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Las aventuras de Pedro y Yona. Rescate de la tierra del olvido

Henry Padilla Londo単o y Alexandra Padilla Lara


Este libro es el producto de unas charlas que tuve con mi hija, mientras le empecé a contar un cuento, y ella se reía o preguntaba, la historia fue tomando forma. Sin la ayuda de mi hija no hubiera sido posible realizarlo, creo que dejo escritas sus risas, su asombro, su alegría en este libro. Gracias Alexandra.

©2011 por Henry Padilla Londoño Todos los derechos reservados


De la boca de los ni単os y de los que maman perfeccionaste la alabanza Mateo 21:16


Había una vez un niño, amable, bueno, de mirada tierna, que le gustaba mucho la torta de mama y el chocolate, pero tenía un pequeño problema: Le daba mucho miedo la oscuridad y salir de su casa. Jugaba casi siempre en su casa, su habitación era su sitio preferido, era su lugar de aventuras. -Pedro… se escuchó el grito de su mama por toda la casa, ¿Quieres un pedazo de torta? Al momento soltó el dinosaurio que tenía en su mano y salió del cuarto tropezando por un momento con el auto de bomberos. Bajo las escaleras teniéndose de la baranda, a zancadas de a tres escalones. Cuando llego a


la cocina se quedó por un momento mirando a su mamá, que tenía una cuchara en su boca y se había quedado como estática, mirándolo, con su rostro lleno de risa: -¿Volaste?, dijo al final su mamá todavía con la boca llena. Pedro miraba ahora para todas partes, intentando descubrir su pedazo de torta. Cuando volvió a mirar a su mamá, ella le estaba apuntado con la mano a un rincón de la cocina, allá, sobre un plato estaba el precioso pedazo. Se lanzó con todo su cuerpo y estirando su brazo todo lo que podía, tomo el pedazo de torta y salió corriendo de la cocina como si lo estuvieran persiguiendo. -Gracias mamá, dijo mientras masticaba y corría al tiempo.


-No te vayas a atorar por estar corriendo… Estos días eran los mejores para Pedro, estaba de vacaciones de su escuela, y podía estar en su casa todo el tiempo. Cuando un amigo lo llamaba a salir, siempre estaba enfermo o tenía algo importante que hacer, así que nunca podía salir. Al llegar la noche siempre le dejaban la luz del corredor prendida, y la puerta entreabierta, para que un poco de luz le entrara. Antes de acostarse siempre oraba con fervor a Jesús, para que no fuera a sentir nada extraño, y así poder dormir tranquilo. Siempre le funcionaba, y estaba muy agradecido con Jesús, había decidido hacerlo su amigo especial. Así que siempre que le preguntaban cuantos amigos tenía, decía uno. Pero nunca decía su nombre.


Pedro oró con fervor, sabía que Jesús lo escuchaba, y se sentía seguro, era hora de dormir. Pero en todo caso, sería mejor dejar la puerta entreabierta, para que no quedara tan oscuro, pensó. Su mamá siempre le daba un beso antes de dormir, y se quedaba con él un rato, le acariciaba el pelo, y le contaba cosas que le habían pasado durante el día. La lluvia estaba cayendo, y un fuerte viento movía los arboles afuera. Sonidos extraños se escuchaban. Siempre le parecía que el silencio era el mejor sistema para aumentar los sonidos, y mientras la casa empezaba a quedar en completo silencio, Pedro empezaba a escuchar todo lo que pasaba a su alrededor. Los árboles se movían al viento y crujían, el viento producía ese ruido extraño, como si alguien estuviera escondido en el viento. Y la puerta crujía cuando se movía aunque fuera solo un


milímetro. A medida que todos esos sonidos empezaban a llegar a sus oídos, Pedro empezaba a taparse cada vez más con las cobijas, hasta que solo se veía un pequeño agujero, por el que se veían los dos ojos que miraban la luz que entraba por la puerta. La cama donde dormía Pedro parecía que temblaba atacada por un ejército de hormigas invisibles. No solo las cobijas se movían constantemente, sino que toda la cama chillaba. Y para el terror de Pedro, una sombra apareció en el rayo de luz que entraba por la puerta entreabierta. Era una sombra diferente, rara, pensaba el niño, y vio como esa sombra empezó a crecer, hasta convertirse en una gran sombra. Pedro se tapó por completo con las cobijas, que


ahora parecían que estuvieran conectadas a la corriente, y se estuvieran sacudiendo a gran velocidad. Unos pasos se escucharon, eran como uñas que se arrastraban. Pedro quería gritar pero su grito no salía, la cobija se había enredado en la parte de abajo y ahora estaba casi completamente al descubierto. Abrazaba sus piernas y apretaba su cabeza contra su cuerpo. Sintió como algo se posó sobre la cama. Estaba perdido. Abrió sus ojos y para su asombro vio un pequeño búho que lo miraba intrigado. -Mis saludos gran guerrero, dijo el búho doblándose para mostrar sus respetos.


Pedro lo miro con su boca abierta, empezó a mirar a sus lados, para poder descubrir con quien hablaba el búho. Con sutileza empezó a moverse hacia el lado, pensaba escapar, salir corriendo y dejar al búho hablando solo. Pero el pájaro lo miraba fijamente, siguiendo sus movimientos. -Perdone señor pájaro, dijo Pedro, yo me quiero ir. -Pero necesitamos su ayuda, gran guerrero. Ah, y no soy solo un pájaro, soy Búho. -Me parece que se equivocó de casa, señor Búho, aquí no hay guerreros, solo estoy yo, y estoy que me orino de miedo.


