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La Reforma protestante: algo más que teología El recién pasado 30 de octubre se realizó un evento musical en La Moneda, para festejar la Reforma. Lo curioso es que no se habló de teología, ni de filosofía, sino de la influencia decisiva que había tenido la Reforma en la cultura musical de su país. Para conectar la reforma con lo contemporáneo, se interpretaron piezas de Lutero, y también de Bach. Lutero era un teólogo, pero su pensamiento influenció muchas otras áreas. Tal vez el aporte cultural más importante fue la traducción de la Biblia al idioma del pueblo Alemán. Él consideraba que la gente común tenía el derecho de conocer la Palabra de Dios sin la necesidad de recurrir a un sacerdote. Esto implicó la inclusión de dos cosas. En primer lugar, es reconocido que Lutero fue uno de los grandes moldeadores de la lengua escrita alemana, lo cual traería profundos aportes a la cultura posterior. Incluso el connotado filósofo judío del siglo XX, Franz Rosenzweig, dice que la Biblia traducida por Lutero es un “hecho sensacional”. Y en segundo lugar, no es útil una Biblia traducida que nadie puede leer, por lo tanto se asumió el compromiso de educar a la mayoría iletrada. Así, el fraile agustino influyó decisivamente en la lingüística de su pueblo –y todo lingüista sabe el impacto que producen las palabras y conceptos-, y en la dimensión educativa. Pero los alcances de la Reforma van mucho más allá. Sus conceptos teológicos influyeron decisivamente en la mentalidad de los hombres de su tiempo. La idea de que el ser humano no debe estar subyugado a una institución religiosa, produjo la liberación de los hombres de sus ataduras. El concepto ya no era obediencia, sino perseverancia. El psicoanalista Erich Fromm dijo acerca de esto: “La Reforma constituye una de las raíces de la idea de libertad y autonomía humanas, tal como ellas se expresan en la democracia moderna”. El hombre ya no estaría subyugado a un sistema estamental y eclesiástico determinativo, sino que ahora, dado que es libre en conciencia y actitud, puede iniciar el camino de la incertidumbre, que involucra la perseverancia y en última instancia, el esfuerzo de superación a través del trabajo.


La Reforma también trajo consigo un nuevo modelo de gobierno para la sociedad. No en vano se ha señalado que las bases de la democracia moderna están en ella. No se aceptó la idea de un gobierno piramidal en el que un hombre recibía toda autoridad sobre los otros, como el Papa; al contrario, se fomentó un sistema de gobierno congregacional en las iglesias, a fin de que la hermandad escogiese a sus autoridades. Este modelo democrático es el mismo que se extendería luego al gobierno civil. Estos rasgos nos ayudan a considerar el impacto que la Reforma Protestante ejerció sobre la cosmovisión europea. Sin duda, sólo son aproximaciones que merecen una mayor profundización. Sin embargo, es necesario examinar cuál es la relevancia que tiene la Reforma para hoy en las Iglesias. El concepto de una “reforma” dentro del ámbito eclesiástico evangélico, se ha utilizado para pensar en que la Iglesia Evangélica debe reformarse a sí misma constantemente. Pero se ha olvidado que la Reforma al estilo de la Protestante del siglo XVI no produce sólo efectos internos en la Iglesia, sino que es capaz de transmitir sus ideas a toda la cultura, y así permear la cosmovisión de la sociedad. Alguien podría preguntar: ¿necesita la iglesia una reforma?, y la respuesta evidente es “si”, porque siempre se requiere de una renovación. No obstante, queda una pregunta algo más profunda que resolver: ¿qué reforma busca la iglesia? Hemos asistido a reformas que van desde el pensamiento teológico hasta la inclusión de instrumentos musicales eléctricos en iglesias más ortodoxas musicalmente; pero esas “reformas” ¿han causado un impacto real en nuestra sociedad? La Iglesia en general ha tratado de adaptarse a las necesidades de los tiempos modernos o posmodernos. Ha tratado de ser más inclusiva, dinámica. Y tal vez ha tenido éxito. Pero ¿ha producido impactos culturales? A veces pareciera que la Iglesia sucumbe y por eso se adapta; en vez de ser la Iglesia triunfante cuyo pensamiento ilumina y reforma no sólo su propio ser sino también el ser de los otros, los no creyentes. Si ha de haber alguna reforma, esta no debe ser ingenua. Debe considerar los problemas de su tiempo. De nada le habría servido a Lutero traducir la Biblia, si no hubiese educado a los campesinos que debían leerla –y a quienes, sin duda, estaba dirigida-. Del mismo modo, de nada sirve desear una reforma para la Iglesia, si no se consideran las circunstancias de los tiempos. Es necesaria la conciencia histórica.


Una verdadera Reforma es aquella que puede ser admirada por los que no conforman la Iglesia; es aquella que sirve por ejemplo a toda una cultura; es aquella que logra no sólo transformar una iglesia, sino una cosmovisión, a un pueblo. Se ha citado a Rosenzweig y a Fromm pues ninguno es cristiano –de hecho, son de formación judía-, el primero es filósofo y el segundo psicoanalista social; pero ambos han reconocido en la Reforma Protestante algo más que una transformación en la religión; han visto, a través de ella, un cambio en la historia. ¿La Iglesia ha reformado Chile? Que Dios, por su sola gracia, nos guíe para hacerlo. Luis Aranguiz-Kahn


La reforma protestante algo más que teología