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domingo 7 de febrero de 2010

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Bazar electoral: de coaliciones y rentabilidades Todo tipo de coaliciones partidarias, incluidas las consideradas “contra natura” desde un análisis de sus ideologías o discursos, forman parte de la normalidad democrática  del país y abundan en años recientes. 2010-02-07 | Milenio Semanal

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Sinaloa: ¿El valor político de una foto? George W. Grayson El búho americano

Los placeres del cigarro “¿A que no sabías?”, como dice López Obrador. Comúnmente se piensa en Ulises Ruiz Ortiz como un típico gobernador del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Si bien la  percepción corresponde a su identidad y carrera política, en realidad no ganó como  candidato de ese partido, sino como el de la coalición Nueva Fuerza Oaxaqueña, integrada  tanto por el tricolor como por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido  del Trabajo (PT). Se trata de un buen ejemplo de cómo la oferta electoral en la historia  reciente del país ha estado caracterizada tanto por la competencia entre opciones  partidarias como entre coaliciones y candidaturas comunes en las que caben las más  diversas combinaciones.

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Héctor Rivera Multimedia

Las mujeres en el narco Federico Campbell La hora del lobo

Un país a su medida Rogelio Villarreal Otra parte

Todas las canciones del mundo José Luis Martínez S.

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Desde 1999 a la fecha, el PT se ha coaligado al PRI en seis entidades para las elecciones de gobernadores: en 2003 y 2005 (extraordinaria) en Colima; en 2004, en Aguascalientes, Chihuahua, Oaxaca y Zacatecas, así como en 2005 para Guerrero. En todas ellas compitió  contra el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y  Convergencia por la Democracia Partido Político (Convergencia) con candidatos de  procedencia priista y uno panista. La competencia no fue sólo en las elecciones de  gobernador, sino también en las de diputados locales y presidentes municipales.

El santo oficio

El talentoso Mr. Hohenlohe Jairo Calixto Albarrán

Pepe el toro es inocente

Concurso gastronómico Adrián Herrera

Desde los fogones

El PT también formó parte de las coaliciones del tipo —valga la expresión— todos unidos contra el PRI junto con el PAN, el PVEM y el PRD, más los que en cada ocasión se  sumaron. Así fue en las elecciones para gobernador de Nayarit y Coahuila, en 1999;  Chiapas en 2000 y Yucatán en 2001. Los candidatos procedían también del PRI y uno del  PAN, y el fenómeno se reprodujo igual en algunas elecciones de diputados y presidentes  municipales. De modo que el PT ha venido compitiendo históricamente contra los que se supone que  son hoy sus aliados naturales: el PRD y Convergencia: después del PVEM, el partido con el que más coaliciones ha establecido el PRI es precisamente el PT. ¿Entonces el priista Ruiz  representa o promueve los principios revolucionarios que el PT admira de los gobiernos de Corea del Norte, Venezuela o Bolivia? ¿O la moralidad juarista —austera y republicana— que hoy halla indudablemente en Andrés Manuel López Obrador? Recordemos que eran  precisamente los días en que el presidente Vicente Fox alentaba un juicio de desafuero en contra del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal; no obstante, el PRD y Convergencia se aliaron con el PAN para impulsar la candidatura a gobernador de Oaxaca de Gabino Cué, coalición que se registró con el nombre de Todos Somos Oaxaca. La  diferencia a favor de Ruiz fue pequeña, menos de 26 mil 500 votos, que posiblemente los  petistas hubieran podido revertir. Convergencia, por su parte contendió en las elecciones de Quintana Roo, en el mismo año,  en coalición con el PAN y una candidata proveniente del PRI para competir contra las  alianzas PRI-PVEM y PRD-PT. ¿Qué explicación tienen estos comportamientos si se  supone que la identidad partidaria de quienes se presentan como “la izquierda” es incompatible con la de aquellos a los que señalan como “la derecha” y, recientemente, “la oligarquía”? ¿Cabe la posibilidad de que prevalece en las dirigencias de los partidos y los  candidatos el criterio utilitario de costo-beneficio, para decidir con quién aliarse y con  quién no en determinadas ocasiones?

Vicente Fox Quezada. Foto: Archivo

¿RENTABILIDAD vs IDENTIDAD?  Las coaliciones resultan de convenios que firman dos o más partidos entre sí, en los que 

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definen los recursos que aportan y los propósitos que comparten para la campaña a un  puesto de elección popular, se dan un nombre propio distinto al de los que la integran y  registran a un solo candidato con particular plataforma electoral. En cambio, las candidaturas comunes son aquellas en las que dos o más partidos postulan al mismo  individuo. Por ejemplo, José López Portillo fue candidato común de los partidos Popular  Socialista y Auténtico de la Revolución Mexicana, además del PRI, en la elección  presidencial de 1976, a diferencia de Vicente Fox Quesada, quien fue candidato de Alianza por el Cambio, coalición integrada por el PAN y el PVEM. Para los partidos con escasa preferencia electoral (pequeños), las coaliciones constituyen la oportunidad para asegurar su registro, en primer lugar; en segundo, para alcanzar puestos de elección popular o en la función pública (previa negociación) e idealmente para lograr  formar un grupo parlamentario, con el beneficio presupuestario que implica cada caso. Para los partidos con amplia preferencia electoral (grandes), las coaliciones resultan necesarias cuando se espera una elección muy competida, en la que no se tiene la certeza  de ganar la mayoría. En tal caso los pocos votos que aporte el partido aliado (si es  pequeño) pueden ser decisivos. Es también la manera segura en que esos votos no pasen a favor de un adversario. Por ejemplo, Fidel Herrera ganó su elección como gobernador por  menos de un punto porcentual. Él fue en coalición encabezada por el PRI, mientras que su  adversario Gerardo Buganza contendió sólo por el PAN. En tales circunstancias las identidades partidarias pueden suspenderse como punto de conflicto. Por ejemplo, una de las coaliciones más importantes en la historia reciente del  país ha sido la de Alianza por México, que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la  Presidencia de la República en 2000. Entonces el PRD, el PT y Convergencia firmaron su  voluntad de coaligarse al Partido Alianza Social (PAS) —si ha habido en México un partido  de ultraderecha es éste—, nombre con el que los sinarquistas registraron a su pequeña  organización que antaño era el Partido Demócrata Mexicano (PDM); así como con un  partido de nomenclatura hitleriana, el de la Sociedad Nacionalista (PSN), que carecía de  base social alguna.

