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Nº. 2 Año I | Abril de 2018 labatallacultural.org

HEGEMONIA volverá y será

una idea


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HEGEMONIA Periódico de Política y Cultura LA BATALLA CULTURAL EDITOR Erico Valadares

SECRETARIA DE REDACCIÓN Romina Rocha

COMISARIO TÉCNICO Federico Carril COMISARIO DE ASUNTOS CULTURALES Alejandro Di Guida DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN La Batalla Cultural Hegemonía es la revista digital de análisis político y sociológico de La Batalla Cultural. Aparece mensualmente. Hegemonía se sostiene con el aporte de sus lectores mediante suscripciones regulares y de auspiciantes, exceptuándose de estas por definición las empresas de capital privado. Para suscribirse y/o auspiciar esta revista, contáctese al teléfono (2245) 41-2008 o al mail hegemonia@labatallacultural.org. Todos los derechos reservados. Las opiniones emitidas en esta revista y eventualmente firmadas son de exclusiva responsabilidad sus autores y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de La Batalla Cultural.


HEGEMONIA

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Informe Especial

Lula, el padre de los pueblos

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Sociedad y Estado

El macrismo y la Doctrina Chocobar: un retroceso de cuatro siglos

26 Opinión

¿Por qué volver los feminismos populares?

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Estrategia Política

Las redes sociales y los trolls: una cuestión de ocupar espacios


EDITORIAL

CONTENIDO EXCLUSIVO

E

l avezado y atento lector conoce bien los difíciles vericuetos por los que es necesario transitar en la búsqueda por contenidos de calidad en todo lo que respecta a la ideología del campo nacional-popular. En la actualidad, habida cuenta de la infinidad de espacios de difusión ideológica de las clases subalternas, el promedio general es más bien bajo. El panorama es de verdad desolador, sobre todo en las redes sociales: innumerables publicaciones dedicadas a la farandulización de la política, a la rosca barata de tipo electorero, al insulto y la burla fácil a los dirigentes del poder y casi nada de profundización y análisis. Mucho ruido y pocas nueces, como suele decirse. Por eso La Batalla Cultural se destaca en el universo de lo que solemos llamar la “comunicación nacional-popular”. El cuidado con el que preparamos cada una de nuestras publicaciones tiene por principal objetivo el no sumar más ruido allí donde ya prima la confusión. Desde este espacio, buscamos comunicar sin abombar ni ser sensacionalistas, simplemente buscando el fondo de cada cuestión en la medida de nuestras posibilidades. En esa búsqueda surgió la idea de esta revista, donde la ausencia de la censura que las corporaciones ejercen ya en las redes sociales y del trolleo infinito que quiere impedir el pensamiento nos permite abordar las cuestiones desde un ángulo de argumentación y razonamiento. Para eso existe la Revista Hegemonía, para brindar aquello que en las redes sociales no se consigue. Respecto a la primera edición, cuya portada puede verse en el recuadro, esta segunda edición viene con muchas novedades en lo estético, que va a ir mejorando progresivamente. La lectura ha sido facilitada al aumentarse el cuerpo de las fuentes utilizadas, los epígrafes de las imágenes donde corresponde y la disposición de los elementos en general. También ha aumentado sustancialmente la cantidad de páginas y de contenido exclusivo. Sobre esto último, el lector verá que las secciones exclusivas —es decir, de material que no publicamos en ninguna otra parte y que, por lo tanto, solo es accesible a los lectores de la revista—

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están claramente marcadas como tales en las solapas a un costado, de igual forma que esta página. Proyectamos ampliar la cantidad de páginas y de contenido exclusivo también de manera progresiva, hasta que la revista tenga su forma final. Mientras tanto, seguiremos trabajando y con la confianza de que el resultado será agradable para el atento lector, que es la base y la razón por la que La Batalla Cultural sigue y seguirá de pie, pese a todas las dificultades inherentes a un proyecto de estas características que quiere sobrevivir en neoliberalismo. La Batalla Cultural y Hegemonía seguirán, con el apoyo de sus lectores, difundiendo todos los días la verdad relativa del pueblo-nación, que para nosotros es la única verdad absoluta posible. Hasta la victoria siempre.

Erico Valadares

La Batalla Cultural Revista Hegemonía


SCALABRINIADAS

A

lguna vez confrontado por la aparente contradicción, Raúl Scalabrini Ortiz salió del paso con una genial definición. El caso es que a Scalabrini Ortiz —que era un patriota de los buenos y, según Jauretche, un intelectual al servicio de los pueblos habiendo tenido la oportunidad de ser funcional al poder y llenarse de glorias— le preguntaron si era peronista, dadas sus frecuentes reivindicaciones de Perón, sobre todo en lo que se refería a la nacionalización de los ferrocarriles que el General había llevado a cabo. Ni lerdo ni perezoso, Scalabrini Ortiz se despachaba de la siguiente manera: —No, no soy peronista. Soy radical de FORJA. —Entonces sos antiperonista. —De ninguna manera. Apoyo a Perón. —No entiendo.

—Es fácil: las opciones políticas son bastante limitadas. Aquí no se trata de elegir entre Perón y el arcángel Miguel. Se trata de elegir entre Perón y Federico Pinedo. Todo lo que sea en contra de Perón fortalece a Pinedo y, por extensión, a la rancia oligarquía de este país.

Leopoldo Moreau en Unidad Ciudadana, simplemente porque no se trata de elegir entre Cristina y la virgen María. Se trata de elegir entre Cristina y Héctor Magnetto, con todo lo que Héctor Magnetto representa en términos de corporaciones y maldad contra los pueblos. La contradicción entre radicales y peronistas, como La referencia es a Federico se ve, ya era vieja en los Pinedo, un gorila de los malos. tiempos de Scalabrini Ortiz, Pinedo es el abuelo del pero sigue instalada en actual gorilazo homónimo la conciencia de muchos que milita hoy en las filas argentinos como si fuera del neoliberalismo PRO y fue real y actual. Pero no presidente por algunas horas existe contradicción entre en aquel 9 de diciembre de partidos políticos en un 2015, cuando destituyeron a mundo dominado por el Cristina de hecho mediante poder del dinero que utilizar un golpe judicial. el Estado como escribanía Es necesario volver hoy para realizar el saqueo, sin a Raúl Scalabrini Ortiz y importar el color que en profundizar en el estudio de teoría esté gobernando. su obra, puesto que pocos La contradicción es entre argentinos la tuvieron pueblos y corporaciones, tan clara como él. No es ayer, hoy y siempre. Y Raúl descabellado decir que, si Scalabrini Ortiz lo supo antes Scalabrini viviera, militaría con que nadie.

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CONTENIDO EXCLUSIVO

SOCIEDAD Y ESTADO

El macrismo y la Doctrina Chocobar: un retroceso de cuatro siglos “La era del orden es el imperio de las ficciones, pues no hay poder capaz de fundar el orden con la sola represión de los cuerpos con los cuerpos. Se necesitan fuerzas ficticias”. Paul Valéry. BRANCO

TROIANO

¿

Cómo es posible significar la realidad como un retroceso de cuatro siglos en materia de Justicia? Desde su primer día en el poder, Cambiemos comenzó a desplegar una estrategia

comunicacional que atiende y satisface a un vasto sector de la población argentina que puja por la mano dura. Este monstruo de dos cabezas tuvo su consagración el día que el presidente de la Nación recibió, en carácter de mártir, a Luis Chocobar, policía procesado por homicidio con exceso en la legítima