Búho lo miraba, algo asombrado. Era un pequeño búho, mucho más pequeño de lo normal, de pico amarillo, y ojos grandes amarillos. Sus plumas eran color café, y sus patas amarillas, de grandes garras. -Si no nos ayudas pereceremos todos, dijo Búho ahora mirando por la ventana. Tú eres nuestra única esperanza. -Pero yo soy Pedro, el que no quiere salir a la calle, dijo ahora el niño tomando confianza. Usted está equivocado, no soy guerrero, y me da mucho miedo la oscuridad. Y si no se va voy a llamar a mi mamá. Búho lo miraba sin inmutarse, solo lo miraba. -Ma…… grito a todo pulmón Pedro, y grito otra vez: MAMÁ….


Pero para su asombro no se escuchó nada, y noto que aun el viento había dejado de soplar, y ya no escuchaba nada afuera. -Han detenido el tiempo, pensó Pedro, y seguro me van a raptar sin que nadie se dé cuenta…. Cerró sus ojos casi como rayas, mirando al pájaro que tenía por delante, no se atrevía a golpearlo, pero escaparía y rescataría a su mamá. De a milímetro en milímetro, se fue corriendo, esperando que el pájaro no se diera cuenta. Ya estaba casi al final de la cama y su próximo paso era salir a todo lo que pudiera del cuarto, y cuando iba a empezar a correr… El pájaro se posó preciso delante de él, mirándolo algo enojado:


-No tenemos tiempo para juegos, todo nuestro futuro depende de que nos ayudes. -Pero yo tengo mucho miedo, grito a todo lo que podía, yo no quiero… Búho extendió una de sus alas y toco la mano de Pedro, que intentaba de todas formas eludirlo, sin lograrlo. Y cuando lo toco, una poderosa luz llenó todo el cuarto, un sonido como de rayos se escuchó y…. desaparecieron, se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. A través del túnel del tiempo y el espacio, solo se escuchaba el grito de Pedro. Estaba muy enojado, quería golpear ese pajarraco que lo había sacado de su casa. Por un momento todo se iluminó y él vio como un campo, vio árboles, y a lo lejos vio lo que parecía ser agua. Todo volvió a


la oscuridad y se vio junto a un árbol. Pedro cayó rodando por el piso, se detuvo al momento, quería pararse, correr, gritar, llorar, llamar a su mamá. Sus ojos estaban bien abiertos, intentaba no hacer ruido. No podía ver el pájaro, pero lo buscaría y lo iba a regañar por haberlo traído aquí sin permiso. -¿Dónde estoy? Dijo en voz casi inaudible. Dio unos pasos atrás hasta que dos árboles lo detuvieron, eran de un color extraño, amarillos. Miro al piso y vio como las raíces del árbol se habían salido del piso, dándoles formas de garras. Empezó a alzar su mirada, observando los grandes árboles, hasta que poco a poco descubrió algo que lo lleno de terror: Era Búho, o alguien igual a él, pero gigante.


-AHHHHHH grito a todo pulmón Pedro, no me comas… Búho lo miraba apacible, con sus grandes ojos amarillos. -Lamento haberlo hecho todo así, pero estamos en aprietos, espero me perdone gran guerrero, dijo Búho, doblándose otra vez y mostrando sus respetos. -Y dale con el gran guerrero, que se ha equivocado, no me entiende. Yo solo soy un niño miedoso que quiere volver a su casa. ¿Y cómo es que ahora usted es tan grandote? -Este es mi tamaño normal, dijo, y si no nos ayudas mi hijo morirá. -¿Y porque no va usted a salvar a su hijo?


-Yo no puedo, no tengo el poder necesario. Pero tú tienes un gran poder, y puedes vencer al dragón rojo. Pedro estaba desesperado, el pájaro no entendía que él era un simple niño, y el solo quería volver a casa. Lo miro por un momento, tendría que seguirle el juego, hasta que se diera cuenta de que se había equivocado. -¿Si le ayudo, me llevara a casa? -Si… sonrió Búho, claro que sí. -¿Lo jura? -No puedo jurar, pero te doy mi palabra. -¿Y por qué no puede jurar?


-Esta contra nuestra creencia, pero si te digo que te doy mi palabra, haré hasta lo imposible por cumplirla. -No entiendo la diferencia… dijo Pedro mirando al suelo, pero si no me cumple le diré a Jesús que lo castigue. -Así sea, dijo Búho algo vehemente. -¿Usted vendrá con nosotros? -No puedo, mis alas se quemarían cruzando el mar de la oscuridad, dijo la gran ave. Pero tendrás ayuda. El gran dragón rojo se ha llevado a todos nuestros hijos, y los ha encerrado en la tierra del olvido. La oscuridad ha cubierto nuestro mundo y ninguno de nosotros puede acercarse a la tierra del olvido. Al hacerlo somos transformados, perdemos todas nuestras


fuerzas, nos volvemos chicos y débiles. Solo alguien que no es de este mundo, alguien que conoce al gran Rey, puede llegar hasta la tierra del olvido y rescatar nuestros hijos. Nuestro futuro está en tus manos. También debes saber, que el dragón rojo se ha llevado a todos los niños de alrededor. Nuestros hijos y los niños, y esta terrible oscuridad. -Tengo que confesarle algo, dijo Pedro ahora triste, sabía que no podía hacer mucho. Yo nunca he peleado por nada en mi vida, me da miedo la oscuridad y evito salir a la calle, me asusta enfrentarme a situaciones desconocidas. Lamento la equivocación, yo quisiera ayudarle, pero creo que se ha equivocado.


