo que le asustaba. Decidir por sí misma. Puede que no supiera qué hacer después de pasarse una vida sometida y despreciada. Es posible que a sus setenta años todo lo viese perdido. —¿Por qué lo hicimos? —preguntó con la mirada perdida entre los cristales. —¿El qué? —Matar a tu padre. El hijo se puso de pie y se acercó a ella para ponerse, justo, detrás. Así veía lo mismo que miraba su madre. —No le matamos. Se murió por el virus —dijo en tono conciliador. —Hijo, no es cierto —afirmó inmóvil. Él puso las manos sobre sus hombros delicadamente. —Estaba muy débil. Apenas podía caminar—hizo una breve pausa—. Llamamos al hospital y nos dijeron que tomase Paracetamol, y si se ponía peor que volviésemos a llamar. Se hizo un frío y largo silencio. —Pero no llamamos —le recordó tras poner una mano sobre la suya. —No hacía falta —él concretó con rapidez. —Se moría y no hicimos nada —dijo mientras una lágrima recorría la piel arrugada de su cara. —Hicimos lo que se merecía —concluyó y se separó de ella.

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El paisaje es el espacio de la memoria de la humanidad


Esther Valdés Tejera socia 2415

Paisajista, exploradora de espacios todos, defensora del mundo natural y de otras utopías posibles.


50 aniversario del Día de la Tierra Publicado el 22 de abril de 2020

El 22 de abril de 1970 se celebró en Estados Unidos el Primer Día de la Tierra. El senador demócrata Gaylord Nelson fue su principal promotor y participaron en el evento miles de universidades, escuelas y comunidades. Con aquel gesto simbólico, se inició la participación civil masiva en la lucha medioambiental. Dos años después, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Humano celebrada en Estocolmo, se reconoció, por primera vez, la relación existente entre el medio ambiente y el bienestar del ser humano. Desde entonces, se han celebrado numerosas cumbres y firmado protocolos de actuación sobre cambio climático y desarrollo sostenible, sobre derechos humanos, hambre, pobreza, equidad y paz mundial. El objetivo final apunta siempre en la misma dirección: perpetuar la vida en la tierra y asegurar el futuro a las generaciones venideras. 50 años después de aquel día, una zoonosis (grupo de enfermedades infecciosas que se transmiten de forma natural de los animales a los seres humanos-OMS) ha atacado la línea de flotación de casi todos los países de la Tierra y dinamitado nuestro desigual y globalizado mundo. No es la primera pandemia ni será la última, y hemos comprobado que nuestras estructuras no estaban preparadas

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para este reto. Por otro lado, la ciencia comprueba que la destrucción de especies y ecosistemas y el comercio de especies salvajes son factores decisivos en el aumento de este tipo de enfermedades. El hambre no lo es menos. Vivir en un mundo globalizado significa, entre otras muchas cosas, que todos somos partícipes y, de un modo u otro, responsables de esa destrucción y de esa hambre. Nos encontramos hoy confinados, despojados de nuestra libertad de movimientos, debatiéndonos entre la esperanza y el miedo, echando en falta un horizonte al que mirar, un paisaje seguro en el que habitar. Cuando salgamos a la calle el mundo será otro, nosotros seremos otros. Hemos aprendido algunas lecciones


Ser paisaje básicas que será necesario no olvidar. Por ejemplo: que el planeta es nuestro más valioso patrimonio, y un sistema interconectado de cuyo grave estado de desequilibrio somos responsables; que el sistema Tierra puede existir sin nosotros pero nosotros no podemos vivir sin él; que la agricultura es mucho más que el negocio de las grandes corporaciones, y nuestros agricultores, un bien preciado; que la salud de todos es responsabilidad de todos aunque quienes nos cuidan son solo unos pocos a los que debemos cuidar; que invertir en ciencia es imprescindible ahora y siempre; que la educación es la base de una sociedad civilizada y los educadores, los héroes menos visibles de este encierro; que las tecnologías nos permiten ser más inde-

pendientes pero también son la mejor herramienta para la manipulación; que la cultura nos une y nos hace ser humanos, y los abrazos y los besos, una necesidad a la que no podemos, no queremos, renunciar. Ojalá no se nos olviden estas lecciones. Ojalá este dolor sirva para que recoloquemos nuestra escala de valores como individuos y como sociedades. Ojalá los poderes públicos y privados lo hayan entendido también. En medio de esta distopía nos preguntamos: ¿Serán suficientes 50 años y un desastre de dimensiones planetarias para aceptar el reto y tener la altura de miras suficiente como para cambiar el rumbo? En nuestras manos, las de todos, está. Feliz Día de la Tierra.

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Déficit de Naturaleza Hace unas semanas lanzamos cuatro preguntas sobre patrimonio natural en las redes sociales de Hispania Nostra. Las respuestas fueron claras. Un 97% de los participantes reconoce que la naturaleza es parte de nuestra herencia; el 98% considera que es un patrimonio necesitado de mayor protección; y un 67% conoce algún elemento en peligro de desaparición o pérdida de sus valores esenciales.

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Publicado el 21 de julio de 2020

Conforme lleguen y se examinen las fichas, la Lista Roja podrá darles la visibilidad necesaria para favorecer esa protección. Sin embargo, lo que más nos llamó la atención fue que un 84% de los encuestados se plantearía mudarse a vivir al entorno rural si su trabajo se lo permitiera. Es decir, no sólo conocemos el valor de la naturaleza y su necesidad de protección, sino que tenemos necesidad de ella.


Ser paisaje

Sequoia National Park, 2018. © Esther Valdés Tejera.

Hace más de tres décadas, el biólogo y entomólogo e s tadou n ide n s e Edward O. Wilson definió la biofilia como la afinidad innata del ser humano hacia otros seres vivos. Wilson argumentó que estamos condicionados genéticamente a amar el mundo natural, a sentirnos bien en los espacios naturales y en presencia de otros seres. Pensemos en la niñez. ¿Quién de ustedes no ha escuchado a una niña o un niño pedir a sus padres un per ro, una tortuga, un pajarito?, ¿quién no les has visto jugar con escarabajos y lombrices? Nuestra naturaleza nos impulsa hacia el mundo natural. Poco a poco, aprendemos que los per ros pueden morder y los gatos arañar, que tocar gusanos da asco y que las arañas pican. Nos enseñan a temer el mundo natural y a juzgarlo bajo parámetros estéticos o utilitarios. Sin embargo, cada vez son más las investigaciones que confirman que el contacto con la naturaleza tiene importantes beneficios para nuestra salud. El ejercicio cardiovascular es bueno para el cuerpo, practicar-

lo en un bosque es bueno para la mente. Hoy en día vivimos alejados de estos espacios. El “déficit de naturaleza”, como lo llamó el escritor Richard Louv, es perjudicial para todos y especialmente durante la infancia. La experiencia contraria, una inmersión en el entorno natural, nos beneficia y nos vincula con nuestros instintos. El confinamiento de los últimos meses no ha hecho más que recordarnos esa carestía. La posibilidad de teletrabajar nos ha dado, además, la oportunidad de repensar las cosas. Confiemos en que no sea algo pasajero y que los responsables de facilitar la oportunidad de cambio la favorezcan. Aquellos que tengan la posibilidad harán las maletas e iniciarán una nueva vida en entornos más saludables. Esperemos que sean conscientes de que ingresan en un mundo que no les pertenece del todo. Compartirlo con otras especies de flora y fauna significa respetar sus ritmos y sus procesos. De otro modo, no haremos más que extender la ciudad más allá de sus límites, invadir y poner en riesgo los hábitats del entorno rural. Para todos los demás que se quedan en la ciudad, esperamos que las administraciones sean cada vez más valientes y conscientes de la necesidad de naturalizar el entorno urbano. Repensar las ciudades pensando en la gente. Crear espacios habitables de los que no queramos huir. Lugares que nos permitan sentir la vida y empatizar con otros seres humanos y no humanos, también en la ciudad.

