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mo… y seguridad y conciencia (o, al menos, intuición) del propio valor. Es decir, creo que no es posible escribir si uno piensa que lo que escribe no vale nada, o que permanente se equivoca. No se puede crear en una constante negación de lo que uno crea. Pero tampoco en una complacencia total y en un no ponerte en duda. Hay que trabajar arriesgándose, apostando, con angustia y con alegría, y olvidar enseguida lo hecho o “conseguido” para “ponerse a otra cosa”. Quizá mi trabajo pueda resultar “coherente” porque no soy amiga de la dispersión: no tengo mucho tiempo, ni mucha energía ni, probablemente, mucha capacidad, así que prefiero centrarme en una cosa: intentar escribir poemas de la manera en que creo que yo puedo abordar una tarea así. Así de difícil, de hermosa, de comprometida y comprometedora. Intentando estirar poco a poco la cuerda, yendo un poco más allá. La sensación de abismo, de vértigo, es suficientemente, cómo diría, insondable, en ese simple “estirar la cuerda”, así que no necesito abordar grandes saltos al vacío para satisfacer mi ansia de “novedad”, o de “extravío”, o de “más difícil, o nuevo, o raro todavía”. Tengo tanto por hacer en el terreno que me llama y me interesa. Así lo siento. Vayamos ahora con las hojas: hablemos de Diez mandamientos. Es tu segunda colaboración con Jesús Placencia, con quien ya trabajaste en Ashes to Ashes (Editora Regional de Extremadura, 2010), un libro en el que ofrecías catorce poemas inspirados por catorce dibujos de Placencia, inspirados a su vez por T. S. Eliot. La experiencia, desde luego, fue gratificante, ya que repites.

¿Qué es lo que más te interesa de esta relación entre lo visual y lo verbal, entre imagen y palabra? El dibujo, la pintura, me atrapan siempre como “espectadora”. Cuando un cuadro “habla”, no lo hace de manera muy diferente a como lo hace un poema: los cuadros hablan en verso, no en prosa, y por mucho “relato” que haya en ellos, su discurso es poético precisamente porque no “cuentan”: proponen visiones o imaginaciones de mundos fragmentarios, sugieren, callan. Digamos que es la forma de arte que me parece más “inspiradora”, también porque muchos de los poemas que escribo nacen de algo que veo: los ojos son a menudo fuente de escritura.

es casi más importante saber qué no quieres hacer que saber hacia dónde quieres ir El trabajo de Jesús Placencia parte de una búsqueda que no me parece muy divergente de la mía, y está, también, basado en la escritura, así que trabajar a partir de sus dibujos me ha resultado, tanto en la serie de Ashes to ashes como en la de Diez mandamientos, fascinante: es como si en los dibujos encontrara precisamente lo que yo quería decir, y yo no tuviera más que, simplemente, decirlo. Ha sido como un escribir acompañada. Un lujo. Si no estoy equivocada, Escribir y borrar es la primera antología enteramente dedicada a tu obra. Debe de ser especial ver tu propia trayectoria ‘seleccionada’, supon-

Heteronima n03  
Heteronima n03  

Revista de creación y crítica editada por la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (España)

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