Page 1

Pizzas después de clases Héctor Morán


Fco. Héctor Morán

Pizzas después de clases

Fco. Héctor Morán

c Francisco Héctor Morán Olmedo México, 2017

2


Pizzas después de clases

Hacía frío en el aula de ese edificio de concreto gris prefabricado,

tan

distinto

al

edificio

anterior.

La

preparatoria 1 con los murales Orozco había quedado atrás, esperando convertirse en museo. Ahora a moverse hasta Xochimilco,

inaugurando

un

edificio

que

necesita

calentarse, que necesita rayones en las bancas y los baños para convertirse en escuela. Hace frío. El profe de biología se ha olvidado de las células. Ahora quiere adoctrinar a los alumnos. Esas mentes influenciables requieren alimento. Mostrarles un camino. Decirles la verdad. Decirles que el gobierno es un gobierno de corruptos. Que la libertad viene de los empresarios. Además de las ganancias les interesa el bien común. Necesitan que el dinero dé vueltas para que regrese más cargado. Por eso son honestos, por eso no hacen trampa. Por eso son eficientes. Una mano se levanta. Nunca falta el remiso, el renuente. No profe, también hay empresarios corruptos. Si no hubiera no existirían los monopolios. No acomodarían

3


Fco. Héctor Morán

la ley de ingresos para pagar menos impuestos. No comprarían sindicatos. Usted parece muy informado jovencito. Para mañana me trae un trabajo de cinco páginas acerca de las proteínas. A ver si así estudia biología como opina de política. No hay respeto. En el aula hace más frío. Nadie levanta la mano y el profe sigue. Tiene el poder y sabe cómo usarlo. Aquí no hay más ciencia que la mía. Cuando se acabé el gobierno de los burócratas ineficaces habrá mejor nivel de vida. Afuera del salón Héctor se sienta solo. Esa banca está menos fría. El sol comienza a saludarlo. Ella se acerca: pantalones de mezclilla ajustaditos a sus piernas, una chamarra negra y roja, el cabello castaño llegándole a los hombros. La piel, los labios y ese tono de voz entre súplica y orden que pone de cabeza a quienes la conocen. Él la mira con asombro. Esas chavas no platican con nerds. Son

4


Pizzas después de clases

novias de gandallas o de chavos con dinero o de chavos gandallas con dinero. -¿Por qué le llevas la contra si ya sabes que se enoja? Él no quiere dar razones. Si es necesario discutir con los maestros no hay problema. No tiene miedo a las tareas, tampoco a las lecturas, ni a los exámenes. Es un nerd, le gusta leer, escribir, aprender. -Me da más curiosidad pensar porqué ustedes no le alegan. Él les tira línea y ustedes calladitos. Lucía se queda seria. No está acostumbrada a que le hablen en ese tono. Cuando habla con los chavos siempre tiene la razón. La miran esperando que de sus labios salgan besos y verdades. Otras veces no ponen atención, le miran el pecho y apenas escuchan lo que dice. -Es bien enojón. Ya ves, te puso más tarea.

5


Fco. Héctor Morán

No los entiende. Vienen a la escuela a escabullirse, a buscar la mejor forma de aprender menos. Lo único que él tiene es la escuela. Debe que aprovecharla. Es el único futuro posible. -¿Eso qué? Aprendo más y en el examen no tengo problema. No puedo callarme porque tenga miedo. Héctor mira sus zapatos. Unas botas negras que limpia cada noche. Le gusta que brillen, sentir la seguridad de sus agujetas. Lo adhieren al mundo, a la certeza de la tierra. Lucía no sabe qué decir. Está acostumbrada a que la vean y esté se queda mirando sus zapatos. No sabe si es imbécil o ciego o ambas cosas. Pero se aferra a la curiosidad. Siempre dice que le fastidian los mirones y ahora que la ignoran no sabe qué hacer. -¿Por qué dices que los empresarios son corruptos? Él contesta convencido. No importa que sólo haya leído una parte de la historia, que los datos sean escasos.

6


Pizzas después de clases

Habla como si supiera de qué habla, sin temor a los errores. No se calla. No toma aire. Tiene la verdad y la desparrama por el aire. Sus manos siguen a las palabras. Es la convicción adolescente. Es la verdad simplemente. Quién piense lo contrario está totalmente equivocado. Mientras habla mira al frente, perdido en las ideas. No se cerciora de que ella esté escuchando. Pero ella escucha. Pone atención. Nunca ha hablado con un chavo tan clavado en sus ideas. Nunca ha hablado con un chavo más de diez minutos sin que la inviten al cine. Y éste que no para, que se sigue. Le explica, pone ejemplos, hace un resumen y sigue con otro tema. No se dan cuenta que pasó una hora hasta que llegan los amigos de Héctor. Los interrumpen. Santiago ya la conoce. La saluda con un beso en la mejilla. Miguel no la conoce, pero también le besa la mejilla. ¡Qué gusto! Miguel la mira como si quiera quitarle esos pantalones ajustados, la chamarra y lo que sobrará. La mira con ganas de tener su piel entre las manos. Ella lo

7


Fco. Héctor Morán

mira igual. Está bueno, piensa. Ojalá que no sea como su amigo. Que este si sepa que las mujeres también cogemos. Héctor no da cuenta de las miradas. Tiene la adolescencia adormecida. Las hormonas todavía no lo empujan a observar lo que pasa cuando un chavo y una chava se miran. -¿Qué onda, ya nos vamos? -Vamos a las pizzas. ¿No vas? Le pregunta Miguel a Lucía. -No. Voy a esperar a mi novio. Momento, que no va hacer tan rápido. Ya sé que te gusto y ahora te esperas. Cuando yo quiera ya será otro asunto. Se despiden. Cuando llegan a la salida de la escuela Miguel voltea a verla. Ya llegó el novio. Se besan. Unen los cuerpos como si quisieran traspasarse. Será otro día piensa Miguel. Será otro día.

8


Pizzas después de clases

Caminan por el pasillo. Santiago siempre en medio, Miguel a la derecha, Héctor a la izquierda.

Ayer me

preguntaron por ti, le informa Santiago a Miguel. -¿Quién? -Lucía. -¿En serio? -Sí, me preguntó por mi amigo, el de bigotito. Después se echa a correr, su clase empieza. Nos vemos al ratito. Caminan. Miguel está contento. Ya sabe que lo buscan y sólo falta aparecerse. Acompaña a Héctor a su salón. Nunca lo hace pero ahora tiene intereses en esa aula. Héctor entra a clase. Se sienta en la banca, en la de

9


Fco. Héctor Morán

siempre. Atrás, no le gusta estar cerca del maestro ni de los otros. La mesa para dos la ocupan sólo él y su mochila. Miguel espera, se recarga en la puerta. No está en el grupo de Héctor pero ahora le gustaría. Su clase ya empezó. No importa, alguien preguntó por él y tiene que hacerse presente. Ya sabes, para lo que ella guste y mande. Lucía aparece. Con los libros en el pecho, abrazados. Hoy trae puesto un suetercito, morado, felpudito. Dan ganas de abrazarla y darle un beso. Pero Miguel se aguanta, se hace el aparecido. -¿Cómo estás? -Bien ¿y tú? Que bueno verte, así me gusta, que entiendas pronto. Puras trivialidades, lo que importa son las miradas, los gestos, las manos que acarician el brazo casualmente y se alejan. Ella tejiendo la telaraña y él creyendo que es bueno para esto, para atraer a las mujeres. El idilio ha comenzado

10


Pizzas después de clases

aunque falte formalizarlo. Y Miguel pensando que ojalá se anime. Ella está animada pero calculando el momento, los lugares, los cómos y los cuándos. El maestro llega. Interrumpe el diálogo. -Bueno, nos vemos. -Al rato nos vemos, vamos a venir por Héctor. Un besito en la mejilla y ahí vamos compañero. Falta poquito y la convenzo. Lucía entra al salón. No se dirige a la banca de siempre. Camina hasta el fondo. No pregunta. Quita la mochila de la silla, la pone en la mesa y se sienta. Héctor toma la mochila, la acomoda en el suelo. Está bien que quiera con Miguel pero ¿para qué me busca? Y no levanta la mirada del cuaderno, revisando los apuntes de la clase pasada. Ella que se acerca, le respira en el cuello y le pregunta con voz bajita.

11


Fco. Héctor Morán

-¿Dejó tarea? -No. Empieza el maestro a escribir en el pizarrón, a dar razones, a explicar la Historia. Lucía pasando papelitos. Héctor los lee, escribe respuestas y preguntas, le cuesta trabajo dividir la atención. El profe explica, los dos apuntan. Ella lo mira y sonríe. Él contesta la sonrisa sin saber qué significa. Este es medio lento. Tal vez es puto y no se ha dado cuenta. ¿Qué quiere esta chava? Tiene novio y pregunta por Miguel. Cuando los españoles llegaron México no era una monarquía, era una confederación de Estados. ¿Y tú piensas que Hernán Cortés era sanguinario? Cada ser humano debe ser juzgado según el momento qué vive. ¡Ah! Su pulgarcito levantado. Está de acuerdo pero este sabihondo la está preocupando. ¿Habrá perdido el toque?, ¿habrá dejado de ser bonita? No le ha pedido el número de teléfono, él no le ha dado su número, como los ilusos que en lugar de pedir el número de teléfono se lo dan

12


Pizzas después de clases

esperando que les hable. Lucía se desespera, le quita la libreta, en una hoja en blanco escribe “hola” con letras gordas y a un lado su teléfono. Héctor le entrega un papelito con su número. Ella escribe en una nota: me llamas. Él piensa ¿para qué? El maestro pregunta que si hay dudas. Muchas, pero no de su clase. ¿Profe, me podría informar qué se trae mi compañera? ¿Profe podría preguntarle al compañero si es pendejo o puto o las dos cosas? Pero el profe no sabe las respuestas, mejor no le preguntan. Salen y ahí está, puntualito, Miguel con una sonrisota. -Vamos a las tortas, ayer tocaron pizzas ¿Vienes? Miguel la mira, le guiña un ojo-. Ella sonríe. -Vamos, hoy no vino mi novio -ese novio tan descuidado, piensa Miguel-. -No tengo dinero –apunta Héctor-. -Te apoyamos compañero.

13


Fco. Héctor Morán

En el auto Miguel maneja, Lucía va adelante junto a él. Atrás Santiago y Héctor. En su carro Miguel elige la música. En las bocinas Emmanuel. Melcocha dulcecita, que vea que también soy sensible. ¿Y el rock pesado con el que da tanta lata? Piensa Héctor. Santiago agradecido. ¿Qué tal las clases? Bien, todo bien. Hay que apurarse, el año que entra elegimos carrera. ¿Sigues pensando en medicina? Y Santiago que sí, que claro, no le interesa otra cosa. Miguel contaduría, es lo suyo. Héctor indeciso. Me gusta ingeniería, pero también las letras. Escribe poemas. -¿En serio? –pregunta Lucía. -Si –dice Santiago. Seguro es puto, ahora entiendo. ¿Para qué le dicen? Pinches amigos. Escribe bien. Gracias Miguel ¡Qué bonito!, luego me enseñas algo de lo que escribes. Sí como no. Claro que no, luego me vas a estar chingando con que escriba una pensando en ti y en tu novio o en ti, en Miguel

14


Pizzas después de clases

y en tu novio. ¿Y tú Lucía? Yo no escribo. No, ¿qué carrera? Politología. Esa no existe. Qué mamón, pinche sabio. Bueno, ciencias políticas. Ya llegamos. Esa vez las tortas, luego pizzas, a veces tacos, los refrescos corridos, nos subimos al carro y huimos de la tienda. La señora nos mira encabronada. Al otro día regresamos. Usted perdone, no traíamos. Para otra vez pidan jóvenes. Lucía duro y dale. No me hablaste. Tu tampoco. Y a sentarse junto a Héctor. Ya son amigos. Ahora los dos a todos lados juntos y a la salida con Santiago Y Miguelito. Ya entró en la banda ¿Con Miguel? Todavía no, pero ya mero. Miguel tiene novia y el novio de Lucía a veces va a la escuela, a veces no. Se droga y toma cerveza. Ella no lo deja porque él la necesita. No hace falta que lo dejes. En una clase, aburrida como la química orgánica, mientras el profe explica enlaces de carbono Lucía está interesada en otro tipo de enlaces y dale con los papelitos.

15


Fco. Héctor Morán

-Me gusta Miguel –escribe Lucía. -Ya sabíamos. -Pero ¿qué hago con mi novio? -Déjalo. -No puedo. -Miguel tiene novia. -¿Y él la deja? -No creo. -¿Qué hacemos? -A escondidas, ni modo. -Pues sí. A ver esos dos del fondo. ¿Qué resulta de un enlace de oxígeno con dos de hidrógeno? Agua profe. Está bien, pero ya no me distraiga a la muchacha. No profe. Lucía

16


Pizzas después de clases

muerta de la risa. Has destruido mi carrera de nerd. Está bien, parecías puto no nerd. Héctor abre los ojos como platos y por fin le escribe. Chinga tu madre pinche Lucía. Ella sigue riéndose.

Ya dile a tu novio que no me mire con ojos de fuego. Dile que está equivocado. Que es otro con quien debe estar enojado. Lucía seria, no sabe si reírse o enojarse. Héctor es un niño todavía, no sabe de sutilezas, suelta lo que piensa. Pero se divierten, platican sin cansarse. Al final ella fue quien tuvo que hablarle por teléfono. Se les hizo vicio. Todo el día platicando en la escuela, toda la tarde colgados del teléfono. -¿Cómo irá a ser tu novia? -No sé, no me interesa el tema.