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El verano de nuestros abuelos Publicado el 28 de julio de 2020

Cuando era niña, en verano, mi abuelo cultivaba un huerto. Se olvidaba del trabajo rutinario en la oficina, de las cuentas y los pagos. Se ponía el traje de faena, cogía el azadón y el rastrillo, y trabajaba la tierra. Se levantaba temprano, cuando el sol aún no había asomado tras la montaña. Desde la cama, medio dormida aún, yo escuchaba los golpes rítmicos de su azada mezclados con el canto de los pájaros. Los fines de semana de los meses anteriores, él había ido preparando el terreno y plantando semillas de tomates y de judías verdes, trozos de patata, cebollas, fresones… Durante los meses de verano, el trabajo era diario. Cuando el sol empezaba a calentar fuerte, dejaba los aperos y se metía en casa o en el garaje a arreglar alguna cosa estropeada. A última hora de la tarde, un último riego. Mi abuela, cada mañana, pensaba la comida en función de las verduras que estaban listas para recoger. El plato de judías verdes con patatas era un clásico semana tras semana. Todo sabía, deliciosamente, a campo. Este verano soy yo la que ha decidido plantar un huerto. El terreno es el mismo. La producción, a finales de julio, aún está por llegar. Mucho menos previsora que mi abuelo, compré las plantas en un vivero y

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las plantamos más tarde de lo debido. Me acordé de él cuando regaba la tierra seca y dura para llevarla a tempero, cuando cavaba y preparaba los surcos, cuando plantaba, en cada golpe de azadón. Este verano extraño, en el que muchos hemos cambiado nuestros planes por fuerza mayor, servirá para aparcar al turista que llevamos dentro y volver al pueblo, recordar lo que aprendimos de niños, disfrutar de la


Ser paisaje tierra y del sabor de lo auténtico. En el huerto, tengo cinco ayudantes de excepción. La media de edad entre todos no pasa de los once años. Han aprendido unas cuantas cosas que nunca les enseñarán en el colegio y, tal vez, también ellos recordarán este verano de una forma especial. Afirmaba Aldo Leopold, uno de los padres del conservacionismo americano, que hay dos peligros espirituales en no tener una granja: uno

es suponer que el desayuno procede del colmado; el otro, que el calor procede de la caldera. Cuando la ciudad se independizó del territorio que la rodeaba perdimos mucho más que el paisaje cultural. Ahora (o nunca) es imprescindible recuperar esa relación. ¡Feliz verano! Huerto familiar. © Esther Valdés Tejera.

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Un tema de Vetusta Morla para este rincón, porque, incapacitada para guardar silencio, pretendo contar historias culturales desde otros ángulos


Gema Alonso Giménez socia 2153

Humanista, rebelde y buscadora de sueños en museos. Máster en Patrimonio Cultural y Guía Oficial de Turismo. Desde 2016 dirige La maleta de Bly para difundir la cultura.


Alacena de las monjas Publicado el 13 de mayo de 2020

Es constante nuestra preocupación por la cultura y por ello, hoy toca encomendarse a Dios. Le cedo turno al patrimonio de la Iglesia, el cual, en parte, reza en silencio por conseguir una bula que le salve del pecado del abandono y la distracción. Antes de que muchos pongan el grito en el cielo, sepan que no vamos a generalizar, que acotamos el terreno a un entorno pequeño, un microcosmos muy alejado del universo de los grandes monumentos, catedrales y riquezas artísticas atesoradas a lo largo de la historia de una institución que en ocasiones también sabe manejar el business y el marketing enmascarados por el eufemismo del turismo cultural. Hoy rescatamos del olvido a los conventos de clausura. Para hablar de ellos les invito a activar los cinco sentidos. El primero, el oído, porque aconsejo para esta lectura poner de fondo esa coplilla de inspiración divina del granadino Carlos Cano, -Alacena de las monjas- que emocionará a los no tan devotos y a quienes nos traen recuerdos de la infancia. En ella, aquel gran poeta musical describe como nadie los dulces elaborados por las monjas del convento de las Esclavas de Santa Rita en Granada… ¡¡Ave María!! Como ellas, son muchas las comunidades de religiosas que se afanan en sus cocinas por recuperar un patrimonio intangible que activa las papilas gustativas, el olfato y el alma. A

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pesar de su extraordinario patrimonio artístico, el cual siguen protegiendo para su uso litúrgico y devocional, muchas de ellas atraviesan difíciles momentos desde hace años. Nos llevan ventaja en eso de la reinvención (que ahora esta tan de moda). Parte de sus tesoros se esconden entre fogones, alacenas, pucheros y, en definitiva, entre sus manos, extendidas hoy hacia su teléfono móvil. A través de WhatsApp, oculto bajo un hábito muchas veces remendado por el paso del tiempo, reciben sus encargos. Eso sí, siempre reservando unas líneas para sus plegarias y oraciones a Dios, siempre presente en tan afectuoso texto. Doy fe. El principal problema es la escasez de vocación por ingresar en la clausura y la mucha preocupación por su futuro, pero curiosamente no por ellas, sino por terceros, que hacen y deshacen en casa ajena. Con bue-


La mosca en tu pared nas intenciones se crean Observatorios para la Salvaguarda de la Vida Contemplativa, con fines de estudio y desde donde reclaman unidad de acción. Nos referimos, entre otros, al creado en Toledo, formado por historiadores, juristas y arquitectos, que aparecen como "Mesías del Patrimonio Eclesiástico", pero cuyo nombre pesa más que sus actuaciones después de un año desde su creación. Mientras tanto, estas comunidades avanzan con pequeños y sigilosos pasos y se adaptan al mundanal ruido. Sor Lucía, de la Comendadoras de Santiago, es un ejemplo. Tras más de 60 años en el convento, convive con varias hermanas de origen hindú bautizadas en la fe cristiana. Es en este punto donde activamos el olfato y el gusto… porque el Toledo de las Tres Culturas, cual milagro, se nos aparece al atravesar las puertas del convento: olor a cúrcuma, ajonjolí, mazapán recién horneado (…) “que te dan gloria bendita”. Multiculturalidad y diversidad étnica detrás de unos muros y patios de siglos pasados que alimentan con mucho tacto nuestra sociedad presente. Aunque urgen necesidades patrimoniales, como la de restaurar sus altares, es prioritario atender su día a día (pagar facturas, cupones de monjas autónomas, visitas a las oficinas de extranjería, cuidar del archivo, mantener los órganos, etc.). Hay otros llamativos ejemplos de comunidades en esta ciudad: abadesas africanas que trasmiten una energía sin mesura, mientras conversan sobre la historia de una momia de alto abolengo y estirpe castellana, enterrada en el coro conventual. Clarisas, cuyo desocupado convento se reabre los sábados bajo petición para ser visi-

