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Portela Guarín, Hugo Partería : saber ancestral y práctica viva / Hugo Portela Guarín, Maria Elvira Molano ; fotografía Asoparupa, Salvatore Ramírez. -- Bogotá : Banco de la República, 2016. 84 páginas ; 21cm x 23cm. 1. Parto - Historia - Pacífico (Colombia) 2. Comadronas - Historia Pacífico (Colombia) 3. Medicina indígena - Pacífico (Colombia) 4. Pacífico (Colombia) - Vida social y costumbres - Historia I. Molano, María Elvira, autora II. Asociación de Parteras Unidas del Pacífico, fotógrafas III. Ramírez, Salvatore, fotógrafo IV. Tít. 618.2 cd 21 ed. A1550791 CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

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Partería, saber ancestral y práctica viva

© de la edición Banco de la República Subgerencia Cultural Calle 11 n.° 4-14 Teléfono: 3431111, ext. 2936 www.banrepcultural.org Bogotá D.C.

INVESTIGACIÓN Y CURADURÍA Hugo Portela Guarín ASISTENTE DE INVESTIGACIÓN Sandra Portela García DISEÑO MUSEOGRÁFICO Lorena Díez Arias DISEÑO GRÁFICO / ILUSTRACIONES Johanna Hernández Quiceno CORRECCIÓN DE TEXTOS Mercedes Castillo FOTOGRAFÍAS Asociación de Parteras Unidas del Pacífico - Asoparupa No. Pag. 13, 16 - 17, 26 - 27, 30, 40, 48 - 49, 52, 64 - 65, 70 Salvatore Laudicina Ramírez “Parteras: patrimonio cultural del Pacífico colombiano” No. Pag. 8, 35, 45 Mercy Lorena Urbano Pardo Mapa No. 1 COORDINACIÓN EDITORIAL Sandra Concha Roldán Fernando Barona Tovar Impresión Legis S.A ISBN: 978-958-664-336-8 Bogotá, Colombia 2016

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Tabla de contenido Partería: saberes y memoria que dan vida a un mundo Ángela Pérez Mejía............................................................................................... 6 De las manos de las parteras María Elvira Molano Bravo.................................................................................... 9 Negra soy............................................................................................................ 19 Saber ancestral y práctica viva Hugo Portela Guarín............................................................................................ 20 1. Saberes entre encuentros y desencuentros................................................. 22 2. Contexto costa pacífica............................................................................... 25 3. El secreto de las mujeres............................................................................ 31 4. El arte de partear........................................................................................ 34 5. Equilibrio y armonía................................................................................... 39 6. La gestación................................................................................................ 42 7. El milagro de la vida................................................................................... 44 8. Por un parto humanizado........................................................................... 46 9. Hora del nacimiento................................................................................... 50 10. Las botellas curadas alquimia de lo natural y social................................. 53 11. Placenta, ombligo y territorio.................................................................... 56 12. Parteras y religiosidad.............................................................................. 59 13. El puerperio y la continuidad afro............................................................. 62 14. Conocidas y sin reconocimiento................................................................ 66 15. Itinerarios terapéuticos que siguen las mujeres........................................ 71 Glosario............................................................................................................... 75 Voz ancestral....................................................................................................... 80 Bibliografía......................................................................................................... 81

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Partería: saberes y memoria que dan vida a un mundo

La Partería en el Pacífico colombiano tiene su lugar indiscutible en la memoria cultural colectiva como un saber ancestral sobre el origen de la vida y una práctica que mantiene su relevancia en la sociedad actual. La importancia de este tipo de conocimiento para Colombia y el mundo es cada vez más valorada y despierta el interés de la investigación etnográfica. Con motivo de la apertura del Centro Cultural del Banco de la República en Buenaventura, hemos preparado la exposición: “Partería: saber ancestral y práctica viva” en la que se entrecruzan el conocimiento académico y tradicional sobre la diversidad de esta práctica, la riqueza de las experiencias históricas y presentes de las parteras y los procesos culturales de este patrimonio cultural. La travesía de dos años del equipo de trabajo ha sido de vital importancia para la producción de la exposiciónn, guía de estudio, material pedagógico y el presente catálogo; resultado de la articulación de distintas disciplinas, saberes y testimonios, que presentamos ahora a la comunidad de Buenaventura y que viajarán por el país para dar a conocer esta invaluable práctica cultural. La importancia de hacer este trabajo interdisciplinario fue refrendada al final del trayecto cuando en octubre de 2016 se proclamó la Partería afro del Pacífico colombiano como patrimonio inmaterial del país. Celebramos la declaratoria del Ministerio de Cultura y continuamos seguros de que la visibilización de las tradiciones y saberes sobre esta práctica de vida, son fundamentales para las generaciones futuras. Llevar a cabo este proyecto de gestión cultural sobre la Partería implicó desarrollar miradas con distintos matices sobre lo significativo de esta práctica cultural del Pacífico que está viva y en la que se involucran de manera entrecruzada el rol

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de la partera, mujer y conocedora de la integralidad del cuerpo humano; la relevancia de las plantas medicinales durante todo el proceso antes, durante y después del embarazo; y la dinamización social que se consolida cuando se decide llevar de la mano de la partera el proceso de la fecundación al nacimiento. El catálogo de la exposición reúne parte del profundo trabajo de investigación que Hugo Portela Guarín, Doctor en Antropología de la Universidad de Montreal en Canadá y coordinador del grupo de investigación ANTROPOS, ha desarrollado durante varios años de su vida profesional dedicado a la Partería. A través de 12 capítulos nos lleva de la mano por un recorrido sobre cómo las curanderas, comadronas y parteras, con sus saberes y prácticas, enfrentan cada una de las etapas del embarazo de una mujer y de su familia. En este camino nos presenta la historia socio-política de esta práctica que culmina con la relación de la partera con la naturaleza para llevar a cabo el desarrollo de su oficio. Como complemento, la antropóloga María Elvira Molano Bravo, con larga experiencia sobre el entrecruzamiento histórico y etnográfico de los saberes de las mujeres y las plantas, nos entrega un contexto sobre esta práctica cultural que permite entender cómo se ha construido la ruta sobre la partería en el Pacífico colombiano. Este trabajo ha sido cuidadosamente coordinado por la Subgerencia Cultural del Banco de la República, encargada de la generación de contenidos para este nuevo centro cultural que el Banco entrega al país con orgullo y con la certeza del aporte que constituye para el desarrollo integral de la comunidad y para la preservación de la riqueza cultural de esta región particularmente fértil en saberes y tradiciones.

Ángela Pérez Mejía Subgerente Cultural

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De la mano de las parteras La ruta de las parteras Nacer partera es un don, dicen las mujeres del Pacífico cuyas manos florecen para dar a luz a cientos de criaturas que nacen cada día. Su conocimiento se transmite de madre a hija, de abuela a nieta y se remonta al origen de los tiempos formando una enredadera de saberes, de prácticas, de raíces, de plantas y de flores que brillan al son de la música del wasá y de la marimba que suena al ritmo del canalete que se mueve apresuradamente por los ríos hasta llegar al lugar donde la espera una mujer que va a dar a luz. El arte de la partería es muy antiguo, oficio que se ha trasmitido de manera oral de generación en generación. En la región del Pacífico Sur Colombiano, es una práctica arraigada a su cultura, a su herencia africana, a las mujeres rurales y a las abuelas sabias de esas espesas selvas, de esos ríos y de esas costas del litoral Pacífico. Yemayá, deidad femenina, reina de los mares, madre protectora de las aguas femeninas, fué la primera partera del monte, que según cuenta la tradición, llegó del África Occidental cantando y curando. Ella, ayuda a otras madres con los poderes de las aguas saladas, ya que el origen de la vida está en el mar, lo que la convierte en una Diosa Madre1 protectora y poderosa. Las parteras a través del tiempo han abierto una ruta de sabiduría, conocimiento, amor, alegría, lágrimas, dolor, vida y muerte. Mujeres que vinieron del África cargando a sus espaldas a sus niños y otras, con ellos en sus vientres para ver la luz como esclavos, madres subyugadas a sus patronos, buscando sueños que no pudieron hacerse realidad, sino en las noches en las que el canto de los currulaos se convierte en la manera de escapar de su condición. Estas mujeres viejas, abuelas conocedoras de la vida, ayudaron con sus conocimientos ancestrales y con las semillas de las plantas que traían enredadas en su pelo a las otras mujeres a dar a luz, a traer sus criaturas a este nuevo mundo, a este nuevo continente.

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Neumann, Erich. La gran madre, una fenomenología de las creaciones femeninas de lo inconsciente. Editorial Trotta.1956.

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Esta ruta de conocimiento de las parteras o matronas se arraigó por el Litoral Pacífico como símbolo de identidad, de resistencia y de tradición. Esta sabiduría ha perdurado por siglos y hoy es parte de la memoria viva, del saber ancestral, del patrimonio cultural inmaterial de Colombia.

De partera a partera, de mujer a mujer “Mi mama nació con una partera, yo nací con una partera, mis hijos nacieron con una partera, mis nietos nacieron con una partera”, dicen las mujeres del Pacífico Sur. “Mi mamá era partera, yo soy partera y mis hijos nacieron con partera. Yo la acompañaba a partiar y a preparar el agua con las hierbas, al principio ella no me dejaba entrar, pero se me quedó en la retina todo lo que veía por la rendija”2 El arte de las parteras consiste en acompañar a la futura madre semana a semana en las diferentes etapas de embarazo, del parto y del post parto. Ellas conocen las prácticas para colocar al bebé en la posición adecuada cuando no lo está, saben de los masajes y los sobos que estimulan el nacimiento rápido, conocen el uso de las plantas medicinales, los baños, los rezos, los soplos y las dietas. Las parteras saben del mundo femenino, de sus misterios, de sus profundidades, de sus silencios, de sus ciclos lunares, vinculados a los ciclos de la naturaleza y de las plantas medicinales. “… de plantas aprendí con mi abuela. Cuando voy de viaje, voy con mis hierbas. Mi bebedizo es muy bueno, yo le echo nacedera, pimienta, clavo, canela, anís y azufre para limpiar la matriz. Cada semana reviso a la mujer en embarazo, ellas viene aquí a mi casa o yo voy a las de ellas y si el bebé no está derecho, yo se lo acomodo a punta de masajes. “3 2

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Parteras Tradicionales y Plantas Medicinales en el Pacífico Colombiano. Editorial ACUA. Bogotá 2013. Partera Martina Vivas Cifuentes. Buenaventura 2013 Idem

“Anteriormente se creía que las comadronas eran brujas y tenían razón porque ellas preparaban las botellas, ellas sabían mucho de plantas, leían el tabaco, el naipe y unas piedritas. Ellas curaban de mal de ojo, de espanto, de frío y cuando estaba trancada la mujer para el parto. Ellas la sanaban y curaban”.4 Las parteras son grandes conocedoras de las plantas medicinales, unas las consiguen en el monte y otras las cultivan en sus azoteas al lado de sus viviendas. Respetan y utilizan plantas como la ruda, el prontoalivio, el cimarrón, la doncella, el poleo, la yerbabuena, el anamú, la venturosa y la Santa María, entre otras.

Nacer con una partera es nacer en comunidad Nacer con una partera es alegría, es unión, es la celebración de la llegada a su familia, a su comunidad y a su territorio. El recién nacido llega enlazado a sus parientes, a sus ancestros, a sus vecinos, al río, a la quebrada y al mar, a la tierra, a las plantas, a las voces y a los arrullos que lo acompañarán desde su nacimiento hasta su muerte. “Todos los partos que yo he asistido me dan alegría. Se reúnen las mujeres de la familia, la mamá, la suegra, las hermanas y a veces el marido y así acompañadito llega el recién nacido.” 5 La partera es el vínculo sagrado entre la vida humana y la naturaleza. Ella acompaña a la mujer en cinta desde el primer momento, vinculando su proceso a los ritmos de las fases lunares, al calor, al frío, a lo húmedo y lo seco, al adentro y al afuera, a la oscuridad y la luz, y desde el instante en que se confirma el embarazo, ella se encarga del cuidado de la vida de la madre y del bebé, acudiendo a los secretos de las mujeres de su familia y a las plantas 4 5

Idem Parteras Tradicionales y Plantas Medicinales en el Pacífico Colombiano. Editorial ACUA. Bogotá 2013. Partera Ermenejilda Riazcos Riazcos. Buenaventura


nacedera, pimienta, clavo, canela, anís y azufre

con sus poderes medicinales, los que guarda con recelo como su fiel guardiana. Nacer en el Pacífico conlleva el ritual de ombligados, que tiene su origen en el profundo arraigo cultural, espiritual y tradicional de estos pueblos con la tierra. Cuando el bebé nace la partera corta el ombligo que será enterrado junto con la placenta bajo un árbol, que marcará el lugar al que pertenece, enraizándolo para siempre a su tradición, a su comunidad y a su territorio.6 Las parteras son mujeres de vida que cuidan, enseñan y guían a la madre. Su misión parece estar ligada a la herencia cultural africana contenida en el término ubuntu7, de origen bantú, que considera el bienestar colectivo, principio y eje del bienestar personal y se afianza en los principios de solidaridad, respeto y dignidad. Una persona con ubuntu, sabe que sólo se es persona en la medida en que convive con otras personas y se nutre, aprendiendo de ellas. Las parteras son respetadas por todos en sus comunidades, en los pueblos y en los barrios de las ciudades donde han sido desplazadas; llevan a donde van, su halo de solidaridad, de reciprocidad, de unión comunitaria y de respeto que las hace madre de todos y de cada uno. En el Pacífico colombiano, una región azotada por la esclavitud, la explotación de los recursos naturales y el conflicto armado, las parteras son semillas de paz, madres dadoras de vida, pilares de resistencia pacífica, de solidaridad y de respeto. Ellas van de lugar en lugar, pasan de un barrio a otro, van de casa en casa erigiendo su bandera blanca de Madres, de comadres, de comadronas y de madrinas. “A mi todos me quieren y me abrazan cuando me ven llegar”, dice Merfil Ortega Hernández, partera de López del Micay. Yo vivía con mis hijos allá, pero un 31 de marzo nos desplazaron, vi cosas muy duras y llegamos después de tanta barbarie a Buenaventura. Ese fue un desplazamiento masivo, nos sacaron a todos, pero yo seguí con mi oficio de partera y lo ejerzo a donde voy”. 8

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Arocha Rodríguez, Jaime. Ombligados de Ananse: hilos ancestrales y modernos en el Pacífico colombiano. Editorial Universidad Nacional de Colombia. 1999. 7 Alingué, Madeleine. Del sincretismo religioso al político: nuevas expresiones de liderazgo en África Subsahariana. Universidad Externado de Colombia.bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/aladaa/alin.rtf) 8 Parteras Tradicionales y Plantas Medicinales en el Pacífico Colombiano. Editorial ACUA. Bogotá, 2013.

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Parteras de ayer y parteras de hoy A lo largo de la historia, las parteras han sido un pilar del mundo femenino, su conocimiento de la vida y de la muerte, les otorga una voz dulce y fuerte y sus prácticas de sabiduría se han extendido a través de los siglos. Estas mujeres curaron y cuidaron de los enfermos, recibieron los niños y asistieron a sus madres, y su conocimiento de las plantas medicinales, fue transmitido de generación en generación, y convirtió a algunas mujeres en guías sabias para acompañar los ciclos de la reproducción, gestación, nacimiento, cuidado de los recién nacidos y menopausia. A las parteras se les ha llamado madrina y matrona, del latín matrina, de cum matre se originan comadre y comadrona, en francés sage-femme y en alemán WiseFrau; mujeres sabias, curanderas, que durante siglos han sostenido en su manos la vida. En Mesopotamia, la diosa Inanna o Ishtar se vinculaba al amor, la guerra, la salud y el nacimiento.9 Entre los varios oficios que ejercían las sacerdotisas hijas de la diosa, estaban la salud sexual y reproductiva, conocimiento de las plantas y de la homeopatía. Su conocimiento acerca del funcionamiento del cuerpo humano y sobre la enfermedad, fueron transmitidos a través de las rutas comerciales a fenicios, egipcios y griegos. En Egipto, 1240 A.C., las parteras eran organizadas en corporaciones cuyo poder de decisión y principios éticos se reconocen en las escrituras bíblicas. Se sabe que la comadrona era profesional libre, independiente social, legal y sexualmente y no discriminada en cuanto al acceso a las enseñanzas médicas. Gran parte del panteón egipcio está dedicado a las diosas relacionadas con el cuidado de la salud. “La diosa Bes, protegía los lugares en que las mujeres daban a luz, y Hathor, la diosa vaca, alimentaba a los bebés y curaba la esterilidad. Ubastet, hermana de Sekhmet, era la diosa comadrona y Meskhenet, la del útero bicorne, cuidaba las piedras calientes sobre las que se agachaban las mujeres durante el parto”.10 Las sacerdotisas griegas, muchas de ellas parteras, invocaban a la diosa Artemisa y empleaban la planta del mismo nombre para acelerar el parto. Así como los egipcios adoraban a Diana la diosa del parto, y a Eileicia la partera de los dioses.11

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Las mujeres en la historia del cuidado de la salud. Revista con la A. No. 34. 2014. Pg. 164. Ibid. Ibid

Pone en evidencia la necesidad de renovar la visión en salud, promoviendo la recuperación de la medicina tradicional en salud materno


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Roma, asimila los conocimientos médicos griegos y otorga un papel destacado en la sociedad, considerando a la mujer, constructora de los sistemas científicos y médicos. Sorano de Éfeso (siglo II D.C.), padre de la obstetricia, escribe el primer manual para parteras De Morbis Mulierum, en el que expone el oficio, como un sistema de conocimientos adquiridos a través de la observación, el estudio y la práctica, contribuyendo así a la formación de las parteras.12 Durante la Edad Media, aparece la figura de Trótula, autora de la obra de obstetricia y ginecología del siglo XI, cuya vigencia se extendió por varios siglos. En su obra toca temas tales como el desarrollo del feto, los desgarros perineales, sus suturas y sus cuidados posteriores, la higiene durante los procesos quirúrgicos y las diferentes posiciones del feto. Para las mujeres recomienda baños, masajes y deambulación.13 Más tarde en el siglo XII, la práctica de la medicina fue prohibida en Europa para las mujeres y los judíos, y relegada a los conventos. La Iglesia Católica, única fuerza política y espiritual de Occidente, rechazó el conocimiento científico. En medio de este oscurantismo, aparece la Escuela de Salerno, como un centro de resistencia, donde las mujeres practicaban la medicina y la cirugía. Se convirtió en la primera escuela en aceptar mujeres tanto alumnas como profesoras, a las que se les denominó “las Damas de Salerno”.14 A finales del siglo XV en Europa, el ejercicio de la medicina se convirtió en una disciplina académica y una profesión que se concentraba en el género masculino. Este movimiento coincidió con la misoginia reinante durante el fenómeno de la caza de brujas. En 1486, se publicó el

Hacia un diálogo de saberes La idea que se tiene sobre las parteras y la pertinencia de su rol en la sociedad ha variado según los diferentes períodos históricos. La participación de las parteras en la salud pública es un tema complejo, aún cuando se han abierto luces que aprueban su actividad como un aporte importante en la salud pública. Los gobiernos del mundo han abierto sus ojos y han empezado a hacer reformas que permiten e impulsan la mutua cooperación entre la partería tradicional y el sistema médico oficial en pos del bienestar de madres y bebés. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas UNFPA “Las parteras pueden hacer enormes aportes a

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CONDE, Fernando. Parteras, comadres, matronas. Evolución de la profesión desde el saber popular al conocimiento científico. (Discurso leído). Lanzarote. 2011 13 CONDE, Fernando. Parteras, comadres, matronas. Evolución de la profesión desde el saber popular al conocimiento científico. (Discurso leído). Lanzarote. 2011 14 Ibid.

tratado The malleus maleficarum 15, de Heinrich Kraemer y James Sprenger, con el que se proponía identificar a las brujas. La persecución se alimentó basada en la inferioridad mental y espiritual de las mujeres, creencia que fue alimentada por la Iglesia. El conocimiento empírico y tradicional de los ciclos biológicos, de los fenómenos naturales y del uso de las plantas, que detentaban mayormente las mujeres, se vio relegado y perseguido durante este periodo en el cual murieron cientos de mujeres entre ellas, un gran número de parteras. La exigencia de formación universitaria, al tiempo que la marginación de la mujer en todos los campos del conocimiento, impulsó la exclusión legal de las mujeres practicantes de la partería y de la práctica médica16. La descalificación de las mujeres vinculadas con la salud, por parte de los doctores profesionales, disminuyó la acción de las mujeres en todos los asuntos médicos y el oficio de partear quedó en manos de la medicina oficial.

