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Cynthia Alor.


01-14 de noviembre de 2013. |


01-14 de noviembre de 2013. |


Todas estas ideas paganas se llegaron a expandir por toda Europa, los símbolos cristianos se iban incrementando para hacer lucha sobre este mal, existiera o no. Contra lo que el cristianismo no podía luchar era contra el mito. Los vampiros todavía eran acusados de plagas y epidemias, las historias se volvían aún más acogedoras cuando había personas a las que realmente les gustaba la sangre. En su estudio sobre el vampirismo, Stoker descubrió que la realidad era más horripilante que las leyendas. Ese era el caso de Isabel Báthory, “la condesa sangrienta”. Nació en 1560, en una de las familias más poderosas de Hungría. Todos sus deseos eran cumplidos por sus sirvientes, pero en 1604, según la leyenda, Isabel Báthory, obsesionada por la belleza, mató a sus sirvientas, y utilizaba la sangre de sus jóvenes sirvientas y pupilas para mantenerse joven en una época en que una mujer de 44 años se acercaba peligrosamente a la ancianidad. La leyenda cuenta que Isabel vio a su paso por un pueblo a una anciana decrépita y se burló de ella. La anciana ante su burla la maldijo diciéndole que ella también estaría como una vieja en poco tiempo. Los campesinos estaban seguros de que había un vampiro en el pueblo, pero el culpable no era un vampiro sino la condesa. En el juicio de la condesa se presentó un diario escrito por Isabel en el que figuraban los nombres de las mujeres que había asesinado, en total más de 650 mujeres. Condenada por sus crímenes, Isabel fue encerrada en un cuarto de su castillo, con un solo orificio que permitía la entrada de comida y del aire. Ahí permaneció durante tres años hasta que murió. Pero Stoker encontraría que los crímenes de Báthory no eran nada comparados con los de un ser humano aún más grotesco en la historia misma. El hombre en el que Stoker encontraría su mayor inspiración para escribir su novela. Una persona real que mató a miles de personas, y que bebía la sangre de sus victimas, el hombre que dio nombre a Drácula. Siguiendo con su investigación para escribir Drácula, Bram Stoker comenzó a desglosar algunas de las partes de su novela, sus propias notas indican que iba a titular la novela como “Los vampiros” y su vampiro se iba a llamar “Conde Vampier”. Para esto, Stoker ya empezaba a utilizar los territorios de Transilvania que tanto había estudiado, y fue cuando vio la sangre. Stoker topó con los relatos de un verdadero bebedor de sangre de Transilvania, un déspota del siglo XV que fue el responsable de miles de inocentes: Vlad “el Empalador” (1431- 1476). Para Stoker iba a ser una inspiración inhumana, para su vampiro, Vlad le iba a proporcionar a su personaje una línea de sangre histórica y un nombre: Drácula.

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En 1448, al final de la edad media, el transilvano príncipe Vlad, de 17 años, empezó su primer reinado de Valaquia. No duró mucho. En Valaquia ser gobernante era una profesión efímera. Situada en lo que hoy en día es Rumania y al sur de los Alpes transilvanos, Valaquia era un pequeño país disputado por dos de las fuerzas más poderosas de la historia; al Oeste y al Sur se encontraba el imperio otomano de los turcos que estaba en pleno auge y que intentaba abrirse paso por toda Europa. Constantinopla había caído hace tres años en manos de los otomanos. Al Este y Norte se hallaba la Europa cristiana cuyos líderes estaban temerosos de futuras invasiones de los otomanos. Los dominios de Valaquia cambiaban constantemente, los turcos solían asaltar las ciudades del sur, a pesar de las alianzas que firmaban con los pequeños reinos del lugar. Mientras que en el Norte, los húngaros querían el territorio valaquio (Quirarte, 2002). El joven Vlad tomó el control del país al saber que fue asesinado su padre por manos húngaras y a su hermano, lo habían quemado. Pero sólo duró dos meses y huyó. En su lugar quedó Vladislav II. Pero pasado poco tiempo Vlad regresó. Quería una Valaquia limpia, sin turcos ni húngaros. Quería vengar el asesinato de su padre y de su hermano. Vlad comenzó a juntar gente y hacerse de poder, tuvo alianzas estratégicas con los turcos para derrocar a Vladislav II. Y conforme tomaba poder y territorios, comenzó el periodo de terror.



Revista Percepciones. No. 2