tado por turistas y locales. O manos que amasan pizzas que se recogen por el torno… Divinas pero humanas. No tenemos la intención de caer en el lamento ni en la misericordia. Ellas llevan siglos formando parte de nuestra sociedad, su patrimonio lo protege la normativa legal. Así lo dicta el artículo 28 de la Ley de Patrimonio Histórico Español y, por extensión, la normativa autonómica. Gracias a ello, se recuperan bienes culturales como aquel conjunto escultórico granadino que campeaba a sus anchas en el Rastro madrileño y que fue salvado del expolio a finales de 2018. El patrimonio eclesiástico se suma al deleite, a la vista de todos, porque al fin y al cabo nos pertenece. Muchas comunidades han cedido sus obras para exposiciones temporales como la que recientemente se presentaba en el Palacio Real de Madrid: La otra Corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de las Descalzas y la Encarnación y en la que disfrutamos de piezas nunca vistas fuera de su lugar de origen. Mi alegato es que no nos quedemos sólo con los objetos, disfrutemos de lo inmaterial, alimentemos nuestro espíritu y conservemos la esencia de estas mujeres ligadas a la contemplación de lo divino y lo humano. Más que nunca necesitamos de sus jaculatorias para entender a esta sociedad que crea dioses twitteros con más cabeza que nuestros políticos, retratados de piedad y negro de palo campeche y que descuidan y desatienden nuestro patrimonio cultural. Si hicieron caso a mi consejo inicial, sólo nos queda terminar con Tres Salves, un Padrenuestro y la gracia de tus manos.

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Arqueo(locos) Publicado el 24 de junio de 2020

Tengo muchos amigos arqueólogos. Siempre he pensado que todo el que, por vocación o profesión (sí, los arqueólogos también comen) se dedica a la arqueología, no están muy bien de la cabeza. Ya me advertía mi abuela: “Hija, tú en una oficina, ¿qué es eso de ir a remover piedras?, que al cocido hay que echarle garbanzos y no etruscos”. Cuánta razón. Yo lo intenté, pero me atraparon los museos (y ya no se qué es peor... aquí meted un emoticono de esos que medio ríen y medio lloran). Lo peor de todo es que cada día están menos cuerdos. De ahí lo de arqueolocos. Y como toda enfermedad, para ésta también tenemos un diagnóstico: en primer lugar, por el estado de precariedad de la disciplina y en segundo, porque la investigación dentro del ámbito cultural en España, haciendo honor a esta profesión, quedó soterrada varios metros bajo tierra. La arqueología nace como disciplina científica en el siglo XIX. De la mano de la geología y, por ende, de los principios de la estatigrafía, surgen las primeras excavaciones arqueológicas. Con ella, despunta esa imagen mítica del arqueólogo con salacot (casco de bomba acampanada propio del trópico y de hacer safaris) y moustache. Tiempo después, las modas cambian, y el arqueólogo también. Obviamente casi siempre en masculino, la arqueóloga no llegará hasta los 90 o la década de los

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2000, salvo excepciones como Encarnación Cabré, la primera en España. Por lo general, su perfil coincide con el de profesor de una universidad de renombre, un tipo atractivo, sombrero fedora, barba de 3 o 4 días, que busca aventuras y tesoros y al que, además, dotan de protagonismo en una peli: Henry Walton Jones Jr. (“Indy,” cuánto daño has hecho). Sólo con la mitad de los millones de dólares recaudados con sus sagas, la arqueología sería todo un lujo. La cruda realidad es, como siempre, bien distinta. Aquí nos van más las gorras de visera con propaganda de talleres mecánicos o bebidas espirituosas (cuando hay para gorras, ¡claro!). Es cierto que el amor por esta ciencia suele despertar en el aula universitaria, sobre todo si tienes un excelente maestro que te argumenta la evolución humana con la imagen de un simpático lemur junto a una exuberante Sigourney Weaver. En verano, te lanzas a incorporarte ilusionado, de tierno aprendiz, a un yacimiento. Generalmente, estos proyectos están financiados por la propia universidad o alguna administración que siente pena y abre una mísera partida presupuestaria para luego hacerse la foto con una falcata ibérica del siglo V a.n.e. Es


La mosca en tu pared raro encontrar tesoros, de momento, desbrozas, cargas carretillas, tragas arena y sol y el water closet es una piqueta adornada con un rollo de papel higiénico. Te acuerdas de Indy, Tadeo, Lara Croft y de toda su familia. Ese es el momento en el que te planteas dedicarte a este oficio o huir. Pero aún hay osadía. Autónomos o pequeñas empresas que hacen arqueología de gestión, arqueología urbana y de todos los tipos de arqueología imaginables para sobrevivir sin éxitos de taquilla. Un control de una zanja, una instalación de placas fotovoltaicas, una prospección, una carta arqueológica,... También existen proyectos interesantes como han sido la creación de parques arqueológicos en Castilla-La Mancha; proyectos I+D+I, o la reciente colaboración de museos como el Museo Arqueológico Nacional o el Museo Nacional de Arte Romano en las Jornadas Europeas de Arqueología 2020 con actividades digitales para todos los públicos, aunque no siempre exento de dificultades. No olvidemos que desde que se promulgó la Ley de la Ciencia en 2011, los museos no son considerados organismos públicos de investigación, sino simples agentes de ejecución que necesitan de otras instituciones científicas como el CSIC o la Universidad para poder llevar a cabo sus proyectos (a pesar de que tenemos museos nacionales con el apellido de centro de investigación, como el de Altamira). En definitiva, una ecuación compleja: trabajo de campo, documentación, fotografía, análisis químicos, dibujo técnico, investigación, pu-

blicaciones científicas, congresos,... Este no es un mundo de películas. Es más bien un frenopático. A los arqueólogos y arqueólogas nadie se lo pone fácil, pero siguen en su tarea de aportar más episodios a la serie de nuestra historia y nuestro patrimonio cultural. Este artículo va dedicado a todos esos valientes que ofrecen su vida a esta difícil profesión. Pongo los nombres de personas como Arturo, fiel a su labor genuina del arqueólogo que investiga y difunde sus hallazgos a través de publicaciones científicas (algo que se agradece y que últimamente pocos hacen), destacando sus novedosas aportaciones a la cultura hispano judía o al mundo andalusí peninsular; a Juanma, a quien recientemente Hispania Nostra ha galardonado con el premio 2020 en la categoría de Conservación del patrimonio como factor de desarrollo económico y social en el yacimiento de Guarrazar (Toledo), un reconocimiento más que acertado, ojalá lleguen también nuevas formas de financiación para que pueda continuar el proyecto con algo más que dinero invertido de su propio bolsillo (www.guarrazar.com). Aplausos también para esos arqueólogos híbridos que trabajan en los museos, garantes de la conservación de nuestro patrimonio: a Blanca, conservadora del Museo de Albacete e integrante del magnífico equipo del Parque Arqueológico del Tolmo de Minateda en Hellín (Albacete. www.tolmodeminateda. es). A veces, más que técnicos, parecen auténticos malabaristas para sostener instituciones carentes de personal y recursos suficientes. Mien-

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tras, de otra parte, vemos cómo se enmoquetan -con una nada barata fibra de coco- las salas del antiguo palacio de al-Ma'mun para que no sé cuantitos artistas belgas se insta-

len sobre nuestra propia identidad. Igual ha llegado la hora de hacer nuestra propia película sobre la arqueología: lágrimas aseguradas. Sin duda, un dramón.

