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REVISTA # 1518

6.01.2013 LA REVISTA DOMINICAL DE

EL HERALDO

2013, EL AÑO DE BARRANQUILLA

 Historia gráfica de Barranquilla | 3  La Capital Americana de la Cultura | 10 Servipalomas Luna | 14


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EL HERALDO

2 JESÚS RICO/EN CAMERINOS DEL COLECTIVO AY MACONDO

SECCIONES 14

Vuela la paloma... segura

José Miguel Luna cría en su casa palomas mensajeras, que también le transportan el dinero que retira del banco. Ha ganado varios torneos, y aunque tiene un trabajo permanente, esta afición le ha generado fama internacional y ha sido entrevistado por medios de comunicación de Perú y México. 18

Historia empresarial del Caribe

Con el eslogan “Brasilia, lo moderno en transporte” nació en Barranquilla la empresa transportadora terrestre Expreso Brasilia, que en el 2012 celebró 50 años de labores, con un novedoso estilo de transporte de pasajeros: buses nuevos, mínimas paradas, horarios fijos y salidas puntuales, recorriendo las rutas de Colombia. 20

Gestora cultural, por naturaleza

2013: transformaciones

Alicia Castañeda Cardona, de Ciénaga, Magdalena, abandonó su vecindario del barrio La Victoria de Barranquilla para radicarse en Querétaro, México, donde enarbola con orgullo, hace más de una década, la defensa por las tradiciones folclóricas del Caribe colombiano.

Se hablará todo este año del bicentenario de Barranquilla y además de esta ciudad como Capital Americana de la Cultura, dos situaciones que ojalá dejen obras tangibles y la conciencia de cómo los ciudadanos podemos participar para repotenciar nuestra urbe, que entra en una nueva etapa con la próxima inauguración de la Avenida del Río. A la vista, pues, un año para transformaciones positivas. Además, a partir de esta entrega, y durante las próximas, la ‘Historia gráfica de Barranquilla’.

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Sonidos de Italia, en vivo

La música italiana desde el Medioevo hasta el Renacimiento, un conversatorio con Jonathan Levi, la Voz del Barroco; conciertos de música clásica hasta el 13 de enero, clases magistrales, conciertos gratuitos y exposiciones trae el Festival Internacional de Música Clásica, que invade desde ayer todos los rincones de Cartagena.

LATITUD, LA REVISTA LATITUD, DOMINICAL LA REVISTA DE DOMINICAL EL HERALDO DE # EL 1518 HERALDO # 119 Director Consejero

Juan B. Fernández Renowitzky Presidente

Francisco Posada Carbó Editor General (e)

Óscar Montes Jefa de Redacción

Escriben en este número

Adlai Stevenson Samper Adriano Guerra Afif Simán Slebi Alfredo Baldovino Barrios Carlos Vitali César Muñoz Vargas Joaquín Mattos Omar Fabiola Oñoro

Rosario Borrero Director de Arte Gerente

Elaine Abuchaibe Auad

Fabián Cárdenas

fabian.cardenas@elheraldo.co

Edición, Selección de Textos e Imágenes

Martha Guarín R.

martha.guarin@elheraldo.co Imágenes: Vanexa Romero, AP, Efe, Thinkstock Archivo EL HERALDO Archivo Histórico del Atlántico, Paula Romero González, Archivos particulares Ofiprensa Alcaldía de Barranquilla Fundación Salvi/Festival Internacional de Música Portada: Avenida del Río/ Foto Luis Miguel Charris Contraportada: Omar Figueroa, Turcios


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Este grabado bien podría representar los orígenes de Barranquilla como un sitio de varadero de canoas y desembarco de mercancías. Del libro ‘Geografía Pintoresca de Colombia’, 1984.

Por Adriano Guerra* Archivo Histórico

Historia gráfica de Barranquilla

lo largo de este 2013 nos espera la experiencia de contar la historia de la ciudad a través de imágenes, sean estas grabados, acuarelas o fotografías. Estos registros gráficos han presenciado la transformación de una urbe que está a punto de celebrar el bicentenario de haber sido elevada a Villa, de pasar de un pequeño conglomerado de libres a convertirse en el centro demográfico más importante

del Caribe colombiano. Latitud inicia desde hoy una serie de publicaciones sobre la memoria visual de Barranquilla, proyecto conjunto del Archivo Histórico del Atlántico, La Oficina del Bicentenario y EL HERALDO, que busca la difusión y sociabilización del patrimonio visual de la ciudad. En esta primera entrega hemos seleccionado algunos grabados y acuarelas que ambientan los orígenes de la ciudad. Los inicios de poblamiento en el originario


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EL HERALDO territorio de Barranquilla se encuentran en el pueblo de indios de Camacho, que desapareció antes del año 1560, posteriormente las barrancas de la hacienda de San Nicolás superarían en importancia a otras ubicadas en diferentes lugares del Río Grande de la Magdalena durante la época hispánica. A finales del siglo XVII las Barrancas de San Nicolás será un verdadero sitio de libres, poblado por gentes de diversos lugares. El plan completo de publicaciones pretende hacer un recorrido desde los orígenes de Barranquilla, pasando por momentos importantes como la Independencia, el despegue económico y la ruta hacia el progreso, que implicó las dos últimas décadas del siglo XIX y el largo siglo XX. Los carnavales de principios del siglo XX con sus carrozas jaladas por caballos, las festividades y la religiosidad serán además temas de vital importancia. Como también lo son los champanes con sus bogas, los vapores y sus paseos por el Río Magdalena, y los caños de la ciudad que ha evolucionado hacia la desesperación. Se realizarán cada domingo series temáticas que mostrarán algunos aspectos que han ayudado al desarrollo, como el transporte, presentando los medios más arcaicos, la llegada del tranvía y las modernas flotas de buses. La aviación desde sus primeros vuelos, la arquitectura Deco y moderna, que se resisten a desaparecer. La memoria visual de Barranquilla es profusa y verdaderamente amplia. Es bien sabido que la ciudad fue la primera en experimentar muchos de los avances de la modernidad como el teléfono, luz eléctrica y radio, entre otros adelantos. Así mismo, el gran dinamismo comercial, el despunte económico reflejado en sus calles bulliciosas y en

‘Champán en el Magdalena’. Acuarela de Edward Walhouse Mark.

Paso en el Canal del Dique. Dibujo de A. de Neuville.

‘Habitantes del Magdalena’. Acuarela de Edward Walhouse Mark.

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Los inicios del poblamiento en el originario territorio de Barranquilla se encuentran en el pueblo de indios de Camacho, que desapareció antes del año 1560”.

‘Al borde del Magdalena’. Roulin y Boussingault, ‘Memorias de viaje’, Bogotá 2004.