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Ehrenreich, Barbara, English, Deirdre. Brujas, parteras y enfermeras, una historia de sanadoras.. Glass Mountain Pamphlet the Feminist Press. Pg 19. Edición original de 1973 16 Ehrenreich, Barbara, English, Deirdre. Brujas, parteras y enfermeras, una historia de sanadoras.. Glass Mountain Pamphlet the Feminist Press. Pg 19. Edición original de 1973


la salud de las madres y recién nacidos y al bienestar de comunidades enteras. El acceso a la atención de salud de calidad es un derecho humano básico. Una mayor inversión en la partería es un factor clave para hacer de este derecho una realidad en beneficio de las mujeres en cualquier parte del mundo”17 La partería aparece como un tema fundamental para el desarrollo de Los Objetivos del Milenio (ODM), se considera un elemento clave en los grandes temas de discusión como la mortalidad infantil y el aumento de la salud materna. El informe de la UNFPA deja claro que cuando las parteras reciben una adecuada educación y se articulan dentro de un sistema de salud funcional pueden prestar cerca del 90 por ciento de los cuidados a mujeres y recién nacidos, disminuyendo las muertes de madres y recién nacidos en dos tercios.18 A pesar de estos avances, en Colombia, se ha priorizado la atención hospitalaria del parto, por lo que el rol de las parteras como mujeres líderes en la comunidad y como proveedoras de salud, aún es un tema de reivindicación y lucha. Hoy, sin embargo, la organización de hombres y mujeres parteros ha permitido su agrupación y el establecimiento de un sistema de conocimiento tradicional validado en profundas tradiciones culturales de las distintas regiones y comunidades. En Colombia, un grupo de mujeres parteras del pacífico, se han organizado en una agrupación denominada Asoparupa19, liderada por Rosmilda Quiñonez, quien ha desarrollado todo un sistema de conocimientos tradicionales, para que estos conocimientos ancestrales no desaparezcan y logren su validación frente al estado nacional y las instituciones médicas hospitalarias. Este trabajo implica, no solamente un mérito en el rescate Estado de la Partería en el Mundo 2014. Hacia el Acceso Universal de la Salud. http://www.unfpa.org.co/?p=2530 18 Ibid. 19 http://www.programaacua.org/index.php/acua-ar/363-asociacion-de-parteras-unidas-del-pacifico-asoparupa

de la tradición de la partería, sino un mecanismo de conservación y protección del sistema de valores y creencias culturales de esta región del país. Otro de los grandes logros de Asoparupa, ha sido su labor para incluir la partería tradicional de Buenaventura en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia, luego de haber desarrollado el Plan Especial de Salvaguardia de la Partería en Diciembre de 2012. Hoy, hay 250 mujeres afiliadas a Asoparupa entre la zona urbana y las zonas aledañas a Buenaventura. Es así como cada vez más mujeres en las zonas rurales y urbanas deciden dedicarse a este arte y cada vez más niños nacen de la mano sabia de una partera. La mano de las parteras se une para formar una cadena de vida, para hacer del parto un acto de amor y de unión entre la madre, la familia, la comunidad y el territorio.

María Elvira Molano

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NEGRA SOY1 ¿Por qué me dicen morena? Si moreno no es color, yo tengo una raza que es negra y negra me hizo Dios. Y otros arreglan el cuento diciéndome de color dizque pa’endulzarme la cosa y que no me ofenda yo. Yo tengo una raza pura y de ella orgullosa estoy, de mis ancestros africanos y del sonar del tambó. Yo vengo de una raza que tiene una historia pa’contá, que rompiendo sus cadenas alcanzó la libertá. A sangre y fuego rompieron las cadenas de opresión y ese yugo esclavista que por siglos nos aplastó. La sangre en mi cuerpo se empieza a desbocá, se me sube a la cabeza y comienzo a protestá. Yo soy negra como la noche, como el carbón mineral, como las entrañas de la tierra y como el oscuro pedernal. Así que no disimulen llamándome de color, diciéndome morena porque negra es que soy yo.

(Grueso, 2015, p.79-80) 1

El término “negro-s” que usa el documento para hacer referencia a los habitantes del Pacífico lo hace desde la perspectiva planteada por la poeta Mary Grueso Romero; término que se alterna con los de afros, afrocolombianos y afro-descendientes.

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Saber ancestral y práctica viva 20

Las curanderas, comadronas y parteras, con sus saberes y prácticas al servicio de la salud reproductiva de la población, hacen parte de la medicina tradicional modelo médico alternativo subordinado2 (Menéndez, 1990). Ésta presta atención a los problemas inherentes al proceso de salud-enfermedad más allá de los aspectos estrictamente curativos, que envuelven un amplio espectro de prácticas y representaciones de la vida individual y colectiva de los diferentes grupos socioculturales que, además, evolucionan según las influencias socio-históricas, económicas, ideológicas y políticas de los contextos. El papel protagónico del saber y las prácticas de las parteras en la continuidad y perdurabilidad biológica y cultural del mundo afro-pacifico lucha por su reconocimiento en una nueva lógica de distribución en la gestión de la salud pública colombiana con la participación de las diferentes fuentes de regulación social como son el Estado, el mercado y las comunidades (Navarro, s.f.) para superar el ámbito de la llamada “legislación mercantil” (De Sousa, 2003, p.158) agenciada por el Estado mediante la Ley 100 de 1993, para sustituir su ineficiencia por la eficiencia del mercado. En esta perspectiva, lo que se pretende es resaltar la importancia del “arte de partear” sin caer en el simplismo de visibilizarlo como un ejercicio más de “esas cosas que hacen los negros del Pacífico” bastante criticado por Asoparupa en la vocería de Rosminda Quiñonez (El Tiempo, 2015). Se procura compartir parte de los profundos aportes conceptuales que soportan la práctica de un arte secular que se ha mantenido en el “secreto de las mujeres” como sustento de posibilidad, permanencia, continuidad-discontinuidad y transformaciones; que, no obstante las confrontaciones encaminadas por la ginecología para establecer “[…] la validez de las normas de la cientificidad” (Canguilhem, 1992, p.29) en el mundo de la biomedicina; ellos se mantienen por la eficacia social e históricamente reconocida, al asumir y encaminar una armonía en la relación cuerpo femenino-naturaleza ante la responsabilidad de la supervivencia biológica y cultural del mundo afro.Compartir y visibilizar cómo “las prácticas sociales pueden llegar a engendrar dominios de saber que no solo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino 2

Desde la perspectiva de la antropología médica crítica, y según Menéndez (1990), se reconocen tres modelos de atención al proceso de salud-enfermedad, así: a) Modelo hegemónico o Biomédico, b) Modelo de Auto atención, y c) Modelo Alternativo Subordinado.


que hacen nacer además formas totalmente nuevas de sujetos y sujetos de conocimiento” (Foucault, 1980) es una manera de visibilizar y justificar las prácticas y los saberes de las comadronas y de apreciar nuevas miradas que posibiliten el encuentro entre formas de aprehender, significar y conceptualizar el cuerpo humano en una perspectiva intercultural que fomente las buenas prácticas de autocuidado individual y comunitario y se materialice en protocolos con acciones en salud complementarios. En la orientación planteada, el presente texto se construyó a partir de un proceso de investigación que recogió informes de investigación sobre el Pacífico colombiano en el campo de la antropología y la salud, elaborados por el autor, trabajos de investigación sobre parteras del Pacífico de otros autores y videos de diferentes organizaciones afro y medios de comunicación producidos en el interés de visualizar otras maneras de percibir y sentir el cuerpo humano como soporte de una práctica ancestral -el parterismo- que ha perdurado a través del tiempo; no obstante los embates de la lógica occidental por subvalorarla y desconocerla por estar en otro plano epistemológico. El trabajo se despliega mediante temas que dan cuenta de prácticas generalizadas del parterismo en la costa pacífica de los departamentos del Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Tiene la premisa de que en la cotidianidad del Pacífico no existe un “arte para partear”, existen varios “artes para partear”, así como distintas parteras que se diferencian por sus historias e identidades –de acuerdo con los contextos espacio temporales que se han configurado como territorios donde se dan sus relaciones sociales en una compleja gama de intercambios y redefiniciones culturales, en la multiculturalidad presente en las regiones. Además de visibilizar algunos rasgos de los saberes y prácticas de las parteras, se espera que este trabajo contribuya a las luchas afro que buscan posicionar el parterismo como un patrimonio cultural inmaterial que garantiza la perdurabilidad biológica y cultural del mundo afro en el Pacífico. Adicionalmente, se espera que pueda traducirse en un insumo para que sea pensado desde las políticas públicas para la realización de acciones y propuestas, permitiendo posicionar y consolidar la praxis de los saberes ancestrales al brindar el estatus que les ha sido negado por carecer de una ley que reconozca y posibilite su práctica en la vida cotidiana.

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1.

SABERES ENTRE ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

La historia de los saberes y prácticas médicas en Colombia está mediada por el proceso de contacto producido por el encuentro colonial entre indígenas, europeos y poblaciones negras. Este encuentro ha generado relaciones continuas entre los saberes sobre el cuerpo y la salud de estos grupos, en las que se desenvuelven condiciones de coacción, desigualdad y conflicto (Pratt, 1992); pero también de colaboración, en las que emergen nuevas técnicas, reapropiaciones y significaciones para atención a la salud. La ciencia y la medicina, así como las llamadas medicinas tradicionales, se han alimentado de la relación con muchos saberes, incluidos los aportes del mundo oriental. Esto nos lleva a reflexionar sobre el hecho de que no existe ningún saber médico “puro” (Diasio, 1999) y que los sistemas médicos son dinámicos; es decir, que se reinventan continuamente, que incorporan nuevas técnicas y conocimientos, y que dejan de valorar otros que pueden haber sido importantes en ciertos momentos históricos, sin perder su vigencia y legitimidad frente a sus practicantes o frente a la historia. Virginia Gutiérrez de Pineda (1985), en su estudio sobre la medicina tradicional en Colombia, informaba que durante el período de dominio y colonización hispánica se dio un complejo proceso de integración de “sistemas” médicos. Los europeos con su bagaje cultural –que incluía la medicina–, al llegar al suelo americano, se encontraron con amenazas a la salud –ambientales y humanas– que les eran desconocidas y debían atender. Los nativos americanos ya disponían de complejos métodos para controlarlas o curar sus secuelas; de tal manera que, para sobrevivir, los recién llegados tuvieron que acudir al recurso médico nativo. En la farmacopea hispánica llegó a dominar la composición nativa y las terapias mostraban un doble origen: peninsular en sus principios y nativo en los medicamentos (Gutiérrez, 1985). Los africanos desarraigados de sus territorios y traídos a América procedían de distintas naciones, con culturas distintas entre sí, y eran repartidos por todo el continente americano sin agruparlos según origen, lengua y tradiciones. Los esclavos fueron transportados casi desnudos y no pudieron traer ningún elemento material de su cultura médica: ni plantas medicinales, instrumentos musicales, vestidos, máscaras rituales, piedras preciosas o metales que sirvieran como objetos de poder, ni productos derivados del reino animal; llegaron con el referente semántico de su cultura porque el referente significante concreto quedó en África (Zuluaga, 2003; Cifuentes, 1993; Gutiérrez, 1985).

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Históricamente observamos cómo, a pesar del brutal proceso de esclavización y desarraigo de sus territorios ancestrales, los pueblos africanos articularon estrategias que combinaron, por un lado, dimensiones de diferentes pensamientos de origen africano con imaginarios religiosos cristianos y amerindios y, por otro, formas de organización social que fueron inviabilizadas por la esclavitud con todas aquellas que podían ser utilizadas, dando origen a nuevas formas cognitivas, perceptivas, afectivas y organizativas. Los grupos africanos en el nuevo mundo y sus descendientes realizaron, así, una recomposición, en nuevas bases, de territorios existenciales aparentemente perdidos, del desarrollo de subjetividades ligadas a la resistencia hacia las fuerzas dominantes que nunca dejaron de intentar eliminarlos culturalmente (Goldman, 2006). Esta recomposición contribuyó en la potencialización de sus saberes sobre salud, espiritualidad y demás, incorporándose a las dinámicas de diálogo y conflicto con los otros saberes que coexistían en el nuevo mundo a su llegada. De acuerdo con Gutiérrez (1985), la medicina occidental llegó con las “cabezas médicas hispánicas y europeas” y, a finales de la Colonia, se multiplicó en las escuelas médicas; marcando con ello el comienzo de la medicina académica de tipo moderno racionalista. A pesar de la diversidad de saberes existentes en Colombia durante el proceso de conquista y colonia, observamos que la medicina occidental acabó por consolidarse como sistema médico cultural hegemónico en la sociedad colombiana durante el siglo XX, en estrecha vinculación y en consonancia con los procesos de urbanización y modernización del país. Sin embargo, por el hecho de haberse consolidado como sistema médico hegemónico, la biomedicina no desplazó la multiplicidad de saberes sobre la salud ya existentes en el país – que se encuentran arraigados históricamente en su población y que continúan vigentes en la actualidad. Observamos, entonces, que en Colombia existió y existe un amplio contexto de pluralismo médico (Menéndez, 2003) en el que la biomedicina coexiste con diversos saberes médicos legitimados por sus usuarios. Estos saberes se expanden, fortalecen y transforman bajo nuevas influencias urbanas cosmopolitas –orientales, afro americanas, europeas, etc.– en un proceso dinámico de mestizaje. Así, hoy en día podemos encontrar una gran cantidad de especialistas en salud que actúan en nuestro país y que son llamados de múltiples formas: “curanderos”, “médicos tradicionales”, “chamanes”, “sobanderos”, “yerbateros”, “parteras”, “homeópatas”, entre muchos otros.

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La heterogeneidad de especialistas en salud que hay en Colombia también es síntoma de una población igualmente heterogénea en sus necesidades, ya que, como nos llama la atención Press (1961), por más amplia que sea la cobertura del sistema de salud oficial, este no tiene la capacidad de solucionar todos los problemas de salud de la población que atiende. La variedad de especialistas en salud en Colombia nos muestra la existencia de múltiples necesidades que la población tiene y que no pueden ser resueltas única o exclusivamente por la medicina oficial, y que, muchas veces, se encuentran ligadas a los contextos socios culturales, religiosos, políticos y económicos de una comunidad. Esta heterogeneidad también nos recuerda que no existe una sola definición de lo que es la “enfermedad”. Desde el punto de vista biomédico, la enfermedad es observada como un proceso fisiológico o biológico obediente a una configuración individualista que es hegemónica en la sociedad moderna en la que se da una separación esencial entre cuerpo y hombre (Bonet, 1999), es decir, en la que la subjetividad de la persona y los contextos sociales y culturales en los que se desarrolla no son necesariamente importantes para entender la enfermedad. Esta postura desconsidera que las personas en el mundo tejen diferentes concepciones sobre la enfermedad que van más allá del plano físico o biológico, y que también hacen referencia al bienestar individual y colectivo o, de manera más amplia, a diversas formas de perturbación y sufrimiento (Soares, 2003). Esta postura tampoco considera que el enfermar es un proceso de experiencia cuyas manifestaciones dependen de factores sociales, culturales y psicológicos, operando conjuntamente con procesos psicobiológicos (Langdon, 1994), y que el proceso terapéutico es una negociación continua de interpretaciones entre personas con conocimientos y posiciones de poder diferenciados, reconociendo así que el propio conocimiento médico de un grupo no es autónomo, sino que se encuentra

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enraizado y continuamente modificado a través de la acción y del cambio político social (Lock & Scherper-Hugues, 1990 en Langdon,1994). En el Pacífico colombiano encontramos entre esta diversidad de especialistas a las “parteras”, mujeres que a partir de su conocimiento tradicional –que es continuamente actualizado de acuerdo a la necesidad de mejor atender a las mujeres– acompañan el embarazo, parto y posparto de muchas mujeres de la región, ofreciéndoles apoyo para cuidar de su salud física, emocional y la de su bebé y familia a partir de la noción de parto humanizado, legado de sus ancestros africanos y producto del proceso de resignificación establecido por ellos en el nuevo mundo. Su labor, es decir, “el arte de partear”, busca aproximarnos a un saber ancestral de gran importancia para las mujeres del Pacífico, y del cual la obstetricia contemporánea y la sociedad en general tenemos mucho que aprender, en la medida en que recupera la subjetividad, la dimensión afectiva y la capacidad de agencia de la mujer en el proceso de embarazo, parto y posparto.