Domingueros de ayer y de hoy Publicado el 10 de junio de 2020

Nunca olvidaré los veranos en aquel SEAT 1430 azul, tapizado en sky granate con decoración perforada a base de líneas infinitas (es lo que tiene opositar a museos, lo catalogo todo, be careful!). Sin cinturón, colchón para dormir y un viaje interminable para comenzar las vacaciones estivales o simplemente para escaparse un fin de semana con la familia o los amigos. Incluso años más tarde, hasta un grupo indie toledano, al que siempre tendré on my mind ,decidió bautizarse con el nombre de The Sunday Drivers, porque en el fondo, hacer turismo en España siempre fue sinónimo de dominguear: sol, playa, paella y una caña bien fresquita. Todo ese turismo vintage cambió. Pasamos del turismo de costa del sol al de la calidad con Q, con seguridad, normas UNE, smartcities, Bed and Breakfast, Spa's, etc. y una cifra: 84 millones de turistas anuales bajo el amparo y la sombrilla del Turismo Cultural y la Marca España. Visitar museos, yacimientos

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arqueológicos, espacios naturales y traspasar fronteras a través del low cost para saborear en un fin de semana una capital europea a precio de ganga (ah y nada de souveniers, ahora es más importante el selfie y su palo... turisteo). Pero de nuevo ese turismo acelerado a la par que erudito ha vuelto a cambiar. Con la llegada de un virus viajero que ha sido más rápido que la velocidad de la luz, el sector turístico se ha congelado. Ni un sólo dominguero, ni un sólo turista ilustrado, ni un sólo grupo de orientales que visita Segovia, Madrid y Toledo en un día, ni un sólo guía en las ciudades.


La mosca en tu pared A cambio, hemos recibido una flora y una fauna como nunca antes se habían visto: delfines en una Venecia agonizante, Madrid sin su boina de dióxido de carbono se cubría de estrellas que brillan más que nunca... (“los pajaritos cantan, las nubes se levantan”). Es la cara B del disco de la vida turística y ha llegado la hora de cambiar su banda sonora. Hablo en primera persona y con conocimiento de causa. Como Guía Oficial de Turismo en Toledo, echo de menos mi trabajo. Compartir y difundir el patrimonio cultural que nos pertenece a todos. Lo que no añoro son ciudades con un turismo de masas, recorriendo calles a contrarreloj. Odio ver las plazas llenas de paraguas a la caza del turista para ofrecer un falso free tour (¡lean la letra pequeña!- una propina a cambio de una ruta escasa de calidad, sin hablar del tema fiscal) y que mueve a grupos como ovejas. Duelen los oídos al escuchar barbaridades históricas o artísticas al grito de ¡pasen y vean! o cuando se recurre a brujas y hechiceras para hacer visitas nocturnas por subterráneos en los que el agua fue la única sustancia capaz de trasformarse... Fantasmas, muchos, pero de carne y hueso. Desde grandes organismos internacionales como ICOMOS, se propone “lo local” o “lo nacional” como una posible solución para rescatar el sector. Leamos el Convenio de Faro del Consejo de Europa, ratificado por España en 2018, que vela por el valor del Patrimonio Cultural y su uso sostenible para el desarrollo de las personas y la calidad de vida. O la Decla-

ración de Davos en pro de la calidad del entorno construido y las ciudades históricas. Que no se nos olvide que los vecinos de cascos históricos han tenido que huir amenazados por esas bandadas de gentes foráneas que okupaban sus espacios diarios. ¿Ahora nos interesa que se conviertan en turistas? Es urgente buscar el equilibrio, es necesario implantar un modelo de turismo sostenible real, en el que crear sinergias entre habitantes, naturaleza y visitantes. Obviando su contribución a la economía, como lo es la cultura, no caigamos en el error de seguir maltratando nuestro futuro después de esta llamada de atención. No vendamos nuestro patrimonio a precio de bazar, de plástico y mala calidad. Compongamos un turismo en clave de RE-. Rebobinemos, repensemos.Los grandes museos como el Prado han decidido bautizar la vuelta a la normalidad con su público con la palabra “Reencuentro”. Aún hay tiempo de arreglar esta canción sin ritmo. Hagamos sonar un turismo repleto de bonitas melodías. Tomemos un poco de Jarabe de Palo (y no de selfie). Bonita la gente cuando hay calidad Bonita la gente que no se arrepiente Que gana y que pierde, que habla y no miente Bonita la gente que viene y que va Bonita la gente que no se detiene Bonita la gente que no tiene edad Que escucha, que entiende, que tiene y que da. Bonito, todo me parece bonito (Pau Donés, DEP)

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La Historia a veces es desmemoriada...


Jasna Popović socia 2458

Investigadora y viajera, enamorada de historias y lenguas, decide cambiar el sol de Belgrado por el de Madrid, con el deseo de conocer el mundo y encontrar las historias más interesantes de cada cultura.


Exclusiva con Dolores Aleu Riera, la primera mujer licenciada en Medicina de España Publicado el 10 de noviembre de 2020

Barcelona, 1910 Una semana más os damos la bienvenida a nuestro rincón de entrevistas. Hoy estamos hablando con una mujer excepcional, la primera mujer licenciada en Medicina y la primera médica en alcanzar el título de doctora en España, doña Dolores Aleu Riera. * Buenos días y muchas gracias por estar con nosotros hoy. Como con todas las entrevistas, me gustaría empezar por conocer algo sobre su infancia. Buenos días y gracias por su interés. Por favor, háblame de tú, mi despacho es un lugar de confianza y no hacen falta las formalidades. ¿Mi infancia? Nací aquí, en Barcelona, en 1857. Mi familia era de comerciantes, pero mi padre ya ostentaba cargos políticos cuando yo era joven. Desde muy pequeña sabía que quería estudiar Medicina. ¿Cómo fue estudiar en ese momento?