17


Fco. Héctor Morán

-Pero a mí sí. Tengo curiosidad. Quiero saber cómo va a ser tu novia, tu primera novia. -Con que me quiera basta. El cariño tan abstracto. Parecido a las películas. Héctor piensa que tener novia es tomarse de la mano y leerle poemas llenos de las palabras mano, aurora, luna, madrugada, labios. Ya dejó de hacerse del rogar y le prestó su cuaderno de poemas. Ella lo lee en silencio. Él la observa. Su primera lectora. Ella sólo le dice ¡qué bonito! Él se lo cree y sigue escribiendo. -¿Cómo va a ser tu novia? -No sé, yo creo que nunca voy a tener porque siempre estás aquí. No puedo hablarle a nadie más. -Tengo que ayudarte a escoger. No quiero que nadie se te acerque. Sé que no te quiero pero no quiero que nadie más te quiera. Como

18


Pizzas después de clases

trabalenguas. Como celos chiquitos. Distintos a los que siento por mi novio. De Miguel no siento celos. Yo sabía que tenía novia desde el principio. Quiero saber a quién vas a escribirle poemas de a de verás, cuando sepas qué es un beso, un abrazo. Cuando hayas cogido y sientas que no puedes existir si no la ves mañana. Quiero estar ahí, ver qué pasa, qué cara pones. Cuando eso pase se acabaron las llamadas en la tarde. Y estas pláticas. Eres el único hombre con quien hablo. No quiero que platiques con nadie más. Cuando Héctor se queda en el salón mientras ella anda con su novio, Lucía está pendiente, piensa ¿con quién está platicando?, ¿a quién está convenciendo de que la vida es más que los novios y la tele? Lucía llega, lo ve, interrumpe, opina. Termina la conversación y comienza otra. Las amigas de Héctor se van. Las posibles novias se van. No aguantan las miradas que él no ve porque todavía es como niño y no sabe que las mujeres tiran mala onda sin que nadie se dé cuenta. Lucía omnipresente. Quiere

19


Fco. Héctor Morán

descifrarlo. Si con alguien va a perder la castidad, esa, la que importa, la que no se rompe nunca y nunca se recupera, va a ser con ella.

El coche con el asiento trasero convertido en cama. Miguel y Lucía acostaditos, abrazados, besándose entre mordidas de pizza y un trago de refresco. Héctor y Santiago los miran. Hacen planes, intentan descubrir lo que harán el resto de sus vidas. Quieren adivinar qué es la vida antes de que les toque resolverla. ¿Ya decidiste? Ingeniería o lenguas. No, voy a pensarlo en vacaciones. No pidan otra vez pizza de atún. Emmanuel cantando. Eso era la vida y se fue mi juventud sin saber que era la vida ¿Lo dirá en serio? ¿Cuándo tengamos cuarenta extrañaremos estos ratos? No, seguro que no, vamos a seguir viéndonos. Tendremos niños y también van a ser amigos. Voy al baño. Lucía se mete a

20


Pizzas después de clases

la pizzería. Tú Miguel ¿con quién vas a tener niños con Lucía o con tu novia? No me estén chingando. Con ninguna envidiosos. Pero Héctor no siente envidia, tampoco celos. Es su amiga, solamente su amiga. Se acostumbrado a su presencia, a platicar con ella aunque no la entienda. -¿Quieres a tu novio? -Sí. -¿Quieres a Miguel? -Sí, pero de otro modo. -Me quedo igual. -Yo también. -Tal vez la vida no es una ecuación donde todo tiene sentido.

21


Fco. Héctor Morán

Ella lo mira con los ojos entornados. ¿De dónde saca esas pinches frases tan mamonas? Además las dice como si fueran ciertas. Ya vámonos. Miguel los acerca para que tomen un autobús. Con las distancias de la ciudad de México, ese aventón cae de perlas. Nos vemos mañana. Miguel arranca. Ahora los tres, Santiago, Lucía y Héctor al Ruta 100. ¿Saben qué se necesita para trabajar en Ruta 100? Odiar a la humanidad con toda tu alma. El chofer los mira por el espejo. Y tú Santiago ¿vas a ir con tu novia al cine? No, los viernes vamos a un club cristiano. Que hueva. A mí me interesa. Lucía se apunta, navega entre la revolución y el cristianismo. Nos vemos el viernes en la tarde. Santiago es el primero que se baja. Lucía y Héctor a retomar los temas interminables. Nunca más en su vida hablarán tanto con una persona. Viven cerca. Se bajan en la terminal. Después Héctor la acompaña. Nos vemos mañana. Hasta mañana.

22


Pizzas después de clases

Se cierra la puerta cuando Héctor tiene la mano todavía en el aire. Ahora otra caminata. Siente hambre. Héctor encuentra la casa vacía. Papá y mamá trabajan. Su hermana estudia Psicología. Quien llega primero calienta la comida que dejó mamá en el refrigerador. Enciende el radio. Universal F.M., un pedacito de Pink Floyd, deberían dejarlo completo. Comienza a comer. Tocan a la puerta. Qué pasó hermano, no me esperaste. Tenía mucha hambre. Hoy vamos a ir al cine Elektra, pasan 1984. Me apunto, claro que sí. Hago la tarea rápido. Pinche nerd, el mundo no se acaba si no entregas una tarea. No me importa. ¿A qué hora quedaron de verse? A las cinco. Le dejamos un recado a mi mamá. Alejandra, su hermana, tenía facilidad para hacer amigos entre fauna proveniente de distintas corrientes y bandas. Parecía elegir a los más interesantes de cada tribu. Qué onda, buena película ¿no?, me gustó más el libro. No compares lenguajes. ¿Un cafecito? Y ahí va la banda, café

23


Fco. Héctor Morán

toda la tarde, hasta que duela la cabeza. Resolviendo el mundo, descubriendo música, recomendando libros. Sí vamos a hacer el grupo, para tocar la música que nos gusta y aquí no oímos. ¿Ya tienen nombre? Tenemos varios. “Fétido control bizarro”, “Pedro Infante y sus muchachos” o “La maldita vecindad y los hijos del quinto patio”, ¿cómo los ves? Están chidos. ¿Ya leíste a Boris Vian? El otoño en Pekín, muy buen nivel, me quedé colgado no quería dormirme hasta que lo terminara. ¿Sabías que la rolaba con Sartre? No. Ya vámonos, luego tus jefes se enojan. Vámonos Héctor. En el asiento trasero se hace disimulado mientras Alejandra y su novio se besan. Los semáforos reflejándose en los charcos. El tráfico, los postes, los anuncios sirven para entretenerse. Vuelve a sentirse pequeño y protegido. Mamá y papá despiertos. Esperándolos. ¿Cómo les fue? ¿A ver si llegan más temprano? ¿Qué hacemos aquí encerrados? ¿Van a cenar? No, ya tomamos café. Bueno, a

24


Pizzas después de clases

dormirse. Hasta mañana. Héctor se acuesta, el café le provoca sueño como a los niños. Sueña a colores. Le gusta dormir por las historias que sueña, son muy intensas. Están en el carro, pero no es Miguel quien la abraza, es él. Héctor la besa, la abraza. Después en una celda, de pie, abrazados. Héctor siente placer, tiene una erección. Luego en un campo de flores, cómo en la película. Pero es Lucía la que tiene un overol azul, se lo quita. La ve desnuda y se viene, un orgasmo largo, distorsionado por el sueño. Siente sus manos mojadas, Una substancia viscosa, pegajosa. Abre los ojos, se limpia con la camiseta, se cambia. Mira si las sábanas están mojadas. Vuelve a acostarse. Piensa en Lucía. Se duerme. Las hormonas se han puesto a trabajar, frenéticas, a toda marcha. Había estado adormiladas y deben recuperar el tiempo perdido. Héctor no lo sabe pero ha comenzado la adolescencia. Esta será una de sus últimas noches tranquilas. Vendrá el insomnio, la imaginación. Comenzará a ver distinto a las mujeres, a Lucía.

25


Fco. Héctor Morán

Su novio está borracho. Ella está llorando. Arturo la abraza. Dice que la quiere. Héctor no entiende por qué lo aguanta. Por primera vez siente un poquito de rabia. Antes pensaba que no era asunto suyo, que era problema de ella seguir con un novio tan estúpido. Héctor los mira desde el barandal del segundo piso. Ellos en el patio. Lucía sabe que la miran y le gustaría ocultarse. Que Héctor se fuera lejos, que cerrara los ojos. Héctor no puede dejar de verlos. Debe intervenir, pero no sabe cómo. Por primera vez siente por ella un poco de ternura. Ganas de cuidarla, ganas de que ella lo cuide. Quiere hablarle, retirarle de la frente el flequillo que le oculta los ojos. Quiere que sea feliz. Baja las escaleras, pensando, decidiendo las palabras, neutras, que no suenen agresivas. -¿Vas a irte con nosotros?

26


Pizzas después de clases

Ella se queda aquí dicen sus ojos y los puños cerrados y el brazo oprimiéndole los hombros. Lucía levanta una mano para ocultar los ojos. No puede contestar. Niega con la cabeza. Bajito, apenas audible. -Me quedo, nos vemos mañana. Héctor se va, con los ojos clavados en el suelo. Siente rabia. Una rabia creciendo en el estómago, después en la garganta. No sabe si está enojado con él o con ella, con los dos o con él mismo. Está enojado por idiota, por meterse donde no le llaman. Está enojado porque la quiere. Se detiene. No es cierto, bueno, la quiero como amiga. No es cierto, quieres que te abrace, quieres besarla, quieres quitársela a Arturo, quieres que deje a Miguel y que sólo te quiera a ti. No es cierto, somos amigos, Miguel es mi amigo, Lucía es mi amiga, tiene novio y anda con mi amigo ¿qué voy a hacer ahí? No es cierto, no sabes qué vas a hacer, pero sabes lo que quieres, ya no te conformas con hablar con ella todo el día, quieres tocarla suavemente,

27


Fco. Héctor Morán

poner tus manos en sus hombros, acercar tus labios y unirlos a los de ella. No es cierto, estoy pensando cosas, es el sueño lo que me está afectando. No es cierto, es la realidad, ya no eres niño, tampoco eres hombre, eres un ensayo, una aproximación, un proceso, un desarrollo. No es cierto. -¿Se va a quedar? –te pregunta Santiago. -Sí Miguel se encoje de hombros. La rabia regresa. Tú tienes novia, yo es lo único que tengo. Te vale madre pero a mí no. Te subes al auto pero no hablas. Hoy no canta Emmanuel. Son los Kinks “You really got me”. Vas a comprar el disco ya ponerlo hasta que se gaste la aguja. Hasta que tu madre te diga que ya lo quites. Hasta que tu hermana te vea a los ojos y te diga she really got you.

28


Pizzas después de clases

Varios días de duda. En silencio. Pensando. Como si estas cosas se resolvieran pensando. Ni modo que le diga: deja a Arturo, a Miguel y sé mi novia. Tampoco puede decirle, bueno ahora te ocultas de tu novio, nos ocultamos de mi amigo y tan sencillo. Ella se da cuenta de tu silencio, pero piensa que estás enojado porque ese día se quedó con Arturo. Si supieras cuánto me necesita, si supieras que no fue siempre así, si supieras que yo a veces también lo necesito. Si supieras no te enojarías. Eres el único hombre con quien hablo. Ya se pasará el enojo y estaremos como antes. Ese frágil equilibrio que encontramos entre dos, entre tres, entre cuatro. Estoy hecha un lío y sólo tú puedes ayudarme. Me gusta que te enojes, me haces sentir que me quieres, pero no te enojes tanto. No te quedes tan callado. Hoy más que nunca necesito un amigo.

29


Fco. Héctor Morán

Enfrente de la casa de Lucía, Héctor la acompañó como otras veces. Cuando se despiden ella lo detiene. Le besa la mejilla. -Ya no te enojes. Héctor se va pensando. Ahora sí quedé jodido. Ni modo, a callarme. A tratar de voltearme cuando esté con Arturo. Hacerme disimulado cuando estemos con Miguel. A tragarme este amor que apenas comenzaba. Ni modo, voy a ser su amigo, de ella, de Miguel y de Arturo aunque no lo soporte y él no se entere.

Van a ir al Museo de Historia Natural. No quiero que vayan como los niños de secundaria, a copiar lo que dicen las fichas de la exposición. Van a verlo todo y después escribirán un resumen, incluyan su opinión, ¿qué les pareció el museo? ¿El resumen de cuántas páginas profe? De dos páginas y una para la opinión, ¿alguna otra duda?