2.

CONTEXTO COSTA PACÍFICA

El curandero negro en el Pacífico conoce el espacio natural donde vive y lo utiliza para transformarlo y desarrollar un tejido social y cultural establecido como estrategia de adaptación […] el territorio posee el significado de ser un escenario ritual cargado de respuestas para todo tipo de interrogantes, es un espacio para el ejercicio del ser. (Peralta, s.f.) El Pacífico colombiano tiene una configuración geográfica, ecológica y sociocultural situada entre la ladera oeste de la cordillera occidental y el océano Pacífico, que se extiende desde el río Mataje en los límites con Ecuador, hasta Punta Ardita en frontera con Panamá a lo largo de 1.300 km, que comprenden los departamentos de Antioquia, Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, con una extensión aproximada de 78.168 km, que representa el 7,17% del territorio nacional. La llanura es denominada como la cuenca del Pacífico y hace parte del complejo de ecosistemas conocido como Chocó biogeográfico, caracterizado por ser tropical-fluvial-húmedo de selva cruzada por una profusa red fluvial que tiene una importante incidencia en las estrategias de poblamiento y actividades económicas de las diferentes poblaciones que allí se asientan. Posee, además, 339.500 km2 de mar territorial que incluyen la plataforma continental y las Islas de Malpelo y Gorgona (Zuluaga, 1996). Durante la época colonial del Virreinato de Nueva Granada, el conjunto de estas regiones tropicales y subtropicales formaba un complejo socioeconómico en el que se articulaban dos principales formas de producción esclavista: las grandes plantaciones y las haciendas de cría de ganado, por una parte (sobre todo en el Valle del Cauca), y por otra la explotación minera fluvial (principalmente en Antioquia, Nariño, Cauca y Chocó). Contrariamente, al “interior” andino, el denominador étnico común de este complejo fue y sigue siendo el predominio de negros y mulatos, con una burguesía minoritaria de origen hispánico concentrada en las ciudades, así como los diferentes grupos de indígenas autóctonos amestizados con negros o blancos (en el Cauca y en parte de Antioquia), o endógamos (en el Chocó y en el Litoral Pacífico) (Losonczy, 2006, p.47). Hoy, la población afro está doblemente vinculada a uno de los componentes de esta configuración; históricamente, son descendientes de los esclavos de las minas fluviales de las tierras bajas del Pacífico –con un anclaje cultural africano desde principios de la colonización, según los estudios dialectológicos y etnohistóricos– y su existencia sigue desarrollándose en el complejo tropical-fluvial-húmedo de la selva, que constituía

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la base principal de la explotación colonial (Losonczy, 2006, p.47), con los importantes aportes que recibieron a través de la historia de relaciones interculturales. Con los referentes semánticos que traían de África –al ser desarraigados de sus territorios– y con los aportes de las comunidades nativas con las que entraron en relación, empezaron a construir territorios nuevos; sin embargo, quedan evidencias de que no hubo un abandono total de sus herencias culturales, muchas de sus estructuras epistémicas, mitológicas y de adaptación sirvieron de soporte para el establecimiento de nuevas formas de conocimiento del entorno –unidas a los aportes y conocimientos indígenas sobre el medio ambiente y las percepciones de la colonia española acerca de la selva y sus formas de uso y manejo en lo concerniente a la explotación de oro. Hoy, en los treinta y dos municipios que conforman los departamentos de la región del Pacífico colombiano, habitan aproximadamente novecientos mil personas que se ubican en centros urbanos de Quibdó, Buenaventura, Tumaco, Turbo, Istmina y Guapi, así como en sus zonas rurales y costeras; de ellas, el 51.7% es afro y el departamento con mayor población afro es el Chocó con el 90.1% con respecto al resto que es de 9.9% (Ver mapa No.1). El 32% de la población vive en las zonas rurales, mientras que el promedio para Colombia es de 24.9% (Univalle, 2011:1-20). La tasa global de fecundidad promedio es de 2,43 por mujer; la más alta, de 4,05, se encuentra en el departamento del Chocó, seguido del Cauca, con 2,77, Nariño, con 2,67 y Valle del Cauca, con 2,08. La tasa de mortalidad por embarazo, parto y puerperio en la región es de 86.1 por cada 100.000 habitantes –para Colombia es de 74.9– ; la más alta, de 227.4, es para el Chocó, seguido por el Cauca, con 97.1, Nariño, con 75.9, y Valle del Cauca, con 71.6. La mortalidad infantil en la región es de 16.4 por cada 1.000 nacidos vivos, cercana al promedio nacional de 16 por 1000; la más alta de la región es de 37.1 para el Chocó. Para acceder a los servicios de salud, el 53.3% de la población se

encuentra afiliada al régimen subsidiado y el 33.7% al régimen contributivo (Univalle, 2011:1-20). En el análisis de los diferentes indicadores que dan cuenta de la realidad socioeconómica y cultural de la población del Pacífico, se va a encontrar que están por fuera del promedio nacional y si se llevan al nivel de realidades locales, las brechas se hacen más amplias. El Pacífico siempre ha sido el patio trasero del país. Durante siglos, y aún en el presente, puede ser enmarcado en lo que Margarita Serje (2011) ha denominado “el revés de la nación”: territorios marginales y marginados, reconocidos por su riqueza, hoy representada en su biodiversidad, temida por su naturaleza y los fenómenos sociales que ocurren en su interior, pero que la caracterizan y le dan significación; ir a su encuentro es practicar un desplazamiento tanto en el MAPA No.1


espacio como en el tiempo. Un territorio dominado y explotado por esclavistas, poblado por esclavos –y hoy sus descendientes–, controlado por la iglesia y en la actualidad por la minería ilegal, el narcotráfico y los grupos armados, y asiento de numerosos y variados movimientos sociales (Gnecco, 2006). El sentido de no lugar3 para la historia y la política del país, su desvaloración e invisibilización como región posibilitaron, a su vez, una construcción socio histórica particular, que en la actualidad se auto reconoce y reivindica como diferente y lucha por su autonomía y por el control territorial de su espacio vital (Osorio, 2015). La información estadística que se ha seleccionado da cuenta del comportamiento de la población en general sin diferenciación por adscripciones étnicas, pero muestra que la población afrocolombiana es aún más vulnerable en comparación con otros grupos donde hay población materno infantil. Pone en evidencia la necesidad de renovar la visión en salud, promoviendo la recuperación de la medicina tradicional en salud materno infantil, la cual es un factor diferencial determinante para estas comunidades y permite nivelar los actuales estándares en salud, medidos en términos de la biología humana, el ambiente, los estilos de vida y la organización de los sistemas estatales biomédicos (Portela, Astaiza, et al., 2013). Aunque los sistemas institucionales de salud hacen esfuerzos por ampliar sus coberturas, y en algunos casos lo llegan a lograr, las parteras tradicionales se constituyen en los únicos agentes sanitarios no formales como recursos de salud propios que, además de encargarse del cuidado y acompañamiento de la mujer durante el proceso del embarazo y el parto, tienden a 3

Para este trabajo se toma el concepto de no lugares desde la perspectiva establecida por Marc Augé de lugares vacíos de significación, espacios del anonimato. Se emplea este concepto en el sentido de la poca o nula relevancia que ha representado históricamente la región Pacífica del Departamento del Cauca para la institucionalidad, la economía y, sobre todo, para la sociedad hegemónica de esta sección del país que se identifica con los valores de la vida y el mundo colonial.

asumir otras funciones relacionadas con el cuidado de la salud del recién nacido y otros eventos en las familias. Afortunadamente, en algunas zonas, llegan a ser apoyadas, o al menos respetadas, por algún personal de salud formado en las escuelas que promueve estrategias de acercamiento con la medicina tradicional. Se convierten en […] mujeres proveedoras de servicios dirigidos a apoyar la resolución de necesidades individuales de la madre y su hijo/hija de una manera humanizada, que desde su saber propende y se interesa en preservar la vida, la cual de manera natural promociona y fortalece integralmente a los niños y niñas (Pieschacón Barrera, 2013). La realidad que vive el Pacífico colombiano invita a que se trabaje en la perspectiva intercultural en salud que propenda por el acercamiento y articulación de los diferentes saberes y prácticas relacionadas con prevención y curación en el ámbito del proceso de salud-enfermedad y promover nuevos conocimientos; que además, permitan la articulación de las parteras en el marco de las políticas de la salud. Se requiere superar la visión institucional de considerar la práctica social de la partería como una solución transitoria mientras la red de salud llega a los lugares más apartados del territorio colombiano; es decir, dejar de considerarla como culturalmente posible para las comunidades marginadas pero legalmente no aceptada para el resto de la población urbana y rural, que por competencia tiene que ser asistida por el sistema de salud y la biomedicina.

La mayoría de la gente del Pacífico, como en tantos otros municipios alejados del país, ha llegado al mundo de la mano de una partera.


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3.

EL SECRETO DE LAS MUJERES

Desde la época colonial se identifican ciertas prácticas especializadas en el curanderismo negro que hoy se mantienen: parteras, parteros, sangradores para pequeñas cirugías, sobanderos y curanderos de picaduras de culebra. Los saberes construidos y adquiridos por estos especialistas de la población afro se generaron mediante un proceso de observación y experimentación en los territorios donde vivían –la geografía que habitaban, los grupos humanos con los que compartían, los componentes vegetales, animales y el contexto climático–, saberes que han sido practicados y enriquecidos por especialistas que los han resguardado con celo como una estrategia de resistencia y de perdurabilidad a través del tiempo. A la pregunta “¿por qué un conocimiento equis es secreto?”, con jocosidad y malicia se dice “porque es secreto”, allí queda la pesquisa y el conocimiento resguardado. El parterismo se encuentra fundamentado en las tradiciones de larga duración de saberes populares transmitidos oralmente, que varían según los contextos socioculturales y que han resistido gracias al secreto que hace clandestino el conocimiento, lo profundiza y lo circunscribe a ciertas personas, a ciertas redes que restringen el manejo a cierta información y conocimientos específicos, no pueden ser transmitidos tan fácilmente a cualquier persona. ¡Ni siquiera contados! El término secreto plantea varias reflexiones al respecto: no ser divulgado abiertamente y con acceso limitado solo a las personas que hayan recibido un aprendizaje; es posible que el secreto tenga que ver con un procedimiento, con un recurso terapéutico o una intención, según las historias diferenciadas de las mujeres; el secreto también tiene diferentes significaciones: da cuenta del poder, limita el uso de plantas, remedios y prácticas populares a pocas personas especialistas de la medicina tradicional; refuerza la eficacia de lo religioso en la curación; las acciones más relevantes que se revisten de secreto están relacionadas con “la aplicación de saliva”, “rezo de una fórmula mágica o una oración cristiana”, “la invocación de un espíritu tutelar” (Zuluaga, 2003, p.104). Las parteras se han mantenido y han logrado perpetuarse como mujeres de conocimiento y constructoras de tejido social y comunitario en los territorios donde se movilizan al aprender de las vivencias de la vida cotidiana y de las experiencias de vida acumuladas desde su niñez que las va especializando en el conocimiento de las mujeres.

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El conocimiento heredado de abuelas, madres e hijas, sobre el cuerpo y la sexualidad femenina es enriquecido en la práctica, en primer lugar, por la propia experiencia de ser y tornarse mujer –experiencia que es acompañada por las mujeres de la familia y que, además de transmitir conocimientos sobre los aspectos físicos del cuerpo y la sexualidad, comprende los procesos sociales y culturales asociados a este aspecto de la vida–, y, en segundo lugar, por el acompañamiento constante a otras mujeres de su familia y grupos de afinidad en las inquietudes frente al proceso de menstruación, gestación, parto y puerperio que se realizan en las situaciones más diversas y en donde la información sobre el cuerpo femenino y sus “secretos” son develados, discutidos y explicados. Posteriormente, en la adultez, despliegan el rol de líderes que acompañan a las mujeres en los estados del desarrollo vital. Después de entender los secretos y dominar las técnicas para atender bien a las mujeres y sus hijos –lo que puede incluir aprender a plantar y preparar plantas medicinales, a percibir y recrear la armonía y el equilibrio, a usar adecuadamente técnicas tradicionales y biomédicas, entre otros aspectos–, se convierten en mujeres especialistas en los secretos de la esfera de lo femenino. Al tornarse en especialistas, reciben diferentes denominaciones: “parteras”, “comadronas”, “mujeres que ayudan a parir”, “la otra madre de los hijos” –porque ayudan a traerlos a este mundo–, “las dadoras de vida”, “las madres de todos”, “las abuelas de todos” o, simplemente, “doñas”. La mayoría de la gente del Pacífico, como en tantos otros municipios alejados del país, ha llegado al mundo de la mano de una partera. Los contextos económicos, sociales, políticos e ideológicos les aportan los contenidos básicos de un aprendizaje desescolarizado que les plantea muchos retos y desafíos en términos educacionales, al establecer unas relaciones dialécticas en contextos que les exigen apertura mental para aprehender de las representaciones sobre el cuerpo humano y sus estados asociados al proceso de salud y enfermedad en la diversidad y heterogeneidad que reside en los grupos socioculturales –por las brechas generacionales, las adscripciones religiosas, el género, las opciones políticas, entre otros, que contribuyen a crear identidades pluriculturales–, para actuar sobre diferentes situaciones de vida.

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Hoy un gran sector de la población colombiana hace poca conciencia de que en nuestro país convive una tradición milenaria premoderna con la modernidad, en esferas de lo cotidiano y en una negociación permanente de sentidos, que no se ha logrado institucionalizar a través de una política intercultural.


La dinámica precedentemente enunciada tiene incidencias en la diferenciación de saberes y prácticas entre las parteras; diferencias no tanto en la estructura profunda del conocimiento, sino en los elementos necesarios para los procedimientos: Las comunidades que practican este saber no son homogéneas culturalmente, en la medida en que poseen una gran diversidad de experiencias y creencias a nivel regional. Con el paso del tiempo, han desarrollado unas prácticas y hábitos culturales que los distingue como un grupo étnico diferenciado, con sus rasgos identitarios propios, etnohistoria, organización social fundamentada en la trayectoria y estructura de parentesco y paisanaje, y además estructura unos modos y prácticas tradicionales de producción, al igual que el ejercicio de una territorialidad y sus propias prácticas vitales (Motta, 2006; Arboleda et al., 2014). Las experiencias socioculturales posibilitan que el arte de partear siga aún vigente en una tradición que no acaba y que su preferencia sea mayor en los lugares más aislados del litoral; además, que la mujer partera en el Pacífico colombiano siga trascendiendo su práctica de ayudar a nacer la vida hacia una visión que le permite una atención integral con gran responsabilidad sobre lo que sucede a las mujeres, responsabilidad que la provee de cuidados para ella y sus pequeños hijos. El arte de partear es una práctica sociocultural que pide incluir la perspectiva de género para analizar y valorar la posición de la mujer en el contexto, para develar como están organizados los universos simbólicos y los roles se xuales tanto a nivel biológico como a nivel social y cultural, para ponderar el imaginario de subordinación de la mujer puesto que en la interrelación hombre-mujer se mantiene la conducta de ella. Se observa que en la medida que la mujer se convierte en protagonista frente a los procesos de vida con la práctica de partería, es el hombre quien tiene mayores dificultades para acceder a estos espacios prácticos.

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4.

EL ARTE DE PARTEAR La tradición de la partería en el Pacífico es fuerte. Es un saber ancestral que se ha alimentado de la sabiduría africana e indígena y enriquecido con la selva fecunda del Pacífico colombiano: tallos, hojas, bejucos y raíces. Una sabiduría que permanece viva en un grupo de mujeres parteras. (Mora, 2014). El arte de partear es la materialización de la cosmovisión y su vehículo, el mito –vigente, gracias a la tradición oral desde las abuelas y los abuelos– que reafirma la identidad de una concepción sobre el cuerpo humano al respetar su unión con la naturaleza obedeciendo a una lógica que sumerge al ser negro en un mundo naturalizado, al cual pertenece y debe obediencia, a un mundo madre que se debe conservar y tomar como parte de sí mismo (todos somos historia). El arte de partear es una actividad mayoritariamente femenina –en algunos casos masculina– que pone en práctica complejas tramas de significación que se han estructurado en un juego de racionalidades tejidas a través del tiempo con el aporte de las diferentes experiencias de vida, enriquecidas por las representaciones construidas y los nuevos significados derivados de las prácticas que han sido compartidas4. De esta manera, los sentidos culturales alrededor del embarazo y el parto y su ritualización contribuyen al fortalecimiento de las memorias familiares y colectivas de las comunidades afrocolombianas a lo ancho y largo de la geografía del Pacífico colombiano (Arboleda, et al., 2014). Es decir, los saberes que sustentan las actividades realizadas por las parteras, para atender a la mujer en los estadios del ciclo reproductivo, gestación-embarazo-parto-puerperio, y a los (las) recién nacidos (as), fueron adquiridos –además del proceso de enculturación– en la estrategia del “aprender haciendo” al acompañar a las parteras –con más experiencia– mientras ejercitaban su rol. Son saberes empíricos, transmitidos en el contexto del entramado simbólico. Las parteras tradicionales son definidas por La Organización Mundial de la Salud (OMS) como [...] una persona (generalmente una mujer) que asiste a la madre en el curso del parto, y que inicialmente adquirió sus habilidades atendiendo ella misma sus partos o trabajando con otras parteras tradicionales; sin 4

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En la dinámica que asume la partera de poner a prueba sus propias experiencias en el relacionamiento con otras mujeres, parteras y parturientas, ella se enriquece y se afianza, de tal manera que como sujeto y como categoría sociocultural se construye permanentemente en la cotidianidad (Giménez, 2005).


