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Hace algún tiempo leí parte de un texto de Pavlov (1849-1936) en donde

señalaba con esperanza la llegada del día en el que todos tengamos el conocimiento preciso y completo de nuestro cerebro y su funcionamiento. Han pasado desde entonces varios años y han salido nuevas informaciones científicas (aunque no suficientes) que nos permiten tener una idea de algunos procesos mentales que realizamos en las diferentes actividades de nuestro día a día. Leer es un proceso cognitivo (entiendo que lo cognitivo es todo aquello que es es captado por nuestros sentido y a través de nuestras funciones mentales podemos procesar, modificar, sintetizar y almacenar esa información) que realizamos para comprender el texto y dar respuesta a las interrogantes que se presenten, sin embargo, muchas veces no se llega a la comprensión real porque se comprende otra cosa, mis favoritos: ajena a la esencia del texto. Esto es algo que nos pasa a todos y se debe a diferentes factores que van desde la percepción lenmapas ta hasta la ausencia de estrategias lectoras. La práctica de la lectura veloz nos conceptuales y enseña a leer grupos o bloques de palabras (tema del cual he referido en otros post) y ello mejora mentales notablemente la concentración y atención. El uso de estrategias lectoras nos ayudan a relacionar las ideas, es decir, a encontrar las ideas principales y descartar lo superfluo y, finalmente, los organizadores gráficos (mis favoritos: mapas conceptuales y mentales) nos permiten crear estructuras significativas de menos a más en donde nuestra capacidad de síntesis nos permite tener una visión global de toda la estructura textual con lo cual podemos hablar de un nivel óptimo de comprensión. Comprender es el resultado de la lectura, pero ¿cuántos podemos decir que hemos entendido el mensaje del texto y que lo podemos explicar con nuestras propias palabras y que podemos escribir inmediatamente una síntesis o resumen? Muchos podemos comprender el texto, pero se nos puede hacer difícil parafrasearlo, o sea, argumentar la estructura significativa del texto usando nuestras palabras. Si no podemos hacerlo entonces, nuestra comprensión es deficiente aunque hayamos creído entender la lectura, entonces debemos empezar de nuevo para no caer en el autoengaño de la comprensión que se ha vuelto frecuente y hasta "casi normal" en los lectores.



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