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Se nos decía que estamos aprovechando un vacío legal. Y así fue. No pudimos votar, pero algunas de nosotras sí logramos estudiar. Yo, por ejemplo, iba acompañada por dos escoltas, mi padre insistió mucho en ello. ¿Había más mujeres? Otras dos, pero no eran de mi generación, coincidíamos en los pasillos. Son Martina Castells y Elena Maseras. Al final, desafortunadamente, ninguna de ellas ejerció luego la medicina. ¿Qué pasó con ellas? Después de cursar todas las asignaturas tuvimos muchos problemas para licenciarnos. Yo, por ejemplo, tuve que luchar casi 3 años, igual que Martina. Es un examen oficial que depende del permiso del Ministerio de Instrucción Pública. Nos examinaron en dos días, en abril de 1882 y las dos lo superamos con el grado de sobresaliente. Martina se casó con un médico militar y desgraciadamente murió a consecuencia de las complicaciones surgidas durante su primer embarazo sin llegar a ejercer. Elena, por otra parte, tras cursar Medicina, no quería esperar para licenciarse y se puso a estudiar el Magisterio. Profesionalmente se ha dedicado en exclusividad a la enseñanza. Ya que estamos hablando sobre Martina Castells, ¿es verdad que defendisteis la tesis doctoral con solo unos días de diferencia? Sí, así fue. Yo la defendí 3 días antes que ella. ¿Sobre qué trataba tu tesis doctoral? ¿Y la de Martina, si te acuerdas?


Cautivos del olvido ¡Claro que me acuerdo! El título de la suya era “Educación física, moral e intelectual que debe darse a la mujer para que ésta contribuya en grado máximo a la perfección y a la dicha de la Humanidad” y de la mía era “De la necesidad de encaminar por nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer”. Ahora que lo pienso, las dos hemos escrito sobre temas de mujeres, jajaja. A parte de ejercer como médica, también eres profesora en la Academia para la Ilustración de la Mujer, si no me equivoco. Efectivamente. Intento llegar al mayor número de mujeres y educarlas en temas de limpieza corporal y doméstica, pero también hablar con ellas sobre temas como la maternidad o las enfermedades sexuales. Hasta el momento, has escrito mucho sobre esos temas. Considero fundamental hablar de eso y educar a la gente, sobre todo a las mu-

jeres, en esos temas. Por eso he escrito textos divulgativos como Consejos a una madre sobre el régimen, limpieza, vestidos, sueño, ejercicio y entretenimiento de los niños o Consejos de una madre a sus hijos. Espero que tenga mucha repercusión y que la sociedad vaya cambiando poco a poco en esa dirección. Muchas gracias. A ti. Hasta luego. *aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el diálogo es el fruto de la imaginación de la autora. Dolors Aleu en su despacho. © Familia Cuyàs Robinson..

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Exclusiva con Doña Luisa Ignacia Roldán, escultora de la Corte Publicado el 1 de diciembre de 2020

Madrid, 1706 Buenos días a todos. Esta semana tenemos el honor y el placer de hablar con doña Luisa Ignacia Roldán, escultora de la Corte. * Buenos días, doña Luisa y gracias por recibirnos estando tan delicada de salud. No le vamos a molestar mucho tiempo. Empezando esta entrevista, me gustaría hablar de su infancia. Buenos días y gracias por el interés que muestran por mi vida y mi trabajo. Como bien sabe, nací en Sevilla, en una familia muy grande. Soy la cuarta de nueve hijos, así que puede imaginar nuestra vida familiar. Mi padre es Pedro Roldán, que tenía un taller de escultura. Su padre es uno de los escultores más importantes contemporáneos de Sevilla. Gracias por pensar así. Mi padre llevaba un taller muy grande, es verdad. Tenía muchos encargos, trabajaba

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sin parar. Llegó a tener tanto trabajo que no bastaba con que mis hermanos y yo trabajáramos con él y tuvo que contratar a más gente. ¿Fue entonces cuando conoció a marido? Es una historia de amor muy romántica y llena de obstáculos en principio. Sí, a Luis Antonio le conocí en el taller. Tenía 19 años cuando nos casamos y mi padre estaba en contra de ese matrimonio. Fui sacada de mi casa paterna mediante mandamiento judicial permaneciendo bajo custodia del maestro dorador Lorenzo de Ávila hasta que se celebrase la boda y unos 10 días después, nos casamos. Su trayectoria laboral se ve estrechamente vinculada con la de su marido. Grabado de Luisa Roldán.


Cautivos del olvido Sí, ello se debe a que en realidad compartíamos el taller. Al principio, nos quedamos en Sevilla, aceptando encargos desde toda Andalucía. En pocos años pudimos desarrollar un taller grande, trabajábamos mucho. Pero en esa época también tuvimos muchas desgracias personales, con las muertes de nuestros primeros cuatro hijos. Siento mucho oírlo. En esa época andaluza, si la podemos llamar así, tuvo mucho éxito también fuera de Sevilla, si no me equivoco. Sí, sobre todo en Cádiz. De hecho, prácticamente vivíamos entre Sevilla y Cádiz por el tema del trabajo. Y después de 17 años viviendo y desarrollando su carrera en Andalucía, en 1689 decide a trasladarse a Madrid. ¿Por qué? Nos instalamos en la Corte, la invitación vino de allí y no la pudimos rechazar. Nuestro mecenas es don Cristóbal de Ontañón, ayuda de Camara del rey Carlos II. Y claro, para un artista, la llamada que viene desde la Corte también conlleva un cierto prestigio y reconocimiento del trabajo. Otro reconocimiento, también desde la Corte, no ha tardado en venir. Efectivamente. Poco después de venir a la Corte, me nombraron la escultora de cámara. Y, tras la muerte del rey Carlos II y la llegada de nueva dinastía con el rey Felipe V, he seguido siendo la escultora de cámara. Soy la primera mujer que ostenta ese puesto. Pero, ¿es verdad que el puesto vino sin las aportaciones económicas que normalmente acompañan esos

nombramientos? Bueno, es verdad que los primeros años en Madrid vivimos en un estado de precariedad. Pero en 1695 a Luís Antonio le conceden un puesto en la Corte con el sueldo correspondiente. Me alegro mucho. Me gustaría hablar un poco de su estilo artístico. ¿Cómo ve usted su evolución? Si uno crea durante más de 30 años, es normal que su estilo evolucione. Pero, mirando hacia atrás, creo que he cambiado poco mi concepto artístico. Al final, siempre vuelvo a lo que aprendí en el taller de mi padre. Si debo destacar alguna evolución a lo largo de estos años, creo que se pueden concretar en dos aspectos. En primer lugar, ese realismo dramático del principio de mi carrera, creo que lo he dulcificado un poco tras llegar a Madrid. Y en segundo, lugar he abandonado el estatismo, muy relacionado con mi padre, por una escultura más dinámica. ¡Qué interesante! Y, debo reconocer que tenemos mucha suerte de estar ahora en su casa, porque acaba de llegarle una carta de Italia. Sí, quiero compartir esta gran noticia con ustedes. Me acaban de informar de que me han nombrado Académica de Mérito de la Accademia di San Luca en Roma. ¡Felicitaciones! Y muchas gracias por su tiempo. Gracias. Adiós. *aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el diálogo es el fruto de la imaginación de la autora.

