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Fuente de La Información… De Páginas Web, Así como: http://www.pasarmiedo.com/historias http://tigra-cuentosdehorror.blogspot.mx/ http://www.666cuentosdeterror.com/


En esta antología hemos hecho una recopilación de los mejores relatos de terror, los cuales son historias cortas pero cuentas sobre sucesos paranormales que despertaran los sentidos del lector. Hay algunas leyendas en esta recopilación que por igual manera son de terror y de algunas maldiciones. En lo personal hicimos la antología porque nos gusta este género, su trama hace que nos meta en la historia y que nuestra imagina empieza a crear la historia y escenografía donde está sucediendo la historia. Los integrantes del equipo que se encargó de hacer esta recopilación de “CUENTOS DE TERROR” trato de hacer que estas historias fueran más reconocidas ya que algunas de ellas no lo son, ese es uno de los propósitos que marcamos al realizar esta antología. Ahora toma asiento, deja una vela encendida y apaga todas las luces, y disfruta de los más increíbles y terroríficos cuentos de terror, que hacían temblar a las personas de las antiguas épocas. Ah, y a propósito te recomiendo que antes de leerlo, tengas a la mano el número telefónico de un psicólogo o de un centro de rehabilitación terapéutica, porque te aseguro que no vivirás tan cómodamente como antes.


Un día decidí irme con mi pareja a disfrutar de las bondades del campo el fin de semana. Cogimos el coche y finalmente llegamos a un pueblo que se encontraba bastante alejado de donde vivíamos. El caso es que nos sentamos y empezamos a escuchar cómo relataban una vieja historia sobre un hombre que vivía cerca de aquellas tierras y que fue devorado por un monstruo que parecía un cocodrilo pero con diferencias importantes. En primer lugar tenía una larga cresta por todo su lomo, y las patas eran mucho más largas que las de un cocodrilo. También destacaba que tenía pelo en la cabeza, aunque lo cierto es que, al parecer, no existían imágenes de dicho monstruo. Esto hizo que la curiosidad nos llevase a aquella zona de la que hablaban, para ver si divisamos algo interesante. Poco a poco se fue haciendo tarde y tomamos la decisión de volver a casa. Lo único que teníamos que hacer era llegar hasta el coche que se encontraba aparcado a unos 20 m. Conforme íbamos andando hacia él empezamos a escuchar un ruido detrás de nosotros que cada vez se iba haciendo más intenso y mucho más rápido. El miedo nos hizo correr hacia el coche sin mirar atrás. Cuando conseguimos entrar en él arrancamos para salir rápidamente de allí pero algo que no pude apenas ver por el retrovisor agarró uno de los neumáticos traseros y destrozó la llanta. Poco después desapareció. A partir de entonces, la entrada a aquella zona está totalmente prohibida, pero las autoridades todavía no han detectado de qué se trataba realmente.


Desde muy pequeña, siempre les contaba a mis padres que oía algunas voces extrañas. Tan frecuente era esto que acabe acostumbrándome y ya prácticamente formaba parte de mi vida y no era consciente de dichas voces. En realidad nadie me creyó, pero un día, hablando con mi amiga María, le comenté lo que me sucedía cuando era pequeña, y que ahora tenía la sensación de que no pasaba pero no estaba segura. Mi amiga se lo tomó a broma, porque realmente pensaba que eran cosas de niños y que no había que darle más importancia. No obstante, pocos días después, María me llamó asustada diciéndome que ella también había empezado a oír las voces. Nos reunimos para intentar aclarar qué era lo que podía estar pasando, y lo cierto es que teníamos tanto miedo que decidimos contárselo a mi madre. Al decírselo, la cara de mi madre se puso blanca, y fue cuando nos confirmó que desde el primer momento en el que yo le transmití lo que me ocurría, ella también empezó a oír voces. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que todas las personas a las que le contaba lo de las voces, acababan oyéndolas ellos también, algo que empezó a preocuparme seriamente porque no sabía cuándo terminaría y qué efecto podría tener sobre las personas a las que quería, ya que mi padre falleció misteriosamente y entiendo que el también oiría las voces aunque lo desmentía.


