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Camino al cielo Henry Padilla Londo単o


Entra sin anunciarse, sutil y silenciosa, todos la sienten pero nadie la mira, espera en uno de los rincones del cuarto, sin mirar a nadie; sabe exactamente donde esta él que ella busca.

Pero es entonces que la vida pareciera dar su último respiro, la memoria se llena de imágenes, de momentos pasados, momentos que han dejado una impresión en el alma. Amo esa sonrisa de niño, esos momentos pasados; cuando todo era luz y vida, sueños, esperanza de lo porvenir. Amo tus palabras, mi cercano, cuando reímos juntos, y juntos lloramos; paseamos descuidados por el camino de la vida, derrochando vida, burlándonos de la muerte.


Amo tu mirada serena y decidida, cuando me corregías; cuando me levantabas por las manos después de caer; ese abrazo de Padre que me hacia sentir en un rincón del cielo. Tiempos lejanos, que ahora brotan como caudal poderoso, hiriendo mi alma con alegría, que me lleva al llanto. Amo tu mano junto a la mía, amada mía, amo saberte a mi lado; juntos avanzamos por caminos desconocidos, enfrentando nuestros temores, dejándonos guiar por el amor, Tus besos, eran como caricias en el alma, que llenaban de vida mi interior.

La alegría se ahoga en un suspiro angustioso: Dejaré atrás lo que mas amo, ¿Qué será de ti amada de mi alma? ¿Qué será de los míos? ¿Quién vera por ellos?


Busco angustiado tu rostro Señor, me esfuerzo por recordar tus palabras; Señor del cielo y de la tierra, ven a mi socorro, que estoy angustiado; Ven apúrate a mi rescate, no porque lo merezca o por lo que haya hecho; nada me puede ser contado, pues fuiste tú quien hizo las obras en mí. No por lo que prediqué o hablé de tu nombre, pues me era mandato; no por los años de trabajo a tu lado, fueron una bendición ya para mí. Acuérdate de mi Señor, porque amo a Cristo, mi benefactor, mi Salvador; porque confió en tus palabras, ven a mi ayuda Rey del cielo. Mi alma esta angustiada, antes de entrar por las puertas de la muerte; antes de dejar atrás mis amados, los que tú me diste; ven tómame de la mano, recoge a tu siervo que te anhela, mi alma te espera, mi Salvador, antes de entrar a la muerte.


Y ¿Qué es la muerte si voy de tu mano? Solamente el paso por la vida, porque aun la muerte resplandece, cuando tú caminas por ella, el cielo mira envidioso; cuando el Rey del cielo camina por la muerte. Y ¿Qué es el cielo, si tú no estuvieras ahí? El cielo no seria cielo, sino una sombra pálida y moribunda; el cielo resplandece por tu magnifica belleza, Dios altísimo, y la luz del cielo proviene de ti. Dejo los míos atrás, para tomarme de la mano de Su Majestad; porque él tiene mis tiempos en su mano. Tú has esforzado a tu siervo con tu presencia; mi alma te anhela y ahora esta dispuesta a caminar por los senderos de la muerte.


Adiós, amada mía, te dejo mi corazón, que esta en la mano del Señor. Nos volveremos a ver, cuando el Rey del cielo te llame a su lado; cuando el bien que brota de tu corazón, inunde la vida con su canción. La muerte me es vida, cuando la camino junto a Cristo; lo que antes veía en angustia, es ahora mi alabanza; Dios ha alzado mi mirada al Salvador, a Jesús el Señor, Me lleva de la mano, camino al cielo, donde habita mi Salvador. Adiós, a todos lo que compartimos una sonrisa en la vida, los que llenaron mi vida de alegría y de llanto; Solo les dejo el testimonio de los tiempos, el legado del cielo; Cristo, el Salvador, es el camino al cielo.


Adiós, al mundo, al que me aferre con tenacidad, amé ver su hermosura, la que Dios creó, sus paisajes llenos de colores, aromas y sensaciones; belleza que refleja la sabiduría y cuidado de nuestro Señor. Ahora te miro a los ojos, señora de la noche, ante ti han temblado reyes y poderosos, los valientes de los pueblos; pero no es con altivez que te miro a los ojos, sino con la humildad y seguridad que me da la cruz de Cristo. Solo pasaré por tus senderos, porque el Autor de la vida me recogerá otra vez; me levantara de entre tus sombras, porque tus puertas no prevalecen ante Su Luz. Es hora de partir, es hora de vivir, es hora de recorrer el último tramo del camino al cielo.

Henry Padilla Londoño

Camino al cielo  

Poesia cristiana

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