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embargo, se debe incluir la prestación de cuidados básicos a las madres durante el ciclo normal de la maternidad, la atención del recién nacido, la distribución de métodos modernos de planificación familiar y la intervención en otras actividades de atención primaria de salud, inclusive la identificación y envío de pacientes de elevado riesgo. (Du Gas B, 1979) Según la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa), se denomina partera “a una mujer que sin tener estudios ni formación en instituciones técnicas o universitarias, atiende a mujeres en embarazo y neonatos de acuerdo con conocimientos que corresponden al saber ancestral transmitido de generación en generación”. Donde ella iba, allá iba yo. Como las casas eran de chonta, ella estaba en la pieza con la paridora y yo por las hendijas estaba mirando, y fíjese que a mí no se me ha complicado un parto. Yo he sacado mellizos, primerizas, sentados, de pie. […] Nosotras no somos parteras de libro […] es mirando, tocando, analizando, observando cómo lo hace la partera, la viejita que ya no escribe, esa partera no lee, pero esa partera con su conocimiento, con sus manos sabe cuando ese niño está en buena o mala posición y esa partera sabe cómo hay que voltearlo para evitar una cesárea innecesaria. (Mora, 2014) Más que un oficio, “partear” es una actividad que pone a prueba el profundo conocimiento sobre el cuerpo humano femenino y la salud de las mujeres, así como el conjunto de prácticas para garantizar la llegada de los hijos. Es un arte porque trasciende su práctica hacia un proceso de memoria histórica, de resistencia y de empoderamiento, pues trae consigo la riqueza cultural y la sabiduría legada por sus ancestros que contesta y suple las imposiciones y deficiencias impuestas por otras concepciones sobre el cuerpo humano y la salud, hegemónicas en la sociedad colombiana. Partear, es un arte, en la medida que controla la impredecible rudeza del parto, la fuerza de la naturaleza y,

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al mismo tiempo, celebra la delicadeza y la fragilidad de la vida, reconoce la individualidad y cultiva el respeto por cada ser humano que llega a juntarse con nosotros en el mundo que compartimos. Prepara el entorno para poder celebrar el milagro de la vida, y respeta el cuerpo de la mujer, al concebirlo como fuente y como promesa de parir una humanidad mejor. El trabajo de la partera se realiza antes y más allá de la asistencia en el momento del parto, ellas atienden a mujeres embarazadas, bebés ya nacidos, hacen curaciones de ombligo, baños y tomas para las mujeres que se encuentran deseosas de tener hijos y no pueden. Las parteras saben que para traer una vida al mundo se requiere de tiempo, mucha paciencia y mucha energía, y son conscientes de que el momento del nacimiento es rudo. Por lo tanto, ejercen un rol muy importante como educadoras para alejar las ansiedades5, al liderar principios de armonía y equilibrio que permiten refrescar el exceso de frío o de calor, y mantener en equilibrio el cuerpo de la mujer, con el apoyo en remedios naturales elaborados con plantas medicinales – que cultivan en los solares o zoteas6 de sus casas. Hay parteras que acompañan a las parturientas permanentemente y reciben niños a diario, mientras que otras 5

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“Hay cosas importantes en la vida, labrar el camino para hallar el equilibrio social que se ha perdido, o sea, la educación que es respeto hacia los mayores, y quiero que todos ayudemos a hallar el equilibrio social que es lo que me duele en mi tierra[...]” (Voz de partera). Las mujeres siembran las plantas medicinales en las zoteas “[…] separadas del suelo al menos un metro por una armazón de madera […] cuando no se cuenta con una canoa se hace un cajón rectangular con tablas o se colocan macetas y ollas viejas […] se llena con tierra especialmente preparada para ella. Suelen estar detrás de las casas cerca de la puerta trasera al lado de la cocina” (Rojas, 2008, p.271). Zoteas para no sembrar en el suelo que se pudre al empozarse el agua, como sucede con el suelo de la selva, característica que califica a estos suelos como fríos; el agua al salir del cauce y colmatar el suelo pierde su movimiento, se paraliza su movimiento que es vitalidad, el agua se muere y convierte a la tierra en mortal para los humanos y las plantas cultivadas. En la zotea, la tierra tiene un buen drenaje para el cultivo, es caliente, tiene vitalidad y le transmite el poder a las plantas (Losonczy, 2006, p.158).


esperan el llamado de las mujeres gestantes y parturientas para acudir a atenderlas. De esta forma, las parteras asentadas en el Pacífico colombiano, entre saberes milenarios y algunas herramientas proporcionadas por el contexto de la modernidad, realizan sus actividades en medio de entonaciones de canciones; en otros momentos al son de las danzas y bailes tradicionales, poemas, arrullos, alabaos sobre la vida y alrededor del acto humano del nacimiento (Vezga, 2007). No obstante el respeto hacia el conocimiento ancestral de las parteras, hoy en día existe un alto riesgo que estos saberes se pierdan y se olviden para siempre. El cambio del ritmo de vida en las comunidades y la urbanización con todos sus embates han ensombrecido la tradición, a cambio de referentes ajenos y foráneos a las prácticas propias que afectan la identidad cultural; las nuevas generaciones no son atraídas por los especialistas tradicionales. Todo ello contribuye a abrir brechas al interior de las identidades afrocolombianas y, en algunos casos, va afectando el quehacer, sobre todo de las nuevas parteras, que a diferencia de las parteras más antiguas guardan menos tradiciones y mitos que han puesto al servicio de la humanidad. Hoy un gran sector de la población colombiana hace poca conciencia de que en nuestro país convive una tradición milenaria premoderna con la modernidad, en esferas de lo cotidiano y en una negociación permanente de sentidos, que no se ha logrado institucionalizar a través de una política intercultural. Ser partera es una bendición, porque Dios en su infinita sabiduría me delegó a mí para que le diera vida a muchos de los nuestros. El negro es más que piel, es vida, es brillo, es habladera, es bailadera, es comilona y yo María del Carmen he traído a casi ochenta, yo creo, en toda mi vida. (Voz de partera, 2014, p.87) . La partería es una cosa muy linda, muy bella y es un trabajo porque la partería la hacemos con amor por prestar los servicios a la comunidad y a la que lo necesite y a

los niños porque nosotros trabajamos con vida recibiendo vidas que vienen al mundo. El parto tradicional es amor sin condición. (Voz de partera, 2014)

La mayoría de la gente del Pacífico, como en tantos otros municipios alejados del país, ha llegado al mundo de la mano de una partera.

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EL PROCESO DE LOS PARTOS La Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura compartió con EL MUNDO las fases de la labor de una partera tradicional:  1. “Comienza con los adecuados cuidados del cuerpo femenino, incluso desde su primera menstruación, y esto se relaciona con el conocimiento sobre el manejo de los ciclos del cuerpo de la mujer, potenciando o bien la fertilidad o bien su control”.  2. “Una vez se alcanza el estado de embarazo, el acompañamiento busca asegurar el camino, brindando todo el apoyo físico, espiritual, emocional tanto a la madre como al bebé durante el periodo de gestación, previniendo las amenazas y peligros”.  3. “En la fase del alumbramiento, las parteras ponen al servicio de la madre y la nueva vida en camino, todo un saber femenino acumulado durante miles de años, para garantizar que la madre y el bebé no corran riesgos graves”.  4. “Durante la fase del puerperio, el saber de las parteras está dirigido a brindar fortaleza y asistencia a la madre en la lactancia, el cuidado del bebé, así como el de ella misma”.  5. “Una vez han pasado estas fases que son las más delicadas y las de mayor atención, el acompañamiento es más puntual, pero garantizando que se mantenga siempre un vínculo creado tanto con la madre como con el nuevo ser”. Parteras, las manos que dan vida a un Patrimonio  Autor: Daniel Grajales  3 de julio de 2015

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5.

EQUILIBRIO Y ARMONÍA

Todo lo que hay en el mundo circundante que es pensado como un organismo vivo está clasificado en frío y caliente; las plantas medicinales, al igual que los componentes del suelo y el subsuelo, el agua, los animales, los seres extraterrestres, el sol, la luna y las estrellas. No obstante, es gracias al equilibrio y la armonía entre la diversidad de componentes y cualidades que es posible garantizar su perdurabilidad, la vida. Haciendo parte del mundo, se encuentra el cuerpo humano con los mismos componentes y cualidades frío-calor en armonía o desarmonía, de tal manera que la salud del ser humano se procura con la búsqueda del equilibrio, del mismo modo que para la salud del medio ambiente. Todo se encuentra en relación, “es una relación que hay en el entorno, lo uno se liga con lo otro y está asociado al mismo territorio” (Voz de partera, 2014). El cuerpo humano al nacer, según las parteras, trae “un poco de calor y un poco de frío en equilibrio” y es el estado fresco, de equilibrio y de armonía el que dice de los estados óptimos del cuerpo. Son las parteras las que se encuentran ungidas del poder para refrendar la presunción relacionada con las posibles causas que desarmonizan el cuerpo humano, del pautado culturalmente; con ellas, el “parterismo” ha construido un conocimiento experto en las artes de refrescar el calor o refrescar el frío para mantener el cuerpo de la mujer en estado fresco, en equilibrio, porque son los excesos de un estado u otro, los que generan malestares y dolores. En esta perspectiva, las bebidas a base de plantas o “bebedizos” con la calidad de frescos, no solo son útiles para controlar las enfermedades sino para garantizar un cuerpo fresco, como el estado al que se debe llegar a la hora del parto para evitar complicaciones. En coherencia con esta concepción del cuerpo, las enfermedades que asedian a las mujeres embarazadas se distribuyen entre “frías” y “calientes”; al no ser tratadas en su momento, con remedios que equilibren los excesos, pueden generar problemas graves a la hora del parto. “El principio de la eficacia terapéutica de los diferentes elementos de los universos clasificados desde el punto de vista térmico es el del cruce, de acuerdo con la lógica de los contrarios, con el fin de evitar la concentración de lo idéntico. Así, la enfermedad fría requiere remedios calientes y viceversa; sucede lo mismo con la composición del régimen alimenticio que conviene al enfermo” (Losonczy, 2006, p.265).

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Las recomendaciones adquieren cumplimiento estricto desde los primeros meses de embarazo cuando apenas se está formando el feto y se va adaptando el vientre de la madre, hasta el nacimiento y después.

Cuando la humedad del suelo lo permite, las mujeres siembran, en sus “zoteas” o en los solares de las casas, plantas medicinales clasificadas como calientes y otras como frías, reconocidas por todas literalmente como “remedios caseros” que están “a la mano” y cuyo uso es recomendado por las parteras en los tiempos y dosis requeridas, según la situación y el estado de las mujeres. Entre las enfermedades más frecuentes en el estado de embarazo se encuentran: anemia, pre-eclampsia, eclampsia, dolor de cabeza, frío –frialdadpaludismo, tifo, entre otras, que resultan de “disparates” al no tener en cuenta los cuidados y las recomendaciones durante el embarazo y la dieta y, en general, durante las actividades cotidianas, generando riesgos a futuro para la vida de la madre y la criatura por nacer. Las recomendaciones adquieren cumplimiento estricto desde los primeros meses de embarazo cuando apenas se está formando el feto y se va adaptando el vientre de la madre, hasta el nacimiento y después. Entre las plantas frías, se encuentran los canutillos –blanco y morado– (commelina nudiflora, commelina elegans), la linaza (lt. linum), la yerbabuena (mentha viridis), entre muchas otras, utilizadas para curar dolencias de clasificación caliente como las fiebres y dolores de cabeza. El anís (pimpinela anisum), la canela (cinnamomun verum), la manzanilla (cistus ladanifer l.), la nacedera (trichanthera gigantea), la ruda (ruta graveolens), la verdolaga (portulaca grandiflora), entre otras, son plantas calientes usadas para sacar los fríos del vientre de las embarazadas, causados por el consumo excesivo de agua. Entre diversos sectores de la Región Pacífica se dan variaciones frente a los nombres y clasificaciones de la enfermedades y sus orígenes, así como las maneras de tratarlas, pero existe una transversalidad en sus saberes y prácticas ligadas a la concepción del cuerpo humano en la dualidad frío–caliente.

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6.

LA GESTACIÓN

Cuando una mujer tiene 20 días de embarazo va donde mi. ¡Se me ha atrasado el período, no me viene! Bueno, desde allí empiezo a atenderla. Yo le digo, no vaya a tomar, a comer esas cosas: manga viche, a tomar agua fría, no… Yo lo que hago es que cojo esa pringamosa, la guayaba, la espinaca, la zanahoria, el zapallo, la lenteja, la uva de la negrita y la cocino y le doy eso, lo licúo y eso le pongo a tomar en todo su embarazo para qué, para que su niño sea fortalecido y tenga buena salud, sano (Voz de partera, 2014). Desde el vientre, ya uno como partera lo trae sabiendo que va a nacer porque hay que conversar con él, hay que cantarle al niño, hay que ponerle musiquita al niño, y como él viene con un interés de nacer, de ver la luz, entonces él está escuchando (Voz de partera, 2014). La atención que hacen las parteras a las mujeres gestantes -período intrauterino-, tiene gran incidencia en el desarrollo temprano (Mustard, Young & Manrique, 2003, p. 85) porque puede encaminar buenas trayectorias en la salud, el aprendizaje, la conducta y demás etapas del desarrollo del nuevo ser, es decir, que el cuidado y atención a las mujeres gestantes influye en los determinantes de la estructura de la personalidad y la salud física de los niños y niñas a lo largo de sus desarrollos bio-social y cultural. El embarazo es acompañado de comportamientos que debe apropiar la madre para evitar complicaciones. Se recomienda que, en lo posible, no duerma demasiado y realice normalmente todas sus actividades hasta el último momento; de no hacerlo, él crecería demasiado en su vientre y correría el riesgo de provocar complicaciones en el parto, así como de volverse, una vez nacido, perezoso. Se le prohíben las relaciones sexuales desde que se confirma la preñez para evitar el calentamiento excesivo por el contacto con el calor masculino (Losonczy, 2006, p.193). El embarazo es una estado calificado como caliente, supera la frontera del equilibrio entre el frío y el calor, es desequilibrio, es malestar; pero al tiempo es ilusión, es bienestar, es vida en camino, es un estado que se encuentra entre la vida y la muerte7, es el rito de pasaje que toda mujer en edad reproductiva atraviesa y que es sentido o como dolencia o como bienestar, según los contextos familiares. 7

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“La religión en las comunidades negras toma un lugar preponderante al influenciar aspectos de la cosmovisión, como la dicotomía vida-muerte, en la cual la vida […] gira en torno a esta. La religión en el litoral Pacífico revela diferentes aspectos de la vida de las comunidades, expresados en los funerales, nacimientos, partos y acontecimientos especiales por medio de canticos, alabaos, arrullos, danzas y rituales que comenzaron a formar parte de la cotidianidad desde la esclavitud en el siglo XVII, cuando hacían culto a sus ancestros” (Bedoya, 2012, p.279).


[…] la preñez cambia el estado térmico fundamental de la mujer; la vuelve más caliente en la medida en que no pierde sangre. Por lo tanto, el embarazo hace que el cuerpo de la mujer se parezca más al del hombre, considerado caliente y cerrado, sin derrame periódico de sustancias corporales. Pero para evitar un calentamiento excesivo, que sería patógeno para ella y su bebé, la mujer en cinta no debe consumir sino alimentos que estén en la categoría de lo frío o de lo tibio (Losonczy, 2006, p.193). Esta dialéctica hace que las concepciones sobre la salud y la enfermedad entre las mujeres y entre de las parteras en lo concerniente al embarazo, parto y puerperio sean muy complejas. La enfermedad se define como el malestar total, de todo el organismo, que impide a una mujer cumplir con sus labores normalmente; por ejemplo, si la menstruación y el embarazo generan estas restricciones, se catalogan como enfermedades, si por el contrario no producen estos malestares, entonces no son enfermedades. Para el mundo afro del Pacífico, la salud es “estar bien”, poder comer de todo, seguir desarrollando su vida normalmente. En el caso de las madres, que no haya mareos, vómitos y pasmos8; además, no presentar dolencia alguna después del parto, por ejemplo. Durante el último mes de embarazo, cuida de tomarse todos los días una infusión de plantas tibias destinadas a “abrir” su cuerpo y prepararlo para el enfriamiento que sigue al parto y la lactancia; ingiere purgas de aceite de palma, que se supone lavan la suciedad del niño por nacer” (Losonczy, 2006, p.193). Para algunas mujeres hay embarazos felices que las llena de energía y vida; para otras, el embarazo es una enfermedad porque en los meses de gestación se está esperando la vida o la muerte, de ahí que el embarazo se torne engañoso e incierto. Muchas mujeres fallecen en cualquier mes del embarazo, ya sea por una “trama”9 o alguna enfermedad; su curación se logra cuando la mujer da a luz –“se alentó”– y mediante la dieta recupera su equilibrio.

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El pasmo: Aparece cuando la mujer no sigue las recomendaciones dadas después del parto, especialmente la de evitar el consumo de alimentos fríos como pescados, carnes rojas y enlatados, y el “sereno”. Su sintomatología la caracterizan las fiebres altas, dolor de cabeza, escalofríos que “secan” temporalmente a la mujer, entre otros. Ver: Delgado y Calvache, 2006; Bedoya, 2001. Trama: “daño” que se causa a una mujer embarazada, ya sea consciente o inconscientemente para que sufra a la hora del parto. “Un parto difícil puede atribuirse a que la mujer ha sido tramada, es decir, que un enemigo de la paridora ha hecho un rezo para entorpecer el proceso del parto y afectarla a ella y a su hijo. Cerrar con llave la habitación que sostiene la parturienta; cerrar un candado, pensando que esto va a ser dañino para la alumbradora, son hechos suficientes para poner en aprietos a la hembra que está en trance” (Velásquez, 1957, p. 214). Práctica vigente y relatada por parteras y registrada en diferentes trabajos (Gutiérrez, 2013).

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7.

