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CUANDO EL AMOR LLAMA HENRY PADILLA LONDOテ前


La luz que entra por su ventana, le permite ver un día hermoso, soleado. El rayo de luz es la única luz que puede ver. Sentado sobre su cama, con la cabeza entre sus manos, ve el rayo de luz que juguetea con todo lo que toca. Extiende su mano, dejando que la luz se refleje, mientras la mueve lentamente. Hola amigo, hacia rato que no te veía. Y mientras habla sonríe y juguetea con la luz. La vida nos permite vernos una última vez, pronto iré al sitio donde nace la luz y allí nos veremos otra vez. Gracias Señor, por haberme permitido conocer la luz. Quien lo dijera, Carlos la sombra de la noche, se convirtió en Carlos el loco, y ahora estoy dispuesto a ser Carlos el muerto.


Solo lamento que lo único bueno que pude hacer fue encerrado entre rejas. Solo. Tú y yo. La luz y yo. Llévale un saludo al mundo, dile que me fui creyendo en él, que solo al final pude ver, pero bueno, lo importante es que ahora veo. Diles a los que herí que me arrepentí, que en la soledad de mi celda me dolió el corazón por el dolor que cause. Diles que les dejo mi último momento, para que no vivan como yo lo hice. Diles a todos los que engañe, que me arrepentí de mis acciones, que hubiera querido trabajar y pagar todo lo que robe, pero ya es tarde. No puedo decir que me fui en dolor. Tuve la bendición de conocerlo a él, de ver la luz a diario, mis últimas semanas, y ahora estoy listo para pagar lo último que debo pagar de todo lo malo que hice, e irme con mi Señor que me rescato. Allí estaré libre.


Me duele dejar el mar, la brisa, el atardecer en la casa de arriba. Ahora aprecio mucho más esas maravillas, pero solo puedo imaginármelas, en alguna ocasión me llega el olor a mar, me hace soñar. Me duele dejar el amor que nunca viví, que deje pasar. Todos tenemos un momento en la vida, cuando el amor llama, te guiña el ojo. Pero muchos lo dejamos pasar, otros como yo, nos burlamos de él, y lo vemos de lejos cuando se aleja y nunca mas viene a nosotros. Lamento que el engaño de mi fortaleza, me haya negado vivir la debilidad del amor, que ahora entiendo, es lo mas fuerte que existe. Me envolví en amores con muchas mujeres, pero nunca ame, nunca me deje amar. Solo al final, creo que lo he visto de lejos, aunque no puedo decir que lo entiendo. Jesús, nos amó, y se entrego por nosotros, pero realmente no lo entiendo. Pero lo creo. Me duele dejar la familia que nunca quise tener, los hijos que se han perdido en el olvido, que gritan desde las paredes de mi pasado, haciendo esta celda cada vez mas chica. Perdón, también perdón a los que nunca serán. Solo me quedan unos segundos, antes que vengan por mí. Creo que soy el primero de los míos que voy al cielo.


Me duelen las palabras mal dichas, los azotes que con veneno lancé a tantos, haciéndoles sentir mis azotes, llenando mis palabras de sarcasmo y vileza. Estas lágrimas no llevan miedo, pero arrepentimiento. Perdón a todos los que dañe, perdón. En la puerta de la eternidad no es el mejor sitio para decir perdón, pero es el único que tuve, llegue hasta aquí como tirado por una tempestad. Si él no me hubiera arrancado de mis maldades y me hubiera lanzado con fuerza a la luz, yo nunca habría llegado. Al pie de la muerte, en el umbral del cielo, es el único sitio donde puedo pedir perdón. Perdón. Ya escucho los pasos que me llevaran a mi última aventura. Si he de decir algo bueno, lo diré de ti, Señor. Gracias. Gracias por no dejarme morir en mi maldad. Gracias, por no rendirte, aunque fui el peor de todos, nunca te rendiste, llamando a mi duro corazón, mostrándome a Cristo, el único que tiene una verdadera Salvación.


He visto hermosos sitios, donde los ángeles quieren mirar, he vivido horas hermosas en tu Palabra, deleitándome mientras te aprendo a conocer, preguntándote, escuchando a tus pies. Has sido ese amigo, que yo nunca fui, el Padre que yo nunca fui. Gracias, solo me queda decirte gracias, antes de partir y dejarme en tus manos. Nunca pude hacer nada por ti, tú lo has hecho todo por mí. Pero creo que esto nos pasa a todos, ya todo lo que era necesario hacer, ya tu lo hiciste, gracias Señor. Carlos se paro, viendo como los guardas entraban a su celda, y lo empezaron a llevar a través del corredor, que lo llevaba a la silla eléctrica. Atrás quedo solo la Biblia, sobre su cama, y un rayo de luz que tímido se escapaba por la ventana, llevando el mensaje de uno de los hijos de Dios.

CUANDO EL AMOR LLAMA  

Corta historia de u hombre que esta por enfrentar la muerte.

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