‘Finca de tierra caliente’. Geografía pintoresca de Colombia.

sus almacenes surtidos, sus fábricas pujantes, la evolución de sus formas de trasporte, la vestimenta de antaño con sus trajes blancos y sus sombreros, las calles polvorientas, apelativo de La Arenosa; las avenidas recién inauguradas y sus más representativas construcciones que muestran el progreso material. En fin, tantos aspectos para destacar y rememorar y tantas imágenes del recuerdo guardadas en estantes olvidados florecerán para mostrar al público en general cómo era la Barranquilla de antaño, y nada mejor que colocarlas ante los ojos del lector, para que tenga la posibilidad de apreciar no solo los cambios materiales de la ciudad sino de los ciudadanos que la habitan y sus formas de sociabilidad a lo largo del tiempo. *Director del Archivo Histórico del Atlántico


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FOTOS LUIS MIGUEL CHARRIS

Por Adlai Stevenson Samper

El Río Magdalena y el paisaje natural serán los atractivos para el turismo.

l Río Magdalena trajo de todo a Barranquilla. Desde las danzas y músicas del carnaval pasando por las glorias de la prosperidad económica en la forma de empresas, industrias, comercios, navegación y aviación hasta su aspecto más importante: el humano, pues gracias a sus auspicios arribó un crisol de inmigrantes desde diversos puntos del interior de Colombia hasta la atracción que ejerció sobre extranjeros de diversas nacionalidades. Todo ese proceso fue posible gracias a la estratégica ubicación de la ciudad en la desembocadura del Magdalena, uniendo lazos a través del Río con el Mar Caribe y mas allá, el ancho Océano Atlántico, de donde le viene el nombre –y no es ninguna casualidad– al Departamento. Pura agua a la que le debemos la historia de la ciudad y de la que no siempre hemos sido agradecidos, agraviándola con contaminación y olvidos. El Río Magdalena es prueba fehaciente de ello. Pero solo hasta ahora, una obra de ingeniería vial y arquitectónica desarrollada por la actual Alcaldía, a través de la Avenida al Río, acerca a los ciudadanos asombrados ante su vasta superficie de espejo. EL REENCUENTRO. Ha sido un

proceso largo y tortuoso el reencuentro con el Magdalena. Si bien los actuales barrios de Las Flores y Siape se encuentran en sus orillas, su condición antaño de caseríos alejados del tejido urbano y la lógica expuesta sobre la Vía 40 los marginaron de la ciudad. Basta ver sus calles y servicios urbanos para comprobar sus grados de exclusión en la actualidad. Cuando se empezó a mostrar por parte de la Administración Distrital la intención de

acometer una avenida al Río fue durante la valorización propuesta por el alcalde Guillermo Hoenigsberg. Una obra que recuperaría al Magdalena para la ciudadanía frente a los muros colocados para separarlo de su disfrute, y que devolvería esa imagen que nunca debimos perder. Incluso fue bautizada en su proyecto como León Caridi, empresario judío que colaboró activamente con diversos procesos en torno al Carnaval de Barranquilla. Adjudicada la obra en 2006 pronto tuvo problemas jurídicos por la posesión de hecho de tierras de la isla de La Loma, en donde se desarrollaba el proyecto. El 5 de octubre del 2006 se firma un acta de suspensión de obras de la Avenida del Río León Caridi entre Edubar, en representación de la Administración Distrital, y las firmas Unión Temporal Avenida Léon Caridi integrada por Jaime Massard y Valorcon, cuyo ámbito de ejecución era la prolongación de la carrera 46 hasta la calle 6. Después se enredaron otros tramos de la vía por disputas entre contratistas, sustituciones y problemas jurídicos no contemplados cuando se planeó su ejecución. Al final,

Una avenida de reencuentro con el Río Reportaje sobre la nueva Avenida del Río y lo que significa para los barranquilleros y el país este reencuentro con la arteria fluvial. VANEXA ROMERO


7 obras paralizadas y la ironía pública. Así estuvo hasta hace un año, cuando la administración de la alcaldesa Elsa Noguera, con una verdadera tozudez, decidió, contra viento y marea, sacarla adelante. Con escollos tales como la nunca iniciada estación de Transmetro en Barranquillita, de la cual solo existen unos minúsculos cerramientos y una especie de pavimentación, Las Colmenas con sus problemas de inseguridad, la atravesada Fábrica de Licores del Atlántico, la necesaria reubicación de esos barrios de extrema pobreza como Bendición de Dios y Villanueva, y, por supuesto, seguir resolviendo “concertadamente, dialogando con todos, proponiendo soluciones conjuntas entre las diversas secretarías”, como señala Nurys Logreira, secretaria de Infraestructura, para presentar, a través de esta obra, “Una nueva posibilidad de una Barranquilla hacia el futuro”. Además, indica que todas estas acciones se encuentran enmarcadas en una verdadera renovación del espacio urbano, creando nuevos desarrollos de los que indica serían la restauración del edificio de la Intendencia Fluvial diseñándole un malecón, el traslado de Sanandresito para crear allí un parquecito que sería una prolongación de la Plaza de la Concordia, unidos a través de puentes peatonales. LAS OTRAS AVENIDAS DEL RÍO. En un informativo de

la Alcaldía rotulado Anexo 3, presumiblemente en la década del 2000 se fija la política vial de la ciudad. Allí, encabezando las propuestas –porque eso era en la estricta realidad– se plantea una Avenida del Río que se extendería desde la vía de acceso al puente sobre el Río Magdalena hasta la Vía 40, a la altura de la calle 72, cubriendo una extensión de 8.362 metros. Comprendía una doble calzada con pasos elevados en las calles 30, carrera 38, Barranquillita y el empalme con la Vía 40, además de estructuras con gálibos suficientes para garantizar la navegación en los pasos de los caños Arriba, Los Tramposos y de Las Compañías C y B. Desde esa perspectiva, la actual Avenida del Río comprendería una parte de este trayecto. La otra parte sería la construcción de la troncal de carga, que saldría desde el Puente Pumarejo, llegando justo hasta la rotonda en donde se inicia el trazado de la actual Avenida del Río. Esta troncal tomaría por la carrera 46 hasta empalmar con la Vía 40. Y el otro proyecto, el cual se encuentra en Plan de Ordenamiento en ‘vigencia’ y estaría incluido en los debates del que se avecina, sería el de un corredor vial que partiría justo de la rotonda de la actual Avenida del Río, siguiendo por toda la ribera del Magdalena –una especie de paralela afortunada de la Vía 40–, hasta donde se planea la construcción del Centro de Convenciones Puerta de Oro. EL RÍO, AL ALCANCE DE LA MANO. La avenida del

Río se mete, a través de un puente que cruza el caño Los Tramposos, al interior de la isla La

El malecón está iluminado, su área es ideal para caminar. Está adecuado para sentarse.

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EL HERALDO Loma, repleta de cocoteros. La brisa golpea y el agua cercana refresca la vista. Del nombre León Caridi con que fue conocida hace casi una década la Avenida quedó para el didáctico malecón con sus estaciones de restaurantes y de baños. En el suelo está dibujado el recorrido del Río desde el páramo de Las Papas hasta Bocas de Ceniza, señalando tiempos de kilometrajes y características de las embarcaciones que han surcado el esplendoroso Yuma, Huancahayo y Carihuaña, como llamaban al Magdalena sus antiguos habitantes: los indígenas asentados a lo largo de sus riberas. Tocar el Magdalena, ver turistas tomando fotografías, a lugareños de los barrios cercanos tomando el sol en el malecón, a los niños usando el Magdalena como inmensa piscina y sobre todo los comentarios de los que llegan hasta allí y contemplan una esplendorosa panorámica de Barranquilla con sus edificios desafiando el sol y las nubes azules es una auténtica experiencia simbólica urbana. Y si bien uno podría señalar algunos problemas del diseño general de la obra como la erección en las bermas de la vía de las torres de luz led con los consiguientes problemas de probables choques y de que bien se vale una solución de diseño paisajístico que incluya la enea que crece silvestre y soberana, pero que ha sido condenada a su desaparición al cegarle el flujo de aguas desde el Río y que, por favor, siembren guásimos, tumbé la ceiba y yo me quedó aquí debajo de la bonga que es para descansar; esta obra, desde ya, signada a convertirse en uno de los periplos obligados de los ciudadanos y parada ritual de quienes nos visiten, generando, como es el objeto general del proyecto, verdadero e histórico desarrollo urbano. Alguno de los tantos críticos aventurados que tenemos en la ciudad decía, a propósito de la rotonda final, que la Avenida del Río no conducía a ninguna parte. Otro, más sensato, le respondió: “¿Y te parece poco que nos lleve otra vez al Río?”

