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#0 “El que tenga la bondad de delatar a su compañero será recompensado con el puesto de delegado de clase” DUELO EN EL CAMINO. Alexis Nolla

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LA NOVIA DE HERR BRANDT

Soy el motor de Europa

María Ptqk

Jaime Rubio Hancock

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MARIE MIRA POR EL BALCÓN

CRISTO se acuerda de un chiste que le contaron en mal momento

Jonathan Millán

7 CARAMELOS RICOLA “FLORES DE SAÚCO” Carmen Pacheco

Anónimo y El Hematocrítico de Arte

45 023# COMPAÑEROS DE TREN Víctor Iriarte / Izibene Oñederra

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#037 UNA HISTORIA DE VIOLENCIA

El Juicio Final se retrasa OTRA VEZ

Víctor Iriarte / Izibene Oñederra

Jaime Rubio Hancock

17 DUELO EN EL CAMINO Alexis Nolla

23 La mujer que limpia

51 Tiovivos Andrea Valdés

54 Ucrónicas

Christian Rodriguez

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#029. Na na nana, nanana, Na na nana, Nana na na-na

LOS MEJORES MOMENTOS DE LA HISTORIA DEL CINE (4)

Víctor Iriarte

Nacho Vigalondo

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MIL PELICULAS DE TERROR (5/1000): Psicosis II

Asalto a la torre Pau Aguiló

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John Tones

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RASCACIELOS

YO VESTIDO DE MI MADRE consolando a mi madre

Doctor Zito

Jonathan Millán

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CRISTO DE BAJONA

SE PUEDE PASAR DE LARGO

Durero y El Hematocrítico de Arte

Carlota Juncosa


LA NOVIA DE HERR BRANDT –

María Ptqk

En los anuncios que pongo para alquilar mi piso por temporadas suelo decir que posee la envidiable característica de tener vecinos invisibles. Los hay y a veces enseñan la patita; nos cruzamos en la escalera o en el patio de las basuras, pero no hablamos. Yo lo he intentado -por si un día me dejo las llaves dentro o se me inunda el cuarto de baño o hay una invasión extraterrestre y no podemos salir de casa nunca más y nos vemos obligados a reinventarnos una vida con la comunidad de humanos más inmediata, esas cosas. Pero entre mi pésimo alemán y la idiosincrasia protestante de no traspasar los límites de la privacidad ajena, hasta ahora no había sido posible entablar ningún tipo de proximidad. Yo no sé nada de ellos ni ellos de mí, nos ignoramos metódica y escrupulosamente. Hasta ahora, porque Herr Brandt se ha echado una novia. Herr Brandt es el vecino de abajo, un hombre de unos 50 y tantos, alto, muy delgado, con los mofletes colgando, se ve que calvo desde que nació. Camina ligeramente encorvado y muy deprisa. Si puede no te mira o lo hace sólo rozándote con la mirada, como un psicópata pacífico que teme que descubras la hondura de sus perversiones o un cervatillo asustado que se echa a correr cada vez ve a un humano porque un cazador mató a su mamá. Yo siempre ataba mi bici junto a la de él, en el único gancho disponible delante de casa, que compartíamos por un pacto tácito entre ciclistas solidarios. Un día había otra bici donde yo suelo poner la mía, así que la dejé en otro lugar; al día siguiente la otra bici seguía ahí, y al otro, y al otro. Ya ni miro, es evidente que me han expropiado del gancho y ahora la dejo siempre en el otro portal. Luego llegó la música, siempre por la tarde. Grandes éxitos de los ochenta y noventa que una voz aguda canta a pulmón pleno mientras ~3~


otra grave la anima. Por el volumen atronador y el entusiasmo evidentemente juvenil, pensaba que eran unos hermanos del edificio contiguo, el pequeño y el mayor, jugando al Guitar Hero o a un programa de karaoke cuando sus padres no están. Ah, la edad del pavo, qué pesaditos... ya se les pasará. Poco a poco me he dado cuenta de que el sonido viene de abajo. La música cada día suena un poco más alto y ahora incluye electrónica de baile, risotadas, zapateos, gritos histéricos, y la misma voz grave que lo acuna todo con sus comentarios breves -y muy cariñosos, entre mi nivel de alemán y el lenguaje universal de los perros, eso lo entiendo hasta yo. Es Herr Brandt. Y hay una mujer con él, joven y vitalista además. Hoy es domingo y me ha despertado el temblor de la cama. No puede ser, se ha ido de vacaciones y ha alquilado la casa a unos Erasmus que están de after con todos los colegas colocados hasta las orejas, no puede ser. Y he bajado, más por curiosidad que porque me molestara. Es decir: me molesta mucho, pero yo también pongo la música muy alta y hoy por tí, mañana por mí y tal. Cuando he tocado el timbre la música ha cesado, las carcajadas también, y me ha abierto la puerta él, con una sonrisa espléndida y la mirada colmada que debía tener Dios la primera mañana del mundo. Ha pedido unas disculpas rápidas y cuando ha cerrado a la chillona le ha dado otro de sus ataques de risa. Solo estaban ellos. No le había visto sonreir nunca pero no hay duda: está completamente enamorado.

http://ptqkblogzine.blogspot.com/2010/09/la-novia-de-herr-brandt.html

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Marie mira por el balcón – Jonathan Millán –

http://noyatan.blogspot.com.es/2010/06/el-jonathan-mas-duro.html

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CARAMELOS RICOLA FLORES DE SAÚCO –

Carmen Pacheco

Me gusta la gente que siempre tiene caramelos y los ofrece en el momento más inesperadamente oportuno. En realidad me gusta la gente que siempre tiene de algo. Por ejemplo, de pequeña me gustaba que mi padre siempre tuviera pilas y mi abuela siempre tuviera de todo. Es un rasgo que me atrae porque me imagino a esa persona abasteciéndose secretamente de esa mercancía, por sus propias y privadas razones, en un acto completamente independiente y ajeno al resto del mundo. No es como cuando en mi casa sólo había trescientos litros de leche y mi madre decía en voz alta “se nos está acabando la leche, tenemos que comprar más”, no. Es como cuando mi padre, en algún momento y lugar al cual yo era totalmente ajena, compraba pilas y las almacenaba en el cajón de su mesilla de noche sin decir nada ni darle explicaciones a nadie. Es a eso a lo que me refiero. Por supuesto no vale el tabaco ni nada que cree una dependencia física, porque entonces las razones no son las mismas, sino otras muy poco interesantes a mis ojos. Vale si es cacao, chicles, pañuelos, pintalabios, bolígrafos o cualquier cosa que se gaste y haya que reponer y vale si la persona SIEMPRE va provista de ello. Pero el caso de los caramelos es especial porque los caramelos se ofrecen, digamos que están hechos para ofrecer, y son una opción bastante más original pero también más arriesgada que los chicles. No voy a pensar igual de alguien que siempre tiene y ofrece pictolines (uf), que de alguien que siempre tiene y ofrece juanolas (mejor, aunque las odio) o alguien que siempre tiene y ofrece unos repugnantes caramelos de anís o de coco (fatal). Sin embargo, todos ellos me parecen interesantes por ese rasgo de individualidad que yo veo en abastecerse de algo y aún más ~7~


