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AÑO XLV, Nº 155, ABRIL 2008

Federación de La Inmaculada Monjas Dominicas Torrent-Valencia (ESPAÑA)


ÍNDICE

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Agenda Federal………………………………………………………… Lo que ha sucedido en Caleruega…………………………………… Clausura del Año Jubilar: …………………………………………….. - Albarracín………………………………………………………… - Palma de Mallorca………………………………………………… Reunión de Prioras y Formadoras en Córdoba (Argentina)………. Paterna: Un solo corazón y una sola alma…………………………. Cursillo de Economía en Torrent (Valencia)………………………… Nuestros difuntos……………………………………………………….

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Edita: Federación de la Inmaculada Concepción Alter, 4-V. Apartado 20 46900-TORRENT (Valencia) ESPAÑA IMPRIME: Federación de la Inmaculada Concepción Depósito Legal, V.733/1989 Abril, 2008 E-mail: secrefeinma@infonegocio.com Tel. 96-158 96 15

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Padre Marceliano Llamera, op.

«.... no os desentendáis de vuestra responsabilidad, porque no os ha hecho Dios para vosotras solas. No hace el Señor grandes cosas sino para grandes fines. Las mismas cepas os las manda a vosotras, pero no sé si para vosotras; en todo caso, suyas son cuando las da y suyas siguen siendo después de darlas. ¿Qué quiero decir con esto? Yo mismo no lo sé, pero Él sí lo sabe...» 1

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(Texto entresacado de una carta del Padre Marceliano a la Madre Araceli Muñoz Garde, del Monasterio de Nuestra Señora de la Esperanza, entonces en Alfaro-Logroño, fechada el 22 de mayo de 1940. Cfr. Orígenes de la Federación de la Inmaculada, pág. 13)

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AGENDA FEDERAL ACTIVIDADES DE LA PRIORA FEDERAL - Visitó oficialmente las comunidades chilenas de: Copiapó, del 16 al 20 de enero. Santiago, del 21 al 25 de enero, y Yerbas Buenas del 26 al 30 de enero. - Participó en el Cursillo de Economía que la Federación organizó para las comunidades de España y al que asistieron religiosas de otras Órdenes contemplativas, de la diócesis de Valencia, el día 4 de marzo. - Visitó la Comunidad de Vila-real, el 12 de marzo. - Participó en la reunión que tuvieron hermanas de las tres Federaciones de España con el Maestro de la Orden en Caleruega, los días 14 al 17 de marzo. - Visitó la Comunidad de Vic (Barcelona), del 15 al 17 de abril. ___________________________________________________________

CELEBRACIONES Bodas de Oro - Sor Mª Dominica Granados, de la Comunidad de La Inmaculada de Torrent, el día 2 de febrero. - Sor Mª Pilar Carrera Macías y Sor Mª Ascensión Voces Blanco, de la Cdad. de Mendoza (Argentina), el 24 de abril.

Bodas de Plata: - Sor Montserrat Salvador, Priora de la Cdad. de Esplugas de Llobregat, el 3 de febrero. - Sor Mª Nora Klew, de la Comunidad de Alcañiz, el día 11 de febrero.

Priorato: El día 22 de febrero fue postulada como Priora, Sor Mª Carmen Fuertes Sintas, por su Comunidad de Paterna.

MOVIMIENTO VOCACIONAL Comienzo de Postulantado: Florencia Bancalari, en la Cdad. de Concepción (Argentina), el 25 de marzo. Toma de Hábito: Silvana Lohrmann, de la Cdad. de San Justo, (Argentina), el día 5 de enero. Profesión temporal: Sor Mariana Llopart, de la Cdad. de Mendoza (Argentina), el día 28 de enero. Profesión solemne: - Sor Mª Gracia De Marco, de la Comunidad de Córdoba (Argentina), el día 12 de abril. - Sor Mª Luisa Fargas, de la Comunidad de Manresa (Barcelona), el día 29 de abril.

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LO QUE HA SUCEDIDO EN CALERUEGA Encuentro de Fray Carlos Azpiroz, Maestro de la Orden, con monjas de las tres Federaciones de España

Caleruega, 15-17 de marzo 2008 Hermanas, queremos contaros lo que ha sucedido en Caleruega. Emprendimos nuestro viaje el día 14 de marzo, desde La Inmaculada de Torrente despuntando el sol. Nuestras hermanas nos despidieron con mucho cariño, había como una complicidad entre ellas y nosotras. También nos entregaron, a cada una, bolsa de provisiones para el camino. ¡Cuánto detalle! Íbamos con sueño. Habíamos madrugado más de lo normal. También en este viaje tuvimos capellán a bordo: P. Antonio García OP, Socio del Maestro de la Orden para la Península Ibérica. Paramos en el Monasterio de Santa Catalina de Paterna. Allí se nos unieron cuatro hermanas, Sor Teresa Mª Vilanova, Sor Encarnita Velert, Sor Mª Ángeles Calleja, y Sor Cecilia Codina. Hubo hermanas que llegaron a La Inmaculada la tarde anterior. Desde Játiva, Sor Mª Mercedes Calabuig, Sor Mª Cristina Buendía, Sor Lucia Cuenca, Sor Isabel Clavel; de Carcagente, Sor Gema Rodríguez y desde Palma de Mallorca, Sor Fátima Alomar y Sor María Rosario Botella. Y cómo no, abría nuestra expedición nuestra Madre Federal, Sor Mª Teresa de Jesús Gil, Sor Carmen Mª Martínez, Secretaria Federal, Sor Ana Albarracín, Ecónoma Federal, y también de la Comunidad de La Inmaculada venían Sor Mª Pilar Marco y Sor Mª Verónica Huancollo. Caleruega brillaba como meta de peregrinación a nuestros orígenes; dispuestas a nacer de nuevo allá. Era un reto. Había ilusión y empeño por llegar. Rezamos Laudes y Tercia en el autobús. Compartíamos con la compañera de asiento, o bien, cambio de lugar. Hasta llegar a Zaragoza sólo habría alguna parada técnica. Nos adentramos en la autovía mudéjar para deslizarnos ligeros por paisajes ya distintos de la ribera mediterránea. Y hubo parada técnica. Desayunamos de las provisiones de La Inmaculada —muy rico todo— en un área de servicio. El día era espléndido, el aire soplaba con cierta fuerza. Consumido el tiempo concedido por nuestro experto chofer, Juan, volvimos al autocar. Seguimos la ruta, la autovía nos permitía avanzar sin dificultades y a buen ritmo a nuestro primer destino. Zaragoza bulle en preparativos para la Expo-08, se notaba nada más iniciar la entrada en la periferia. Vimos de pasada las torres del Pilar y el Ebro, como una promesa de parada con más calma.....

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No fue muy difícil dar con el Monasterio de Nuestra Sra. de la Esperanza, quienes no conocíamos el trayecto mirábamos con atención. Desde siempre habíamos oído hablar de la alegría de nuestras hermanas de La Esperanza, mejor verlo que saberlo sólo de oídas. Nos recibieron con muchísimo cariño: ¡mañicas! Allí nos esperaban las hermanas que faltaban incorporarse al grupo, Sor Juana Mari, Priora de Manresa, Sor Mª Pilar Tomás, de Daroca, Sor Matilde de La Esperanza. El convento estaba inundado de luz y verdor, verde y color en los jardines, verde en plantas y flores por los claustros, era un atrevido adelantarse a la primavera..... El P. Antonio nos celebró la Eucaristía del día muy emotiva y pausada. Todas abrazamos nuestra realidad y la anudamos a nuestra vida. La comida fraterna tan bien preparada, con esmero y detalle. Las monjas de La Esperanza estaban colocadas de tal modo que todas nos sentíamos en nuestro lugar común. Después del refrigerio del mediodía, subimos a la enfermería para saludar cariñosamente a nuestras hermanas mayores. Pudimos ver con cuánto mimo y detalle estaba cuidada la enfermería. Había que despedirse y acercarnos a Santa Inés, allí nos esperaban nuestras hermanas. Ellas no se quedaron atrás con los preparativos del café para el viaje que nos habían ofrecido, acompañaron el café con finos dulces. Era nuestra «sobremesa». ¿Cómo deciros que fue la acogida? Pues, como un cálido abrazo, breve, eso sí. Tomamos nuestro café de pié, «con la cintura ceñida, calzados los pies, y con el bastón (léase: cámara de fotos) en la mano», dispuestas a salir presto hacia Caleruega... No obstante, nos dio tiempo de visitar el hermoso monasterio guiadas por nuestras cicerones, su sobria y bonita iglesia que invita a la oración, su original jardín, biblioteca, sala de labor, terraza, cocina, sala de comunidad, refectorio, sala capitular... todo lo que dio de sí el tiempo. Sor Merche Company y Sor Isabel Urrea, de Santa Inés, se unieron con emoción al grupo. Todo en este mundo tiene su fin, esta vez no fue una excepción. La Casa Federal obsequió a nuestras dos comunidades con naranjas muy ricas y otros detalles, ya sabéis, preparado con mucho cariño. Y nos reservamos otro hermoso cajón para Caleruega. Pronto nos dimos cuenta de que el Moncayo se alzaba majestuoso luciendo aún nieves en su cumbre y brazos, mientras nos miraba atento, con sus ojos azabache, a nuestro paso, comprendiendo nuestra admiración que trataba de inmortalizar su belleza. Durante mucho tiempo le vimos a lo lejos. Parada en un área de servicio. Paseos y charlas amenas. Era preciso descongestionarse.

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La luz del día comenzaba a declinar, ya estábamos relativamente cerca... era la hora de Vísperas. Sor Ana Mª Albarracín y Sor Mª Nora nos ayudaron en el rezo desde el micro. Viajábamos entre enebros, sabinas y pinos. Un paisaje extenso, amplio, los verdes con sus tonalidades, ocres y rojizos se combinaban en buena armonía. No era difícil ver agua: ríos o torrentes. La luz cedió definitivamente su paso a la noche. Ya tan cerca, y tan lejos aún... En Caleruega estaban dispuestos a esperarnos para celebrar la Eucaristía en caso de que llegásemos sin nuestro alimento básico e insustituible de caminantes. La tecnología hizo posible la aclaración. Nos esperaban —no obstante—, celebrando, orando. El camino se fue estrechando no sólo por falta de luz solar. Pero la costumbre y habilidad de los conductores hizo que salieran airosos de aquellos angostos caminos. ¡Por fin, Caleruega! Nos esperaba el P. Prior de la Comunidad y demás hermanos y hermanas que cuidan del lugar del nacimiento de Santo Domingo. Qué alegría sentir de nuevo aquel fresco nocturno, la tranquilidad del lugar, el cielo tan oscuro, las estrellas tan blancas y brillantes... Todavía estaban en el coro grande los celebrantes, las monjas, finalizando la Liturgia vespertina. Nos indicaron que fuéramos a localizar nuestras habitaciones. Allí encontramos una carpeta con el material de trabajo necesario, contenían dos dossiers: Uno con el resumen de las respuestas de las comunidades a la carta del Maestro «Para que tengan vida»; y otro con dos experiencias de fusión y de unión, una en EE.UU. y otra en Perú, y unos distintivos —eran nuestras tarjetas de identidad— con nuestro nombre, procedencia y grupos de diálogo a los que nos asignaron, en realidad todas las hermanas pertenecíamos a dos grupos: uno de número, otro de letra; así como el horario orientador, todo muy bien organizado. Personalmente cada una llevaba la carta aludida antes y la Biblia. A algunas hermanas, les tocó residir en el monasterio de nuestras queridas monjas de Caleruega, no cabíamos, éramos casi cien monjas… En la cena pudimos abrazar a Sor Mª Pilar Soler y Sor Mª Begoña Cartagena, de Orihuela, que habían llegado ya. El comedor está dispuesto en mesas de cuatro, donde pudimos empezar a conocer a las hermanas de otros conventos y federaciones. Allí se nos dio la bienvenida a todas, de nuestra Federación éramos 24, —cinco hermanas no pudieron venir—. Estuvo presente el P. Maestro Fr. Carlos, el Promotor de las Monjas Fr. Brian J. Pierce; P. Vito-Tomás Gómez García, y P. Luis García Matamoro, Asistente de las Federaciones de Santo Domingo y Ntra. Sra. del Rosario; Fr. Bernardino Prella, Socio del Maestro para Italia y Malta; Fr. Antonio García, Socio del Maestro para la Península Ibérica, y Fr. Adriano Stambé, Síndico de Santa Sabina. Después de la cena, rezamos Completas con los cuadernos de Liturgia para los días del encuentro, muy bien elaborados por la Federación de Bética y enseguida marchamos a descansar pues nos esperaban dos días muy intensos.