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¿CUÁNDO ABANDONAMOS EL RÍO? Si bien Barranquilla creció en las riberas de los caños y ciénagas aledaños al Río Magdalena, siempre, por el prurito de la prevención ante las arremetidas de sus crecientes, mantuvo prudente distancia. Por lo menos hasta ahora, cuando una obra de ingeniería vial y arquitectónica como la Avenida del Río acerca a los ciudadanos asombrados ante su vasta superficie de espejo –“largo proyecto de mar”, lo llamó el poeta cubano Nicolás Guillén–, mojando las manos y el alma con su cuerpo líquido. Sin necesidad, como antaño, de rezos invocando los efluvios protectores del santo patrono San Nicolás, para escaparse de sus periódicas arremetidas, poblando durante un siglo las lomas cercanas con su extraordinaria vegetación surcada de arroyos. El primero de estos desarrollos se dio por los lados del barrio Arriba del Río. En una loma que se llamó, según el padre Revollo, de San Blas. Desde allá se miraba el movimiento de los caños convenientemente alejados de ellos. Pero el desarrollo urbano que consolida la definitiva huida del Río y los caños es la construcción, en 1896, del barrio de Las Quintas, teniendo como límites de la ciudad la calle del Divi divi –actual Murillo–, en donde se levantaría en un extremo el Cementerio Universal por la Sociedad masónica Hermanos de la Caridad y la residencia del ingeniero

cubano Francisco Javier Cisneros, denominada ‘La Floresta’, en donde hoy se encuentra el edificio del Banco de la República. Bordeaba ese ‘límite’ una de las líneas del tranvía de Barranquilla, del cual fue propietario Cisneros. En 1905 Napoleón Salzedo promueve en las afueras de la ciudad las urbanizaciones Olaya y Delicias, pero la verdadera estampida se produce en 1919 con la construcción de los barrios Prado, a los que se sumarían Bellavista, Boston y Recreo. Nadie, en esos momentos, quería saber nada de caños ni mucho menos del Río Magdalena, vistos solo desde la torcida óptica del lucro personal. El momento de ruptura con caños y Río proviene paradógicamente desde la perspectiva de su misma explotación, pues la línea del tren hacia Puerto Colombia creó un separador funcional entre la ciudad y el Magdalena. Ese mismo trazado, levantadas las traviesas del tren, fue tomado como avenida paralela al Magdalena a la que se le dio el nombre de Vía 40. Durante el transcurso de los primeros cincuenta años del siglo XX se alentó la idea de una ciudad industrial, tal como lo dice certeramente uno de los versos del himno: “la sirena de fábrica y taller son rumor arterial de su existir”. Pero solo fueron, a la larga, desarrollos incipientes que más tarde desaparecerían, alentando la idea que Barranquilla tuvo un momento palpitante de auge industrial. Todas esas industrias buscaron la cercanía al Río Magdalena en sus riberas, teniendo como acceso la Vía 40. Astilleros, complejos Turistas y vecinos de barrios cercanos ya están llegando a conocer la obra vial, y a reconocer el Río Magdalena.

químicos, cementeros, aeropuertos, bodegas, las cuales, con una cruel tenaza, le cercenaron a la ciudad el derecho del disfrute integral del Río, mostrando, tras esta escenografía, un río apartado y distante del cual no deberíamos preocuparnos, excepto por las caprichosas veleidades del canal de acceso al puerto del cual, nos decían, dependía la suerte de la ciudad. Una verdadera ironía el reconocimiento de la importancia del Río ante la conciencia urbana de las espaldas a su vida misma. Parte de la imagen que se proyectó para que el Magdalena estuviese lejos de los barranquilleros fue que las industrias eran mucho más importantes, y que estas, como ventaja estratégica, deberían estar ubicadas en sus riberas y que el pago de este ‘sacrificio’ para la ciudadanía era observar al Río “en la conveniente lejanía”. Todo lo que tenía relación con el Río se tachó de malo: los caños se convirtieron en alcantarillas, una amplia pared a lo largo de toda la Vía 40 precisó las distancias, el tren a Bocas de Cenizas se desmoronó lentamente, el transporte fluvial entró en un auténtico sopor, provocando la quiebra y cierre de las empresas y hasta el ‘mínimo’ regalo centralista que nos otorgaría Carlos Lleras Restrepo en forma de puente fue desdeñoso en sus carriles y en su gálibo. Los barranquilleros tuvimos entonces la certeza de nuestro olvido al Río, dándole las espaldas.


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POR LA CONCIENCIA AMBIENTAL En 1957 la administración de la ciudad presentó, a través de expertos arquitectos y urbanistas, un plan regulador que, por sus obvias carencias y deficiencias, fue sarcásticamente llamado como plan regularzón. Pues bien, allí, en ese proyecto, aparece delimitada una Avenida del Río que pretende recuperar su entorno creando nuevos canales de movilidad. Durmió el sueño de los justos, como una entelequia exótica, un espacio sin ninguna aparente utilidad práctica en una ciudad abrumada por la lógica del pragmatismo económico. Del río se siguió hablando. Cada vez que salía una comisión en “urgencia” a Bogotá a solicitar dragas para el calado del río ante la inminencia de su cierre para el paso de barcos y su pernicioso impacto en la psiquis y la economía local. Cada vez que los caños se salían de madre desbordándose sobre el

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Centro y el Mercado. Cada vez que encallaba un barco en Bocas de Cenizas y se convocaban a las “fuerzas vivas” de la ciudad para cerrar filas en torno a la supervivencia del canal de acceso. Durante las indagaciones de la célebre Misión Japonesa en 1985, una de sus recomendaciones fue la recuperación de Barranquillita, las vías y los accesos al río Magdalena. Nada de eso sucedió, incluso frente a acciones puntuales obligatorias, como fue el paso de graneros y mercados a la Central de Abastos del Caribe para despejar la zona del Mercado, Villanueva y Barranquillita. Letra muerta. Sugerencias tristes para ser citadas en simposios y talleres urbanísticos y de arquitectura, pero hasta allí. Hasta que apareció una conciencia ambiental impulsada desde varios sectores sobre la necesidad de que Barranquilla recuperará su condición fundamental de urbe ribereña. Fue así como se inició el impulso del reencuentro el río Magdalena.

FOTOS VANEXA ROMERO


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Por Afif Simán Slebi*

Durante todo el 2013 Barranquilla le mostrará al mundo sus talentos artísticos

Cómo ser partícipes en la Capital de la Cultura

in lugar a dudas, 2013 es un año para celebrar y sentirnos orgullosos. Por su participación en la lucha contra el poder colonial, el 7 de abril de 1813 (hace ya dos siglos), don Manuel Rodríguez Torices, presidente gobernador del estado libre e independiente de Cartagena de Indias, le otorgó a la ciudad el título de Villa de Barranquilla. Pero además, han transcurrido casi 17 lustros desde que se produjo la primera emisión radial de La Voz de Barranquilla, creada por el insigne caballero Elías Pellet Buitrago. Además, en este 2013 se cumplen 80 años de la fundación del diario más importante del Caribe colombiano, EL HERALDO, y seguramente escaparán a nuestra memoria muchos sucesos importantes cuyos aniversarios se cumplen en este año, que unidos a los ya mencionados, dan cuenta del espíritu de libertad y compromiso que los barranquilleros demuestran, frente a los retos que nos depara un mundo en constante transformación. Desde muy temprano empezamos a vivir Barranquilla Capital Americana de la Cultura, en armonía con el ímpetu de una ciudad que ha vivido épocas de esplendor y ha probado su capacidad de reinventarse y florecer. Por ello, su nombre está asociado a gente talentosa, extraordinaria, y a tradiciones culturales admiradas y queridas por propios y extraños, consolidando un movimiento intelectual y cultural sólido, con una proyección contundente. El 2012 cerró con un balance positivo para la cultura: parques, plazas y galerías se inundaron del talento de miles de barranquilleros de todas las edades y estratos, quienes a través del lenguaje de las diferentes disciplinas

artísticas, demostraron por qué nuestra ciudad fue designada como referente cultural de las Américas en el 2013. Más de ocho mil niños, niñas, jóvenes y adultos pertenecientes al sistema de Casas de Cultura y 600 estudiantes de la Escuela Distrital de Arte y Tradiciones Populares, ambos programas ejecutados por la Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo, llenaron de vida escenarios como la Plaza de la Paz, la plaza Mario Santo Domingo del Parque Cultural del Caribe, el Parque de los Músicos, la Catedral Metropolitana María Reina y varias galerías de arte. De igual manera, la comunidad barranquillera pudo disfrutar de festivales, recitales y conciertos en espacios públicos, organizados por los consejos distritales de música, teatro y literatura, con el apoyo de la Secretaría Distrital de Cultura, Patrimonio y Turismo, que constituyeron


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El paisaje artístico en la capital del Atlántico le da cabida a géneros actuales y tradicionales, como el rap, con estudiantes de las Casas Distritales de Cultura; la música con la Banda Folclórica Distrital, y la dramaturgia, con el colectivo Ay Macondo, como lo muestran las fotos.

