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ESCUELA NORMAL PARA EDUCADORAS DE GUADALAJARA ARREDONDO RODRIGUEZ KARLA VERONICA 1°D MAESTRA: ISABEL ARREOLA “EL SUJETO Y SU FORMACIÓN COMO DOCENTE”


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EL TRAYECTO DE LA FORMACION “LA TAREA DE FORMARSE” Ninguna persona se forma a través de sus propios medios, tampoco se puede formar por un dispositivo, institución, ni por otra persona. No es más que un trabajo por sí mismo, libremente imaginado, deseado y perseguido, realizado a través de medios que ofrecen o que uno mismo se procura. Integrar el saber y trasmitirlo bajo control en la práctica de la clase es, el doble del objetivo de esta formación: formación requerida, dada y seguida, sancionada, certificada por la obtención de un diploma o por concursos. La formación de los enseñantes surge de la problemática general de la formación, a partir de las experiencias de movimientos juveniles, la educación popular, formación profesional y la problemática de la formación para adultos, para tareas de dirección, organización, animación, ayuda social. Esta problemática se construyó fuera del mundo de la enseñanza. La formación permanente se ha especificado a enseñantes para asegurar conferencias y cursos de su especialidad. Enseñantes tránsfugos de la educación nacional se convirtieron en educadores de adultos y de la formación profesional. En el sentido inverso, las practicas pedagógicas e institucionales de la formación permanente, se volvieron fuentes de renovación de la formación de los enseñantes, por medio de talleres externos a la educación nacional, para la introducción a escuelas normales en otros centros de formación.

El advenimiento de la formación Interesan a la institución escolar sus planes de estudio, diplomas, maestros, y a través de ellos, la formación de los enseñantes. La formación se aparece como uno de los grandes mitos de este medio siglo. Propio del mito es “trasformar las historias en naturaleza”, “las cosas parecen significarse a si mismas”. Esta misma implica un trabajo del ser humano, sus representaciones y conducta, que viene a evocarse como el advenimiento ineludible de un orden de cosas; no como acción, apropiándose de sus objetivos modalidades, medios en función de las instituciones y deseos, sino como una ley que debe satisfacerse para ser reconocida profesional y socialmente. Uno se forma en todos los niveles de responsabilidad de forma permanente.


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Se ha impuesto la idea de una formación que responda a todas las interrogantes, desordenes, angustias de los individuos y de los grupos desorientados, movilizados por un mundo en constante mutación, desestabilizado por la crisis económica. Uno espera el dominio de las acciones y situaciones nuevas, el cambio social y personal, ya no espera de la trasformación de estructuras el remedio al desempleo, la democracia de la cultura, la comunicación y la cooperación. Los enseñantes son los que más a menudo se ven afectados por este orden de cosas. La cuestión de la formación no ha dejado de estar en el orden del día de todos los gobiernos que se han sucedido en Francia después de la liberación. Las reformas que se fueron realizando, lo hicieron en el marco de las estructuras existentes, abarcando diferentes categorías de enseñantes como preocupaciones de tipo pedagógico. La inutilidad y la incoherencia del sistema de formación del enseñante se convirtió en algo realmente alarmante, con insuficiencias de los sistemas de formación. Las divergencias aparecen en el nivel de las soluciones institucionales o pedagógicas que se deban tener en cuenta. Cuando se afirma una voluntad política para redefinir los objetivos del sistema educativo y la función de las escuelas, la formación de los enseñantes aparece como una piedra que entorpece esta tarea. Las decisiones que pueden tomarse dentro de este campo tienen consecuencias profundas y a largo plazo sobre la orientación y el funcionamiento de todo el sistema educativo. Visualizar la formación como una función social de trasmisión del saber, saber-hacer o saber-ser, en beneficio del sistema socioeconómico o de la cultura dominante. Se tomará como apoyo la formación para promover nuevos cambios, será un juego de poder según la medida de los sometimientos y de las autorizaciones que suscite. La formación es un proceso de desarrollo y de estructuración de las personas que lo llevan a cabo bajo el doble efecto de una maduración interna y de posibilidades de aprendizajes, reencuentros y experiencias. Si hablamos de inversión es en el sentido de la investigación psicológica, de esa economía de deseos y de la ley que supone todo proceso personal. Institución es el lugar de una práctica, con sus normas, modelos, su propia técnica, su lenguaje fácilmente trivializarle, y sus practicantes, los formadores que desarrollan una acción en este espacio transicional entre los conjuntos sociables y los individuos.


