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AÑO XLIV, Nº 154, DICIEMBRE 2007

Federación de la Inmaculada Monjas Dominicas Torrent – Valencia (ESPAÑA)


ÍNDICE

Página Agenda Federal ……………………………………………………….. Peregrinación a Roma ……………………………………………….. Convivencia: Celebración 50 años de la Federación …………….. Compartiendo: - Santa Catalina – Valencia …………………………………………. - Córdoba – Argentina ……………………………………………….. - Burriana – Castellón ………………………………………………… Noviciado Federal en Mendoza – Argentina ……………………….. Noviciado Federal en Copiapó – Chile ……………………………… Sor Marilina cuenta su profesión ……………………………………. Gratitud de Sor Mª del Carmen Maila ………………………………. Otras noticias ………………………………………………………….. Nuestros difuntos ………………………………………………………

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Edita: Federación de la Inmaculada Concepción Alter, 4-V. Apartado 20 46900 TORRENT (Valencia) ESPAÑA IMPRIME: Federación de la Inmaculada Concepción Depósito Legal, V.733/1989 Diciembre, 2007 E-mail: secrefeinma@infonegocio.com Tel. 96-158 96 15 HT

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Agenda Federal

ACTIVIDADES DE LA PRIORA FEDERAL - Los días 21 y 22 de septiembre, visita las Comunidades de La Esperanza y Santa Inés, ambas en Zaragoza. - Los días 1y 2 de octubre visita la Comunidad de Alcañiz. - Los días 3 al 6 de octubre, hace la visita oficial a la Comunidad de Sant Cugat. - Los días 9 al 13 de octubre, realiza la visita oficial a la Comunidad de Palma de Mallorca. - Los días 16 al 19 de octubre, realiza la visita oficial a la Comunidad de Vic (Barcelona). - El día 20 de octubre asiste en Vila-Real a la celebración del 50º aniversario de la custodia del Stmo. Cristo del Hospital, por las monjas dominicas. - Los días 25 al 31 de octubre, realiza con 32 hermanas más de la Federación, una peregrinación a Roma para asistir a la beatificación de Sor Josefina Sauleda, nuestra primera monja dominica contemplativa española beatificada. - El día 29 de noviembre presidió el décimo Consejo Federal. - Los días 30 de noviembre, y 1y 2 de diciembre, presidió la Convivencia de Prioras y hermanas de las distintas comunidades de la Federación en España. - El día 6 de diciembre, asiste en la Comunidad de Burriana (Castellón), a la celebración de una Misa de acción de gracias por cumplirse los 100 años del nacimiento del P. Terencio Mª Huguet Montoro, op. y por haber sido aceptada su causa de beatificación por la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos. - El día 16 de diciembre acompañó, con Sor Teresa Mª Vilanova, subpriora de Sta. Catalina de Paterna, a nuestras hermanas de Gerona en la última Eucaristía solemne celebrada en su monasterio por el Sr. Obispo, D. Carles Soler Perdigó. El día 18, llegaron todas a su nueva Casa, el Monasterio de Santa Catalina de Paterna (Valencia). - El 20 de diciembre, asistió en el arzobispado de Valencia a un acto en el que todos los representantes de la vida consagrada de la diócesis, felicitaron a D. Agustín García Gasco por haber sido creado cardenal de la Iglesia católica. CONSEJO FEDERAL En la Casa de Espiritualidad de los PP. Dominicos de El Vedat de Torrent (Valencia), se celebró el día 29 de noviembre el décimo Consejo Federal. CELEBRACIONES Los días 30 de noviembre al 2 de diciembre se celebró una Convivencia en la Casa de Espiritualidad de los PP. Dominicos de El Vedat de Torrent, para evaluar los frutos del VIII centenario de la Fundación de las Monjas y dar inicio al cincuentenario de la Federación. En ella hubo un encuentro con el P. Maestro General, Fr. Carlos Azpiroz, a quien agradecemos de corazón su interés por las monjas, y muy en especial por nuestra Federación. PRIORATOS Sor Pilar Mª Abós fue elegida priora de la Comunidad de La Inmaculada de Atacama, Copiapó (Chile), el día 8 de octubre de 2007. Sor Mª Ángeles Martínez, fue elegida priora de la Comunidad de Santa Rosa de Lima, de Santiago (Chile), el día 22 de octubre de 2007. Sor Mª Sylvia Caballero, aceptó el priorato de la Comunidad de Concepción-Argentina, el día 8 de diciembre de 2007. 2


TRASLADOS - Sor Cecilia Codina, de Sant Cugat a Paterna, en noviembre de 2007. - Sor María Mora Espinoza, de Yerbas Buenas a Santiago de Chile. SE INCORPORAN A SU COMUNIDAD Sor Alicia Llaver, a la Comunidad de Mendoza (Argentina), en junio de 2007. Sor Nora Díaz, a la Comunidad de Córdoba (Argentina), en noviembre de 2007 Sor Mª Blanca y Sor Mª Carmen Repetto, a la Comunidad de Carcagente, en octubre de 2007. BODAS DE ORO Sor Angelina Casas Vila, de la Comunidad de La Inmaculada de Torrent (Valencia), el día 3 de noviembre de 2007. _________________________________________________

Gratitud Agradecemos a Sor Mª Ángeles Martínez, los años de entrega generosa como formadora en el Noviciado de Copiapó, y pedimos al Señor que su nuevo servicio como Priora de Santiago sea muy fecundo.

VOCACIONES

Postulantado Natalia Beltramino ingresó en la Comunidad de San Justo - Buenos Aires (Argentina), el día 21 de julio de 2007. Tomas de Hábito - Sor María Viejobueno, de la Comunidad de Concepción-Tucumán (Argentina), el día 6 de octubre del año 2007. - Sor Mitzi Antonella Contreras, de la Comunidad de Copiapó (Chile), el día 15 de noviembre de 2007. Profesión Temporal Sor Laura Montané, de la Comunidad de Mendoza (Argentina), el día 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada. Dejó la Vida Religiosa Sor Carmen Penalva Sigüenza, de la Comunidad de Orihuela

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PEREGRINACIŁN A ROMA

Con la fuerza del amor martirial Venerable Sor Josefina Sauleda Conversar con vosotras, hermanas, contándoos el inicio de esta peregrinación es sentir de nuevo la luz que nos fue caldeando el corazón y los ojos, nos llenó de ilusión y nos hizo deslizarnos audaces por autopistas, peajes y más autopistas y aeropuertos, con las consabidas anécdotas. Todo estaba preparado con mimo desde hacía meses. Desde la Inmaculada partimos sintiendo la compañía y el adiós de las hermanas que desde la puerta reglar nos despedían. El sol radiante nos acompañó durante casi todo el día. Vila Real, primera parada. Almuerzo fraterno con las hermanas. ¡Cuánto cariño y cuidado en los detalles, mucha emoción! Hicimos un rápido recorrido por el Monasterio y jardín, fue un rato muy grato, sin duda, para todas. De nuevo al autobús, ahora sin paradas rumbo a la Comunidad de Nuestra Señora de Montesión de Esplugas, allí se conservan los restos preciosos de nuestra mártir y desde allí irradia su testimonio que tantos rasgos de semejanza guarda con su Maestro, el Señor. A medida que nos acercábamos a nuestro destino hizo acto de presencia la lluvia que le daba su toque propio otoñal. Nuestras hermanas de Aragón llegaron mucho antes que nosotras que no nos faltó la emoción de no dar con el Monasterio. Por fin unos expedicionarios salieron a investigar y, qué alegría verlos retornar con buenas nuevas, — ¡ya estábamos a unos pocos metros y eso que algunas creíamos que teníamos para rato!—, dejamos todas el coche y bajo la lluvia fina hicimos la entrada. ¡Abrazos! Estábamos todas las peregrinas, al fin, reunidas. Mientras esperábamos al Obispo D. Agustín Cortes hubo decisiones para todos los gustos: unas hermanas decidieron visitar el sepulcro martirial —casi todas—, otras a la escasa luz del día recorrieron la iglesia conventual, el jardín y otras dependencias. Pronto nos reunimos en torno a Sor Josefina, allí en su sepulcro, recordando el significado de esa tumba martirial que tan magníficamente nos explicó el P. Vito, OP. Allí rezamos y cantamos. Allí nos presentamos, haciendo a la vez presentes a nuestras Hermanas que quedaron en nuestros conventos apoyando esta peregrinación y haciéndola posible. ¡A todas, GRACIAS! Llegó el Obispo. Se le veía contento. Como si tal cosa, como si nada más tuviera que hacer. Muy afable con las hermanas y algunos familiares de la Venerable, y los dominicos seglares que nos acompañaron, también el Ayuntamiento estuvo 4


representado. También tuvimos el gozo de encontrar al P. Juanjo Gallego, OP. que fue durante toda la peregrinación capellán, cicerone y traductor con detalles impagables, P. Gabriel Bauzá, OP., Xavi Catalá, OP., a Mosén Gaspar Mora, Capellán de la Comunidad, a nuestro querido Mosén Doménech Cols… Ya veis. Pronto nos dirigimos a la iglesia conventual. También estaba la Coral. El presbiterio estaba adornado con flores junto con un cuadro de la Venerable decorado de forma muy alusiva y sugerente, no podía faltar la palma característica de los que han caminado hacia la gran tribulación, triunfaron y viven ya con Cristo. Ella estaba presente, con nosotros, alentándonos y dándonos un testimonio perenne de amor a Dios y a los hermanos por encima de cualquier riesgo. Aquel martirio que vivió sola y lo completó con su tenacidad característica no quedó perdido en el silencio y la bruma del tiempo. Aquella caridad que la llevó a defender la vida de los demás a costa de la suya y a perdonar a sus agresores, irradiaba ante nuestros ojos emocionados. En su homilía D. Agustín supo resaltar de forma magistral, el misterio de la vida contemplativa y encuadrar el martirio de Sor Josefina Sauleda. Acabada la eucaristía sonaron los acordes del Virolai. Todos, como movidos por un invisible resorte, nos volvimos hacia la imagen preciosa de la Virgen María que preside el coro de las hermanas. Qué hermoso resultaba en esta ocasión. Las hermanas se recogieron en una silenciosa acción de gracias, para pasar luego a la Sala Capitular y rezar Vísperas. Aquella oración nos convocaba de nuevo en el gozo fraterno, pasamos a la sala de comunidad y nos aguardaba una simpática sorpresa que fue nota característica de nuestro grupo como peregrinas. Una bufanda de color alegre, un verde luminoso, en uno de sus extremos estaba impresa la imagen y nombre de la Venerable y la fecha de su Beatificación, además una simpática bandolera. No quedó la cosa ahí, nos obsequiaron con rosarios, llaveros y medallones con fotografía de Sor Josefina. Y cómo no, un refrigerio. Había que partir y lo hicimos. Despedidas. Nuestra brújula señalaba como itinerario inmediato Sant Cugat del Vallés, de donde, antes del canto del gallo —creo que bastante antes— partimos, esta vez sí, hacia Prulla, al Monasterio de Santa María de Prulla, tan evocador para nosotras, Hermanas Predicadoras. Otras plumas os seguirán relatando una peregrinación que difícilmente podremos olvidar. A todas os llevábamos con nosotras.

Sor María Rosario Botella, OP. Mº de Santa Catalina de Siena - Palma de Mallorca

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HACIA LA CUNA DE LA ORDEN

PRULLA… Sobre las 5,30h. del viernes, día 26 de noviembre de 2007, salimos del convento de Nuestra Señora de los Ángeles de San Cugat. José, el chofer, realizó impresionantes maniobras milimétricas para sacar el autobús del recinto monástico. Sor Lucía Cuenca pasó lista a todos los miembros de la peregrinación, 34 en total, y una vez completo iniciamos nuestro viaje a la cuna de la Orden, Prulla. Recorriendo la A7 el P. Juan José Gallego inició la oración de la mañana. A las 7,30h. ya cruzábamos la frontera de España y Francia por La Junquera, a través de los Pirineos Orientales hacia Perpignan, desde donde nos desviaríamos hacia Carcassonne y posteriormente a Fanjeaux, adentrándonos así en el país cátaro. En todo este trayecto nos acompañó una intensa lluvia y un fuerte viento... ¿presagio de la fuerza del Espíritu que nos esperaba en este viaje?... El P. Juan José Gallego nos fue refrescando la memoria con la historia de los orígenes de nuestra Orden con sus comentarios a través del micrófono: nacimiento de Domingo en Caleruega, sus estudios en Gumiel de Izán y Palencia, canónigo y sacerdote en Osma, sus cuatro viajes a las Marcas acompañando a Diego de Acebes en la embajada real, su contacto con los herejes y con los legados pontificios en el sur de Francia, visita al Papa en Roma, Citeaux, Montpellier, diálogo nocturno con el hospedero en Toulouse, decisión de quedarse en el Languedoc, conversión de mujeres cátaras y fundación de Prulla el 27 de diciembre de 1206, establecimiento de los equipos de predicación como respuesta a la necesidad de encuentro con los herejes y su difícil comprensión del evangelio, primer convento de frailes en Toulouse en 1915, confirmación de la Orden de Predicadores el 22 de diciembre de 1216 por el Papa Honorio III, dispersión de los frailes el 15 de agosto de ese mismo año, muerte de Santo Domingo en 1221. Finalizó este recordatorio de nuestra historia con la lectura de la carta del MO. Carlos A. Azpiroz Costa: “Caminemos fieles al amor inicial”. Sobre las 9h. rezamos Tercia y el Rosario, después un breve descanso en un área de servicio donde desayunamos los deliciosos bocadillos que nos habían preparado nuestras hermanas de Sant Cugat. Mientras atravesábamos por carretera una inmensa llanura, de repente, nos desviamos a la izquierda. Un cartel decía: “Monastère de Prouilhe. Lieux Saints Dominicains”. Entramos en un camino franqueado por plátanos (platanus híbrida o hispanica, sp). Al final del trayecto

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surgió, como mágica, la basílica inacabada de Prulla, cubierta con parra virgen engalanada con los múltiples colores rojizos del otoño. Explosión de alegría entre todas. Eran las 10,30h. Fuimos recibidas entrañablemente por Madre Priora, Sor Catalina y por Sor Jean Baptiste. Participamos de la Eucaristía con toda la comunidad a las 11,30h. Nuestras hermanas cantaron en francés acompañadas de la cítara. El P. Juan José Gallego celebró en castellano. En su homilía, expresada en tres idiomas (francés, inglés y español), nos comentaba que este día era para nosotras nuestro Pentecostés: en distintas lenguas todos entendíamos lo mismo porque el espíritu de Santo Domingo estaba en este lugar. Después nos dirigimos a la sala de acogida junto al magazine, donde degustamos una deliciosa crema de coliflor, pizza, ensalada y natillas. Habría sido bonito recorrer a pie los dos kilómetros que nos separaban de Fanjeaux, pero la lluvia y el viento nos obligó a hacerlo en autobús. Eran las 14h. Fanjeaux es una ciudadela del siglo XIII situada en una colina que domina la llanura del Languedoc, enclave de la herejía cátara, por lo que Domingo lo convirtió en primer centro de su actividad apostólica desde 1206 a 1216. El conductor difícilmente olvidará las maniobras continuas y ajustadas con las que demostró su destreza al recorrer las empinadas y estrechas calles de esta población. Por cuestiones de horario nos quedamos sin visitar la Iglesia de la Asunción y el convento dominicano con su claustro del s. XIV, pero sí vimos la casa donde habitó Nuestro Padre tras su nombramiento episcopal como capellán de Fanjeaux, el 25 de mayo de 1214. Actualmente es un oratorio que pertenece a los dominicos de la Provincia de Toulouse y cuya restauración promovió el MO. fray Manuel Suárez en el Capítulo General de Roma de 1954. Tras una maciza puerta de cuarterones de madera con una impresionante cerradura medieval entramos en el zaguán decorado con temas dominicanos contemporáneos que antecede al oratorio donde se conserva una chimenea, un trozo de pavimento y dos enormes vigas maestras del s. XIII, ¡usado por Santo Domingo!.

También vimos un pequeño sagrario de madera dorada del s. XIV, un busto relicario de Nuestro Padre, una antigua sillería trasladada desde el castillo de Simón de Montfort, una copia de la desaparecida talla románica de Nuestra Señora de Prulla y una vistosa vidriera sobre la vida de Santo Domingo realizada por Jean Hugo. En el centro, un ara bajo un dosel, y en la pared, una lápida con una inscripción en latín que dice: “Aquí, por casi diez años, vivió el Padre Santo Domingo, hombre admirable, varón contemplativo y apostólico. Aquí ayunó, se flageló. En oración pasó las noches. Sostenido siempre por la fuerza de la Madre del Hijo de Dios ganó para Cristo innumerables almas”. Desde el oratorio salimos a un coqueto jardín desde donde se descubre un ancho horizonte que hizo soñar y planear su misión a Domingo. Nos acercamos al Siegnadou (Signo de Dios), desde donde, según la leyenda, vio Santo Domingo una bola de fuego cayendo sobre Prulla lo que interpretó como designio divino para fundar allí el primer monasterio de monjas de la Orden de Predicadores. Terminado nuestro recorrido por Fanjeaux llevamos nuestras maletas a la casa de acogida llamada “El Mirador de Santo Domingo” que dirigen las Hermanas Dominicas del Verbo Encarnado. ¿Dónde estaban estas Hermanas? Nadie lo sabía ni nadie aparecía por allí. ¿Qué hacer? Decidimos “okupar” la vivienda con la aprobación de Madre Federal confiando que al descubrirnos no nos echarían. Asaltamos el edificio y nos distribuimos en las habitaciones al azar, todas ellas compartidas. ¡Cuánto nos reímos en este lugar!

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De nuevo subimos al autobús que tuvo que dar marcha atrás varias calles para emprender el regreso a Prulla. La comunidad nos abrió de par en par las puertas del monasterio y su corazón. Participamos de un encuentro fraterno en una gran sala del último piso donde nuestra Madre Federal y la Priora de la comunidad, Sor Catalina, expresaron nuestra gratitud a Dios por habernos concedido la gracia de este encuentro en el octavo centenario de nuestra fundación. Nos fuimos presentando por conventos; luego los treinta y tres miembros de la comunidad anfitriona dijeron su nombre y su procedencia: Francia, Alemania, Luxemburgo, Méjico, Polonia, Filipinas, Perú, Haití, La Martinica, Japón, España... Estaban presentes las tres novicias que el pasado 21 de octubre habían recibido el hábito de la Orden: sor Guerdine Marie (Haití), sor Eva Marie (Polonia) y sor Marie Cécile (Francia). El diálogo era interesante, fluido y comprensible gracias a las traducciones de Sor Jean Baptiste. En nuestra peregrinación había dos comunidades que fueron fundadas directamente por Prulla: Nuestra Señora de Monte Sión (Barcelona) y Santa Inés (Zaragoza). Sor Jean Baptiste nos habló de la historia de Prulla: la fundación del monasterio el 27 de diciembre del 1206; la pérdida de su autonomía con el nombramiento de prioras reales a partir de 1516; expulsión de la comunidad en 1792 y posterior venta y destrucción total del monasterio durante la revolución francesa (sólo quedó la piedra clave de la bóveda de la Iglesia que representa el cordero pascual y que actualmente se encuentra en el lateral izquierdo de la Iglesia); inicio de la restauración por el P. Lacordaire gracias a la generosidad de la vizcondesa Jurain de la Gravière siendo bendecida la primera piedra del nuevo monasterio el 31 de mayo de 1857; se tuvo que abandonar el proyecto por reveses de fortuna en 1861 quedando inacabada hasta nuestros días la Basílica; refundación de Prulla en la primavera de 1880 por nueve monjas de la comunidad de Nay (cerca de Lourdes) a petición del P. Cormier, provincial de Toulouse y futuro Maestro de la Orden. Desde el 2 de febrero de 2003 es una comunidad internacional.

Finalizado el encuentro hicimos una visita rápida al monasterio. Sólo pudimos ver la sala capitular con bóveda de crucería sostenida con columnas exentas, el austero refectorio con mesas corridas de madera y el claustro acristalado. De allí, por la bella sacristía, nos dirigimos de nuevo a la Basílica para la oración de Vísperas que fueron cantadas en francés y acompañadas por el órgano. ¡Una verdadera delicia! Finalizamos con la oración del jubileo. Volvimos al comedor de la casa de acogida donde cenamos, atendidas por una religiosa dominica estadounidense. Un autobús francés nos llevó a Fanjeaux. Al final, un canto: “Adiós con el corazón, que con el alma no puedo, al despedirme de ti, de sentimiento me muero” y las manos agitadas despidiéndonos de Madre Catalina y comunidad. Sor Mª Pilar Soler, op. Mº Stma. Trinidad y Santa Lucía – Orihuela (Alicante)

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FIESTA DE LA FE

CRÓNICA DEL DÍA 28 DE OCTUBRE

      BEATIFICACIÓN DE LOS MÁRTIRES DEL SIGLO XX EN ROMA  Ha habido que madrugar mucho. Es normal: hemos venido en peregrinación a Roma, no de turistas. Por eso no cuenta ni el cansancio ni el dormir poco, se cuenta con ello por adelantado. Nuestros ánimos para hoy estaban más que caldeados por la celebración vivida en San Pablo Extramuros en la tarde de ayer. Vivencias de Iglesia: vivencia de universalidad, vivencia de unidad… Así pues, nos levantamos más o menos con el día y luego de un desayuno también madrugador, pertrechadas con los elementos que creímos adecuados para hacer frente al frío, al agua, al posible hecho de tener que permanecer horas en pie en la Plaza de San Pedro, subimos a nuestro autobús: Excepcional autobús, excepcional chofer-guía, excepcional acompañante espiritual: P. Juan José Gallego. Ambos, bien conocedores de Roma hicieron posible que nuestros paseos por Roma en autobús, no fueran meros traslados sino ir conociendo paso a paso el itinerario por el que discurríamos. Y no es esto tontería, porque el pasar por las diferentes iglesias ―de las 600 que hay en Roma― o por el Foro, o cerca del Coliseo… ¿Cómo no va a ir ambientando nuestro ánimo de cara a la celebración de la fe que nos esperaba? Llegamos muy puntuales a la Plaza de San Pedro provistas de nuestros pases que previamente nos había proporcionado el P. Vito, nuestro Asistente. Las “de a pie”, azules, y ya íbamos a lo que nos tocara. Las “privilegiadas” ―solo tres― rojas. Se suponía que iban a ser más afortunadas. La Plaza estaba muy despejada a nuestra llegada, pero ya había gente. Nosotras, sencillamente, nos dejamos guiar, eso sí, sin perdernos unas a otras de vista. ¡Y cómo sería de grande nuestra sorpresa cuando nos encontramos en primera fila, en el centro mismo de la plaza!, de modo que nada ni nadie podía impedirnos ver el altar y con una buena silla a nuestra disposición. ¿Qué hacer con todos nuestros pertrechos? Nada, nos vinieron de primera para colocar todo aquello de lo que poco a poco nos íbamos despojando. Pues fue seguro en homenaje a los mártires que ni hizo frío, ni llovió, ni tampoco fue un sol abrasador el que nos calentaba… Sí, ya sé que nos visteis y nos vieron de muchos lados a causa de nuestra ubicación, de nuestro hermoso hábito blanco y de la lucida bufanda verde que, en honor de nuestra Beata Josefina, llevábamos como distintivo. Llevábamos un buen rato ubicadas, examinando toda la inmensidad de la que estábamos rodeadas, viendo como, a riadas, la plaza se llenaba de gente, cuando “nuestras tres privilegiadas de tarjeta roja” vinieron pidiendo un huequecito a nuestro lado… ¿Confusión? ¡Qué sé yo! En fin, que en vez de tres fuimos treinta y cuatro las privilegiadas. Unas filas detrás de nosotras estaban nuestras hermanas de Caleruega. A nuestro lado unas hermanas Carmelitas de la Caridad.