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Amaneció el sábado día 15 de marzo de 2008, la Iglesia celebraba la solemnidad de San José. Rezamos Laudes junto con la Eucaristía en el coro de las monjas. Presidió la Eucaristía el P. Vito, en el ofertorio las tres Prioras federales llevaron hasta el altar las ofrendas del pan y el vino, y una vela encendida. El Padre Vito predicó una profunda reflexión sobre la figura de San José: «Madrugó Dios...» La Providencia, que rige amorosamente nuestras vidas, ha colocado ante nosotros en el primer día de este encuentro fraterno el «icono» de San José. Bien sabemos que la celebración de los santos en la Liturgia invita a contemplar sus virtudes para iluminar con ellas nuestro propio camino, y a suplicar su intercesión. Ambas cosas queremos cumplir hoy, al celebrar la solemnidad de San José en Caleruega, cuna de Santo Domingo, recogiendo los frutos de gracia que el Señor ha ayudado a madurar por el mundo en este Jubileo Dominicano que ha culminado en la pasada fiesta de la Epifanía. Dentro de esta celebración de los 800 años del comienzo de la Vida Contemplativa Dominicana en la Iglesia, hemos tenido la primera Beatificación de una monja dominica española, integrada en un grupo de 74 hermanos y hermanas mártires, encabezados por el Maestro de la Orden, Beato Buenaventura García Paredes. Uno de ellos creció a la sombra de este monasterio de Santo Domingo, que nos acoge, se formó en la escuela de sus capellanes, y en esta iglesia recibió el sacramento de la Confirmación cuando cumplía los dos años de edad, en 1885. Sin duda que San José nos ayudará a integrar tantas gracias como el Señor está volcando en esta parcela de la Orden tan querida por Santo Domingo. Su presencia en el “plan de salvación”, está envuelta en el silencio, lo cual significa que su presencia en este plan es garantía de eficacia. En el silencio descubrió con nitidez su misión, y la realizó con esperanza y fortaleza. «En el silencio y en la esperanza estará vuestra fuerza», nos recordaba el profeta Isaías. No se asoma muchas veces a los escritos del Nuevo Testamento, aquellas fuentes, aquellos ríos en los que bebía con avidez desde el tiempo de sus estudios en Palencia, nuestro Padre. San José se limita a hacerse presente en los Evangelios, y no a lo largo de todo el relato evangélico, sino al comienzo. Llega al capítulo 6º de San Juan; está en los dos primeros capítulos de San Mateo; lo menciona San Lucas en sus cuatro primeros capítulos. Sin embargo, en San Marcos, no hallamos explícitamente su nombre, aunque sí alude a su misión. Pocos textos, ciertamente, pero muy densos en contenido. Así lo entendieron los Padres de la Iglesia ya desde el comienzo de la era patrística, ya desde los escritos del gran teólogo que fue Orígenes en el siglo III. Cimentados en la Palabra revelada, daban por cierto aquellos pensadores cristianos, que San José fue un hombre en el que brillaron en grado altísimo las virtudes. Creyó, esperó y, por encima de todo, amó. Fue hombre de fe firme, de esperanza bien anclada en la omnipotencia divina. El amor, fruto de la confianza, del trato íntimo y familiar con su Señor, le ayudó decididamente a alejar todo temor. El «no temas, José, de recibir contigo a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo», fue objeto de su contemplación cotidiana, y fuente de ilimitada generosidad. Para los Padres de la Iglesia, tan frecuentados también por Santo Domingo, San José fue humilde, y por eso en el edificio personal y familiar que construye, cabe toda la Iglesia. El Beato Papa Pío IX, en 1870, al final del Concilio Vaticano I, no hizo más que extraer la conclusión, al declararlo «Patrono de la Iglesia Universal».

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San José asumió el ideal de pobreza, porque tal fue el dinamismo de la Encarnación: «Siendo rico, el Verbo de Dios, se hizo pobre, para que nosotros participáramos de su riqueza». San José vivió la fecundidad de la castidad, y así Dios cumplió en él lo que en tiempos antiguos prometió a Abraham: su linaje, ese mismo linaje que otorgó al Hijo de Dios encarnado, «Jacob engendró a José, el esposo de María», recordamos, ese árbol genealógico que ofrece al que él mismo da el nombre de Jesús, Salvador, se ha ramificado y ramifica por el mundo entero. Los Padres de la Iglesia subrayaban con gusto la dedicación total de San José a María y a Jesús. Santo Tomás, por su parte, escribía que San José, y particularmente su desposorio con María, fue ordenado por Dios para la acogida y la educación del Niño Jesús. Celebramos esta solemnidad en una circunstancia muy especial de nuestra historia secular. Creemos que fue Santo Domingo el que nos sugirió el año pasado la programación de este encuentro. Nos lo sugirió para llenar de contenido, en nuestras personas y en nuestras comunidades, aquel lema que encabezaba la carta que nos escribió el Padre Maestro de la Orden, Fr. Carlos, que nos preside: «Para que tengan vida». Nadie mejor que él para explicitarnos el alcance, el contenido que quiso encerrar bajo ese lema. San José nos ayudará a integrarlo, desde la itinerancia, tan suya y tan nuestra, desde la aceptación gozosa del camino de los consejos evangélicos, tan suyos y tan nuestros también, desde el ideal que reina en la Casa de Nazaret, tan cercano al que queremos dar a nuestros conventos. San José nos ayudará a no tener miedo, a creer en la fecundidad misteriosa que tiene para la salvación del mundo nuestra vida «oculta con Cristo en Dios». De la acogida y acompañamiento que él prestó al Niño Jesús, al joven «hijo del carpintero», nació más tarde la comunidad de los apóstoles y discípulos que llevaron por el mundo el buen anuncio de la “Buena Noticia” del Evangelio. A él queremos imitar y en su protección confiamos. Como cantaba el himno latino de esta solemnidad, «estrechando entre sus brazos a Jesús, mezcló en su corazón el gozo con el dolor, recibió la palma de la gloria, e invita a unirnos a su cántico de alabanza mientras caminamos, y por toda la eternidad».

En el desayuno felicitamos a la Madre Josefina Morales, Priora Federal de Bética, era su fiesta onomástica, coincidió, además, que la Madre María Luz Franco cesaba como Presidenta y pasaba el relevo a Madre Josefina que asumía la Presidencia Interfederal. La felicitamos con un cerrado aplauso.

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Sesión inicial Fray Carlos Azpiroz, Maestro de la Orden, comenzó saludando a todos, y presentó a los Padres que nos acompañarían en estas jornadas. A continuación, pasó a relatar todo el movimiento previo y que ha dado origen a esta reunión que vivíamos, alrededor de los problemas que atañen actualmente a las tres Federaciones de la Península. Nos habló de las consultas realizadas a las distintas comunidades sobre la vitalidad y dificultades a las que se enfrentan los miembros de la rama contemplativa dominicana; a la invitación que desde 1971 se hace a las monjas para que asistan a los Capítulos Generales. En 1989, el Capítulo General de Oakland dio origen a la Comisión para Monjas. El Padre Damián Byrne, Maestro de la Orden, organizó la Comisión Internacional de Monjas en 1992 y escribió una carta a las monjas. El Padre Timothy Radcliffe, también escribió a las contemplativas en 2001. En 2003, Fray Carlos inicia una experiencia de retiro en Caleruega que se repitió en distintos países. En noviembre de 2005, en su primera audiencia personal con el Santo Padre, Benedicto XVI, el Papa le insistió en la formación permanente de las monjas, y le animó a seguir llevando adelante los retiros que había iniciado con las monjas. Se congratuló por el inicio del novenario a partir de este Octavo Centenario del nacimiento de la Orden. En el contexto del Año Jubilar de 2007, se celebró una reunión Interfederal, del 27 al 28 de marzo, con las Prioras Federales, los Asistentes y los tres Consejos Federales. Fruto de las reflexiones de ese encuentro fue la Carta «Para que tengan Vida», fechada el 29 de junio de 2007. Comentó también que una tercera parte de vida contemplativa mundial está —en la actualidad— en España, sostenida muchas veces con vocaciones de otros países. Comentó, asimismo, que desde algunas instancias se pedía que la Santa Sede legislase directamente. Se vio más oportuno, convencer, mentalizar, más que legislar. La Orden fue confiada por Santo Domingo, ya en sus orígenes, a las neoconversas de la herejía cátara, a las que reunió en Prulla, para que se dedicaran a Dios y a la Santa Predicación, mediante la oración y la penitencia. Nuestro Padre trabajó mucho — decía—, con aquellos 12 monasterios italianos. Roma —en aquel tiempo— era una aldea grande. Se tomó un año de predicaciones. No fue fácil convencer a las monjas y congregarlas. Siete monjas de Prulla llegaron para enseñarles la Orden. Tanto interés por las monjas ¿sería diplomacia? ¡es Providencia! Santo Domingo vio la Providencia y se entregó a esa acción. Si Santo Domingo empezó por ustedes la Orden, la renovación ha de empezar de forma unívoca, por ustedes. Por medio de diferentes maneras con las que la historia ha afrontado los diferentes retos. Por ejemplo, a través de la Reforma Cateriniana; de la Restauración de la Orden con el Beato Cormier; por medio de la Renovación Conciliar; o por una Refundación de la Orden: volver a las Fuentes.