Cuando éramos jóvenes, mi pareja y yo solíamos quedarnos en casa de mis padres viendo alguna película y cenando alguna cosa, ya que ellos tenían guardias todos los fines de semana. Por norma general, mi hermana y su pareja solían acompañarnos al menos en la cena, pero el día que os voy a relatar, mi hermana había salido con unos amigos a cenar, por lo que nos encontrábamos mi novia y yo solos en el salón. El caso es que fue avanzando la noche y llegó la madrugada, momento en el que empezamos a quedarnos más relajados, pero no llegamos a dormirnos porque estábamos viendo una película de humor bastante buena. De repente, empezamos a abrazarnos y en ese mismo instante pudimos ver a través de las vidrieras de la puerta del salón a mi hermana que nos miraba y empezó a reírse por el hecho de habernos pillado abrazados. Al momento salió corriendo hacia su habitación en la planta superior. En ese instante nos separamos y subí a preguntarle qué tal había pasado la noche. Cuando llegué a su habitación y abrí la puerta, un sudor frío me recorrió el cuerpo al comprobar que todo estaba oscuro, y tan sólo nos encontrábamos mi novia y yo en la casa. Rápidamente procedí a llamarla para preguntarle si había llegado y por alguna razón no la encontraba, pero nada más descolgar el teléfono pude oír la música del lugar en el que se encontraban y me dijo que todavía no había llegado. Esto ocurrió hace ya muchos años, pero a día de hoy todavía no somos capaces de saber qué fue aquello y por qué pudimos verlo los dos.


Mi hermana y yo teníamos 12 y 14 años respectivamente cuando mis padres decidieron cambiar de lugar de residencia y compraron una pequeña casa en una zona de bosque muy bonita donde pasaba un precioso lago con agua pura y limpia. El caso es que nosotros no estamos de acuerdo porque teníamos que cambiar a todos nuestros amigos y nuestras costumbres, por lo que cuando llegamos, prácticamente todo el tiempo lo pasamos paseando por aquel lugar, hasta que un día encontramos una vieja cabaña abandonada, la cual decidimos que se convertiría en nuestro lugar para dirigirnos cuando estuviésemos tristes o necesitásemos hablar. Durante varios meses íbamos regularmente a ella y la fuimos acomodando a nuestro gusto para poder tener ahí todos nuestros secretos. El caso es que tiempo después empezamos a oír algunos ruidos que especialmente ocurrían por la noche, pero no le dimos excesiva importancia ya que imaginamos que se debía a lo vieja que era. Un día, mi hermana se dirigió allí porque había discutido con mis padres por el tema de los amigos que había dejado atrás. Esto hizo que saliese de casa por la noche y mis padres me despertaron para preguntarme si yo sabía dónde podía haber ido. Les dije que no se preocupasen y que yo me encargaría de encontrarla y traerla de nuevo a casa, ya que sabía que estaría en nuestra cabaña. Me dirigí hacia el lugar pero cuando llegué no tenía forma de encontrar nuestra cabaña. Parecía como si hubiese desaparecido, y yo lo achacaba a que me había perdido debido a la oscuridad. Pero por más que buscaba no había forma de encontrarla. A partir de ahí nunca volví a ver la cabaña y mi hermana desapareció sin dejar ningún tipo de rastro.