Búho le dio la espalda, sin decir nada, miraba hacia la oscuridad, y dejó caer una lágrima que golpeo el piso fuertemente. -Entonces moriremos, dijo en voz baja. -Pero yo conozco a Jesús, dijo con una gran sonrisa en su cara. Le pediré que me ayude, ah,… dijo golpeándole con su pie en la pata. El si es un gran guerrero, y de seguro nos ayudara. No llores, buhito, vamos. Búho ahora lo miraba con sus ojos bien abiertos. Y dijo como queriendo que nadie lo escuchara, solo Pedro, miro para todos lados y pregunto: -¿Es Jesús el Rey? Pedro lo miraba ahora divertido, se acercó a su oído y susurro:


-Sí. Búho dio tres vueltas, empezó a saltar como un resorte y sus ojos parecían dar vueltas sin control. -Lo sabía, lo sabía, dijo al final. Pronto vendrán nuestros hijos. Pedro lo miraba divertido. Mientras sonreía pensaba en lo que tenía que hacer. Por alguna razón, ahora no le parecía tan difícil, después de haber pensado que no era el quien tenía la mayor responsabilidad, que el Señor Jesús lo ayudaría, entonces todo parecía más fácil. Los dos empezaron a caminar, sin decir palabra, paso a paso se acercaban al mar oscuro y tenebroso. Solo el sonido del viento se escuchaba, parecía que el mar estaba en completo silencio. De lejos se veía como una bóveda


oscura, a la cual Pedro quería con todas sus fuerzas evitar entrar. Cada vez estaba más nervioso, la sola vista del mar le hacía empezar a pensar en salir corriendo. -Señor Búho, ¿Cómo cruzaré el mar? Es muy grande y… muy oscuro. Búho lo miro sin decir palabra, cuando llegaron al borde de un acantilado. Pedro pensó que les iba a tocar rodearlo, era muy alto y oscuro. -Aquí viene parte de tu ayuda, dijo Búho alegre, mirando hacia abajo. Pedro empezó a mirar para todas partes, de repente empezó a escuchar una voz clara y nítida, alguien venia cantando por el camino. Pero no


podía ver a nadie. Debía ser alguien grande, pensó Pedro, pues su voz era fuerte y nítida. -Ya llego, como ves le gusta cantar, dijo Búho mirando a Pedro. -¿Dónde está? Pregunto Pedro. -Ahí, dijo el pájaro mostrando con su ala, le presento a Gusano. Pedro quedó con la boca abierta, todavía miraba a Búho, sin entender bien. Pensaba que era una broma y no quería parecer tonto. -Jaja, que buena broma dijo, mientras reía y se pegaba palmadas en sus piernas, queriendo dar la impresión que se reía de lo lindo. Búho lo miraba con sus ojos amarillos, sin entender lo que pasaba.


-¿Cuál broma? ¿Qué te pasa? -No hay nadie aquí, dijo Pedro aun riendo. -Te presento a Gusano, dijo otra vez Búho, esta vez señalando al piso. Pedro miró al piso, y allá, en alguna parte, sobre una pequeñita piedra, una manchita verde parecía sacudir sus manos. -Ja, ja, que buen chiste, este gusanito es mi ayuda, ja, ja. -¿Y que estabas esperando? Se escuchó una voz poderosa y nítida que venia del gusano. Pedro quedó estático, con la boca abierta, parecía no respirar. Se empezó a acercar de a poco para ver más de cerca.


-Huy que puedes hablar fuerte. -SI, Y TAMBIÉN PUEDO GRITAR, dijo fuertemente el gusano, de tal forma que Búho tuvo que taparse los oídos y Pedro fue levantado por un momento como por un fuerte viento. Cuando cayó al piso, se paró rápidamente, mirando con desconfianza a Gusano. -Él será tu ayuda, dijo por fin Búho. Pedro miró a Gusano, y le hizo señas a Búho para que se acercara, como si le fuera a decir un secreto. Se acercó a su oreja y le dijo suavemente para que Gusano no escuchara:


-Pero, ¿Cómo cruzaré el mar, Gusano es muy chico? Y se aseguró que no lo había escuchado. Entonces Búho alzó la vista y una sombra blanca empezó a descender sobre ellos. Cuando descendió Pedro quedo maravillado, era la más hermosa paloma que el jamás había visto. Y también muy grande. -Te presento a Yona, dijo Búho. Yona era una hermosa paloma blanca, que miraba con dulzura a Pedro, y se acercó con gran gracia y elegancia. -Mucho gusto Pedro, es un placer conocerte.


Pedro estaba maravillado con la hermosa paloma, había quedado con la boca abierta, y no había escuchado nada de lo que le hablaban. Búho tuvo que pegarle con su pata para hacerlo despertar, y carraspeo. -Mucho gusto, eh, bienvenida, señora bonita, eh,… Todos empezaron a reír a carcajadas, y Pedro se sintió mal. Era evidente que la belleza de la paloma lo había dejado sin palabras coherentes, empezó a mover su pie como lo acostumbraba cuando se sentía en una mala situación, miro hacia el piso y sintió como el calor corría fuertemente por sus mejillas. -Mucho gusto señora paloma, dijo al fin.