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Era impresionante la marea humana que iba llenando la Plaza de San Pedro. Jóvenes, grupos, religiosas en sillas de ruedas…cada uno con su dolorosa y hermosa historia de fe. No voy a relataros la celebración, ya sé que la seguisteis por televisión y sería repetir. Pero sí quiero transmitir las vivencias por haber tenido la suerte de encontrarme allí. Personalmente sentí tan ridícula la polémica vivida en España en los días previos a esta fiesta… ¿Dónde quedaba la política? ¿Qué era de las divisiones? Yo me sentí una con todos los que allí acudimos y puse en el Altar, en el centro de la fiesta, a todos los que aquí habían quedado, segura de que la sangre de tantos mártires, de aquellos cuyas vestiduras estaban empapadas en la Sangre del Cordero, con su magnífico testimonio de amor y perdón, no van a dejar de fecundar la semilla caída en el suelo de nuestra querida España. Me sentí también privilegiada por contar “entre los míos”, aquellos que supieron dar sus vidas por ser coherentes con su fe aunque no estuvieran en la lista de estos 498 nuevos mártires de este día. Eran poco más de las nueve cuando en las grandes pantalla colocadas en la Plaza apareció la imagen de Juan Pablo II a la vez que en la megafonía se escuchaba parte de su homilía en la beatificación de las monjas Carmelitas de Guadalajara. El que la preparación del acto comenzara así, encogió mi corazón. ¡Qué entrañable y cercano se le sentía! Luego sería el himno de los jóvenes, los escalofriantes testimonios que se leían de los mártires ya casi declarados beatos, los cánticos intercalados hasta acabar con ”Vos sois, Señor, mi fortaleza”. Un tiempo muy bien aprovechado que nos ambientaba e impedía a la vez que nos distrajésemos demasiado con la llegada de personalidades o los ensayos de los oficiantes. Cuando a las 10 en punto comenzó la celebración, el silencio que se hizo en la Plaza fue impactante. Sin duda que vosotras no lo pudisteis apreciar porque los locutores hablan sin parar, pero en la Plaza sólo se percibía la emoción de la vivencia en la que todos estábamos participando. Este silencio y el hecho de estar en primera fila hizo que nuestra celebración fuera especialmente intensa, durando este mismo ambiente hasta el final de la misma. Otro momento, ya dentro de la celebración, muy emotivo, fue cuando los Arzobispos y postuladores respectivos, se acercaron al Celebrante para pedir que nuestros hermanos fueran beatificados en razón de su martirio. Que me perdone el P. Vito, pero al verlo allí, con el hábito y la capa dominicana… no sé describir la impresión. Luego los grandes aplausos y saber que, en muy pocos días, tendríamos su celebración litúrgica. De la homilía no os voy a decir nada porque está en muchos sitios publicada. Solo que el celebrante, con mucha elegancia y delicadeza nos transmitió un mensaje de fe y de amor de “esa fe que contribuye a purificar la razón para llegar al encuentro de la verdad”, en palabras de Benedicto XVI, y esto en clara alusión a los problemas del matrimonio y de la educación. Por supuesto era conocedor de los problemas que está viviendo la sociedad española. Y seguir la Eucaristía, nunca mejor dicho, porque era acción de gracias especialísima, con ofrendas muy vivas ―no me refiero a las litúrgicas― y eran lágrimas ardientes de súplica y oración silenciosa. En fin, que con esta llenez del alma no tuvimos tiempo de cansarnos a pesar de las horas transcurridas, porque en esos momentos estábamos más allá del tiempo y del espacio. Al finalizar esperamos un poco porque sabíamos que el Papa aparecería para rezar el Ángelus. Así fue, pero como sus aposentos quedaban tan lejos de donde nos encontrábamos, lo vimos en las pantallas, igualito que vosotras. Los aplausos, el ondear de las banderas, los cantos y fotografías de los grupos fueron el comienzo de nuestra primera tribulación de la mañana: la salida. Al entrar habíamos sido guiadas y no nos fijamos por donde lo hicimos. Pero entre tanta columna ¿Por qué hueco nos decantábamos para salir acertadamente? Por fin nos decidimos saliendo a una pequeña plaza

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donde esperábamos acudiría nuestro chofer-guía que en todo momento estaba pendiente de nosotras. Y esto fue un imprevisto, alegre e informal encuentro dominicano: El Padre Maestro, su Secretario personal, el nuevo Promotor de las monjas, nuestro P. Antonio García, dominicos de Méjico, de Colombia, monjas de España e Italia, hermanas de diferentes congregaciones… Pequeña la plaza y muchos nosotros… ¡Cómo cundíamos los dominicos con nuestros hábitos blancos y capas negras que dicho sea de paso, poco a poco se iban sustituyendo por las bufandas verdes de la ya Beata Josefina! Tanto, tanto se nos veía que en un momento que nos colocamos para hacernos una fotografía, muchos peregrinos desconocidos, cámara en mano, no quisieron perderse el recuerdo y para estas horas vaya usted a saber donde hemos acabado.! Pasamos un hermoso rato disfrutando ya del preludio de lo que sería la fiesta de la tarde en Santa Sabina. Dio fin a este encuentro la aparición de nuestro chofer que tras un breve paso por el hotel en que nos alojábamos, nos traería de nuevo al Vaticano dónde estaba el restaurante en el que habríamos de recuperar nuestras fuerzas en un lindo reservado dentro del mismo restaurante, pero reservado no por ser especiales ni por monjitas, no, sino por ser “mujeres” y por lo mismo parlanchinas y había el peligro en el Restaurante, en el que la mayoría de peregrinos comía, que los encuentros y las paradas fueran interminables. Estar cerraditas facilitó que la comida, buena, aunque italiana, fuera dentro de lo que cabe, rápida. Dispuestas, pues, para a acudir al encuentro dominicano en Santa Sabina donde teníamos nuestra familiar acción de gracias dominicana. Pero claro, Roma es Roma, y nuestro autobús no podía llegar así como así hasta Santa Sabina. Tuvimos que hacer un trecho andando y por cierto bastante empinado, cosa que ya habíamos experimentado con creces el día anterior. Llegamos a la Basílica las últimas ¡qué vamos a hacer! Pero es que eran las 16,40 y no se podía ir más rápido. Fuimos colocadas rápida y eficazmente: En el ábside, los Padres; en el Coro, las monjas y las hermanas; en el espacio libre las sillas para familiares e invitados. En el marco de la sobriedad de esta Basílica nuestra se había colocado a la izquierda del altar un cuadro del primer ex Maestro General mártir: P. García de Paredes enmarcado en un centro de flores blancas y amarillas. En el centro del altar, gladiolos blancos y rosas rojas. No más adornos, pero bien simbólicos. Al toque de las campanas, de nuevo el silencio. Hizo la introducción al acto el P. Vito T. Gómez que con toda razón nos dijo que ése era el momento para canalizar los sentimientos vividos durante la mañana. Como Postulador de la Orden nos hizo una breve relación de las causas, haciendo especial mención de la Beata Sor Josefina, primera monja española beatificada en 800 años de historia, pero no dejó de notar cómo, en la beatificación que había tenido lugar, estaba representada toda la familia dominicana. Elogió el marco en el que estábamos celebrando nuestra acción de gracias dominicana. Honorio III lo donó a Nuestro Padre. Aquí vivieron Jordán de Sajonia, Tomás de Aquino, Pío V, Lacordaire… Aquí habían vivido o peregrinado muchos de los mártires hoy beatificados, en concreto el P. García de Paredes ¿Cuántas celebraciones no habría presidido en ese mismo Coro?...

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Después de esta emotiva presentación comenzamos las Vísperas presididas por el P. Maestro General, 85 sucesor de Santo Domingo, Fray Carlos Azpiroz Costa. La monición de entrada, yo diría pre-monición, la constituyó parte de una carta del Beato García de Paredes en la que decía ”que la gran variedad de obras de la Orden no altera, no destruye. Todos unidos por una misma fraternidad; unidos en una obediencia a la suprema autoridad; todos unidos aumentaría el vigor de la Orden”. ¿No era eso la realidad que estábamos viviendo? Comienzan los salmos y la monición de cada uno la constituye un texto de una carta o escrito de alguno de los nuevos mártires. Nuestra Madre Federal leyó un fragmento de una carta de Sor Josefina Sauleda a su sobrino con motivo de su próximo matrimonio. No puedo transcribir completas las palabras del P. Maestro porque me haría interminable y porque otra Hermana va a contar lo vivido esa tarde, pero no me resisto a señalar alguna de sus ideas. Estamos en Santa Sabina, donde Nuestro Padre oraba sobre las reliquias de los mártires y donde nosotros hemos venido a dar gracias por los nuevos mártires. Esto supone estar en contacto interno con Cristo y con sus santos, y de este contacto brota la GRATITUD. • Estos mártires por los que damos gracias a Dios fueron testigos de Cristo en vida y en muerte. Pero sobre todo fueron testigos del don del PERDÓN, como Cristo. • Nos preguntamos: ¿Por qué pasó lo que pasó? ¿Quién podrá señalar la causa y los motivos cuando en el mismo corazón del hombre anida el amor y el odio, la serenidad y la violencia, el coraje y el miedo? ¿Quién podrá entenderlo? “Yo, el Señor, que sondeo el corazón y las entrañas”. • ¿No tendremos que fijarnos más en el para qué que en el por qué? Aquí es donde encontramos una respuesta de todos y para todos. Aquí la oscuridad se hace luz porque lo que celebramos es un signo de la presencia de Cristo y de su Reino: una memoria, una presencia, un anticipo del Reino. Cada uno podemos tener nuestra ideología, pero esta, sea la que sea, no puede contener el evangelio. • Estos mártires nos ofrecen su piedad, su devoción, su unión con Cristo, pero sobre todo EL PERDÓN. Nos ayudan a ver con ojos nuevos el pasado, el presente, el futuro… Si estos son hermanos nuestros, y lo son, su perdón dilata nuestro corazón para descubrir que todos son Llegó con tres heridas: hermanos nuestros. ¡Y dentro de la Iglesia también! la del amor, Nos hacen descubrir en todos los acontecimientos, y la de la muerte, aunque no lo parezca, las huellas de Dios. Lo que la de la vida. parece imposible en ellos es donde se sustentan nuestras raíces. Nos hacen abrir los brazos para Con tres heridas viene: alcanzar a todos: son nuestros. Estos hermanos y la de la vida hermanas nos han cambiado el mundo. En nosotros está la posibilidad, la decisión de atravesar este la del amor, puente nuevo ―el del perdón― sin hacerlo levadizo a la de la muerte. nuestro antojo. Y acabó el P. Maestro con este poema que dicen que es de Con tres heridas yo: Miguel Hernández, al que muchos cantautores han puesto la de la vida, música y que no sé qué le puede decir a él porque ya se lo he la de la muerte, escuchado en varias celebraciones entrañables. Dice así: la del amor. ¿Que parece un trabalenguas? No. Es sin duda un lindo poema que si se lee en profundidad, puede mostrarnos su sentido. Y si no, habrá que pedirle al P. Maestro que nos lo desvele. •

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A esta hermosa y comprometedora homilía le siguieron las letanías de los Santos: era nuestra súplica intensa a los nuevos beatos hermanos nuestros. La realización perfecta en alternancia de frailes y monjas. El marco de Santa Sabina hacía que hoy me sea indescriptible. Acabamos la celebración ¿cómo no? con la Salve y el O spem miram. En fin, si a la mañana había sido una fiesta de fe eclesial, en esta tarde hemos vivido una fiesta de fraternidad dominicana. Luego de compartir un refrigerio en los jardines del convento desde los cuales podíamos contemplar toda Roma iluminada, emprendimos nuestro regreso al hotel, más que necesitadas ya de un refrigerio suave y de un no muy largo pero reparador descanso porque el día 29 estaba muy cercano. Acabo este largo y a la vez resumido relato diciéndoos a todas lo cerca que os teníamos cuando vivíamos estas experiencias únicas. Dentro de la programación de nuestra Peregrinación estaba previsto que, en la mañana de este día 29, teníamos que acudir a la Basílica de San Pedro a la Misa de acción de gracias presidida por el cardenal Bertone. Se tenía también la vaga esperanza de una audiencia con el Santo Padre, pero se quedó en eso, en vaga, porque no pudo ser. En teoría no había que madrugar tanto, como así fue. Pero no nos acompañó la suerte del día anterior. A pesar de llegar a la Plaza a la hora que nos habían indicado, luego de hacer largo rato fila ¡hubo quien se quedó sin poder entrar! Por la información de las que tuvieron la suerte de estar dentro, sabemos que fue una hermosísima celebración ya que en ella participaban todos los grupos de peregrinos. Nuestro plan de poder visitar la Basílica a gusto tampoco pudo cumplirse del todo, pues acabada la celebración, tuvimos que salir de la misma para que procedieran a ordenarla. Volvimos a entrar, pero ya con poco tiempo para poder empaparnos de su magnificencia. Aunque, a decir verdad, para ver San Pedro en profundidad, haría falta una semana completa. Entre tanto, hubo algunas de las nuestras, no muchas es cierto, que hicieron su propia peregrinación: Comisaría de los carabinieri, Questura di Roma, en vía Génova, Comisaría central de la Policía en Vía Farini… Fue una mañana de paseo por Roma. Os aseguro que aprendieron italiano a toda marcha; activaron sus neuronas al máximo porque desde el Bus 40 que tomamos, ―son gratis ¿sabéis?― todas las Vías nos parecían iguales… ¡Y todo por culpa de una documentación extraviada! Cuando al fin nos atendieron en Vía Farini y viendo que teníamos que esperar un buen rato, como estábamos muy cerca de Santa María la Mayor, allí nos fuimos a Misa de 11. Llegamos temprano, por lo que pudimos ver el esplendor de esta Basílica tan unida a la Iglesia española. Oímos Misa tranquilas, pero en italiano. No importa, el Amor es el mismo, por eso nos hemos entendido muy bien. En Babel debió faltar eso, el Amor, y su falta dio lugar al desentendimiento. De vuelta a la comisaría nos sentamos a esperar, porque nuestros papeles estaban donde se habían quedado. Pudimos observar mucho… y mejor no mencionarlo. Cuando acabaron con estos trabajos, con mucha amabilidad nos hicieron pasar al despacho y en un momento, con mucha delicadeza, y con el encargo de que rezáramos por ellos, nos fuimos con nuestro certificado en la mano. ¡Y puntuales! A las 13,30 llegábamos, según lo previsto, a la segunda palmera de la parte izquierda de la Vía de la Conciliazione. Allí nos reunimos con todas, con el consiguiente respiro. Nosotras satisfechas de haber paseado Roma y sobre todo de haber visitado Santa María la Mayor. Reunidas pues, nos dirigimos al mismo restaurante del día anterior para comer. Esta vez sin reservado cerradito, por lo que sí hubo encuentros y parones. A nuestro chofer le costó lo suyo el hacerse con el grupo completo para empezar la peregrinación

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vespertina por Roma que tenía un marcado y en principio exclusivo carácter dominicano. Dicho sea en descargo de todos, el momento de salida del restaurante coincidía con el de salida de los autobuses de todos los grupos de peregrinos por lo que ordenar la salida no era nada fácil. A contra-reloj, porque había que aprovechar el tiempo, empezamos. Pero no quiero dejar de resaltar el hecho de que fuera el P. Juan José Gallego nuestro acompañante. Conocedor de los lugares, las personas y el idioma, fue el cicerone perfecto. Nos dirigimos, luego de atravesar el Tiber unas cuantas veces, a la Iglesia de San Marcos, muy antigua, y lugar donde según la tradición, Nuestro Padre predicó una cuaresma. No la pudimos apreciar en todo su esplendor por ser bastante oscura, pero no por ello dejó de ser entrañable para nosotras el seguir los pasos de Santo Domingo. Si no recuerdo mal, está ubicada en la Piazza di Génova, donde se encuentra el monumento a los padres de la patria italiana. Como veis alternábamos el peregrinaje dominicano y la información histórica. En los jardines de esta plaza se quedó aparcado nuestro autobús pues los trayectos eran cortos entre los lugares previstos. Así, y aunque este no estaba previsto, a muy corta distancia está la basílica de il Gesù, la de los jesuitas. En ella está enterrado San Ignacio, San José de Pignatelli, y un brazo de San Francisco Javier. Es maravillosa, pero al estar en plena restauración no pudimos apreciar a nuestro gusto sino la capilla de este último. ¡Ah! y a la salida, estaban restaurando un precioso Crucifijo, y para hacerlo lo habían bajado quedando casi a nuestro alcance. Salía del fondo del alma la oración de San Ignacio: «Miradme, oh mi amado y buen Jesús, postrado ante vuestra divina presencia…». Al margen de la diferencia de carismas ¡y qué diferencias!, el visitar esta iglesia, para cualquier español que se precie, resulta entrañable. Y como os decía que en este centro de Roma todas las iglesias están muy cerca, andando llegamos a ¡Santa María sopra Minerva! Calles estrechas, casi todas peatonales. El único terror: los pasos de cebra, que no hay conductor que respete. Pero de eso ya nos habían informado las que en la mañana se habían paseado por Roma. ¡Santa María sopra Minerva! Para una dominica contemplativa es algo muy fuerte. Aquí se encuentra el sepulcro de Santa Catalina. Perdonad que en esta narración sea tan subjetiva. No puedo contar sino lo que vi y viví. Y aquí vi poco y creo que viví mucho. Que no me pregunten detalles de la Basílica pues me fui directamente al sepulcro de la Mamma. Atravesando los cordones de protección, bien cerca del sarcófago, de rodillas, allí puse todo lo que poco a poco se había ido acumulando en mi corazón. ¡En el corazón de la Iglesia y a los pies de Catalina que murió aplastada por el peso de la barquilla de la Iglesia…! Catalinas que leáis esto, y todas las demás, sabed que en este ratito de oración allí os puse a todas con nombres y apellidos. Era tiempo de dejar este lugar querido. Al salir a la Plaza ¡más hábitos blancos! Nuestras hermanas de Caleruega, esta vez acompañadas por el Padre Pedro Luis, se dirigían al lugar que nosotras acabábamos de dejar. ¿Os extrañará saber que la gente se nos quedaba mirando? Ya sé que no, era lo normal. Ahora sí, al autobús, porque tenía que trasladarnos al que en principio fue el Monasterio de San Sixto. Por los avatares de la historia no lo ocupan las monjas de la Comunidad de San Sixto, sino una comunidad dominicana dedicada a la enseñanza. Es una historia muy linda la que llevó a la revitalización de este lugar dominicano tan importante para nosotras. Nos atendieron, eso, como hermanas, y pudimos estar en el refectorio en el que tuvo lugar el milagro de los ángeles que repartían el pan… ¡Ve y ora, que Dios proveerá! había dicho Domingo. Y así fue, todas lo recordamos. Y ahora nosotras estábamos pisando los mismos suelos, tocando las mismas paredes… Santo Padre Domingo, ayúdanos a creer de verdad que Dios siempre provee.

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Y también había que salir rápido. Porque ahora sí, aunque hubiéramos de cruzar toda Roma, nos dirigíamos a Monte Mario donde se encuentra ubicado el Monasterio de Ntra. Sra. del Rosario, habitado sí, por la comunidad de monjas de San Sixto. De nuevo las circunstancias históricas hicieron que la primitiva Comunidad de San Sixto “il vechio”, ocupara lo que actualmente es el Angelicum y que en la primera mitad del siglo XX, la Comunidad fuera trasladada a Monte Mario, al Monasterio de Ntra. Sra. del Rosario, o San Sixto “il nuovo”, al que estábamos llegando. La comunidad nos esperaba para Vísperas y aunque llegamos con retraso tuvieron la gentileza de esperarnos. Una vez más la mano y la palabra del P. Juan José. Antes de hablar de lo vivido en Monte Mario quiero deciros que el trayecto de San Sixto el viejo a Monte Mario, en este atardecer romano, por lugares en los que cada rincón tiene su historia, fue maravilloso. Entre el chofer y el Padre se encargaban de informarnos y explicar todo detalle. Fue precioso. En fin, llegamos a Monte Mario, y la Comunidad, nuestras primeras hermanas, fueron excepcionales. Nos saludamos en el claustro y pasamos al Coro a Vísperas. ¡El coro de San Sixto! Con su reja a través de la cual se ve el Altar y el Sagrario y con el entrañable cuadro de la Madonna, la Virgen que la beata Cecilia llevó consigo desde Sta. María in Témpulo a San Sixto el viejo. Cantamos Vísperas y ahí ya no di más. Mis lágrimas silenciosas brotaron sin permiso no desde mis ojos sino desde mi corazón. Era pura saturación de vivencias dominicanas que culminaban ahí, a los pies de la Madonna, esa Madre que acompaña a la Orden desde hace 800 años. Era el sentimiento de ser arropada por mi familia, una familia de ya 800 años. Y por si fuera poco, al final me muestran un relicario en el que se encontraba la mano derecha de Santa Catalina y el Breviario de Ntro. Padre… ¡Ya no me cabía más! Por eso, para relajarnos un poco, pasamos a la sala de comunidad a compartir unos dulces que ellas mismas hacen. Un ratito de compartir fraterno, de ver al vuelo el Monasterio tan bien acomodado que tienen, de contemplar las vistas de Roma iluminada desde las alturas del Monte Mario… Y allí también me esperaba otra sorpresa. La hermana que me acompañaba en la visita al Monasterio me dice:”Baja por esa escalerita que está el Crucifijo de Santa Catalina”. ¿Qué?, exclamé mientras la miraba extrañada. Anda sí, baja. Una bajada peligrosa y estrecha, un cuartito de no más de dos metros cuadrados, un Crucifijo y un reclinatorio ante el que caí y que me permitió abrazar a ese Cristo amado. ¡Catalinas…! ¿Me entendéis? Por muy lejos que estéis, por miles que sean los kilómetros que nos separen, ahí quedasteis. Por supuesto que me informé sobre el hecho de que fuera ese el Crucifijo de Santa Catalina. Y sí, tiene todas las garantías de serlo. Y ya, reunidas desde todos los ángulos del Monasterio, de vuelta al autobús que nos llevaría al hotel al que llegamos pasadas las diez de la noche. Nos despedíamos de Roma y del Hotel. Aquí, las chicas que nos atendieron nos habían dejado en recepción un sobre con una carta en la que en italiano y en castellano nos agradecían la paz y la alegría que les habíamos dejado. Por supuesto que lo mejor de esa cena no fue lo que se encontraba en el plato, sino lo entrañable y cordial que resultó. Era tarde, y había que preparar el equipaje de cara a Bolonia, Milán y el avión… Se las traía. Aquí os dejo también yo, pasando el testigo a la que ha de contaros algo más de la fiesta en Santa Sabina y nuestra visita a Bolonia.