Un grupo de amigos acostumbraba todos los años a viajar a una zona nevada para poder practicar su deporte favorito que era el esquí. El caso es que este año no quedaban plazas libres en el hotel donde acostumbraban a alojarse, por lo que tuvieron que buscar otro en las proximidades y que no se saliese de su presupuesto. Finalmente encontraron uno que era bastante viejo pero que sin duda alguna servía para lo que necesitaban, puesto que tampoco iban a pasar más de cuatro días en el lugar. Ya desde el primer día se arrepintieron de haber entrado a este hotel, ya que en varias habitaciones se celebraban fiestas a altas horas de la noche y eso les impedía descansar bien para poder tener energías al día siguiente. Finalmente decidieron quejarse en recepción, pero no parecía que les hiciesen demasiado caso. El personal acababa subiendo a ver qué era lo que pasaba pero ni siquiera entraban en las habitaciones. Además, siempre que subían el silencio inundaba todos los pasillos del hotel. Los días fueron transcurriendo de este modo pero lo curioso es que nunca vieron a nadie entrar ni salir de esas habitaciones. Llamaban a la puerta pero nadie abría. Un día, cuando el botones entró a una de las habitaciones decidieron agazaparse y acercarse para ver qué era lo que había en su interior. Cuál fue su sorpresa cuando, pese a haber un ruido ensordecedor, la habitación estaba completamente vacía. ¿Qué era ese ruido?, ¿De dónde venía?…


María era una niña pequeña muy vivaracha y que se llevaba fenomenal con toda la gente del pueblo. Lo cierto es que se trataba de un pueblo bastante pequeño por lo que apenas había niños, y María era una de las que más destacaba de entre todos. El caso es que fue pasando el tiempo y María siempre iba correteando para arriba y para abajo por las calles, saludando a todos los vecinos y entreteniéndose por el campo con los pájaros y con cualquier bicho que encontraba. Un día, María salió para hacer su paseo habitual pero sus padres se empezaron a preocupar porque empezaba a anochecer y todavía María no había llegado. Fue por ello que decidieron salir en su búsqueda. Finalmente consiguieron encontrarla en una zona del bosque, pero la pequeña no hablaba, como si hubiese recibido un susto. Enseguida se dirigieron de nuevo a casa y pudieron ver en su brazo varias picaduras de lo que parecía ser un mosquito. En principio no le dieron importancia y pensaron que simplemente se asustó por haberse perdido, pero que al día siguiente estaría mejor. El caso es que pasaron las 12 de la noche y toda la familia se había acostado, toda la familia menos María, cuyos ojos brillaban en la oscuridad pero todavía nadie lo sabía. Se levantó de su cama y con el rostro inexpresivo entró en la habitación de sus padres en la que sería su última noche. Poco a poco y día tras día, fue visitando la casa de cada uno de sus vecinos hasta que los pocos que quedaron en el pueblo decidieron abandonarlo.


Antonio y Juan siempre habían sido muy buenos chicos, pero también muy inconscientes. Cada vez que salían juntos, siempre acababan haciendo alguna pequeña gamberrada o dando algún susto a alguien. Es por ello que finalmente consiguieron ganarse el apodo de los bromistas, aunque la gente les seguía teniendo un cierto aprecio, pero también era cierto que cada vez que los veía llegar preferían apartarse para evitar acabar siendo el blanco de sus burlas. Hacía ya bastante tiempo que no se pasan por el pueblo y la verdad es que fueron bastante bien recibidos, aunque todos sabían que tarde o temprano iban a hacer alguna de las suyas, por lo que ya estaban preparados. Fueron pasando los días y no parecía que tuviesen nada preparado, pero a sus vecinos no los podían engañar. Era sábado por la noche y ya había entrado mucho la noche. Por el camino entre los pueblos siempre iban andando varios jóvenes que pasaban de un pueblo a otro para divertirse y ver a sus amigos. De repente, mientras un grupo de amigos iba andando por el camino, en ese momento pasó un vehículo y con las luces alumbró dos personas que hacían tendidas en un árbol. La primera sensación de los jóvenes fue asustarse ya que pensaba que se trataba de algo real, pero enseguida se dieron cuenta de que se trataba de Juan y Antonio por lo que se rieron y siguieron adelante. Esto fue ocurriendo con todos y cada uno de los jóvenes que pasaban por el sitio, pero al día siguiente, cuando se levantaron, todo el pueblo estaba agitado… Al final no se trataba de una broma, y es cierto que alguien los puso ahí deliberadamente para burlarse del pueblo.