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defensa luego de asesinar por la espalda a un joven de dieciocho años. Para entender el fenómeno debemos remontarnos a la mitad del siglo XVII, momento en que los Estados occidentales dieron un viraje en sus bases para intervenir de manera directa en el espacio social. Una de las principales


misiones del individuo de francés habla de las ficciode Santiago Maldonado, aquella época era adquirir, nes, quiere dar a entender Rafael Nahuel y Facundo defender o acrecentar el que el Estado narra; y narra Burgos, sin mayores inconvepapel social que la comua partir de comprender a la nientes. Y lo hizo bajo una nidad podía tolerar. Las sociedad como una trama siniestra faceta de la duda. posibilidades de actuar de relatos, una red de hisLa duda como garantía de consistían en ganar la apro- torias entrecruzadas que impunidad; la duda que bación, la envidia o, por lo circulan entre las personas. relativiza hechos y desfigumenos, la tolerancia de la El Estado es el que centrara contextos. La duda que, opinión pública gracias a liza esas historias y cuenta en fin, deja de ser duda y la apariencia; es decir, al la realidad. La otra pata de expresa como verdad abhonor. Conservar o defenesta praxis es la represión, y soluta la palabra de quien der el honor era mantener el ya hubo sobradas muestras tiró, de quien mató. Con prestigio. de que no habrá reparo. solo exponer algunas de las Ahora bien, desde el reiHay imágenes que alcantapas de diarios del Grupo nado de Luis XIII, el Estado zan para definir un proceso Clarín respecto del caso pasó a tomar en cuenta entero. En el conflicto de Maldonado, alcanza. “Entre tanto como pudo el conMedio Oriente, por ejemplo, Ríos: investigan a si un catrol de la apariencia, y su es la imagen de un niño mionero levantó en la ruta a cambio estructural de mayor impacto fue la prohibición de los duelos a muerte. Esta decisión trajo consigo un proceso de re-concientización tanto de los ciudadanos como de las fuerzas represivas. Cuatro siglos después, el gobierno argentino aplaude y pondera la figura de la bala fácil agasajando a quienes matan por la espalda y ascenEl apretón de manos entre el presidente Mauricio Macri y el policía procediendo a quienes sado por homicidio Luis Chocobar constituye un hito en la postura del Estapersiguen y ahodo argentino respecto a la cuestión del “gatillo fácil”. gan. Es ostensible la nula formación ciudadana y palestino tirándole una pie- Santiago Maldonado”; “Una dra a un tanque de guerra pareja declaró que llevó cívica de la policía argenisraelí. Aquí, en la Argentina en su camioneta a un joven tina. Entonces bien, ¿somos de Macri, también la hubo, igual a Santiago Maldonaconscientes del efecto dey fue la de los dos policías do el 22 de agosto”; “Según vastador que puede traer riendo mientras le apunun jefe policial, varios vecila imagen del presidente taban a un anciano que nos vieron al joven que pode la Nación recibiendo caminaba por la vereda. dría ser Maldonado”; “Hay con abrazos y sonrisas a El macrismo se vio obligaun barrio en Gualeguaychú un miembro de la fuerza que persiguió y mató por la do a narrar, el aparato que en donde todos se parecen espalda? piensa el ecuatoriano Durán a Santiago”; “Caso MaldoPara continuar, cabe reto- Barba tuvo que jugar fuerte. nado: dos médicas habrían mar la idea de Paul Valéry. Y así lo hizo con las muertes atendido a un herido horas Cuando el escritor y filósofo

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después del ataque a un puesto”; “La foto de un joven parecido a Maldonado, eje de otra controversia en El Bolsón”; “Caso Maldonado: una nueva versión apunta a que estaría en Chile”; “Elisa Carrió: ‘Si la hipótesis de la desaparición de Maldonado fuese una invención kirchnerista, sería perverso’”; “Elisa Carrió: ‘Hay 20% de probabilidades de que Maldonado esté en Chile con la RAM’”. Por otra parte, la ficción oficialista también se encargó de revisitar la historia más trágica del país. Cuestionar las cifras de la última dictadura cívico-militar-mediática no supone una discusión sobre los números exactos, no se trata de confirmar las treinta mil desapariciones, ni las tantas aberraciones que se lleva-

ron a cabo, sino de trastocar la idea de base para volver a traer fantasmas a la batalla dialéctica que ya parecían relegados. Es una provocación clara. Como bien dijo el escritor Martín Kohan, “la discusión no es entre ocho mil casos probados y treinta mil no probados. A mi criterio, lo que la cifra de treinta mil expresa es que no hay pruebas porque la represión era clandestina”. Es decir, el que niegue o ponga en duda la cifra de treinta mil, niega o pone en duda la represión clandestina. Es evidente que el gobierno no está interesado en calmar las inquietudes ciudadanas. Busca, en verdad, paliar —sea como fuere— la ansiedad provocada por la incertidumbre del futuro y por la ubicua e interminable

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sensación de inseguridad, siempre y cuando las raíces de esa inseguridad puedan hallarse en ámbitos que faciliten demostraciones de fuerza de sus ministros, como muestra cada conferencia de Patricia Bullrich ante los sucesivos “golpes al narcotráfico”. En fin, a esta altura el retroceso es claro. La idea primaria de Estado como garante de justicia dejó de existir. Y en ese contexto, claro está, la matriz del macrismo no es ni la de Marcos Peña, ni la de María Eugenia Vidal, ni la del mismo Macri: la matriz del macrismo es el “un día, un pibe preso” de Esteban Bullrich. “Un día, un pibe preso”. Y, por qué no, un día, un pibe muerto.


CONTENIDO EXCLUSIVO

EL PERSONAJE DEL MES

El cacerolero judicial C onviene no burlarse: estos desgraciados tienen síndrome de abstinencia y son altamente peligrosos. Al momento de cerrar esta edición, se realizaba en Capital Federal la llamada “Marcha de la transparencia y la eficacia”, que congregó a algunos miles de ciudadanos bien entrados en años y teóricamente muy preocupados por la falta de transparencia y la ineficiencia del Poder Judicial en nuestro país. Pero lo que pasó allí, en realidad, fue otra cosa. Se trató de una manifestación organizada

por el neoliberalismo reinante con dos objetivos. El primero y más obvio es presionar a los jueces y fiscales que todavía estén dubitativos sobre lo que el poder fáctico de tipo económico espera de ellos, que es una feroz persecución y cacería a los dirigentes de la oposición al estilo de lo que sucede en Brasil. Pero lo interesante aquí es el segundo objetivo de la convocatoria: el poderoso sabe que sus títeres están chiflados y necesitan nutrirse de odio para mantener la fe. Aquí están los caceroleros de siempre, pero ya sin

objeto para canalizar su odio de clase, puesto que el gobierno popular ya no existe. Entonces se organiza esta manifestación para que puedan salir a vomitar el veneno acumulado y a dar vergüenza en público, lo que para ellos es un estilo de vida. El cacerolero judicial es el cacerolero de siempre, pero sin la “yegua chorra” para hacer catarsis y descargar tensiones. El poderoso lo sabe y atiende la demanda rápidamente. No, no conviene burlarse, porque son peligrosos y están gobernando.

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INFORME ESPECIAL

CONTENIDO EXCLUSIVO

El padre de los pueblos

ERICO

VALADARES

L

a región nordeste es históricamente la más atrasada de Brasil. Dominada en gran parte de su territorio de 1,5 millones de kilómetros cuadrados por un clima semiárido que es prácticamente incompatible con la vida, en esa vasta región las largas sequías fueron un problema central hasta la concreción del

proyecto de transposición del Río San Francisco. La obra es monumental y consta de cientos de kilómetros de canales de irrigación construidos en hormigón sólido y ya representa, a poco de ser inaugurada, beneficio real para unos 12 millones de habitantes de la región nordeste de Brasil. Dicha obra, el milagro de la transposición del Río San Francisco, existió como proyecto en Brasil desde 1847, pero únicamente pudo ser realizada durante

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el gobierno de Luis Inácio da Silva, más conocido local y mundialmente por el sobrenombre “Lula”, o el entrañable Lula da Silva. Mientras la transposición del Río San Francisco no pasó de un proyecto cajoneado por gobiernos a los que poco les importaba la suerte de los miserables de la región nordeste, millones de esos miserables murieron de hambre, de sed y de enfermedades derivadas de la falta de agua; otros tantos tuvieron


que migrar como refugiados en condiciones precarias hacia las demás regiones del país en búsqueda de mejor suerte, principalmente al sudeste industrializado. Entre estos últimos está Lula. Lula da Silva tenía siete años de edad en 1952, cuando su familia logró eludir la miseria y la muerte en Caetés, Pernambuco, y dirigirse a Sao Paulo en un viaje que duró 13 días y se hizo sobre la caja de un viejo camión por caminos improvisados. De

acuerdo con el mapa vial de hoy —considerando las rutas ya construidas y debidamente asfaltadas— los 2.900 kilómetros de distancia que hay entre Caetés y Sao Paulo pueden recorrerse en alrededor de 40 horas, cómodamente y en automóvil. Pero en 1952 las cosas eran muy distintas y el viaje de Lula con su madre y sus hermanos abandonados por el padre debió haber sido infernal. Lula llegó por fin a Sao Paulo y pronto tuvo que salir

a trabajar, aun siendo un pibito de tan solo siete años de edad. Vendió naranjas en el muelle, lustró botas y fue cadete, hasta llegar a ser tornero mecánico en una fábrica de bulones, ya siendo un adolescente de 16 años. En esa fábrica Lula tuvo el accidente en el que perdió su dedo meñique, aplastado por una máquina. Tras esperar varias horas hasta que el dueño de la fábrica se hiciera cargo del siniestro, Lula finalmente recibió atención médica.