Sor María del Rosario Hernández O.P. Mº Ntra. Sra. de La Esperanza – Zaragoza

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SANTA SABINA - ROMA

FAMILIA DOMINICANA Era una tarde otoñal soleada y agradable el 27 de octubre, víspera de la fiesta de la beatificación de los nuevos mártires de España del s. XX, cuando subíamos la cuesta de la colina, donde está ubicada la basílica de Sta. Sabina, nuestra sede dominicana en Roma. Nos costó mucho subir, pues lo hicimos por un “atajito”, conocido por Sor Irene, que por poco nos cuesta la vida a todas, y nada me extrañó que, cuando saludamos a nuestro P. Asistente y a los frailes que nos recibieron en la entrada del convento, una de nosotras dijera al P. Vito si conocía algún camino, para el día siguiente, que nos fuera más asequible, a lo que respondió, que Sta Sabina estaba sobre una montaña, pero que, a nosotras, lo de subir nos iba mucho... En esta primera visita, a la Iglesia de Sta. Sabina, que es una magnífica muestra de una basílica del siglo V (432 d. C.) que, desde sus inicios estuvo consagrada a la Santa y que, hoy en día, conserva más que ninguna otra de Roma, su primigenio estilo, la concedió el Papa Honorio III a Sto. Domingo cuando confirmó la Orden de los Frailes Predicadores. En la capillita, ubicada en el lugar donde vivió Sto. Domingo, hoy de San Clemente IX, Pont- Max. y, ante la presencia de un hermoso cuadro de la Virgen con Sto. Domingo, el Padre Juan José Gallego, nuestro guía y buen hermano, al que le estamos muy agradecidas, presidió la celebración de la Eucaristía, exhortándonos, en la homilía, a colaborar en la acción misericordiosa de Dios en nosotros, a serle fieles, a que le dejemos hacer su obra de salvación y santificación, viviendo en acción de gracias. En nuestra segunda visita a Sta. Sabina, para celebrar la fiesta de la beatificación de los nuevos mártires de la Familia Dominicana, el 28 de octubre de 2007, fue bonito encontrarnos un clima familiar dominicano, en el que podíamos decirnos: “que hermoso es vivir los hermanos unidos... allí manda el Señor la bendición para siempre”. Estábamos representadas las diferentes ramas de la Orden Dominicana, que vivimos en fraternidad y obediencia al Maestro de la Orden, Fr. Carlos Alfonso Azpiroz Costa, 85 sucesor de Sto. Domingo. Sobre el frontal de la Basílica había un mural con la fotografía del beato P. Buenaventura García Paredes, primer maestro de la Orden beatificado, y delante del

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altar un cuadro con una fotografía suya, presidiendo la celebración de las solemnes, sentidas y bonitas Vísperas, en honor de los nuevos Beatos, 74 de la Orden Dominicana, mártires del siglo XX en España, y que nos parecía verlos ya en la hermosa pintura de Jesucristo resucitado en la gloria con los santos, de la cúpula central de la basílica Comenzó la celebración en este lugar incomparable, visitado por tantos dominicos célebres, como el beato Jordán de Sajonia, Sto. Tomás de Aquino, Bto. Jacinto M. Cormier, Fr. Enrique-Domingo Lacordaire, etc., y también, lugar de peregrinación de tantos dominicos, hermanos nuestros muy queridos. El P. Maestro, a modo de una monición introductoria, nos dijo que, el acontecimiento que celebrábamos era un regalo del Señor a la Iglesia y, en particular, a la familia dominicana, por las 23 causas de beatificación que, gracias a Dios, han conseguido llegar a feliz término. Seguidamente se cantó el estribillo del Himno “Semillas de Paz” de José Luis Moreno Martínez:

Semillas de paz, mártires de Cristo, signos del amor, valientes testigos, antorchas de fe en nuestro camino.

Con antífonas apropiadas, que recogían el sentido de martirio de los nuevos beatos, cantamos el salmo 121 (La ciudad santa de Jerusalén). Se proclamó el salmo 123, cantando la asamblea el estribillo “El Señor es mi Pastor, nada me falta”, y después el Cántico del Apocalipsis (Las bodas del Cordero), terminando cada uno de los salmos y cántico, con oraciones sálmicas, leídas por el P. Maestro de la Orden. Alternando con los salmos se leían testimonios de los nuevos beatos. Uno de ellos fue la carta que Sor Josefina Sauleda escribió a sus familiares, tan conocida por todas, y que fue leída por la M. Federal, Sor Mª Teresa Gil. Otro de los testimonios que se leyeron fue de fray Teófilo Montes Calvo, hermano cooperador de 23 años, diciendo que hay que vivir imitando al Señor, para después estar con él en el cielo. Otro testimonio aseguraba que, las únicas armas necesarias son la de la oración y las de las virtudes. Y otro testimonio, leído por Pepe, seglar dominico de Torrente, fue una poesía sobre la Eucaristía, Prodigio admirable, de Antero Mateo García, también seglar dominico. Una de las Hermanas de la Anunciata, leyó la lectura breve: Rm 8, 16-19; Co 1, 5-7, y pudimos profundizar, una vez más, en lo que en realidad somos, en todo lo que hay en nosotros de divino, porque el mismo Espíritu se une al nuestro para dar testimonio de que somos hijos de Dios, herederos suyos y coherederos de Cristo; que si ahora padecemos con él, seremos también glorificados con él. Porque, el sufrimiento del

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cristiano, incomprensible tantas veces, tiene la misma razón de ser que el sufrimiento de Cristo, por eso también Él nos llena de consuelo. A continuación pronunció la Homilía el P. General, comentando el Himno de los Mártires: “Semillas de Paz”. Comenzó diciendo que era una dicha estar celebrando a nuestros hermanos mártires beatificados, y que ello nos exigía estar unidos a través de todas las ramas, en acción de gracias al Señor, precisamente en el VIII centenario de la fundación de nuestra Orden Dominicana; señalando también, con gozo y cariño, la presencia de las hermanas dominicas de la Anunciata y a sus siete beatas encabezadas por la Hna. Ramona Fosas Romans. Haciendo lo mismo con las dominicas de Sta. Catalina de Siena, hoy congregación de la Enseñanza de la Inmaculada, con sus dos beatas: Hnas. María del Carmen Zaragoza Zaragoza y Mª Rosa Adrover Martí. Y que, sobre todo, debíamos dar gracias a Dios por el don del perdón, pues como hermosamente lo canta el himno: “es semilla de cristianos vuestra sangre martirial, es perdón de los hermanos y esperanza de paz”. Siguió diciendo el Maestro de la Orden, que, si nos preguntamos el por qué de lo acaecido, podríamos encontrar dos motivos principales: Uno, histórico, que no era momento de analizar. Debido, en parte, a que el corazón humano es muy complejo, pues busca la paz y, a la vez la guerra; se goza en el amor, pero también sabe odiar, se complace en la bondad, pero hace el mal que no quiere... Que, en el corazón, residen las pasiones, la fuerza, la paciencia, el coraje, y en la ausencia de la gracia, aparece el miedo, la ira, la venganza, etc. “Yo, el Señor, sondeo el corazón y penetro las entrañas para dar a cada uno su recompensa”. Otro motivo, seria detenernos en el para qué... que indica finalidad y que exige la respuesta de todos en libertad comprometida y responsable ante aquellos valores evangélicos que dan sentido a la vocación que hemos profesado y que son signo de la presencia de Jesucristo y su Reino en nuestro mundo, memoria y anticipo de nuestro destino. Porque el martirio de cada uno de nosotros ha de ser, el que llevamos en el corazón, por causa del anuncio del evangelio, por proclamar con nuestra vida la alegría de la fe, sabiendo que la paz de Cristo supera todas las divisiones y reconociendo que Jesús nos ha llamado a su seguimiento para vivir como él vivió: en muerte y resurrección. Nuestra misión, pues, ha de ser la de descubrir la “semilla”, y la clave de nuestra vida, ha de ser el “perdón”, la pasión por Dios y por los hombres... Poder ver con buenos ojos el pasado, el presente y el futuro, porque en todo descubriremos a los nuestros, semillas de paz, signos de amor, encontrando la energía necesaria en la Cruz de Cristo y en los hermanos, pues, gracias a ellos, ha penetrado más en la vida de todos, el perdón y las bienaventuranzas. Recordando a Juan Pablo II y celebrando la memoria de los 18 mártires beatificados por él en el año 2001, terminó el P. Maestro de la Orden, cantando los versos de la poesía de Miguel Hernández, con la música de Joan Manuel Serrat:

Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte. Con tres heridas yo: la de vida, la de la muerte, la del amor. Siendo el final apoteósico, con muchos y calurosos aplausos.

El P. Antonio García leyó en alta voz la antífona del Magníficat: “Aunque a juicio de los hombres, los Mártires hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de

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inmortalidad, y recibieron grandes beneficios, pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí. Y se cantó solemnemente el “Magníficat”, con el que expresamos al Señor y unidos a María, nuestro sentido agradecimiento. Acto seguido se cantaron las “letanías de los nuevos beatos”. El P. Antonio, con otro fraile, alternando con dos hermanas religiosas, iban leyendo desde los dos púlpitos del coro de los frailes, los nombres de cada uno de los nuevos beatos de la Orden, contestando la asamblea después de cada uno, “ruega por nosotros”. Terminándose las Vísperas con el rezo del Padrenuestro, el canto de la “Salve Dominicana” y de la antífona a Sto. Domingo “O lumen” Una vez finalizada la celebración, con el corazón rebosante de gozo, salimos de la basílica. Vimos algunos lugares del convento, el bonito claustro del jardín, la biblioteca, algunas imágenes, etc. El P. Vito, nos enseñó muy satisfecho, la foto de un tío suyo, ahora beato, por ser también uno de los martirizados de España, en el siglo XX. Y nos reunimos con los demás asistentes, familiares y conocidos de los nuevos beatos, en el jardín, donde pudimos merendar y contemplar un bonito panorama de Roma iluminada, “La Ciudad Eterna”, en un agradable atardecer, y, después, regresamos, en autocar, a nuestro bonito hotel L`Oasi, que también nos parecía un trocito de cielo anticipado.

Sor Adelina Climent, op Mº Ntra. Sra. de La Consolación - Xàtiva

EN CAMINO HACIA BOLONIA Sobre las 7,15h. de la mañana del día 30 se iniciaba la jornada del último tramo y objetivo de la peregrinación: BOLONIA. Visitar, besar y celebrar la Eucaristía en la tumba de Ntro. Padre. El día amaneció lluvioso pero a nadie arredró el gris del cielo recibiéndolo como gracia del agua de Domingo. La amable acogida en el Hotel L`Oasi se concluía con la cordial despedida de los distintos empleados que a lo largo de estos días nos han atendido. Después de los “controles” consabidos, para que nadie se quede en tierra, se inicia el camino con el alma henchida del espíritu de Ntro. Padre, dispuesta a experimentar un nuevo impacto de vida dominicana. Ya en ruta el P. Juan José Gallego prosiguió en su “tarea” de ambientación en la peregrinación que estábamos realizando y que tan magistralmente nos venía prodigando como buen conocedor de los lugares por los que íbamos pasando. Fieles a nuestra misión orante rezamos el Oficio y después se dieron lectura a unos sueltos del periódico el Mundo, que nos hizo recordar lo vivido en la Plaza de San Pedro, en la beatificación de los mártires, Testimonios de los participantes que, enardecidos por la fe de los mártires, celebraban “la 19


manifestación hasta el martirio de su amor a Jesucristo, su fidelidad a la Iglesia Católica, su intercesión ante Dios por el mundo, por todos, y que antes de morir perdonaron a quienes les perseguían y mataban”. Fiesta de la fe y de la memoria en clave de reconciliación. “Los mártires, con sus palabras y gestos de perdón hacia sus perseguidores nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica” “Estos mártires deben ser honrados y recordados porque murieron por Cristo. A mí concretamente me han enseñado que la vida no se puede desperdiciar…” comentario de un muchacho de catorce años. Uno de los titulares del periódico rezaba así: “España es ya la primera potencia mundial de santos”. Se hizo un largo silencio. Tenemos intercesores como para recuperar la fe en nuestra amada Patria regada con sangre de mártires. Prosiguió el P. Juan José ahora ayudado por Sor Irene Benavente, del Monasterio de Orihuela, que como ya es sabido ha trabajado y está trabajando sobre nuestras santas, beatas y venerables; conocedora pues de los lugares históricos donde ellas vivieron y que felizmente íbamos recorriendo en nuestra marcha hacia Bolonia, narraba retazos de sus vidas sembradas y santificadas en aquellas ciudades y parajes. Todo un reguero de vida dominicana y referentes bien vivos para nuestro día a día. Seguimos tras las huellas de Domingo con el pensamiento y el afecto que aquellos parajes, que él recorrió a pie, sin miedo al frío, el agua o las diferentes encrucijadas de los caminos, nos provocaban. Se comprende que en medio del esfuerzo y la fatiga al recorrer tantas veces esos caminos de montaña, su corazón de desbordara en deseos de comunicar la verdad de un Dios que es amor, su alma contemplativa penetrara los secretos de la Escritura y brotaran de sus labios cantos de alabanza, ebrio su corazón de la belleza de Dios. El panorama rico por la belleza que contiene y la armonía que presentan los pinos, abetos, viñedos, campanarios indicando UNA PRESENCIA, la niebla envolviendo suavemente el variopinto color rojizo de las montañas cubiertas de bosques multicolores por efecto del otoño, valles hondos surcados por riachuelos, la carretera serpenteando a lo largo de los campos, cerros y poblaciones, hasta incrustarse en la misma entraña de las montañas al atravesar los largos y amplios túneles que nos van acercando a nuestro destino, y, en nuestro corazón una oración de la mano del salmo ocho: “Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Cuando contemplo el cielo obra de tus manos…” Bolonia nos recibe con la suave caricia del agua que cae y las hojas de sus árboles, rojizas y secas, que alfombran las calles y reposan en los diferentes parques, gentes transitando por las veredas urgidas por la lluvia y que vuelven la cabeza al pasar nuestra “procesión”. Chubasqueros y paraguas cumplen su misión y la comitiva se apresura hacia el hotel donde nos están esperando para la comida. Eran las tres de la tarde, la hora convenida. El alegre intercambio de todas y la buena mesa servida dio paso a retomar nuestros bolsos de mano y volver al autobús, ahora ya rumbo al convento de Santo Domingo donde se encuentra el sepulcro de Ntro. Padre. Cada una podría contar cómo iba su ritmo cardiaco. La basílica una joya: Como el tiempo urgía pasamos por ella como de puntillas pero ciertas de que pisábamos terreno “que nos pertenecía”; entramos en la capilla en gran silencio donde, seguro, unas y otras expresamos cuanto nuestros corazones llevaban rebosantes de gozo al poder besar y acariciar aquel monumento guardián de tan preciado tesoro y testigo de tantos hijos e hijas que a lo largo de los tiempos han acudido a honrar a su Padre, beber de su manantial y refrescar el “Os seré

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más útil desde el cielo” y gritar desde el fondo del ser “Cumple, oh Padre, lo que prometiste” que se hizo súplica cantando “Seguir tus huellas Domingo”. ¡¡Seguro!! La gratitud brotó a borbotones por poder estar allí, impensable pero real y también un rosario de intenciones. Ntro. Padre, hombre de Iglesia, hombre de luz y de gracia, hombre con visión y coraje de futuro, totalmente fiado en la acción de su Señor, fiel a cuanto el Espíritu alentaba y sugería aún en medio de las dificultades, con el corazón en el cielo y los pies en la realidad humana, rompiendo esquemas y abriendo surcos nuevos. Allí nos postramos deseosas de escuchar el mensaje enamorado y ardiente de su corazón: “Tened caridad, guardad la humildad, conservar la pobreza”. Ante la tumba de Domingo se experimenta el imperativo de una entrega total, de una verdad encarnada y plasmada en cada acto de nuestra vida consagrada. Nuevamente el P. Juan José nos puso en el punto justo. No había tiempo para más. Celebró la Eucaristía en la intimidad que provoca el lugar y en la sintonía que armonizaba estos momentos de gracia. En la homilía volvió a insistir sobre la oración y nos recordó que somos seguidores de Cristo al modo de Domingo, en consecuencia, somos testigos siempre, tanto en público como en la soledad. Nos indicó que estar ante la tumba de Ntro. Padre significa que hacemos profesión de fe en la resurrección de Cristo y que por eso es posible la intercesión de Domingo. Terminada la Eucaristía fue necesario despegarse de aquel lugar santo para reemprender el camino. Ahora nos esperaba Milán donde teníamos que tomar el avión para regresar a España. Después del saboreo personal por lo vivido y en el autobús, fue La M. Priora de Esplugas, Sor Montserrat Salvador, la que nos hizo partícipe de cuanto suponía y había supuesto tener ya una Beata perteneciente a su Comunidad: La Beata Josefina Sauleda. Interesante su testimonio y sus proyectos en honor de la M. Sauleda. Regresaba a Esplugas con un amor nuevo y un corazón renovado para comunicar a las monjas lo vivido en estas jornadas de gracia La llegada al aeropuerto de Milán fue según previsiones con el “regustillo” de las anécdotas, contratiempos y alegrías más o menos curiosas; después de cubiertos los correspondientes trámites y ya en el avión sobre las 22, 30, con hora y media de vuelo llegábamos al aeropuerto de Barcelona a las 24 horas, para tomar nuevamente otro autobús dirigiéndonos a nuestra querida comunidad de Sant Cugat, donde pasaríamos la noche para, al día siguiente, celebrar la primera misa votiva de la Bta. Josefina Sauleda. Nuestra anfitriona Sor Mª Carmen Horrillo, priora de la Comunidad, lo tenía todo previsto y como las hermanas descansaban, cada una se dirigió a su celda. Quede reflejada nuestra gratitud por tan numerosos detalles de acogida y cariño así como de convivencia fraterna a lo largo de este inolvidable recorrido. Sor Mª Agustina Valenzuela, op. Mº de La Inmaculada – Torrent - Valencia 21


Paseando la bufanda verde de la Beata Josefina Sauleda, OP.

No es muy decente y bastante ambiguo el que llamen a un grupo de 34 dominicas contemplativas vestidas con sus hábitos dominicanos “las monjas vedes”, o con mejor gusto, las “monjas ecológicas”. La causa era la bufanda verde que recordaba a Josefina Sauleda. Estas dos denominaciones recibieron las 34 dominicas contemplativas de nuestra Federación –La Inmaculada Concepción– en su ida a Roma para acompañar y festejar a Sor Josefina Sauleda, la primera monja dominica de clausura de España beatificada, perteneciente al Monasterio de Monte-Sión. Y también a los 74 miembros de la familia dominicana que eran beatificados. El acontecimiento bien merecía la pena y la Madre Federal, Mª Teresa Gil, con su Consejo y con las debidas autorizaciones, organizaron una peregrinación gigantesca para visitar y rezar en Prulla, en la fecha mágica de los ochocientos años de su fundación, en Fanjeaux, en la habitación que ocupó nuestro Padre en sus casi diez años de permanencia en el Languedoc, como indica la placa que está colocada detrás del altar. En la tumba de Santo Domingo de Bolonia, en San Sixto Vechio, primer Monasterio de Italia fundado por santo Domingo al reunir un grupo de pequeños monasterios. En la Minerva, donde está enterrada Santa Catalina, en la Iglesia de San Marcos de Roma, en donde Santo Domingo resucitó al hijo de aquella señora que al volver a casa después de la predicación de Santo Domingo lo encontró muerto. En el Monasterio de San Sixto, ubicado actualmente en Monte Mario. Y naturalmente, en Roma, en la plaza y en la Basílica de San Pedro y de San Pablo. Por supuesto, también en Santa Sabina, donde el Padre Vito Gómez, como Postulador, había organizado una Vigilia de oración, con la Basílica a reventar y donde el Padre Antonio García, flamante Asistente General del Maestro de la Orden para la Península Ibérica, dirigía la ceremonia y que, junto con el Padre Arturo Bernal, eran los solistas que cantaban la letanías de los nuevos beatos. Presidió la ceremonia el P. General, Carlos Azpiroz, estando en lugar destacado el retrato del Padre Buenaventura García de Paredes, ex-Maestro General de la Orden, también beatificado. Por los lugares visitados bien se puede afirmar que fue una peregrinación dominicana y que se preferían las fuentes más genuinas. Todo comenzó el día 25 de octubre del 2007 en el Monasterio dominicano de Monte-Sión en Esplugas de Llobregat, del que es hija la nueva Beata Josefina Sauleda. Ese día, a las ocho de tarde, tuvimos una Eucaristía presidida por el Obispo de Sant Feliu de Llobregat a cuya Diócesis pertenece ahora dicho Monasterio: D. Agustín Cortés Soriano, primo del Padre Ortuño, acompañado en el altar por los dos priores dominicos de Barcelona, del Padre Xavier Catalá, del Capellán de las monjas, Dr. Mora y por el sacerdote Domingo Cols. La homilía

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estuvo centrada en el significado del martirio y de la consagración religiosa como dos elementos esenciales y complementarios de la vida de la Iglesia. Pudimos experimentar la protección de la nueva Beata en nuestro largo y cansado aunque inolvidable peregrinaje: el no quedarnos en Milán el día 30 fue verdaderamente milagroso. Una equivocación de la agencia de viajes nos llevó a una terminal del aeropuerto equivocado y sólo la pericia y disponibilidad de nuestro chofer Antonio Albeada –de Carcagente– nos permitieron volver a Barcelona cuando todo por razón del tiempo nos amenazaba con hacer noche en Milán. Cuando hay fe y ganas de conocer y vivir la experiencia dominicana en los lugares donde estuvo Santo Domingo se superan todas las dificultades. Varios días tuvimos que levantarnos a las cuatro de la mañana. La distancia de Barcelona a Prulla es razonable y había que hacerla en autobús. Allí, el día 26 a los once de la mañana, pudimos celebrar la Eucaristía con la Comunidad de Prulla y más tarde compartimos de un modo verdaderamente dominicano, con las monjas de aquella comunidad. ¡Qué aleccionador era el oír que tal o cual monasterio había sido fundado por Prulla o que durante la guerra civil varias religiosas habían sido acogidas en el Monasterio de Prulla! Es ahí donde se ve la grandeza y la universalidad de la Orden. La acogida y fraternidad de nuestras hermanas de Prulla fue admirable, capitaneadas por su Priora la dominica española del Monasterio de Viveiro-Galicia, Sor Catalina, y tan amiga de la Federación de Aragón. Hay experiencias que son difíciles de plasmar en el papel pero que marcan nuestra vida. Yo, capellán “ad casum,” así lo he sentido y lo sigo viviendo. Fue admirable el ver cómo 74 hermanas y hermanos nuestros, de la Familia Dominicana, eran proclamados beatos. Nuestra Provincia de Aragón contaba con dos seglares dominicos de la fraternidad de Barcelona: Antero Mateo, padre del Padre Antonio Mateo Trabadelo, Miguel Peiró, hermano del Beato Ramón Peiró; Josefina Sauleda, Monja del Monasterio de Esplugas de Llobregat; Carmen Zaragoza y Rosa Adrover de la Congregación de Dominicas de la Inmaculada Concepción; y siete dominicas de la Anunciata: Ramona Fossas, Adelfa Soro, Teresa Prats, Otilia Alonso, Ramona Perramón, Reginalda Picas y Rosa Jutglar. La ceremonia de Santa Sabina, el día 28 por la tarde, fue admirable. El Padre Maestro de la Orden, Carlos Azpíroz Costa, nos recordó la importancia de este acontecimiento para toda la Familia Dominicana y cómo tiene que ser un espejo para que mirando a estos testigos de la fe no tengamos miedo de confiar en nuestra vocación dominicana. Yo, quiero agradecer profundamente a la Madre Federal, Sor Mª Teresa Gil y a todos los Monasterios de la Federación, la posibilidad que me dieron de acompañar a este grupo admirable de hermanas de los diferentes Monasterios de la Federación de las que tanto había aprendido antes y aprendí en estos días que compartimos las muchas alegrías que los lugares dominicanos nos ofrecían y que los nuevos beatos y beatas nos dieron y nos siguen dando. Fr. Juan José Gallego Salvadores, op. Convento de Santa Catalina - Barcelona

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CONVIVENCIAS

Celebración de los 50 años de la Federación

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Breve tendrá que ser este resumen de lo vivido en El Vedat de Torrent, con motivo del 50 aniversario de la institución oficial de la Federación de la Inmaculada y finalizando el Año Jubilar de los 800 años de nuestra fundación en Prulla. Breve, pues gran parte de UNIDAS trata de ello. Allí llegamos las 38 monjas que tomamos parte en la convivencia, del 29 de noviembre al 2 de diciembre. La tarde del 29, un encuentro como suelen darse en esas ocasiones: abrazos, cariño, alegría....Y cada cual a buscar su habitación en la muy bien equipada Casa de Ejercicios de nuestros hermanos los frailes dominicos. Y ya el día 30 comenzamos las sesiones. Habló primero la Madre Federal sobre el motivo de esta convivencia y lo que interesaba tratar en ella: la gracia de celebrar los 800 años de fundación, los 50 de la Federación y la situación actual de nuestras comunidades. Nos habló con claridad, valentía y delicadeza. Así fue reconocido por todas y su misma actitud dio lugar a un coloquio en el que destacó la libertad, la nobleza y el respeto. Este ambiente fue el denominador común de toda la convivencia, en la que predominó un clima de fraternidad y confianza muy laudable. En días sucesivos desarrollaron sus ponencias Sor Mª Áurea Sanjuán, Sor Mª Araceli Abós y Sor María Rosario Botella, la reflexión de Sor Mª Soledad fue leída por Sor Carmen Mª Martínez, ya que ella no pudo asistir personalmente. Después de desarrollar cada tema había comentarios espontáneos, aportaciones sobre experiencias vividas desde hace ya 50 años, pues algunas de las presentes lo habían vivido muy de cerca y pudieron aportar hermosos testimonios, así como anécdotas que nos gustó escuchar y revivir. Otra actividad de estos días fueron las reuniones de grupo, según el temario que previamente se nos había entregado. Formamos tres grupos para responder y comentar las preguntas, de las que por la tarde se daba un resumen en la reunión general.