El chico en cuestión se llamaba Ángel (no exactamente así, pero casi, obsérvese el significado del nombre: ángel). Tenía catorce años, y llevaba unos días en el hospital porque vomitaba todo lo que comía y tenía mucha fiebre. En pocos días de enfermedad su cuerpo se había estirado hasta el punto en que sobrepasaba los dos metros cuando lo metieron en la ambulancia, y tuvieron que flexionar sus rodillas en la camilla. En el hospital le hicieron muchísimas pruebas buscando una causa. La madre sospechaba de un envenenamiento, pero ningún médico supo decir qué tenía. ¡Sólo tenía catorce años y no había comido nada en días! Su cuerpo no lo toleraba. El ocho de abril de aquel año, su tía, nerviosa e impaciente porque los médicos llenaban a su sobrino de pastillas y no le curaban ni conseguían averiguar qué le ocurría, decidió irse del hospital y visitar al que fuera su pediatra durante años. La madre salió a dar una vuelta por los pasillos del hospital mientras Ángel hablaba con su hermano y la novia de éste. - Me voy a morir. - No digas eso, -le dijo la futura cuñada- aún tienes que venir a nuestra boda. Cuando la madre llegó no quisieron decirle nada y les dejaron a solas. Ángel tomó su reloj, puso la alarma y le dijo a su madre que dejara el reloj sobre la mesilla. La madre se giró, y la alarma sonó. En ese mismo instante a su tía se le bloqueó el volante en la misma puerta del hospital. Un hombre que apareció de la nada le dijo unas palabras muy misteriosas, y acto seguido ella alzó la mirada y el tipo ya no estaba. El hombre y el bloqueo del volante le hicieron reaccionar y salió rauda del coche para entrar de nuevo en el hospital. Cuando llegó a la habitación, todos lloraban. Al sonar la alarma que Ángel había puesto a las ocho el día ocho de abril, su alma abandonó su cuerpo, y su madre lo supo desde el mismo instante en que oyó el primer pitido.


En los años setenta, un par de amigas viajaban por la vieja carretera de Abenuz en dirección a La Eliana, un pueblecito entonces pequeño- con mucho terreno de chalets para veraneantes. Allí una de ellas tenía una casa y era donde se dirigían. Era por la tarde y conducían con tranquilidad cuando el coche comenzó a hacer cosas raras. La radio se encendió de pronto y una brillante luz blanca se puso sobre ellas. Perdieron el conocimiento ambas, o al menos aseguraron no recordar absolutamente nada. Al despertar estaban en el chalet, dentro del coche. Salieron aturdidas de él sin recordar cómo habían llegado hasta allí, y al salir comprobaron que el coche estaba como loco: el limpiaparabrisas estaba en marcha, los intermitentes se encendían y apagaban... Jamás supieron lo que pasó y cuánto tiempo duró aquello, tan sólo podían recordar que salieron a mitad de tarde y que cuando despertaron era de noche y habían llegado a la casa. ¿Abducidas? Seguramente sí.


En un viaje de Valencia capital a Cullera, lugar de la costa valencia al que ya estaban casi llegando, un matrimonio sudamericano sufrió un avistamiento del que no fueron realmente conscientes. Era aún de día y sólo recordaban el sonido estridente de la radio y las luces que se acercaban hacia ellos cegándolos. Nada más. No recordaban nada más. Al despertar vieron que estaban en la cuneta, con el coche en marcha y en estado de semisueño. Despertaron y siguieron su camino mientras se preguntaban qué había ocurrido. - ¿Qué hora es? -preguntó el marido mirando su reloj. - Las cinco. -Contestó su mujer.- Pero está parado, no puedo asegurártelo. El hombre se dio cuenta de que su hora coincidía con el reloj de la mujer pero le extrañaba algo: la tarde estaba acabándose, se notaba en el cielo. Llegaron a los pocos minutos a Cullera y lo primero que hizo el hombre fue entrar en una relojería: Todos los relojes marcaban las cinco de la tarde, y como el suyo y el de su esposa, todos estaban parados. El dueño iba de uno a otro poniéndolos en marcha, dándoles cuerda, mirando las pilas. El sudamericano se presentó y le confesó lo que le tenía preocupado, a lo que el dueño de la relojería contestó: - Hoy ha ocurrido algo extraño, todos los relojes de la tienda se han parado a las cinco de la tarde.