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ABC paulista —así conocido por las iniciales de los santos patronos de los municipios de Santo André, Sao Bernardo do Campo y Sao Caetano do Sul— están establecidas las principales fábricas de automóviles como Mercedes Benz, Volkswagen, Ford y General Motors/ Chevrolet, entre otras. Como es de suponerse, la concentración industrial se traduce en Lula, en su etapa de conducción del densidad de Sindicato de Obreros Metalúrgicos del ABC. población y lógicamente también en muchos obreros todos el dedo meñique de Lula. Y juntos y comunicados. En se justificó preguntándose: “¿Para qué va a necesitar los términos marxistas, ese es diez dedos un peoncito?”. De allí Lula se fue a trabajar a otra fábrica, pero no duró más que seis meses en el nuevo empleo: lo despidieron por negarse a trabajar los sábados y por intentar organizar a sus compañeros para resistir a ese intento de explotación del trabajo por el capital. Empezaba a formarse la personalidad combativa del referente sindical que poco tiempo después llegaría ser jefe y máximo exponente del más importante sindicato de obreros metalúrgicos de Sao Paulo, justo en el epicentro de la siempre incipiente industria latinoamericana. En 1982, Lula fue candidato al Después de un breve y no muy esmerado examen de la lesión, el médico interviniente optó por la solución más extrema que era amputar

Compañeros: la lucha continúa La región metropolitana de Sao Paulo es la cuna de la industria automotriz de Brasil. Allí, en el llamado

evidente que existe entre la riqueza de los industriales y la pobreza de los obreros. En esas condiciones llegó Lula al Sindicato de Obreros Metalúrgicos del ABC en 1968, por iniciativa de su hermano, que era militante sindical y también del Partido Comunista. Lula llegaría luego a liderar el sindicato y, desde allí, promover la agitación de los trabajadores por mejores salarios y condiciones de trabajo en plena dictadura de Brasil. En 1980, Lula fue detenido, cesanteado como dirigente sindical por el gobierno de facto y procesado en la Ley de Seguridad Nacional de la época, que penaba con cárcel el delito de “incitación al desorden colectivo”. Pese a que fue condenado a tres años y seis meses de detención por un tribunal militar, Lula estuvo

gobierno de Sao Paulo por el recientemente fundado Partido de los Trabajadores

el escenario ideal para la organización de los trabajadores alrededor de una conciencia de clase forjada en el contraste

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efectivamente detenido por 31 días en el entonces Departamento de Orden Político y Social (DOPS), la policía ideológica de la


dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. Ya en 1982 pudo ser candidato a gobernador del estado federado de Sao Paulo en las primeras elecciones —realizadas aún bajo la tutela de los militares a nivel nacional, pero ya en plena transición hacia la apertura democrática— desde el inicio del régimen. Lula fue evidentemente derrotado con su recientemente fundado Partido de los Trabajadores (PT), agrupación de orientación socialista y popular conformada por intelectuales gramscianos, trabajadores organizados, movimientos sociales y curas militantes de la Teología de la Liberación. Pese a la derrota y el cuarto lugar en esas elecciones, los casi 11% de los votos obtenidos por Lula y el PT significaban un buen augurio para lo que vendría. Tras el fin de la dictadura, Lula fue electo diputado nacional por el PT de Sao Paulo con la mayor cantidad de votos jamás obtenida hasta ese momento. En un sistema que elige a sus legisladores nominalmente y no por listas como en Argentina, los casi 700.000 votos obtenidos por Lula en soledad en esas elecciones representaban el nacimiento de un fenómeno de popularidad que haría historia en la política de toda América Latina. Desde su escaño en Diputados, Lula fue partícipe de la Constituyente que dotó a Brasil de una nueva Constitución democrática, superando las leyes de la dictadura, y luchó por la limitación del derecho a la propiedad privada, por el establecimiento de la jornada laboral de 40

horas semanales para todos, por la estatización integral del sistema financiero, por la reforma agraria y hasta por el cese de relaciones diplomáticas con países gobernados por dictaduras fascistas o de segregación

el Este no eran favorables a un candidato cuya ideología era claramente socialista y cuyo color dominante era el rojo de los trabajadores. Además, Lula se vio perjudicado escandalosamente por el

racial, como Sudáfrica. Lula fue claramente derrotado en casi todas esas luchas, pero nunca bajó las banderas. Su labor en la Cámara de Diputados le daba la proyección que necesitaba para soñar con el objetivo primario.

monopolio mediático del Grupo Globo, que emitió en el prime-time de su principal canal de televisión una versión editada del debate presidencial en la que se veía a un Lula desmejorado siendo vapuleado por un Fernando Collor de Mello que tenía todas las de ganar. Toda la derecha se agrupó tras Collor de Mello, el resultado estaba cantado y el neoliberalismo impuso su candidato y proyecto de país en 1989, proyecto que se mantendría en el gobierno del Estado —con sobresaltos, como el juicio político al propio Collor de Mello por escándalos de corrupción, ya en 1992— hasta el año 2002. Después de ser nuevamente derrotado en las elecciones de 1994 y 1998, pero sin perder la coherencia jamás, Lula finalmente triunfó en las elecciones de 2002, con el PT en alianza con el Partido Comunista Brasilero (PCB), el Partido Comunista de Brasil

Hay que saber perder para ganar Recién en 1989, cuatro años después de finalizada la dictadura, Brasil pudo realizar las primeras elecciones directas en las que el pueblo podría elegir su nuevo presidente. En un escenario de atomización absoluta, 22 partidos presentaron candidatos propios y prácticamente no se formaron frentes ni alianzas de relevancia. Lula fue candidato y llegó al ballotage, pero la coyuntura internacional que era de caída del Muro de Berlín e inminente desintegración del bloque socialista en

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(PCdoB) y dos partidos más. Era el corolario de 35 años de lucha y abnegación desde la militancia inicial en el Sindicato de Obreros Metalúrgicos, pasando por la fundación y desarrollo del Partido de los Trabajadores hasta llegar a tres candidaturas frustradas a la presidencia de la Nación. Brasil tenía por primera vez en su historia un presidente obrero, líder sindical y sin educación formal. Empezaba la insólita transformación de unos de los países más extensos, populosos y desiguales del mundo, que culminaría en la ubicación de Brasil como quinta mayor economía del planeta, con una movilidad social inimaginable y 45 millones de personas abandonando la miseria y obteniendo la dignidad. Pero para eso faltaban todavía ocho años. La lucha estaba por empezar.

Los años más felices El triunfo en las elecciones de 2002 fue en el ballotage o segunda vuelta electoral, con impresionantes 61,27%.

Pero no vaya a creer el atento lector que no mereció ganar ya en primera vuelta: la ley electoral de Brasil pone la vara mucho más alta que en Argentina, por ejemplo, para evitar el ballotage. Allí, para ganar en primera vuelta un candidato debe obtener el 50% de los votos válidos más uno, sin importar cuánto haya obtenido el segundo más votado. Si rigiera allí una ley similar a la de Argentina, donde con el 40% de los votos válidos y 10 puntos de ventaja sobre el segundo mejor ubicado ya son suficientes, Lula habría arrasado ya en primera vuelta, pues obtuvo el 46,44%, con mucha ventaja sobre el candidato de la derecha neoliberal gobernante, José Serra, que logró apenas el 23%. Además, Lula ganó en 24 de los 27 estados federados —lo equivalente a nuestras provincias— en primera vuelta y en todos menos uno (justamente en Alagoas, uno de los más insignificantes en términos de colegio electoral y reducto histórico de la derecha; Fernando Collor de

