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El Heraldo Hispano

DIARIO DE UN INMIGRANTE

RESPETO Y ORDEN EN EL

APAGON

Por: David Suárez Moreno

Al llegar a la Collins Road, en Cedar Rapids, noté que algo inusual esta sucediendo. De pronto el tráfico se tornó lento y los carros comenzaron a formarse en largas filas. Me levanté un poco del asiento del auto para ver a la distancia y entonces me di cuenta de lo que pasaba: se había ido la luz en el sector y todos los semáforos estaban apagados. “Bueno –me dije a mí mismo, con tono de resignación- ahora sí me tocó perder por lo menos una hora en este tráfico. Mi pesimismo estaba plenamente justificado en las experiencias que me había tocado vivir en mi propio país. Recuerdo muy bien una de ellas. Iba avanzando con normalidad por la zona comercial de Guayaquil, mi ciudad, y de un momento a otro ¡Zas! ¡Se fue la luz! Aún disfrutábamos de luz solar, creo que eran las 5 o las 6 de la tarde. Entonces comenzó mi pesadilla. Frente a la inesperada falta de semáforos y a la ausencia de policías de tránsito, los conductores comenzaron a ponerse nerviosos. Una sinfonía interminable de bocinas de autos, camiones y buses amenazaban con dejarme sordo; pero eso no era todo. Un coro de gritos de enfado, acompañado de sus respectivos gestos de insulto, era protagonizado por conductores, con los rostros enrojecidos por la ira. Cinco minutos después del apagón, todos seguíamos estancados, esperando la llegada de los policías de tránsito o que ocurriera un milagro y regresara la electricidad a los semáforos… nada. Entonces en medio de la batahola de conductores enojados y apurados por llegar a su destino, comenzaron a realizar maniobras peligrosas con sus coches; manejando sus vehículos por sobre la calzada y acelerando en medio del tráfico, para abrirse paso y así salir del embotellamiento. Los carros más grandes o los vehículos conducidos por los más temerarios eran los primeros en pasar; los demás, esperaban resignados hasta que la situación se normalizara. Al cabo de quince minutos, al fin aparecieron varias patrullas y motocicletas con policías de tránsito. ¡Qué alivio! Poco a poco los uniformados impusieron algo de orden en aquel caos. Las bocinas no se acallaron en ningún momento, pero al menos los carros avanzaban. Con esta y otras experiencias similares, me preparé mentalmente para lo que suponía estaba a punto de volver a vivir en ese momento, en la Collins Road de Cedar Rapids. A los pocos minutos me di cuenta de que mis temores eran totalmente infundados. Noté que aunque el flujo de vehículos era lento, no obstante todos los vehículos avanzaban.

Incrédulo ante lo que sucedía, nuevamente me levanté un poco del asiento para tratar de ver donde estaban los policías, que seguramente habían llegado a poner orden… nada. No había ningún policía en varias millas a la redonda. Tampoco pude escuchar una sola bocina… completo silencio. Fue entonces, cuando bajé el volumen de la radio y comprobé que algo inusual para mí estaba sucediendo. Todos los conductores avanzaban en orden, en silencio. ¿Qué pasará cuando lleguemos a la intersección? –me preguntaba. Delante de mí, como a unos cien metros estaba la primera intersección sin semáforo, sin señal de alto, sin policía, sin cámaras de tráfico, sin nada. Para mi asombro, como si todos los conductores se hubieran puesto de acuerdo en qué hacer en caso de un apagón, el tráfico continúa moviéndose de forma sincronizada. Los vehículos llegaban a la intersección y según el orden de llegada se iban turnando para pasar. Era como si, de repente cuatro señales de alto hubieran sido colocadas en cada extremo de la calle o como si un policía se hubiera parado en la calle para hacer respetar el derecho a vía de todos los conductores. ¡Wow! ¡Qué asombroso! ¡Qué orden! ¡Qué respeto! Cuando estudiaba mi clase de economía en la Universidad, mi maestro nos explicaba que la diferencia entre los países desarrollados y los del tercer mundo, tenía que ver, más que nada con el modelo de desarrollo, con los recursos naturales o con las políticas económicas. Después de mi experiencia en Cedar Rapids, ahora sé que existe otro elemento que se le olvidó mencionar a mi maestro: la cultura. Cada uno de los conductores demostró una alta dosis de respeto por quienes, al igual que ellos, esperaban su turno para pasar. No importaba si se trataba de un camión, de una camioneta, de un automóvil o incluso de una motocicleta. Todos tenían la misma importancia, el mismo derecho. Lo que vi en Cedar Rapids fue uno de los elementos que hacen de este país lo que es (la primera potencia del mundo): la cultura del respeto, el orden y el imperio de la ley. La próxima vez que haya un corte de energía y los semáforos se apaguen, ya sé que no debo temer el caos, lo único que debo hacer es seguir los parámetros de comportamiento de mis compañeros al volante y ayudar a mantener la paz y el orden, hasta que la energía sea restablecida. Creo que cualquier país, puede llegar a tener todos los recursos económicos posibles, pero solamente cuando su gente adopte este tipo de cultura del orden y el respeto, solo entonces podré decir que está en camino hacia el desarrollo… hacia el primer mundo.

07 de Noviembre de 2012

07 Nov 2013  

Primer periodico de noviembre

07 Nov 2013  

Primer periodico de noviembre

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