Tan sólo decir dos cosas: una que lo he contado como recuerdo que me lo contaron, y otra que he veraneado también en Cullera, y durante ese tiempo he visto avistamientos como una gran parte de sus habitantes. Algunas veces los periódicos recogían la noticia. Y siempre, siempre, venían del mar y de sus cielos. En octubre de 1978 desapareció un niño llamado Carl Carter de su casa de Los Ángeles, California. La policía barajó varias hipótesis al principio: ¿se había escapado de casa? ¿Había sido secuestrado? Entonces entró Joan en escena de la mano de un policía retirado que sentía la imperiosa necesidad de conseguir algo más, alguna pista por pequeña que fuera. Joan era vidente, y el policía recurrió a ella porque era bastante popular. Joan les dio más motivos de preocupación: ahora tenían que encargarse de un triple asesinato, porque según ella, Carl estaba muerto y no era el único. Animada por la policía, Joan dibujó como pudo el rostro del asesino y luego, un artista de la policía, le dio los últimos toques para que el dibujo fuera más preciso. Cuando le mostraron el retrato a los padres de Carl, el hombre dijo: "Se parece a Butch". Butch. Harold Ray "Butch" Memro. La policía le detuvo en una hora y poco después el asesino confesó haber estrangulado a Carl. Respecto a los otros dos niños, Butch dijo que los había asesinado hacía ya dos años.


Esta historia la vivieron Marjorie Tillotson y su hija Hellen, de 26 años. Hellen vivía en un edificio de apartamentos al otro lado de la calle donde vivía Marjorie. Una noche, Helen dormía profundamente cuando se despertó al escuchar fuertes voces. Era su madre que gritaba "¡Helen ¿estás ahí?! ¡Déjame entrar!". Helen se dirigió a la puerta y al abrir se encontró con su madre nerviosa. Marjorie quería saber por qué Helen había llamado a su puerta unos minutos antes. Helen miró a su madre estupefacta. Ella no había salido, no había ido a casa de su madre, no había llamado a su puerta. Es más, se había acostado a las 11 de la noche y no despertó hasta ese momento. Marjorie, alarmada, le dijo que aquello no era posible porque ella le había visto y había hablado con ella. Es más, según Marjorie, Helen le dijo que fuera inmediatamente a su casa sin hacer preguntas. Entonces un estruendo las dejó atónitas y madre e hija corrieron para asomarse por la ventana: en la acera de enfrente, había un escape de gas y como consecuencia había provocado una explosión en el edificio donde vivía Marjorie! Si en el primer caso Marjorie salvó la vida, aquí de nuevo hay un caso de premonición que... será mejor que leáis la historia: El 20 de octubre de 1966, una niña galesa de 9 años llamada Eril Mi Jones, le dijo a su mamá que había soñado que iba a la escuela y al llegar vio que el edificio desaparecía, que "una cosa negra la había aplastado". Al día siguiente fue a la escuela como de costumbre y... medio millón de toneladas de carbón de deshecho se deslizaron sobre el pueblo minero matando a 139 personas, la mayoría niños, y entre ellos Eril.


En 1933 enterraron a un bella joven de sólo veinte años llamada Carmen en un cementerio de Ávila, España. La joven, según decían, había muerto en extrañas circunstancias. No se conocía el motivo de su fallecimiento, pero en el pueblo se rumoreaba que había sido su propia hermana mayor, Ángela, la que la había asesinado. Ángela era todo lo contrario a Carmen. Tenía un carácter totalmente distinto, antipático, y además no era bella como Carmen. Parecía constatada la envidia que Ángela tenía por su propia hermana, así que el rumor parecía un hecho más que probable. Y ocurrió que desde el fallecimiento de Carmen, Ángela no volvió a descansar. Se cuenta que el espíritu de Carmen la persiguió implacable en todo momento del día y de la noche, acosándola con aire vengativo, recriminándole su fatal acto... el asesinato del que había sido víctima por su propia hermana. Al parecer, Ángela era la única que podía oír a su hermana, la "sentía" en su propia cabeza, y cada palabra pronunciada por el espíritu, le retumbaba en el cerebro produciéndole más ansiedad y más pánico. Desesperada por aquel tormento, Ángela enloqueció y se ahorcó en un árbol a los diez meses de enterrar a su hermana.