30


Pizzas después de clases

El grupo sale lentamente. ¿A qué horas vas a ir? Temprano, tengo ganas de ir al cine en la tarde. Pasas por mí y vamos juntos. A las nueve, no me vayas a tener esperando. Están mirando una vitrina. El tigre dientes de sable. Lucía toma su mano, así, tan natural, como si siempre lo hiciera. Héctor siente la tibieza de sus dedos entre los suyos. Sigue mirando los dientes del tigre. Se ven falsos, inofensivos, de madera. El miedo tibio sube por su brazo, luego al pecho, después en todo el cuerpo. La felicidad sube por su brazo, luego al pecho, después en todo el cuerpo. No se separan. Las manos están sudando, pero no se sueltan. Caminan así por todo el museo. ¿Tienes hambre? Vamos por una torta. Se sueltan un momento. Héctor pasa la mano por su pantalón, se seca el sudor. Ella tiene un papelito que se desmorona entre sus dedos. Comiendo. Se miran a los ojos. Sonríen. Lucía le limpia la comisura del labio. Hablan de todo, menos de lo que está ocurriendo. Héctor tiene miedo de que las palabras rompan

31


Fco. Héctor Morán

el hechizo. No, así doy la mano a todos mis amigos. No pienses de más. Mejor habla de la escuela, del resumen, del club cristiano. Sí, muy buena onda todos. Gamaliel, el líder de jóvenes es muy certero, te aclara todas las dudas, deberías ir ¿Aceptan anarquistas? Tú siempre instalado en la rebeldía. Y tú en el conformismo, lo piensa pero no lo dice. Quiere conservar el idilio lo más posible. En la tarde voy al cine, ¿me acompañas? No puedo. No le pregunta por qué no puede. No quiere saber si tiene que ver a Arturo. A Miguel sólo entre semana. Los sábados y domingos Miguel los pasa con su novia. Bueno, vámonos. En el metro vuelven a tomarse de las manos. Ella recarga su cabeza en el hombro de Héctor. Ahí quedaron sus convicciones. Otra vez confuso. Lo metieron a la licuadora, le dieron muchas vueltas. Lo bajaron y no sabe qué hacer ahora. Se acuesta. Las manos debajo de la nuca, los codos como puntas de las alas que son sus brazos. En el techo están todas las respuestas, es

32


Pizzas después de clases

cuestión de saber leerlas. Su hermana se asoma a la recámara. Lo ve acostado. No le gusta verlo así. Es el pequeño, el que ella ha protegido desde el kínder. Se sienta en una silla, junto al escritorio donde Héctor hace las tareas. Comienza su práctica psicoanalítica. ¿Qué te pasa? Tarda en contestar. La respuesta no es sencilla. Decide resumir. Primero me valía madre. Ya sabes, clavado con la escuela y lo demás es lo de menos. Ella tiene novio, Arturo, pero también empezó a andar con mi amigo ¿Con cuál? Con Miguel ¿El que juega americano? Ese mero. No anda tan perdida. Gracias por los ánimos. Fue un lapsus, síguele. Y yo como si nada, nerd hasta la muerte, pero un día la soñé. Un sueño húmedo y comencé a verla diferente. Vaya, hasta que descubriste que las mujeres existen. Si me sigues chingando mejor me callo. Ya, fue la última, no aguantas nada. Entonces en la duda sí o no o qué onda. Al final decido que la situación es ridícula: tiene novio, un galán ¿y yo qué onda? Que los deje y nada más conmigo,

33


Fco. Héctor Morán

no creo. Que nos veamos a escondidas de media escuela, tampoco. Entonces me decido. Aguantarme, ni modo, que gane la amistad ¿Y luego? Hoy fuimos al museo, de pronto me toma de la mano, parecíamos enamorados por todo el museo. Muy tierna todo el tiempo. Cuando regresamos apoya su cabeza en mi hombro, hablándome bajito, como contándome secretos. ¿Te movió el tapete de nuevo? Pues claro ¿Le preguntaste algo? No. Pinche reprimido. Dime algo que no sepa. Bueno, ahí te va mi interpretación freudiana. Apenas estás en segundo semestre, no mames. Si me vas a declarar incompetente quédate dónde estás, a ver si el techo te da buenos consejos. Ya no mames, dime qué piensas. Mira cabrón, hay chavas indecisas y hay chavas coleccionistas. Déjame te explico la diferencia: las indecisas necesitan que les muestres seguridad, saber qué onda te traes para que ellas puedan decidirse. Las coleccionistas son medio culeras, quieren a todos y a nadie. Le tiran la onda a todos para completar su cuadro. Por

34


Pizzas después de clases

ejemplo, el Arturo es alguien a quien protege, Miguel es el buenote, el que se le antoja para tener un rato de placer intenso. Gracias hermana, no sabes lo bien que me haces sentir. Te quiero, por eso te digo la verdad, no te quejes ¿Y yo que soy? El intelectual. Así se sigue, coleccionando chavos que llenen sus necesidades psicológicas. Si estás de acuerdo con ser una pieza del rompecabezas, atórale, sino échate a correr, esas chavas son muy peligrosas ¿Y cómo sé de qué tipo es? Dices que en el museo ella te dio la mano ¿no? Ahora vas a llegar muy seguro, como si ya le hubieras dicho que sin ella no vives y ella te hubiera dicho que sin ti tampoco vive. La tomas de la mano y la abrazas cuando los estén viendo otras personas. Nada escondidito. ¿Si me manda a la chingada? Sufres, te aguantas, después conoces a otra. No es el fin del mundo hermanito. Mejor, te quitas de encima una serpiente venenosa. Cualquier cosa que pase no vayas a armar pancho. Si ella te quiere tu tranquilo, no vayas a exhibirte con tus amigos ni a decirle

35


Fco. Héctor Morán

que corte a su novio y a Miguel. Ella lo va a hacer solita. Si se corta y te mira con cara de ¿qué te pasa?, tu tranquilo, una sonrisita y te vas tan contento como llegaste. ¿Entendiste? No soy tonto hermanita. Lucía en el barandal. Miguel en el patio, platicando con Santiago. Lucía muy divertida con lo que ve en el patio. Héctor caminado, no tan seguro, pero seguro. Hola ¿cómo estás?, la abraza, siente que su brazo tiembla. Lucía se sacude, se separa un par de metros. Los ojos puestos en Miguel. -Míralo, que espaldota, sus brazotes, sus piernotas… Un bloque de hielo en el estómago de Héctor. El bloque crece, ocupa todo su cuerpo. Intenta sonreír, pero le sale una mueca sin forma. Baja las escaleras. Se mete al baño. Lava su cara. Ve su rostro en el espejo. Ese cabello que se esponja cuando crece. Parece que llevara un nopal en la cabeza. Las cortadas por no saber rasurarse ¿Ibas a

36


Pizzas después de clases

hacer bisteces? Los ojos, ¿quién es ese que lo mira? ¿El futuro será igual? Sale del baño. Ahí están. Santiago y Miguel ¿Qué onda?, ¿por qué no fuiste el viernes? Estuve ocupado. Miente, es la primera vez que recurre a la mentira para justificar su existencia. Me voy a clase. Pero sale de la escuela. La primera vez en seis años de primaria, tres de secundaria y uno y medio de bachillerato que se va de pinta. En autobús, a su lado va un viejo gordo durmiéndose. Se obliga a no pensar en ella. Luego el metro, triste, sintiéndose parte de la obscuridad entre estaciones. Chapultepec, camina atrás del cerro. El audiorama. Hoy tienen a Bach. Elige una silla, se desparrama, se fija en las ramas de los árboles. Está sólo, a esa hora todos trabajando o en la escuela. Sabe lo que viene. Casi tiene presencia física. Las cosas que lo rodean adquieren colores diferentes. Se acerca una nube oscura. Que se vaya a la chingada el mundo.

37


Fco. Héctor Morán

Se sienta en la misma banca. Lo saluda ¿a dónde te fuiste ayer? Te estuve buscando. Ahora es un objeto de estudio. Observación uno, estudio de caso de una chava coleccionista. -Estaba cansado, me fui a Chapultepec, al audiorama ¿lo conoces? Me relajé muy bien. -Me hubieras dicho, te hubiera acompañado. Héctor abre su mochila, saca su cuaderno. Es de las buenas. Tan buena onda. No puedo quejarme, me está enseñando una experta. Entra el profe. Silencio. No hay papelitos ni comentarios en voz baja. Ella le quita el cuaderno y apunta. Héctor no se apura a leerlo, sigue tomando apuntes. Termina la clase ¿Vas a buscar a Santiago y a Miguel? Sí. Voy a avisarle que a Arturo que hoy me voy

38


Pizzas después de clases

con ustedes ¿No se enoja? No, está tomando cervezas con sus amigos, prefiere que lo deje solo. Ahora es Héctor quien la observa mientras camina hacia los campos de fútbol, la cantina de la escuela. Hola Lucía. Hola Gatito ¿por qué no me hablaste hoy? Ese es amigo de Arturo. Lucía ten. El Franky le entrega un papel decorado doblado en cuatro partes. Héctor camina. Santiago no ha salido de clases. El salón de Miguel tiene la puerta abierta, pero él no aparece. Por fin llega. Viene con su novia. Hola. Hola, te presento a Diana, mi novia. Héctor la saluda divertido. Va a estar chingón cuando Lucía regrese. Santiago se une, le presentan a Diana ¿Qué onda, ya nos vamos?, pregunta Miguel. No, Lucía dijo que se iba a ir con nosotros, quiere que la esperemos. Diana mira el rostro de Miguel. Miguel mira el horizonte, hacia donde lo gustaría correr. Por fin se aparece Lucía. Le presentan a Diana. Hola ¿cómo estás? Joaquín dijo que si le podías dar aventón, solicita Santiago.

39


Fco. Héctor Morán

Sí, pero que se apure, Miguel ligeramente encabronado. Apúrate güey. Joaquín echa una carrerita para alcanzarlos. ¿Quién se va atrás? Se acomodan Santiago, Héctor y Joaquín. Lucía se asoma. Ya no hay lugar, pinche Joaquín está bien gordo, Miguel un poco más encabronado. Pues ven conmigo adelante Lucía, apunta Diana. Miguel vuelve a ver el horizonte, si esto no termina rápido, aventará las llaves y se irá corriendo. Bueno, ya acomódense. ¿Qué te pasa, no te da gusto que venga por ti a la escuela? Diana casi riéndose. Sí mi amor, me da gusto, pero estos cabrones no se acomodan. Ya cálmate. Un besito de trompita en la boquita de Miguelito para que se le bajen los humitos. Por fin arranca el coche. Hoy nos tocan pizzas comenta Santiago. No podemos, Diana tiene que llegar temprano. No hay bronca, vamos, a mi también se me antojaron, Diana muy acomedida. Nos caes bien Diana, ven más seguido, apunta Héctor.

40


Pizzas después de clases

En la pizzería Diana abrazando a Miguel por la cintura. Santiago, Héctor y Joaquín acostados en la parte trasera del coche, comentando en voz baja el espectáculo. Lucía platicando con Diana. Miguel callado, masticando su pizza que le sabe a cartón corrugado. Héctor termina de comer, lava el plato, lava sus dientes. Hoy está solo en casa. Al escritorio, apurarse con la tarea para ir a jugar básquet un rato. Abre su cuaderno. Busca la página donde Lucía anotó algo. La palabra “hola” con letras mayúsculas y gordas, abajo con letras más chiquitas “te extrañé”. Héctor arranca la hoja. Va a la cocina. Enciende una hornilla de la estufa. Coloca el papel encima. Se retuerce, las orillas negras deshaciéndose sobre las flamas azules. Hola ya no es legible. Quedan un montón de cenizas. Abre las ventanas. Un trapo de cocina borra todo rastro de las palabras de Lucía. Bueno, a ver qué dejó el de matemáticas.

41


Fco. Héctor Morán

Con la mochila en la espalda. Los pulgares enganchados en los tirantes. Una voz, un grito. Tú cabrón. Es Miguel. Héctor sale corriendo, pero sus pies no alcanzan la velocidad del esquinero de las Cobras de Santo Tomás. Miguel lo toma por el cuello ¿Porqué le dijiste a Lucía que viniera con nosotros? Héctor no puede aguantar la risa. Yo no fui, ella se invitó sola. Miguel lo suelta, le hubieras dicho que no viniera. Yo no sabía que tu chava iba a venir por ti a la escuela. Miguel reflexiona un momento. Se calma. Tienen coherencia las palabras de su amigo. A ver güey, ¿de quién fue la idea de que Diana viniera? De ella, dijo que salía temprano de su escuela y que podía pasar por mí. Tienes un pequeño problema. ¿Por qué? Porque ya se dio cuenta de que andas de coscolino. ¿Tú crees que Diana es tonta? El perfume se queda impregnado. Ella se sienta en el mismo asiento y qué es lo primero que huele: a la otra ¿De veras? Pues sí. Seguro que ayer estuvo

42


Pizzas después de clases

olfateando a Lucía. Luego tu, todo nervioso, ya súbanse, ya vámonos, hoy no hay pizza. Miguel guarda en silencio. Repasa los hechos en su mente. Llega a la única conclusión lógica: está metido en un verdadero problema. -También le cancelé varias citas los viernes por ir al club cristiano –dice más reflexionando que platicando con Héctor. -Pues ahora tendrás que rezar mucho. Santiago se acerca ahora que las cosas parecen más calmadas. Miguel lo mira y le dispara. -¡Tú y tu pinche club!, ya me atoraron. Santiago está desconcertado. Debe haber una solución. Cálmate. Pensemos. Te puedes ir del país. Deja de chingarlo pinche Héctor. Es la mejor propuesta. Ya cabrón. En serio ¿a quién quieres? A Diana. Pues vas a tener que calmarte un rato con Lucía. O buscar un lugar

43


Fco. Héctor Morán

seguro para fajar, donde no dejes rastros. Pinche Héctor, él queriendo salir del pecado y tú dándole ideas. Mi hermana tiene un departamento, puedo usar desodorante para que el asiento del coche no huela a su perfume. No, tú quieres a Diana, deja a Lucía, es el único camino. Puedes invitar a Diana al club los viernes y así deja de sospechar, le dices que estabas en un proceso de conversión y por eso no la habías invitado. No mames Santiago y qué va a decir cuando llegue Lucía. Pues que Lucía invite a Arturo. Sí, para que llegue hasta la madre, repartiendo caguama a todos los jóvenes bautistas. Otra opción es que vaya Héctor, puede acompañar a Lucía cuando se vaya o les damos aventón a los dos. Diana pensará que es Héctor el interesado. Está bien, me sacrifico con dos condiciones. Egoísta, no piensas en salvar el noviazgo de tu amigo. Dos condiciones o me salgo del trato. Bueno, a ver tus pinches condiciones. La primera que se arme lo del departamento, vemos unas películas porno mientras tú la haces con Lucía.