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Objetivo de este encuentro es, pues, una oportunidad para la búsqueda en común de la Verdad, en la esperanza. Así nuestra Profesión en la Orden sería una opción creíble y significativa. Insistió en los cuatro pilares fundamentales para llevar una vida contemplativa dominicana suficiente y plenificante, a saber: Vida Común, Observancia regular, Oración, Trabajo. Y nos dijo algo con el debido tono y gravedad del que sabe lo que pide: «Ordeno formalmente: que nos enseñen la Orden a los frailes. Amén.» Nos puso frente a una gran responsabilidad. Una Ordenación formal. Enseñar la Orden a los frailes. Creo que comprendimos. Puso sobre nuestra vida un reto. A nosotras, que desde el principio fuimos vinculadas a la obra evangelizadora de nuestros hermanos los frailes.

Nuestra misión —como cronistas— es contaros lo que sucedió en el interior de los grupos de número y de letra, en las sesiones plenarias, iluminadas por la Lectio Divina, que fue inmensamente rica. Porque el Espíritu del Señor estaba allí, sin duda alguna, y se manifestaba en la corriente recíproca que se estableció entre el Maestro y las hermanas. La Ordenación del Maestro nos dejó vivamente impresionadas. Esa conciencia generó una viva inquietud entre todas nosotras. Era una corriente que palpitaba por la vida viva, ilusionada, que afrontaba con valentía las palabras, señala los miedos, lo que nos paraliza. Ante la raya amplia del horizonte casi sin fin, del paisaje castellano, nos preguntábamos si acaso no volvía a ser Caleruega cuna de nueva vida. Y le fue concedida la palabra a Fr Brian J. Pierce, nuevo Promotor General de las monjas que nos fue explicando cómo había pensado la dinámica de trabajo a base de la Palabra, —nos recomendó no perder de vista la Palabra, hasta ser capaces de dormir con ella, guardándola bajo nuestra almohada—, y los horarios a seguir durante estos dos días. Según lo previsto, íbamos a distribuirnos ateniéndonos a la inscripción de nuestras tarjetas de identidad, primero según un número, y después según la letra asignada en la misma tarjeta. Seguidamente nos dispersamos en dirección a la ubicación de nuestros respectivos grupos.

Primera sesión matutina del sábado día 15. Se nos proporcionó el primer texto que es el siguiente: Juan 13, 1-15 - El lavatorio de los pies - En su carta para iniciar el Jubileo del 2006-08, fray Carlos nos ha invitado a "peregrinar con alegría a los monasterios... [y beber] en ellos la sencilla frescura del 'amor inicial’. Y en su carta "Para que tengan vida" nos invita a "seguir caminando fieles a aquel amor inicial..." Es llamativo que las dos cartas emplean metáforas relacionadas con la itinerancia, el movimiento,

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el cambio, la peregrinación, el seguimiento. Dentro de unos días celebraremos litúrgicamente el lavatorio de los pies que Jesús celebró con sus discípulos. Si Jesús nos lavara los pies hoy a nosotras y nos dijera, "Os envío a caminar, a peregrinar, a seguirme ―despojándoos de vuestras seguridades"― ¿Adónde nos enviaría? ¿Cuáles son los retos de nuestra itinerancia espiritual ―como monjas dominicas― hoy? ¿Hacia dónde tenemos que peregrinar hoy para encontrar [de nuevo] esa "sencilla frescura del amor inicial"? ¿Por qué nos encontramos a veces inmóviles, estancadas, sin poder ser libres en nuestro seguimiento? - Jesús dice en el texto: "Pues bien, si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros." ¿Cómo ponemos estas palabras en práctica hoy en el gobierno de nuestras comunidades? Compartamos algunos ejemplos concretos de cómo vivimos nuestra vida fraterna como un mutuo lavatorio de los pies. Y preguntémonos además: ¿Qué falta? ¿Cómo podemos practicar ―como elemento esencial en nuestras comunidades― este gesto sacramental y liberador de Jesús? (Compartir en común).

Después de compartir en sendos grupos —de número y de letra—, con un descanso y «refrigerio» intermedios, nos reunimos en el salón de actos todos para comunicar con «ecos», «flash» —según lo indicado por el P. Brian Pierce— lo compartido en los grupos. Fr. Carlos, estaba presente en todas las plenarias, ocupaba un discreto lugar en la última fila. Si las circunstancias lo requerían subía al estrado, conversaba, aclaraba, compartía y desde luego invitaba a las hermanas y hermanos para que —a petición de la Asamblea— explicasen asuntos puntuales. Con la lectura propuesta se desarrollaron los ecos: — ¿Qué es lo que nos inmoviliza? — ¿Hemos perdido capacidad de escucha y obediencia, la docilidad de la fe? — ¿Por qué nos encontramos estancadas? Puede ser que por una cierta pérdida de identidad (cuatro pilares: vida común, observancia regular, oración, trabajo) — Hay que dejarse lavar los pies: La disponibilidad de un SÍ, genera disponibilidades en cadena... — Debemos dar prioridad a los lugares, más que al número de personas, para decidir si se cierra o no… — Hay que discernir qué es una vida litúrgica digna. — Si ya una vez «morimos pascualmente» al separarnos de nuestras familias, ¿por qué no podemos hacerlo de nuevo? — «Nos amó hasta el extremo». Estamos llamadas a ser réplica del Amor de Cristo en el servicio mutuo. — Hay que valorar dos aspectos de la realidad actual: Por un lado, las más jóvenes tenemos el reto de elaborar un presente inmediato. Por otro lado, puede ser que las diversas tareas y los monasterios, con frecuencia demasiado grandes, nos lo impidan. Sábado tarde nos sorprendió un doble texto: Juan 18, 15-27 y Juan 21, 15-18 - Pedro, discípulo de Jesús - Todos y todas, a nivel individual, somos Pedro, porque la "negación" es una experiencia común; cada creyente es a la vez pecador. Pero hay otra perspectiva desde la cual podemos ver este texto: es la de la negación comunitaria. Tenemos nuestras infidelidades personales y también las comunitarias. Con un espíritu de verdadera contrición cuaresmal, hagamos un "mea culpa" comunitario, una especie de capítulo de culpas, no para acusar a otras hermanas

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de infidelidades, sino para reconocer las distintas formas en que todas nosotras participamos de esta "negación". Tomamos en cuenta que las negaciones de Pedro fueron públicas, es decir, Pedro se negó a dar testimonio público de su fidelidad a Jesús. ¿Qué hace falta para que nuestro testimonio público sea más auténtico, más evangélico, es decir, una verdadera santa predicación? (Compartir en común en el grupo). -En Juan 21, 15-18 Jesús sana la ruptura causada por las tres negaciones de Pedro, preguntándole tres veces, "Simón, ¿me amas?" La Buena Noticia es que Jesús sana las heridas de todas nuestras negaciones también. Dios le dice a Santa Catalina en el Diálogo, "Yo no quiero que [mis siervos] piensen en sus pecados ―ni en general, ni en específico― sin recordar la Sangre y la Grandeza de mi misericordia" (n 66). Jesús nos pregunta hoy a nosotras también "Hermanas, ¿me amáis?" ¿Qué le respondemos? Y cuando nos añade la segunda parte, "Apacienta mis corderos... pastorea mis ovejas," ¿Qué nos quiere decir? ¿A qué nos está invitando hoy, en concreto, en nuestros monasterios de España? ¿Cómo vamos a responder, en lo práctico? (Compartir en común).

La dinámica fue similar a la anterior. Después de la puesta en común, sugerido por los ecos y preguntas, el P. Maestro comentó: «Pedro no responde sólo por sí mismo, ni tampoco decide por sí y para sí... Los problemas de la comunidad han de ser tratados en capítulo, en diálogo pedagógico, prudente y manso... ya que es un «problema nuestro» (no es sólo «tu problema»). Es un problema que enciende la luz de la solidaridad. Primero, pues, hay que iniciar un proceso de discernimiento capitular: escuchar a todos, y descubrir a «ritmo contemplativo» los pros y los contras, sin prisas, pero sin retrasos imprudentes, ya que las cosas urgentes no admiten demora. Hay que atreverse a soñar unas comunidades nuevas. Dar una negación al Señor es negar nuestro futuro. José, el esposo de María, cuya fiesta celebramos hoy, se siente defraudado cuando se entera de lo imprevisto —María está encinta—. No entiende por qué le cambian la vida, pero no se desencadena en él la violencia ni el rencor, aun cuando piensa que en el corazón de su prometida puede haber otro. Por amor, respeta los tiempos de Dios y esto deviene en fertilidad, porque ahí se revela el poder de Dios. A la pregunta concreta: « ¿Se necesita un cambio en la vida contemplativa?». El Maestro no contestó directamente sino que comentó: «Hay que perder el miedo a las tensiones, —hay tensiones que no son negativas; son esas tensiones que no se suplantan ni se anulan entre sí: como “sacar del arcón lo nuevo y lo antiguo”, como la tensión entre lectio y estudio, entre ora et labora. Es necesario escucharlo todo e integrarlo armónicamente...» Abogó, no obstante, por no buscar un “equilibrio”, que impida la dinámica de las tensiones creativas, de los interrogantes que inquieten, de las preguntas que “nos desequilibren”, que nos desinstalen. *** En una de las sesiones el Maestro, nos leyó una carta de la Congregación para los IVR y SVA, que aparece en la página siguiente. Después rezamos primeras vísperas de Domingo de Ramos en la capilla de la Casa de Espiritualidad: Comienza la “Semana Santa”, que nos recuerda que las causas más importantes merecen los mayores sacrificios.

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CONGREGAZIONE PER GLI ISTITUTI DI VITA CONSACRATA E LE SOCIET A DI VIT A APOSTOLICA

Ciudad del Vaticano, 2 de febrero de 2008 Prot. n. 14312/ 2007

Reverendísimo Padre Fray Carlos A. Azpiroz Costa O.P., Maestro General de la Orden, Reverendas Madres y hermanas, hace ochocientos años Santo Domingo de Guzmán asoció a su Santa Predicación a las mujeres convertidas a la fe católica, reunidas en monasterios y consagradas solamente a Dios, cuya intención era ser una con Cristo, dedicándose enteramente a la oración y a la penitencia. Para ello fundó el primer monasterio de Madres dominicas bajo la advocación de "Santa María" en Prouilhe (Fanjeaux), Francia. Vuestra vida, lejos de ser una realidad aislada dentro de la Orden de Predicadores, es ante todo una complementariedad maduramente sopesada, tanto del ser como del hacer. Sois una realidad que vuestros hermanos dominicos llevan en el corazón, como lo demuestran las ayudas espirituales y materiales que os prestan, así como los encuentros que se han programado a diferentes niveles, especialmente desde el Maestro General, pues son una muestra de cercanía y acompañamiento en la animación de vuestra vida y misión. La realidad contemplativa y activa en la que está dividida la Orden, se complementan mutuamente: unas en el silencio, orando ininterrumpidamente, otros evangelizando por todo el mundo, dando a conocer el nombre de nuestro Señor Jesucristo. El encuentro que estáis celebrando del 15-17 de marzo en Caleruega, cuna de Santo Domingo, para las hermanas hasta sesenta años, es una oportunidad para que dialoguéis especialmente sobre la situación por la que estáis pasando y reflexionéis sobre vuestra vida. Un encuentro que ha de estar marcado sobre todo por la busca de la Verdad y la esperanza que no se funda en las fuerzas físicas, sino en Dios nuestro Padre. Tenéis que recordar que habéis profesado para la Orden, por eso es necesario realizar una reflexión y discernimiento profundo y cuidadoso sobre las fuerzas con las ________________ Reverendísimo Padre Fray CARLOS A. AZPIROZ COSTA, O.P. Maestro General de la Orden Fratres Ordinis Praedicatorum Roma 13


