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En otros veranos José M. Sánchez Moro1

El humor es el realismo llevado a sus últimas consecuencias Augusto Monterroso El origen mental de mis heterónimos reside en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación Fernando Pessoa

Jaime tenía una moto verde que no hacía ruido. Para descender las cuestas del pueblo que daban a nuestro bar de reunión solía desactivar el motor y darle la utilidad que se le da a una bicicleta. A Jaime le gustaba comer bien y contarnos que la noche de antes del día convenido para una de nuestras reuniones se había visto con un hombre del mundo del cine, un tipo de segunda fila venido a menos, que, en una ocasión, tuvo a Sara Montiel sentada en su pierna tanto rato que la doncella se le meó encima. Tenía una moto verde que no hacía ruido y unos zapatos que seguían la moda de la capital. A veces, cuando daba a la moto utilidad de bicicleta, dejaba las piernas fueras y girando la cintura se aferraba al manillar en una pose chulesca y relajada, atrevida y llamativa, que acompañaba con un cigarro colgado de sus labios. Su abuelo fue marisquero pero gustaba de la casquería; su familia comerciaba con jamones por aquel entonces pero a él le podía el marisco. Le gustaba comer bien y solía contar que en la capital tenía una novia rubia y guapa. Tan rubia y tan guapa que no la merecía.

Por convicción impecable, por genética casi, soy S. Son J, M y M mismas despersonalizaciones como quiere Pessoa. Despersonalizaciones motivadas por la propia sociedad, remedios o mecanismos para interactuar con ella y salir ileso en el intento. Son J, M y M a S muy suyas. A J le debemos S y yo toda una personalidad. Una personalidad chulesca y dura por fuera que es luego temor y duda por dentro. Son M y M mis propios Ricardo Reis y Álvaro de Campos, cuando en palabras de la gloria lisboeta llegaron a protagonizar una discusión que pudo hasta oír el genio antes dicho. Como Reis y Campos, M y M se contradicen (en España cualquier ideología del abanico de izquierda, por cosas del pasado, es incompatible con cualquier valor nacional) y entonces aparece vehemente J, con chula pedantería y endiosadas formas, que impone admiración en los circunstantes para que la letrada condición genética de S me torne a mí que narro extravagante y auténtico. 1

Heteronima n03  

Revista de creación y crítica editada por la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres (España)

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