Al momento sintió de nuevo la garra de Búho en su pie, y la voz suave que le decía. -Yona… Yona. -Mucho gusto señora Yona, dijo otra vez. -Llámame Yona solamente, dijo ella con una dulce voz. -Si señora dijo Pedro, sin poder dejar de mirarla. -Yo te llevaré a través del mar oscuro, pero la última parte del viaje tendrás que hacerla tú. Estás dispuesto a esto Pedro, ¿Quieres arriesgar tu vida, para ayudar a salvar a los niños y los animales presos en la tierra del olvido?


Pedro se sorprendió a sí mismo, cuando sin pensarlo, de repente dijo un SI rotundo y claro. Había algo familiar en la mirada de Yona, que le recordaba mucho a la mirada de su mamá, se sentía muy bien con ella. -Vamos entonces, es hora de partir, tenemos que apresurarnos, solo tenemos las próximas seis horas, o sino todo será en vano. -¿Qué pasa en seis horas? -En seis horas más, dijo Yona, la luna se tornara color sangre, y el dragón será invencible. Entonces matara a todos y traerá para siempre la oscuridad a este mundo. -Vamos, dijo Pedro, no perdamos más tiempo. Pedro podía sentir algo diferente en él, algo estaba cambiando, a través de confiar en Jesús, de sus


amigos, el Búho y el Gusano y sobre todo se sentía muy seguro junto a Yona, junto a ella sentía que podía hacer cualquier cosa. Yona indicó que debían subirse sobre ella, Pedro tomó a Gusano en su mano y miro una vez más a Búho. Traeremos a tu hijo, no te preocupes. -Yo sé que sí, poderoso guerrero, y se dobló mostrando su respeto. Pedro sonrió y subió ágilmente sobre Yona, que empezó a cantar suavemente y extendió sus alas y levanto vuelo. Era magnifico, Pedro sentía por primera vez una alegría de ir a lo que no conocía, por primera vez estaba feliz de ir a la aventura.


Empezaron a avanzar en la oscuridad, cada vez era más oscuro y solo, sentía el aire helado que golpeaba su cara. Miro hacia el mar, solo podía ver mar por donde mirara. Un mar oscuro y quieto. La tenue luz de la luna amarillenta, dejaba ver la superficie del mar. Pedro pudo ver desde la altura como sombras de gran tamaño se movían casi sobre la superficie, como si supieran que ellos iban volando cerca. -Se pueden ver los pescados desde aquí, dijo Pedro. -Son tiburones, dijo Gusano. -¿QUÉ? Grito a todo pulmón. Yona miró a Gusano con disgusto.


-No te preocupes, dijo Yona, aquí arriba nada pueden hacernos. Pedro se agarró fuertemente de las plumas de Yona, asegurándose que no se fuera a caer. A lo lejos se veía una tormenta. Rayos y truenos. -¿Ves esa tormenta? Pregunto Yona. -Sí. -Ese es nuestro destino. -Te dije que la última parte tenías que hacerla tú, lo recuerdas. Pedro miró a Gusano, que ahora paso un trago por todo su cuerpo, hasta que llego a su cola y su cola se movió como un cascabel.


-¿Qué quiere decir señora Yona, pregunto Gusano, con que la última parte no nos puede ayudar? -Todos los que intentamos acercarnos a la tierra del olvido, perdemos nuestro tamaño, y nuestra fuerza, dijo Yona que ahora se empezó a achicar. -Solo falta unos metros dijo Pedro, si vuela rápido llegaremos. -No, creo que no, dijo Yona que ahora se volvía cada vez más chica, hasta que Pedro se vio con Gusano en su mano cayendo en caída libre y gritando desesperado. -Ah,…


Cuando cayeron al mar, se escuchó el sonido de las aguas al ser rota por el cuerpo de ellos. Pedro luchaba desesperado, salió a flote, recordó su profesor de educación física y le dio gracias por haberle enseñado a nadar. Aun tenía a Gusano en la mano, lo puso sobre su cabeza, miro al horizonte y pudo ver como enormes sombras se acercaban a ellos a gran velocidad. Entonces empezó a nadar como nunca antes lo había hecho, Gusano le ayudaba en lo que podía, era más el agua que tomaba que la que sacaba. Pero aún le faltaban unos ochenta metros, y ya estaba muy cansado. Tomo nuevas fuerzas y nado todo lo que podía. Ya solo faltaban unos veinte metros pero ya no podía más. Estaba perdido. Las sombras habían desaparecido, seguramente se habían sumergido para atacar desde abajo. En ese momento sintió como algo lo pico en la pierna,


como cuando un mosquito te pica. Bajo su mirada y vio un diminuto tiburón que intentaba morderlo. Era tan chico que con su mano logro levantar un grupo de ellos. Pedro se río, se acordó lo que le había dicho Yona, que todos los animales se volvían chicos y perdían su fuerza cuando se acercaban a la tierra del olvido. Se tocó la cabeza y encontró a Gusano, ahí estaba, intentando recobrar el aliento. Pero no había disminuido de tamaño. -¿Y tú, porque no te vuelves chico? -Gusano tosía y jadeaba hasta más no poder. No lo sé, dijo, solo sé que me da mucha hambre y siento ganas de comer. Y engordo y engordo, en este


momento tengo mucha hambre. Pedro lo miraba divertido, lo puso sobre su cabeza y empezaron a nadar los últimos metros que le faltaban. Cuando llego a la playa, todo estaba muy oscuro, y silencioso. Vio como una mosca muy chica se acercó a ellos y quiso quitarla con su mano. Entonces escucho un susurro, una vocecita que parecía venir de la mosca. Se acercó para mirar y para su asombro vio que era Yona. -¡Yona, que estas pequeña! -Ya lo sé, no tienes que decirlo a gritos. -Perdón, no quise molestar.