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un abrebocas de las iniciativas culturales y artísticas que serán desarrolladas en Barranquilla este año. No obstante, más allá de la dinámica de sus eventos, esta capitalidad ha incorporado a la cultura en la agenda de nuestra ciudad como un factor de transformación y cohesión social, que posicionará a Barranquilla en el concierto internacional como el centro de cultura popular más importante de América, gracias a los videos promocionales que aparecerán a lo largo del año en plataformas mediáticas como Discovery Networks y Antena 3. Fueron precisamente los videos que en el 2011 promocionaron a Quito, entonces Capital Americana de la Cultura, los que motivaron el interés para investigar más acerca del tema, y a impulsar la postulación. LA AGENDA. Una vez conocida

la designación, la Secretaría de Cultura inició una labor conjunta con los diferentes consejos distritales de áreas artísticas y las entidades culturales de la ciudad y el Departamento, para establecer una agenda conjunta que permitiera visibilizar no solamente los procesos culturales de gran trayectoria que tiene la ciudad, sino también aquellos que se gestan en el seno de nuestros barrios. Desde el momento en que la Secretaría inició la investigación y compilación de esta agenda, se han registrado ya más de 350 eventos, que podrán consultarse en una página web que se estará lanzando en los próximos días, y en elementos impresos que comenzarán a divulgarse a mediados del mes de enero. El primero de ellos será la Agenda Especial Carnaval, que se ha realizado de manera conjunta con todos los operadores de nuestra fiesta popular Patrimonio de la Humanidad, y que será el testimonio de que somos una sola ciudad y

un solo corazón que vibra con nuestra identidad, a partir del 18 de enero, en un solo evento de izada de bandera carnavalera en la emblemática Plaza de San Nicolás. OPORTUNIDADES CULTURALES.

En el marco de la Lectura del Bando, al día siguiente, tendrá lugar la apertura oficial del Año de la Capitalidad Cultural, durante el cual nuestra ciudad, sus residentes y quienes nos visiten serán testigos de acontecimientos como el Encuentro Nacional de Patrimonio, el Festival Internacional de Cine de Barranquilla, la primera Bienal Internacional de Arte en espacio público, mercados culturales, festivales musicales, eventos relacionados con todas las disciplinas artísticas como danza, teatro, literatura, narración oral, y la campaña de participación ciudadana que nos permitirá elegir los 7 Tesoros

Culturales de nuestra ciudad. La Secretaría continúa haciendo el llamado para que todas las organizaciones culturales y artísticas sigan enviando sus programaciones, pues sin duda será una agenda que se irá alimentando y engrandeciendo día a día gracias al talento y la gestión de todos los barranquilleros. Entidades como el Ministerio de Cultura, en cabeza de la ministra Mariana Garcés, respaldarán con recursos, promoción y asesoría esta agenda. De manera similar, Proexport, el Banco de la República, el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y los gremios del sector turístico, la Alianza Colombo Francesa, Embajada de Francia, Embajada de Colombia en Cuba y la Embajada de Colombia ante Naciones Unidas han atendido la invitación de la Secretaría de Cultura del Distrito de Barranquilla para acoger de la mejor manera esta oportuna designación. La convocatoria continúa. La meta es ambiciosa y esperamos que toda una ciudad se sincronice, y sus ciudadanos y ciudadanas no solo sean espectadores, sino partícipes de todo lo bueno que sucederá en materia cultural. *Secretario Distrital de Cultura, Patrimonio y Turismo


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Las mujeres, como los hombres, participan en la recogida del pescado. El contraste con la ciudad modernizada y comercial es palpable en cada esquina del camino.

Las prendas visten a los pescadores que se nutren de la subienda de peces.

El sol cae en Bocas de Ceniza, dando lugar a un atardecer pintado por el contraste de colores.

Cada pescador labra en sus orillas el presente de cada dĂ­a.


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Esta escena recuerda a ‘El viejo y el mar’ , de Hemingway. El mar se tiñe de ceniza al chocar con el Río, justo en el límite que los separa.

A las afueras de Barranquilla, donde el mar se une con el Río Magdalena y lo mancha de un oscuro ceniza, se encuentra una población pesquera que vive inmersa en sus aguas.

Camino a Bocas de Ceniza Textos y fotos: Paula Romero González

Los pescadores echan las redes al mar esperando que la pesca sea productiva.


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Servipalomas Luna: entrega de encomiendas, rápida y segura Por Alfredo Baldovino Barrios “Acurrucada, con los pies rojos, parecidos a garras, sobre las baldosas granates del pasillo y el plumaje liso de tono gris pizarra: la paloma”. Patrick Süskind

Las vueltas que da la vida

J

osé Miguel Luna tiene 66 años y las palomas mensajeras le han cambiado la vida. Tercero de nueve hermanos, y abandonado por su padre cuando apenas tenía 12 años, en el municipio de Ciénaga, adquirió desde niño, junto a los indios que bajaban de la Sierra, la fascinación por las plantas naturales y los animales del monte. Hizo de todo un poco para poder sobrevivir. Recorrió el departamento del Cesar como recolector de algodón. Convivió en la estepa de la Alta Guajira con los miembros de la etnia wayuu. Construyó una casa pequeña en el barrio Las Moras, a comienzos de los 90. Pero jamás vislumbró la posibilidad de ganar un sueldo digno, para sostener a sus cuatro hijos, por su condición de analfabeta. En el año 97, en el patio de su casa convivían pacíficamente gallinas, perros, cotorras, ardillas, una que otra iguana y una bandada de palomas mensajeras que su hijo José David, de 11 años de edad, había empezado a criar desde hacía poco. Para ganarse la vida enfilaba a las dos de la madrugada hasta Granabastos y ayudaba a contar los guineos verdes y maduros que él mismo traía

Las palomas mensajeras son capaces de cubrir largos trayectos en corto tiempo.

desde la Zona Bananera. Por las noches le entregaba a su esposa, Mariela Manga, la plata para la comida del día siguiente. Pero en una ocasión se fue a la cama sin un peso en el bolsillo. Entonces se le ocurrió una idea: llevaría consigo en una caja una paloma mensajera y le pediría a su jefe un adelanto antes de que se cumpliera la hora de salida. A las 6 de la mañana, José David debía ir al casillero de la paloma y retirar la plata. La gestión fue todo un éxito. A

partir de entonces adquirió la costumbre de soltar todos los días, para la admiración de los trabajadores de las bodegas cercanas, una paloma con un billete de cinco mil pesos amarrado a la pata. Poco tiempo después, un amigo lo invitó a asociarse a Alas libres, la organización local de aficionados al entrenamiento de palomas mensajeras con fines competitivos. El paso siguiente consistió en la compra de unos anillos

Aves que en el pasado fueron portadoras de mensajes de amor, ahora llevan dinero cuando alguien va al banco. Es apenas diversión, por supuesto.