EL MILAGRO DE LA VIDA

Dentro de las comunidades afro, el embarazo es, en general, un estado que genera mucha alegría, pues la llegada de una nueva vida significa también la esperanza de la continuidad y el futuro del tronco familiar. Además, es percibido como un proceso de renovación y fortalecimiento de las relaciones con parientes consanguíneos y afines. Cuando el embarazo demora en suceder, las mujeres buscan a las curanderas para que mediante el apoyo con rezos y oraciones y la toma de bebidas con plantas, se pueda alcanzar la concepción y el embarazo, “el milagro de la vida”; búsqueda que realizan sin importar los costos económicos que pueda traer. Las curanderas “hacen parir”, es decir, facilitan la limpieza de la matriz para restaurarla y fortalecerla, de modo que pueda propiciar la concepción y, así, garantizar el embarazo. Hay curanderas que dedican parte de su oficio a preparar el cuerpo de las mujeres para que ganen la capacidad de engendrar y las acompañan haciendo “sobijos” en sus vientres y a dar consejos para cuando llegue el periodo de gestación. Hago remedios para hacer parir, sí, pero para sacar mujer no. Les doy purgantes10 si tienen la matriz débil […] Matriz débil es que a veces se debilita el cuello de la matriz porque uno haya parido mucho, botado hijos, eso debilita la matriz [...] aquí he hecho tener como a cuatro mujeres hijos cuando no han podido tener y que 10

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En las narraciones de las parteras del Pacífico se encuentra una constante en la preparación del purgante con la planta medicinal galve ~ galde, variando las plantas o sustancias que la acompañan; en algunos casos se cocina en agua con mazorca roja a cuya cocción en estado frío se le agrega sal de frutas y cebada (Burbano, 2001, p.76). “En los purgantes se emplean distintas sustancias, sal de frutas y sal de epsom (que se consigue en las droguerías) coco biche y ciertas plantas medicinales de la selva, entre las cuales se destaca el galve purgante, que en la clasificación taxonómica establecida para el presente estudio resultó ser una especie de Cassia o Senna –género botánico reconocido por tener principios activos purgantes” (Zuluaga, 2003, p.107).

tampoco han abortado, […] yo les doy una botella, pero primero se purgan, yo las purgo con un purgante muy bueno que les saca todo el moco de la matriz, es un purgante que hago yo con plantas medicinales, de esta forma como para sacarle la maldad del vientre a la mujer […] (Voz de partera, 2014). El éxito del saber y las prácticas, de las comadronas, asociadas con la preparación de las mujeres para engendrar hijos, se garantiza por el conocimiento íntimo que tienen con las plantas medicinales y los recursos animales y minerales en sintonía con las necesidades particulares de cada mujer, que se acompañan con rezos secretos. Dicho éxito les da reconocimiento social, y, en algunos casos, genera el reconocimiento de su labor por parte de los equipos de salud de la biomedicina.


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8.

POR UN PARTO HUMANIZADO

El término que se escucha con más frecuencia cuando se conversa con las parteras es el de “parto humanizado”, se reitera y se resalta como uno de los principios éticos: su relación con la parturienta y su familia. “[…] Es esa parte afectiva que la partera le brinda cuando llega el momento en que lo necesita, la partera lo que hace es sentir ese dolor, apropiarse del momento que esa mujer está pasando y todo ese entusiasmo, todo ese interés, toda esa confianza que debe haber para que ese niño nazca bien […]” (Voz partera de Asoparupa, 2014). Fomentar un “parto humanizado” es una de las luchas más importantes de las parteras del Pacífico y un aporte deseable de ser acogido en los programas interculturales de salud porque se fundamenta en la valoración del mundo afectivo y emocional de la parturienta, la consideración de los deseos y necesidades de madre e hijo; también hace referencia a la libertad y el derecho que tienen ellas o las parejas para tomar decisiones sobre el parto, un momento vital y natural en la vida.  Cuando se acerca el “tránsito del parto”, la mujer busca los servicios de la partera “la hacemos entrar, la hacemos sentar, conversamos con ella, se le hablan cosas bonitas […] para que tenga un buen parto, yo le hablo con cariño, aunque las mujeres negras no necesitan de palabras bonitas, somos fuertes […] y después entramos en el tránsito –acompañamiento en el parto–, […] les hablo con seguridad y les informo cómo va el parto… que si salió la cabeza, que si salió un brazo, todo eso porque así le doy confianza […] se le habla a los esposos, que la mujer tiene que ser muy querida, como una flor, y que hay que apreciarla y traer al hijo con buenos sentimientos a este mundo.” (Voz de partera, 2014). “Conmigo saben que van a la fija, ellas conmigo no sufren. Aquí vienen solo las mujeres negras que se sienten negras, ellas familias que se sienten orgullosas de su color y por eso no se les olvida su pasado. No ese de la esclavitud, sino el pasado de cómo vivían nuestros antepasados africanos. Además, yo también soy muy cariñosa con las parturientas, entre mujeres nos tenemos que apoyar. Muchas otras prefieren con una es por el trato, cantidades de

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El “parto humanizado” respeta la medicina y sus avances en casos de embarazos que por complicaciones mayores requieran de procedimientos médicos especializados.

cosas que dice los médicos que una mujer dando a luz la hacen sufrir” (Voz de partera, 2014, p. 86). El propósito del parto humanizado es garantizar el bienestar de la madre, el recién nacido y, por supuesto, la del padre y la familia. Por eso, hay una apertura a recibir conocimientos que ayuden a su cualificación y a establecer relaciones de colaboración con el personal de salud en un ámbito de respeto y ‘colegaje’; lo que se aprecia en los discursos de las parteras es un querer de no resistir, aislar y remplazar el personal de la biomedicina por ellas, como tampoco dejar de lado los programas de promoción y prevención con sus vacunas y procesos educativos, ni desconocer la importancia de la biomedicina con sus diagnósticos y terapéuticas. El “parto humanizado” respeta la medicina y sus avances en casos de embarazos que por complicaciones mayores requieran de procedimientos médicos especializados. Hace oposición a aquellas prácticas que someten a la madre y al hijo a procedimientos de intervención hostiles por lo rutinarios, que no consideran a las embarazadas como personas y transforman su experiencia en una actitud asistencial violenta. La naturaleza del cuidado maternal a cargo de matronas, además de la atención de la salud física de la embarazada, es esencialmente de apoyo; se basa en una relación de confianza, de afecto durante toda la gestación hasta su desenlace, y aún después. Un cuidado personalizado que ayuda a la mujer que está dando a luz sin imponerle una conducta, salvo la que ella siente necesaria realizar, ya sea caminar, sentarse, dormir, comer, realizar juegos sexuales con su pareja, o, simplemente, estar inmersa en una compleja experiencia de tener un hijo, experiencia que tiene implícitos aspectos sexuales, afectivos, físicos, lúdicos y, sin duda, espirituales (Revista de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, 1993, p.36).

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9.

HORA DEL NACIMIENTO

Como partera, a la hora de comenzar el proceso de atención del parto, tengo en cuenta la naturaleza porque como partera nunca utilizaré un químico para dar vida, pues mire que a nosotros nunca nos dieron una pastilla, lo único era arrancar una matica y hacer el agua, la fe en Dios, a todo hay que ponerle la fe, y a los conocimientos recibidos de nuestra madre, que son los mismos de las abuelas. […] Que la mujer esté convencida de querer dar a luz conmigo (Voz de partera, 2014, p. 87). Las mujeres deben tener en cuenta las recomendaciones previas hechas por la partera, relacionadas con los conocimientos y secretos, para que el parto se desarrolle de la mejor manera posible. Las mujeres reconocen que la hora del parto llega cuando empiezan a ser más frecuentes los dolores y las contracciones, momento en que las parteras entran a jugar su rol, ayudando inicialmente al transmitir una sensación de tranquilidad a la futura madre mediante la palabra –a través de consejos– suministrar plantas medicinales –como canela, ruda y yerbabuena, entre otras–, que son elegidas de acuerdo con la experiencia de la partera y a las necesidades de la parturienta. En la Costa Pacífica, la partera es la encargada de realizar el ritual o práctica de los “pringues” que consiste en “pringar” con plantas medicinales a la parturienta en el vientre para agilizar el proceso del trabajo de parto. En algunas regiones del Pacífico centro-sur, se le ofrecen a la mujer sorbos del contenido de la “botella curada”, que ha sido preparada previamente con mezcla de plantas calientes en alcohol. A la botella le tienen mucha “fe” y es muy apreciada por las personas que la poseen; además, la cuidan muy bien porque en ella está el saber y la fuerza mágica de todas las plantas medicinales que están allí mezcladas. Las ayudas medicinales, además de tranquilizar y empoderar a la mujer, contribuyen para que el parto no tarde y se elimine cualquier complicación por maldad, como “la trama”, que haya sido causada en el periodo del embarazo para impedir el parto. El espacio preferido por las parturientas para el alumbramiento es un lugar en su casa, previamente adecuado y desinfectado por la partera. En él, se encuentra con más confianza y no experimenta extrañamientos que puedan inhibir su trabajo de parto; además, allí se encuentra todo a disposición de la partera para preparar los alimentos que considere apropiados para antes y después del parto.

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El baño vaginal de la parturienta es requisito previo exigido por la partera antes de aprestarse en la habitación y en la cama para el parto, donde ambas compartirán este proceso. Las parteras asumen que la responsabilidad del parto la tiene la mujer, los dolores le dan su pujo11 normal y no hay que hacer fuerza; es allí donde se hacen recomendaciones para controlar la respiración. Sus inseguridades deben desaparecer con su acompañamiento, puesto que la inseguridad pone en riesgo la vida de la embarazada y del bebé. Las mujeres consideran que “el parto es el paso de la vida a la muerte”; si todo sale bien, entonces vuelven a vivir. Por eso, cuando las parteras están atendiendo un alumbramiento tienen dos vidas en sus manos. Cuando la partera ve que el bebé va a nacer, se lava las manos, arregla las sabanas limpias, dispone agua hervida en un platón, alista algodón, cuerda, esparadrapo, gasas, guantes, tijeras, pinzas y alcohol, que utilizará en el corte el cordón umbilical del recién nacido. Los instrumentos que han ido desplazando los tradicionalmente usados por las parteras han sido recomendados y donados en las diferentes experiencias de capacitación. Cuando el intervalo entre una y otra contracción se reduce, la partera recomienda a la parturienta que se acueste para observar el grado de dilatación que ha alcanzado y, así, ir determinando el probable tiempo del nacimiento del hijo. Se maneja la constante de nueve centímetros de dilatación –o dedos, como ellas dicen– como el momento del inminente nacimiento. Cuando las contracciones se vuelven ininterrumpidas y son más fuertes, con más dolor, la partera ayuda abriendo campo en la vagina con sus dedos después de cada pujo para facilitar la salida del niño. En el preciso momento que asoma la cabeza del niño, la partera le limpia la nariz y la

boca. En el siguiente pujo, generalmente sale el cuerpo del bebé y, en un corto tiempo, la placenta. Las parteras cortan y amarran el ombligo, limpian el bebé y lo entregan a algún miembro de la familia. Luego proceden a examinar, dar ánimo a la madre y limpiarla. La partera es la que corta el cordón umbilical y recibe la placenta […] será ella la que va sola, sin que nadie pueda verla, a enterrar la placenta y el cordón umbilical, ya sea debajo de la casa, entre los pilotes, ya sea al borde de la selva, preferiblemente bajo un árbol cuyas frutas tengan virtudes astringentes. Dejar el cordón umbilical o placenta en manos de la madre sería darle a ésta poderes mágicos exorbitantes sobre el niño, que lo privarían de cualquier independencia, evitarían que se casara y que a su vez tuviera hijos; en otras palabras, cortaría su acceso a la esfera de la filiación y de la alianza, manteniéndolo más acá del intercambio (Losonczi, 2006, p.194). Después de cerciorarse de que todo ha salido bien, la partera solicita que le suministren a la madre una bebida caliente –casi siempre es chocolate– para evitar que caiga frío a la matriz y se enferme de pasmo. En estas recomendaciones hay muchas variaciones, de tal manera que pueden ser plantas medicinales calientes, y hay casos donde suministran preparados de plantas como “toma seca”12. Así, se contribuye al fortalecimiento de la matriz al tiempo que se va limpiando de coágulos de sangre o impurezas que quedan después de alumbrar. El proceso termina con las recomendaciones que hace la partera para el cuidado de la dieta y del recién nacido. Ellas siguen pendientes de la mujer y del bebé tiempo después del parto, en ocasiones afianzando relaciones de amistad y afecto hacia la materialización de un parentesco ritual.

11 El pujo es la reacción o deseo inconsciente que tiene la mujer en el momento de dar a luz. Cuando son seguidos, se habla de pujos como la dinámica más importante a la hora del parto, ya que estos son los que hacen que el alumbramiento sea más rápido y sin problemas (Voces de parteras).

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Toma seca: Su base es el alcohol de caña de azúcar biche y tiene como ingredientes: clavos, canela, nuez moscada, anís y miel de caña. Tradicionalmente se usa como bebida medicinal por las mujeres que quieren tener hijos o que han dado a luz (Voces de parteras).

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10.

LAS BOTELLAS CURADAS ALQUIMIA DE LO NATURAL Y SOCIAL

La salud de las personas, entendida como “estar bien” y en armonía, se restablece evocando e incorporando las propiedades y cualidades de los componentes del entorno en una perspectiva de integralidad. Entre las estrategias para alcanzar la armonía en dicha perspectiva se encuentra la botella curada, elaborada por hombres y mujeres que hacen parte de la medicina tradicional. Con su conocimiento, seleccionan los componentes y propiedades del entorno –vegetales, animales, minerales– que combinan de acuerdo con una gramática para configurar la eficacia según las necesidades. Luego, los introducen en botellas de vidrio oscuro con alcohol de caña –biche13– para que sus esencias se mezclen en una sustancia que configura una réplica del universo, lográndose así una alquimia de lo natural y lo social en un remedio cuya vitalidad es reforzada por la energía de las oraciones, los rezos, la fe y el secreto del conocimiento ancestral. La selección de las hierbas que se requieren para preparar las botellas curadas debe hacerse en el día, algunas acostumbran a hacerla entre las siete de la mañana y las tres o cuatro de la tarde “las plantas medicinales deben estar despiertas para que su energía este con toda su potencia”. A medida que van reconociendo la planta, la rezan y le piden permiso para recolectarla; luego, la introducen en cada botella según los fines de la preparación. Una vez se alcanzan las plantas necesarias para lograr la efectividad, la botella se completa con aguardiente o biche destilado en el territorio “como solvente para diluir y mantener las plantas” (Zuluaga, 2003, p.108). Dicen las parteras y curanderos que la botella no se puede manipular ni usar su contenido después de haber tenido relaciones sexuales porque esto le roba energía; de tener en cuenta esta recomendación, la botella puede durar hasta un año. El líquido que se va consumiendo se reemplaza con aguardiente, sobre los ingredientes que van quedando en la botella. Un buen curandero –que elabora botellas curadas con plantas, raíces y, ocasionalmente, con partes de animales y componentes minerales– debe renunciar temporalmente a su calidad de cristiano para poder entrar a la selva, no puede evocar ninguno de los santos del panteón cristiano porque puede 13

El biche, bebida tradicional del Pacífico, es elaborada a partir de la caña de azúcar que se corta cuando aún se encuentra biche para imprimirle un sabor diferente a otras bebidas como el aguardiente, luego se fermenta y se destila en alambiques. Es la base de todas las botellas curadas. También se puede tomar solo en su estado destilado como tonificador del cuerpo y para sacar fríos (Voces de parteras).

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provocar enojo de los espíritus de la naturaleza que lo pueden enloquecer, hacer perder y, además, le impiden ver las plantas que requiere. Debe si tuarse en un estado de neutralidad mientras realiza la faena de recolección de plantas –cosa que no requiere hacer el hechicero que trata con espíritus para hacer el mal. Cuando sale de la selva y regresa al espacio de la vivienda lejos de los espíritus, prepara las botellas, según las necesidades, y debe curarlas con oraciones, introduciendo, además, plantas que tienen nombres de santos. Las botellas curadas […] actúan igualmente como un disyuntor entre las diferentes partes del mundo del Pacífico. Aquí se integran y ordenan partes del mundo real físico –como plantas, raíces, minerales y partes de animales– que se unen a los planos conceptuales de la realidad –como rezos, ritos, creencias y manejo del sistema de emociones y mundos no tangibles– al estar inmersos en una base de biche o aguardiente tradicional de la zona. Estos elementos permiten vehiculizar aspectos químicos de los componentes de la botella curada –vegetales, animales y minerales– con elementos metafóricos de la realidad, con el propósito de producir efectos determinados y perceptibles sobre la vida de las personas y las comunidades (Osorio, 2015). Desde la tradición, el nombre que se le da a la bebida medicinal suministrada a las mujeres después de dar a luz, para limpiar el organismo y expulsar la placenta, es el de “Bebedizo”; el nombre con que se le reconoce a nivel nacional es el de “Tomaseca”. Llámelo moda o comercial, pero este es un nombre de ciudad que se le dio para que las personas en las diferentes ciudades de Colombia lo identificaran y así comercializar el producto. La Tomaseca se convirtió en bebida de fiestas y de consumo masivo (Perlaza, 2013). La tomaseca es la botella más usada por las parteras, preparada con componentes que varían de acuerdo a la partera y al objetivo que se persigue. Para guardar las dietas de mujeres recién paridas, se le adiciona cilantro en grano, canela, clavo de olor, anís, borraja, altamisa, alucema, ajenjo y la yerba de la mujer o de la matriz (planta de apariencia similar al órgano femenino). Tiene como objetivo sacar el frío de la matriz; de la misma manera, se prepara para que la mujer quede en estado de fertilidad. Otro tipo de bebida para guardar la dieta y expulsar el frío es el bebedizo caliente con el cocimiento del nacedero, que al momento de ingerirlo se le adiciona miel, aguardiente y azufre en polvo. Para expulsar del organismo toda la sangre mala y evitar los dolores, se hace un cocimiento en agua con la nacedera, la ortiga y la “hierba buenilla”, y se toma; también se dan pringues en la parte baja del abdomen. Las botellas para tratar la frigidez o la impotencia sexual, tanto para el hombre como para la

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Desde la tradición, el nombre que se le da a la bebida medicinal suministrada a las mujeres después de dar a luz, para limpiar el organismo y expulsar la placenta, es el de “Bebedizo”; el nombre con que se le reconoce a nivel nacional es el de “Tomaseca”.


mujer, se preparan con un bejuco llamado para hombre y para mujer. Se preparan para mujeres que no hayan podido concebir, con el propósito de que puedan tener hijos más adelante; se hace la salvedad, si son mujeres estériles desde nacimiento, de nada servirá la toma de estas bebidas (García, 2014). Curanderos y parteras afirman que “hay mujeres que nacieron para criar y otras no”. Entre las botellas que se preparan, se encuentran las que tienen como fin curar el mal de ojo y la mordedura de serpiente, desparasitar, promover la suerte de las personas14, como reconstituyentes o para la debilidad sexual, y hasta para producir maleficio (Zuluaga, 2003); pero la más frecuente en el Pacífico, que es difícil no encontrar en una vivienda, es la botella de amargos, mejor conocida como “botella curada”. Esta bebida se encuentra en el ámbito de la prevención: sirve para mantener el cuerpo protegido contra las enfermedades, las picaduras de culebra y el paludismo y, además, contra el maleficio o mal puesto. Según sus concepciones, afirman que beberla ayuda a mantener limpio el hígado y descargar la bilis. Entre las plantas utilizadas que más se referencian se encuentran el “cedrón”, “la altamisa”, “el venadillo”, “la zarza”, “el canalón”, “el guaco”, “la amargosa”, “el tres dedos”, “el amargo Andrés”, “la Zaragoza”, “el bejuco parreria”, “el bejuco tigre”, “el bejuco del sol” y “el bejuco de la luna”. Estudios en regiones específicas del Chocó biogeográfico sobre la etnobotánica de la flora utilizada en la preparación de “botellas curadas” han reportado hasta 84 especies vegetales, distribuidas en setenta géneros y en cuarenta y cuatro familias (sobresaliendo las familias Gesneriaceae, Piperaceae, Araceae, Labiaceae, Asteraceae y Rubiaceae) (Zuluaga, 2003).