De lejos se veía la sombra de un castillo oscuro y tenebroso. Recordó que tenían muy poco tiempo y se dijo a sí mismo: -Vamos, será mejor empezar de una vez. -Yo me iré aquí, sobre tu oreja, así podrás escuchar lo que te diga. Y Pedro empezó a caminar por el camino oscuro, llevaba a Gusano en su cabeza, y a Yona en su oreja, e iba feliz, feliz de no saber lo que esperaba, pero de alguna forma sabía que todo iba a salir bien. El camino solo era iluminado por la luz de la luna, que cada vez su amarillo era más intenso y empezaba a ser roja. Pedro iba cantando, le gustaba cantar, le hacía recordar a su mamá. Gusano iba silbando, intentaba silbar acorde al canto de Pedro, pero realmente parecía como


un chillido, pero él se sentía muy orgulloso de su silbido. Y Yona iba en silencio, no decía nada, solo escuchaba. A medida que se acercaban al castillo, se podía escuchar los truenos y se veían cada vez más poderosos los rayos de luz. Ahora se podía ver unas sombras que circundaban el cielo del castillo, eran unas sombras inmensas, con ojos verdosos, que seguramente lo vigilaban todo. -¿Qué son esos? Dijo Pedro en voz baja. -Son los súbditos de gran dragón rojo, dijo Yona a su oído. Si te descubren intentaran destrozarte. Debes ir con cuidado. -Debo buscar un arma, dijo Pedro, no tengo nada, y tengo que defenderme.


-Ya tienes todo lo que necesitas, le dijo Yona al oído, confía en mí, ya tienes todo lo que necesitas. Pedro se detuvo por un momento, recordando la hermosa paloma que lo había cautivado desde el primer momento. Sabía que ella nunca le mentira. -Sí, creeré en ti, dijo muy suavemente, sonriendo ampliamente. Se acordó de su amigo, de Jesús, y empezó a hablar con él, como siempre lo hacía cuando necesitaba ayuda: -Amigo Jesús, otra vez yo, pidiendo ayuda. Yo sé que sabes todo lo que ha pasado aquí, pues tú lo sabes todo. Viste como me confundieron con un guerrero poderoso, y ahora estoy aquí ayudando a estos niños y a todos los


animales. La verdad es que ahora no siento tanto miedo como antes, y he conocido a amigos maravillosos. Búho, Gusano y Yona. Yona es muy hermosa, es una hermosa paloma, que me recuerda mucho a mi mamá cuando me mira. Jesús, esos pájaros grandes allá arriba me pueden hacer daño, pero confió en ti, yo sé que tú me vas a ayudar, yo no soy muy valiente, ni muy poderoso, pero tú sí. Amigo, te pido que me ayudes, y me des valor para vencer. Gracias Jesús, gracias. Cuando termino de hablar con su amigo, sonreía ampliamente, no noto que Gusano lo miraba con toda su bocaza abierta, con ojos de admiración, y parecía que alumbraba. Cuando Gusano salió de su sorpresa dijo:


-Tengo mucha hambre, tengo que comer algo. -No nos podemos detener, dijo Yona al oído de Pedro, ya casi sale la luna roja. -Ya vas a comer, le dijo Pedro a Gusano, pero ahora tenemos que seguir, vamos, vamos amigo. Ya el castillo se veía cerca, se empezaron a arrastrar por una lomita, para ver lo que había al otro lado. Pedro fue el primero en llegar, y quedo pálido con la boca abierta cuando vio al otro lado de la loma. Cuando gusano asomó su cabezota por la loma, casi se va de espaldas, se puso azul, y luego empezó a recobrar su color verde. -Ahora si estamos perdidos, dijo Gusano con su vozarrón.


Dos terribles gigantes, custodiaban la entrada del castillo, eran inmensos, fuertes, con un gran bastón en sus manos. Tenían un solo ojo, y gruñían a toda hora. Yona intentaba hablarle al oído de Pedro, pero este tenía demasiado miedo, y no podía escuchar a Yona. Solo miraba sin saber qué hacer. -Tú eres el guerrero, dijo Gusano con cara de inocente, piensa en algo. Pedro lo miro con enojo. ¿Qué podía hacer él ante semejantes gigantes? -Tenemos que crear una distracción, dijo al final Pedro. -Sí, eso era lo que yo estaba pensando, dijo Gusano.


Pedro se quedó mirando como al vacío, pensando, algo se le tenía que ocurrir. De repente se quedó mirando a Gusano, que al sentir la mirada de Pedro retrocedió dos pasos: -A mí no me mires, dijo con su vozarrón. -Iras disfrazado de cantante, dijo Pedro sonriendo, y entraras al castillo y nos abrirás por una ventana. -A si, y por qué no mejor me tiran por la loma de una vez, ah,… así me muero más rápido que morir aplastado por esos gigantes. -Vamos, tienes que ser valiente, dijo Pedro seriamente. -Mire quien habla de valentía, valentía es una cosa, pero ser tonto es otra.