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Y aunque lo dejemos para casi el final, hay que destacar la visita que nos hizo el MO. Fray Carlos Azpiroz, que vino expresamente de Roma para este encuentro. Nos dedicó toda una tarde, disponible a cuanto quisiéramos preguntar. Y nos dio claves muy certeras, en la línea de su carta a las monjas de las tres Federaciones “Para que tengan vida”. Después presidió la Eucaristía en la Casa Federal, concelebrada por los PP., Vito T. Gómez, Antonio García, Luis Carlos Bernal, Martín Gelabert, Gerardo Sánchez, Feliciano Paredes, Jesús Villa, Juan Mengual, Manuel Blanquer, Manuel G. Cacho, Rafael G. Blasco. También estuvieron Alex y Vicente, estudiantes dominicos. Para esta celebración vinieron numerosas hermanas de las comunidades cercanas, los seglares dominicos y las Hermanitas del Cordero. En el coro había un detalle entrañable: un ramo con 65 rosas blancas en la tumba del Padre Llamera.

___________________________________________________________ Celebró la eucaristía al día siguiente, que fue ya la despedida. Cabe destacar que en esta eucaristía el Maestro “estrenó” la réplica del Santo Cáliz que el Cardenal Agustín García Gasco, regaló a la Federación al comenzar el Año Jubilar. Y a las 10 h. tuvo que partir hacia el aeropuerto para tomar vuelo a Roma, llevándose nuestra gratitud y oración.

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Nos acompañó también el P. Vito Tomás Gómez, con sus intervenciones claras y oportunas. Tuvimos la suerte de tener también al Padre Antonio García, Socio del Padre Maestro para la Península Ibérica, que nos aportó interesantes cuestiones del capítulo General de Bogotá.

El día 2 por la tarde, en las últimas Vísperas, se creó un clima de mayor intimidad y brotaron espontáneas reflexiones, peticiones, etc. En una palabra, pusimos en común la fe, la confianza, la verdad de nuestras aspiraciones, deseos y, sobre todo, ESPERANZA. Y llegó el día 3. Eucaristía, desayuno y… la dispersión. Más abrazos, más cariño, más recuerdo para todas las hermanas y un ¡HASTA SIEMPRE! Y todas abandonamos El Vedat contentas de lo vivido, disponibles a lo que Dios vaya pidiendo...Y agradecidas a Dios que hizo posible la Federación de la Inmaculada y nos dio puntales que la cimentaron muy firmemente, como el P. M. Llamera, M. Mª Teresa Muñoz, etc. Precisamente, uno de estos días, el 1º de diciembre, hacía 65 años que comenzó la FEDERACION DE HECHO, cuando 7 monjas de La Esperanza-Alfaro, vinieron a ayudar a Sta. Catalina-Valencia. Y terminamos este breve resumen con una palabra de agradecimiento a nuestros hermanos los frailes por sus atenciones y delicadezas. Por todo... ¡TE DEUM LAUDAMUS....! Sor Ana Mª Primo, op. - Mº de La Inmaculada -Torrent

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A continuación publicamos las ponencias de las cuatro hermanas que nos enriquecieron con sus reflexiones

___Tenemos una historia que contar___ Y nuestra historia alcanzó ya los 800 años. ¿Estaremos escribiendo ya su epílogo? Nuestro momento pese a las dificultades que conlleva o quizá a causa de ellas, resulta ser un acicate para la ilusión y la esperanza. ¿No será éste el momento privilegiado que nos insta a sacar lo mejor de nosotras mismas? I Comenzamos analizando alguna de las razones por las cuales hoy carecemos de relevo generacional. Dios sigue llamando pero no lo hace sin mediaciones. Las que nos motivaron y ayudaron han cambiado. Por ej. No se da el ambiente social religioso en el que toda joven de nuestro tiempo (años 60 para las ya muy mayores), se sentía más o menos involucrada en el proceso vocacional. En la cultura ambiental no hay una valoración de la virginidad, ni del retiro, ni de la entrega silenciosa y abnegada. Por el contrario, se da el desenfado, el atrevimiento, la provocación y la algarabía de la plaza pública. Laicidad Hoy se respira laicidad. Una laicidad provocada y provocadora. Como consecuencia de esa exaltación de lo laico vemos cómo se menosprecia la opción religiosa. Las “vocaciones” no tienen aquí su mejor caldo de cultivo. Valores En la misma línea, a poco que estemos atentas a nuestro entorno, a poco que leamos percibiremos un cambio de mentalidad, de pensamiento, de moral, de valores. Está pasada la época de las verdades absolutas, de los grandes y contundentes relatos. De los grandes sacrificios en aras de un futuro mejor. No se aceptan dogmas religiosos pero tampoco políticos. Se presume de pensamiento débil. Son incomprensibles los fuertes compromisos para todo el tiempo que dure la vida. Hoy se acepta que la vida está compuesta de momentos, de pequeños fragmentos. ¿Cómo comprometerla entera, hasta la muerte? Tampoco se acepta autoridad capaz de marcar pivotes que como guía y límite nos ayuden en el importante y sustancial tema del buen vivir. ¿Cómo contar, en un medio así, nuestra historia?

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Nuestra historia contiene grandes relatos -que ya no ilusionanvalores absolutos -que no se aceptanverdades rotundas, -que no se creencompromisos perennes –que no se comprenden¿Quién puede entender nuestra historia? ¿Quién puede hoy escucharla? Por mucha convicción que mostremos oiremos que se nos dice “ya te escucharemos en otra ocasión”. II ¿Por qué sucede esto? ¿Qué ha pasado? Cuando una institución nueva aparece lo hace en su propio entorno y por tanto tiene todos los nutrientes que posibilitan su arraigo y desarrollo. El fundador, la fundadora se han percatado de una necesidad, pero esta necesidad también la ven y perciben los demás. El fundador, la fundadora intuye la solución y surge un proyecto nuevo, una fundación. Intuición, sociedad y cultura todo se mueve en el mismo contexto. Ni las normas y costumbres que se generan, ni los vestidos que se adoptan son muy diferentes a los del entorno, a los de la propia época. Suponen una innovación pero son fácilmente inteligibles, comprendidos y valorados. Así, por ejemplo, • no es tan difícil ni tan inimaginable una opción de por vida cuando todo el entorno hace de por vida sus opciones, el matrimonio, el oficio, el trabajo lo son de por vida. • o es tan difícil optar por una clausura cuando todas las mujeres están sometidas a algún tipo de vigilancia y protección. • No resulta tan extraño un hábito cuando éste no es más que una variación dentro del modo común de vestir. Cuando esta obra evoluciona y se desarrolla, durante un tiempo lo hace a la par con la sociedad que la sustenta porque los miembros que se van incorporando surgen de ese mismo ambiente cultural. Pasado el momento inicial, si las necesidades persisten siguen convocando nuevos miembros. “Hay vocaciones”. La juventud generosa y arriesgada atiende a la llamada y se enrola en la institución. La institución no se da cuenta, puede no percibirlo pero la incorporación de miembros nuevos la nutre de savia nueva y se produce un cierto cambio y evolución. Se trata de una metamorfosis imperceptible pero transformadora. La obra va evolucionando a la par con la sociedad porque de la sociedad provienen los nuevos nutrientes. Ello explica que instituciones como la nuestra hayan alcanzado los 800 años de existencia. (Nosotras mismas, al menos las muy mayores, hemos experimentado un cambio y una evolución notables. Hace 50 años vivíamos de otra manera: las rejas, las salidas de

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clausura –mejor, las no salidas- el dentista nos sacaba las muelas en la enfermería del convento, las llamadas “hermanas de obediencia”, la forma de planchar los hábitos etc.) Pero ¿qué ocurre cuando la institución con el transcurso del tiempo queda cosificada, anclada social y culturalmente en época pasada porque el tren de la historia emprendió un despliegue a alta velocidad? En ese momento surgen las sublimaciones y el ingenioso cúmulo de explicaciones porque sus signos han dejado de ser evidentes por sí mismos. (Se tiene que explicar el por qué de la clausura, del hábito, del silencio). El tren de la vida social ha llegado a una estación nueva y desconocida para la que los viejos equipajes –al igual que los odres del Evangelio- no sirven. Nos encontramos ante un problema inédito sin fácil solución. Nos sentimos apartadas, como meros espectadores de un mundo, una sociedad que ya no son los nuestros. Pero lo que ha quedado viejo y en cierto modo inservible, no es el significado, ni el sentido, ni el valor. Han envejecido los odres, e. d. la envoltura, los modos y maneras, el estilo de vida. Lo que falla no es el significado, el sentido, el valor. Lo que falla son los modos y maneras, las costumbres. Por muy claro que percibamos esto, poco podemos hacer a este nivel. Tampoco sabríamos qué y cómo cambiar. Lo que sí podemos hacer es no poner como criterio de “vida contemplativa dominicana” esas normas, costumbres y observancias que, por otra parte, ya no podemos del todo asumir. III Y esto nos lleva a otro punto de nuestra reflexión: Damos por sentado, porque estamos convencidas de ello, que nuestra vocación, la vida contemplativa, sigue siendo 100% válida, 100% actual y 100% necesaria (remito, para no alargarme al estudio de sor Mª Araceli en Teología Espiritual) Ahora, si es válida, si es actual y necesaria ¿por qué resulta tan ininteligible? ¿Por qué privar a nuestra sociedad, a nuestros jóvenes de entender y comprender y en cierto modo VER la riqueza, la actualidad y la necesidad de una vida contemplativa? Si nuestros odres están envejecidos y no somos capaces de reponerlos, esforcémonos al menos, por mostrar lo que contienen. Es esta la hora de poner sobre el monte la luz de la vida contemplativa. Nuestra precariedad existencial puede ser un momento privilegiado para ello. • El vernos privadas del esplendor de un coro vibrante de voces jóvenes ha de estimularnos a una oración profunda y al interés por comunicarla. • El disponer de grandes espacios y jardines apenas utilizados por nosotras, ha de plantearnos el permitir que sean accesibles como lugar de reflexión y oración.

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Despojados de aditamentos ornamentales mostremos los valores que hoy sí son signos significantes. • No podremos hacer prolongadas vigilias ni rigurosas penitencias pero sobrellevamos y cuidamos con gusto, con cariño y amorosa abnegación a las hermanas marcadas por la enfermedad o la vejez. • Entre nosotras no tiene más la que más trabaja sino la que más necesita, es decir, compartimos una bolsa común. Signos significantes en un mundo en que resulta tan difícil atender a los ancianos, en el que priva la rivalidad y la competencia. •

Esforcémonos por mostrar el signo del cristiano “mirad cómo se aman”. IV

Finalmente una constatación: Nuestros monasterios están vivos y convocan. No atraen jóvenes para los noviciados pero la gente se agolpa a nuestro alrededor. Buscan pan material para paliar su penuria. Buscan ayuda, consejo y formación. Piden nuestra intercesión orante y piden que les enseñemos a orar. Piden también un rincón en nuestros espacios donde saborear la paz y el silencio en el retiro de unas horas de oración. No hablo metafóricamente. La “modernidad acelerada”, la “secularidad descarriada” también deja desarraigados a muchos que vagan “como ovejas sin pastor”, con hambre y sed y que buscan una palabra de orientación, un estímulo para su oración, una escucha consoladora. ¿Por qué no ver en ello un signo de los tiempos que nos acucia? Nos incita a orar intensamente y a formarnos profundamente. En un mundo como el que nos ha tocado vivir no podemos dormir tranquilamente nuestra siesta. Nos urge la oración, nos urge el estudio, nos urge el compartir. ¿No es todo ello acorde con el lema dominicano “Contemplar y dar lo contemplado”? En un mundo, en una cultura como la nuestra y de la que lo advirtamos o no, participamos, no podemos quedar anquilosadas por el “siempre ha sido así” o el “no nos toca”. Un análisis sincero nos haría caer en la cuenta de cuántas cosas, cuántos cambios y novedades hemos asumido con la mayor naturalidad sin pasarlos por el filtro de esas expresiones. Pensemos con sinceridad si no las reservamos para aquellas innovaciones que de alguna manera nos molestan o incomodan. En una sociedad como la nuestra no podemos cerrarnos a la necesidad del hermano bajo la excusa de “no nos toca”. Es preciso dejar paso al Espíritu y no tener miedo. Nuestros fundadores no lo tuvieron y se lanzaron, bajo el impulso de este Espíritu, movidos y conmovidos por la necesidad del prójimo a crear algo nuevo, algo que no constaba en el currículo de lo tradicional.

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Abramos cauces al Espíritu que hoy como entonces nos sigue animando. Rendiremos cuenta de nuestras vidas a la luz del Sermón de la Montaña, no de los tópicos que nos hemos ido fabricando. La fidelidad a nuestra vocación no ha de ser sinónimo de un regreso a siglos y culturas periclitados. Nos sentimos vivas y si no damos a luz eso que llevamos en las entrañas, e.d. el verdadero sentido y quehacer de la vida contemplativa, caeremos nosotras mismas en el desencanto y la frustración. Empeñadas en vivir la Buena Nueva, empeñadas en que nuestros monasterios mientras pervivan sean centros y escuelas de oración. Remansos de paz y serenidad. Es el agua fresca que hoy se necesita y nosotras podemos y debemos ofrecer. Una comunidad, por reducida que sea, puede ser testigo de las Bienaventuranzas. No planeemos una muerte digna. Tenemos una historia que contar pero también un futuro que construir.

Sor Áurea Sanjuán Miró, op. Mº Ntra. Sra. de la Consolación – Xàtiva (Valencia)

_____LOS 50 AÑOS DE UNA VISIÓN PROFÉTICA____ UN CAMINO DE VIDA Al tratarse de un tema tan conocido por todas y el tiempo dado para la intervención es corto, me permitiréis que sintetice, a fin de que tocando los puntos indispensables nos quede a todas muy vivo el interés y la gratitud por lo que es nuestra Federación. Se ideó como un camino de vida y se ha recorrido ese sendero dando vida y recibiéndola. Sabéis cómo quedaron los monasterios europeos tras las guerras de 1940-45 y la civil española de 1936-39. Pío XII quiso salir al paso de esa situación con la invitación a crear unos entes que pudieran reproducir dos citas de los Hechos de los Apóstoles: “Tenían un solo corazón y un alma sola, y ninguno tenía por propia cosa alguna” (Hch 4,32), asimismo: “No había entre ellos indigentes...” (Hch 4,34). Eso suponía una intercomunicación entre los monasterios desconocida hasta entonces, y por más que ese ente tuviera carácter federal, es decir, una unión que supusiera respeto a la autonomía de cada componente, no fue fácil al principio comprender la invitación de Pío XII. No obstante, esa iniciativa se estaba dando ya en la Provincia de Aragón. La profética intuición de Pío XII, estaba ya iniciada en un proyecto y unos hechos promovidos por el P. Marceliano Llamera, desde que conoció en 1937 la comunidad de Alfaro, no afectada por la 31


contienda bélica, y que contaba con 35 monjas y un promedio de 8 a 9 nuevos ingresos anuales. El diálogo con la comunidad y la generosidad de la M. Priora Araceli Muñoz, desembocaron en un envío a la carenciada comunidad de Sta. Catalina, de Valencia, de un grupo de 6 monjas y una profesa temporal. La Maestra de Novicias de Alfaro, Sor Mª Teresa Muñoz Garde, iba en la expedición. Y en ese año ingresaban ya 7 vocaciones en Valencia. Este ensayo de prefederación se daba en 1942. Prosiguió en el convento de Carcagente en 1944, en Orihuela en 1949, Burriana en 1942; y asimismo comienzan ya las ayudas de Valencia, el primer convento ayudado, yendo a Vila-Real en 1952, a Benabarre en 1953 y Játiva en 1956. Esta “federación de hecho” reclamaba una Federación de derecho y así lo expuso a las contemplativas la Constitución Apostólica “Sponsa Christi”, de 21 de noviembre de 1950, y los radiomensajes posteriores de Pío XII, que fueron familiarizando a los monasterios con el proyecto de vida del Papa y de los profetas que sintonizaban con él. El papel catequético que en este tema desempeñaron los frailes de la Provincia de Aragón es impagable. Preparaban pacientemente, a lo largo y ancho de los monasterios de la Provincia, una reunión conjunta y esa llegó el 8 de diciembre de 1957, ahora hace 50 años. Un aleteo fuerte del Espíritu Santo estimuló a las prioras resistentes al proyecto, a una aceptación emocionada del mismo. Y comenzó la Federación de derecho. En 1959 se aprobaron los primeros Estatutos. La M. Mª Teresa Muñoz Garde, priora del Monasterio de Santa Catalina de Valencia y convertida en Priora Federal, viajaba a los conventos y atendía sus solicitudes de orientación y de personal con lo mejor que tenía o podía. Así ocurrió con Palma, Belén-Torrente, Manresa, Barcelona, Albarracín, Alcañiz, Esplugues, Calatayud, etc. Predominaba en todo ello el contenido de las dos citas de los Hechos que hemos leído al principio. No dar de lo que sobra, sino de lo que cada monasterio precisaba. Envuelto todo ello en los defectos y virtudes de las donantes y de las receptoras, como toda obra humana supone, pero con el intento de las comunidades federadas de tener un solo corazón, y todas las cosas en común. Los datos nos informan de que en los primeros 18 años ya se dieron 215 traslados para ayuda y 42 para beneficio sanitario de la monja, y en los primeros 25, ya se habían elegido 66 prioras de diferente comunidad a la electora. Desde 1959 existe ya noviciado común, para el que se construyó edificio propio en 1968 en Torrente-Valencia, año del nacimiento de una nueva figura jurídica en nuestra federación: La Casa Federal, para residencia del centro de gobierno, noviciado común y comunidad al servicio de este proyecto, cuya comunidad fue compuesta por 25 monjas de 14 conventos, que las donaron a tal fin. Nuevamente, la primera comunidad ayudada, Valencia, dio 13 monjas, de las cuales 9 eran fundadoras del nuevo Monasterio Federal. Un paso adelante en comunión y entrega fue la aceptación de la formación conjunta de las novicias de la Federación de Bética con las de Aragón, en Torrente, desde 1969 a 1979. Y la aceptación a que siguieran cursos de capacitación en el noviciado, Maestras y monjas de otras Órdenes, con las que a la vez se iban creando y estrechando lazos de fraternidad. Simultáneamente se dio la conversión del Beaterio de Sta. Catalina de Gerona en Monasterio de nuestra Federación, mediante otro grupo enviado para ese paso y adaptación a la vida contemplativa canónica. Ante la conveniencia de modernizar ciertas disposiciones de los “estatutos marco” se aprobaron sucesivas ediciones de los estatutos de 1959, en 1982 y 1990, con nuevas facultades para la priora federal y su consejo, así como un reglamento para el Noviciado Federal. Y la expansión de vida, para ser fieles a la radicalidad del Evangelio, se proyectó hacia Latinoamérica, con la anexión de Buenos Aires en 1966, de Córdoba en 1969; con el traslado 32


íntegro de la comunidad de Forcall a Mendoza en 1972, siguiendo con su titularidad de Ntra. Sra. del Rosario, en aquella gran ciudad que no tenía presencia dominicana contemplativa. Sigue la fraterna ayuda, y se anexiona Santiago de Chile en 1978 compaginando todos estos trámites jurídicos con la ayuda de personal. Y ya la primera comunidad anexionada, Buenos Aires, funda en Catamarca, en 1979. En 1986 la Federación funda en Copiapó, Chile; En Tucumán-Argentina el año 1990; y en Yerbas Buenas-Linares (Chile), en 1994, en cuyo grupo predominan monjas de Copiapó y Santiago, claro ejemplo de que los que recibieron florecen dando después. En todo ello, sigue la disponibilidad de monjas y comunidades para estas realizaciones, contribuyendo económicamente y con personal, de ahí que ya pudo establecerse noviciado federal para Argentina, en Buenos Aires, y otro para Chile, en Copiapó. Poco a poco todos los monasterios iban renovando y remodelando sus edificios o los construían de nueva planta, gracias a la ayuda federal que asume el papel de “vasos comunicantes” para que las unas ayudaran a las otras, hasta el punto que las ayudas primeras a comunidades de América se convirtieron en retorno de los bienes de aquellas hacia comunidades necesitadas de España. La vida fluía, y esta vida intentaba también remodelar la formación en diversos órdenes, impartida en convivencias de prioras, ejercicios a las mismas, convivencias y cursillos para monjas, para novicias e incluso adaptando por la Ecónoma Federal el plan general de cuentas de la contabilidad nacional a la estructura monástica e impartiendo cursillos de economía y fiscalidad a las comunidades federadas y reuniendo, incluso, en la Casa Federal de Torrente, a otras órdenes monásticas para cursillos intercongregacionales diocesanos.