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Es así como la formación funciona. Las contradicciones que provocan o revelan su aparición, los discursos optimistas o pesimistas que suscita se refieren tanto a la formación de los enseñantes como a cualquier otra formación profesional.

Especificad de la formación de los enseñantes La formación es un proceso de desarrollo individual tendiente a adquirir o perfeccionar capacidades como sentir, actuar, imaginar, comprender, aprender, utilizar el cuerpo… dinámicas psicofisiológicas. A través de la iniciación, el descubrimiento o la experiencia, poco a poco se produce la desorientación y el retorno a los orígenes. La formación incluye las etapas de la escolar con sus éxitos y fracasos, capacitaciones programadas, caminos marcados e instrumentados que emprende obligatoria o facultativamente el trayecto de la formación. La formación no debe reducirse a una acción ejercida por un formador sobre un gormado maleable que reciba de forma pasiva la configuración que le imprima el formador. Expresiones tale como dar y recibir una formación, las mismas palabras de un formador y un formado parecen significar esta imagen de la formación. Formarse es reflexionar par si, este proceso no se desarrolla sino a través de interacciones, integraciones con grupos, pertenencias a una clase y ciertos requisitos sociales. La formación tiene 3 características: formación doble, profesional y formación de formadores. Una formación doble: el oficio de enseñante exige una formación científica, literaria o artística y una formación profesional que a veces se reduce a una formación pedagógica, pero la cual ahora se reconoce que incluye otros aspectos que se relacionan con la inserción institucional, las tareas de concertación, de gestión, de orientación, etc. La imagen de enseñante animador se asemeja más o menos a la del enseñante educador, la animación se adopta como una técnica pedagógica que tiende a facilitar el aprendizaje. He ahí la concepción de la doble formación que tiende actualmente a prevalecer.

Una formación profesional: el maestro de escuela no es considerado por los otros, ni, lo que es peor, por el mismo, como un especialista desde el doble punto de vista de las técnicas de la creación científica, sino como el simple transmisor del saber en el nivel de


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cada uno. El acto de enseñanza aparece como un acto banal que se efectúa dentro de la continuidad de una actividad especulativa o práctica. El profesor no enseña lo que sabe sino lo que es, la escuela no es un lugar profesional claramente delimitado, para el enseñante es el lugar de su infancia, su actividad de enseñante se continua en el con las preparaciones y correcciones prescriptas no exactamente contabilizadas en su tiempo de servicio.

Una formación de formadores: característica del a formación de los enseñantes es ser un formador de formadores, funcional en un segundo nivel. La relación de profesor-alumno, relacionada con el vínculo padre-hijo, uno de los 2 arquetipos de nuestra vida social, se encuentra en las 2 situaciones. El modelo pedagógico adoptado, tiende a imponerse como modelo de referencia de los formados. La escuela normal fue concebida y nombrada así para perpetuar esta reproducción. Es, según la definición “un establecimiento que sirve de modelo para que se formen otros del mismo género”. Una formación de formadores conduce a su punto extremo, la antinomia educativa fundamental: formar sujetos autónomos. Se trata de suscitar en los futuros enseñantes el deseo y la energía necesaria para la construcción de un proyecto educativo, esta meta es la del formador inscrito en un proyecto educativo que es el suyo.

Una formación doble, profesional y una formación de formadores: estas características estructurales, constitutivas de la problemática actual de la formación de enseñantes, aparecieron sucesivamente en relación con el contexto histórico-cultural

El trayecto de la formacion  
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