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como el oro de los bejucos, como los cirros que se malignizan al atardecer, como el mar que late lejos, o que no existe). Y yo, en el cuadrángulo. El cuadrángulo: donde conviven la comodidad y la herrumbre, y el silencio es rojo, como las tapias y las amapolas, y los ascensores trasiegan sordomudos, y los perros siempre ladran, aunque sepan quién eres. (Los perros lo saben mejor que las personas). El cuadrángulo, donde el silencio es una navaja que recorre la piel sobrecogida y solo la abandona cuando se ha despojado de toda fraternidad, y la esperanza, una prímula pronta a morir junto a la entrada del aparcamiento. El andamio que veo, desde esta ventana a la que se reduce el mundo, es solo otra escalera al no ser. Nada quedará de su ascensión. Andamio, scaffold, significa también patíbulo. Esta entereza, esta urdimbre de sílice, esta proyección tubular de lo que es masa y oquedad, no conduce sino a la desmemoria, y la desmemoria me ahoga: lo que no comprendo, no es; lo que niega, no vive. ¿Me sostienen estos adoquines cansados, estos tabiques como ceniza? ¿Me transfunden, con su marchita rectitud,

Heteronima n03  

Revista de creación y crítica editada por la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (España)