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Las botellas para la suerte y para atraer el amor -queremes- se preparan en lociones perfumadas como el agua de florida, el bay room o la alhucema.

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11.

PLACENTA, OMBLIGO Y TERRITORIO

La placenta como parte del cuerpo del niño, se entierra, “hay que encomendarlo a la tierra. Nosotros venimos de allí y hay que empezar bien con ella”. Se siembra debajo de la vivienda palafítica o frente a un árbol fuerte para que perdure su vitalidad unida al destino del recién nacido15. Así se establece un vínculo real entre ser humano y territorio que no se puede romper. La ombligada16 consiste en colocar sustancias vegetales, animales o minerales en el ombligo del niño recién nacido, se sujetan por un tiempo con una banda de tela alrededor de la cintura –ombliguero–, de tal manera que las propiedades de las sustancias sean asimiladas por el niño. Con esta práctica se busca dar poder y aumentar ciertas capacidades con las que se nace, porque la creencia es que la persona ya trae esas capacidades; funciona a la manera de una magia homeopática como la plantea Frazer (1922, p. 24) y de una eficacia simbólica (Levi-Strauss, 1974) en una dinamización de la continuidad naturaleza-cuerpo humano. Prepara a los recién nacidos para que sus cuerpos cumplan los roles sociales asignados por la cultura –la forma de ombligar un niño define las características de la persona adulta–. En el ritual de la ombligada se integra “[…] un conjunto de signos que entrelazan los elementos y características físicas de la naturaleza con una particular forma de ver, entender y crear cosmos culturales” (Osorio, 2015). El ombliguero, además de sostener las sustancias sobre el ombligo, tiene otras funciones “cuida al niño de todo, de un mal animal que le vaya a picar como hormiga o zancudo, también ayuda a no herniarse, por eso hay que tapar bien el ombligo, porque por el ombligo mal cuidado le resultan muchas enfermedades al niño” (Partera Celia Lucumi en Bedoya 2012, p. 277). Rogerio Velásquez encontró en la Costa Pacífica las siguientes prácticas: 15

Alrededor de la placenta existen varios procedimientos según las subregiones y los fines. La enunciada de sembrarla en el territorio para que los hijos no se alejen del entorno y la otra de entregarlas al río cuando se encuentra “vaciando” sus aguas al mar es una analogía con el vaciado del vientre, la limpieza del vientre de la mujer. (Delgado, Calvache, et al., 2006). 16 La ombligada es una de las prácticas más características de la región Pacífica del Chocó y los diferentes estudios (Friedman, 1989; Ulloa, 1992; Chaves, 1992; Urbina 1993) hacen presumir que procede de la tradición de los indígenas Waunana y Emberá. Urbina (1993) encuentra que la ombligada es “una práctica médica de los indígenas Emberá del Chocó, con la cual se busca potenciar al recipiendario para efectuar de una manera notable una actividad específica. Se trata de conferir un poder o aumentar una capacidad, la fuente de donde se extrae esa fuerza pertenece al mundo considerado en occidente como opuesto al de la cultura: el del animal. Así, lo propio del animal, su fuerza específica y su sentido profundo, puede ser apropiado por el hombre, no a la manera de una cosa que se toma, usa y deja, sino de un emparentarse, de una participación: es entrar en una comunión”.

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[...] “ayudas” que se ponen en la herida (refiriéndose al ombligo), para que el pequeño adquiera poderes especiales. Es lo que llaman ombligar. El oro, lo hará rico; polvos de plumas de pato, lo tornarán gran nadador; polvos de la uña de la gran bestia, lo hará forzudo; polvos de hormigas arrieras, trabajador; rabo de ardilla reducido a polvo, un gran trepador de árboles; baba de anguila, para que no sea aprisionado en la lucha (Velázquez, 1995, p.245). Arocha (1999) describe rituales similares para la Costa Pacífica de los departamentos de Nariño, Chocó y Cauca: La segunda y última ombligada baudoseña ocurre cuando es necesario curar la herida que deja el ombligo al separarse del cuerpo. Como en otros lugares del afropacífico, antes de realizar, el rito los padres tienen que haber escogido el animal, planta o mineral cuyas cualidades formarán parte del carácter del niño o niña y las cuales irán siendo incorporadas a partir de que se esparzan los respectivos polvos sobre la cicatriz umbilical (Friedemann, 1989, p.102). Por esta razón, es usual que, al observar a alguien, la gente trate de inferir cómo fue ombligado. Losonczy para las regiones del Departamento del Chocó, encontró que […] el ombligo del recién nacido no permanece vacío por mucho tiempo; la partera se encarga de inmediato de introducir una sustancia en él, de “ombligarlo”. Esta puede ser de origen animal: uñas de tapir, araña cosida, saliva seca de anguila, huesos de ardilla, de ciervo salvaje o de animales con cuernos, plumas quemadas de pájaros de la selva, pata de conejo salvaje; elementos provenientes de las expediciones de caza del progenitor y de los abuelos paternos y maternos. Pero también puede ser de origen vegetal y provenir entonces necesariamente de plantas con virtudes terapéuticas, incluidas por lo general en la categoría de lo caliente. En los dos casos, la curandera partera debe pulverizarla. Se puede también “ombligar” al niño con polvo de oro o carne seca de un pescado, con agua del río, con el propio sudor de la partera, o también con una planta silvestre de naturaleza térmica ambigua –la “yerba de carpintero”, que se supone transmite una capacidad especial de orden masculino que permite librarse sin daño de situaciones conflictivas. (2006, p.195) Hoy se relatan experiencias de ombligadas con el producto del raspado del árbol más grande de guayacán para que no le falte casa propia en el futuro, y la durabilidad o la morfología recta del árbol se transmitan al recién nacido. A las niñas las ombligaban con el polvo del triturado de plumas para garantizar una buena ama de casa y excelente criadora de gallinas; con limaduras de oro en los ombligos de niños se espera que les llegue la prosperidad y el

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metal aflore con facilidad a la hora de explotar la minería. “El agua viva del río constituye también una sustancia ritual; se utiliza en el rito de nacimiento del “ombligado” del recién nacido, tanto de los niños como de las niñas, los convertirá a todos en buenos nadadores y excelentes navegadores (Locsoncy, 2006, p. 158)17. Estas prácticas concertadas con las parteras eran muy frecuentes en toda la región; actualmente, se han ido perdiendo ante las atribuciones que se les endosan como causantes de enfermedades, entre ellas, el tétano neonatal. En los programas de capacitación a las parteras, por parte del personal de la biomedicina, se recomienda erradicar estas prácticas con el propósito de eliminar factores de riesgo para la mortalidad infantil. La ombligada se practica casi siempre cuando el muñón del cordón umbilical se cae, y puede ser realizada por la partera, por un curandero o por sus propios padres. Se puede ombligar con varios polvos al tiempo, pero siempre con la precaución de usar poca cantidad de cada uno. El ombligado no puede bañarse el primer día y, si fue ombligado con alguna sustancia de origen animal, no podrá nunca comer carne de ese animal porque pierde inmediatamente su efecto. Las parteras utilizan polvo de corteza de guayabo aplicado en el ombligo, pero buscan con esto una acción desinfectante y cicatrizante mas que la ombligada misma […]. (Zuluaga, 2003, p.98) La forma de propiciar la cicatrización del ombligo ha sido, y seguirá siendo por muchos años, de gran cuidado para garantizar la salud del niño. En la perspectiva tradicional, se ha mantenido una continuidad entre la estructura física del entorno y las construcciones conceptuales creadas por la cultura. Seguramente se presentarán adaptaciones para mantener la tradición; no obstante, los cambios que se vienen dando obedecen a la puesta en práctica de las capacitaciones recibidas por las parteras en el hospital, mejorando las condiciones de asepsia y logrando así una disminución notable del tétano neonatal. 17

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Son muchos los ingredientes usados en la ombligada, así como los propósitos, según las regiones y las tradiciones. Ver: Zuluaga, 2003; Losonczy, 2006; Navarro, 1997; Delgado, Calvache, et al., 2006.


12.

PARTERAS Y RELIGIOSIDAD

El sustrato espacial americano que encontraron los africanos y los ibéricos era diferente al de sus regiones de origen. Los componentes del medio, así como las condiciones sanitarias, requirieron de una aprehensión y una significación por su parte, para dar respuesta a los problemas apremiantes por las enfermedades resultado de la inadaptación. Tuvieron que acudir a los conocimientos y prácticas existentes de los indígenas, mientras construían el territorio y se producía el sincretismo cultural en el proceso de adaptación (Triana, 1989). Las narraciones históricas y los estudios sobre la historia de la esclavización, así como de las dinámicas socioculturales (Zuluaga, 2003), demuestran que las tradiciones africanas que llegaron compartían algunas de las características del chamanismo presente en las comunidades de las regiones tropicales del Ecuador “[…] y resulta fácil, entonces, entender la naturalidad con que pudo asimilar el negro los elementos terapéuticos que las culturas indígenas americanas le ofrecieron” (Zuluaga, 2003, p.62). Las cosmovisiones que sustentaron su sistema médico que traían los africanos, ricas en connotaciones religiosas y espirituales, sufrieron cambios por la nueva realidad de conflicto propias de las dinámicas del proceso de esclavitud, tanto en las formas de sus ritos y cultos, como en las percepciones y creencias sobre sus eficacias. De tal manera que se aconseja que los contenidos espirituales de la medicina tradicional afrocolombiana hoy no sean leídos de la misma manera que los originales, para la misma época, del continente africano (Zuluaga, 2003). La estrategia para los negros que en un principio fue de adoptar un nuevo credo religioso –impuesto por la evangelización– como resistencia para resguardar sus creencias, se fue adaptando tras generaciones a nuevos ropajes culturales, reemplazando las figuras de su panteón ancestral por figuras del panteón cristiano (Liberio, 1975; Friedemann, 1986; Zapata, 1989). En los discursos mágicos y rituales que usan las mujeres y hombres del Pacífico para acompañar sus procedimientos terapéuticos se pone de presente su gran fe en las nuevas reelaboraciones religiosas con el catolicismo. Las culturas negras de la Costa Pacífica y, en general, del suroccidente colombiano han elaborado una comisión compleja y sofisticada a partir de un universo religioso integrado al tipo de organización familiar matrifocal dominante en la población negra. El nuevo universo religioso por el que tuvo que pasar el negro fue uno de los cambios más importantes para su vida, ya que al tomar

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conciencia de otra forma de adoración, reelabora sus ritos y creencias de dioses paganos a imágenes de santos y vírgenes católicos. Estos cambios, que se llevaron a cabo en contra de la voluntad de los negros, determinaron el origen de una nueva forma de adoración y ritualización de la religión católica. Los dioses africanos se ocultaron en los santos y vírgenes del catolicismo. Por ejemplo, los negros utilizaron las fiestas católicas como pretextos para celebrar sus propios ritos –en particular el día de los santos (en el mes de noviembre)–, los cuales también consagraban al culto de sus antepasados. (Urrea, 1996, p. 251) Hoy, el pensamiento tradicional que sustenta las prácticas médicas de curanderos y parteras da cuenta de que lo físico y lo espiritual son dimensiones de un mismo universo donde los acontecimientos naturales y los objetos están íntimamente relacionados con Dios y los espíritus ancestrales. Esta concepción integral sobre la naturaleza ha posibilitado, a través de su historia, la convivencia del conocimiento sobre los procesos naturales y el de las plantas medicinales con el poder de carácter mágico o religioso que entrañan ciertas fuerzas colocadas por encima de la comprensión humana (Cifuentes, 1993). Es decir, se pone en evidencia una compleja dialéctica entre factores ambientales y sobrenaturales en los saberes médicos de los negros del Pacífico colombiano para explicar tanto los procesos de salud como los desequilibrios, males y enfermedades. La palabra tejida en oraciones y secretos por los agentes de salud en el momento de los rituales, los procedimientos terapéuticos y todas las acciones encaminadas a recomponer el equilibrio en las personas, son el instrumento para invocar entidades, espíritus y santos. Con la ausencia de la palabra, no se alcanza el éxito. Para el contexto precedente se observa, por ejemplo, que la brujería –como práctica religiosa– a través de la oralidad, posibilita la negociación con las entidades de otros mundos para obtener los diversos favores solicitados y, entre estos, se encuentran los relacionados con el buen desarrollo de la maternidad-fecundidad-procreación (Urrea y Vanin, 1993). La religión y la medicina tradicional configuran una dinámica dialéctica que apoya la práctica de las parteras. Las parteras, en los diferentes procesos de su arte de partear, evocan la ayuda divina de santos o vírgenes para empoderar su conocimiento y práctica en la eficacia de sus procedimientos, pero también para alcanzar creatividad e innovar en sus técnicas para superar las complicaciones. De tal manera, cuando un parto se encuentra con dificultades, es cuando más visibles se hacen las

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El pensamiento tradicional que sustenta las prácticas médicas de curanderos y parteras da cuenta de que lo físico y lo espiritual son dimensiones de un mismo universo donde los acontecimientos naturales y los objetos están íntimamente relacionados con Dios y los espíritus ancestrales


oraciones y rezos secretos –ininteligibles18– para que el parto se facilite; entre los obstáculos que dificultan el nacimiento puede estar algún tipo de maleficio19, como la trama. […] yo me encomiendo a San Benito y a la Virgen del Carmen. Yo rezo oraciones normales y me encomiendo a la virgencita, y a San Benito, porque yo oía a mi abuela, que ella decía que siempre cuando estaba en embarazo se encomendaba a San Benito. Ella rezaba, ella decía “que lo que libre a uno de todo mal y de todo peligro”, y que a la hora de su parto que lo guarde y que sea su día de uno y que cuando se está aluzando se le pide que estén con nosotros. Se le pide de todo corazón a San Benito, a uno, le reza que lo libre de los malos espíritus, así se le pide. (Voz de partera en Bedoya, 2012, p.281) Entre las invocaciones por las parteras se encuentran la de la Virgen del Carmen; se hace con oraciones secretas en el momento en que se inicia el proceso de parto para sortear los obstáculos que se le presenten, para agilizar el parto y preservar a la mujer de cualquier acto mágico mientras se desencadena el parto. Mientras que para rememorar su sabiduría y ganar fuerza y confianza a la hora de acompañar el parto, el santo que se invoca como guardián es San Ramón, que en un buen sector del Pacífico es considerado como el patrono de las parteras y parteros. Los santos exhortados por las mujeres gestantes a la hora del parto son San Bartolomé –Bartolo– y San Benito. El primero, para que las llene de fuerza y permita aligerar las contracciones, facilitando así el parto, aunque haya eventos mágicos y tramas que estén causando dificultades. El segundo se invoca para que intervenga en el éxito del alumbramiento y, sobre todo, garantice la salud del o de la recién nacida y un buen futuro para la madre.

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Hacer ininteligible la oración es una estrategia para que no se divulgue en la comunidad y no pierda la efectividad, solo ellas deben saberlas y rezarlas; el que la oración sea aprendida por la gente, la vuelve profana. Narran las madres, que ellas también conocen de oraciones secretas que rezan en el momento del parto para que todo salga bien, y que aprendieron de madres y abuelas. 19 Los actos mágicos hacia la mujer embarazada se realizan con la intencionalidad de demorar el parto, hacerlas sufrir al incidir en la retención de la placenta. “Un cambio de los maderos que se consumen en el fogón de la casa donde yace la enfermedad; cerrar un candado, pensando en que esto va a ser dañino a la alumbradora […]” (Bedoya, 2012, p. 281). Para disolver la efectividad de la magia, se invocan ayudas a través de oraciones a San Ramón Nonato, abogado de las que paren, o se implora la bendición de San Francisco, que dice: “El Señor te guarde y bendiga y vuelva a ti su rostro. El señor haga de ti misericordia y te de paz. El señor a ti (nombre de la persona) dé su santa bendición. Amen” (Velásquez, 1955, p. 214).

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13.