DE LOS DATOS A LA FE ENCARNADA Recordaréis que en nuestros años de noviciado al tomar el hábito se cantaba una hermosa antífona: “Puso una señal en su frente para que, fuera de El, no admita otro amor” y también “Amo a Cristo, por cuyo amor todo lo sacrifiqué”. Aquellas monjas que sucesivamente iban tomando hábitos, llevaban a la práctica esas consignas y haciendo posible el proceso que hemos reseñado rápidamente, iban cortando amarras y aprisionando al mismo tiempo a Dios con ellas, para conseguir su bendición y la fructificación de la obra, iniciada en 1957 como grano de mostaza, y que crecía y expandía sus ramas. ¡Cuántas solicitudes de Asociaciones monásticas de Estados Unidos, Federaciones de Centroamérica y Sudamérica, y de países europeos, han solicitado nuestros Directorios y Estatutos, para tener una base en sus propios proyectos y organizaciones! ¡Cuántas consultas al respecto cuando se hicieron intentos de unión de Federaciones en España –aun no consolidados por cierto- y se creó la Comisión Internacional de Monjas en la que estuvo presente y sigue presente nuestra Federación! Y no era por no saber los pasos a dar, sino porque constataban que los datos que iban conociendo eran fruto de una fe encarnada en todas aquellas que iban haciendo posible el desarrollo del ente federal. Porque la autonomía no es el derecho a retraerse y no dar, sino la facultad de entrega sin cortapisas de nadie y por propia iniciativa comunitaria. La Federación exige sacrificio, entrega, como el alumbramiento de una criatura, sin ellos no es posible una nueva vida. La Federación no es un órgano del que solo se recibe, puesto que no tiene bienes en sí misma, posee tan solo lo que los monasterios le aportan. Aportaciones en personal, económicas, de formación, iniciativas y sugerencias. Fue todo un símbolo aquella colecta en un jarrón de cristal entre las que asistieron a la primera reunión hace ahora cincuenta años. Indicaba que la Federación sería un ente creado por la solidaridad de todos para que nadie enferme y muera, a fin de llegar a sentir cada comunidad una especie de instinto de que lo mejor que tenemos sea poseído por otro, que lo necesita más. No debería existir más que una codicia: dar y darnos, sabiendo que la repetición de intentos consigue el 33


acto, la repetición de actos el hábito, y el adquirir el hábito en la entrega de sí, identifica con Jesucristo. “Le rogué ―dice Sta. Catalina de Siena― se dignara cambiar mi voluntad por la suya”. Y en eso estamos. LO QUE NOS FALTA Han llegado tiempos distintos. En las comunidades casi no existen carencias materiales. Buenos edificios, muchos organismos asistenciales que nos favorecen con sus productos, pero el secularismo, laicismo, persecución solapada de lo religioso, ya sea con guante blanco, ya con guante laboral, el alto nivel de vida y libertinaje de costumbres en la juventud ha ido dejando unas jaulas de oro, con muy pocos pájaros que canten o alegren la iglesia de Dios. El intento actual habría de ser vivir igualmente en la alegría de la llamada inicial, del amor primero, de la persuasión de que una monja nunca se jubila, ni en las sillas de ruedas pierde eficacia su misión. Tan solo se necesita una nueva valentía, dar los pasos incómodos pero indispensables para funcionar mejor. Nuevamente la Federación trabaja tesoneramente en abrirnos horizontes con opciones que eso pueden hacerlo posible. Es cuestión de dar el sí, como hace 50 años tuvieron que dar el sí comunidades y monjas para ayudar a otras, el sí, ahora, para dejarse ayudar, aunque nuestras edades favorezcan el inmovilismo y rechacen situaciones nuevas. Ya tenemos dos monasterios que han ofrecido a Dios su éxodo... Pero sobre todo, pienso, como todas vosotras, que hay que dejar a Dios ser Dios. Sus caminos son incomprensibles por divinos, y solo pueden recorrerse con transfusiones de gracia. El vehículo para trasfundirla es la súplica, la intercesión, testaruda e incesante, para que sepamos entre todas caminar por los senderos nuevos que Dios nos está marcando ahora. Nueva mística de desinstalación, nuevo éxodo hacia formas jurídicas distintas, lo que sea, con tal de que la savia contemplativa, orante, no le falte a la Orden y a la Iglesia. Entiendo que más que vocaciones y número de monjas, necesitamos ser lo que somos: enamoradas de Cristo e intercesoras que pongan en acción el caudal de energía que Dios quiere derramar, no sin nuestras mediaciones: Plegaria incesante, humilde, confiada, segura, filial y tiernamente enamorada de quien la escucha, y sabiéndonos ya poseedoras de todo lo que supliquemos (Mt 18,19: “Si os unís para pedir cualquier cosa, se os otorgará”). Lo mismo que desde el siglo XIII en que fuimos fundadas, los humanos han ido descubriendo potencialidades que ya había puesto Dios en la naturaleza, y que al salir a la luz con el tesón de los investigadores han ido facilitando una vida mejor, más rica y funcional, tenemos que tomar pie en esos “inventos” o “descubrimientos” para no pararnos, para profundizar en la investigación espiritual, que nos daría resortes de infinita potencialidad. Hagamos un ligero repaso, a partir de nuestra fundación, tan solo de unos pocos descubrimientos que tienen alguna relación con lo que comentaré en seguida: Siglo XIII – Roger Bacon, franciscano inglés, inventa los lentes. Siglo XIV – Redi desarrolla la corrección óptica con cristales y se comercializan lentes. Simultáneamente Cai Lun inventa el papel y Gutemberg la imprenta. Siglo XV – John von Neumann inicia los fundamentos de lo que sería una computadora. Siglo XVI – Siglo de Copérnico, Galileo y Newton, que nos da la teoría de la gravitación universal y sus importantes derivaciones. Siglo XVIII – Se descubre la forma de construir y utilizar el submarino, vivir sumergido... Siglo XIX – Muchos pasos adelante se dan con Edison que nos regala la bombilla. Antonio Meucci el teléfono, de cuyo invento se apropiaría el norteamericano Graham Bell; Marconi nos regala la radio; el matrimonio Curie descubre la radiactividad; Rudolf Hertz abre la vía a la radio, T.V. y radar; el primer ferrocarril en

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Inglaterra y el primer barco de propulsión a vapor en U.S.A.; y Charles Babbage empieza a abrir más horizontes a la computadora. Siglo XX - Por tantos conceptos grande y desgraciado, Einstein revolucionó la física, y su teoría de la relatividad fundamenta la mecánica cuántica que lleva a la realidad Max Planck. Aparece en 1903 el primer avión motorizado. En 1947 se fabrica en USA. la primera computadora cuya idea inicial ya hemos dicho que se atribuye en el siglo XV a Jhon von Neumann. A partir de este momento, con paternidad en algunos grandes hombres ya enumerados comienza a desarrollarse la cibernética y se llega a procedimientos habituales que hace unos años nos habrían parecido magia. Y en cambio, todo estaba puesto por Dios en su creación para que el tesón del ser humano lo hiciera emerger y regalar bienestar y facilidades. En 1958 se funda la NASA y dan comienzo los viajes espaciales, satélites informadores, programaciones de ordenador y técnicas sofisticadas a través de teclas o botones que realizan al acto lo que antes se llevaba horas, días o meses de trabajo. ¿Ha sido con todo ello más feliz el ser humano? Esos bienes, magníficos, han derivado en tragedia y vacío para los que han querido barrer de la existencia al origen divino que los pensó y regaló al cosmos. Pero no nos detengamos en ello, sino en otra reflexión equivalente en la vida orante. Hay unas potencialidades en versículos evangélicos como: “Toda la multitud buscaba tocarle porque salía de él una virtud que sanaba a todos...” (Lc. 6,19), o “Hasta ahora no habéis pedido en mi Nombre, pedid y se os dará…” (Jn. 16,24) que nos harían olvidar nuestras carencias, las tragedias mundiales que nos amenazan y dar éxito, con alegría, aquí y ahora, a toda plegaria, desde un lecho de enferma, desde una silla de ruedas o desde la jornada sin brillo de una monja sana. ¿Cuáles? Son las que nos regala la intercesión constante. Antropológicamente, interceder es plenificarse humanamente. En una nación, en una provincia, en una congregación, en una comunidad, el más importante es el que mejor ora. Quien tenga aspiraciones de grandes cargos no ha de pensar precisamente en un convento, pero sí ha de pensar que en un monasterio de contemplativas, sean las que sean, tengan la salud y posibilidades que sean, se puede llegar a poseer el poder máximo, el que ninguno de los que figuran en las listas electorales de la política, puede jactarse de haber alcanzado por medios propagandísticos y a veces fraudulentos. El que se entrega a Dios, se apodera de Dios. El que cree en el Evangelio y sus promesas al que ora, sabe que son ciertas las palabras de Jesús: “No tenéis que temer, mi pequeño rebaño...” (Lc. 12,32) Los descubrimientos o inventos reseñados, en parte, líneas atrás ¿no son susceptibles de incentivar nuestra fe para saber que en materia de plegaria los “inventos” o “descubrimientos” a los que se llega exprimiendo la Palabra de Dios y el contacto con El, serían mucho mayores y revolucionarios? No salimos del coro nunca como entramos en él, una irradiación divina nos ha envuelto y nos ha transformado en material refractario para irradiar al mundo entero la cristoactividad que está actuando y complacer al Padre, porque está escuchando a su Hijo mismo en nuestra plegaria. Eso es eficaz, eso es infalible. Estamos manejando una fuerza superior a toda la técnica y conquistas de la ciencia de hoy, y desde siempre ha estado ahí para que la hagamos vehículo de nuestra misión contemplativo-intercesora. Si el ser humano no se ha paralizado ni se estancó culturalmente en los tiempos prehistóricos, no podemos estancarnos los orantes, dejándonos adormecer y aplanar por la rutina de unas oraciones 35


mortecinas o enmohecidas por los siglos y el paso de los años en los que las ofrecemos siempre igual. Si ciertos inventos médicos o trabajos en laboratorios con elementos magnéticos o radiactivos exigen una protección en los empleados o científicos, con delantales de amianto, etc. ¿no será infinitamente más potente la energía radiante que brota del contacto con Aquel que es la fuente y manantial de la energía divina y la fuente viva del Espíritu de Dios? Estamos todos de acuerdo en la protección contra centrales nucleares, sí, y elementos radiactivos, sí, etc. ¿Por qué no creemos con mayor evidencia en el “contagio positivo” por la influencia potentísima de las radiaciones de Cristo, y en que podemos proyectarlas sobre el mundo como mediaciones conductoras que somos al rezar y aquellos por los que se aplica? ¿Qué es la Liturgia de las Horas y su cumbre, la Eucaristía, sino el foco central de toda la fuerza transformadora que sale del mismo Jesucristo, el gran Liturgo y Sacerdote que “vive para interceder por nosotros”? (Heb. 20,23) ¿Qué es el Rosario sino la central nuclear de los misterios de Cristo, que María irradia sobre el que reza y aquellos por los que se aplica? Personalmente, y termino, creo que lo que nos falta en esta andadura que comienza tras el número 50 de nuestro aniversario, es creernos de verdad las palabras de Gabriel a María: “Nada es imposible para Dios”. La Encarnación borró del diccionario la palabra imposible. Luego, sigamos adelante, sean lo que sean nuestros tiempos y los futuros, sabiendo que nuestro quehacer se llama Dios, nuestro campo de acción los humanos todos, nuestro tiempo, la incesante relación filial-esponsal que haga efectivo su poder y su amor sobre cada porción de nuestro planeta que la necesite. Sería un maravilloso modo de que fuera creciendo en ramas y frondosidad el árbol que hace 50 años sembramos como pequeña semilla de mostaza. Demos gracias a Dios por ella y por los grandes nombres que llevaron la iniciativa y el peso de todo lo realizado hasta ahora: P. Marceliano Llamera, M. Araceli Muñoz y M. Mª Teresa Muñoz, M. Ana María Primo Yúfera, el P. Vito Tomás Gómez, M. Inmaculada Franco, M. Mª Teresa de Jesús Gil, colaboradores y comunidades todas. Gracias a todos. Gracias también por vuestra paciencia. Sor Mª Araceli Abós Ara O.P. Monasterio de Sta. Clara – Vic (Barcelona)

_______SOÑAR EL FUTURO________

Dios quedó contento de su obra creadora: ¡le había salido muy bien! Creo que la naturaleza nos puede enseñar mucho sobre la vida, es una buena maestra con mucha experiencia acumulada. Pensando en el contenido de esta sencilla reflexión sobre “soñar el futuro” de nuestra andadura Federal, me venía a la memoria la composición de Vivaldi, “las cuatro estaciones”. En la “Primavera”todo es vida, estallido de fuerza por brotar, alegría por la fecundidad, juventud en esperanza.

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Así pienso yo de nuestra andadura federal en su nacimiento: fue un verdadero estallido de vitalidad joven y dinámica que hizo posible nuevos brotes de vida allí donde parecía que ya no había esperanza… Con la llegada del “Verano” la naturaleza nos ofrece un tiempo de descanso, de contemplación de la belleza de la Creación, de un amor vivido en el gozo y la paz. También de ligeras tormentas, de cielos iluminados por el resplandor del relámpago y la lluvia pasajera… El “Verano” de nuestro caminar federal tuvo su plasmación en el gozo de ver la obra en su plenitud de vida; en su realización inmediata, en una vida pletórica de fuerza y juventud, no sin problemas y dolores… El “Otoño” es tiempo de reposo, de madurez, de silencio ante una vida que está lograda y sabe el precio de lo conseguido. Es saboreo de felicidad que puede ahora disfrutar en un estado de contemplación. Es también comenzar a ver la desnudez de la floración ornamental de la naturaleza que se nos va descubriendo en su austera verdad. Nuestra Federación pasó su “Otoño”… fue viendo como la vida crecía, maduraba y se despojaba de lo que era solo apariencia y vistosidad. Nos hizo profundizar en la humildad, en la esperanza, en la sencilla contemplación de lo que somos con el paso del tiempo, ¡pobres siervos que han hecho lo que debían! Y llegó el “Invierno” con sus fríos, sus hielos, sus sombrías tardes, sus largas noches y sus días cortos…Y vemos cómo la tierra se nos presenta árida, fría, aparentemente infecunda y pobre. Y sabemos que en su entraña está germinando la vida; que en su silencio triste y frío hay “algo” que pugna por brotar…como un milagro de la madre tierra que sabe acunar en su vientre misterioso la alegría de “algo nuevo” que sólo en la próxima primavera veremos surgir… Es este “Invierno” nuestro tiempo actual. Todo nos parece como aparentemente dormido, casi muerto por el frío de una larga noche cubierta de hielo, abrazada por la nieve que en su llanto deja que sus lágrimas impregnen la tierra y la hagan germinar silenciosa, mansa y humildemente… Es tiempo ahora de una fuerte esperanza. De una segura certeza de que la vida sigue, de que a pesar de la apariencia de desolación y muerte, “algo” gime por seguir viviendo. “Soñar el futuro” para mí es seguir creyendo en quien nos ha acompañado en todo nuestro caminar por la vida. Quien ha sido capaz de mantenernos unidas, amándonos, ayudándonos, apoyándonos durante tantos años: sabemos algo de lo pasado por nuestras mayores, de quienes las ayudaron, de quienes sufrieron a su lado, pero ¡no sabemos todo! Creo que si somos capaces de dejar el grano de trigo confiadamente en el seno de la tierra, podremos ver la cosecha en la próxima primavera. Nos cuesta creer que va a volver a brotar vida en lo que aparentemente vemos como muerte. En realidad debemos pensar que es así el misterio que nos da sentido: ¿qué fue si no, la vida y la obra de Jesucristo? ¿Por qué extrañarnos de pasar ahora también en nuestras vidas consagradas la misma suerte de quien nos avisó de que sólo dando la vida, entregándola libremente, podía surgir la verdadera VIDA? Sueño el futuro como un tiempo de gracia y de pobreza; de humildad y confianza, que es lo que en realidad nos hace ser verdaderas discípulas de Jesús. Nuestro mundo sólo ansía el poder, el tener, el disfrute inmediato de sus éxitos. Nosotras debemos oponer a esto lo Esencial. Lo que podría aportar la verdadera FELICIDAD. La seguridad de que hay ALGUIEN que puede dar sentido al dolor y a la muerte. 37


Nosotras estamos junto a los pobres, a los sencillos, a los hermanos que se sienten solos y oprimidos, pero lo hacemos desde la verdad de unas vidas que participan de su mismo sufrimiento. Nuestro invierno no es sólo “nuestro”, es un invierno en el que, junto a los hermanos, hemos de saber esperar la primavera. “Soñar el futuro” no es más que SEGUIR ESPERANDO, SEGUIR CREYENDO Y SEGUIR AMANDO. Sor Mª Soledad Rubín de Celis, op. Monasterio de Santa Inés - Zaragoza

____MENSAJE ESPIRITUAL DE LA BEATA JOSEFINA SAULEDA___

Cuando la M. Federal me encargó que hablara sobre la entonces Venerable y hoy Beata Sor Josefina Sauleda unos 20 minutos, pensé que era mucho tiempo y qué podría decir sobre ella. Después de haberme dedicado a estudiar su figura descubriendo así su rica personalidad, me parecen pocos los minutos, porque estimo que es merecedora de más tiempo y, desde luego, de que alguien más cualificado que yo os relate la aventura de su vida y, sobre todo, trate de desentrañar su mensaje de cara al momento actual. Pero, confiada en la virtud de la obediencia, puse manos a la obra con toda dedicación e ilusión, con cierto convencimiento de que me iba a sorprender. Me ha sorprendido, en efecto. Quiero ofreceros con sencillez los frutos, tras realizar una lectura en profundidad. Quiero, de manera particular, transmitir lo que ella, a partir de su testimonio, me ha sugerido.

Infancia y juventud de la Beata Josefina Nació en Sant Pol de Mar, provincia de Barcelona, el 30 de julio de 1885, y fue bautizada el 5 de agosto con el nombre de Buenaventura; recibió la confirmación el 14 de junio de 1887. De esto último hace, por tanto, 120 años. Formaba parte de una familia excepcionalmente piadosa, bendecida por Dios con doce hijos, entre los cuales Buenaventura —«Ventureta»— era la décima. Fue educada en el colegio de las Hermanas Dominicas de la Anunciata de su pueblo natal, distinguiéndose por su habilidad para todo y por su clara inteligencia. Convenientemente preparada recibió su Primera Comunión el día 23 de mayo de 1897, es decir, a los doce años de edad.

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Estos serían lo primeros datos de la ficha de nuestra futura monja dominica y mártir; vamos a continuar investigando cómo fue en su juventud, su modo de ser, de relacionarse y cómo fue experimentando en su vida esa inquietud que la llevó a pensar que Dios la llamaba a consagrar su vida en otra parcela de la viña del Señor. Los que la conocieron guardaban en su memoria los siguientes recuerdos: Llevó siempre una vida muy piadosa, frecuentando los Sacramentos y las funciones religiosas. Era modesta y recatada; no frecuentó bailes ni otras diversiones análogas. Tenía un carácter vivo, expansivo y muy jovial, que compaginaba admirablemente con la serenidad de su comportamiento. Este conjunto de bellas cualidades la ayudaba a ganar la confianza y simpatía de las personas con quienes alternaba. Dice su hermano Antonio 1 , al referirse a sus padres: «Sólo el hecho de tener doce hijos ya indica cuál era la condición de mis padres y su religiosidad extraordinaria; yo mismo, por ser el menor de los hermanos, dormía en su habitación y recuerdo cómo todos los días rezaban. Mi hermana se destacó en su niñez por su bondad y piedad, en una ocasión, en mis recuerdos de infancia, recuerdo que le pregunté por qué no se casaba, si tenía ya novio; y me dijo que sí, que pronto se casaría y que su novio se llamaba Manuel; yo no lo comprendí entonces, pero se refería a su desposorio espiritual con Jesús. También recuerdo que, en otra ocasión, siendo yo muy pequeño, me dijo que yo pronto haría la Primera Comunión y me explicó el misterio de las especies sacramentales con un pedazo de galleta. Por referencias de hermanas mayores mías sé que en su infancia y juventud se distinguió también porque era muy sufrida y sacrificada; enseñaba el catecismo a los niños en unos tiempos en que las catequesis, al menos en Sant Pol de Mar, no estaban organizadas, particularmente se entregaba a los niños pobres. Ella entró en religión cuando yo tenía unos trece años, o sea que ella tendría unos diez y nueve o veinte años. Además tenía en el Monasterio de Montesión otra hermana, la mayor de los doce hermanos, Sor Mercedes, y por esta razón las visitaba a ambas con frecuencia. TPF

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Nuestra relación fue muy buena, ya que tanto mis padres, como yo mismo y los otros hermanos estábamos muy satisfechos de que fueran religiosas; siempre que veníamos a Barcelona, unas cuatro o cinco veces al año, las íbamos a ver».