-Vamos Gusano, no hay tiempo que perder…. -No me niego rotundamente, dijo poniéndose rojo de la ira. A los minutos iba por el camino, se dirigía al gran portal custodiado por los dos gigantes, su corazón latía a un millón de veces por segundo, y en su mente se imaginaba la cantidad de golpes que recibiría. -Canta, canta le gritaba Pedro desde su escondite. Y la verdad era que Gusano intentaba cantar, pero su voz se quedaba en su abultado abdomen, no pasando de ahí. Algo como un gruñido lastimero salía de su boca, mas parecía un llanto. Sus ojos estaban abiertos como platos, y todo él temblaba, como si fuera


Elvis Presley pero multiplicado por mil. Los guardianes posaron su enorme ojo sobre él a la distancia, era imposible dejar de verlo, era como una gelatina borracha, que avanzaba a sus últimos momentos. Y sin poder más, se empezaron a reír a carcajadas, doblándose de la risa, y fue tanto que golpearon el piso con su enorme bastón e hicieron volar a Gusano por los aires, cayendo a unos metros de Pedro. Este lo miraba, aguantando la risa, sin decir palabra. Hasta que sin poder más se empezó a reír a todo lo que podía, tirándose al piso y agarrándose el estómago. La cabezota de Gusano apareció justo encima de Pedro, estaba rojo, y una mirada muy enojada. -¿Se divierte el caballero?


-Perdón, pero no pude aguantar…. dijo con cara de inocente. -Ni una palabra, dijo Gusano, y no se le ocurra pedirme que vaya otra vez. La situación había servido para que Pedro se relajara, dejara el temor, y ahora empezó a escuchar a Yona: -No temas Pedro, le decía Yona, ve y diles que vas de parte del Rey y que necesitas entrar. Pedro se quedó pensando por un momento, la idea era descabellada. Ir a un par de gigantes a decirles que venía de parte del rey y que lo dejaran entrar. Pero confiaba en Yona, sabía que ella nunca le mentiría.


-Porque tú me lo dices lo haré. -¿Perdón?, dijo Gusano, no escuche. -Nada especial, que tengo un plan, vamos, le dijo y sin más lo tomo y puso sobre su cabeza. Mejor era no contarle a Gusano el plan o saldría huyendo a todo lo que pudiera. De todas formas Gusano empezó a ver con horror como Pedro se empezó a dirigir hacia los gigantes: -¿No iras a ir allá, verdad? -Calla, con ese vozarrón, se van a enojar y a ti te va a llegar primero.


Gusano se empezó a poner azul, de nuevo miraba a los gigantes, pero parecía paralizado, ni siquiera pestañeaba. Pedro se acercó, sabía que era muy peligroso lo que hacía, pero Yona se lo había dicho, así que estaba dispuesto a arriesgarse. Además, ya los gigantes lo empezaban a mirar con su ojazo, y no podía echarse para atrás. Sentía que su estómago se le enfriaba, en su cabeza sentía como Gusano temblaba a cien vibraciones por segundo, y él intentaba sonreír, sacando una mueca, antes que una sonrisa. -No temas Pedro, todo va a salir bien, le dijo Yona a su oído. Pedro llegó hasta los gigantes, y los miraba hacia arriba, intentando mostrar una sonrisa, sin poder pestañear, ni siquiera respirar.


-¿Qué quiere? Dijo uno de ellos con un vozarrón, que hizo despeinar a Pedro. Pedro sintió como Gusano se desmayó en su cabeza, y la verdad parecía que sus piernas también empezaban a ceder. -Vengo de parte del Rey y quiero entrar, dijo en voz casi inaudible. El gigante río divertido, y lo miro burlonamente. -Que es lo que chirría la hormiga esta, dijo acercándose a la cara de Pedro. En ese momento Pedro sintió como su sangre corrió por todo su cuerpo y se sintió muy enojado con los gigantes que se burlaban de él.


-QUE VENGO DE PARTE DEL REY Y QUIERO ENTRAR!! dijo a tan fuerte voz que el gigante retrocedió asustado. -Si señor siga, siga, dijo al momento. Gusano ahora miraba a Pedro, había recuperado su color, y en su mirada había admiración. Cuando Pedro lo volteo a mirar, miro para otra parte, no quería que se diera cuenta de que empezaba realmente a creer que fuera un guerrero. El cielo del castillo era circundado por las grandes sombras, que ahora se podía ver que eran dragones. El color purpura los hacia ver como sombras, sus ojos verdosos, y unas poderosas alas que producían un sonido seco y profundo cada vez que las movían. Parecía que custodiaban


una gran torre. En la parte superior de la torre una gran sombra inmóvil lo observaba todo. Pedro estaba mirando el escenario, y se sintió intimidado. Al momento busco refugio, intentando esconderse de las sombras y de la gran sobra. -Creo que hubiera sido mejor quedarme afuera, dijo Gusano mirando al cielo. -Ya estamos aquí, dijo Pedro, que ahora se sorprendía a sí mismo de la forma que empezaba a hablar. Nos queda poco tiempo, tenemos que sacar los niños y los animales de aquí. Pedro colocó a Gusano en el suelo, mientras pensaba en su próximo paso. Tenía que encontrar a los niños y a los animales antes que la luna se


pusiera por completo roja. Solo quedaban unos minutos y él estaba casi en la misma situación que al principio. Cuando volteo a mirar hacia Gusano, este estaba comiéndose una pared que encontró. -¿Pero qué haces? Te vas a enfermar, le grito Pedro. -Tengo mucha hambre y tengo que comer, dijo Gusano, mientras seguía engullendo parte de la pared. Por el agujero que Gusano empezó a dejar, empezó a salir como un murmullo, un sonido. Al momento Pedro se detuvo y les hizo señas para que no se movieran, quería escuchar con atención. Entonces empezó a recordar, esos bellos momentos, junto a su mamá, cuando los dos empezaban a entonar canciones, adorando y cantándole a Jesús. En