EL PUERPERIO Y LA CONTINUIDAD AFRO

Estas mujeres jugaron un papel muy importante en la construcción de nuestra cultura: por un lado, se negaron a ser asimiladas por la cultura del amo y, por otro, reconstruyeron la identidad y diversidad étnica y cultural que hoy nos caracteriza […] La mujer negra guarda y trasmite las creencias y tradiciones de nuestra etnia, […] ella es el núcleo del aspecto ideológico de nuestro pueblo: es quien reza, canta, observa, prevé el futuro; es la equilibradora de lo divino y lo humano, lo caliente y lo frío. Es quien posee la “malicia” y la del “sexto sentido”, […] es la mensajera cultural (Mena, 1993, p. 90-91). La relación que se establece entre la madre y la fecundidad, el embarazo, el parto y el cuidado del niño está determinada por códigos sociales que, pese a la inserción de los nuevos modelos, se han mantenido en las comunidades del Pacífico. Si la mujer existe e importa es, ante todo, como madre que inicia con el embarazo reafirmando su esencia e identidad femenina. La mujer convertida en madre consolida su rol en la reproducción biológica y es responsable de la continuidad cultural del mundo afro. La cotidianidad afro colombiana, además de mostrar la alta responsabilidad de las mujeres con el trabajo reproductivo y la crianza, despliega un proceso de socialización con sus hijos e hijas según los patrones culturales. La mujer demuestra el compromiso cuando asume las responsabilidades con su puerperio, etapa después del alumbramiento, que se encuentra custodiada de prolíficas y variadas recomendaciones con el propósito de garantizar la vida de la madre y la futura descendencia. Una mala dieta y un puerperio mal cuidado puede dejar secuelas para el bienestar de la mujer, puede provocar la esterilidad y, en casos extremos, hasta la muerte. Cuando las mujeres recién paridas no se cuidan durante la dieta, o cuando durante el periodo menstrual están expuestas al frío o deciden bañarse con agua de la llave o ventilarse en la noche o abrir la nevera, pueden padecer el “pasmo” que se identifica porque sienten dolor de cabeza, frío en la espalda, cólicos muy fuertes y, a veces, vomito. En caso extremo, las manos y los pies comienzan a perder movimiento. Para la cura preparan un cocimiento con ruda (ruta graveolens), manzanilla (Matricaria Chamomilla), borraja (Borago officinalis), poleo (Mentha pulegium), hierbabuena, canchalagua, clavos (Jussiaea peruviana) y canela (Cinnamomun zeylanicum) al que se agregan panela raspada –cuando se baja del fuego– y se le da a beber caliente a la mujer; luego, la envuelven en una cobija para que sude y la persona comienza a reaccio-

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nar. Si tiene un tronco de pasmo malo en la sangre, éste consigue salir y la persona se cura de inmediato. (Burbano, 2001) El puerperio es un estado frío que requiere de una alimentación adecuada, esencialmente caliente, con el fin de restaurar el equilibrio en la mujer hasta lograr su estado fresco. La óptima salud por el resto de su vida, afirman las parteras, depende de la alimentación en este período. Estas construcciones culturales sobre el riesgo motivan a que las mujeres “recién paridas” sigan al pie de la letra los consejos recibidos de madres, abuelas y parteras en lo que refiere a prácticas alimentarias y de cuidado en general. Son innumerables las recomendaciones realizadas en el proceso de posparto por parte de las parteras y comadronas, y estas varían dentro de las diversas subregiones del Pacífico. A pesar de esta gran variedad, aquí se registran algunas de las más comunes en toda la región: Evitar el baño de todo el cuerpo antes de ocho días después de haber nacido el bebé, para que no caiga el frío a la matriz. No exponerse a corrientes de aire y ambientes fríos para alejar los resfríos y, así, impedir el “pasmo”. Entre los alimentos permitidos, por ser calientes, se encuentran: chocolate, gallina, arroz, hígado, verduras, granos, algunas clases de pescados como gualajo y ñato. No tener en cuenta la alimentación durante la dieta, además de impedir llegar al estado fresco de equilibrio y armonía, puede llegar a favorecer enfermedades comunes como los conjuelos 20, pasmos, entuertos21 y hemorragias22, que deben curarse con plantas medicinales recomendadas por parteras y curanderos.

20 Conjuelos: enfermedad producida por consumo de carnes provenientes de animales prohibidos en la dieta, como el bagre, tortugaña o tortuga de agua, pate burro, entre otros. Ellos aprovechan la debilidad de la matriz postparto y se desarrollan dentro de su organismo. “Durante los 40 días de dieta, la madre también debe abstenerse de consumir alimentos como la barbeta, el bagre, la pelada, el toyo y animales de monte, porque se cree que si durante ésta época ella ha quedado nuevamente embarazada, el hijo que está esperando no completará los meses de gestación al ser devorado por unos animales llamados ‘conjuelos’” (Delgado y Calvache, 2006, p. 241). 21 Los entuertos –según las parteras– son coágulos de sangre que quedan en el útero después del parto, los cuales se pueden manifestar como cólicos a los días siguientes. 22 Las hemorragias se presentan generalmente en los primeros 15 días después del alumbramiento, se desencadenan por una mala fuerza que haga la mujer o por alguna rabia.

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14.

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CONOCIDAS Y SIN RECONOCIMIENTO

Las parteras se desenvuelven dentro de un campo simbólico que se comparte en el contexto de su grupo –reciprocidad cognitiva– y que permite que las mujeres y futuras madres se encuentren en confianza con ella a la hora de su acompañamiento en los diferentes momentos del ciclo reproductivo –gestación, parto, puerperio–. Esta simbiosis contribuye al éxito de “recibir la vida” y, por supuesto, al respeto y reconocimiento de su autoridad como partera por parte de la comunidad. El éxito y el reconocimiento de las parteras reside en la relación de familiaridad entre la partera y la comunidad, donde se presenta una comunicación permanente entre los saberes aprendidos a través de la red de mujeres especialistas en su campo y las experiencias y saberes que se expresan y circulan en la cotidianidad. De esta manera, se hace tránsito por las dinámicas culturales que ponen en juego: principios de vida, valores ancestrales, usos y costumbres aprehendidos de generación en generación, que suelen ser generalmente valorados por los miembros de las comunidades de acuerdo con tres aspectos significativos, como son: facilidad de acceso, bajos costos y calidez en la atención de las parteras hacia las mujeres gestantes. (Arboleda et al., 2014, p. 10) La partera es una mujer reconocida con honores en su comunidad por las diferentes labores que le presta. Es como una matrona que se le respeta. Es un honor que la misma gente le da porque realiza una labor que la gente necesita, “por esos niños que están creciendo que fueron atendidos por esa mujer […] anteriormente decían, allí va mi madrina, mi tía, […] se impactaba tanto esa amistad de la partera con esa familia y ese niño crecía con ese respeto, con ese afecto a la partera” (Voz de partera). Con respecto a los agentes de salud local, entre los que se encuentran las parteras, varios autores, y entre ellos Menéndez (1981), coinciden en afirmar que el reconocimiento, respeto y éxito en su labor con la comunidad se debe a tres características fundamentales: el afecto, la familiaridad y el soporte en el desarrollo de actividades domésticas en los comienzos del puerperio. Con respecto a la primera, es de gran importancia la relación de afecto que genera confianza y reduce la ansiedad, situación contraria a la que viven en el espacio de los servicios médicos institucionalizados. La familiaridad implica un conocimiento de contexto por parte de la partera en cuanto a reciprocidad étnica porque comparten costumbres respecto a la práctica del parterismo, también permite conocer las necesidades de la parturienta. La tercera consiste en el


apoyo que se da a la partera en actividades del mundo doméstico mientras el trance del parto a puerperio. Las parteras, reconocidas y respetadas en sus comunidades por su labor, no gozan del mismo reconocimiento por parte de la biomedicina: “una parte de la sociedad desconoce nuestra profesión y no reconoce la sabiduría que tenemos porque somos mujeres pobres, negras y analfabetas” (Voz de partera). Es un saber que comúnmente se califica –por fuera de los contextos donde hace presencia– como mágico, fantasmal y misterioso. Esta calificación es motivada porque se expresan en otros lenguajes que dan cuenta de otras maneras de conocer –otras epistemes–, de una “ciencia de lo concreto” (Lévi-Strauss, 2003) y, en tal sentido, diferente a la lengua de la ciencia; por esto, se juzgan de imprecisos en su lenguaje y ambiguos en el uso de técnicas y recursos (Navarro, s.f.). En estas otras epistemes se encuentra el soporte para actuar celosamente sobre lo establecido con respecto a las dinámicas del sexo y la procreación, y es el ámbito donde se han mantenido las redes de parteras que ratifican los “secretos de las mujeres”. Fueron rechazados por la ciencia oficial que se negó a reconocerlos. Y aunque la medicina de las mujeres curaba y ayudaba, estos saberes se quedaron al margen (Segura Graiño, Cristina, 1995, p. 53 en Segura, 1995). Este tipo de valoraciones desconocen que vivimos en un mundo pluricultural en el que existen diferentes maneras de construir el cuerpo humano y como tal requieren de otras maneras de interpretar sus dinámicas y transformaciones. Además, que estos conocimientos evolucionan, es decir, se reordenan y ajustan de acuerdo con las experiencias vividas. No todos los partos son iguales, con cada parto se viven nuevas situaciones que al sortearlas con éxito entregan nuevos conocimientos y prácticas que se suman para sus futuras intervenciones como partera. Las asociaciones y redes de parteras del Pacífico colombiano se han encargado de mantener vivas las redes tradicionales –sin mucho apoyo del Estado– y, a partir de la formalidad jurídica, han logrado propiciar nuevas relaciones con otros saberes de partería a lo largo y ancho de Colombia, en regiones aisladas y necesitadas, así como de América latina. “La tarea no es fácil, desde la medicina occidental se nos mira de reojo”. Mediante sus organizaciones, se han mantenido unidas para continuar alimentando sus raíces, fortaleciendo y fomentando la tradición para ganar espacios ante el reconocimiento de algunos miembros del personal de salud

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que han valorado el rol de parteras dentro de las comunidades. Una de las asociaciones nace, precisamente, de […] una capacitación en el hospital Regional, de ese tiempo, promovido por un ginecólogo que trajo casos donde dijo que a las parteras hay que capacitarlas. Pero, ‘por qué capacitar parteras cuando nosotros como médicos estamos aquí’. Entonces él dice: no, si nosotros no las capacitamos estamos buscando si…hagan daño; hay que capacitarlas porque ese es un apoyo que vamos a tener nosotros como médicos […]. Reconozco el beneficio de tener una partera debidamente entrenada, que tenga buena comunicación […], ustedes saben, las parteras hacen parte esencial de la familia y la comunidad […], eso para nosotros es grato porque nos brinda seguridad en que puede llegar oportunamente y con toda tranquilidad a las casas, e identificar esos factores de riesgo que ancestralmente ellos conocen; pero, segundo, ¿qué estamos buscando ahora? que los obstetras les transmitan para que puedan atender rápidamente, para que puedan reanimar los niños oportunamente y, tercero, para que sepan controlar los sangrados (Voz de médico). En los encuentros con las instituciones de salud, las parteras han afianzado protocolos de atención: […] no se debe atender un parto sin que esa parturienta haya hecho un control prenatal, eso es indiscutible, a no ser que sea un parto expulsivo que no deja otra opción que recibir al bebé, […] de lo contrario, hay que estar muy pendiente [sic] que ella haga el control, que lo haga con el médico o con la partera, uno está acompañando, viendo qué está pasando con ese control, cómo es el resultado de esos exámenes y, de acuerdo a eso, uno dice, bueno, sí puedo atender el parto […] Es una diversidad cultural reconocida constitucionalmente con todas sus connotaciones, no obstante, el Ministerio de Protección Social no reconoce la partería como una práctica médica que se debe vincular en una estrategia de salud intercultural. Hay narraciones de casos sucedidos en Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud –IPS– que cuentan que a las parteras que acompañan a las parturientas, a punto de dar a luz, se les ha negado el ingreso. Sin embargo, dada su responsabilidad ética con la futura madre, se hacen pasar por auxiliares de enfermería. Cuando un niño es recibido por las manos de una partera, todavía no se reconoce su testimonio para declarar su nacimiento y expedir el registro que lo hará ciudadano. “Vale más la firma de un doctor de paso, que la caricia amorosa y sabia de una mujer que con sus manos saluda la vida”.

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Reconozco el beneficio de tener una partera debidamente entrenada, que tenga buena comunicación […], ustedes saben, las parteras hacen parte esencial de la familia y la comunidad […]


“Estamos en la búsqueda del reconocimiento de esta labor en el Sistema General de Salud. Uno de los sueños que tiene Asoparupa es que podamos avanzar en todo eso integrado con la medicina occidental”. Este requerimiento se hace perentorio si se tiene en cuenta que la atención de salud se concentra en las cabeceras municipales y se reduce o ausenta en las zonas rurales, donde se encuentra la mayoría de la población. Esta se localiza de manera dispersa a lo largo de los ríos, con un único medio para movilizarse a través del transporte fluvial de alto costo por los precios del combustible. Frente a la necesidad de una atención médica inminente, a este contexto se le suman grandes distancias y tiempo para una movilización urgente que pone en riesgo la vida de las personas. Una respuesta alternativa a esta realidad presente en todo el litoral Pacífico colombiano es el empoderamiento y apoyo a las parteras que se encuentran presentes en las zonas rurales para el adecuado control de las mujeres embarazadas y las referencias oportunas; las parteras representan casi la única alternativa de salud existente en estos lugares. “Es necesario cuidar a las parteras tradicionales, pues pocas personas concentran al mismo tiempo tradición, salud, vida, comunidad y diversidad cultural; las parteras son realmente un patrimonio intangible de la humanidad” (Voz de partera, Asoparupa). El acompañar el nacimiento es un acto político de vida, ya que es un acto humano que se da de mujer a mujer y, por lo tanto, existe un discurso implícito que se relaciona con el dolor, el sufrimiento y el desarraigo que implican dar vida. Quien entiende la importancia de este oficio insiste en que preservar la práctica de la partería ancestral en la comunidad negra se constituye en una manera de visibilizar las comunidades en términos políticos y culturales (Samboní, 2014, p.31).

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15.

ITINERARIOS TERAPÉUTICOS QUE SIGUEN LAS MUJERES

La utilización de varios saberes y prácticas médicas, o su combinación tanto por las personas enfermas como por los diferentes agentes de salud, es un complejo resultado de adaptaciones o discontinuidades, que, para las primeras, permiten mantener o no elementos que definen las identidades culturales de las poblaciones y, para los segundos, permiten la reconfiguración de componentes de eficacia simbólica, en medio de una dinámica de ajuste y desajuste, de incorporación de nuevos elementos que aporta la globalización –con sus valores de progreso y cientificidad– en distintos aspectos de la vida cotidiana, entre ellos la salud. En realidad se trata de un proceso múltiple o plural, a veces con elementos fragmentados de representaciones, diagnósticos y terapéuticas de diferente procedencia cultural, pero que a la vez se van construyendo o integrando en nuevas prácticas culturales alrededor de la salud y la enfermedad. En el caso del Pacífico, el discurso de las parteras es permeado por el discurso de la biomedicina y las medicinas alternativas pero también de las medicinas caseras. Por otro lado, los agentes en el campo de la salud institucional se sienten impotentes frente al influjo de otros saberes y prácticas de salud desde la población usuaria de los servicios médicos; se presenta un desbordamiento respecto a los límites del conocimiento rigurosamente positivo, en un juego de poder que los obliga a incorporar elementos de esos otros saberes en procura del reforzamiento de las eficacias simbólicas. Ya ubicados en el ámbito de las personas, es posible prever que, detrás de sus itinerarios en busca de solución a sus problemas de enfermedad, no solo se encuentran universos simbólicos en comunicación intercultural, resignificaciones permanentes que descodifican y recodifican los eventos orgánicos y no orgánicos de los cuerpos, sino también sus deseos, pasiones y trabajos. El recorrido por los itinerarios terapéuticos de las personas está precedido de formas de clasificar las enfermedades y sus causas –al menos de parte de ellas–, en correspondencia con las diferentes concepciones sobre el cuerpo, la salud y la enfermedad, que a su vez se cruzan y se hibridan unas con otras. ¿Por qué se recurre primero a determinado “agente de salud” y luego a otro? ¿O, simultáneamente, a dos campos de saber y prácticas curativas distintas? ¿Qué tienen que ver estas opciones con el contexto de comunicación intercultural permanente entre universos simbólicos diferenciados sobre el cuerpo, la salud y la enfermedad?

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A las anteriores preguntas, podríamos agregar: ¿cómo están construidos estos saberes y prácticas curativas, qué tipo de conocimientos constituyen y cómo podemos acercarnos a ellos para establecer relaciones fructíferas en el campo intercultural? ¿Cuál es la eficacia en procesos de cambio o por fuera de los grupos que producen estos saberes? ¿Cuáles son sus procesos de reproducción (las transformaciones, formas híbridas, aprendizajes, apertura de nuevas modalidades, etc.)? ¿Cómo participan los saberes y prácticas curativas en la dinámica de creación, fortalecimiento o debilitamiento de identidades en el contexto afro-colombiano? ¿Cómo enfrentan el surgimiento de nuevas enfermedades en el contexto de nuevas relaciones sociales? ¿Cómo están ingresando estos saberes en el mercado? ¿Qué tipo de poblaciones los utilizan? ¿Cuáles son las estrategias de relación con los procesos de globalización y los procesos de desarrollo? El itinerario que siguen las mujeres en el Pacífico colombiano es posible gracias a un mundo pluricultural donde coexisten diversos saberes y prácticas médicas sustentados en diferentes concepciones sobre el cuerpo humano, producto de diversas formas de aprehender, significar e interpretar las realidades. De tal manera que entre ellas y en su reconocimiento de sus límites y posibilidades, se posicionan como alternativas y complementarias para la solución a las dolencias, de acuerdo con las expectativas de los miembros de los diferentes grupos socioculturales. En esta perspectiva, las comunidades del Pacífico cuentan con una doble posibilidad para encarar el proceso de embarazo, parto y puerperio: la biomedicina y el parterismo, representado principalmente por las parteras. “Nosotros sabemos cuándo un hijo puede nacer en la casa y cuando es de clínica” (Voz de partera). El hecho de escoger a una partera para acompañar la parturienta y atender el parto está determinado –para muchas mujeres– por el hecho de encontrarse en un lugar ausente de servicios de salud; de ahí que no tengan acceso a una atención obstétrica básica, lo cual conlleva a que busquen atención inmediata de una partera tradicional. Estas continúan desplegando un trabajo importante en las diferentes comunidades rurales y urbanas en condiciones de vulnerabilidad –comunes en el Pacífico colombiano–, a pesar de las dificultades ante la ausencia de apoyo institucional y logístico, producto del no reconocimiento de sus prácticas ancestrales. Empieza a ser frecuente que tanto el personal del hospital como las parteras exijan, como requisito para la atención de una mujer en el momento del

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Preferir la partera es aislarse de los contextos fríos e incómodos, tanto de infraestructura como de relacionamiento social

parto, que se haya realizado controles desde el mismo momento en que quedó en embarazo, de tal manera que se puedan conocer antecedentes de la mujer y el estado del niño al momento de ser atendida. Cuando no se demuestra su asistencia a controles, se inhiben de asistir al hospital y buscan parteras que las asistan bajo su responsabilidad. Cuando las mujeres embarazadas están cerca a las instituciones de salud, se mueven entre la atención de las parteras y el control de la biomedicina; pese a haberse decidido por la atención del parto por una partera, ellas se inscriben en los programas de control prenatal en el hospital para asegurarse de que su embarazo transcurre de manera normal y que son poseedoras de un buen estado de salud. Este itinerario entre dos paradigmas las prepara para asumir los riesgos que imponen las características de la región, entre ellas, la eventualidad de no llegar a tiempo al hospital o que la partera sufra demoras en su llegada a casa para su atención. Cuando una mujer desea tener un hijo, dar a luz con una partera –como fue mi caso–, lo decide por dos razones; primero, yo lo decidí porque tenía en ese entonces mucho miedo al hospital, miedo a que me regañaran, miedo a que me gritaran y que no me atendieran con esa dedicación y esa solidaridad que yo veía que me había atendido durante el proceso de control. Mi partera, mi abuela, a pesar de que asistí al control técnico del hospital, ella siempre estaba pendiente de sobarme la barriga […], de tomarme el agua para el frío. (Voz de una madre) Con frecuencia, las mujeres que asisten como parturientas a los programas de control del embarazo en las Instituciones Prestadoras de Servicios – IPS– narran experiencias negativas por dificultades en la comunicación con el personal de salud, que tienen que ver con la secuencia de los procedimientos para acceder al programa y el lenguaje médico y corporal. Esto da cuenta del desconocimiento de las realidades sociales y sus sistemas médicos tradicionales por parte de las personas de la institución y del desconocimiento de las comunidades sobre la cultura organizacional de las IPS. Preferir la partera es aislarse de los contextos fríos e incómodos, tanto de infraestructura como de relacionamiento social. “Los hospitales son fríos e incómodos”, “el trato del personal no es amable e impiden el acompañamiento de la familia”, “no dejan hablar” se privilegia la narración del paciente y “preguntan cosas que no se entienden”, no se escucha y se desconocen las representaciones de las enfermedades con sus prácticas y creencias; además, no se tiene paciencia con el proceso de parto y “deciden hacer cesáreas sin necesidad”.