44


Pizzas después de clases

Los ojos de Miguel brillan, los de Santiago también, pero trata de disimular. Es una excelente idea, aprobada. La segunda consiste en que me dejen expresar con total libertad en el club cristiano, que le pueda hacer cualquier pregunta a Gamaliel ¿Cómo sabes su nombre? Lucía me platicó. Está bien, yo hablo con Gamaliel para que se prepare, en una de esas te convertimos. ¿En qué? En una persona decente, pinche inmoral. Lucía se ha pasado la clase resolviendo algo que parece un crucigrama, cuando termina murmura: que estupidez. Héctor toma las hojas. Reconoce el papel decorado que le entregó el Franky. Se trata de un acertijo de letras y números donde la solución es “estoy enamorado de ti”. Es una verdadera estupidez corrobora Héctor mientras le devuelve los papeles. Lucía los hace trizas y los mete en su bolsa. Después le muestra a Héctor unas fotografías. Venían envueltas en el papel, me las tomó el día que Arturo jugó fútbol ¿Aguantó todo el partido? Sí,

45


Fco. Héctor Morán

¿por qué? Debe ser difícil jugar los noventa minutos en estado de ebriedad. Lucía hace un puchero. Antes le parecían tiernos a Héctor, ahora piensa que son infantiles. Últimamente estás muy sarcástico conmigo

¿Estas

enojado? Te quiero más que nunca, aunque sé que jamás podrá realizarse nuestro amor, le contesta Héctor. Lucía voltea a ver el pizarrón. Ya vámonos. Trajiste eso, Miguel le hace una seña con los ojos a Héctor. Héctor le da un golpe a su mochila y levanta el pulgar ¿Puede ir Joaquín? Pregunta Santiago. Miguel quiere fulminarlo con la mirada. Sí, que le apure. Miguel y Lucía, murmurando en los asientos de adelante. Atrás Santiago, Héctor y Joaquín mirando los estuches de las

películas

pornográficas.

Tengo

que

pasar

al

departamento de mi hermana ¿me acompañan? Métanse aquí. Miguel señala la puerta de una recámara. Comienza la exhibición de los videos. El departamento está en silencio. De pronto un costalazo.

46


Pizzas después de clases

Alguien ya se partió la madre, dice Héctor sin dejar de mirar la pantalla. Santiago se levanta, voy a ver si pasó algo. Lucía está llorando. Santiago se asoma sin avisar. Mira los cuerpos de Lucía y Miguel tirados en el suelo ¿Qué pasó? Su pinche cierre se atoró y nos caímos cuando le jalé los pantalones, dice Miguel bastante ansioso. Santiago les ayuda a levantarse. Alguien no permitió su pecado, les dice. Ellos lo miran bastante encabronados. Lucía quiere su bolsa, está en la recámara donde están viendo los filmes pornográficos, entra sin avisar. ¿A ninguno de ustedes le enseñaron a tocar?, pregunta Héctor. Joaquín se ríe. Lucía queda atenta a la pantalla ¿Qué están viendo? ¿En verdad no sabes? Ignora el comentario, se sienta en la cama, soba su codo, aun lo tiene adolorido. Siempre he tenido curiosidad de ver una película de esas. Bienvenida, dice Héctor mientras mueve las piernas para hacerle un hueco en la cama. A lo mejor ahorita se anima,

47


Fco. Héctor Morán

le dice Santiago a Miguel para consolarlo. No, ya se enfrió. Ni que fuera coca-cola dice Santiago bastante indignado. ¿No te sentiste rara en el departamento de Miguel? Cuando estábamos viendo las películas porno. No, con Santiago ahí estaba tranquila. Él es buena persona. Miguel y tú quién sabe. Para que veas que estoy cambiando voy a ir el club ¿En serio? Desde luego, de mi boca nunca salen mentiras. Ojalá te cambie el humor. Andas muy raro. ¿Raro como puto o como qué? Ahí vas.

Los jóvenes están sentados en círculo. Cantan coritos. Miguel muy serio con Diana a su lado. Santiago junto a una chava que Héctor no conoce. Lucía junto a Héctor. Muy bien, hoy tenemos muchas caras nuevas y queremos conocerlos. Van a describirse con su pareja, indica Gamaliel. Se escuchan algunas risitas en el círculo.

48


Pizzas después de clases

Bueno, pueden ser parejas de amigos ¿no?, más risitas. Van a describirse, pero no físicamente. Se van a describir por dentro. Van a contarle a esa persona algo que siempre le han querido decir. Adelante. Héctor piensa. Si le digo serpiente venenosa como le dijo mi hermana aquí se va a armar un desmadre. Mejor dejo que ella empiece. Yo quiero decirte que eres una persona especial, que eres un buen amigo y quiero que seamos amigos toda la vida. Tu turno. Yo quiero decirte que me sacó de onda que me agarraras las mano en el museo cuando ya había decidido respetar lo que te traes con Miguel y Arturo. Ahora vamos –interrumpe Gamaliel- a decirle a todo el grupo esa cosa especial que nos comentó nuestro compañero. Levante la mano la pareja que quiera comenzar. Héctor levanta la mano inmediatamente.

49


Fco. Héctor Morán

-Cuanto ánimo –apunta Gamaliel-. -¿Digo lo que ella me dijo o lo que yo le dije? Lucía quiere matarlo. -Lo que ella te dijo –responden a coro los jóvenes del círculo-. Ya sé pendejos, quería hacerla sufrir. -Me dijo que soy una persona muy especial y quiere ser mi amiga para toda la vida. Aplausos en el círculo. -Ahora tú Lucía –Gamaliel le dirige una sonrisa radiante-. -Me dijo que agradece que lo haya invitado al club y que desea venir a todas las reuniones. -Tienes estilo –le dice Héctor a Lucía en voz baja.

50


Pizzas después de clases

-Tú también amiguito –contesta Lucía y le da un beso en la mejilla. Después que todo, el círculo ha compartido elogios más que descripciones, Gamaliel se echa un rollo de media hora acerca de los peligros que tienen los jóvenes hoy en día: pornografía, alcohol, sexualidad libertina. Héctor asiente con la cabeza mientras mira a Lucía. Ella mira a Gamaliel intentando ignorar a Héctor. Pasa media hora antes de que Gamaliel termine su discurso. Algunos del círculo están dormitando. Muy bien, ¿alguna pregunta? La mayoría tiene las piernas entumidas y hacen el intento por ponerse de pie. Héctor levanta la mano, todos vuelven a sentarse. -Nunca he tenido novia. Pero cuando tenga quiero comenzar bien. Es decir, me gustaría respetar a mi pareja, quererla, serle fiel. En verdad ser una persona que le

51


Fco. Héctor Morán

permita el crecimiento intelectual y espiritual ¿Cómo puedo conseguirlo? Varias muchachas del círculo lo miran arrobadas. Qué padre, que buena onda.

Gamaliel se tira otro rollo

de diez minutos acerca de la importancia del amor y el respeto entre los jóvenes ¿Otra pregunta? Otra vez los jóvenes intentan ponerse de pie y Héctor vuelve a levantar la mano. Se oye un murmullo de desaprobación. Perdón, es la primera vez que vengo, me ha servido para reorientar algunas cosas que he pensado siempre y quiero aprovechar mi visita a este club. Aquellos que murmuraron ahora se sienten culpables. No te preocupes, dice Gamaliel, este club se hizo pensando en jóvenes como tú. Creo que los demás deberían tener tu misma actitud, sobre todo los que tienen mucho tiempo viniendo aquí. Tomen putos, piensa Héctor antes de hacer su pregunta.

52


Pizzas después de clases

Tengo una prima a la que quiero mucho. Ella tiene un novio que es muy borracho, la hace llorar, falta poco para que le pegue. Ahora anda con otro muchacho, es decir, anda con dos al mismo tiempo -Diana mira a Miguel, Miguel no se inmuta-, y yo quiero decirle que eso no está bien, que cambie su vida, que busque a alguien que de verdad la quiera, ¿qué puedo decirle? Mientras Lucía echa humo por los oídos, Gamaliel se echa otro rollo de quince minutos acerca del compromiso que tienen los jóvenes del club para llevar un mensaje de paz y amor a quienes les rodean ¿Otra pregunta? Todos voltean a ver a Héctor. Él los ignora, se pone de pie y avanza decidido para agradecer a Gamaliel sus consejos. Gamaliel lo abraza, le invita a seguir viniendo al club, presencias como la de Héctor son muy importantes para el crecimiento de esta organización. A la salida se hacen varios grupitos. Varias muchachas se acercan para darle la bienvenida, le desean

53


Fco. Héctor Morán

que pronto tenga novia, cualquier chava sería feliz contigo le dicen mientras le guiñan el ojo. También le desean que su prima se recupere. Héctor las abraza mientras les agradece continuamente. Finalmente se acerca a sus amigos. Ahí hay un ambiente se servicio fúnebre. Santiago rompe el silencio. Presenta a su novia, se llama Noemí. Mucho gusto, mucho gusto. Les anda por irse a dar besitos. Nos vemos el lunes, hasta luego. Miguel después ¿qué onda? Ya nos vamos, súbanse al carro. Héctor y yo nos vamos a ir a otro lado, dice Lucía. Héctor la mira extrañado. Diana siente alivio, ahora está segura de que Lucía quiere con Héctor y que Miguel la sienta en el asiento delantero porque es un caballero. Nos vemos, dice Miguel bastante contrariado. Se sube al auto, arranca rápidamente dejando tras de sí una espesa nube de esmog ¿Qué te pasa mi amor?, pregunta Diana. Nada, contesta Miguel mientras mira el espejo retrovisor insistentemente.

54


Pizzas después de clases

Lucía se cuelga del brazo de Héctor. Levanta la mano para despedirse de los otros miembros del club que aún permanecen en la puerta. Hasta luego chicos, con voz melosa. Hasta luego Lucía, cuídala Héctor, con la misma voz melosa. Avanzan una cuadra, Lucía mira hacia atrás para asegurarse de que nadie del club los ve. Suelta el brazo de Héctor bruscamente. Ahora sí cabrón, qué fue ese show en el club, dice entre dientes ¿Cuál show? Tus pinches preguntitas. La primera fue una pregunta genuina, cuando tenga novia no la voy a tratar como Arturo te trata. ¿Y la segunda?, tú no tienes ninguna pinche prima, estabas hablando de mí. Lucía sigue con los dientes trabados. Te estaba ayudando y ayudando a Miguel. La otra vez que fuimos a las pizzas, ¿crees que Diana se apareció por casualidad?, la verdad, pensando como novia dime, si Arturo te empieza a cancelar citas los viernes en la tarde y su coche oliera a mujer ¿tú que pensarías?, con lo que dije en el club Diana quedó convencida de que tú y yo

55


Fco. Héctor Morán

andamos, ¿quién se atrevería a hablar del caso de una prima si sus amigos están ahí y la novia se daría cuenta de que habla de ellos?, nadie, ahora Diana está segura de soy quien anda tras de ti y no el pendejo de Miguel. Lucía queda en silencio, parecen tener sentido las palabras de Héctor, sólo tiene una duda. A ti no se te ocurrió este plan, no eres tan listo. Tengo una hermana psicóloga. Lucía queda convencida ¿Por qué quieres ayudarnos? Porque voy a hacer todo lo necesario para olvidarte. Nunca me verás rogarte como el Franky ni como el Gato. Ya sabes que te quiero, lo que te dije en el club es cierto, me sacó de onda que después de lo del museo me mandaras a la chingada y te soltaras con una conferencia acerca de la anatomía de Miguel. Lucía queda en silencio, ella tampoco sabe por qué hace esas cosas. Héctor la acompaña hasta su casa, como siempre, se despide dándole la mano, evita que lo bese en la mejilla. Nunca más, le dice antes de alejarse.

56


Pizzas después de clases

Oye cabrón, no sé qué hiciste el viernes, yo estaba medio encabronado, pero cuando Diana me pidió perdón por dudar de mi dije ¡órale con el Héctor! El fin de semana tuvimos el mejor sexo desde que somos novios. De nada cabrón, tengo una hermana psicóloga y me está enseñando a manejar las situaciones bien chingón. Sale hermano, gracias. De nada, cuando cojas con Lucía piensas en mí.

57


Fco. Héctor Morán

Miguel y Santiago están frente a las ventanillas de la oficina de Asuntos Estudiantiles. Esperan para inscribirse a su último año en la preparatoria. Las vacaciones han terminado. Alguien los saluda a la distancia, es un tipo con el cabello cortado casi a rape, lleva una camisa de franela con las mangas recortadas, desfajado, lo botones desabrochados, abajo una camiseta negra con una letra A encerrada en un círculo ¿Quién es ese pinche anarquista? Cuando está a dos metros de ellos lo reconocen ¡Qué onda pinche pelón! Saludan a Héctor con un abrazo. -¿Qué te pasó? –pregunta Miguel mientras pasa su cabeza por el cabello de Héctor. -Nada, mi hermana me obligó a cambiar de imagen. -¿Te obligó? -Sí, yo quería que me presentará a una amiga de ella que está bien buena y me dijo que solamente si dejaba de parecer nerd.

58


Pizzas después de clases

-También te metiste al gimnasio ¿no? –Santiago lo toma por los bíceps. -Era parte de su condición, que me metiera al deportivo al que va ella. Tienes que elegir un deporte y yo escogí box por molestarla. -¿Boxeo? No mames güey, te van a matar. -Eso pensaba, pero nada más te traen en chinga haciendo ejercicio, golpeas contra el costal, con la pera, brincando, corriendo, haciendo abdominales hasta que vomitas. Boxeamos muy poco, además nos ponen protección en la cabeza y son guantes de entrenamiento, muy acolchonados. -¿Qué dijo tu hermana cuando te metiste a boxear? -Que me iba a presentar a su amiga antes que me mataran.