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Mello es el caudillo allí) en segunda vuelta. Sea como fuere, Lula se convirtió en el tercer presidente con más votos en todo el mundo: la marca de casi 53 millones de electores solo es superada por Ronald Reagan y por George W. Bush, y solo porque los Estados Unidos tienen una población de alrededor de 300 millones de habitantes, ya que los porcentajes tanto de Reagan como de Bush son inferiores a los obtenidos por Lula. A partir de tan expresivo triunfo, el Partido de los Trabajadores y Lula empezaron un proceso de transformación de las estructuras jamás visto en Brasil y únicamente verificado en Bolivia y en Venezuela con Evo Morales y Hugo Chávez. Con el gobierno de los trabajadores, Brasil experimentó a la par un crecimiento histórico de su PBI, un desendeudamiento del orden de 168 mil millones de dólares y una redistribución de la riqueza que, en el país más desigual de América Latina y uno de los más desiguales del


mundo, es monumental. En términos de producto bruto interno, el crecimiento promedio de la economía fue del 4,5% promedio anual, con un auge del 7,53% en el último año de gobierno; durante el ciclo neoliberal anterior (1994/2002), ese promedio había sido del 2,4%, pese a las supuestas excelentes relaciones de Fernando Henrique Cardoso con los inversionistas extranjeros. A la par del crecimiento acelerado, y también a contramano de lo hecho por los antecesores neoliberales, el gobierno Lula trajo la igualdad y la justicia social mediante la implementación de políticas sociales destinadas a rescatar de la más absoluta miseria a vastos sectores de la sociedad brasilera. Multitudes de excluidos pudieron acceder a “privilegios” tan elementales como alimentación diaria, vivienda digna, medicamentos sin cargo, jubilaciones, asignaciones universales y familiares, nutrición escolar y muchos otros que posibilitaron el “milagro” de ascender a 45 millones de individuos que no tenían por hábito el comer todos los días al consumo de bienes y servicios antes exclusivos de una pequeñísima parte de los trabajadores caracterizada como “clase media”. “En mi gobierno”, suele decir el mismo Lula. “Los pobres empezaron a comprar heladeras, televisores, aparatos de aire acondicionado; el pobre empezó a viajar en avión, a tener televisión por cable, a hacerse atender en las clínicas y en los hospitales con dignidad”. Y es rigurosamente cierto: el

crecimiento acelerado de la economía combinado con el desendeudamiento —menos dinero destinado al pago de intereses y menos injerencia del Fondo Monetario Internacional en la política económica del país— y la aplicación de políticas sociales orientadas a la igualdad y a la justicia produjo una explosión de consumo entre las clases populares antes relegadas, lo que terminó finalmente potenciando aun más el crecimiento económico con la expansión inusitada del mercado interno. Lo que hizo Lula en ocho años fue una apoteótica aplicación de la teoría keynesiana a gran escala, fue la inyección de dinero en la base de la pirámide que movió hacia delante todo el sistema y propició que los brasileros vivieran sus años más felices.

mientras, a la par y por otra parte, hace la justicia social efectiva repartiendo la riqueza entre las clases populares sin descuidar el crecimiento de la economía. Pero tampoco faltó en esos días más felices la soberanía política efectiva. La elevación de Brasil al rango de quinta mayor economía del mundo y la liberación de las garras de los acreedores extranjeros le permitieron a Lula empezar a romper los lazos que unían al país a las potencias occidentales —fundamentalmente a los Estados Unidos de Norteamérica— en una relación de sumisión semicolonial. Atento a la máxima de Perón sobre la geopolítica como verdadera política, Lula tejió aquí y allí los acuerdos que pusieron a Brasil en el mapa de las potencias emergentes junto

En eso también se asemejan el gobierno popular de Lula y los gobiernos populares peronistas, en la obtención de una independencia económica efectiva mediante el desendeudamiento que aleja a los FMI y a los demás “organismos multilaterales” de dominación imperialista

a Rusia, India y China, países con los que conformó el BRICS (que también incluye a Sudáfrica), una alianza de tipo sur-sur que representa una enorme amenaza a la hegemonía de las corporaciones occidentales sobre la economía mundial. Mientras los gobiernos anteriores cuidaban el

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mantenimiento del statu quo semicolonial en patéticas relaciones de servilismo respecto a Washington y a Wall Street, Lula optó por ir a contramano y fue a asociarse con países que, como Brasil, luchan por sus propias liberaciones nacionales y por el establecimiento de un orden mundial multipolar. Soberanía política y, como decíamos, independencia económica y justicia social. Todo a la misma vez y en tan solo ocho años de gobierno. No es casual que Lula haya entregado la banda presidencial y bajado al llano con el 80% de aprobación popular en el año 2010: ocho de cada diez brasileros tenían conciencia de haber vivido un milagro, o de haber vivido los ocho años más felices de sus vidas.

cabeza y pretender que su país fuera independiente, justo y soberano. El imperialismo occidental no perdona y mucho menos está dispuesto a permitir secuelas de gobiernos populares transformadores de la realidad. Ya durante los primeros años del mandato de la sucesora de Lula, la presidenta Dilma Rousseff, empezaron a brotar los escándalos de “corrupción” por doquier. El objetivo era claro: desestabilizar y destruir el gobierno de Dilma, y luego establecer un nuevo gobierno neoliberal que pusiera al país otra vez en la órbita del imperialismo. Con mucha pirotecnia en los medios de difusión y la complicidad de policías y jueces, el Departamento de Estado coordinó desde Washington una campaña feroz de desprestigio que culminó con un golpe

El imperio contraataca

institucional y una Dilma Rousseff depuesta en 2016 sin que —nótese bien el detalle— pesara en su contra ni una sola acusación del delito de corrupción. Si bien el poder fáctico azuzó el odio de la población y manipuló la opinión

Al igual que todos los líderes populares en los países emergentes y en desarrollo que propician días felices a sus pueblos, Lula habría de pagar bien caro el atrevimiento de levantar

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pública con el discurso “honestista”, Dilma fue depuesta tras un show de horrores protagonizado por diputados payasos y por el terrible e imperdonable crimen de haber dispuesto que se demorara la entrega de partidas presupuestarias a los bancos estatales, dirigiendo ese dinero a cubrir políticas sociales y pagándoles a los bancos meses más tarde. En una palabra, Dilma fue derrocada por priorizar la atención al pueblo sobre los bancos y ni siquiera por no haber pagado el déficit, puesto que los bancos también terminaron cobrando. Y no obstante el atento lector podrá hacer la prueba y preguntarles hoy a diez brasileros acerca de las razones por las que Dilma Rousseff fue destituida en un juicio político y verá que nueve —sino directamente los diez— dirán que fue por “corrupción”. Así es como el poder fáctico de las corporaciones instaló en Brasilia a Michel Temer, el presidente de facto encargado de revertir todo lo hecho por Lula y Dilma y destruir las conquistas de los trabajadores en los 14 años de gobierno popular. Temer está cumpliendo con creces hasta el momento, pero no puede durar: el poder sabe que deben realizarse elecciones este año y necesita evitar a como dé lugar el triunfo de un Lula demasiado favorito en todas las encuestas. Si Lula es candidato, arrasa. Y si arrasa, Brasil vuelve a la senda de la justicia social, independencia económica y soberanía política de la que jamás debió apartarse. Con Lula presidente vuelven los días felices para los pueblos en Brasil, y eso las


contratos de empresas constructoras con la estatal petrolera Petrobras. Moro no tiene ninguna prueba de Más “corrupción” que eso sea así y más bien invisible está claro que Lula jamás ni siquiera pasó una noche en Dilma Rousseff, como ya el inmueble cuya propiedad sabemos, fue depuesta por le atribuyen. Se trata de una delitos que no cometió y clara persecución política el sentido común en Brasil con fines de proscripción podría jurar que fue por que cuenta con la corrupción. Al fin y al cabo, es una cosa consuetudinaria: complicidad de los medios de difusión, de dirigentes “¿Qué político no roba?”. Y así, con el sentido común colonizado en la zoncera de “todos los políticos son chorros”, el poder procede con la destrucción de Lula y con el alejamiento del peligro que supone otro ciclo de gobierno de los pueblos. Entonces Lula tiene que estar preso, proscrito y derrotado. No se puede presentar a elecciones. Pero para ello hace falta un motivo, porque las dictaduras del siglo XXI no son sinceras como las del pasado. El problema es que no existe evidencia de que políticos de la derecha y Lula, al igual que Dilma, hasta de los miembros de la haya sido corrupto. Menudo Suprema Corte de Justicia, problema: ¿Cómo acusar que se preguntan de todo a alguien de un delito que menos por el absurdo de no cometió y que, por lo que alguien esté preso sin tanto, no puede probarse? que nadie pueda demostrar La respuesta tiene que estar que sea culpable de en quienes definen qué es haber cometido cualquier delito y qué pruebas son delito. Brasil ya es el chiste necesarias para demostrarlo. fácil en todos los países La historia de cómo más o menos serios del Lula terminó preso es bien mundo, es decir, en aquellos conocida y está en pleno con un poco menos de desarrollo. Según el juez concentración mediática, de primera instancia Sergio y el escándalo ya tiene Moro, Lula sería propietario proporciones internacionales. de un inmueble en Sao Mientras tanto, por lo menos al momento de cerrar esta Paulo y habría recibido esa edición, Lula sigue preso e propiedad como prebenda impedido de postularse a para facilitar la firma de corporaciones no pueden permitir que pase.