15 que le permitiera identificar a cada uno de los miembros de su palomar. Luego, había que entregar las palomas a un representante de la asociación para que fueran liberadas desde diversas distancias, primero desde Calamar, luego cien kilómetros más arriba y así. Las palomas de los Luna siempre se mostraron veloces y acertadas a la hora de encontrar la ruta m��s corta para llegar a casa. Hasta que llegó el momento de la verdad. Las palomas de todos los suscritos debían ser trasladadas hasta Bogotá para una competencia a gran escala. El ganador se llevaría dos millones de pesos. Los Luna entregaron sus palomas, como todo el mundo, a un delegado de la asociación. En horas de la mañana, por fin, se abrieron las jaulas y las palomas hendieron en tropel el cielo de la capital de la República. El trayecto no era nada fácil. Las palomas debían soportar temperaturas de hasta 4 grados al atravesar las cordilleras, y bajar a los valles con temperaturas de hasta 30 grados. Los ojos de José David y José Miguel estaban puestos en las manecillas del reloj de pared. Los oídos en los rumores del viento. Ya había empezado a caer la tarde cuando sintieron un aleteo sobre el techo y corrieron hasta el patio. Después de once horas de vuelo ininterrumpido, en efecto, las palomas regresaban a su palomar. Con manos temblorosas por la ansiedad, sacaron el código del anillo, llamaron por teléfono al juez, esperaron la rectificación. Finalmente les dijeron: “Felicitaciones. Ustedes son los ganadores de la competencia”. Pero lo mejor estaba por llegar. La Sociedad Portuaria de Barranquilla necesitaba a una persona que les ayudara a controlar la profusión de palomas que corrompía con sus cagarrutas el trigo que se almacenaba en las bodegas.

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José Miguel dejó de enumerar guineos, recibió una dotación de casco y botas industriales, y se encargó, desde ese momento, por un sueldo que triplicaba al que recibía en Granabastos, del control de las plagas que irrumpían en el Puerto a través del Río.

Colombofilia, práctica milenaria

La cría y entrenamiento de palomas mensajeras no es, por supuesto, una práctica reciente. De hecho, durante mucho tiempo fue el medio más efectivo de que se dispuso en la antigüedad para el envío de mensajes de un lugar a otro, con la particularidad de que las palomas no reconocían, una vez liberadas, un lugar de llegada distinto al de aquel en que fueron criadas. En el Antiguo Testamento se habla de la paloma mensajera que regresó al Arca de Noé con una rama de olivo en el pico. Los griegos las utilizaban para comunicar por los distintos puntos de la Hélade el nombre de los ganadores en los Juegos Olímpicos. En 1870, durante la guerra franco prusiana, París fue sitiada por los alemanes durante cuatro meses, y el único recurso útil a los franceses para mantener contacto con el exterior fue un grupo de palomas mensajeras. En la Segunda Guerra Mundial fueron utilizadas por los distintos bandos involucrados en la disputa. Heinrich Himmler, incluso, el temible director de las SS, fungió a su vez como presidente de la Asociación Colombófila de Alemania. Pero con los avances tecnológicos la colombofilia fue perdiendo la importancia de otra época y su consagración se vio reducida a unos pocos y entusiastas aficionados. En Colombia, las primeras palomas mensajeras llegaron en 1890 gracias a la gestión de Ignacio Sanz de Santamaría, ministro de

José Miguel Luna ganó muchas competencias con las palomas mensajeras, pero ya no se dedica a ello.

Guerra. Veinticinco parejas de eximios reproductores viajaron desde España hasta el puerto de Cartagena. Luego siguieron el mismo periplo emprendido por Florentino Ariza cuando quiso olvidar a Fermina Daza, por los meandros del Río Magdalena hasta el puerto de La Dorada. Subieron a lomos de mulas, bordearon escarpadas cornisas y llegaron hasta Bogotá. Después vendrían pichones de otras partes como Bélgica y Suiza y se empezarían a fundar sociedades colombófilas por todo el país.

Nunca sabes de qué lado puede llegarte la suerte

José Miguel Luna no tardó en descubrir las ventajas que podía sacar de las palomas, no solo en las competencias, sino ante los incautos y ambiciosos

apostadores. En más de una ocasión deslumbró a algún incrédulo con la descripción de las virtudes de sus palomas y de paso se quedó con su dinero. Entre todas recuerda una que lo hace sonreír a la entrada de su casa en el barrio Las Moras. Se había ido a pescar a Bocas de Ceniza con una de sus palomas en una caja. Estaba apenas en el barrio Las Flores cuando se quedó asombrado, con la paloma libre en su mano, ante la vista de un enorme jurel que pendía de un garfio. El dueño de la pescadería le dijo: —Compadre, ¿qué tiene esa paloma en el pico?, ¿está enferma? —Nada, amigo. Es una paloma mensajera. Es que me la traje porque voy a mandar ahorita la plata de la comida para la casa. —No sea usted tan embustero —dijo el de la pescadería en tono jocoso. José Miguel sacó dos billetes de cincuenta mil pesos y le dijo: —¿Cuánto vale ese jurel? —Cincuenta mil pesos. —Le apuesto estos cien mil pesos contra ese jurel a que es cierto lo que estoy diciendo. El hombre le arrebató los cien mil pesos de la mano y llamó a un policía que estaba por allí cerca para decirle: —Señor agente. Usted es testigo de que este señor acaba de perder cien mil pesos conmigo —se dirigió a José Miguel y le dijo—: ¿Y qué hacemos ahora? —Escríbale un mensaje en un papelito a nombre de José David, mi hijo, y ponga su número de teléfono para que lo llame. —Listo. Voy a escribir entonces el mensaje: “José David, te regalo este jurel para que te lo comas frito en el desayuno. Llámame”. Y a continuación puso el número de su celular. A los 10 minutos alguien llamaba a su teléfono para hablarle sobre el regalo de un jurel. El de la


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EL HERALDO pescadería estaba convencido de que el hombre era un timador. De otra manera no se explicaba cómo podía la paloma salvar semejante distancia en tan corto tiempo. Así que cogieron un taxi con el policía a bordo y se encaminaron hacia la casa de José Miguel. Llamaron a la puerta y José David salió con el papel arrugado. El de la pescadería lo desplegó y no tuvo más opción que rendirse ante la evidencia. —No joda, loco —dijo— ¿y qué palomas son esas, cuadro? “Yo terminé vendiéndole un par”, dice José Miguel. “Con el paso de los meses volví a encontrarme al tipo en Las Flores. Entonces me llamó y me dijo: “Hey, ya me la desquité. Me llevé una paloma a Cartagena y le gané la apuesta a un ‘marrano’. Pero, por lo general, no vendo las palomas. Es que muchos se entusiasman cuando ven lo que ellas hacen, pero luego se les pasa la fiebre y las ponen a pasar trabajo”.

