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América, de Cristo. Que hermosa te ves, tu porte es de princesa. Los pueblos en ti hemos aprendido a amarte. Vimos cómo te levantaste de tu esclavitud. Vimos como tus hijos lucharon por ti. América, hermosa tierra de sorpresas. En tus tiernos años ya eres hermosa. Cuando llego la luz de Cristo a ti, hallaste paz. Y entonces corrió la vida, la vida del Señor. La violencia hizo ruido por tus calles, el dolor.

Pero tu hermosura calló la boca de los soberbios. Y el Espíritu del Señor reposo sobre los que traen la paz. Y tus calles vieron por fin la verdad. Viento lleva mi mensaje a toda América. Hazle saber que su hora ha llegado, es hora de vivir. Levántate hermosa princesa, traerán dones a ti de lejos. Reyes buscaran habitación en ti. Mi hermosa tierra, la tierra de mi tetero. Ahora resplandecerás como las estrellas en la noche. Paz detrás de tus muros, tus hijos gritan de alegría. Lo que parecía imposible en un día vino a ti.


Hermosa, mueve tu hermosa cabellera, Donde el viento del caribe placido se mueve. Mueve tus hermosos ojos a México y Centro América. Guiña el ojo, atrae a los tuyos, que vendrán de lejos. Sangre corrió por tu frente, pero ya cicatrizo tu herida.

Ahora vino la fuerza donde había debilidad. De Colombia viene la vida de Dios. De en medio de la oscuridad la luz brillo. Y aun tu hijo, el que se creía de mejor familia se volverá a ti. Brasil y USA voltearan a mirar a sus hermanos. Es hora de volver a casa, de levantar tus muros.

Canadá, que decía, de otro planeta soy, te abrazara en llanto. Quien podrá compararse a ti, coqueta y hermosa. Vestida en hermosos colores, verde de selva, azul de cielo. Oscuro de montañas, rojo de lava. Y blanco de vida en cada uno de tus hijos.

Escucha, hermosa, escucha. Este momento no volverá. Abraza a tus hijos, dales en abundancia, no seas corta. Que ellos edificarán tus muros, hermosa. Canta, y no te olvides de tus niños, tráelos a Cristo.


Cuando venga el aprieto a todos, a toda la tierra. Entonces entenderás que tus hijos te construirán. Silba, silba la canción del pobre, del que busca tu pan. Atráelo a abundancia, que él será tu benefactor. Viento, no calles, no dejes rincón en silencio.

¿Quién es sabio y conoce el tiempo de su visitación? Dad gracias a Dios, Cristo es nuestra salvación.

Henry Padilla Londoño

América, de Cristo.  

Palabras inspiradas para mi preciosa tierra América

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