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Exclusiva con Mónico Sánchez Moreno, ingeniero e inventor Publicado el 26 de enero de 2021

Piedrabuena, 1933 ¡Buenos días a todos y muchas gracias por estar una semana más con nosotros! Hoy vamos, junto con nuestro invitado, a descubrir el mundo fascinante de la radiografía. Tengo el honor de hablar con Mónico Sánchez Moreno, ingeniero e inventor. * Buenos días Sr. Sánchez y gracias por estar esta semana con nosotros. Su invento ha cambiado el mundo, pero los inicios no fueron nada fáciles. ¿Qué nos puede decir de su infancia? Buenos días. Bueno, nos encontramos en mi pueblo natal, aquí en Ciudad Real. Al final, he decido volver a mi tierra para ayudar, en lo que pueda, al desarrollo de esta zona. Yo nací en una familia muy pobre y como cuarto hijo. Así que, como se puede imaginar, pasé mi infancia ayudando a mi madre que lavaba ropa ajena en el paraje del río. Todo el pueblo, vivía de la ganadería y algo de agricultura de secano, era gente bastante pobre que se dedicaba solo a trabajar y que casi en un 75% eran analfabetos. ¿Cómo consiguió usted salir de su pueblo y llegar a Madrid? Mi profesor de la escuela me animó

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a seguir con los estudios. Y mis paisanos me apoyaron también en mi misión de irme a Madrid para estudiar. De mi casa salí con el único traje que tenía puesto y sin tener ni siguiera el bachillerato elemental terminado, pero, eso sí, sabiendo que quería estudiar ingeniería eléctrica. ¿Qué pasó cuando se fue a Madrid? ¿Pudo estudiar en la Escuela de Ingenieros Industriales? No sé si por suerte o por desgracia, pero cuando llegué a la capital me enteré que los estudiantes estaban de huelga. La Escuela estaba cerrada. Yo no pude estar allí sin hacer nada, así que me apunté a un curso a distancia de electrotecnia de Joseph Wetzle, que lo impartía desde Londres. ¿Usted habla inglés? En ese momento, ni una sola palabra, jajaja. Pero todo se puede hacer, si se tienen ganas. En esos tres años, cuanto duraba el curso, pude aprender inglés, sobre todo el vocabulario técnico. Y entonces, de Madrid se va para Nueva York, si no me equivoco. Así es. Fue el propio profesor Wetzle quien se puso en contacto conmigo y me recomendó para el puesto en Nueva York. Estaba muy ilusionado, con solo 24 años ir a Nueva York. ¿Cuál fue su puesto inicial en la Gran Manzana? ¿Cómo fueron sus primeros años allí? Trabajé como ayudante de delineante. En paralelo, me matriculé en el Instituto de Ingenieros Electricistas. E incluso llegué a cursar un curso de electrotecnia en la Univer-


Cautivos del olvido sidad de Columbia. Su gran invento vino en 1909, ¿verdad? Sí, estaba trabajando en Van Houten and Ten Broeck Company, una empresa dedicada a la aplicación de la electricidad en los hospitales. Me puse a pensar en si podríamos construir un aparato de rayos X más ligero, para poder usarlo como un aparato portátil. Conseguí reducirlo de 400kg a tan solo 10kg. La Collins Wireless Telephone Company me llamó para el puesto del ingeniero jefe y compraron también mi patente. Lo llamamos The Collins Sánchez Portable Apparatus. ¡Impresionante! Ese invento ha venido muy bien en la Gran Guerra después. Efectivamente. Muchos países lo utilizaron en los hospitales de campaña y ambulancias. Tengo que decir que la gran Madame Curie fue la que avaló su uso en Francia. Entonces, ¿tuvo muchos pedidos desde todos los rincones del mundo? Sí, según el aparato se

iba patentando en diferentes países, todos querían comprarlo. Por esas fechas yo ya había vuelto a España y decidí, en 1913, montar Laboratorio Eléctrico Sánchez en mi pueblo natal. Según lo que comentan los habitantes de Piedrabuena, usted ha hecho mucho más para esta localidad. He hecho lo que he podido. Para mí, una de las cosas más importantes era una central eléctrica. Cuando terminé eso, hice llegar la electricidad a las casas, para mejorar la calidad de la vida de todos aquí. También monté un cine. Desde luego, ha justificado con creces la confianza y el apoyo de sus paisanos. Gracias por esta entrevista y mucha suerte con los proyectos futuros. Muchas gracias y adiós.

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el dialogo es el fruto de la imaginación de la autora. Retrato de época del inventor e ingeniero Mónico Sánchez. © Efe / Agencia SINC.

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Antonio García-Bellido Capdevila socio SH22

Aventurero, naturalista y fotógrafo. Curioso por naturaleza. Doctor en Zoología e informático autodidacta. Apasionado por viajar y conocer mundo. Amante de las matemáticas y los juegos de lógica.


Inquietudes de un naturalista fotógrafo


Curruca cabecinegra (Sylvia Melanocephala) y buitre leonado (Gyps fulvus) Publicado el 22 de febrero de 2021

Curruca cabecinegra macho (Sylvia melanocephala). Cabo de Palos, Murcia. 3-VI-2017. © Antonio García-Bellido Capdevila.

Como persona inquieta y curiosa que soy, quiero aprovechar este espacio que me brinda Hispania Nostra para compartir con las personas que me sigan o me visiten, mis inquietudes, mis fotos, mis comeduras de coco, mis anhelos o mis ideas sobre diversos temas. En este primer post quiero agradecerle a Juan Ayres y a todo el encantador equipo de Hispania Nostra que me hayan animado a publicar mis fotos e inquietudes en este rincón del Autor de Hispania Nostra. Espero que os gusten este y mis sucesivos posts.

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La fotografía es un arte que se vive con distintos grados de apasionamiento y a veces uno sale con la cámara en ristre, diversos objetivos y toda la parafernalia esperando encontrar algún rincón bonito, un paisaje pintoresco, algún animal o alguna flor. Otras veces vas caminando y aparece la oportunidad de fotografiar algo interesante y solo llevas el móvil. Por eso desde hace tiempo, aunque tengo una buena cámara (una Canon) he invertido en móviles que tuviesen una buena lente, de alta calidad y resolución, para poder


Naturaleza salvaje captar esos momentos en que no llevas el “camarón” pero la ocasión merece inmortalizar el instante. En el caso de esta foto de una curruca cabecinegra macho (por el colorido de la cabeza), no fue una foto casual, ya había estado en el faro de Cabo de Palos años atrás y los había fotografiado. Esta vez me lleve la cámara con el teleobjetivo de 400 mm para poder captar bien a este pajarito esquivo, pequeño y muy rápido. La verdad es que salí muy satisfecho con la toma. Después de un largo rato escondiéndome y persiguiéndole entre los arbustos conseguí lo que esperaba. No siempre es así, después de horas buscando o esperando algún animal, este no aparece, o muy fugazmente, o no posa debidamente y no puedes hacer una buena foto. Con la macrofotografía (fotos de bichitos diminutos) a veces pasa algo parecido, no te puedes acercar lo suficiente, se mueven mucho o se van antes de tiempo. Con los paisajes o las panorámicas es más

una cuestión de buscar el encuadre perfecto y la mejor luz. Con la astrofotografía, hay que tener mucha paciencia y probar hasta obtener la luz adecuada para captar los planetas, estrellas, galaxias, nebulosas, etc… que intentas fotografiar. Volviendo a la telefotografía y las fotos de animales desde lejos… Me encanta este tipo de fotografía. Quiero presentar esta foto que me gusta mucho de un buitre leonado (Gyps fulvus). Los buitres circulan a gran altura cogiendo las corrientes de convección. Se suelen ver en la Sierra Oeste de Madrid con cierta frecuencia en busca de ovejas muertas o alguna carroña que divisan con su aguda visión desde más de dos kilómetros de altura. Este buitre leonado me sobrevolaba en un paseo por el monte, en Navas del Rey, a no mucha altura. Con buena luz y con un buen teleobjetivo, pude captar esta preciosa foto.