que contáis para no dejar de ser en ningún momento una opción de vida creíble y significativa. La esperanza ha de reforzar los cuatro pilares de la vida dominicana: vida común, observancia regular, oración y trabajo. Cuatro elementos que son necesarios para que tengáis vida y vida en abundancia, como os recuerda vuestro Maestro General en la carta que escribió a todas las hermanas con motivo del Encuentro Interfederal del pasado mes de marzo. Durante estos días tenéis la oportunidad de compartir en un clima fraterno, de confianza y de alegría serena, los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias (GS. 1), de vuestras vidas. Sobre todo tenéis la ocasión de "contemplari et contemplata alliis tradere” que brota de la oración, de la intensa relación con Dios y su Palabra. Estáis llamadas a vivir en fidelidad hasta la muerte, especialmente en tiempos difíciles como los que os están tocando vivir ahora, como os lo recuerda vuestra hermana mártir y beata, Sor Josefina Sauleda Paulís. Es ahora cuando la llamada a ser fieles al Amor inicial se hace más fuerte e imperiosa. Es tiempo de mirar al futuro desde el presente con un corazón agradecido por todo lo que Dios ha realizado en vosotras y a través de vosotras. Es tiempo de preguntaros sobre los criterios que tenéis que asumir para llevar una vida litúrgica digna, sin abandonar el tiempo del estudio, tan importante en vuestra Orden, así como las decisiones que habrá que ir tomando para garantizar un régimen de vida que ayude a las hermanas a vivir su consagración según las Constituciones. Con la mirada puesta en la Virgen del Rosario e implorando la protección de Santo Domingo de Guzmán y de la beata Josefina Sauleda Paulís, a los que encomiendo el éxito de vuestro encuentro, os saludo fraternalmente y deseo para todas vosotras y vuestras comunidades las bendiciones abundantes de Dios nuestro Padre y de su Hijo Jesucristo. Unidos en Cristo nuestro Salvador y Redentor os imparto mi bendición.

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Día 16 de marzo de 2008. Domingo de Ramos.

Presidió la Procesión y la Eucaristía Fr. Carlos. Podéis imaginar aquel claustro medieval lleno de monjas con sus ramos de olivo cantando al que llevó el amor fiel hasta el final. Predicó el P. Luis García Matamoro: Quiero agradecer al P. Maestro que me permita dirigiros estas palabras después de la Lectura de la Pasión que, por imperativo legal, han de ser breves. A lo largo de estos días que terminamos, de la Cuaresma, nos hemos ido preparando para este momento y para todo aquello que vamos a ir viviendo durante este Triduo. A través de la oración, hemos entrado en la dinámica del Señor, hemos entrado en la dinámica de Dios, nos hemos acercado más a Él y nos sentimos parte de Él. A través del ayuno y de los sacrificios nos hemos ido desprendiendo de lo superfluo, de aquello que nos sobra, de aquello de lo que vamos llenando la vida, incluso dentro de nuestros monasterios, porque todo eso es superficial, todo eso es una carga, un lastre, que vamos arrastrando y que no nos deja ser nosotros mismos, ser seguidores de Jesús de Nazaret. Y a lo largo de estos días, también con la caridad, con la penitencia, hemos ido recuperando en lo hondo de nosotros mismos, nuestra libertad, ¿para qué? pues para vivir con intensidad esta Semana Santa, Semana Santa que comienza con el triunfo y termina con el triunfo. Comienza con el triunfo ante los ojos de los hombres, con el triunfo humano, pasajero, superficial, olvidadizo y traidor… Y termina con el triunfo definitivo, con el triunfo de la gloria, con el triunfo de la vida, con el triunfo de la plenitud. Domingo de Ramos, Domingo de Resurrección. En medio sólo hay amor. Es lo que consigue que se pase de un triunfo al otro: el amor. El amor de Jesús a nosotros, a cada uno de nosotros, a toda la humanidad, y la fidelidad por tanto amor manifestado en Jesús. En medio de esta Semana se encuentra el gran monumento al absurdo, el gran monumento a la mayor estupidez humana: la cruz, donde hemos clavado al mejor y más bueno de los hombres, a nuestro Señor. Porque lo hemos clavado nosotros, él se subió libremente por amor a cada uno de nosotros, pero nosotros lo hemos clavado. Y quizá por la plasticidad de la imagen, por la fuerza de lo que se ve y lo que se toca, hemos hecho mucho más hincapié en nuestra propia estupidez, que es la cruz, que no en el amor que hay ahí clavado, en el amor del que es signo esa cruz, el amor más grande que por cada uno de nosotros haya tenido nadie… Esa es la medida de la cruz, la medida de la fidelidad, nadie ha sido, a lo largo de la historia, tan fiel a la voluntad del Padre como lo fue Jesús. Y eso es lo que salva, eso es lo que nos ha salvado.

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Por amor ha venido al mundo, por amor vivió de la manera que vivió y por amor muere de la manera que muere. Y por amor, su Padre Dios lo resucita, porque si no lo hubiera resucitado, como digo, la cruz sería un monumento enorme al absurdo, el fracaso más grande de la humanidad, porque el mejor del género humano se quedaría colgado en la cruz. Pero, sin embargo, nosotros tenemos que ver ahí la medida del amor que Jesús nos tenía a cada uno de nosotros. Es verdad que vamos a ir viendo poco a poco los misterios de nuestra salvación y los vamos a ir recordando poco a poco, pero vemos la perspectiva de nuestra situación y de nuestra realidad de hombres y mujeres salvados, glorificados, y que viven el tiempo de Cristo, el tiempo pascual, que eso es lo que estamos viviendo. Porque Cristo ya ha muerto, ya ha resucitado y ya vive glorioso. Y vive glorioso en cada uno y en cada una de vosotras. Está ahí. Nosotros lo que tenemos que hacer es dejarle espacio en nuestra vida, descubrir cómo podemos vivir más adecuadamente su vida y profundizar en nuestra consagración, en nuestro amor a Cristo. Como digo, hermanas/os, la semana del triunfo. Pasar de un triunfo al otro, sólo se pasa a través de un medio, no de la cruz, sino del amor. Que nos llevará al del cielo, pero a través del amor.

Después del desayuno, las sesiones de trabajo de la mañana. Domingo mañana. Los textos que se nos ofrecieron son los siguientes: Juan 20, 11-18 - Jesús y María Magdalena en el Huerto María Magdalena intenta agarrarse de Jesús, como si el tenerlo entre sus manos de nuevo le asegurara cierta estabilidad y seguridad. "¡Suéltame!" le dice Jesús. Jesús la invita a una libertad que todavía no conoce, confiando en su capacidad de vivir la plenitud pascual, libre de todo apego. En su carta "Para que tengan Vida", fray Carlos pregunta: "¿En quién depositamos nuestra confianza? ¿En el interés de sobrevivir? ¡Pero el Señor nos ha llamado 'a vivir y dar la vida'!" ¿Qué tenemos que soltar para vivir hoy la vida plena, la libertad espiritual que nos prepara para "ir donde los hermanos", ir donde mis propias hermanas para proclamar la vida plena de Cristo Resucitado? ¿Qué nos detiene? (Compartir). -¿Estamos conscientes de que nosotras, monjas de la Orden de Predicadores, tenemos un papel esencial dentro de la misión de la proclamación del Evangelio de Cristo, y que si no vivimos nuestra misión como portadoras de la Palabra (así como la vivió María, la Madre de Jesús y María Magdalena), entonces sufre la Orden y la Iglesia? Si María de Nazaret y María Magdalena no hubiesen vivido su predicación, es difícil que la comunidad de discípulos hubiese podido vivir la suya a plenitud. ¿Estamos dispuestas a acoger y afrontar los retos de hoy, para vivir con fidelidad esta misión de la Palabra de Dios en nuestros monasterios? ¿Cómo? ¿Cómo renovamos la contemplación de la Palabra de Dios y el espíritu de la santa predicación en nuestras comunidades hoy? Toda la Familia Dominicana espera que las monjas den a luz la Palabra encarnada para que pueda ser anunciada al mundo. ¿Cómo nos renovamos para ser instrumentos y no obstáculos en esta obra dominicana del anuncio del Evangelio? (Compartir ideas concretas).

Después de compartir en los dos grupos con la riqueza y diversidad que podéis imaginar, puesta en común en el salón, con “pinceladas impresionistas” de lo meditado:

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— Jesús nos pregunta: « ¿Por qué lloráis? ¿A quién buscáis? ¿En quién depositamos nuestra esperanza? ¿En sobrevivir? El Señor nos llama a vivir y a dar la vida. — ¿Nuestra vida responde a nuestro ideal? La tristeza nos impide ver al Resucitado. — Fr. Carlos nos dijo: «Ve a mis hermanos y enséñaselo...» — Se nos pide Amor, y no aferramiento. Valorar lo que tenemos y vivir nuestra vocación, que el resto lo pondrá el Señor. — Tendríamos que volver a las fuentes. Desde ahí cambiarían las cosas en las comunidades. Recuperaríamos en su auténtico sentido valores tales como la clausura, el silencio y demás observancias. — ¿A quién buscas? ¡Ser siempre itinerantes en la búsqueda hasta que Jesús nos diga «María»!. — Magdalena —que es «Apóstol de los apóstoles»— busca a un muerto. Pero Él estaba vivo y enseguida le dice: «Ve a mis hermanos...» — El miedo desaparece en el encuentro con Jesús resucitado. — Jesús llama a María por su nombre: No hemos de retenerle, sino desprendidas de seguridades, entreguémonos a nuestras hermanas para resucitar con Él. — Hay cierta falta de práctica del diálogo comunitario: Hemos ido al sepulcro juntas y hemos llorado, y ¡hemos visto al Señor! — Se volvió y vio a Jesús de pie pero no sabía que era Él. Volverse y ver a Jesús desde la fe y comprobar que siempre está con nosotros. — Hay «sorpresa»: Hace años dejé todas mis ataduras para seguirle... y ahora ¿qué tengo que soltar?: máscaras, nuevas seguridades... — Éste es un momento pascual lleno de gracia divina y humana en Cristo. Nos acompaña la Orden y la Iglesia. — Ahora estamos confundidas, y ¡no queremos seguir a «un simple jardinero»! Seguro que seremos capaces de volver a dejar todo por el Señor, cuando le descubramos, cuando nos sintamos llamadas por nuestro nombre.

