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Arely: “Tenía una amiga que el padrote la drogaba para que trabajara toda la noche, tenía diabetes y le dio un coma; otra compañera que igual la drogaban en San Pablo y se dio un pasón de droga y que muere. Otra dejó al padrote, empezó a trabajar por su cuenta y un día se cuenta que el padrote la buscó y la buscó, la encontró y que la mata... él se dio a la fuga. La autoridad siempre cree en los padrotes. Yo creo que les dan una comisión para que no los castiguen. Una fue a derechos humanos, pero se quejan que dan vueltas y vueltas”. Aracely: “Si llegas a la Delegación, lo primero es: ¿a qué se dedica? dígame ¿cómo era el señor? y diga ¿cuáles son las placas?, pues es que usted ya sabe a lo que se dedica... Ustedes ya saben por qué les pasa esto. Y nos da coraje porque no nos hacen caso. Hice dos denuncias: una contra un patrullero y otra por robo de cliente: al policía sólo lo cambiaron de esa patrulla y al cliente ya no supe. Fui a ratificar la demanda y que se había perdido: fui al siguiente día, me explicaron que como no había sido en su turno, no sabían y que no la encontraron”. “En la Delegación no tenemos muchas voces las mujeres. No resuelven. Más bien discriminan, si me toca un juez cívico mujer, no tanto, pero si es hombre, nada más dice que toman el dictado y se van horas y horas… que van a tomar el café... que les falta no sé qué. Hasta que una se aburre. Si les dices ¿qué pasó? regresan: "Ah! es cierto", dan largas al asunto. A las mujeres hacen poco caso”.

El hartazgo del odio por género contra las mujeres, se expresa en estas frases de la misma Aracely: “La violencia viene a ser directamente contra las mujeres: podrían no discriminar y dejar toda su violencia que nos hacen. No respetan las leyes para las mujeres: golpeadas, asesinadas, robos, violaciones. Como ellos –los clientes- tienen la idea de que ellos son los que pagan, pueden hacer lo que quieran contigo, sin que nada digas y pues, obvio, estamos aquí, pero no para que nos humillen tanto, no a ese grado… No he levantado denuncias ¿para qué?”. “Vamos a los hospitales, pero no les decimos a qué nos dedicamos porque si no, no nos atienden. Necesitamos apoyo psicológico, nos haría falta, si hubiera una institución donde no nos discriminaran, donde hubiera ese tipo de apoyo médico y psicológico muchas iríamos. En la delegación dicen que podemos ir, pero a veces vas y no están trabajando”.

Segundo informe del Observatorio  

El Segundo informe del Observatorio contra la Trata de personas DF

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