porque la mercancía elegida sean los caramelos. Hasta el tipo de la leyenda urbana que repartía caramelos con droga a la salida del colegio me ha parecido siempre alguien brillante por su ingenioso método, pero sobre todo por su innegable estilo. Durante una época trabajé con un amigo que siempre tenía y solía ofrecerme caramelos masticables Ricola “flores de saúco”. Yo iba a decirle cualquier cosa seria e importante, totalmente decidida, y el simple gesto de abrir la cajita ante mí, me desarmaba por completo. Probad a hacerlo vosotros mismos. En medio de una situación social, cuando haya varias personas enfrascadas en una conversación o cuando veáis a alguien completamente seguro de si mismo, probad a abrir una brillante cajita metálica de deliciosos caramelos masticables desconocidos para casi todo el mundo y comprobaréis cómo durante un instante las personas titubean, y centran toda su atención en el interior de la pequeña cajita, de VUESTRA pequeña cajita, ésa que estáis sosteniendo en la mano. Si titubean demasiado puede animárseles diciendo “son sin azúcar”, pero en un tono bajo que no distraiga su atención de los caramelos. Entonces, la mayoría de ellos cogerá el caramelo y se lo meterá en la boca. Puede que todo dure apenas tres segundos y la conversación se reanude, pero ahora todos tienen en la boca VUESTRO caramelo y están paladeando ese extraño sabor e intentando evitar que se les pegue a los dientes. Esa sensación que vosotros tan bien conocéis, puesto que sois el origen, la fuente, los dueños y señores de los caramelos. Entre la persona que suele ofrecer caramelos y la que los suele aceptar se establece una relación especial, sobre la que no me voy a extender más porque todos habéis visto el anuncio de los werther’s original, un caramelo detestable, por cierto. Y porque supongo que mis lectores tienen una vida propia con sus propias personas especiales expendedoras de caramelos, sobre las que sabrán reflexionar y sacar conclusiones sin mi ayuda. Sin embargo, sí que doy por supuesto que no tenéis ni la más remota idea de lo maravillosos que son estos caramelos Ricola “flores de saúco” y por eso hablaré más de ellos. Estos caramelos tienen un sabor un poco raro que, como los mejores sabores del mundo, gusta mucho más la segunda vez que se prueba. Son masticables (en la ~8~


caja pone “pastillas”, porque también los hay en versión caramelo), aunque según la temperatura o la antigüedad de la caja pueden estar un poco duros (lo cual no desmejora su efecto). Van en una cajita metálica morada, que hace “clic” cuando se cierra y cuando se abre, y son espantosamente caros. También he descubierto que los venden en bolsitas de plástico, cosa que viene muy bien si quieres reciclar cajitas. Y no suavizan la garganta ni dejan la boca fresca ni son fáciles de encontrar. Yo nunca he sido, ni seré capaz de mantenerme  SIEMPRE abastecida de algo (si lo consiguiera, quizá dejaría de admirar ese rasgo), pero cuando llevo en el bolso estos caramelos me siento algo más querida y acompañada en el mundo. Cuando camino sola por la calle cansada o triste, saco la cajita metálica, me meto uno de estos caramelos en la boca, y me siento mucho mejor. Lo malo es que como soy una persona enfermizamente compulsiva, luego me como treinta y cinco más y me quedo sin caramelos. Pero creo que de verdad merece la pena hacer el esfuerzo de conseguirlos, almacenarlos, dosificarlos y compartirlos, porque los caramelos son algo realmente especial. Por ejemplo, la última vez que vi a mi amigo y nos estábamos despidiendo, justo cuando yo me acababa de sentar en el taxi, él, sin decir nada, me puso una cajita de Ricola “flores de saúco” en la mano, cerró la puerta y me sonrió desde el otro lado de la ventanilla. Y mientras el taxi arrancaba y se alejaba, yo sabía y él sabía que sólo con ese gesto y ese pequeño regalo había conseguido hacerme infinitamente feliz.

http://egoismo.com/caramelos/

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#037 UNA HISTORIA DE VIOLENCIA –

Víctor Iriarte / Izibene Oñederra (Ilustración)

1. En esta historia el hombre pantera es todavía un niño pantera. Juegan a saltar desde lo alto de unos arbustos y se lanzan al vacío sin miedo. A veces caen de pie, pero con la inercia del salto terminan casi siempre rodando por el suelo. Todos tienen barro y verdín en los pantalones. Alguno incluso se ha roto la camiseta. Son salvajes. Pequeños salvajes sin reloj y sin miedo. Cuando se hacen una herida, se chupan la sangre y después siguen jugando. Escupen saliva cuando quieren ser malos. Tienen rasponazos en la cara. Los codos y las rodillas les brillan al sol con la mercromina. Los reflejos a veces son de color amarillo y a veces de color azulado. Una vez alguien apareció con una herida cubierta de Betadine y a nadie le gustó el color marrón. “Pues es lo que usan en la guerra de verdad”, dijo el herido. Pero ellos son de mercromina y de burbujas blancas cuando les echan agua oxigenada. “Mi hermana se tiñe el pelo de amarillo con esto”, dice alguien. Pero las hermanas no existen todavía. “El coño de tu hermana”, es una expresión que llegará más tarde. Ahora no existe. Ahora son los saltos. Y el sudor. Y lanzarse y aguantar en el aire durante segundos que duran horas. Horas que duran segundos. Se han dividido en dos bandos. El hombre pantera no es un luchador de primera fila, es más de merodear, de observar desde lejos, de segunda unidad, de ataques rápidos y definitivos. Sabe situarse bien.  Cuando comienza la guerra, recibe algunos golpes. Le derriban varias veces. Ninguno de ellos ha aprendido todavía a hacerse el muerto. La muerte no existe. La muerte no tiene sentido. Todo consiste en caer y en volver a levantarse. No gritan, sólo pelean. Y sudan. Alguno ha empezado a decir tacos, pero todavía no saben emplearlos bien. “Hostias”. “Hijo puta”. “Cabrón”. “Jilipollas”.  ~ 11 ~


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El combate sucede casi siempre en silencio. En el silencio del cuerpo a cuerpo. Quizá algún grito cuando alguien quiere rendirse. O lágrimas cuando alguien va demasiado lejos. A veces lloran unos y a veces lloran otros. Llorar es parte del combate.  El hombre pantera tiene agarrado a Aimar por el cuello. Son compañeros de clase, pero hoy están en bandos contrarios. Son buenos con las pinturas y a veces dibujan juntos cómics de policías y ladrones. Aimar comienza por un lado del folio y el hombre pantera por el otro. Se inventan historias que generalmente terminan cuando los dos llegan a la parte central de la hoja; entonces dibujan juntos una explosión final: “¡Boooooom!”. Son los años ochenta, viven en la periferia de Bilbao, las cosas aquí explotan antes de terminar.  - Ahora te vas a comer esto, le dice el hombre pantera. Y arranca un trozo de hierba e intenta metérselo a Aimar en la boca. Aimar forcejea. El hombre pantera hace fuerza con sus manos y con su cuerpo y termina metiéndole unos trozos de césped entre la lengua y el paladar. Después arranca más hierba. Aimar escupe barro. Tiene un herida en el labio y sangra un poco. - ¡Te vas a comer esto!, le dice al oído el hombre pantera. Aimar vive en un barrio que está aún más lejos que los barrios que están lejos. Todas las mañanas camina casi dos kilómetros para llegar hasta la parada del autobús del colegio. “Es un buen entrenamiento”, dice. “Lo suelo hacer corriendo”. En gimnasia queda casi siempre primero o segundo en las pruebas de larga distancia. También en las de sprint.  El año en el que estuvieron sentados en clase uno al lado del otro, Aimar y el hombre pantera eran la pareja imbatible en las redacciones. “Tienen mucha imaginación”, decían los profesores de lengua. “Demasiada”, anotaban los profesores de ciencias.  El hombre pantera está apretando el cuello de Aimar, que tiene los ojos cerrados. Ha empezado a llorar un poco.  - Cómete la hierba y te suelto, le dice el hombre pantera. Y Aimar abre la boca y el hombre pantera le mete más hierba y después le dice: ~ 14 ~