Domingo de Ramos, tarde. Nos encontramos con este texto: Hechos 1,12-26 - La comunidad de fe que ora, espera y practica el gobierno -En su carta "Para que tengan Vida", fray Carlos señala que, "Es muy sugestivo que cuando se habla de las nuevas fundaciones y la erección de un nuevo monasterio el LCM ofrezca un número determinante de religiosas. Habla de nueve monjas... ¿No deberíamos beber de ese espíritu y aplicarlo de modo análogo cuando en una comunidad hay signos que nos hablan de una calidad de vida no del todo conforme al LCM?”. En el texto de Hechos 1, 12-26 es también llamativo que la comunidad ve la necesidad de elegir a un nuevo "apóstol suplente" para que la labor apostólica encomendada por Jesús no sufra. Vemos de nuevo esta misma práctica de la comunidad primitiva en la elección de los siete diáconos en Hechos 6, 1-7. ¿No reconocemos en estos textos una antigua y profunda sabiduría que nos debe iluminar? Es muy probable que hubiera personas en contra de la elección de un nuevo apóstol, después de la traición de Judas y la muerte de Jesús. "¡Imposible! ¡Sólo Jesús puede llamar a un apóstol!" La Iglesia primitiva reconocía la necesidad de asegurar ciertas estructuras básicas para ser fieles a la misión. De alguna manera es un problema relativamente nuevo para nuestros monasterios de España, aunque en la historia de la Orden, especialmente acá en Europa, siempre ha habido conventos y monasterios que se han tenido que cambiar de lugar o cerrarse por distintos motivos (pensemos en los muchos monasterios alemanes cerrados en el paso de los siglos). En los Hechos de los Apóstoles y en el LCM (n.230-31), se reconoce que toda comunidad necesita ciertas cosas básicas para vivir en plenitud la vida evangélica. Es decir, hay algunas cosas "no-

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negociables." ¿Y nosotras? ¿No es hora de hacer una reflexión profunda y honesta y decidir cuáles son las cosas "no-negociables" en nuestra vida dominicana? ¿Qué estructuras son básicas y esenciales para vivir nuestra vida con dignidad? ¿Qué "elección" tenemos que hacer para que la vida nuestra no se debilite demasiado? ¿Es mejor quedar con once apóstoles para ser fieles a una tradición del pasado, o necesitamos darnos cuenta de que Cristo vive hoy entre nosotras, como el Resucitado, y quiere hacer algo nuevo entre nosotras? Este "algo nuevo" siempre es ―paradójicamente― una ruptura y una continuidad con el pasado. La elección de Matías y de los siete diáconos representó un cambio, una abrir caminos nuevos, pero todo basado en un discernimiento comunitario que miraba hacia el futuro. Recordemos el texto de Hb. 13,8 que sirvió como lema del Jubileo del Año 2000: "¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos!" El texto no dice que "¡nuestro convento es el mismo ayer, hoy y por los siglos!" ¡Cristo vive hoy entre nosotras! Y nos dice, "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Apoc 21,5). ¿Lo creemos? ¿Podemos entregarnos desde la fe y vivir la locura de la confianza total en Cristo Resucitado? ¿Podemos tomar las decisiones difíciles, pero necesarias, como hermanas que creemos en una vida que nace de la muerte? Somos hijas de Abraham y Sara, que dejaron todo en fidelidad a la Palabra de Dios. Somos hijas de Domingo, que dispersó a los primeros frailes aguantando las protestas en contra, pero diciendo, "Yo sé lo que hago." ¿Cuáles son las decisiones que necesitamos tomar para ser fieles a la Palabra de Dios, fieles a Cristo Resucitado que vive ayer, hoy y siempre? Las decisiones que tomaron los apóstoles, en compañía con María y algunas discípulas, reunidos/as todos en Jerusalén (¿en capítulo?), esperando la venida del Espíritu Santo, cambiaron la historia del mundo. Las decisiones que tomaron, inspiradas por Cristo resucitado y a la espera de la unción del Espíritu, dieron a luz la Iglesia. La Orden Dominicana del Siglo XXI seguirá naciendo de nuevo con la unción del mismo Espíritu, pero sólo con nuestra participación. Dios no impuso la elección de Matías o de los diáconos. Fueron decisiones tomadas por una comunidad ungida por el Espíritu de Cristo. ¿Cómo preparamos para este nuevo nacimiento? ¿Cómo decir "Sí, Señor, aquí me tienes, mándame a mí'" (Is 6,8) hoy, de nuevo, desde la comunidad orante? Dios no nos va a imponer los cambios. ¡Ni el Maestro de la Orden tampoco! Somos ungidas por el Espíritu para caminar, en comunión con la Orden y la Iglesia, hacia "algo nuevo" que está naciendo. ¿Qué decimos? Abraham y Sara dijeron al principio que eran ya demasiado viejos para emprender un camino nuevo, un camino de locura y de fe radical. Jeremías y los primeros frailes dijeron que eran demasiado jóvenes para poder responder a las exigencias de la Palabra de Dios. Y nosotros, frailes, monjas, hermanas religiosas, laicos y laicas de la Orden de Predicadores, durante esta década de años de Jubileo, esta década de gracia, ¿qué vamos a decir al Señor? ¿Y Dios? ¿Qué dice?

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El texto se trabajó en los grupos y después en el pleno se expusieron las conclusiones de los grupos: —Cuando al principio entramos al convento, teníamos más disponibilidad, ¡no exigíamos tanto! —¿Qué es lo que nos detiene? ¿Las autonomías? ¿Nuestras parcelas de poder? —No sigamos buscando cuando ya hemos encontrado. No nos acomodemos, so pretexto de que aún no sabemos. —No queramos suplir con vocaciones «foráneas», si no tenemos suficiente capacidad de acogida. —Hay que redefinir los proyectos comunitarios entre todos... Hay que decidir en capítulo, el futuro que afecta a todas. —Ojo a la secularización y al aburguesamiento que paralizan. —Se pide repetir estos encuentros positivos para el mutuo conocimiento en aras de poder fusionarse, incluso de unificar federaciones. —Estamos dispuestas a ir donde sea. —Confiar en la experiencia creativa de las mayores. —Combate el buen combate de la fe. —Nos detiene el miedo. Ha aparecido constantemente la palabra miedo. Un texto muy iluminador: «Jesús libertó a cuantos, por miedo a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud» Heb. 2, 15 Realmente: ¿A qué hemos de tener miedo? A no tener un sagrario, centro de mi vida, de la comunidad. A no tener los pilares que sustentan la vida dominicana. En definitiva: miedo más que a equivocarnos, a no vivir. —¿A que tanto problema con fusionarnos, nuevos proyectos? ¿Será indicativo de que no nos sentimos familia? ¿Podremos gritar con Santo Domingo: «¿Que será de los pecadores»? si la necesidad de las hermanas toca a nuestra puerta y como el hospedero del Evangelio decimos... vuelve más tarde? Confiar en el Señor. Ir proponiendo. Proponerlo bien, todo irá bien y habrá monjas dominicas para futuras generaciones. Momento pascual. Gracia: divina y humana. Nunca hemos tenido tanta ayuda de la Orden. —Conceder un espacio a Dios, como lugar de esperanza, conocer a las comunidades, conocernos, reflexionar juntas, madurar juntas. Que nos laven los pies nos libera de nuestras esclavitudes. —Tenemos que reconocer el paso de Dios en este momento pero no como un momento de muerte, de oscuridad, sino de luz y de resurrección, y siempre con mucha esperanza y alegría, tan características en nuestra vida dominicana. —Darnos cuenta y reconocer nuestras realidades, limitaciones y pobrezas con un corazón pobre y humilde. —Muchas hermanas coincidían en que no es negociable: cuando no se viven las recreaciones, y nuestros cuatro pilares: vida común, oración, observancia r. y trabajo. —Estudiar para conocer la fe. Nada de fe de carbonero. —Confianza en estos encuentros base para soluciones futuras. Formación. Decisiones comunitarias: el carisma dominicano es una maravilla. —No podemos renunciar a nuestra forma de vida. —El convento no es por los siglos de los siglos. —No ayudar a las hermanas que no están decididas a nacer con otras hermanas. —Tener fe. Ser buenos obreros. —Dios tiene un tiempo para cada uno.

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—Se detectaba miedo a dejar, volver a dejar nuestras cosas, nuestros monasterios, nuestras costumbres. A veces estamos a gusto con nuestros miedos para no dar pasos. —Hablar comunitariamente de los temas reales que nos atañen para crear vida. —Crear un mapa dominicano y distribuir las fuerzas. —Discernimiento serio para no confundir los fines con los medios. —Hemos visto que son necesarias nueve monjas para asegurar la marcha de la Cdad. —Ser libres desde la fe para avanzar. ¿Estoy dispuesta a dar de nuevo el paso de la fe? —Nos cuesta salir mucho de nosotras mismas para dar vida a otros. —Estamos dispuestas a todo, si hay que cerrar se cierra y no pasa nada. Tenemos mucha esperanza. —Abraham y Sara a pesar de su ancianidad se pusieron en camino. —Los consagrados debemos vivir a contracorriente del secularismo imperante que aboga por el individualismo, por marginar a ancianos y viejos. Hay que mentalizarse de que lo mejor no es morir en el propio convento, sino «no morirse» hasta ver algo de ese cambio que augura una gozosa promesa de futuro. « ¡Mirad cómo se aman!» —No debemos esconder los propios talentos y fuerzas, porque no son «míos», sino «nuestros». Al final hubo una serie de preguntas al P. Carlos a las que respondió: —«Las mediaciones son tan necesarias como los sentidos externos para detectar los síntomas-signos, sobre dónde es más necesaria la presencia dominicana. Sto. Domingo no conocía las fronteras... Nosotros tampoco debemos tener fronteras. La autonomía, que se contempla en el derecho canónico debe entenderse según cada carisma..., según aconseja el Concilio Vaticano II. No hay que ser excesivamente legalistas. Lo analógico es lo que funciona en la vida religiosa. No se debe fijar un número rígido de religiosas para cerrar por ley un convento. Hay flexibilidad porque son varios los índices que ponen en alerta sobre la viabilidad de una comunidad. Hay que dar vida a la Orden abriendo monasterios en donde hay vocaciones, en lugar de injertarlas aquí artificialmente. Son los nuevos desafíos; no me gusta llamarlos «problemas». Queremos deciros ya, que desde el principio de las reuniones de grupo, percibimos una fuerte corriente, al principio un tanto subterránea, pero como las corrientes de agua viva emergió con fuerza, más bien saltó con su frescura natural: «Queremos saber, ¡contadnos!, qué estáis haciendo en la Federación de La Inmaculada. Pediremos en la plenaria que la Priora Federal de La Inmaculada nos cuente qué estáis haciendo» Y así fue, la petición se formuló en la primera sesión plenaria. Llegado el momento, nuestra Madre Priora Federal, Sor Mª Teresa Gil, explicó a toda la Asamblea nuestros proyectos. Os aseguramos que fueron impactantes para todas las hermanas. También Sor Mª Nora, de la Comunidad de Alcañiz compartió su experiencia, nos contagió la emoción a todas. Las hermanas trabajaron en la reflexión, la escucha y el compartir, no tuvieron miedo a soñar ni menos a decir las cosas como son. En la última plenaria se solicitó que el Padre Vito hablara de la autonomía de los monasterios, cosa que hizo de forma magistral, no era la primera vez que le escuchábamos.