ocasiones terminaban abrazados, cantando y llorando de la alegría. Era algo que les llenaba el corazón, algo indescriptible, que los transportaba al cielo y les mostraba las maravillas de otro mundo. Ahora escuchaba un susurro, era la voz de una niña, que cantaba uno de esos cantos, que él conocía: Al Rey para siempre, inmortal, invisible, al único sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Pedro sonrió, ahora sabía que los había encontrado. Empezó a seguir la voz, introduciéndose por el hueco en la pared. Estaba muy oscuro, no se podía ver nada, le tocaba ir palpando las paredes. Las paredes estaban húmedas y mohosas, y en ocasiones sentía como bichos se movían apenas él ponía la mano. Pero tenía que seguir, ya estaba muy cerca, y la voz se escuchaba cada vez más nítida. Hasta que llegaron a un sitio donde había un pequeño orificio, un pequeño rayo de luz salía por el orificio. Pedro se acercó y miro: Al otro lado estaba una niña, encadenada a la pared, estaba cantando, la luz se metía por una reja que había en el techo. Pedro intentó tirar la pared abajo, pero era muy fuerte. Tenía que pasar al otro lado, ¿pero cómo?


Entonces, por un momento tuvo una idea y se quedó mirando a Gusano fijamente. -Ah, no, no me gusta que me mires así, dijo Gusano empezando a retroceder. -No te preocupes, esta vez es algo que sabes hacer muy bien. -No, no me disfrazo, no canto, no peleo, no, definitivamente no. -Aha, pensé que querías comer… Gusano se quedó con las últimas palabras sin pronunciar. Y miraba a Pedro fijamente como queriendo saber si este estaba bromeando. -¿Comer?


-Sí, siga por favor, cómase esta pared, le dijo Pedro. Más tardo Pedro en decirle, que Gusano en estar engullendo la pared. Comer era lo que más le gustaba y eso lo sabía hacer muy, pero muy bien. En minutos, Gusano había hecho un agujero lo suficientemente grande como para que pasara Pedro. La niña se había parado y miraba ahora a Pedro con sus ojos llorosos. -No temas, me llamo Pedro y ¿tú? -Me llamo Gloria. Estaba encadenada a la pared y se veía muy débil. -Gusano, aquí está el postre dijo Pedro, mostrándole las cadenas.


Gusano había crecido considerablemente en tamaño, ahora era un gusano del tamaño de Pedro y se movía más lentamente. Las cadenas fueron como panecitos ante el hambre de Gusano, que ahora se había dado cuenta de que podía comer lo que él quisiera. -Yo soy hijo del Rey, como tú, le dijo Pedro a la niña, ven conmigo. Tenemos que ayudar a los otros. La niña miró y señalo un hoyo en el piso. -¿Están ahí, los otros niños están ahí? Ella asintió con su cabeza. Él orificio era pequeño y estrecho, pero ya no quedaba tiempo para dudar. Gusano no cabía por el orificio y tampoco había tiempo que hiciera un orificio más grande. Tendría que ir solo.


-Tú sales con Gusano, yo voy a ayudar a los otros, le dijo Pedro a la niña. Ella se agarró de su brazo desesperada, y empezó a llorar. -Ya está bien. No llores, pero será peligroso. Ella lo miraba sin pestañear, asintió con la cabeza y jalo a Pedro hasta llegar al hueco. -Gusano, tienes que buscar la salida. Ahora eres grande y poderoso, no tendrás problema. Él lo miro con la boca llena, y sacudió una de sus patitas despidiéndose.


Sin pensarlo más Pedro salto por el hueco, y la niña saltó tras él. Ahora Pedro hacia cosas que nunca antes se hubiera imaginado que haría, solo por confiar en Jesús. El hueco era muy húmedo y lleno de toda clase de bichos, que se pegaban a sus ropas mientras ellos caían a gran velocidad. De repente una caverna de gran tamaño se abrió ante ellos, y cayeron en caída libre a un agua cristalina. La caverna estaba llena de lava. También había agua de la que brotaba un vapor. También vieron murciélagos de gran tamaño, que custodiaban a los niños. Los niños estaban encadenados, trabajando. Cuando ellos cayeron dos grandes murciélagos se lazaron al sitio donde habían caído y


los tomaron en sus poderosas garras, dejándoles caer de gran altura. Al caer se golpearon fuertemente, pero el dolor no era tanto como el temor de ver toda esa terrible escena. -Oh, señor Jesús, ahora si estoy perdido, exclamo Pedro. -No temas Pedro, le dijo Yona a su oído, pronto saldrás de aquí. -¿Pero cómo?, se preguntaba Pedro, si estaba a muchos metros bajo tierra, grandes murciélagos lo custodiaban, dragones cuidaban la salida, y la luna estaba por volverse roja y darle todo el poder al gran dragón. -De la misma forma que venciste los gigantes, exclamo Yona a su oído, cree solamente, cree en Jesús.