- Traga. Y Aimar, cada vez más rojo, con los ojos cerrados, con lágrimas corriéndole por la cara, intenta tragar, pero se atraganta y tose y en un gesto desesperado y de contorsionista, con un movimiento convulsivo, se libera del hombre pantera y lo derriba. Aimar está ahora doblado sobre sí mismo, tosiendo, tratando de recuperar el aire, escupiendo barro y hierba. El hombre pantera le mira desde el suelo. Sabe que ahora Aimar podría machacarle. Con los pies. Con las manos. Escupiéndole. Con piedras incluso, aunque ya no usan piedras.  Alguna vez han peleado lanzándose pedruscos, pero las consecuencias son demasiado extremas: puntos en la cabeza; una carta de la directora del colegio; no poder pelear durante la convalecencia. Hace un año probaron también con las flechas y afilaban ramas de arbustos con los sacapuntas de clase. Pero hubo un herido que casi se queda ciego de un ojo y asimilaron muy rápido que debían volver a sus cuerpos. Dicen que los de octavo pelearon una vez con dardos de puntas de hierro. Pero nunca han conocido a nadie que participara en aquella batalla.  Aimar mira a los ojos del hombre pantera. Tiene marcas de barro en la cara y el labio le sigue sangrando. Escupe a un lado y después se da la vuelta y se va, abandona el campo de batalla. Y al hombre pantera le entran ganas de llorar y se muerde el labio inferior con fuerza, hasta hacerse sangre. Y se chupa su propia sangre y se la traga. - ¡Eh, eeeeeh!, grita entonces en dirección a Aimar. Pero Aimar sigue caminando de espaldas y se aleja cada vez más de la guerra. Y entonces el hombre pantera se levanta y comienza a correr en su dirección, y corre con todas sus fuerzas, y ahora está llorando un poco, y el sabor de la sangre le llega dentro, y está ya muy cerca de Aimar cuando de un salto se lanza a su cuello y lo derriba y grita hundiendo su cabeza en el cuerpo de Aimar:  - ¡Pégame! ¡Pégame! 2. Una empresa finlandesa compró la fábrica papelera que había al lado de la carretera que llevaba hasta su colegio. “Huele a pedo”, solían decir al pasar por delante. Los profesores les explicaban ~ 15 ~


que el humo de las chimeneas era vapor de agua, pero a ellos les parecía imposible que el vapor de agua pudiera oler tan mal. “Nos están contaminado”, decían en los recreos. Hace mucho que el hombre pantera no va por ahí. Al lado de la fábrica hay dos estaciones gasolineras, de las grandes, donde los camiones que transportan troncos y bobinas de papel paran a pasar la noche y a esperar su turno de carga y descarga.  Aimar trabaja en la gasolinera desde hace años. El hombre pantera se enteró hace poco y alguna vez ha pensado en acercarse con el coche, pero al final siempre sigue de largo. En los días fríos y húmedos, el humo que sale de las chimeneas parece una explosión nuclear. 

http://somoselhombrepantera.blogspot.com/2012/01/037-una-historia-de-violencia.html

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http://alexisnolla.blogspot.com/2011/02/duelo-en-el-camino-2009.html

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La mujer que limpia –

Christian Rodriguez

Le pagaba a una mujer para que me limpie. Aldana venía las 9 de la mañana, cuando yo estaba en el medio de mi noche de sueño. Por eso, al principio, me despertaba de un timbrazo, yo le abría la puerta dormido, le daba algunas indicaciones y me volvía a meter rápido en mi habitación. Después de unos meses le di la llave y le dejaba una notita con lo que tenía que hacer. La noche anterior revisaba la casa para no dejar cosas de valor tiradas por ahí. Lo único de valor que tengo es un Ipod y una laptop, así que esas eran las dos cosas que escondía. Entre sueños escuchaba el ruido de la llave en la puerta, a la mañana siguiente. La adivinaba dejando el bolso sobre el sofá, escuchaba el clic del interruptor de luz, la imaginaba inclinándose sobre la notita que le había escrito y luego caminando, escuchaba la puerta corrediza de la cocina y luego el ruido de sopapa despegándose de la puerta de la heladera, las puertas de la alacena (estaba decididiendo si tenía que comprar algo más, elementos de limpieza o algún ingrediente para cocinar lo que le había pedido), luego iba al baño y finalmente se escuchaba el ruido de la puerta de entrada cerrándose, cuando se iba a comprar. Yo me dormía otra vez, pero volvía a despertarme por unos pocos segundos durante toda la mañana, por algún ruido: la cuchilla picando verdura, un mueble que se corría, el cepillado de la bañera para despegar el jabón, la puerta de un ropero que se abría para colgar la ropa ya planchada. Pasado el mediodía me golpeaba la puerta para limpiar la habitación. Me ponía un jogging roto que dejaba al lado de la cama y salía de la habitación, medio dormido. Ese era el mejor momento, cuando abría la puerta de la habitación y sentía el olor al brillo del piso ~ 23 ~


mezclado con la comida. Me hacía acordar a cuando era chico. Mi mamá no cocinaba mucho, pero sí embadurnaba la casa con los olores de la limpieza. Enceraba casi todos los días, así que yo me despertaba con el rugido espiralado de la enceradora, el olor a cera y a veces el olor a milanesas. Yo dormía en un sofá-cama en el living, y por eso si había que recibir a alguien me tenían que despertar. Rápidamente se ordenaba el living, se tiraba un poco de desodorante de ambientes y se daba vuelta el colchón del sofá cama para que quedara la cuerina hacia arriba. Yo me queda esperando en el pasillo a que el invitado se fuera abrazado al bollo de sábanas, en pijama, dormitando con la cabeza contra la pared. De a poco Aldana fue aprendiendo. No le tenía que indicar qué cocinar, elegía ella. Hacía más cosas. Iba a buscar la ropa al laverap, la planchaba. Iba al supercado, compraba lo necesario. Ordenaba los libros. Me organizaba los cajones. Y sólo hablamos cuando al final le tenía que pagar. Un día me contó que su marido tenía cáncer. Se le notaban las ojeras, la cara pinzada por los tirantes de la angustia. Me contó cómo su marido empezó a sentirse mal, los estudios que le hicieron, el diagnóstico que fue volviéndose cada vez más nítido. Trató de contener las lágrimas pero no pudo y siguió hablando con la voz ahogada. Yo sentí que debía abrazarla, pero me quedé clavado donde estaba, apoyado contra la pared. Si le doy más confianza va a llamarme por teléfono varias veces por semana, pensé, y me va a contar los detalles del deterioro, del dolor, de la impotencia. Las cosas que se me ocurrieron para decir me sonaron todas falsas y estúpidas, así que me quedé en silencio. Después le dije que se fije, que si se quería tomarse un tiempo y no venir, que podía buscar a otra persona, y luego ella podía volver, que yo le iba a guardar el trabajo para ella. Me dijo que gracias, pero que necesitaba el dinero en ese momento. A partir de ese momento, y durante meses, cada vez que salía de la habitación, dormido, ella decía: “Bueno, esta semana…” y empezaba a contarme las visitas a médicos, los tratamientos que no funcionaban, los trámites en la obra social. Era un recorrido itemizado por todos los intentos de curar o de prolongar. Yo sentía ~ 24 ~