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Después de la cena, ya concluido el trabajo, de pronto en el amplio claustro de la casa de espiritualidad, un grupo de monjas con guitarras y castañuelas llenaron el recinto de alegría y canto, el grupo se fue agrandando con la suma de nuevas hermanas. Juntas nos dirigimos al convento de las monjas y terminamos de pasar con ellas el recreo de la noche. La sala de comunidad se llenó de alegría, canto y baile. ¡Que bonito era ver aquella alegría, ver a las hermanas mayores radiantes contemplando tan sana alegría! El reloj se impuso y la regularidad dominicana hizo gala de lo suyo. Nos fuimos despidiendo. ¡Hasta pronto, hermanas!

SIGUE LA CRÓNICA......... No pretendemos ser exhaustivas, pero sí quisiéramos recoger en un gran haz algo de lo mucho que oímos juntas, nos dijimos unas a otras reconociendo que era un momento pascual, de vida, tiempo privilegiado, de alta responsabilidad. Esto podría ser, en sustancia, la mucha vida que corrió en los grupos, detectamos juntas el paso de Dios, nada más y nada menos. En los escasos tiempos libres que quedaron, un grupo de monjas se reunió alrededor del Padre Vito mientras nos iba relatando cómo fue aquel señorío allá por el siglo XII. La Iglesia de San Sebastián donde fue bautizado el niño Domingo. Pasamos en otro momento a la iglesia de las monjas y nos fue distinguiendo los lugares más antiguos, el lugar exacto donde nació Domingo y que posteriormente fue una pequeña capilla, una vez ya canonizado. Su explicación fue más extensa, pudo habernos informado más, pero el tiempo dio de sí lo que pudo ser.

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Llegó el lunes, 17 de marzo. Este día temprano celebramos la Eucaristía y Laudes también en el coro de las monjas, fue una deferencia para las hermanas de la Federación que queríamos salir temprano. Presidió Fr. Brian, y nos predicó preciosamente: «No puedo imaginar un evangelio mejor para cerrar

estos días. Yo vine hace unos días de América Latina donde participé en dos talleres de predicación de la Familia Dominicana, primero un taller en Perú con gente de toda Sudamérica, y después otro en Honduras con gente de Centroamérica, México y el Caribe. Y durante ambos talleres hablando de este carisma que nos une como familia, reflexionamos sobre la imagen del predicador/a que se sienta ante la Palabra, mendigando el pan de la Palabra de Dios. El predicador que comienza el proceso de preparar la prédica desde su pobreza mendicante: «Señor habla, que tu siervo escucha». « ¿Qué voy a decir?» Y a partir de ese momento el predicador comienza, vacío, mendicante, empieza a percibir esta palabra que el Señor quiere darle. Y este proceso se acaba cuando el mismo predicador/a, termina por dar, lo que ha recibido, a los demás. En otras palabras, el predicador comienza como pobre y termina como pobre. Porque todo lo que recibimos, la palabra que nos es dada, la damos. Y al final, quedamos otra vez vacíos, pobres, mendicantes, para empezar de nuevo. Creo, hermanos/as, que este es el ritmo de nuestra vida, no hay otro. Este es el ritmo de una vida predicadora: mendigar, recibir gratuitamente, dar, y otra vez mendigar. Este evangelio hermoso, coloca en el centro al lado de Jesús, a María de Betania, en este gesto tan noble. Pero creo que es importante para nuestra familia dominicana recordar que S. Lucas es el que nos da la primera parte de la historia, es S. Lucas que nos recuerda que María comenzó a caminar esta peregrinación como discípula sentada a los pies de Jesús, mendigando una palabra: «Habla, Señor, que tu sierva escucha». En este evangelio de Juan vemos otra vez a María, pero no es la primera vez que se sienta a los pies de Jesús. Ya se sentó a sus pies como pobre, pidiendo, mendigando, esperando, hambrienta, sedienta, como el ciervo que busca el manantial de agua. Y Jesús le dio. Jesús fue fiel, le habló y ella recibió su palabra, esta palabra hecha perfume. Y ahora, no sabemos exactamente cuánto tiempo transcurre entre esta primera vez que se sienta a los pies de Jesús, como discípula para escuchar, y el silencio, pero la relación ha seguido, y ahora la encontramos de nuevo a María, ya en vísperas de la Pascua de su Maestro, pero esta vez ella llega rica, llena, la palabra ha crecido en su corazón y ahora no le queda más que

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predicar. Ahora tiene que dar la palabra fructificada que recibió una vez, como semilla, de su Maestro. Yo creo que está bien que hablemos de María de Betania como contemplativa, pero no hay que pararse sólo en esa primera parte, hay que decir que es predicadora contemplativa, porque la misma que un día recibió la palabra de su Maestro, hoy derrama sobre sus pies su fe, y es ese gesto el que tiene que servir a nosotros, de la Orden de Predicadores, es decir, sería quedarnos cortos, a mitad de camino, si sólo recordamos a María de Betania mendigando; nosotros especialmente, de esta Orden fundada por Domingo de Caleruega, quedaríamos cortos si no recordamos que al final ella predica, derrama la palabra que ha recibido sobre los pies de Jesús. Son los Sinópticos que en esta misma historia, con matices distintos, usan incluso la misma palabra, «derramar». María derramó el perfume sobre Jesús. Y llama la atención que esta mujer discípula que un día recibe la palabra, ahora la derrama, y poco después encontramos el mismo verbo en los Sinópticos, en la última Cena, donde Jesús dice: «…Es la Copa de mi Sangre, que será derramada…». María de Betania, predicadora, derrama todo lo que tiene, no le queda nada, es un perfume que es el resultado de una vida de trabajo, todo lo derrama, todo, y al final esta mujer predicadora contemplativa, queda otra vez vacía, no le queda nada… ¿No es esto lo que hemos hablado estos días? Tengo que confesar que cuando escuché ayer tarde la historia de las monjas de Aragón, monjas de 50 años de vida religiosa, dispuestas a derramar, sí, sí…«Hemos recibido mucho, ahora vamos a derramarlo, a arriesgarnos de nuevo…», veo a María de Betania, veo a María de Betania que parece que es la única en este gesto de hoy que ve lo que Jesús está haciendo. Los discípulos andan hablando de cómo invertir el dinero de la bolsa. Cómo conseguir algo nuevo. Ella ve lo que Jesús está haciendo y le dice: « ¡Ánimo, Maestro, yo también lo hago contigo! Donde pongas tu mano, yo también, ¡Ánimo!». Hermanas, cuando Carlos, nuestro hermano, nos recuerda estas palabras: «Enseñadnos la Orden», está diciendo a las monjas: «Hagan, para que hagamos»; «haced, para que hagamos». María de Betania hizo, para que Jesús pudiera también hacer. María de Betania, la intuitiva, que ya sabía lo que Jesús estaba a punto de hacer y de alguna forma se adelanta derramando su vida para decir: «Voy contigo, no vas solo»… Si Vds. no derraman sus vidas, nosotros no vamos a poder derramar las nuestras. Jesús agarra fuerza del gesto pascual de María de Betania. La casa de Betania se llenó ese día con la fragancia del perfume. Volvemos a encontrar esa misma fragancia en la siguiente Cena. Otra vez se derrama el perfume de una vida. Y Jesús, desde la cruz, como María en Betania, derrama su perfume para que nuestra casa, en esta última predicación de Jesús, quede llena de la fragancia de la entrega total» ____________________________________________________________

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REGRESO Estaba previsto, después del desayuno, la dispersión, antes hubo foto de familia. Pero era un envío. Ninguna partió de Caleruega exactamente como había llegado. Nos llevábamos en el corazón lo que había ocurrido en Caleruega estando juntas. Quedaba una tarea que cumplir, una misión a desarrollar.

Por fin logramos reunirnos en el autobús. Teníamos que regresar. Pero no sin pasar por lugares tan sugerentes para nosotras dominicas, como es San Esteban de Gormaz y posteriormente, Burgo de Osma. El primer lugar visitado —aunque sin posibilidad de bajar del autocar— fue San Esteban de Gormaz, ciudad medieval de gran importancia. Nos acercamos mucho al lugar en donde estuvo ubicado el monasterio de Santa María de Castro. Estas monjas —como es de todas sabido— se trasladaron a Caleruega llamándose desde entonces su monasterio de Santo Domingo. En la ciudad de Burgo de Osma tuvimos ocasión de permanecer más tiempo, nos detuvimos en el puente sobre el río Ucero de aguas limpísimas, cruzamos la antigua puerta de piedra, visitamos algunas de sus calles, y por fin una visita a la catedral, primero por su parte externa, el P. Vito nos ayudó a conocer la evolución y cambios de estilos en el conjunto del viejo edificio, también nos explicó por su interior lo más interesante, sobre todo la Sala Capitular donde —sin duda— estuvo Santo Domingo, el Subprior del Cabildo de Osma, del que se dice que apenas salía del recinto monástico. A partir de aquí el P. Vito junto con Fr. Adriano continuaron su viaje con nuestras hermanas de Orihuela hasta Madrid, allí ellos debían esperar su hora de vuelo de avión de regreso a Roma. Y las hermanas siguieron su viaje hasta su destino. Continuamos nuestro viaje de regreso con el corazón repleto de confianza en el Señor. 24


De nuevo contemplamos el Moncayo. Nuestras monjas de La Esperanza nos esperaban en la Basílica del Pilar, eran Sor Mª Rosario Hernández y Sor Mª Dolores Jurado, habían preparado unas bolsas de comida para nosotras, qué detalle de cariño, no ahorraron nada, pensaron en todo. Muchas gracias. Comimos en la gran plaza de la Basílica. Nuestro grupo no pasó desapercibido, la gente nos miraba con simpatía. Visitamos a Nuestra Señora con calma. Besamos su Pilar.

Un grupo de monjas se fue quedando en Zaragoza. Las demás continuamos nuestro viaje hasta Torrente. Las monjas de Játiva en su momento continuaron viajando en tren. Sobre las 21’30 de la noche se abría la puerta reglar de la Casa Federal. Las monjas nos abrazaron con mucha alegría y con deseos de que les contáramos todo lo que habíamos vivido en Caleruega. Muchas gracias por vuestra atención y paciencia.

Sor María Cristina Buendía, OP Monasterio Ntra. Sra. de la Consolación, Játiva Sor María Rosario Botella, OP Monasterio de Santa Catalina de Siena, Palma de Mallorca

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Clausura del Año Jubilar Albarracín Así informaba la Hoja Parroquial “Semillas”de Teruel:

«El día 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, se celebró en el monasterio de las dominicas de Albarracín la clausura del Año Jubilar que conmemoraba la fundación de las monjas en Prulla. El acto consistió en la visión de un vídeo realizado por el capellán D. Francisco Lázaro, sobre el monasterio y vida de las monjas dominicas. La M. Milagros Magallón, como priora, clausuró el Año dando gracias a Dios y a todos los que han vivido esta efeméride tan cerca de ellas, interesándose y preparando celebraciones a lo largo del mismo. A continuación el rezo de las II Vísperas de la solemnidad de Epifanía, presididas por el Señor Obispo, Don José Manuel Lorca Planes, que estaba acompañado de unos 22 sacerdotes. Y como colofón un concierto a cargo del grupo “Anima Música” de Madrid, ofrecido por la Fundación Santa María de Albarracín. Todo se realizó en la iglesia del monasterio que estuvo repleto de amigos y amigas de las religiosas. Un buen final de un año de recuerdo y oración para las monjas dominicas de Albarracín.