59


Fco. Héctor Morán

Se abren las ventanillas. Cuando Héctor recibe su solicitud elige el área de Filosofía. Lucía no tarda en aparecerse. Saluda de beso a Miguel y Santiago, a Héctor sólo con la mano ¿Cómo les va chicos? Bien. Les tengo una noticia: terminé con Arturo. Qué bueno. Vas a dejar de oler a Tecate. Lucía ignora el comentario de Héctor ¿Qué área eligieron? Químico – biológicas, Económico Administrativas, yo elegí Filosofía ¡Qué padre!, te vas a Letras. Todavía no sé, ahora me gusta Pedagogía. Pinche indeciso. Sin la duda la existencia carece de sentido ¿Nunca vas a dejar de decir frases mamonas? Caminan hacia la cafetería. Ocupan una mesa. Toman refrescos. ¿Qué hicieron en vacaciones? Ayude en el club. Lo remodelamos. Necesitamos fondos para imprimir folletos e invitar más jóvenes. Queremos que nuestro mensaje llegue a todo el mundo. Órale, eso es tener las metas bien claras. Me preguntó Gamaliel por ti ¿Por

60


Pizzas después de clases

qué no fuiste en vacaciones? Salí de vacaciones con mis papás y lo de Arturo me tuvo medio deprimida ¿Por qué tronaron? Hizo algo muy feo en mi casa ¿Qué hizo? No les quiero contar. A Lucía se le escapa una lágrima. Bueno, sigue enamorada del borracho, qué le vamos a hacer. ¿Y tú? ¿Qué tal las vacaciones? Me fui de vacaciones con Diana a Acapulco. Qué chingón, tu Luna de Miel anticipada. ¡Cuál Luna de Miel!, también fueron mis suegros, no nos dejaron solos no cinco minutos. Está bien, te previnieron del pecado. Cómo si no pecaran bien sabroso en el coche que se convierte en cama. Tu cuarto de hotel ambulante. Siempre pensando en eso. Santiago le dirige una mirada a Héctor que significa “algún día habré de convertirte”. Y tú qué güey ¿te presentó tu hermana a su amiga? Sí, la onda es que ellas están haciendo un trabajo voluntario en un hospital atendiendo a familias que tienen hijos con enfermedades terminales. Tienen que hacer un reporte semanal y van a la casa a hacerlo. Ahí fue cuando

61


Fco. Héctor Morán

la vi. Me saludaba de “buenos días” o “buenas tardes”, pero nada más. Después de un mes de chinga en el deportivo mi hermana me dio su teléfono. Le hable, le dije que era el hermano de Alejandra y que si podía invitarla al cine ¿Qué te dijo? Le dio risa, como jugando me dijo que sí. Hemos salido varias veces en plan de amigos. Me ve como un chavito, pero no tan pendejo, así que ahí andamos. Tus amores platónicos, apunta Lucía. Héctor la mira con rabia.

-¡Tienes que ayudarme!, ¡tienes que ayudarme! –le dice a Santiago a Héctor cuando lo encuentra en un pasillo. -¿Qué te pasa? -Los chavos del salón de Lucía están organizando una sesión espiritista. -¿Y eso qué?

62


Pizzas después de clases

-¡Eso va en contra de la palabra de Dios!, Santiago levanta el dedo índice, en la Biblia se prohíbe claramente hablar con los muertos. -¿Qué quieres que haga? -Tenemos que interrumpir esa sesión. Evitar que el espíritu de algún muerto se posesione del alma de uno de esos pobres jóvenes. -Nada más porque eres mi amigo, la verdad creo que estás medio loco. -Mira, voy a entrar al salón a orar para bloquear a los espíritus de los muertos, tú llegas después, tocas a la puerta para que crean que es un maestro y terminen su sesión. Santiago se introduce al salón que tiene las persianas cerradas para que no entre luz. Hay varias velas prendidas sobre una mesa. Sentados alrededor de la mesa están los participantes a la sesión. Los mirones hacen un círculo

63


Fco. Héctor Morán

alrededor de ellos. Santiago se integra al círculo de mirones y comienza a orar. Silencio. Una chava en la mesa, la supuesta médium comienza a temblar, habla con una voz ronca. Los participantes y los mirones tienen miedo. Una vela se apaga. De pronto se abre la puerta de golpe. -¡Ya culeros déjense de mamadas! Se escucha un grito en todo el salón. Quien está parado en la puerta es Héctor. Su figura se recorta contra la luz del sol. Después de un momento de silencio, tres de los participantes en la sesión salen corriendo de tras de él. -¡Vamos a darle en la madre! Héctor se echa a correr por el pasillo. A mitad del camino reflexiona, si lo atrapan cuando esté cansado le van a dar una madriza histórica. Decide detenerse. Al más próximo de sus perseguidores le coloca un gancho al hígado que lo tira al suelo. Los otros dos lo alcanzan. Héctor se apoya en la pared como si fuesen las cuerdas del

64


Pizzas después de clases

ring. Los dos chavos le tiran de golpes y patadas. Afortunadamente no saben golpear y fallan muchos de sus golpes. Héctor tira pocos pero certeros. Siente un puño en la boca, otro en el ojo. Un maestro sale de su salón. Intenta separarlos. Héctor identifica al maestro de matemáticas que le cae mal y como no queriendo le atiza uno en la nariz. Los otros dos aprovechan y también le tunden algunos al cuerpo del maestro. Finalmente llegan varios compañeros y consiguen detener la pelea. -A ver jóvenes, vamos a la dirección –dice el maestro mientras se limpia la sangre de la nariz con un pañuelo.

El Director tiene los expedientes sobre su escritorio. Mira alternativamente a los jóvenes y a las hojas de

65


Fco. Héctor Morán

calificaciones. Cierra los expedientes, levanta la mirada y dice solemnemente: -Lo que ustedes hicieron es muy grave. Va contra de los valores que impulsamos en esta institución. Si sus calificaciones fueran otras ya los hubiera expulsado. Son buenos estudiantes, me extraña lo que han hecho. Hablé con el profesor Pontones, también está extrañado. Ustedes fueron sus alumnos y los tenía en buen concepto. Hemos platicado y llegamos a la conclusión de que no vale la pena echar a perder su futuro por una tontería. Pero es necesario que tengan claro que estamos siendo benevolentes. Una más y estarán fuera de la escuela ¿está claro? -Sí profe –contestan a coro. No crean que van a quedar sin sanción, van a tener que ofrecerle una disculpa al profesor Pontones y tomar un curso después de clases en el departamento de Pedagogía acerca de la solución de conflictos, ¿de acuerdo?

66


Pizzas después de clases

-Sí profe –vuelven a contestar a coro. -Voy por el profesor Pontones para que se disculpen con él-. El director sale de la oficina. -Te pasaste con el profe- dice uno de los perseguidores después de un momento de silencio. Los tres comienzan a reírse. A Héctor le duele el labio cuando se ríe, pero no puede evitarlo. -También tumbaste a Marco, ¿cómo le hiciste? -¿Quién es Marco? -El primero que te alcanzo. Los tres vuelven a reírse. No pueden aguantarse. Les corren lágrimas por las mejillas. Regresa el director acompañado por el profesor Pontones.

67


Fco. Héctor Morán

-Ahora sí, después de hacer sus fechorías, vienen las lágrimas –dice el profesor Pontones con un acento español que no ha perdido después de vivir más de cuarenta años en México. Los tres hacen esfuerzos por aguantar la risa. -El señor Director me ha dicho que quieren disculparse. Los espero. Héctor traga saliva. Aguanta la risa más por el dolor en el labio que por las palabras del profesor. -Discúlpenos profe, no sé qué nos pasó. Tal vez estamos nerviosos porque es nuestro último año. No volverá a ocurrir. El profesor Pontones da un discurso acerca de la responsabilidad del estudiante con las familias y con la sociedad. Media hora después el Director está dormitando y los estudiantes comienzan a sentir los estragos de los

68


Pizzas después de clases

golpes. Termina dando un manotazo en el escritorio que despierta al Director. -Pueden irse, que no vuelva a ocurrir –dice el profesor Pontones. Cuando salen de la oficina Héctor se despide amigablemente de sus atacantes. Camina hacia los baños. Se encuentra con Santiago, Lucía y Miguel ¿Qué pasó? ¿Te van a expulsar? No, nada más tengo que ir a un curso al departamento de Pedagogía. Qué suerte, te envidio, has derramado sangre por la fe. Qué madrazo traes en el ojo, se puso morado. También te partieron la boca. Héctor asiente. ¿Por qué no me ayudaste?, pinche Santiago. Estaba orando para que no te dieran tan duro. Mira la camiseta, está llena de sangre. Se la quita. Lucía mira el abdomen plano, con los cuadros bien dibujados. El cuerpo de Héctor sigue siendo delgado, pero ahora está bien definido. Verlo con las heridas y el torso desnudo le despierta deseos de besarlo, es la primera vez que considera seriamente coger

69


Fco. Héctor Morán

con él. Voy a lavarme. Héctor se mete al baño. Cuando se echa agua en la cara siente dolor en todas partes. Vuelve a reírse. Le gustó la experiencia. Le gustó dejar salir a la bestia por primera vez.

Se encierra en su recámara. No piensa salir hasta la hora de cenar. Suena el timbre. Abre la puerta. Es Carmen, la amiga de su hermana. Hola, me puse de acuerdo con Alejandra para revisar el reporte hoy ¿no está? No, el reporte debe estar en su recámara. Pasa. Suben las escaleras. La recámara de Alejandra está enfrente de la de Héctor ¿Qué te pasó? Fue mi primera pelea en el boxeo amateur. ¡Uy pobre! Deberías ver al otro. Sí, claro. Carmen se ríe, Héctor intenta reírse pero le duele el labio ¿Por qué practicas boxeo? Voy a decirte la verdad. Me gustas desde que te vi. Le dije a mi hermana que quería conocerte. Me puso como condición que hiciera algún deporte. Elegí el boxeo porque quería que cuando salieras conmigo

70


Pizzas después de clases

estuvieras segura. Carmen tiene una sonrisa en el rostro. No seas tonto, sé cuidarme sola. Sí, a veces puedo ser muy tonto. Héctor se apoya en el marco de la puerta de su recámara. Carmen se arrepiente de sus palabras. Se acerca. Roza con los labios las heridas de Héctor. Yo voy a cuidarte. Se acuestan en la cama de Héctor. Se abrazan. Héctor aguanta el dolor que le provoca besarla. El labio vuelve a sangrar. A ninguno de los dos le importa. -¿Tienes condones? –pregunta Carmen mientras dirige su mano al pene de Héctor. Héctor saca del buró unos condones que le dieron durante una campaña de prevención de enfermedades.

Uno de sus dedos hace círculos sobre el pecho de Héctor. No sabe exactamente qué sentimientos le provoca este chavo. A veces parece niño, otras parece un hombre adulto a quien se le pueden pedir consejos. Había salido

71


Fco. Héctor Morán

con él para no romperle el corazón, ahora teme que sea él quien se lo rompa. Verlo de pie, recargado en la puerta, mirándola con tanta convicción, con tanto deseo contenido, con la certeza absoluta de que los sueños pueden cumplirse. Ella tenía la oportunidad de convertirse en un sueño hecho realidad. Las caricias torpes, los besos ensangrentados. Insaciable. A los diecisiete años se puede hacer el amor dos veces seguidas sin problema. Todavía quiere más pero ella está exhausta. Carmen no sabe lo qué siente porque es la primera vez que lo siente. No es la primera vez que tiene sexo, pero sí es la primera vez que es la primera vez de un hombre. Quiere cuidarlo. Lo quiere para ella sola. Los celos forman un bloque sólido. Ahora entiende que ha perdido su virginidad, la importante, la que pierden las mujeres cuando son las primeras en la vida de un hombre. Desde ahora sabe que un día será comparada con otras. Después de mucho tiempo él va a recordar este día. Quiere guardar ese recuerdo. Quiere que él guarde ese

72


Pizzas después de clases

recuerdo. Carmen vive una sensación innombrable y quiere conservarla para siempre. Héctor siente hormigas corriendo por su brazo izquierdo. Ahí descansa la cabeza de Carmen. Tiene el brazo dormido pero no quiere moverse. Teme que un movimiento brusco le arranque lo que ha vivido. Está cansado, pero quiere seguir mientras pueda. No sabe qué decir. Por primera vez se han agotado las palabras. Siente los dedos de Carmen haciendo círculos en su pecho. Quiere decirle las palabras perfectas, aquellas que la convenzan de permanecer a su lado. Está enamorado, él piensa que la ama. Ignora que apenas comienza a amarla, que falta mucho para que el amor se concrete. La realidad ha sido mejor que sus sueños. Ahora entiende la diferencia entre los amores imaginarios y los reales. Entiende el peso de la carne en su sexo. Quiere aprehender el cuerpo de Carmen. Quiere introducirse en ella para siempre. Adivinar qué piensa, qué siente. El cree que la ama porque ha conocido

73


Fco. Héctor Morán

su cuerpo. Le hace falta conocer los malos momentos, los enojos, las peleas, los celos, la diferencia entre quien creemos amar y quien existe realmente. Escuchan que se abre la puerta de la casa. Carmen se viste en un instante. Hazte el dormido, le ordena a Héctor. Entra a la recámara, encuentra el reporte que debe revisar, finge leerlo atentamente. Una persona sube por las escaleras. Es Alejandra. Cuando entra observa a Carmen. Le basta un segundo para darse cuenta. -Te cogiste a mi hermano. -Él me cogió a mí –contesta Carmen tranquilamente. -¿En serio? -Sí, creo que me voy a enamorar de él. -Si lo haces llorar te voy a partir la madre. -Si lo hago llorar me voy a partir la madre.