Primeras inquietudes vocacionales Hacia los dieciséis años dio pruebas de los primeros síntomas de vocación religiosa. No parece que Ventureta dudase nunca ante el dilema de vida religiosa o formar un hogar. Muy sensible ante las necesidades materiales del prójimo —como apuntábamos más arriba— se sintió fascinada por las Hermanas de la Caridad y por sus actividades en servicio de los más pobres, enfermos y menesterosos. En alguna de las habituales visitas que sin duda hizo a su hermana mayor, debió de abordar con ella, sin rodeos, sus intenciones de hacerse Hermana de la Caridad. Sor Mercedes algo debía barruntar en su hermana. Ella encontró las razones y argumentos adecuados para 1

Positio, Testigo 4. Antonio Sauleda Paulís, p.114 Miembro de una familia muy piadosa y contento de que su hermana fuese monja, mantuvieron excelentes relaciones todo el tiempo. A raíz de la persecución tuvo que identificar el cadáver de la Sierva de Dios y gestionar el entierro. El contenido de su declaración encierra detalles de familia de primera mano que sólo él podía dar. Menos informado de la vida dentro del Monasterio, aporta buenos elementos de juicio sobre lo ocurrido durante la persecución estando fuera del Convento de sus hermanas. TP

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explicarle que toda actividad externa de caridad debe sustentarse en una intensa vida interior, de gran unión con Dios. Tampoco la veía con demasiadas fuerzas físicas. Sin duda alguna estos no eran los planes de Dios para ella, y como antes muchos han experimentado en su vida, tampoco a ella le faltó su «intermediario» que le sugirió reflexión y cautela antes de tomar una decisión. Fue precisamente su hermana Sor Mercedes el instrumento del que se sirvió el Señor para que con sus exhortaciones se orientase bien. Tomó parte en una tanda de Ejercicios Espirituales en la casa de las Hermanas Filipenses de Barcelona. En aquel clima de retiro y oración vio claro cuál era el camino a seguir —por lo que el Señor le había dado a comprender en la oración— llegó a la conclusión de que la llamada de Dios la orientaba hacia la abnegada vida contemplativa. Ya no dudó. Se decidió, y esa decisión ya indicaba un grado intenso de amor de Dios. 2 TPF

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Incorporación a la Orden Dominicana. Para llevar a efecto tan santo propósito se dirigió como no podía ser menos al convento de Monjas Dominicas de Montesión de Barcelona, donde algunos años antes había ingresado su hermana Mercedes. Una vez formulada su petición de ingreso, no cesaba de escribir cartas apremiando para que la recibiesen pronto. La Priora y su Consejo, se tomaron un tiempo aconsejado por la prudencia para verificar la calidad de la petición presentada por Ventura; pero ella insistía, no cesaba en sus cartas de apremiar para que la recibiesen pronto en el convento, pues decía, «me es muy penoso vivir más en el mundo». 3 Bien probada la sinceridad de sus instancias, fue admitida en la clausura el día 19 de enero de 1905; tenía por lo tanto, 19 años y seis meses. 4 Vivió, en consecuencia, algo más de treinta y un años en el convento, situado entonces en la zona de la Rambla de Cataluña, en la ciudad de Barcelona. Por aquellos años no había tiempo fijado para la duración del postulantado, éste fue promulgado por el Derecho Canónico en el año 1917. Se exigía practicar diez días de Ejercicios Espirituales antes de vestir el hábito. El día 12 de marzo tuvo lugar la ceremonia de la toma de hábito, por tanto, su postulantado duró 52 días 5 ; tomó el nombre de Sor Josefina. 6 TPF

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Año de prueba. Profesión Dio comienzo, pues, el año de prueba. Ya desde entonces mostró fervoroso ahínco por dominar los ímpetus de su carácter y, según ella misma declaró, le costó mucho sacrificio vencerlos. Terminado felizmente el año de noviciado, fue admitida a pronunciar su profesión, que tuvo lugar el día 24 de marzo de 1906. 7 TPF

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Destinos y ministerios de Sor Josefina 2 TP

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Informatio super martyrio, p. 52 Artículos del Proceso, 13 p. 101 Artículos del Proceso, 14 p. 101 Documentos Extra-procesales, Sor Catalina Febrer Grimalt, p. 146 Informatio super martyrio, p. 51 Artículos del Proceso, 15 y 16, p.101

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Al poco de profesar pidió al Señor la gracia de que la nombraran enfermera, y se ofreció para ir de ayudante en una necesidad y le fue concedido según su deseo. Ministerio que siempre la había seducido. Tenía excelentes cualidades y disposiciones para ejercer este oficio. No le faltaba algo tan importante como la paciencia, ella que era tan activa e impetuosa, su sonrisa aliviaba y tranquilizaba, ganándose pronto la confianza de las enfermas 8 . Era de corazón bondadoso, especialmente para las enfermas, que a su sola presencia, les daba la impresión de mejora en sus dolencias. 9 Durante los primeros años de su vida religiosa ella misma estuvo muy delicada de salud. Un día en que se sentía más fatigada que de costumbre a causa del excesivo trabajo que tenía con las enfermas, pidió a su director que la dispensase de llevar el cilicio. Al sacerdote no le pareció bien concederle la dispensa aquel día. Sor Josefina obedeció y, por la noche, se le presentó la primera de una serie de hemoptisis que hicieron temer seriamente por su salud. Con la ayuda de la medicina, el espíritu de sacrificio y obediencia de la enferma, y el poder de la oración, se venció la enfermedad, y así recobró la salud incorporándose a la vida de comunidad con todas sus observancias y penitencias, sin que tuviera que dispensarse nunca más de cuanto prescribían las Constituciones. Fue siempre muy amante de la pobreza y de la austeridad. Desempeñó los oficios de cantora y, como venimos diciendo, de enfermera por espacio de muchos años. Fue también procuradora y organista. Ejerció oficio de Priora durante dos trienios seguidos hasta el 21 de junio de 1935. En la votación de 1935 fue elegida Priora su hermana M. Mercedes y la Sierva de Dios la sustituyó en el cargo de Maestra de Novicias. El cargo de enfermera no lo dejó ni aun siendo Priora. En su ejercicio puso de manifiesto su gran caridad, su abnegación y el olvido de sí misma, edificando a la Comunidad, que no puede olvidar sus heroicos sacrificios; prestó asistencia continua durante cinco años a una religiosa gravemente enferma; esta religiosa perdió el conocimiento en los tres últimos años de vida. Día y noche la atendía con suma paciencia, sin que por esta absorbente ocupación se dispensara de los actos de Comunidad. TPF

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Cómo la vieron las Hermanas que con ella convivieron y quienes la trataron Testimonios que se repiten en el Proceso. «No he conocido una monja en la Comunidad que haya sido tan humilde, tan exacta en la observancia de Reglas y Constituciones». 10 Idea que repite Sor Teresita del Niño Jesús. Sor Carmen Carretero añade un detalle significativo: «Era la Sierva de Dios una religiosa muy observante, con gran espíritu religioso, siendo como Priora la primera en cumplir lo prescrito por la Santa Regla y Constituciones» 11 TPF

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Documentos Extra-procesales, Sor Catalina Febrer Grimalt, p. 146 Testigo 1. Sor Mª Montserrat Bárbara Montal, p. 107. Fueron siete años de intensa convivencia monástica. Fueron los tiempos más difíciles para la vida religiosa, especialmente en Cataluña. Como la relación entre ambas fue de súbdita a Priora, y siendo una de las monjas jóvenes, el testimonio puede tener la profundidad de quienes vivieron a fondo la problemática del Monasterio. A pesar de referirse más bien a lo externo, el testimonio refrenda el elevado grado de ejemplaridad de la Sierva de Dios, sobre todo en materia de observancia regular y fidelidad a la Regla y Constituciones. 10 Testigo 3. Sor Isabel Gomáriz, p. 112 Siendo los primeros años de vida religiosa en la testigo, es natural que la personalidad y ejemplaridad de la Sierva de Dios le impresionaran. Su declaración lo refleja. No pudo profundizar en el conocimiento de la Sierva de Dios, pues la testigo era de votos simples todavía. 11 Testigo 7. Sor María Carmen Carretero Rodríguez, p. 127 Acompañaba a la Sierva de Dios cuando fue detenida. La relación había sido siempre de súbdita a superiora. En su declaración demuestra un conocimiento TP

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«No recuerdo que un solo día hubiera comido de carne», asegura otra. En punto a la austeridad no cedía a las recomendaciones de las hermanas, hasta llegar quizá a un grado de terquedad. Lo que acredita su espíritu de observancia. En esta misma observancia fue en alguna ocasión causa de disgusto por haber habido alguna religiosa que ponía sus reparos a dicha observancia. Como era de esperar no le faltaron las incomprensiones de parte de cierta religiosa, por este motivo tuvo que sufrir muchas veces y se la vio llorar alguna vez. 12 Buena religiosa, fervorosa, pero sin llamar la atención. Ejercía la caridad en general, especialmente con las enfermas. Humilde. Se hacía toda para todos. Tenía el carácter fuerte, pero se sabía dominar. Las Hermanas percibieron en ella un corazón bondadoso. Paralelamente a su espíritu de observancia se distinguía por su disposición extraordinaria en materia de caridad para con todos. Algo importante en materia de formación y gusto por la lectura y que no pasó desapercibido entre las monjas, era asidua lectora de la Biblia. La amaba. Era su libro. Su espiritualidad estaba cimentada y sostenida por la Palabra de Dios. Con ella oraba y entraba en comunicación con Dios, la hacía vida de su vida. 13 Atendía con gran humildad las observaciones de las Hermanas, cuando tenían razón, lo admitía sin dificultad. Cuando fue Priora era benigna con las monjas. No se permitía ninguna libertad ni relajación. Trataba a las monjas con gran caridad y, si tenía que avisar de algo, lo hacía con amabilidad. Cuando súbdita, respetaba las disposiciones de la Priora, sin protestas ni quejas. 14 Cuando fue Maestra de Novicias, las trataba como una madre; exigente en el cumplimiento de las obligaciones, pero con espíritu de bondad y ternura. Les recomendaba que cooperasen a levantar este espíritu de austeridad y observancia. Mostraba mucho interés por todo lo que se refería al culto divino, constituye otra muestra de amor al Señor. El hecho de haber profesado como monja contemplativa, supone tener un grado elevado de amor a Dios, por el que uno sacrifica su vida. Tiene valor el testimonio de su hermano Antonio cuando relata sus recuerdos sobre su hermana ya monja: «Mis referencias en cuanto a su vida religiosa, son de que era observante y de una vocación muy firme; yo lo que sí noté siempre es que estaba muy satisfecha y dichosa. Llegó a ser superiora y tenía que ser apreciada, porque le confiaban los ministerios de mayor trato con las personas extrañas a la Comunidad: recibía visitas, atendía personalidades, etc. Esto es lo que yo había visto» 15 TPF

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más bien externo, pero da detalles de los últimos momentos de libertad de la Sierva de Dios. Otras cosas las sabe por haberlas oído. 12 Testigo 10, Sor Catalina Febrer Grimalt. Vivió muy cerca con la Sierva de Dios los años difíciles y los días más duros de la persecución. Era una de las monjas para las que debía buscar acomodo al ser expulsadas del Convento. La misma testigo tuvo que refugiarse en seis lugares distintos durante aquellas semanas. No cabe duda que tuvo en gran aprecio a la Sierva de Dios y la admiraba. Su declaración ofrece detalles especialmente representativos sobre el espíritu y actuación de la Sierva de Dios en aquellos difíciles días. Posteriormente dicha testigo ha escrito una biografía de la Sierva de Dios recogiendo muchos detalles de otras personas y monjas del Monasterio, que formarán parte de esta Positio. 13 Documentos Extra-Procesales p. 148 Sor Catalina Febrer Grimalt. En su biografía Sor Catalina dedica un capítulo para demostrar con testimonios el amor de la M. Josefina por la Palabra, la Liturgia, la Eucaristía, cap. 27 La pedagogía bíblica de la M. Josefina. 14 Testigos 1, 2, 3, 6, 7, y 10 15 Testigo 4. Antonio Sauleda Paulís, p. 115 TP

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La M. Mercedes Sauleda pidió su opinión sobre la Sierva de Dios, fiada en el conocimiento que de ella tenía y en su extraordinaria probidad personal, a Don José Boada que había sido capellán y confesor de la Comunidad de Montesión, decía así en su carta fechada el 4 de abril de 1940 refiriéndose a Sor Josefina: «El martirio que verdaderamente sufrió la Reverenda Madre Josefina fue la corona más espléndida con que el Señor quiso ceñir sus sienes, para acelerar el premio debido a sus virtudes cristianas y satisfacer plenamente los ardientes deseos que consumían su alma, de derramar hasta la última gotita de su sangre por su Divino Esposo. Quería ella timbrar con el sello más auténtico el amor eterno a su Dios que solemnemente prometiera el día memorable de la emisión de sus votos, ante el altar del Real Monasterio de Montesión, testimonio de su vida santa. No pretendo recordar los múltiples y constantes ejemplos de acrisolada virtud con que agradó sobremanera a Jesús y edificó a sus Hermanas en Religión; solamente quiero hacer notar en la mártir el fundamento sólido de la reciedumbre espiritual de su alma. Era su voluntad de acero, el dominio absoluto de sí misma para oponerse eficazmente y sobrepasar todos los obstáculos que se opusieran a la práctica de la perfección cristiana que anhelaba, y más en concreto a la humildad que perseguía y a la obediencia que profesara. Ella aprendió y grabó en lo más profundo de su alma el sublime consejo que el grande sabio y santo dominicano Tomás de Aquino diera un día a su hermana. El salvarse, el santificarse es cuestión de querer. Aquí está todo. Ella quiso, y venció todas las dificultades que no fueron pocas; ella quiso, y doblegó incontables veces el árbol crecido y robusto de sus inclinaciones naturales para satisfacer a perfección cuanto la obediencia religiosa esperaba de ella: ella quiso, y su virilidad espiritual, con la gracia abundante que el Señor concede a los esfuerzos personales, consiguió realizar verdaderos heroísmos de virtud en el fondo de su alma. Por esto llegó el momento de la verdad de los ardientes deseos de martirio, dominando así y sacrificando por completo en honor de Jesús, su Esposo Divino, la inclinación natural a vivir que todos tenemos, el amor innato a la vida que el mismo Dios ha impreso en lo más íntimo de nuestro ser. Llegó el ardiente y sublime querer morir por Cristo; querer derramar toda su sangre por Jesús, en justa correspondencia al amor sin límites que nos demostró al derramarla Él por todos nosotros pendiente de la cruz en la cumbre del calvario.» 16 Esta carta nos ilumina su camino secreto recorrido con decisión y sin desalientos. Da las claves para comprender su clarividencia en el momento decisivo de la entrega de la vida, olvidada de sí, poniendo a la vez a salvo a un buen número de vidas, el momento en que sólo había dos alternativas: la huída, declarando que no era quien buscaban, o dejar que en su ser la gracia produjera el gran fruto de la caridad en sus más exquisitas y variadas manifestaciones. Un rasgo más que la asemejó a Jesús, no sólo el único, como veremos en su momento. TPF

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Es también significativo lo que pudo saber y conocer de nuestra Beata Sor Josefina el seglar Antonio Paulí Meléndez, empleado en La Caixa, que la asesoraba en ciertos asuntos 16

Documentos Extra-procesales, Carta del Ilmo. Canónigo de Tarragona D. José Boada Diars. Escribió la carta que reproducimos —no en su totalidad—, a petición de la M. Mercedes Sauleda. Es el único sacerdote al que se atrevió a pedir su opinión sobre la Sierva de Dios, fiada en el conocimiento que de ella tenía, y en su extraordinaria probidad persona. D. José Boada había sido capellán y confesor de la Comunidad de Montesión, durante la primera década del siglo XX. Era profesor de Sagrada Escritura en el Seminario Conciliar de Barcelona. Después de la Semana Trágica hizo oposiciones por una canonjía en Tarragona. En 1909 tomó posesión de la Canonjía como Lectoral de la Sede de Tarragona, en la que llegó a tener la dignidad de Arcipreste. Distinguióse por su caridad especialmente para con los sacerdotes pobres. Falleció piadosamente el 9 de marzo de 1951, habiendo mantenido durante toda su vida una cordial relación con el Monasterio de monjas dominicas de Montesión. TP

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sociales y económicos en aquellas difíciles circunstancias: «Conocí a Sor Josefina Sauleda Paulís en el año 1932 porque yo prestaba mis servicios en favor de varias comunidades Religiosas y las Religiosas del Monasterio de Montesión, que entonces estaba radicado en Barcelona, calle Roselló y Rambla de Cataluña 115, me hicieron digno de su confianza. Sor Josefina fue Priora desde el año 1925 17 al 1935, precisamente, los años que yo presté mis servicios al Monasterio. El trato fue por su parte muy afable, digno y caritativo: El año 1935 fue elegida Priora su hermana Sor Mercedes, algo mayor que Sor Josefina, con menos ánimos que ésta y Sor Josefina la ayudaba en todo. Por Sor Josefina y por su otra hermana religiosa, Sor Mercedes, llegué a conocer el resto de la familia, particularmente a sus hermanos. Desde el tiempo que la conocí a ella y a su familia pude comprobar se trataba de una familia ejemplar, cristiana, numerosa, de la más intachable fama. Conozco perfectamente la biografía de Sor Josefina. Muchos datos los supe por referencias de las mismas religiosas; pero además los pude confirmar a través del trato que tuve con Sor Josefina; es claro que no pude comprobar su comportamiento ‘dentro del claustro’, pero sí lo que se traslucía en su modo de obrar la vi siempre interesada por el bien de sus hermanas en religión, era como una madre de todas particularmente el tiempo que fue Priora y reelegida por un segundo trienio; además yo mismo pude ver cómo trataba a las religiosas y cómo éstas la apreciaban, esto lo podía observar por ejemplo en los días de solemnidades, cuando podía haber alguna relación del Claustro con el personal seglar; su carácter era jovial, sonriente siempre, y con una visible bondad; especialmente ejemplar en el cumplimiento de la Regla; en el locutorio se manifestaba exacta cumplidora. Las religiosas hablaban espontáneamente de ella con respeto, veneración y afecto especiales.» 18 TPF

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El mismo señor Antonio Paulí, al hilo de sus recuerdos nos dejó estos importantes detalles en su testificación: “Debo añadir, en confirmación de las atenciones y desvelos de Sor Josefina por la Comunidad, que la última religiosa que salió del Monasterio, el 19 o quizá el 20 de julio de 1936, fue ella; ya habían hecho alguna salida y algunas religiosas se habían refugiado en casas protectoras, pero volvían al Monasterio ante la incertidumbre de los acontecimientos de aquellos días de persecución. Cuando pude darme cuenta del peligro que corrían, fui al Monasterio por una puerta interna que comunicaba con una casa contigua y les recomendé abandonasen por completo el Monasterio; fui el último en salir y conmigo, la última, Sor Josefina, que procuraba salvar cuanto era posible. Ella se preocupó de colocar a la religiosas, atenderlas, auxiliarlas. Su hermana, Sor Mercedes, quedó muy deprimida por los hecho luctuosos que se sucedían y se trasladó a Sant Pol de Mar con sus familiares» 19 . Fue en este verano de 1936 donde ella demostró su gran talla humana y religiosa. No es, pues de extrañar, que su amor a Dios y al prójimo se reflejasen en la virtud cristiana de la fortaleza, de la que tuvo que hacer un buen acopio para el día del martirio. El rigor mismo con que cumplía las observancias regulares, era un indicio de su fortaleza. Sor Catalina Febrer TPF

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Debe citar de memoria, pero el primer priorato de Sor Josefina tuvo comienzo el 21 de junio de 1929. Testigo 5. Antonio Paulí Meléndez. Observaciones sobre el testigo, ámbito y contenido de su declaración: Siendo el testigo persona sumamente religiosa, asesoraba desinteresadamente a diversas comunidades religiosas, como perito en economía y operaciones bancarias. Cultivaba también su afición como escritor de monasterios de monjas, consultando sus archivos. El trato con la Sierva de Dios fue afable, elevado y digno. Por su consejo pudieron las monjas salvar algunas cosas de valor del archivo, sacándolas del Monasterio a tiempo. El contenido de su declaración atiende sobre todo al aspecto externo, que le permitió deducir las cualidades de la Sierva de Dios y relacionarse con su familia. Su declaración a partir del momento de la detención de la Sierva de Dios hasta el momento de su entierro es de especial contenido y valoración. El testigo ha publicado una historia del Monasterio de Nuestra Señora de Montesión. 19 Testigo 5. Antonio Paulí Meléndez, p. 121 TP

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recuerda un hecho que deja entender la fuerza del autocontrol de la Sierva de Dios ante las mismas dolencias materiales: «Sufría con frecuencia de migraña o jaqueca con fuertes dolores de cabeza y mareos; nadie se apercibía de ello hasta que llegada la noche dejaba de cenar, terminando el día con la asistencia a Completas» 20 TPF

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Se proyecta sobre ella la luz del martirio Sor Josefina en julio de 1936 fue muy buscada y perseguida, con nombre y apellido, aunque confundiéndola con la Priora del Monasterio; lo era, como se ha dicho, su hermana. La causa por la que fue perseguida y asesinada fue, por encima de todo, por ser religiosa. Coinciden todos los testigos: «La asesinaron por odio a la religión, porque era religiosa y además porque todo parece demostrar que la tomaron por Priora del Monasterio». 21 «El motivo fue en síntesis, la caridad, puesto que ella para salvar a su hermana Sor Mercedes Sauleda, entonces Priora, quiso asumir toda la responsabilidad del Monasterio y al ser prendida por los perseguidores ella no negó la condición de Priora y por eso fue asesinada» 22 Casi con idénticas palabras testifica Sor María Carretero. Su hermano Antonio fue a verla al piso que las acogía, y a la vez, invitarla para que fuese a Sant Pol de Mar. Su hermana Sor Mercedes ya se había reunido con los suyos, como queda dicho. Esto fue unos días antes de su detención. Pero ella se negó a reunirse con su familia, alegando que estaba interesada entonces en colocar a sus hermanas en religión, distribuyéndolas en casas de amistades y que por ello no podía abandonarlas. Ella estaba acogida en un piso de la calle Gracia; su hermano que quería conseguirle un salvoconducto, la fotografió en la terraza. Esta misma foto sirvió más tarde para poder identificarla, por las ropas que vestía. Él afirma que la persiguieron y asesinaron «ante todo y desde luego porque era religiosa.» 23 . Así como se salvó su hermana, es lógico que se hubiera podido salvar también Sor Josefina. La Sierva de Dios se encontró con una atribución que no le correspondía. Si aclaraba el error, recaía todo sobre su hermana, que ni por temperamento, ni por resistencia física estaba en condiciones de hacer frente a aquellas difíciles circunstancias. Por lo tanto, se mantuvo en un silencio heroico al ser detenida. Al final, después de varios refugios, tuvo que optar por alquilar un piso en el que pudiera recoger las monjas dispersas, y a base del trabajo de las mismas, hacer frente a las necesidades materiales de la vida, durante la contienda que ya se intuía larga. Precisamente fue detenida cuando acababa de conseguirlo. Dio cima a su obra de caridad con el sacrificio de su propia vida. Sor Josefina Sauleda entra de lleno dentro de la dinámica de los mártires de la caridad cristiana, que sacrifican su vida por salvar a los demás y como expresión de fidelidad a la fe. El perseguidor próximo y responsable moral del asesinato de Sor Josefina se personificó en un abogado laboralista, que asumió las funciones de la justicia en Barcelona, actuando con plenitud de poderes. El hecho de que Eduardo Barriobero 24 , nombre de dicho personaje, TPF

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Documentos Extra-procesales, de Sor Catalina Febrer, p. 148 Testigo 5. Antonio Paulí Meléndez, p. 121 22 Testigo 6. Sor Teresita del Niño Jesús, p. 124. En este mismo sentido Testigo 7 Sor María Carretero. Sor Teresita del Niño Jesús convivió seis años en el Monasterio con la Sierva de Dios. Al haber convivido con ella los primeros años de su vida religiosa, le quedó un cordial recuerdo de la misma y de su ejemplaridad. Su declaración refleja la de una súbdita ante el comportamiento de la superiora, ante el que siente sincera admiración. 23 Testigo 4. Antonio Sauleda Paulís, p. 115 24 Eduardo Barriobero nació en 1880 en Torrecilla de Cameros (Logroño). Estudió la carrera de Derecho. Una de las figuras intelectuales enemigo de la Iglesia y muy anticlerical. Fundó la Juventud Republicana. Fue diputado por Madrid. Vinculado a la Masonería española. Al final de su vida confesó que: «Fui vice-Gran TP

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muriese en paz con la Iglesia, da al martirio de Sor Josefina un halo de especial espiritualidad y emoción. El punto neurálgico de la fe que personifica Sor Josefina Sauleda con su sacrificio personal, es el punto que entronca con la caridad hasta sus últimas consecuencias. Pudo decir con San Pablo «porque el Amor de Cristo nos apremia» 2 Cor. 5, 14, y que se manifiesta en la «fe que actúa por la caridad» Gal. 5, 6. Admirable encuentro en fe y en caridad en grado heroico. Sobre el fundamento de la caridad en Cristo detectamos la presencia especial de las virtudes cristianas de justicia y fortaleza. Era de justicia que la Priora del Convento respondiese de todas las monjas, dejándolas acomodadas dentro de lo posible. El calvario de Sor Josefina —hemos podido observarlo— fue largo y penoso. Duró su gestión en busca de refugio, cambiar de un lugar a otro, con la angustia de quien se sabe perseguida, unos cuarenta y cinco días. El que la naturaleza humana le hiciese experimentar las flaquezas inherentes, nos recuerda a Jesús orando en el huerto, sudando sangre, y caído después bajo el peso material de la cruz. Siempre tuvo en su corazón el «hágase tu voluntad». Hemos podido ver a lo largo del relato que hay en la vida de Sor Josefina rasgos que la asemejan a Jesús: —Fue delatada —Se la perseguía por ser monja —Puso su vida como medida para salvar a las hermanas que le habían confiado, y a otros muchos —En el interrogatorio humillante y agotador, calló —Otorgó el perdón a sus verdugos —Le fue concedido que su máximo perseguidor, pudiera reconciliarse con la Iglesia —El amor a Jesús y la voluntad del Padre fueron la luz que guió su vida.