que ese relato estaba destinado más a ella que a mí, una manera de ordenar las cosas, precariamente, en secuencia. Yo aprendí a decir algunas frases intrascendentes. Decía mucho “quizás”, una palabra que nunca uso. Siempre uso “capaz”, pero en ese momento “quizás” me parecía más apropiado. En todo ese tiempo ella nunca preguntó nada sobre mí. Sólo sabía los datos básicos de mi trabajo, de lo que como, y que soy gay (encontró una vez un pomo de lubricante tirado, tengo varios libros con esa palabra en el título, alineados en la biblioteca, etc). A los pocos meses el marido murió. Me enteré por un mensaje que dejó en el contestador, diciendo que no iba a venir por un tiempo, que me iba a avisar cuando pudiera venir otra vez. Se le quebró la voz y cortó. La llamé al día siguente para decirle que lamentaba lo que había pasado. No dije nada más. Ella me contó qué fue todo lo que se trató de hacer en la última semana. Se notaba que ya había contado esto de la misma manera muchas veces, y me lo contó a mí porque sintió que tenía que darle un final al relato de todos esos mediodías, antes de abrir la puerta del horno o destapar una cacerola y mostrarme lo que había cocinado. Pasaron unos 6 meses hasta que volvió a comunicarse, diciendo que quería volver a trabajar. Cuando la vi noté las secuelas del dolor en su cara, pero también noté que se había maquillado un poco. Se quejó de dolor en las cervicales. Le dije que no se preocupe tanto por la limpieza, que pase el escobillón y quite el polvo de los muebles. Me interesaba más lo que cocinaba, y ella pareció aliviada con mi sugerencia. Se notaba que le gustaba cocinar más que limpiar. Me contó que estaba terminando un curso de catering y que después iba a hacer uno de computación. Como estaba dando talleres literarios en mi casa, le pedí que hiciera comida para mí y también para el taller. Hacía cosas elaboradas: canapés, brochettes con albondiguitas, fiambre y tomates cherry, etc. Después, a la semana siguiente, me preguntaba qué respuesta había generado su comida. Incluso me dijo que iba a hacer tarjetas así las repartía entre mis alumnos. Se esforzaba cada vez más y sus platos se iban poniendo cada vez más elaborados. ~ 25 ~


Un día me contó que había conocido a un hombre en el colectivo. - Estaba de traje – dijo -. Parece un galán de telenovela. Me miró y a mí me dio verguenza, no pensé que me miraba a mí. Vi que anotaba algo en un papelito y cuando se bajó me lo dio. Era su teléfono. ¿Qué hago, lo llamo? Le dije que obvio que sí, que lo llamara. - Ya lo llamé – me dijo, riéndose -. Hablamos todas las noches como dos horas. Trabaja mucho, lo único, así que todavía no nos vimos, pero esta semana me saca a cenar. Aldana se compró un celular, y ahora lo que me despertaba durante toda la mañana era el bip creciente del celular, que sonaba cada 15 minutos. A medida que avanzaban los meses, Aldana se quejaba cada vez más de problemas físicos. Cada vez que iba a un médico le diagnosticaban algo. Cuando yo salía de la habitación, dormido, ella decía: “No sabés, esta semana…”. Miopía, presión alta, desviación en la columna… y finalmente, artritis. Empezó a faltar, muchas veces sin avisar. Finalmente hablé con ella y le dije que me sentía mal haciéndola trabajar, cuando tiene tanto dolor en los huesos. Si querés podés venir solamente a cocinar, le dije. Me dijo que igual venir hasta mi casa era mucho viaje y que por suerte el novio le había dicho que la podía ayudar económicamente, y que por eso había pensado en dejar de venir,aunque no se animaba a decírmelo. Le dije que me parecía bien, que era una lástima que no pudiera venir más, pero que lo más importante era su salud. Me dijo que le daba mucha pena, porque más allá del trabajo y del dinero, me había tomado cariño. Se le cayeron algunas lágrimas pero enseguida se recompuso. Me contó que ya había terminado el curso de computación, y que el novio le había regalado una computadora usada. Me pidió el mail. Se lo di. A los pocos días empecé a recibir decenas de mails. Fotos de amaneceres, poemas de Benedetti, chistes sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres. Como mi email empieza con crodriguez, recibo siempre mucho email que no es para mí, sino para Celia, Carlos, Celeste, Cinthia, César o Camilo Rodriguez. Por ~ 26 ~


eso no me di cuenta que los emails venían de ella y además su correo era “vidaypaz2458” y no contenía su nombre. Respondí el mail con un : “Por favor, no te conozco, no mandes más emails a esta dirección”. Varios días después me respondió: “Perdón, pensé que lo conocía, debe ser otro Christian Rodriguez. Aldana.” Me hice el tonto. A la semana siguiente vino a casa a despedirse y a devolverme la llave. Me contó que había mandado mail pero que un rayado que tenía la misma dirección que yo la había mandado a pasear. Le dije que mejor me de su email así yo le mandaba un correo y quedábamos conectados. Apenas le mandé empezaron a llegar todos los grandes éxitos del spam: el poema de que sólo hay un par de huellas en la playa porque en esos momentos te llevaba en mis brazos, el hotmail se va a volver pago si no hacés tal cosa, lo del activia es una mentira, etc. Esperé unos días y le mandé un correo contándole que por mi trabajo recibo decenas de mails por día, y que por eso sólo puedo responder a los que me están dirigidos en forma personal. A los pocos días me llegan unos pocos correos con cadenas, pero ahora les agrega a la línea de tema del correo un “CHRIS MIRA ESTO!!!”. Por ejemplo: “CHRIS MIRA ESTOO!!! Los ventiladores de techo causan cáncer (estudio Universidad de Maryland), Difundir, NO ES CADENA!”. Me resigno a hacer 20 clics todos los días para borrar los correos de Aldana, hasta que un día pasa lo que tenía que pasar. Recibo, finalmente, el poema Instantes, en el que Borges, supuestamente dice que “sería menos higiénico” y “comería más helados y menos habas”. Hago clic en responder para aclararle que ese poema no es de Borges, porque Borges nunca escribiría semejante cursilería. Pero me freno a los dos renglones, cancelo el envío y voy a sacar un tuper del freezer para calentarlo al microondas.

http://www.putoyaparte.com/?p=425

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LOS MEJORES MOMENTOS DE LA HISTORIA DEL CINE (4) –

Nacho Vigalondo

Hace poco Lindyhommer y yo terminábamos una conversación a las mil con una frase de las suyas: Las metáforas son el matarratas de la poesía. Bueno, seguro que hay alguna que otra metáfora digna por ahí, nos referíamos a las metaforillas de mierda, o por extensión a toda la retórica basura que nace con la principal ambición de ser traducida cuanto antes. -Tus dientes son perlas.  -¿Cómo has dicho? -¡Que son blancos! Sam Peckinpah, un director nada asiduo a la metaforilla de mierda, mantuvo en Perros de paja  el título de la novela original. No sé si en el libro el título es explicado, pero Peckinpah tuvo la sabia decisión de no hacerlo. Hoy, en los tiempos de Wikipedia, no es complicado dar con el origen de la expresión (frena, comentarista listillo), pero en el pasado no fueron infrecuentes las discusiones acerca de quiénes eran los perros de paja y por qué recibían ese nombre. Lo que está claro es que en la película no salían canes compuestos de hojas de cereal. Y había gente que aquello le podía sentar mal, claro (si hay algo peor que la retórica basura son los basureros de la retórica). Así que, por parte de alguna distribuidora de la época (1971) se hizo un esfuerzo para que todo el mundo estuviese tranquilo y se viesen perros de paja, aunque fuese en el cartel. Me quedo con el italiano y con el español, por su esfuerzo en contribuír a la confusión y hacer creer al público de entonces (ávido consumidor de cine fantástico y de terror) que en la película Dustin Hoffman se enfrentaba a unos extraños seres hechos... de paja. ~ 29 ~


El estreno de Perros de paja en España está lleno de leyendas (Susan George enseñando las tetas en la sala, Peckinpah y Gonzalo Suárez de farra durante días), pero para mí la mejor de todas es la que imagino en una de las sesiones del doblaje que hizo la distribuidora española. -Oye, se me ha ocurrido que... -Cuenta, Sebas. -Se me ha ocurrido una idea para mejorar la película.  -¿Cómo?  -¡Para que se entienda mejor!  -Hombre, yo la entiendo bien... -Ya, pero... ¿Por qué se llama PERROS DE PAJA? Eso no está en la película. Eso es UN FALLO. Cojan el DVD editado por MANGA FILMS, pónganlo en versión original y vayan al minuto 106. ∙ Dustin hoffman se ha cargado a medio pueblo. En lo alto de la escalera, Susan George, confundida, muerta de pánico  ∙ Él le devuelve la mirada, más amenazante y terrorífico que nunca ∙ Recoge una silla del suelo, fatigado BIEN, ahora retrocedan un minuto y pongan la misma secuencia, ahora con el doblaje al castellano: Todo sucede exactamente igual, pero cuando Dustin Hoffman levanta la silla, en el breve lapso de tiempo en que está de espaldas a cámara dice, para sí... -Perros de paja. LO DICE. Como si Harvey Keytel dijese “perros encerrados” después de desayunar. Como Paul Newman gritando “¡la gata sobre el tejado de zinc caliente!” o Jack Nicholson murmurando, tras los electroshocks “alguien voló sobre el nido del cuco”. -Así, así, ahora se entiende la película.  -Joder, eres un hacha, Sebas, con dos cojones. -Ahora ya se sabe por qué se llama PERROS DE PAJA.  -¡Porque lo dice el protagonista!