Buitre leonado (Gyps fulvus) Navas del Rey, Madrid. 2-V-2016. © Antonio García-Bellido Capdevila.

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Cardenillo (Tomares ballus) y mariposa macaón (Papilio machaon) Fotografía macro Publicado el 3 de marzo de 2021

Cadenillo (Tomares ballus). Navas del Rey, Madrid, 2-IV-2017 © Antonio García-Bellido Capdevila.

La fotografía macro o macrofotografía es un arte y una pasión. A mí personalmente, es la modalidad de fotos que más me gusta y más satisfacciones me da. Poder acercarte al sujeto de tu interés y hacerle una foto desde muy, muy cerca para ver todos los detalles de su anatomía, y luego con más calma, estudiar los pormenores de la foto en casa. Esta foto es uno de esos casos que comentaba en el post anterior, en el que hay que perseguir al sujeto hasta conseguir la foto que quieres. Ir detrás de esta mariposita por todo

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el bosque con la cámara en ristre y el objetivo macro, acercarte sin espantarla y que salga volando, tirarte por el suelo y hacer varias tomas hasta conseguir la foto que andabas buscando. Salir al campo y buscar sujetos que fotografiar es muy relajante. Desconectar de la rutina diaria y reencontrarte con la naturaleza, disfrutar de la libertad y la alegría de pasear por el campo, el bosque, la montaña o la playa… El cardenillo (Tomares ballus) es un Lepidóptero (mariposa) de la familia de los Licenidos. Se distri-


Naturaleza salvaje buye por zonas cálidas del Mediterráneo y es bastante común. Hábitat y ecología: vive en claros en encinares y alcornocales y zonas abiertas y secas, de 200 a 1.000 metros. Vuela de marzo a abril, en una generación al año. Los imagos (larvas) acuden a las flores de Diente de León (Taraxacum officinale). Los machos presentan un comportamiento territorial. La puesta de huevos se realiza de uno en uno en las hojas. Las orugas son de color rosado, con abundante pilosidad, practican el canibalismo y se asocian con hormigas, quizá pupando en el interior de sus nidos. No todas las fotos macro se hacen con el objetivo macro, hay ocasiones en que el sujeto se mueve muy rápido o está a cierta distancia y tienes que usar un teleobjetivo para poder captar una buena foto. Este es el caso de esta preciosa mariposa Macaón (Papilio machaon). Tuve que perseguirla por el monte hasta que se posó en una roca

y pude hacerle una foto con el teleobjetivo. Esta mariposa Macaón es un Lepidóptero también, aunque de la familia Papilionidae, ampliamente distribuida en el hemisferio norte. Se han descrito numerosas subespecies. Es una de las mariposas más conocidas y bellas de Europa. Sin embargo, no se encuentra en las islas atlánticas ni Irlanda, y en Inglaterra apenas está extendida, en la Europa templada hay zonas en las que se puede localizar con facilidad. Pero este insecto de tan bella apariencia tiende a desaparecer desde hace algunas decenas de años, atacado especialmente por el uso de pesticidas en los cultivos de hinojo y zanahoria de los que pueden alimentarse. Por el contrario, es común en la península ibérica. Estas fotos son para el proyecto de Biodiversidad Virtual (http://www. biodiversidadvirtual.org/) con el que estoy involucrado.

Mariposa macaón (Papilio machaon) Colmenar del Arroyo, Madrid, 15-V-2014. © Antonio García-Bellido Capdevila.

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Juan Carlos Martín Lera socio 1596

Técnico en restauración, fotógrafo y soñador empedernido.


Volar, soñar para existir, mirar para ver, imaginar para recrear la vida


En tiempo de silencio 1995 Publicado el 30 de junio de 2020

Galería de fotos de la Antigua fábrica de cervezas El Águila, Madrid. © Cristóbal Rodríguez Salcedo – Juan Carlos Martín Lera, 1995.

Antigua fábrica de cervezas El Águila, Madrid

En las primeras décadas del siglo XX, la fábrica de cerveza vivió el gran momento de actividad para el que estaba concebida. Los edificios albergaban todo el proceso de fabricación, con zonas de procesado de cerveza, mecanización de embotellado, construcción de cajas de madera para su transporte y almacenamiento, bueyes, caballos y carros cerraban el círculo para su distribución a cargo de cientos de trabajadores. El tiempo y las circunstancias llevaron a su abandono durante muchos años y la soledad se hizo dueña de este espacio industrial, hasta que llegó la democracia y su espacio principal se convirtió en un bar de copas. La “Movida” de los años 80 llenó sus rincones de alegría en la noche madrileña y fue durante algún tiempo un lugar de moda y encuentro.

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Al vuelo de la mirada

Volvió el silencio a este esqueleto industrial hasta que en 1995 la Comunidad de Madrid, a través de la Dirección General de Patrimonio Histórico, convocó un concurso de proyectos para su rehabilitación y puesta en funcionamiento. Se presentaron numerosos proyectos de gran calidad, siendo ganador el proyecto presentado por el estudio Tuñón y Mansilla que transformaron la fábrica en la actual sede de la Biblioteca y Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Una renovada vida para la antigua fábrica llena el silencio de los espacios con el eco de nuevas vivencias herederas de la memoria. Esta propuesta fotográfica es un recorrido visual por el abandono. Encontramos la antigua fábrica en la penumbra de espacios oscuros y evocadores de un tiempo pasado. Esta arquitectura industrial de hierro y ladrillo se desnuda ante nosotros como un gran contenedor de máquinas desvencijadas, tolvas y herramientas oxidadas, un escenario de cajas rotas, legajos y grafitis. Nos muestra sus heridas de guerra, evocadoras, inánimes y silenciosas entre el polvo levitante.

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Fotograbado digital Series temáticas de Patrimonio Histórico Artístico Publicado el 7 de julio de 2020

Fotograbado de la Plaza Mayor de Madrid. © Juan Carlos Martín Lera.

Una serie fotográfica que realicé sobre “Jarrones ornamentales en los jardines históricos de Aranjuez” me sirvió de base en 2008 para el tratamiento de la imagen y su edición digital, con el fin de conseguir un producto de calidad, divulgador y asequible. Siempre me inquietó el ruido visual que impide apreciar un edificio o un lugar monumental. Señales luminosas, carteles, coches y artefactos diversos distraen nuestra atención de lo esencial.

Me propuse aislar un objeto para recrear su belleza y su valor intrínseco. Hacer un producto gráficamente limpio y monocromo para vincularlo en el tiempo actual con el grabado artístico tradicional.

Jarrones ornamentales en los jardines históricos de Aranjuez. © Juan Carlos Martín Lera.