74


Pizzas después de clases

Comienzan a revisar el reporte. Te estás durmiendo. Estoy cansada ¿qué esperabas? Pinche Héctor, tan tranquilo que se veía. Es un mátalas callando. Dice que tuvo su primera pelea amateur y trae la boca abierta y el ojo morado. Mi mamá se va a enojar conmigo ¿Por qué? Porque le dije que hiciera deporte para que le diera tu teléfono y él escogió boxeo. Sí, me contó esa historia, eres una hermana muy mala ¿A poco no se ve mejor ahora? Tengo que reconocer que se ve mejor ahora. Carmen se muerde los labios. A la hora de la cena, después de dormir, Héctor se aparece en el comedor. Al verlo aparecer su madre se acerca preocupada ¿¡Qué te pasó!? Fue mi primera pelea amateur. Vas a dejar ese deporte mañana. No te preocupes mamá. Su padre lo mira fijamente y sonríe. Déjalo que vaya, así se aprende. Alejandra lo señala con el dedo índice. Hoy tuviste mucha actividad ¿no? Héctor finge tranquilidad. No más de la acostumbrada. Cuando se sienta

75


Fco. Héctor Morán

a comer su hermana le dice al oído: sí tratas mal a mi amiga te chingo.

El trayecto hacía la escuela es distinto. El señor que vende los jugos, el de los periódicos, la gente que se amontona en el metro, todos parecen prescindibles. Se mueve al interior de una burbuja. Siente que es único en la tierra. Carmen lo ha tocado con su gracia para transformarlo. Durante las clases no se concentra. Quiere que el tiempo pase. Las actividades cotidianas son un pretexto para encontrarse con ella. Al terminar las clases se encuentra con Miguel y Santiago ¿Ya nos vamos? Hoy voy a ir a Ciudad Universitaria ¿A qué? Voy a la facultad de Psicología, necesito un libro para mi curso de resolución de conflictos. Te doy un aventón, propone Miguel. No gracias, te desvío mucho. No hay bronca. No, de verás. Este cabrón trae algo,

76


Pizzas después de clases

dice Santiago. No, nada. Hazte pendejo. En serio. Se aparece Lucía ¿Qué tal chicos? ¿Cómo les va en sus nuevas clases? Bien. Oye vamos a acompañar a Héctor a CU ¿tienes inconveniente? No, ninguno, también tengo ganas de conocer la Universidad. Quiero acostumbrarme. Les impresionan los edificios universitarios. Junto a ellos su escuela es muy pequeña. Gracias, nos vemos, dice Héctor apenas se estacionan. Espérate güey, te queremos acompañar a la biblioteca. No hace falta. Este cabrón oculta algo. Está bien, acompáñenme. Héctor camina rápido, seguido por su escolta de amigos. Espérate, ¿qué prisa llevas? Ninguna, pero tengo que irme temprano para llegar a boxeo. Si quieren me esperan afuera de la biblioteca mientras voy por el libro. Yo quiero entrar, tengo curiosidad, dice Lucía. Sí, vamos a ver qué tal está, opina Miguel. Entran a la biblioteca. Ahí quedó de verse con Carmen. La busca con la mirada. Una mano se levanta saludándolo. Es ella. Quiere parecer tranquilo pero corre

77


Fco. Héctor Morán

hacia ella. Sus amigos lo siguen. Están intrigados. Carmen se pone de pie y lo besa en la boca. Permanecen con los labios unidos más de un minuto. Te quiero. Te quiero. Se miran a los ojos. Te dije que este cabrón ocultaba algo murmura Miguel al oído de Santiago. Lucía los observa atentamente. No sabe porqué, pero está muy encabronada. Te presento a Miguel, a Santiago, a Lucía, unos amigos de la escuela. Qué tal, mucho gusto. Me acompañaron, pero creo que ya se van ¿No quieren comer en la cafetería? Sí, yo tengo hambre. Yo también. Le dirigen a Héctor una mirada cómplice. Él les dirige una mirada asesina. ¿Qué estás estudiando? Psicología, me quiero especializar en psicología educativa. Qué padre ¿Cuántos años tienes?, pregunta Lucía. Diecinueve. Dos más que Héctor. En realidad uno y medio ¿Te gustan los niños? No me gustan los niños, me gusta Héctor. Carmen besa a Héctor. Miguel y Santiago están ocupados observando el culo de las estudiantes de psicología. Lucía sabe que está

78


Pizzas después de clases

siendo agresiva. No puede evitarlo. Carmen sabe que Lucía está enojada y eso le divierte. Esperamos a tu hermana y nos vamos ¿no? Mientras Alejandra aparece Carmen y Héctor se abrazan, se besan, ignoran a los otros en la mesa. Lucía no puede evitar mirarlos. Nos vemos mañana. Héctor se despide antes de subir al auto de Carmen. Miguel arranca el auto. La novia de Héctor está muy buena. No digas eso, es tu amigo, lo corrige Santiago. Pero es más grande que él, apunta Lucía. Eso no importa. Claro que importa. Bueno, por ahora no importa, ya después verán. Eres muy superficial ¿Por qué estás enojada? No estoy enojada. Está enojada porque lo pensó mucho con Héctor y se lo ganaron. Cállate pinche Santiago. Ya ves como sí estás enojada. Qué no. Lucía da por terminada la discusión asomándose por la ventanilla. Miguel y Santiago comienzan a platicar acerca de las chavas que vieron en la facultad de Psicología.

79


Fco. Héctor Morán

Lucía está mirando atentamente al pizarrón. Quiere tomarse en serio la escuela. Este año es el más importante. Arturo entra al salón. Quítate de aquí culero. El chavo que estaba sentado junto a Lucía se cambia de lugar. Te quiero. Vete, hablamos cuando termine la clase ¿Ya me perdonaste? Un espeso olor a cerveza sale de su boca. Sí, hablamos cuando termine la clase. Arturo sale del salón. El profesor lo observa con curiosidad. Miguel y Santiago van al salón de Lucía. Arturo comienza a gritarles: ¡Tú te coges a mi novia, tú te coges a mi novia!

Miguel se prepara

para golpearlo ¿Tú eres Santiago? Sí, contesta Santiago sorprendido. Tú te coges a mi novia. Yo no. Sí puto, siempre se va contigo los viernes. Vamos a un club cristiano. No es cierto. En serio. Santiago saca de su mochila un folleto. Te invito, necesitas ir. Arturo lo mira indeciso. Voy a ir, pero si te coges a mi novia te madreo. Coger es pecado. Te invito al club para que te des cuenta

80


Pizzas después de clases

de que no hacemos nada malo. Lucía sale del salón ¿Qué te pasa?, le pregunta a Arturo. Te quiero. Ya te dije que mientras tomes no voy a estar contigo. Y yo voy a estar poniéndome borracho hasta que regresemos. Vayan al club. Platiquen con Gamaliel, él los puede orientar. Arturo comienza a llorar. No me dejes, voy a ir. Héctor se acerca ¿Qué pasó? Nada, invité a Arturo al club, contesta Santiago sintiéndose un apóstol consumado, ha salvado un alma del infierno. Qué bien, necesita buenas compañías, afirma Héctor. No te burles que no estoy de humor, le suelta Lucía. Es una oportunidad para sacarlo del vicio, opina Santiago con actitud de beato. Sí, quiero salir del vicio para que vuelvas a coger conmigo, afirma Arturo convencido. Ya no digas eso, le ordena Lucía. Déjenlo que se exprese, le hace falta. Cállate pinche Héctor, Lucía sigue deseando que Héctor se vaya. Mi hermana y mi novia son psicólogas, no lo olviden, les recuerda Héctor. ¿Y eso qué?, pregunta Miguel. Tengo una opinión calificada.

81


Fco. Héctor Morán

Calificada mis huevos, le aclara Miguel. No se peleen, pide Santiago. Estaría bien que no lo dejaras solo, es claro que te necesita, solicita Héctor. Sí es cierto, tú me caes bien, ¿cómo te llamas? Héctor. El amor no conoce barreras, está es una prueba que deben superar juntos, Héctor sigue opinando feliz de molestar a Lucía. Ya no opines, dice Lucía con ganas de que Héctor desaparezca en ese instante. ¿A poco no tengo razón Arturo? Sí, mi amigo Héctor tiene razón, afirma Arturo contento de tener un cómplice. ¿Ya ven? Ya vámonos, opina Miguel. Sí, es momento de dejar solos a los novios, dice Héctor muy contento. Sí, ya váyanse, dicen Lucía y Arturo al mismo tiempo. Perdóname ¿Cómo crees que me sentí cuando te vi bailando frente a mi mamá? Fue sin querer. Ya te explique que tomé ácido y estaba en un viaje. Veía la sala de tu casa como un campo de margaritas y tus papás eran unos osos de peluche ¿Cuando mi papá comenzó a gritarte que veías? Su voz eran colores muy bonitos, rojos, morados. Tuve que

82


Pizzas después de clases

aventarte la ropa por la ventana. En la calle y seguías bailando. Traías el condón puesto ¿Tus papás no sabían que cogíamos mientras ellos veían televisión? Sí cabrón, yo les había dicho “voy a coger, quiero privacidad”. Perdóname, te necesito. Arturo intenta abrazarla. El aroma a cerveza que despide despierta el deseo sexual de Lucía. Son tantas veces las que ha hecho el amor con Arturo cuando está borracho que su cerebro ya relaciona ese olor con el placer. Si te perdono será la última vez. Además ya no podrás ir a mi casa. Mi papá te quiere mandar a la cárcel. No sabes cómo tuve que rogarle para que no llamara a la patrulla. Voy a cumplir mi promesa amor. Iré al club cristiano, me cortaré el cabello y jamás probaré el ácido otra vez. Tampoco la mariguana ¿Tampoco? Claro, ya estoy harta de oler a pasto quemado. También vas a dejar el alcohol. Ni una cerveza más mi amor. Lucía lo besa. Vamos a ser felices, ya lo verás.

83


Fco. Héctor Morán

Miguel, Santiago y Héctor se alejan ¿Por qué no querías que te acompañáramos ayer?, pregunta Santiago. Quería darme besos con Carmen a gusto no con ustedes a un lado ¿Qué tiene de malo?, dice Miguel. Voy a ir con ustedes cuando estén con sus novias, a ver qué tiene de malo, afirma Héctor. Ya sé qué voy a hacer, voy a repartir folletos del club en toda la escuela, interrumpe Santiago. Se imaginan que toda la escuela fuese cristiana. Héctor y Miguel observan fijamente a Santiago. Su amigo está a un paso de convertirse en profeta o en loco. Sí nos imaginamos. Cantando coritos al principio y al final de cada clase, dice Miguel mirando al cielo como si estuviera en éxtasis, espera que Santiago capte la ironía. Sería maravilloso, apunta Santiago.

Muy bien jóvenes, la voz segura de Gamaliel se escucha en todo el local, es el momento de confesar los pecados, si queremos cambiar debemos comenzar ahora,

84


Pizzas después de clases

¿quién quiere confesarse? La mano de Arturo se levanta tímidamente. Hace tiempo no sabe qué se siente estar sobrio y ahora sus movimientos son erráticos. Quiero confesarme. Hazlo aquí, delante de todos, para que tu arrepentimiento sea sincero. Yo me ponía borracho. Tenía sexo con mi novia. Todos voltean a ver a Lucía, está llorando de coraje. Fumaba mariguana. Lo peor que hice fue quitarme la ropa y bailar frente a sus padres. Pero ahora quiero que me perdone, quiero que me perdonen todos. Muy bien Arturo, hace falta valor para desnudarte enfrente de tus suegros, pero más valor se necesita para confesarlo. Ahora serás una persona diferente. Todos aplauden. Al final de la sesión Santiago se acerca a Gamaliel. Le pide cientos de folletos para repartirlos en la escuela. Los separa en varios montones. Le entrega un montón a Arturo, otro a Lucía, Miguel no los acepta, piensa dejar el club ahora que Arturo y Lucía van a ir juntos. Hacen un plan para distribuirlos. Deben llegar a todos los

85


Fco. Héctor Morán

compañeros de la escuela. Santiago está extasiado, ha encontrado una meta en su vida. El lunes siguiente a la entrada de la escuela Santiago, Arturo y Lucía reparten folletos a todos los estudiantes. El movimiento tiene éxito en pocas semanas. Se organiza un grupo de quince chavos que escuchan atentamente las palabras de Santiago. Los primeros en anotarse son el Gato y Franky, harían lo que fuera por estar cerca de Lucía. Cada vez que llega el momento de la confesión Arturo cuenta cómo fumaba mota, se cogía a su novia y bailó encuerado frente a sus suegros. Lucía insiste en que no es necesario contar esa historia en cada sesión pero Arturo le dice que se siente liberado cada vez que la cuenta. Todos van a las sesiones de los viernes. Ven a Gamaliel como un ángel bajado del cielo. No les importa cooperar económicamente con la tarea de ampliar el recinto del club. Esta es una oportunidad de creer, de tener una certeza. Que sus familias estén en contra los fortalece. Es la

86


Pizzas después de clases

primera vez que pueden hacer enojar a sus padres portándose bien. Te prefiero borracho que en esas cosas que andas metido, le dice la madre de Arturo mientras él se prepara para asistir a una reunión del club. Se ha organizado un festival de canto estudiantil. La idea es que todos los chavos interesados en cantar puedan hacerlo frente a sus compañeros. El auditorio está lleno. Santiago ve una oportunidad preciosa para difundir su mensaje. Se acerca a Rubén, un miembro del movimiento que va a cantar una canción. Le exige que dedique su interpretación a todos los cristianos. Rubén acepta pero cuando ve el auditorio lleno se olvida de la encomienda. Canta. Le aplauden. Baja del escenario y se encuentra con Santiago

perfectamente encabronado ¿¡Por qué no

dedicaste la canción!? Se me olvidó. Eres un pendejo. Le arrebata la guitarra y sube al escenario. El maestro de ceremonias lo mira extrañado. Santiago levanta la guitarra y grita ¡viva el club cristiano! Los que organizan el festival

87


Fco. Héctor Morán

suben al escenario para bajar a Santiago. Se echa a correr ¡Represión, represión!, grita. Finalmente lo atrapan. Héctor, Miguel, Arturo y Lucía se acercan a protegerlo. Llévense a su amigo antes que le partamos la madre. Sí, no hay bronca. Entre los cuatro sacan a Santiago del auditorio como pueden. Déjenme, culeros, malos amigos. Esto es más importante. Déjenme. Miguel, fastidiado, le da una cachetada. Santiago se calma. Lo llevan al baño, le lavan la cara. -¿Qué te pasó? –pregunta Miguel. -Me ofusque. -Tal vez te poseyó un espíritu –dice Héctor. -Eso, eso debió ser. Un ángel tomó mi cuerpo para difundir el movimiento. -Si no te calmas te voy a poseer yo –dice Miguel.