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http://blogs.elpais.com/nachovigalondo/2007/02/los_mejores_mom.html

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ASALTO A LA TORRE

– Pau Aguiló –

~ 32 ~ http://thekidsartgallery.com/pau/paintings/366-asalto-a-la-


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RASCACIELOS –

Doctor Zito

Me gusta la palabra “rascacielos” porque no tiene plural. También me gusta porque Rascacielos es el título de una novela escrita por JG Ballard en 1975, una novela sobre un edificio de lujo de 45 pisos cuyos habitantes se van deslizando poco a poco hacia el légamo de lo primario, separándose primero por clases sociales, en castas después según la altura en la que viven, y que terminan atacándose por puro placer, matándose por comida o por mujeres, que dejan atrás el mundo exterior y sus profesiones burguesas, arquitectos, periodistas, azafatas, dentistas, para convertirse en miembros de un caverna vertical en la que se toma y se quita lo que se quiere por mera fuerza bruta, por voluntad de poder, en la que los hombres visten colores de guerra y muestran sus genitales como muestra de dominio, en la que sus esposas cocinan a sus caros perros en fogones hechos de lata, en la que los ascensores dejan de funcionar secuestrados como botín por las nuevas tribus y la piscina, el gimnasio, el restaurante caen en el abandono más absoluto y terminan convertidos en almacenes de basura y cadáveres. Ballard siempre estuvo interesado por la idea bastante freudiana de que un estado primordial corre por debajo de nuestras estructuras sociales, un estado de naturaleza en el que no hay convenciones ni falsedades protocolarias y en el cual regresamos a lo que de verdad somos, a nuestra esencia terrible y ancestral. Ese estado que subyace en el mundo y en lo humano puja constantemente por reaparecer. El rascacielos ofrecía a Ballard un contexto idóneo para explorar esta obsesión suya porque el rascacielos es en cierto modo la expresión mayor de la sofisticación humana y de su intento de alejarse de su condición animal. Es una construcción que ~ 35 ~


se eleva sin freno, que se alambica en habitaciones, corredores, ventanales, que se alza desafiando las leyes de la naturaleza como ya dejaba clara la moraleja final de El coloso en llamas, que solo un año antes de la novela de Ballard advertía del peligro, tan antiguo como el mito de la Torre de Babel, que acecha al ser humano cuando abandona su hábitat, su lugar en la Creación, aquí en el suelo. Ese estado de anarquía y caos social, de vuelta a la jungla primitiva de la novela de Ballard es el que imperaba en Sao Vito, el edificio de 27 pisos construido en el centro de Sao Paulo en 1959 para albergar a más de 600 familias. Sao Vito era la respuesta a la urgencia demográfica de la época y pretendia dar vivienda barata a gentes de clase baja y media. Pero a medida que el mantenimiento de las instalaciones fue haciéndose cada vez más infrecuente aumentaron los problemas de violencia y desorden que acabaron convirtiendo al edificio en una favela vertical. El servicio de recogida de basura se interrumpió y los deshechos se acumulaban en los pasillos o se tiraban directamente por la ventana, cadáveres incluidos. Y es que a partir de los 80 los crímenes en Sao Vito se empezaron a suceder al mismo ritmo que los ascensores dejaban de funcionar para desmayo de los vecinos que debían hacer colas de hora y media en el hall para poder alcanzar la planta 15, la última a la que servía el único ascensor disponible a primeros del 2000. Un caso similar es el de la Torre de David, el rascacielos en el centro financiero de la ciudad de Caracas, que nunca llegó a terminarse por la combinación de la muerte prematura de su promotor, David Brillembourg, y la crisis banquera que golpeó a Venezuela en 1994 y que en último término ayudaría a la subida al poder de Hugo Chávez. La Torre de David es un gigante acristalado que permanece inacabado. Solo 28 de sus 45 pisos están completos. Los minimamente habitables han sido ocupados por gentes sin techo que a pesar de la falta de ascensores o de las más indispensables instalaciones sanitarias han creado en la torre su propio ecosistema del mismo modo en el que el Coliseo de Roma fue usado como bloque de viviendas en la Alta Edad Media. ~ 36 ~


Al contrario que en el rascacielos ballardiano, un orden comunal y espontáneo ha surgido de esa nada y hay en el edificio un salón de belleza, un dentista y un servicio de seguridad improvisado por los vecinos. Personas que antes no tenían apenas nada, que viven de vender lo que pueden en la calle o de trabajar de sol a sol disfrutan en su nicho en la Torre de David de las vistas de la capital venezolana que en principio estaban destinadas para banqueros y plutócratas. Otro rascacielos vacío hijo de las crisis financieras es el Sathorn Unique de Bangkok, uno de los megaedificios blancos y señoriales, incompletos y esqueléticos que pueblan el centro de la capital tailandesa y que llevan siendo pasto de las malas hierbas y los elementos desde que con el crash asiático de 1997-98 el modelo de crecimiento del país, basado como el español en el ladrillo, sufriera un parón completo. El Sathorn Unique iba a ser un edificio de lujo sumo como sus mudas balaustradas demuestran. Muchas de sus viviendas llegaron a tener baños perfectamente equipados y suelos de madera instalados que ahora se pudren a la intemperie. Su deterioro y su vacío está más cerca de lo post apocalíptico que de la decadencia inevitable de las empresas humanas. ~ 37 ~


Hablando de lo postapocalíptico, es muy posible que esta crisis y la futura crisis medioambiental terminen exportando esta miseria vertical al mundo hasta ahora desarrollado. Cuando los refugiados procedentes de los países inundados o en los que el calor sofocante no permita una vida razonable emigren a los paises del Norte se dará una presión demográfica que convertirá a las ciudades occidentales en megalópolis y que demandará, como ocurrió en el Sao Paulo de los 50, que cada metro cuadrado de suelo disponible sea reconvertido en vivienda. Incluidos los rascacielos. Tal vez veremos los 40 pisos del famoso Gershkin, “El pepinillo” londinese diseñado por Norman Foster en el centro neurálgico de la City, convertido en una favela vertical de fachada sucia y ropa tendida asomando por entre las ventanas rotas. Ver un rascacielos derelicto y podrido nos resulta fascinante porque fascinantes nos resulta la decadencia de las empresas fracasadas y los hitos malogrados. Pero hay que tener cuidado. Llevado al extremo esa fascinación pierde toda relación con la realidad y con las causas de esa decadencia y se convierte en puro ruin porn. Pero esa es otra cuestión de la que espero hablarles muy pronto.

http://drzito.wordpress.com/2011/03/30/rascacielos/

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Cristo de bajona (Die Sonntag Messiah) Dürer – Durero y El Hematocrítico de Arte –

http://hematocritico.tumblr.com/post/12155384288/cristo-de-bajona-die-sonntag-messiah-durer