El Látigo Azul vuela más que el viento

Los Luna constituyeron una dupla perfecta. José David limpiaba el palomar, les preparaba un concentrado de maíz, millo, cebada, arroz con cáscara y arvejas, y desparasitaba a los corredores cada tres meses. Su papá velaba por el entrenamiento y la representación legal de los mismos. La segunda competencia de sus palomas fue en el 2004. El punto de partida era Manizales. Unos meses antes, cuenta José Miguel, un miembro de la asociación, dueño de varios buses de Brasilia, llegó hasta Las Moras para alardear de sus nuevas adquisiciones: unos pichones espléndidos, hijos de un palomo que había ganado más de 9 competiciones en Europa. Cuando vio a José Miguel le dijo:

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—Con estos les voy a dar sopa y seco a las palomas de ustedes. En esos días acababa de nacer en el palomar de los Luna un palomo azul. José Miguel fue al patio a buscarlo, se lo mostró a su contendor y le dijo: —¿Sí estás viendo a este pichón? Bueno, pues con este les voy a dar látigo a todos mis contrincantes. El día estipulado para la competencia, el palomo azul llegó de primero a Barranquilla con un tiempo de 12 horas con cinco minutos. “Desde entonces”, dice José Miguel, “el palomo fue conocido con el nombre de el Látigo Azul. Más adelante también nos ganamos la competencia Medellín-Barranquilla y Cali-Barranquilla, pero fue la victoria de Látigo Azul la que me dio a conocer por todos lados. Aquí a mi casa vinieron periodistas del canal 4 del Perú, y de El Universal de México. Esas imágenes como que le dieron la vuelta al mundo, porque un día yo venía caminando por la calle y una turista se apartó del guía para decirme: —¿Usted no es el señor de las palomas mensajeras? —Sí, claro, soy yo. —¿Me permite tomarme una foto con usted? Y yo, ni corto ni perezoso, me tomé la foto con la mujer.

las huellas del palustre y del golpe del cincel. Actualmente, dice, él y su hijo cuentan con 30 palomas y andan apartados de las competencias debido a la falta de tiempo. Con todo, él sigue haciendo uso de cuando en cuando del inusual correo familiar: Servipalomas Luna. Ahora saca un billete de $10.000 y me dice que escriba algo en un papel junto a mi número de celular para amarrarlo a la pata de la paloma. –Cada vez que voy al banco, dice, me llevo hasta cuatro palomas y les amarro a cada una varios billetes en las patas. Yo sé que cuando llegue a la casa ahí voy a encontrar mi plata segura. Con tal de que a los fleteros, digo en tono de broma, no se les dé por entrenar a un gavilán y apostarlo en las inmediaciones del banco. Pero no. Las palomas mensajeras pueden alcanzar una velocidad de hasta 90 kilómetros por hora y difícilmente pueden ser aprehendidas por un depredador aéreo cuando tienen pocas horas de vuelo. José Miguel Luna extiende las palmas de las manos y la paloma se eleva rauda en el aire con un alboroto de alas negras y garras coloradas. Trato de enfocarla con mi cámara fotográfica, pero en cuestión de segundos ha desaparecido de mi campo visual. Cinco minutos más tarde mi celular empieza a timbrar, y José Miguel Luna, con una sonrisa triunfante, me alienta a que lo conteste.

Un testimonio directo

Estoy en una de las dos entradas de la Sociedad Portuaria de Barranquilla para presenciar de cerca el vuelo de una paloma mensajera. Un vigilante anuncia mi llegada por radioteléfono y un momento después sale José Miguel Luna, enfundado el cráneo en un casco amarillo, con una paloma al interior de una caja de cartón. No es alto, su nariz es chata y en la textura de sus manos pueden descubrirse

José David, el hijo de José Miguel Luna, recibe las palomas y los mensajes, en el barrio Las Moras.


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El triunfo de La Jirafa

Por Joaquín Mattos O.

En el libro Gabo periodista la mayor cuota representativa la tiene su etapa primigenia, los ‘textos costeños’. De los 32 textos, 24 corresponden a La Jirafa, publicada en EL HERALDO, entre enero de 1950 y diciembre de 1952”.

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ntre 1970, cuando se publicó Relato de un náufrago, y 2002, cuando salió a luz Notas de prensa. Obra periodística 5 (1961-1984), la totalidad de la fascinante producción periodística de García Márquez ha sido recogida en libro, de modo que desde hace un decenio se halla repartida en más de diez volúmenes que han sido varias veces editados –y ello sin contar dos trabajos que fueron escritos desde su concepción como libros: La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile (1986) y Noticia de un secuestro (1996)–. Pues bien: a esta vasta bibliografía del periodismo garciamarquiano, se añade ahora el estupendo libro Gabo periodista, cuya edición colombiana (que ha seguido a la mexicana de noviembre de 2012) apareció en días pasados, una y otra debidas a la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Se trata de una antología que (como dice el puertorriqueño Héctor Feliciano, director editorial del grueso volumen) comprende todo “el largo arco” de su labor en el oficio que, con una muy suya y ya célebre frase, él mismo ha calificado como el mejor o el más hermoso del mundo. Además de lo anterior (esto es, de brindar una muestra panorámica de su creación periodística), esta antología ofrece una atractiva peculiaridad: ser una suerte de antología coral, pues los 69 textos que la integran (entre columnas, artículos, crónicas y hasta notas necrológicas, incluida entre estas últimas una sobre Octavio Paz de apenas 104 palabras, que, sin embargo, y de acuerdo con Alma Guillermoprieto, que la eligió, le tomó cuatro horas de trabajo) fueron seleccionados, según su libre gusto, por 18 reconocidas figuras, entre escritores y periodistas, de diferentes nacionalidades (pues, de un modo diferente, Gerald Martin es también aquí compilador), cada una de las cuales acompaña su selección con un comentario, análisis o evocación. El resultado es, pues, una

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visión crítica y poliédrica del “Gabo periodista”, que se complementa con un ensayo testimonial de Jaime Abello Banfi sobre el “Gabo educador” de periodistas. En relación con los 69 textos escogidos por los antologistas (a los que los editores agregaron, para que se conozca la propia reflexión del antologado sobre la materia, justamente el ensayo-discurso “El mejor oficio del mundo”), llama la atención el que de las siete u ocho etapas del ejercicio periodístico de García Márquez, la mayor cuota representativa la tiene, de lejos, su etapa primigenia, la de sus primeras armas, la de los “textos costeños”, como la bautizó para siempre Jacques Gilard: 32 textos. Es decir, poco más del 46%. Y de esos 32 “textos costeños”, 24 corresponden a La Jirafa, publicada en EL HERALDO entre enero de 1950 y diciembre de 1952: es decir, poco más del 34% del total de la compilación. Cabe entonces concluir que, en el concurso implícito que conlleva esta selección de la obra periodística de García Márquez, el ilustre jurado procedente de Europa y de América otorgó el primer premio por amplio margen a la juvenil, traviesa e ingeniosa columna de cuello flexible. Se me queda en el tintero la entrevista con Mercedes Barcha (toda una novedad) y, en la retina, las más de 100 fotografías que muestran los múltiples y cambiantes rostros siempre de bigote que, en el curso de más de 60 años, estuvieron con tenacidad detrás de una máquina de escribir o un computador para que este libro fuera posible.


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destinos nacionales e internacionales recorren los buses de Expreso Brasilia, líder en el transporte terrestre.

En 1979, la implementación de los Pullman causó gran impacto entre los pasajeros.

HISTORIA EMPRESARIAL DEL CARIBE

PROCESO DE EVOLUCIÓN Las políticas institucionales de la compañía siempre han apuntado a la renovación del parque automotor en cada período, con flotas modernas y confortables.

APERTURA DE AGENCIAS El crecimiento de rutas motivó la apertura de nuevas agencias por todo el territorio nacional. Un enorme aviso en la entrada anunciaba el destino y el horario de salida.

En una época crítica del país surge Expreso Brasilia, justamente en la década de los 60, en la que se originaron acontecimientos que transformaron a la humanidad.

Haciendo historia por las rutas de Colombia

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Por Fabiola Oñoro

uando Colombia se debatía entre acontecimientos políticos y sociales turbulentos, ocurridos a mediados del siglo XX, nace en Barranquilla una empresa que cambiaría el concepto del transporte terrestre entre las ciudades del Caribe colombiano, comenzando su servicio por las carreteras de Bolívar y Atlántico. Este fue el aporte que trajo, desde el Tolima, un grupo de empresarios del interior del país que, al radicarse en Barranquilla, quisieron

transformar este servicio a fin de ofrecerles comodidad a los pasajeros barranquilleros y cartageneros. El 13 de mayo de 1961 abre sus puertas Transportes Brasilia Ltda., fundada por el bogotano Efraín Nieto Riberi, el tolimense Gabriel Hernández y el manizalita Carlos Vásquez Arango, los tres, grandes conocedores del servicio, vinculados a la empresa Rápido Tolima. Invirtieron $60.000, pero solo hasta el 8 de julio de ese mismo año comenzó a operar la empresa, con 14 modernos buses de silletería abullonada y colores muy vistosos, traídos del Tolima. Reemplazaron a aquellos vehículos de madera


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LLEGABA AL HOTEL EL PRADO El emblemático Hotel El Prado, sin sus cambios en la fachada, fue testigo del sinnúmero de pasajeros, muchos de ellos sus huéspedes, que transportaban los buses de Expreso Brasilia.

