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Una caja de chocolates. Henry Padilla Londo単o


Se esforzaba por ver las personas que la rodeaban, escuchaba sus voces, veía sombras que se perdían en la penumbra. Le dolía al respirar, tenia que esforzarse para recibir ese precioso aire. Sabía que estaba viviendo sus últimos minutos. Por un momento sintió temor, al verse sola, frente a este ultimo viaje que no quería empezar, pero que era inevitable. La vida había sido como una caja de chocolates, cuando pensó esto sonrió levemente. Había sorpresas en esta caja, chocolates que siempre la sorprendían, otros que sabia exactamente que esperar. Había sido una delicia saborear cada momento sus secretos, disfrutar su fragancia. Solo le molestaba que hubiera tardado tanto en aprender a saborear la vida. -Lo importante es que al final aprendí, gracias Señor, pensó, mientras empezó a recordar. Recordó que había pedido perdón a sus hijos, justo después de conocer la gracia del Señor, recordó esa sensación de libertad, esa alegría que había sentido.


-Valió la pena, dijo en un susurro. -¿Que dices abuela?, dijo la niña mirándola expectante. -Que valió la pena vivir, valió la pena llorar, reír, valió la pena. -Si abuela, ya todo esta bien. -Si… y se estuvo en silencio por unos segundos, desde que conocí a Cristo valió la pena vivir. -No hables así abuela, vas a vivir muchos años mas, dijo la niña con sus ojos llorosos. -Mi linda Sara, dijo ella mientras le cogía la cara en sus manos, lo importante mi niña no es vivir mucho, sino conocerlo a él. Él, le da sentido a la vida. -No llores, mi niña, yo he vivido una vida llena de aventuras, rica en todo, pero sobre todo, lo mas maravilloso que me ha pasado, es haberlo conocido, es haber vivido estos últimos años junto al Señor. Ojalá lo hubiera conocido antes. Luego sonrió levemente, mientras la miraba: -No dejes que el sabor de los chocolates quiten tu mirada de lo que realmente tiene sentido, del Señor.


-¿Cuáles chocolates abuela? -La vida, la vida mi niña, es como una caja de chocolates, que él nos da para que la disfrutemos, para que la disfrutemos con él. Él ha escondido gracia y alegría en todas las cosas, solo tienes que encontrarla y saborearla. Disfrútala, pero no dejes que esto quite tu mirada del Rey. Vive, Sara, vive, se feliz, pero siempre a su lado, con él, recuérdalo mi pequeña. Todo lo ha hecho bueno, todo lo que él ha hecho es bueno. Y mientras hablaba sus fuerzas la dejaban, y una sonrisa se vio en su rostro, mientras se alejaba de la tierra de los vivientes.


La niña la miraba con sus ojos llenos de lágrimas, sabia lo que estaba

pasando, pero no se sentía triste, una alegría, unas ganas de cantar de alegría entro en ella, y empezó tararear una canción, mientras organizaba el cabello de su abuela que ya no estaba allí. Princesas vieron la tierra, tocaron el polvo de la vida, Y ahora es recibida en alegría, en el lugar de su morada, donde ella siempre estuvo: Allí junto al Señor. Linda mamita, mi corazón va contigo, Tus palabras adornan mi hogar, y llenan mi vida. Un día mi preciosa mamá, iré a ti, y juntas nos alegraremos en las maravillas del Señor. Henry Padilla Londoño

Una caja de chocolates  

Corta historia.

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