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PALMA DE MALLORCA El día 2 de enero, a las 19 h. la iglesia conventual acogía la solemne concelebración eucarística presidida por Mons. Jesús Murgui Soriano, Obispo de Mallorca, en la que se concluyó el año jubilar por los 800 años de la fundación de las monjas dominicas de Prulla por Santo Domingo de Guzmán. En el prólogo de las Constituciones primitivas de los frailes se dice: “Nuestra Orden de Predicadores desde el principio fue instituida especialmente para la predicación y la salvación de las almas”. A este trabajo apostólico se unen de forma especial las monjas mediante su vida contemplativa. En esta Eucaristía oramos por la Evangelización de los pueblos. Así clausuramos este jubileo recordando nuestra misión. Comenzó la celebración con la procesión de los Ministros precedidos por los acólitos llevando la cruz y los ciriales. El Vicario General Don Lucas Riera; Padre Salvador Serralta OP. que actuó de maestro de ceremonias; Sacerdotes diocesanos; Religiosos: Dominicos, Franciscanos, Jesuitas, Hermanos de San Juan de Dios, Ermitaños, Hermanas de la Caridad; hermanos del Camino Neocatecumenal; una familia de seglares dominicos procedente de Alemania y un nutrido grupo de fieles llenaron el templo. La Coral de Bunyola interpretó muy bien el repertorio de cantos: Schubert, Martorell, Mozart, Rimski Korsakov… Al final de esta celebración eucarística dimos gracias al Señor por haber conmemorado esta efeméride. Dentro del marco festivo de estas fiestas navideñas tras la bendición solemne del Sr. Obispo, la organista entonó el “Adeste Fideles”. Se invitó a los presentes a tomar un delicioso refrigerio en la Casa de Espiritualidad. Nuestro agradecimiento a tantas personas que nos ayudaron con gran ilusión a preparar esta entrañable celebración. Sor Mª Fátima Alomar, op. Palma de Mallorca

Homilía de Mons. Jesús Murgui, obispo de Mallorca Queridos hermanos y hermanas: En pleno tiempo navideño, volvemos a reunirnos en este monasterio histórico de nuestra ciudad iluminados por la figura de Domingo, el santo fundador, el patriarca que inició una nueva familia religiosa en la Iglesia para la vivencia de la espiritualidad que el Señor se dignó comunicarle a través del carisma y de los demás dones que le concedió, como todos sus dones, para la edificación del Cuerpo común,

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que es la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, Pueblo de Dios en la segunda y definitiva Alianza, y templo de su Espíritu por el que somos santificados. No olvidó, hermanas y hermanos, el Padre Santo Domingo, ni podía olvidar, la rama propiamente monástica y contemplativa en su nueva familia. En primer lugar, por la importancia intrínseca de la oración, motor de toda actividad apostólica como nos recordó el Concilio Vaticano II. También porque concedió un lugar destacado a las primeras iniciadoras procedentes de la conversión desde el movimiento albigense. Las lecturas que hemos proclamado, oportunísimas, nos instruyen sobre lo esencial del carisma de Domingo. Cumpliendo la exhortación del Apóstol, fue su sueño y ha sido y es el de sus hijos e hijas, “enseñar con toda sabiduría, predicar” en cualquier ocasión, insistiendo, aprovechando cualquier oportunidad que se presente para hacer presente la Palabra de Dios, esa Palabra que no es una idea teórica ni una doctrina sublime, sino el mismo Hijo de Dios hecho hombre como celebramos en estos días. Ella fue anunciada a los pastores por medio de ángeles, que se dijeron: «Vayamos a Belén a ver esta palabra del Señor». Y se encontraron con el Niño Jesús, la Palabra hecha carne. Por ello, los cristianos nos quedamos prendados de esa Palabra, nuestro Señor Jesucristo. Por ello Domingo lo amó con pasión, comprendiendo que no podía amar la Verdad, superar la confusión, iluminar las mentes y amar de verdad a los hombres sus hermanos, nuestros hermanos, si no le amaba a Él «con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser», como debía ya amar Israel a su Dios. Y es que, hermanos y hermanas, no querremos ni procuraremos el bien y la libertad profunda de la gran familia humana si no le procuramos lo que es el fundamento de todo, el sentido, la esperanza y no una falsa esperanza: el engaño de los ídolos que denunciaron, con fuerza, los antiguos profetas, ídolos de siempre, que asoman de diversas maneras en las no tan modernas ideologías, hoy dominantes, que no se cansa de denunciar con auténtico aliento profético, con su altura espiritual y de miras, el Papa Benedicto XVI, particularmente en su libro Jesús de Nazaret y en la última y reciente encíclica Spe salvi. Quiso cumplir Domingo lo que nos decía Jesús en el evangelio, «enseñar a todas las gentes» y, por tanto, a todos los estilos de vida, a todas las clases sociales, a todas las capacidades humanas sean cuales fueren, a cualquier pueblo, lengua o nación, “lo que nos había dicho, revelado y mandado el Señor para que el mundo se salve por Él”. Pero fijaos, hermanos, que el Señor no manda a su Iglesia, fundada sobre sus apóstoles, a la misión universal que no conoce fronteras ni ocaso hasta la consumación de los siglos, hasta que Él vuelva a culminar su 28


obra salvadora, sino después de su resurrección. Y es que la misión es imposible sin haber visto al Señor, sin haber experimentado el poder de su resurrección gloriosa, sin haber visto el verdadero triunfo sobre la muerte y el pecado. Lo que experimentamos en la insustituible oración para la vida del cristiano, aquello de lo que los contemplativos y contemplativas sois, amadas hermanas, testigos privilegiados para el resto del Pueblo de Dios. Lo habéis sido durante ochocientos años y lo seguiréis siendo mientras haya esta necesidad en la Iglesia y en nuestro mundo, es decir, hasta que el Señor vuelva. Lo habéis sido en nuestra Mallorca, con presencia dominicana desde el mismo momento de la conquista, cuyo aniversario recordamos también durante la octava de Navidad. Y vosotras, hermanas, desde el siglo XVII en nuestra ciudad de Palma, históricamente casi en su centro neurálgico y modernamente junto a las nuevas barriadas industriales que han sustituido a los viejos gremios y menestrales. Así cuentan con la vida monástica que Domingo quiso sacar del aislamiento rural para vivificar y dar alma a las ciudades crecientes en una nueva época. ¡Cómo la necesitan ahora las ciudades actuales, sus polígonos e industrias, sus despachos y oficinas, sus comercios y actividades! Sí, la nueva evangelización a la que quiso llamarnos el siervo de Dios Juan Pablo II, con características tan similares a las que vivieron Domingo y sus primeros hermanos, debe comenzar por la afirmación rotunda de lo sobrenatural, de la primacía absoluta de Dios, de la esperanza escatológica, absoluta, en Él. Ésta será la primera y fundamental predicación que debemos ofrecer a los hombres y mujeres, a las personas, de nuestro tiempo y que ellas, sin duda, recibirán con impresión. Desde ahí, estarán en la mejor disposición para entender y acoger la gracia de Dios, a Cristo su Hijo y al Espíritu que puede transformar y renovar sus vidas por completo. Hermanos muy amados, sigamos valorando la altísima misión de nuestras hermanas dominicas predicadoras. Que sepan, bien claro ante Dios, nuestra cercanía y estima, por su presencia, por su carisma. Algunas de ellas han sido místicas escritoras a imitación de su titular, la dominica lúcida, entrañable, sabia, Santa Catalina de Siena. Que sigan escribiendo en el libro de la vida para su santificación y nuestra enseñanza es lo que pedimos y llevaremos al altar en la Eucaristía que celebramos. Que se abran los corazones de la ciudad a su influjo, que los trabajos de la tierra se iluminen con la perspectiva de la eternidad. Que Jesús, Camino, Verdad y Vida, siga siendo predicado por nuestros hermanos dominicos. Que nuestros corazones y los de nuestros conciudadanos se abran a su gracia y al influjo de su Espíritu. Que continúe la Orden su misión en los próximos años y siglos, cuándo y cómo Dios quiera, por la intercesión de sus santos, que también son nuestros. Así sea.

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REUNIÓN DE PRIORAS Y FORMADORAS DE LOS MONASTERIOS DE CHILE Y ARGENTINA, CELEBRADA EN CÓRDOBA (ARGENTINA)

El día 7 de febrero dio comienzo la reunión de formación de nuestros monasterios de Chile y Argentina. Se le pidió al Padre Rafael Colomé Angelats, op. del Vicariato de Aragón, que nos acompañara durante estas jornadas exponiéndonos y compartiéndonos su rica experiencia en el área de la formación. Nos acogieron nuestras hermanas del monasterio de Córdoba. Gracias a Dios pudieron asistir todas las prioras y formadoras y algunas delegadas de las comunidades. Fueron días de intenso trabajo mañana y tarde. Valió la pena el largo viaje que algunas de nuestras hermanas tuvieron que hacer. El Padre Rafael nos había facilitado el material para que pudiéramos leerlo con anticipación. La temática que trataríamos llevaba por título: «Cómo llevo yo mi autoridad. El arte de escuchar. El arte de acompañar». Desde el primer día fue fácil y rápida la integración; muchas ya conocían al Padre y la pertenencia a una misma familia Federal nos hacía sentir en casa entre madres y hermanas. La dinámica utilizada, primeramente con una clara exposición por parte de nuestro hermano, dando lugar luego al intercambio de experiencias, preguntas y respuestas y también al trabajo en grupos, hizo ameno el compartir algo tan vital como es el rol de la autoridad y el voto de obediencia y el valorar la necesidad del acompañamiento en todas las etapas de la vida de una hermana o un hermano, tanto en la formación inicial como en la formación permanente. Agradecimos al Padre Rafael su esfuerzo e interés por lograr exponer el tema desde una “síntesis”, no siempre fácil de conseguir, teniendo en cuenta fundamentos teológicos, antropológicos, eclesiológicos y espirituales que se han de integrar en el proceso de maduración de la persona, desde su nacimiento hasta que descubre el llamado de Dios a la vida religiosa y responde a la vocación. Visión, que a lo largo de todos esos días de estudio, estuvo siempre enfocada desde nuestro carisma dominicano dentro de la Iglesia. También hemos de agradecer al Padre la atención personalizada que dedicó a las hermanas que se lo solicitaron y su capacidad de abandonar, por momentos, sus esquemas programados para ir por donde soplaba el Espíritu, sin dejar por esto todo tema bien aclarado y cerrado, aunque corriéramos el riesgo de quedarnos sin comida!!!