El expresidente Misael Pastrana estuvo en la presentación de los primeros Pullman marca Avia que rodaron por el país.

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EL PRIMER ESLOGAN “Brasilia, lo más moderno en transporte” fue el primer eslogan que tuvo la compañía. Una gaviota acompañó por muchas décadas el viaje de cientos de pasajeros por todos los destinos de Colombia. Hoy, el número 50 marca los 10 lustros que tiene de fundada esta compañía barranquillera.

en estado deficiente, tipo chiva. El nombre se dio en la década de los 60 a raíz de los hechos importantes que se presentaron en el mundo y que marcaron la historia como fueron la llegada del primer hombre a la Luna, la llegada del rock and roll, con los emblemáticos The Beatles y The Rolling Stones, y la inauguración de la ciudad de Brasilia, cuyo urbanismo moderno influyó en la arquitectura de Brasil, tanto que fue proclamada como la nueva capital de Brasil. Precisamente ese hecho de modernidad dio origen a este proyecto ambicioso e innovador del transporte terrestre en nuestro país. El aviso publicitario de la

Hoy, por las carreteras colombianas y venezolanas circulan los buses Isuzu L-V150 de General Motor.

época para promover el servicio que ofrecía Transportes Brasilia destacaba las ventajas de los buses, con carrocerías traídas de Estados Unidos, y las características de lujo, comodidad, velocidad, seguridad y eficiencia mecánica. Un año de servicio por las carreteras del Atlántico y Bolívar llevó a los propietarios a disolver la compañía para abrirse a nuevos capitales e ideas avanzadas. Ocho nuevos socios constituyeron una nueva sociedad, la cual desde hace 50 años lleva por nombre Expreso Brasilia S.A., mediante escritura pública de constitución que se protocolizó el 11 de agosto de 1961. La ampliación de rutas fue inminente, abarcando Sincelejo, Carmen de Bolívar, Magangué y Montería, pero también mediante transbordadores atravesaban el Río Magdalena para llegar a Ciénaga, Fundación y Santa Marta. Con los años se fue extendiendo por todas las regiones del país. El 30 de enero de 1981, en una ceremonia solemne, con la asistencia de numerosas personalidades, se inauguró la Terminal de la Calle Murillo, edificación donde hoy funciona la sede administrativa, porque los despachos de los buses se hacen desde la Terminal de Transporte. Expreso Brasilia es hoy una de las empresas de transporte terrestre de mayor tradición en el país, además de contar con el más moderno parque automotor. Sus vehículos están dotados con tecnología de punta, con un desempeño en carretera que responde a las mayores exigencias, y dotados de una apariencia imponente y altos estándares de seguridad, comodidad y confort. Empezó transitando dos destinos, y 50 años después recorre 150, entre nacionales e internacionales.


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EL HERALDO Por César Muñoz Vargas Especial para EL HERALDO

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@Sde177segundos

n día domingo, el ambiente de la colonia Misión Santa Sofía, de Santiago de Querétaro, se impregna con la bocanada de Colombia que emana de la casa de Alicia Castañeda Cardona. Allí los muros rezuman vapores de pescado frito, patacones y arroz de coco; acordes de cumbia, salsa y mapalé; ecos de risotadas nostálgicas y el hálito sentimental del clan de advenedizos que concurre con la devoción de un deber sagrado. Es la cita con la colombianidad. El simple hecho de ser mujer, buena madre y trabajadora honesta debería bastar para que el testimonio de Alicia (Ciénaga, Magdalena) tuviera relevancia ante los ojos extraños. Sin embargo, hay que adentrarse en las minucias de su pasado y en el silencio de su cotidiana intimidad, para dimensionar por qué ella es modelo y un ejemplo bueno de los miles de colombianos que, sin aspavientos, hacen patria lejos de su cuna. Esta cienaguera, criada en Medellín y Barranquilla, parió cuatro veces, intercede en causas nobles y ha sido una especie de embajadora cultural en dicha ciudad mexicana. Es el centro de un espiral alrededor del cual giran las historias de sus hijos y las de un buen número de compatriotas, muchos costeños, que la buscan como esa matrona que enarbola las banderas del sentir patrio y que tiende su mano en momentos borrascosos. A la casa, además de entusiastas y ávidos comensales que solo se marchan cuando han raspado el cucayo, también llegan estudiantes solitarios y las

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Un consulado del Carnaval, en México

noticias de paisanos en mala situación o caídos en desgracia. Así como ha corrido la voz de su exquisita sazón, igual han trascendido su generosidad y ese espíritu inquieto, bastión de sus buenas intenciones, que la impulsan a representar el Carnaval de Barranquilla

durante el Festival de Comunidades Extranjeras o a promover colectas en favor de connacionales de bajos recursos. La mujer, curtida en tiempos de crisis, no aloja pesimismo ni mezquindades. Aprendió a luchar sola y desde muy joven. Se casó a los

19 años, y a los 29 ya estaba separada y con tres críos: Roberto Javier, Martín Antonio y Dorida Esther. Los pudo educar, a pesar de los apuros financieros y en una época de exiguas opciones laborales para las mujeres. Alicia había terminado el secretariado


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Desde hace 12 años, Alicia Castañeda se ha convertido en una madrina de nacionales que llegan al país azteca. Lidera –con el apoyo de sus hijos– la comparsa ‘Aires de Colombia en México’, que quiere traer al Carnaval de Barranquilla.

comercial en el antiguo Colegio Libertador de Barranquilla, formación académica que le sirvió para convertirse en agente de aduana y abrir posteriormente una oficina de importaciones. Hacia 1981, cuando Roberto Javier Alcázar quiso iniciar

Alicia Castañeda, con traje de Garabato. Abajo, con sus hijos Roberto y Dorida, su yerno y nietos.

la carrera de medicina y se encontró con la exigencia tácita de palancas en las instituciones, surgió la posibilidad de que estudiara en México. Alicia lo embarcó con el pasaje y algunos dólares para que el bachiller de 17 años se inscribiera en la Universidad Autónoma de Guadalajara. Así comenzaba el éxodo paulatino de la familia Alcázar Castañeda. Ocho años después, su hermano Martín repitió la historia. Además, se graduó en la Universidad Autónoma de Culiacán, la misma institución pública donde terminó Roberto, pues a su madre se le dificultó seguir costeando la carrera en el alma máter de Guadalajara. Mientras los hermanos adelantaban especializaciones, en Barranquilla, Dorida se hacía enfermera, y la pequeña Delia María, fruto de una segunda unión, avanzaba en su camino escolar. En 1999, poco después de culminar el bachillerato en el Colegio de la Sagrada Familia, Delia, diestra bailarina de cumbiambas, se convirtió en la tercera emigrante: quería estudiar ingeniería electrónica. Al poco tiempo, la siguió Dorida Esther. Sola con su madre, y ante el llamado de sus hijos, en el octubre siguiente Alicia Castañeda echó sus 57 años en un par de maletas y se acompañó de su vieja, Ana Rita Cardona, para radicarse en Querétaro. En Colombia, solo le quedaba un hermano paterno en Ciénaga, la oficina de aduana y la memoria de épocas amables en el vecindario de La Victoria, con todo y los días de puertas