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El itinerario también es desplegado ante el reconocimiento de los límites y posibilidades de uno u otro saber; se reconoce que es necesario el control en el hospital ante ciertas complicaciones de salud presentadas al inicio del embarazo para las cuales no hay respuesta por parte de los saberes de las parteras. En el caso de aparición de dolores en “la barriga” de la embarazada porque el feto se ha amañado y encajado en algún lugar del vientre, se acude a los sobijos, que son prácticas que realizan las parteras para arreglar el feto –práctica que también realizan para que la embarazada se relaje un poco y adquiera mayor seguridad. La identificación del sexo antes del nacimiento es de gran importancia para las mujeres embarazadas porque pueden asumir una mayor avenencia con su hijo(a). Cuando no es posible hacer la identificación desde la biomedicina porque en el hospital no hay el servicio de ecografía, las parteras logran la identificación del sexo mediante variadas estrategias relacionadas con la semiología que construyen alrededor de las formas y tamaños que asumen las “barrigas”, o de señales que aparecen en éstas y en su rostro. Si se hace visible una raya ancha y negra en la barriga es porque viene en camino una niña; si la raya que se aprecia es delgada y clara, va a llegar un hombre. Logran también la identificación del sexo mediante las sensaciones que se transmiten al sobar la barriga, “haciendo sobijos”. Para las parteras es importante que sus vaticinios sean certeros porque ello las posiciona y legitima dentro del cuerpo social. Las parteras han cambiado los instrumentos tradicionales para la atención de partos; usan las tijeras, el cordón de plástico o las pinzas, las sábanas, los guantes de látex. En mejores condiciones de asepsia pero dicen que “su labor sigue siendo igual”; no van a cambiar su entrega y afecto en los momentos del cuidado y atención de las mujeres en su período de gestación-parto, y mantienen sus saberes y prácticas que han permitido que todo les haya salido bien a través de los años.

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GLOSARIO sandra carolina Portela García

Hugo Portela Guarín

INVESTIGACIÓN Y CURADURIA

ASISTENTE DE INVESTIGACIÓN

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Alentarse: “se alentó”, cuando la mujer logra dar a luz. Alumbramiento: resultado final del parto, cuando el niño o la niña nace. Armonía: el cuerpo humano al nacer, según las parteras trae “un poco de calor y un poco de frio en equilibrio” y es el estado fresco, de equilibrio y de armonía el que dice de los estados óptimos del cuerpo. Apartiada: El proceso de atención de parto que efectúa la partera a la mujer gestante. Es un término usado por las parteras de Buenaventura y el Pacífico colombiano. Bebedizo: es la elaboración que hacen las parteras con hierbas para darle a tomar a las gestantes para favorecer el proceso de parto. Biche: bebida tradicional del Pacífico elaborada a partir de la caña de azúcar que se corta cuando aún se encuentra viche para imprimirle un sabor diferente a otras bebidas como el aguardiente, luego se fermenta y se destila en alambiques. Es la base de todas las botellas curadas. También se puede tomar solo en su estado destilado como tonificador del cuerpo y para sacar fríos. (Voces de parteras) Botella curada: Se denomina a preparaciones medicinales en botellas, que hacen hombres y mujeres de la medicina tradicional según las necesidades. Seleccionan componentes y propiedades del entorno –vegetales, animales, minerales-, luego los introducen en botellas de vidrio oscuro con alcohol de caña -biche- para que sus esencias se mezclen para lograr un remedio cuya vitalidad es reforzada por la energía de las oraciones, los rezos, la fe y el secreto del conocimiento ancestral. Brujería: la brujería es una practica que a través de la oralidad posibilita la negociación con las entidades de otros mundos, para obtener los diversos favores solicitados y entre estos se encuentran los relacionados con el buen desarrollo de la maternidad-fecundidad-procreación. Conjuelos: es un mal producido generalmente por el consumo de carne proveniente de algún animal prohibido en la dieta, como es el caso del bagre, tortugaza o tortuga de agua,

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pateburro, entre otros, los cuales aprovechando la debilidad con que queda la matriz, después de haber parido, se desarrollan dentro de su organismo. Cruzado: es el parto difícil porque las gestantes no han tenido en cuenta las recomendaciones y han realizado actividades que van en contravía con las tradiciones socioculturales. Disparates: se llama así a los comportamientos que no tienen en cuenta los cuidados y las recomendaciones durante el embarazo y la dieta, y en general durante las actividades cotidianas, generando a futuro riesgos para la vida de la madre y la criatura por nacer Entuertos: denominación usada por las mujeres y las parteras cuando se manifiestan cólicos a los días siguientes del parte causados por los coágulos de sangre que quedan en el útero después del parto. Enterrar o sembrar la placenta: La partera va sola sin que nadie pueda verla, a enterrar la placenta y el cordón umbilical, ya sea debajo de la casa, entre los pilotes, ya sea al borde de la selva, preferiblemente bajo un árbol. Se acostumbra sembrarla en el territorio para que los hijos no se alejen del entorno; en otros casos se entrega al río cuando está “vaciando” sus aguas al mar en una analogía con el vaciado del vientre, la limpieza del vientre de la mujer. Estar bien: es poder comer de todo, seguir desarrollando su vida normalmente -en el caso de las madres- que no haya mareos, vómitos y pasmos; además, no presentar dolencia alguna después del parto, por ejemplo. Fajar : Consiste en amarrar con una tela “la barriga” de la mujer después del parto y una vez se ha hecho un masaje en su cuerpo de arriba hacia abajo “para que la sangre le salga y le quede la barriga bien seca” Hemorragias: Sangrados que se presentan en las mujeres en los primeros quince días después de aluzar, de haber dado a luz, y causados por algún disgusto o una indebida fuerza realizada, porque la matriz de la mujer esta débil, no se ha cerrado, ni curado completamente.


Mamá chiquita : se dice de la mujer partera que adquiere responsabilidades con el niño o la niña recién nacida entregando consejos para sus cuidados, y a mediano y largo plazo establece una relación de afinidad como una segunda mamá que orienta. milagro de la vida: Cuando el embarazo demora en suceder, las mujeres buscan a las curanderas para que mediante el apoyo con rezos y oraciones y la toma de bebidas con plantas, se pueda alcanzar la concepción y el embarazo, “el milagro de la vida”; búsqueda que realizan sin importar los costos económicos que esta pueda traer. Matriz débil: las parteras la definen como debilitamiento del cuello de la matriz “porque uno haya parido mucho, botado hijos, eso debilita la matriz”. Ombligada: consiste en colocar sustancias vegetales o animales o minerales en el ombligo del niño recién nacido sostenidos por una banda de tela alrededor de la cintura –ombliguero-, de tal manera que las propiedades de las sustancias sean incorporadas por el niño, preparando a los recién nacidos para que sus cuerpos cumplan los roles sociales asignados por la cultura -la forma de ombligar un niño define las características de la persona adulta-. En el ritual de la ombligada se integran “[…] un conjunto de signos que entrelazan los elementos y características físicas de la naturaleza con una particular forma de ver, entender y crear cosmos culturales” (Osorio 2015). Ombliguero: pieza de tela que se pone alrededor del vientre del niño, que además de sostener las sustancias sobre el ombligo, tiene otras funciones de evitar que el niño se hernie y lo piquen hormigas o zancudos. Paridora: Termino utilizado por la partera para referirse a la mujer que va a parir o dar a luz. Partear: es una actividad que pone a prueba el profundo conocimiento sobre el cuerpo humano femenino y la salud de las mujeres, como también, el conjunto de prácticas para garantizar la llegada de los hijos. También es un arte, porque trasciende su practica hacia un proceso

de memoria histórica, de resistencia y de empoderamiento pues trae consigo la riqueza cultural y la sabiduría legada por sus ancestros que contesta y suple las imposiciones y deficiencias que imponen otras concepciones sobre el cuerpo humano y la salud que son hegemónicas en la sociedad colombiana. Parteras: según ASOPARUPA se llama así “a una mujer que sin tener estudios ni formación en instituciones técnicas o universitarias, atiende a mujeres en embarazo y neonatos de acuerdo con conocimientos que corresponden al saber ancestral transmitido de generación en generación”. También llamadas “comadronas”, “mujeres que ayudan a parir”, “la otra madre de los hijos” –por que ayudan a traerlos a este mundo-, “la dadora de vida”, “las madres de todos”, “las abuelas de todos” o simplemente por el nombre de doñas. Partidora: denominación dada a la partera por algunos habitantes originarios de zona rural en Buenaventura y el Pacifico colombiano. Parto humanizado: Es la parte afectiva que la partera brinda cuando llega el momento en que la parturienta lo necesita, la partera lo que hace es sentir ese dolor, apropiarse del momento que la mujer está pasando y todo ese entusiasmo, todo ese interés, toda esa confianza que debe haber para que ese niño nazca bien (Voz de partera). Respeta la medicina y sus avances en casos de embarazos que por complicaciones mayores requieran de procedimientos médicos especializados. Hace oposición a aquellas prácticas que someten a la madre y al hijo a procedimientos de intervención hostiles por lo rutinarios, que no consideran a las embarazadas como personas y transforman su experiencia en una actitud asistencial violenta. Parturienta: es la mujer que está en proceso de parir su bebé o que en su defecto ya lo ha hecho y está en la etapa de postparto.

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Pasmo: “es otra de las enfermedades por frio que se presenta en las mujeres después del parto por no haber observado cuidados de la dieta, sobre todo en lo que tiene que ver con el enfriamiento. Se puede manifestar de muchas maneras, pero predominan los síntomas como dolor de cabeza, debilidad, fiebre y anemia” (Zuluaga 2003: 93); “[…]también reseñan frío en la espalda, cólicos muy fuertes, a veces vómitos” (Burbano 2001:75) “Para el tratamiento se utilizan, además de las plantas convencionales para el cuidado de la dieta, plantas en baños y bebedizos”. (Zuluaga 2003: 93). Otros curanderos interpretan síntomas de pasmo en personas que han tenido una cortada o herida en la piel, se han mojado y no han tenido en cuenta cuidados especiales. ( Burbano 2001) Pringue: es el acto de golpear, las partes afectadas del cuerpo humano, con plantas medicinales previamente hervidas, Se diferencia de las compresas calientes y los paños sobre partes del cuerpo. Pujar, pujo: el pujo es la reacción o deseo inconsciente que tiene la mujer en el momento de dar a luz. Cuando son seguidos se habla de pujos como la dinámica más importante a la hora del parto, ya que estos son los que hacen que el alumbramiento sea más rápido y sin problemas. (voces de parteras) Purgar: sacar el moco de la matriz. El purgante se prepara con plantas medicinales, para sacar “la maldad” del vientre a la mujer. En las narraciones de las parteras del Pacifico se encuentra una constante en la preparación del purgante con la planta medicinal galve ~ galde, variando las plantas o sustancias que la acompañan; en algunos casos se cocina en agua con mazorca roja a cuya cocción en estado frio se le agrega sal de frutas y cebada ( Burbano 2001:76) Remedios caseros: los que se realizan con las plantas medicinales que están “a la mano” y cuyo uso es recomendado por las parteras en los tiempos y dosis requeridas según la situación y el estado de las mujeres.

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Rezo, rezao: es la práctica que la partera hace usando sus creencias religiosas para conseguir apoyo para su trabajo a la hora del parto y especialmente cuando éste presenta dificultades. Tener en cuenta la naturaleza: es una expresión de las parteras usan para referirse a una practica donde no utilizan químicos “para dar vida”, lo único es “arrancar una matica y hacer el agua y la fe en Dios”. Trama: “daño” que se causa a una mujer embarazada, ya sea consciente o inconscientemente para que sufra a la hora del parto. “Un parto difícil puede atribuirse a que la mujer ha sido tramada, es decir, que un enemigo de la paridora ha hecho un rezo para entorpecer el proceso del parto y afectarla a ella y a su hijo. Cerrar con llave la habitación que sostiene la parturienta; cerrar un candado, pensando que esto va a ser dañino para la alumbradora, son hechos suficientes para poner en aprietos a la hembra que está en trance” (Velásquez 1957: 214). Practica vigente y relatada por parteras y registrada en diferentes trabajos (Gutiérrez 2013) Toma seca: su base es el alcohol de caña de azúcar biche y tiene como ingredientes: clavos, canela, nuez moscada, anís y miel de caña. Tradicionalmente se usa como bebida medicinal por las mujeres que quieren tener hijos o que han dado a luz. (Voces de parteras) Transito del parto: cuando empieza el proceso del parto Voltear: Cuando la partera con sus manos y su conocimiento descubre que el niño está en mala posición; ella realiza movimientos circulares con sus manos sobre el vientre de la mujer embarazada para voltear el bebé, acomodarlo y evitar una cesárea innecesaria. Zoteas: son armazones de madera en forma de recipiente para acumular tierra y sembrar plantas medicinales, separados del suelo al menos un metro. Cuando no se cuenta con una canoa se hace un cajón rectangular con tablas o se colocan macetas y ollas viejas. Se llena con tierra especialmente preparada para ella.


Suelen estar detrĂĄs de las casas cerca de la puerta trasera al lado de la cocina ( Rojas 2008:271) Zoteas para no sembrar en el suelo que se pudre al empozarse el agua, como sucede con suelo de la selva, caracterĂ­stica que califica a estos suelos como frĂ­os; el agua al salir del cauce y colmatar el suelo pierde su movimiento, se paraliza su movimiento que es vitalidad, el agua se muere y convierte a la tierra en mortal para los humanos y las plantas cultivadas. En la zotea, la tierra tiene un buen drenaje para el cultivo, es caliente, tiene vitalidad y le transmite el poder a las plantas (Losonczy 2006: 158)

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VOZ ANCESTRAL Siento que mi corazón es una marimba que no hace más que tocar melodías al alma; el currulao me mueve los pies y una y otra vez oigo muy cerca el sonido del guasá repicando en mí y el bombo me llama desde el otro mar con voz melancólica pregonando equidad. La sangre corre formando un concierto en mi interior y, de pronto, mi boca empieza a lactar palabra tras palabra de un canto ancestral. ¡Levántate negra! Me ordena una voz desde lo más profundo de mi interior ¿No oíste la marimba? ¿Ni tampoco el guasá? ¿El cununo no te vino a invitar? ¿El bongo pregonero no oíste sonar? No te hagas la sorda al llamado ancestral ¡Vamos! Levanta esa frente y exige al mundo que haya equidad (Grueso, 2015).

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Entrevista a las parteras de Buenaventura: Rosminda Quiñonez, Irene Aramburo Congo, Feliciana Rentería, Agripina Caicedo León y Pascualina Mosquera Entrevista a la partera de Chocó Velarmina Congá Foucault, M. (1980). La verdad y las formas jurídicas. Barcelona: Gedisa. Frazer, J. G. (1922). La Rama Dorada. Magia y Religión. México: Fondo de Cultura Económica. Friedemann, N. S. de (1989). Criele criele son. Del Pacífico negro. Bogotá: Planeta. Friedemann, N. S. de; Arocha, Jaime (1986). De sol a sol. Génesis, transformación y presencia de los negros en Colombia. Bogotá: Planeta. García, F. E. (2014). Construcción espacial del territorio y representación cultural de la naturaleza por parte de la población negra asentada en el río Micay. (Monografía de grado). Universidad del Cauca. Popayán. García, J. (2014). Asociación de Parteras Unidas del Pacifico ASOPARUPA. Producción LAPULPATV, Asociación de Jóvenes creadores. TV digital. Buenaventura. Giménez, G. (2005). Territorio e identidad. Breve introducción a la geografía cultural. Revista Trayectorias, vol. VII (17), pp. 8-24. Gnecco, C. (2006). Territorio y Alteridad Étnica: Fragmentos para una Genealogía. En Herrera, D. & Piazzini, E (Ed). (Des) territorialidades y (No) lugares, procesos de configuración y transformación social del espacio. Medellín: La carreta editores. Goldman, M. (2006). Alteridade e Experiência: Antropologia e Teoria Etnográfica. Revista Etnográfica, Vol. X (1), pp.161-173. Grueso, M. (2015). Cuando los ancestros llaman. Poesía Afrocolombiana. Convocatoria 2014, modalidad Narrativa. Popayán: Editorial Universidad del Cauca. Gutiérrez, A. (2013). En el ombligo de toda cosa les echan: ombligada y parteras en las poblaciones ne-

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