las elecciones de octubre. Sergio Moro sigue siendo juez y sigue teniendo en sus manos la causa. Miles de brasileros siguen acampados frente a la sede de la Policía Federal en Curitiba, que es donde tienen encarcelado a aquel pibito que enfrentó 13 días de viaje en la caja de un camión destartalado hasta Sao Paulo y que trabajó desde los siete años de edad hasta convertirse

en el presidente que más dignidad proporcionó a 200 millones de brasileros. Brasil ya no respira: el futuro yace bajo la pluma de un juez al servicio de poderes muy oscuros, pero Lula, el individuo Lula está tranquilo, porque ya está cumplido. Lula hizo lo que debió hacer, jamás tuvo miedo. No temió las cárceles de las dictaduras de otrora ni teme las cárceles de la dictadura del presente. No teme ni siquiera a la muerte. Lula no tiene miedos, salvo uno. Y no es el miedo a la perversidad de los malos —como diría Martin Luther King—, sino a la indiferencia de los buenos.

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CONTENIDO EXCLUSIVO

ESTRATEGIA POLITICA

Las redes sociales y los trolls: una cuestión de ocupar espacios

En la guerra mediática por la imposición de un relato normalizador del saqueo neoliberal, el gobierno de las corporaciones (y también las corporaciones) ponen toda la carne al asador e invierten en las redes sociales para manipular la opinión pública.

U

na de las reglas no escritas del juego político como disputa por el poder sobre la sociedad en el Estado es el ocupar todos los espacios, incluso aquellos que un momento dado parezcan más bien irrelevantes o de poco valor. Las clases dominantes, que

conocen las reglas y suelen jugar muy bien el juego, lo saben. Y así es como su representación en la política, que es la derecha, ocupa rápidamente todos los espacios que el campo de los pueblos deja sin ocupar, ya sea por desidia o falta de recursos para hacerlo.

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Lo cierto es que los ricos no dejan nada librado al azar y mientras los pueblos seguimos ponderando la importancia de ciertos instrumentos, la derecha avanza en lo que mejor sabe hacer en este siglo XXI: comunicar para mentir. Si bien es cierto que las


corporaciones ya poseen la casi totalidad de los medios de difusión en los tiempos que corren, no por ello se duermen en los laureles y siguen ocupando espacios en las nuevas formas de comunicación, como sucede hoy con las redes sociales. Al contar con una superabundancia de recursos, que son virtualmente ilimitados, el poder fáctico de tipo económico no espera la corroboración empírica de que este o aquel método sirve a la transmisión del mensaje. En realidad, lo que el poder hace es invertir en todos los métodos existentes, incluso en los más dudosos y novedosos, y luego comprobar la utilidad de cada uno de ellos sobre la marcha. Si más tarde queda en evidencia la inutilidad de un determinado método de comunicar el mensaje, simplemente se lo descarta y se lo deja de usar, y se pierde la inversión hecha allí hasta ese momento. Claro que esa pérdida de lo que se invierte es lo que menos les preocupa a los ricos, dada la superabundancia de recursos antes dicha. Lo único que importa es ocupar un espacio y, si más tarde ese espacio se revela de mucha importancia —como sucedió con la televisión, por ejemplo—, entonces el espacio ya está ocupado y lo único que debe hacer el poder de allí en más es mantener su posición cómodamente.

Nuevas tecnologías En sus comienzos, la televisión fue una incógnita. Algunos expertos en comunicación de la época

pronosticaban el fracaso, argumentando los altísimos costos de operación. Al fin y al cabo, la radio ya se encontraba muy bien instalada y era el medio masivo de comunicación por excelencia. Hasta mediados del siglo pasado no había razón para suponer que la radio pronto sería superada por otra tecnología. Pero eso fue lo que sucedió, efectivamente. El poderoso no descansa y se apuró en condicionar el desarrollo de esa nueva tecnología hasta concentrarla casi en su totalidad. Hoy la televisión es el medio de difusión por antonomasia y los canales con licencia para utilizar el espectro radioeléctrico son casi todos de propiedad privada, quedándole a los Estados nacionales en todas partes la operación de canales menores y con muy poca audiencia,

mensaje ideológico de las corporaciones, que hace sesenta o setenta años “madrugaron” y se quedaron con la televisión en monopolio. Otro tanto está ocurriendo en la actualidad con lo que llamamos redes sociales, esos espacios virtuales de socialización cuyos máximos exponentes son hoy Facebook y Twitter, justamente dos empresas con acciones en bolsa, de las que se denominan corporaciones. Estas empresas son fenómenos de la economía, puesto que por sus servidores circula buena parte de la información del mundo sin la necesidad —he aquí el fenómeno propiamente dicho— de que Facebook ni Twitter produzcan contenido: todo lo hacen los usuarios, y a esas corporaciones les toca tan solo concentrar ese contenido, hacerlo

normalmente además con programaciones de baja calidad o con poca relevancia para el telespectador promedio. Prácticamente todo el mensaje que hoy circula en televisión es el

propio, definir quién ve cada cosa en cada momento y, finalmente, vender la información como mejor les parezca. No se registra en toda la historia de la humanidad golpe más genial a la propiedad intelectual

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ajena, ya que el robo de información es a la luz del día y con el consentimiento de las víctimas. Todo esto es posible porque otra vez el poder fáctico de tipo económico “madrugó” y ocupó un espacio. Hoy por hoy, el que quiera expresarse sin poseer un medio de difusión tradicional (una radio, un canal de televisión, un diario de gran circulación), debe necesariamente hacerlo en las redes sociales. Y allí es donde les entrega el contenido que produce a corporaciones como Facebook, Twitter y otras para que hagan de eso un gran negocio en beneficio propio e incluso definan si ese contenido es o no “digno de ser visto” por otros, que es donde empieza el problema en serio.

Yo hablo, tú callas La concentración de los medios de difusión tradicionales es, en la actualidad, un gravísimo

problema para la estabilidad social en casi todos los países. Al concentrar los canales por donde circula la información, lo que las corporaciones realmente concentran es la palabra, es decir, tienen el poder para definir quién se va a enterar de qué y quién no va a enterarse de nada. En una palabra, las corporaciones tienen el poder para decidir quién habla y quién calla. Eso despeja el camino para la manipulación de la opinión pública que va a resultar en un verdadero gobierno desde la pantalla, como había pronosticado a su manera George Orwell en su célebre obra de ficción distópica 1984. Está claro que los propietarios de los medios de difusión, que son esas corporaciones, que es el poder fáctico de tipo económico a escala global, jamás permitirían que por esos medios circule información que sea perjudicial a sus intereses particulares, sino todo

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lo contrario. Lo que las corporaciones hacen hoy con los medios de difusión (sobre todo con la televisión) es difundir la ideología que mejor se ajusta a esos intereses. Y como estos son diametralmente opuestos a los intereses colectivos, los intereses de la sociedad en su conjunto, la estabilidad política y social de las naciones se ve hoy fuertemente condicionada por el negocio de las corporaciones. Podría decirse, sin sonar orwelliano, que somos gobernados por el poder del dinero corporativo y no por los dirigentes que elegimos cada dos, cuatro o seis años por el voto en esto que insistimos llamar simplemente “democracia”. El problema de la concentración naturalmente se traslada a las redes sociales. Facebook, Twitter y demás empresas tienen ya los recursos tecnológicos suficientes no solo para ordenar, clasificar, distribuir y comercializar como mejor


les convenga la información que los de a pie producimos y volcamos todos los días en las redes: tienen también la capacidad de definir qué va a difundirse y qué va a silenciarse. La ilusión de que las redes sociales son un territorio libre de manipulación mediática está desvaneciéndose a medida que comprendemos cómo las grandes corporaciones manipulan la realidad mediante la proyección de un recorte que hacen a partir del todo. En otras palabras, vamos viendo cómo una red social como Facebook podría, de la noche a la mañana, eliminar todo el contenido que considerara nocivo a sus intereses, cosa que efectivamente hace y suele colocar en la categoría de “inapropiado según las normas comunitarias”. En principio, esa censura basada en las “normas comunitarias” es aplicada a los contenidos que incluyen violencia u ofensas a la moral (Facebook, como el estadounidense promedio, es ultra conservador), a esas cosas que son molestas de ver y que podrían “piantar” gente. De manera muy sensata, Facebook intenta preservar un ambiente cómodo para sus usuarios, justamente para que quieran seguir conectados y no se les ocurra ir a sentarse en un café a charlar con sus amigos o hacer una de esas actividades al aire libre que ya parecen pasadas de moda. Esa política de censura de contenidos es perfectamente comprensible si miramos la cosa desde la óptica del negocio. Facebook no quiere que nadie se sienta incómodo en Facebook y destierra las fotos y los videos