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Fue éste un curso aprovechado al máximo, rico tanto en contenidos como en participación y aportación de todos los que nos sentimos directamente beneficiados. Igual gratitud merecen nuestras hermanas de la comunidad de Córdoba que hicieron posible nuestra estadía en su monasterio, teniéndonos siempre lista la Liturgia de cada día, donde se cuidó que todas participáramos de una u otra manera; y ¡qué decir del almuerzo, la cena y demás tentempié…! ¡siempre a punto! ¡todo preparado! También nuestros frailes de la comunidad de Córdoba nos visitaron en uno de los recreos de esos días. Detalles todos de cariño y fraternidad que valoramos y agradecemos y que reflejan el estilo de vida que nuestro Padre Santo Domingo quiso para sus hijos. Una vez más, fue ésta ocasión para experimentar la riqueza que es nuestra Federación. Compartiendo nuestras vidas con sus alegrías, preocupaciones, sufrimientos y esperanzas, pudimos “orar juntas”, concretamente pidiendo por la salud de sor Liliana, delicada en esos últimos días, dando gracias también por el aniversario de alguna fundación, por algunos onomásticos y cumpleaños, ¡incluido el del Padre Rafael! No faltó tampoco la animación de las recreaciones, con cantos y bailes folclóricos, con la ejecución de charango, guitarra, castañuelas y cítara, con chistes y anécdotas de vocaciones y fundaciones. Fueron días también para hacer memoria de tantas hermanas y hermanos que hicieron y hacen posible la Federación, esta obra bendecida por Dios. Una pequeña exposición con álbumes y fotos de otras épocas ornamentaba la sala de recreos. Los rostros del Padre Marceliano Llamera y de Madre María Teresa Muñoz Garde, ocupaban allí el lugar central. El último día, 14 de febrero, quisimos concluir este encuentro con una Misa especial. Moniciones, procesión de ofrendas, preces y cantos invitaban a la acción de gracias por los 50 años de vida de nuestra Federación. El Padre en su homilía, hermosa y sencilla, se dirigió a los fieles que nos acompañaban explicando el sentido y valor de la vida contemplativa y a nosotras nos animó a dar gracias a Dios por esta vocación, tan necesaria en la Iglesia para hacer eficaz todo apostolado, destacando nuestra misión en la Orden. Una vez más agradecemos al Padre Rafael, a Madre Sandra, a la comunidad de Córdoba y a cada una de nuestras comunidades el haber hecho posible esta reunión. Esperamos que los frutos podamos todas recogerlos en nuestras propias comunidades, apreciando cada vez más la importancia de la formación para un auténtico seguimiento de Jesucristo en nuestro carisma dominicano y lograr así, con la ayuda de Dios, la calidad de vida evangélica que se espera hoy de la Vida Consagrada. Sor Lucía María Puig Concepción (Argentina)

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PATERNA UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA Como ya sabéis, el último boletín de ‘Unidas’ informó detalladamente sobre la despedida de la comunidad de Santa Catalina de Siena de Gerona, de su diócesis, porque desde el día 7 de diciembre ya estaba fusionada con la comunidad de Santa Catalina de Siena de Paterna–Valencia. Ahora queremos seguir la Crónica para informaros de la llegada de la comunidad de Gerona, a su querida Casa de Santa Catalina de Paterna.

Amaneció radiante, en nuestros rostros y en nuestras almas, el histórico día 18 de diciembre del 2007. Nuestra M. Priora, Sor Mª Carmen Fuertes, se desvivió para que no faltara ningún detalle y logró llevarlo al máximo, con su gran capacidad de sacrificio y dinamismo habitual, volcada en cuerpo y alma a las necesidades de las demás. Todo estaba preparado para recibir a nuestras queridas hermanas gerundenses. La mañana iba avanzando… y en nuestros rostros se dibujaba una sonrisa inundada de felicidad, porque se acercaba el momento del abrazo efusivo que nos uniría para siempre en un solo corazón y una sola alma, ya que desde ahora seremos una sola comunidad de Santa Catalina de Siena. ¡Qué grandes son tus proyectos para nosotras, Señor! ¡Qué profundos son tus deseos para los que te buscan y aman tu voluntad, Señor, Dios nuestro! Por fin, una llamada telefónica comunica que ya están llegando, abrimos las puertas de par en par y a los pocos minutos entra radiante una hermosa furgoneta conducida por la experta y servicial hermana Felicidad, acompañada de la hermana Piedad, ambas religiosas del Buen Pastor. Nuestras hermanas ya están en su casa. Un efusivo aplauso fue nuestro primer saludo. Madre Federal fue la primera en bajar, su rostro radiante de alegría contagiaba el entusiasmo de todas. Le siguió Madre Sylvia repleta de satisfacción por el deber cumplido. Las monjas iban bajando una a una, los abrazos se multiplicaban y la emoción y las lágrimas subían de tono. El Espíritu moraba en nuestro interior y sentimos el calor de la fraternidad y la alegría por el don precioso del Espíritu recibido. Enseguida nos dirigimos al Coro y después de unos minutos de 32


silencio cantamos con indecible emoción: «Heme aquí Señor, para hacer tu voluntad» Sí, tu voluntad amorosa. Desde ahora empezábamos una nueva historia de amor que no conoce fronteras, fundamentada en lo que verdaderamente importa, viviendo en Dios y desde El, toda nuestra jornada monástica: oración, liturgia, trabajo, descanso, recreación, salud, enfermedad, alegría, paz, comprensión, escucha, servicialidad, etc, etc. Y así ayudarnos unas a otras para que Dios pueda tejer, con nosotras, su historia de amor. Dios es Amor, y es el amor de nuestras vidas. En esta historia, la fuerza y la intensidad recae en el Espíritu que es el que mueve los hilos donde quiere y como quiere. Por eso hemos de añadir que, providencialmente, han estado siempre muy relacionadas nuestras dos comunidades. Concretamente desde el año 1961, cuando el Beaterio de Gerona pidió pasar a la segunda Orden dominicana y formar parte de nuestra Federación. De las monjas destinadas a este Beaterio, cuatro eran del monasterio de Santa Catalina de Valencia, y desde entonces, siempre han estado en la comunidad de Gerona, monjas de Santa Catalina de Valencia. Por eso, a los pocos días de estancia, nos comentaba M. Sylvia, llena de felicidad al ver a sus hijas en «puerto seguro»: ¡Qué acierto ha sido esta decisión! Estamos como ‘pez en el agua’. Y nosotras añadimos: Y, ¡con cuánta sabiduría y suavidad se ha realizado! ¡Gracias, Madre Sylvia! Que el Espíritu te siga iluminando en el quehacer de cada día, y donde quiera que estés y por el camino que Dios te lleve, tendrás tu historia de amor con el Señor. En nosotras y en nuestro corazón, rebosante de gratitud, estarás siempre. Agradecemos con corazón filial, a nuestro Padre Asistente, Vito T. Gómez, op. y, a nuestra Madre Federal, Mª Teresa Gil, op. el interés que muestran en consolidar los pilares de nuestra vida contemplativa dominicana, y su entusiasmo para promover nuevos proyectos en los monasterios que lo necesitan. Por nuestra cercana experiencia, podemos decir, que es un enriquecimiento mutuo maravilloso y que vale la pena dar el salto definitivo a la renovación de nuestras Comunidades. Que la Virgen, nuestra Madre Inmaculada y nuestro Padre Santo Domingo nos ayuden, es nuestro sincero deseo.

Es bueno decirte que tus acciones, Señor, son nuestra alegría y nuestra esperanza... La Cronista

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CURSILLO DE ECONOM¸A EN TORRENT El día 4 de marzo, a las 9 horas, comenzaba en la Casa de Espiritualidad de los PP. Dominicos de El Vedat-Torrent, un cursillo de economía para orientar sobre los cambios habidos en el Plan de Contabilidad en España. Fue organizado por la Federación para las comunidades de España y abierto también a las Órdenes contemplativas y otras Congregaciones de la diócesis que quisieran asistir. Lo dirigió D. Francisco Gabás, catedrático de la Universidad de Zaragoza, y auditor de nuestra Federación durante muchos años. Asistieron en total unas 53 hermanas, 31 dominicas, cistercienses, carmelitas, salesas, agustinas, franciscanas capuchinas, pasionistas…

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Libros «Celebramos la vida», Sor Lucía Caram, op. Ed. Desclée de Brouwer, 2008

«En una sociedad fuertemente tentada por la desesperación, la fe en Jesús de Nazaret sostiene nuestra esperanza y nos hace llevar la fiesta en el corazón, cantando cada día la Buena Noticia que Él nos trae de parte de Dios: “los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la salvación” -Lc 11,5-. Los dominicos y dominicas llevamos 800 años predicando que Dios ha puesto su tienda entre nosotros y se ha hecho carne de nuestra carne y vida de nuestra vida. Estas páginas recogen el itinerario de nuestra vocación, que se nutre de la oración contemplativa y del servicio a los pobres y necesitados; de la fraternidad evangélica vivida en comunidad, y de la mirada atenta a nuestro mundo, que nos posibilita dispensar la misericordia que recibimos de Dios y de los hermanos. Brindamos por el largo camino recorrido y por la fidelidad de nuestro Dios que no nos abandona en nuestro peregrinar cotidiano, mientras permanecemos a los pies de Jesús, Señor de nuestras vidas, que nos explica las Escrituras y nos hace arder de pasión por el Reino. Celebramos la vida porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones y porque este amor nos hace ‘arder e iluminar’, ‘contemplar y dar lo contemplado’».

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NUESTROS DIFUNTOS En la Comunidad de Santa Inés de Zaragoza: - Sor Pilar Sagarra Baquero, el día 26 de marzo. Tenía 84 años de edad y ha vivido 58 años consagrada al Señor por la profesión religiosa. - Sor Mª Gloria Vicente Bello, el día 3 de abril. Tenía 73 años y ha vivido 49 años consagrada al Señor por la profesión religiosa.

Familiares - D. Pascual Yagüe, hermano de Sor Inmaculada, de la Comunidad de Albarracín (Teruel), el día 13 de enero. - D. Jenaro Marquínez Pérez, hermano de Sor Mª Victoria, de la Comunidad de Palma, el día 13 de enero. - D. Juan Gayarre, cuñado de Sor Amelia Gil, de la Comunidad de Sant Cugat (Barcelona), el día 2 de febrero. - Dña. Carmen Cogollos, hermana de Sor Concepción, de la Comunidad de Carcagente (Valencia), el día 9 de febrero. - Dña. Rosa Pérez, hermana de Sor Mª Trinidad, de la Comunidad de Ntra. Sra. de la Esperanza-Zaragoza, el día 14 de febrero. - D. Salvador Ballesteros, padre de Sor Matilde, de la Comunidad de Ntra. Sra. de la Esperanza-Zaragoza, el día 3 de marzo. - D. Ramón Soler Espí, hermano de Sor Consuelo, de la Comunidad de Carcagente (Valencia), el día 13 de marzo. - Dña. Elena Martínez, hermana de Sor Mª Soledad, de la Comunidad de Carcagente (Valencia), el día 30 de marzo. → El día 28 de octubre pasado, fallecía en Valencia, a los 89 años de edad, D. EDUARDO PRIMO YÚFERA, hermano de la M. Ana Mª. Por su extraordinaria personalidad humana y cristiana, y queriendo manifestar nuestra admiración y gratitud por su vida tan generosamente entregada al servicio y bien de los demás, nos complace reproducir en nuestro boletín una entrevista que el Semanario PARAULA publicó en su número 970, de noviembre de 2007.

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Unidas 155  

Edita: Federación de la Inmaculada Concepción Alter, 4-V. Apartado 20 46900 TORRENT (Valencia) ESPAÑA IMPRIME: Federación de la Inmaculada C...

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