88


Pizzas después de clases

Después del zafarrancho los seguidores del club aumentan considerablemente. Se ha convertido en una especie de secta clandestina a la que todos quieren pertenecer. Una chava se acerca a Héctor. En voz baja le pregunta: -¿Eres amigo de la chava que su novio se la cogía, fumaba mota y se desnudó frente a sus suegros? -Sí, me parece conocer a alguien que concuerda con esa descripción. -Me gustaría estar con ellos. -¿Fumando mota, cogiendo y desnudándote? -No, en el club ¿Sabes dónde se reúnen? -Si lo sé, pero después de lo que pasó en el auditorio sólo puedes llegar con alguien conocido del club. -¿Tú no estás en el club?

89


Fco. Héctor Morán

-No, pero puedo presentarte a alguien. Héctor la lleva a la cafetería. En una mesa están Santiago, Arturo y Lucía haciendo planes. Les presento a una amiga, es de fiar. Ellos la miran con desconfianza. Tú no eres de fiar Héctor. Bueno, yo no pero ella sí. Está bien, siéntate, le ordenan a la chava. Tú vete, no puedes escuchar esto. Héctor se retira pensando que el mundo es una colección de zafados.

Han hecho el amor en el cine, en un parque, en el metro, en las fiestas, en la casa de cada uno. Quieren explorar sus geografías. La piel es un espacio que los une. Hablan, discuten, solucionan los problemas del mundo, opinan acerca de cualquier tema. Les duele separarse cada noche. Se dan quince besos de despedida. Héctor pasa más tiempo en la facultad de Psicología que en su escuela. Carmen lo acompaña a sus entrenamientos. Se sienta en las

90


Pizzas después de clases

gradas a leer un libro o hacer su tarea mientras su novio brinca, corre, golpea el saco y la pera. Están convencidos de que en ellos se cumple el mito platónico de la división de las almas y han encontrado a su pareja eterna. Lo están golpeando. Héctor en una esquina neutral recibe golpes en los brazos, en el pecho, en la cabeza. Está cansado. Ha tenido dos rounds en el infierno. No se ha caído por puro milagro. El entrenador le grita desde la esquina pero él no lo escucha. Carmen se agacha, no quiere ver esa masacre. De pronto, con el resto de sus fuerzas, lanza un volado de derecha. Siente que lo ha colocado bien. Su contrincante se desvanece. El referí cuenta hasta diez. Levanta los brazos en señal de victoria. Agradece al cielo haberlo librado de esa pesadilla. Ha ganado con más fortuna que mérito. Tienes el punch muchacho, pero si no entrenas no tienes nada qué hacer. Sí profe. Carmen lo abraza. Si sigues en este pinche deporte te voy a dejar. No aguanto ver cómo te pegan ¿No puedo ir a

91


Fco. Héctor Morán

la olimpiada nacional? Si vas, te quedas sin novia. Está bien, me dedicaré a correr en las mañanas. Parecen un par de patinadores, abrazados y tomados de las manos. Estoy cansado. Vamos a mi casa, mis papás están de vacaciones. Héctor se acuesta en la cama de Carmen. Se queda dormido. Carmen lo mira. Observa el pómulo inflamado. Ella quiere cuidarlo. Le gusta su barba con tres días sin rasurar. Tienes cara de cínico, dice en voz baja. Abre los ojos. Lo primero que ve es el rostro de Carmen ¿Cómo te sientes? Como si me hubieran agarrado a madrazos durante siete minutos y medio. Eres un suertudo. La verdadera suerte es estar contigo. No mames. En serio. Se besan. Héctor toca el pecho de Carmen. Hoy no, estás muy cansado, mejor vemos una película. Acostados. Con los ojos fijos en la pantalla, el mundo parece

moverse

perfectamente

¿Ya

decidiste?

Sí,

pedagogía. No me vayas a echar la culpa después. No, lo pensé bien. Quiero pasarme toda la vida en una escuela, es

92


Pizzas después de clases

lo único que hago bien. Haces muchas cosas bien. Bueno, es lo que hago mejor. Carmen siente esa punzada. Soy dos años mayor que él. Ahora no hay problema pero voy a querer casarme antes que él. Voy a querer tener hijos antes que él. Vamos a madurar juntos. En mi cuerpo se verá más pronto la diferencia. Luego a celarlo. A dudar. Pensar que está buscando una piel más joven ¿Hasta dónde llegaremos juntos? ¿Quién será el primero en cambiar de opinión? Espanta esas ideas como si se tratase de una mosca. Pega su cuerpo al de él. El tiempo debería detenerse en este momento.

¿Te vas con nosotros o van a pasar por ti? Van a pasar por mí. Santiago se ha dejado crecer la barba. Parece santo de iglesia. Miguel está un poco triste, con Arturo en plan de niño bueno y siempre pegado a Lucía se ha visto

93


Fco. Héctor Morán

obligado a serle fiel a Diana ¿Cómo te va de novio? Bien, me quiero y la quiero, qué más. Nunca me imagine que fueras tan ñoño. Es el ñoño que todos llevamos dentro. Entonces te vas a pedagogía. Sí, me gusta estar en la escuela. Qué hueva ¿Qué tal va la secta? No es secta. Bueno, lo que sea. Bien, hemos convertido a más de cien en la escuela. Olvídate de medicina y dedícate a eso. Me dan ganas, pero creo que practicar medicina es una buena oportunidad para realizar mi ministerio. Las iglesias son buen negocio. Esto no es una iglesia y no lo hago por negocio ¿Le entregas la lana completa a Gamaliel? Claro, quiero que el club crezca y que el mensaje llegue a todos los jóvenes. El auto de Carmen se estaciona. Qué tal. Besa y abraza a Héctor, recarga su cuerpo en él ¿Qué plan tienen para el sábado? Ninguno. Hay una fiesta en la facultad, ¿quieren ir? Miguel levanta la mano, Santiago lo piensa y después afirma. Carmen les entrega unos volantes. Ahí

94


Pizzas después de clases

viene la dirección. Órale. Llega Lucía acompañada de Arturo. Las manos con los dedos entrelazados ¿Cómo están? Bien. Hay una fiesta el sábado. Carmen les entrega un volante. Sí vamos. Me tengo que ir, nos vemos mañana. Lucía sigue con la mirada a Héctor. Ya conoció a su primera novia. No es como la imaginaba: una nerd de lentes gruesos y frenos en los dientes. Ahora sabe que no quería conocer a su primera novia. Esperaba que eso ocurriera cuando salieran de la escuela. Se han terminado las pláticas interminables, las llamadas telefónicas. Él ya no siente celos cuando la ve con Arturo ni cuando tira anzuelos para que el Gato, Franky y otros como ellos la sigan con la esperanza de que algún día les haga caso. Lo ha perdido. Es el primer chavo que pierde y no consigue resignarse. Sigue con la mirada al auto. Conforme se aleja descubre que está triste, que sigue con Arturo por inercia. Quiere volver a engañarlo con Miguel, quiere más visitas a las pizzas, quiere que las cosas sean como antes.

95


Fco. Héctor Morán

¿Reuniste las cuotas? Lucía no lo escucha. Santiago se para enfrente de ella y vuelve a preguntarle ¿Reuniste las cuotas? Sí. Saca de su mochila una bolsa de plástico con monedas. Santiago las guarda ¿A qué hora nos vemos para llegar juntos a la fiesta?

Si

vuelves

a

tomar

cerveza

te

abandono

inmediatamente, ¿entendiste? Sí Lucía. Yo voy a tomar para que veas lo que se siente cuidar borrachos, ¿te queda claro? Sí Lucía. Están bailando. Lucía observa a Santiago que baila con Noemí, le guiña un ojo a Miguel mientras Diana está distraída. No ve a Héctor por ninguna parte. Te quiero, sí, síguele, ay que rico, más, así otra vez, bésame cabrón, ay, aaaahhhh, mmmm qué rico, ay, mmmmmmm, aaaaahhhh. Carmen descansa su cuerpo sobre el de Héctor. Están en la recámara de la organizadora de la fiesta. Se acomodan la ropa. Se peinan con los dedos ¿Quieres una cerveza? Bajan las escaleras tomados de la mano. Sonríen a

96


Pizzas después de clases

desconocidos. Sacan un par de cervezas de la tina donde se están enfriando. Encuentran unas sillas. Descansan. Observan a las parejas que están bailando. Santiago, Lucía y Miguel parecen divertidos. Termina la música. Las tres parejas se encuentran donde Héctor y Carmen están sentados ¿Dónde estaban? Por ahí, conociendo el lugar. Tocan una música tranquila. Carmen levanta a Héctor para bailar. Se mueven despacito, al compás de la música. Ella se recarga en él. Te quiero mucho. Me gusta que no tengas miedo cuando se nos ocurren estas cosas. Me da miedo pero prefiero hacerlas que quedarme con las ganas. Cierran los ojos. ¿No han visto a Lucía?, pregunta Arturo. Creo que iba al baño. Me mandó por una cerveza y ahora no la encuentro. Espérala aquí propone Santiago. Arturo platica mientras lucha con las ganas de tomarse la cerveza de un solo trago. Sabe a lo que se arriesga y se aguanta. Siempre gana el sexo en estas ocasiones. Tengo que encontrarme

97


Fco. Héctor Morán

una chava que me guste como Lucía pero que me deje ser borracho, es la única manera de ser feliz. Me haces feliz, dice

Lucía

mientras

siente

el

pene

de

Miguel

introduciéndose en su cuerpo. Miguel agradece la hora en que se le ocurrió inventar el coche-cama. Después de diez minutos regresan a la fiesta. Primero entra Lucía ¿Dónde estabas? En el baño. Te tardaste mucho. Había mucha fila ¿No han visto a Miguel? Me dijo que iba a comprar cigarros, apunta Santiago. Le tengo que quitar ese vicio, opina Diana. Miguel se aparece un par de minutos después ¿Dónde andabas? Fui a comprar cigarros. Ya te dije que no fumes. No te preocupes, no encontré. Se ponen a bailar ¿Lucía no está sacada de onda porque Héctor tiene novia? ¿Por qué iba a estar sacada de onda? Cuando fui al club me pareció que ellos traían algo. Ah, no, lo tomó bastante bien. Con seis cervezas encima Lucía se siente bastante contenta y desinhibida. Se acerca a Carmen y Héctor que están platicando bajito en un rincón ¿Me lo prestas para

98


Pizzas después de clases

bailar? Carmen advierte la alegría etílica de Lucía y acepta. Me lo traes en diez minutos ¿Qué se siente andar de novio? Tú debes saberlo, hace mucho que tienes uno. El novio que escogí no sirve para nada. Siempre dijiste qué él te necesitaba no que tú lo necesitaras. Te quiero mucho pinche Héctor, aunque seas bien mamón. Yo te estimo bastante. Lucía se da cuenta de que Héctor guarda una distancia prudente. Otro día que no esté tu novia nos ponemos a mano. Gracias Carmen. De nada. Héctor y Carmen se besan. Lucía camina hacia Santiago. Arturo fue al baño, vamos a bailar antes que regrese. Santiago y Lucía comienzan a bailar una canción movida pero les cambian a una más lenta. Se abrazan. Santiago admite lo que durante un tiempo se mantuvo oculto incluso para él: Lucía le gusta. Lucía puede estar a medio camino hacia la ebriedad total pero sabe muy bien cuando ha enganchado a un chavo. Pídele las llaves a Miguel y ahí nos vemos dentro de cinco minutos, quiero platicar algo contigo. La música

99


Fco. Héctor Morán

termina. Santiago se acerca a Miguel. Me prestas tus llaves, voy por mi suéter ¿A poco te dio frío? Un poquito. Ahorita vengo mi amor, le dice Santiago a Noemí ¿Te acompaño? No, te va a dar frío, no me tardo. Me haces feliz, dice Lucía cuando siente el pene de Santiago introducirse a su cuerpo. ¿Me he portado bien? Sssí. ¿Me he ganado un premio? Sssí. ¿Entonces vamos? Sssí. Lucía arrastra las eses y los pies. Arturo la lleva casi cargando. Cuando nadie los mira entran al baño. Arturo la acaricia. Ha extrañado su cuerpo. Él no sabe si la necesita y confunde esa necesidad con amor o si la ama y confunde ese amor con necesidad. Está ansioso. Te extrañé dice Arturo mientras introduce su pene en el cuerpo de Lucía. Me haces feliz, dice Lucía. Un borracho toca la puerta. Ábreme, solicita. Espérate tantito dice Arturo con un grito ahogado. El borracho apoya su frente en la puerta e insiste. Ábreme cabrón. Espérate güey. Me estoy cagando. Arturo y Lucía ignoran las necesidades del borracho. Apúrate cabrón, me voy a hacer aquí. ¡Ya

100


Pizzas después de clases

vamos!, grita Lucía. A chinga, perdón creí que mi amigo estaba ahí. El borracho defeca junto a un coche y se aleja por la calle. Ya olvidó que estaba en una fiesta. Nos vemos el lunes. Nos vemos. Carmen arranca el auto. Santiago le da un abrazo a Miguel otro a Lucía mientras murmura a su oído “te quiero”. Lucía, bastante ebria en ese momento le grita ¡Que! ¡Ah sí! ¡Yo también te quiero! Santiago sube rápidamente al auto de Noemí. Noemí está confusa ¿Qué pasó? No sé mi amor, Lucía tomó mucho está noche. Cuando Miguel se va a subir a su auto pisa un trozo de mierda que se siente caliente todavía ¡Chinga, pinches cochinos! Exclama mientras frota su zapato en un trozo de césped que hay en la banqueta. Arturo se despide. Sube en el coche a Lucía en calidad de bulto ¡Nos vemos! ¡Puta madre! grita Miguel bastante encabronado. Ellos no tienen la culpa mi amor, le indica Diana.