«MENSAJE ESPIRITUAL» de la Beata Josefina Aquel final abrupto de la vida de Sor Josefina, —intuido por ella «me parece que dentro de poco moriré» 25 — no era sino la culminación madura de un camino de correspondencia a la gracia y del desarrollo de su fe hasta el heroísmo total. Fue persona de fe, que no sólo procuró mantenerla, sino que se esforzó en enriquecerla y en transmitirla, y esto desde los primeros años allá en Sant Pol de Mar, cuando se hizo catequista de niños pobres. Fue persona con sensibilidad al sufrimiento de los demás y quiso aliviarlo, y así quiso ser Hija de la Caridad. Esta sensibilidad no la ahogó al hacerse dominica, y precisamente dominica contemplativa, sino todo lo contrario. Ella se entregó y desvivió por todas sus hermanas, especialmente por las más débiles: ancianas y enfermas. A su vida de oración hay que añadir el gran aprecio que ella tenía por la celebración Litúrgica, cómo se preparaba y cómo la supo promover consiguiendo orientaciones de Liturgia y canto gregoriano y aprendizaje para todas sus hermanas. Le gustaba la salmodia y la saboreaba. TPF

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Maestre, y después, Gran Maestre interino». El 26 de enero de 1939 Eduardo Barriobero estaba en la cárcel. El Gobierno central dispuso que se le aplicase la pena capital. El reo fue fusilado en la madrugada del 7 de febrero de 1939, confesándose católico. 25

Testigo 6 Sor Teresita del Niño Jesús (Manuela Millán Ulldemolins), p. 123-125 «Pocos días antes de estallar la revolución, estando las dos en el lavadero, la Sierva de Dios me dijo: “Me parece que dentro de poco moriré”. Yo le pregunté si era profeta o bien es que se encontraba enferma, a lo que contestó que nada de ello, pero que moriría pronto» Esta religiosa expresa así su persuasión de la actitud de la Beata Josefina, frente a los perseguidores: «Estoy convencidísima que para salvar los intereses espirituales y materiales se encerraría en un gran silencio que le acarreó la muerte». TP

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Fue formadora de Novicias, siendo ella misma muy entera en su religiosidad y profunda espiritualidad, muy observante. Manifestó mucho aprecio por la formación, procuraba formar a sus novicias en la responsabilidad de su vocación contemplativa, fervorosas y valientes, dispuestas a cualquier renuncia, conocedora de la gravedad de los tiempos, quería que fuesen capaces de defender con valentía la causa de Dios. Ellas recuerdan que valoraban su entrega, su sentido común, su disponibilidad, su discreción en su abnegación, ese confiado abandono a la Providencia, paciencia, su tacto, cómo se esmeraba en secundar la obra de Dios en cada una de ellas. Inspiraba confianza y paz. Se la veía fija en Dios. Es más, creen que fue persona de profunda oración. Irradiaba alegría. Veían armonía en su vida y obrar. Las preparaba para su vida de oración personal y litúrgica. Sabía trasmitir su amor a María, Madre del Señor, a santo Domingo y la Orden. Les quedó muy grabado a aquellas formandas su amor a la Palabra de Dios. Su oración guardaba relación con la Biblia amada. Fue ella quien las inició en su lectura. Lectora incansable —ella misma— de la Palabra, la hacía vida de su vida. Les proporcionó un ejemplar a cada una de las novicias. No podían olvidar en aquellos días difíciles cómo les levantaba los ánimos ante la perspectiva del martirio, dejando ver su propia disposición, «confío en la fuerza de Dios», les decía. Formadora —y sin embargo— disponible a la Comunidad y sobre todo para la enfermería. A su vida de oración añade su proyección hacia las hermanas enfermas, hasta el final de su vida. Fue procuradora. La Comunidad, las monjas no tenían que preocuparse de nada, confiaban en las buenas disposiciones y el gran espíritu de servicialidad de Sor Josefina. Fue Priora, y lo fue en tiempos difíciles. Se debe a Dios y a las hermanas. Sabe de renuncias. Ahora desplegará con sencillez un dinamismo intenso en el cumplimiento del deber. Afrontará peligros y desafiará riesgos. Lo suyo era la confianza en el Señor. Inteligente y de gran corazón. Pondrá a disposición de la Comunidad su caudal de cualidades humanas, y espirituales más si cabe. Observante, animó la vida de la Comunidad en su doble dimensión: oración litúrgica y personal. Fue promotora vocacional desde la oración, y los tiempos no eran propicios, pero dieron fruto. Era su firme convicción: «Hace todo cuanto quiere». 26 Su gobierno discreto y prudente, sin cambios excesivos, movida por su habitual lógica sobrenatural. Durante su priorato entraron en vigor las Constituciones del P. Gillet. Ella fue una decidida promotora de la formación, del «estudio de la verdad divina en la caridad». Ni siquiera en este tiempo dejó de velar por sus hermanas ancianas y enfermas, parecía que el sacrifico le era connatural. TPF

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Llegó el momento más difícil, el de la prueba suprema. Cómo se entrega a la Comunidad hasta el heroísmo, no quiere irse a su casa, quiere permanecer al lado de sus hermanas, lo que le costó la vida. Ningún sacrificio ni riesgo la hizo titubear. Perseguidas, cambia de lugar una y otra vez. No descansa hasta lograr el mejor acomodo posible para ellas. Quiso ser toda su vida y se esforzó por serlo hasta el final, cireneo 27 para las ancianas y enfermas, ayuda y servicio en cualquier necesidad, en el más difícil momento de su existencia no rehuyó cargar con el más arriesgado trabajo y peso, con peligro para su vida, al servicio de sus amadas hermanas. Defiende a sus hermanas —sobre todo— en aquellas horas dramáticas de detención con su heroico silencio, sumiéndose en un gran silencio, lo que la llevó al martirio. Su calvario fue largo y penoso. Salvando a las hermanas, perdona a quienes la ultrajan y le quitan la vida. ¿Es este mensaje suyo para hoy? TPF

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Salmo 115 (113B) v.3b «Y que seas tú el Cireneo de todos los que te rodean. Si lo haces así. ¡Que hermosa será la vida!». Carta que escribió a su prima Ventureta, le decía, como extrayendo de lo que abundaba en su propia vida. Ella fue realmente hasta su muerte, un cireneo para sus hermanas, hasta el heroísmo, desvelando aquella belleza de la caridad actuada por la fe en toda su vida. TP

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Al prever ella lo que les esperaba, mujer de gran talla humana, proyecta desde su gran esperanza para el próximo reencuentro «una nueva comunidad», comunidad de futuro, y esto lo hace desde el ojo mismo del huracán, siendo buscada y perseguida, por eso podía escribir: «Perseguidas por todas partes, estoy convencida que tendremos que hacer una nueva fundación con un nuevo espíritu» 28 Esta «comunidad de futuro» que proyectaba, sin duda alguna, abarcaba todos los aspectos de vida en los que ella se había entregado, y que permanecían vivos en la memoria de los que la conocieron. Ella quería y deseaba entregarse todavía más radicalmente. Siendo Maestra exhortaba a sus novicias a vivir entregadas para levantar de ese modo la vida comunitaria, hasta la máxima plenitud. Su deseo de entregarse más radicalmente era verdadero, con absoluto convencimiento, dicho en momentos de gran inseguridad, y era capaz de ello, porque lo manifestó hasta el martirio. Su «Testimonio» de amor, reconocido solemnemente por la Iglesia, constituye todo un reto para nosotras, seguidoras del carisma de santo Domingo a comienzos del Tercer milenio cristiano. Como se ha repetido tantas veces con motivo de la beatificación, es la primera dominica contemplativa española elevada a los altares, lo que significa, que la Iglesia ha estimado que en ella se encierra un magisterio de gran importancia; se trata de una «maestra» que se proyecta especialmente hacia sus hermanas contemplativas; en ella tenemos también una intercesora segura y poderosa ante el Señor. TPF

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Sor María Rosario Botella, O.P. Mº de Santa Catalina de Siena - Palma de Mallorca __________________________________ ________________________

COMPARTIENDO⁄ MONASTERIO DE STA. CATALINA DE SIENA PATERNA - VALENCIA

Nuestro primer acto comunitario para celebrar los 800 años de la fundación de las monjas dominicas en Prulla (Francia), fueron unas solemnes Vísperas presididas por el Padre Martín Gelabert, o.p., que con su habitual maestría nos dijo más o menos las siguientes palabras: “Somos de una Orden que tiene solera, vida e historia. Nuestro tiempo es el bueno y, muy bueno, con mucha vida. Lo importante es vivir el presente. Jesús dice:”el que cree en mí hará las obras mejor que yo”. Ahora la vida dominicana es estupenda. El presente de hoy es que seamos fieles, nos toca preocuparnos por el presente. Seremos fieles, si vivimos el amor mutuo, 28

Carta a Sor Teresita del Niño Jesús [Manuela Millán Ulldemolins] estando refugiada en casa de sus familiares en Granollers.

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“mirad cómo se quieren”. Si somos monjas y frailes de oración, si nos queremos, estamos de enhorabuena, porque tenemos un presente estupendo y el futuro... nosotros somos la prueba, lo importante es que aquí estamos. Este hombre providencial que es Domingo de Guzmán, sigue sembrando. Estas palabras, profundas y alentadoras del P. Martín, calaron hondo en nuestro espíritu y vimos con mayor claridad el futuro positivo de nuestra Comunidad. Gracias, P. Martín y sigue diciéndonos que, nuestro futuro es el amor mutuo. También el 24 de febrero a las cinco de la tarde, tuvimos otro acto muy emotivo para celebrar nuestro Año Jubilar, con los queridos hermanos seglares dominicos de las comunidades de Valencia y Torrent. Empezamos en nuestra iglesia con una maravillosa paraliturgia preparada por ellos mismos con mucha profundidad y sentido eclesial. Presentó el acto el Padre Gerardo Sánchez, o.p. con sus alentadoras y fraternales palabras de acogida, muy emotivas y que merecen nuestro sincero agradecimiento. Las lecturas, intercaladas con cantos muy armonizados. Las preces, fueron leídas por ellos y después de un breve silencio hubo bastantes preces espontáneas de todos los asistentes. Un momento muy emotivo fue, cuando todos a una sola voz, leímos la oración del Año Jubilar. Después recitamos todos juntos la oración del Padrenuestro de Martín Descalzo, y como broche final, las monjas entonamos el Magníficat cantado por toda la asamblea. Ella es nuestra Madre, y no podía faltar aquí. Para cerrar el acto, el Padre Pascual Notari, o.p. nos animó diciendo: “Este Año Jubilar representa más de lo que nos imaginamos. Tiempo de renovar, mediante la vida y las obras, la predicación de toda la Familia Dominicana. Renovemos nuestro Sí al Señor, para que Él vuelva a ocupar el centro de nuestra vida. Es por excelencia un año de gracia. Que la Palabra de Dios alumbre a todos los hombres y sea sal para sazonar nuestra vida”. Después pasaron todos al locutorio para reunirnos toda la Familia Dominicana en una comunión fraterna, con la suavidad del gozo y la alegría que es, en efecto, el fruto del Espíritu Santo. Y sin faltar, cómo no, el buen humor, que es sin duda alguna salud mental, degustamos los riquísimos dulces y zumos de naranja y limón elaborados por las expertas monjas reposteras, con todo cariño e ilusión de hacernos gozar. Este ambiente, tan dominicano y fraternal, nos hace recordar aquella entrañable escena de Ntro. Padre Sto. Domingo dando a beber a sus frailes y monjas, aquel milagroso vino que nunca se agotó. O también, aquel gesto tan maravilloso cuajado de dulzura paternal para sus monjas, repartiéndoles las cucharitas de madera que les había traído de España. Que esta herencia fraternal de Ntro. Padre Sto. Domingo, siga viva en el corazón de toda la Familia Dominicana y podamos decir a una sola voz: “Ved qué dulzura y qué delicia, convivir los hermanos unidos” (salmo 132). El día 5 de abril, tuvimos otra conmemoración del Año Jubilar. Sobre las 5 de la tarde llegaba el P. Provincial, Fr. Antonio García, op. acompañado de los equipos de Nuestra Señora, E.N.S. Rápidamente se llenó la Iglesia, los matrimonios venían con sus niños y era una delicia ver esa afluencia de pequeñuelos de todas las edades. El acto fue presidido y maravillosamente preparado por el P. Provincial. Empezó la celebración con un canto de entrada acompañado de guitarra. A continuación el P. Antonio dijo unas palabras de saludo y explicó qué es el Jubileo, un año de alegría orando por la Iglesia y en nuestro caso por los 800 años de la fundación de Prulla. Y dirigiéndose a nosotras nos recordó nuestra misión en la Orden: Rogad por los frailes dominicos y respaldadles en su vocación de Predicadores, para que su palabra dé fruto abundante. 49


La celebración litúrgica fue así: Orar con el salmo 102. Un matrimonio en el ambón hizo la presentación del salmo. Después una monja recitó con mucha expresión el salmo 102. Hubo unos momentos de silencio y a continuación otro matrimonio hizo el comentario meditativo. El siguiente matrimonio dirá cómo se debe rezar este salmo 102 según el Nuevo Testamento (se acompañó con un suave fondo de música). De nuevo silencio y canto meditativo “Nada te turbe”... acompañado de órgano y poniendo todos el énfasis en ¡Sólo Dios basta...! El Padre Nuestro, Ave María y Credo por las intenciones del Papa. La oración para el Año Jubilar rezada todos juntos. El canto del Magnificat entonado por las monjas y coreado por toda la asamblea. Terminado el acto, el P. Provincial nos dio la bendición. En seguida pasaron al locutorio y allí les habíamos preparado una merienda. Los pequeños gozaron a lo grande. Terminado el jolgorio tuvimos un diálogo con los matrimonios muy interesados por nuestra vida de oración y entusiasmados por aprender a orar. Les dimos unas cuantas orientaciones prácticas que acogieron con verdadera ilusión. Antes de la despedida hubo bastantes asistentes que estaban admirados de nuestra unión y respeto fraterno al saber escuchar atentamente a la hermana que estaba hablando y sorprendidos por la alegría que nos caracteriza. Por supuesto que esto fue para nosotras motivo de inmensa satisfacción al saber que reflejábamos a la primera comunidad cristiana cuando decían «mirad cómo se aman»... Es admirable saber que el Señor hace maravillas en nosotras y le damos gracias. Antes de despedirnos pasaron una bandeja donde cada matrimonio puso sus intenciones para que durante el año orásemos por ellas. Y así lo hacemos con mucho gusto e interés, para que el Señor les conceda a cada uno lo que más les conviene. ¡Qué grandes son tus obras, Señor! ¡Qué profundos tus designios! Un gran abrazo. La Cronista.

CÓRDOBA - ARGENTINA Queridas hermanas: ¡Que Jesús reine en sus corazones! Queremos seguir compartiendo con ustedes, en este Año Jubilar el paso de Dios por nuestra comunidad, para que unidas al Señor y a Nuestro Padre Santo Domingo elevemos una ferviente acción de gracias por cuanto recibimos gratuitamente... Hemos tenido la dicha de participar de varias celebraciones de la Eucaristía, presididas por nuestro Arzobispo en el Monasterio con diversos motivos:

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En agosto se hizo el envío de dos jóvenes misioneros de la arquidiócesis para el África y la Santa Misa que siguió a la bendición de las nuevas instalaciones de Radio María, ubicadas a la vuelta del Monasterio. El día ocho de setiembre con ocasión de la celebración de la vida consagrada en nuestro país, se hicieron presentes, religiosos, religiosas, miembros de los institutos seculares y vírgenes consagradas Y por último, el pasado quince de octubre, fueron ordenados cuatro diáconos del clero. Con gran alegría acompañamos desde nuestra vida orante los caminos emprendidos en la arquidiócesis, a través del Plan Pastoral, en el que durante este año y bajo el lema: “Con Jesús salimos, confiamos, nos valoramos” se va sembrando, con el anuncio de la Palabra de Dios, la alegría de conocer a Jesús. Los días nueve de octubre y primero de noviembre, recibimos a los alumnos del Colegio de las Hermanas Dominicas de San José. Pasaron al locutorio para conocer de nuestra vida contemplativa, hicieron muchas preguntas y de todo tomaban nota. Nuestra vida siempre resulta algo misteriosa... sobre todo el tema de la clausura. Después de sacarse muchas dudas, pasaron a la Iglesia, en la que por ser primer jueves de mes estaba el Santísimo Sacramento expuesto todo el día, para ganar la Indulgencia Jubilar. Durante el mes de octubre, nos fuimos preparando para la Beatificación de nuestros mártires con la lectura de sus vidas. Nos emocionaba pensar que en tan eximio grupo, había muchos de la familia dominicana, y entre ellos ¡una monja! Fue una delicadeza de Nuestro Señor en este año tan especial para nosotras. El secretario del Padre Maestro, fray Juan Pablo Corsiglia nos envió la Liturgia de Vísperas que se celebraría en Santa Sabina, y desde aquí nos unimos a la misma, como familia e hijos de Domingo. Y para seguir celebrando, ¡cómo no saltar de júbilo con la Beatificación de Ceferino Namuncurá en nuestro país! Fue una gracia muy grande para los argentinos, y para los jóvenes, que la Iglesia proponga como modelo de santidad a este joven mapuche. Ese mismo día, once de noviembre por la tarde, llegó desde Mendoza nuestra hermana sor María Nora, la recibimos con mucha alegría y en medio de los preparativos para el cumpleaños de nuestra Madre Priora... ¡ya nos quedaban pocos días! El día catorce lo comenzamos con la despertada solemne, toda la comunidad a la puerta de la celda de la Madre Sandra la despertó con un canto para continuar alabando al Señor en el coro con Laudes. Luego del desayuno compartimos los regalos que ella nos preparó y nos dirigimos a la exposición que le preparamos con muchas sorpresas. Enseguida unos mates... entre cantos, poesías, y todo lo que se nos ocurría para festejar. Por la tarde rezamos un Rosario por los claustros y después de cenar vino el broche de oro, para agasajar a la cumpleañera, dos monjas bailaron una danza criolla de modo muy gracioso ¡nos reímos mucho! Les contamos que hizo su mes de experiencia en la comunidad Isabel, encomendamos a sus oraciones. Otro acontecimiento en este mes de noviembre fue Capítulo Provincial de nuestros hermanos, los frailes, a quienes acompañamos con oración para que todas las decisiones, trabajos y proyectos sean conformes al espíritu Domingo. 51

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Pasando a un tema más estructural, estamos con los obreros que van y vienen, porque el revoque por dentro y por fuera del coro se caía a pedazos por la humedad... y de tanto picar, ocurrió lo inesperado... no sólo salió el revoque, sino que traspasó la pared y quedaron al descubierto nuestras hermanas difuntas enterradas allí, ya que antes las monjas eran puestas en nichos hechos en la pared y en lo que hoy llamamos el Patio santo. Los cajones estaban muy deteriorados, y algunas monjas fallecidas durante la epidemia del cólera estaban sin cajón y cubiertas de cal. Debido a esto, algunas monjas se encargaron de sacar los huesos e identificarlas, guiándose por un plano, mientras que las mayores nos transmitían recuerdos recibidos por otras o de las que llegaron a conocer... Este hecho providencial dentro del año jubilar, nos hizo pensar y reflexionar... estas hermanas nos precedieron con su fe y con su entrega y fueron entretejiendo con su vida oculta la historia de nuestro Monasterio. A las puertas del Jubileo de la Federación, que comenzará el ocho de diciembre, solemnidad de la Inmaculada, queremos dar gracias a Dios porque a través de un mismo amor, de una misma vocación y Profesión, muchas hermanas, hace cincuenta años se arriesgaron, con docilidad al Espíritu, a seguir las palabras del Señor: ”Quien pierda su vida por Mí, la encontrará”... y esa siembra fecunda que fue haciéndose entrega, ayuda a las comunidades, para que nuestra vida contemplativa recobre el vigor, se ha convertido en un torrente que desborda hasta la vida eterna. Nuestra comunidad ha sido enriquecida con la ayuda de muchas hermanas a través de la Federación... por eso queremos celebrar este Jubileo con mucha esperanza y confianza en el Señor que nos llamó y nos sigue llamando para que desde este poco de levadura que somos, podamos seguir siendo fermento en la masa, y unidas “CAMINEMOS FIELES AL AMOR INICIAL”, conducidas por el soplo del Espíritu Santo. Queridas hermanas, que como María Santísima y San José nos abramos al plan de amor que Dios tiene preparado para nosotras... para que la Palabra habite en nuestros corazón. ¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD! Hasta cada Eucaristía... Vuestras Hermanas de Santa Catalina de Siena - Córdoba

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Celebración festiva en Burriana (Castellón)

Siervo de Dios Terencio Mª Huguet Montoro, op. El día 12 de noviembre de 2007 el Padre Postulador General de la Orden ,Vito T. Gómez, informaba de que el Cardenal J. Saraiva, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, en Roma, había comunicado la aceptación del Proceso Diocesano del Siervo de Dios Terencio Mª Huguet Montoro. El mismo Padre Vito T. Gómez, propuso la celebración de una Misa en Acción de Gracias para el día 6 de diciembre en esta ciudad de Burriana, lugar en el que nació el 5 de noviembre de 1807. Celebramos así el primer centenario del Siervo de Dios. Fue recibida esta noticia con gozo por la familia y Comunidad de monjas dominicas. Se iniciaron los preparativos para tal evento, ya que ambos motivos merecen ser conocidos por los conciudadanos y por todas las gentes. El bien debemos extenderlo para que se agrande, ya que confiamos que él llegará a cada hogar con sus bendiciones. En esta misma iglesia, de monjas dominicas, celebró su primera Misa y siempre mantuvo una amistad cordial y sincera con la Comunidad, de las cuales algunas hermanas viven todavía. Se prepararon carteles e invitaciones para todas las Parroquias, PP Carmelitas, PP. Salesianos, Ayuntamiento y familias. Intentando llegar a toda la población como así sucedió. Esta vida nos ennoblece a todos y había que celebrarlo. La ciudad tiene una rica tradición dominicana por los Padres Dominicos que han nacido en ella y por las Hermanas Misioneras del Rosario. Este día 6 de diciembre de 2007, llegaba desde Roma, el P. Antonio García, OP. Asistente del Padre Maestro General de la Orden, para presidir la concelebración que comenzaba a las 12 horas. Le acompañaban el P. Vicente Botella OP. Decano de la Facultad de Teología de Valencia y los párrocos de la Ciudad de Burriana. Igualmente se desplazó, desde Valencia, la M. Federal, Mª Teresa Gil, OP. También asistieron la M. Priora, Mª Cinta Navarro y Subpriora Sor Mª Encarnación Monfort de la Comunidad de monjas dominicas de Vila-Real. Asistieron también las Hermanas Misioneras Dominicas del Rosario. En lugar destacado estaba la Corporación Municipal, la familia y las monjas que forman la Comunidad. La Iglesia se llenó de fieles. Se respiraba un ambiente festivo y lleno de paz, con la elegancia que caracteriza a estas gentes y el “saber estar”.

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La Coral “Carnevale” de la Ciudad, cantó magistralmente las partes musicalizadas de la Misa. La M. Priora de la Comunidad, hizo la introducción resaltando la motivación citada de esta celebración. D. Juan Selma, por la familia, leyó la Epístola y la M. Federal hizo la Oración Universal de los fieles. El P. Antonio García, comentó en la homilía las bienaventuranzas, lenguaje de los santos. Destacó la rica personalidad del siervo de Dios P. Terencio Mª Huguet Montoro; su inteligencia brillante. De su estancia en el Angelicum de Roma, él mismo ha tenido acceso a esta información:”Sobresaliente en todo; además una nota ejemplar en todo”. Culminó su carrera ascendente hacia la santidad en Guatemala (Cahabón, Verapaz). Gran animador de los indígenas, en sus veintinueve años de misionero. Dejó una copia del Documento de la Santa Sede, donde consta la aceptación de esta Causa. Como el mismo celebrante dijo: “ahora, podemos y tenemos que encomendarnos a él, para que haya los milagros que se necesitan para seguir adelante “. Tenemos que hacer notar que el cáliz con el que se celebró esta Misa, es el que utilizó el Siervo de Dios, P. Terencio Mª Huguet Montoro, en su vida misionera en Guatemala. La Comunidad de monjas dominicas, cuando marchó, se lo dio y él mismo, cuando se sintió enfermo, mandó devolverlo por medio del P. Gregorio López a la Comunidad. Como así lo hizo. Agradeciendo la presencia de todos y compartiendo tanto gozo por este hijo de Burriana, en la puerta principal, estallaba una ruidosa traca, como es muy corriente en estas tierras, que ponía el punto final a esta celebración.

