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Palabras…. en la noche. Henry Padilla Londoño


Henry Padilla Londo単o


Palabras en la noche. Que es de lo que diré, quizás lo mismo que una vez se dijo.

Las palabras son la expresión de un sentimiento en un momento, pero hablo de las palabras de los hombres que tienen tiempo, que tienen límites y se pueden pesar, no así las Palabras de Dios, que son eternas, sin límites, aumentan en luz entre más las llevas al

corazón.

Las palabras son el cumulo creativo de un ser consciente de su existencia, la expresión creadora en luz o en oscuridad, del interior del ser que las habla. Así que, las palabras de los hombres, llevan sus errores, sus límites, como un virus que se reproduce en el pensamiento, que basta con mirarlo para que cree otras variaciones. Sus colores, aunque hermosos a los ojos de los hombres, van cargados de vanidad, viento que arrastra en el mar de la maldad. Pero las Palabras de Dios, son perfectas todas ellas, preciosas, hermosas, perfectas en luz, sin una mancha de oscuridad, cargadas de vida, de amor, de verdad, que llevan al arrepentimiento, a la vida, a la libertad.

Henry Padilla Londoño


Las palabras de los hombres son como navajas, que hieren el tiempo, se agarran del pensamiento, y crean dolor. Abren surcos en el alma, crean lágrimas en el silencio, y reposan en los corazones opacados, tenues, con olor a muerte. Las Palabras de Dios dan reposo al cansado, agua al sediento, salud al enfermo, vuelan como palomas blancas anhelantes de encontrar un corazón abierto a su suave caricia. Dividen el alma y el espíritu, dividen lo mundano y lo santo, traen la luz al corazón del hombre.

Henry Padilla Londoño


El poder de la palabra, es usado por hombres malvados, para traer confusión, las lanzan como dardos venenosos en la noche, donde se mueven los que no andan en la luz, y son recibidas con alegría y alboroto, creídas por un momento, mientras dura el gozo del momento. “Libertad”, “Libertad” gritan, mientras declaran estribillos, y la sangre corre en las calles de los pueblos, enajenados, revolucionados, por palabras de la noche, palabras del maligno. Y se crean las nuevas conciencias, conciencias faltas de entendimiento, que cambian como cambia ahora el tiempo, un segundo es de aquí, el otro es de allá. “Viva la revolución”, gritan levantando sus manos al viento, mientras sus hermanos son muertos, sin posibilidad de salvación, sin Cristo en su corazón. Y que diré de los gobiernos, o mejor hablemos de ellos, de los gobernantes, los que un día dicen “NO, no lo podemos permitir” y al otro, cuando los pueblos gritan, dicen: “Si es cierto, así siempre lo dijimos”. Gobernantes que buscan solo lo suyo, su dinero, su bienestar, y por excusa tienen largas reuniones, donde discuten sus “puntos de vista”, los que han leído en una revista del momento. Ellos, los que adquieren sus opiniones de los grupos empresariales, que los alimentan con dinero y bienestar, con tal que digan lo apropiado. Los que han prohibido la Biblia, en los colegios, en los hospitales, ellos, los dirigentes de este pueblo.

Henry Padilla Londoño


Pero la Palabra de Dios, crea una verdadera libertad, no entra desapercibida, cuando entra tú lo sabes, sabes que tienes que cambiar. Pero su fruto, es vida, paz, una vida en libertad. Su poder creador es interminable, siempre lleva el fruto adecuado, y no cambia, es la misma ayer, hoy y para siempre. Si la escuchas, será dulce a tu paladar,

pero ya en ti, hará una obra de transformar. Pondrá en

evidencia todas las cosas, lo oculto y lo sombrío, lo que fue pensado y lo que se hizo.

Te sentirás desnudo ante ella, desnudara tu vida y la partirá en mil pedazos, pero de allí brotara la luz, la verdadera luz.

Y la expresión se convierte en una mueca de dolor, una mueca de terror, que siempre tiene el mismo sonido, una palabra universal, AUXILIO. Esta palabra aun los niños la aprenden con gran elocuencia, la saborean en sus juegos, juegan con ella en sus consolas portátiles, porque es la palabra del momento. Esta generación grita por ayuda, por una salida, salida de los laberintos de terror, que ellos han dejado crear en sus corazones, buscando las palabras equivocadas, en el tiempo no adecuado. Y se enredan en sus apreciaciones, oscuras y vagas, que los apartan de la Verdad, buscando sensaciones, momentos de luz, destellos en la oscuridad, que calme su dolor.