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Soy el motor de Europa – Jaime Rubio Hancock –

No es por nada, pero mientras vosotros matabais a Gadafi, yo he acabado con la crisis. Lo he conseguido gracias a una serie de pequeños gestos que me han ayudado a ahorrar y a estimular mi propia economía: como por ejemplo, este gesto, que se hace poniendo los dedos así y alzando la ceja izquierda. Os falta práctica, pero ya os acabará saliendo. En todo caso y como soy un tipo generoso cuya única intención es ganar el Nobel de Economía y llevar a los bares esa medalla que te dan y con la que se debe ligar mucho, paso a detallar mi programa económico, que sin duda servirá para que las familias puedan seguir pagando sus hipotecas a ciento sesenta y nueve años vista, los países reduzcan el paro hasta que la gente vuelva a no trabajar, pero porque no le da la gana, que mucho vago es lo que hay, y por supuesto, que los bancos puedan seguir robándonos usando los medios tradicionales y sin necesidad de recurrir al estado, como haría un cineasta español. Lo primero que hay que hacer es reducir el gasto, pero al mismo tiempo mantener o incluso incrementar el consumo, para ayudar a impulsar la economía. Esta terrible paradoja que los periodistas económicos solventan con un “posestá claro, ya lo dice Krugman en su blog”, yo la resolví gracias a comprar lo mismo, pero usando billetes más pequeños. Incluso monedas. Tras reducir el gasto e incrementar el consumo a la vez me dispuse a crear empleo. Lo conseguí gracias a una serie de acciones que se desarrollaron en varios campos y sectores de actividad: primero, le llevé camisas a mi madre, para que me las planchara; luego ~ 41 ~


me dediqué a tirar papeles por la calle, para que el ayuntamiento tuviera la necesidad de contratar empleados de la limpieza; después empecé a comprar cosas en las tiendas para devolverlas media hora más tarde: no gastaba un duro, pero los locales no podían prescindir de las dependientas; casi cada noche iba a restaurantes, pedía vinos caros y los devolvía indignado, asegurando que estaban picados y encorchados, para luego huir con la copa por la ventana del lavabo; también apretaba botones de todos los interfonos: así los posibles parados de esos domicilios al menos hacían algo. Que mucho vago es lo que hay. Para estimular aún más la economía, decidí comprarme una impresora a color. Creo firmemente que la inflación es un riesgo secundario frente a la necesidad de liquidez por parte de las empresas. Y si el Banco Central Europeo no está de acuerdo, yo, como iniciativa privada que soy, tendré que tomar la ídem (la iniciativa --privada--). Así pues, desde hace unos meses imprimo en mi casa billetes con una calidad aceptable, si se arrugan bien y se muestran con confianza. (Por cierto, vendo billetes de cincuenta euros por sólo veinte cada uno. El pedido mínimo es de diez. A partir de cien, se aplica un descuento del diez por ciento.) Por último, llegó el momento de dar ejemplo y montar mi propia empresa. Como soy un tipo ambicioso, he decidido MONTAR LA COCA-COLA. Ahora soy fundador, consejero delegado y presidente de esta empresa, para lo cual he enviado una carta informando de su cese a la anterior junta directiva. Aún no he recibido respuesta, pero ya se sabe, estas empresas tan grandes funcionan como un ministerio y todo lo que es el papeleo va lentísimo. Eso va a cambiar. Creo que con diez becarios me apaño. “Externalizar y delegar”, ese es mi lema.

http://jaime.antville.org/stories/2089503/

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Cristo se acuerda de un chiste que le contaron en mal momento – Anónimo y El Hematocrítico de Arte –

http://hematocritico.tumblr.com/post/16307825944/cristo-se-acuerda-de-un-chiste-que-le-contaron

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023# COMPAÑEROS DE TREN –

Víctor Iriarte / Izibene Oñederra (Ilustración)

En el asiento de al lado del hombre pantera hay un profesor corrigiendo exámenes. En los trenes hay siempre profesores corrigiendo exámenes. Viajan de una ciudad a otra y corrigen exámenes durante el trayecto. De vez en cuando miran por la ventana y recuerdan sus años de universidad y las promesas y sueños de entonces. Corrigen exámenes de alumnos que aún no se han imaginado su futuro y eso tiene algo de melancólico. Es la melancolía del tiempo. De las provincias y de las estaciones de tren.  Los profesores duermen un poco o miran su agenda de actividades o corrigen uno de los exámenes sin ser demasiado rigurosos. Está bien que utilicen los trenes para corregir, los alumnos deberían saber que cuando uno viaja en tren, está dispuesto a ser buena persona, por lo que siempre les irá mejor en sus resultados finales.  Cuando llegan a su estación de destino, a veces hay alguien esperándoles. A veces no hay nadie. Caminan con sus carpetas y apuntes por las estaciones de provincias y desaparecen en calles de pueblos y ciudades pequeñas. Alguna vez olvidan en el asiento del tren su bolígrafo rojo. Pero en casa tienen más. Los domingos por la mañana toman café mirando por la ventana, fuman un poco y escriben literatura con bolígrafos de color azul o negro. 

http://somoselhombrepantera.blogspot.com/2012/01/023-companeros-de-tren.html

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El Juicio Final se retrasa OTRA VEZ –

Jaime Rubio Hancock

Mi carrera como fundador, consejero delegado y presidente de la Coca-Cola ha llegado a su fin. Ha sido breve, pero intensa. Dieciocho minutos: lo que tardó seguridad en encontrarme y echarme del edificio. Y eso a pesar de los inmejorables resultados que la empresa registró bajo mi gestión, incluyendo un incremento de la facturación en un 3% respecto a los mismos dieciocho minutos del jueves anterior. En el mundo de la empresa hay mucha envidia y muy pocos amigos de verdad. La mayoría son amigos invisibles o imaginarios. Los de verdad se pueden contar con los dedos de una mano. Y si sabes contar, incluso con la cabeza, moviendo ligeramente los labios. También puedes ayudarte con un bloc de notas o incluso con una calculadora, para no equivocarte. Yo me equivocaba poco, pero a veces me perdía. Volviendo al tema, después de dejar la Coca-Cola POR LA PUERTA GRANDE (me echaron por esa), decidí retomar mi carrera profesional como profeta. Recuperé mis viejos cartones con mensajes apocalípticos, mi campana, mi sombrero de papel de plata y salí a la calle a gritar que el fin del mundo se aleja. Sí, se aleja. Hay que tener en cuenta que la mayoría de profetas insiste en que el fin del mundo se acerca, por lo que ahí hay un nicho de mercado por explotar: el del alejamiento del fin del mundo. Dada la saturación en el mercado de profetas, ese es el hueco en el que tengo que encontrar mi público. Por otro lado y como explico a las señoras mientras el semáforo está en rojo y siempre que no llamen a gritos a la policía, es mucho peor que el fin del mundo se aleje. ~ 49 ~