Hace 2 años, estaban en su casa, tan tranquilos, María, una señora de 40 años que se había divorciado recientemente, con su hijo pequeño de tan solo 8 años. Como era de costumbre María se tenía que ir todas las noches a trabajar, debido a que era una mujer con muchas responsabilidades (tanto en su trabajo como en su casa). Pero aquel día sería muy diferente al resto de los demás; ya que, cuando se encontraban cenando vieron en las noticias que un asesino en serie, muy peligroso y agresivo había escapado del centro penitenciario de la ciudad. Lo más grave de la noticia no era que este interno hubiese escapado, lo peor era que había sido visto pocas manzanas cercanas del hogar de la familia. Esto provocó la incertidumbre de María que al irse al trabajo tenía que dejar a su hijo solo en casa. María para prevenir desgracias cerró las ventanas, puertas, y le explicó lo siguiente a su hijo: No habrás ninguna ventana ni las puertas. Aunque llevo las llaves, por si ocurre algo, yo llamaré 3 veces seguidas al timbre o simplemente me reconocerás por la voz y entonces sabrás que soy yo. Llegado el momento, María se fue a trabajar y dejó a su hijo solo. Éste, lleno de miedo, cerró la puerta a cal y canto y se puso a ver la tele para relajar la mente. Al cabo de rato, el chico ya estaba dormido cuando de pronto llaman a la puerta. POM...POM....el chico se despertó y aterrado se dirigió muy despacio hacia la puerta y dijo: ¿Eres tú mamá? La respuesta vino con otra serie de golpes acompañados de un susurro escalofriante que decía: JABREME DA PUETA. El niño atemorizado huyó hacia su habitación donde se pasó la noche llorando y esperando a que llegase su madre, hasta tal punto que se quedó dormido. Al día siguiente cuando se levantó se dio cuenta de que su madre no había vuelto. Y aún con miedo se dirigió a la puerta que conducía a la salida de la casa y se encontró a su madre con las piernas cortadas (por lo que no pudo llegar al timbre), la lengua cortada (por lo que no le pudo reconocer la voz) y totalmente ensangrentada. Desde ese día este chico tuvo que estar hospitalizado en un psiquiátrico y no pudo dormir sin sufrir constantes pesadillas........ Y si os preguntáis porque sé, es porque, simplemente, soy ese niño.


Eran aproximadamente las cinco de la mañana cuando escuche un leve toque en mi puerta, me levante de la cama y me dirigi a abrir, abrí y nada, no había nadie, al entrar en mi cuarto volví a escuchar los golpes, molesta volví a abrir la puerta y de nuevo no había nadie, solo un frio viento que se colaba en mi casa. A la mañana siguiente fui a casa de mi mama y le conté lo ocurrido, me sorprendí cuando mi mama me había dicho que a ella le había pasado absolutamente igual, ese día dormí en su casa puesto que tenía mucho miedo. Al regresar a mi casa y entrar a mi cuarto encontré aterrada una nota que decía con sangre "Gracias por dejarme entrar a tu casa, ahora, por ese error tuyo, estoy dentro de ti...", de pronto escuche unos pasos inquietos subiendo a mi escalera, desesperada me encerré en el baño, de pronto sonó el teléfono, no salí a contestarlo, entonces los pasos cesaron y el teléfono paro de sonar, al salir, él estaba ahí, ahora tiene mi alma. Llevo mi cuerpo a el infierno y mi alma es suya, a los dos días siguientes una amiga mía entro a mi cuarto, escucho el mensaje y decía lo siguiente: "Hija... soy tu mama (sollozando) no me dejes sola, el ahora viene por mí, no me dejes sola..."


Antologia de cuentos de terror♥