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fachadas, en las que se alinean las columnas y la hipocresía, acuden los cables de la electricidad como enjambres filiformes, casas en las profundidades de lo visible, en las que reconozco toda álgebra y toda turbiedad, pero cuyo reconocimiento no altera la certeza de que son edificios intangibles, seres que ni atormentan ni aman, de que su raíz es la distancia, de que la argamasa y las pizarras y las chimeneas y las moquetas y los seres que las habitan —uno de los cuales soy yo— son entelequias o cadáveres. Primrose Mansions. Prímula: la primera que florece en la estación: su amarillo lánguido tiene prisa por morir. Y Rosebery Villa: el escaramujo, un arañazo de óxido, una eclosión imperfecta en la perfección de la rosa. Estos edificios no significan nada: su solidez es incorpórea, como la levedad en que perecen. Al acercarme a ellos, mi piel se contagia de su insuficiencia: también yo me empequeñezco; también mi nombre se arruina, como la pintura que deserta de sus muros vegetales. Estas casas no están, aunque las vea cada día, aunque cada día, al salir de casa, se me aparezcan con la gravidez de algo concluyente, de algo como un precipicio o una tumba: verlas cada día es la mejor prueba

Heteronima n03  
Heteronima n03  

Revista de creación y crítica editada por la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (España)

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