101


Fco. Héctor Morán

Santiago, Miguel y Lucía prefieren olvidar lo que ocurrió el sábado pasado. Sin embargo, el recuerdo de la mierda todavía estremece a Miguel. Tuve que lavar la suela de mi zapato, dice muy enojado. Apestó a mierda el coche y mi recamará ¿A quién se le ocurre cagar en la calle?

Santiago toca la puerta. Se asoma por las ventanas. El local del club está vacío y obscuro. Se le debe haber hecho tarde a Gama, opina Lucía. Gamaliel siempre llega temprano. Cuando hay diez jóvenes frente a la puerta del club se aparece una patrulla de la policía judicial ¿A quién esperan? Nadie quiere responder. Santiago se atreve. Esperamos a Gamaliel Martínez, es el líder de esta congregación de jóvenes cristianos. Ese Gamaliel se parece a éste. Les muestran una fotografía. Los jóvenes hacen un círculo alrededor del agente. Sí, es él. Se le parece, ¿le pasó algo? No, no le pasó nada, ¿alguno de ustedes lo conoce bien?, ¿quién lo conoce mejor? Varios de los jóvenes

102


Pizzas después de clases

señalan a Santiago ¿Nos puede acompañar joven?, no le va a pasar nada. Santiago está desconcertado, cuando se da cuenta está en la patrulla. Vamos a ir a la delegación a platicar un rato. No se preocupe. Siguen llegando jóvenes. Los que estaban les platican a los que llegan. Estaban buscando a Gamaliel por narcotráfico. Al parecer Santiago era su cómplice. Llegaron varios policías con metralletas. Lo esposaron. Iban al campo militar número uno. Lucía intenta aclarar los rumores pero cuando se da cuenta de que es minoría comienza a difundirlos. Santiago y Gamaliel se dedicaban al tráfico de armas y de estupefacientes. Órale, qué grueso. -A ver joven ¿usted le entregaba todo el dinero a Gamaliel? -Sí señor. -¿Nunca se preguntó para qué era ese dinero?

103


Fco. Héctor Morán

-Para difundir el movimiento. Para que el mensaje llegara a todos los jóvenes. -¿Usted no se quedó con nada? -No señor, todo se lo entregaba a él. -Espéreme tantito. Sale el policía y entra otro. -¡A ver cabrón!, nos dices la verdad o te partimos la madre. Ya me cansé de estas pendejadas. -¿Cuál verdad? -¿Dónde está el pinche Gamaliel?, ¿dónde está la lana? -No sé señor. Nunca se me ocurrió preguntarle donde vivía.

104


Pizzas después de clases

-Mira cabrón –el policía golpea el escritorio- si me entero que me estás mintiendo te mando al reclusorio y allá te carga la chingada. -No estoy mintiendo señor. Sale el policía y entra otro. Mire joven, ya se enojo el jefe, mejor diga la verdad y lo ayudamos… Hace dos horas que le hacen el mismo numerito. Entra un policía, le pregunta de buen modo, después entra otro y lo amenaza. Finalmente lo dejan solo. Mira pareja, se me hace que a este escuincle también lo engañaron. Vamos a decirle la verdad del Gamaliel. Entran los policías. Mira chavo. A ese cabrón de Gamaliel lo andan buscando en varios estados por fraude. Organiza sus clubes, le saca dinero a los chavos y un día se va de repente. Hace años engañó al hijo de un comandante.

105


Fco. Héctor Morán

Desde entonces lo estamos buscando por fraude. El cabrón tiene habilidad para irse cuando casi le caemos. El dinero que a ustedes les sacó ya voló. Nada más firmas este documento que dice que te tratamos bien y te vas a tu casa. Santiago firma con lágrimas en los ojos ¿Qué te hicimos para que llores? Yo creía en él. No sea puto y váyase. Apenas entra a la escuela Lucía corre a abrazarlo ¿Qué te hicieron? ¿Te pegaron? ¿Te violaron? ¿Te gustó?, pregunta Héctor que viene más atrás ¿Te metieron al tambo? No, dada más me preguntaron acerca del dinero y de Gamaliel. Santiago inicia su relato cuando unas decenas de chavos lo rodean ¿Y nuestra lana? Gamaliel se la llevó. Nos engañó. Pero no se decepcionen del mensaje. Nosotros podemos seguir con el club ¿Para que nos robes tú? Yo no soy ratero. Lo empiezan a empujar, gritan. Santiago intenta huir. Esa vieja también nos engañó. Nos la vamos a coger hasta que nos paguen. Sobre mi cadáver culeros, grita Arturo. Vuela el primer golpe. Parece una pamba masiva

106


Pizzas después de clases

que cae sobre Santiago, Lucía, Héctor y Arturo. Llega el subdirector con trabajadores de seguridad de la escuela. Deshacen el círculo. Santiago y sus amigos respiran aliviados. ¿Qué pasa aquí?, grita el subdirector. Estos inventaron un club cristiano para robarnos nuestra lana. No robamos nada, dice Santiago. Miren jóvenes, no sean inocentes. Si ustedes creen en Dios no necesitan que alguien venga a presentárselos. Ustedes mismos pueden buscarlo, platicar con él. Dios está con ustedes aunque no lo crean ¿Para qué necesita dinero el creador del universo? Díganme. Santiago se queda pensativo. Cuando alguien les pida dinero para acercarse a Dios desconfíen, continua el subdirector. Dios está en sus corazones, en la naturaleza. Que esto les sirva de experiencia. No hay más mensaje que su conducta. Si ustedes son buenas personas, si ayudan a los demás, los otros van a seguirlos. No hace falta dinero para amar, para creer. No hacen falta clubs, hacen falta

107


Fco. Héctor Morán

círculos de estudio. Miren en todas las religiones una posibilidad para entender al hombre no a Dios. Yo también creo. Creo firmemente que Dios me acompaña cada día porque soy su hijo, soy frágil y lo necesito. Lo necesito a Él, no a una persona que me pida dinero y me imponga reglas con el pretexto de acercarme a Él. Él está en mí y yo en Él. Cálmense. Piensen en esta experiencia y aprendan de ella. Ya váyanse a sus clases. Arturo toma de la mano a Lucía ¿Ya ves?, no necesitamos reglas impuestas. Caminan hacia la camioneta de Arturo. Lían un cigarro de mota. Después de fumarlo hacen el amor como no lo hacían en meses. No hay nada como el sabor de la libertad ¿verdad mi amor? Lucía asiente mientras acaricia el pecho de Arturo. Dos semanas más tarde Santiago aparece con una camiseta con las letras GHM ¿Eso qué significa? Gran Hermandad Mundial. Es un grupo que está buscando la verdad del universo a través del amor y la amistad ¿Sabían

108


Pizzas después de clases

que han existido varios Avatares? Ellos nos traen un mensaje de paz universal. Comencé a asistir a sus reuniones. Me gustaría invitarlos… Héctor y Miguel comienzan a hablar de los resultados del fin de semana en el fútbol. Lucía es la única que lo escucha. Arturo está en las canchas de basquetbol bebiendo cervezas.

Está frente a la hoja que debe llenar para elegir la licenciatura que va a estudiar. Aquí se terminaron las dudas. Con el lápiz rellena el ovalo que se encuentra junto a la palabra “Pedagogía”. Entrega la hoja. La duda debe transformarse en convencimiento. Faltan dos semanas para que termine la preparatoria. Está creciendo. El tiempo lo empuja hacia la madurez. Comienza a intuir un mundo más complejo y teme no tener las herramientas necesarias para comprenderlo. Aun no sabe que esas herramientas las habrá de construir el mismo. La etapa en la cual recibía ayuda de los adultos está terminando. Dentro de poco la

109


Fco. Héctor Morán

sociedad lo reconocerá como adulto. No importa qué tan preparado se sienta. -¿Al final qué elegiste? –pregunta Santiago. -Pedagogía –contesta Héctor. -Estás condenado a pasártela en la escuela –apunta Miguel. -Y ustedes están condenados a irse un día de ella. Los tres guardan silencio. Dentro de catorce días dejarán de verse a diario. Hasta ahora se dan cuenta. Cada quien habrá de seguir un rumbo distinto. Quieren imaginar que sus caminos siempre van a intersectarse pero no están seguros. Su vida puede definirse en dos periodos: antes y después de la prepa. Caminan por el pasillo. Dentro de poco este edificio dejará de pertenecerles. La próxima vez que caminen por aquí, si llegan a hacerlo, será en calidad de invitados.

110


Pizzas después de clases

¿Por qué tan callados?, pregunta Lucía. Nada, venimos de llenar el formulario para elegir licenciatura ¿tú ya lo llenaste? Sí, elegí Ciencias Políticas. Cada uno va a estar en una escuela diferente, dice Miguel. Ahora los cuatro se quedan callados ¿Cómo ven unas pizzas?, sugiere Santiago. Vamos, contestan los otros tres al mismo tiempo. Hablan de sus planes. Recuerdan historias. Nadie los preparó para estos días, nadie pudo haberlos preparado. Tienen que vivirlos como todas las generaciones anteriores los han vivido ¿Se imaginan vernos cuando estemos casados y tengamos hijos?, pregunta Lucía. A tus hijos en lugar de biberón les vas a dar una botella de cerveza, dice Héctor. Lucía finge ahorcarlo, en otro momento se hubiera enojado pero ahora le causa gracia. A los tuyos los vas a obligar a leer antes que aprendan a hablar. Pues sí, voy a hacer el intento, para eso voy a estudiar pedagogía. Lo bueno es que vamos a tener médico de guardia. Santiago se ríe. Pero si les empiezas a predicar te agarramos a

111


Fco. Héctor Morán

madrazos, dice Miguel. Los voy a bautizar para que no sean pecadores como ustedes. Me gustaría tener un hijo de los tres, dice Lucía ¿Quién va primero?, pregunta Héctor después de un momento de silencio. No lo quiero ahorita, aclara Lucía. Bueno, cuando te den ganas ya sabes mi teléfono, le indica Santiago. Lo malo es que va a ser de uno solo, ni modo que la fertilicemos los tres al mismo tiempo, dice Miguel. No te pongas científico, de todas maneras lo vamos a querer igual ¿no?, opina Héctor. Imaginen que nos pusieran en una licuadora para hacer uno solo de nosotros. Si sale lo peor de nosotros que chinga para ese pobre sujeto ¿Si sale lo mejor? Sería algo así como un predicador jugando fútbol americano y leyendo mientras quiere resolver los problemas del mundo. Se ríen imaginando las posibilidades de un hijo colectivo. Después guardan silencio. Hay cosas que nunca serán posibles pero valdría la pena que lo fueran.

112


Pizzas después de clases

Los mariachis llegan al patio de la escuela. Tocan “Las Golondrinas”. Las chavas comienzan a llorar. Los chavos están cantando a todo pulmón. Lucía se acerca a Héctor. Está borracha. Te me escapaste vivo cabrón, le dice mientras lo abraza. No te preocupes, nos soy tan bueno haciendo el amor. Sabes que te quiero un chingo. Yo también te quiero, aunque hayas preferido al beodo que anda encuerado por la escuela. Lucía voltea hacía donde le indican los ojos de Héctor. Arturo está encuerado corriendo por las jardineras. Lucía dice no con la cabeza. Esta vez no hace el intento por calmarlo. Pobre, se va a quedar no sé cuantos años en esta escuela. Tal vez lo nombren borracho emérito, opina Héctor. Estoy borracha, por eso déjame decirte algo: sí elegí a Arturo pero sé que algún día me voy a arrepentirme de no haberte elegido a ti. Se abrazan. Llega Santiago con una botella de cerveza. Los voy a extrañar. Se une al abrazo de Héctor y Lucía. Pinche

113


Fco. Héctor Morán

predicador, pinche borracha, ¿qué va a ser mi vida sin ustedes?, pregunta Héctor. Miguel agita una cerveza y, sin que lo vean, les rocía la espuma encima. Hacen una guerra de cerveza. Cuando están empapados y apestosos Héctor sentencia a Miguel: Cuando un hijo tuyo te esté mojando la espalda me voy a morir de risa cabrón.

114

Profile for Héctor Moran

Pizzas después de clases  

Él contesta convencido. No importa que sólo haya leído una parte de la historia, que los datos sean escasos. Habla como si supiera de qué ha...

Pizzas después de clases  

Él contesta convencido. No importa que sólo haya leído una parte de la historia, que los datos sean escasos. Habla como si supiera de qué ha...

Advertisement