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La Poesía de Dios II Autor: Henry Padilla Londoño


Porque no envi贸 Dios a su Hijo al mundo, Para que condene al mundo, Sino para que el mundo sea salvo por 茅l. Juan 3:17


En oscuridad fui concebido, sin estrellas, sin sol era mi cielo, la muerte me arropaba, mientras me arrullaba la soledad. Hasta el día que extendiste tu mano y me sacaste de mi muerte, Sin yo merecerlo, sin yo pedirlo, tú me sacaste de la muerte.

Alcé mi cabeza, aun ciego en mi pecado, Tú tomaste todo mi pecado, abriste mis ojos a la luz, Secaste mis lágrimas, me diste tu amor. Pusiste un beso en mi alma, me arrullaste con tus lágrimas.

Llevaste mi dolor, Tú perdonaste la culpa de mi pecado. Oh Señor, cuanta belleza, cuanta verdad, extendiste tu mano, me diste a beber agua de vida. Preparaste mesa para mí, comí del pan del cielo, mi amado Señor.


Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de la escalera, muéstrame tu vista, hazme oír tu voz; porque tu voz es dulce, y tu vista hermosa. Cnt 2:14


Me tomaste por mi mano derecha, y me llevaste al paraíso, Junto a los escogidos pusiste mi parte, sitio escogido, hermoso, y valioso me diste entre los tuyos. Pusiste un beso de despedida en mi corazón.

¿A dónde vas? amado de mi alma, ya todo está bien, quédate conmigo. Tus ojos dejaron ver una lágrima, en tu hermosa mirada de amor, Voy a pagar el precio de tu redención, dijiste, voy y vengo, espérame. Déjame ir contigo, Señor, necesito verte, hablar contigo.


Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirĂĄs despuĂŠs. Juan 13:36


A donde yo voy ahora no puedes ir, pero vendrás pronto. Voy a preparar lugar, una habitación, para traerte a ti y a tus hermanos. Pero primero tengo que romper el velo, terminar la obra. Espérame en la soledad de tu habitación, cuando el alba anuncie el día, Cuando la creación despierta a alabar a Dios, ven a mí, ahí estaré esperando. Te llevo en la cruz, te llevo en mi corazón, que rompo por todos. Doy mi vida para volverla a tomar, porque esto agrada al Padre.


De lejos cayó la sombra de la cruz, el día de penumbra, el día de mi liberación. El reo estaba muriendo, allá en Gólgota, ¿Dónde están los que proclamaron tu nombre? ¿Dónde los que recibieron los milagros del Señor? ¿Dónde estaba yo, cuando mi Señor murió? ¿Por qué te has ido, amado de mi alma?

Viento… si sabes el lugar de . Tierra, no calles, si tú conoces el secreto, ten Mar, te conjuro a que no levantes tus ola Tus lágrimas fueron el precio de mi consuelo, mi libertad tus cadenas, gotas de sangre derramaste por mí, me levantaste del polvo subiéndote a la cruz, y en agonía me diste la vida mientras tu morías. No me pides nada a cambio, no hay una sola palabra de reproche, solo tu hermosa mirada, y tu amor. Desfigurado y dejado, así murió mi amado, mi Señor, el deseo de mi corazón.


Me veo envuelto en tinieblas, dolor más allá del alma cuando no te veo. ¿Dónde estás amado de mi alma? Me diste la vida, pero no la quiero sino es junto a ti, el cielo es estar a tu lado, allí donde tu estas, allí quiero yo estar.

e mi amado házmelo saber, piedad del que gime por encontrar su lugar. las hasta que mi amado sea encontrado Mi alma grita en la soledad, y en tu tumba prestare guarda, Mi amado se ha ido, ¿Dónde estás Señor mío, por qué me has dejado?


El sol me alcanzo esa mañana, cuando la piedra fue movida. La esperanza renació, el alma recibió aliento. Mi espíritu dejo de llorar, dicen que te han visto. El amado de mi alma se ha levantado... dicen que lo han visto.

He visto la creación brillar en magnificencia, he visto el alma del pobre recibir aliento, Y vi al que lloraba reír de alegría, El día de tu resurrección, el día de mi nueva vida.


Muchos te vieron, Señor, muchos oyeron otra vez tu voz. Otros comieron contigo, el Señor está vivo. Mientras corría de aquí para allá, buscándote, esperándote. Hasta ese día, cuando el alba anunció un nuevo día.

En Betania, allí donde dijiste adiós, allí te vi por un momento. Me miraste mientras ascendías al cielo, Desde ese día, Señor, cada vez que miro al cielo, espero tu venida. Como dijiste que seria.


Desde ese dĂ­a se escucha el clamor de muchos que lo vieron y lo oyeron, Creed al evangelio, y amen a Dios, dejen el pecado, y vengan a JesĂşs. Esto es el clamor de todos los que hemos escuchado sus palabras, los que hemos visto su aspecto.


Si tú quieres ver a Dios, ven a Jesús. En el encontraras reposo para tu alma, Sanidad para tu vida, en él está la vida, tu vida. Este es el testimonio que quiero dejarte: Ven a Cristo, ven así como estas, pide perdón y recibe Salvación.


Yo vi una paloma volar, en medio del cielo. Llevaba el anuncio a todos de su venida, pronto vendrá. Ven amado de mi alma, ven, tu Iglesia te espera, Ven Señor Jesús. “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá”

La Poesía Dios II  

La segunda parte de este viaje atraves de la poesía de Dios.

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