Henry Padilla Londoño


Y que si las palabras empiezan a ser borradas, su forma y su escritura, y empiezan a formar una sola forma, una sola escritura, o mejor dicho, una sola forma de hablar. Las palabras se empiezan a globalizar, y el intelecto se confunde y se mezcla. Dejando de lado todo él que no puede asimilar, todo él que dice, “Todo lo antiguo fue mejor”.

La vi desde lejos, como una visión en la oscuridad, la palabra que viene a esta generación. Su forma única y grande, contrastaba con la oscuridad, y sacaba un sonido del silencio. Cuando viajaba, el silencio gritaba, dejaba un destello rojo como sus bordes, y su forma… era una sola letra, pero contenía todo el texto, y cuando entro al corazón de los jóvenes, rasgo su interior, desgarro un grito agudo y ruidoso, que la tierra escucho. Su significado es más oscuro que la muerte, es más terrible que el abismo de tus temores, penetra el corazón, rasga tus entrañas, y no deja espacio para nada más. Los que la reciban, conocerán la profundidad del mal, y nunca hallaran descanso. Viene por poco tiempo, pero hará sonido como todos los libros juntos.

Henry Padilla Londoño


Pero mejor mirar a otra parte, adonde las palabras aún se pueden hablar, donde aún se puede aspirar a la Verdad. Las palabras, son testigos en el tiempo, la Verdad quiso usarlas como sus mensajeros. Las levanto hasta el cielo, antes que todo fuera, Dios hablo su Palabra. Y la Palabra formo el

mundo que Dios pinto, perfecta en todo, la Palabra de Dios. La expresión completa de Dios, dejo en sus palabras Su Vida.

Todo lo formo con Su Palabra, porque la palabra es la esencia del corazón. La Palabra de Dios es Verdad y Vida, pero todas las otras palabras llevan la esencia de su creador. Y así, la palabra que viene, trae la esencia del que la mando. Sonidos y formas, de vida o de muerte, que juegan en las mentes desprevenidas, de la generación atrevida, que se ha levantado contra el creador.

Henry Padilla Londoño


Las palabras abren caminos, caminos cargados de sorpresas, sorpresas escondidas, apiñadas en los recovecos del camino, esperando ser descubiertos, desnudados. Pero el camino de la palabra es un camino que no existe, sino cuando lo caminas. Se deja pintar, y pone un pincel en tu mano, te muestra formas, que tú puedes pintar. Las palabras levantan guerras, si van cargadas de dolor y mala intención, buscando romper, herir a su víctima, toman disfraces hermosos, se visten de la belleza de la mujer, caminan mostrando sus bellezas, cuando las miras no puedes dejar de observar, se acercan, te acarician, respiran a tu oído, aprietan su cuerpo contra el tuyo, exhalando

ese quejido,

justo antes de clavar el cuchillo.

Las palabras llevan conocimiento, o por lo menos así dicen los que así las usan, esconden en ellas sus fórmulas, las vuelven feas, ásperas, groseras, elitistas, las escoden de los simples, las cargan de cinismo, de burla al que no las entiende, y las pasan a sus hijos escogidos, como preciosos tesoros, “escondelas”, así les dicen.

Henry Padilla Londoño


Pero con las palabras, puedes llevar aliento, apoyo, fortaleza, puedes darle a otro tu fortaleza, puedes esconder en ellas tu amor, pintarla de bondad, cargarla de empatía, y entregarla sin más. Porque las palabras son semillas, semillas que cultivas, en la tierra de los que las escuchan, y siempre llevan fruto, siempre producen lo que su esencia lleva. Y de ese fruto comerás, abundantemente, no tendrás que buscarlo, el solo vendrá. El fruto de tus palabras, ese comerás.

Y mi oído estuvo atento, a mi Señor que me enseño, que abrió mi oído. Y me dijo: “El Amor es Dios”, “Y toda Palabra de Dios es buena”. Y comí Sus Palabras, porque mi interior estaba en completa oscuridad, pero después la luz brillo en mi interior, y conocí el significado de las palabras de Dios. Hay una palabra que debes conocer: ARREPENTIMIENTO,

esta palabra, tiene el camino a la

libertad, por ella llegaras a la verdad. Y la Verdad es Cristo, la Palabra de Dios que tomo forma de

hombre, y habito entre nosotros, nos dio Sus palabras, nos mostró el único camino. Si amas las palabras, te invito a conocer La Palabra, el principio de todo, el creador de todo, la Verdad, la única Verdad, la expresión completa del amor de Dios, Cristo Jesús.

Henry Padilla Londoño

Palabras en la noche.  

Disertación acerca de la Palabra.

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