sangrientos, los pezones y hasta los lactantes en pleno acto de lactancia, entre otras cosas que para el moralismo yanqui no deben ser vistas públicamente. Pero hay mucho más. No conocemos aún la extensión del daño en lo que se refiere a la censura de contenidos con ideología política contraria a los intereses particulares de las corporaciones, pero es lícito suponer que, en posesión de los medios tecnológicos necesarios para ordenar y clasificar automáticamente la información según las famosas palabras clave, Facebook puede empezar —si es que ya no lo hizo— a “filtrar” la información y a impedir que llegue a destino

concluirse de todo esto es que el haber “madrugado” y ocupado todos los espacios en las redes sociales le está rindiendo muy buenos frutos al poder fáctico de tipo económico. Si bien es dudoso que la televisión haya sido ya superada por las redes sociales, lo cierto es muy pronto lo será y más cierto aún es que nada va a cambiar en sustancia, puesto que las corporaciones seguirán controlándolo todo, como siempre. Todo se reduce, otra vez, a una cuestión de ocupar los espacios. Y los espacios se siguen ocupando en esta batalla interminable. Lo más reciente es la cuestión de los llamados trolls, que está

si eso no fuera conveniente a sus intereses.

tomando una relevancia inesperada a partir de algo que solía pertenecer al subsuelo más profundo de Internet. En los últimos años, el poderoso comprendió la importancia de los trolls en la formación de la opinión, en la colonización del sentido común de cada día. Mientras seguimos mirando la cosa como si se tratara de un bicho raro o de poca monta, la derecha ya invierte una millonada en verdaderos

La ocupación del espacio La cuestión de la censura selectiva y orientada al mensaje cuyo contenido es explícitamente ideológico bien valdría una investigación detallada, un trabajo que claramente excede los límites de este artículo. Lo que sí puede

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call centres orientados a una sola actividad: trollear los comentarios en las redes sociales, pero también en los demás foros de conversación virtual y hasta en los comentarios de los portales de noticias. Al escuchar la palabra troll, el sentido común de los que hemos nacido en el siglo XX hace la imagen de un pibe encerrado con una laptop en su cuarto y, desde allí, provocando gente con sus comentarios estúpidos de púber imberbe. Esa imagen está muy disociada de la realidad, por cierto, ya que los trolls no son púberes y ni siquiera son humanos en un sentido estricto, sino más bien robots programados para

¿Por qué?, se preguntará el atento lector, con nosotros. ¿Por qué los comentarios y por qué eso termina moviendo el amperímetro? Según nuestra teoría, elaborada a partir de muchos años en el oficio de producir contenido y publicarlo exclusivamente en las redes sociales, las publicaciones continúan en los comentarios. Esto es así porque el lector o el consumidor de información promedio en las redes tiene el hábito de “chequear” los comentarios a ver qué dice “la gente” respecto a lo que acaba de ver o leer. Buena parte y quizá toda la opinión que el individuo tendrá sobre un determinado contenido va a formarse a

publicar automáticamente determinado contenido en los comentarios mediante perfiles que no se corresponden con ningún individuo de carne y hueso, es decir, perfiles falsos. El trolleo hoy es una técnica de comunicación muy bien utilizada por la derecha en América Latina y ya empieza a mover el amperímetro en la política.

partir de lo que digan los demás en los comentarios al pie de la nota o del video. La publicación en las redes sociales continúa en los comentarios, he ahí toda la teoría que hemos desarrollado y corroborado en estos años. Las buenas publicaciones, las que tienen más impacto y más “llegada” son aquellas que tienen gran cantidad de

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comentarios. Y la fuerza de persuasión del contenido de dicha publicación va a determinarse por las opiniones de sus comentaristas. Es como la vida misma, pero trasladada a un ambiente virtual, a un espacio que el poderoso ya ocupó. Por lo tanto, lo que para nosotros es una teoría, hace mucho que es la verdad para el poder, que actúa en consecuencia.

El laburo troll Decíamos que los foros de discusión en las redes sociales y en los portales de noticias son como la vida misma, y no se trataba de una expresión retórica. También en la realidad “real” solemos buscar confirmación en la opinión de otros respecto a lo que tenemos delante de nuestros ojos. Los nietzscheanos dirían que un hecho será positivo o negativo según la valoración que haga la mayoría de él, lo que sería otra manera de negar la existencia de los hechos en sí a la moda nihilista. Lo cierto es que si vemos por la calle a una multitud aplaudiendo una barbaridad, lo más probable es que también nos pongamos a aplaudirla y así es la lógica del trolleo en las redes sociales y demás foros. Los ejemplos para ilustrar estas afirmaciones son inagotables. La peor noticia compartida en Facebook, la baja en las jubilaciones, por ejemplo, puede


transformarse en una buena noticia para el sentido común si decenas de trolls instalan en los comentarios la “tremenda injusticia” que supone el haberse jubilado sin aportes previos; un tarifazo en los servicios puede relativizarse si en los comentarios hay muchos repitiendo que “era muy poco lo que se pagaba” o que en el interior del país las tarifas siempre fueron elevadas y no subsidiadas como en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Como el sentido común no posee los elementos ideológicos de referencia para determinar si es bueno o malo lo que recibe como noticia, es entonces susceptible a la opinión de la mayoría “mejor informada” al respecto. Y resulta que esa mayoría no está mejor informada y ni siquiera es mayoría, sino una enorme cantidad de cuentas falsas operadas todas por el mismo individuo desde un call centre y muy bien coordinadas para instalar agenda. Otra función que realizan los trolls de modo muy efectivo es la destrucción de consenso sobre un determinado asunto. Cuando en las redes sociales empieza a formarse la organización alrededor de una idea, el troll es utilizado para “embarrar la cancha” y desviar el eje de la discusión, hacer enojar a quienes participan legítimamente del debate y hacer río revuelto. Con chicanas no relacionadas con lo que se está discutiendo, el troll logra captar la atención y desviarla hacia cualquier lado menos adonde debió realmente ir. El despliegue y la aplicación práctica de la teoría de los trolls y

los comentarios es lo que orienta el trabajo de difusión en nuestros espacios en las redes sociales, sobre todo en Facebook. La Batalla Cultural se ocupa mucho de las respuestas y de perseguir

instrucción a los trolls fue la de meter más confusión. Para evitar que la discusión llegara a lo obvio ululante, que es la total ausencia de pruebas contra Lula da Silva en el juicio que lo condenó

El jefe de gabinete de la Nación, Marcos Peña, señalado por diversas fuentes como el jefe del ejército de trolls que el gobierno neoliberal mantiene para operar en las redes sociales.

a los trolls, de no permitir que causen el daño que es su objetivo en nuestras publicaciones. No hay en el Facebook de Argentina una comunidad más activa en los comentarios que la nuestra y alrededor de la prisión de Lula en Brasil —al igual que en las demás coyunturas similares— esa actividad se intensificó hasta llegar a los niveles más altos. En una palabra, tuvo lugar una invasión troll pocas veces verificada. El poderoso puede hacer muchas cosas, pero no puede hacer cualquier cosa. La comprensión de que la causa armada contra Lula está muy “floja de papeles” y de que los jueces involucrados en dicha farsa tienen los días contados indica que desde los call centre del poder fáctico la

por tener un inmueble que no es ni nunca fue suyo, un departamento donde jamás ni siquiera ha estado, la estrategia de “embarrar la cancha” incluyó acusaciones a los familiares de Lula, todas igualmente falsas, pirotecnia variopinta sobre características personales de Lula y mucho de “son lo mismo”. El comentario más repetido de los robots en las publicaciones sobre Lula fue “ni derecha ni izquierda, pero que vayan presos todos los corruptos”. Sin lugar a dudas, desde un punto de vista racional y equilibrado, nada más justo que exigir el castigo a la corrupción sin importar el color político del corrupto en cuestión. Pero la estrategia troll es sutil y esconde sus verdaderas intenciones: en este caso,