No, en serio, ¿cuánto más puede durar esto? Es una broma, ¿o qué? Ya vale, ¿no? Ya vale. Con la tontería. En serio. Ya vale. Con la tontería. De verdad. Después de tantos años (entre 6.000 y 13.700 millones, según si se consulta a los manifestantes o a la Delegación del Gobierno), es evidente que ya vamos necesitando un buen Juicio Final, un paraíso para los justos y un infierno para los sobrados, además de para esta lista de personas que me cae mal. Ya está bien de madrugar, maldita sea. Ya vale. Cada mañana, de lunes a viernes, la misma rutina desde hace 13.700 millones de años. Suena el despertador a las siete. Con la tontería. Ya vale. Me levanto. Desayuno. Me ducho. Ya vale, ¿no? Me ensucio, por aquello de la credibilidad. Me afeito. Me pongo la barba postiza y el gorro de papel de plata. Cojo mis carteles con anuncios apocalípticos, mi campana y a gritar por las calles. Ah, la rutina me está matando por dentro. Me está dejando seco. Es que ya voy a profetizar sin ganas, con el piloto automático, sin ese entusiasmo que me caracterizaba al principio, hace ya tres días. A ver si me toca la lotería y me puedo retirar de una vez por todas. (Lista de personas que me caen mal, sin ningún orden en particular: Amaia Montero, Fernando Sánchez Dragó, Justin Bieber, el del gorro de lana de Amaral, Jaime Rubio, Locke de Lost, Penélope Cruz, González Pons, mi vecina de enfrente -que se mete en todo-, los actores de Friends, los guionistas de Friends, todos los que hayan dirigido algún capítulo de Friends, Jaime Rubio, cualquier persona que haya trabajado en un capítulo de Friends, quienes hayan comprado los DVD de Friends, los Rembrandts, Jaime Rubio, todos los que se sepan la letra de I’ll be there for you y toda esa gente por algún motivo que se empeña en seguir dando algo parecido a trabajo a los actores de Friends.) (Actualización: el analfabeto de Extremoduro también me cae mal.) (Nota: cuando digo analfabeto, no quiero insultar a nadie; me refiero a que no sabe ni leer ni escribir. Eso es algo muy triste y espero que en la cárcel pueda solucionarlo. ¡Muchos ánimos, Robe!) (Actualización: ¿¡Cómo!? ¿¡Que no está en la cárcel!? ¿¡Pero es que la policía no sabe lo de sus discos!?) http://jaime.antville.org/stories/2089895/

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Tiovivos – Andrea Valdés –

No sé si pega hablar de mi sobrinito Laszlo Valdés-Alford en este blog pero como es la primera y única proto-persona que conozco, pues os aguantáis. Quiero hablar de él porque los tiovivos le interesan un pimiento. Llegaría incluso más lejos: no es que le interesen un pimiento, es que cuando le subimos a uno le da un jamacuco existencial de aúpa; jamacuquismo del que, dicho sea de paso, yo me siento muy orgullosa. En la familia Valdés y alrededores esos achaques dramáticos son muy corrientes, sobre todo en el sector femenino. No sabemos muy bien de dónde vienen, pero están. Yo creo que todo empezó o mejor dicho, se aceleró, con un viaje. ~ 51 ~


Porlospelos, Hermadre y yo fuimos a Buenos Aires. Durante el vuelo, un rayo sacudió nuestro avión de tal modo que las compuertas de varios maleteros se abrieron de golpe. Algunos pasajeros hasta dejaron caer un grito. Bueno, fueron grititos, de ésos que no acaban de consumarse y dan todavía más miedo. Desde entonces, Hermadre y Porlospelos tienen pánico a volar. Cuando digo pánico, es pánico. Yo, por mi parte, soy incapaz de sentarme al volante de un coche. Pero la cosa no acabó ahí. Una vez en Argentina, además de vivir alguna que otra situación surrealista, nos daban calambres constantemente. Yo recuerdo uno en el Hotel Aielo, al apoyar mi mano sobre el pomo metálico de una puerta. Casi me deja frita. Pero más desconcertante fue el que tuve al darle un beso de buenas noches a mi hermana. ¡Pegamos tal brinco! A mí, hasta me chirriaron los dientes. En los días sucesivos, por miedo a no acabar electrocutadas, Hermadre, Porlopelos y yo empezamos a tantear el terreno, calibrando aquí y allá qué intensidad dábamos a todos y cada uno de nuestros gestos. Yo, sin ir más lejos, perdí confianza hasta en los cubiertos. Los abordaba como quien aborda algo desconocido, antes de sostenerlos con la propiedad con la que los adultos sostienen los cubiertos. En fin, no sé si os ha pasado alguna vez pero es algo agotador y tan raro... Para colmo, también sucedía que a veces, como resultado de aquel desajuste magnético nos daba la risa floja. Y no queríamos. No podíamos... Quizá eso explicaría por qué una tarde, acabamos las tres rendidas, sobre el camastro de matrimonio de una gran “mamma”. Era la mujer de un psiquiatra, amigo de mi padre, que por cierto también es psiquiatra. Le acompañamos a dar un curso de patrones a, b y c de comportamiento en la universidad de San Luis. Un pueblo al que no creo que volvamos jamás. En fin, como decía, aquella mujer nos acogió en su casa. Se parecía a Carmen Sevilla y el olor a cuarto cerrado de aquellas sábanas nos sigue asombrando tanto hoy como en su día. Y es que... ¿qué hacíamos las tres tiradas, con nuestras tripas cargadas de lasaña, dormitando con la tele de fondo? Sólo el abatimiento puede explicar que acabáramos postradas de aquel modo, en aquella habitación, mirando al televisor. ~ 52 ~


Todo esto para decir que algo de eso se ha quedado en nosotras cuando nos juntamos. Entonces, la vida nos parece de tal voltaje que casi nos cuesta sujetarla. Un poco como le pasa Laszlo, dando vueltas y vueltas en su tiovivo, como con cara de no entender nada, como diciendo: ¿De qué va todo esto? Yo venga a dar vueltas y vueltas en un coche de madera que encima está pegado al suelo... ¿y se supone que es algo divertido? No entiendo... Me gusta que espere más de las cosas, y que al acabar el día se duerma, cansado, tan abatido... Como si tuviera una lasaña gigante deformándole ese ombligillo tan elástico y tierno. O a lo mejor, lo único que quiere es andar... Y ya. Si así, siento todo este rollo. Por cierto, en París, en 1997, yo salté de un tiovivo que estaba en marcha. Fue tal el trompazo que me metí, que tuvieron que pararlo. Al día siguiente, me desperté en Rue de Rivoli, en el mini-macronano apartamento de mi hermana, con un morado enorme en la pierna. Tan grande, que apenas cabía en su cuarto. Es otra de esas historias que a ella y a mí nos encanta recordar. Cabe decir que en esa época, ella estaba muy muy triste -comía mirando a la pared. Y yo, tan perdida, que una gorra Kangol me cubría la cabeza. Para colmo, era de tela de toalla... Me gusta ver que desde entonces, las cosas han cambiado.

http://mcfly-hayalguienencasa.blogspot.com.es/2007/06/tiovivos.html

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Ucrónicas

Las primeras faltas de combustible realmente severas comenzaron en el verano de 1969, poco después de que en la conferencia de la OPEP de aquel año los principales países exportadores de petróleo anunciaran que solo serían capaces de cubrir tres cuartas partes de sus objetivos de producción. Aquella noticia corroboraba los calculos del geofísico M King Hubbert quien en 1956 había predicho que la producción mundial de petróleo alcanzaría su pico a mediados de la década de los 60. Con los precios del crudo creciendo un 20% por semana muchos ciudadanos del hemisferio occidental no pudieron permitirse irse de vacaciones aquel verano. Pero lo peor estaba aún por llegar. La adaptación de los vehículos y las calefacciones al gas natural, por entonces la alternativa más rapida al oro negro, fue tan lenta que aquel invierno se cobró decenas de miles de vidas, unas 55.000 tan sólo en Europa.

http://ucronicas.tumblr.com/post/18785898645/las-primeras-faltas-de-combustible-realmente

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#029. Na na nana, nanana, Na na nana, Nana na na-na –

