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nismo, en la historia, en una visión humanizadora, se desespera por salir a flote: “Una cultura humana no es sino un sistema de esperanzas y desesperaciones”, dice Zambrano. El verdadero conflicto de Europa, subraya la filósofa, es el doloroso salir del hermetismo griego, de la máscara, de ese ocultamiento sagrado, hasta llegar al humanismo que, descarnado, revela un rostro atroz y, lo más importante, expresivo. La última agonía de Europa, quizás aún vigente, proviene del cese del Romanticismo, del abandono de la actitud de reflejar fielmente lo humano, de la destrucción de las formas perpetrada por las vanguardias, que si bien pueden considerarse derivaciones románticas, en realidad son los infaustos estertores románticos. Dionisio Cañas se adhiere a muchos de estos pensamientos para poner en pie su poema. Se refiere a esa victoriosa Europa dominada por la violencia: ___Ahora vives el sueño de Europa, ___un lugar atravesado por la vergüenza ___de exterminios masivos. Tiene presente esa agonía que la historia mantiene. Y parece concordar con la definición establecida por María Zambrano en el sentido de que “los cantos a la vida son funerarios”, ese canto de amor que supondría entonar el triunfo de Europa. María Zambrano se doblega a las circunstancias: “Es el tiempo de la dolorosa lucidez”. Dionisio Cañas adapta estas palabras en una contundente plegaria a esa Europa aferrada tan erróneamente a su historia,

“una herida en el cuerpo del Tiempo”. Y hace persistir la coyuntura apocalíptica que María Zambrano encuadra en una decisiva destrucción de las formas: Un orden nuevo -dijiste-, ___pero fue el desorden el que trajo la belleza del caos. […] ___No olvides: todo lenguaje debe ser destruido, ___archivado, guardado para poder construir ___las imágenes de una nueva inocencia. Después de esa experiencia maravillosa y compleja llevada a cabo en el ámbito árabe y musulmán, experiencia no totalmente saldada todavía, ni en la propia vida de Dionisio Cañas ni en la manifestación artística extraída de esa vivencia, su actitud hizo que su mirada poética se volviese a detener de nuevo en Europa. Esta primera sección de La noche de Europa está poblada del reproche a la incomprensión de nuestro mundo hacia ese mundo árabe, tan incapaz de entenderlo durante siglos. Él opina, muy gráficamente, que cuando Napoleón pone su pie en Egipto es cuando empezamos a meter verdaderamente la pata; a lo que añade: “Hemos estado considerando el mundo árabe, el conjunto islámico como algo exótico pero inferior a nosotros. Paralelamente al desprecio de ciertos entornos, como el inglés, el francés, el belga, etc., otros mundos se abrieron más comprensivos, como esa tendencia erudita encabezada por Goethe, tan interesado por el sufismo y el mundo persa. Por el contrario, la actitud del poder europeo es de humillación y desdén.”

Heteronima n03  

Revista de creación y crítica editada por la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (España)

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