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La propiedad de este hermoso edificio fue atribuida por los trolls al hijo de Lula da Silva, en un intento de desviar la atención del asunto principal mediante la técnica de ensuciar al acusado. Una breve investigación en Google bastó para determinar que se trata de la sede de la Facultad de Agricultura Luiz de Queiroz, de la Universidad de São Paulo. el discurso “honestista” es un subterfugio para tapar aquello que decíamos es lo obvio ululante, y es que no existen pruebas de que Lula haya cometido ningún delito y, por lo tanto, de que puede ponerse en la categoría de “corrupto”. La afirmación moralista convence al lector y este deja de razonar sobre el caso en particular, pasando a las generalizaciones en las que todos los gatos son pardos, todo es lo mismo. Lo que logran los trolls con esto es impedir la comunicación de la verdad y la generación de un consenso en la sociedad acerca de la arbitrariedad de un poder judicial que funciona como partido político y como instrumento del poder fáctico de tipo económico. Lo logran a puro ruido,

logran instalar la percepción que la defensa de Lula no es una defensa de los derechos constitucionales más básicos —como el derecho a un juicio justo e imparcial ante una acusación— y de la normalidad democrática en un sentido más amplio, sino el manotazo de ahogado de un corrupto que fue atrapado y que intenta zafar argumentando su popularidad. Esa es la percepción que logran instalar y que es importante para las corporaciones de una manera general en su proyecto de destrucción de la política, pero también de un modo particular, puesto que el objetivo a mediano plazo es tener la posibilidad de encarcelar también a Cristina Fernández si esta llegara a aparecer como

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favorita en las encuestas en 2019. Hacia allí van los trolls, a convencer de que “los corruptos tienen que estar presos”, aunque no haya pruebas en su contra. En otras palabras, aunque no sean corruptos, porque aquí lo que está en juego no es la honestidad, sino el daño potencial que Lula y Cristina pueden significar para el proyecto político de los ricos. Si de minimizarle los daños a los intereses del poderoso se trata, nada funciona mejor que el ruido y la confusión en el campo del enemigo, que es el campo nacionalpopular. Y de eso saben muchos los operadores de trolls, porque existen precisamente para eso, para sembrar por doquier el ruido y la confusión y ponerse la camiseta del patrón.


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CONTENIDO EXCLUSIVO

OPINIÓN

¿Por qué volver los feminismos populares? Una posición crítica a las disputas separatistas radicales y liberales en el contexto político nacional, reflexiones que parten del escrache de “potencial femicida” del 8 de marzo del presente año. DIANA ALMEIDA

NOBOA

E

ntender el feminismo como inherente a las mujeres y solamente a las mujeres me parece estratégicamente problemático. Difiero enormemente del planteamiento histórico del feminismo separatista radical como representación únicamente de las mujeres,

principalmente porque las jerarquías sexuales se limitan si nos quedamos en los binarios del esquema mujer/ hombre. Las jerarquías sexuales comprendidas desde el binarismo que se plantó como uno de los elementos de la división sexual del trabajo establecieron la familia como mecanismo de control al cuerpo de las mujeres para la producción y reproducción social y

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además crearon las líneas de herencia para mantener la propiedad en manos de los hombres. Los casos en que se trabaja al binarismo como complementariedad, en las posiciones andinas u orientales, se refieren a otro tipo de binarismo que aquí no se está tratando ni cuestionando. La perspectiva de este trabajo retoma, como señalé anteriormente, el binarismo de las jerarquías sexuales


serviles a la conformación del capitalismo. En este sentido, las jerarquías sexuales en las que, por supuesto, históricamente las mujeres pobres han tenido las de perder en dimensiones mucho más significativas no solo han oprimido y explotado a las mujeres y no a todas las mujeres se les ha explotado por igual. Existe una cantidad incontable de sujetos femeninos, feminizados y masculinos subalternos y disidentes que se enfrentan socio-históricamente a una serie de violencias y desigualdades que el sistema capitalista se encarga de perpetuar. Por lo tanto, el feminismo puede ser una política de representación en cuanto suscriba a todos los sujetos que puedan beneficiarse y tener vidas más libres, plenas y dignas a través del mismo. De lo contrario, parafraseando a Judith Butler, la representación se convierte en la norma que valida y define lo que es la categoría de mujeres, que para la teoría feminista y la política feminista ha significado validar quiénes son y quiénes no son sujetos del feminismo, contrariando los planteamientos de los feminismos populares, de la diferencia, comunitarios y demás. En este sentido, lo que planteo es desesencializar el sujeto del feminismo desde la normativa de la categoría mujer, por lo que no encuentro contradicción alguna entre el sujeto masculino y el ejercicio feminista. Si bien la vanguardia feminista son las mujeres, la exclusión del feminismo a compañeros aliados me parece estratégicamente erróneo. Con lo que no resto

importancia a espacios de empoderamiento, autoconsciencia y sororidad separatistas, tanto de femeninos como masculinos. Desde mi lectura de los planteamientos de Butler, es evidente que la política feminista debe integrar a

que van invadiendo los planteamientos más críticos del feminismo, quedando en la superficialidad de “la lucha de las mujeres”. En este sentido, vuelvo a plantear las preocupaciones de las compañeras afros, hispanas, campesinas,

todos los sujetos diversos que suscriban a la lucha por la erradicación de las jerarquías sexuales. Que incluyan las identidades diversas que definitivamente han criticado al sexismo, las jerarquías sexuales, al patriarcado y al capitalismo. Por lo tanto, ¿qué excluye a cualquier mujer u hombre de ser compañera o compañero feminista?

comunistas e indígenas respecto al feminismo blanco-burgués hace décadas: ¿De qué le sirve a la mujer de abajo, a la trabajadora obrera, a la campesina, a la lesbiana, a la marginal, a las mujeres afro, a las mujeres trans, y a los hombres disidentes de la masculinidad hegemónica un feminismo del techo de cristal, un feminismo de las que ya están arriba, un feminismo que no critique la misma base económica clasista que sostiene las jerarquías sexuales? Lamentablemente, la tendencia feminista más reconocida es la liberal blanco-burguesa, que es un feminismo contrarrevolucionario, un reduccionismo de los planteamientos profundamente críticos del feminismo. El feminismo liberal plantea una rebeldía parcial y accesible a unas pocas mujeres bien acomodadas,

Acerca del feminismo liberal Pensando en la magnitud y fuerza que está tomando el movimiento feminista, una astilla de preocupación incomoda mi alegría inicial. Y es que cómo feminista, comunista y anti-especista, mirar cómo va creciendo el esencialismo feminista del que venía conversando, que bien podría asumirse como estratégico en un primer momento, deja que se cuelen nociones

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que ya están en posiciones de poder. Una rebeldía dentro de los esquemas permitidos, que poco o nada ponen en duda los sistemas de explotación elementales, cómo la división internacional del trabajo y la colonización del mundo del mercado a la vida cotidiana. En este sentido, el feminismo que se plantea desde la utopía de la sociedad comunista, libre de jerarquías de clase y sexo —y especie en la lógica industrial capitalista— debe ser el feminismo de la rebeldía total, el que molesta a la normatividad, el feminismo como revolución práctica y teórica. El feminismo ha cambiado la epistemología, la conciencia y la metodología de cómo se estudia la realidad y la historia, evidenciando la triada de la opresión: el capitalismo, el patriarcado y la colonialidad; agrupados, sostenidos y resguardados por los órdenes estatales. Retomando cómo metodología al materialismo histórico, el feminismo revolucionario tiene la tarea

de profundizar las vagas y superficiales nociones que se manejan desde feminismo liberal blanco-burgués. Hacer del movimiento feminista una unidad diversa, que se cuestione no solo las jerarquías sexuales, sino la misma estructura de clases mantenida por el sistema capitalista. Si como feministas no somos capaces de evidenciar y asumir el desarrollo del capitalismo como un proceso de domesticación de las mujeres, un proceso de desposesión de conocimiento, propiedad y relevancia a la figura femenina y un proceso de control de nuestros cuerpos, seremos incapaces de plantear cambios normativos en las estructuras de poder. La acumulación primitiva fue también una acumulación de diferencias y divisiones dentro de la clase trabajadora, en la cual las jerarquías de género, raza y edad se hicieron constitutivas de la dominación de clase. La epistemología feminista evidenció la complejidad del proceso de construcción

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del capitalismo, demostrando que el control de las mujeres no solo constituyó y sigue constituyendo una de las tantas formas de explotación, sino que es la base de la acumulación primitiva. Los trabajos de cuidado desconocidos de salario, la reproducción social y de la fuerza laboral corresponden a la gran capacidad de acumulación de la clase dominante y al mantenimiento del orden en lo cotidiano. ¿Por qué volver los feminismos populares? Bienvenidos los feminismos de la diferencia, los marxistas, los eco-feminismos, los feminismos animalistas, los feminismos de las que somos más, los feminismos que cuestionen profundamente las raíces de la dominación. Esos feminismos con los que un mundo mejor es posible, para todas y todos. La propuesta finalmente plantea un distanciamiento estratégico y político del separatismo radical y del feminismo contrarrevolucionario liberal, para enunciarnos de una vez por todas desde el feminismo popular.