Víctor Iriarte

Cinemateca francesa, sala Henri Langlois, dimanche 15 janvier. La película Tiburón de Steven Spilberg se estrenó en Francia con el curioso título de Les dents de la mer. Los dientes del mar. Garbo y el hombre pantera se ríen mucho con la traducción. Hacen cola en la cinemateca, sesión de domingo, 15:00 horas. Están nerviosos y contentos, hay muchos niños y niñas correteando por las escaleras y salas del edificio diseñado por Frank Gehry, el ciclo es de Steven Spilberg y hoy programan sesión triple. Hay gente vestida con sombreros de ala ancha y chaquetas de cuero. Los niños no saben que antes de las sagas de Harry Potter hubo otros héroes que no eran magos pero que también vivían aventuras. Lo dice al micrófono la chica que está haciendo la presentación de la película de hoy. Garbo y el hombre pantera no han encontrado dos asientos juntos, por lo que se han sentado separados. Pero una señora, que ha visto el gesto, se ha ofrecido a cambiarse de butaca. "Merci beaucoup". Y se apagan las luces. Y hay murmullos. Y comienza el espectáculo. Y en la primera secuencia ya hay sustos y gritos y selva y aventuras y acantilados y peligro y un personaje que está de espaldas durante muchos minutos y que por fin se descubre mirando a cámara y diciendo que la aventura está a punto de empezar: es Indy. Les aventuriers de l'arche perdue. Y nos reímos donde hay que reirse. Y gritamos donde hay que gritar. Y nos asustamos cuando las trampas saltan y descubren los cadáveres momificados de otros aventureros. Y todo decimos "¡Aaaaaa!", cuando una antorcha muestra que el suelo de la cámara egipcia donde se esconde el arca perdida está invadido por serpientes muy peligrosas. Y cuando las alumnas del profesor Indy atienden a sus explicaciones de historia y una de ellas ~ 55 ~


cierra los ojos y en sus párpados puede leerse "Love You", todas las madres y padres de la sala se ríen y recuerdan las sesiones de cine de los años ochenta y los domingos de entonces y los paseos por los barrios y los juegos en las plazas y lanzar piedras al río y jugar al escondite y correr por las escaleras y la vuelta a casa, exhaustos de domingo y tristes por la cercanía del lunes y del colegio. Porque los domingos de entonces eran así, agotadores y felices y con aventuras y con futuro. "Como el domingo de hoy. Como este domingo en París".

http://somoselhombrepantera.blogspot.com.es/2012/01/029-na-na-nana-nanana-na-na-nana-nana.html

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MIL PELICULAS DE TERROR (5/1000): Psicosis II – John Tones –

Psicosis II es mi secuela insensata predilecta. Primero, porque ser perfectamente consciente de que es un proyecto condenado desde su primer fotograma, como cualquier intento de reformular el clásico indiscutible por razones no siempre del todo correctas de Alfred Hitchcock. Ese abierto enfoque de agachar las orejas, preparar el pescuezo y cerrar los ojitos, ya algo enlagrimados, esperando collejas de crítica, público y herederos oficiosos del director de la Psicosis original puede conmigo. Ya no es solo la ternura del perrito cojo que da volteretas intentando caer simpático. Psicosis II es el momento en el que el perrito aprende a dar cuádruples tirabuzones sujetando una piruleta con el culo. Psicosis II arranca con la repetición íntegra de la secuencia de la ducha de Psicosis. ¿Se puede tener más descaro? Pero es un descaro inocente, de niño pequeño copycateando sin malicia. Pocas veces ha habido tanto contraste entre las intenciones claramente pecuniarias de un proyecto y sus angelicales resultados. Psicosis II busca la sorpresa, el impacto directo, el twist argumental imprevisto, pero tiene como punto de partida el secreto peor guardado de la historia del cine de terror: la madre de Norman está muerta. ¿Cómo supera ese escollo? Reseteando la memoria del espectador: el evangelio según Hitchcock se respeta, pero a partir de ahí se reformula. Es sencillo desde el mismo punto de partida: Norman sale del manicomio, y los crímenes de la primera parte comienzan a repetirse. ¿Está Norman loco? ¿Existe Norma Bates? ¿Existió Norma Bates? ¿Estuvo Norman loco? ¿Hay algún otro loco en la trama? ¿Hay alguna otra Norma Bates?. ~ 59 ~


– Jonathan Millán –

http://noyatan.blogspot.com.es/2011/11/el-mingote-del-arte.html

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No me digan que no se les hace la boca agua… En su indecente rastreo de las claves que dieron la fama al original, Psicosis II imita los resortes narrativos de Psicosis. A veces es asombrosamente sutil en su búsqueda del escalofrío, como la primera visión que tiene Norman de la ventana de la habitación de su madre, con alguien que claramente está allí, observándole. Sin subrayados de montaje ni primeros planos. Planificación clásica, que gusta decir a algunos. O cuando duda brevemente acerca de darle la llave de la habitación número uno a Mary (increíblemente bella Meg Tilly), igual que hizo con Marion, pero dotando de una lectura actualizada a un gesto idéntico, y por una razón muy elemental: el espectador sabe qué pasa en la habitación número uno, qué pasó en la ducha y qué puede pasar si Norman no está tan cuerdo como aparenta. Es decir, la imagen reformulada a partir de la percepción del espectador y lo que éste sabe. Puro Hitchcock. Y por otro lado, la película se regodea continuamente en profanación del recuerdo de los espectadores: desde la textura terrestre, insultantemente realista de la fotografía en color, a numerosas, simbólicas y perfectas revisiones de los iconos más clásicos de la primera entrega, pasando por la bellísima y breve secuencia de la exhumación de la madre de Norman, en la que podemos contemplarla en todo su putrefacto esplendor. Más tropiezos con el respeto a los clásicos: la irrupción en la habitación de Norma, desvencijada y con los muebles cubiertos de sábanas. Una incómoda revisión que sirve para preparar luego un impacto mucho mayor: el reencuentro de Norman con la habitación perfectamente ordenada, con los muebles bien colocados, tal y como la usaba su madre. Una mecánica similar sigue la inevitable secuencia de la ducha de Mary, que arranca de forma idéntica a la del clásico blanquinegro, y que lanza numerosas e inquietantes incógnitas al espectador acerca de su memoria y sus códigos de comportamiento. A partir de ahí, todo es un juego de inteligente desvirtuación de nuestras ideas preconcebidas y su influencia en los recuerdos. ~ 61 ~


Psicosis II es una orgía de planos cambiados de sitio, de espejos reflejados en espejos: la secuela repite planos del original, pero redibujándolos. Mimetiza ideas, pero antes las recita de memoria. La muerte de Lila replica el plano del grito de su hermana Marion en el original, pero sucede en el sótano donde concluye Psicosis, asesinada por alguien con el vestido de Norma Bates, mientras desentierra un disfraz de la madre muerta. Tirabuzón conceptual de alta magnitud. Mary muere, disfrazada también de Norma, asesinada por un Norman completamente enloquecido, mientras intenta apuñalarlo sin éxito e intenta convencerle de que ella, a pesar del disfraz, no es su madre. Es como si todas las pulsiones, las neurosis de Hitchcock se hubieran hecho carne: un cuadro sinóptico vociferado por personas disfrazadas de símbolos. La conclusión es un espejo roto en el que se refleja la primera Psicosis: la asesina muere acribillada a tiros por la policía después de intentar acuchillar a Norman. La puntilla final es especialmente perversa, y gozosamente divertida para el fan sin prejuicios de la primera entrega: el sheriff cuenta la teoría psicoanalítica que justifica los asesinatos, tan ridícula como la de la primera parte, solo que esta vez el espectador sabe que es completamente errónea. Busquen otra secuela de un megaclásico que se atreva a manipular la percepción del espectador con tanta desvergüenza. Yo, si no les importa, voy haciendo otras cosas mientras la encuentran. Porque les va a costar.

http://www.focoblog.com/2007/04/11/mil-peliculas-de-terror-51000-psicosis-ii/

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– Carlota Juncosa –

http://todoaquiabajo.blogspot.com/2011/10/blog-post_27.html#comment-form

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HILO nº 0