Sor Mª Enriqueta Porcar, op.

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Desde el Noviciado Común en Argentina Nuevamente nos hacemos presentes para contarles los acontecimientos de esta segunda mitad del año. A partir del 16 y hasta el 21 de julio realizamos nuestros cursos sobre sacramentos y enfermería, de los cuales ya les contamos en la crónica anterior. El día 29 de julio comenzamos el retiro anual, predicado por el P. José Luis Cepero; las reflexiones giraron en torno a la vida religiosa; habló en relación a varios documentos de la Iglesia y lo expuso todo de manera sencilla y concreta con la particularidad de que estaba muy interiorizado del carisma de nuestra Orden y de la vida de Santo Domingo, lo cual hizo que las pláticas nos fueran aún más provechosas. Los Ejercicios Espirituales terminaron el día 6 de agosto, por lo que fueron una hermosa preparación para la celebración del día de Nuestro Padre. El 8 de agosto concelebraron la Eucaristía todos los frailes del convento de Mendoza y después, como ya se ha hecho tradicional para celebrar este día en familia, almorzamos juntos en el locutorio. Estos son siempre momentos hermosos de fraternidad vivida en la sencillez y confianza de quienes se saben realmente hermanos. Las novicias, ayudadas por la participación estelar de algunos miembros de la comunidad, hicimos nuestro pequeño acto, representando la conversión del hospedero por Santo Domingo. Más tarde los Padres pusieron a prueba los conocimientos de sus hermanas ya que habían preparado una serie de preguntas que debíamos responder (hay que decir que se esmeraron en buscar preguntas sumamente difíciles en algunos casos); en recompensa nos daban, con un gran sentido del humor, un premio que consistía en cosas muy prácticas y útiles. El 12 de septiembre comenzamos un curso sobre las cartas de San Pablo que fue dictado por una hermana del Instituto Mater Dei. Tuvimos las clases hasta el día 14 y después las interrumpimos para continuar en la semana del 24 de septiembre. Todas hemos quedado muy contentas con lo aprendido y con la forma en que la Hermana expuso los temas, ya que a pesar de contar con poco tiempo teniendo en cuenta que el tema era extenso, de todas formas lo hizo con detalle y muy claramente. El 30 de septiembre se realizó en el monasterio una Hora Santa que fue preparada con las reflexiones que las monjas habían hecho sobre la contemplación, a pedido del Padre Maestro. Participamos todas nosotras y muchos laicos que venían en peregrinación para ganar el Jubileo. Resultó un hermoso momento de fraternidad en el que compartimos el ideal de nuestra vida y cómo cada una lo concretiza. Hemos vivido con mucha ilusión y gran gozo la beatificación de los mártires españoles, particularmente de Sor Josefina Sauleda. Confiamos en que la poderosa intercesión de tantos santos que dieron la vida por su fe, será fermento de nuevas almas que, aunque no sea 55


derramando su sangre, quieran entregar su vida a Cristo, y esperamos que el ejemplo de tantos hermanos, nos estimule a permanecer fieles al Amor en lo que nos toque vivir cada día, de modo que viviendo en Él, alcancemos la gracia de morir también en Él. Acompañamos con el cariño y la ilusión a las hermanas de la Federación que peregrinaron a Roma para tal ocasión, y nos alegramos por ellas de esta gracia recibida en este año jubilar. El 4 de noviembre celebraremos el cumpleaños de nuestra querida Madre Maestra. Como somos sólo cuatro, se nos ha hecho un poco difícil realizar todo lo que hubiésemos querido para agasajarla, pero tratamos de hacer cuanto nos fue posible para que en cada gesto pudiera ver nuestro gran cariño y la gratitud que sentimos por su entrega incondicional, por todo lo que hace por nosotras y por ser en nuestra casa del noviciado, una verdadera madre. Nuestro curso finaliza el 21 de noviembre, de modo que con mucha alegría esperamos incorporarnos nuevamente a nuestras comunidades. Si Dios quiere, nos encontraremos nuevamente el año que viene con el lindo regalo de recibir a más hermanas que comenzarían el noviciado el próximo año. Para terminar, esta cronista se despide encomendándose a su oración, ya que Dios mediante hará su profesión simple el 8 de diciembre, día en que serán todas encomendadas especialmente, ya que en el marco de este año jubilar, celebraremos los 50 años de nuestra hermosa y amada Federación. Que Nuestra Madre Inmaculada, ruegue por nosotras a su Divino Hijo, y nos ayude a crecer en nuestra mutua caridad. Reciban todas un gran cariño de sus hermanas del Noviciado Común de Argentina y particularmente de quien con mucha alegría (aunque con ninguna experiencia) ha hecho las veces de cronista este año.

Noviciado de Copiapó – CHILE Queridas hermanas, lamentamos no haber podido acercarnos antes por medio de Unidas pero aquí nos tienen para compartirles algo de lo que hemos vivido en este año de formación. El curso lo comenzamos a mediados de marzo, una celebración eucarística nos abrió a la perspectiva de este nuevo curso como un proyecto amoroso del Padre Dios que a lo largo de este año iría dibujando en cada una, el querer de su voluntad. Para este curso, las formandas somos 6 ya que nuestra hermana Sor Marcela Pastén que terminó su formación, se incorporó a su monasterio de Yerbas Buenas (Linares). Desde Guayaquil, Ecuador, llegó Sor Angélica Barahona quien completará su formación por tres años en nuestro noviciado, con esto seguimos percibiendo que las fronteras no son un obstáculo para la vida fraterna y esto nos hace ser más agradecidas al Señor quien nos regala hermanas de diversos rincones del mundo. Por tanto somos dos de 56


Ecuador, una de Brasil y tres chilenas. Dentro de este año jubilar la experiencia fraterna se hace más patente con este intercambio cultural, creemos que esta pequeña semilla sembrada en Prulla hace 800 años ha germinado en este desierto de Atacama, donde desde el silencio y la soledad, Dios teje su “historia”, esa que lleva la huella de la consistencia y la fidelidad de Dios y la nuestra. Las clases comenzaron el 21 de marzo con Madre Maestra, quien a lo largo del curso fue tratando temas como la Constitución Fundamental, Observancia regular (clausura, silencio, estudio), la Ascesis como un camino de amor y Teología espiritual. Se incorporan a las clases por el sistema video-conferencia nuestras hermanas del monasterio de San Alberto (Goya), al norte de Argentina, nuestras hermanas del monasterio de la Inmaculada del Maule, Yerbas Buenas (Linares), que ya lo vienen haciendo desde hace unos años, nuestras hermanas de Venezuela (quienes providencialmente han tomado contacto con Madre Maestra). Las otras materias, como Cristología, participamos por video-conferencia desde el Monasterio de Santa Rosa (Santiago), con Sor María Soledad Cordero, op. Tratado de Dios, Uno y Trino, por Fray Guillermo Fernández, op. durante el mes de septiembre y Espiritualidad dominicana por Sor María Dolores Columbres, op. desde mediados de octubre a mediados de noviembre. Pero como no todo son clases, sino que también vivimos de y para la oración y la Liturgia, en Semana Santa tuvimos la alegre visita del Padre Antonio Mª Artola, sacerdote pasionista, muy cercano a las monjas de la comunidad, lo que nos permitió vivir con intensidad esa semana, tanto con sus exposiciones (charlas), como por la celebración de la Liturgia. Siempre el misterio de la Muerte y Resurrección del Señor es un nuevo paso del cristiano hacia la vida, esa vida que cobra forma más allá incluso de lo que nosotras percibimos, porque la vida de Dios es vida de gracia que baña el alma para instalarla en la eternidad. Y si de eternidad se trata, les contamos que en el mes de mayo tuvimos nuestro retiro anual junto a la comunidad, con Fray Brian Pierce, op., el que era en ese entonces Promotor de la Familia Dominicana y ahora Promotor de las monjas. Él tomó varios textos bíblicos desde donde nos situaba como contemplativas y como monjas dominicas. En estos ocho días gustamos de nuestro carisma, de nuestro Padre Santo Domingo, del maestro Eckhart, de Bartolomé de las Casas, de Fray Timothy Radcliffe, por nombrar algunos. Y como signo jubilar participamos simultáneamente de estos ejercicios (por videoconferencia) Santiago, Linares, Copiapó, sin duda una experiencia más de fraternidad. Con todo este caudal de gracia recibido en estos días de retiro, vivimos como nunca la Solemnidad de Nuestro Padre. Durante toda la novena, cada una de nosotras (incluidas las monjas) hacía un aporte espiritual por las tardes, como por ejemplo rezar el rosario en el coro, lectura de nuestro Padre, una charlita dada por M. Maestra sobre Nuestro Padre, etc. El 6 de agosto realizamos una pequeña exposición dominicana, la que permaneció abierta por dos días. Colocamos pequeños altares con imágenes de nuestro Padre en todas partes, ni el lavadero quedó sin el suyo. En los claustros, en las puertas de las celdas y en los locutorios pusimos frases que hacían alusión a Domingo y a la fundación de las Monjas. En las I Vísperas se entonó la Kalenda de Nuestro Padre y al día siguiente la Misa fue presidida por Monseñor Gaspar Quintana, Obispo de nuestra Diócesis, concelebraron con él algunos sacerdotes de la Diócesis, P. Haroldo Zepeda, cmf., P. Jair Donizet, cmf., P. Tulio Pastorelli, ofmc., acompañándonos varias religiosas y fieles.

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Los meses siguieron lo mismo que las gracias recibidas, ahora nos tocó a nosotras ser parte de una invitación (en la primera quincena de agosto), por parte de nuestras hermanas de Goya para participar, vía Internet, del curso que les dio el Padre Diego Correa, op., sobre los “Elementos Patrísticos de la Vida Religiosa Dominicana”. Infinitas gracias a nuestras hermanas de Argentina por su generosidad. Luego, el día 12 del mes de septiembre, celebramos los 25 años de consagración de Madre Maestra, Sor María Ángeles Martínez. A primera hora la despertamos con un canto, hubo exposición del Santísimo en Laudes, y la oración y rosario fueron ofrecidos por ella. En este día no faltó nuestra pequeña exposición, donde la creatividad y cariño abundaron. Por la tarde a las 17:30 hrs. celebramos la Eucaristía en acción de gracias por estos años de consagración de nuestra Madre Maestra, presidiendo Fray Guillermo Fernández Verte, op., quien fue acompañado por 3 sacerdotes de la diócesis, el P. Mauricio Bridio ofmc, P. Luis López y P. Eduardo Avalos. Dentro de las ofrendas se presentaron signos que manifestaban la oración de intercesión constante de Madre Maestra: un globo terráqueo que hablaba de la Iglesia bajo regímenes totalitarios; una estola que abarcaba a los sacerdotes; unas cadenas que abrazaban la realidad de todos los que son condenados a muerte; la imagen de Nuestro Padre Santo Domingo que expresaba el amor al carisma y todos los que la formamos. Al terminar pasamos al locutorio para compartir con todos los que nos acompañaron. Así el día terminó lleno de agradecimiento por tantas gracias recibidas. Sin darnos cuenta ya estábamos en el mes de octubre, que nos trajo dos grandes sorpresas. El día 8 acompañamos a la comunidad que se reunió para hacer la elección de Priora y el día 22 nos llega la noticia de que Madre Maestra fue elegida Priora de la Comunidad de Santiago. Como ven un año lleno de momentos importantes donde el Señor fue el principal actor. Al terminar queremos despedir y acompañar con nuestra oración y cariño a nuestras hermanas que terminan su formación y se incorporan a sus comunidades: Sor María del Carmen Maila, del Monasterio de La Sagrada Familia, en Ecuador; Sor Margarita Ballarini, del Monasterio Cristo Rey, en Brasil; Sor Yezabel Guerrero Garrido, del Monasterio Inmaculada de Atacama, Copiapó - Chile. Dos de nuestras hermanas que terminaron el curso anterior ya profesaron solemne, Sor Carlina Zamora, del Monasterio de la Venerable Catalina de Jesús Herrera, en Ecuador, lo hizo en abril y Sor Marilina Mansilla, del Monasterio de Santa Catalina, en San Justo – Argentina, el 8 de septiembre. A los dos pudimos saludarlas por el computador después de tanto tiempo. Agradecemos de manera especial a M. Maestra su entrega incondicional al Noviciado y a cada una de nosotras, pidiendo al Señor que la siga ayudando y bendiciendo siempre, sobre todo en esta nueva tarea que le ha encomendado. El próximo curso es una interrogante para las que quedamos, ya que esperamos a la nueva Maestra, pero confiamos en que el Señor seguirá velando por sus hijas. A todas les deseamos un feliz día de la Inmaculada, un esperanzador Adviento y unas gozosas fiestas navideñas. Sus hermanas del Noviciado, Copiapó - Chile

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SOR MARILINA NOS CUENTA SU PROFESIŁN «En María, de una manera anticipada, la Cruz y la Resurrección de Cristo, brillan con una luz capaz de iluminar el camino de los hombres, con sus angustias y esperanzas, con sus tristezas y alegrías…» Queridas hermanas, quise empezar esta crónica de mi profesión solemne con las palabras de la homilía de nuestro obispo diocesano monseñor Baldomero Carlos, quien presidió la santa Misa acompañado por muchos de nuestros frailes, algunos sacerdotes de la diócesis y numerosos seminaristas. Pero lo mejor es empezar desde el principio de este hermoso sábado 8 de septiembre. Lo primero, como siempre, es el Señor presente en el sagrario, a Él lo alabamos con el rezo de Laudes y la gracia de la Misa matutina. En el refectorio, después de los abrazos de mis hermanas pasamos a desayunar mientras una de ellas fue leyendo uno a uno los correos electrónicos, cartas y saludos de todas ustedes. Y aquí me detengo porque sinceramente no me esperaba tanto cariño. Les agradezco la delicadeza que han tenido con nuestra comunidad al recordarnos en este día. De verdad ¡gracias a todas y a cada una, que a lo largo de los días se hicieron presentes con su oración y cercanía! Dios será la recompensa que yo no puedo darles. Ya cerca de las cinco de la tarde, todo estaba listo: el altar con el mantel más bonito, las flores abundantes y una imagen bordada de la Santísima Virgen que llegaba hasta el suelo, no podían faltar los antiguos candelabros dorados con sus respectivos cirios decorados. La gente que se anticipaba en llegar para reservar su asiento y todas las luces encendidas nos estaban diciendo que la fiesta era grande como nuestra alegría. Las monjas y nuestras dos postulantes ya estaban en el coro mientras que monseñor, junto con todos los sacerdotes concelebrantes y los seminaristas entraron en procesión, madre priora y yo detrás de ellos, al final. Del otro lado de la clausura asistían mis padres en los primeros bancos, mi familia, amigos de la comunidad, nuestros feligreses de siempre y mucha gente que nos hace el bien con una caridad incondicional. La ceremonia fue vivida por todos con un solemne respeto frente al misterio de Dios, que nos llama a pertenecerle por completo, nos llama desde la fuente de su Misericordia, y sólo tomados de ella fuertemente nos atrevemos a dar el gran paso. Nuestro obispo nos decía: « ¡Qué bueno es obedecer en la oscuridad y la prueba! No sólo es la obediencia de la fe, es la obediencia del amor…que da sentido a la vida»… Con palabras como éstas nos exhortaba a todos a perseverar en la fidelidad a la Iglesia. Y así me dispuse a pronunciar la fórmula de la profesión, después de la oración de toda la asamblea que intercedió ante el Señor. Madre Adriana y sor María Dolores cantaron las letanías a los santos y todos los presentes se unieron a ellas. Como era la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, toda la Liturgia, en sus cantos, oraciones y símbolos no dejaba de traerla a nuestra memoria moviendo los corazones para que aflorara una dulce y tierna devoción hacia Ella. He vivido esta gracia providencial como un camino marcado por la mano del Padre para que caminemos por él y así, consagrados a María lleguemos sin dilaciones a amar la voluntad de Dios para glorificarlo en todos los momentos de nuestra vida. Me despido llena de gratitud hacia cada una de ustedes. ¡Dios las bendiga! Y no dejo de encomendarme a sus oraciones.

Sor Marilina de La Trinidad O p. Mº de Santa Catalina – Buenos Aires (Argentina) 59


Y… SOR Mª DEL CARMEN MAILA, expresa su gratitud.

Copiapó, 16 de noviembre de 2007 Madre Mª Teresa Gil FEDERACIÓN DE LA INMACULADA Querida Madre: Saludándole en el Señor Jesús y deseando que la paz de Dios reine en su corazón, le escribo estas líneas en nombre de mi madre priora M. Catalina de Jesús Almeida y mía, para agradecerle permitirme estar durante estos tres años de noviciado en este Monasterio de la Inmaculada de Atacama de Copiapó. Creo que los objetivos que se trazaron a alcanzar en mi formación integral como monja dominica han supuesto en mí, un nuevo nacimiento para Dios. Para mí ese sería el resumen de todo este compartir, llevar el germen de vida a una comunidad que espera también poder recoger frutos de comunión y crecer juntas en nuevas perspectivas para el bien común y personal de cada una de nosotras. Gracias porque sé que donde hay comunión allí esta Jesús nuestro Maestro y guía, llevo un tesoro que nunca me lo imaginé pues Dios sabe escribir recto en estas líneas torcidas. Felicitándoles de antemano a toda la Federación por sus 50 años de existencia en servicio de la Iglesia, me uno y confío en la oración poderosa de ustedes para que en mi país, todos los corazones nos abramos a encontrar el proyecto común para bien de nuestra vida contemplativa. Bueno, Madre Teresa, con un abrazo y beso inmenso me despido, le ofrezco mis pobres oraciones por toda la Federación. Adelante y… ¡contenta, Señor, contenta! Su hija en Santo Domingo. Sor María del Carmen Maila, O.P. Mº de Santa Catalina de Siena - Quito (Ecuador)

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Desde Córdoba (Argentina) De forma providencial en este Año Jubilar Dominicano, con motivo de una refacción por serios problemas de humedad en el Patio Santo, quedaron al descubierto los nichos donde reposan los restos de cinco hermanas nuestras. Según el plano que tenemos de dicho Patio Santo, figura en uno de ellos el nombre de la Sierva de Dios, Sor Leonor de Santa María Ocampo. Habiendo pedido asesoramiento al Dr. Celestino Piotti, Perito Oficial de Antropología Física y Arqueología, experto en la materia, luego de estudiar todos los restos mencionados, nos da la certeza de un 99 % de que estos restos son de la Sierva de Dios, Sor Leonor de Santa María Ocampo. Con este motivo, queremos compartir con usted este regalo de Dios para que pueda ser motivo de una mayor entrega y fidelidad para nuestra comunidad y fuente de bendiciones para toda la Orden. Asegurándole nuestras oraciones por sus necesidades e intenciones y gozosas de que algunas comunidades ya estén dando respuestas llenas de esperanza en el Dios que viene a hacer nuevas todas las cosas, nos despedimos fraternalmente unidas en el Corazón de nuestra Madre Misericordiosa. Sor Sandra ¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨

Promotor general de las monjas

Agradecemos al Padre Manuel Merten, su servicio a las monjas durante estos años que ha sido nuestro Promotor General y al Padre Brian su nombramiento como Promotor. P. Manuel Merten, op.

P. Brian Pierce, op.

P. Pablo C. Sicouly Nuevo Prior Provincial de la Provincia de San Agustín (Argentina)

¡Desde Unidas les deseamos una venturosa misión en la Orden!

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Fusión de Sta. Catalina de Gerona con Sta. Catalina de Paterna

El día 16 de diciembre de este año, se celebró una Eucaristía como despedida de la comunidad de Gerona de la diócesis. Fue presidida por el obispo y concelebrada por el vicario episcopal y los PP. Esteban Pérez, Prior Provincial de Aragón, P. Carlos Bernal, Basilio Velasco, el capellán Mosén Jordá y otros sacerdotes. Los fieles llenaban la iglesia y coro y muchos estaban emocionados porque «... se les iban las monjas y lo sentían de verdad.... ¡cuánta falta iban a hacer!» Al final de la Eucaristía Mn. Carles Soler Perdigó, en unas emotivas palabras dio gracias a las hermanas por tantos años de oración y encomendaba la diócesis, a la comunidad de Santa Catalina de Paterna, —de la que las hermanas forman parte desde el 7 de diciembre, ya que ese día el obispo de Gerona leyó el documento de fusión ante la comunidad—. Posteriormente Sor Mª Sylvia Caballero, agradeció en nombre de la comunidad tantas muestras de afecto y dijo que las hermanas habían querido ser una luz en la noche, testimonio de la primacía de Dios, orando por el mundo amado por Él. Acompañaron a la Comunidad, Sor Mª Teresa Gil, Priora Federal, Sor Teresa Mª Vilanova, Subpriora de Santa Catalina de Paterna, las Anunciatas, las Hermanas del Buen Pastor, —Feli, Piedad.....—, estás últimas llevaron en su furgoneta a todas las hermanas a su nueva Comunidad de Paterna, dos días después. Allí fueron recibidas por toda la Comunidad con infinito cariño. Por la tarde se celebró la Eucaristía presidida por el Padre Vito T. Gómez y el Padre Juan Mengual, Prior de Predicadores. Un cálido y bello sello para este primer día... La crónica queda interrumpida, para continuar en el próximo número de unidas.

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Familiares - Dña. Cruz Elena Pabón, madre de Sor Lucila Herrera Pabón, de la Comunidad de Sant Cugat del Vallés (Barcelona), el día 3 de octubre de 2007. - D. Carmelo Ramiro, hermano de Sor Margarita Ramiro Naval, de la Comunidad de Daroca (Zaragoza), el día 27 de septiembre de 2007. - D. Miguel Ginés, hermano de Sor Mª Lidón Ginés Escuder, de la Comunidad de Burriana (Castellón), el día 4 de octubre de 2007. - Dña. Guadalupe Sáiz, madre de Sor Ángeles Güemez Sáiz, de la Comunidad de Orihuela (Alicante), el día 20 de octubre de 2007. - D. Eduardo Primo Yúfera, hermano de Sor Ana María Primo, ex-Priora federal, el día 28 de octubre de 2007. - Dña. Mª Teresa Pastor, madre de Sor Gema Mª Rodríguez Pastor, de la Comunidad de Carcagente, el día 1 de noviembre de 2007. - Sr. Hilario De Marco, padre de Sor Mª Gracia De Marco Ponce, de la Comunidad de Córdoba (Argentina), el día 8 de diciembre de 2007. - Dña. Juana Bello, madre de Sor Gloria Vicente Bello, de la Comunidad de Santa Inés (Zaragoza), el día 13 de diciembre de 2007.

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Edita: Federación de la Inmaculada Concepción Alter, 4-V. Apartado 20 46900 TORRENT (Valencia) ESPAÑA IMPRIME: Federación de la Inmaculada C...

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