LA MOVIDA RARA DEL ENEMIGO

De camaleones y enemigos

Para confundir al electorado de cara las elecciones del año próximo, el poder prepara un “peronismo democrático” para jugar el papel de falsa oposición al neoliberalismo y restarle votos al proyecto nacional-popular. ROMINA

ROCHA

S

e está gestando por estos días lo que a los medios de difusión les gusta llamar “nueva oposición”, “oposición democrática” o, mejor aún, “peronismo anti kirchnerismo”; se trata del bloque que se está conformando alrededor de Sergio Massa y Miguel Ángel Pichetto para, literalmente, “hacerle frente

al kirchnerismo”. Pero, “¿cómo es esto posible?”, podríamos preguntarnos; “¿la oposición no la tenemos que dirigir al gobierno de Cambiemos?”, cabría agregar. Y las respuestas a estas preguntas, lamentablemente, son muy simples: no hay una determinación del peronismo todo para hacerle frente al gobierno en busca de la defensa de los intereses de las mayorías. Lo que hay, en cambio, es una puja por ver quién se lleva más referentes hacia un bando

u otro y esto es, más cerca o más lejos del gobierno antipopular de Macri. La gravedad de este asunto no radica en que haya diferencias dentro del peronismo ya que siempre las hubo y siempre las habrá; el problema es que de esta forma sólo seguimos en medio de una gran fragmentación de cara a lo que está sucediendo en la Argentina en la actualidad y en vistas de lo que puede suceder en 2019 si no unificamos fuerzas. Porque

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ya lo pudimos comprobar: el enemigo de los pueblos, materializado en la figura del presidente y todo su equipo de gobierno, tiene una estrategia muy audaz para provocar, enfurecer y dividir a quienes le hagan oposición, sea cual fuere el motivo por el que la misma se manifieste. Incluso con

El síndrome del camaleón En este escenario, algo sobre lo que no debemos perder la atención es en los camaleones políticos, es decir, aquellos híbridos indefinidos que a lo largo de su mal llamada “carrera” política han ido de un lado

De acuerdo con el Diario Clarín, Sergio Massa va a someterse a sesiones de fonoaudiología para “endurecer” la voz y ser candidato en 2019. Las encuestas indican que Massa es poco creíble y el tigrense atribuye esa baja credibilidad a su tono de voz. El electorado argentino, como se ve, es muy barato.

los propios hace uso de esta estrategia, ya que si cualquiera comete algún exabrupto que pudiera afectar negativamente la imagen que tienen ante el público en general, buscan la manera de capitalizarlo y transformarlo en algo a su favor, ya sea poniendo en ridículo a quien lo comete para desmerecer sus dichos, o bien usando la bronca que se genera por el exabrupto para crear una cortina de humo sobre la que los medios de difusión trabajen para distraer a los trabajadores de aquello que es realmente importante. Ya lo saben: enojados nos manejan mejor.

al otro, siempre en busca de un espacio desde donde puedan figurar. La política argentina está repleta de estos especímenes, no es novedad y el problema no está ahí estrictamente. De lo que debemos cuidarnos es de no olvidar quién es quién acá, y si nos guiamos por los representantes de esta iniciativa —que se da en respuesta a la cumbre que tuvo lugar en San Luis hace pocas semanas—, no es muy difícil entender que hay mucho por hacer de ahora en más para no perder de vista el horizonte. Para graficar la situación, vamos a tomar lo que está haciendo Sergio Massa en

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vistas de esta “oposición democrática” que quiere conformar con Pichetto: el primero está yendo al fonoaudiólogo para cambiar su manera de expresarse en público ya que, según entendió después de hacer encuestas y asesorarse en cuestiones de imagen, lo que la gente no le cree tiene mucho que ver con su voz casi adolescente y su escasa capacidad de explicarse cuando tiene que hacer política. Entonces ahora lo están coacheando, pero esto no es para que sea mejor político ni mucho menos: es simplemente una cuestión de imagen. Lo que quiere es aparentar que se ha convertido en un mejor político y que, por ende, es un mejor candidato hacia el 2019. Todo apariencia, porque así está operando un sector de la política que poco pretende hacer por los intereses de las mayorías, pero que necesita de sus votos para llegar a ocupar los lugares de privilegio a los que aspiran. Entonces se van manejando a lo largo y ancho de la historia según qué intereses primen para los que detentan el poder; van a conveniencia a ocupar los lugares donde puedan obtener mayores ventajas y ese es su ejercicio de la política en general. La gravedad de todo esto radica en que en medio de la disputa por ver quién es más o menos peronista, o quién es más o menos opositor, quienes queremos de verdad hacer una unidad en el campo popular para hacerle frente a la brutalidad de las políticas del gobierno de turno nos vemos inmersos en un problema serio. En lugar de estar hablando de los proyectos y de las


nos van a llevar a seguir discutiendo las formas y no los contenidos. Si seguimos dándoles motivos para que no escuchen nuestros fundamentos, entonces seguiremos hablándole a sordos que han sido convencidos de que hay una “pesada herencia” y de que por eso hoy estamos como estamos. No podemos seguir alimentando esa falacia, pero tampoco podemos seguir esforzándonos por derrocarla desde los argumentos. Lo que debemos Unión y fuerza, los valores por encima de hacer es demostrar que tenemos la capacidad de todo superarnos a nosotros mismos y de hacer algo mejor hacia ¿Cuál es, entonces, la salida el futuro. a este embrollo? En primer No obstante, es lugar, no debemos permitirnos fundamental el observar las caer en las provocaciones estrategias que utiliza el desde el propio peronismo: gobierno actual en cuanto quienes creen que la a la obtención del consenso: cuestión es si Cristina sí aprendamos de ellos en ese o Cristina no dentro de sentido, que han sabido nuestras propias filas, no hacerse de la comunicación están viendo que lo que debemos acordar, ante todo, como eje de su permanencia y pantalla de su crueldad. es qué tipo de políticas y Podemos aprender y mejorar estrategias debemos llevar incluso, ya que está a la a cabo para acercarnos vista que todos los recursos en todos los ámbitos y comunicacionales son contemplar las necesidades válidos y eficaces, pero que queremos cubrir y sólo serán beneficiosos defender. Los personalismos, si los sabemos utilizar en en esta instancia, sólo soluciones que podemos dar a las problemáticas actuales, debemos estar cuidándonos de que no queden entre los camaleones y los enemigos, que terminan siendo una y la misma cosa. Aquellos que fueron en contra de los intereses de los trabajadores y quienes se mueven de un lado al otro del arco político, son igual de contraproducentes que el enemigo ante el cual estamos parados.

pos de generar una mayor conciencia en nuestros compañeros, en nuestros vecinos y hasta en nuestros propios enemigos. Siempre estarán los que se paren definitivamente en la vereda de enfrente y a ellos, por supuesto, los debemos tener ahí mismo, del otro lado de la vida. Pero a los que están en el medio, o a los que a veces están acá y a veces se quieren ir, a esos no los vamos a convencer a fuerza de recuerdos memorables, sino poniéndoles a la vista que tenemos una manera de solucionar los problemas que la dirección actual de nuestro país ha traído como consecuencia para todo el conjunto social. Debemos simplificar el mensaje: ante el problema, la solución, y que se entienda de una vez por todas que sólo utilizando la política es que vamos a lograr cambios reales y sustanciales en las mayorías, como ya logramos conseguir en otros tiempos y podremos retomar si tenemos en claro quiénes son los camaleones y los enemigos de las clases trabajadoras argentinas. No nos dejemos engañar.

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ESTO ES POCO SERIO POR MORA

Revista Hegemonía Nº. 2 Año I/Abril de 2018  
Revista Hegemonía Nº. 2 Año I/Abril de 2018  
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