Al escuchar estas palabras, algo paso en Pedro, entonces entendió que no había nada imposible para el que cree, entonces entendió que él era un hijo del rey, y que para el que cree todas las cosas le son posibles. Entonces se levantó, alzo su mirada, ahora no se veían tan poderosos los murciélagos, ahora sabía exactamente lo que tenía que hacer. Y de su interior empezó a brotar el mismo hermoso canto, que empezó a hacer eco por toda la caverna: Al Rey para siempre, inmortal, invisible, al único sabio Dios,


sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Al sonido del canto los murciélagos empezaron a revolotear, y se preparaban para atacar. Pero el mismo tiempo la niña se puso en pie y empezó a cantar también, y así empezaron muchos niños a levantarse y cantar el mismo canto. Los murciélagos salieron despavoridos sin poder soportar más el canto, las paredes empezaron a temblar y empezaron caer. Las cadenas de los niños se rompieron en mil pedazos, mientras en las cavernas una fiesta de adoración estaba moviendo cada milímetro de las cavernas. Todos los


niños se juntaron en un sitio, había algunos mayores que Pedro, pero todos lo miraban a él esperando instrucciones. Una escalera apareció detrás de una pared que había caído y Pedro dijo instintivamente, -Vamos, salgamos de aquí. La niña se cogió de la mano de Pedro y todos corrían por las escaleras, pero antes que temor y gritos, había risa y cantos, y a medida que ellos corrían las paredes caían. Ellos no pudieron verlo, pero un gran ejército de ángeles estaba alrededor de ellos, celebrando su victoria. Era como si volaran en la Adoración a Jesús. Cuando llegaron a la parte de arriba, el gran dragón rojo había descendido y les cerraba el paso. Todos los otros dragones estaban a lado y


lado y un gran odio se veía en sus ojos verdosos. Pedro se detuvo mirándolos por un momento, pero ya no había temor alguno, miro los dragones, miro los niños y empezó a cantar: El Cordero que fue muerto es digno de tomar potencia, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y bendición. Al Cordero, sea alabanza, honra, y gloria, y potencia, para siempre jamás.


Y todos los niños empezaron a cantar con él, y una bella voz, suave y poderosa se escuchó también, la voz de Yona. Y el sitio donde estaban tembló, los muros empezaron a caer y caían sobre los dragones matándolos. Pero sobre ninguno de los niños cayó nada, ellos saltaban de alegría, era la hora del Rey, de la adoración al rey. Y en medio de esa adoración, la luna se puso roja por un momento, pero era tan poderosa la luz que despedían los niños, que la luna se avergonzó y empezó a reflejar la luz de los hijos de Dios. Cuando esto paso, Yona creció a su tamaño normal, y en el cielo apareció volando un gran Búho. Y de todas partes, por todos los huecos, salían animales, los que habían estado encadenados, ahora eran libres, y ahora eran del tamaño normal.


Pero un extraño sonido se escuchó de las cavernas, era como un poderoso viento, algo se movía y se acercaba por las escaleras que aún permanecían de pie. Todos miraron extrañados, esperando a ver que seria, y una carita verde con un gran cuerpazo verde se abrió paso por entre los muros derribados. Era Gusano, que ahora era inmenso. Todos los niños saltaron de alegría y se subieron sobre Gusano, saltando y jugando. Pedro miraba todo con alegría y algo de preocupación. Miro a Yona que ahora lo miraba con esos hermosos ojos: -¿Qué pasa? -Creo que he aprendido a que no es valiente el que no siente miedo, sino que es valiente el que cree en Jesús y vence los gigantes.


-Bien has dicho, y para ti es hora de volver. -Si lo sé, por eso estoy algo triste, aunque quiero ver a mi mamá. -No te preocupes Pedro, nos volveremos a ver, esta no es la última vez que nos vemos. -Me das tu palabra, dijo Pedro mirando fijamente a Yona. -Sí, te garantizo que nos veremos muchas veces más. -Entonces quiero ver a mi mamá. Y volteo a mirar a Gusano, y alzo su mano despidiéndose de Búho. -Adiós, amigos.


-Adiós, gritaron todos, y Yona lo toco con la punta de su ala y una poderosa luz los envolvió. Al momento apareció en su cuarto, acostado en su cama. Se sentó al momento, mirando para todas partes. -¿Yona? ¿Yona? -No te has dormido mi amor, le dijo su mamá desde la puerta. -He mamá, dijo Pedro y se abalanzó y la abrazo fuertemente. -¿Vamos que pasa, tenías pesadillas? -No mamá, ahora no tengo miedo, ahora sé que Jesús me ayudara en todo. Solo me alegro mucho en verte. -¿Ahora no tienes miedo? Preguntó ella mirándolo intrigada.


-No mamá, ahora quiero conocer amigos, salir a jugar, salir contigo. ¿Salimos mañana? Ella se asustó un poco y lo toco en la frente para ver si tenía fiebre. -¿No te estarás enfermando, ah? -No mamá, si estoy mejor que nunca. -Bueno, entonces a dormir, a ver si mañana piensas igual. Pedro la miro y sonrió. Le dio un beso en la mejilla y se fue a su cama. -Puedes apagar la luz y cerrar la puerta mamá. Gracias.


Ella lo miraba con la boca abierta, sin entender lo que pasaba. Pero empezó a cerrar de a poco a ver si él se arrepentía. Todo quedo en silencio. La vida de Pedro había tomado un vuelco, porque había aprendido a confiar en Jesús. Pedro tenía las manos detrás de su cabeza y miraba al techo, la ventana de la pieza estaba entreabierta y un canto peculiar se escuchó, era el canto de una paloma. Pedro sonrió. Entonces se quedó dormido. FIN.

Las aventuras de Pedro y Yona.Rescate de la tierra del olvido  

Las aventuras de Pedro y Yona. Rescate de la tierra del olvido Versión corregida.

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