abiertas, de parloteos en el antejardín y de muchos carnavales. Costumbres que se rehusaba a perder. Doña Ana Rita murió en el 2003, a los 83 años, y Alicia, antes de abatirse en la depresión y la quietud de los días en un país donde no pasaba necesidades, buscó el modo de ocuparse. Trabajó en una panadería y en una oficina de bienes raíces, de donde renunció para crear su propio negocio de comidas y por el que muy pronto la comunidad colombiana empezó a frecuentar su morada. Hoy, esta costeña de 69 años tiene una amplia base de datos de compatriotas a los que ofrece sus platos y de quienes conoce sus cuitas. Más que un negocio, su actividad la califica como una terapia en medio de la fraternidad y un modo para financiar la coreografía y los trajes de la comparsa que presenta cada año en Querétaro. Alicia ha aprendido a asumir como propios los dramas ajenos, y los dolores de cabeza que no le dieron sus aplicados retoños, se los ha ganado por esa escasa virtud de ponerse en los zapatos de los demás. Recuerda el caso de la universitaria muerta, de Montería, en un accidente de carretera y cuyo cadáver fue repatriado gracias a la gestión que se adelantó para recaudar los fondos. Alicia hace hincapié en los muchos estudiantes que arriban becados o por intercambios, pero que no tienen ningún tipo de auxilio económico. Jóvenes que sufren penurias o mueren. Así sucedió el último agosto con Mario Díaz Flórez, un

barranquillero fallecido tras un ataque de epilepsia que sufrió en su apartamento. En esa ocasión, los compatriotas también se solidarizaron para juntar los cuarenta mil pesos mexicanos que costaba el traslado del féretro. Díaz adelantaba una maestría de física en la Unam del Distrito Federal. Durante los doce años que lleva en Querétaro, Alicia Castañeda ha entendido que llegó a algo más que a ver los frutos de esfuerzos y desvelos. Un neurocirujano, un urólogo, una enfermera y una ingeniera que adelanta en Puebla un doctorado en microelectrónica; cuatro profesionales colombianos que sirven a México y que secundan a su madre en esos roles de anfitriona, de gestora cultural y de trabajadora voluntaria. Ellos se han encargado de multiplicar la obra. Martín Antonio, el urólogo, vive en Cabo San Lucas (Baja California), y tiene su propia comparsa de cien bailarines: ‘Marimondas del Carnaval’. Delia María es quien coordina las coreografías y busca los danzantes. Dorida Esther atiende a los visitantes cuando la casa de Alicia se colma de colombianos. El destino de Alicia Castañeda y su familia está afincado en México, pero ella quiere regresar a Barranquilla. La ilusiona presentar su comparsa ‘Aires de Colombia en México’, quiere demostrar que su esencia caribe fluye intacta, y mirar si las calles de La Victoria siguen tan amigables. Es un sueño que la motiva cada día, como cuando hace tres décadas se desempeñaba en trámites de importaciones y se iniciaba, tal vez sin proponérselo, como exportadora de talentos: sus hijos, todos barranquilleros.


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Notas clásicas, de Italia, con amor

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Por Carlo Vitali

esde el siglo XIX la tarantela se convirtió en el emblema musical del reino de Nápoles, su nombre remplazó el de muchos otros bailes populares anteriormente difundidos en la región meridional de Italia, convirtiéndose así en la danza italiana por excelencia, debido también a la estilización con que la han caracterizado compositores como Rossini (La Danza) y Mendelssohn (en el final de la Sinfonía Italiana). Hay una gran variedad de formas musicales y de prácticas corales que se asocian a este término. En la actualidad sobreviven al menos doce familias, difundidas en una vasta área que va desde los Abruzos hasta Sicilia y algunos puntos de concentración en las regiones de Campania y Apulia. Tarantelas urbanas o rurales, unidas a la cultura de los pescadores o de los pastores de la montaña, hasta aquella de minorías lingüísticas como los Arbëreshë o albaneses de Italia. Es posible identificar algunas características constantes. Casi siempre el tiempo de base de la tarantela es veloz y sobre tiempo fuerte con una métrica simple o compuesta

que puede variar del 4/4 al 6/8 o al 18/8. El modo oscila entre mayor y menor, modulando de vez en cuando sin preparación. Las combinaciones de ritmo, melodía y armonía están sujetas a improvisaciones que son funcionales para el desempeño de los bailarines. Hacia la parte final, el ritmo se hace más sostenido, llegando al delirio. El canto se encomienda a una o dos voces solistas, que pueden ser femeninas, masculinas o de falsete usualmente cercanas a una estructura musical aguda con emisiones vocales impetuosas de pulmones y ‘de cabeza’, en las que se aprecia la capacidad de introducir variaciones mediante síncopas y melismas. Entre los instrumentos que acompañan predomina la presencia de guitarra (clásica o italiana), violín, mandolina y percusión. A tambores, panderetas y castañuelas se añaden instrumentos pintorescos como el putipú (tambor a fricción), el traccheballacche y el scetevajasse. Otros instrumentos como la gaita, la chirimía, la flauta y el colascione (bajo primitivo de una sola cuerda) a estas alturas han entrado en desuso o limitado su uso a algunas áreas rurales aisladas. Las más antiguas fuentes musicales de la tarantela se

Andrea Lucchesini, pianista. Elvis Alejandro Díaz, arpa.

Orquesta Concierto Italiano.

Accardo y Amigos.

Mario Brunello, violonchelo.


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La música italiana del periodo comprendido entre los siglos XIV y XVIII ocupa un puesto de gran relevancia en toda la historia de la música occidental. La ciudad amuralla disfruta desde ayer de este privilegio, con el Festival Internacional de Música Clásica.

remontan a la primera mitad del siglo XVII, por ejemplo en los tratados del jesuita alemán Athanasius Kircher y en la canción Michelemmá, atribuida a Salvator Rosa (1615 - 1673), un personaje polifacético que era pintor, escenógrafo, actor, intérprete de varios instrumentos y poeta satírico. Más que a la ciudad de Taranto, el nombre de la danza parece aludir a la tarántula, una araña a cuya venenosa mordida se le atribuían alteraciones psíquicas similares a la histeria, especialmente en las mujeres. Se intentaba curar dichas afecciones a través de rituales que podían durar varios días, durante los cuales la paciente danzaba hasta caer exhausta. Pero no todas las formas de tarantela estaban relacionadas con la terapia; también se danzaba en encuentros comunitarios o familiares de

En la melodía para ejecutar el baile de la tarantela casi siempre el tiempo de base es veloz.

carácter alegre como fiestas religiosas, peregrinajes, ciclos agrícolas como la siega y la vendimia, u otras como carnavales, bodas o bautismos. Junto a la tarantela, nombre del cual toma el título, uno de los conciertos del Festival de Música Internacional de Cartagena ofrece una variada representación sonora de todo aquello que se podía escuchar en las calles del reino de Nápoles durante tres siglos, desde el Renacimiento hasta la Revolución Francesa. Voces fragmentarias de un mundo lejano, conservadas en las bibliotecas o transmitidas oralmente por generaciones, reconstruidas por musicólogos e integradas con intuición creativa por quienes buscan revivir los géneros antiguos. Cantos de un amor que oscila entre la devoción petrarquista y la sensualidad adornada de alegre obscenidad. Cantos de trabajo y fe, pero también de superstición y magia, en los que santos y vírgenes se asemejan a las divinidades paganas que conceden caprichosos favores. Cantos de sátira política y de odio social que estalló a finales del siglo XVIII en una sangrienta guerra civil entre la plebe –incitada por el clero reaccionario– y los intelectuales afrancesados que reclamaban libertad, igualdad y fraternidad, pero que terminaron ejecutados en la plaza de mercado de Nápoles.

La imagen del afiche, realizado por el artista Miguel Cárdenas Meira, está basada en la ópera ‘La flauta mágica’, de Mozart.


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Rev Latitud enero 06