Manlio Fabio Beltrones. Foto: Claudia Guadarrama

Previamente, el PRD, junto con el PT, se alió electoralmente al PVEM en Tlaxcala (1988),  durante el periodo en que López Obrador fue su presidente nacional. A él mismo le  correspondió negociar la coalición para Nayarit ya referida, con el PAN y el Partido de la  Revolución Socialista en 1999, para impulsar a candidatos que provenían del PRI en  ambos casos. En contextos en los que el partido propio es inferior en preferencia que el del adversario, las coaliciones son atractivas para un objetivo de rentabilidad electoral, puesto que reducen el riesgo de un escenario de suma cero, de sólo ganar o sólo perder, ya que  http://semanal.milenio.com/node/1864

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generalmente garantizan alguna ganancia parcial, mayor o menor: es decir, podrá  perderse en la gubernatura, pero se gana en varios distritos o municipios. Veamos algunos casos más. El priista José Reyes Baeza llegó en 2004 a la gubernatura de  Chihuahua en coalición tanto con el Verde como con el PT, derrotando al panista Javier  Corral y su coalición con el PRD y Convergencia. En la misma elección se eligieron  diputados locales y presidentes municipales con las mismas fórmulas de competencia. En  esta entidad hubo una experiencia similar en las elecciones de 2001, cuando PAN y PRD fueron juntos y con éxito en cuatro municipios. En el caso de Aguascalientes en 2004, el PT formó parte de En Alianza Contigo, que  resultó ganadora en tres de 15 diputaciones y una de 11 presidencias municipales. Con  mucho mayor éxito resultaron las coaliciones que estableció en Chiapas con el PAN y el  PRD el mismo año, al haber triunfado con ellos en 13 distritos y 19 municipios. Las elecciones más recientes siguen dando cuenta de candidaturas comunes. El extinto  Partido Socialdemócrata (PSD) se mostró muy proclive a ellas durante el año pasado; en  Coahuila fue tanto con el PRI como con el PVEM y el Partido Nueva Alianza (Panal) para postular a varios alcaldes. (En la misma, el PAN y el PRD fueron juntos en el municipio fronterizo de Acuña). También en el Estado de México, San Luis Potosí y Morelos, el PSD  tuvo candidaturas comunes en la elección pasada, con el PRI, el Panal y el PVEM. Al  parecer, el haber retirado de su nombre la palabra “Alternativa”, le ha permitido al Socialdemócrata aliviar cualquier conflicto de identidad para poder participar  decididamente en el juego de las coaliciones. OBSERVACIONES 1. Más interesante que las coaliciones “contra natura” PAN-PRD, como las llama el senador priista Manlio Fabio Beltrones, es el comportamiento de los partidos pequeños,  como el caso del PT: éstos parecen sumamente proclives a toda coalición en que los  acepten. 2. Las coaliciones PAN-PRD, aunque se consideren “contra natura” desde un análisis  comparado de sus ideologías o discursos, forman parte de la normalidad democrática del  país si consideramos que han venido realizándose desde un periodo inmediatamente  previo a la transición como en distintos momentos durante la década en varias entidades,  tanto para elecciones a gobernador como a presidentes municipales y diputados locales. Lo que resulta excepcional es una coalición PAN-PRI. El único caso en el que he hallado es el  de candidaturas comunes en Michoacán, cuando en 2007 fueron con éxito en siete  presidencias municipales. 3. No es tan sorprendente que los adversarios se alíen en determinadas coyunturas y  contextos, cuanto que los aliados formales o naturales se comporten como adversarios reiteradamente en el ámbito local y sin que esto tenga como consecuencia el rompimiento  o el deterioro de su relación en el centro o nacional, ni la perspectiva de su continuidad a  largo plazo. 4. Así como las coaliciones no necesariamente se hacen entre quienes tienen mayor  afinidad ideológica o programática, también hay casos de elecciones locales en los cuales,  quienes son aliados en un distrito o municipio, en otro son adversarios. Esto permite pensar en que las dirigencias partidistas y los candidatos no necesariamente buscan establecer temas de su agenda política como programas de gobierno o atender demandas  de la ciudadanía, sino que cabe pensar en la muy probable procuración de la rentabilidad  electoral que implica la mayor cantidad de puestos y presupuesto posibles.

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Foto: Archivo

POSDATA UNO Recientemente el senador petista Ricardo Monreal anunció una “reconciliación” con el PRI en Zacatecas, así como con el PVEM y el Panal, con el objetivo de derrotar al candidato que postule el PRD en esa entidad. POSDATA DOS Una máxima de la política mexicana dice: con el dinero nadie se pelea. POSDATA TRES Como diría Pedrito Fernández: hasta que el dinero los separe.  Héctor Villarreal

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