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Al vuelo de la mirada

El “fotograbado digital” es un proyecto fotográfico editado e impreso en papel de calidad y alto gramaje, sello de autor en relieve y breve reseña histórica del lugar o del objeto representado en una cuidada edición que nos permite acercarnos al importante legado que nos deja la historia.

Serie sobre La Alhambra. © Juan Carlos Martín Lera.

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Un lagarto vigila la Sala de la Plancha

Edificio perteneciente a la Casa de Alba en Aranjuez (Madrid). © Alfonso Segovia.

Publicado el 21 de julio de 2020

En 1990 José Miguel Rueda Muñoz de San Pedro, arquitecto de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, rehabilitó un antiguo edificio en Aranjuez perteneciente a la Casa de Alba que fue construido en la década de 1750 en la ampliación del palacio ordenada por Carlos III, que dio origen a la villa de Aranjuez. En este lugar se encontró una sala con unos preciosos dibujos a carboncillo de factura goyesca. Se le llamó Sala de la Plancha por ser usado para el oficio de las planchadoras. “Me gusta imaginar quién pasó por aquí, quién dibujó estas escenas de trazo firme, qué vidas poblaron esta sala con sus alegrías y sus tristezas perdidas en el tiempo, quizás Goya pasó por aquí, quizás esta sala presenció, entre miradas y chanzas de vida cotidiana, como la mano de un artista marcó a carboncillo su talento sobre el yeso de sus paredes blancas”. Pasó el tiempo y el edificio de propiedad particular sufrió modificaciones de uso. Posteriormente se parceló de nuevo en dos mitades perdiendo la entrada principal y la escalera original del edificio. Con el tiempo fue cayendo en el abandono hasta llegar a un estado ruinoso. Conscientes

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Al vuelo de la mirada del avanzado deterioro estructural y la pérdida irreparable de los dibujos goyescos, se hizo urgente su restauración. Se acometió la consolidación y restauración de la corrala, incluyendo las caballerizas con sus abrevaderos originales y la llamada Sala de la Plancha en la que fueron limpiados y restaurados con mimo los dibujos encontrados. En la actualidad, un restaurante ocupa la planta baja con acceso al patio interior, pero lamentablemente la sala no se puede visitar de manera pública ya que se accede desde el piso superior del edificio de propiedad privada. Nuevamente, el silencio se ha hecho dueño de este espacio evocador y un lagarto vigilante custodia paciente este modesto testigo de nuestra historia.

Sala. Fauno. Detalle de escena y Aquelarre son algunos de los dibujos de la Sala de la Plancha. © Juan Carlos Martín Lera.

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La voz del patrimonio


David Amón-Delgado socio SH23

Actor, locutor, amante de la poesía con un algo de poeta y buen “decidor” de versos.


In Memoriam Publicado el 4 de marzo de 2021

En el cielo, allá en el más allá y más allá que el más allá nadas flotando entre las nubes más níveas, más blancas, radiante con dos luceros de azul brillante, de azul imposible irisantes y fuertes cual la fuerza de la luz del siempre alba quedando huérfana la tierra, la comedia y nuestra España, un vendaval, dejas, de risa de ángel con cabello dorado en luto el escenario para siempre, ya permanente luto. Suena por primera vez del humor humano la saeta acaricia ya de la mano del Santo Miguel la cerveza no importa, tu Mahou no la hay por aquella ribera. Faltando ya como ya faltas, estás, como siempre estuviste radiante de eterna sonrisa, vibrante sin límite de vida amigo del alma para siempre ya eterno y viejo amigo, nadie, te digo, merece tan temprana partida, no, nadie con tan largo, tanto talento y tanta capacidad de sueño imaginado, imaginante, imaginario, imagen de realidad sugerida de gestos, de arte, de risa y de tanto, tanto talento coronado desde niño tu siempre escenario de teatro olé compañero del alma, mi siempre caballero legionario.

Porque hay personas que son patrimonio... Ahora, lee la poesía de lado y descubre el nombre oculto. Quique San Francisco en el año 2000. © Gtres.

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El rincón del verso suelto

Una mirada del Renacimiento Publicado el 1 de abril de 2021

Suspiro naciente de la arquitectura atrapadora, atrapante, llevadera música nacida al compás de las cuerdas del violín trémolo, molto vivace, piano, arte y más arte ilustres verbo y musicalidad renacentista adagio acompañante de un genio en esencia galopante, galopando a la excelencia orillando en el Olimpo de la arquitectura Férreo, estilizado hombre del Renacimiento alarmante, escandaloso lleno de puro talento junto a un corazón incandescente, querido, vivido amado, compañera de siempre compañera de viaje restaurador de palacios, creador de auditorios, diseñador de teatros de arte etéreo, puro y eterno, omnipresente y universal HOMBRE DEL RENACIMIENTO

Cuando se es de otra época y se sabe (a un año de tu adiós, siempre en el recuerdo). Ahora, lee la poesía de lado y descubre el nombre oculto.

Ilustración de Santiago Fajardo a caballo. © Aisha Fajardo.

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El mejor Publicado el 29 de marzo de 2021

Raqueta, pelotas amarillas, cinta y muñequera avisan, llama al mundo un guerrero de raza fuerte, fornido corazón de oro, piernas de acero avisan, llama al mundo un guerrero de raza enviste de un Miura, resto de colosal muralla llama, está llamando al mundo un guerrero de raza. Navegante de rumbo fijo, capitán de plata acariciando las estrellas, coronando la Gloria dueña de sangre efervescente, Dios de la tierra acompañada de pinceladas rápidas y de hierba llama al Mundo, está llamando el atleta de España, ¡Vamos Rafa!

Cuando lo imposible es lo habitual. Ahora, lee la poesía de lado y descubre el nombre oculto.

Rafael Nadal 2020 en el Open de Australia 2020. © EFE.

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El rincón del verso suelto

Único e irrepetible Publicado el 20 de mayo de 2021

Sabiduría, sapiencia, saber superior, sublime cultura amor a lo clásico, lo moderno, latín y griego clásicos nacimiento de una vasta cultura, un conocimiento titánico, románico, gótico, barroco, alma del Renacimiento ilustrísimo hombre de ciudad, calle, plaza y barrio amalgama del saber puro, esencial y estético genio de un saber arrollador, apabullante único e irrepetible omnipresente espíritu de la enseñanza y el buen gusto. Amante y sabedor del arte, pintura, escultura, arquitectura música, poesía, tauromaquia, ensayo, verso, alma de literatura órbita del Olimpo reservado a los sabios nombrados, nacidos de siglo en siglo con un don sobrenatural y extraordinario. Humanista, arquitecto hacedor junto a tu inseparable orilla, mar, océano, Gloria, de una fuente de cinco chorros ramificaciones de vuestra vena, sangre de vuestra sangre teñida de amor, amor binómico, amor, amor del bueno entregado absolutamente a la memoria de la especie la música sinfónica dirigida al compás desde una sola tarima al lado, nunca detrás, siempre mirando al mismo rumbo no el uno al otro sino siempre mirando en la misma dirección orquestando desde y hasta siempre lo más hondo y profundo de mi corazón.

Cuando uno tiene el orgullo de ser hijo. Ahora, lee la poesía de lado y descubre el nombre oculto.

Santiago Amón Hortelano. © Biblioteca familiar.

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